Entrevista con Armand Balsebre y Rosario Fontova sobre Las cartas de Elena Francis (y II*)

Entrevista con Armand Balsebre y Rosario Fontova sobre Las cartas de Elena Francis (y II*)

Un paquete de cartas está centrado en la violencia doméstica, en el desprecio total hacia las mujeres como norma no cuestionada.”

Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la UAB, es autor de El lenguaje radiofónico (Cátedra, 2012, 6ª edición) e Historia de la radio en España (Cátedra, 2001-2002, dos volúmenes). Junto a Rosario Fontova ha publicado Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo (Cátedra, 2014). Rosario Fontova es además autora de La Model de Barcelona. Històries de la presó (Generalitat de Catalunya, 2010). Nos centramos en esta conversación en la última de sus publicaciones conjuntas: Las cartas de Elena Francis. Una educación sentimental bajo el franquismo, Madrid, Cátedra, 2018, 510 páginas

Nos habíamos quedado aquí. Las oyentes, los oyentes aunque fueran menos, ¿pensaban que les respondía entonces una persona muy sabia y muy humanista e incluso feminista?

Elena Francis, un ente inexistente, era respetadísima, incluso reverenciada. Las mujeres que le escribían confiaban ciegamente en ella y la consideraban una mujer sabia cuyos “acertados consejos” iban a seguir a rajatabla. Hay mucha soledad y desamparo en esa especie de idolatría. Y da escalofríos pensar que su opinión rompió muchas relaciones personales, de amistad y familiares. No era en absoluto feminista. Lo único que no se le puede reprochar es que aconsejaba habitualmente a las jóvenes que estudiaran y se formaran.

¿Hay vestigios de todo aquella educación sentimental en las nuevas generaciones o es ya pasado?

Es terrible constatar que la violencia contra la mujer que actualmente es una epidemia viene de lejos, según se observa en las numerosas cartas que relatan malos tratos y la supeditación absoluta de la mujer al varón. El sistema patriarcal se ha enquistado de forma perversa en la sociedad, incluso en las generaciones jóvenes. Pero es indudable que desde la Transición se han dado pasos muy importantes, lógicamente. Hay que recordar que en aquellos años la relación entre hombres y mujeres no era natural, no se relacionaban como iguales.

¿El régimen fascista español apoyó de alguna forma aquel programa? ¿Tuvo algo que ver la Falange?

Falange tuvo que ver con el consultorio en la medida en que Ángela Castells, autora fundacional del mismo, era miembro de la Sección Femenina, a cuya organización se vinculó durante la guerra civil tras la muerte de su esposo a manos de militantes de la FAI. Ángela Castells actuó de quintacolumnista en Barcelona a favor de Franco, y hasta los años 60 tuvo una responsabilidad importante en el Patronato de Protección a la Mujer.

¿Cuántas cartas habéis podido analizar? ¿De qué años? ¿Dónde se guardan en estos momentos?

Hemos analizado un total de 4.325 cartas, de las cuales, de cada una de ellas, hemos realizado una ficha. El abanico cronológico abarca desde 1950 a 1972, con una gran disparidad de un año a otro. Más de dos centenares de cartas pertenecen a un coleccionista privado que las compró en los Encants de Barcelona. Pero el grueso de estas cartas están depositadas en el Arxiu Comarcal del Baix Llobregat (ACBL), en Sant Feliu de Llobregat, a cuya directora, la historiadora Mari Luz Retuerta, hay que agradecerle su empeño en recoger las cartas, someter una parte a tratamiento archivístico y ponerlas a disposición de los investigadores. El Arxiu Nacional de Catalunya (ANC) no quiso saber nada de este fondo documental, que constituye por su volumen el conjunto epistolar más importante de España.

¿De qué hablaban esas cartas? ¿De asuntos sentimentales básicamente? ¿Escribían mujeres únicamente?

