Elena Grau Biosca, Violeta Ibáñez Royo e Isabel Ribera Domene, editoras del libro, responden a las preguntas formuladas por Isabel Alonso Dávila
El pasado sábado 7 de marzo, ANPI Spagna y Atra Italia, con la colaboración de la ACPEPF, de la editorial Icaria y la Librería Antinous, organizaron, en el salón de actos del Centro Cultural de la Cárcel Modelo de Barcelona, la presentación del libro Giulia Adinolfi. Entre mujeres (Icaria, 2025), del que ya se ha publicado una reseña en el número anterior de esta revista. De todas formas, la conversación que se produjo en La Model nos ha parecido que tenía suficiente interés como para trabajarla de nuevo y construirla como texto escrito para publicarla en este número de mientras tanto. Aquí la tenéis.
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Isabel A. D.: ¿Cómo se ha cocinado/tejido este libro entre las tres editoras? Me refiero a la escritura conjunta de la presentación y del capítulo IV, la escritura individual de determinadas partes, la demanda de textos nuevos a mujeres que tuvieron relación con Giulia, la recogida de textos escritos en la proximidad del momento de su muerte —«In memoriam»—, la recogida y selección de textos escritos por Giulia Adinolfi, los encargos de textos a mujeres académicas y el epistolario mantenido entre Giulia Adinolfi y Rossa Rossi.
Editoras: Para hablar de cómo se ha gestado y tejido este libro hemos de retroceder hasta 1983, cuando las tres editoras nos conocimos en el marco del movimiento anti-OTAN y por la Paz y el Desarme. Entre 1986 y 2001 formamos parte del colectivo editor de la revista En Pie de Paz. En estos espacios optamos por trabajar entre mujeres buscando maneras de hacer y de pensar el Movimiento por la Paz, encontrando una gran afinidad entre nosotras.
Lo que no sabíamos en aquel momento es que las tres habíamos leído el texto de Giulia Adinolfi «Sobre las contradicciones del feminismo», publicado en el número 1 de la revista mientras tanto; y que este texto había tocado decisivamente nuestras vidas, transformándolas. Que esta lectura nos había llevado, a partir de nosotras mismas y de nuestra experiencia de mujeres, a pensar y practicar la política y el activismo. Después descubrimos que esta afinidad y el deseo de trabajar juntas tenía que ver con el hecho de haber sido tocadas por Giulia Adinolfi.
En 1990, por sugerencia de Rosa Rossi, nos llamamos Grupo Giulia Adinolfi, un grupo en el que compartimos todo aquello que cada una quiere poner en el mundo y lo que trabajamos colectivamente, como este libro.
A finales de los años ochenta, Elena Grau empezó a estudiar los materiales de Giulia Adinolfi que Vera Sacristán generosamente le había cedido. Elena se centró en los escritos de Giulia sobre las mujeres y el feminismo. A partir de determinado momento, en 2019, nos propuso a Isabel Ribera y a Violeta Ibáñez compartir la lectura de la correspondencia de Giulia Adinolfi y así adentrarnos en su figura a través de un material cercano a la vida y a las relaciones de Giulia. La gestación concreta del libro tiene que ver con este trabajo que desde hace tiempo hemos ido haciendo las editoras sobre Giulia Adinolfi.
La idea de hacer un libro surgió cuando Jordi Mir y Vera Sacristán nos animaron a presentar un proyecto a la convocatoria del Ajuntament de Barcelona para coeditar libros, concretamente en la colección «Gent de Barcelona». La idea de hacerlo circunscrito al «entre mujeres», es decir, a los textos que Giulia Adinolfi escribió sobre las mujeres y el feminismo y también a las relaciones de Giulia con otras mujeres, tiene que ver sin duda con el hecho de que los textos de Giulia nos habían abierto la posibilidad de pensar el mundo entre mujeres, desde nuestra experiencia y genealogía femeninas. Nos interesaba conocer y dar a conocer las relaciones de Giulia con otras mujeres y cómo en estas relaciones estaba presente su interés por la experiencia y el movimiento de mujeres.
