Entre otros medios, la altura intelectual de nuestras ideas se mide por la potencia de las ideas a las que nos oponemos. Cuanto más fuerza teórica tengan los argumentos contrarios más rigor y profundidad tendrán –o habrán de tener los nuestros –
El pensamiento débil o populista olvida completamente esta aseveración, más aún hace todo lo contrario de lo que ella aconseja. Así, la demagogia intelectual lo primero que hará es construir una caricatura de las ideas a las que dice oponerse. Un muñeco de paja, simplón, endeble, ridículo al que el sofista populachero pondrá con facilidad prender fuego con sus supuestos argumentos y falsaciones.
Un ejemplo de actualidad en este tiempo de masacres de poblaciones civiles en Oriente Medio y de guerra en el corazón de Europa, sería el “pacifismo”.
El pacifista sería un niño bien, que goza de todos los privilegios y libertades de Europa, y cuyo corazón melifluo y acostumbrado a las comodidades se sentiría “afectado” por la crueldad de la guerra.
El pacifista sería una especie de Bambi urbano, obnubilado por los restos del Mayo del 68, del hipismo, del haz el amor y no la guerra, incapaz en su minoría de edad mental de comprender las terribles amenazas de lobos, dragones y brujas que acechan al bosque balneario donde vive: Europa.
El pacifista, en su absoluta falta de realismo, provocaría con su oposición a la guerra exactamente lo contrario de lo que dice pretender. Favorecería el propio desencadenamiento de la guerra al debilitar la capacidad de defensa propia y permitir el desarrollo sin cortapisa de la ajena… que por supuesto son malvados dictadores putinescos.
En definitiva, pues, el mejor camino para que la guerra se desencadenase sería el pacifismo –aquí el demagogo belicista siempre saca a colación a Hitler y la política de apaciguamiento de Francia e Inglaterra– por el contrario para preservar la paz lo mejor serían los cañones. La frase es vieja como los ejércitos del mundo: si quieres la paz, prepara la guerra.
El belicista populista con su espantapájaros del pacifista ridículo ha logrado alejar a los pájaros de nuestra atención del campo sembrado de lo que realmente pasa.
Ha desaparecido la geopolítica y las luchas de intereses de las grandes potencias; se ha ocultado la crisis de hegemonía americana y su estrategia belicista para impedir el ascenso de China; se ha echado tinta de calamar sobre los efectos de la globalización con su rosario de conflictos, invasiones, aculturaciones y estados fallidos; se ha escondido el eurocentrismo –forma superior de racismo– tras demonizaciones de religiones y culturas, especialmente el Islam; se ha ocultado la política belicista y expansionista de la OTAN con el espantajo de un nuevo ejército rojo al mando del malvado Putín… lo cual no justifica el carácter dictatorial y la política inaceptablemente agresiva de la actual dirigencia rusa.
Asistimos a un cambio en el Sistema Mundo caracterizado por el fin de la hegemonía americana y el ascenso de China. Todos los cambios geopolíticos de esta naturaleza que en la historia han sido, han dado lugar a conflictos, catástrofes y guerras. Es nuestro deber como especie intentar que esta vez no sea así: nuestra propia supervivencia está en peligro.
El verdadero pacifismo aquí y ahora es el intento racional, organizado e internacional de que el fin del sistema mundo actual no nos conduzca a la Tercera Guerra Mundial.
Con la actual política belicista de la OTAN solo estamos echando más leña al fuego: Si quieres la guerra, prepara la guerra.