La base material de la nación. Conclusiones (II)

Todo tiene su fin” cantaban Los Módulos hace años, hace muchos años [1]. También deben tenerlo estas aproximaciones a La base material de la nación.
Conclusión”, como señalamos en la entrega anterior, es el título del último capítulo del libro de Carlos Barros, pp. 199-220. Me ubico en los compases finales.

La investigación llevada a cabo alrededor del contenido material e histórico de la nación, señala Barros, muestra las posibilidades de encontrar en los clásicos [2] de la tradición respuestas a “los vacíos teóricos que dejaron sin sistematizar MyE, visto el grado de esquematismo, la esterilidad y la dogmatización posterior del pensamiento que se reclamó marxista”.
En la cuestión que le ha ocupado, la práctica [3] ha ido por delante de la teoría: “fue total la asunción en el siglo XX por parte de los partidos marxistas, en la oposición y en el gobierno, de la defensa de los intereses nacionales en el Este y el Oeste, el Norte y el Sur”. La lucha por la hegemonía y los procesos de liberación y reconstrucción nacional, el combate ideológico contra los nacionalismos de las clases poseedoras y la aproximación al marxismo del nacionalismo que Barros llama popular, continuó hasta finales de los ochenta, hasta la caída del Muro, apoyándose en buena medida en la teoría cerrada y simplista de Stalin, y eso pese a la relativa renovación teórica sobre la nación del marxismo en la década de los ‘70 del pasado siglo a la que Barros se ha referido en apartados anteriores.
Esta práctica, sin teoría marxista consecuente de la nación (consecuente es para Barros teoría materialista), condujo “ora a subestimar el contenido material de esa relación social que es la nación, ora a dejarse llevar por una práctica de colaboración nacional de clases que llegó a contradecir las necesidades estratégicas y revolucionarias del movimiento de la clase obrera”. Así fue, nos recuerda, cómo se escindió el movimiento obrero europeo durante y después de la I Guerra Mundial [4], en el contacto de una incomprensión teórica (“que no política”, matiza) de relación oculta entre el hecho de clase y el hecho nacional, “justamente cuando el factor nacional desencadenó una lucha militar de enormes proporciones por las condiciones de producción”.
(En nota al pie de página que cuelga de nación apunta: “podemos concluir que los fundadores del marxismo abordaron largamente el tema de la nación pero de manera fragmentaria y circunstancial”, lo que, por supuesto, no quiere decir banal: “lucharon con denuedo contra la infravaloración decimonónica de una base material de la nación que explica el cambio y la permanencia en la corta y la larga duración, respectivamente”).
Para Barros, la deficiencia teórica que ha apuntado responde a una causalidad múltiple y coyuntural, pero, se pregunta, ¿y su prolongación hasta hoy? Cita a Engels y señala que cayó en el olvido aquello de que “el estado, el régimen político, es el elemento subalterno, y la sociedad civil, el reino de las relaciones económicas, lo principal”. Dentro de la sociedad civil estaban, y están, tanto la nación como las clases.
Estaría satisfecho, prosigue, si con su aportación, aprovechando la lectura de Borojov, “que sondea, y comunica, textos y conceptos dispersos de MyE, contribuyéramos a demostrar la viabilidad de una teoría marxista, materialista e histórica, de la nación que no caiga ni en el materialismo vulgar ni en el descriptivismo”. En su opinión, una opinión que no es difícil compartir, MyE en vivo y en directo es el mejor antídoto contra una vía reduccionista por economicista y su contraria: “la banalización política de los hechos diferenciales”. Nuevos estudios más amplios sobre las obras completas de MyE “seguro que afinarían más las conclusiones a que nosotros hemos llegado siguiendo el consejo de Engels, un año antes de morir: “Le ruego que no tome al pie de la letra cada una de mis palabras sino que fíjese en el sentido general, pues desgraciadamente no disponía de tiempo para exponerlo todo con la precisión y claridad”.”
También en nota al pie, y colgando de “estudios más amplios”, Barros apunta: “Treinta y cinco años después de la primera versión -en gallego- de esta investigación, la crisis del marxismo [5] por medio, estamos en condiciones de constatar que nada o poco se ha avanzado, más bien lo contrario, como demuestra el conflicto hispano-catalán en este siglo XXI”.
No consigo ver que lo Barros llama, erróneamente en mi opinión, “conflicto hispano-catalán”, demuestre lo que él cree que ha demostrado. Si algo muestra, que no demuestra, la calculada apuesta nacional-secesionista que tanto daño, sufrimiento y división ha causado entre las clases trabajadoras catalanas (y entre éstas y las del resto de España), es cómo un sector de las clases dominantes y hegemónicas de una comunidad, que se considera nación (¡som una nació, som una nació, som una nació!), pueden arrastrar tras de sí, amparándose en ficciones históricas, supremacismos varios, mentiras, insultos (“De Madrid al cielo”), exageraciones sin cuento, el tot sempre per la pàtria, el amarillismo generalizado y una hispanofobia de manual (e insultante), un amplio sector de sus clases medias tocando sus “fibras sensibles”, muy trabajadas familiarmente y en asociaciones afines, y prometiendo utopías económicas (la Alemania o Dinamarca del Mediterráneo) mientras “grandes cabezas” del nacionalismo .Cat como Artur Mas o Mas Colell destrozan las conquistas del Estado asistencial y negocian con los poderes reales proyectos neoliberales y destructores del medio y del país como EuroVegas.