El «entre mujeres» ha quedado reflejado en el libro desde diversos ángulos. En el centro del libro están los textos de Giulia Adinolfi organizados en tres bloques: el primero, sobre el movimiento de mujeres; el segundo, de reflexión teórico-política; y el tercero, que recoge un estudio compartido, en curso, sobre el proceso inquisitorial contra María de Cazalla. Además de los escritos de Giulia Adinolfi, hay un grupo de textos de mujeres que conocieron a Giulia y que pueden hablar de la relación viva con ella. Las que la recuerdan desde el presente y las que, desde diferentes experiencias de relación, escribieron obituarios en memoria de Giulia Adinolfi cuando murió en 1980. Finalmente, pedimos textos a mujeres que la conocieron a través de sus escritos y que la han estudiado como figura relevante del feminismo de nuestro país. A través de estos escritos se actualiza el pensamiento de Giulia Adinolfi, porque además de estudiarla en el contexto en el que escribió, hacen una relectura desde el presente de la actualidad de su pensamiento.
Nosotras hemos escrito un texto sobre la relación entre Giulia Adinolfi y Rosa Rossi. Ya conocíamos la existencia de esta relación, pero al leer su correspondencia se nos hizo evidente la profundidad y la importancia que tenía en sus vidas. Escribir este texto nos hizo reflexionar sobre la relación de amistad entre mujeres, nosotras que somos amigas. Fue un gran aprendizaje. Este texto, como todos los que hemos redactado juntas, lo escribimos a seis manos. Para hacerlo, hablamos de lo que queremos decir y cada una va haciendo aproximaciones escritas para después fusionarlas en un solo texto, en el cual hay palabras de cada una y de todas.
Isabel A. D.: Giulia fue militante del Partito Comunista Italiano (PCI) en Italia y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) en Cataluña. ¿Qué importancia tuvo el PCI en la visión del mundo de Giulia? ¿Cómo creéis que influyó esta experiencia italiana en su militancia catalana? ¿Cómo se interrelacionaron?
Editoras: Sabemos pocas cosas de la vida de Giulia Adinolfi en Napoli y de su militancia en el PCI. Curiosamente, ella guardaba un recorte del diario La Repubblica, del 10 de abril de 1948, en el que se publicaba un sondeo de opinión sobre las próximas elecciones generales para escoger el primer parlamento republicano. Le preguntaron a Giulia y en sus respuestas, con nombre y apellido, defiende y se define como favorable al Fronte Democratico Popolare per la libertà, la pace e il lavoro (FDP) impulsado por el PCI. Giulia tenía 17 años. Sabemos, por lo que han dicho diversas personas que la conocieron, que Giulia Adinolfi empezó a militar en el Partido Comunista Italiano a los 15 años, en 1945.
Según dicen Matteo Adinolfi, en el documental Giulia de Xavier Juncosa, y Albert Domingo Curto, en su texto del libro Integral Sacristán que acompaña el documental, es probable que Giulia Adinolfi se relacionara desde muy joven con los círculos de debate de ámbito universitario. El más conocido de ellos era el Gruppo di Studio Antonio Gramsci que se reunía en la Facoltà di Lettere en la que Giulia estudiaba. En estos espacios participaban intelectuales comprometidos, muchos de ellos comunistas y en general de izquierdas. Es posible que allí conociera a Renzo Lapiccirella, psiquiatra de formación, que dedicó su vida al PCI y que en aquel momento era redactor de la sección napolitana de l’Unità. Fue amigo de Giulia durante toda su vida.
En este contexto —universidad, Istituto Italiano per gli Studi Storici, militancia en el PCI— se formó Giulia Adinolfi en su juventud. Pertenece a una generación comprometida con la lucha antifascista en un momento de gran esperanza en la transformación de la sociedad. La fotógrafa Vera Maone, recordando a su padre en una entrevista, dice de esta generación: Eran «personas de una integridad moral increíble, de un total desinterés personal […] no existía la idea de hacer carrera política: existía la elección ideal de trabajar por la justicia social, para mejorar la sociedad».
