Dos artículos sobre el informe Fènix

Las sombras del ‘informe Fènix’ sobre la inmigración” por Lluís Pellicer

El País, 26/05/2026. “El informe señala la dependencia de sectores de bajo valor añadido, pero desprecia el papel crucial de los extranjeros en la economía que avalan los organismos internacionales.”

Bajo el pomposo nombre de Informe Fènixun grupo de economistas catalanes ha tratado de responder a una pregunta muy poco ampulosa y muy pertinente que se hacen miles de ciudadanos: ¿Por qué si la economía crece no lo noto en mi bolsillo? En un examen a la economía catalana, ese grupo de académicos llega a un diagnóstico que apela directamente a Administraciones y empresas: Cataluña ha crecido más a lo ancho que a lo alto, es decir, en sectores de poco valor añadido y mal remunerados. Sin embargo, también recogen conclusiones sobre la contribucion de la inmigración que, admiten, se sitúan en el lado opuesto a “multitud de analistas”. Al contrario de lo que ha sentenciado el grueso de la literatura económica, este grupo de economistas apunta que “no es cierto” que “la inmigración que recibe Cataluña sea necesaria para que la economía prospere” y apunta que su baja cualificación pone en peligro el Estado del bienestar.

El informe, presentado recientemente, se ha hecho un generoso hueco en un debate económico centrado por los Presupuestos de la Generalitat. El documento señala los sectores que considera “altamente subvencionados” porque los salarios de los trabajadores no cubren su coste social –en especial el turismo, el reparto a domicilio y la industria cárnica— y ofrece una amplia batería de medidas, entre las que constan “reducir” la capacidad turística, eliminar las licencias de los apartamentos vacacionales, subir el salario mínimo para dejar de crear empleos de baja cualificación o gestionar la inmigración con criterios de “cualificación o de aumento de la productividad”.

El estudio ha sido coordinado por el ingeniero Xavier Roig y elaborado por Xavier Cuadras, profesor de la Universidad Pompeu Fabra; Modest Guinjoan, doctor en Economía de la Universidad de Barcelona, y Miquel Puig, economista y exsecretario de Asuntos Económicos de la Generalitat. Les han asesorado, además, los catedráticos Jordi Galí, Guillem López-Casasnovas y Jaume Ventura. Miquel Puig está de acuerdo con la descripción de que diagnostican un crecimiento “a lo ancho”. “En realidad, es binario”, aclara. Es decir, los sectores más productivos se han expandido poco, mientras que los que aportan menos lo han hecho, a su juicio, de forma desmesurda. Y eso, a su juicio, ha tenido implicaciones en el mercado de la vivienda o en el Estado del bienestar. “Decimos que esos sectores deben parar de crecer”, añade Puig.

Este diario ha hablado con varios economistas para contrastar esa visión, de los cuales la mayoría han preferido no ser citados. El punto más controvertido, coinciden, es el de la inmigración. Puig señala que el informe aborda “poco” la inmigración, si bien sí recoge la conclusión de que la llegada de extranjeros no ha contribuido a que la economía prospere y aborda los costes que, según su análisis, implican al Estado del bienestar. Sin embargo, hay pocas dudas entre los organismos internacionales de que la inmigración sí ha aportado a la “prosperidad”. Para empezar, porque contribuyó de forma decisiva a que España pudiese salir de la crisis en la que estaba sumida desde 2008, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, a partir de 2015 y, especialmente, después de la pandemia.

Claves para salir del pozo

Como ha apuntado el profesor emérito de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Josep Oliver, el crecimiento económico fue clave para que España –y Cataluña— pudiese dejar atrás varios desequilibrios, entre ellos los elevados niveles de endeudamiento privado que arrastraba desde la crisis financiera. Y esa contribución de la inmigración se ha estudiado ampliamente por parte de los organismos catalanes, españoles e internacionales. En uno de los estudios más recientes sobre la materia, Funcas estima que el Producto Interior Bruto (PIB) español aumentó entre 2022 y 2025 un 8,9%. De este porcentaje 4,2 puntos fueron resultado directo de la incorporación al mercado laboral de trabajadores nacidos fuera de España, según Funcas.

