Después de la expulsión de los anarquistas de la Segunda Internacional, que se había fundado en París en 1889, un sector minoritario, pero que respondía al sentir de una parte significativa de los obreros, se encontró aislado. Muchos de estos obreros se sintieron decepcionados por la falta de resultados que les ofrecía la teoría y buscaron salida en la práctica cotidiana de la defensa de los derechos de los trabajadores. Fue la corriente que considera el sindicato y el sindicalismo como la forma más efectiva de defender los intereses de los trabajadores. La corriente surge en Francia y, teóricamente, rechaza elaborar cualquier corpus doctrinal. La realidad es que los escritos de dirigentes como Émile Pouget, Christiaan Cornelissen y, más tarde, Pierre Besnard, por ejemplo, acaban constituyendo un cuerpo teórico en el que se defienden unos principios que lo acercan al Anarquismo. En el país pionero se fundó la CGT (Confederación General del Trabajo) en 1895. Uno de sus fundadores fue Fernand Pelloutier, quien previamente había establecido las Bolsas de Trabajo[1], plataforma de lanzamiento de la nueva organización…
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