El pregón (de clase) de Custodia Moreno ( + un apunte sobre agradecimientos)

Para Antonio Gasset (1945-2021), in memoriam et ad honorem. Por sus “Días de cine”, por sus presentaciones (inolvidables), por su sabio y sarcástico sentido del humor, por su magisterio. ¡Que la tierra le sea leve!

Dos observaciones, dos insistencias, dos sugerencias.

Las observaciones:
1. Sabido es que tanto el Vivales como su entorno son… unos vivales. Cualquier cosa les vale para que se hable de ellos. Es su oxígeno. ¿Pudieron propiciar ellos mismos su “calculada detención”? Por supuesto que pudieron, sin atisbo para ninguna duda. Lo razonable: no prestarles atención, como si su Ser (político) fuera la Nada (política). Sí que merecen en cambio atención y análisis las declaraciones de dirigentes de Catalunya en Comú y Unidas Podemos que han llegado a hablar de “detención ilegal”. ¿Qué hay en el fondo más allá de su conocido tacticismo-oportunismo, de su calculada ambigüedad? Una cosmovisión similar en muchos aspectos a la del nacional-secesionismo y, asunto no menor, amistades peligrosas, muy peligrosas, entre dirigentes de Comunes y gentes del círculo más próximo del Vivales.
(Entre paréntesis: Marcela Topor, señora del Vivales, vuelve a la TV de la Diputación de Barcelona (¿cuántas personas la ven?): 6.000 euros mensuales por su programa de entretenimiento en inglés. Su primera invitada: Mònica Terribas. ¡Redes que dan poder y privilegios!).
2. Se me perdonará la ironía (que tomo prestada de un compañero): a Die Linke le ha sentado mal, pero que muy mal ser uno de los principales apoyos de Puigemont y su causa (nacionalista insolidaria) en Europa.

Las insistencias:
1. La ciudadanía que se opone al nacionalismo .Cat no está representada en la llamada “Mesa de diálogo.” Políticamente no existimos.
2. Cuenten lo que cuenten, revisen como revisen lo sucedido, la sin duda exitosa movilización nacional-secesionista del 1 de octubre de 2017 (nada que ver con el ejercicio democrático de un inexistente derecho de autodeterminación), muy ayudada por la incomprensible torpeza policial, no solo deriva del desprecio parlamentario democrático de los días 6, 7 y 8 de septiembre sino de la sesgada y falsa interpretación del resultado de las elecciones autonómicas del 27S de 2015 en las que el secesionismo perdió su apuesta (como reconoció la misma noche electoral el candidato de la CUP, don Antonio Baños).

Las sugerencias:
1. Cristian Segura: “Xavier Trias es el icono de la desorientación y la frivolidad del mundo del orden». https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/cristian-segura-xavier-trias-es-icono-desorientacion-frivolidad-mundo-orden_540999_102.html. No he podido leer el libro, entre las lecturas pendientes.
2. Mónica Zas Marcos entrevista a Maixabel Lasa, víctima de ETA: «Perdonar tiene una connotación religiosa y yo soy agnóstica». https://www.eldiario.es/cultura/maixabel-lasa-victima-eta-perdonar-agnostica_1_8341694.html. Blanca Portillo y Luis Tosar están que se salen en “Maixabel”, de Iciar Bollaín. Pueden ver el comentario sobre la película de Antonio Navas, médico de familia, compañero de Espai Marx, en la nota [2].

