Base material de la existencia de la nación

Base material de la existencia nacional

Nos habíamos quedado en el cuarto capítulo: “Base material de la existencia nacional”, pp. 111-197. El más extenso del libro, acaso el más importante. Sus apartados: a) Nación, totalidad social. b) Condiciones de producción. c) Condiciones nacionales de producción. d) Dialéctica de las condiciones de producción. e) Reproducción social de la nación. f) Lucha por las condiciones de producción. g) Clases y naciones. h) Lucha de clases, lucha de naciones. Unos breves (y parciales) apuntes; no hay espacio para comentar ni siquiera la décima parte de los interesantes compases de esta partitura. No hay ninguna duda que el concepto de “condiciones de producción”, del que algo se dijo en una entrega anterior, es central en el análisis y aproximación del autor.

Barros nos recuerda la opinión de René Gallissot [1] del materialista Ber Borojov, el autor en el que se inspira en su aproximación al tema: “uno de los primeros, o tal vez el primero, en intentar ligar, como marxista, los dos extremos de la cadena, o sea, explicación de las clases y la explicación de los hechos comunitarios”. En realidad, matiza Barros con un hábil apunte epistemológico, los primeros fueron MyE: “No lo sabíamos porque no se encuentra lo que no se busca” [2]. En nota al pie de página nos da una explicación: “El estalinismo [3], primero, y el estructuralismo, después, se desinteresaron de la parte más diversa, compleja e histórico-concreta de la obra de Marx y Engels”. No se da cuenta de la referencia de “estructuralismo” pero no es imposible que sea la escuela althusseriana y escuelas afines las referenciadas.
Para Barros, el mérito de Borojov consistió en que, como buen alumno de los dos grandes clásicos de la tradición, intentó relacionar la nación con el proceso de producción y las categorías centrales del materialismo histórico. Habría que preguntarse, prosigue, por qué se dice que fue el primero y, más aún, por qué tuvo tan pocos seguidores (no ayudó, señala Barros en nota, que muriese joven y fuera un judío militante [4]), “incluso después de su recuperación tras el período estalinista, si, como iremos comprobando, el paralelismo entre su método y el de MyE es claro, aunque no totalmente…”.
Nuestro autor apunta a continuación que la aportación de Borojov tiene una serie de limitaciones objetivas y temporales. Las objetivas: la poca extensión de su obra, el desconocimiento de textos importantes de los clásicos que entonces seguían inéditos, artículos y cartas,… Las subjetivas: “la relación entre clase y nación, que llamó la atención a Gallissot, que pensamos está mal resuelta.” Recordemos que Borojov falleció muy joven, en diciembre de 1917, a los 36 años.
En todo caso la elaboración de Borajov, en la Rusia de 1905, proporciona, en opinión de Barros, “elementos útiles para una concepción histórico materialista, es decir, marxista, de la nación, en la obra La cuestión nacional y la lucha de clases”, condicionada por la batalla política de su partido [5], en favor, nada menos, de una base territorial para el pueblo judío en Palestina, contra el Bund (movimiento socialista judío de Rusia).
Barros nos informa de que la “mayoría de los marxistas judíos rusos, bundistas y sionistas se integraron posteriormente en el partido bolchevique que formó el Buró del Comité Central de las secciones judías (Levsektzya) después de la Revolución de Octubre. El POSDR (b) llegó a crear, en 1928, en Birobidjan (Rusia asiática), una República Autónoma judía soviética, en suma, una solución territorialista.”
Resume Barros a continuación [6] la propuesta teórica de Bojorov, “deducida explícitamente de las obras de MyE (y confirmada en las obras que no pudo conocer nuestro bolchevique judío)”.
1. La humanidad está dividida en sociedades. Borojov: “Toda sociedad está dividida en clases. Pero, ¿de dónde proviene la diversidad de sociedades, que, a fin de cuentas, es la causa principal de toda la cuestión nacional…?”.
2. Borojov: “En el concepto de condiciones de producción, tenemos un firme punto de partida para construir una teoría puramente materialista [7] de la cuestión”. Estas condiciones de producción se subdividen así: 1. Condiciones naturales, no sociales, “que tanto influyen en las fuerzas productivas a comienzos de la historia”. 2. Condiciones históricas, sociales, “que van adquiriendo, por la acción del hombre, una influencia mayor que las naturales” (el énfasis es mío). Unas y otras presionan “desde el exterior” sobre la base económica que adoptará diferentes formas según la diversidad de esas condiciones. Barros matiza: “Debemos añadir -cosa que no hace de manera formal Borojov- las condiciones económicas que interactúan sobre el medio natural y los factores socio-históricos.”
