Apuntes históricos sobre la burguesía catalana

Observaciones del compañero Antonio Moreno Vaquerizo de ASIC/ASEC, 7/2/2022.

¿A quién puede sorprender esto? La burguesía catalana -como la mayoría de ésta, en sus variantes diversas-, es un sujeto oportunista y medrador por definición. En España, la burguesía catalana, cuando le convino, jugó al regionalismo con la Lliga, para pasarse directamente al apoyo del decrépito régimen turnista de la restauración -Lliga incluida-, tras verle la orejas al lobo de la lucha de clases con las jornadas de 1917. La estrategia pistoleril entre patronal y gobierno central contra la CNT durante los años 20 es buena muestra de la fusión de intereses reaccionarios y oligárquicos en Cataluña (como motor de España entonces). Con la República y guerra civil, cualquier veleidad nacionalista, o siquiera autonomista, se dejó atrás con el golpe de estado y posterior contienda revolucionaria, a través del apoyo mayoritario por parte de la burguesía catalana al bando sublevado (pese a su fascismo centralista declarado). Cuando el régimen reaccionario se fue quedando obsoleto a partir de los 60 -ya había cumplido su misión histórica al servicio de la propiedad y de los privilegios oligárquicos frente al reformismo radical y la promoción popular republicanas-, el tributo centralita que hubieron de pagar se les fue haciendo cada vez más oneroso. A partir de aquí, comenzó la enésima transmutación de la burguesía catalana, que encontraría su máxima representación en el posterior pujolismo: hábil mezcla de nacionalismo, conservadurismo y posibilismo ( aparente, al menos), todo ello cimentado con grandes dosis de cinismo y oportunismo. Las bases del nuevo régimen al que buscaron reorientar una Cataluña convertida en cortijo privado y campo de pruebas del resucitado nacionalismo burgués pujolista, con total dejación y complicidad por omisión del estado central, las sembraron pacientemente durante más de 30 años, hasta que las contradicciones internas se les escaparon de las manos y tuvieron que dar el brusco y voluntarista aceleron que sabemos. Montando el circo del <procés>, al que una sociedad narcotizada y demasiado condicionada por unos medios e instituciones machaconamente preparatorias para <el gran salto final>, en buena parte mordió el anzuelo. La torpísima actuación del gobierno de Rajoy, manejando de la peor forma unos resortes estatales casi ausentes durante décadas en Cataluña, hizo el resto. A tenor de las circunstancias, demasiado mal les salió: hemos de congratularnos. Por todo ello y mucho más, ¿por qué sorprendernos de que la burguesía retome contacto público con uno de los suyos? Es verdad que al salir mal el precipitado e improvisado experimento, no pocos se distanciaron y renegaron de las cabezas perdedoras. Pero la oportunidad está ahí, como su negación, si conviene; ¿por qué no replantearla? A los políticos se les puede defenestrar en último término; ¿pero quién defenestra a la clase dominante sino mediante una, a día de hoy, imposible revolución?

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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