Dos aproximaciones del compañero historiador y miembro de Espai Marx.
1. No me apeteció verla [la entrevista a Iván Redondo]; la habían promocionado tanto que me cansó antes de empezar. En realidad, últimamente me ha cansado Jordi Évole. Repite demasiado su personaje de entrevistador agudo, que por cierto dejó en el armario el día que entrevisto al Papa Francisco. Pensé que si Redondo decía algo interesante nos lo repetirían una y mil veces; y no tenía ningún interés en interpretar los silencios y las pausas de Redondo, que también pueden formar parte de su representación.
Lo único que me podía interesar ya se había dicho en las promociones, y de ello deduje que a quien había que preguntar era a Carmen Calvo y a Abalos, no a Redondo. Me explico.
En la remodelación del gobierno, Sánchez había previsto acceder al deseo de Redondo de hacerle ministro de la presidencia, no susurrador intelectual. Pero entonces se atravesó un imprevisto (imprevisto porque si no lo que había estado previsto es que Redondo fuera ministro) a la vista de cómo fueron las cosas. El imprevisto fue la exclusión de Carmen Calvo y de Ábalos del nuevo gabinete. Y añadía Évole, en ese momento Sánchez vio que no podía dejar fuera a dos pesos pesados del partido -de la tendencia sanchista del partido- y poner en el gobierno a un no afiliado que suscitaba muchos recelos dentro del partido.
Y en ese momento Sánchez dijo a Redondo «no puede ser», has de volver a las bambalinas de la Moncloa. Ahí se plantó Redondo y, etc. etc.
En mi opinión, a partir de esa revelación de Évole la entrevista con Redondo dejó de tener interés… porque lo que tenía interés era saber por qué de manera imprevista Sánchez se cargó a Calvo y a Ábalos. Era a ellos a quien se les había de pasar la palabra; a mí me importa un pimiento lo que le pase en la vida a Redondo. Es un decir, porque sé que tiene la carrera asegurada, hoy ya ha fichado por el Grupo Godó como columnista de La Vanguardia y consejero del diario en Madrid. Lo que me importa es que pasó para que Calvo y Ábalos se quedaran fuera, de repente. Eso sí tiene su valor y su intríngulis política. Y también me gustaría saber más del desplazamiento de Iceta a Cultura, aunque sobre eso algo me intuyo.
2. A modo de conjetura. Solo tengo conjeturas sobre el tema. Ni siquiera hipótesis.
Iceta se mantiene en el gobierno, pero Sánchez lo desplaza de Asuntos Territoriales a Cultura; es difícil que encajara en otros ministerios y este es el más removible. Para mi es tan significativa una cosa como la otra.
Manteniéndolo en el gobierno, mantiene uno de los inspiradores de la política catalana de Sánchez; no puede sacarlo ahora que se inicia la mesa de diálogo -¿qué interpretaciones no se habrían hecho?- y además puede ser todavía un factor en ese proceso de diálogo. Pero precisamente ahora que se inicia la mesa de diálogo no puede ser en asuntos territoriales porque su presencia tendería a convertirlo en el «ministro de la mesa», lo cual no es conveniente de ninguna manera: concentraría los focos en el, desviaría los focos respecto a quienes los han de recibir… Además Iceta ha mostrado una cierta tendencia a la indiscreción, llevado de su entusiasmo y de lo que sea. Mejor que el Ministerio del conflicto esté en manos de otro/otra, y encima está en manos de la manchega Isabel Rodríguez, y eso es otra jugada: Isabel Rodríguez es una pieza fuerte del PSOE de Castilla La Mancha, pero no exactamente un peón de García Page. Tiene su propia personalidad, su propia ambición y su propio espacio. Es una jugada doble: los manchegos -los que han hecho las críticas con mayor peligro a la política de Sánchez- están en el campo de los asuntos territoriales, pero al propio tiempo la ministra está en condiciones de intervenir desde fuera y desde dentro si García Page se va por una tangente incómoda.
Última conjetura, si el primer secretario del PSC despacha con el ministerio de Asuntos Territoriales, y ha de hacerlo de manera formal o informal y más en las circunstancias actuales, no conviene que ese despacho sea Illa-Iceta porque ¿quien representa en ese caso a Cataluña y el socialismo catalán? Hay que dar a Illa todo el peso y el protagonismo. De otra manera el cambio no habría servido para nada.