Apuntes sobre La estructura lógica de El capital de Marx, de Jindrich Zeleny.
Introducción
Para dar continuidad a las reflexiones que venimos trabajando en torno a la cuestión de la dialéctica en el marxismo, vamos a recuperar algunas de las principales discusiones presentadas en un clásico de la segunda posguerra dedicado al tema.
Jindrich Zeleny (1922-1997) fue un destacado intelectual y docente universitario marxista checo. Su libro La estructura lógica de El capital de Marx aporta una reflexión muy elaborada sobre cuestiones como el tipo de procedimientos lógicos utilizados por Marx (formales y dialécticos), su concepción de ciencia y la relación de estos temas con un enfoque filosófico más general. El trabajo es una contribución sustancial a la célebre discusión (nunca del todo saldada) sobre “el método de Marx”, pero también sobre la orientación filosófica del marxismo, al mismo tiempo que se ubica en ciertas coordenadas del marxismo de la segunda posguerra, en el que tenían peso las discusiones sobre estos temas, al calor de la publicación de los Manuscritos de 1844 y los Grundrisse como de las lecturas sobre Marx puestas en práctica por autores como Althusser y otros.
El libro se divide en dos partes. La primera se titula “Sobre el análisis genético-estructural materialista-dialéctico” y la segunda “La lógica de El capital y la crítica de Hegel por Marx”. Luego de estas dos partes, el autor presenta un último apartado de conclusiones. En este artículo trabajaremos sobre todo con la primera parte, aunque recuperaremos algunos temas planteados en la segunda y en las conclusiones. Antes, resumiremos los puntos principales que el autor apunta en la introducción, porque sirven para entender los objetivos del trabajo de Zeleny en líneas generales, así como el tipo particular de enfoque desde el que analiza los temas en discusión.
Zeleny sostiene que el tema de fondo –para el que su investigación prepara materiales auxiliares– es el de “saber si y en qué sentido la aparición del marxismo significa una transformación de la concepción de ciencia”, así como qué “contenido lógico” tiene esa transformación (Zeleny, 1978, p. 11). Esta discusión enlaza a su vez con otras dos: si el tipo de análisis llevado adelante por Marx en El capital tiene validez general como tipo nuevo de pensamiento científico, pregunta que, por otra parte, solo puede responderse mediante “una clarificación de la relación de Marx con la metafísica europea tradicional” (Zeleny, 1978, p. 12). Como no podía ser de otra manera, esta cuestión remite a la relación de Marx con el pensamiento de Hegel y a la discusión sobre en qué medida Marx, criticando simultáneamente la filosofía hegeliana y la economía política burguesa da lugar, con su obra, a “un nuevo y transformador comienzo en la concepción de la racionalidad” (Zeleny, 1978, p. 12). Aquí Zeleny concluye que el aporte de Marx en este plano consiste en “la superación de la contraposición tradicional de gnoseología y ontología en un método filosófico de investigación lógica de fundamentos que es nuevo en principio y que, por su contenido, se puede calificar de ontopraxeológico” (Zeleny, 1978, p. 12).
A partir de estas definiciones, Zeleny aborda un poco más específicamente la cuestión de la “lógica de El capital”. Señala que profundizar en este tema permite tanto resolver un déficit en los estudios marxistas del momento en el intento de “clarificar la relación entre la dialéctica materialista y la teoría analítica de la ciencia” (Zeleny, 1978, p. 12), como intervenir en el debate marxista con la elaboración de “algunos criterios útiles” que permitan ir más allá del “cisma entre la intención antropológica y la cientificista” (Zeleny, 1978, p. 13), en referencia a una de las típicas contraposiciones del debate marxista de la segunda posguerra.
En ese marco, Zeleny cierra su introducción con algunas definiciones relacionadas con la cuestión de la lógica. Sostiene que su estudio nos va a aportar algunos fundamentos para la discusión sobre “las relaciones entre la lógica formal y la lógica dialéctica” (Zeleny, 1978, p. 13), pasando a definir qué entiende por lógica, por “lógica de El capital” y los distintos niveles de problemas teóricos con que estas se relacionan (Zeleny, 1978, pp. 13/14):
Entiendo por lógica la ciencia de las formas del pensamiento que conduce al conocimiento de la verdad objetiva. La lógica se ocupa ante todo de las formas del pensamiento que encontramos en el pensamiento científico teórico, tal como este las utiliza y tal como, por lo tanto, se nos presentan en el plurimilenario desarrollo de la ciencia y, en particular, en los resultados y la actividad de las ciencias modernas. La expresión «estudiar la lógica de El capital de Marx» es evidentemente metafórica. Con ella se significa el estudio de qué lógica, qué conceptos y qué soluciones de la problemática lógica están implícitos en la obra económica de Marx.