Aprehender el sentido general de los textos que Barros considera fundadores, “sobre todo si los recolectamos diseminados en diversos contextos” (en nota: “si bien la unidad conceptual y metodológica en los escritos de Marx y Engels que analizamos, acerca de la nación, es muy notable”) implica su propia interpretación: más que “adivinar” lo que “realmente” quisieron decir los autores desaparecidos [6], busca hacer una lectura de los clásicos como a ellos mismos les gustaría (Marx se oponía férreamente, señala Barros, a que se intentase descubrir lo que “realmente pensaba”. Cita también a Engels, en carta a Mehring: “El contenido nos hacía olvidar las formas…, con ello proporcionamos a nuestros adversarios un pretexto para sus errores y tergiversaciones… en los comienzos, se descuida siempre la forma, para atender el contenido. También yo lo hice…”).
Para nuestro autor, el concepto amplio de nación del marxismo originario remite a un problema de contenido material, no solo de forma (pura descripción), que por lo demás acostumbra a transmutarse dialécticamente en contenido: “urge luego completar y ampliar el pensamiento de MyE alrededor del fondo (sin olvidar la forma) del hecho nacional”. Para Barros, una teoría científica de la nación tendría que cumplir los requisitos de ser deductible, verificable [7] y generalizable. “Las conclusiones que nosotros sacamos parten de la categoría general y abstracta de la nación junto a los análisis, en el siglo XIX principalmente, de casos particulares y concretos”. En nota añade sensatamente: “No hubiera sido posible si la propia abstracción de la nación, como categoría del materialismo histórico, no derivara de los casos históricos, particulares y concretos, que les sirvieron de laboratorio a Marx y Engels para fabricar su subyacente concepto materialista de nación”.
La verificación, prosigue, tendría que seguir la lógica formal e interna de la lectura de Marx que propone, “a fin de examinar la realidad histórica y empírica así como contrastar los resultados de la investigación e interpretación con otras lecturas del problema nacional en MyE, o contra otras teorías de la nación”. Barros advierte de que “razones de espacio, tiempo y temática impiden ahora hacer la discusión de las tesis que propugnamos con las aportaciones de Bloom, Haupt y Weill, Mommsen, Davis, Levrero, Lefebvre, Rodinson, Carrère d’Encausse, Bourque, Claudín, Recalde [8], etc”. Autores que abordaron la cuestión de la nación en MyE “aunque raramente con el objetivo materialista que Borojov se fijaba, y que nosotros continuamos.”
Barros nos recuerda que al iniciar su trabajo se formuló cuatro preguntas: 1. ¿Cómo se articula el concepto materialista de la nación con las categorías fundamentales del materialismo histórico? 2. ¿Cómo se articulan los factores objetivos con los factores subjetivos en los procesos nacionales? 3. ¿Cómo se articula el concepto de nación en general con el concepto de nación moderna? 4. ¿Cómo se articulan las clases y las naciones? Desde su punto de vista, “si no completamente, los elementos que hemos adelantado perfilan una respuesta articulada y coherente, sin duda deudora de un Hegel prolongado -e invertido- a través de MyE”.
Barros nos recuerda también que las categorías fluidas de Engels vienen de la lógica hegeliana y son indispensables para entender lo que ha venido señalando sobre la nación. “Interior/Exterior, forma/contenido, mediación/inmediación, objetivo/subjetivo… son dicotomías móviles que implican: 1º, punto de referencia, por lo normal implícito, que decide de entrada, que una cosa pueden ser tesis o antítesis según el punto de observación. 2º, momento dialéctico como paso de un polo a su contrario”. Un buen ejemplo lo tenemos en el apartado acerca de la “liberación de Irlanda”, “en la transformación de las condiciones objetivas de existencia nacional en condiciones subjetivas (fenianismo), a causa del cambio en el contenido económico de la dominación inglesa; también lo contrario: la tentativa política de transformación de las condiciones subjetivas de existencia nacional (fenianismo) en condiciones objetivas por la vía de la lucha revolucionaria, de la imposición de determinadas condiciones de liberación nacional (reforma agraria, independencia nacional).”.
La problemática objeto/sujeto está muy presente en la obra de MyE, señala Barros, en esta temáticas y muchas otras. En nota añade: “La crisis del marxismo post-1989 hizo desaparecer, en gran medida, de las ciencias sociales el método dialéctico [9] en favor del tradicional positivismo, junto con otras viejas o nuevas formas de esquematismo y dogmatismo.”.
El término ‘condiciones’, tal como es usado por MyE en la tema comentado, tiene un doble origen: a) hegeliano: en el sentido de la dialéctica condiciones previas/resultantes (referencia a la Lógica hegeliana), b) deriva también de las ciencias naturales y Darwin, cuando habla por ejemplo de condición-medio ambiente (referencia a la Dialéctica de la Naturaleza, en la edición de OME [10]).
La influencia de Hegel en MyE sobre el hecho nacional, comenta finalmente Barros, es así mismo directa. Se ve con su concepto dialéctico de nación temporal: “los pueblos se suceden, surgen y desaparecen… el espíritu del pueblo es un individuo natural, como tal florece, madura, decae y muere” (Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal). Para Hegel, el pueblo-nación era además portador del concepto supremo que transitaba incluso “de un espíritu de un pueblo al de otro”. Así y todo, señala Barros, la diferencia con Marx no residía solamente en su teoría idealista de la nación, también en que para Hegel el sujeto fundamental de la historia son los pueblos, las naciones, como soportes de la Idea universal, mientras que para Marx el sujeto fundamental de la historia son, en primer lugar, las clases sociales que emanan de las condiciones en que se realiza el proceso de producción y reproducción social de la existencia humana y, en segundo lugar, unas naciones más terrenales, sociales e históricas que espirituales, elitistas y atemporales”.
La diferencia no es menor, es sustantiva.
Una sugerencia final: la revista El Viejo Topo ha publicado en su número 399, abril de 2021, una entrevista con el autor sobre su ensayo que será publicada próximamente en Espai Marx. En mi opinión, un buen complemento para estas aproximaciones.
Gracias por su atención y lectura.

