Comentario de un amigo lector

Gracias por el envío [Página herida, 15/03/2024]. Muy acertado lo que dices, como siempre.
El “presentismo” es un gran mal de todos los dirigentes políticos europeos, también de los de la denominada izquierda (institucional).

Lo que contrasta históricamente con lo que en el siglo XX se le había presupuesto: un proyecto de transformación social profunda guiado por doctrinas socialistas. El único proyecto a largo plazo que tiene la izquierda (institucional) parece ser de carácter más bien inercial y no ir más allá de la adaptación, dentro del marco socioeconómico actual, a la llamada “cuarta revolución industrial” (a la presente revolución tecnológica en curso y sus derivados socioeconómicos, con base en las tecnologías de la información -Big Data, IA etc.- y las biotecnologías, controladas e impulsadas por grandes corporaciones y magnates con apoyo gubernamental), proyecto que comparte con la derecha institucional, aunque con ciertos deseos -y más bien escasas realizaciones- de limar sus efectos más gravosos para la población (en esto consiste hoy día el “progresisimo”, en definitiva). Lo demás es, básicamente, propaganda electoral y carrierismo.

En particular, el “presentismo” de los dirigentes del PSOE les llevó a asaltar el poder poniéndose en manos de los separatistas, en lugar de esperar a ganar limpiamente unas elecciones con amplio margen, gracias al apoyo de una formación como Podemos, derrotando al PP cuando tocaba. El “presentismo” (y la ambición) les ha llevado a impulsar una ley de amnistía de redactado vergonzoso -algo muy distinto a la política precedente de indultos- para poder formar un tambaleante y débil gobierno que bien poco va a poder hacer, dadas sus dependencias, y que, probablemente, va a revitalizar a unos políticos separatistas con un nada desdeñable poder local que se oponen a la integridad territorial de España y en los cuales, por consiguiente, ningún gobierno de ese país puede confiar -salvo uno que tenga por imposible la continuidad del estado español y, por tanto, considere que lo único que se puede hacer es desmantelarlo: en este concepto incluyo su conversión en una laxa e insustancial confederación-.

En cuanto a los que dicen que el proceso secesionista de 2017 no iba en serio y que no pasó de ser una broma algo pesada, deberían volver a leer las “leyes” de desconexión de septiembre de 2017, recordar las estratagemas seguidas para convertir el referéndum en una trampa para las fuerzas de orden público del gobierno central y también la suspendida declaración de independencia. Como mínimo, se trató de un peligroso chantaje al gobierno central para imponer a la sociedad española una nueva organización política territorial a conveniencia de los separatistas, si no algo peor. De hecho, en su estrategia, estos últimos recurrieron a todos los medios que tenían a su disposición, menos a organizar una fuerza armada paramilitar (¿o no les dio tiempo?; por otra parte: ¿desistieron de utilizar las fuerzas policiales autonómicas para sus fines separatistas o, más bien, no pudieron convencer a sus mandos para actuar en este sentido?). Que el proceso separatista de 2017 fuera una chapuza, el contexto internacional no le fuera favorable y tuviera aspectos un tanto cómicos (porque no hubo muertos; en caso contrario, no verían algunos con tanta ligereza el asunto) no significa que sus dirigentes no fueran en serio, sino, más bien, que eran (¿son?) unos descerebrados fanáticos bastante torpes. (El “putsch” de Hitler-Lüdendorf de 1923 -este sí basado en la violencia- fue una chapuza, pero eso no significa que Hitler-Lüdendorf no desearan realmente derribar la República de Weimar; luego la justicia alemana de la época fue extremadamente indulgente con Hitler y el NSDAP… y ya sabemos el resto de la historia).

El mismo “presentismo” y la misma irresponsabilidad chapucera (si bien a una escala mayor y mucho más dramática) podemos verlos en las declaraciones de los políticos atlantistas como reacción o incitación a las amenazas/ advertencias de Putin, y no por ello creo que deban tomarse a broma, pues revelan una estúpida y criminal frivolidad respecto al riesgo cada vez mayor y más cercano de una guerra general europea que muy fácilmente podría devenir en guerra nuclear. Esta aparente necesidad de un enemigo exterior para legitimarse es un indicio del deplorable estado político-ideológico y social en que se encuentran los sistemas representativos occidentales (cierto que preferibles al autoritarismo político ruso, pero este continuo tener que acudir a la lógica del mal menor en todas nuestras opiniones resulta muy desmoralizador y ya cansa un poco).

Saludos muy cordiales,

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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