Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
I. Según la prensa alemana Sarah Wagenknecht ha hecho amago de impugnar las elecciones, basándose en las dificultades que ha encontrado el votante del exterior y ha atribuido el resultado negativo a la hostilidad de los medios. Si es así no es una buena reacción, ni mucho menos. El detalle de voto por estados es elocuente en dos sentidos: el voto en los landa occidentales (la antigua República Federal Alemana) muestra que en todos ellos se sitúa entre el 3 y el 4%, con los porcentajes más bajos en Baviera y Schlewig-Holstein (3,1/3,2), como era de esperar, y los más altos en Bremen, Hamburgo, y las dos Renanias, (entre el 4 y el 4,3); solo el Sarre – el territorio de Lafontaine- se ha salido de ese patrón y ha conseguido un 6,2%. Su débil presencia en Alemania Occidental ha sido un handicap y ha sido una de las diferencias en su correlación con Die Linke, con la que se medía por el espacio de la izquierda; Die Linke ha tenido mejores resultados en Alemania Oriental, pero no ha tenido malos resultados en la Occidental, incluso ha tenido muy buenos resultados en Hamburgo (14,4%) Bremen (14,8), Berlín (19,9 %, el partido más votado, por encima de AFD con 18,1%) y con porcentajes entre el 5,7% en Baviera y más del 8% en Hesse, Baja Sajonia, Renania-Westfalia). Si BSW quiere ser algo en el futuro ha de superar ese handicap.
No obstante, lo negativo del resultado de ayer no es ese handicap, con el que debía contar y no tenía tiempo de superar habida cuenta de su reciente formación y el adelanto de las elecciones. Lo negativo y que es la causa directa por la que hoy por hoy no va a estar en el Bundestag es el grave retroceso en Alemania Oriental, en particular en los tres lands en los que sobresalió en las elecciones regionales de septiembre de 2024: no es que BSW no se haya beneficiado del aumento de la participación, es que retrocede en voto absoluto. En Sajonia tuvo 277.200 votos -cifra redondeada- en 2024, ahora ha tenido solo 232.630; en Brandenburgo tuvo 202.400 en 2024 y ayer solo obtuvo 177.472; en Turingia ha pasado de 190.500 a 125.359. Es un retroceso de en torno a 150.000 votos en los tres landas, muy por encima de los 14.300 con los que habría obtenido el mínimo para tener como mínimo 35 diputados en el Bundestag actual. Ese es un retroceso en cinco meses que tiene causas políticas y BSW haría bien en no buscar subterfugios en el voto exterior o en el reclamo del voto «útil» a través de las encuestas.
Nota sobre lo que dice Der Spiegel (pasado por traductor automático):
«(La nota del Spiegel:»La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) podría querer impugnar el resultado de las elecciones federales ante los tribunales. «Estamos estudiando si esto tiene alguna perspectiva de éxito», dijo la co-líder del partido Amira Mohamed Ali en Berlín. Sin embargo, existen altos obstáculos legales para dar ese paso.Sahra Wagenknecht, codirectora del BSW, señaló que sólo una fracción de los alemanes que viven en el extranjero pudieron participar en la votación. Se plantea la cuestión de la legalidad del resultado.Wagenknecht se refirió a los 230.000 votantes alemanes registrados en el extranjero. Debido a los cortos plazos antes de las elecciones anticipadas, muchas personas no pudieron emitir su voto, dijo el fundador de BSW. Wagenknecht también criticó duramente la información de los medios alemanes, que calificó de demasiado negativa, y la última encuesta del Instituto Forsa, que había situado al partido con sólo un tres por ciento. Muchos votantes votaron tácticamente y, según esta encuesta, temían que un voto por el BSW fuera una pérdida de tiempo, afirmó Wagenknecht.»)
II. Die Linke les ha ganado en el territorio que crearían o parecía que era suyo y por goleada; comparación en porcentajes: en Mecklenburgo, Die Linke 12, BSW, 10,6; en Sajonia, DL 11,3%, BSW 9, en Turingia, DL 15,2%, BSW, 9,4%; en Brandeburgo, empatados a 10,7%; solo en Sajonia-Anhalt BSW ha superado por poco a DL, 11,2 a 10,8. La recuperación de DL frente a BSW es muy remarcable en Sajonia, Brandenburgo y Turingia donde en las elecciones del pasado septiembre BSW les pasó la mano por la cara.
Sobre desagregaciones estoy en ello, las que han dado son de género y de edad, no tengo aún una desagregacion clara por renta.
III. Sobre el voto obrero Der Spiegel publica también datos, en este enlace https://www.spiegel.de/
Información principal El voto obrero en activo: AFD, 38% SPD, 12, DL, 8, BSW, 5///Empleados: AFD 21, SPD 15, DL 9, BSW 6//Por cuenta propia: AFD: 21, SPD, 10, DL, 7, BSW// Pensonistas: AFD, 13, SPD 24, DL 5, BSW 4
Parafraseando a Revueltas: retrato de un proletariado sin alma.