3. Borojov: “Una sociedad dada…., necesita, ampliando la esfera de sus condiciones de producción, conquistar condiciones ajenas… unos anhelan conquistar, oros buscan defender… tiene lugar una lucha nacional.” El problema nacional “debe ser subrayado como un conflicto de las fuerzas de producción y el estado de las condiciones de producción”. Ni que decir tienen que esa necesidad de conquista a la que se alude tiene muy poco de valor o finalidad comunista.
Barros amplia y verifica, “asumiéndolas críticamente”, las tesis de Borojov, tomando como referencia las obras económicas y metodológicas de MyE, y adelantando dos defectos que él encuentra en la teoría de Borojov y que, desde su punto de vista, reducen la eficacia de sus proposiciones: a) No considerar la base económica como parte fundamental, “desde el interior”, de las condiciones nacionales de producción, b) Olvidar que las condiciones de producción son también condiciones de reproducción social.
Veamos algunas de las consideraciones de Barros del apartado b) “Condiciones de producción”, pp. 116-130:
1. La producción es la apropiación de la naturaleza por los individuos, en el marco y a través de una particular forma de sociedad, para satisfacer las necesidades de la existencia humana.
2. En la producción social de su existencia, los seres humanos contraen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, entre los propietarios de las condiciones de producción y los productores directos.
3. Las relaciones de producción se corresponden con una característica fase de desarrollo de las fuerzas productivas [8] (Habilidad técnica y nivel científico, cooperación y división social del trabajo).
4. Las fuerzas productivas se relacionan dentro de las relaciones sociales de producción. Las relaciones de producción se encuentran íntimamente unidas a las fuerzas de producción. Fuerzas y relaciones de producción definen el modo de producción, que es tanto relación mutua entre los individuos como relación entre estos y la naturaleza inorgánica.
5. Las distintas combinaciones entre trabajadores y medios de producción distinguen los diversos modos históricos y generales de producción.
6. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general.
7. En todas las formaciones sociales se encuentra un modo de producción que condiciona, como un éter especial (tal vez no sea la mejor metáfora física), las demás formas de producción presentes (otros modos de producción que no son centrales).
8. Son los mismos seres humanos los que hacen su historia, aunque dentro de un medio que los condiciona. De estas condiciones muy concretas, son las económicas las que deciden en última instancia.
Barros nos recuerda en este punto una definición de economía política de Engels: la economía política es “la ciencia de las condiciones y formas bajo las cuales las diversas sociedades humanas produjeron.” [9].
Para delimitar unas condiciones generales de producción, prosigue Barros, puede ser suficiente responder al cómo se producen, lo que implica responder en qué marco social (relaciones de producción) y con qué medios (fuerzas productivas). Sin embargo, nos advierte, “si contemplamos unas condiciones específicas de producción, los interrogantes anteriores carecen de sentido si no se sitúan en el espacio (dónde se produce) y en el tiempo (cuándo se produce)”. En uno u otro supuesto, sobre todo en el segundo, tiene especial interés, además de las condiciones de producción identificadas directamente en el proceso de producción económico, aquellas otras condiciones materiales sin las cuales el proceso de producción no podía ejecutarse o sólo podría hacerlo de manera imperfecta, bien sean condiciones naturales (la tierra, por ejemplo), bien sean condiciones históricas debidas al trabajo de los seres humanos: calles, canales, edificios, etc.
De este modo, señala Barros, los factores que condicionan (él añade, innecesariamente en mi opinión, materialmente) el proceso de producción se dividen en: 1. Inmanentes, las condiciones de producción en sentido estricto, en las que solemos pensar cuando hablamos en estos términos, y 2. Coadyuvantes: condiciones de producción en sentido amplio. Ambas condiciones, inherentes o resultado de una acción exterior, “conviene tenerlas en cuenta en el sentido global, históricamente efectivo, de la noción condiciones de producción.”
La distinción, para Barros, no es gratuita. Marx precisa que trabajo asalariado ‘libre’ y capital representan las condiciones fundamentales del modo de producción burgués. Las restantes condiciones a las que ha aludido, “que actúan desde la naturaleza y mediante la historia, o que corresponden a fases del proceso de producción e intercambio -circulación- menos decisivas”, no son fundamentales pero sí necesarias. Barros nos brinda un apunte anexo: estas divisiones metodológicas “son conceptualmente útiles solamente si se asumen de manera fluida, sin muros que separen, dialécticamente” [10].