Notas
1) https://www.youtube.com/watch?v=oGOv9K9f17c. Con sorpresa anexa: en el momento que copio el enlace se contabilizan unas 3.020.000 reproducciones.
2) En el prólogo que escribió en 1964 para su traducción castellana de el Anti-Dühring (Grijalbo, México, 1964), señalaba Sacristán:
«
Por regla general, un clásico -por ejemplo, Euclides- no es, para los hombres que cultivan su misma ciencia, más que una fuente de inspiración que define, con mayor o menor claridad, las motivaciones básicas de su pensamiento. Pero los clásicos del movimiento obrero han definido, además de unas motivaciones intelectuales básicas, los fundamentos de la práctica de aquel movimiento, sus objetivos generales. Los clásicos del marxismo son clásicos de una concepción del mundo, no de una teoría científico-positiva especial. Esto tiene como consecuencia una relación de adhesión militante entre el movimiento obrero y sus clásicos. Dada esta relación necesaria, es bastante natural que la perezosa tendencia a no ser crítico, a no preocuparse más que de la propia seguridad moral, práctica, se imponga frecuentemente en la lectura de estos clásicos, consagrando injustamente cualquier estado histórico de su teoría con la misma intangibilidad que tienen para un movimiento político-social los objetivos programáticos que lo definen. Si a esto se suma que la lucha contra el marxismo -desde afuera y desde dentro del movimiento obrero, por lo que suele llamarse “revisionismo”- mezcla a su vez, por razones muy fáciles de entender, la crítica de desarrollos teóricos más o menos caducados con la traición a los objetivos del movimiento, se comprende sin más por qué una lectura perezosa y dogmática de los clásicos del marxismo ha tenido hasta ahora la partida fácil. Y la partida fácil se convirtió en partida ganada por la simultánea coincidencia de las necesidades de divulgación -siempre simplificadora- con el estrecho aparato montado por Jdhanov y Stalin para la organización de la cultura marxista…»