Formada en este contexto y en el seno del partido fundado por Antonio Gramsci, cuya obra conocía a fondo, el marxismo de Giulia era humanista. Para ella la experiencia era fuente de conocimiento y de creatividad.
Como dice Rosa Rossi en el documental de Xavier Juncosa, Giulia Adinolfi practicaba lo que años después sería un lema feminista: «Lo personal es político». El suyo era un compromiso político-moral que no separaba las esferas de la vida. Es decir, tenía una gran coherencia entre lo que hacía cada día y las ideas políticas que defendía. Para ella era inseparable el amor al conocimiento, la voluntad de transformación y el sentido de ser mujer y de vivir.
Esto la llevó a vivir en Barcelona, después de casarse con Manuel Sacristán, porque tanto ella como él estaban convencidos de que el lugar en el que debían estar era el de la resistencia antifascista en España, porque aquí había una perspectiva de transformación con la que querían comprometerse vitalmente. Giulia Adinolfi se implicó en la lucha clandestina del PSUC y aquí aportó todo lo que ella era. Siempre se mantuvo en contacto con Italia a través de la familia y de las amistades (Rosa Rossi y Renzo Lapiccirella). Habitualmente recibía revistas italianas (Rinascita, Crítica Marxista) y otras publicaciones. También estaba al día de lo que pasaba en Italia, pero su tarea política e intelectual estuvo vinculada solo a Cataluña y a España desde que se estableció aquí en 1957.
En Barcelona participó en la creación del Moviment de Dones Democràtiques (MDD) (1965-1969); en la redacción de la revista clandestina del PSUC, Nous Horitzons (1967-1971); en la lucha del profesorado por una Universidad Democrática; en la fundación del sindicato de CC. OO. de la enseñanza y, en los últimos años de su vida, colaboró con la revista Materiales y fue cofundadora de la revista mientras tanto, en la que publicó sus últimos textos.
Isabel A. D.: Giulia Adinolfi fue profesora de enseñanza secundaria y, más adelante, también en la universitaria. ¿Qué tipo de docente era Adinolfi?
Editoras: Giulia Adinolfi fue docente a lo largo de toda su vida: maestra rural en Sant’Arcangelo sul Trasimeno, Magione (1951-1953); profesora de secundaria en Napoli (1953-1956); plaza definitiva en Primaria Somma Vesuviana, frazione Alaia (1956-1957); maestra de primaria en la Scuola Elementare Italiana de Barcelona (1957-1958); profesora de secundaria en Aula, Escola Europea, Barcelona (1968-1972) y profesora en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) (1972-1979).
Diversas personas —compañeras, alumnas y alumnos— han hablado del trabajo como docente de Giulia Adinolfi: Carmen Pérez Vidal escribe en este libro sobre las lecciones pedagógicas aprendidas de su amiga y profesora. Las lecciones de Giulia Adinolfi que ella recoge tienen una dimensión relacional entre docente y alumnado: la posibilidad de relacionarse, de tener amistad con alumnas y alumnos más allá de las clases y a pesar de la diferencia de edad y generación. También una dimensión educativa que va más allá del aula —lo que hoy se nombra como «aprendizaje informal»—: una enseñanza comprometida con el mundo y una educación para la vida, es decir, ver al alumnado con una percepción integral. Finalmente, la calidad de su docencia tenía que ver con la meticulosa preparación, el rigor científico y la visión crítica. Era una profesora exigente con ella misma y con las alumnas y alumnos. Según dice Rosa Lentini, en el número 94 de mientras tanto, su alumnado era el mejor preparado de la Facultad; mucha gente asistía a sus clases sin estar matriculada.
