En esos versos del poema “A plena voz”, que escribe hacia 1930 (como en “150.000.000”, de 1919), Maiakovski sabe que los ojos del mundo están puestos en los bolcheviques, en un cambio vertiginoso que estaba haciendo “inventario del universo”. En los primeros meses del gobierno comunista, el poeta se detiene en la fuerza imparable de la revolución y califica a Woodrow Wilson de “bola de grasa”.
No en vano, mientras el presidente estadounidense hablaba en Versalles de paz y autodeterminación, su país ocupaba Haití, trataba a Nicaragua como un protectorado, enviaba tropas a la República Dominicana y a México, ocupaba Veracruz y había enviado el verano anterior miles de soldados a Siberia a luchar contra los bolcheviques, su American Expeditionary Force ocupó Vladivostok, y mandó miles más a Arcángel, en el norte de Rusia, para que ayudasen al ejército blanco de zaristas y aliados.
Vladímir Vladímirovich Maiakoski se convirtió en el poeta de la revolución bolchevique, y un siglo después sigue siendo uno de sus rostros. Para acercarnos a él, además de su breve autobiografía, Yo mismo, contamos con la exhaustiva obra de Aleksandr Mijaílov, El poeta de la revolución, con las biografías de Bengt Jangfeldt y de Valentin Skoriatin, con las páginas de Ósip Brik escritas en 1931, con las de Veronika Vitoldovna Polónskaia (su última pareja, que escribió sus memorias, Mi Maiakovski) y con las de Svetlana Strizhneva, escritas setenta años después, e incluso con el sueño de Tabucchi, entre muchos otros textos. La reciente investigación de Natalia Karakulina concluye que Maiakovski continúa ocupando un lugar central dentro del canon literario ruso, y su poesía influyó en Neruda y Aragon, pasando por Nazim Hikmet, y en muchos otros poetas con su juego de pausas, énfasis y ritmo, un vocabulario al servicio de la revolución y un sistema nuevo para poner los versos en la página.
No faltan tampoco quienes aprovechan para sembrar sospechas sobre su trágico final. Valentin Skoriatin, en su libro El misterio de la muerte de Maiakovski, sostiene la hipótesis del asesinato organizado por los servicios secretos, algo parecido a las conjeturas urdidas con el suicidio de Yesenin (que se quitó la vida aquejado de una dura depresión) que tanto impresionó a Maiakovski. Skoriatin lanza también sospechas sobre la relación de Lili Brik y su esposo, Ósip Brik, con el OGPU y cuestiona la versión oficial del suicidio por un desengaño amoroso con la actriz Veronika Polónskaya tras una fuerte discusión. Pero el poeta era un hipocondríaco y había pensado ya en la idea del suicidio. Con ocasión del I Congreso de escritores soviéticos, Alberti se encontró con Aragon en casa de Lili. El congreso se celebró en 1934, presidido por Gorki, y acogió a la Unión de Escritores soviéticos, fundada dos años antes. Faltaba Maiakovski.
Esa fotografía de 1924 donde lo vemos junto a Pasternak, Lili Brik y Eisenstein, parece ahora el grito de un tiempo de titanes. Con poco más de veinte años Maiakovski ya dedicaba sus poemas a Lili Brik, la fascinante mujer que con Ródchenko sigue gritando “Libros” y que inició su romance con el poeta en 1915. Tres años después, Lili, Maiakovski y Ósip Brik ya convivían, y la relación amorosa continuó hasta 1923. El poeta se encontraba a gusto: “Estamos muy bien juntos, yo dibujo y él [Ósip] me lee a Chéjov”. Maiakovski se suicidó en 1930, y su amada Lili Brik también lo hizo, aunque casi cincuenta años después.