Para ilustrar su análisis, Barros cita un texto de Marx del libro 3 de El Capital. El siguiente: “la misma base económica -la misma, en cuanto a sus condiciones fundamentales- puede mostrar en su modo de manifestarse infinitas variaciones y graduaciones debidas a distintas e innumerables circunstancias empíricas, condiciones naturales, factores étnicos, influencias históricas que actúan desde el exterior, etc.”. Añade: “donde se amplían sin límite las condiciones no económicas, naturales e históricas, de producción.” Queda clara, pues, la distinción entre condiciones económicas fundamentales y las condiciones naturales e históricas concretas que “actúan desde el exterior”.
Un nuevo apunte crítico de Barros: apoyándose en el anterior texto marxiano, Borojov identifica de forma peregrina “erróneamente, las condiciones de producción con las condiciones naturales e históricas, olvidando la propia base económica, contenido esencial del concepto”. Por el contrario, siguiendo a Marx, conviene discernir en el conjunto de las condiciones de producción, “tres dimensiones, condiciones naturales, condiciones económicas y condiciones históricas de producción. Siempre a efectos metodológicos, como partes inseparables de un todo único” [la cursiva es mía]. El comentario me parece absolutamente central aunque, como Barros indica a continuación, Marx maneje el término “condiciones de producción” como sinónimo de “condiciones económicas”, materiales y fundamentales, en especial cuando estudia los modos de producción en abstracto, “sin considerar las particularidades nacionales, procediendo a una restricción opuesta a la que hará Borojov cuando olvida las esenciales condiciones económicas.”
Saltando ilustraciones y argumentos complementarios (que el lector/a del libro no debería saltarse), Barros esboza al final de este aparatado una síntesis:
1, Las condiciones de producción (concepto ampliado y mucho más rico que el usual) son factores naturales, económicos, políticos y culturales que forman parte o influyen en el proceso de producción.
2. Las condiciones en que tiene lugar un proceso de producción son además: 1) Intrínsecas (requisitos fundamentales para la realización del proceso, varían según el modo de producción y la formación social); 2) Extrínsecas: el entorno histórico-social en el que, obligatoriamente, los seres humanos asociados reproducen su existencia.
3. Las condiciones generales de un modo de producción son una abstracción.
3.1. En todos los casos, el espacio y el tiempo introducen la concreción y la variedad.
3.2. Las condiciones naturales e histórico-sociales pueden intervenir en el proceso de producción hasta el punto de interrumpirlo o alterar su forma.
3.3. Muchos textos de MyE hacen notar la implicación de la naturaleza (materialismo sensato) en el proceso productivo (como no podía se de otro modo). “La lucha de clases y la lucha de naciones ofrecen por su parte mil modelos de intromisión de la historia en el proceso de producción, dando continuidad, desarrollando o aniquilando fuerzas productivas, frenando o revolucionando relaciones de producción”, añade Barros.
4. Todas las premisas y condicionamientos de la producción son naturales, económicos y sociales.
4.1. Naturales: los seres humanos y sus relaciones sociales y económicas, productos históricos de su actuación, constituyen parte subjetiva de la naturaleza (En nota al pie de página, Barros nos remite a uno de sus trabajos sobre la subjetividad de la naturaleza no humana: “Por un nuevo concepto de la historia como ciencia”).
4.2. Económicas: MyE destacan precisamente la dimensión económica del conjunto de las condiciones de producción.
4.3. Históricas: la misma naturaleza inorgánica cambia a lo largo del tiempo, aunque muy despacio en comparación con la naturaleza y la sociedad.
4.4. La identidad compartida entre los tres aspectos en que desdobla la noción “condiciones de producción” no es óbice, señala Barros, para su individualización. “Según la forma que presenta de entrada, hablamos de condiciones naturales, económicas o históricas de producción. Que se corresponde según el símil estructuralista a lo geográfico, lo económico y lo político-ideológico”. Metáfora simplificadora, nos advierte, que da pie con frecuencia a una lectura antidialéctica, mecanicista, cuando no simplista.
5. La pertinencia de colocar los elementos político-culturales, la lucha política de clases y la lucha nacional, y el Estado (la supraestructura de la metáfora clásica), en las condiciones históricas de producción, viene nada por ser productos históricos por antonomasia, resultantes sociales del albedrío humano por excelencia.
