Miscelánea 11/04/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Propuestas contra el extractivismo.
2. Migrantes en el desierto.
3. Huertos en el desierto.
4. Entrevista al candidato a las europeas del partido de Wagenknecht.
5. Laos socialista.
6. Los costes económicos del genocidio.
7. Resumen de la guerra en Palestina, 10 de abril.
8. En Israel todos quieren la guerra.
9. Represión contra la solidaridad con Palestina en Jordania.
10. Sobre la izquierda israelí (de José Luis Martín Ramos).

1. Propuestas contra el extractivismo

Una interesante propuesta de la CONAIE para la creación de un movimiento internacional contra el extractivismo.

https://jacobinlat.com/2024/

Un movimiento internacional contra el extractivismo

Iain Bruce Traducción: Pedro Perucca

La CONAIE, principal organización indígena de Ecuador, y el Frente Nacional Antiminero (FNA), aprobaron una propuesta para empezar a construir un amplio frente internacional contra la minería y otras industrias extractivas.

La principal organización indígena del país, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), junto con el Frente Nacional Antiminero (FNA), aprobó una propuesta para empezar a construir un amplio frente internacional contra la minería y otras industrias extractivas. Se trata de una de las 14 propuestas formuladas en el II Encuentro Nacional del FNA, y se produce en un momento en que el movimiento consiguió una importante victoria contra una empresa minera canadiense.

Más de 800 delegados de 77 organizaciones indígenas y de otro tipo de las tres regiones de Ecuador (Amazonía, Sierra y Costa) se inscribieron en el II Encuentro Nacional del Frente Nacional Antiminero (FNA) del pasado 22 de marzo. La semana anterior se había producido un nuevo brote de violencia policial y resistencia comunitaria en Palo Quemado, en la sierra central, en torno a un proyecto de extracción de cobre de la empresa canadiense Atico Mining Corporation. 

Al menos 20 miembros de la comunidad resultaron heridos y 70 fueron procesados, después de que primero un grupo de paramilitares y luego 500 efectivos de choque de la policía irrumpieran disparando gases lacrimógenos y perdigones. Intentaban impedir que la comunidad bloqueara el acceso a la empresa minera que, junto con el gobierno, tenía previsto celebrar una «consulta medioambiental» el 27 de marzo, como forma de despejar el camino para iniciar las obras de la mina.

No es de extrañar que esta cuestión se convirtiera en uno de los temas centrales de la reunión del FNA, añadiendo una nueva nota de militancia a la reunión, a menudo festiva. Una serie de acciones en solidaridad con Palo Quemado fueron algunas de las resoluciones finales. Tres días después, se produjo un gran avance. Un juez local ordenó suspender la consulta ambiental porque, como venían argumentando la comunidad y el movimiento indígena, no se habían cumplido todos los pasos exigidos por la Constitución. El magistrado convocó una nueva vista para inicios de abril y ordenó que se retiraran de la zona todas las fuerzas militares y policiales no esenciales. Sin embargo, al momento de redactar este texto llegan noticias sobre el despliegue de más soldados en Palo Quemado y de una nueva ronda de enfrentamientos, con más heridos.

El objetivo central del II Encuentro Nacional era aprovechar el trabajo realizado durante los tres últimos años por el FNA para unir la fuerza del movimiento indígena a la de otros movimientos campesinos y sociales, en una resistencia combinada contra la destrucción de las comunidades y el medio ambiente causada que causan las industrias petrolera y minera. El objetivo inmediato apuntaba al nuevo gobierno del presidente Daniel Noboa y su giro, no del todo sorprendente, hacia el desarrollo de la minería del cobre y el oro a gran escala.

Noboa es hijo de uno de los magnates bananeros más ricos de Ecuador. Ganó las elecciones presidenciales del año pasado presentándose como una cara nueva, joven y moderna y, al menos en parte, pronunciándose, apenas unas semanas antes de los comicios, a favor de una campaña que se estaba haciendo viral entre la juventud ecuatoriana, para votar sí en un referéndum que proponía dejar el petróleo en el subsuelo del Parque Nacional Yasuní. En aquel momento, Noboa ya indicó que desarrollaría nuevas minas para compensar los ingresos perdidos por el petróleo del Yasuní.

La crisis de seguridad que estalló en Ecuador a principios de año —después de que un importante capo de la droga escapara misteriosamente de prisión— le dio al presidente Noboa la oportunidad de declarar el estado de emergencia y justificar así el uso de tropas para hacer frente a una serie de problemas de «seguridad». Independientemente de que la crisis en sí fuera fabricada o no, como sugieren algunos de sus críticos, el gobierno de Noboa aprovechó la situación para impulsar una serie de sus principales reformas neoliberales, como la relajación de las leyes laborales y el aumento del IVA.

También puso un nuevo énfasis en el desarrollo de las industrias extractivas y está buscando formas de pasar por alto los resultados del referéndum del Yasuní y continuar, «por el momento», con la extracción de petróleo en el parque nacional, que es un punto crítico de biodiversidad. Apenas dos semanas antes de que estallara el conflicto con la minera Atico en Palo Quemado, Noboa estaba con tres de sus ministros en Canadá, en la reunión anual de la asociación minera PDAC, para promocionar al Ecuador como uno de los destinos mineros más «atractivos» del mundo.

Todo esto ha llevado a la CONAIE y al FNA a concluir que la cooperación internacional es más importante que nunca para su lucha. Lo más apremiante es la necesidad de expresiones inmediatas de solidaridad con Palo Quemado y otras comunidades que se resisten a la minería depredadora en sus tierras y que, como resultado, se enfrentan a una severa represión.

Más estratégicamente, como explicó el presidente de la CONAIE Leonidas Iza en la conferencia de prensa al final del II Encuentro Nacional, se ven en la necesidad de desarrollar lo antes posible esta red internacional contra la minería y las industrias extractivas, buscando reunir a todos los que se resisten a estos ataques contra sus comunidades y su medio ambiente. Los detalles sobre el qué y el cómo quedan por concretar, pero la invitación está ahí, planteada por uno de los movimientos sociales más importantes que hacen parte de la primera línea de lucha por nuestro futuro y el del planeta. Nos corresponde a nosotros aceptarla, difundirla y buscar la manera de que se haga realidad.

Iain Bruce. Periodista y activista de la Coalición COP26 residente en Escocia. Junto con Sabrina Fernandes presentaba un video-resumen diario de lo que pasaba en Glasgow, Inside Outsi

2. Migrantes en el desierto.

Los últimos días han aparecido noticias del envío desde Argelia de migrantes que son abandonados en el desierto para que vuelvan a pie a Níger. Este último país ha pedido que se les trate con más humanidad, sin mucho éxito hasta el momento. Prashad escribe sobre otra de las rutas que atraviesan el Sahara. En esta ocasión, entre Libia y Níger. https://www.counterpunch.org/

8 de abril de 2024
La discreta muerte de migrantes en el desierto del Sáhara
por Vijay Prashad
Sabah (Libia) es una ciudad oasis en el extremo norte del desierto del Sáhara. Situarse a las afueras de la ciudad y mirar hacia el sur, hacia el desierto de Níger, es imponente. La arena se extiende hasta el infinito y, si sopla el viento, la levanta hasta cubrir el cielo. Los coches llegan a la ciudad por la carretera que pasa junto a la mezquita de al-Baraka. Algunos de estos coches proceden de Argelia (aunque la frontera suele estar cerrada) o del Djebel al-Akakus, las montañas que recorren el extremo occidental de Libia. De vez en cuando, una camioneta Toyota blanca llena de hombres procedentes de la región africana del Sahel y de África occidental se abre paso hasta Sabah. Milagrosamente, estos hombres han logrado atravesar el desierto, por lo que muchos de ellos descienden del camión y se tiran al suelo en una oración desesperada. Sabah significa «mañana» o «promesa» en árabe, una palabra muy apropiada para esta ciudad que se agarra al borde del enorme, creciente y peligroso Sáhara.
Durante la última década, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas ha recopilado datos sobre las muertes de migrantes. El Proyecto Migrantes Desaparecidos publica sus cifras cada año, y este mes de abril ha dado a conocer las últimas. En los últimos diez años, la OIM afirma que 64.371 mujeres, hombres y niños han muerto mientras se desplazaban (la mitad de ellos han fallecido en el mar Mediterráneo). De media, cada año desde 2014 han muerto 4.000 personas. Sin embargo, en 2023, la cifra aumentó a 8.000. Uno de cada tres migrantes que huyen de una zona de conflicto muere en el camino hacia un lugar seguro. Estas cifras, sin embargo, están groseramente desinfladas, ya que la OIM simplemente no puede hacer un seguimiento de lo que ellos llaman «migración irregular.» Por ejemplo, la OIM admite que «algunos expertos creen que mueren más migrantes al cruzar el desierto del Sáhara que en el mar Mediterráneo.»
Tormentas de arena y pistoleros
Abdel Salam, que regenta un pequeño negocio en la ciudad, señala a lo lejos y dice: «En esa dirección está Toummo», la ciudad libia fronteriza con Níger. Desliza las manos por el paisaje y dice que en la región entre Níger y Argelia está el Paso del Salvador, y es por esa brecha por donde van y vienen drogas, emigrantes y armas, un comercio que enriquece a muchos de los pequeños pueblos de la zona, como Ubari. Con la erosión del Estado libio desde la guerra de la OTAN en 2011, la frontera es en gran medida porosa y peligrosa. Fue desde aquí desde donde el líder de Al Qaeda, Mokhtar Belmokhtar, trasladó sus tropas desde el norte de Malí a la región libia de Fezzan en 2013 (se dice que murió en Libia en 2015). También es la zona dominada por los contrabandistas de cigarrillos de Al Qaeda, que transportan millones de cigarrillos Cleopatra de fabricación albanesa a través del Sáhara hasta el Sahel (Belmokhtar, por ejemplo, era conocido como el «Hombre Marlboro» por su papel en este comercio). De vez en cuando, un camión Toyota se dirige hacia la ciudad. Pero muchos de ellos desaparecen en el desierto, víctimas de las aterradoras tormentas de arena o de secuestradores y ladrones. Nadie puede seguir la pista de estas desapariciones, ya que nadie sabe siquiera que se han producido.
Io Capitano (2023), de Matteo Garrone, nominada al Oscar, cuenta la historia de dos chicos senegaleses -Seydou y Moussa- que van de Senegal a Italia pasando por Mali, Níger y luego Libia, donde son encarcelados antes de huir por el Mediterráneo hasta Italia en un viejo barco. Garrone construyó la historia a partir de los relatos de varios emigrantes, entre ellos Kouassi Pli Adama Mamadou (de Costa de Marfil, ahora activista que vive en Caserta, Italia). La película no rehúye la dura belleza del Sáhara, que se cobra la vida de emigrantes que aún no son vistos como tales por Europa. La película se centra en el viaje a Europa, aunque la mayoría de los africanos emigran dentro del continente (21 millones de africanos viven en países en los que no han nacido). Io Capitano termina con un helicóptero sobrevolando el barco mientras se acerca a la costa italiana; ya se ha señalado que la película no reconoce las políticas racistas que recibirán Seydou y Moussa. Lo que no se muestra en la película es cómo los países europeos han intentado construir una fortaleza en la región del Sahel para impedir la migración hacia el norte.
Tumba al aire libre
Cada vez más migrantes han buscado la ruta Níger-Libia tras la caída del Estado libio en 2011 y la represión en la frontera hispano-marroquí de Melilla y Ceuta. Hace una década, los Estados europeos dirigieron su atención a esta ruta, intentando construir un «muro» europeo en el Sáhara contra los migrantes. El objetivo era detener a los migrantes antes de que llegaran al Mediterráneo, donde se convertirían en una vergüenza para Europa. Francia, a la cabeza, reunió en 2014 a cinco de los Estados del Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger) para crear el G5 Sahel. En 2015, bajo presión francesa, el gobierno de Níger aprobó la Ley 2015-36 que criminalizaba la migración a través del país. El G5 Sahel y la ley de Níger vinieron acompañados de financiación de la Unión Europea para proporcionar tecnologías de vigilancia -ilegales en Europa- que se utilizarían en esta banda de países contra los migrantes. En 2016, Estados Unidos construyó la base de drones más grande del mundo en Agadez, Níger, como parte de este programa contra los migrantes. En mayo de 2023, Border Forensics estudió las rutas de los migrantes y descubrió que, debido a la ley de Níger y a estos otros mecanismos, el Sáhara se había convertido en una «tumba al aire libre.»
En los últimos años, sin embargo, todo esto ha empezado a desmoronarse. Los golpes de Estado en Guinea (2021), Mali (2021), Burkina Faso (2022) y Níger (2023) han provocado el desmantelamiento del G5 Sahel, así como la exigencia de la retirada de las tropas francesas y estadounidenses. En noviembre de 2023, el gobierno de Níger revocó la Ley 2015-36 y liberó a quienes habían sido acusados de ser contrabandistas.
Abdourahamane, un grande de la localidad, se paró junto a la Gran Mezquita de Agadez y habló de los migrantes. «La gente que viene aquí son nuestros hermanos y hermanas», dijo. «Vienen. Descansan. Se van. No nos traen problemas». La mezquita, construida de arcilla, lleva en su interior las marcas del desierto, pero no es pasajera. Abdourahamane me contó que se remonta al siglo XVI, mucho antes de que naciera la Europa moderna. Muchos de los emigrantes vienen aquí a recibir sus bendiciones antes de comprar gafas de sol y cruzar el desierto, con la esperanza de atravesar las arenas y encontrar su destino en algún lugar al otro lado del horizonte.
Este artículo ha sido elaborado por Trotamundos.