En el documental de Xavier Juncosa, Alex Pérez Vidal, alumno de Giulia Adinolfi, y Dolors Folch y Carme Riera, compañeras de trabajo, hablan de su enfoque de la materia, que conectaba el contexto histórico y social y la producción literaria, teniendo también presente la personalidad y la individualidad del escritor o la escritora; también hablan del tiempo que dedicaba a la preparación de las clases, de sus propuestas innovadoras y de la atención personalizada a sus alumnas y alumnos.
De todo ello nos queda la constancia no solamente de las personas que se relacionaron con ella como docente, sino también de una cantidad ingente de textos y lecturas de preparación de las clases.
Isabel A. D.: Yo estuve en el Movimiento Democrático de Mujeres en Valencia, entre el final del año 75 y principios del 78, cuando me vine a vivir a Barcelona. Leyendo vuestro libro he sabido del papel de Giulia Adinolfi en el Moviment de Dones Democràtiques en Catalunya. ¿Qué más me podéis explicar sobre este aspecto de la militancia de Adinolfi?
Editoras: En Barcelona se creó el Moviment de Dones Democràtiques en los primeros años de la década de los sesenta y se mantuvo activo hasta el año 1969 (recordemos que en enero de 1969 se decretó el estado de excepción). Carme Vilaginés i Pilar Fibla, mujeres que participaron en el MDD, nos lo explican; la primera, en el obituario que publicamos en el libro y las dos, en un texto de 2004 publicado en el n.º 94 de mientras tanto.
El MDD fue un movimiento impulsado por el PSUC desde la clandestinidad y dirigido por Giulia Adinolfi, que tenía la percepción de que el crecimiento de la consciencia democrática haría despertar y recuperar la consciencia feminista. Para trabajar el tema, un pequeño grupo de mujeres del PSUC realizó un proceso de formación, lecturas y debates orientados por Giulia Adinolfi.
El MDD agrupó a mujeres de diversas condiciones (amas de casa, obreras, de clase media, estudiantes, artistas, intelectuales, etc.). Tenía como objetivo extender la conciencia femenina de discriminación y opresión y articular la participación de las mujeres en la lucha por la democracia y la transformación de la sociedad. Las propuestas surgidas del grupo impulsor se debatían en asambleas más amplias (hasta 100 personas) siempre clandestinas, en locales de la iglesia como, por ejemplo, en la iglesia de Sant Medir. Bajo el paraguas de la Associació d’Amics de la UNESCO organizaron un ciclo de conferencias sobre la paz y también una exposición sobre el mismo tema.
En relación con esta experiencia, Giulia Adinolfi, bajo el seudónimo de Lluïsa Vives, escribió el texto «Per un plantejament democràtic de la lluita de les dones», publicado en el número 12 de la revista clandestina Nous Horitzons. Este texto fue la primera propuesta política para al movimiento de mujeres después de la guerra civil española. El artículo hacía un análisis crítico de tres posiciones existentes a propósito de la lucha de las mujeres: la que mantenía el papel de las mujeres en la posición de ser solidarias y apoyar las luchas de los hombres; la que confiaba la emancipación femenina a la consecución de derechos y a la incorporación al trabajo asalariado sin cuestionar el modelo de sociedad; y la que consideraba que la opresión de las mujeres desaparecería con la revolución proletaria y, por tanto, no era necesario que existiera un movimiento específico.
De los análisis críticos hechos por Giulia Adinolfi se desprendía, al contrario, la necesidad de crear un movimiento autónomo de las mujeres, con una organización y un programa propio que recogiera sus intereses y anhelos de liberación. Era desde ese lugar desde donde las mujeres debían incorporarse a la lucha general por la democracia y la transformación social. En esta propuesta podemos encontrar una conexión con la experiencia de la Unione Donne Italiane (UDI) que seguro que Giulia Adinolfi conocía.