*

«Que Custodia Moreno [1] haya sido este año la pregonera de las fiestas de la Mercè, además de un hecho extraordinario y de justicia, es una de las cosas de la administración municipal colauista con la que estoy de acuerdo al cien por cien.” Así o en términos similares se han expresado amigas y compañeros. Y tienen razón: es imposible, desde una óptica de izquierdas, estar en desacuerdo con esta sabia decisión de Ada Colau, del Ayuntamiento de Barcelona.
Como era de esperar, Custodia no defraudó: https://youtu.be/1T1QcvynZFw (su intervención se inicia en el 41:48). Habló en catalán y en castellano (yo hubiera hecho exactamente lo mismo) delante de personas que firmaron y apoyaron el Manifiesto Koyné (la presidente del Parlamento catalán por ejemplo), aquelsesudo y filológicoescrito que, como recuerdan, defendía el monolingüismo .Cat e insultaba a personas como los padres de Custodia (o los míos) tildándoles de colonizadores lingüísticos.
Custodia habló largo y tendido de historias y temas que afectan a las gentes de abajo. Sin cortarse ni un pelo ante el selecto auditorio.
Agradeció la labor de los trabajadores del Ayuntamiento (“con los que yo me he discutido muchas veces”). Citó a los vecinos y vecinas de los doce barrios de Horta-Guinardó (donde ella vive, con una tía de 101 años). Hizo gala de la modestia que caracteriza a las y los luchadores populares (“no me lo esperaba, es un honor”, “impresiona hablar en esta sala del Consell de Cent”). Hizo bromas: “si me permitís voy a beber agua… no hay otra cosa”. Explicó que había dudado pero que aceptó finalmente el ofrecimiento porque pensó en las muchas mujeres que en el mundo no tienen voz y en las vecinas de su barrio que, con su trabajo diario, y a veces también sin voz, engrandecen la ciudad. Recordó que, bien mirado, lo del pregón no era asunto nuevo: durante toda su vida había hecho de pregonera denunciando injusticias en la calle. Reivindicó el uso de su lengua materna (“a la hora de hablar de sentimientos, lógicamente me expreso mejor en castellano”) y recordó que, precisamente porque siempre supo de la importancia de poder expresarse en la lengua de uno/una, sus primeras bofetadas las recibió defendiendo el derecho de las gentes de esta tierra a usar su lengua y mantener sus signos de identidad. Habló de su salida de Granada para llegar a Barcelona (tenía cuatro años) el 1 de noviembre de 1947 (después de un viaje de tres días en el Sevillano lleno de calamidades), a la estación de Francia, la misma estación a la que llegaron mis padres y la madre de mi compañera. Recordó su “suerte”: años después a las personas que llegaban sin contrato de trabajo, sin que nadie les reclamara, las llevaban a Montjuïc, al pabellón de las Misiones, para devolverles luego a su tierra sin más miramientos (el nacional-secesionismo ha tenido el rostro de llamar a esto que cuento plan estratégico franquista para españolizar Cataluña). En fin, Custodia fue la primera mujer que viviendo en una barraca estudió en la Universidad (enfermería), sin que en su pequeña habitación (de múltiples usos durante el día) hubiera ni siquiera electricidad.
Habló también de temas de hoy. De los trabajadores/as que habían acudido a su puesto de trabajo durante la fase más dura de la COVID arriesgando su vida; de las redes solidarias que se crearon en los barrios; de viejas consignas: “vecinos mirones, bajad de los balcones”; de las falsas promesas de los piquitos de oro; de las inconsistencias entre el decir, prometer y hacer; de la falta de personal en hospitales, escuelas e institutos; de salarios de miseria; se preguntó si la pandemia nos había servido para algo, si pondríamos algún día a las personas en primer lugar. Habló del derecho a la vivienda, “un gran problema pendiente”, de los desahucios, de la vivienda pública de alquiler, de la violencia de género. Vindicó la utopía: del sí se puede como eslogan al sí se puede como realidad.
Y Custodia se refirió en varias ocasiones al cariño y agradecimiento que sentía por esta ciudad y por este país, aunque, añadió inmediatamente, nada se ha conseguido sin mucho esfuerzo, sin lucha. Me detengo aquí, en este punto no central de su intervención.