También el Banco Central Europeo (BCE) ha destacado que “en España, la llegada de trabajadores extranjeros ha contribuido significativamente al crecimiento económico, complementando la contribución positiva, aunque modesta, de la población activa nacional”. Es decir, la inmigración ha contribuido a aumentar la fuerza laboral, el crecimiento y a salir de los hoyos de 2008 y, más intensamente, de 2020, lo cual ya se antoja como una notable aportación a la prosperidad.

Si observamos el periodo de entre 2016 y 2025, vemos que se han creado 600.000 puestos de trabajo en Cataluña, y el 97% los ocupan ellos. Suponiendo una productividad por ocupado que fuese del 50% de los nativos, eso significaría que la mitad del crecimiento económico de estos años lo habrían generado ellos directamente”, apunta Oliver.

La productividad de los trabajadores

El Informe Fènix señala que “en la España actual, contrariamente a lo que se repite la relación entre inmigración y bienestar material –medido en PIB per cápita— es negativa en general”, con la excepción de Madrid. El Banco de España estimó en un informe de junio de 2026 que la inmigración sí aporta al PIB per cápita, al menos en el periodo 2022-2024. En concreto, entre cuatro y siete décimas.

La tesis de la necesidad de aumentar la productividad en los sectores donde mayoritariamente trabaja la población migrante, sin embargo, sí confluye con las investigaciones llevadas a cabo por varias instituciones, entre ellas, el Consejo Económico y Social (CES) o el Real Instituto Elcano, que indican que el trabajo de la mano de obra migrante se concentra en actividades intensivas en mano de obra. También el Círculo de Economía, en una nota del pasado mes de febrero, mostraba su preocupación por ese modelo económico de “baja productividad”, pero añadía que “las proyecciones demográficas” hacen que la inmigación “siga siendo necesaria” a medio plazo para “compensar” la caída de población en edad de trabajar. “Creo que hay que invertir en la productividad de los trabajadores, con independencia de dónde vengan. Mientras no lo hagamos, el modelo será más extensivo que intensivo”, señala Jorge Galindo, director adjunto del Centro de Políticas Económicas EsadeEcPol.

El CES, no obstante, sí observa en La realidad migratoria en España mejoras en la cualificación de migrantes ―por ejemplo, en el sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación― y resalta que muchos extranjeros están cubriendo un “hueco persistente en la cualificación autóctona”, que no ofrece al mercado laboral en titulaciones intermedias como la Secundaria o la Formación Profesional. “No todo es blanco y negro. Y es cierto que muchas fábricas se han beneficiado de la mano de obra cualificada de Europa del Este o muchas empresas de la formación de trabajadores de América Latina”, admite Puig.

Hay otro factor más, que recordaba el catedrático de la Universidad Pompeu Fabra Andreu Mas-Colell en un artículo de Ara titulado Els immigrants sumen: “Es bien conocida la observación de que si una persona ligeramente por encima de la media de renta de México emigra a Estados Unidos, donde obtiene un trabajo con salario bajo en términos americanos, la media de renta de los dos países baja. Pero todos ganan. En particular, el emigrante mexicano mejora respecto a su referente, que es su sueldo antes de emigrar. Nota: este ya no es el referente de su hijo”. Hay otro dato relevante, aunque quede fuera del análisis: la tasa de emprendeduría de los inmigrantes duplica la de los nacionales, según el Global Enterpreneurship Monitor (GEM) sobre España.