Esta propuesta de lectura de la obra de Marx se fundamenta del siguiente modo (Zeleny, 1978, p. 15): “[N]o es posible concebir el planteamiento de la problemática lógica en el marco de una división tajante de la lógica en dos partes, una de ellas formal, sin ningún respecto de contenido, la otra material o de contenido y sin perspectiva formal alguna.”
Para Zeleny, la lógica no puede separarse totalmente de la teoría del conocimiento y la cuestión del conocimiento está vinculada a una concepción de la realidad en términos “ontopraxeológicos”, es decir, contraria a una división tajante entre gnoseología y ontología. De allí que cuestione la limitación de la lógica al estudio de la relación de consecuencia lógica, pero sin disolver la lógica en la gnoseología. Propone distinguir “varias capas y esferas de los campos lógicos conocidos por la investigación contemporánea” (Zeleny, 1978, p. 17): 1) la teoría de la relación de consecuencia (lógica de enunciados, lógica de predicados, lógica de clases): 2) las relaciones lógicas de probabilidad; 3) el estudio de la formalización como objeto de la investigación lógica; 4) la interpretación de los sistemas formalizados, que se puede subdividir entre la parte general (relación entre semántica y sintaxis lógica) y particular (aplicación a las ciencias especiales); 5) la construcción de los sistemas científicos en general y 6) la cuestión de los tipos lógicos del pensamiento científico.
Aclarando que la clasificación no pretende ser exacta y que varios de los puntos enumerados por separado en la realidad se solapan entre sí, Zeleny destaca que su libro se dedica sobre todo a las cuestiones agrupadas en los puntos 5 y 6, aunque en distintos momentos hará referencia a las propias de 1-4. Concluye la introducción de la obra con esta idea (Zeleny, 1978, pp. 19/20):
El estudio del tipo lógico del pensamiento científico es más abstracto que el del pensamiento científico ejercido en una disciplina especial. Por eso “la lógica de El capital” puede ponerse como objeto de estudio en una investigación que se interese ante todo por los métodos especiales de la economía política. Desde luego que no es posible separar totalmente ambas investigaciones, la general y la particular. Se trata solo de precisar cuál es el punto de vista predominante. En este trabajo se trata ante todo de estudiar «la lógica de El capital» en su relación con la cuestión de la novedad y el carácter específico del tipo lógico marxista de pensamiento científico.
En lo que sigue recuperaremos las cuestiones centrales del abordaje de Zeleny, no siempre siguiendo el orden en que el autor las ha presentado, para facilitar la exposición de los problemas.
¿Hacia una nueva concepción de la ciencia?
Este tema recorre todo el trabajo de Zeleny y abarca diversos aspectos: el tipo de análisis teórico llevado adelante por Marx, la relación que establece entre estructura y génesis, entre aspectos cualitativos y cuantitativos, la relación de los conceptos con su objeto, la relación entre teoría e historia, entre esencia y apariencia, entre análisis y síntesis. Zeleny destaca que Marx pretende exponer la “estructura interna” tanto como “las leyes del movimiento” del sistema capitalista. La combinación de ambas preocupaciones caracteriza el análisis “genético-estructural” propio de El capital. La comparación con Ricardo le permite a Zeleny establecer con más claridad la especificidad del tipo de análisis puesto en práctica por Marx, tanto como su concepción de la actividad científica. Nos detendremos brevemente en esa cuestión, porque es central para comprender las discusiones subsiguientes en torno a la cuestión de la “lógica de El capital”. Veamos las principales características del análisis de Ricardo según el autor (Zeleny, 1978, p. 26):
El análisis ricardiano del capitalismo implica una concepción de la explicación científica caracterizable por de pronto del modo siguiente: a) Se distingue entre superficie empírica y esencia. b) La esencia, o lo esencial, se entiende como algo inmutable, dado de una vez para todas al modo de los principios de Newton. Las formas empíricas aparienciales se consideran como formas inmediatas de manifestación de una esencia fija unas veces investigada y probada, otras aceptada como presupuesto evidente. Las formas empíricas aparienciales son fijas en el sentido de dotadas de carácter ahistórico y, al mismo tiempo, mutables en el sentido de la alteración cuantitativa. c) Las cuestiones a las que da respuesta todo ese análisis son, en formulación generalizada: ca) qué alteraciones cuantitativas de las formas empíricas se producen por razón de ley como consecuencia de alteraciones cuantitativas de la esencia; cb) qué alteraciones cuantitativas de las formas empíricas se producen por razón de ley como consecuencia de la alteración cuantitativa de algunas de las formas empíricas que se encuentran en interacción.