Hay que tener en cuenta que las cartas se enviaban a un consultorio cuya función primordial era publicitar productos de belleza que se vendían contra reembolso y un Instituto de Belleza situado en Barcelona que tenía muy buena reputación. La mayoría de las cartas, por lo tanto, se referían a asuntos de apariencia personal. Una buena crema podía costar el equivalente al salario de dos semanas de una obrera. En un momento del nacimiento de la sociedad de consumo, del trasvase del campo a la ciudad, las costumbres de higiene y adorno personal preocupaban mucho a aquellas mujeres que iban al cine y hojeaban las revistas ilustradas femeninas. Este tipo de cartas no pueden tomarse a la ligera pues la mayoría revelan complejos y sentimientos de inferioridad provocados por el tan hispano “qué dirán”, que tanto daño ha hecho al desarrollo de la población femenina. En segundo lugar las cartas se referían a asuntos sentimentales relacionados con los ritos del festejo, los encuentros en el baile y los paseos, con la iniciación sexual considerada un pecado. Hay otro gran bloque de mujeres ya casadas, insatisfechas, que se consideraban desgraciadas y cuyo horizonte personal se limitaba a las paredes de su hogar. Y como hemos dicho antes, un paquete de cartas está centrado en la violencia doméstica, en el desprecio total hacia las mujeres como norma no cuestionada. En todas estas cartas, el peso de la religión y el de la institución familiar, forjadora del reaccionario sentimiento de culpa, se revelan como corresponsables del atraso en que estuvieron sumidas las mujeres. Escribían también hombres, desde el niño que quería triunfar como su ídolo Joselito, al hombre que buscaba novia o esposa, y al joven que no se relacionaba bien con las chicas y no sabía que probablemente era homosexual.

¿Les respondían? Si fue así, ¿quiénes lo hacían?

El éxito del consultorio fue abrumador. Y como en un programa de radio solo podía hacerse referencia a unas 6 o 7 cartas y llegaban a diario centenares, la familia fundadora del consultorio habilitó una oficina, bastante siniestra por lo que nos han contado, donde una media docena de oficinistas contestaban la mayoría de las cartas de forma particular y por correo postal. Estas oficinistas tenían un cajón especial donde se depositaban las cartas marcadas con un asterisco, señal que significaba que su contenido era particularmente “peligroso”. Paralelamente a esta oficina, que se encargaba sobre todo de dar salida a las cartas sobre belleza, grafología, hogar, etc., había otras personas que contestaban cartas particularmente, probablemente las que procedían de aquel cajón. Una de ellas fue Pietat Estany, que durante varios años dio contestación en nombre de Elena Francis a las cartas más espinosas y duras.

¿Cómo es que el programa duró hasta 1984, casi diez años después de la muerte del dictador golpista?

El consultorio fue un gran negocio para el Instituto Francis. Pero los cambios operados en la estructura social española y la progresiva disminución de la influencia de la Iglesia durante la Transición obligaron al Instituto Francis a replantearse la financiación de la emisión. Elena Francis se convirtió poco a poco en un personaje anacrónico, y una parte de las normas de conducta transmitidas ya no tenían sentido tras la aprobación de la Ley del Divorcio o la legalización de la píldora anticonceptiva. Comenzaron a llegar cada vez menos cartas. El perfil sociocultural de la mujer de clase trabajadora de los años 50 y 60 ya no era el mismo entre las mujeres trabajadoras de los años 80, muchas de ellas ya instaladas en la clase media y con un mayor nivel educativo. Y por otro lado, la radio inició durante la Transición su refundación como medio informativo, al servicio de la actualidad, suprimiendo formatos más propios de la ficción.

¿Por qué la cita de Albert Camus que abre vuestro libro? “El papel del escritor […] no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren”. ¿Quiénes sufrían en este caso?

Como escritor y periodista Albert Camus es uno de nuestros referentes. Y nos gustó mucho esa cita sacada de su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 1957. Si nos interesó en su momento el fondo epistolar de La Pirenaica, y ahora éste sobre el consultorio de Elena Francis, es porque nos retratan con bastante nitidez la vida ordinaria y las costumbres de la sociedad española de clase trabajadora, la gente común, aquella que nunca ha tenido ni tendrá protagonismo alguno en la historia. Creo que la misión de un historiador también es ponerse “al servicio de quienes la sufren”. La Mujer Francis fue una víctima de la gran opresión que ejerció el franquismo sobre la mujer, más allá de su condición social o de haber pertenecido al bando ganador o perdedor en la guerra civil. La represión ejercida contra la mujer, causa de muchos de sus miedos y de la sumisión al varón, es también una de las victorias calladas del franquismo sobre todos nosotros.

