Miscelánea 1/I/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Calors Valmaseda.
1. Kagarlitsky sobre la transición ecosocial.
2. Una selección de lecturas rojas para africanos.
3. Resumen de la guerra en Palestina, 31 de diciembre.
4. Más sobre el arsenal nuclear israelí.
5. Educación recolonizadora.
6. Contra el identitarismo.
7. Sin salida.
8. Es una guerra anticolonial, no de religión.

1. Kagarlitsky sobre la transición ecosocial

En la prensa rusa, y en la izquierda de allí en general, no veo mucha preocupación por la crisis ecosocial. Os paso por ese motivo un artículo en el que sí se aborda, a partir de las declaraciones del ahora preso Kagarlitsky. El autor, no obstante, no parece ruso por el nombre. ¿Sueco, quizás? Lo publican en Rabkor.

https://rabkor.ru/columns/

Kagarlitsky y el clima
La detención en Rusia del opositor a la guerra Boris Kagarlitsky ha abierto una nueva perspectiva sobre la situación política en el mundo. Una visión socioeconómica del cambio natural objetivo está en el centro de muchas de sus declaraciones. Kagarlitsky es un activista político y un intelectual que no teme comprender las cuestiones más complejas de nuestro tiempo.
No es menos cierto en el caso del calentamiento global. En una entrevista con el periodista y fundador de The Real News Network, Paul Jay, realizada en el verano de 2022, describe cómo ven la crisis climática los oligarcas de Oriente y Occidente. No hay políticos importantes en Rusia que nieguen el cambio climático, pero tampoco los hay que se tomen el asunto en serio. Los oligarcas rusos sólo piensan a corto plazo. Al fin y al cabo, resolver los problemas climáticos implicará cambios tectónicos en el sistema y en su capacidad para obtener beneficios de la venta de petróleo y gas. En Occidente hay políticos como Trump que niegan el cambio climático. Pero al mismo tiempo hay oligarcas que trabajan por una reducción global del uso de combustibles minerales.
El principal problema para los oligarcas, o si se prefiere, la élite social de Oriente y Occidente, es quién pagará los cambios necesarios. Como buscan por todos los medios evitar los costes de su propia clase, su respuesta es la mayoría trabajadora de la población mundial y del país, que ocupa una posición periférica en el sistema-mundo existente.
La guerra en Ucrania es aquí la salvación de Occidente. Hay una nueva respuesta a quién financiará la lucha contra la crisis climática: Rusia pagará. Tiene que hacerlo un país que recibe cada vez menos dinero por sus minerales y que, al mismo tiempo, tiene una cuota decreciente en un mercado mundial cada vez más pequeño. China tampoco es una opción. China exige hasta un 40% de descuento en sus compras de petróleo, señala Kagarlitsky. En su opinión, China actúa con Rusia del mismo modo colonial y toma todo lo que necesita en sus propios términos, como Rusia actuó con China en el siglo XIX. Los altos precios generales de mercado de los combustibles fósiles ayudarán a mantener los ingresos rusos durante un tiempo, pero a largo plazo la economía rusa se enfrentará a enormes problemas.
Crear una imagen de Putin como el «villano» se está convirtiendo en una estrategia de los oligarcas occidentales para trasladar la responsabilidad del cambio climático a otros. Mira la guerra, ¡hay que proteger la libertad y la democracia de Ucrania y de toda Europa! Según Kagarlitsky, se trata de un método eficaz porque se basa en parte en la verdad: el ataque de Rusia a Ucrania se presenta como expresión de una política caricaturescamente «malvada».
Sin embargo, también puede suponer una oportunidad para que una amplia mayoría de la población pague por la transición global ante la crisis climática. Kagarlitsky cree que, en su mayoría, la gente está dispuesta a aceptar una menor calidad de vida y, sobre todo, el ahorro de energía, con la condición de que los costes se distribuyan de forma equitativa.
Centrarse en la guerra de Ucrania se convierte en una maniobra subversiva si se quiere evitar ese cambio igualitario del sistema. La estrategia global perseguida por los oligarcas occidentales no recibe ningún desafío. Al contrario, la población mayoritaria se ve obligada a hacer recortes financieros, a aceptar el deterioro del acceso a la energía y a ver cómo sigue aumentando la riqueza de las élites sociales.
Aquí Kagarlitsky entra en conflicto con las opiniones dominantes de muchos activistas climáticos y de izquierdas. Durante mucho tiempo, los movimientos ecologistas se han negado a responder a la cuestión de la paz. Ni siquiera la plataforma COP26 de la coalición radical en la conferencia sobre el clima de Glasgow abordó la cuestión de la militarización. Sólo después de la agresión rusa contra Ucrania en 2022 se convirtió en un importante tema de debate. Identificar a Rusia y a otros Estados petroleros y gasísticos como grandes amenazas medioambientales se ha convertido en una cuestión central para el movimiento climático. El cese total de las importaciones de minerales de Rusia se considera una solución tanto para la situación climática como para detener el conflicto militar en Ucrania.
Para Kagarlitsky, mientras tanto, lo más importante sigue siendo la estrategia global. El científico ve una salida a la crisis climática, pagada no sólo por los trabajadores, sino expropiando las propiedades de los oligarcas de Occidente y Oriente y utilizándolas para financiar una transición mundial hacia fuentes de energía limpias.
Se hacen eco de él en este punto Paul Jay y gran parte de los demás izquierdistas implicados en la lucha contra el cambio climático en algunos países. Jay cree que la expropiación de la riqueza de las élites públicas no será posible hasta 2050. Kagarlitsky, en cambio, tiene una visión diferente de lo que ocurrirá en el futuro.
Para él, existen fenómenos naturales objetivos que el sistema social actual es incapaz de resolver. Por tanto, en cualquier caso, está abocado a una grave sacudida. Esto no es menos cierto en el caso de Rusia. Amplios segmentos de la población rusa son actualmente «apáticos, atomizados y pasivos», señala Kagarlitsky. Sin embargo, las circunstancias objetivas conducirán a un despertar político. Entonces sus consecuencias se harán tangibles mucho más allá de las fronteras rusas.
La opción de los movimientos ecologistas, que aceptan en gran medida el orden neoliberal como tal, es directamente opuesta a la tesis de Kagarlitsky de que la transición climática debe identificarse como el problema más importante. En Suecia, incluso las peticiones para detener la mercantilización de la naturaleza han sido rechazadas por la izquierda climática, que, en colaboración con instituciones neoliberales como el Partido de Centro y el think tank neoliberal Fores, forman la columna vertebral del movimiento contra el cambio climático del país. Por no hablar de las organizaciones que plantean cuestiones relacionadas con el complejo militar-industrial y el papel de las alianzas militares. Esta tendencia se observa también en muchos otros Estados.
La estrategia de la acción política únicamente para lograr cambios graduales dentro del sistema se encuentra ahora en un callejón sin salida. Lo que se necesita hoy es algo más que una larga lista de políticas climáticas. Lo que se necesita es un programa global que incluya los problemas de las guerras y el imperialismo, de los flujos financieros del Sur global al Norte, y de la gran mayoría de la población a los super-ricos. Ya no basta con demostrar un montón de pequeños pasos: se necesita un programa político que afirme el valor de un cambio fundamental del sistema.
Tord Björk

2. Una selección de lecturas rojas para africanos

Si ayer os pasaba la reseña de uno de estos libros, Red Africa, hoy os paso el listado que proponen en ROAPE como las lecturas más interesantes del año de libros rojos, en realidad no solo sobre África, sino para africanos porque incluye la colonización australiana y Palestina.

https://roape.net/2023/12/21/

Las mejores lecturas de 2023 de la ROAPE para radicales africanos
Por ROAPE – 21 de diciembre de 2023
El año pasado, por primera vez en 
roape.net, los miembros del Grupo Editorial de ROAPE ofrecimos algunas de nuestras lecturas radicales favoritas de 2022, nuevas y antiguas, de ficción y no ficción. Una vez más, en lo que esperamos se convierta en una oferta anual, los miembros del Grupo Editorial ofrecen una lista de libros que han servido para educar, conmocionar, emocionar e inspirar durante los últimos 12 meses, en nuestra oferta 2023 de las mejores lecturas de ROAPE para los radicales africanos. Cinco de los diez libros de la lista pueden descargarse gratuitamente.
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Revolutionary Hope vs. Free-Market Fantasies: Keeping the Southern African Liberation Struggle Alive

by John Saul

Esperanza revolucionaria frente a fantasías de libre mercado: Mantener viva la lucha por la liberación en África Austral de John Saul

No cabe duda de que John Saul ha dejado un legado indeleble en la intersección entre el pensamiento de izquierdas y el activismo. El año en que falleció, leí por fin su libro Esperanza revolucionaria frente a las fantasías del libre mercado, que forma parte de una trilogía. Fue dos años después de su publicación, cuando por fin llegué a la sección de la estantería en la que había estado alojado, impulsado por una hambrienta búsqueda de respuestas a las muchas preguntas que, como sudafricano, me planteaba sobre nuestra perdida lucha por la liberación y las perspectivas de redención. Cuando leí la última página, ya me había planteado más preguntas que las que me llevaron a leer el libro. Y por eso lo recomiendo. Vuelve a plantear con renovada franqueza las duras preguntas y argumentos sobre cómo, en el siglo XXI, la clase y el capital siguen definiendo centralmente las opresiones y desafíos duraderos y cambiantes a los que se enfrenta África meridional, pero cuya relevancia es tanto local como global.
Chanda Mfula
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Empire of Disorder

by Alain Joxe

Imperio del desorden de Alain Joxe
Escrito hace ya más de 20 años, El imperio del desorden, de Alain Joxe, es uno de los tres libros que más me ha gustado leer y pensar este año. Sobre todo desde el inicio, el 7 de octubre de 2023, de la guerra israelí de extrema violencia y terror contra Gaza y el pueblo palestino. Los lectores pueden encontrar el análisis de Joxe de la «Cuestión Palestina» y las guerras en curso de Israel y su condición de Estado cliente de EE.UU. increíblemente perspicaz y clarividente [El libro está disponible aquí como descarga gratuita].

Caroline Ifeka
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Revolutionary State-Making in Dar es Salaam

by George Roberts

La creación de un Estado revolucionario en Dar es Salaam de George Roberts
Roberts sitúa a Dar es Salaam en el lugar que le corresponde en la historiografía política de la liberación en África Austral en particular y en el Sur Global en general. En un momento en que la xenofobia y el nacionalismo parroquial están en alza, Roberts recuerda a los lectores el papel estratégico de esta «ciudad revolucionaria» y su calle Nkrumah en la forja del panafricanismo y la solidaridad «tercermundista» durante los «sesenta globales». El libro es una joya para los interesados en la política de la Guerra Fría, la construcción del Estado, el capitalismo, el socialismo, el urbanismo, la globalización y el transnacionalismo [El libro está disponible aquí como descarga gratuita].
Chambi Chachage
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Dismantling Green Colonialism: Energy and Climate Justice in the Arab Region

edited by Hamza Hamouchene and Katie Sandwell


Desmontando el colonialismo verde: Energía y justicia climática en la región árabe
editado por Hamza Hamouchene y Katie Sandwell
Pocos años después de recopilar y editar The Arab Uprisings: A Decade of Struggles (una de las lecturas radicales recomendadas del año pasado), Hamza Hamouchene lo ha vuelto a hacer, esta vez asociándose con la coeditora Katie Sandwell para publicar una oportuna recopilación de escritos sobre el colonialismo verde en la región árabe. El libro, que abarca un amplio abanico de países, desde Marruecos, el Sáhara Occidental, Argelia y Túnez hasta Egipto, Sudán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Jordania y Palestina, es una obra colectiva que cuestiona el eurocentrismo, llama la atención sobre las agendas imperialistas que frenan o subyacen a las transiciones energéticas, y pone en primer plano un análisis basado en las clases sociales que con demasiada frecuencia está ausente en los relatos y debates sobre la justicia climática. El libro, que puede descargarse gratuitamente aquí, también puede adquirirse por un precio aproximado de 12 libras (15 dólares).
Ben Radley
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Red Africa: Reclaiming Revolutionary Black Politics

by Kevin Okoth

África Roja: Reclaiming Revolutionary Black Politics de Kevin Okoth
Mi lectura radical del año es el libro de Kevin Okoth Red Africa: Reclaiming Revolutionary Black Politics de Kevin Okoth. Me ha gustado mucho su crítica del afropesimismo y su intento de demostrar que el marxismo y la liberación negra no siempre son incompatibles [véase aquí una reseña más extensa de Mikayla Tillery].
Chinedu Chukwudinma