Prosigue Zeleny afirmando que “la cantidad de trabajo necesario para la producción de una mercancía” es esa “esencia fija” que permite comprender “todas las manifestaciones de la economía capitalista”, especialmente las leyes que determinan las relaciones entre terratenientes, capitalistas y trabajadores (Zeleny, 1978, p. 26). Partiendo de la pregunta de “¿cuál es el fundamento real del valor de cambio?”, Ricardo trata de pensar el problema de cuál es la causa principal de las alteraciones del valor relativo de la mercancía, indagando en qué rol pueden jugar en esas alteraciones cuestiones como la existencia de trabajos de diferente calidad, el aumento o disminución de los salarios, las alteraciones del valor del dinero, la apropiación de la tierra y su consiguiente producción de renta, así como se pregunta cuál es la causa de la constante alteración de la ganancia y de las alteraciones constantes del tipo de interés. En síntesis, se trata –según Zeleny– de un estudio centrado en los aspectos cuantitativos. Esto no significa que Ricardo no haga mención o no tome en cuenta determinaciones cualitativas de los procesos, pero sí que en su exposición son tomadas “de la simple representación, de la empiria, acríticamente, y como fijas, inmutables y sin mediar” (Zeleny, 1978, p. 29). Así ocurre, por ejemplo, con el salario, la ganancia y la renta de la tierra, que no son estudiadas “desde el punto de vista de su especificidad cualitativa” sino “como tres fuentes ’naturales’ constantes de tres clases ’naturales’ constantes de la población” (Zeleny, 1978, p. 29).
Zeleny destaca que Marx se apoya en las investigaciones de Ricardo, pero considera que su método es unilateral y defectuoso, por lo que va más allá de este (Zeleny, 1978, pp. 31/33):
a) Marx no rechaza ni considera inútiles o sin importancia la investigación ricardiana de las relaciones cuantitativas del intercambio mercantil; considera que son útiles para la comprensión de los «verdaderos fundamentos del valor de cambio» y del «carácter del capital». Marx reconoce la función positiva de esas investigaciones en el camino del conocimiento científico de los objetos estudiados. b) Pero las investigaciones cuantitativas de Ricardo dan, según Marx, una «descripción defectuosa» e insuficiente, y resultan «erróneas», porque en el contexto ricardiano no se percibe el carácter limitado y provisional de su función en el conocimiento del objeto, su limitación, el hecho de que son solo un momento en la totalidad del proceso del conocer, sino que se presentan como conocimiento total, como conocimiento del carácter) de la esencia (de la «nature» como se complacen en decir Ricardo y Smith) de los objetos investigados. Eso implica inevitablemente una concepción ahistórica de las categorías. c) La superación por Marx del punto de vista unilateralmente cuantitativo de Ricardo no significa que el primero preste menos atención a la determinación cuantitativa del objeto. Marx reconoce siempre más exacta y plenamente el aspecto cuantitativo del objeto cuando tiene importancia para el conocimiento científico (esto es, para el conocimiento de las leyes del desarrollo necesario del objeto, para llevar a cabo el análisis genético-estructural del objeto). Así por ejemplo, los análisis marxianos de los rasgos cuantitativos de la tasa media de beneficio son más amplios y más precisos que los de Smith y Ricardo. Del mismo modo, Marx estudia la magnitud del valor, primero la magnitud «absoluta», luego la relativa, luego en relación con el dinero, etcétera. d) Marx reconoce la justificación de una limitación y concentración de la investigación al estudio de las alteraciones cuantitativas en un determinado estadio del desarrollo de la ciencia y en el desarrollo del conocimiento científico de determinados objetos. Esa limitación y esa concentración arrojan un punto de vista unilateralmente cuantitativo cuando ocurren en las condiciones descritas en b). Pero pueden ser una fase totalmente legítima del proceso del conocimiento situado en el terreno de la concepción genéticamente superior de la explicación científica (del tipo lógico genéticamente superior), siempre que se tenga consciencia del lugar y de la función del conocimiento limitado a lo cuantitativo.
En este marco, prosigue Zeleny, aunque en Ricardo hay pasajes en los que marca cierta historicidad de las categorías económicas, lo que llama el “precio natural del trabajo” o la distribución de la renta de la tierra, la ganancia del capital o el salario de la clase trabajadora, cambian según las épocas históricas, el tipo de cambio tiene que ver con las alteraciones cuantitativas y por ende no concibe cambios cualitativos en esas relaciones según los distintos contextos y estructuras sociales. En el caso de Marx, la conceptualización es mucho más elástica y alejada del “fijismo” y se basa en una concepción de la realidad que concibe unidas la praxis y la materialidad. En el mismo sentido, destaca Zeleny que Marx hace más fluidas e interdependientes las relaciones entre esencia y apariencia y entre causa y efecto, yendo más allá de una estructura de argumentación “sustancial-atributiva”, en la que se presenta el objeto como sustancia dotada de atributos (argumentación con la que identifica a Descartes y Locke) así como superando también el tipo de causalidad característico de la ciencia moderna según los modelos de Galileo y Newton, de causalidad unilineal inspirada en el mecanicismo (Zeleny, 1978, p. 59 y 143). Sin desconocer la importancia de este tipo de pensamiento, e incluso apoyándose en este en muchos momentos, Marx apunta a una concepción que comprenda la realidad en términos de procesos y por ende relativice los conceptos (en el sentido de que su significado no está fijado de una vez y para siempre como tampoco las realidades a las que aluden), estudie sus interrelaciones y los vincule con el momento histórico y las características específicas de la realidad bajo análisis.