El artículo «Per un plantejament democràtic de la lluita de les dones» fue un referente durante muchos años para el debate y la reflexión de las mujeres feministas de Catalunya. Lo explica Mireia Bofill en su texto publicado en el libro. El año 1978, dos años después de las Jornades Catalanes de la Dona, la revista Papers de sociologia de la UAB (número 9) reimprimió el texto en un número dedicado al tema «Mujer y Sociedad». También ha sido reproducido en el libro de M. Àngels Cabré, El llarg viatge de les dones, editado en 2020, que presenta una recopilación de los textos más relevantes del movimiento de mujeres en Catalunya.
Isabel A. D.: Ahora que sale el tema de las Jornades Catalanes de la Dona, he sabido por vuestro libro que Adinolfi asistió.
Editoras: Sí, sí, Giulia Adinolfi asistió a las Jornades Catalanes de la Dona (JCD), acompañada de Rosa Rossi, y conservó la tarjeta de acceso al Paraninfo de la Universitat de Barcelona (UB) donde se celebraron. Allá se encontró con muchas mujeres que la conocían, y reconocían, como autora del artículo «Per un plantejament democràtic de la lluita de les dones».
De todas maneras, asistió, pero no participó en la organización porque la habían operado, en enero de 1976, de un cáncer de mama y se encontraba en el cuarto ciclo de la quimioterapia. Pero sí recibió con antelación las ponencias que se presentaron, y esto indica que ella formaba parte del amplio grupo de mujeres a las que se les enviaron las ponencias para que pudieran hacer aportaciones.
La lectura de las ponencias de las JCD que hizo Giulia Adinolfi dio lugar a un conjunto de notas escritas en diálogo y en polémica con ellas y también a reflexiones sobre la dificultad de que la conciencia feminista se generalizara. Algunas de estas notas están publicadas en el libro.
Es particularmente interesante la nota sobre «Dona i sexualitat». En aquel momento, la reivindicación principal era la «libertad sexual» y, para conseguirla, el acceso a los anticonceptivos. La ponencia se centraba únicamente en la denuncia de la ideología represiva de la sexualidad.
Giulia Adinolfi, en su nota, critica el hecho de que no se haga una reflexión más global sobre la sexualidad en una sociedad y una forma de vida que nos aboca al consumo rápido, agresivo y competitivo del sexo. Ella decía que la falta de esta reflexión podía hacer que el movimiento de emancipación de las mujeres favoreciera esta tendencia en lugar de combatirla. Conectando con esta idea, decía lo siguiente sobre los anticonceptivos: «La anticoncepción no es in se un instrumento emancipador. Es la situación concreta de las relaciones hombre-mujer en que opera lo que determina su sentido». Este es un ejemplo de la independencia de pensamiento de Giulia, de la profundidad de su reflexión, de su pensar a contracorriente.
Isabel A. D.: En vuestro libro definís la amistad entre Giulia Adinolfi y Rosa Rossi como «perdurable y fecunda» y explicáis cómo las llevó incluso a un trabajo común sobre Maria de Cazalla. También comentáis otras relaciones de Giulia con otras mujeres. ¿Qué importancia creéis que tuvieron estas relaciones para Adinolfi?
Editoras: Giulia Adinolfi tuvo importantes relaciones con mujeres a lo largo de su vida. Comenzando por su madre, Maria Sellitti, y su hermana, Anna Adinolfi. En Italia la más relevante fue la relación de amistad con Rosa Rossi, a la que hemos dedicado nuestro artículo. En Barcelona, tuvo relación, en diversos ámbitos de su vida, con mujeres que han dado testimonio de la huella que Giulia dejó en ellas. Compañeras de partido como Carme Vilaginés y Pilar Fibla; compañeras de trabajo como Dolors Folch (que también lo fue de partido), Lola Albiac o Carme Riera; amigas de la familia como Juliana Joaniquet; alumnas como Carmen Pérez; y también mujeres más jóvenes con las que conversaba sobre feminismo, como Maria Dolors Calvet, Laura Tremosa, Mireia Bofill y María José Aubet, entre otras.
