“La celebración del Onze de Setembre. Entrevista al historiador David Martínez Fiol” por Silvia Hinojosa

Publicada en La Vanguardia, 10 o el 11 septiembre de 2021. David Martínez Fiol es profesor asociado de la Universitat Autònoma de Barcelona y profesor colaborador de la Universitat Oberta de Catalunya de Historia Moderna y Contemporánea. Su obra historiográfica se centra en el estudio de la Primera Guerra Mundial, y la participación catalana en ella, así como en la construcción de la administración pública autonómica catalana en el periodo de la Segunda República, y la lucha y el control por los espacios de poder y clientelares de la Generalitat.

El Onze de Setembre abre el curso político en Catalunya. Es la fecha de la capitulación de Barcelona ante las tropas borbónicas en 1714, una efeméride que analiza el historiador David Martínez Fiol.
¿Qué determina que los hechos de 1714 protagonicen la Diada?
Fundamentalmente que las fuerzas políticas catalanistas, desde diferentes sectores, coincidieron en elegir esta fecha como muy representativa, pero nunca tuvo mucho consenso. Desde finales del XIX, la izquierda lo ve como una resistencia popular contra el autoritarismo monárquico, pero en clave republicana, no necesariamente catalanista. Y desde un punto de vista conservador, no gusta porque se ve demasiado popular. Prat de la Riba no quería saber nada del Onze de Setembre.

¿Qué hay de realidad y qué de mito en la efeméride?
De mito hay la propia guerra de Sucesión, que se plantea como un enfrentamiento entre la Corona de Castilla y la de Aragón, que es un retorcimiento histórico del hecho. No es una guerra entre dos naciones. Entre 1705 y 1714 en España lo que hay es una guerra civil entre los partidarios de Carlos de Austria y los de Felipe V, dos dinastías con maneras diferentes de entender la estructura de la monarquía: más descentralizada los Austrias y más centralizada el mundo borbónico. Y aquí hay otro mito: inicialmente, Felipe V está dispuesto a aceptar las instituciones catalanas, pero una serie de acontecimientos políticos entre 1701 y 1705 conducen a que estas rompan el consenso con el rey y se inicie una guerra civil en España.

¿Por qué Catalunya se quedó sola defendiendo su causa?
No es tanto que se quedara sola. En el conflicto militar quedaron reductos concretos y se produjo un resistencialismo, sobre todo en la menestralía y en algunas localidades que luego la mitología de determinados sectores catalanistas han engordado y han dicho que fue toda Catalunya que se resistió. Desde 1707, el control austriacista se redujo. Al final quedó el espacio catalán y había en juego intereses comerciales de menestrales que optaron por seguir.

¿Cómo fue esa resistencia?
Holanda, Inglaterra, todos los que les habían apoyado, dan la espalda a esa resistencia. Pero hay austriacistas que desde 1713 ya no están luchando. Eso explicaría en parte que figuras importantes del austriacismo catalán no fuesen ejecutados ni nada por el estilo.

¿Qué eco internacional tuvo?
Lo tuvo por una cuestión trascendental, que provoca las alianzas internacionales: la Corona española tenía las colonias americanas. Cuando Felipe V es coronado hay un temor en potencias comerciales como Inglaterra y Holanda a que un francés sea rey de España. Estaba en juego el control del Atlántico y de las colonias. Y había el debate ideológico en la lucha entre austriacistas y felipistas de si es más importante la autoridad del rey o la de los parlamentos.

Rafael Casanova, conseller en cap de Barcelona en 1714, es una figura discutida, ¿por qué?
El hecho de sobrevivir y seguir trabajando de notario fue negativo para sectores inicialmente más radicalizados del mundo catalanista a la hora de reivindicar su figura. En cambio, un militar como Villarroel, que luchó hasta el final, fue una figura destacada pero en la actualidad, paradojas del destino, a Casanova se le dejan coronas de flores y Villarroel es una calle.

Felipe V elimina las instituciones catalanas. ¿Era un centralista convencido o fue un castigo?
El decreto de Nueva Planta desmonta el aparato institucional establecido desde la edad media en la Corona de Aragón. Pero el señorío de Vizcaya no pierde sus fueros. Se pierden en función de si se está o no dispuesto a ponerse del lado del rey. Felipe V podríamos decir entre comillas que es culpable de la pérdida de las instituciones catalanas, pero no necesariamente porque fuera un centralista convencido, aunque había un diseño centralista. Sobre todo hay un castigo a unas instituciones que le dan la espalda desde 1705.

Las instituciones se reivindicaron durante todo el XVIII.
Sí. Una de las cosas importantes de la sociedad catalana del XVIII y entrada la modernidad es la reivindicación del municipalismo, de la que cada vez más se apropiarán las izquierdas, en cierta medida hasta hoy, y otras opciones políticas como el catalanismo y ahora el independentismo han visto que es un espacio de poder, de clientelismo, muy importante.

¿Cuándo pasa el 11 de septiembre de tragedia a reivindicación?
Diría que en 1902. Sectores nacionalistas radicales, muy minoritarios, hacen una manifestación en memoria del 11 de septiembre que es duramente reprimida, y los heridos y detenidos se juramentan para reunirse al año siguiente. Y adquiere el tono de Diada nacional, pero no había consenso. Los sectores de izquierdas se acaban acercando y el regionalismo hasta la república no acaba de conectar.

¿La Diada ha tenido carácter unitario en algún momento?
Siendo muy estrictos, nunca ha tenido carácter unitario. La manifestación de 1977 sí, todas las sensibilidades del catalanismo estuvieron presentes, pero en adelante fue muy difícil, casi imposible. La magnitud de las manifestaciones independentistas dio a entender esa unidad pero no es la realidad de Catalunya, tampoco lo es el catalanismo no independentista.

¿Qué futuro tiene la Diada?
Depende. Durante dos décadas y media, fue muy institucional, con poca presencia. Con el procés , impulsado por el independentismo, se movilizó a mucha gente pero, insisto, a una parte de la sociedad.

¿Pueden hacer algo las instituciones para impulsarla?
La Diada institucional tiene un sentido en función de quien mande, y con diferentes gobiernos todas las liturgias han sido poco integradoras. Para que sea unitaria habría que llegar a consensos, hacerlo aséptico, pero los partidos quieren poner su huella.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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