Conectando estas cuestiones con la de la relación entre Marx y Hegel, Zeleny (Zeleny, 1978, p. 125) va a destacar que:
El sistema científico materialista y dialéctico constituye un todo artístico de complicada arquitectura, en el cual se encuentran en unidad orgánica procesos a diversas profundidades de la escena histórica, procedimientos muy abstractos y otros plenamente fácticos y singulares; esta complicada arquitectura produce en su totalidad la imagen teórica del modo de producción capitalista «en su estructura interna».
Todas estas cuestiones se ponen a jugar en lo que Zeleny llama como la “forma lógica” propia desarrollada por Marx: la derivación dialéctica.
Análisis genético-estructural y derivación dialéctica
Zeleny señala que Marx desarrolla una concepción de “conocimiento conceptuante”, proveniente de una reelaboración de la idea del “concepto” de Hegel, que sintetiza del siguiente modo (Zeleny, 1978, p. 77): “El concepto marxiano de “concepto” expresa la forma lógica que no encontramos en la economía política clásica inglesa y que es esencial para la concepción materialista-dialéctica de la reproducción intelectual de la realidad y para el análisis genético-estructural marxiano como tipo específico de análisis. El “concepto” es para Marx la reproducción intelectual de la articulación interna, de la estructura interna de un objeto, y precisamente de esa estructura interna en su desarrollo, en su génesis, en su existencia y en su muerte. En el concepto de “concepto” elabora Marx la forma lógica que unifica íntimamente el punto de vista estructural y el genético, tal como corresponde a la nueva concepción lógico-ontológica, dialéctico-materialista. “Concepto” significa la captación racional, la reproducción intelectual, el reflejo intelectual del objeto en su naturaleza genético-estructural, o sea, en su legalidad genético-estructural.”
El “conocimiento conceptuante” no solamente define una realidad o estado de cosas, sino que busca dilucidar su proceso y sus leyes internas. Desde ahí Zeleny discute con el autor soviético Grusin respecto de su clasificación de los análisis de Marx según fuera del “objeto devenido” (la estructura del capitalismo) o de la “historia del objeto” (el proceso histórico anterior a su constitución plena). Zeleny destaca que esos análisis no discurren paralelamente, sino que en Marx se combinan en diversas proporciones según los momentos, pero que es una característica específica del “conocimiento conceptuante” tanto como de la “derivación dialéctica” la combinación de esos niveles y tipos de análisis. Aquí surge un tema sobre el que volveremos más adelante, pero que nos parece importante marcar ahora. La terminología utilizada por Zeleny, que combina vocabulario propio del marxismo con el de la lógica formal, puede dar lugar a ciertos equívocos o –mejor dicho–, para los fines de lo que estamos planteado ahora, implica una transpolación de términos de un contexto a otro, modificando su contenido. En el marco de la lógica formal (Sacristán, 1964, p. 104), la derivación (Manuel Sacristán prefería utilizar el término “demostración”) suele definirse como: “… una sucesión de fórmulas, cada una de las cuales está fundamentada, lo que quiere decir que cada una de ellas es: o bien un axioma, o bien una fórmula obtenida inmediatamente de un axioma por la aplicación de una regla de transformación, o bien una fórmula obtenida de otra u otras de los dos géneros anteriores mediante una aplicación de las reglas de transformación.”
Estamos hablando de los procedimientos para determinar si una forma de argumento es válida, aplicando a sus premisas las reglas de transformación que nos permitirán determinar si la conclusión se desprende necesariamente de aquellas. Es decir, se trata de un procedimiento que se lleva adelante en el contexto de una codificación simbólica de determinados enunciados, que presta atención a la relación de consecuencia entre premisas y conclusión y no a sus contenidos, el aspecto de la lógica que Zeleny clasificó antes en el punto 1), y que corresponde a la lógica formal clásica o simbólica. La derivación dialéctica tiene otras características, y Zeleny la presenta no necesariamente en contraposición, pero sí diferenciándola de la derivación propia del análisis de los razonamientos deductivos (Zeleny, 1978, p. 95): “La diferencia con la deducción tradicional aparece del modo más claro en la parte estudiada de la teoría marxiana del valor cuando Marx expone las transiciones de las formas del valor. El objetivo de esa parte es «conseguir lo que la economía burguesa no ha intentado siquiera, a saber, mostrar la génesis de esta forma monetaria, o sea, el desarrollo de la expresión del valor contenida en la relación de valor de las mercancías desde su figura más simple e insignificante hasta la deslumbradora forma monetaria. Con eso se disipa al mismo tiempo el enigma del dinero». Así, pues, esta derivación dialéctica, este análisis dialéctico es la investigación de la génesis y el desarrollo de formas determinadas y, por lo tanto, el descubrimiento del enigma de un determinado objeto.”
