Comparto la indignación del amigo-historiador.
Disculpad compañeros, no tengo nadie mejor con quien desahogarme.
Estoy empezando a odiar
odio al miserable que se le ha ocurrido enviar a 8.000 personas a la aventura de la playa de Ceuta,
odio a quien dude que ese miserable esté en Marruecos,
odio a los miserables que hablan de invasión,
(los nietos políticos de los miserables que no vieron invasión en la Marcha Verde)
odio a los miserables que escriben esos tuits contra el abrazo de Luna que superan la obscenidad y la maldad,
odio al miserable que, de nuevo, quiere sacar tajada política de esta circunstancia y la aprovecha una vez más para pedir que el PSOE rompa con Podemos,
petición retórica,
petición cínica, porque no le he oído decir nada sobre las reacciones de sus socios de gobierno en casi todas partes que gobiernan: Andalucía, Murcia, Madrid,
y casi empiezo a odiar al sibilino gallego que no puede evitar añadir a la aceptación de lo que es una obligación de humanidad, la acogida a menores, eso de que de todas maneras discrepa con el reparto… en vez de decir, que es lo que una persona de bien díría, y si es preciso que vengan más, que lo hagan, que Galicia tiene los brazos abiertos.
Vergüenza eterna para todos ellos.