Se entiende, se comprende la bondad cívica y humana que hay detrás del agradecimiento de Custodia. Pero sin que se entienda como comentario crítico, no es ni siquiera un matiz, estiro de este hilo: ¿debemos estar agradecidos a Barcelona, a Cataluña?
No parece que Barcelona o Cataluña sean un tipo de entidades a las que quepa estar agradecidos. Sí, por supuesto, a las gentes de Barcelona o de otras ciudades y pueblos (¡los hubo y no fueron doce!) que se mostraron solidarias y humanas con las gentes trabajadoras vulnerables que llegaban desde otros territorios de España (Custodia se referiría probablemente a ellos al hablar de Barcelona, de Cataluña). Sin olvidarnos nunca de esas muestras inolvidables de humanismo y apoyo mutuo: ¿deberíamos estar agradecidos, hablando del términos generales, a Barcelona, a Cataluña?
¿De qué?
¿De las barracas en que vivieron muchas de las personas recién llegadas? ¿De los pisos de 40 o 45 metros cuadrados en que vivíamos 4, 5 o 6 personas (a veces más)? ¿De los sueldos de miseria que exigían muchas veces jornadas extra? ¿De trabajos que obligaban a levantarse a las 4 o a los 5 de la mañana durante años y años (casi cuatro décadas en el caso de mi padre)? ¿De las jornadas laborales interminables? ¿De ser criadas y ser tratadas como tales? ¿Del desgaste físico y psíquico, y las enfermedades anexas, que comportó tanto trabajo? ¿De un vivir que era, básicamente, trabajo, algo de descanso… y mucha, mucha añoranza de la propia tierra? ¿De las fábricas de amianto y sus consecuencias mortíferas a largo plazo? ¿De los tranvías y autobuses a los que había que entrar empujando a los compañeros/as de viaje? ¿De la represión sufrida si alzabas la voz? ¿De la doble o triple jornada de las mujeres trabajadoras? ¿De los convenios arrancados con mucha lucha y esfuerzo, dejándose la piel muchas veces? ¿De los muertos obreros en la lucha antifranquista? ¿De los barrios a medio hacer, sin apenas urbanización? ¿De los insultos: vagos, murcianos, castellanufos, etc? ¿De un tiempo en el que muchos niños y niñas (mi hermana por ejemplo) empezaban a trabajar a los 12 años? ¿De la ausencia de escuelas e institutos públicos? ¿De las sopas de pan que comimos noches y noches durante años? ¿De la falta de sanidad pública? ¿De la práctica imposibilidad de acceder -si no se era una heroína obrera como Custodia- a estudios universitarios durante décadas? No hace falta continuar.
Conocemos la otra cara de la luna (barcelonesa, y catalana en general, también española por supuesto): fortunas, familias bienestantes de toda la vida, las familias con mando en plaza de Millet, que incrementaban sus números y su poder a costa de la explotación sin miramientos de centenares de miles de trabajadores y trabajadoras a los que tildaban muchas veces de charnegos, murcianos, incultos, analfabetos o muertos de hambre (ahora nos llaman “colonizadores lingüísticos”, ñordos), gentes que vivían (vivíamos) donde la ciudad perdía su nombre y que, así lo afirmaban, se quejaban por quejarse, por vicio, porque no tenían nada mejor que hacer, porque “esta tierra”, insistían una y otra vez, les había dado todo lo que tenían.
¿De eso, de todo eso debemos estar agradecidos?

Notas
1) https://ca.wikipedia.org/wiki/Custodia_Moreno_Rivero
2) Antonio Navas sobre ‘Maixabel’: “A mí me parece estupenda, necesaria, emotiva, austera, centrada en una de las tantas vertientes del problemazo vasco y no una menor precisamente; me interesa menos destacar aspectos técnicos o interpretativos, que en general rayan a gran altura y confieren gran autenticidad y veracidad al discurso. Quien tenga interés para cotejarlo puede ver el documental con los protagonistas reales, con Maixabel Lasa y uno de los dos exetarras, no recuerdo cual. Yo lo vi en Movistar. Debería haber un cine que sea valiente y profundice el tema, que sea valiente, pues no se trata de la guerra civil, no se trata solo de curar heridas, sino de un asunto vigente, que marca a fuego la realidad cotidiana y la política contemporánea de todos los españoles. Me parece necesario un cine temático de combate político sobre el tremebundo conflicto vasco, sea con intención más política-cultural, sea más humano, emocional, como esta obra.”

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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