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Dark Emu

by Bruce Pascoe

Emú oscuro de Bruce Pascoe
Mi hija vive en Australia, así que paso mucho tiempo en el continente. He observado cómo uno de los ultrajes de un país que parece considerarse una «tierra prometida» es el trato que da a la población aborigen. Hacinados en asentamientos rurales, sufriendo a diario abusos y racismo y encarcelados por el Estado, los aborígenes australianos son invisibles en el llamado sueño australiano.
El mito de que la historia de Australia sólo comenzó realmente con la llegada de los aventureros y colonialistas europeos en 1788 se repite anualmente en el Día de Australia, una celebración patriotera de la llegada de los primeros colonos en 1788, rebautizada como Día de la Invasión por los activistas. La verdadera historia de este asentamiento es el genocidio de aborígenes australianos en todo el continente en el siglo XIX. Sin embargo, la resistencia fue tremenda desde el principio, y muchos colonos, incluidos convictos, murieron en una revuelta anticolonial organizada. Por cada colono asesinado, cincuenta aborígenes australianos eran masacrados: ¿le suena familiar?
Una de las grandes mentiras de la colonización y ocupación australianas fue que la Australia precolonial era un páramo desértico, con extensiones de tierra sin cultivar pobladas por cazadores y recolectores. Estas falsedades siguen perpetuándose en la prensa popular y académica.
En 2014, el autor aborigen Bruce Pascoe escribió Dark Emu, un libro extraordinario que leí en mi reciente visita a Australia (leer es la única cura que conozco para el jetlag). La tesis de Pascoe es simple, y su evidencia extensa: la etiqueta cazador-recolector es un apelativo colonial que denigra una compleja historia de sociedades agrícolas desarrolladas y asentadas, con comunidades grandes y diversas en todo el continente.
A partir de los informes y diarios de los primeros colonialistas, Pascoe aporta pruebas de presas, diques, canales y trampas para peces aborígenes, y sostiene que los aborígenes precoloniales practicaban una acuicultura avanzada. Sin embargo, este mundo extraordinario y complejo fue sistemáticamente destruido por la colonización europea, y gran parte de la historia borrada conscientemente.
Cuando hace unos años investigaba la vida de Walter Rodney, encontré en el archivo de Atlanta correspondencia entre un grupo de activistas aborígenes y Rodney a mediados de los años setenta. Inspirados por su libro How Europe Underdeveloped Africa (Cómo Europa subdesarrolló África), recientemente publicado, expresaban su afinidad con la obliteración de su propia historia por el colonialismo, y la necesidad de resucitarla.
Más de cuarenta años después, Pascoe ha escrito una contribución a la historia de Australia a la altura del clásico de Rodney. Insto a nuestros lectores a que se hagan con un ejemplar.
Leo Zeilig
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Joan Wicken: A Lifelong Collaboration with Mwalimu Nyerere

by Aili Mari Tripp

Joan Wicken: Una colaboración de por vida con Mwalimu Nyerere por Aili Mari Tripp
Un fascinante estudio de Joan Wicken, la asistente personal y redactora de discursos del Presidente Julius K Nyerere de 1961 a 1985. Basado en las entrevistas de la autora con la Sra. Wicken, combina su historia y su experiencia y percepciones de Nyerere. Joan Wicken fue testigo de la «enorme» acogida de Nyerere en un pueblo tras otro a principios de los 60, en campaña por la independencia y por TANU después. Todas las noches discutían los problemas que habían surgido ese día y los acontecimientos del día siguiente. Ella redactaba un discurso basándose en esas discusiones, él lo repasaba, añadía algo y se lo devolvía para que lo puliera. Nyerere solía «ceñirse al guión» en sus discursos en inglés, mientras que improvisaba mucho en kiswahili. A menudo no había discursos escritos en las reuniones multitudinarias.
Nyerere hablaba libremente con Joan Wicken sobre temas más que sobre personas, sabiendo que «no iría a ninguna otra parte», razón por la que embargó sus notas durante treinta años después de su muerte. Podía discutir con él debido a la edad y a puntos de vista similares. En años posteriores, a Mwalimu le preocupaba «que el partido se estuviera volviendo flojo y estuviera perdiendo la preocupación por la gente y la implicación con el pueblo». Pensaba que Nyerere era un demócrata dispuesto a pasar por encima de los dirigentes para llegar al pueblo, como en el caso de la Declaración de Arusha de ujamaa na kujitegemea [socialismo y autosuficiencia]; «Al pueblo le encantó, pero no a los dirigentes». El libro está lleno de joyas como ésta, pero se vería reforzado con más análisis.
Marjorie Mbilinyi
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Amílcar Cabral: The Life of a Reluctant Nationalist

by António Tomás

Amílcar Cabral: la vida de un nacionalista reticente de António Tomás
Esta nueva biografía de Cabral traza muchos de los temas que conforman su movilización política y la lucha por la liberación del colonialismo portugués en Guinea-Bissau y Cabo Verde.  Se basa en material de archivo recientemente disponible y, entre otras cosas, destaca el contexto personal y familiar de su movilización política. El libro desarrolla un análisis de cómo y por qué la soberanía nacional es tan importante y el papel de la lucha militar y la organización política en su consecución. El libro reflexiona sobre el pragmatismo de Cabral a la hora de formular estrategias de liberación y unidad entre Guinea-Bissau y Cabo Verde, así como sobre la política de etnicidad que a menudo le frustró. Tal vez de forma polémica, Tomás señala cómo, al enfrentarse a poderosas fuerzas externas (imperialistas), Cabral observó que «la mejor ideología que se podía tener era no tener ninguna».
Ray Bush
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The Hundred Years War on Palestine: A History of Settler Colonialism and Resistance, 1917-2017

by Rashid I. Khalidi

and

Mental Health and Human Rights in Palestine: The Life of Gaza’s Pioneering Psychiatrist Dr Eyad Sarraj

by Wasseem El Sarraj

La Guerra de los Cien Años en Palestina: Una historia de colonialismo de colonos y resistencia, 1917-2017 de Rashid I. Khalidi
y
Salud mental y derechos humanos en Palestina: La vida del pionero psiquiatra de Gaza Dr. Eyad Sarraj de Wasseem El Sarraj
El brutal y feroz bombardeo de Gaza en octubre me llevó a sumergirme en la literatura sobre el colonialismo sionista en Palestina y la resistencia del pueblo palestino. La mayor parte de lo que hice fue releer. Los libros de Rashid Khalidi y Wasseem El Sarraj fueron dos de los que leí por primera vez, y me parecieron valiosísimos. Ambos son similares en dos aspectos.
En primer lugar, como muchos otros libros que merece la pena leer sobre la historia de la lucha palestina, ambos ofrecen una rica historia de la tierra. Remontándose siglos atrás, desmienten las mentiras sionistas de «una tierra sin pueblo, para un pueblo sin tierra». Revelan las acciones engañosas de Gran Bretaña, que abarcan desde la declaración Balfour hasta la Nakba, y el continuo respaldo de las potencias imperialistas al colonialismo judío. Los libros examinan cómo los países árabes, como Jordania, han tenido posturas contradictorias respecto a la causa palestina y cómo esto repercute en la lucha del pueblo. Además, destacan la «historia desde abajo» de esta lucha en toda su fuerza, debilidad, dolor y tenacidad.
En segundo lugar, un elemento distintivo de estos libros son los vínculos personales que los escritores tienen con las historias que cuentan. Ambos autores proceden de familias influyentes que se opusieron al expansionismo sionista antes de la Nakba y han mantenido su compromiso con el movimiento de liberación palestino.
En La guerra de los cien años en Palestina, Khalidi señala que Gran Bretaña e instituciones sionistas como la Asociación de Colonización Judía no dejaban lugar a dudas de que su objetivo era la colonización de Palestina. Pero «una vez que el colonialismo adquirió un mal olor en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, los orígenes coloniales y la práctica del sionismo y de Israel fueron blanqueados y convenientemente olvidados en Israel y en Occidente». E incluso se presentó el movimiento sionista como una lucha anticolonial de Israel por la autodeterminación, en el periodo que condujo a la Nakba.
En Salud mental y derechos humanos en Palestina, El Sarraj escribe como «un joven birracial (mitad palestino/mitad inglés)». El libro es la culminación de la tarea que se había impuesto su padre, Eyad Sarraj: escribir las memorias de Eyad. El mayor de los Sarraj no pudo terminarlo definitivamente porque su vida estaba entrelazada con la de la lucha por una Gaza liberada, y una Palestina libre. El Sarraj más joven no exageró cuando dijo que el libro es una biografía de la vida de su padre, y «también es una historia de Palestina centrada en Gaza». Su padre decía sin miedo la verdad al poder, incluso desafiando a los líderes palestinos. Esto le valió ser encarcelado varias veces tanto por el Estado de Israel como por la Autoridad Palestina.
Un aspecto del libro que me llamó la atención a la luz de los acontecimientos actuales es cuando señala que los bombardeos aéreos se convirtieron en una característica de la vida en Gaza, décadas atrás. Al leer esto, no pude sino reflexionar sobre la insensatez de los argumentos de que Israel necesitaba el ataque de Hamás del 7 de octubre para bombardear la franja de Gaza. Aunque el despiadado bombardeo actual no tiene precedentes, en esencia es la continuación de una larga trayectoria de «disciplinamiento» colonialista de asentamientos sangrientos contra el pueblo cuya tierra habían robado.
Eyad pasó la mayor parte de su vida luchando para «acabar con el asedio a Gaza». Y sus palabras «prefiero morir con dignidad que vivir con miedo» captan el espíritu de la lucha por una Palestina libre, del río al mar.
Mientras los palestinos de Gaza se enfrentan a uno de los bombardeos más feroces de la historia reciente, este espíritu da fuerza incluso ante el trauma. Para los radicales de África y de todo el mundo en esta época traumática, este es un espíritu que debe seguir guiándonos. Libros como los de Khalidi y Sarraj son tónicos para este espíritu.
Baba Aye

3. Resumen de la guerra en Palestina, 31 de diciembre.

El resumen de Mondoweiss. Ayer no hubo de Rybar

https://mondoweiss.net/2023/

Día 86 de la «Operación Al-Aqsa»: Israel cae en una «grave trampa estratégica» en Gaza mientras Netanyahu promete luchar «durante meses».
El gabinete de guerra israelí presiona a Netanyahu para discutir «el día después» en Gaza mientras Hamás difunde vídeos de ataques contra tanques israelíes, y el FPLP dice que un soldado cautivo murió durante un ataque aéreo israelí. Mientras tanto, la UNRWA advierte del hambre generalizada.
Por Mustafa Abu Sneineh 31 de diciembre de 2023

Víctimas
Más de 21.822 muertos* y al menos 56.451 heridos en la Franja de Gaza.
316 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental.
Israel revisa a la baja su estimación de víctimas del 7 de octubre, de 1.400 a 1.147.
504 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 1.952 heridos.
*Esta cifra fue confirmada por el Ministerio de Sanidad de Gaza el 31 de diciembre. Debido a las interrupciones en las redes de comunicación dentro de la Franja de Gaza, el Ministerio de Salud de Gaza no ha podido actualizar con regularidad y precisión sus cifras desde mediados de noviembre. Algunos grupos de derechos humanos sitúan la cifra de muertos en torno a los 28.000, si se tienen en cuenta los presuntos muertos.

Acontecimientos clave

  • Un ataque aéreo israelí mata a Yousef Salama, ex ministro de Dotaciones y Asuntos Religiosos, en su casa del campo de refugiados de Al-Maghzai.
  • UNRWA advierte del hambre generalizada en la Franja de Gaza, ya que las fuerzas israelíes impiden la entrada de suministros de ayuda, alimentos, agua y combustible.
  • Ante la escasez de alimentos básicos como la harina, decenas de familias palestinas recurren al mar en busca de comida, lanzando redes primitivas para pescar y poder comer, informó Al-Jazeera Arabic.
  • El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirma que los combates en Gaza continuarán «durante meses», mientras el gobierno aplaza las elecciones locales hasta febrero.
  • El diario Haaretz advierte de que Israel se encuentra en una «trampa estratégica» en Gaza mientras lucha contra Hezbolá en Líbano, Ansar Alá en Yemen y el movimiento de Resistencia Islámica en Irak.
  • Netanyahu afirma que «si Hezbolá amplía los combates, absorberá ataques con los que nunca soñó. Y lo mismo ocurrirá con Irán».
  • Las Brigadas Abu Ali Mustafa del FPLP anuncian la muerte de un soldado israelí cautivo; su portavoz, Abu Jamal, afirma que combatientes del FPLP han destruido 95 vehículos israelíes desde finales de octubre.
  • Las Brigadas Izz Al-Din Al-Qassam de Hamás difunden una recopilación de vídeos de combatientes atacando tanques y excavadoras israelíes con proyectiles antitanque Al-Yaseem de 105 mm, de fabricación palestina.
  • Aviones teledirigidos israelíes disparan misiles en el campo de refugiados de Nour Shams, en Tulkarem, hiriendo a dos residentes.

Un ataque aéreo israelí mata a Yousef Salama, ex ministro de Dotaciones y Asuntos Religiosos.
El Ministerio de Sanidad de Gaza anunció el domingo por la mañana que 21.822 mártires palestinos murieron y 56.451 resultaron heridos en los 86 días de agresión israelí en la Franja de Gaza. Cientos de personas siguen desaparecidas bajo los escombros y se cree que han muerto.
En las últimas 24 horas, los ataques aéreos y los bombardeos de artillería israelíes mataron al menos a 50 mártires en 12 masacres; según el Ministerio de Sanidad, 64 de ellos murieron en ataques israelíes en el centro de Gaza.
Yousef Salama, ex ministro de Dotaciones y Asuntos Religiosos de la Autoridad Palestina (AP), murió en un asalto israelí a su casa en el campo de refugiados de Al Maghzai el domingo por la mañana.
Salama, que era imán y predicador en la mezquita de Al Aqsa, en la Jerusalén ocupada, fue asesinado junto con otros miembros de su familia.
La UNWRA advierte del hambre generalizada en Gaza
Thomas White, director de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, UNRWA, advirtió del hambre generalizada en la Franja de Gaza, ya que las fuerzas israelíes están impidiendo que entren en el enclave suficientes suministros de ayuda, alimentos, agua y combustible.
«La gente está hambrienta y simplemente desesperada por comida», escribió en X, compartiendo un vídeo de cientos de personas arremolinándose y escalando uno de los pocos camiones de ayuda de la UNRWA autorizados a entrar en Gaza la semana pasada.
«El 40% de la población [está] en riesgo de hambruna. Se necesitan más suministros regulares – requieren un acceso humanitario seguro y sostenible en todas partes, incluido el norte de Gaza», añadió.
Los viajes de los transportes de la UNRWA hacia y desde el norte de Gaza estaban plagados de riesgos. White dijo que la semana pasada, soldados israelíes abrieron fuego contra un convoy de UNRWA cuando regresaba del norte de Gaza, dañando un vehículo.
Ante la escasez de alimentos esenciales, como la harina, decenas de familias palestinas recurrieron al mar, lanzando sus redes para pescar peces o cangrejos y poder comer.
En los primeros días del bombardeo israelí de Gaza, decenas de panaderías fueron bombardeadas, algunas de ellas mientras la gente hacía cola para conseguir su ración de pan del día.
Al-Jazeera Arabic informó de que los palestinos volvieron a la costa dañada por los tanques y los bombardeos israelíes. Un pescador dijo a Al-Jazeera que las fuerzas israelíes destruyeron todas las embarcaciones motorizadas del puerto de Gaza, dejando intactas unas pocas hasakahs, o pequeñas embarcaciones pesqueras que no pueden adentrarse profundamente en el mar.

