Comentario de José Luis Martín Ramos sobre Kazajstán

Del historiador José Luis Martín Ramos, de Espai Marx.

Interesante [el artículo de Poch de Feliu sobre el tema], aunque los detalles que echa a faltar pueden ser muy importantes.

Es obvio el interés de Rusia en lo que suceda en Kazajstán, que es una pieza básica del nuevo gran juego de Asia Central. Ni debe sorprender, ni escandalizar; en ese juego Rusia tiene un rol defensivo, no expansivo, a diferencia del que desempeñó Gran Bretaña o desempeña hoy EEUU. Para mí el problema no es la situación coyuntural de protestas, que ya se han dado en otras ocasiones, en la misma forma de motines explosivos, quizás no tan espectaculares como el de estos días. El problema es la estructura clánico-caudillista del poder en manos de Nazarbayev, un burócrata oportunista que se subió al poder como «comunista nacional»-kazako bajo el paraguas de Gorbachev -otra evidencia, para mí, de la torpeza gorbachoviana- y que luego apoyó a Yeltsin y aplicó su política de reconversión salvaje al capitalismo en Kazajstan. Treinta años en vano en la construcción de un complejo estado nacional, que ha de tener en cuenta la dualidad ruso-kazaka. El declive de Nazarbayev, que por lo visto no ha sido capaz de organizar su sucesión en beneficio de su clan, deja desnuda políticamente al Kazajstan y lo expone a cualquier control exterior; también, desde luego al de EEUU que merodea en Asia Central desde los setenta, rompiendo más cacharros en la tienda que organizándola (véase el desastre afgano); y a eso se ha sumado desde la victoria de los talibanes la onda expansiva de ese hecho, más que en el sentido de una proyección talibán en el del estímulo de sus competidores en el campo del islamismo político, sean la cofradías sufitas o los tafkiristas del Estado Islámico del Jorasán (el Gran Jorasan llegaba hasta las fronteras del Kazajstan y es el horizonte actuación de ese «Estado islámico» rival de los talibanes). En Kazajstan hay un antecedente histórico, el partido Alash Orda (Autonomía de Alash), de las tres primeras décadas del siglo XX, aniquilado finalmente por Stalin y en el momento del hundimiento de la URSS se fundó el nuevo partido Alash-Partido por la Libertad Nacional, panturquista e islamista, liderado por Aron Atabek, que fue ilegalizado en 1999; a pesar de su ilegalización el partido ha seguido existiendo de hecho, y en 2005 organizó un movimiento de «autodefensa colectiva» en Almaty, que protagonizó una revuelta contra la demolición de los barrios marginales para levantar una urbanización «moderna», por el que Atabek fue condenado a prisión, no sé exactamente por cuantos años; precisamente en noviembre de 2021 Atabek, enfermo de covid- 19, fue puesto en libertad para morir el 24 de ese mes; es significativo, al menos para mí, que los primero incidentes se produjeran en torno a esa fecha, no en los primeros días de enero cuando se multiplicaron los disturbios. Ese es un detalle que se le escapa a Poch, que solo cita la prohibición del partido comunista y de «los socialistas», que no creo que tengan una incidencia popular importante. El islamismo panturquista, que plantea una unificación turcomana, de Azerbayán, Tayikistán, Uzbekistán y Kazajstán, junto con Turquía como referente político-cultural, ha de poner los pelos de punta no solo a Rusia, sino a todos los gobiernos del sur de la antigua URSS, incluida Armenia, y añade un factor más de conflicto que es a la vez interno y geopolítico (Turquía está desde luego interesada en ese panturquismo, como se vio recientemente en el conflicto entre Azerbayán y Armenia).
Hay que esperar más información y más acontecimientos para ver por dónde va la cosa.
JLMR
11.01.2022

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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