Publicado en el blog del autor, 23/09/2022. https://lluisrabell.com/2022/09/23/el-oficio-masculino-mas-antiguo/
Mirar hacia otro lado. Ese sería el más antiguo de los oficios ejercidos por los varones, según reza en el manifiesto “Hombres por la abolición del sistema prostitucional en España” que circula estos días por las redes sociales. Y está en lo cierto. Urge que los hombres nos adentremos en el debate sobre la prostitución y asumamos nuestras responsabilidades. Definir la prostitución como el oficio femenino más antiguo del mundo no sólo es una falsedad histórica, sino ontológica. En realidad, a lo largo de los siglos – y hasta alcanzar unas proporciones inauditas en la época de la globalización neoliberal -, la prostitución ha sido siempre un comercio entre hombres; un sistema más o menos sofisticado, pero basado en la desigualdad estructural entre los sexos y en una violencia multiforme, a través del cual unos hombres sometían a mujeres y niñas, poniéndolas a disposición de los caprichos sexuales y el deseo de dominación de otros varones.
El feminismo histórico nunca ha dejado de denunciar esa forma de esclavitud. Por su parte, el movimiento obrero más consciente, libertario, socialista o comunista, en su anhelo emancipador fue siempre abolicionista. Para la izquierda tradicional, la mujer prostituida era ante todo la Fantine de “Los miserables”: la más desvalida y brutalizada de las hijas de nuestra clase. Fue necesario el triunfo de la revolución conservadora, la desmoralización de la izquierda, la hegemonía social del individualismo y la omnipresencia de las leyes del mercado… En una palabra: fue necesario que se desvanecieran las utopías de emancipación del siglo XX, que se impusiera el sentimiento de que la Historia “ya no daba para más” y el capitalismo encarnaba la cima civilizatoria de la humanidad, para que en las filas progresistas cundiese la idea de que la prostitución era un “trabajo sexual” y podía regularse como una relación mercantil legítima. Fue necesario semejante cambio de rasante histórico para que – por citar un hito significativo al que alude el Manifiesto – el SPD de Schröder y los verdes regularizaran la prostitución en Alemania… con nefastas consecuencias. (El pasado mes de marzo, la doctora Ingeborg Kraus presentó en el Congreso de los Diputados un informe sobre los resultados de veinte años de prostitución regulada, describiéndola como “un infierno en la tierra” para las mujeres inmersas en ese mundo).
No, los hombres no tenemos derecho a desentendernos del tema. Va con nosotros, con todos nosotros. El feminismo militante, de tradición ilustrada y materialista, no ha perdido el norte al respecto. Y si la izquierda llega a recuperarlo, lo deberá ante todo a la lucha persistente de las mujeres feministas en sus filas. Pero el futuro está en disputa y hay que ser conscientes del desafío democrático y civilizatorio que supone asumir la necesidad de abolir la prostitución. El feminismo no deja de repetirlo con ahínco: hay trata porque existe prostitución, porque es necesario renovar y ampliar constantemente la reserva de mujeres a disposición de los puteros. Y hay prostitución porque hay demanda… y poderosos intereses que la incentivan y se esfuerzan por normalizarla. En un mundo de tremendas desigualdades sociales, en el que millares de mujeres y niñas de las regiones empobrecidas del planeta son drenadas hacia las metrópolis, la cuestión de la “libertad” ha dejado de ser pertinente. Peor: constituye una estafa intelectual y moral. Nuestra izquierda se siente muy orgullosa de haber propiciado una ley de “sólo sí es sí”. Pero en el mundo de la prostitución las mujeres no pueden decir “no”, abrumadas por la violencia o la necesidad. La distinción entre “prostitución libre y forzada” constituye una falacia neoliberal que sólo puede seducir a quienes ignoran la realidad social… o se creen al abrigo de un destino que creen acotado a las mujeres pobres, mayoritariamente extranjeras y – como se dice en lenguaje “woke” – “racializadas”. Una ilusión, por cierto: el sistema proxeneta lleva tiempo asaltando las redes sociales y captando jóvenes universitarias con la promesa del dinero fácil. La mirada que algunos sectores de la izquierda consideran “rompedora”, cuando imaginan una “prostitución con derechos”, esconde más papanatismo liberal, clasismo y sentimiento de superioridad étnica de lo que se querría admitir. Desdibujado el horizonte de la lucha de clases, buena parte de la izquierda anda empantanada en un marasmo de identidades y sentimientos individuales. De hecho, en el reflejo ideológico de un mercado enfebrecido y desintegrador de las sociedades.