Las fuerzas israelíes siguen bombardeando casas palestinas en Gaza
Hasta el sábado por la noche, 25 palestinos habían muerto en los bombardeos israelíes de casas en los campos de refugiados de Al-Maghazi y Al-Nuseirat y en el barrio de Al-Zawaida, en el centro de Gaza, y en Rafah, en el sur.
La agencia de noticias Wafa informó de que tres personas murieron cuando las fuerzas israelíes atacaron la casa de la familia Salem en la zona de Al-Sawarha de Al-Nuseirat, mientras que decenas de personas resultaron heridas de la familia Abu Hamda, al oeste del campo.
Cinco miembros de la familia Shehadeh murieron en un ataque aéreo israelí contra su casa en Al Maghazi, y decenas resultaron heridos en el ataque y fueron trasladados al cercano Hospital de los Mártires de Al Aqsa.
Israel también bombardeó la casa de la familia Abu Jumaa en Al-Zawaida, en el centro de Gaza, matando a 12 personas e hiriendo a otras, mientras que en el este de Rafah, aviones de guerra israelíes bombardearon la casa de Eid Rafiq Salman Abu Rashid en el barrio de Al-Salam.
En el barrio de Tal Al-Sultan, en Rafah, también fue bombardeada la casa de Abu Jamous.
El domingo por la mañana, las fuerzas israelíes destruyeron tres mezquitas en distintas zonas de la Franja de Gaza. Las mezquitas de Al-Muhajireen y Al-Sahaba fueron bombardeadas en el campo de Al-Maghazi, y la mezquita de Al-Furqan, en la zona de Al-Hakar, en Deir Al-Balah.
La casa de la familia Qandil fue atacada por Israel el domingo por la mañana, así como las oficinas de la Asociación Al-Salah en el campo de refugiados de Al-Maghazi, informó Wafa.
Wafa informó de que el hospital Al-Awda recibió el domingo por la mañana a decenas de palestinos heridos y muertos en ataques aéreos israelíes en el campo de Al-Nuseirat. En el este de Jan Yunis, un helicóptero israelí disparó ráfagas de ametralladora contra palestinos mientras las fuerzas terrestres bombardeaban la parte oriental de los campos de refugiados de Al-Bureij y Al-Nuseirat.
El domingo, la casa de la familia Al-Tahrawi, al oeste de Rafah, fue blanco de un misil teledirigido israelí. Al parecer, decenas de personas murieron o resultaron heridas.

Netanyahu afirma que los combates durarán meses
Los combates armados entre los combatientes de la resistencia palestina y las fuerzas israelíes se centran ahora en los barrios del norte de Gaza y en las localidades de los alrededores de Jan Yunis, en el centro de Gaza.
Las fuerzas israelíes difundieron el viernes un vídeo en el que se ve cómo atacan desde el aire a un combatiente palestino, matándolo mientras corría. Fue identificado como Tayseer Abu Ta’imeh, combatiente de las Brigadas Izz Al-Din Al-Qassam.
Su gesto antes de su último aliento en Jan Yunis se hizo viral en las redes sociales. Abu Ta’imeh levantó el dedo índice de su mano derecha en señal de Shahada, un testimonio en el Islam, antes de inclinarse en el suelo y morir.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó el sábado que los combates en Gaza continuarán «durante meses», mientras su gobierno posponía las elecciones locales a febrero.
Netanyahu se enfrenta a la creciente presión del gabinete de guerra para debatir «el día después» en Gaza, así como a las protestas generalizadas y continuas en Tel Aviv que piden su dimisión.
Sus dos ministros de coalición, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, también le presionan para que siga adelante con la guerra en Gaza. Ben-Gvir ya había amenazado con dimitir si se detenía la guerra, mientras que Smotrich se había opuesto a la reunión de la semana pasada sobre «el día después» en el gabinete de guerra, lo que llevó a Netanyahu a cancelarla por completo.
Aunque Ben-Gvir y Smotrich no son miembros del gabinete de guerra, tienen una inmensa influencia sobre el gobierno de Netanyahu, ya que su alianza obtuvo 14 escaños en la Knesset.

Haaretz dice que Israel cayó en una «grave trampa estratégica»
El analista político israelí Amos Harel advirtió en Haaretz que Israel se encuentra en una «trampa estratégica» en Gaza, ya que está luchando contra el movimiento Hezbolá en Líbano, el grupo Ansar Alá de Yemen (comúnmente conocido como los «huzíes») y el movimiento de la Resistencia Islámica de Irak.
Harel escribió que «hay que decir la verdad: Israel se encuentra en una grave trampa estratégica» tras los ataques cruzados de Hamás el 7 de octubre.
Añadió que «las amenazas a la seguridad que fueron reprimidas durante años, de una manera que permitía a la mayoría de los ciudadanos israelíes seguir su rutina diaria con una sensación limitada de riesgo, se intensificaron enormemente, alterando fundamentalmente la vida cotidiana israelí».
Harel afirmó que sigue sin estar claro cómo podría Israel salir de la trampa, y advirtió de que «podría surgir una situación casi permanente en la que se libraría una prolongada guerra de desgaste a lo largo de dos fronteras como mínimo», en referencia a Gaza y Líbano.
Israel había mantenido estos dos conflictos sin resolver en un segundo plano, pero después del 7 de octubre, Harel escribió que «el conflicto palestino y el enfrentamiento con Hezbolá… han vuelto al centro de la escena regional».
El sábado, Netanyahu amenazó con que «si Hezbolá amplía los combates, absorberá golpes con los que nunca soñó. Y lo mismo ocurrirá con Irán. Lucharemos por todos los medios hasta que hayamos restablecido la seguridad para los residentes del norte».
Desde el 27 de octubre, el ejército israelí dijo que 174 soldados murieron en combates con combatientes palestinos en Gaza. Maariv informó de que, desde octubre, el hospital Barzilai de Tel Aviv ha atendido a 3.500 israelíes heridos.

Las Brigadas Abu Ali Mustafa del FPLP anuncian la muerte de un soldado israelí en cautiverio
El portavoz militar de las Brigadas Abu Ali Mustafa, brazo armado del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), anunció el sábado la muerte de un soldado en su cautiverio durante un ataque aéreo israelí.
El FPLP es el segundo grupo político de la Organización para la Liberación de Palestina después de Al Fatah, ya que Hamás no es miembro formal de la OLP.
Abu Jamal, portavoz militar de las Brigadas Abu Ali Mustafa, declaró que el ataque aéreo se produjo tras una operación fallida de una fuerza especial israelí para liberar al soldado. Varios otros cautivos resultaron heridos.
Abu Jamal afirmó que el FPLP aún mantiene cautivo el cadáver del soldado israelí y se apoderó de parte del equipo de la fuerza especial, que incluía lápices de memoria flash y un ordenador portátil. Se difundió un vídeo que mostraba el cadáver del soldado israelí y el equipo eléctrico.
Abu Jamal afirmó que los combatientes del FPLP destruyeron 95 vehículos israelíes desde finales de octubre.
Izz Al-Din Al-Qassam, de Hamás, difundió también un vídeo recopilatorio de sus combatientes de la resistencia atacando tanques y excavadoras israelíes con proyectiles antitanque Al-Yaseem de 105 mm, de fabricación palestina.
Un combatiente de Hamás parece colocar un explosivo en la carrocería del tanque israelí Merkava tras salir del pozo de un túnel en Jan Yunis. El combatiente activa la bomba y luego vuelve corriendo al túnel.
Al-Qassam también difundió un vídeo de sus fuerzas atacando a soldados israelíes en los barrios de Al-Daraj y Al-Tuffah, en la ciudad de Gaza, y de un avión de reconocimiento israelí Skylark-2 derribado en la Franja de Gaza.

Fuerzas israelíes asaltan los campos de refugiados de Al-Fawwar y Nour Shams
Las fuerzas israelíes detuvieron a decenas de palestinos de las ciudades ocupadas de Naplusa, Tulkarem, Hebrón y Jericó, en Cisjordania.
Un dron israelí disparó misiles, hiriendo a dos palestinos, en el campo de refugiados de Nour Shams, en Tulkarem, mientras las fuerzas rodeaban el hospital gubernamental de Thabet Thabet, en la ciudad, informó Wafa.
Los ataques con drones se lanzaron contra los barrios de Al-Ghanem y Al-Madars, en Nour Shams, en una operación que duró 10 horas.
Israel teme que Nour Shams se convierta en una plataforma de lanzamiento de ataques de la resistencia contra colonos y cuarteles militares en el norte de Cisjordania, y su ejército ha estado realizando incursiones en Tulkarem casi a diario durante los últimos meses como parte de su estrategia de contrainsurgencia de «cortar el césped».
Decenas de vehículos militares israelíes asaltaron el sábado por la noche el campo de refugiados de Al-Fawwar, en Hebrón, tras un ataque con coche bomba contra un puesto de control militar.
Ammar Abu Hussein hirió a cuatro soldados israelíes antes de ser abatido el sábado por la tarde. Las fuerzas israelíes irrumpieron en la casa de su familia en el campo de Al-Fawwar y les notificaron una orden de demolición. Varios palestinos de Al-Fawwar también fueron detenidos durante la redada.
Desde el 7 de octubre, fuerzas y colonos israelíes han matado al menos a 316 palestinos en Cisjordania y Jerusalén ocupadas.

4. Más sobre el arsenal nuclear israelí

Más sobre el arsenal nuclear israelí, con un detalle que no conocía: la participación alemana. Ese país que se las apaña para equivocarse siempre en geoestrategia.