3. Huertos en el desierto

Es paradójico que una parte importante del fosfato que usamos en Europa lo han robado los marroquíes a los saharuis quienes, en contrapartida, han conseguido notables éxitos agrarios en el ambiente menos propicio: el desierto del Tinduf. Me ha gustado mucho este reportaje de Climática. https://climatica.coop/

Refugiados saharauis: cómo adaptarse a uno de los lugares más inhóspitos del planeta

Huertos en el desierto, muros de adobe, barreras vegetales, gestión hídrica… La población refugiada en los campamentos de Tinduf lleva décadas dando prueba de adaptación y resiliencia en la ‘hamada’ argelina.

Miguel Ángel Fernández 10 abril, 2024

Al norte del Sahel, en el desierto del Sáhara limítrofe con Tinduf, se encuentran los campamentos de refugiados saharauis, en plena hamada argelina, un desierto pedregoso caracterizado por un paisaje duro, de mesetas rocosas y con poca arena y unas condiciones climáticas casi imposibles para la vida: temperaturas extremas, ocasionales lluvias torrenciales y fuertes vientos y tormentas de arena que dificultan enormemente la práctica de la agricultura, limitan las posibilidades de una autonomía productiva y hacen que la población refugiada dependa en buena medida de la ayuda humanitaria.

Los últimos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), son contundentes y ponen de manifiesto los efectos derivados del calentamiento global en África: a pesar de que el continente sólo aporta el 4% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono procedentes de fuentes energéticas e industriales, será de los más golpeados y sufrirá un aumento de temperaturas mayor que la media mundial. Según datos que ofrece Aurora Moreno en El cambio climático en África –XII Premio de Ensayo Casa África–, el panel de especialistas calcula que la existencia de tierras áridas o semiáridas podría incrementarse en el continente entre un 5% y un 8% hasta el año 2080, una situación que sería incluso peor para la región del Sahel, puesto que, según las estimaciones de Global Assessment of Soil Degradation (GLASOD), la zona puede ser clasificada como “severamente degradada” al completo.

Pese a todo ello, los refugiados, de momento, siguen ofreciendo una pasmosa prueba de resistencia en el exilio. La primera dificultad con la que se encontraron en Argelia fue la evidente limitación del acceso al agua en un contexto desértico. Si bien algunos de los asentamientos como Esmara, El Aaiún y Dajla disponían de aguas subterráneas, posibilitar su acceso a todos los refugiados ha llevado tiempo y esfuerzo. Hoy, las bombas subterráneas proporcionan una cantidad de 100 m3/h. al día, que, tras pasar por centros potabilizadores, es distribuida a todas las dairas o barrios. En un primer momento, dicha distribución se realizaba mediante camiones cisterna. Ahora una extensa red de canalizaciones cubre ya gran parte de los campamentos. 

En los últimos tiempos y, gracias a la coordinación entre el Ministerio del Agua y Medio Ambiente saharaui, ACNUR y la Agencia Andaluza de Cooperación al Desarrollo (AACID), se ha logrado implementar el proyecto Mejora del aprovisionamiento en agua potable de los refugiados saharauis instalados en los campos de Tinduf, que ha conseguido que más del 50% de la población refugiada pueda ya acceder a agua potable directamente a través de la red de distribución. Por otra parte, las autoridades saharauis tienen ahora mayor capacidad de producción, almacenamiento, tratamiento y control del sistema de distribución a través de pozos y reservorios.

Son cifras esperanzadoras, pero que no pueden hacer olvidar que todavía queda mucho por hacer, pues, como alerta un informe de ACNUR publicado en 2017, la cantidad promedio de agua disponible en los campamentos es de 19,6 litros por persona y día, una cantidad precaria si atendemos a los estándares de la OMS, que establecen el suministro mínimo para cubrir las necesidades básicas de higiene y alimentación entre 50 y 100 litros por persona y día –ACNUR estima el mínimo en 20 litros–. En todo caso, expresa Sidahmed Abeidi, uno de los directores del ministerio y quien nos desgrana los pormenores de la gestión hídrica en los campamentos: “La administración que hemos realizado de un bien tan escaso en una zona desértica es espejo de nuestra capacidad de resistencia”.

Huertos en el desierto

Existen algunas zonas en las que la producción agraria puede darse en los campamentos. Se trata de zonas de oasis o de río subterráneo superficial, que permiten la producción de algunas verduras. El Ministerio de Desarrollo Económico Saharaui, MDE, encargado de la agricultura y ganadería, promueve estos huertos desde hace años, y reparte a la población las cosechas para asegurar una mínima ingesta de vitaminas para la población. 

Hay diversos proyectos que apoyan la producción en dichos huertos: nacionales como N’khaila, Nueve de junio y Bugarfa, regionales (gestionados por las direcciones regionales en cada wilaya o campamento, cuya producción se entrega a la Media Luna Roja Saharaui, que hace el reparto final a las personas refugiadas), institucionales (ubicados en sedes administrativas cuya producción se utiliza en el comedor de la respectiva institución) y huertos familiares, con un tamaño de entre 100 y 150 m2, que desde hace unos 17 años se promueven desde una perspectiva de autonomía familiar.

En vista de que el exilio se dilata en el tiempo y la ayuda externa se reduce en cantidad, calidad y diversidad, la población refugiada, en coordinación con el MDE y diferentes ONG –principalmente CERAI y Oxfam–, ha ido impulsando iniciativas alimentarias de producción local y, en el caso de CERAI, de enfoque agroecológico, guiados por coordinadoras formadas en agricultura, con las que intentar mejorar su situación alimentaria. Todo ello, recordemos, en un contexto desértico.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) provee de una “canasta básica” de la que depende entre un 69% y un 75% de la población de los campamentos, pero la ONG Mundubat, en su reciente informe El derecho humano a la alimentación adecuada en los CRS (Campamentos de población Refugiada Saharaui), alerta de que es nutricionalmente pobre, además de decreciente, y se encuentra casi reducida a carbohidratos, con lo que ello supone para el aumento de las enfermedades crónicas, como la celiaquía y la diabetes. 

Además, la canasta ha sufrido cambios a lo largo del tiempo, se ha reducido su cantidad y diversidad, y en la actualidad es básicamente una “canasta seca” que no incorpora productos frescos: 12 kg. de cereales (harina de trigo, cebada y algo de arroz), 2 kg. de legumbres (fundamentalmente lentejas), levadura, 1 litro de aceite y 750 gr. de azúcar por persona al mes. Junto a ella existen algunas distribuciones complementarias de alimentos como los de la Cruz Roja Española, con financiación de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo), que aporta aproximadamente un kilo de producto fresco (normalmente, patatas o cebollas).

Los huertos suponen, pues, una alternativa al progresivo deterioro de la ayuda alimentaria externa y un empoderamiento de la propia población refugiada. Una particular paradoja si atendemos al hecho de que, culturalmente, el pueblo saharaui es nómada, sin tradición agraria. 

Para conocer la realidad de estas experiencias agrarias en el desierto nos hemos acercado al Huerto Nacional de N’khaila, junto a Mohamed Embarec, Zahra Ahmed y Víctor Martínez Creus, responsables de los dos proyectos que ejecuta la ONGD CERAI (Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional), en los CRS. Nos encontramos en un espacio que no llegaba a ser un oasis de palmeras propiamente dicho, que actualmente alberga una hectárea y media de plantaciones. 

El proyecto que coordina Mohamed está financiado por el PMA y su objetivo es producir forraje de calidad para los camellos, ovejas y cabras de la ONGD Movimiento Africa70, que a su vez van a proveer de leche y carne a colectivos vulnerables: personas de la tercera edad, escuelas con personas con discapacidad, hospitales, embarazadas… mejorando de manera considerable la situación alimentaria de las personas refugiadas: “Aquí las cifras recientes muestran que la anemia, diabetes, y las enfermedades relacionadas con la malnutrición son muy altas”.

Asegurando el derecho a la alimentación fresca y local de familias vulnerables con huertos familiares sostenibles y el apoyo de redes de mujeres, CRS es el descriptivo nombre del proyecto que coordina Víctor. Financiado por la AECID, ha incorporado 25 nuevos huertos familiares –actualmente coordina alrededor de 180 de ellos, que se han ido acumulando principalmente gracias a proyectos financiados por la AECID, aunque puntualmente también por otros financiadores–, pero no sólo: en 2023 sembraron 450 moringas y en diciembre trasplantaron casi 1.000 árboles frutales –olivo, granado e higuera–. “Reforestar el desierto no es posible, no en la hamada, pero los huertos, con el cuidado adecuado de las familias, van convirtiéndose en pequeños vergeles”.

Las tierras sobre las que germinan los huertos se enfrentan principalmente al siroco –viento arenoso huracanado, sin humedad a alta temperatura–, al agua de riego bombeada del subsuelo con una alta salinidad y a las extremas condiciones meteorológicas: altas temperaturas y fuerte incidencia del sol; también frías noches en invierno. Por ello, es muy importante seleccionar variedades de semillas locales adaptadas

También se construyen muros de adobe y se plantan estratégicamente barreras vegetales naturales para neutralizar la fuerza del siroco. Además, se cuenta con invernaderos con los que alargar la temporada de invierno, controlar la temperatura y refugiar a los cultivos del viento. En cuanto a sistemas de riego, lo más común es el tradicional sistema por inundación, y el conocido riego por goteo, que maximiza la eficiencia del agua. 

Todo ello requiere de una aproximación técnica y un seguimiento cercano a los cultivos. Zahra, que cataliza la recogida de datos, añade: “Es fundamental el registro de todo lo que hacemos para ir acumulando datos que luego serán fundamentales a la hora de analizar el rendimiento y el impacto de nuestro trabajo en los huertos. Tenemos un fichero de cada familia y hacemos un seguimiento detallado de cada huerto, de los problemas técnicos que van surgiendo… Y contamos con una red de coordinadoras en todas las dairas que van acompañando y aportan soluciones a los problemas que van surgiendo. Hay un trabajo muy muy minucioso detrás de todo eso”.

Tanto el proyecto de forraje como el de huertos familiares de CERAI se fundamentan en la agroecología: “Evitamos el cultivo intensivo mediante agroquímicos que se realiza tanto en el norte como en el sur global, aquí trabajamos con agricultura ecológica y con abono orgánico, principalmente mediante gallinaza, pero también con estiércol de camello o cabra, y procuramos asegurar la autonomía productiva de las familias, tanto en medios materiales y semillas, como en conocimientos”. 

Y no hay que olvidar el componente político que supone la apuesta agroecológica: “Un 60% de los fosfatos con los que se hacen muchos pesticidas que usamos en Europa, vienen de los territorios ocupados del Sáhara Occidental, administrado por Marruecos. La agroecología siempre ha tenido una dimensión política, y aquí se le añade una capa más, pues supone no comerciar con los recursos de los que se ha apropiado y con los que se financia la potencia ocupante”. 

Como nos cuenta Víctor, tampoco el cambio climático pone fácil el desarrollo e implementación de estos proyectos: “El verano está empezando a ser más largo, eso obliga a sembrar más tarde, finales de septiembre, y cosechar antes: la última cosecha se produce entre mayo y junio, reduciendo la campaña agrícola. Como no se puede cultivar en verano eso condiciona el objetivo de aumentar la soberanía alimentaria de la población refugiada, que es lo que finalmente buscamos”.

Los tres coinciden en que un hándicap de estos proyectos es la dependencia de los fondos y la ayuda exteriores, pero no pierden de vista el objetivo de ir saliendo –mediante el acompañamiento y la formación– del marco de la asistencia humanitaria y generando más espacios de autosuficiencia para la población refugiada.