Detengámonos un poco, entonces, en el capítulo I del Libro primero de El capital sobre la forma del valor. Partiendo de la definición de la mercancía como célula básica del capitalismo y del carácter dual de la misma como valor de uso y valor, Marx presenta primero la forma simple del valor, consistente en la antítesis entre dos polos, la forma relativa (representada por una mercancía cuyo valor debe determinarse) y forma equivalente (representada por la mercancía que sirve para “medir” el valor de la forma relativa), con los ejemplos de lienzo y chaqueta, respectivamente. Aquí la dualidad entre valor de cambio y valor de uso se expresa en que la chaqueta actúa como forma equivalente del valor, no por su valor de cambio, sino en tanto valor de uso, que sirve como referencia para determinar el valor de la forma relativa (lienzo). Le sigue la forma total o desplegada del valor, que supone una multiplicación de formas equivalentes para la forma relativa, es decir que 20 varas de lienzo ya no se equiparan con una chaqueta, sino también con 10 libras de té o 40 de café. Se pasa, según dice Marx “de una relación social con una mercancía singular” a una “con el mundo de las mercancías” (Marx, 2008, p. 78.). La presentación de múltiples equivalentes particulares para el lienzo plantea la posibilidad de inversión de la fórmula, así como el lienzo equivale a diversas cantidades de múltiples mercancías, estas múltiples mercancías pueden ser intercambiadas por lienzo y sus valores medidos según el lienzo, tomado como “tercera mercancía”, lo cual nos da la “forma general del valor” (Marx, 2008, pp. 79/80). Dice Marx:
Las mercancías representan ahora su valor 1) de manera simple, porque lo representan en una sola mercancía, y 2) de manera unitaria, porque lo representan en la misma mercancía. Su forma de valor es simple y común a todas y, por consiguiente, general.
Esta forma general presenta el mundo social de las mercancías como producto del trabajo humano (Marx, 2008, p. 82). Asimismo, deja planteada la cuestión del equivalente general por el que pueden intercambiarse todas las mercancías, es decir, el dinero (Marx, 2008, p. 85).
Zeleny recupera esta exposición de Marx, destacando que el análisis comienza con la relación de cualquier mercancía con cualquier otra, como “forma simple, singular o casual del valor”. Este punto de partida no tiene un carácter lógico, sino “lógico-histórico”, es decir, es el punto de partida de una conceptualización destinada a establecer nexos y relaciones desde un punto de vista teórico, realizando un procedimiento de abstracción y totalización que presupone una realidad histórica pero no constituye un relato histórico, sino una elaboración conceptual de relaciones existentes en esa realidad. Posteriormente, Marx señala que ambas mercancías cumplen funciones diferenciadas, una como forma relativa y otra como forma equivalente del valor. Son “polos contrapuestos e inseparables de la misma expresión de valor” (Zeleny, 1978, p. 96), a partir de los cuales se desarrolla el posterior análisis de Marx hasta llegar al dinero como equivalente general.
Esta explicación presupone las definiciones anteriores, realizadas al comienzo del capítulo I, sobre mercancía, valor de uso, valor, magnitud del valor, no como definiciones de conceptos fijos (en el sentido de Ricardo, que comentamos antes) sino como conceptos surgidos a partir de elaborar teóricamente la comprensión de las características de una realidad histórica en la que el intercambio de mercancías es predominante (Zeleny, 1978, p. 110): “Solo si reconocemos, de acuerdo con Marx, que el análisis de la mercancía y de la forma simple del valor es el núcleo de la derivación lógico-dialéctica de la forma monetaria del valor podemos comprender la estructura lógica de la exposición de las transiciones de las formas del valor por Marx. Pues la derivación, la relación necesaria de consecuencias de esas transiciones presupone, en efecto, a menudo tácitamente una determinada noción de la estructura ontológica del fenómeno estudiado, y precisamente la idea que se expresa con el análisis de la forma del valor desde el punto de vista de su sustancia, de su magnitud y de su expresión necesaria en la forma simple del valor.”