https://newleftreview.org/

Amo y criado
Wolfgang Streeck 20 de diciembre de 2023
La masacre israelí en Gaza es una catástrofe, y no sólo para los torturados reclusos de la ciudad, que languidecen desde hace décadas bajo una ocupación despiadada. Estados Unidos en particular, pero también Alemania, quedarán para siempre estrechamente asociados a esta implacable matanza de miles de hombres, mujeres y niños inocentes, una matanza que ambos países siguen suscribiendo material y diplomáticamente. A los dos meses y medio de la matanza masiva, Estados Unidos vetó una resolución del Consejo de Seguridad que habría devuelto alguna esperanza de supervivencia a los gazatíes que aún quedaban tras el infierno de bombardeos y bombardeos continuos. Para entonces, tras la irrupción de Hamás y el ataque asesino contra los kibutzim cercanos al muro de Gaza, habían muerto más de 20.000 gazatíes, 8.700 de ellos niños y 4.400 mujeres, y 50.000 habían resultado heridos, frente a los 121 soldados israelíes muertos, una quinta parte de ellos víctimas de fuego amigo o accidentes de tráfico. Desde el comienzo de la guerra, la aviación israelí afirma haber bombardeado 22.000 objetivos «terroristas»: más de 300 al día, todos los días, en una superficie del tamaño de Múnich.
A finales de año, el 90% de los aproximadamente 2,3 millones de habitantes de la Franja de Gaza se han quedado sin hogar, perseguidos por el ejército israelí desde el norte hasta el sur de la Franja de Gaza y de vuelta, conminados a refugiarse en zonas supuestamente seguras que posteriormente son bombardeadas. El hambre roza la inanición, la atención médica es escasa, no hay combustible ni suministro eléctrico regular, y no hay indicios de que la matanza vaya a terminar pronto. La razón aducida por Estados Unidos para vetar la resolución del Consejo de Seguridad que exigía un alto el fuego inmediato fue que sería «poco realista». Mientras tanto, el gobierno alemán, dirigido por su feminista ministra de Asuntos Exteriores Annalena Baerbock, exige «pausas humanitarias» como alternativa a la paz, tras las cuales las matanzas deben continuar hasta que «Hamás», preparado para la muerte con una comida gratis de la UNRWA, sea finalmente «erradicado».
Lo que resulta espeluznante es que en el interminable flujo de informes y comentarios sobre la guerra de Gaza apenas se menciona que Israel es una potencia nuclear, y en absoluto una potencia menor. Para ser un país pequeño, Israel está fuertemente armado, y no sólo convencionalmente. En total, Israel gasta más del 4,5% de su PIB en su ejército (a partir de 2022), lo que probablemente no incluye una buena cantidad de asistencia militar gratuita proporcionada por Estados Unidos y Alemania. Antes del último asalto a Gaza, se estimaba que Israel tenía al menos 90 cabezas nucleares y reservas de material fisible de más de 200 unidades. Y lo que es aún más importante, Israel tiene a su disposición toda la gama de medios de lanzamiento nuclear, el llamado trípode: terrestre, aéreo y marítimo. Los misiles nucleares terrestres de Israel se guardan supuestamente en silos lo suficientemente profundos como para resistir un ataque nuclear, lo que los hace adecuados no sólo para un primer ataque, sino también para un segundo. Para el lanzamiento nuclear por aire, las IDF mantienen una flota de al menos 36 de un total de 224 aviones de combate con una amplia capacidad de reabastecimiento. Israel también dispone de seis submarinos -de la llamada clase Dolphin- que, según los expertos, pueden disparar misiles de crucero con armas nucleares. Los misiles tienen un alcance estimado de 1.500 kilómetros, lo que proporciona a Israel una plataforma casi invulnerable para la defensa nuclear o, en su caso, el ataque. En general, se puede suponer que Israel dispone de todo el espectro de capacidades nucleares, desde armas tácticas para el campo de batalla hasta el bombardeo aéreo de zonas de concentración militar, pasando por el bombardeo de ciudades como Teherán.
No se sabe exactamente cómo se convirtió Israel en una potencia nuclear, lo más probable es que poco a poco, pasito a pasito. Ciertamente, no hay falta de ciencia nuclear en Israel. Es posible que Estados Unidos haya ayudado, algunas administraciones más que otras, junto con amigos estadounidenses de Israel en lo más profundo del complejo militar-industrial estadounidense. Al igual que otras potencias nucleares no nucleares, Estados Unidos se dedica a la no proliferación y, de hecho, tiene un gran interés nacional en ella, al igual que Rusia y China. Sin embargo, el espionaje puede haber sido un factor; ¿recuerdan a Jonathan Pollard, analista de defensa estadounidense y espía israelí que tras su descubrimiento en 1985 se libró por los pelos de una condena a muerte? A pesar de los incesantes esfuerzos israelíes por conseguir su extradición, Pollard tuvo que cumplir 28 años de prisión hasta que fue indultado por la administración saliente de Obama, en contra de los deseos de la cúpula militar estadounidense.
También parece haber un componente alemán, y tiene que ver sobre todo con esos submarinos israelíes. La misteriosa afirmación de Merkel en 2008 de que la seguridad de Israel era la
raison d’etat de Alemania, recibida con entusiasmo por el gobierno israelí y ahora repetida como loro literalmente todos los días por el gobierno alemán y sus medios de comunicación staatstreue, podría tener que ser leída en este contexto. Como ya se ha mencionado, entre 1999 y 2023 se entregaron seis submarinos. De los tres primeros, Alemania pagó por dos de ellos, mientras que el coste del tercero fue compartido, supuestamente como penitencia por lo que Estados Unidos alegó que era la participación de empresas alemanas en el desarrollo de armas iraquíes de destrucción masiva -que, por supuesto, resultó que nunca existieron. (Por los tres submarinos siguientes, Alemania aceptó pagar 600 millones de euros).
Si los submarinos israelíes construidos en Alemania están equipados con misiles nucleares, no sólo lo sabría el fabricante ThyssenKrupp, sino también el Gobierno alemán. Esto también es válido para Estados Unidos, que habría hecho la vista gorda ante el incumplimiento por parte de Alemania de sus obligaciones en virtud del Tratado de No Proliferación. Desde 2016 hasta unos meses antes de la guerra de Gaza, la perspectiva de otros tres submarinos construidos en Alemania, que también serían subvencionados por el Estado alemán, fue discutida por los dos gobiernos. Pero esta vez había dudas en Israel sobre si eran realmente necesarios. También hubo un escándalo de corrupción en la parte israelí, en el que, entre otras cosas, ThyssenKrupp contrató como abogado a un primo de Netanyahu. Al ser investigado por la fiscalía israelí, el asunto se vio envuelto en un conflicto constitucional entre el Gobierno de Netanyahu y el poder judicial. En 2017, la parte alemana se vio obligada a posponer una decisión final hasta que se resolvieran los cargos de corrupción israelíes. Después, en enero de 2022, se firmó el contrato para los tres submarinos. Del precio estimado de 3.000 millones de euros, Alemania pagará al menos 540 millones.
Israel nunca ha admitido oficialmente que posee armas nucleares; sin embargo, algunos de sus dirigentes, a menudo primeros ministros retirados, han dejado caer ocasionalmente indirectas en este sentido, y probablemente no por accidente. Dejar la cuestión abierta significa que no habrá inspecciones ni presiones del OIEA. Mantener a los adversarios potenciales en la oscuridad sobre el tamaño y el propósito exacto, o incluso la existencia misma, de su capacidad nuclear también puede ofrecer ventajas estratégicas (no se sabe nada con certeza sobre la doctrina nuclear de Israel, por ejemplo). Lo que se puede suponer es que Israel está decidido a seguir siendo la única potencia nuclear de la región, como indican sus bombardeos ocasionales de reactores nucleares en Siria y sus propuestas a Estados Unidos para impedir que Irán adquiera bombas nucleares, no mediante un tratado al estilo de Obama, sino mediante una intervención militar. También cabe suponer que Israel, a diferencia de otras potencias nucleares, no excluye el primer uso de sus armas nucleares, dado que está rodeado por varias naciones con las que se encuentra en estado de enemistad. Esto debería mantenerse especialmente en una situación en la que el gobierno israelí considera que la supervivencia del Estado israelí está en peligro, aunque lo que significa exactamente supervivencia sigue abierto, a menos que se adopte la definición tanto del gobierno de extrema derecha de Netanyahu como del gobierno de Alemania, para quienes el derecho de Israel a existir incluye el derecho de Israel a definir sus fronteras a voluntad.
A medida que prosigue la guerra de Gaza, la incertidumbre en torno a la fuerza nuclear de Israel parece regir cada vez más los acontecimientos en ambos campos de batalla, el diplomático y el militar. Protegido por su velo de imprevisibilidad, el gobierno israelí parece creer que puede infligir a Gaza, y pronto quizá también a Cisjordania, cualquier castigo que elija, sin tener que temer la interferencia externa de nadie. En las últimas semanas, Netanyahu ha actuado como si pudiera decir a Washington, en particular, que su apoyo a Israel debe ser incondicional, ya que, si se le presiona, Israel podría defenderse por sí solo, apoyándose en su trípode nuclear. La masacre de Gaza corre el riesgo de convertir a Israel en uno de los países más odiados del mundo, junto con Alemania -que, a diferencia de Estados Unidos, está sólidamente unida al gobierno de Netanyahu-; sin embargo, parece haber una opinión establecida por parte del alto mando israelí de que esto no importa, ya que ningún gobierno cercano ni lejano se atreverá a ceder a la presión interna para acudir en apoyo de Gaza.
Hay otro punto de vista en este asunto, que quizá sea aún más aterrador. En octubre de 1973, durante la guerra del Yom Kippur, lo que más tarde se conoció como las cintas del Watergate grabaron una conversación entre Richard Nixon, entonces todavía presidente, y su ayudante más cercano, Bob Haldeman. Cuando Haldeman informó a Nixon de que la situación en Oriente Medio se estaba volviendo crítica, Nixon le ordenó que pusiera en alerta máxima las fuerzas nucleares estadounidenses en todo el mundo. Haldeman, estupefacto: Sr. Presidente, los soviéticos pensarán que está loco. Nixon, en respuesta: Eso es exactamente lo que quiero que crean. En un entorno estratégico nuclear, la locura creíble puede ser un arma eficaz, especialmente para un gobierno dirigido por alguien como Netanyahu. Como se ha señalado, Israel no tiene una doctrina nuclear oficial, y no puede tenerla ya que no admite ser una potencia nuclear. Pero parece probable que si la existencia de Israel se viera amenazada a los ojos de su gobierno, éste no dudaría en hacer uso de todas sus armas, incluidas las nucleares. Esto hace relevante que la actual coalición gobernante de Israel incluya a personas que consideran la Biblia como una especie de catastro. Para muchos de ellos, el mito del suicidio colectivo de Masada en el año 73 d.C., después de que se perdiera la primera guerra judeo-romana, es una poderosa fuente de inspiración política, un hecho que no puede desconocer ningún servicio de inteligencia que aún esté a disposición del gobierno estadounidense.
De hecho, existe un modelo aún más antiguo de heroísmo israelí, el mito de Sansón, que parece no ser menos popular entre al menos algunos de los estrategas nucleares dentro y alrededor del mando de las IDF. Sansón fue un gobernante de Israel -un «juez»- en tiempos bíblicos, durante la guerra entre los israelitas y los filisteos en el siglo XIII o XII antes de Cristo. Al igual que Heracles, Sansón estaba dotado de una fuerza física sobrehumana que le permitió matar a todo un ejército de filisteos, al parecer de mil hombres, golpeándolos con la quijada de un asno. Tras ser traicionado y caer en manos del enemigo, fue hecho prisionero en el templo principal de los filisteos. Cuando ya no podía esperar escapar, utilizó las fuerzas que le quedaban para derribar las dos poderosas columnas que sostenían el techo del edificio. Todos los filisteos murieron con él.
Los comentaristas radicales proisraelíes afirman a veces que las armas nucleares han dado al país una «opción Sansón», para asegurarse de que si Israel tiene que caer, sus enemigos caerán con él. Una vez más, el momento en que se ejerza esta opción dependerá de lo que el gobierno israelí en funciones considere una amenaza para la existencia de Israel, que para algunos podría incluir la imposición de una solución de dos Estados por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Los mitos pueden ser una fuente de poder; una amenaza creíble de suicidio ampliado puede abrir mucho espacio estratégico, suficiente quizá para permitir a Israel limpiar la franja de Gaza de su población infestada por Hamás haciéndola inhabitable para siempre. Si se cree que está lo suficientemente loco como para morir por una franja de tierra, o por no tener que hacer concesiones a un enemigo como Hamás, un país como Israel puede, mucho antes de ejercer realmente su opción nuclear, conseguir disuadir a países como Irán, o a ejércitos hostiles como Hezbolá, de hacer caso a los llamamientos populares para acabar con la erradicación masiva por medios militares.
¿Ha perdido Estados Unidos el control sobre su protegido, el siervo convertido en amo, el amo en siervo? No es inconcebible que los desacuerdos públicos entre los dos hasta ahora inseparables hermanos de armas sean simplemente teatro, urdido ingeniosamente para proteger a Estados Unidos de la responsabilidad por la matanza de Gaza. Pero esto dista mucho de ser cierto, dado que la divergencia entre las declaraciones públicas de ambos países sobre los objetivos legítimos de la operación militar especial de Gaza se ha acentuado casi día a día. ¿Estados Unidos, chantajeado por la amenaza de un Armagedón en Oriente Próximo, se ve obligado ahora a permitir que Israel persiga la «victoria» a cualquier precio? ¿La capacidad de Israel para la guerra nuclear confiere a la derecha radical israelí una sensación de invencibilidad, así como la confianza de que pueden dictar los términos de la paz con o sin los estadounidenses, y desde luego sin los palestinos? Es probable que los costes políticos en los que incurra Estados Unidos por no poner fin a la matanza -ya sea por no querer o por no poder hacerlo- sean gigantescos, tanto moralmente, aunque puede que no haya mucho que perder en ese sentido, como estratégicamente: la «nación indispensable» desfilando ante el mundo, indefensa ante la desobediencia descarada de su aliado internacional más cercano. Para su lugar en el nuevo orden mundial emergente tras el fin del fin de la historia, esto no puede ser un buen augurio para Estados Unidos.

5. Educación recolonizadora

El artículo semanal de Prabhat Patnaik en la revista del CPI(M) va sobre el sistema educativo a favor del imperialismo.

https://peoplesdemocracy.in/

Una política educativa para mentes colonizadoras
Prabhat Patnaik
La hegemonía imperialista sobre el Tercer Mundo se ejerce no sólo mediante las armas y el poderío económico, sino también mediante la hegemonía de las ideas, haciendo que las víctimas vean el mundo como el imperialismo quiere que lo vean. Por lo tanto, un requisito previo para la libertad en el Tercer Mundo es sacudirse esta colonización de la mente y buscar la verdad más allá de las distorsiones del imperialismo. La lucha anticolonial era consciente de ello; de hecho, la lucha comienza con la toma de esta conciencia. Y puesto que el proyecto imperialista no termina con la descolonización política formal, el sistema educativo de las nuevas excolonias independientes debe aspirar continuamente a ir más allá de las falsedades del imperialismo.
Esto requiere que los contenidos de los cursos y los programas de las instituciones educativas indias sean diferentes de los de las instituciones metropolitanas. Esto es obvio en el caso de las humanidades y las ciencias sociales, donde es imposible entender el presente del país sin tener en cuenta su pasado colonizado; y las universidades metropolitanas evitan escrupulosamente establecer esta conexión, atribuyendo el actual estado de subdesarrollo del país a todo tipo de factores ajenos como la pereza, la falta de iniciativa, la superstición y, sobre todo, el crecimiento excesivo de la población. Pero incluso en el caso de las ciencias naturales, los programas y contenidos de los cursos en las universidades del Tercer Mundo no pueden ser idénticos a los de las universidades metropolitanas, no porque la teoría de Einstein o la física cuántica contengan alguna ideología imperialista, sino porque la gama de preocupaciones científicas en el Tercer Mundo no es necesariamente la misma que en los países metropolitanos. De hecho, esta era la opinión de JD Bernal, el científico e intelectual marxista británico, una de las grandes figuras del siglo XX.
Creer que los programas y contenidos de los cursos en las universidades del Tercer Mundo deben ser idénticos a los de las universidades metropolitanas es en sí mismo un síntoma de estar hegemonizado por el imperialismo. La política educativa del periodo dirigista en la India era consciente de ello; a pesar de los evidentes fallos del sistema educativo, no se podía reprochar a la política educativa de aquel periodo que tuviera una visión equivocada.
Con el neoliberalismo, sin embargo, las cosas empiezan a cambiar, a medida que la gran burguesía india se integra en el capital financiero globalizado, a medida que la juventud de la clase media alta india busca empleo en empresas multinacionales, a medida que el desarrollo de la nación se hace depender de la exportación de bienes a mercados extranjeros y de la atracción de financiación extranjera e inversión extranjera directa al país. De manera significativa, incluso altos funcionarios del gobierno empiezan a hablar de volver a invitar a la Compañía de las Indias Orientales a la India.
Dado que la era del neoliberalismo implica la hegemonía del capital financiero globalizado, y dado que este capital requiere una tecnocracia globalizada (o al menos homogénea), el énfasis se desplaza a tener un sistema educativo homogéneo internacionalmente para formar a dicha tecnocracia; y obviamente dicho sistema tiene que ser necesariamente uno que emane de la metrópoli.
Esto significa un sistema educativo no para descolonizar mentes, sino para recolonizar mentes. Con este fin, el gobierno de la UPA había invitado anteriormente a varias universidades extranjeras de renombre a establecer sucursales en India, e incluso a «adoptar» algunas universidades indias que pudieran desarrollarse a su imagen y semejanza. Oxford, Harvard y Cambridge fueron obviamente invitadas en el marco de este plan no para seguir en India los programas y contenidos de los cursos preparados en el país, sino para reproducir lo que siguen en su país. La idea era iniciar un proceso de uniformización de los contenidos de los cursos y los planes de estudios entre las universidades indias y las metropolitanas, es decir, hacer retroceder el intento anterior de descolonización de las mentes en las universidades indias. De hecho, un ministro indio de Desarrollo de Recursos Humanos había declarado abiertamente en el Parlamento que su objetivo era proporcionar una educación de Harvard dentro de India para que los estudiantes indios no tuvieran que ir a buscarla al extranjero.
El gobierno de la NDA ha llevado adelante en gran medida lo que había iniciado el gobierno de la UPA; y la Política Nacional de Educación que ha promulgado da un imprimátur oficial a esta idea de un sistema educativo uniforme entre la India y la metrópoli, lo que significa necesariamente la adopción de planes de estudios, contenidos de cursos y programas de estudios comunes entre las universidades indias y las metropolitanas.
Para lograr esta uniformidad ha dado dos pasos decisivos: uno es la destrucción de aquellas universidades de la India que contrarrestaban el discurso imperialista y que, por esta misma razón, habían atraído la atención mundial; los ejemplos obvios aquí son la Universidad Jawaharlal Nehru, la Universidad Central de Hyderabad, la Universidad Jadavpur y otras.
La otra es la celebración de negociaciones bajo la presión de la Comisión de Subvenciones Universitarias entre universidades indias individuales y universidades extranjeras para que los contenidos de los cursos de diversas disciplinas en las primeras sean clones de los de las segundas. La única salvedad en este caso es que la UGC insiste en que se incluya material sobre temas como las matemáticas védicas en los contenidos de los cursos de las universidades indias, algo con lo que las universidades extranjeras no siempre están de acuerdo.
No cabe duda de que se llegará a un acuerdo sobre estas cuestiones a su debido tiempo, en cuyo caso las universidades indias tendrían planes de estudios y contenidos de cursos que representarían una mezcla de las exigencias del neoliberalismo y las exigencias de los elementos Hindutva. Sería una colonización de las mentes con un barniz de «lo grande que fue nuestro país en la antigüedad». El imperialismo no debería tener ningún problema con ello. Mientras el imperialismo, que es un fenómeno moderno que ha surgido con el desarrollo del capitalismo, no se presente como un sistema explotador sino como una benévola misión civilizadora para países como la India, mientras el actual estado de subdesarrollo de estos países no esté vinculado en modo alguno al fenómeno del imperialismo, que no lo estaría si hay uniformidad de contenidos de los cursos con las universidades metropolitanas, entonces lo que había ocurrido en la antigüedad no preocupa mucho al imperialismo, al menos desde el punto de vista imperialista liberal, a diferencia de la extrema derecha que favorece un discurso supremacista blanco.
Una tendencia alternativa con la misma consecuencia, la de recolonizar las mentes, es la de suprimir por completo las ciencias sociales y las humanidades, o reducirlas a asignaturas intrascendentes, y sustituirlas por cursos exclusivamente «orientados al trabajo» y que no plantean preguntas sobre la sociedad, como la gestión y la contabilidad de costes. De hecho, tanto los elementos hindutva como las empresas tienen un gran interés en ello, ya que a ambos les interesa tener estudiantes exclusivamente centrados en sí mismos y que no se planteen preguntas sobre la trayectoria del desarrollo social. Esta tendencia también está cobrando impulso en la actualidad.
Un sistema educativo que recoloniza las mentes es la contrapartida de la alianza corporativa-hindutva que ha adquirido hegemonía política en el país. Esa recolonización es lo que quieren las corporaciones; y los elementos hindutva que nunca estuvieron asociados a la lucha anticolonial, que nunca entendieron el significado de la construcción de la nación, que no comprenden el papel y el significado del imperialismo y, por tanto, la necesidad de descolonizar las mentes, se contentan con que se hable de boquilla de la grandeza de la antigua India. Les basta con un sistema educativo que transmita la ideología imperialista con algunos condimentos védicos. Este es exactamente el sistema educativo que el país está construyendo ahora.
Sin embargo, la alianza entre las empresas y el Hindutva es una respuesta a la crisis del neoliberalismo, cuando el capital empresarial siente la necesidad de aliarse con los elementos del Hindutva para mantener su hegemonía frente a la crisis. La Política Nacional de Educación tampoco sirve para sacar adelante a la nación, sino para gestionar la crisis destruyendo el pensamiento, impidiendo que la gente se haga preguntas y busque la verdad. La «orientación al empleo» de la que se enorgullece esta política es sólo para un puñado de personas; de hecho, la crisis del neoliberalismo significa menos empleos en general. En sintonía con esto, el sistema educativo excluye a un gran número de personas; sus mentes deben llenarse con veneno comunal dentro de un discurso alterado que pasa por alto las cuestiones de la vida material, y los convierte en potenciales reclutas mal pagados para los escuadrones de matones fascistas.
Por lo tanto, esta política educativa sólo puede ser transitoria, hasta que la juventud empiece a hacerse preguntas sobre el desempleo y la angustia que se han convertido en su destino. Y a medida que se explore una trayectoria de desarrollo alternativa más allá del capitalismo neoliberal, comenzará también la búsqueda de un sistema educativo que vaya más allá de lo que el gobierno del NDA pretende introducir; y la descolonización de la mente volverá a figurar en el orden del día, como ya ocurrió durante la lucha anticolonial
.