Aislando jaimas del calor

Si hay un elemento llamativo en los campamentos de cómo han cambiado las condiciones en estos cincuenta años de exilio es, lo hemos dicho en alguna ocasión, el de las viviendas: ya no son aquellas jaimas y tiendas provisionales que sostenían el sueño de un inminente retorno; tampoco las casitas de adobe, golpeadas cada cierto tiempo por unas lluvias torrenciales que, otra paradoja, se dan en una zona donde las precipitaciones suelen ser de menos de 100 milímetros por año. Las actuales son de aglomerado y gozan de ciertas comodidades, como el aire acondicionado, que, gracias a la extensión de la red eléctrica argelina, ayudan a sobrellevar temperaturas que pueden sobrepasar los 50 °C en verano. El sistema de tendido eléctrico proporcionado por Argelia ha dotado de electricidad a todos los campamentos a excepción del de El Aaiún, que se encuentra aún en proceso de la implementación de la red. La instalación de paneles solares allí donde no llega el tendido ayuda también a la generación de energía.

Y relacionados con la habitabilidad están surgiendo interesantes proyectos de aislamiento térmico como el que, en coordinación con diferentes estamentos saharauis, lleva adelante el estudio Arvo Arquitectura, que, como nos cuenta su directora, María de Juan, trabaja en medidas para reducir el calor que producen las chapas metálicas instaladas como techo en las casas. 

La idea, sencilla en apariencia, es aislar dicha superficie con una masa de algodón reciclado procedente de ropa, trapos, camisetas… trituradas en los propios campamentos y colocadas idealmente por encima y protegiéndolas luego con lona de jaima, una medida que ayudaría también a aislarlas del frío en invierno. No es la única iniciativa al respecto: existen otras cuya eficacia está demostrada en quirófanos de campaña, como colocar una red militar a unos 30 cm. del techo para darle sombra. Esta sencilla idea reduce entre 5 y 7 °C la temperatura y puede desmontarse en invierno. Por el momento, ya han instalado las redes en la escuela 17 de junio de Esmara, con resultados positivos, pero la idea es volver el año que viene con un objetivo más amplio.

Aislamiento térmico natural, huertos en el desierto, barreras vegetales, gestión hídrica… la población refugiada lleva décadas experimentando y demostrando una sorprendente capacidad de resiliencia en uno de los entornos más duros imaginables. Y no estaría de más prestar un poco de atención a algunas de esas experiencias de adaptación, ahora que miramos de reojo a un cambio climático que se ya asoma por el horizonte.

4. Entrevista al candidato a las europeas del partido de Wagenknecht

Normalmente leemos las opiniones de la propia Wagenknecht, pero me parece importante conocer las visiones de otros miembros de su organización.

https://lvsl.fr/fabio-de-masi-

Fabio de Masi: «Alemania saborea ahora las políticas que infligió al sur de Europa».
Jérôme Chakaryan Bachelier
08 abril 2024
Fracturada, la izquierda alemana acude desorganizada a las elecciones europeas. Por un lado, Die Linke («la izquierda»), el partido que ha encarnado la oposición a las políticas de austeridad de Angela Merkel. Por otro, la Bündnis Sahra Wagenknecht (Alianza Sahra Wagenknecht, BSW), estructurada en torno a la carismática disidente de Die Linke. Critica al partido de izquierdas por abandonar un discurso clasista en favor de una retórica centrada en los «valores» y por abandonar a los trabajadores en favor de las clases medias. Sus críticas a la inmigración han desatado numerosas polémicas, incluso dentro de la izquierda europea. Conocemos a Fabio de Masi, cabeza de lista del BSW a las elecciones europeas. Especialista en temas financieros y uno de los primeros críticos de la moneda única, fue una de las principales figuras de la oposición al giro austericida de la Unión Europea en la década de 2010.
LVSL – Tras importantes desacuerdos en el seno de Die Linke, Sahra Wagenknecht, la figura más destacada del partido, ha abandonado el partido. Ella lanzó la Bundnis Sahra Wagenknecht (BSW, Alianza Sahra Wagenknecht), a la que usted pertenece. ¿Podría explicar las razones de esta ruptura y las principales diferencias ideológicas entre Die Linke y BSW?
Hay dos razones principales. La primera es el giro de Die Linke hacia lo que Thomas Piketty llama la «izquierda brahmánica», centrada en cuestiones de identidad. Esto no significa que Die Linke haya abandonado su retórica de redistribución social, pero ha perdido su punto de apoyo en el mundo del trabajo. Sus representantes electos, por ejemplo, votaron a favor de una renta básica incondicional. ¿Acaso ignoran que pagar una renta de subsistencia a todo el mundo -incluso a los ricos- reduce los recursos disponibles para quienes realmente necesitan el apoyo del Estado? ¿Que esta perspectiva olvida por completo la participación social que posibilita el trabajo? El control de la economía -incluidas las decisiones de inversión- sólo puede democratizarse mediante la lucha en el lugar de trabajo.
Esta actitud, unida a la retórica poco realista de Die Linke sobre la apertura de fronteras durante la crisis de los refugiados, ha provocado el desencanto entre nuestra base electoral, en los distritos electorales de la clase trabajadora y en el campo. Ha contribuido al auge de AfD [Alternative für Deutschland, el principal partido de extrema derecha de Alemania, que mantiene una relación bastante ambigua con el pasado nazi del país]. Cuando aún era miembro de Die Linke en el Parlamento alemán, tuve que impedir que ese partido se posicionara a favor del impuesto sobre el carbono, ¡la medida que provocó la explosión de los Gilets jaunes en Francia! Sin embargo, no es difícil comprender que el impuesto sobre el consumo de carburante es una herramienta liberal de dudosa eficacia medioambiental, mientras que, al mismo tiempo, el sistema ferroviario alemán sufre desde hace muchos años una falta crónica de inversiones.
La segunda línea divisoria es la actitud a adoptar hacia el movimiento pacifista. Sahra Wagenknecht organizó una gran manifestación por la paz y a favor de una solución diplomática a la guerra de Ucrania. Die Linke intentó desacreditarla y afirmó que la manifestación había sido iniciada por la derecha. No somos ingenuos respecto a Vladimir Putin. Yo mismo fui objetivo de un presunto espía ruso, «Egisto O.», que trabajaba con Jan Marsalek, antiguo directivo de la empresa de transacciones Wirecard, hoy prófugo. He denunciado en repetidas ocasiones las redes oligárquicas rusas en Alemania.
Sin embargo, creemos que la guerra en Ucrania es producto de una historia compleja, vinculada a la expansión de la OTAN hacia el Este. Debe haber garantías de seguridad para Ucrania del mismo modo que debe haber un colchón de seguridad para Rusia, y a largo plazo se sacrificarán demasiadas vidas ucranianas, en el entendimiento de que Rusia puede movilizar más soldados. Tampoco estamos de acuerdo con las sanciones, que han dañado la economía alemana, intensiva en energía, y la han hecho más dependiente del gas natural licuado (GNL) estadounidense, altamente contaminante. Todo ello sin impedir que Rusia intensifique sus operaciones. Nuestra opinión está respaldada por un reciente estudio del economista keynesiano James Galbraith.
LVSL – La situación social en Alemania se ha deteriorado considerablemente en los últimos años como consecuencia de la inflación y las políticas de austeridad. El pasado noviembre, el Tribunal Constitucional alemán dictaminó que la movilización de los 60.000 millones de euros restantes del fondo COVID para políticas ecológicas era ilegal. ¿Cómo analiza esta obsesión por la disciplina presupuestaria y cómo la percibe la opinión pública alemana?
He sido uno de los principales críticos de la norma del freno de la deuda en Alemania en los últimos años. He propuesto cambios importantes. Pero la decisión del Tribunal es más compleja. Si consagras un freno a la deuda en la Constitución, no debería sorprenderte una sentencia así. Incluso los principales políticos del Partido Verde en 2017 seguían queriendo reforzar el freno a la deuda, que restringe el crédito a la inversión. Para sortear este freno (por ejemplo, para el gasto militar), el Gobierno ha lanzado así presupuestos paralelos, los llamados presupuestos «para fines especiales», que no están controlados por el Parlamento.
Durante la crisis del coronavirus, se activó una exención al freno de la deuda, que se aplica en condiciones especiales, como un choque económico importante. El Gobierno podría haberlo prorrogado simplemente con la crisis energética y la guerra de Ucrania, pero en lugar de ello intentó utilizar fondos de un presupuesto alternativo anterior. ¿Por qué debería el Tribunal Constitucional ayudar a la estupidez económica del Gobierno?
LVSL – Las encuestas para las elecciones europeas muestran que los votantes están desencantados con el gobierno de coalición, formado por el SPD (socialdemócratas), los Grünen (verdes) y el FDP (liberales). ¿Cuáles cree que son las razones de esta impopularidad?
FdM – Que este Gobierno sea probablemente el más impopular de la historia de posguerra no es sorprendente. Hay que tener en cuenta que, ante una gran conmoción económica, ha anunciado un gasto armamentístico de 100.000 millones de euros, combinado con recortes del gasto público en infraestructuras, una política energética caótica e impuestos sobre el carbono. Un estudio en el que han participado banqueros centrales suecos, publicado bajo el título «Los costes políticos de la austeridad», muestra con bastante claridad que tales políticas favorecen a la extrema derecha. Hay que añadir que, además de la guerra en Ucrania, existe una gran preocupación por la capacidad de nuestros municipios para gestionar la migración de forma ordenada, mientras que carecemos de capacidad en materia de vivienda y educación…
LVSL – El partido de extrema derecha AfD lidera prácticamente todas las encuestas en la antigua Alemania del Este. ¿Cómo se explica este éxito y cómo se puede frenar?
El Este está especialmente expuesto a las consecuencias de la guerra. Mucha gente ve el ataque criminal de Rusia -que sin duda es una clara violación del derecho internacional- de forma más matizada que en Occidente. También hay una división urbano-rural en el ascenso de la AfD: muchas personas perciben los cambios en la sociedad alemana -la transformación digital, la gestión de la crisis del coronavirus o la inmigración- como una amenaza a su sociabilidad y forma de vida tradicionales.
LVSL – Algunos medios de comunicación han descrito a Sahra Wagenknecht como representante de una izquierda «antiinmigración» y algunos miembros de la izquierda europea la han criticado por su oposición a la libre circulación de inmigrantes. ¿Cuál es su análisis de esta cobertura mediática y cómo describiría la posición de su partido sobre la cuestión de la inmigración?
Tradicionalmente, la «libre circulación de inmigrantes» nunca ha sido una postura de izquierdas. Bernie Sanders siempre se ha opuesto a la apertura de fronteras, por ejemplo. De hecho, ninguno de ellos es «libre».
Gran parte de los «progresistas» alemanes consienten lo que ocurre actualmente en Gaza. La situación ha producido dos millones de refugiados. ¿Son libres? Por supuesto que no. Preferirían vivir en su propio país. Si todos los habitantes de Gaza se fueran a Alemania, no se solucionaría su situación de pobreza y provocaría más tensiones en la sociedad alemana. Estamos inequívocamente a favor de conceder el derecho de asilo a las víctimas de persecución política, así como a los refugiados de guerra (no sólo en Alemania, sino en toda Europa, porque Alemania no tiene capacidad para proporcionar viviendas y escuelas suficientes para todos).
Sin embargo, hay que tener en cuenta que los más pobres entre los pobres ni siquiera llegan a Europa, porque ni siquiera tienen medios para cruzar el Mediterráneo, y que casi la mitad de los que solicitan asilo son en realidad inmigrantes económicos, aunque procedan de países que antes estaban en guerra. Esto es totalmente comprensible. Sin embargo, en el sistema alemán, si no tienes pasaporte o si no hay acuerdo de repatriación con tu país de origen, se te tolera sin perspectivas claras a largo plazo. Esto lleva a muchas personas a intentar entrar en Alemania, pero sin perspectivas reales de vida.
Queremos un cambio en el sistema, que permita a las personas solicitar asilo en terceros países (incluso a quienes carecen de medios económicos) y limitar la inmigración económica legal al mercado laboral. No podemos resolver la desigualdad global a través de la inmigración. En su lugar, queremos que Alemania invierta en la recuperación económica y levante las sanciones contra países como Siria, en lugar de destinar estos fondos a personas condenadas a una vida sin futuro en las zonas más pobres de nuestras ciudades.
LVSL – La izquierda francesa critica repetidamente a la Unión Europea por su estructura institucional, de la que se dice que favorece a Alemania en detrimento de los países del Sur. Algunos subrayan que una zona de libre comercio con una moneda única impide a los países del Sur proteger sus economías de los excedentes comerciales alemanes. ¿Cuál es su análisis de esta cuestión? ¿Cree que existe una división Norte/Sur en Europa y, en caso afirmativo, cómo puede superarla un partido de la izquierda alemana?
Desde luego que sí. Desde el principio, fui uno de los principales opositores a la arquitectura del euro, y uno de los que iniciaron el «Plan B», junto a Jean-Luc Mélenchon y otros en Europa. Llevé personalmente al Banco Central Europeo (BCE) ante los tribunales a Yanis Varoufakis por su decisión de privar a Grecia de liquidez cuando se negó a suscribir el plan de austeridad de la «Troika» [BCE, FMI y Comisión Europea. Estas tres instituciones impusieron una serie de planes de austeridad a los gobiernos griegos durante la década de 2010. En 2015, Grecia tuvo que oponerse brevemente a ellos, antes de ceder ante el BCE, nota del editor]. He presentado una serie de propuestas alternativas: financiación de la inversión pública por el banco central, reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, etcétera. Alemania necesita impulsar la demanda interna aumentando la inversión pública y los salarios reales.
Alemania atraviesa actualmente una triple crisis. Como consecuencia de la guerra económica con Rusia, estamos perdiendo mercados de exportación, en una especie de variante de la «estrategia de choque». Al mismo tiempo, el Gobierno está reprimiendo la demanda interna. Por último, nuestra falta de inversión pública está llevando a Alemania a vender su capacidad industrial futura. Ahora estamos saboreando las políticas que nuestros gobiernos infligieron a los países del sur de Europa a principios de la década de 2010.
LVSL – Ahora que la guerra ha vuelto al continente europeo, los gobiernos europeos han adoptado un enfoque de confrontación hacia Rusia y se niegan a considerar la vía de la negociación. ¿Qué diplomacia alternativa propondría usted?
Como ya he explicado, necesitamos un alto el fuego -que se ha vuelto más irrealista con el avance de Rusia- y garantías de seguridad que impliquen a China, Alemania y Francia para Ucrania, así como un colchón de seguridad hacia la OTAN para Rusia.
LVSL – El gobierno alemán apoya incondicionalmente a Israel, una postura justificada en parte por consideraciones históricas relacionadas con la responsabilidad central de Alemania en la Shoah. ¿Cuál es su postura sobre la cuestión palestina?
Me opuse a la respuesta de Netanyahu -la más extrema posible- a los atentados del 7 de octubre. Fui uno de los pocos en hacerlo. Debemos tener en cuenta que Netanyahu ha apoyado deliberadamente a los fundamentalistas de Hamás durante muchos años, para impedir una solución de dos Estados.
Está utilizando el horror del 7 de octubre y la situación de las víctimas para ampliar las fronteras de Israel. Murieron 30.000 palestinos, principalmente niños y mujeres. Necesitamos un embargo de armas contra este gobierno.
LVSL – A pesar de la popularidad de Sahra Wagenknecht, el BSW sigue siendo un recién llegado a la escena política alemana. ¿Cuáles son los próximos pasos del partido tras las elecciones europeas?
Tenemos que consolidarnos. Las elecciones más importantes para nosotros no son las europeas, sino las de los Estados del Este, que se celebran este año. Espero resultados positivos pero modestos en las elecciones europeas, porque no son propicias para la movilización, por no mencionar el hecho de que carecemos del personal y los recursos que tienen los demás partidos. Pero estoy convencido de que obtendremos un resultado positivo que nos situará firmemente en el mapa político alemán.

