Más sobre Afganistán. José Luis Martín Ramos

Del historiador, y compañero de Espai Marx, José Luis Martín Ramos. Breve y sustantivo. En la diana, en el rovell de l’ou.

Lo de que el futuro no existe es una pequeña ocurrencia, para subrayar que todo lo que es y se hace es presente. Y todo cambio que se pretenda -pensando en un futuro, que no existe, no es, pero sobre el que se puede y debe pensar- se realiza en presente; cambio social -en el sentido más amplio- sólo será posible y perdurable si es socialmente aceptado y ejecutado. Y, desde luego, en ese presente y la posibilidad del cambio hay la cuestión fundamental del poder.
Quizás lo dije cruzando temas, pensando en Afganistán sobre lo que he ido trabajando estos días. Cuando el PDP asume el poder político en 1978, impulsa una serie de políticas que no son, en sí, para mí nada discutibles; entre ellas la reforma agraria, redistribución de tierras, abolición de deudas, lucha contra el préstamo usurero… ¿Quién puede discutir eso?
Pero el problema no fue la consideración del cambio, sino su ejecución. El problema residió en poner el foco en el futuro y no en el presente. Es algo de lo que siempre ha padecido el movimiento comunista, un problema que de manera algo autoindulgente hemos denominado voluntarismo. No es que no conocieran el mundo campesino, lo conocían; Taraki venía de ese mundo y escribió sobre él. Precisamente por eso quería cambiarlo en primer lugar. Subestimó, o no estimó, el poder -y los poderes- del presente. Cuando los cuadros comunistas llegaban a las aldeas lo primero que hacían era convocar la asamblea de toda la aldea para explicar el cambio; la asamblea ni se reunía porque los aldeanos rechazaban que en la reunión participaran las mujeres y el cambio empezaba con mal pie. Cuando se abolieron las deudas de los arrendatarios no se tuvo en cuenta el efecto que tuvo en arrendadores medianos, cuando se abolió el préstamo tradicional, el pequeño campesino se quedó sin deudas, pero también sus préstamos. No solo rechazó la reforma el gran propietario, la rechazaron todos los campesinos y esa, al final, fue la causa principal de la caída de la República Democrática y del triunfo más adelante de los talibanes.
¿Ha dejado de tener sentido la reforma agraria? En absoluto. Pero su gran problema hoy es el rechazo de los que han de ser sus propios beneficiarios.
El PDP pensó en construir un futuro mejor, pero no construyó el presente.
Espero no haberme liado.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Un comentario en “Más sobre Afganistán. José Luis Martín Ramos”

  1. Queridos amigos: De lío nada está muy claro «el rovell de l’ou» o el fondo del asunto si así se prefiere. Como mucho hay una cierta confusión en la frase «el pequeño campesino se quedó sin deudas, pero también sus préstamos», donde parece que lo apropiado es la preposición sin.
    En todo caso, fuera de los errores del pasado (sólo trascendentes si aceptamos lo de que «quien controla el pasado, controla el presente», frase que sería mucho más correcta invirtiendo los complementos directos), lo frustrante es que ahora mismo no existe en Afganistán ninguna fuerza que quiera llevar adelante una reforma agraria. Así que ni hablar de como conseguir apoyos campesinos para llevarla a cabo.
    Puede que USA y sus satélites hayan retrocedido 20 años, pero las fuerzas democráticas hemos retrocedido (no en estos días, sino hace bastante más tiempo) muchos más. Quizá hasta antes de Amanulá Kan, pues fue durante su reinado cuando, gracias a sus medidas y a la naciente influencia soviética, se empezaron a desarrollar esas fuerzas democráticas afganas que tuvieron su oportunidad en los años 70 y 80 y que fueron derrotadas en 1.992.
    Saludos cordiales.
    Ernesto Gómez de la Hera

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