“LA ESPAÑA DE LA BURLA Y EL MOTE” por Ramón Qu

La verdad es que el humor español es para mondarse. Y si el chistoso es hijo de Viriato de pura cepa no solo te monda, sino que te fríe en aceite puro de colza. No podía ser menos teniendo como antecedente a plumas tan celebradas como Quevedo, ese genial creador de sátiras, burlas y remoquetes que transitaba con igual donosura del polvo enamorado al ojo de salva sea la parte.

Este sin igual gracejo, ese burlarse festivo del defecto ajeno, esos juegos de palabras con nombres y apellidos repletos de ingenio, ese ridiculizar al otro vistiéndole con los imaginados jirones de nuestras gracietas goza de especial querencia entre ciertas personalidades a televisiones, micrófonos y tribunas pegados… y bien pagados. Y no es de extrañar. pues no deja de ser muy satisfactorio para ciertas humanas naturalezas ver, aunque sea en la imaginación y en lengua viperina, al oscuro objeto de nuestro resentimiento resbalar con una piel de plátano y despatarrarse por el suelo.

Si uno o una tiene un determinado peinado ¿por qué no festejarlo llamándolo El Coletas o la Tenacillas? ¿No es para troncharse?

Si una institución goza de nuestra especial simpatía ¿por qué no aprovechar ciertas homofonías para ensalzarla llamándole el Tribunal prostitucional? ¿No es para desternillarse?

Si una persona hacia la que tenemos un particular cariño posee en nuestra opinión un curioso aspecto ¿Por qué no celebrarlo bautizándolo como Oscargután? ¿Se ha visto alguna vez mayor jolgorio y muestra de ingenio?

Si una acción político humanitaria se llama Flotilla para la Libertad de Gaza ¿Por qué no aprovechar ese sufijo “íllla”, tan apropiado para bellos pareados, y cambiarla el nombre por “flotilla basurilla”? ¿No es rima de sin igual inspiración y poesía digna de nuestros más excelsos poetas?

Podríamos seguir pero tanta gracia, chispa y agudeza nos abruma y, como en la nouvelle cuisine, mejor piquemos solo un poco no vaya a ser que nos indigestemos con tan sabrosas muestras de ingenio patrio.

Celebremos por el contrario esta maravillosa costumbre tan querida y utilizada por ciertos periodistas y políticos de esta España suya. ¿Acaso no tiene una gracia enorme llamar a un ciego Casimiro y al presidente del gobierno el marido de Begoña?

Pero no vayan a creer que esta muestra de garbo y este repertorio de ocurrencias de la España unidad de burla en lo infinitesimal se reduce al siempre sano reírse del defecto ajeno tan propio de esa gran virtud nacional que es la envidia y de esa constante histórica nuestra que es la pobreza, la sumisión y la falta de libertad; no, este reírse del feo por feo, del tonto por tonto, del pobre por pobre, del maricón por maricón y del oponente político por oponente político tiene otras funciones patrias. A saber:

Humillar al diferente.

Descalificar al contrario.

Demonizar al otro.

Elevarnos a nosotros mismos.

Ocultar nuestros miedos.

Refugiarnos en la masa.

Adular al superior.

Negar cualquier posibilidad de debate racional.

Hacernos expendedores de sambenitos.

Reírnos del otro para no llorar por nosotros…

¿No me digan que no es para troncharse de risa?

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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