El Manifiesto tiene el mérito de poner el dedo en la llaga de una actitud recurrente, que todos hemos vivido o conocido en asociaciones, movimientos o partidos cuando se ha planteado el debate: “Es un tema complejo. Las feministas están divididas. Habría que escuchar a las partes…”. Pues no, los hombres tampoco tenemos derecho a devolver la pelota al tejado de las mujeres. La consecuencia de esa aparente neutralidad acaba siendo la legitimación del lobby proxeneta, que dispone de mayores altavoces mediáticos y siembra la confusión. La pregunta a la que tenemos que responder es si creemos – o no – tener derecho a disponer del cuerpo de las mujeres a cambio de dinero. Es decir, si creemos tener derecho a deshumanizarlas hasta convertirlas en mercancía… y si consideramos que una sociedad democrática debe proveer semejante “derecho”. Planteado el problema en esos términos, entendemos que estamos hablando del modelo de relaciones humanas que definen el semblante de una sociedad. Ni que decir tiene que las poderosas industrias del sexo, que acumulan astronómicos beneficios gracias a la prostitución y a la pornografía, responden afirmativamente a esa pregunta. Al igual que los promotores de la creciente explotación reproductiva de las mujeres, que pugnan por normalizar el comercio de los “vientres de alquiler”. Hoy, atenazados por la incertidumbre que se cierne sobre las naciones, hablamos mucho de “distopías”. Se nos antoja más verosímil la extinción de la humanidad que imaginar la superación del régimen de la propiedad privada de los grandes medios de producción. Pero quizá sea más exacto decir que el capitalismo tecnificado y senil que nos gobierna proyecta sobre la civilización humana un futuro de sadismo social; un mañana en que el deseo se convertiría en fuente de derecho y, con ello, advendría el bárbaro imperio sin límites del más fuerte. Y esa presión ha embebido el imaginario de las izquierdas y amenaza la propia agenda feminista.
La prostitución define nuestra masculinidad. Mientras sea admitida, tolerada o legalizada, ninguna mujer será realmente nuestra igual. Porque, con cada violación tarifada, mediante el sufrimiento de un nutrido contingente de mujeres y niñas – y con la certeza de que otras muchas vendrán a ocupar su lugar -, ese sistema reafirma y reproduce la preeminencia de los varones sobre todas las mujeres. “En una sociedad donde se consiente (…) esta violación abierta de los derechos humanos que es la prostitución – recalca el Manifiesto -, todas y todos somos potencialmente prostitutas y prostituidores”. El ancestral privilegio masculino de la prostitución reitera un mandato patriarcal que debe ser sin cesar remachado. Porque no brota de ningún orden natural de las cosas, sino que resulta de una construcción cultural y social histórica y, por lo tanto, es reversible. En ese sentido, el abolicionismo define un horizonte general de progreso y emancipación, un horizonte hacia el que es posible avanzar concretamente.
El Manifiesto brinda su apoyo a la propuesta de Ley orgánica integral para la abolición del sistema prostitucional (LOASP), elaborada por un amplio abanico de entidades feministas y remitida desde hace meses al Congreso de los Diputados. Se trata de un pormenorizado articulado, inspirado en el modelo nórdico. Es decir, un enfoque que despenaliza totalmente a las mujeres en situación de prostitución – para las que despliega un vasto programa de asistencia jurídica y de apoyo material en todos los órdenes, destinado a que puedan recomponer su autonomía vital – y, por el contrario, persigue con severidad al proxenetismo y sanciona la compra de servicios sexuales. Amparo a las víctimas de trata y explotación, represión del crimen, educación de la sociedad en los valores de la igualdad… Desde luego no va a ser fácil que tan ambicioso proyecto prospere con la actual composición del Congreso, donde incluso una parte de la izquierda gubernamental compra el discurso del “trabajo sexual”. Quizá sólo se alcance a sacar adelante propuestas parciales o textos más incompletos, como el que ha presentado el PSOE. (La iniciativa socialista se admitió a trámite a principios de junio con la abstención de parte del bloque de investidura y el voto en contra de los diputados de En Comú Podem). Pero no hay que desesperar. En un acto celebrado por aquellas fechas en Barcelona, la argentina Alika Kinan, superviviente de la prostitución y militante abolicionista, llamaba a hacerse fuertes con los avances legislativos, aún insuficientes, que permitiesen sacar a mujeres de los burdeles, a fin de seguir peleando, avanzando paso a paso, ampliando esas conquistas con el empuje de las mujeres. Sea cual sea el curso que sigan los acontecimientos, el desafío está planteado.
