Más sobre Afganistán

Una nota sobre bibliografía reciente (y contenidos) del profesor emérito Miguel Candel (más un comentario complementario de José Luis Martín Ramos).

Se acaban de publicar dos importantes libros sobre el conflicto de (y entorno a) el Afganistán (el nombre oficial español, en Naciones Unidas, lleva artículo, como los Estados Unidos, la Argentina, la India, etc., vieja influencia francesa en la toponimia española). Son sus títulos: The Afghanistan Papers: A Secret History of the War, de Craig Whitlock (346 págs.), y The American War in Afghanistan: A History, de Carter Malkasian (un «tocho» de 561 págs.).
En ellos aparecen datos como:
-Los EE.UU. han llevado a cabo la contradictoria tarea de pretender erradicar el viejo tribalismo afgano apoyando mafias de arribistas y aventureros de nuevo cuño totalmente desprestigiados ante la mayoría de la población.
-La corrupción tolerada por los ocupantes estadounidenses se cifra, por ejemplo, en unos 2.500 millones de dólares anuales pagados por la población en forma de sobornos y extorsiones (desde la simple «mordida» de un policía de tráfico hasta la «comisión» exigida para la autorización de una obra, por ejemplo).
-La justificada lucha contra el sometimiento («discriminación» se queda muy corto) de la mujer, basada ciertamente en el rechazo moral ante una práctica odiosa, no estaba integrada en una visión universal de defensa de los derechos humanos, sino en criterios pragmáticos o puramente propagandísticos de cara al exterior.
-Prueba de ello es que se ha tolerado masivamente la práctica de la pederastia, vicio de ciertas élites afganas que con total impunidad han raptado a centenares de jovencitos para su explotación como esclavos sexuales. Se cita a este respecto el caso de Dan Quinn, capitán de las fuerzas especiales, que golpeó a un jefe miliciano afgano por tener a un chico encadenado a su lecho; resultado: Quinn fue relevado del mando y trasladado a otro destino fuera del país. Los mandos norteamericanos exhortaban a sus subordinados a hacer la vista gorda ante abusos de ese tipo (una «popular» práctica tolerada era el «jueves de amor masculino», día de la semana en que los amos de esclavos sexuales solían hacerles bailar para satisfacer su lascivia).
-La inseguridad jurídica más absoluta ha reinado en el país, entregado al capricho de las mafias aliadas con las tropas de ocupación. Frente a ello, la «dura lex sed lex» de los talibanes parece haber resultado más tolerable para grandes grupos de población, particularmente entre los más desfavorecidos, y especialmente en el campo.
-La conclusión que Fintan O’Toole, autor de la reseña de dichos libros en el número de The New York Review of Books del 7 de octubre de este año, no puede ser más demoledora: «Los Estados Unidos, que nunca han logrado aplicar coherentemente los derechos humanos y el imperio de la ley a sus propios ciudadanos, no podían hacerlo tampoco con los afganos».

La nota del profesor José Luis Martín Ramos (16.X.2021):
La instrumentalización de la corrupción viene de lejos, desde el principio de la intervención norteamericana, en el verano de 1979 -meses antes de la intervención soviética-, cuando alentaros a los grupos islamistas a financiarse mediante el cultivo masivo de la amapola del opio que fue desplazando en el valle de Hellmand a los cultivos tradicionales. Me gustaría saber si la industria farmacéutica tuvo que ver en la posterior ampliación del negocio a la efedra, origen de las anfetaminas.
Los “líderes” islamistas -desplazados en 1996 por los talibanes y reinstalados por los norteamericanos- usaron los fondos del narco y de la CIA para convertirse en importantes empresarios de la construcción y el transporte en Pakistán.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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