La aportación fiscal de la inmigración

El tercer gran capítulo que genera discrepancias es el de los costes de la inmigración. Estos aparecen cuando se abordan los llamados “sectores altamente subvencionados”. Son aquellos en los que, según los autores, pagan salarios tan bajos que no cubren el coste de los servicios públicos que el trabajador y su familia consumen. ¿Y quién es candidato a recibir lo que denominan un “salario altamente subvencionado”, a su juicio pagado por el resto de los contribuyentes? Exponen dos posibilidades: o bien un residente que estaba en paro, lo cual para los autores lleva a un ahorro, o un “no residente que se instala en el país”, que consideran un “gasto extra” en términos netos. Sin embargo, el estudio añade que las estadísticas demuestran que los puestos de trabajo creados no sacan a ningún ciudadano del paro, sino que atraen inmigrantes.

Varios economistas consultados consideran que uno de los problemas de ese cálculo está en el método, que se basa en imputar el coste anual de los servicios públicos a los trabajadores de esos sectores –mayoritariamente inmigrantes— durante 84 años. Los autores eligen ese periodo de tiempo porque es la esperanza de vida en España. No obstante, varios académicos dudan de que pueda usarse ese dato por dos factores: uno, que los migrantes llegan a España con una edad media de 32 años, según el CES, por lo que no se les debería imputar el primer tramo de vida; y dos, que su consumo de servicios públicos es menor que el de los autóctonos, como destacan varios estudios científicos. Y todavía otro factor más: no está claro si todos han llegado para quedarse, como han expuesto instituciones como Funcas.

Si se corrigiesen esos cálculos, esgrimen algunos economistas, algunos de esos sectores ya no serían “altamente subvencionados”. “Todo es discutible, pero nosotros hablamos de puestos de trabajo sin tener en cuenta el origen”, resalta. “Por eso nosotros pedimos que se haga un cálculo de las balanzas fiscales de cada sector”, añade.

El dividendo fiscal

Los estudios publicados hasta ahora tampoco indican que el Estado del bienestar vaya a colapsar por la inmigración, como sostiene el informe. “La inmigración poco cualificada tensiona los servicios públicos y el Estado del bienestar en general porque la pobre productividad no permite sostener el sistema”, apunta.

Según el último informe El impacto fiscal de la migración en la UE, elaborado por la Comisión Europea, España sigue siendo uno de los países en los que la inmigración tiene un impacto positivo, no solo porque contribuyen a la economía, sino porque cuestan a las finanzas públicas menos que los autóctonos, También la Airef ha publicado acerca del “dividendo fiscal” positivo de los migrantes, refiriéndose también a lo que ocurre en otros países. En el caso de Cataluña, Oliver ha calculado que entre el 40% y el 50% del crecimiento de los ingresos tributarios se explica por la inmigración.

Repercusión para los nativos

Hay un último punto tampoco desdeñable que esta misma semana ha resaltado el economista Xavier Sala-i-Martin: en parte, para que haya empleos de alta cualificación también deben existir los menos cualificados. Es decir, para que haya informáticos en un hotel también se requieren camareras de habitaciones. “Si tú eliminas la inmigración ese establecimiento tendría que cerrar. Si el hotel cierra, es verdad que no vendrán inmigrantes, pero hay una gran cantidad de gente que no son inmigrantes que también trabajan en estos sectores. Y eso en este informe no se contempla”, recordó en una entrevista en Rac1.

Cuando se desagrega donde se ocupan y en qué posiciones están unos y otros, vemos un fenómeno que está vinculado. Los nativos ocupan posiciones medias y medias altas, mientras que los inmigrantes ocupan posiciones no cualificadas a menudo vinculadas a los servicios ocupacionales e intermedias. Son dos fenómenos que no se pueden aislar. No son independientes uno de otro. Si hay crecimiento y si mejora el bienestar de la población nativa es gracias también a la contribución que hace la población imigrante”, concluye Oliver.

https://elpais.com/espana/catalunya/2026-05-26/las-sombras-del-informe-fenix-sobre-la-inmigracion.html.

