Entrevista a José Luis Martín Ramos sobre Historia del PCE (XIII)

Entrevista a José Luis Martín Ramos sobre Historia del PCE (XIII)
El PCE no se inventaba el hecho de la infiltración, aunque pudo equivocarse en la identificación del culpable.”

José Luis Martín Ramos es catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus investigaciones se han centrado en la historia del socialismo y el comunismo. Sus últimas obras son El Frente Popular: victoria y derrota de la democracia en España (2016) y Guerra y revolución en Cataluña, 1936-1939 (2018).
Centramos nuestra conversación en su último libro: Historia del PCE, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2021, 254 páginas.

Estamos en la tercera parte: “Entre democracia y socialismo”, en el primer capítulo: “Tiempo de resistencia”. Lo componen tres apartados: 1. Derrota, dispersión y desorientación. 2. La Unión Nacional española. 3. Inercia resistente y recuperación de la propuesta republicana.
Nos habíamos quedado en este punto. ¿Quiénes formaban la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas? ¿Organizaciones monárquicas esencialmente? ¿Jugaron algún papel de “oposición” en aquellos años?
La integraban el PSOE, la CNT, el POUM y los republicanos, ningún monárquico.
Sí jugaron un papel de oposición, sin comillas, aunque esta pasó no por impulsar acciones de masas, sino conseguir un pacto con los monárquicos, reforzando lo que Prieto perseguía en el exterior.

Recuerdas la condena de la Asamblea General de la ONU de febrero de 1946, una condena, señalas, “sin consecuencias prácticas”. ¿Teatro geopolítico? ¿No hubo nunca una intención real de derribar a Franco?
La respuesta es esta vez breve: ninguna

Haces referencia al hundimiento de la política del exilio republicano. ¿Cuál fue la causa de ese hundimiento?
Esa política estuvo dominada por la expectativa de intervención de los aliados en España y por la priorización a los pactos con los monárquicos del interior, a través de la ANFD, y a Gil Robles.
Resultó una expectativa quimérica. El hundimiento de esa expectativa significó el hundimiento de la política que se apoyó en ella. La guerra fría y el paso delante de los gobiernos occidentales hacia la aceptación del régimen de Franco remachó el clavo.

Recuerdas a continuación que el PCE quedó fuera de las plataformas de oposición hasta finales de los años sesenta, unos 25 años nada menos. ¿Por qué tanto sectarismo y durante tanto tiempo? ¿La guerra fría en acción?
La guerra fría, obviamente, la política de aislamiento a los comunistas que la socialdemocracia y la democracia cristiana practicó en todas partes. Sus correspondientes españoles dependían unos del apoyo de la socialdemocracia francesa y alemana y otros del apoyo vaticano, de Pio XII, puntales todos ellos del anticomunismo. Sin descuidar el peso cultural del franquismo, que nadie quiere recordar pero sin el que no se explica la larga duración de la dictadura.
Hasta que el PCE y el PSUC alcanzaron una fuerza en el interior que ya nadie podía ignorar y que, a pesar de ser limitada, estaba a años luz de la incidencia dispersa del conglomerado de opositores y disidentes. La constitución del SDEUB (Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona) y la confirmación de la emergencia del movimiento de Comisiones Obreras pusieron en el centro del escenario a sus principales promotores, los comunistas. Era ya imposible mantenerlos fuera.
Además en el escenario internacional la primera guerra fría daba paso a la coexistencia pacífica, a Pio XII le sucedía Juan XXIII, el Padre Arrupe pasaba a dirigir a los jesuitas y las figuras de la socialdemocracia europea pasaban a ser Willy Brandt y el camaleónico François Miterrand.

¿Quiénes componían el Buró político, el comité ejecutivo del PCE, tras el final de la II Guerra Mundial? ¿Pasionaria seguía siendo la secretaria general? ¿Con mando real? ¿Claudín era el intelectual, la cabeza del Buró?
Pasionaria fue la secretaria general de 1942 a 1960, la autoridad última, aunque por la dispersión geográfica del partido, y sus propias limitaciones organizativas, la dirección ejecutiva recayó en Vicente Uribe, flanqueado por Mije y Francisco Antón, después de que Jesús Hernández perdió la batalla por ser el sucesor de Díaz.
El Buró Ejecutivo estaba dominado por la generación del Comité Central de la guerra. En el escalón operativo se fue cooptando a dirigentes de las JSU, y ahí inician su carrera en el partido Carrillo y Claudín, muy compenetrados hasta su ruptura.
Claudín no era en absoluto la cabeza del Buró Político, ni siquiera el intelectual. Claudín empieza a ser apreciado como un intelectual comunista en ciernes después de su estancia en la URSS, entre finales de los cuarenta y comienzos de los cincuenta, cuando asiste a cursos superiores de formación ideológica. Actuará como intelectual crítico a partir de su expulsión del partido y demostró en ello unas capacidades que quienes lo conocieron en los primeros cuarenta como duro joven de aparato no debieron sospechar.

