Del profesor y traductor Miguel Candel, presidente de AIREs.
A partir de la observación de cómo marcha la guerra en Ucrania y de los análisis de diversos expertos militares, me han venido a la cabeza las siguientes reflexiones:
De momento ya no parece viable la guerra relámpago practicada por la Wehrmacht en la mayoría de sus campañas de la 2GM, y bastante bien imitada por el Ejército Rojo a partir de la contraofensiva de Stalingrado (por cierto, el 2 de febrero próximo hará 80 años justos que se rindió definitivamente el VI ejército de Von Paulus). La guerra relámpago tuvo un éxito fulgurante en la campaña de Francia de 1940, a pesar de que el ejército francés tenía superioridad en casi todas las armas, excepción hecha de la aviación (por poner un ejemplo, el principal tanque alemán de la época, el Pz III, sólo podía destruir a un Char B francés si lo alcanzaba en su parte trasera, por no hablar del Mathilda británico cedido a Francia, como demostró el contrataque blindado dirigido por De Gaulle, que puso por un tiempo en un aprieto a los alemanes; por suerte para éstos el resto del ejército francés estaba pésimamente dirigido). La razón por la que triunfaba antes la guerra relámpago y no lo hace ahora es, sobre todo, que en la 2GM, las comunicaciones entre las unidades eran muy deficientes (hay alguna película francesa que satiriza ese hecho, v.g.: «Où est la 5ème compagnie?»), de manera que una penetración rápida en la retaguardia enemiga creaba el caos y hacía prácticamente imposible la coordinación necesaria para un contrataque eficaz. Eso ya no es así, gracias al enorme desarrollo de las tecnologías de la comunicación. Una penetración demasiado profunda en un frente muy estrecho es actualmente suicida si el enemigo mantiene un mínimo de capacidad de coordinación. Los rusos lo vivieron en carne propia en la primera fase de la operación, en que corrieron como locos hacia Kiev dejando desguarnecidos unos flancos larguísimos. Eso fue así, tanto si su intención era realmente tomar Kiev (o al menos hacer capitular al gobierno ucraniano) como si era sólo una finta para distraer tropas del frente del Donbás. Por eso ahora han abandonado la táctica del «taladro» y han optado por la del «serrucho» (es mucho más difícial taponar un corte ancho que un agujero estrecho, por profundo que sea).
Dicho esto, no entiendo por qué Camiseto (sospecho que contra la opinión de más de un mando militar ucraniano) se empecina en sacrificar tropas para mantener hasta la última chabola de Bajmut y Soledar, en lugar de retirarse a distancia suficiente para que los rusos tengan que arriesgarse a avances más largos a campo abierto. Supongo que la principal razón es política: desde los tiempos más remotos se piensa (con criterios bélicos de lo más primitivo) que ceder terreno equivale siempre a derrota, y la gran mayoría sigue pensando así, incluido por supuesto el patriota ucraniano medio. Otra razón, de tipo militar, puede ser que el campo abierto daría más ventaja a los rusos, dada su superioridad en tanques y aviación. Pero aun así, peor que sacrificar centenares (quizá miles) de efectivos en la ratonera de Bajmut no creo que haya nada.
Pero no seré yo quien interrumpa al enemigo cuando está cometiendo un error.
MC