Una nota de Miguel Candel.
Hubo quien reinó después de morir, pero ahora ocurre algo mucho más lógico: hay quien muere antes de reinar.
Los F-16, enésima muestra de las Wunderwaffen enviadas a Ucrania por el Accidente Colectivo, llevan ya seis o siete unidades perdidas antes de asomar la nariz por el frente. Los últimos, durante el reciente bombardeo con misiles Kinzhal sobre el aeropuerto de Starokionstantin (o algo así). Uno de los pilotos muertos (no «asesinados») era estadounidense, extremo confirmado por el cabreo de su viuda, aireado urbi et orbi.