A este tipo de exposición, Zeleny la denomina “lógico-dialéctica” (Zeleny, 1978, p. 112) y destaca que la génesis de la forma dineraria no se limita a la exposición de Marx de las formas del valor, sino que esa cuestión es objeto de todo el capítulo I. Al mismo tiempo, la explicación de las transiciones de la forma simple del valor a la forma dineraria en el capítulo I, está estrechamente ligado al análisis del proceso de intercambio propio del capítulo II, que nos da la derivación “histórica” del dinero. Ambos análisis, el lógico-dialéctico y el histórico, unidos, caracterizan el tipo de análisis puesto en práctica por Marx (Zeleny, 1978, p. 113).
Zeleny concluye esta primera explicación de la “derivación dialéctica”, señalando que para Marx tiene que haber ciertas condiciones para la realización de este tipo de procedimiento teórico: la primera es el conocimiento empírico de la materia; la segunda, que la construcción teórica esté basada en una realidad histórico-factual que constituye sus presupuestos comprobables (aquí señalando que la forma dialéctica tiene también sus límites, es decir que no puede pretenderse agotada la conceptualización de un proceso a partir de exponer dialécticamente sus conexiones necesarias desde un punto de vista teórico) y la última es el grado de madurez alcanzado en la realidad por el todo estudiado.
Habiendo señalado una serie de cuestiones básicas en torno de la “derivación dialéctica”, vayamos ahora al tratamiento que realiza Zeleny de sus implicaciones más amplias en lo que sería la problemática lógica de la obra de Marx.
Contradicciones de la “superioridad” lógica de la dialéctica y retorno a la filosofía
Hemos visto que la derivación dialéctica, que Zeleny define como “nueva forma lógica”, es un procedimiento teórico consistente en combinar la construcción de explicaciones que exponen la estructura y desarrollo del objeto estudiado, mostrando las interconexiones que pueden establecerse a partir de ciertas definiciones, pero no buscando la validez de una forma de argumento sino sobre todo la concreción de una combinación entre desarrollo lógico-dialéctico e histórico, propio del análisis genético-estructural y correspondiente al movimiento del objeto real y sus relaciones. Para esta tarea, la referencia al desarrollo histórico también resulta ineludible, ya que para Marx este tipo de trabajo teórico no solo presupone cierta correlación entre la construcción teórica y sus presupuestos materiales (las formas que se exponen en la teoría deben existir de modo suficientemente desarrollado en la realidad), sino también la necesidad de la referencia histórica incluso a nivel empírico como forma de poner límites a una conceptualización que pretenda trabajar con la dialéctica como si esta fuera una forma independiente del contenido. Ahora bien, este tipo de trabajo teórico no agota los procedimientos lógicos que lleva adelante Marx en El capital y así lo señala Zeleny, que aborda la cuestión de las afinidades y diferencias entre el trabajo teórico de Marx, la matemática de su tiempo y la lógica de relaciones. Esta parte del libro es especialmente árida, por lo que intentaremos ofrecer una síntesis comprensible, que irá necesariamente contra la cita detallada.
Zeleny hace un recorrido por las fórmulas matemáticas que utiliza Marx en el Libro tercero de El capital, destacando que están más o menos a tono con los procedimientos de la disciplina en la época y que –en términos de la lógica simbólica del siglo XX– pueden pensarse como parte de la lógica de relaciones. Pero que esa lógica de relaciones es un elemento subordinado al procedimiento de derivación dialéctica (Zeleny, 1978, p. 178). En función de profundizar la discusión sobre el lugar de la lógica formal en El capital, Zeleny propone considerar como parte A de la obra de Marx aquella en la que se utiliza la derivación dialéctica y como parte B aquella en la que se utilizan recursos de la matemática y la lógica formal. Para ambas partes, Zeleny sostiene (Zeleny, 1978, pp. 185/186): “Si comparamos la parte A y la parte B desde el punto de vista del carácter de la conexión entre los enunciados, podemos afirmar, por de pronto, que en los dos casos se trata: a) de una derivación intuitiva (es decir, que sus reglas no están explicitadas), y b) de una derivación de carácter entimemático.”
Es decir, se trata de razonamientos intuitivos realizados mediante silogismos abreviados.
Para lo que nos interesa en este artículo, destacaremos lo que dice Zeleny respecto de cómo caracterizar los entimemas de la parte A, es decir, la que corresponde a la derivación dialéctica. Aquí para Zeleny priman los entimemas caracterizados por reglas de derivación que van más allá de la lógica formal (en la jerga que utiliza Zeleny “reglas extra F-lógicas”). De aquí que señale que las reglas propias de una lógica dialéctica se encuentren todavía sin formular (Zeleny, 1978, p. 187): “Su formulación sistemática –en la medida en que se puede hablar de formulación sistemática cuando se trata de estas reglas– no está elaborada todavía; la enumeración por Lenin de los elementos de la dialéctica se tiene que considerar sin duda como la formulación más completa existente, una vez trasformados esos “elementos” en forma de reglas.”