Nos corresponde tomar partido. Sólo nosotros podemos decidir romper con esa fratría mafiosa a la que se refiere Rosa Cobo. Una hermandad viril forjada por el patriarcado que, por encima de clases, culturas o franjas de edad, nos aúna en el ejercicio de un privilegio que corroe nuestra humanidad. Es hora de que demócratas, defensores de los derechos humanos y a fortiori aquellos hombres que se identifican con los valores progresistas, se sumen a la causa de la abolición de la prostitución. La fecha es propicia para ello. Hoy, 23 de septiembre, el Día Internacional contra la Trata conmemora la ley argentina de 1913, la primera del mundo en abolir la prostitución infantil.
Lluís Rabell
23/09/2022
Es posible adherirse al “Manifiesto de Hombres por la Abolición del Sistema Prostitucional en España” a través del enlace del siguiente artículo: https://elcomun.es/2022/09/21/manifiesto-hombres-por-la-abolicion-del-sistema-prostitucional-en-espana/
Manifiesto Hombres por la Abolición del Sistema Prostitucional en España
Hombres por la abolición del sistema prostitucional en Aragón.
ANTE EL DILEMA DE LA ABOLICIÓN: EL OFICIO MÁS ANTIGUO DEL MUNDO ES SEGUIR MIRANDO PARA OTRO LADO.
Conscientes de nuestra posición de privilegio, consumidores o no de mujeres en situación de prostitución, siempre hemos hecho lo mismo: mirar para otro lado. Sin duda la mejor manera de no fracturar la fratría, de no romper la solidaridad entre puteros incondicionales, ocasionales y/o potenciales, es decir, entre varones…
¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nuestros congéneres? Nunca digas de esta agua no beberé… Al fin y al cabo, las “putas” están ahí y los puteros (siempre varones) acudimos a su llamada. Nada más. La oferta es amplia, variada —eso sí, mayoría aplastante de mujeres y niñas— y, además, se reproduce de manera “natural” sin que nada ni nadie puedan evitarlo y el acceso es fácil, cada día más fácil: ¡al alcance de un clic! Nunca faltan ni faltarán “putas”. Y, además, ¿para qué evitarlo, qué ganaríamos con ello? La prostitución es una necesidad social, una institución poco virtuosa, es verdad, pero indispensable para amortiguar tensiones, liberar pulsiones y prevenir conflictos…; su prohibición no traería nada bueno —ya pasó con la “ley seca”—.
Siempre se ha dicho y siempre ha sido así. Por algo será. Además, de un tiempo a esta parte, todo se ha complicado y enconado mucho: que si la trata, que si hay “putas” que eligen serlo, que si tienen derechos, que si es un trabajo como otro cualquiera que precisa regularse… ¡¡Es todo muy complejo; un avispero!!
Por todo ello y por muchas más “razones” y subterfugios, un buen número de varones elige a diario aceptar, con mayor o menor resignación, convencimiento y dosis de mala conciencia, que es mejor que las cosas de “putas” y burdeles sigan como hasta ahora…, mientras siguen mirando para otro lado. En el mejor de los casos se justifican diciendo(se): “ya se aclararán, pero yo, de momento y por si acaso, mejor no me pronuncio; y es que tampoco me parece este un asunto principal, habiendo como hay otras muchas causas y problemas sociales urgentes de los que ocuparse”.