5. Laos socialista

Laos es otro de esos países de los que normalmente no sabemos gran cosa. Últimamente se ha publicado algo más por los buenos resultados del tren de alta velocidad que la une con China. Os paso un pequeño artículo de un periódico comunista irlandés sobre el país. https://socialistvoice.ie/

Laos y la construcción del socialismo
Escrito por Graham Harrington el 4 Abril 2024
La República Democrática Popular de Laos nació en 1975, tras una década de implacables bombardeos estadounidenses contra los pueblos laosiano, vietnamita y camboyano. Laos es per cápita el país más bombardeado del mundo. El 10% de su población murió directamente a causa de las bombas estadounidenses y un número similar abandonó el país. Construir el socialismo en este contexto no fue, ni es, tarea fácil para el Partido Popular Revolucionario Laosiano (PPRL). Incluso hoy, una docena de personas mueren cada año por bombas estadounidenses sin explotar.
La financiación estadounidense de los traficantes de opio y otros contrarrevolucionarios fue testigo de atentados terroristas hasta los primeros años del siglo XXI. A ello se sumaron las incursiones fronterizas desde Tailandia, respaldadas por Estados Unidos. En la actualidad, el grupo de fachada de la CIA National Endowment for Democracy mantiene una presencia en Laos. La RDP Lao mantiene una relación fraternal muy estrecha con la República Socialista de Vietnam, junto con la República Popular China.
El LPRP considera que Laos se encuentra todavía en la fase democrática nacional de su revolución, no en condiciones aún de reivindicar la victoria del socialismo, sino más bien de construir los cimientos del socialismo.
Construido en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el ferrocarril Laos-China se inauguró a finales de 2021. Conecta Laos con la infraestructura ferroviaria nacional china y está previsto que se amplíe hasta llegar a Bangkok y Singapur. En un país sin salida al mar como Laos, se trata de un gran avance para su economía, que impulsará su industria turística y sus exportaciones. Además, China ha construido gratuitamente una sala cultural y un nuevo gran hospital en Vientiane, en el que médicos y enfermeras chinos pasarán tres años formándose con sus homólogos laosianos. Esto forma parte de la ayuda china al plan laosiano de proporcionar un seguro sanitario universal para todos en 2025.
Es difícil ver cómo la ayuda de China a Laos puede calificarse de imperialista, dado que el imperialismo no suele ayudar a sus víctimas a construir ferrocarriles modernos que contribuyan a impulsar las exportaciones necesarias ni a financiar la atención médica para todos en la dirección de la construcción del socialismo.
Se han hecho grandes esfuerzos para frenar el tráfico de drogas y de personas y, a diferencia de la vecina Tailandia, no existe una industria del sexo explotadora ni una dependencia excesiva del turismo occidental. La delincuencia es prácticamente inexistente. Los esfuerzos por aumentar la exportación de electricidad han supuesto un plan a largo plazo para impulsar los resultados económicos, a medida que Laos deja atrás su condición de país menos desarrollado.
La democracia popular se ejerce a través del LPRP y el Frente Laosiano para la Construcción Nacional, que también engloba a las organizaciones de masas, la mayor de las cuales es la Unión de Mujeres Laosianas, junto con los jóvenes, los sindicatos y los veteranos. De hecho, Laos tiene 2 días dedicados a celebrar el papel de la mujer en el país, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora (8 de marzo) y el Día de la Unión de Mujeres Lao (20 de julio). El 30% de los elegidos al Parlamento son mujeres.
A nivel local, cada pueblo cuenta con una milicia local, esencialmente una fuerza de policía-defensa voluntaria, que participa en diversas actividades comunitarias. Cada pueblo está dirigido por un jefe elegido. En las elecciones generales y de distrito, el voto es obligatorio y, por tanto, la participación es muy alta. Las minorías étnicas también tienen una fuerte presencia en el parlamento.
La pobreza es real en Laos, resultado del colonialismo francés -que no construyó ni una vía férrea- y de la injerencia imperialista estadounidense, que aún hoy ve el país plagado de artefactos explosivos sin detonar. Sin embargo, con la ayuda de sus aliados Vietnam y China, la RDP de Laos ha conseguido reducir la pobreza de forma impresionante, pasando de una tasa del 46% en 1992 al 18% actual. La mayor parte del país sigue trabajando en la agricultura, aunque la base industrial del país está creciendo, un signo de desarrollo. La esperanza de vida en 1975 era de sólo 46 años, ahora es de más de 70 años. La alfabetización ha pasado del 25% en 1975 a más del 87% en la actualidad. El Estado está desarrollando una sanidad pública universal para todos los ciudadanos de aquí a 2025.
Pueden parecer logros modestos, pero el socialismo no se construye en las condiciones que nosotros elegimos. El hecho de que el pueblo laosiano haya logrado no sólo sobrevivir, sino también desarrollarse, demuestra el enorme potencial del socialismo en el país. En particular, el hecho de que, con ayuda china, hayan construido un ferrocarril moderno mucho más impresionante que la infraestructura ferroviaria de Irlanda, a pesar de las bombas estadounidenses, demuestra que donde el imperialismo destruye, el socialismo construye.

6. Los costes económicos del genocidio

Un artículo de la organización judía francesa por la paz sobre la repercusión que está teniendo en Israel desde el punto de vista económico la actual guerra contra los palestinos. https://ujfp.org/limpact-du-

El impacto del genocidio en la economía israelí
Richard Wagman 05/04/24
Las imágenes de la potencia de fuego israelí ensañándose contra civiles desarmados en Gaza dan a veces la impresión de que el Estado judío es una fortaleza inexpugnable contra la que no se puede hacer nada. Sin embargo, Israel no está saliendo indemne de su guerra genocida. Su economía está al borde del colapso.
La masacre está costando a Tel Aviv no menos de mil millones de shekels (más de 250.000.000 euros) al día. Además de la devaluación de la moneda nacional, el PIB cayó casi un 20% en el primer trimestre tras el ataque del 7 de octubre. Es decir, la producción industrial y el comercio cayeron un 19,4% en ese periodo. Mientras que los gastos de consumo cayeron un 26,9%, los gastos públicos aumentaron un 88%, principalmente debido a los gastos militares. Todo a costa de los contribuyentes. La inversión empresarial cayó un 67,8%. Las exportaciones han caído un 18,3% y las importaciones un espectacular 42% 1. Se han perdido puestos de trabajo, la inversión extranjera se ha congelado, las obras de construcción se han paralizado, el turismo -principal fuente de divisas- se ha hundido por completo y la economía en su conjunto se ha ralentizado. Tras el ataque de Hamás a principios de octubre, los hoteles se vaciaron (de turistas) para volver a llenarse (de familias que habían huido de las zonas cercanas a Gaza). Una vez más, los contribuyentes pagan la factura.
A los empresarios israelíes les falta mano de obra. Con cerca de 1.500 soldados muertos y más de 14.000 heridos desde el 7 de octubre, el ejército los ha sustituido sobre el terreno. Israel ha movilizado a más de 280.000 empleados como reservistas para luchar en esta guerra, y a las empresas les faltan trabajadores cualificados y empleados. Además, los palestinos de los Territorios Ocupados ya no pueden trabajar en Israel. Antes del 7 de octubre, eran 120.000, incluidos 100.000 de Gaza. Por primera vez en la historia del país, la agencia de calificación Moody’s ha rebajado la calificación crediticia de Israel. Como consecuencia, el país ya no puede obtener préstamos en los mercados financieros a tipos preferentes. Los inversores ya no confían en la economía israelí y están colocando su capital en otra parte.
En marzo, el mayor fondo de pensiones del mundo, con sede en Noruega, se deshizo de sus bonos del Estado israelí. Esta decisión se tomó a raíz de una intervención de la campaña BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones)2. Todo ello en un contexto de movilización internacional sin precedentes contra la agresión israelí. Esto nos da algunas ideas para la acción. Aunque la mayoría de los gobiernos occidentales son incapaces de cambiar sus políticas, la sociedad civil está lejos de ser indiferente al genocidio en curso, y el mundo empresarial no se queda atrás. Sin ser filántropos ni especialmente propalestinos, los empresarios buscan ante todo estabilidad para rentabilizar sus inversiones. Ya no la encuentran en Israel, un país dividido y con un futuro incierto. El declive de la economía israelí va de la mano de la degradación de la imagen del país en la escena internacional. Tel Aviv no se recuperará pronto del genocidio que está infligiendo a la población de Gaza.
Cada vez son más los israelíes que atraviesan dificultades económicas. Mucho antes del 7 de octubre, el umbral de pobreza en Israel estaba fijado muy por debajo del nivel aplicado en la mayoría de los países europeos. Cada vez más israelíes se han hundido en la pobreza. El genocidio de Gaza no es bueno para nadie: ni para los gazatíes, por supuesto, ni para los habitantes de Cisjordania, donde los colonos han asesinado a más de 400 palestinos, ni para los rehenes israelíes que el gobierno de Netanyahu ha abandonado a su suerte, ni para los nuevos 6.000 presos políticos palestinos que Tsahal ha acorralado desde el 7 de octubre, ni para la economía de Israel, ni para los trabajadores israelíes que experimentan por primera vez el abismo de la pobreza.
Entonces, ¿quién se beneficia del crimen? Netanyahu, por su supervivencia política (que llegará a su fin tras esta guerra), la extrema derecha israelí, que domina el actual gobierno, y los traficantes de armas de varios países, entre ellos Francia. Este descenso a los infiernos puede significar el fin del régimen de apartheid israelí, un sistema que se ha agotado y no es sostenible, ni moral, ni económica, ni siquiera militarmente (las municiones proceden de Estados Unidos). Sin la ayuda militar estadounidense, Israel no tendría los medios para librar esta guerra durante más de una semana.