Etnonacionalismo, la nueva fase del ‘procés’” por Claudi Pérez

El País, 26/05/2026. “¿Y si los bárbaros estaban en casa, y si son esos clérigos que erigen panfletos que se levantan de sus cenizas, como el Ave Fénix, para traernos etnonacionalismo y emponzoñar el debate público un poquito más?”

En los estertores de la Gran Recesión, el nacionalismo catalán mudó de piel y se convirtió en independentismo; en ese viraje contó sobremanera el brazo corrupto de Convergència y una suerte de traición de los clérigos, con figuras como Antoni Castells y algún académico reputado. Los indepes se tiraron por el tobogán del Espanya ens roba y fabricaron aquella utopía de andar por casa, “Nos vamos, y tenemos prisa”. Cuando llegó el esperpento de las leyes de desconexión, el referéndum y la declaración de independencia fugaz, el Gobierno de Rajoy cometió dos errores de trazo grueso: la violencia policial del 1-O y la posterior judicialización de aquella suerte de golpe blando. Después llegó el turno de Pedro Sánchez, y el tándem indultos-amnistía –aprobados a cambio de la investidura y que nunca se terminó de explicar del todo— dejó a Salvador Illa instalado en el Pati dels Tarongers. Cataluña, en fin, se ha normalizado, aunque las leyes de la física tienen su aquel: cada acción tiene su reacción, y la reacción ha sido de aúpa. La extrema derecha ha irrumpido con fuerza tanto en España como en Cataluña, con Vox y Aliança Catalana. El procés abre ahora un nuevo capítulo: Esquerra y Junts tienen que contarnos qué quieren ser de mayores, con el espectro de Aliança Catalana rondando por las esquinas; mientras terminan de decidirse, los clérigos acaban de dar un paso relevante hacia una zona oscura como boca de lobo.

Uno de los rasgos característicos de los populismos es la necesidad de aliñarse un buen enemigo. Hasta hoy ese enemigo era España, con su expolio fiscal (¿!) y su Estado de derecho supuestamente a la húngara, a la polaca o a la turca (¿!¿!¿!). Como con eso no consiguieron llegar a Ítaca, los clérigos se acaban de sacar de la manga un segundo archienemigo: la inmigración. Se apuntan así a una moda que capitanean los Trump, Orbán y Meloni. Con un aroma etnonacionalista que el texto intenta esconder pero que aparece aquí y allá, en muchísimas páginas de esta especie de panfleto denominado Informe Fénix (hasta el título tiene reminiscencias azuladas). Con errores muy discutibles en los cálculos de población y de bulto en el caso del gasto asociado a los servicios públicos que consumen los migrantes. Y con un adanismo estupefaciente, con conclusiones que van en dirección contraria a las de toda la literatura académica y a los trabajos del Banco de España, del BCE, de la Comisión, del FMI y de la OCDE. La conclusión es que los migrantes ponen en peligro el Estado del bienestar, y por ende la lengua y el país, sea lo que sea eso. El resultado es una chapuza cósmica que tal vez no tenga efectos a corto plazo, pero que a la larga corre serio peligro de dejar poso en las actitudes de la ciudadanía.

El nacionalismo catalán, decía más arriba, derivó en independentismo de la noche a la mañana de la mano de Artur Mas, uno de los politicastros más superficiales de la era democrática, que nos iba a conducir hasta Ítaca pero nos llevó de bruces a las rocas. Esta curva en el camino nos lleva a otro poema de Cavafis: «Algunos han venido de las fronteras y nos han contado que los bárbaros no existen. ¿Y qué va a ser de nosotros, ahora, sin bárbaros? Esta gente, al fin y al cabo, era una solución». ¿Y si los bárbaros estaban en casa, y si son esos clérigos que erigen panfletos que se levantan de sus cenizas, como el Ave Fénix, para traernos etnonacionalismo y emponzoñar el debate público un poquito más?

https://elpais.com/espana/catalunya/2026-05-26/etnonacionalismo-la-nueva-fase-del-proces.html.

 

 

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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