Si nació usted antes de 1950, señalaba Javier Salas a mediados de septiembre de 2016, “puede que ahora vaya a sentirse algo más mayor: ha vivido en dos épocas geológicas distintas”. La tierra ha entrado en una nueva página del calendario geológico, el Antropoceno, “la edad de los humanos”. Una de las pruebas de que el mundo ha cambiado para siempre, proseguía el periodista científico de El País, estaba en la playa de Tunelboca, en la ría de Bilbao, “en una franja de siete metros de sedimentos acumulados por la industrialización”. Allí se habían ido depositando durante casi un siglo escorias vertidas por los altos hornos vizcaínos.
El Anthropocene Working Group (Grupo de Trabajo del Antropoceno, AWG por sus siglas en inglés), un colectivo de 38 científicos de sistemas terrestres convocados por el geólogo Jan Zalasiewicz de la Universidad de Leicester, Inglaterra, acordó en el verano de 2016 que la Humanidad había superado el Holoceno, la hasta ahora última época geológica del período Cuaternario, un período interglaciar en el que la temperatura se hizo más suave y la capa de hielo se derritió, lo que provocó un ascenso del nivel del mar. La huella de nuestra Humanidad quedará para siempre “grabada en todo el planeta como una línea bien identificable en los estratos que se verán dentro de miles o millones de años en cuevas y acantilados, una referencia permanente para los científicos del futuro”.