Maiakovski era georgiano, hijo de un hombre de familia cosaca con orígenes en Zaporiyia, sobre el Dniéper, y nació en Baghdati, pequeña población que entre 1940 y 1990 se llamó Maiakovski, aunque la furia de la contrarrevolución borró su nombre y también de la plaza moscovita donde sigue levantándose su estatua. Su madre le leía poemas de Pushkin, Lérmontov, Nekrásov. En 1906, tras la muerte de su padre, fue a Moscú con la familia, donde con trece años quedó impresionado por la ciudad. Tenían una difícil situación económica: la madre tuvo que alquilar habitaciones para subsistir. Con apenas quince años, Maiakovski ingresa en los círculos del POSDR, en la fracción bolchevique: es el camarada Konstantin. Tres meses después es detenido por la policía zarista, que descubre una imprenta clandestina utilizada por los militantes. En 1909 vuelve a ser detenido en dos ocasiones y encerrado durante varios meses en las prisiones de Basannaia, Meshchanskaia, Miasnitskaia, y finalmente en la fortaleza moscovita de Butirskaya, en la celda 103. Allí lee a Tolstói, Shakespeare, Byron, Nekrásov, Hegel, Feuerbach. No lejos de esa prisión, en la actual Triumfalnaya Ploshchad moscovita, está desde 1958 la estatua de bronce de seis metros sobre un gran pedestal de granito que levantó Aleksandr Kibálnikov para honrar al poeta.
Inclinado al arte, Maiakovski estudia pintura con Stanislav Zhukovski, un artista que, detenido por los nazis, moriría en la deportación en 1944; y después con Piotr Kelin, un pintor que en los años veinte retratará a figuras relevantes de la revolución bolchevique como Nikolái Podvoiski (el primer comisario del pueblo para dirigir el Ejército Rojo), Vladímir Antónov-Ovséienko y Anatoli Lunacharski. Siempre precoz, con dieciocho años Maiakovski se atreve a intervenir en el debate sobre arte moderno que organizó la vanguardista Sota de Diamantes, Бубновый валет, un nombre elegido por Mijaíl Lariónov, que identificaba a gente de poca confianza, pícaros, donde participaron Piotr Konchalovski, Iliá Mashkov, Natalia Goncharova, Alekxandr Kuprín, Kazimir Malévich, Vladímir Tatlin, Vasili Rozhdestvenski, Robert Falk. Conoce entonces a David Burliuk, un poeta y pintor que le ayuda económicamente y con quien Maiakovski iniciará el futurismo ruso, que se expresa en el manifiesto «Una bofetada al gusto del público». Como joven rebelde y airado, exige entonces echar a Pushkin, a Tolstói, a Dostoievski, y envía a Gorki, Sologub, Kuprín, Blok, Remizov (apreciado por Joyce pero detestado por Nabokov) a “una casa a orillas del río”. El simbolista Blok, a quien Gorki consideraba el mejor poeta ruso, era admirado por Maiakovski pero algunos lo consideraban un reflejo de la cultura de la vieja Rusia, aunque apoyó la revolución, muere en 1921, y Vladímir Vladímirovich lo define en el obituario como “la figura más limpia y honesta de su generación”. Gorki defenderá después a Maiakovski, e hizo gestiones para que se publicasen sus poemas.
En 1913 publica su primer libro: Я, (Yo), y estrena una pieza teatral que lleva por título La rebelión de los objetos (que la censura zarista creyó que era Vladímir Maiakovski, confundiendo obra con autor) una sucesión de monólogos con el poeta como víctima, “mártir”, y donde ya introduce la idea del suicidio. La representación, a la que asistió Meyerhold, recibió una sonora bronca del público de San Pete
rsburgo. Empieza también a escribir sobre cine, pero será ya en los años veinte cuando escriba en la revista Kino-Fot. En julio de 1915, el poeta conoce a Ósip y Lili Brik: afirma que, para él, es “la fecha más feliz”. Maiakovski, con su blusa de obrero o campesino, de color amarillo, llamaba siempre la atención; recoge esa prenda en un poema: “Me haré pantalones negros, / del terciopelo de mi voz, / y una blusa amarilla, / de tres metros de atardecer, / y pasaré por la mundial Perspectiva Nevski”. Sin recursos, la primera blusa se la había hecho su madre.