6. Contra el identitarismo

Reseña en Jacobin lat de un libro contra la política identitaria, en este caso centrada en la raza, pero entiendo que se puede extender a todas las ramas del wokismo.

https://jacobinlat.com/2023/

Las políticas identitarias son un pobre sustituto del socialismo

Paul Prescod

Traducción: Pedro Perucca

En No Politics but Class Politics, Walter Benn Michaels y Adolph Reed muestran cómo una política identitaria que oscurece la política de clases e ignora la desigualdad económica sólo empeora las muchas miserias que nos rodean.

Reseña de No Politics but Class Politics de Adolph Reed Jr y Walter Benn Michaels (ERIS, 2023).

Dos acontecimientos recientes han puesto de manifiesto las diferentes caras de un mismo problema en la forma en que las instituciones mediáticas dominantes y los creadores de opinión de este país piensan sobre la desigualdad racial.

El 29 de junio, el Tribunal Supremo anuló la discriminación positiva en las admisiones universitarias en un par de casos relacionados con la Universidad de Harvard y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. La decisión, comprensiblemente, desató una tormenta de indignación y debate entre progresistas y liberales. Dada la naturaleza del caso, la conversación en torno a la sentencia se centró desproporcionadamente en instituciones de la Ivy League como Harvard.
Existe un gran abismo entre la gran cantidad de atención mediática dedicada a la cuestión y el muy pequeño número de personas de color a las que afectará en última instancia. En el debate se perdió de vista el hecho de que el aumento vertiginoso de los costes de la enseñanza superior significa que sólo las personas de color de los entornos más acomodados están en condiciones de verse afectadas por esta sentencia. Como han señalado
Matt Bruenig y otros, las instituciones de élite de la Ivy League ya aplican de facto la discriminación positiva para los ricos. El proyecto de hacer que la enseñanza superior sea gratuita (o al menos bastante más asequible) contribuiría más a mejorar las oportunidades y los resultados educativos de los estudiantes de color que simplemente barajar el escasísimo número de plazas disponibles en la cúspide de la pirámide.
En el ámbito cultural, se produjo una escaramuza en torno al remake de Disney de 
La Sirenita que se estrenó en mayo de 2023. El personaje principal, Ariel, fue interpretado por la actriz negra Halle Bailey. En lo que se ha convertido en una escena predecible (y aburrida), los guerreros culturales de derecha denunciaron el avance de la conquista woke de nuestra cultura, mientras que los de izquierda defendieron la validez y la importancia de la elección del reparto por parte de Disney.
Si bien es cierto que la indignación de la derecha por el color de la piel de un personaje de Disney es absurda, casi igual de reveladora es la cantidad de oxígeno que los liberales le dan a esta cuestión. En un
artículo de opinión para The Guardian, el periodista cultural Tayo Bero llegó a defender la calidad insurgente de la película.
«Como pieza de la historia del cine estadounidense,
La Sirenita siempre ha sido subversiva: su estreno y éxito ayudaron por sí solos a salvar a la corporación Disney del colapso, y también ofreció nuevos comentarios sobre temas como la fluidez de género y la sociedad patriarcal», escribe Bero. Continúa afirmando que la presencia de una Ariel negra «es una continuación de esa tradición, y el público que no lo entienda está claro que no lo ha entendido desde el principio».
Entre la idea de que el rescate de una empresa multimillonaria como Disney es subversivo y la fusión de los planes de marketing de Hollywood con la igualdad racial, está claro que aquí se ha articulado una versión completamente neoliberal de la justicia social. ¿Cómo debe entender la izquierda este momento?
No Politics but Class Politics ha llegado justo a tiempo. Editado por Anton Jäger y Daniel Zamora, el libro es una colección de ensayos de Adolph Reed Jr y Walter Benn Michaels que exploran la naturaleza de clase del creciente discurso centrado en las disparidades raciales y la diversidad. Abarcando las dos últimas décadas y cubriendo una amplia gama de temas, desde la política electoral y la historia del movimiento hasta el cine y el arte, esta colección ofrece un análisis exhaustivo de los límites y las contradicciones de la política antirracista.
En cierto modo, este libro es producto del periodo político desorientador para la izquierda que pusieron en marcha la pandemia del COVID-19, la derrota de la campaña presidencial de Bernie Sanders y las protestas masivas en respuesta al asesinato de George Floyd. Cada uno de estos acontecimientos, que de diferentes maneras representaron conmociones en la política estadounidense, estuvieron impregnados de dinámicas de clase que se expresaron principalmente en términos raciales. Mientras grandes corporaciones como Amazon donaban millones de dólares al movimiento Black Lives Matter y las élites del Partido Demócrata se arrodillaban sobre tejidos tradicionales africanos, estaba claro que la clase dominante se había movilizado para sacar el máximo partido de este peculiar momento de manía racial.
En el prólogo, Jäger y Zamora describen acertadamente las conjeturas actuales como un signo más de la «lenta desarticulación de la agenda del movimiento por los derechos civiles de cualquier compromiso con la remodelación de las relaciones económicas que producen la desigualdad en primer lugar». Los ensayos que siguen rastrean los fundamentos ideológicos de este constante retroceso en la contextualización de la desigualdad racial dentro de la economía política más amplia.
En primer lugar, 
No Politics but Class Politics obliga a los lectores a confrontar y desafiar las nociones de sentido común sobre lo que realmente es la raza. El ensayo de Reed de 2013 «Marx, Race, and Neoliberalism» presenta un riguroso análisis marxista del desarrollo de las ideologías raciales y del trabajo que realizan. Es importante destacar que se hace hincapié en la aparición de la raza en un momento históricamente específico bajo condiciones sociales concretas y en la capacidad de la ideología racial para evolucionar a medida que estas condiciones cambiaban.
Las necesidades de los distintos regímenes laborales impulsaron la evolución y los usos de la raza, que siempre ha descansado sobre una base político-económica. La economía esclavista de plantación, el sistema de aparcería posterior a la Guerra Civil y la industrialización masiva de finales del siglo XIX y principios del XX hicieron un uso pragmático de la ideología racial para justificar y naturalizar el posicionamiento económico y político de las masas trabajadoras en cada momento de la forma más beneficiosa para la clase dominante. Como explica Reed, «Las innovaciones de la ciencia de la raza… prometían ayudar a las necesidades de los empresarios en la gestión racional de la mano de obra y estuvieron presentes en la fundación de los campos de las relaciones industriales y la psicología industrial».
La separación gradual entre raza y clase ha llevado a una situación en la que muchos de los que supuestamente son de izquierdas han aceptado (quizá sin saberlo) un marco esencializador para pensar sobre la raza. Michaels profundiza en esta cuestión en su provocadora «Autobiografía de un ex hombre blanco», en la que cuestiona la afirmación común, pregonada tanto por liberales como por izquierdistas, de que la raza es una construcción social. Aunque la formulación de la raza como construcción social parece cuestionar claramente las ideas del esencialismo racial, en realidad las acepta como premisa de partida.