La singularidad de la relación con Rosa Rossi tiene que ver con la profundidad de este vínculo que se creó cuando ellas eran jóvenes, a mediados de los años cincuenta en Napoli, y que se cultivó y mantuvo durante toda su vida; también en la distancia a partir de 1957, cuando Giulia se trasladó a vivir a Barcelona. Nosotras la hemos denominado «amigas para ser», es decir, una relación imprescindible para sostener la vida y el sentido, para seguir naciendo a lo largo de la vida, como diría María Zambrano. Lo dice la misma Giulia Adinolfi en una carta de 1976 a Rosa Rossi: «[…] un día tendré que explicarte de verdad qué ha sido para mí tu amistad y cómo me has ayudado a ser (no a ser de una determinada manera, sino a estar aquí, en definitiva)».
Para nosotras ha sido un gran aprendizaje conocer cómo se tejía esta relación a través de las cartas: hemos visto cómo las dos estaban en la relación con la verdad de lo que cada una era y, a la vez, con la distancia que proporciona saber que la experiencia individual es irreductible. Es decir, acompañar la vida de la otra, sin confundirla con la propia, pero con «un entendimiento inexpresable», en palabras de Rosa Rossi.
Giulia Adinolfi y Rosa Rossi compartían la pasión por el mundo y el sentido de la vida: tenían un infinito amor al conocimiento y un compromiso político y moral comunista. Y se preguntaban por el sentido de ser mujeres.
El estudio sobre María de Cazalla es una muestra de esto: compartir, una vez más, la investigación y el estudio que eran para ellas la «habitación propia» en la que desplegaban preguntas, intuiciones, emociones y opiniones; donde indagaban sobre ellas mismas y sobre el mundo, transformando el saber del estudio en saber de la vida. Porque para ellas el estudio tenía sentido cuando se vinculaba a una práctica y a una visión del mundo. Es decir, estudiar era una tarea estrechamente enlazada con la actividad y el compromiso de vivir.
Hay que señalar también que cuando Rosa Rossi le propuso a Giulia Adinolfi iniciar este estudio (en carta de 31 de diciembre de 1976), además del placer del estudio en relación, tenían como telón de fondo el hecho de afrontar la enfermedad de Giulia.
Se proponían estudiar una figura femenina del siglo XVI juzgada por la Inquisición, entre 1532 y 1534, bajo la acusación de ser «alumbrada y luterana», poniendo la atención en la «palabra» de la mujer investigada en su confrontación con la del inquisidor, en la dinámica del proceso. Las actas del proceso, aunque escritas por el inquisidor, recogen la palabra de María de Cazalla. «Una mujer que a través de la palabra niega la culpa, pero sin negarse del todo», decía Giulia Adinolfi en carta a Rosa Rossi. María de Cazalla fue, finalmente, condenada al silencio.
Este estudio tenía un interés particular para ellas, porque Giulia Adinolfi y Rosa Rossi pensaban que era tarea del movimiento feminista conocer y reconquistar la propia tradición; es decir, los momentos en que, a lo largo de la historia, ha emergido una consciencia femenina de la propia libertad y los propios derechos, una voluntad de liberación.
Ellas se interesaron asimismo por la cultura de los grupos subalternos y excluidos del poder que solo se puede estudiar de manera indirecta. Por esa razón valoraron mucho el libro de Carlo Ginzburg, Il formaggio e i vermi (1976), en el que se indaga la cosmovisión de un molinero del siglo XVI a través de un proceso inquisitorial; una fuente valiosa para estudiar los grupos sin acceso a la palabra escrita.
Por otra parte, estudiar una figura femenina las llevó a reflexionar sobre la historia de las mujeres que en aquellos años empezaba a crecer. Les interesaba destacar y pensar, no solo la ausencia de mujeres en la narración histórica, sino el cambio que supondría la incorporación de las mujeres a la metodología y la narrativa histórica.
Isabel A. D.: Giulia Adinolfi publicó algunos artículos en los primeros números de mientras tanto.