Hablas de Monzón y Pilar Soler, su compañera, y señalas que cuando esta pudo pasar a Francia (Monzón fue detenido de manera accidental por la policía), “sufrió un duro interrogatorio de Carrillo, Claudín y Ormazábal para que confesara algo de lo que ellos estaban convencidos: que Monzón y sus colaboradores habían caído en la provocación”. ¿A qué tipo de duro interrogatorio pudo estar sometida? ¿En qué provocación pensaban que habían caído?
No estoy hablando de torturas, sino de una dura y muy desagradable investigación interna, claustrofóbica. Me parece que no hay ningún relato escrito de detalle sobre la cuestión.
La acusación de provocación era uno de los tópicos del momento; no inexplicable, porque efectivamente los servicios policiales, y no solo los españoles, se infiltraban y provocaban, para que las organizaciones o los militantes comunistas actuaran en perjuicio involuntario del partido. La dirección del PCE, Carrillo más concretamente, sabía de las instrumentalizaciones de los servicios británico y norteamericano en los ámbitos del exilio y de la resistencia española. Estaban convencidos que el error de Monzón en el episodio del Valle de Arán había sido inducido por algún tipo de provocación anglo-americana.
Nos cuesta hoy ponernos en la situación de entonces, pero las provocaciones y las infiltraciones eran moneda corriente y más saliendo de dos guerras, la de España y la Mundial.

Añades que fue entonces cuando el Buró decidió la ejecución por supuesta traición de Trilla y Alberto Pérez Ayala, el 6 y el 4 de octubre de 1945 (también luego Bas Aguado y Francisco Serrano). ¿Ejecución por supuesta traición? ¿Qué tipo de prácticas eran esas? ¿Purgas estalinistas? ¿También el PSUC con Canals en enero de 1946?
Lo de Canals ya lo he explicado.

De acuerdo, tienes razón.
Lo de Trilla y el supuesto Alberto Pérez de Ayala se debió al hecho que, a diferencia de Monzón, estos se negaron a ir a Francia a rendir cuentas y se sumergieron en una clandestinidad individual. La dirección del partido interpretó esa negativa y huida como un reconocimiento implícito de su culpa.
Trilla, además, tenía una mochila muy llena a sus espaldas. Había sido él el purgador entre 1925 y 1932, luego se le habían supuesto inclinaciones trotskistas, y Monzón lo había recuperado por propia cuenta, sin la autorización de la dirección del partido.
Es el momento más oscuro, cuando la lucha política es todavía considerada una guerra: en ella habrá “justicia guerrillera” y “justicia de partido”. Las más de las veces fueron ajusticiamientos, no justicias.

Insisto un poco en el tema. Hablas de la atmósfera de sospecha interna en el Partido, de confusión entre el discrepante y el traidor. Pero, añades, “no fue solo paranoia, como también se acostumbra a etiquetar”. ¿Qué pasó entonces? ¿Infiltraciones reales, militantes que no pudieran aguantar la tortura, amenazas policiales de muerte a familiares?
El policía torturador Conesa sería el símbolo público de esa infiltración.
Hubo una importante infiltración, para la que, como tú dices, muchas veces se utilizaba a comunistas detenidos que bajo tortura y para salvar su vida se pasaban de bando y aceptaban convertirse en espías y provocadores de sus antiguos camaradas. Lo explica muy bien Fernando Hernández Sánchez en su libro La frontera salvaje. Un frente sombrío del combate contra Franco. Había en España centros no públicos, muchos de ellos dependientes de la Segunda Sección bis del Ejército, de formación de agentes e infiltrados, que tras su instrucción eran enviado al Sur de Francia.
El PCE no se inventaba el hecho, aunque pudiera equivocarse en la identificación del culpable.

Hablas de años oscuros. ¿Durante cuanto tiempo? ¿Cuánto de oscuro fueron aquellos tiempos oscuros?
Negro carbón. Oscuro, porque se vivía y luchaba en clandestinidad; oscuro porque no estaba nada claro si se podría y cuándo salir del túnel del fascismo, sobre todo a partir de 1946-1947; oscuro, porque fueron también los tiempos de mayor incidencia del estalinismo sobre el partido.