Recordemos la enumeración de Lenin, así como que sus Cuadernos filosóficos con un borrado y no una obra escrita para su publicación, como para no tomarlos como algo más sistemático de lo que son (Lenin, 1977, pp. 209/210): “Quizá se podrían presentar estos elementos con más detalle, como sigue: 1) la objetividad de la consideración (no ejemplos, no divergencias, sino la cosa en sí). 2) la totalidad íntegra de las múltiples relaciones de esa cosa con las otras. 3) el desarrollo de esa cosa respective del fenómeno), su propio movimiento, su propia vida. 4) las tendencias (y los aspectos) internas contradictorias en esa cosa. 5) la cosa (fenómeno, etc.) como suma y # unidad de los contrarios. 6) la lucha, respective el despliegue de esos contrarios, tendencias contradictorias, etc. 7) la unión del análisis y la síntesis –la ruptura de las partes separadas y la totalidad, la suma de dichas partes. 8) las relaciones de cada cosa (fenómeno, etc.), no sólo son múltiples, sino generales, universales. Cada cosa (fenómeno, proceso, etc.) está vinculada con todas las demás. 9) no sólo la unidad de los contrarios, sino la transición de CADA determinación, cualidad, rasgo, aspecto, propiedad, a cada uno de los otros [¿a su contrario?]. 10) el infinito proceso del descubrimiento de nuevos aspectos, relaciones, etc. 11) el infinito proceso de profundización del conocimiento por el hombre de la cosa, de los fenómenos, los procesos, etc., del fenómeno a la esencia y de la esencia menos profunda a la más profunda. 12) de la coexistencia a la causalidad y de una forma de conexión y de interdependencia a otra forma más profunda, más general. 13) la repetición, en una etapa superior, de ciertos rasgos, propiedades, etc., de lo inferior y 14) el aparente retorno a lo antiguo (negación de la negación). 15) la lucha del contenido con la forma, y a la inversa. El rechazo de la forma, la trasformación del contenido. 16) la transición de la cantidad a la calidad y viceversa. ((15 y 16 son ejemplos de 9)).”
En resumen, la dialéctica puede ser definida como la doctrina de la unidad de los contrarios. Esto encarna la esencia de la dialéctica, pero requiere explicaciones y desarrollo.
En síntesis, estamos hablando de criterios que exceden ampliamente los de una inferencia lógica y hacen a cuestiones teóricas y filosóficas mucho más amplias. Esta circunstancia ya había sido señalada por Zeleny al comienzo de su argumentación. Recordemos que, en la introducción del libro, el autor deja planteado el problema de que para pensar la “estructura lógica” de El capital, no se puede restringir la lógica a la lógica formal. Ahora podemos ver la dificultad de una argumentación que parte desde ese presupuesto, pero a la vez intenta indagar en la misma problemática desde un punto de vista lógico estricto, como complementario del más amplio. Para resolver esta diferencia de registros, Zeleny se remite a la originalidad del pensamiento de Marx, señalando que el “sistema dialéctico-materialista” correspondiente al sistema capitalista como objeto específico, implica una derivación siempre concreta y por lo tanto “no será posible ninguna formalización en el sentido en que es posible para muchos objetos matemáticos y de otra naturaleza” (Zeleny, 1978, p. 189).
Aquí se da una cuestión compleja, señalada por Manuel Sacristán (Sacristán, 2009, pp. 169 y 181). La relación entre la dialéctica y la lógica formal no puede plantearse como si aquella fuese una versión “superior” de esta última, es decir, en el terreno mismo del análisis formal, porque una “lógica de lo material” es precisamente lo contrario que la lógica formal, que estudia la validez de una forma de argumento y no sus contenidos. De allí que, como no podía ser de otra manera, una tentativa de analizar a Marx desde un punto de vista estrictamente lógico formal nos de como resultado el que señala Zeleny sobre la utilización de los entimemas, lo cual, por otra parte, es algo característico de los discursos escritos expresados en lenguaje natural y no mediante un lenguaje formal.
Sin embargo, Zeleny considera inadecuada la solución de la “lógica de lo material”, contrapuesta a la lógica formal, porque recaería en un dualismo. En su lugar, ofrece nuevamente la idea de una nueva concepción de lo lógico, que a su vez remite a una concepción ontopraxeológica de la realidad (Zeleny, 1978, p. 192):
Es evidente que no se puede estudiar el problema de la relación entre la derivación F-lógica y la derivación lógico-dialéctica en el análisis de Marx sin tener en cuenta la nueva concepción de este sobre la estructura ontológica de la realidad. Sin tener en cuenta esta es imposible atender las nuevas y específicas formas lógicas utilizadas en el sistema científico de Marx, o el desplazamiento y las transformaciones de las formas lógicas tradicionales conocidas en el pensamiento premarxista, transformaciones debidas al hecho de que pasan a ser momento de un todo nuevo.