Editoras: Los últimos textos de Giulia Adinolfi, publicados en los números 1, 2 y 3 de la revista mientras tanto, como hemos comentado, han sido muy importantes en nuestras vidas.
El primero, «Sobre las contradicciones del feminismo», fue un texto luminoso y revelador para nosotras, que formamos parte de la generación de mujeres que empezamos a dejar de dar crédito al patriarcado. Pero esto no significaba que supiéramos qué queríamos. En los años setenta del siglo XX, predominaba entre las mujeres feministas un rechazo a todo lo que se nos había impuesto como femenino y que a la vez era minorizado y subvalorado. Esto nos abocaba a un malestar que provenía de tener a los hombres como modelo a imitar y, al mismo tiempo, sentirnos extrañas en el mundo masculino. Sentíamos que en la aspiración a la igualdad y a la identidad con los hombres no podíamos ser nosotras mismas.
Giulia Adinolfi, en cambio, proponía a las mujeres conocer la propia tradición y la propia historia; y desentrañar aquello que querían conservar y aquello que querían rechazar de la cultura femenina, porque el rechazo total de lo femenino conllevaba el riesgo de «tirar el agua sucia del baño con el niño dentro». El texto de Giulia Adinolfi fue revelador porque obró una apertura simbólica en nosotras. Es decir, nos permitió pensar desde otro lugar: podíamos dar un sentido libre al ser mujeres sin quedar prisioneras de los estereotipos impuestos y sin renunciar a todo lo que las mujeres habían creado y cultivado.
En los últimos textos, Giulia Adinolfi se proponía empezar a explorar los elementos de la cultura femenina de nuestro tiempo y nuestra sociedad. La enfermedad no le permitió desarrollar esta línea de trabajo, pero dejó un último esquema para estudiar el trabajo doméstico que ella consideraba que se hallaba en la base de la cultura femenina.
Este esquema es una muestra más de la independencia de pensamiento de Giulia Adinolfi, de su pensar a contracorriente y ver más allá. Mientras entre las feministas predominaba la idea de que el trabajo doméstico era un residuo artesanal en un mundo industrial, o bien que este trabajo debía desaparecer para alcanzar la liberación de las mujeres, Giulia Adinolfi planteaba que el trabajo doméstico no era un residuo artesanal, sino un trabajo no mercantil imprescindible para el sistema de trabajo industrial. Afirmaba que el hecho de ser imprescindible y no mercantil había permitido decir que las mujeres no trabajaban. Puntualizaba que la relación de las mujeres con su objeto de trabajo pasaba por los afectos y era diferente de la relación que los hombres tenían con el objeto de trabajo. Y advertía de que el trabajo doméstico estaba siendo invadido por el mercado y las multinacionales.
Este esquema dejaba planteadas líneas de reflexión y de estudio que han fructificado a lo largo de los 46 años transcurridos desde su muerte, el 21 de febrero de 1980. Hoy hablamos de trabajos de cuidados, precisamente para significar que este trabajo incorpora afectos y subjetividad. También en estos años hemos hecho visible el trabajo no mercantil de las mujeres y lo consideramos imprescindible para el funcionamiento social y la sostenibilidad de la vida. Comprobamos asimismo que la mercantilización de las tareas que antes hacían las mujeres en el hogar ha aumentado con la incorporación masiva de las mujeres al empleo, sin que ello haya supuesto una mejora de la calidad de las mismas, ni la liberación para nosotras.
Todo esto nos confirma lo que hemos denominado la capacidad de Giulia Adinolfi de ver más allá; y nos estimula a seguir pensando, incluso a contracorriente, siempre orientadas a la transformación de la organización del trabajo, de la sociedad y de la vida.
Isabel A. D.: Muchísimas gracias por esta conversación por escrito que nos permite seguir profundizando en el conocimiento de Giulia Adinolfi, que, entre muchas otras cosas, fue cofundadora de mientras tanto.