Maiakovski concibe al futurismo como “la poesía de la ciudad”, repleta de máquinas, tuberías y humo. En los primeros meses de 1914 realiza una gira futurista que le lleva a Sebastopol, Kerch, Odessa, Chisinau, Kiev, Minsk, Kazán, Rostov, Tiflis, Bakú, en recitales interrumpidos con frecuencia por la policía, y que hacen de la provocación al público y de las maneras extravagantes una identidad y una militancia. Pero los futuristas rusos no conectan con los de Marinetti (Balla, Depero, Dottori, Bertelli, Sironi), que se precipitan hacia el fascismo. El poeta italiano visitó Moscú en 1914, pero los futuristas rusos lo evitaron. Maiakovski se vio brevemente con Marinetti en París, en junio de 1925, con ocasión de la Exposition internationale des arts décoratifs et industriels modernes, y constató sus profundas diferencias con él.
Cuando estalla la gran guerra Maiakovski no es aceptado como voluntario, aunque en septiembre de 1915 es convocado a filas: ha cambiado ya de opinión y no quiere ir, pero es destinado a Petrogrado a la Escuela de Automóviles militares hasta que, nueve meses después, consigue una licencia de tres semanas, y en el verano de 1916 conoce a Esenin. La revolución de febrero de 1917 derriba al zar. En medio de la huelga general, Maiakovski participa en la revuelta, va a la Duma y entra en el despacho del presidente, Mijaíl Rodzianko, y con otros soldados detiene al general que dirigía la Escuela militar donde estaba destinado. En mayo, en medio de la efervescencia revolucionaria, empieza a trabajar en el periódico Nueva vida que dirige Gorki, aunque después lo abandona (como hacen otros bolcheviques siguiendo las indicaciones del partido) porque pasa a estar dirigido por los mencheviques. Poco después participa en un encuentro de escritores, poetas, músicos, convocado por el Proletkult, donde deciden que solamente los bolcheviques y los socialistas revolucionarios pueden pertenecer a la asociación, aunque Maiakovski se muestra contrariado. En agosto consigue otra licencia de tres meses de la Escuela y se moviliza contra la guerra.
Cuando estalla la revolución bolchevique, el 25 de octubre, Maiakovski, como John Reed, está en el Instituto Smolni, el centro desde donde Lenin, Trotski, Kámenev, Zinóviev, Stalin, dirigen las operaciones. Cinco días después, ya liberado de las obligaciones militares, participa en el Smolni en la gran asamblea de escritores y artistas que debate la colaboración con el gobierno revolucionario soviético. Maiakovski es un apasionado bolchevique: diez años después creará su poema ¡Bien!, para celebrar el aniversario, composición que Lunacharski consideró “la revolución bolchevique fundida en bronce”. La pasión y el entusiasmo revolucionarios se extienden por todo el país, aunque las dificultades son inmensas. “Camaradas, / dad un arte nuevo / un arte / que saque a la república del fango”, los versos de 1918 que cierran su poema Orden número 2 al ejército del arte, muestran la urgencia del momento. Mientras los viejos académicos y los simbolistas desconfían, los futuristas abrazan la revolución aunque no dejan de recibir críticas (el propio Lunacharski lo hace) y desconfianza desde otros sectores que apoyan los cambios que está impulsando el gobierno soviético en medio de una enorme agitación: Malévich llega a proponer en un artículo sobre los museos “quemar todas las épocas” y guardar las cenizas, aunque Lenin, más sensato, en las primeras decisiones del gobierno soviético en 1918, impulsa la conservación del patrimonio nacional, nacionaliza la galería Tretiakov, protege las bibliotecas, las obras de arte, literarias y científicas, organiza la publicación de clásicos rusos. Mientras, ya ha comenzado la ofensiva de los contrarrevolucionarios blancos, que enciende la guerra civil con el apoyo de las potencias capitalistas que causará millones de víctimas.