El problema de esta argumentación es que ese “todo nuevo” se construye sobre la base de la predominancia de un tipo de razonamiento lógico cuyas reglas no están elaboradas, con lo cual la argumentación de Zeleny queda como algo circular: la reducción de la derivación dialéctica con las herramientas de la lógica formal implicaría un empobrecimiento del procedimiento teórico de Marx pero tampoco se puede exponer con el mismo nivel de claridad con que la lógica formal analiza las formas de argumento. Esto también tiene un impacto directo en la cuestión del “método de Marx”. Según Zeleny, Marx inaugura una nueva forma lógica y una nueva concepción de ciencia, pero estas no son generalizables a otros objetos más allá del capital (Zeleny, 1978, pp. 226/227). Un sistema científico y un método que buscan reconstruir de manera precisa el movimiento de su objeto no pueden utilizarse para cualquier otro. Pero, al mismo tiempo, este sistema científico único en su especie implica una reformulación de los modos de comprender la realidad y la actividad práctica humana. De allí que la reflexión tenga que remontarse, desde la problemática lógica y metodológica, a la filosófica. La segunda parte del libro trate especialmente del desarrollo filosófico de Marx y su relación con Hegel, y las conclusiones vuelven sobre la cuestión de la concepción ontopraxeológica de Marx y presentan su teoría como una superación de las diversas tradiciones anteriores (Aristóteles, Kant, Hegel), planteando que el estudio de esta nueva racionalidad puede permitir “seguir avanzando en la explicación de la problemática ontopraxeológica de la segunda mitad del siglo XX” (Zeleny, 1978, p. 402).
Algunas conclusiones
Parecería que nos metimos en un lío. A decir verdad, el que nos metió –antes de Zeleny– fue Marx. Pero la cuestión es que, una vez tocado el límite de la imposibilidad de competir con la lógica formal con sus propias armas, la dialéctica tiene que volver a su casa original: la filosofía. Esto no tiene nada de extraño, ya que el pensamiento de Marx, más allá de su crítica de la filosofía tradicional, sigue siendo profundamente filosófico. Pero volviendo a las cuestiones que tratamos más en detalle en las líneas precedentes podemos decir, a modo de conclusión, que el libro de Zeleny constituye un intento muy bien elaborado de reflexionar sobre los procedimientos lógicos (en sentido amplio) utilizados por Marx, caracteriza ajustadamente el tipo de construcción teórica realizado por Marx con lo que él denomina como “derivación dialéctica” y “análisis genético-estructural” y se encuentra con ciertas dificultades más o menos insalvables al momento de buscar demostrar la superioridad de la dialéctica en el mismo terreno de la lógica formal. Esto tampoco extraña: es lo que suele suceder cuando se pretende superponer niveles de análisis que no abarcan el mismo tipo de problemas, aunque se tomen prestadas ciertas palabras de uno en el otro. El ambicioso programa de investigación de Zeleny, al chocar con las limitaciones de la lógica formal, descubre también las limitaciones de las posiciones que pretenden presentar a la dialéctica como una especie de (super) lógica formal especial. El señalamiento de que Marx inaugura un nuevo tipo de racionalidad, pero al mismo tiempo la imposibilidad de generalizar el método de El capital para cualquier tipo de objeto, parecería corroborar estas dificultades insalvables, en tanto que busca comprender la especificidad de la dialéctica como de la práctica científica de Marx, sin pretender con ello ofrecerla como una alternativa sin más frente a todo tipo de disciplina o práctica científica en general. Por último, el señalamiento del sustrato filosófico de la concepción del Marx nos da la pauta de que, más allá de lo que hubieran pensado Marx o Engels en algún momento, el marxismo es inseparable de la filosofía, aunque esta pueda ser una idea impopular, sobre todo para la filosofía académica, que –salvo honrosas excepciones– aborrece o ignora a Marx.
Bibliografía
Lenin, Vladimir Ilich (1977), Obras Completas, Tomo XLII, Cuadernos filosóficos, Madrid, Akal.
Marx, Karl (2008), El capital, Tomo I/Vol. 1. Libro primero. El proceso de producción del capital, CDMX, Siglo XXI.
Sacristán Luzón, Manuel (1964), Introducción a la lógica y el análisis formal, Barcelona, Ariel.
Sacristán Luzón, Manuel (2009), Sobre dialéctica, Barcelona, Viejo Topo.
Zeleny, Jindrich (1978), La estructura lógica de El capital de Marx, CDMX, Grijalbo.
https://www.laizquierdadiario.com/Marx-dialectica-logica-y-filosofia.