En “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia” (una conferencia de 1978), el autor de Sobre Marx y marxismo se refería al respeto reverencial por los clásicos:
«Si de verdad se despoja uno de todo respeto reverencial por los clásicos (sin dar en la mezquindad de dejar de admirarlos y de aprender de ellos, y sin olvidar la advertencia de Eugenio D’Ors según la cual todo lo que no es tradición es plagio), se puede apreciar que toda esta cuestión de lo lógico y lo histórico, sin duda importante y de mucho interés, como todas las cuestiones metafísicas auténticas, puede dar fácilmente en extravagancia estéril cuando se entiende como asunto de metodología científica. En este campo suele acarrear los vicios hegelianos de insuficiencia de la abstracción lógica para que lo cuasi-lógico se pegue bien a lo histórico (mala lógica) y excesiva logificación o racionalización de la experiencia para que ésta resulte lógicamente necesaria (mala empiria). También en la obra de Marx esta cuestión es el marco en el que con más frecuencia aparecen paralogismos, armonías preestablecidas entre desarrollos supuestamente lógicos (dialécticos) y presuntos procesos históricos. Entre esos paralogismos o razonamientos inconcluyentes hay que incluir los que se refieren a correlaciones a primera vista sincrónicas -entre base y sobrestructura, por ejemplo-, las cuales tiene siempre para Marx un lado diacrónico, a saber, el de su “desarrollo”.