En marzo de 1918, Maiakovski funda la Газета Футуристов (Gazeta Futuristov) con David Burliok y Vasili Kaminski: son las tres cabezas del futurismo ruso. Exige sacar el arte de los museos y llevarlo a las calles. Tiene buena acogida pero solo publican un número. En esos días, Maiakovski escribe el guion de No nace por dinero (basado en Martin Eden, de Jack London) y protagoniza el film, que se ha perdido, en el papel del poeta Ivan Nov. Fue una de las tres películas mudas que Maiakovski protagonizó ese año para la compañía Neptune Film, junto con La señorita y el gamberro (la única que se conserva completa, basada en un cuento de Edmondo de Amicis) y Encantado por el cine. Pasa penurias, como todos: durante el verano se alimenta de pescado salado y guisantes resecos. El Proletkult consigue enrolar a centenares de miles de trabajadores y campesinos que integran grupos y colectivos que trabajan con la revolución.
En “La marcha de la izquierda”, de 1918, Maiakovski llama a luchar contra los enemigos de la revolución, y en la primavera de 1919 regresa a Moscú, donde consigue una habitación junto a la Lubianka, en el Lubianski Proyezd, donde ahora está el museo que honra su memoria, y trabaja duramente dibujando carteles para ROSTA, la Agencia Telegráfica Rusa, y después en Glavpolitprosvet, el organismo que orienta el trabajo educativo y de propaganda dirigido por Nadezhda Krúpskaya que, después, dirá: «Debemos aprender de Maiakovski: sus obras son cortas, extremadamente figurativas, llenas de movimiento y contenido…». Maiakovski escribe también textos para los almacenes GUM. En 1921 se había publicado el célebre poema 150 000 000, que no le gustó mucho a Lenin, quien escribe a Lunacharski reprochando que se hayan publicado tantos ejemplares, disgusto que recoge en sus memorias el comisario del pueblo de Instrucción Pública. Pese a ello, los versos de Maiakovski atacando a la burocracia agradaron al principal dirigente bolchevique. El mismo año, Kornei Chukovski publica su célebre artículo “Ajmátova y Maiakovski”, donde los define como figuras opuestas de la literatura rusa: la contención clásica y refinada de Anna Ajmátova frente a la fuerza explosiva y revolucionaria de Maiakovski que está preparado «no para escribir, sino para gritar». Lunacharski defendió a Maiakovski: en 1931, tras el sucidio, escribió que el poeta tenía un “doble”: “Estaba hecho de todo lo mezquino que aún vivía en Maiakovski. Sin embargo, sus rasgos pequeñoburgueses no eran desagradables. Si esto hubiera sido una codicia por el dinero, si hubiera sido intrigante, si esto hubiera sido una calumnia o mezquindad en las relaciones con los demás, en una palabra, todo lo que comprende el trasfondo habitual de la vida de un individuo trivial, Maiakovski simplemente lo habría llevado todo al vertedero más cercano.” Esa noción de la doble identidad de Maiakovski (su lirismo individualista frente a su entrega a la revolución) es recogida también por su biógrafo Mijaílov.
Maiakovski dirige obras para el teatro, como Misterio, que se representa en 1921 con ocasión del III Congreso de la Internacional Comunista, insiste en la dignificación del trabajo y de las ocupaciones de obreros industriales y artesanos. En su emocionado poema “Al camarada Nette” (mensajero soviético, letón, asesinado por asaltantes que querían robar la valija diplomática), Maiakovski escribe “Cómo me alegro de que vivas / la vida humeante de chimeneas, / maromas / y ganchos”. En 1922 organiza la editorial de la Asociación de Futuristas de Moscú, y el LEF, Frente de Izquierda de las Artes, y en París conoce a Picasso, Léger, Cocteau; empieza a escribir en Izvestia, y en Trud, el órgano de los sindicatos, como harían también Nikolái Rubtsov, Evtushenko y Yuri Nagibin. Después, encabeza el REF, Frente Revolucionario de las Artes, y pocos meses antes de morir ingresa en la RAPP (Rossíyskaya Assotsiátsiya Proletárskikh Pisáteley) la Asociación Rusa de Escritores Proletarios que se había fundado cinco años antes. Tras la muerte de Lenin, en el mismo año Maiakovski publica su poema Vladímir Ilích Lenin, abordando la figura del dirigente bolchevique, “organizador de la victoria”, a quien tiene en gran estima, obra que es recibida con entusiasmo y aprobación. En el poema, escribe: “la muerte / no sabe disculparse”. Viaja por el país de los sóviets, recita sus versos ante grandes audiencias, que son convocadas con originales carteles en las calles, repite que no le importa si es poeta o no, y que está junto al gobierno soviético y el Partido Comunista.
