«Cui prodest?» por Ernesto Gómez de las Heras

El atentado terrorista de Bondi Beach es un crimen sangriento que se ha cobrado un buen número de víctimas inocentes, pero también ha resultado ser un suceso afortunado para Netanyahu y todos sus secuaces sionistas, en Israel y en el mundo entero.

Los asesinatos de Nueva Gales del Sur no pueden ser calificados más que como antisemitismo de manual. Disparar indiscriminadamente contra personas que se han reunido para celebrar una festividad judía no tiene nada que ver con la legítima lucha -armada cuando es preciso- contra el fascismo sionista, ni con los objetivos declarados de la resistencia palestina. Por eso, por nuestra parte y por parte de todos los demócratas del mundo, no cabe más que el rechazo más absoluto y el compromiso de seguir trabajando para que estos atentados terroristas no se repitan.

Por supuesto nuestra condena no significa identificación alguna con la hipocresía bienpensante que lamenta estas víctimas al tiempo que justifica otras, como las miles de veces más numerosas que hay y prosigue habiendo en Palestina, donde el único cambio habido a partir de eso que llaman «acuerdo de paz» es que el genocidio se desarrolla ahora a cámara lenta.

La nuestra es una condena basada en principios. Quienes provenimos del gran movimiento emancipador iniciado por Marx y Engels, cualesquiera sea la rama de él en la que nos hallemos, siempre hemos estado en contra de este tipo de violencia, máxime cuando esta es indiscriminada y las víctimas son inocentes.

Naturalmente, como ya se advierte desde el inicio de esta nota, también lo condenamos por antisemita, pues evidente que este crimen lo es. Por nuestra parte siempre hemos estado y seguiremos estando contra el sionismo, una doctrina y una práctica racista y fascista. Por supuesto, rechazamos rotundamente la equiparación que la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, según sus siglas inglesas) pretende hacer entre antisemitismo y antisionismo. No son lo mismo. En realidad son opuestos. Pero, ya desde el primer momento en que se conoció lo sucedido en Sidney, un buen número de medios de comunicación importantes (de los que siempre están prestos a servir los intereses sionistas) se apresuraron a utilizarlo para denunciar a los enemigos de Israel. Por eso es importante hacerse la pregunta que titula esta nota y dejar claro a quien benefician los asesinatos de Bondi Beach.

Lo primero que llama la atención es que esto haya sucedido en Australia, un lugar donde nunca ha sido frecuente este tipo de matanzas. Donde tampoco existe una gran comunidad judía y cuyo gobierno ha mantenido siempre una política de complicidad con la entidad estatal sionista y sus constantes agresiones contra el Derecho Internacional. Sin embargo, a consecuencia del genocidio desatado en Gaza, en Australia se estaba comenzando a desarrollar un fuerte movimiento de solidaridad con Palestina. De hecho, aunque los grandes medios de comunicación trataron de ocultarlo, fue en Sidney donde se produjo una de las mayores manifestaciones de masas solidarias en los últimos meses. Esto provocó que el gobierno australiano hiciera un pequeño gesto de apoyo a Palestina. Sin importancia práctica, pero sí simbólica. Quizá todo esto explique porqué Australia y porqué ahora. Así como la rápida llamada de atención de Netanyahu a Albanese sobre el crecimiento del «antisemitismo» en el país de las antípodas («antisemitismo» de la IHRA, no el de verdad).

Por las primeras noticias facilitadas por la policía australiana, parece que los asesinos tenían cierta relación con Daesh (ISIS, según sus siglas inglesas). Y esto ya aclara bastante las cosas. Es harto sabido que ese grupo, por su propia naturaleza, es campo abonado para la manipulación e infiltración por parte de toda clase de agencias de espionaje. Especialmente las norteamericanas, pero también las israelíes. Es muy fácil manipular los odios y rencores de ciertas personas y hay muchas agencias con expertos dedicados a ello. Aquí no estaría de más recordar lo sucedido en 1978 en Barcelona. Nos referimos al caso Scala, una sala de fiestas muy televisiva por entonces, que fue objeto de un atentado, en el que murieron cuatro trabajadores afiliados al sindicato CNT. Los perpetradores del atentado eran, ellos mismos, afiliados de CNT, pero fueron manipulados e instigados por un confidente policial infiltrado. Este fue el auténtico motor y autor de aquel crimen.

Así las cosas no resultaría precisamente imposible que la autoría intelectual del atentado de Sidney se encuentre muy lejos de allí, por más que sea allí donde estaban los autores materiales. Quienes, por cierto, ya tenían un historial policial de proximidad a Daesh, dato que, con seguridad, era conocido por esas agencias de espionaje a las que nos hemos referido.

Sumando todo esto a nuestros perspicaces lectores no les resultará muy difícil contestar a la pregunta que encabeza la nota. Y hasta puede que a la que dejamos en el aire sobre el resto de circunstancias del caso.

Para concluir, hemos de reafirmar de nuevo nuestro rechazo al antisemitismo y nuestro antisionismo radical. Y procurar extender lo más posible la lucidez precisa para distinguirlos y no caer jamás en el primero.

https://www.cronica-politica.es/cui-prodest/

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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