3) En una conferencia inédita de 1976 titulada “De la filosofía de la ciencia a la política de la ciencia”, Sacristán trazó un breve comentario sobre su noción de práctica y su papel en el conocimiento científico.
Desde el punto de vista de la aspiración al conocimiento, desde la perspectiva del deseo de conocer, la práctica es una instancia imprescindible porque es la que da intimidad al conocer. Es muy posible, apuntó, que lo que los filósofos románticos habían ido persiguiendo, “y que les ha hecho creer que tenían que renunciar al conocimiento teórico en sentido estricto, en sentido científico”, sea precisamente el hecho de que el conocimiento teórico no suele satisfacer esa necesidad del conocimiento como contacto, que se tiene sólo en el conocimiento sensible o bien en algunos de los planos de las experiencias estéticas, en general, y también en experiencias prácticas, como la experiencia política. Reconocer esta vinculación de ciencia y técnica, era casi obligado cuando se reconoce la vinculación previa entre conocimiento teórico y consciencia práctica. Lo señalaba solo para justificar su precisión de que tampoco le parecía extinguible el complejo ciencia-técnica, lo que podría ser una salida, irreal en su opinión, “pero sobre el papel imaginable”, de los problemas actuales en el ámbito de la política de la ciencia, es decir, separar drásticamente el elemento técnico de lo teórico, del concepto de la ciencia moderna.
En esa misma conferencia, puede verse la siguiente sugerencia: “Una cierta politización del concepto de práctica que lo liberara de su excesiva monopolización por parte de las ciencias más relacionadas con ingenieros y arquitectos (tal vez incluso con agricultores), y acentuar el aspecto que tiene la práctica en el sentido anterior del término (no de fabricación, sino de acción interhumana), con la consiguiente repercusión en la asignación de recursos…”

4) Véase José Luis Martín Ramos, Historia del PCE, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2021, parte I, “El nacimiento de un partido nuevo.”

5) Preguntado por la tal crisis en 1983, durante su estancia en la UNAM, Sacristán respondía en los siguientes términos a la revista Argumentos: “En cuanto a la crisis del marxismo, todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis; de modo que, por mí, que dure” (De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Madrid: Los libros de la Catarata, 2004, p. 209, edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal).

6) Conviene destacar y loar la sensatez metodológica de la afirmación.

7) Más que verificable, contrastable. Las teorías científicas no pueden ser verificadas completamente sino falsadas o contrastadas exitosamente de forma provisional.

8) Agrada constatar la referencia a Fernando Claudín y José Ramón Recalde. Este último fue asesinado por ETA en septiembre de 2000, muy cerca de su domicilio. ¿Por traición a la patria vasca?

9) He comentado en anteriores entregas que, en mi opinión (bebo de nuevo de Sacristán y Fernández Buey), no existe ningún método dialéctico en el sentido usual del término método. Existe si acaso un ‘estilo de pensamiento dialéctico’ o una finalidad dialéctica ausente de la ciencia normal (por decirlo en términos kuhnianos), la que intenta la comprensión de las singularidades, de las totalidades concretas.