En 1924, Maiakovski asistió conmovido en París al traslado de los restos de Jean Jaurès al Panteón, y se emocionó también viendo izar (por primera vez en Francia) la bandera roja de la Unión Soviética en la embajada. En 1925 Maiakovski viaja a América, como hizo Gorki, y pasa seis meses entre La Habana, Veracruz, Ciudad de México (donde conoce a Diego Rivera), Nueva York, Chicago, Filadelfia, Detroit, Cleveland. En todas las ciudades habla, a veces, ante miles de personas. También llega a Francia y España. En Francia lanza su adiós: “Yo quisiera / vivir / y morir en París / si no existiera / una tierra llamada Moscú.” De esos viajes surgirá Poemas sobre América. Al año siguiente escribe el emocionado “A Sergei Yesenin”, que se había suicidado en 1925. En su viaje americano, Maiakovski mantiene una relación con una inmigrante rusa llamada Elizabeth «Ellie» Jones (nacida Elizaveta Petrovna Zibert), de la que nació una hija, Patricia Thompson, a la que el poeta conoció en Niza en 1928. Thompson murió hace solo una década y nos dejó su Maiakovski en Manhhattan sobre la vida de sus padres. El poeta tuvo otro hijo, Gleb-Nikita Lavinski, de su relación con la escultora Elizaveta Lavinskaya.
Hizo nueve viajes al exterior, el primero en mayo de 1922 a Letonia, entonces independiente, cuyo gobierno no le permitió dar una conferencia y destruyó miles de libros del poeta soviético preparados ya para la distribución. A finales de ese año visitó también Berlín y París. En París, donde desde 1928 mantenía una relación con Tatiana Yákovleva (una rusa de veintidós años que había huido siendo niña de la revolución bolchevique, y a la que el poeta llegó a proponer matrimonio, como también hizo en otro momento con Natalia Bryukhanenko) tuvo dificultades: Elsa Triolet (hermana de Lili Brik) recuerda en sus memorias que acompañó a Maiakovski a la prefectura porque la policía quería expulsarlo del país. En ese viaje se encontró con Louis Aragon. Fue a visitar la tumba de Baudelaire, y en 1929 no pudo reunirse con Tatiana Yákovleva en París, aunque poco después entró en su vida la actriz Veronika Polónskaia. En esos días, el joven Shostakóvich compone la música para la obra teatral de Maiakovski, La chinche, que dirige Meyerhold con escenografía de Ródchenko.
Maiakovski indagaba en un nuevo lenguaje poético, amaba la sátira, impugnaba el arte burgués, la religión y el sistema capitalista que oprimió a Rusia, escribía sus versos para leerlos en público en voz alta, amaba a las mujeres hermosas, repudiaba la burocracia y los fenómenos negativos en la revolución, y elaboró una forma peculiar de versos centrados (llamados bolardos) abandonando los dispuestos a la izquierda de las páginas, y otros escalonados que tenían la función de marcar el ritmo en los recitales ante las muchedumbres (“Los versos se alinean / con pesadez aplomada / dispuestos para la muerte / y para la gloria inmortal). Se convirtió después en el fundador del realismo socialista junto con Gorki. Entonces es ya célebre en toda la Unión Soviética, los trabajadores lo reconocen, acude a los cuarteles del Ejército Rojo, es aclamado en sus recitales.
