Francia, Reino Unido, Alemania. Vísperas de la II Guerra Mundial.

Por el compañero de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.

El Reino Unido está gobernado por los conservadores que adoptan muy mayoritariamente una posición de contemporización primero y apaciguamiento con Chamberlain a partir de mayo de 1937; el sector contrario a esa política -Churchill- está absolutamente en minoría; hay también posiciones de simpatía hacia Hitler, la de lord Londonderry. La opinión pública es absolutamente contraria a una guerra con Alemania. El programa de rearme, que se inicia en 1935, avanza muy lentamente por el escaso interés de los conservadores y la posición contraria al rearme, por pacifismo de izquierda, de los laboristas. Se consideran a salvo de cualquier amenaza por el pacto germano-británico de 1935, que fija el potencial naval militar de ambos países en la relación 100 a 35 a favor del Reino Unido; y porque se consideran superiores en fuerza aérea ante la alemana que no estará en condiciones de atacar a las islas británicas hasta 1940. El gobierno británico nunca se planteará atacar a Alemania hasta que Chamberlain fue sustituido por Churchill. La política militar de Chamberlain cuando se declara a guerra a Alemania, por la invasión de Polonia, es defensiva; como la del gobierno francés, de ahí lo de la “extraña guerra”.

La contemporización se puso a prueba en julio de 1936 cuando el gobierno republicano español hace un encargo de compra de armamento a Francia para hacer frente a la sublevación fascista. Blum vacila y solo Pierre Cot, radical, defiende atender la demanda española. Blum viaja a Londres a consultar con el gobierno británico. Este se muestra contrario por el riesgo de enfrentamiento con Alemania, patrocinador ya de los sublevados junto con Italia; le añade a Blum que si Francia lo hace y entra en conflicto con Alemania, el Reino Unido no la apoyará. La salida “ingeniosa” de Blum es la “no intervención”. Se escudó no solo en la posición británica sino en la posición mayoritaria de la opinión pública francesa que no quería verse envuelta un una nueva guerra europea. Quien salió reforzada del episodio fue Alemania, es decir, la política expansionista nacionalsocialista. El gobierno alemán decidió en secreto, el 5 de noviembre de 1937, su hoja de ruta en una expansión territorial que asume el riesgo de guerra: la anexión de Austria y Checoslovaquia en 1938, la conquista del espacio vital en el Este entre 1943 y 1945 (el acuerdo fue registrado en un acta conocido como «Memorándum Hossbach»). El gobierno británico y el gobierno francés, que no conocieron o no quisieron conocer esa decisión, mantuvieron su política de apaciguamiento, que intentaron completar con una aproximación a Mussolini para disociarlo de Hitler sin éxito. En mayo de 1937 el británico nombró a William Henderson, un abierto partidario del entendimiento con Hitler, como embajador en Berlin; mientras entre Francia y Alemania se producía una intensificación de las relaciones económicas, con la firma del acuerdo comercial de julio de 1937. Esas relaciones eran, por cierto, vitales para el rearme alemán por las exportaciones de hierro a Alemania que se triplicaron entre 1937 y 1938 ( Francia era el segundo proveedor de hierro para Alemania, después de Suecia; en vísperas del estallido de la guerra, el 2/3 del acero con que trabajaba la Krupp procedía de Francia).

En otras palabras, en 1936-1937 no sólo no hubo ningún planteamiento de ataque a Alemania, sino que ni siquiera se planteó debilitar el rearme alemán por la vía económica. A finales de noviembre de 1937 Lord Halifax, Lord Presidente del Consejo de Ministros, visitó a Hitler en Alemania y le manifestó que los británicos no ponían objeciones a Hitler sobre sus aspiraciones sobre Austria, Checoslovaquia y Dancing, que consideraban justificadas en nombre de la común identidad germánica existente en esos territorios, siempre que se realizaran, añadió, pacíficamente. Las crecientes concesiones verbales de Halifax y Chamberlain llevaron a Eden, ministro de Asuntos Exteriores, a dimitir en febrero de 1938. No había discrepancia de fondo respecto a la política «pacifista» británica, solo de forma y, en particular, Eden no compartía el intento británico de acercamiento a Mussolini. Nunca estuvo entre las posiciones de Eden llevar a cabo ninguna acción de fuerza, ni preventiva ni reactiva, contra Alemania.

En el mismo mes de noviembre, el jefe del gobierno francés, Chautemps, se reunió en secreto con Von Papen en París y le manifestó que tenían en común sus posiciones anticomunistas, que deseaba la victoria de Franco y que le comunicara al Führer el deseo francés de fundar conjuntamente una nueva política en Europa. Después de eso, Chautemps y su ministro de Asuntos Exteriores viajaron por Europa Central y Polonia para hacer de intermediarios con las aspiraciones de Alemania y proponer un «apaciguamiento europeo» sobre la base de concesiones coloniales a Alemania.

Episodio final. Cuando se inició la crisis de los sudetes, la reacción franco-británica fue responder siempre dentro de los términos del apaciguamiento. Aunque Francia, en virtud de las estrechas relaciones con Checoslovaquia -un estado patrocinado en gran parte por Francia, en el que tenía importantes intereses económicos- se vio obligada a mantener una posición de dureza verbal mayor. Sólo fue verbal y gestual. Francia rechazó la petición soviética de pasar a concretar en términos militares el pacto franco-soviético de 1935, que siempre quedó en papel mojado. Gran Bretaña dejó clara su posición de no intervención militar y de reservarse la mediación diplomática. Ante la escalada de tensiones se pensó que sí podría producirse la guerra -lo pensó en particular Negrín que lanzó la batalla del Ebro para tener presencia en el conflicto, si estallaba-. Rumores. En julio de 1938 Bonnet comunicó a Checoslovaquia que Francia no tomaría ninguna medida militar si tenía que hacerlo sola, e invitó al presidente checoslovaco Benes a llegar a un entendimiento con Hitler. El recrudecimiento de la tensión a comienzos de setiembre dividió al gobierno francés, donde algunos miembros empezaron a ser partidarios del uso de la fuerza preventiva (Reynaud, Mandel) que también compartió el jefe del Estado Mayor Gamelin. Nunca se concretó ese uso. Daladier acabó apoyando la posición de Bonnet y ambos viajaron a Londres el 18 de setiembre para concertar con Chamberlain y Halifax una respuesta que consistía no en presionar a Hitler sino en presionar al gobierno checoslovaco para que aceptara entregar a Alemania todos los territorios con más del 50% de población de habla alemana….No sigo.

El final, después de que Hitler aumentara sus exigencias en su entrevista con Chamberlain el 22 de septiembre, dando lugar a la movilización de reservistas en Francia y la posición en alerta de la flota británica -una vez más gestos, sin planes reales, sin decisión de no transigir más y pasar al ataque- fue la infame reunión de Munich del 29 de septiembre, de la que se excluyó a la URSS, que se había manifestado en favor de una conferencia internacional así como su deseo de participar en ella.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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