Al cuestionar el fenómeno de «pasar» por una raza determinada, la obra pone de manifiesto que, para que la idea de pasar se sostenga, tiene que haber características esenciales de una raza determinada que uno puede elegir interpretar o no. Como explica Michaels: «La posibilidad de pertenecer a una raza de personas que no se parecen a ti produce la posibilidad de manifestar tu identidad racial en tus acciones: de actuar como blanco o como negro». Y para «actuar» como blanco o negro, hay que creer en la idea de que existen rasgos definitorios esenciales de la blancura y la negritud que pueden imitarse. Además, la creencia de que uno puede imitar a otra raza se basa en el supuesto de que está traicionando a su raza real; en otras palabras, sigue tomando en serio la raza como un hecho biológico.
Esta idea adquiere importancia al considerar la retórica de «raza y clase» que es popular entre muchos en la izquierda. Los intentos de definir la clase como una identidad más se caen por su propio peso. A diferencia de la raza, la clase de una persona viene determinada por lo que hace, no por lo que supuestamente es. Como explica Michaels: «La identidad que es idéntica a la acción no es realmente una identidad, es sólo el nombre de la acción: trabajador, capitalista».
Este tema se profundiza en otra pieza incluida en la colección, la controvertida «De Jenner a Dolezal: Una trans buena, la otra no tanto». Comparando la favorable acogida a la reivindicación de Caitlyn Jenner como mujer con la desfavorable acogida a la reivindicación de Rachel Dolezal como afroamericana, Reed se pregunta: «¿Se supone que la cuestión es que Dolezal miente cuando dice que se identifica como negra? ¿O es que ser negro no tiene nada que ver con cómo te identificas?».
Estas preguntas dan en el clavo de las contradicciones inherentes a las reacciones identitarias ante Rachel Dolezal. Quienes niegan la validez de la reivindicación de Dolezal basándose en que la raza es algo más que la identidad se han adentrado en un terreno peligroso. Como señala Reed, este punto de vista revela una creencia en «una visión de la diferencia racial como biológicamente definitiva de una manera que es incluso más profunda que la diferencia sexual».
El objetivo de Reed, por supuesto, no es defender el comportamiento de Dolezal. Se trata más bien de exponer la hipocresía general y el compromiso con el esencialismo en que se basan estos discursos sobre la identidad. Como de costumbre, Reed es capaz de desentrañar la dinámica de clase subyacente en el episodio de Dolezal, escribiendo que la reacción hostil «tiene que ver con la protección de los límites de la autenticidad racial como propiedad exclusiva del gremio de portavoces raciales».
No Politics but Class Politics pone de manifiesto que la actual política de la identidad, centrada en las disparidades como medida última de la desigualdad, no es sólo una forma de política de clase, sino también una política que se alinea con los principios básicos del neoliberalismo y los refuerza.
Por supuesto, la existencia de disparidades raciales es algo negativo. Sin embargo, la cuestión más general es que se pueden eliminar las disparidades raciales mientras se sigue manteniendo un sistema económico fundamentalmente desigual que relega a la mayoría de los negros a una vida miserable y precaria. Como se pregunta Michaels en el ensayo destacado, titulado «Identity Politics: Un juego de suma cero», «¿Cuál es un objetivo más progresista: un mundo en el que sólo el trece por ciento de los negros (en lugar del veinticuatro por ciento) vivan por debajo del umbral de la pobreza o un mundo en el que ninguno de ellos lo haga?». Eliminar las disparidades por sí solo no puede hacer que la sociedad sea más igualitaria; simplemente hará que la sociedad sea desigual de una forma diferente.
Los ensayos exploran hábilmente cómo esta versión neoliberal de la justicia social ha ganado hegemonía en nuestras principales instituciones. El discurso sobre la educación se ha centrado en la creación de oportunidades racialmente proporcionales para que las personas superen la pobreza, en lugar de eliminar la pobreza en primer lugar. He aquí un claro ejemplo de la diferencia entre un enfoque basado en las clases y otro basado en la eliminación de las disparidades. Un planteamiento clasista postula que los empleos peor pagados de nuestra sociedad, que casualmente también se encuentran en los sectores de más rápido crecimiento y están ocupados de forma desproporcionada por trabajadores de color, deberían convertirse en empleos de alta calidad y bien pagados. En cambio, el enfoque identitario se centra en cómo garantizar que esos empleos mal pagados estén ocupados por el número proporcionalmente correcto de blancos.
La crítica más exhaustiva y de mayor alcance del discurso de las disparidades se encuentra en «Race, Class, Crisis: The Discourse of Racial Disparity and Its Analytical Discontents», del que son coautores Reed y Merlin Chowkwanyun. En él desgranan las patologías persistentes que subyacen en la mayoría de los estudios sobre disparidades raciales. No se pueden negar las persistentes disparidades raciales que existen en el ámbito de la vivienda, la educación, el empleo, etc. Sin embargo, lo que resulta problemático son las explicaciones causales y las agendas políticas que se derivan del encuadre de las disparidades.
Con demasiada frecuencia, los remedios propuestos a la existencia de disparidades tienden a hacer hincapié en diversos planes de creación de riqueza individual. Como señalan Reed y Chowkwanyun, «Tales estratagemas representan una distensión con las relaciones de clase capitalistas, incluidas las que contribuyen a las disparidades intra e interraciales en primer lugar, en lugar de un compromiso para cambiarlas». La investigación sobre las disparidades suele otorgar poder causal a dinámicas o resultados auxiliares, en lugar de rastrear las disparidades raciales hasta cuestiones económicas fundamentales como el empleo, los servicios públicos, el uso del suelo, etc.
Hay pocos estudiosos, si es que hay alguno, con un análisis y una crítica más penetrantes de la política negra contemporánea que Adolph Reed Jr. Los lectores podrán hacerse una idea de ello en ensayos como «From Black Power to Black Establishment». Al trazar la evolución del Poder Negro desde sus comienzos de apariencia radical hasta su decepcionante destino como una expresión más de la política del establishment de grupos étnicos de interés, Reed concluye que el movimiento «siempre fue un concepto en busca de su objeto».
Reed denuncia sistemáticamente la cristalización de las aspiraciones políticas de los negros en torno a objetivos mal definidos como el «control de la comunidad», en lugar de iniciativas políticas concretas que elevaran el nivel de vida material de los trabajadores negros. Este tipo de campañas en torno a cuestiones como el empleo justo, la eliminación de los impuesto de capitación y la mejora de la educación pública fueron habituales durante el movimiento por los derechos civiles, aproximadamente desde la década de 1930 hasta la de 1960. Aunque la tradición de la historia negra tiende a centrarse en los extremos radicales del Poder Negro, como el Partido de las Panteras Negras, este ensayo concluye que la retórica del Poder Negro «también resonaba con la imagen de sí mismo y las aspiraciones de un estrato emergente de profesionales y directivos, administradores y funcionarios negros».
Aunque a lo largo del libro queda claro que Reed y Michaels están profundamente comprometidos con una visión materialista de la raza y el racismo, más que con una visión cultural, el libro ofrece algunas de sus reflexiones sobre la esfera cultural. Ambos escritores son capaces de explicar cómo y por qué gran parte de nuestra cultura se ha impregnado de ideología y temas neoliberales. Quizá lo más importante es que Reed, en particular, subraya la locura de intentar utilizar la industria cultural capitalista para promover las ideas y los valores de la izquierda. En todo caso, este proyecto simplemente sirve como demostración de la victoria del neoliberalismo, como explica Reed en su ensayo «Django Unchained, or, The Help»: «Nada podría indicar de forma más llamativa el alcance de la hegemonía ideológica neoliberal que la idea de que la industria de la cultura de masas y sus prácticas de representación constituyen un terreno significativo de lucha para promover intereses igualitarios».
Reed prosigue con una crítica devastadora de las películas Django Desencadenado y The Help, argumentando que su mensaje dominante es el del éxito individual y la expiación, unido a representaciones completamente ahistóricas de la esclavitud y Jim Crow. Mientras tanto, Michaels, en «Chris Killip y LaToya Ruby Frazier», contempla el valor y el significado de las representaciones artísticas de las comunidades obreras desindustrializadas.
El libro también incluye cuatro entrevistas, más bien debates, entre Reed, Michaels, Jäger y Zamora. Estas entrevistas son fascinantes y, en cierto modo, esenciales para enlazar todos los temas esbozados en los ensayos. En esta sección, se vislumbra cómo algunos aspectos de las biografías de los autores han influido en sus críticas al antirracismo y a todas las formas de esencialismo. Las reflexiones de Reed sobre su trayectoria política, que abarca el activismo estudiantil del Black Power, los nuevos regímenes electorales negros urbanos, el mundo académico y la construcción del Partido Laborista, son ricas en ideas y lecciones de toda una vida dedicada a la política de la clase trabajadora. Sus personalidades brillan en estos debates a través de innumerables ocurrencias y ocurrencias que dejarán a los lectores riendo y pensando al mismo tiempo.
No Politics but Class Politics es contundente, mordaz y provocador. Tiene que serlo. Cada vez está más claro que lo que hoy se conoce como «antirracismo» —con el consiguiente desplazamiento de las cuestiones político-económicas al terreno de la palabrería psicológica, el ombliguismo cultural y el discurso de las disparidades— encaja cómodamente en la agenda de las élites negras y de la clase dominante en general. A medida que avanza el asalto histórico a la clase trabajadora, el discurso identitario sólo puede contrarrestarse con llamamientos cada vez más vacíos a una ligera reorganización racial en la distribución de los desastrosos resultados del neoliberalismo. El capital ha utilizado y seguirá utilizando y dando forma a estas demandas para diversificar los consejos de administración de las empresas, las salas de poder legislativo y las instituciones educativas de élite, al tiempo que destruye el nivel de vida de la mayoría de la clase trabajadora de todas las razas.
Es hora de tomarnos en serio lo que es y lo que no es una agenda a favor de la clase obrera. No Politics but Class Politics se abre paso a través del ruido y ayudará a los organizadores e intelectuales serios a entender cómo podemos hacer frente a la desigualdad racial en el siglo XXI. Como afirma Michaels en el ensayo «Lo que importa»: «El aumento de las desigualdades del neoliberalismo no fue causado por el racismo y el sexismo y no se curará —ni siquiera se aborda— con el antirracismo o el antisexismo». Cuanto antes aprendamos esto, mejor para reconstruir un verdadero movimiento obrero en Estados Unidos.

7. Sin salida.

El artículo es, en general, un repaso a cómo ha ido la guerra hasta ahora, con la opinión del autor de que los EEUU no pueden permitir la salida que se propone la enloquecida extrema derecha israelí de expulsión de todos los palestinos.

