Con palabras del autor: “Lo que adjunto es un desahogo personal originado por la última «boutade» de la que me he enterado sobre lo de Afganistán. Como no hay nada, por horrible que sea, que no se pueda empeorar, quizá mañana esto de ahora quede pequeño, pero eso será mañana. Por supuesto, si os parece de algún interés, podéis difundirlo cuanto queráis. Saludos cordiales”.
Mientras cada día se hace más patente la catástrofe política que supone Afganistán para la llamada comunidad internacional (lease USA y países satélites), prosigue el silencio aturdido (fuera de algunas hipócritas lágrimas de cocodrilo) de nuestra sedicente izquierda oficial y oficialista, al tiempo que la derecha tradicional intenta desligarse de sus responsabilidades y la tradicionalista amenaza con la inminente hegemonía total de China y Rusia; si bien esto, en contra de lo que pasaría si lo creyeran de verdad, no parece alterar su placidez veraniega. Sin embargo sí hay quien permanece atento al panorama y dispuesto a intervenir para impedir lo peor o, al menos, para intentar ganar unos cuantos votos en las elecciones que se le avecinan. He aquí que, cuando peor se ponen las cosas, el presidente Macron ha lanzado la genial idea de que Naciones Unidas establezcan una Zona Segura en Kabul. Desafortunadamente, seguramente por el apresuramiento que imponen los acontecimientos, se le ha olvidado decir que tropas asegurarían esa zona, una vez que el USMC desaparezca de allí este 31 de agosto, ya que los drones son de gran utilidad para asesinar niños o presuntos dirigentes terroristas, pero de ninguna a la hora de proteger vidas. En cuanto a ofrecer tropas francesas (algo muy oportuno en Afganistán por cuanto, como se sabe, la palabra francesa para ejército es femenina) es evidente que la modestia del Sr. Macron le ha vedado hacerla. Así las cosas y puesto que la idea promete tener un buen recorrido, deseamos aportar nuestra humilde, pero muy justificada, sugerencia: Sin duda alguna el ejército de los Países Bajos es el adecuado para desarrollar felizmente esta delicada misión. Su intervención durante la destrucción de Yugoslavia en aquellas primeras “zonas seguras” de Naciones Unidas, así lo certifica. Es más, las unidades neerlandesas que actuaron en la “zona segura” de Srebrenica en 1995 serían las más apropiadas para actuar ahora en Kabul, puesto que ya demostraron su gran capacidad para proteger a civiles musulmanes. En resumen, no nos cabe duda de que la idea macroniana, completada con lo dicho aquí, debe ser ejecutada cuanto antes si deseamos detener la catástrofe humanitaria en Afganistán.