“La máquina utópica que quiere tapar la cruda realidad: hay que dejar de extraer combustibles fósiles” de Eduardo Robaina

Una buena aproximación a la falsedad de las utopías tecnológicas y a nuestra realidad real.

En Islandia ha empezado a funcionar una infraestructura capaz de capturar CO2 y convertirlo en roca. Harían falta 8,5 millones de máquinas similares para retirar las emisiones que se expulsan cada año a la atmósfera. Unas horas antes, un estudio insiste en que es necesario dejar en el suelo los combustibles fósiles.
Este jueves 9 de septiembre ha empezado a funcionar en Islandia la máquina más grande del mundo capaz de capturar de dióxido de carbono del aire y convertirlo en roca. Según el medio 
Bloomberg, su construcción ha costado entre 10 y 15 millones de dólares. Esta nueva megainfraestructura llega un día después de que un estudio científico publicado en Nature insista en que la mayor parte de los combustibles fósiles (cuya quema produce CO2) deben permanecer en el suelo para 2050 si se quiere mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C.
La llamada
captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) no es ninguna novedad. Los gobiernos y empresas llevan muchos años confiando en ella hasta el punto de incluirla en sus planes climáticos. Sin embargo, se trata de una tecnología cuya aplicación a gran escala sigue siendo más una utopía que una realidad, por lo que hasta ahora no es un gran aliado en la tarea de reducir gases de efecto invernadero.
En el caso de la planta estrenada en el país nórdico, ésta es capaz de absorber cada año hasta 4.000 toneladas de CO
2según la propia empresa responsable del proyecto. En 2020, las emisiones de dióxido de carbono fueron de unas 34.000 millones de toneladas. Eso quiere decir que esta máquina, de inversión millonaria, solo sería capaz de absorber el CO2 que emite la humanidad durante 3,71 segundos. Harían falta 8,5 millones de plantas como la islandesa para retirar todas las emisiones que se expulsan en un año a la atmósfera.
Con este panorama, la medida más eficaz para hacer frente al cambio climático sigue siendo la
más obvia: dejar de usar el principal elemento responsable del calentamiento global de la atmósfera. Es decir, los combustibles fósiles. Según el estudio publicado este jueves, la producción mundial de petróleo y gas debe disminuir en un 3% cada año hasta 2050 para alcanzar el objetivo de grado y medio al que apela el Acuerdo de París. «Muchos proyectos de extracción de combustibles fósiles, tanto planificados como operativos, no son propicios para cumplir con los límites y los objetivos acordados internacionalmente sobre el calentamiento global», sostienen los autores, investigadores de la University College London (UCL).
Casi el 60% del petróleo y del gas metano fósil y casi el 90% del carbón deben permanecer bajo tierra a mediados de siglo para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 ºC, de acuerdo con las estimaciones realizadas. Además, hay que tener en cuenta que las conclusiones se basan en una probabilidad del 50%, lo que significa que para aumentar la probabilidad de alcanzar el objetivo de temperatura sería necesario un descenso aún más rápido de la producción y dejar más combustibles fósiles en el suelo.
Como volvió a recordar recientemente el IPCC en su último informe
cada décima de temperatura extra importa. Por ejemplo, en un planeta con un calentamiento de 1,5 °C aumentarán las olas de calor, se alargarán las estaciones calurosas y se acortarán las frías. Además, se prevé que las precipitaciones intensas y las inundaciones asociadas se intensifiquen y sean más frecuentes en la mayoría de las regiones de África y Asia, América del Norte y Europa. También se espera que sean más frecuentes y/o graves las sequías agrícolas y ecológicas. En definitiva, los eventos extremos serán cada vez más severos y habituales a medida que el planeta se caliente.

Los combustibles fósiles no se deben tocar
Los mayores poseedores de reservas, como Oriente Medio, Rusia y otras antiguas repúblicas soviéticas, son los que más influyen en el panorama mundial. Todos estos, junto con Estados Unidos, tienen la mitad de las reservas mundiales de carbón, y deberían mantener el 97% de las mismas en el suelo para 2050. En el caso de Australia, el 95%. Otros como China e India, con cerca de una cuarta parte de las reservas mundiales de carbón, necesitarán mantener el 76% bajo tierra.
En cuanto al petróleo, los Estados de Oriente Medio tienen más de la mitad de las reservas mundiales, por lo que sería necesario mantener casi dos tercios en el suelo. Canadá, por su parte, debe mantener intacto el 83% del petróleo de las arenas bituminosas.
Si se quiere cumplir con objetivo más ambicioso del Acuerdo de París, el análisis estima que Europa debe dejar bajo tierra el 72% del petróleo, el 43% del gas metano fósil y el 90% del carbón para mediados de siglo.
Este análisis deja clara la enorme desconexión que existe entre lo que necesita la humanidad para mitigar la crisis climática y los planes de la industria fósil (y las empresas que la sostienen). «Nuestro nuevo artículo añade más peso a las investigaciones recientes, indicando que la producción mundial de petróleo y gas metano fósil ya ha alcanzado su punto máximo», afirma Dan Welsby, del Instituto de Recursos Sostenibles de la UCL y autor principal de la investigación.
Y añade: «Desde una perspectiva regional, nuestros resultados sugieren un riesgo de transición significativo para los grandes productores de combustibles fósiles. La producción de petróleo en Oriente Medio, por ejemplo, se reduce aproximadamente a la mitad entre 2020 y 2050, lo que sugiere que la diversificación de las economías para dejar de depender de los ingresos procedentes de los hidrocarburos es absolutamente crítica».
Los autores señalan la importancia de garantizar una transición justa para los muchas personas que actualmente dependen de la industria de los combustibles fósiles.

Fuente: https://www.climatica.lamarea.com/maquina-utopica-combustibles-fosiles/

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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