https://www.counterpunch.org/

29 de diciembre de 2023
Callejón sin salida: Israel se pierde en Gaza
por Daniel Beaumont
Hasta el 7 de octubre, los acontecimientos ocurridos en Gaza durante los últimos nueve años rara vez ocupaban los titulares, ni siquiera en Israel. Algún acontecimiento hacía que Hamás disparara algunos misiles contra Israel y los aviones israelíes respondían lanzando bombas mucho más destructivas sobre «emplazamientos militares selectos» de Gaza. Todo esto se consideraba tan anodino que los militares israelíes se referían a ello como «cortar el césped». Los aliados de Israel, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania, tampoco prestaron mucha atención a estos acontecimientos. La situación de los palestinos en Cisjordania y Gaza podía prolongarse indefinidamente. Los palestinos habían soportado más de medio siglo de ocupación y opresión, ¿por qué no otro medio siglo? Desde el punto de vista de los distintos gobiernos de Israel desde el tratado de Camp David de 1978 con Egipto, se trataba de asuntos que podían gestionarse, mientras Israel continuaba con su lento y gradual robo de Cisjordania. En cuanto a Gaza, su conversión a partir de 2004 en una prisión con 2,2 millones de presos había «resuelto» esa cuestión. Pero entonces ocurrió algo.
El 7 de octubre se produjo una erupción de violencia desde ese pequeño trozo de tierra que poca gente en Israel -o en cualquier otro lugar- habría creído posible. La conmoción que causó en Israel el ataque de Hamás dice mucho de la complacencia no sólo del gobierno y el ejército israelíes, sino de los ciudadanos israelíes en general. Un periodista israelí comentaba recientemente que la mayoría de los israelíes veían a los palestinos como muebles que se podían mover de sitio en sus salones.
El 7 de octubre también acabó con la complacencia de Estados Unidos y Europa. Muchos acontecimientos de los últimos seis o siete años habían oscurecido la cuestión de los palestinos. La guerra de Ucrania era, obviamente, el acontecimiento principal. Pero incluso cuando se prestó atención a Oriente Próximo se centró en otros asuntos. Irán y su influencia en Irak, la tensión entre este país y Arabia Saudí y los Estados del Golfo. En los últimos años hubo intentos de eludir la cuestión de la ocupación israelí de Cisjordania y su virtual asedio de Gaza. El último intento fue bautizado ostentosamente como «Acuerdos de Abraham». Eso -aparentemente un producto del cerebro el renombrado experto en Oriente Medio Jared Kushner- fue una de las víctimas del 7 de octubre.
Después de las mil doscientas personas masacradas por Hamás el 7 de octubre, las siguientes víctimas fueron las reputaciones casi divinas de las FDI y el Mossad y sus primos de la inteligencia israelí. Para ser justos, algunos miembros de los servicios de inteligencia israelíes intuyeron que algo se estaba tramando. La inteligencia militar israelí Aman advirtió a Netanyahu de que las divisiones en la sociedad israelí causadas por las «reformas judiciales» de Netanyahu podrían alentar un ataque de Hamás o Hezbolá. Pero, al parecer, los generales israelíes estaban tan cegados como Netanyahu, cuya primera prioridad -al igual que la de su homólogo estadounidense- es no ir a la cárcel.
Este fallo explica la gravedad del ataque israelí contra Gaza. Netanyahu y el ejército israelí han intentado ocultar su enorme fracaso con un despliegue masivo de potencia de fuego que probablemente en sus fases iniciales hizo poco daño a Hamás -después de todo, si hubieran tenido una buena inteligencia antes del 7 de octubre, presumiblemente con su enorme ventaja en potencia de fuego lo habrían evitado-. También resultaron dañados los cacareados servicios de inteligencia de Israel: Shin Bet, Mossad y otros.
Para Israel, el ataque de Hamás del 7 de octubre ha sido comparado con el 11-S para Estados Unidos. Pero hay una diferencia significativa. Aunque la intromisión y la chapuza de Estados Unidos en Oriente Próximo crearon Al Qaeda, nadie pensó nunca que George W. Bush intentara crear Al Qaeda. No es el caso de Netanyahu.
Está bien documentado que él y otros en el Likud ayudaron a crear Hamás, le dieron apoyo financiero con el fin de fracturar a los palestinos para que el Likud y otros partidos israelíes de derechas opuestos a cualquier Estado palestino pudieran afirmar que no tenían ninguna parte con la que negociar. Esto simplemente como táctica dilatoria mientras los asentamientos israelíes hacían metástasis por toda Cisjordania. Pero el 7 de octubre la locura de la connivencia de Netanyahu en la creación de Hamás se perdió para la mayoría de los israelíes en la noche de los tiempos. Qué listo era hasta que dejó de serlo.
La valoración positiva de Netanyahu ronda el 25% en el momento de escribir estas líneas; ¡ánimo, Biden! La prensa israelí ya le acusa de utilizar la guerra como reclamo publicitario para su próxima campaña. Muchas de las familias de los rehenes siguen expresando su enfado con él. Ha tardado tres semanas en atreverse a reunirse con ellos. Está claro que ha dado prioridad al asalto total sobre la negociación de la liberación de los rehenes con Hamás. Ambos objetivos son incompatibles. Reducir Gaza a escombros no liberará a los rehenes.
Como si la reputación de las IDF no hubiera sufrido suficiente daño, mataron a tres rehenes que de alguna manera habían escapado de las garras de Hamás. Ondeaban una bandera blanca improvisada. Un soldado israelí gritó: «¡Terroristas!». Dos fueron abatidos inmediatamente. El tercero huyó a un edificio cercano, donde lo persiguieron y lo mataron mientras les suplicaba por su vida en hebreo. Es difícil pensar en un ejemplo más flagrante de estupidez e ineptitud criminal.
Mientras tanto, Estados Unidos se ha preocupado por las muertes de civiles en Gaza, que ascienden a más de 20.000. Aparentemente son demasiadas. Al parecer, son demasiados; el Departamento de Estado aún no ha anunciado cuál sería un número aceptable de civiles muertos. Biden ha calificado los bombardeos de «indiscriminados»; se ha sabido que más del 40% de las bombas que Israel ha lanzado sobre Gaza son las llamadas «bombas tontas».
Parece que Hamás sabe mejor lo que hace que Israel o Estados Unidos. Se trata de la estrategia de guerrilla consistente en evitar las batallas campales y tender pequeñas emboscadas antes de desaparecer. En el caso de los combatientes de Hamás en su sistema de túneles. O quizás ante el vasto paisaje urbano de edificios bombardeados y desiertos creado por los bombardeos israelíes, cuyos habitantes han huido siguiendo los panfletos israelíes para buscar refugio en otro lugar o yacen muertos entre los escombros. Por la noche, los combatientes de Hamás pueden explotar las ruinas como una jungla urbana. Conocen las calles y callejones y erradicarlos realmente será muy costoso para las IDF.
Cabe mencionar otros dos efectos secundarios del asalto de Hamás del 7 de octubre. El primero es la represión de la disidencia israelí por parte de Netanyahu. La Knesset aprobó recientemente una enmienda a una ley antiterrorista que tipifica como delito «el consumo sistemático y continuado de publicaciones de una organización terrorista», con una pena máxima de un año de prisión. En otras palabras, un periodista que se limite a leer las declaraciones públicas de Hamás, Hezbolá o incluso las YPG kurdas podría ser encarcelado durante un año; es de suponer que su «consumo» ha sido captado por el famoso programa espía Pegasus de la empresa israelí, utilizado en todo el mundo para «combatir el terrorismo» y detener a disidentes.
Meir Baruchin, profesor y activista israelí que se opone a la guerra de Gaza, fue detenido e investigado por «sedición e intento de traición». Pasó cuatro días en régimen de aislamiento antes de ser puesto en libertad. Para los periodistas, especialmente los palestinos, será sin duda peor. Demasiado para lo que se anuncia como la única democracia de Oriente Próximo.
En el asalto israelí a Gaza han muerto 53 periodistas y sus ayudantes, 46 palestinos, 3 libaneses y 4 israelíes. El asalto a la población civil de Gaza es también un asalto a los periodistas para encubrir el asalto a los civiles. El asesinato de la periodista palestino-estadounidense Shireen Abu Akhleh a manos de las FDI el año pasado demuestra que Israel no duda en matar periodistas para acabar con historias. En mayo de 2022, durante el asalto de las FDI a Yenín, en Cisjordania, un francotirador de las FDI disparó en la cabeza a Abu Akhleh, y no fue una bala perdida. Numerosas investigaciones llevadas a cabo por grupos no israelíes, incluido el Departamento de Inicio de Estados Unidos, concluyeron que fue un objetivo deliberado. Por supuesto, su asesino nunca fue castigado.
El segundo efecto de la guerra de Gaza ha sido un aumento de la violencia de los colonos contra los palestinos en Cisjordania. Los colonos han aprovechado la oportunidad, mientras el mundo exterior está centrado en Gaza, para aumentar sus ataques contra las ciudades palestinas, entrando en las casas, golpeando a la gente, quemando coches, destruyendo huertos. Aterrorizan a las pequeñas aldeas y, en muchos casos, consiguen expulsar a todos sus habitantes para borrarlas por completo. Si estas acciones suenan como las de los nazis en los años 30 es porque son las mismas cosas. Primero se cometen actos de violencia para expulsar a la gente de un lugar en el que han vivido durante eones. Es el preludio de una guerra contra ellos para expulsarlos por la fuerza y, si se resisten, matarlos. En esto están siguiendo un documento escrito hace seis años por el actual ministro israelí de finanzas Bezalel Smotrich. El título del documento era «El Plan Decisivo». El documento sólo mencionaba Gaza de pasada, Smotrich abogaba por la anexión de toda Cisjordania, dando a los palestinos la opción de irse o quedarse y vivir como no-pueblo. Si alguno tomaba las armas para resistirse, debía ser tratado como terrorista y asesinado. Cuando Smotrich hizo una presentación pública de su plan le preguntaron después si eso significaba también mujeres y niños, él contestó «En la guerra como en la guerra». Plan Decisivo, Solución Final-para los fascistas no existe la ironía.
El 6 de diciembre las IDF recomendaron a los civiles israelíes que evacuaran a una parte del sur de al-Mawasi. Ahora se calcula que las casas de hasta el 85% de los 2,2 millones de habitantes han sido destruidas. Al-Jazeera informó de que las IDF dijeron a más de 1,5 millones de civiles sin hogar, ya privados de agua, alimentos y medicinas, muchos de ellos heridos y enfermos, que se trasladaran a una zona que tiene aproximadamente el tamaño del aeropuerto de Heathrow. Podría pensarse que semejante propuesta no puede tomarse en serio. Pero debería tomarse en serio porque su verdadero mensaje era: No hay sitio para ti en ningún lugar de Gaza. Si te quedas en cualquier lugar de Gaza, morirás.
El número de civiles muertos suele considerarse un subproducto de la despiadada indiferencia hacia los civiles por parte de las IDF en su determinación de destruir a Hamás como fuerza militar. Pero no es así. De hecho, los civiles también son un objetivo. Así lo demuestra un artículo publicado por una pequeña revista independiente en línea llamada +972. La revista fue creada por cuatro periodistas israelíes en 2010 y ahora también emplea a varios periodistas palestinos. El «+972» es el código de país asignado tanto a Israel como a Cisjordania y Gaza y puede interpretarse como el compromiso de la revista con un Estado único para israelíes y palestinos.
El 30 de noviembre +972 publicó un artículo del periodista israelí Yuval Abraham. El título del artículo era «Una fábrica de asesinatos en masa»: Dentro del bombardeo calculado de Israel sobre Gaza». Abraham recurre a fuentes anónimas, informantes, tanto del ejército como de los servicios de inteligencia israelíes. Edificios de apartamentos, escuelas, universidades, mercados bancarios son todos objetivos, con la idea de que la muerte de civiles y la destrucción masiva, como dice una de las fuentes, «llevará a los civiles a presionar a Hamás». Esta dudosa idea sólo muestra la estupidez de Netanyahu y sus aliados colonos. Otra fuente anónima del artículo dice: «Cuando matan a una niña de tres años en una casa de Gaza, es porque para ella no era gran cosa que la mataran: era un precio que valía la pena pagar para alcanzar [otro] objetivo».
Otra razón de las terribles cifras de víctimas es el uso por parte de las IDF de un sistema llamado Hasbora (El Evangelio) que utiliza IA para generar objetivos mucho más rápido de lo que podrían hacerlo los humanos. Estos objetivos hacen caso omiso de cualquier número de civiles implicados en lo que un oficial de inteligencia retirado llama: «Una fábrica de asesinatos en masa».
Y este es el punto central del artículo de Yuval Abraham: Los civiles palestinos son un objetivo tan importante en la actual embestida en Gaza como Hamás, lo que hace inútil cualquier llamamiento a las IDF para que sean más precisas en sus objetivos. Están siendo precisas en sus ataques. Tienen a civiles justo en su punto de mira.  Sin embargo, Estados Unidos sigue emitiendo declaraciones fatuas. El 13 de diciembre John Kirby, portavoz de Seguridad Nacional, dijo de los mapas que las IDF publicaron mostrando qué barrios bombardearían: «Eso es básicamente telegrafiar tus golpes… No sé si haríamos eso». Por supuesto, eso no es un gran elogio viniendo de una potencia militar cuyo legado reciente son Falllujah, Ramadi y Baqubah.
Posteriormente Yuval Abraham fue entrevistado en la PBS y habló de otro cambio en las tácticas de los objetivos militares israelíes que ha multiplicado las bajas civiles incluso cuando tienen en cuenta las bajas civiles: «Así, en el pasado, según las fuentes, por un solo intento de asesinato se permitía matar a docenas de civiles palestinos. Esto se ha convertido en 10 o 20 veces el número que se permitía en el pasado después del 7 de octubre».
El 10 de octubre, un portavoz de las IDF dijo: «el énfasis está en el daño y no en la precisión». Ese mismo día, el Ministro de Defensa Yoav Gallant anunció: «He rebajado todas las restricciones: mataremos a todos contra los que luchemos; utilizaremos todos los medios». El Ministro de Defensa Yoav Gallant: «No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado. Luchamos contra animales humanos y actuamos en consecuencia». La referencia «animales humanos» no debe tomarse como referida únicamente a Hamás. Cualquiera que conozca algo las opiniones de muchos dirigentes israelíes sabe que esto no es nada nuevo. Menachem Began, que ganó un Premio Nobel de la Paz por estafar a Sadat en los Acuerdos de Camp David de 1978, se refirió a los palestinos como «animales de dos patas». Tampoco debe tomarse como algo confinado a los políticos de derechas. La célebre Golda Meir, que pertenecía al Partido Laborista, llamó a los palestinos «cucarachas».
Ahora las fuertes lluvias están llenando las calles de Gaza, y la OMS, la UNRWA y las muchas otras agencias que luchan por ayudar a los palestinos en Gaza están preocupadas por el brote de cólera y otras enfermedades. Pero en opinión de un general israelí retirado, Giora Eiland, que anteriormente dirigió el Consejo de Seguridad Nacional, esto ayudará a Israel a conseguir la victoria. En un artículo titulado «No nos dejemos intimidar por el mundo» escribió: «La comunidad internacional nos está advirtiendo de un grave desastre humanitario y de graves epidemias. No debemos amedrentarnos. Al fin y al cabo, las epidemias graves en el sur de Gaza acercarán la victoria».
Una de las cuestiones destacadas que, según los principales medios de comunicación, está dividiendo cada vez más a Estados Unidos e Israel a medida que avanza la guerra es que el gobierno de Netanyahu no tiene ningún plan para Gaza después de que termine la guerra. Esto es falso. Netanyahu y sus aliados tienen una especie de plan. El único problema es que es absurdo y tiene cero posibilidades de realizarse.
El periodista israelí Yuval Abraham, citado anteriormente, escribió en un artículo publicado el 30 de octubre «El Ministerio de Inteligencia israelí está recomendando la transferencia forzosa y permanente de los 2,2 millones de residentes palestinos de la Franja de Gaza a la península egipcia del Sinaí, según un documento oficial revelado íntegramente por primera vez por el sitio asociado de +972, Local Call, ayer».
En su informe, el Ministerio recomendaba a Israel «conseguir ayuda internacional» para llevar a cabo este traslado. Egipto aparece mencionado menos de media docena de veces en el documento. Las dos más significativas son:
«Debe crearse una zona estéril de varios kilómetros en Egipto».
«Egipto tiene la obligación, en virtud del derecho internacional, de permitir el paso de la población».
Después de que los autores israelíes de este documento donan generosamente tierras egipcias para su absurdo plan, proceden con la impresionante hipocresía de hablar de la obligación de Egipto en virtud del derecho internacional, que Israel ha incumplido todos los días desde su creación en 1948.
El plan es sencillo. Según Giora Eiland, el plan consiste en «crear unas condiciones en las que la vida en Gaza sea insostenible. Gaza se convertirá en un lugar donde ningún ser humano pueda existir».
Abraham continúa diciendo que un plan similar fue presentado por un think tank de derechas, el Instituto Misgav, dirigido por un estrecho colaborador de Netanyahu. El autor era un tal Amir Weitmann que se lo mostró a un miembro del Likud en la Knesset, Ariel Kallner, quien dijo: «la solución que propones, trasladar la población a Egipto, es una solución lógica y necesaria.»
Dado que estos planes para Gaza encajan bien con el plan de Smotrich de vaciar Cisjordania de palestinos, cabe suponer que él y los enamorados de su plan lo respaldarían. Aparte de la arrogante criminalidad de estos planes, éstos muestran lo divorciados de la realidad que están los ministros de Netanyahu.
La posibilidad de que Estados Unidos apruebe estas propuestas -y con mayor motivo cualquier otro país del mundo- demuestra lo alejada de la realidad que está la derecha israelí. Mientras escribo Netanyahu está diciendo que el asalto se «profundizará» e «intensificará». Al mismo tiempo, Biden está recibiendo presiones de los arribistas del Departamento de Estado y también de los demócratas de los comités de Inteligencia, Servicios Armados o Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes para frenar el asalto israelí. Biden debe estar sopesando si su prolongado apoyo incondicional a Israel le costará ahora la reelección. También debe saber que los dos objetivos de Netanyahu, aplastar a Hamás y recuperar a los rehenes, son incompatibles. Esto último podría lograrse mediante un alto el fuego y la negociación. El asalto masivo y los bombardeos tienen más probabilidades de acabar con los rehenes. Las propuestas de inundar con agua de mar el enorme sistema de túneles de Hamás también los ahogarían. A lo largo de su carrera, Biden siempre se ha mostrado inclinado a comprometer sus «principios», pero puede que pronto llegue el momento en que la realpolitik de los intereses estadounidenses y los de Israel diverjan demasiado como para llegar a compromisos. Netanyahu probablemente espera la victoria de Trump en 2024, aunque eso también podría ser contraproducente: Trump no tiene lealtad a nadie más que a sí mismo. La turba MAGA está llena de antisemitas y evangélicos que esperan que Jesús haga estallar el mundo pronto.
Después de una votación en la Asamblea General de la ONU pidiendo un alto el fuego inmediato -al que se opusieron EEUU e Israel- Biden dijo que Israel, «tiene a la mayor parte del mundo apoyándolo.» La votación fue en contra de EEUU e Israel por 153 a 10. «La mayor parte del mundo», según Biden, estaba formada por Austria, Chequia, Guatemala, Liberia, Micronesia, Nauru, Papúa Nueva Guinea y Paraguay. Los principales aliados europeos de Estados Unidos se abstuvieron por deferencia. Ahora la desesperación del régimen de Netanyahu se ve en la afirmación del Ministro de Defensa israelí Yoav Gallant. El 26 de diciembre dijo en una reunión del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa en la Knesset que Israel se enfrenta a una «guerra multiarena» desde siete frentes diferentes, incluyendo Gaza, Líbano, Siria, Cisjordania, Irak, Yemen e Irán. Gallant dijo que Israel «ya ha respondido y actuado en seis de estos frentes». De hecho, el régimen de Netanyahu quiere una guerra de este tipo que, según sus cálculos, arrastraría a EE.UU. a otra guerra en Oriente Medio.
Las mentiras de Netanyahu y de las IDF hablan de desesperación. El 12 de diciembre, cuando la parte norte de Gaza estaba supuestamente asegurada por las IDF, Hamás tendió una emboscada a una unidad de las IDF matando a diez soldados israelíes. Más importante aún fue la mentira de que Hamás tenía un cuartel general bajo el Hospital al-Shifa en la ciudad de Gaza. Nunca se presentaron pruebas de ello. El vídeo de las IDF parecía obra de un niño de ocho años. Un artículo del Washington Post del 21 de diciembre no encontró pruebas que lo corroboraran. Israel, bajo la política de Netanyahu de ningún Estado palestino bajo ninguna condición, está en rumbo de colisión con la realidad. Ahora parece que el ataque de Hamás del 7 de octubre no sólo ha cambiado a Israel, sino el cálculo de Oriente Próximo. Israel está más aislado que nunca. Su respuesta militar al 7 de octubre no hace sino aumentar su aislamiento, haciendo incluso que más gente de su aliado más poderoso, Estados Unidos, se cuestione su relación con Israel.
El 7 de octubre ha dejado una cosa clara. Los palestinos no desaparecerán. Y los actuales dirigentes israelíes se engañan al pensar que pueden resolver las cosas mediante el poder militar. La idea de que los Estados árabes circundantes acogerían a millones de palestinos si pudieran -cosa que no pueden ya que sus economías están en crisis- está tan alejada de la realidad que uno tiene que preguntarse en qué universo alternativo viven los ministros colonos de Netanyahu. Desde Marruecos hasta Iraq, los árabes -tanto musulmanes como cristianos- han convivido en paz con los judíos durante siglos. Pero desde Marruecos a Irak, el Estado de Israel es considerado una entidad de apartheid sionista implantada por una potencia colonial en el mundo árabe. El ascenso al poder de la extrema derecha en Israel ha puesto al descubierto lo que siempre fue el núcleo del proyecto sionista. Gente de Brooklyn está diciendo a los palestinos que no tienen derecho a la tierra donde sus antepasados han vivido durante miles de años. Ami Ayalon, ex jefe del Shin Bet, la agencia de seguridad interior israelí, dijo: «Israel después del 7 de octubre será un Israel diferente… Los actuales dirigentes tendrán que desaparecer de nuestras vidas, nos condujeron con los ojos abiertos a la crisis más terrible».
Este es un simple y duro hecho que los políticos estadounidenses e israelíes han intentado ignorar durante décadas. No hay puerta trasera o lateral que conduzca a la paz entre el mundo árabe e Israel que no pase por Palestina. La solución de los dos Estados ha sido durante mucho tiempo una quimera. Cisjordania está ahora tan recortada por los asentamientos y muros israelíes que un Estado palestino allí parecería un rompecabezas al que le faltaran la mayoría de sus piezas. El plan israelí para Gaza es que sea inhabitable. La solución más realista ahora es que israelíes y palestinos vivan juntos en un Estado libre desde el río hasta el mar.
Daniel Beaumont enseña lengua y literatura árabes y otros cursos en la Universidad de Rochester. Es autor de Slave of Desire: Sex, Love & Death in the 1001 Nights y Preachin’ the Blues: The Life & Times of Son House. Puede ponerse en contacto con él en: daniel.beaumont@rochester.edu

8. Es una guerra anticolonial, no de religión

Un articulo en el foro comunista francés Association Nationale des Communistes (ANC), sobre el error de considerar el conflicto en Palestina como una guerra de religión o étnica. http://ancommunistes.fr/spip.