6. En contraposición con la naturaleza no orgánica y sus leyes más o menos inmutables [11], escribe Barros, y con la economía y sus leyes cuasi naturales [12], escribe también Barros, “como gusta proponer Marx: en la acción política, ideológica, estatal, el hombre hace su propia historia aunque dentro de los límites y condicionamientos naturales e históricos, económicos y sociales heredados”.
7. A su vez, los factores subjetivos (las luchas de clases y nacionales), en tanto que condicionantes históricos de producción inciden en su cara opuesta: los factores más objetivos, empezando por las condiciones o premisas económicas de producción.
8. Cabe, por consiguiente, señala finalmente Barros, “trazar otra línea divisoria, a efectos de método, en el conjunto de las condiciones de producción: condiciones subjetivas (lucha de clases y naciones) y condiciones objetivas (base productiva y medio natural), conforme al grado relativo de supeditación a la voluntad del hombre organizado socialmente.”
Un breve apunte complementario de los compases finales del último apartado: “Lucha de clases, lucha de naciones”. Tal vez una forma adecuada de finalizar esta, insisto, sucinta y simplificadora aproximación a este capítulo central del ensayo.
Para Barros, el nivel de mediación social principal de la nación son las clases sociales. Una nación nace y muere según el apoyo de clase o clases de que disponga. Para él, “una variación sustancial de las clases sustentadoras del proyecto nacional engendra un cambio total de la nación”, Pero, añade, lo contrario no siempre es cierto: “la pérdida de una parte de las condiciones nacionales de producción no tiene porqué implicar una alteración significativa de las clases que la componen”. Muchos ejemplos históricos corroboran su consideración, según creo.
La lucha de clases es el momento capital de la lucha general, individual, clasista, nacional, universal, concreta Barros, por las condiciones de producción, ya que determinan la cualidad de éstas. “La lucha de clases y la lucha de naciones tienen un origen común, la lucha por las condiciones de producción, pero un alcance diferente: las clases pueden cambiar la base económica de la sociedad -condiciones de producción-, también pueden las naciones, pero mediante las clases”.
Nuestro autor señala que la primacía de las clases se deduce también de la propia delimitación que hace Marx de las condiciones básicas de producción de las sociedades, sean nacionales sea en general: trabajo asalariado y capital. De ahí la afirmación central del Manifiesto: la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases. Siento esto verdad, prosigue, resultaría “infravalorado el nivel de la nación como órbita autónoma de producción y reproducción social, nudo del acontecer histórico y conjunto de las clases con el marco de las condiciones económicas y no económicas de producción”. No se debe, prosigue, restringir de espaldas a la realidad histórica y social, como una mala caricatura, el análisis de la nación a un análisis de clase. Cierto que la lucha de naciones acaba sirviendo a los intereses concretos de las clases, añade, pero tratándose de dinámicas diferentes y autónomas, se puede aseverar en rigor con Pierre Vilar que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases y de lucha de naciones, “lucha diversa pero convergente por las condiciones de producción y reproducción social”.
Nos queda el cierre del ensayo, el capítulo de conclusiones.

Notas
1) Autor desconocido para mí. Barros nos remite al volumen VI de la Historia del marxismo publicada por Bruguera en 1981, p. 207.
2) ¿Siempre es así? ¿No hay sorpresas en la historia de la ciencia? Un ejemplo potencialmente falsador: el descubrimiento de los irracionales por la escuela pitagórica, ¿fue una búsqueda (sólo se encuentra lo que se busca) o fue una sorpresa no buscada y no deseada si tenemos en cuenta la metafísica matemática -todo es número (natural)- defendida por la escuela?
3) Sobre el estalinismo, será de interés del lector/a una intervención con el mismo título de Manuel Sacristán en una mesa redonda, que compartió con Manuel Vázquez Montalbán, celebrada el 23 de febrero de 1978 en los Caputxins de Sarrià, el mismo lugar donde doce años antes se fundó el SDEUB, el Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona. Véase M. Sacristán, Seis conferencias, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2005, pp. 27-54.
4) Tengo dudas sobre la corrección o conveniencia de hablar de Borojov en términos de “judío militante”.
5) El Partido Obrero Socialdemócrata judío, el Poalei Tzion.
6) En nota al pie se nos da brinda esta referencia: Bojorov, “Los intereses de clase y la cuestión nacional”, Nacionalismo y lucha de clases, México, Pasado y Presente, 1979, pp. 57-63. Salvo error por mi parte, artículo muy poco citado en la tradición y entre los estudiosos del tema.