Nota
Cf: 
https://fr.euronews.com/ Cf: https://www.bdsfrance.org/

7. Resumen de la guerra en Palestina, 10 de abril

El resumen de Mondoweiss. https://mondoweiss.net/2024/
Día 187 de la «Operación Al-Aqsa»: Cientos de cadáveres recuperados en el Hospital Al Shifa

Los equipos palestinos de defensa civil acusan a Israel de enterrar intencionadamente cadáveres palestinos bajo los escombros del hospital de Al Shifa para ocultar pruebas de una masacre.

Por Qassam Muaddi10 de abril de 20241

Víctimas

  • 33.482+ muertos* y al menos 76.049 heridos en la Franja de Gaza.

  • Más de 456 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental**.

  • Israel revisa a la baja su estimación de muertos del 7 de octubre, de 1.400 a 1.139.

  • 604 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 6.800 heridos.

*El Ministerio de Sanidad de Gaza confirmó esta cifra en su canal de Telegram el 9 de abril de 2024. Algunos grupos de derechos humanos estiman que el número de muertos es mucho mayor si se tienen en cuenta los presuntos muertos.

** El número de muertos en Cisjordania y Jerusalén no se actualiza periódicamente. Según el Ministerio de Sanidad de la AP el 5 de abril, esta es la última cifra.

*** Esta cifra la publica el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitieron publicar». El número de soldados israelíes heridos es según los informes de los medios de comunicación israelíes.

Acontecimientos clave

  • Israel mata a 122 palestinos y hiere a 56 en las últimas 24 horas en toda Gaza, lo que eleva el número de muertos desde el 7 de octubre a 33.482 y el de heridos a 76.049, según el Ministerio de Sanidad de Gaza.

  • El ejército israelí anuncia dos soldados heridos en Gaza en las últimas 24 horas.

  • La defensa civil palestina dice que las fuerzas israelíes han hecho desaparecer cadáveres en el hospital de al-Shifa.

  • El ejército israelí dice que abrirá un paso terrestre alternativo a Gaza para evitar que los manifestantes israelíes bloqueen la ayuda.

  • La relatora de la ONU, Francesca Albanese, afirma que hay que obligar a Israel a cumplir el derecho internacional humanitario.

  • Líbano: El jefe de las fuerzas de la ONU dice que el riesgo de escalada transfronteriza «es real».

  • Oxfam: Una invasión terrestre israelí de Rafah causará «una crisis catastrófica».

  • Medios israelíes citando a oficiales del ejército israelí: Derrotar a Hamás es imposible por el momento.

  • El ministro de Asuntos Exteriores israelí dice que si Irán ataca a Israel desde su territorio, devolverá el ataque.

  • Jamenei de Irán dice que Israel cometió un error al atacar el consulado iraní en Damasco y «será castigado».

  • Cisjordania: Colonos israelíes hieren a dos palestinos al este de Ramala.

Israel mata a 122 palestinos y hiere a 56 en toda la Franja de Gaza durante el fin de semana.

El Ministerio de Sanidad palestino, con sede en Gaza, anunció la llegada a los hospitales de la Franja de Gaza de 122 palestinos muertos y 56 heridos por los continuos ataques de las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza durante las últimas 24 horas.

Mientras tanto, fuentes de los medios de comunicación locales informaron de que las fuerzas israelíes destruyeron una casa en el barrio gazatí de Al Zaitoun y bombardearon el campo de refugiados de Yabalia, en el norte de la Franja de Gaza, causando varios muertos.

En el centro de la Franja de Gaza, las fuerzas israelíes bombardearon una casa familiar en el campo de refugiados de Nusseirat, matando a 14 miembros de una sola familia. Un gran número de heridos fueron trasladados tras el bombardeo al hospital al-Aqsa de Deir al-Balah.

En el norte de la Franja de Gaza, equipos médicos palestinos recuperaron 30 cadáveres en Jan Yunis, en el segundo día tras la retirada de las fuerzas israelíes de la ciudad. Mientras tanto, las fuerzas israelíes bombardearon el norte de Rafah, matando al menos a una mujer palestina.

Israel hizo desaparecer cadáveres bajo los escombros del hospital de Al Shifa, según la defensa civil palestina

Los palestinos siguen buscando cadáveres en el hospital Al Shifa de la ciudad de Gaza y sus alrededores, más de una semana después de que las fuerzas israelíes se retiraran del complejo médico.

El martes, la defensa civil palestina en Gaza afirmó que las fuerzas israelíes han hecho desaparecer cadáveres bajo los escombros en al-Shifa y sus alrededores, y pidió a las organizaciones internacionales que intervengan para ayudarla en su misión.

La defensa civil declaró que sus equipos han recuperado 381 cadáveres de Al Shifa y sus alrededores desde la retirada de Israel. Un portavoz de la defensa civil declaró el martes a la AFP que sus equipos habían encontrado varios cadáveres esposados.

También el martes, el Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, afirmó que sus equipos habían documentado casos de «ejecución ilegal» en Al Shifa y que las fuerzas israelíes habían intentado ocultar pruebas enterrando los cadáveres bajo los escombros.

Las fuerzas israelíes asaltaron Al Shifa por segunda vez el 18 de marzo. El asalto, que duró dos semanas, destruyó todas las instalaciones y equipos del mayor hospital del territorio palestino. La Organización Mundial de la Salud declaró, tras la retirada de Israel, que al-Shifa «no funcionará como hospital en ningún sentido a partir de hoy».

El relator de la ONU dice que la UE tiene la «obligación» de suspender los lazos con Israel

La relatora especial de la ONU para los derechos humanos en Palestina, Francesca Albanese, afirmó el martes que los dirigentes israelíes manipulan los principios del derecho internacional para legitimar la violencia de Israel contra los palestinos de Gaza.

En su intervención en el Parlamento Europeo, Albanese afirmó que los dirigentes israelíes también han estado manipulando términos como «escudos humanos» y «zonas seguras», y añadió que la Unión Europea tiene la obligación de imponer un embargo de armas a Israel.

Albanese señaló que la UE también tiene que suspender los acuerdos comerciales especiales con Israel para obligarle a cumplir el derecho internacional.

Según el relator de la ONU, «se daban las condiciones» antes del 7 de octubre para imponer estas medidas, especialmente debido a la expansión de los asentamientos israelíes en tierras palestinas.

A principios del mes pasado, Albanese presentó un informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU en el que detallaba el genocidio de Israel en Gaza. Albanese declaró haber recibido varias amenazas de muerte como consecuencia de su trabajo en el informe.

Ataques de colonos en Cisjordania

El miércoles por la mañana, colonos israelíes hirieron a cuatro palestinos en el pueblo palestino de Burqa, al este de Ramala.

Los residentes declararon a los medios de comunicación palestinos que un grupo de 30 colonos atacó Burqa y comenzó a abrir fuego contra las casas. Los colonos también prendieron fuego a un establo de ovejas de la aldea.

Mientras tanto, las fuerzas israelíes hicieron redadas en las ciudades de Tulkarm, Nablus, Beit Ummar, cerca de Hebrón, y Beit Rima, al norte de Jerusalén, y detuvieron a nueve palestinos.

Según el Club de Prisioneros Palestinos, Israel ha detenido a más de 8100 palestinos desde el 7 de octubre. En la actualidad, Israel retiene en sus cárceles al menos a 9400 palestinos, entre ellos más de 3600 detenidos sin cargos 71 mujeres y 200 niños.

8. En Israel todos quieren la guerra

Hasta la izquierda sionista -si aceptamos ese oxímoron- está a favor de continuar la guerra. https://www.972mag.com/

Netanyahu no es el único interesado en prolongar la guerra

Una amplia coalición de fuerzas políticas, desde la extrema derecha israelí hasta la izquierda sionista, tienen distintas motivaciones para convertir la guerra en la nueva normalidad.

Por Menachem Klein 9 de abril de 2024

Para la mayoría de los israelíes, la guerra se ha convertido en rutina. Han aprendido a vivir con ella. Es incómoda, piensan, pero no hay otra opción.

Por supuesto, no todo el mundo comparte esta sensación de complacencia: los afligidos, los supervivientes, los heridos, los evacuados y las familias de los que siguen secuestrados en Gaza. Y, por supuesto, los ciudadanos palestinos de Israel, muchos de los cuales han perdido amigos o familiares en la Franja asediada, y han contemplado con horror cómo sus vecinos y colegas judíos justifican la brutal embestida de Israel. Estas víctimas de la guerra luchan contra la nueva normalidad, pero su éxito es limitado.

Es posible que las manifestaciones semanales por la liberación de los rehenes restantes se hayan intensificado en las dos últimas semanas, con un estallido de ira contra el primer ministro Benjamin Netanyahu por su aparente lentitud en las negociaciones para un alto el fuego y un acuerdo de intercambio de rehenes. Pero estas protestas aún palidecen en comparación con las manifestaciones del año pasado contra la reforma judicial del Gobierno de derechas, las protestas de 2020 contra Netanyahu y las protestas de 2011 contra el aumento del coste de la vida. Mientras tanto, Israel parece seguir adelante con su ofensiva en Gaza -sin prestar atención a la Corte Internacional de Justicia o al Consejo de Seguridad de la ONU – y tal vez incluso preparando una escalada regional más amplia, al menos en el frente norte con Hezbolá, tras su ataque a la embajada iraní en Damasco a principios de mes.

Esta nueva normalidad, que por ahora parece imposible de romper, no apareció de la nada. Por el contrario, está siendo producida activamente, cada día, por quienes tienen interés en mantenerla: una amplia coalición de individuos y grupos, cada uno con motivaciones distintas.

Empecemos por el ministro de Defensa, Yoav Gallant, y los altos mandos militares. Saben perfectamente que las unidades de reserva no pueden movilizarse indefinidamente y son conscientes del golpe que está sufriendo la reputación de Israel en la comunidad internacional por la forma en que está llevando a cabo la guerra. Pero también comprenden que mientras la guerra continúe, no habrá presión pública para que asuman su responsabilidad por los graves fallos que condujeron al 7 de octubre. Si consiguen algunas victorias en la guerra, quizás, esperan, no pasarán a la historia como los peores dirigentes que ha tenido Israel. Así que hablan de una guerra que durará años.

Está bien documentado que Netanyahu se mueve por una lógica similar. Mientras el país esté en guerra, él seguirá al mando y podrá retrasar o incluso cancelar su tan esperado juicio por corrupción, así que ¿para qué molestarse en ponerle fin?

Para sus socios de coalición, la nueva normalidad es una bendición. El Partido Sionista Religioso de extrema derecha y Otzma Yehudit (Poder Judío), dirigidos por Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir respectivamente, ven la guerra como una forma de vida y como una aplicación de sus principios políticos fundamentales: la expansión de la supremacía judía y el aplastamiento del nacionalismo palestino. Los ultraortodoxos, por su parte, conectan con la euforia mesiánica de los partidos de extrema derecha a través de la noción religiosa de la «elección» judía. Pero también tienen un incentivo financiero para seguir apoyando la guerra: Smotrich, en su calidad de ministro de Economía, asignó recientemente un importante presupuesto gubernamental a los partidos ultraortodoxos para comprar su lealtad.

Incluso la administración Biden está normalizando la guerra. Biden se niega a impulsar un alto el fuego permanente o a presionar a Israel para que ponga fin a su operación en la Franja. La abstención estadounidense en la reciente resolución del Consejo de Seguridad en la que se pedía un alto el fuego inmediato no fue un apoyo rotundo a la propuesta, sobre todo cuando el embajador de Estados Unidos ante la ONU trató inmediatamente de rechazarla. Biden ha expresado repetidamente su preocupación por la falta de planes israelíes para proteger a los civiles palestinos y a los trabajadores de ayuda humanitaria -especialmente en caso de invasión de Rafah- y ha presionado a Israel sobre su visión del «día después», pero se niega a decir basta.