El 21 de enero de 1930, en el sexto aniversario de la muerte de Lenin, Maiakovski lee en el teatro Bolshói su poema sobre el dirigente bolchevique ante numerosos representantes obreros de las fábricas, el gobierno y el comité central del Partido Comunista. Maiakovski recita con gran emoción; cuando termina, el teatro estalla en una gran ovación. Era duro en los debates ideológicos pero decente. Atrapado por la depresión, inquieto por los enfrentamientos políticos entre camaradas bolcheviques y por las disputas en los círculos literarios, cierra sus últimos versos: “Cuando me presente / al Comité Central / de los futuros / años radiantes / por encima de las bandas / de aprovechados y rufianes poéticos / levantaré / como carnet bolchevique / los cien volúmenes / de mis / libros de partido.”
Sobre su suicidio, Lunacharski, que había hablado del “doble”, escribe que “el inmortal Maiakovski sigue vivo”, y recoge las palabras del poeta: “No temía a este doble en política, ni en la poesía, ni en alta mar, donde hablaba, megáfono en mano, al barco Nette, sino en un pequeño lago sentimental donde canta el ruiseñor, la luna brilla y el barco de las velas de amor, ahí es donde naufragaba. No me preguntes nada más al respecto. Allí mi doble era más fuerte que yo, allí me superó y me hizo entrar, y sentí que si no mataba al metal Maiakovski, probablemente seguiría viviendo como un hombre roto”. Trotski lo había criticado con respeto (lo considera lleno de talento, pero bohemio) en un texto sobre el futurismo escrito en 1924: “Ciento cincuenta millones debía ser el poema de la revolución. Pero no lo es.” En cambio, en 1930, tras el suicidio, aunque afirma que en Maiakovski “los golpes de genio están empañados por estrofas triviales, incluso por la fuerte vulgaridad”, elogia su papel y no deja por ello de reconocer que en los años de transición fue “un precursor indudable de la literatura de la nueva sociedad”, y ante la nota oficial que declaraba que su muerte “no tiene nada en común con la actividad pública y literaria del poeta”, Trotski, rotos los lazos con el partido bolchevique, lo niega: “Esto es falso, innecesario y estúpido.” Stalin elogiará después a Maiakovski: “el mejor poeta soviético”.
El 12 de abril de 1930, dos días antes del suicidio, Maiakovski deja una nota: “De mi muerte, no se culpe a nadie” […] Camarada gobierno: mi familia se compone de Lili Brik, mi madre, mis hermanas y Veronika Vitóldovna Polónskaia.” Es probable que la mezcla de críticas a Maiakovski surgidas en la RAPP, donde había ingresado pocos meses antes, el fracaso de su obra teatral Banya (La casa de baños), el hecho de que los dirigentes soviéticos (Stalin, Mólotov, Voroshílov, Kaganóvich) no acudieran a la exposición sobre sus veinte años de trabajo por la revolución, y la difícil relación con Veronika Polónskaia, precipitaran el final. Aquel 14 de abril ha sido utilizado para verter veneno sobre los camaradas de Vladímir Vladímirovich Maiakovski, aunque en su último poema, “A plena voz”, que abre con la apelación a los “estimados camaradas descendientes”, no deja margen de dudas sobre su fe en el comunismo: “Nos hicieron / abrazar la bandera roja / los años de trabajo / y los días de hambre.”
Escuchad, camaradas descendientes. Junto a la Lubianka, su apartamento convertido en museo muestra ahora el escritorio de Maiakovski, manuscritos como “Una nube en pantalones”, cartas, los sonidos del Moscú de los años veinte, su máquina de escribir. Allí vivió desde 1919, hasta el final. Decenas de miles de personas acudieron a despedirlo, y está desde entonces en Novodévichi, junto a Chéjov, Gógol y Shostakóvich. Los versos que el diplomático y poeta Fiódor Tiútchev dedicó a Pushkin pueden también dedicarse a Maiakovski: “A ti, como al primer amor, / no te olvidará el corazón de Rusia”.
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