¿Cuánto tiempo os ha llevado vuestro trabajo?

Hemos estado poco más de tres años. Dedicamos unos 15 meses a una exploración sistemática del fondo documental, con visitas semanales al Archivo Comarcal del Baix Llobregat, con el objetivo de confeccionar una ficha de cada carta y un mapa conceptual de los problemas que afectaban a las Mujeres Francis. Y los dos años restantes trabajamos en definir la estructura, buscar la documentación complementaria y contextual (bibliográfica y recopilación de fuentes orales) y en la redacción y edición del libro.

¿Habéis hecho alguna presentación del libro? ¿A la gente joven le suena todo aquello?

De momento, las presentaciones realizadas han sido en Madrid (24 octubre), Santiago de Compostela (30 de octubre), Vigo (31 de octubre), Sant Feliu de Llobregat (20 de noviembre), Barcelona (26 de noviembre) y Zaragoza (10 de diciembre). Estamos dispuestos a ir allí donde nos llamen, porque creemos que Las cartas de Elena Francis es una buena contribución a la historia sociocultural del franquismo.

Los jóvenes hoy no saben nada de Elena Francis, pero es necesario hacerles partícipes de cómo vivían las “Mujeres Francis”, pues en su lamento probablemente está una parte de la historia de supervivencia de sus madres o abuelas.

Me he olvidado antes. Convendría, tal vez, un breve apunte sobre Ángela Castells

Ángela Castells Barreno había nacido en Barcelona en 1904, hija de un agente de seguros y director de la delegación barcelonesa del Banco Vitalicio. Se casó con el apoderado de los negocios textiles de la familia Viladomiu. Tras la muerte de su marido a manos de la FAI nada más empezada la guerra civil, Castells se incorpora a la Sección Femenina de Falange y actúa de quintacolumnista. En 1941 la dirección de Radio Barcelona la contrata como responsable de las emisiones religiosas, “Rosario para el hogar”, participando también como guionista de las emisiones femeninas. En 1945 se casa en segundas nupcias con el responsable de la Unión de Radioyentes de la emisora. En 1950 asume la función de crear la base narrativa y expresiva del consultorio de Elena Francis. Se mantendrá como guionista de la emisión hasta diciembre de 1953 cuando toma posesión del cargo de Vocal de la Junta Provincial del Patronato de Protección a la Mujer. Fue una mujer muy religiosa y preocupada por la educación moral de la mujer en los principios del nacionalcatolicismo, y muy bien conectada con la magistratura del Obispado de Barcelona. En su labor de dirigente del Patronato de Protección a la Mujer Castells fundó el Hogar Santa Marta, gestionado por Mujeres de Acción Católica para acoger y ayudar a muchachas del servicio doméstico, a madres solteras o niñas huérfanas, trabajando en pro de la conversión de chicas “extraviadas”, las “martitas”. Ángela Castells falleció en 1981. Nuestro libro pretende reivindicar su nombre como protagonista en la fundación el consultorio de Elena Francis. El Instituto Francis nunca la reconoció como autora del personaje. Si existió alguna Elena Francis esa fue Ángela Castells.

¿Queréis añadir algo más queridos amigos?

Muchas gracias por vuestro interés. Esta investigación se suma a otros trabajos sobre la historia de las costumbres y los sentimientos, disciplinas todavía incipientes pero muy útiles para conocer los pormenores de la vida cotidiana de la gente común durante los años del franquismo. Por otro lado, creemos que la lectura de esta obra puede ayudarnos a recordar mejor de dónde venimos, y darnos cuenta del grado de castración mental que el dogma del nacionalcatolicismo impuso a muchas mujeres.

Fuente: El Viejo Topo, núm 374, marzo de 2019.

(*) Para la primera parte de esta entrevista a Armand Balsebre y Rosario Fontova sobre Las cartas de Elena Francis: ““El consultorio de EF fue una herramienta muy eficaz para la educación de la mujer en las normas de la Iglesia” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=257006

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

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