7) En 1967, para la Enciclopedia Larousse, Sacristán escribió las voces “Marx”, “Lógica formal” y “Materialismo”. Se aproximaba a esta última noción en los términos siguientes términos: “Término técnico filosófico y a la vez de uso común y frecuente en el lenguaje cotidiano, “materialismo” es una de las voces más equívocas del discurso de los filósofos… Pero la confusión más importante en el uso del término “materialismo” está determinado por las conexiones objetivas que pueden admitirse entre dos sentidos filosóficos fundamentales de la palabra: un sentido ontológico y otro epistemológico… Según la primera de esas dos contraposiciones, el uso más corriente de “materialismo” es epistemológico: materialismo es en este caso la tesis, o el conjunto de tesis, según el cual el conocimiento es conocimiento de un ser externo a cualquier consciencia e independiente de ella. De la naturaleza de ese ser no se dice por de pronto nada concreto, y es plausible que la tesis materialista así entendida no necesite comprometerse en una afirmación filosófica acerca de la naturaleza del ser real o material… Si se atiende, en cambio, a la segunda contraposición, materialismo es la tesis o el conjunto de tesis según el cual todo el ser material es básica y genéticamente de la naturaleza del estudiado por la física… En cualquier caso, la distinción entre un sentido epistemológico y otro ontológico de “materialismo” no anula el parentesco entre ambos: parece coherente con la tesis de que el ser conocido es independiente de la consciencia (materialismo epistemológico) la tesis de que el ser real no es todo él, de la naturaleza de la consciencia, ni lo es básica y genéticamente (materialismo ontológico)…”
En una comunicación de 1981 (”Sobre los problemas presentemente percibidos en la relación entre la sociedad y la naturaleza y sus consecuencias en la filosofía de las ciencias sociales. Un esquema de de discusión”, Papeles de filosofía, Barcelona: Icaria, 1984, p. 457), señalaba: “El plano más o menos resueltamente especulativo en la que se dirimen a menudo controversias como la de la sociobiología ha llevado incluso a historiadores de la ciencia de inspiración kuhniana a tratar la cuestión con categorías propias de una historia de las marcas comerciales. Así, D. L. Hull, tras estimar que el fracaso de la frenología y el éxito del darwinismo en el siglo XIX se debió a que el segundo fue capaz de seguir dando su nombre a conceptos y tesis que no tenían ya casi nada que ver con sus posiciones iniciales mientras que la frenología no mostró esa flexible capacidad de “hacer trampa”, aconseja a los sociobiólogos que, para ganar su controversia, se preocupen sobre todo de seguir llamando sociobiología a cualquier revisión de sus premisas, por destructiva que sea. Pese a semejante ideologización del debate, el mensaje característico del “materialismo científico” para las ciencias sociales se diferencia del romántico porque se basa en aportaciones de conocimiento positivo, que van desde la genética y la dinámica de poblaciones hasta la etología pasando por la ecología, por la sociobiología y otras varias investigaciones menos generales.”
8) Recordemos lo apuntado sobre el concepto de fuerzas productivo-destructivas en anteriores entregas.
9) Recomendamos de nuevo el excelente estudio de Michael Krätke, Friedrich Engels. El burgués que inventó el marxismo, Barcelona: Bellaterra, 2020 (traducción y presentación de Àngel Ferrero), una documentada y rigurosa ‘demostración’ de que el autor de La situación de la clase obrera en Inglaterra mucho mucho más que un segundo o tercer violín de una orquesta dirigida en minoría de uno por su amigo y compañero Karl Marx.
10) A modo de comentario marginal: tal vez el adverbio ‘dialécticamente’ sea aquí innecesario o, suponiendo que sea necesario, convendría explicitar en qué sentido se usa. ¿Qué queremos decir exactamente cuando usamos un concepto tan polisémico que a dando pie a tantas confusiones… y a tantos desvaríos políticos y filosóficos? Véase, M. Sacristán, Sobre dialéctica, Vilassar de Dalt: El Viejo Topo, 2009 (edición de Salvador López Arnal).
11) ¿Por qué más o menos inmutables?
12) El cuasi salva el error de considerarlas naturales. En mi opinión, es mejor no expresarse en estos términos. Más allá de trivialidades básicas (“el trabajo humano es necesario para la existencia de la especie”), no hay leyes económicas für ewig, válidas para todos los modos de producciones y todas las sociedades históricamente constituidas.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *