“Alemania vuelve a las andadas” por Rafael Poch de Feliu

Alemania no parece tener remedio. Vuelve a las andadas. La estúpida arrogancia de sus políticos está en linea con la de sus padres y abuelos derrotados en Stalingrado. Vuelven a armarse y proclaman su objetivo de “volver a contar con el ejército más poderoso de Europa”. La frase provoca escalofríos. No por la amenaza de un nuevo Hitler, sino por la imbecilidad que transmite a cualquiera que tenga una mínima memoria histórica.

La simple realidad es que Alemania volvió a las andadas en cuanto el país recuperó su soberanía en octubre de 1990. Diecinueve meses después de su reunificación nacional, un generoso regalo de la URSS de Mijail Gorbachov, ya utilizaron sus fuerzas armadas por primera vez desde Hitler contra un pueblo, el serbio, cuya guerrilla había sido la primera en combatir a los nazis en los Balcanes medio siglo antes, y volvían a apoyar los antiguos aliados de los nazis en la región, croatas y musulmanes bosnios, en su esfuerzo por disolver Yugoslavia, un país que diarios como el Frankfurter Allgemeine Zeitung, y Die Welt, así como el semanario Der Spiegel, consideraban una “creación artificial”. Para eso, el ministro de exteriores verde Josef Fischer tuvo que comparar a “los serbios” con los nazis y al conflicto de Kosovo con Auschwitz, comparaciones monstruosas “especialmente en boca de un alemán”, según el General Heinz Loquai, uno de los raros militares alemanes que criticó aquello.

Como apuntó Diana Johnstone, autora de uno de los mejores libros sobre la intervención militar occidental contra Yugoslavia, (Fool´s Crussade, 2002); “Lo que ocurrió en Alemania fue una extraña especie de transferencia masiva de la identidad nazi, y de la culpa, hacia los serbios. Quizás esto proporcionó a los alemanes una reconfortante sensación de alivio al sentirse inocentes, e incluso héroes, frente a un nuevo pueblo “criminal”, los serbios. Condenar el “genocidio serbio” parecía proporcionar la clave psicológica para superar el pasado nazi de Alemania con el fin de volver a ser una gran potencia “normal”, capaz de proyectar su poderío militar en el extranjero”.

Más de veinte años después de aquello, el marco de ese sicoanálisis se amplia exponencialmente. Rusia, que cuando era URSS fue asolada en una guerra alemana de exterminio con millones de víctimas civiles, ha vuelto a ser oficialmente declarada enemiga en la doctrina militar alemana. Hay una creciente presencia militar germana en las repúblicas bálticas, especialmente en Lituania, donde periódicamente se realizan maniobras contra Rusia. Los tanques “Leopard” marchan en Ucrania sobre las roderas de sus antepasados “Tiger” y “Panther”. Los hijos y nietos de los derrotados en Stalingrado no se avergüenzan por ello, ni muestran complejo alguno. Al mismo tiempo, vuelven a situarse en el campo genocida, apoyando ciegamente la masacre israelí en Gaza y la guerra contra Irán. “Israel hace el trabajo sucio por todos nosotros”, dice su energúmeno canciller, mientras su policía reprime, como en ninguna otro lugar de la Europa parda, cualquier manifestación de solidaridad con las víctimas.

En 2025 Europa, la Unión Europea más Inglaterra, gastó en 559.000 millones de dólares en sus fuerzas amadas, es decir casi tres veces lo que gasta Rusia (190.000 millones), según el Instituto de investigaciones de la paz de Estocolmo (SIPRI). Rusia es el tercer país del mundo que más gasta, seguido de Alemania, que ocupaba el quinto puesto en 2024. Y subiendo.

El 14 de abril, durante la visita de Zelensky a Berlín, el Canciller Merz declaró a Ucrania “socio estratégico” de Alemania. Sumando el gasto militar alemán con el ucraniano, la suma ya supera el gasto militar ruso. ¿El eje Berlín-Kiev, embrión del ejército europeo, como dice Manolo Monereo? Desde este año, “Ucrania será nuestro socio bilateral más importante”, ha dicho Merz, al anunciar ayudas a Kiev en materia de defensa antiaérea, armas de largo alcance, drones y munición de artillería. Mientras en el The Wall Street Journal constatan que “Ucrania es ahora la guerra de Europa”, muchos se preguntan si el país no es ya un protectorado alemán. Es la cuarta vez en 150 años que el conflicto entre regiones ucranianas –rusófilas las del Este y rusófobas las del oeste (Galizia)– degenera en guerra exacerbada por la intervención de potencias extranjeras que buscan utilizar al país en su provecho. Ocurrió durante la primera y segunda guerra mundial, durante la guerra civil después del Maidán de 2014 y tras la invasión rusa de 2022. El nacionalismo ucraniano, también vuelve a tropezar con la misma piedra, y en esa piedra siempre figura Alemania…

En cualquier caso, el objetivo de la última partida de 90.000 millones de euros otorgados a Ucrania por la UE es mantener la maltrecha capacidad militar ucraniana dos años más y prepararse mientras tanto para una gran guerra contra Rusia en Europa. Una guerra que pueda librarse, incluso si Estados Unidos no participa en ella. El máximo militar jefe del ejército belga, Frederik Vansina, lo acaba de dejar claro al decir que aún les falta varios años para adquirir la capacidad necesaria y que mientras tanto se alimenta a Ucrania para que mantenga el frente. En Moscú se suceden los comentarios belicosos sobre la necesidad de romperle los dientes a esa Alemania antes de que su delirio revanchista y militarista vaya a mayores.

La simple realidad es que todo aquello de la Vergangenheitsbewältigung, la confrontación responsable con el pasado, y el Schuldkomplex, el autocuestionamiento por la culpa de los crímenes de la nación durante los doce años de su régimen nazi, fue una comedia de posguerra a la que se puso fin en cuanto el país recuperó su soberanía en octubre de 1990. ¿Cómo sino se explica lo que se está gestando?

(Publicado en Ctxt)

https://rafaelpoch.com/2026/04/28/alemania-vuelve-a-las-andadas/#more-2554.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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