Entre el maquis de las sierras destacas la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA). ¿Fue la más importante? ¿Qué acciones realizaban?
Fue la que consiguió más continuidad y el mayor contingente de guerrilleros; dura hasta comienzos de los años cincuenta, cuando la dirección del PCE ordena, por fin, la retirada.
El tipo de acción guerrillera que hace es, de hecho, el de la propaganda armada, incluyendo ataques a símbolos y representantes del régimen. No llegan a desarrollar una ocupación permanente de territorio “liberado”, pero se mueve a favor de la imposibilidad que tiene la guardia civil de cubrir todo el territorio. La puntilla final a la capacidad de la AGLA se la da el ataque de la guardia civil y somatenista al grupo que se instalaba en Cerro Moreno, en Santa Cruz de Moya, para instalar allí el estado mayor de la Agrupación.
Murieron casi todos y a partir de entonces la AGLA se dedica de hecho a sobrevivir, hasta que llegó la orden de retirarse.

Hablas de guerrilleros comunistas y socialistas (en el caso de la guerrilla leonesa). ¿Los anarquistas no participaron? ¿Y el POUM?
Los anarquistas, como organización, no participaron en la guerrilla de los años cuarenta. Constituyeron grupos de acción armada en ámbito preferentemente urbano; hubo también guerrilleros individuales que actuaban por cuenta propia como Caracremada, en las comarcas del interior de Cataluña; o grupos muy reducidos, también casi individuales, no vinculados a la dirección del movimiento libertario, aunque sí relacionado con organizaciones locales, como Quico Sabater.
El POUM descartó por completo la acción armada del tipo que fuera.

¿Cuándo finalizó definitivamente la lucha guerrillera en nuestro país?
El movimiento guerrillero acabó con el fin de la evacuación a Francia de los supervivientes del AGLA en 1952. Eso no quiere decir que quedaran restos aislados que, desconectados de sus organizaciones, sobrevivieran en el monte como pudieran, hasta que fueron capturados o muertos o consiguieron llegar también a Francia o ponerse a salvo en la clandestinidad.
Un caso conocido fue el de Florenci Pla, “La Pastora”, miembro de la AGLA que no se llegó a retirar y sobrevivió hasta que lo detuvieron en 1960; de pequeño viví la situación en un pueblo extremeño, en el flanco de la Sierra de la Estrella, tocando a la provincia de Toledo, donde todavía en 1954 había un grupo pequeño que sobrevivía, posiblemente apoyado por una familia del pueblo a la que pertenecía parte de sus componentes.

Tus palabras de cierre de capítulo: “[los guerrilleros] estuvieron apoyados por un número de enlaces mucho más difícil establecer, de los que en torno a 19.500 resultaron detenidos. Los contingentes activos fueron reducidos. La AGLA tuvo en su mejor momento entre 200 y 300 guerrilleros; el eje Granada, un máximo de 200; y el resto, en torno a los 100. Contra ellos, el régimen movilizó a la Policía, el Ejército, la Legión, el Tercio y sobre todo a 20 mil guardias civiles, a los que fidelizó encargándoles la represión fundamental del maquis”. Fue una historia épica y trágica, añades, “que pudo tener réditos de propaganda e incrementó la cultura militante, pero de ninguna manera un éxito político”. ¿Fue entonces un desvarío político, un claro ejemplo de irrealismo? ¿Un mal análisis de la correlación de fuerzas? ¿Muertes, sacrificios inútiles?
Que no tuviera éxito político no significa necesariamente que fuera un desvarío. Tenía su sentido entre 1944 y 1947; empezó a perderlo a partir de entonces. Pero darse cuenta no es tan fácil y en 1948 la dirección del PCE pensó que la coyuntura de agitación política que se anunciaba en el Mediterráneo, con la guerra civil griega en su punto álgido, podría generar una coyuntura favorable para reactivarla; tanto es así que una delegación del PCE, en la que estaban Líster y Carrillo fueron a Belgrado a pedir ayuda a Tito. Éste les dio algún dinero, no el equipo militar que pedían.
Se tuvo que digerir eso, luego el desastre de Santa Cruz de Moya y luego tomar una decisión que no era fácil, porque en ese momento no se veía qué nueva política podía impulsar el PCE contra la dictadura. Los intentos de impulsar acción de masas fracasaban, el partido estaba aislado del resto del antifranquismo y, para seguir con la imagen manida, un partido es como una bicicleta: si no se pedalea se cae.
Uribe, Mije y Pasionaria no fueron capaces de ver la alternativa; ese fue el gran mérito de Carrillo y Claudín, pero creo que eso va para otro interrogatorio.

Me apunto el golpe directo: “otro interrogatorio”.
Nos toca el capítulo siguiente: “El partido del antifranquismo”. Ahí vamos.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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