¿Una guerra de religión?

Domingo 31 de diciembre de 2023 por Francis Arzalier (ANC)

El infierno de Gaza se presenta fácilmente en Francia, que tiene tendencia a indignarse en cuanto sospecha un ataque a su laicismo, como una guerra de religión, o incluso de etnia. Esto es tanto más irracional cuanto que los judíos no son una raza, ni siquiera una etnia con antepasados comunes, sino a lo sumo un pueblo con una cultura similar de origen religioso en los distintos países donde la historia los ha dispersado, y a veces una lengua (el yiddish) que surgió del hebreo bíblico de hace 2.000 años.

Y el Estado de Israel, que tiene una población de algo menos de 9 millones de habitantes dentro de sus fronteras, es sólo una minoría de los judíos del mundo, que, según encuestas recientes, son unos quince millones en unos cuarenta países diferentes. Hay que añadir que el Estado de Israel, nacido de la colonización de Palestina y declarado por su constitución ESTADO JUDÍO, incluye a cerca de 2 millones de palestinos, de cultura musulmana y cristiana.

Los pueblos predominantemente musulmanes que rodean al pequeño Estado de Israel, desde el Magreb hasta el sudeste asiático, pasando por Oriente Próximo y Asia Central, es evidente que tampoco constituyen una raza o etnia. Constituyen casi una quinta parte de la población mundial, con una población humana total de mil seiscientos millones de personas. Evidentemente, este mundo musulmán es increíblemente diverso, a pesar de que los racistas franceses suelen referirse a ellos como «árabes».

Hace falta recordar que los iraníes, por ejemplo, tienen una identidad nacional forjada por miles de años de historia, una lengua y una cultura persas, e incluso practican un islam abrumadoramente chií (los chiíes son en cierto modo los protestantes del islam, por analogía con los calvinistas y luteranos del mundo cristiano). Estaría fuera de lugar en este breve análisis enumerar la inextricable variedad de naciones, lenguas, prácticas religiosas y culturas (turcos y azeríes, kurdos y drusos, cristianos alauitas y maronitas, beduinos árabes, etc.) de este mosaico de pueblos de Oriente Próximo, una de las cunas de las civilizaciones mediterránea y europea.

Y si la lengua y la escritura árabes son comunes a toda esta zona, a menudo es en forma de dialectos regionales, siendo el árabe sólo la lengua común de la cultura y de la referencia religiosa a los textos sagrados del Corán.

De hecho, el viejo sueño del Califato, el Estado unificado de la Umma islámica, nunca ha logrado superar estas diversidades nacionales, ni en la reciente forma fundamentalista de Daesh ni en la secular forma nasserita de los años sesenta.

Por el contrario, el sueño sionista, que desde principios del siglo XX aspira a ocupar o dominar la totalidad de Palestina en detrimento de su población, de mayoría abrumadora musulmana o cristiana desde hace miles de años, se ha ido realizando poco a poco desde la creación del Estado judío de Israel en 1948, y la guerra actual en Gaza y Cisjordania pretende ser su coronación, con la esperanza de erradicar toda resistencia del pueblo palestino, lo que es tan injusto como irrealizable.

Y este objetivo sólo se persigue gracias al hipócrita apoyo ideológico y material de todo Occidente, y al transporte aéreo de municiones desde Estados Unidos al ejército invasor israelí.

Una complejidad cambiante

Las masacres actuales en la Palestina ocupada no son una guerra entre musulmanes, cristianos y judíos. Es una situación colonial, una guerra alimentada por el imperialismo en detrimento de los palestinos, en su mayoría musulmanes y en minoría cristianos (sobre todo en Belén, considerada la cuna de Jesús, Dios de los cristianos y Profeta de los musulmanes).

Es imposible entender nada de esta atroz guerra sin tener en cuenta la compleja realidad de las decenas de Estados, monarquías, repúblicas y dictaduras militares predominantemente musulmanas que se extienden desde el océano Atlántico hasta el Índico.
Algunos de ellos, como Israel, han sido sólidos aliados y partidarios del imperialismo occidental durante 60 años, con algún que otro atisbo de independencia en los últimos tiempos, como Arabia Saudí, los Emiratos, Jordania y Egipto. Nunca han sido firmes partidarios del Movimiento de Liberación Nacional Palestino, salvo de palabra. En esta vasta y dispar agrupación, sólo el régimen iraní, sea cual sea su influencia clerical, ha mostrado una solidaridad material real con los movimientos de liberación, el Hezbolá libanés, el Hamás y el FPLP palestinos y los Houthis yemeníes. Hasta principios de este siglo, cuando uno de estos Estados árabes pretendía oponerse a la «protección» occidental, una expedición militar lo destruía, como fue el caso de la Libia de Gadafi en 2001. Pero después se hizo más difícil, como demostró el fracaso de los opositores prooccidentales contra la Siria de Bashar el Assad.

Es imposible analizar en detalle las contradicciones internas propias de estos diversos «Estados musulmanes», todos ellos controlados, bajo diferentes formas políticas, por distintos sectores de las burguesías nacionales cuyos intereses fluctúan a veces en función de la actualidad. Por ejemplo, los gobernantes saudíes, que hasta hace unos meses eran los impulsores de un acercamiento descarado a Israel, están ahora implicados en la vuelta a la paz en Yemen y en un posible acercamiento a Irán bajo la égida de China.

El Estado judío de Israel y el Marruecos islámico

Como ejemplo de estas complejidades geopolíticas, alejadas de las cuestiones religiosas, podemos fijarnos en las ambiguas relaciones entre el Estado colonial-imperialista de Israel y el Reino musulmán de Marruecos, en el otro extremo del Mediterráneo.
El Reino de Marruecos se convirtió en Protectorado de la Tercera República Francesa en 1912, para oponerse a las ambiciones coloniales de Alemania, en el contexto de la competencia imperialista europea que desembocó en la guerra de 1914-1918. La victoria de los «Aliados» occidentales confirmó el Protectorado de la Francia colonial, que entonces también se ejercía en Siria y Líbano, y duró hasta la independencia de Francia en 1956 (tras el colapso de su imperio colonial en Indochina).

El protectorado, aunque de naturaleza colonial, era diferente de la tutela directa en la vecina Argelia francesa, que se consideraba un departamento de asentamiento francés. La dominación francesa en Marruecos se ejerció dejando amplias prerrogativas a los señores feudales indígenas (El Glaoui) y al Monarca. La lucha por la liberación nacional estuvo dirigida en Marruecos por movimientos progresistas, pero el Monarca Mohammed V se dio a sí mismo una imagen de portavoz nacional con su exilio en Córcega y luego en Madagascar.

La independencia de 1956 favoreció por tanto a una monarquía laica y prestigiosa, que aprovechó la ocasión para reforzar su poder autoritario, en particular eliminando a los militantes progresistas (asesinato de Ben Barka en 1965) y sometiéndolos mediante la corrupción y el nacionalismo.

El régimen marroquí, que a menudo se presenta en Francia como una especie de «democracia» de inspiración gaullista, es ante todo un sistema parlamentario amañado y una monarquía extremadamente rica (según Forbes, el rey de Marruecos es más rico que el emir de Qatar, cuyo PIB es muy superior). La monarquía marroquí favorece más el turismo de lujo que la industria, y cede barrios enteros de Marrakech, con sus palacios privados (la Mamounia, los riads), a la burguesía francesa u occidental. El poder marroquí es tanto más absoluto cuanto que es religioso: el Rey es el «Comendador de los Creyentes».

Desde su independencia, Marruecos se ha visto a sí mismo como el campeón de Occidente en África, frente al «Tercer Mundo» y al movimiento antiimperialista encarnado por la Argelia de Ben Bella y el Egipto de Nasser. La monarquía también se posicionó en contra de los opositores progresistas y como defensora del nacionalismo, glorificando las conquistas del pasado en el África negra, donde los sultanes habían ido a buscar oro y esclavos. Con esta idea, la monarquía de Rabat reivindicó el vasto territorio del Sáhara Occidental, antigua colonia española, a pesar de las decisiones de la Asamblea General de la ONU y de los militantes saharauis del Polisario.
En 1975, el rey Hassan II organizó la «Marcha Verde» de más de 300.000 marroquíes, que invadieron el Sáhara Occidental, inicio de un proceso de colonización que continúa hasta hoy gracias al apoyo de las potencias occidentales, especialmente Francia y Estados Unidos. Bajo la égida del Polisario, los saharauis que huyeron de la ocupación marroquí viven en campos de refugiados en el desierto argelino, cerca de Tinduf.
Así pues, por su autoritarismo y su carácter religioso, y más aún por su elección del «campamento occidental» y su colonialismo de asentamiento en el Sáhara, el Marruecos musulmán tiene muchas similitudes con el Estado de Israel.

Los proyectos Abraham, ¿acuerdos antinaturales?

Desde hace algunos años, tienen lugar negociaciones más o menos oscuras entre los dirigentes de ciertos Estados musulmanes y los dirigentes judíos de Israel. Se ha hablado incluso de un nuevo Canal de Suez que uniría el Mar Rojo y el Mediterráneo pasando por el Mar Muerto y los territorios ocupados por Israel. Algunos comentaristas en Francia se apresuraron a calificar estos acuerdos de antinaturales, ya que obviamente se hicieron a expensas de los palestinos. En realidad, el ejemplo de Marruecos, muy activo en estos acuerdos de cooperación de «realpolitik», demuestra que forjan vínculos entre socios que tienen más similitudes que diferencias.

En el Reino de Marruecos, que proclama su naturaleza musulmana tanto como Israel proclama su esencia hebraica, la minoría judía (300.000 en 1948) ha tenido una historia muy diferente a la de los judíos de la vecina Argelia, donde esta minoría, hasta entonces bien integrada, recibió el regalo envenenado del Decreto Crémieux (1870), en virtud del cual la Tercera República les concedió la ciudadanía francesa, separándolos de la mayoría de la población autóctona de Argelia en beneficio de unas pocas ventajas coloniales, hasta la deriva criminal de algunos de ellos hacia la OEA en 1960.

Los judíos de Marruecos no sólo han sido los «protegidos» del Comendador de los Creyentes durante siglos, sino que la burguesía intelectual judía ha proporcionado una serie de consejeros cercanos al poder real, incluido el más reciente, André Azoulay, que desempeñó un papel importante en los acuerdos entre Rabat y Tel Aviv a partir de 2020. Se trata de una influencia decisiva, dado que hoy en día sólo quedan unos pocos miles de judíos en Marruecos, más de 100.000 de los cuales se marcharon para unirse a la aventura colonial israelí después de 1960.

El acercamiento entre Israel y Rabat se ha traducido en una aprobación simétrica de las acciones coloniales, israelí en Palestina y marroquí en el Sáhara Occidental, así como en la colaboración en los ámbitos militar y de seguridad. En julio de 2018, una serie de medios de comunicación víctimas de ello denunciaron el uso intensivo por parte de los servicios secretos marroquíes del software israelí Pegasus, suministrado por la empresa NSO, que les permite escuchar conversaciones privadas en teléfonos móviles.

Según el escritor marroquí Broudsky, que enfureció a los allegados del Rey al denunciar la connivencia entre marroquíes privilegiados y occidentales, en particular personalidades francesas como BHL, 10.000 objetivos marroquíes están en el punto de mira de este programa espía, de un total de 40.000, entre ellos algunos dirigentes franceses «amigos», lo que ha provocado cierto malestar en el Elíseo.

Evidentemente, el silencio en el Tribunal de Rabat ha sido ensordecedor desde el inicio de las masacres de la población de Gaza después del 7 de octubre. Pero esta «ambigüedad» no es única en el mundo musulmán. Los gobiernos de Oriente Próximo (Arabia Saudí, Emiratos, Jordania y Egipto) recelan de emprender cualquier acción militar contra el ejército sionista, aunque multiplican sus proclamas humanitarias, y han tenido que congelar cualquier acercamiento al Estado judío, siendo su opinión pública abrumadoramente propalestina.

¿Qué nos depara el futuro después de la guerra?

Todavía es demasiado pronto para evaluar el resultado contradictorio del conflicto. No obstante, cabe señalar que el rayo desencadenado por Hamás el 7 de octubre ha detenido el avance de los «Acuerdos de Abraham» israelo-árabes, que ha vuelto a poner en primer plano la «cuestión palestina» y que el objetivo de Israel de destruir la Resistencia palestina es inalcanzable, pero el precio humano y material que deberá pagar el pueblo de Palestina será probablemente aterrador.

30/12/2023

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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