Además, Biden ha creado una división del trabajo para él y Netanyahu: Estados Unidos alivia en parte la difícil situación de los civiles de Gaza con el envío de ayuda, mientras que Israel los ataca y sigue matándolos de hambre. Biden tampoco ha presentado su propia propuesta para el «día después», sino que hace gestos de un proceso vago al final del cual, de alguna manera, se encuentra una solución de dos Estados. Netanyahu se deleita en la vaguedad de la sugerencia y subraya su inviabilidad.

El centro israelí y la izquierda sionista se mantienen incómodamente al margen. Siempre han sido ejemplos del militarismo israelí, cuando no sus propios líderes. Por lo tanto, son incapaces de oponerse a este militarismo, especialmente en tiempos de guerra, a pesar de su alarma por la toma de control religioso-sionista de las fuerzas de seguridad de Israel.

Antes de la guerra, pocos de ellos se preocupaban por la difícil situación de los palestinos asediados dentro de la Franja de Gaza, ni siquiera abogaban por negociar un acuerdo político con la Autoridad Palestina (AP). La gran mayoría de ellos estaban totalmente de acuerdo con la política de Netanyahu de «gestionar el conflicto«, y también ignoraban la voluntad de Hamás de avanzar hacia un frente unido con la AP, como demuestra su documento de 2017 «Principios y políticas generales», que reconocía efectivamente los Acuerdos de Oslo como un hecho establecido, y su acuerdo de 2021 con el presidente de la AP, Mahmud Abás, sobre la celebración de elecciones generales. Desde el 7 de octubre, el poco entusiasmo que existía en la izquierda y el centro sionistas por un acuerdo político con los palestinos ha quedado totalmente anulado.

Al estilo típico de los gobiernos de centro-izquierda de Israel entre los años 50 y 80, especialmente el de la santurrona Golda Meir, dicen que lamentan el sufrimiento palestino, «pero no tenemos elección». Apenas mencionan la brutalidad militar y de los colonos y la limpieza étnica de los palestinos en Cisjordania y Jerusalén. Y, por supuesto, se oponen firmemente a los casos que se están llevando contra Israel en La Haya. El resultado es una versión actualizada de la «gestión de conflictos» que, a pesar de sus otras diferencias, une a prácticamente todas las corrientes de la política israelí.

¿Qué podría cambiar esta realidad de la guerra como rutina, para bien o para mal? Veo tres posibilidades, que no se excluyen mutuamente.

La primera es un movimiento radical israelí en Líbano o una invasión de Rafah, que podría producirse como resultado de una escalada local incontrolable o de un error de cálculo israelí. La segunda posibilidad es una decisión estadounidense de exigir un alto el fuego permanente, junto con una coalición militar internacional que sustituiría a la presencia militar israelí en la Franja de Gaza. Y la tercera opción es el despertar del sector industrial-empresarial israelí, para el que la guerra no es una rutina, sino más bien una grave perturbación de las actividades habituales. Política y socialmente, este sector se sitúa tanto en la derecha política como en el centro. Engrasó los engranajes de la protesta contra la revisión judicial y, si se activa, podría provocar una nueva ronda de elecciones y el consiguiente cambio en el enjuiciamiento de la guerra.

Menachem Klein es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Bar Ilan. Fue asesor de la delegación israelí en las negociaciones con la OLP en 2000 y uno de los líderes de la Iniciativa de Ginebra. Su último libro, Arafat and Abbas: Portraits of Leadership in a State Postponed, ha sido publicado por Hurst Londres y Oxford University Press Nueva York.

9. Represión contra la solidaridad con Palestina en Jordania

Siguen los equilibrios del régimen jordano para intentar contentar a la vez a sus amos en EEUU y a su población palestina o propalestina, con alusiones al Septiembre Negro, aunque la situación política a mí me parece diferente.

https://thecradle.co/articles/

¿Por qué reprime Jordania el apoyo a Gaza?
Las autoridades jordanas reprimen activamente el apoyo a la causa palestina, que ha alcanzado un máximo histórico en todo el mundo, presionadas para mantener a raya las manifestaciones antiisraelíes en el reino.
Kit Klarenberg 10 DE ABRIL DE 2024
Durante los últimos quince días, miles de jordanos han tomado las calles de Ammán, asediando la embajada israelí, condenando el genocidio de Gaza, exigiendo que el reino hachemí rompa todos los lazos con Tel Aviv y, en particular, rompiendo el tratado de paz de 1994 entre el país e Israel.
Las fuerzas de seguridad jordanas han respondido a estas protestas con una severidad cada vez mayor, lo que indica el malestar del gobierno con demasiadas críticas públicas a Israel. En medio de la agitación, Arabia Saudí -el mayor patrocinador árabe de Jordania- observa con cautela, preocupada por la posibilidad de que un aumento de la solidaridad palestina ponga en entredicho su propio dominio regional y hunda todas las perspectivas de normalización de Riad con Tel Aviv.
Prohibición de «Palestina»
Esto incluye la prohibición de banderas, keffiyehs y pancartas palestinas en las protestas, un reflejo de las restricciones impuestas en varios Estados árabes proestadounidenses. También se somete a los asistentes a registros corporales invasivos y controles de identificación, y se prohíbe participar a determinadas personas.
Las medidas represivas parecen cambiar cada día: un día se ve a los manifestantes con sus keffiyehs y al siguiente no. Lo mismo ocurre con las banderas palestinas. A veces, son visibles entre la multitud; de un momento a otro, los manifestantes recurren a exhibir la bandera sólo en sus teléfonos móviles.
Las manifestaciones públicas se circunscriben principalmente al patio de la mezquita de Kaluti, situado cerca de la embajada israelí evacuada de Ammán, y se limitan a una duración de sólo dos horas.
Durante el mes de Ramadán, las protestas comienzan a las 22:00 horas, tras la conclusión de las oraciones masivas del Taraweeh. Según relata un manifestante a The Cradle: “La policía insiste en que debe terminar a medianoche, y luego la interrumpe con violencia o intimidación si la gente se niega a marcharse. Las mayores restricciones disuaden enormemente de asistir, sobre todo el tener que mostrar el documento de identidad: a la gente le preocupa que luego lo utilicen en su contra. Debido a las barreras, a menudo algunas personas ni siquiera pueden entrar, y las que lo hacen no pueden moverse. Su objetivo es desmoralizarnos, encerrarnos en una jaula e impedir que salgamos a la calle.”
La prohibición de la bandera palestina es una escalada especialmente sensible por parte de las autoridades jordanas. Una pequeña mayoría de la población jordana es palestina de nacimiento. Se trata de refugiados de Palestina y sus descendientes, así como de residentes en Cisjordania durante el periodo de administración de Ammán, de 1948 a 1967.
Al no existir censo en el país, se desconoce la cifra exacta. Es posible que esto se deba a un designio, con el fin de disminuir la influencia social y política de Palestina en el Reino Hachemita, de creación británica.
Se intensifica una lucha simbólica
En un hecho enormemente simbólico, la violencia contra los manifestantes de solidaridad con Palestina en Ammán alcanzó su punto álgido el 30 de marzo, Día de la Tierra, que conmemora una fatídica fecha de 1976 en la que las autoridades sionistas comenzaron a confiscar formalmente territorio palestino para asentamientos.
Seis palestinos desarmados -entre ellos tres mujeres- fueron asesinados ese día por las fuerzas de ocupación israelíes, y cientos más resultaron heridos durante los enfrentamientos posteriores. Desde entonces, los funcionarios jordanos han intentado calmar la situación y presentarse como antisionistas comprometidos.
En su respuesta a la última semana de protestas, las autoridades de Ammán han intentado lograr un equilibrio tranquilo. El ministro de Comunicaciones del gobierno, Muhannad Mubaidin, ha afirmado que condenar a Israel es una ética nacional fundamental, afirmando la solidaridad de Ammán con Palestina y el derecho de los ciudadanos a protestar a pesar de las «violaciones» cometidas por una minoría de manifestantes.
Sin embargo, como dice a The Cradle un activista jordano anónimo, «muchos de nosotros pensamos que esto es sólo palabrería». Al fin y al cabo, muchos manifestantes detenidos en las dos últimas semanas siguen en «detención administrativa», y las restricciones formales a las protestas no han hecho más que aumentar desde el 30 de marzo.
En la cuenta X de la «Agrupación de Jóvenes Jordanos para el Apoyo a la Resistencia» figuran los nombres y fotografías de 54 manifestantes que, según afirman, están detenidos actualmente por las fuerzas de seguridad jordanas. Por apoyar a Palestina, permanecen entre rejas durante la festividad musulmana oficial de Eid al-Fitr, que marca el final del mes sagrado del Ramadán.
Crisis de identidad palestina en Jordania
En septiembre de 1970, en respuesta al uso de Jordania por parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como escenario de ataques contra el Estado ocupante, las fuerzas jordanas comenzaron a atacar ciudades, incluida Ammán, con una importante presencia de fedayines.
Conocidos comúnmente como Septiembre Negro, los acontecimientos de ese mes se convirtieron en una guerra civil, con palestinos y jordanos a ambos lados de la línea divisoria. Varios manifestantes que hablaron con The Cradle señalaron los evidentes paralelismos entre entonces y ahora, y uno de ellos afirmó que prohibir los símbolos de solidaridad con Palestina «parece una locura», dado el contexto histórico de tales acciones en Ammán.
Los activistas también afirman que las acusaciones contra los manifestantes de solidaridad con Palestina en Jordania de servir a «agendas extranjeras» y de estar dirigidos por actores extranjeros han alcanzado niveles sin precedentes.
Aunque culpar al «Otro» es una vieja táctica de las autoridades para disipar la disidencia entre la población, varios activistas afirman a The Cradle que esta vez ha alcanzado niveles «escandalosos» y sin precedentes. El elenco de personajes a los que se acusa incluye a los Hermanos Musulmanes, Irán, Hamás e incluso Occidente.
A pesar de estas acusaciones, las protestas tienen un auténtico componente internacional, fomentando un espíritu de unidad entre los activistas de solidaridad con Palestina de toda Asia Occidental, incluidos Egipto, Jordania, Marruecos y Omán.
«La gente en El Cairo coreaba contra [el rey de Jordania] Abdullah II hace unos días, mientras nosotros coreábamos contra [el presidente egipcio Abdel Fattah] al-Sisi. Nos pedimos mutuamente que nos levantemos», dice con orgullo un manifestante jordano a The Cradle. Este tipo de escenas son un anatema absoluto para varios gobiernos dentro y fuera de Asia Occidental.
La contraestrategia de Israel
Esta creciente solidaridad árabe con Palestina no ha pasado desapercibida para Israel, que es plenamente consciente del terrible impacto que su genocidio de Gaza está teniendo en su reputación en el extranjero. Un memorando filtrado del Departamento de Estado estadounidense ha revelado que Tel Aviv está reclutando a «personas influyentes para ayudar a captar usuarios de las redes sociales» en Europa y Norteamérica, y en «Egipto, Jordania y los países árabes del Golfo» para poner de relieve las supuestas atrocidades de Hamás.
En consecuencia, la plataforma de investigación de código abierto EekadFacts ha sacado a la luz una serie de cuentas X, al parecer con sede en Jordania, que publican implacables mensajes contra Hamás.
Estas actividades de ocultación no han servido para aplacar la solidaridad con Palestina en ningún rincón del mundo y han desconcertado a los aliados árabes proestadounidenses, en particular a Arabia Saudí.
El papel de Riad
Como señaló enérgicamente el diario libanés Al-Akhbar el 4 de abril, Riad ha «lanzado sus moscas de prensa y electrónicas para defender el trono hachemita» – irónico, dado que en 2021, el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MbS) intentó derrocar al rey Abdullah II e instalar a su hermano, el príncipe Hamzah, como regente. Cabe señalar que los golpistas siguen siendo juzgados hoy en Ammán.
Un componente en gran medida olvidado de ese fallido golpe fue la participación central de Israel. Como observó Al-Akhbar, Bin Salman está desesperado por aplastar la solidaridad con Palestina, ya que tal actividad interfiere con su «ambición a largo plazo de normalizar las relaciones con Israel, como una forma de obtener garantías estadounidenses para la seguridad y protección del régimen saudí».
Esto incluye la aquiescencia de Estados Unidos a la venta de aviones de combate F-35 a Riad y la ayuda estadounidense para establecer una infraestructura nuclear que incluya un circuito de combustible nuclear en territorio saudí, ambas exigencias saudíes desde hace mucho tiempo.
Riad y Tel Aviv estaban a punto de normalizar sus relaciones cuando estalló la Operación Al-Aqsa Flood, seguida del brutal asalto a Gaza.
La blitzkrieg militar israelí convirtió la normalización en una propuesta insostenible. Aunque en un principio MbS sugirió que no estaba sobre la mesa, se trataba claramente de una maniobra oportuna para mantener su afirmación de que el reino «representa el corazón del mundo musulmán» y «siente las esperanzas y los dolores de los musulmanes de todo el mundo, se esfuerza por lograr la unidad, la cooperación y la solidaridad en nuestro mundo musulmán».
En enero, había dado marcha atrás, expresando abierta y repetidamente su «interés» en el «reconocimiento» de Tel Aviv, siempre que Israel acepte avanzar en la solución de los dos Estados y construir una Autoridad Palestina «renovada» que pueda, presumiblemente, recabar el apoyo de los palestinos reales.
Al mismo tiempo, Riad se ha reunido con representantes de Egipto, Jordania, Qatar y EAU para elaborar un «plan conjunto» para Gaza tras la guerra. En él, la brutal Autoridad Palestina, colaboracionista y entrenada por los británicos, se convertiría en el gobernante indiscutible del territorio, y Hamás quedaría fuera de todas las oficinas y organismos oficiales.
No es probable que acepten esta propuesta ni los luchadores por la libertad palestinos ni los activistas de solidaridad con Palestina de todo el mundo.