IV. El tercer comentario, éste sobre Die Linke. La formación venía de una caída electoral importante en 2021 cuando cayó abruptamente del 9,2% obtenido en 2017 al 4,9%. En ese momento el factor principal pudo ser el efecto «voto útil», que en 2021 jugó a favor del SPD, para intentar desplazar a la CDU que venía ganando las elecciones y encabezando el gobierno desde 2005. Lo que ha sucedido durante el gobierno semáforo puso en evidencia que el retroceso de Die Linke no solo era electoral, coyuntural, también era político; la manifestación de ese retroceso político fue el abandono de Sara Wagenknecht y las respuestas sobre la guerra de Ucrania y el genocidio de Gaza. En septiembre de 2024, cuando se celebraron las elecciones regionales en los lands de Sajonia, Turingia y Brandenburgo, pareció que la crisis de Die Linke no tenía fin y el partido estaba próximo a su desaparición parlamentaria (algo muy importante para un partido cuya dirección estima fundamental la presencia parlamentaria; lo cual, por cierto, comparte Sara W.) En Sajonia pasó de 224.354 votos a 104.900; en Turingia -donde Bodo Ramelow había gobernado el land- de 343.780 a 157.700; en Brandenburgo de 135.558. Fue un desastre sin paliativos; a finales de año las encuestas daban menos del 5% y hasta el 3% a Die Linke, mientras que a BSW se le atribuían hasta el 8%. El Congreso de Die Linke pareció a muchos un funeral, a pesar del cambio de líderes; pero debió haber algo más aparte del cambio de líderes, no solo en el congreso del partido sino en el contexto general en el que finalmente iban a celebrarse las elecciones adelantadas. Los resultados han situado de nuevo a Die Linke en las cotas anteriores al descalabro del 21, aunque todavía algo lejos del 12% de su primera presentación electoral como partido en 2009. No sólo eso, Die Linke ha pasado por delante de BSW no ya en los landers de Alemania Occidental, donde BSW no tiene todavía estructura mínima, sino en los de Alemania Oriental, donde BSW partía como favorita en su rivalidad particular con Die Linke. Solo en Sajonia-Anhalt BSW ha estado por encima de Die Linke, aunque por décimas (11,2 BSW y 10,8 DL) en Brandenburgo han quedado prácticamente empatados y en los otros tres, Die Linke ha superado claramente a BSW (Meckemburgo: 12 a 10,6; Sajonia, 1,3 a 9; Turingia, 15,2 a 9,4). En ese resultado no solo hay deméritos de BSW, que no ha cumplido las expectativas que se le daban tras las regionales de 2024, hay méritos de DL. En los comentarios de prensa que ya aparecen se señalan algunas bondades de la campaña de Die Linke: emulando a los comunistas belgas y a los comunistas austriacos han puesto en el foco de su propaganda la cuestión de la vivienda -el límite a los alquileres- y la lucha contra la inflación; por otra parte su estructura de base les ha permitido desarrollar una campaña de calle que ha movilizado a militantes, simpatizantes y antiguos electores. Todo eso es cierto y hay que tenerlo en cuenta. También es cierto que entre septiembre de 2024 y febrero de 2025 ha habido un cambio fundamental en el escenario internacional que ha beneficiado a Die Linke y al que, posiblemente, BSW no ha reaccionado. El escenario de 2024 era el de la guerra de Ucrania y en ese escenario Die Linke se desdibujó totalmente con sus posiciones algo más que equívocas y su complacencia con la actitud del gobierno semáforo; por el contrario, BSW apareció como el partido contra la guerra y contra la OTAN, y ese fue uno de sus argumentos no solo de campaña en las regionales de septiembre sino también en la formación de gobiernos de coalición en Sajonia y Turingia. En enero, todo cambió. Del 3% que las encuestas daban a Die Linke hasta la primera quincena de enero pasó rápida e inesperadamente al 6% a comienzos de febrero y 8/9,5 en la segunda quincena de febrero. El factor guerra desapareció del escenario alemán ante el cambio de posición de Trump y la previsión del fin cercano de la guerra de Ucrania. Desapareció del debate aquello que había fortalecido más a BSW y el debate se centró en la política interna. Ahí no solo BSW cometió el error grosero de su voto en el Bundestag sobre la cuestión de la inmigración el 29 y el 31 de enero sino que no valoró la importancia de la movilización contra el avance de AFD, al contrario que Die Linke que hizo del rechazo a las políticas de la derecha y la extrema derecha sobre la inmigración y del relanzamiento del antifascismo el otro puntal de su campaña electoral. BSW dejó de estar en las encuestas en la previsión del 6/7% a partir de comienzos de febrero y ya no se recuperó hasta quedar dos centésimas por debajo del 5% en el resultado electoral.
Die Linke se ha salvado por la suma del cambio de escenario y su acierto en la renovación de cuadros dirigentes -sin enterrar a los viejos, Gisy y Ramelow, todo lo contrario- y la selección de sus temas de campaña. Pasado el momento electoral queda por ver si su resurrección en las urnas se acompaña con una resurrección política.
Si el primer análisis del profesor Martín Ramos sobre las elecciones alemanas ya resultaba de por si interesante, este segundo resulta todavía mucho más esclarecedor. Y creo que también debería arrojar luz sobre la situación, en general, de la izquierda europea y española.