10) Por si fuera de interés para algún lector, y al alimón con David Vila, esta nota sobre las OME, sobre las obras de Marx y Engels, edición interrumpida por motivos económicos (los clásicos ya no estaban de moda), cuya edición y traducción coordinó Manuel Sacristán:
Concluida la segunda guerra mundial se publicó en la URSS el último volumen de las incorrectamente llamadas “Obras Completas” de Marx y Engels. Tras la muerte de Stalin, aunque se realizó una segunda edición algo menos incompleta, se mantuvo el sesgo dogmatizante propio de la cultura política estalinista, ahora “autocriticada”: “precisiones” editoriales sobre “las intenciones del autor”, “depuración” de textos, presentaciones sesgadas, etc.
Esta nueva edición sirvió de base para la edición paralela alemana de las MEW [Marx-Engels Werke], iniciada en 1956. Aunque esta edición alemana llegó a ser la más utilizada para la traducción de Marx a otras lenguas, adolecía de los defectos de la edición rusa: estaba lejos de ser completa, presentando en sus introducciones y prólogos una visión dogmática del “marxismo”, como un sistema cerrado y concluso, tal como señala el profesor Pedro Ribas:
Sacristán lo explicaba muy bien en su prólogo a la versión castellana del “Anti-Dühring”: Engels, que repetidamente manifiesta en el Anti-Dühring la principal virtud del intelectual, la modestia, no puede considerarse responsable de que cierta inveterada beatería insista en considerar su modesto manual divulgador como una ‘enciclopedia del marxismo’. (La expresión ‘enciclopedia del marxismo’ se halla en efecto, en el prólogo de la obra de Engels en MEW, vol. XX, p. VIII).” Véase: Pedro Ribas, “El proyecto MEGA. Peripecias de la edición crítica de las obras de Marx y Engels”, NUSO n.º 277, septiembre-octubre 2018, https://nuso.org/articulo/el-proyecto-mega/.
El prólogo al que alude Ribas (en México, Grijalbo, 1964) no es la nota editorial de 11 páginas para la reedición del Anti-Dühring en 1977, sino “La tarea de Engels en el Anti-Dühring”, uno de los escritos más importantes y reconocidos de Manuel Sacristán, donde se pueden leer también las siguientes palabras, anticipativas de la línea editorial del proyecto de las OME [Obras de Marx y Engels], dirigido por Sacristán: “la tarea de liberar al marxismo de la dogmática y clerical lectura de sus clásicos es tan urgente como para arrostrar por ella cualquier riesgo”.
El proyecto de las OME fue interrumpido en 1981 por razones económicas. Aunque sus traducciones toman por base la versión alemana de las obras de Marx y Engels (MEW), los principios de edición seguidos sintonizan con los de MEGA 1 y MEGA 2 (véase la nota complementaria 11). Así, en su “Nota editorial sobre OME 40-44 (El Capital)”, Sacristán, admirador del trabajo editor de Riazanov, escribía: “en general, los prólogos y las notas de esta edición intentarán abstenerse de afirmaciones doctrinales y de interpretaciones” (El Capital, libro I, OME, vol. 40, p. XIII.)
De los 68 volúmenes proyectados por Sacristán en la edición de las OME, fueron 12 los libros finalmente publicados, todos ellos editados por Crítica-Grijalbo en Barcelona, Buenos Aires y México DF.:
OME 5: K. Marx, Manuscritos de París. Anuarios franco-alemanes 1844; 1978. Trad. y nota editorial de José María Ripalda.
OME 6: K. Marx- F. Engels, La Sagrada Familia. La situación de la clase obrera en Inglaterra, 1978. Trad. de Pedro Scarón y León Mames; nota editorial J. Sempere Carreras.
OME 9: K. Marx-F. Engels, Manifiesto Comunista. Nueva Gaceta Renana (I). 1847-1848; 1978. Trad. de León Mames; nota editorial J. Sempere Carreras.
OME 10: K. Marx-F. Engels, Nueva Gaceta renana (II). 1848 (incluye otros apéndices), 1979. Trad. de León Mames; nota editorial J. Sempere Carreras.
OME 21: K. Marx, Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundrisse). Primera mitad, 1977. Trad. de Javier Pérez Royo; nota editorial para OME 21-22: Manuel Sacristán.
OME 22: K. Marx, Líneas fundamentales de la crítica de la economía política (Grundrisse). Segunda mitad, 1978. Trad. de J. Pérez Royo.
OME 35: F. Engels, La subversión de la ciencia por el señor Eugen Dühring. “Anti-Dühring”, 1977. Trad. y nota editorial: Manuel Sacristán.
OME 36: F. Engels, Dialéctica de la naturaleza, 1979. Trad. de Wenceslao Roces. Edición y nota editorial: Miguel Candel.
OME 40: K. Marx, El Capital. Crítica de la economía política, Libro I, 1, 1976. Trad. y nota editorial sobre OME 40-44 (El Capital): Manuel Sacristán.
OME 41: K. Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Libro I, 2, 1976. Trad. y nota editorial sobre OME 41: M. Sacristán.
OME 42: K. Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Libro II, 1980. Trad. y nota editorial sobre OME 42: M. Sacristán.
OME 45: K. Marx, Teorías sobre la plusvalía. Primera parte: capítulos primero hasta séptimo y anexos, 1977. Trad. de J. Pérez Royo; nota editorial sobre OME 45-48: M. Sacristán.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

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