10. Sobre la izquierda israelí.

José Luis Martín Ramos: En la misma publicación del texto que nos ha enviado Carlos sobre el apoyo a la guerra en israel, hay un artículo interesante sobre la que puede considerarse como la única izquierda en Israel. Copio y pego la traducción automática. https://www.972mag.com/

Por Joel Beinin julio 28, 2023
Cien años después de que echara raíces entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, el movimiento comunista en Israel, que alguna vez fue la principal corriente de la lucha política palestina por la igualdad, se encuentra en una encrucijada potencial.
El establecimiento del Frente Democrático Árabe-Judío por la Paz y la Igualdad (Hadash/Al-Jabha) en 1976 fue un logro histórico para el Partido Comunista de Israel, comúnmente conocido por su acrónimo hebreo, Maki. Hadash significó la prominencia del partido entre los ciudadanos palestinos, afirmó su compromiso con la acción política conjunta árabe-judía y se convirtió en su cara pública más visible.
En mayo de 2023, el presidente de Hadash, Ayman Odeh, posiblemente la figura política nacional más estadista de cualquier partido, anunció que no se presentaría a las próximas elecciones a la Knesset. Las regulaciones de Hadash requieren que cualquier persona que haya servido ocho años en la Knesset sea respaldada por 3/4 de los miembros del Consejo antes de buscar otro mandato en la Knesset, y Odeh no parecía tener los votos.
Odeh fue el principal artífice de la ya desaparecida Lista Conjunta, compuesta por partidos total y predominantemente árabes, cuya fuerza alcanzó un máximo de 15 escaños en la Knesset en 2020. La Lista Conjunta no resucitará. Por lo tanto, la salida de Odeh de la Knesset ofrece una oportunidad para afirmar el valor de la gobernabilidad democrática, afirmar que la Knesset puede no ser el escenario más importante para organizar el cambio político y abrir una discusión vital sobre el futuro de Maki y la política palestina en Israel.
A lo largo de su historia, Maki ha estado más comprometida con la igualdad palestino-judía y la acción política conjunta palestino-judía que cualquier otra fuerza política en el país. Se trata de un logro que hay que celebrar en un entorno político definido por las severas restricciones a la acción política de izquierda impuestas por el proyecto sionista y su alianza con sus patrocinadores imperiales: sucesivamente, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de años de apoyo masivo del público palestino en Israel, a lo largo de sus 100 años de existencia, Maki ha fracasado manifiestamente en unir a los trabajadores árabes y judíos en Palestina-Israel en un movimiento socialista viable. Cometió graves errores políticos y malinterpretó las circunstancias en las que actuó.
Como todos los partidos comunistas, pidió perdón por los crímenes del estalinismo y adoptó una estructura organizativa antidemocrática. Después del establecimiento del Estado de Israel, siguiendo el ejemplo de la Unión Soviética, Maki minimizó su crítica al sionismo como un proyecto colonial. No adoptó la visión palestina de Israel como un régimen de apartheid. Al igual que la mayoría de los partidos israelíes, rara vez ha reconocido la plena importancia de las cuestiones de la igualdad de género y la subordinación estructural de los mizrajíes.
La teoría comunista anticipaba que la clase obrera judía en Palestina participaría en una lucha por el socialismo y sería una fuerza importante en la lucha antiimperialista contra el dominio británico. Pero las clases trabajadoras coloniales recientemente implantadas, que se perciben a sí mismas como políticamente más «avanzadas» que las poblaciones indígenas, nunca han constituido una base social estable para la política socialista internacionalista. La clase obrera del yishuv (el asentamiento sionista preestatal en Palestina) era abrumadoramente leal al sionismo y, en su mayor parte, a su alianza con el imperialismo británico.
Los líderes del movimiento nacional palestino de la era del Mandato eran principalmente notables urbanos socialmente conservadores y grandes terratenientes que dominaban a la mayoría campesina. En la época de la Gran Revuelta Árabe de 1936-39, el Gran Muftí de Jerusalén, Hajj Amin al-Husayni, que inicialmente debía su prominencia a un nombramiento británico, emergió como el jefe titular del movimiento nacional palestino.
La incompatibilidad de las lealtades sionistas de la gran mayoría de la clase obrera judía y el carácter social de la dirección del movimiento nacional palestino hacían improbable cualquier alianza entre ellos. Esta ha sido la problemática definitoria del comunismo —de hecho, de toda acción política progresista— en Palestina-Israel desde entonces.
Contradicciones inherentes
La trayectoria histórica de Maki estuvo marcada por las relaciones recíprocas y asimétricas entre los acontecimientos políticos mundiales, los movimientos obreros locales y regionales y las luchas antiimperialistas.
El comunismo surgió en Palestina como un movimiento de un pequeño grupo de judíos asquenazíes radicalizados que habían llegado recientemente como colonos sionistas. Inspirados por la Revolución Bolchevique de 1917, buscaron alinearse con la Internacional Comunista (Comintern) establecida en 1919 bajo el liderazgo del Partido Comunista de la Unión Soviética. Después de cuatro años de debates ideológicos y una tortuosa serie de escisiones con el Partido de la Izquierda Socialista-Sionista Po’alei Tziyon (Trabajadores de Sión), estos inmigrantes judíos pro-Comintern renunciaron gradualmente a sus posiciones sionistas y cuasi-sionistas.
Los nuevos comunistas acordaron fácilmente oponerse al dominio imperial británico y su alianza con el sionismo consagrada en la Declaración Balfour de 1917. Sin embargo, estaban ideológicamente divididos en tres cuestiones principales: ¿cómo debían relacionarse los comunistas con los colonos judíos de clase trabajadora? ¿La inmigración judía y la construcción sionista crearían condiciones propicias para el crecimiento del socialismo? ¿Y cómo deberían relacionarse los comunistas con el emergente movimiento nacionalista árabe palestino y sus líderes conservadores?
En julio de 1923, se logró la unidad suficiente sobre estas cuestiones para convocar el Congreso fundacional del Partido Comunista de Palestina (PCP). Su nombre en yiddish de uso común, Palestinishe Komunistishe Partei, reflejaba la base social del partido y su estatus marginal en el país. El PCP resolvió que el sionismo era «un movimiento que contiene las aspiraciones de la burguesía judía» aliada al imperialismo británico. Este análisis erróneo no podía explicar por qué la gran mayoría de los trabajadores judíos en Palestina apoyaban el sionismo. Sin embargo, bastó con que la Comintern aceptara la solicitud de ingreso del PCP en marzo de 1924.
Cuatro meses más tarde, Karl Radek, jefe de la Sección Oriental de la Comintern, escribió preocupado al III Congreso del PCP: «Hasta ahora, el partido estaba compuesto por judíos inmigrantes. En el futuro, debe convertirse en un partido de trabajadores árabes al que puedan pertenecer los judíos que se han aclimatado y arraigado en las condiciones palestinas, personas que saben árabe».
Esta habría sido una tarea formidable incluso si el auge mundial de los movimientos revolucionarios socialistas y antiimperialistas anticipado por la Comintern hubiera tenido éxito. Sin embargo, a la luz de su derrota en lugares como Alemania, Italia, Irán, China y otros lugares, hacerlo estaba ciertamente fuera del alcance de una pequeña y nueva formación política compuesta abrumadoramente por judíos de habla rusa y yiddish, algunos de los cuales aún no dominaban el hebreo, y mucho menos el árabe. Sin embargo, la disciplina internacionalista requería que el PCP aceptara la línea de la Comintern y, después de su disolución en 1943, la versión menos formal de la lealtad prosoviética encarnada por la Cominform.
Aun así, la acción política del PCP permaneció inicialmente concentrada dentro de la clase obrera judía, que estaba organizada en gran medida bajo la Federación General del Trabajo Hebreo en Eretz Israel, comúnmente conocida como la Histadrut, según el principio sionista excluyente del trabajo hebreo («avodah ivrit»). Como internacionalistas, los comunistas se opusieron a este principio, lo que llevó a los líderes de la Histadrut a prohibirles participar en la organización en 1924. Las autoridades del Mandato Británico ya habían prohibido el PCP por completo en 1921.
A lo largo de las décadas de 1920 y 1930, había muy pocos árabes entre los aproximadamente 300 miembros del partido, mientras que la clase obrera árabe palestina todavía estaba en sus etapas de formación. Entre 1925 y 1930 se envió a Moscú una docena de árabes para recibir educación política, pero sólo cuatro regresaron para convertirse en líderes del partido; uno murió luchando por la República en la Guerra Civil Española.
El potencial para la unidad árabe-judía y la ampliación del electorado árabe del PCP se vio continuamente socavado por un complejo de factores, incluida la estructura de una sociedad colonial de asentamientos que otorgaba privilegios a los trabajadores judíos sobre los árabes; la incapacidad de los comunistas judíos para liberarse de su ubicación social en el yishuv; la alianza del sionismo con el imperialismo británico que duró hasta el Libro Blanco de 1939; y la dirección reaccionaria del movimiento nacional palestino, que malinterpretó desastrosamente el mapa político mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Además, desde mediados de la década de 1930 en adelante, una proporción sustancial de trabajadores judíos y miembros de kibutz abrazaron la agresiva doctrina de seguridad de los líderes sionistas, que ayudó a los británicos a reprimir la revuelta árabe y más tarde daría forma a la política del Estado de Israel. Estos impedimentos se vieron exacerbados por el culto a la personalidad estalinista del movimiento comunista internacional, que hizo imposible distinguir entre las dinámicas políticas europeas y locales y los intereses estatales de la Unión Soviética.
La condición inherentemente contradictoria del PCP se manifestó durante la Revuelta Árabe, cuando algunos miembros del partido árabe interpretaron la política antifascista de frente único adoptada por el Séptimo Congreso de la Comintern como una autorización para unirse a las bandas guerrilleras que atacaban tanto a las fuerzas británicas como a los colonos judíos. Los miembros judíos rechazaron este enfoque. Algunos incluso creyeron que la línea de la Comintern autorizaba la colaboración con los sionistas de izquierda.
Escisión etnonacional
El inicio de la Segunda Guerra Mundial transformó a Palestina en una base logística y militar-industrial británica. La clase obrera árabe creció rápidamente, llegando a aproximadamente 100.000 personas. Los comunistas surgieron como una fuerza importante en el movimiento sindical árabe.
La Histadrut compitió con otras dos importantes organizaciones de trabajadores, la Sociedad de Trabajadores Árabes de Palestina (PAWS) y la Federación de Sindicatos y Sociedades Laborales Árabes (FATULS), dirigida por los comunistas, para organizar a los trabajadores judíos y árabes empleados en los campamentos militares británicos y en las instalaciones manufactureras y logísticas. En mayo de 1943, sin consultar con ninguno de los sindicatos árabes, la Histadrut convocó una huelga para exigir que se aplicara a los trabajadores del campo una alianza sobre el costo de la vida que anteriormente se había concedido a otros trabajadores del gobierno. Rechazando la pretensión de la Histadrut de hablar en nombre de los trabajadores árabes, ambas federaciones sindicales árabes se opusieron a participar en la huelga; sólo un pequeño número de trabajadores árabes se unieron.
Es probable que los líderes árabes del PCP también se opusieran a la huelga porque la veían como un impedimento para el esfuerzo bélico, una posición común a los partidos comunistas de los países aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos líderes judíos del PCP que abogaban por que el partido moderara su crítica al sionismo y cooperara con las fuerzas sionistas de izquierda, al menos en cuestiones sindicales y laborales, pensaron que los trabajadores árabes deberían haber participado en la huelga. Esa diferencia llevó las tensiones en el partido, que habían ido en aumento desde la revuelta árabe, a un punto de ruptura.