Desde luego no es el caso de ninguno de los varones-puteros, potenciales y/o arrepentidos, firmantes de este manifiesto a favor de la abolición de la prostitución, que, con retraso imperdonable, queremos mirar de frente esta barbarie y sumarnos a la lucha más que centenaria del feminismo en contra de esta abyecta forma de esclavitud sexual. En una sociedad donde se consiente, admite y naturaliza esta forma de esclavitud, violencia y dominación sobre las mujeres, esta violación abierta de los derechos humanos que es la prostitución, todas y todos somos potencialmente prostitutas y prostituidores. Y no es desmesura afirmar esto cuando se vive en un país que ostenta el oprobioso título de ser el “mayor burdel de Europa”, donde casi cuatro de cada diez varones admiten haber ido “de putas” alguna vez y donde la prostitución —digámoslo de una vez— es una institución perfectamente integrada y aceptada en nuestra sociedad. Un innegable reclamo turístico y un próspero negocio que genera pingües beneficios que ascienden a más de 18.000 millones de euros al año y que lucran a un amplia y diversificada gama de agentes y sectores económicos —públicos y privados—. No sólo los proxenetas se enriquecen con esta forma de economía ilícita y criminal; su negocio es posible merced a la estrecha aquiescencia, complicidad y colaboración de Estados, organismos internacionales y por supuesto elites empresariales y políticas del Norte opulento y del Sur empobrecido.
Pues bien: no será en nuestro nombre. Ni queremos vivir en el mayor burdel de Europa, ni queremos aceptar que en nuestro ordenamiento jurídico y en nuestro derecho laboral se introduzca el “trabajo sexual” como una actividad laboral más. No lo queremos para las personas inmigrantes y extranjeras, porque tampoco lo queremos para las nacionalizadas españolas; y viceversa. Admitiendo la mayor, que no existe la libre elección en el marco de un sistema que se basa en una creciente y brutal desigualdad entre personas, colectivos y clases…, creemos que nadie, absolutamente nadie, elige, acepta y consiente prostituirse libremente. Sostener lo contrario significa, entre otras cosas, admitir (o suponer) que existen (o podrían llegar a existir) prostitutas felices dedicadas a hacer lo que nadie queremos hacer ni desearíamos como “salida profesional” para nuestros seres “queridos”. Basta con asomarnos a la realidad para darnos cuenta de que el mundo no es como lo pintan los defensores del regulacionismo. Y si necesitan datos y pruebas, escuchen o lean el Informe sobre los resultados de veinte años de regulacionismo en Alemania —la ley fue aprobada en 2002 a propuesta de los Verdes y el SPD de Schröder—, que la doctora alemana Ingeborg Kraus presentó en el Congreso de los Diputados español el pasado mes de marzo y que significativamente describió como “un infierno en la tierra” para las mujeres prostituidas; nosotros lo hemos hecho.
Por todo ello:
AFIRMAMOS que la prostitución nada tiene que ver con la libertad sexual. Mientras exista, legal o alegalmente, la posibilidad de esclavizar y dominar a otros seres humanos a cambio de dinero, la ley del “sólo sí es sí” no será más que un (hipócrita)brindis al sol. ¿Cómo se convence a un putero de que la voluntad de las mujeres merece ser respetada? Como dice Najat el Hachmi: “lo único compatible con la libertad sexual, la de todos, es que no existan ni puteros, ni proxenetas, ni mujeres explotadas. Porque no tiene ningún sentido defender que solo sí es sí para luego establecer que el “no” puede convertirse en “sí” en caso de poner un billete sobre la mesa”.
DENUNCIAMOS que España es el tercer país del mundo y el primero de Europa en consumo de mujeres y niñas a cambio de dinero. Y que hay consumo porque hay puteros y no al revés. Que el lobby proxeneta, que acostumbra a ser presentado en los medios como “empresarios del sector”, es una estructura poderosa y bien organizada, muy bien anclada en el tejido de la economía real y legal española y mejor relacionada con los aparatos de poder del Estado; por eso denunciamos la existencia de un auténtico “sistema prostitucional”. El debate sobre la prostitución es, con demasiada frecuencia, un debate tramposo y tóxico en el que los intereses de la mafia proxeneta son perversamente identificados con la supuesta defensa y protección de los derechos laborales de las mujeres prostituidas. La primera trampa perversa y maliciosa es justamente la distinción entre la “trata” y “otras” formas de prostitución…, que con tanta frecuencia vemos reproducir, también, en los medios de comunicación. Todo para ocultar la verdadera e importante naturaleza de la cuestión que tenemos sobre la mesa: en una sociedad democrática, donde no existe la esclavitud, no puede ser admisible (mucho menos legal) comprar y vender seres humanos.
Desde el convencimiento de que esto tiene que acabar, de que la calidad de nuestra democracia depende de ello y de que sólo leyes abolicionistas integrales, obtenidas con un amplio consenso político y dotadas de financiación suficiente, pueden ser el primer paso para terminar con la esclavitud del siglo XXI:
PROPONEMOS Y APOYAMOS la aprobación inmediata de la ley orgánica integral de la abolición del sistema prostitucional (LOASP) que defiende el movimiento feminista articulado alrededor de la Plataforma Abolicionista. Una ley que, por encima de todo y con carácter de emergencia, articule y financie ambiciosos programas de reparación integral a las mujeres y niñas en situación de prostitución, con independencia de su origen, circunstancia personal o social; que castigue con extrema dureza al proxenetismo y a todas sus añagazas legales (incluida, por supuesto, la tercería locativa), a sus cómplices y blanqueadores parapetados tras la industria del sexo; y que penalice y persiga con rigor a los puteros o prostituidores y sus redes. La Ley es un primer paso; sabemos que las leyes no terminan necesariamente con los problemas, pero también sabemos que las (buenas) leyes contribuyen a acotarlos, a significarlos y, ante todo, sensibilizan y educan a las sociedades. Y esto último es, justamente, lo que los varones de la especie necesitamos al tiempo que, leyes (buenas) como esta, van laminando sin pausa nuestra situación de dominio y privilegio en la sociedad, todavía muy amplia y correosa. Un largo camino siempre empieza con un paso; y este tenemos que darlo: mirando, escuchando y aprendiendo.
Huesca, Zaragoza y Teruel, septiembre de 2022.
Puedes unirte al manifiesto en el siguiente enlace: firma del manifiesto.
Firmantes: Juan Mainer Baqué, Huesca. Modesto Arjona Ortiz, Huesca. Jesús Pérez Navasa, Huesca. Jesús Ángel Sánchez Moreno, Zaragoza. José Ramón Villanueva Herrero, Zaragoza. José María Andrés Sierra, Teruel. Álvaro Cabañuz Benedicto, Huesca. Eugenio Monesma Moliner, Huesca. José Luis Giménez Brunet, Huesca. José Ignacio Río Bailo, Huesca. José María Azpíroz Pascual, Huesca. Mario Gonzalvo Jiménez, Huesca Juan Faci Lacasta, Huesca. Julián Ordás Foncillas, Huesca. Alfonso Ibáñez Enciso, Huesca. Luis Germán Zubero, Zaragoza. Ángel Gonzalvo Vallespí, Teruel. Francisco Bailo Lampérez, Zaragoza. Carmelo Romero Salvador, Zaragoza. Carlos Usón Villalba, Zaragoza. Miguel Ángel Galán Abellán, Zaragoza. Francisco Javier Moreno Marin, Huesca. Miguel Gracia Ballarín, Huesca. Jesús Sanagustín Sánchez, Huesca. Ángel Hernández Piñero, Zaragoza. Alberto Raluy Bambó, Zaragoza. Isidro Garrido Jiménez, Huesca. Emilio Pedro Gómez García, Huesca. Luis Sarto Guerri, Huesca. Sergio Andreu Atance, Zaragoza. José Antonio Fleta Zaragozano, Zaragoza. José Ricardo Álvarez Domínguez, Zaragoza. Lamberto de Pablo Almazán, Zaragoza. Francisco J. Goyanes Martínez, Zaragoza. Javier Guelbenzu Morte, Zaragoza. Juan José Compairé García, Huesca. Carlos San Martín Cabezón, Zaragoza. Pablo González Vergara, Zaragoza. Jorge Sanz Sánchez-Campíns, Zaragoza.