En respuesta, un grupo de jóvenes intelectuales árabes miembros del PCP publicaron un folleto en árabe en nombre del Comité Central del partido, que no lo había aprobado. Afirmaron que el partido había purgado a los «desviacionistas sionistas» de sus filas y definieron al PCP como «un partido nacional árabe en cuyas filas hay judíos que aceptan su programa nacional». El panfleto daba la bienvenida a la reciente disolución de la Comintern, que permitiría que elementos nacionales árabes más amplios se unieran al partido.
Se produjeron una serie de expulsiones mutuas y el PCP se desintegró. El motor social de la escisión fue la consolidación de una considerable clase obrera árabe junto a una joven intelectualidad árabe urbana, desproporcionadamente compuesta por cristianos de familias carentes de un alto estatus social. Formaron asociaciones de tendencia izquierdista como la Liga de Intelectuales Árabes, el Club del Pueblo y la Sociedad Rayos de Esperanza. Irónicamente, los comunistas palestinos participaron con mayor éxito en la vida política de las comunidades árabe y judía sólo después de esta escisión en el PCP.
Los comunistas lideraron la fusión del ala izquierda de la PAWS y FATULS para formar el Congreso de Trabajadores Árabes (AWC, conocido también como Ittihad al-Ummal al-Arab en árabe), que en 1945 contaba con 20.000 miembros. El AWC era la principal federación sindical árabe en Jaffa, Gaza, Jerusalén y Nazaret y también tenía presencia en el principal centro industrial de Haifa, proporcionando una base social para la nueva formación política árabe de izquierda que surgió después de la desaparición del PCP.
En septiembre de 1943, intelectuales y sindicalistas de izquierda, antiguos miembros del PCP y otros se reunieron en Haifa. Al principio, trataron de establecer un partido comunista árabe. A principios de 1944, establecieron la antiimperialista Liga de Liberación Nacional (NLL, por sus siglas en inglés), apelando a un amplio sentimiento nacionalista, como lo estaban haciendo los comunistas en varios países asiáticos y europeos.
Uno de los principales logros de la NLL fue la creación de un semanario árabe, «Al-Ittihad» (La Federación o Unión), en mayo de 1944, formalmente como órgano de la izquierda en el movimiento sindical árabe. Los ex miembros del PCP Emile Tuma, Emile Habibi y Fu’ad Nassar, líder del AWC, se desempeñaron como editores y colaboradores prominentes del periódico.
El programa NLL priorizaba la evacuación de las tropas británicas y la independencia de Palestina, pidiendo «un gobierno democrático que garantice los derechos de todos los habitantes sin distinción». Diferenciaba entre el sionismo y los habitantes judíos de Palestina, y criticaba a los otros partidos árabes —los más grandes eran el Partido Árabe Palestino, dirigido por la familia Husayni, y el rival Partido de Defensa Nacional, dirigido por la familia Nashashibi— por «ignorar la existencia de los habitantes judíos» y negarse a concederles los mismos derechos democráticos como ciudadanos de pleno derecho. Si bien el NLL era un partido nacional árabe, estas posiciones llevaban las marcas de la formación comunista de sus líderes.
Mientras tanto, en 1944, Shmuel Mikunis, Esther Vilenska y Meir Vilner restablecieron el PCP bajo su liderazgo, efectivamente como un partido totalmente judío. Como se informó en «Kol ha-Am» (Voz de la Nación), el órgano hebreo del partido, en septiembre de 1945, el Noveno Congreso del PCP resolvió que Palestina era un «país con carácter binacional» y llamó a establecer un «estado árabe-judío democrático e independiente». Esta formulación marcó el primer reconocimiento comunista del yishuv como una comunidad nacional, lo que significa que los colonos judíos en Palestina tenían derecho a la autodeterminación, incluido el derecho a formar un estado separado, aunque el partido continuó oponiéndose a esto.
La cuestión de la partición
La principal diferencia entre el PCP y la NLL, entonces, era su posición sobre la cuestión de si los colonos podían o no adquirir derechos y, en caso afirmativo, cuáles serían esos derechos.
La línea del PCP restablecido no reconocía los derechos nacionales de un pueblo judío mundial ni promovía la aliá, por lo que no era totalmente sionista. Pero sí buscó cooperar con los partidos sionistas que tenían un ala izquierda fuertemente prosoviética, y con los que tenía un acuerdo programático sobre temas laborales y de política exterior. La popularidad de la Unión Soviética, debido a su papel en la derrota del nazismo y su legalización por parte de los británicos, amplió las oportunidades de acción política del PCP. Sin embargo, el partido siguió siendo un actor secundario en la política del yishuv.
La NLL distinguía entre el movimiento sionista, al que se oponía totalmente, y la población del yishuv. Estos últimos, argumentaba, merecían derechos plenos e iguales de ciudadanía, pero no derechos nacionales, en una Palestina independiente (recordemos que los árabes constituían dos tercios de la población en la Palestina del Mandato Británico posterior a la Segunda Guerra Mundial y los judíos sólo un tercio).
Con el final de la Segunda Guerra Mundial, la demanda de un Estado judío se hizo mucho más aceptable para la opinión internacional. Incluso entre los no sionistas, el establecimiento de un Estado judío en Palestina era ampliamente considerado como una forma de reparación por el asesinato en masa de judíos europeos, una póliza de seguro contra el recrudecimiento del antisemitismo fascista, un contrapeso al imperialismo británico en Oriente Medio y un hogar para los aproximadamente 225.000 judíos que languidecían en los campos de desplazados europeos. Comparadas con estas consideraciones, las reivindicaciones nacionales árabes palestinas se consideraban menos legítimas, e incluso políticamente peligrosas, debido a la colaboración de Amin al-Husayni con los nazis durante la guerra.
Hasta la formación del Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP) en mayo de 1947, la Unión Soviética y el campo comunista internacional mantuvieron la línea de Lenin y la Comintern: el sionismo era un aliado del imperialismo; no había una nación judía en todo el mundo; y el imperialismo británico había impuesto el yishuv como colonia de colonos a los árabes palestinos autóctonos. Pero el 14 de mayo de 1947, el ministro de Relaciones Exteriores, Andrei Gromyko, insinuó la voluntad de la Unión Soviética de abandonar esa posición.
Dirigiéndose a la Asamblea General de la ONU, reconoció el «dolor y sufrimiento excepcionales» del pueblo judío durante la guerra, y argumentó correctamente que los estados de Europa Occidental no «garantizaron la defensa de los derechos elementales del pueblo judío y lo salvaguardaron contra la violencia de los verdugos fascistas». Esto, dijo, «explica las aspiraciones de los judíos de establecer su propio Estado. Sería injusto no tener esto en cuenta y negar el derecho del pueblo judío a realizar esta aspiración».
Si un solo estado con iguales derechos para ambos pueblos resultara inviable, dijo Gromyko, la Unión Soviética consideraría la partición de Palestina en un estado árabe y otro judío. Y, de hecho, el 3 de octubre de 1947, anunció su apoyo a la propuesta mayoritaria de la UNSCOP que recomendaba la partición con un corpus separatum internacional en el área de Jerusalén-Belén.
Este cambio llevó al PCP a cambiar abruptamente de rumbo y cambiar su nombre a Partido Comunista de la Tierra de Israel (ha-Miflagah ha-Komunistit ha-Eretz Yisra’elit), adoptando por primera vez el nombre hebreo del país. La NLL rival rechazó inicialmente la partición y afirmó su derecho a mantener una posición independiente de la Unión Soviética. Pero después de que la Asamblea General de la ONU adoptara la Resolución 181 a favor de la partición de Palestina el 29 de noviembre de 1947, una escasa mayoría del Comité Central de la NLL aceptó la resolución de la ONU. Los opositores a la partición, encabezados por Emile Tuma, fueron expulsados del partido; A Tuma no se le permitió reunirse con Maki hasta 1951.
Reunificación y reorientación
La reunificación de los comunistas judíos y árabes bajo la bandera de Maki en octubre de 1948, pocos meses después de que se declarara el Estado de Israel, fue posible gracias a una reevaluación política que reconocía los derechos de las comunidades árabe y judía de Palestina-Israel a la autodeterminación nacional y, en consecuencia, a la legitimidad de la partición.
La NLL señaló su aquiescencia ideológica a esta línea firmando una declaración de los partidos comunistas iraquí, sirio y libanés que respaldaba formalmente la partición de Palestina, en línea con la política de la URSS. Estos partidos razonaron que la guerra de 1948 fue instigada por el imperialismo y los líderes árabes reaccionarios. Por extensión, la resistencia árabe a la creación de Israel era ilegítima, y la diplomacia comunista para asegurar armas para Israel, así como el servicio en las FDI, se consideraba heroica. Estas dudosas afirmaciones consolidaron una inclinación nacional judía en Maki y fortalecieron sus afirmaciones de ser un partido político israelí legítimo.
La decisión de los miembros de la Liga Nacional que permanecieron dentro de las fronteras de Israel de unirse a Maki se tomó en medio de una guerra durante la cual las fuerzas sionistas estaban desmantelando la sociedad árabe palestina, especialmente sus elementos urbanos e intelectuales. La Liga Nacional de Liberación y otras fuerzas progresistas palestinas fueron derrotadas, dispersadas y perseguidas. El bando árabe, como quiera que se describa su configuración, había perdido decisivamente la guerra en octubre de 1948. En esas circunstancias, los miembros de la Liga Nacional de Liberación llegaron a la conclusión de que formar parte de un partido israelí legalmente reconocido era la mejor manera de defender a su pueblo.
En junio de 1951, reconociendo que el Estado árabe palestino previsto en el Plan de Partición de 1947 no se estaba estableciendo, Fu’ad Nassar lideró a los miembros de la Liga Nacional que se convirtieron en refugiados en Cisjordania para formar el Partido Comunista de Jordania. El partido jordano fue ilegal hasta 1993. Los comunistas de la Franja de Gaza se reagruparon como el Partido Comunista Palestino de la Franja de Gaza en 1953. Habiendo sido ilegal el comunismo en Egipto desde la década de 1920, las autoridades egipcias que gobernaron Gaza de 1948 a 1967 sometieron a sus comunistas a un acoso constante y a una campaña de arrestos masivos en 1959.
En octubre de 1948, Maki celebró una «reunión de unidad», que declaró la «Restauración de un Partido Comunista Internacionalista Unido en cada uno de los dos Estados». En principio, los comunistas aceptaron la legitimidad del Estado de Israel bajo el supuesto de que también se establecería un Estado árabe palestino. En la práctica, era poco probable que eso ocurriera, ya que los líderes tanto de Israel como de sus estados árabes vecinos se oponían a tal estado.
El discurso de Shmuel Mikunis ante la asamblea criticó duramente las expulsiones de palestinos por parte del gobierno interino israelí, las expropiaciones de sus propiedades y la oposición al establecimiento de un Estado palestino independiente, advirtiendo: «Si las cosas continúan de esta manera, entonces la guerra de liberación del Estado de Israel puede convertirse en una guerra antidemocrática de conquista». Como ahora sabemos, las cosas continuaron de esta manera, pero los comunistas eran demasiado débiles para impedirlo, mientras que sionistas de izquierda como Hashomer Hatzair criticaron retóricamente las políticas de limpieza étnica del gobierno, incluso cuando sus kibutzim se apoderaron de tierras palestinas.
Maki reconoció al Estado de Israel dentro de las fronteras del Plan de Partición de la ONU. Pero poco a poco y a regañadientes, el partido participó en borrar a Palestina del mapa y del horizonte político. Maki y sus miembros, entonces abrumadoramente judíos, necesitaban adaptarse al nuevo contexto político israelí y, por lo tanto, reorientarse de una lucha contra el sionismo a gran escala a una lucha por la democracia, la justicia social y la igualdad de derechos para los ciudadanos árabes palestinos, así como los derechos de los trabajadores judíos y árabes dentro de los parámetros tolerados por el Estado israelí.
Dentro de estas severas limitaciones, Maki estaba más comprometida con la igualdad y la acción política conjunta árabe-judía que cualquier otra fuerza política israelí. El partido se opuso sistemáticamente al gobierno militar impuesto a los ciudadanos palestinos de Israel entre 1949 y 1966. Los miembros de la Knesset Tawfiq Tubi y Meir Vilner lucharon contra una fuerte censura para exponer la masacre de Kufr Qasem, que tuvo lugar el 29 de octubre de 1956. Además, Maki fue el único partido que se opuso a la Guerra de Suez de 1956 por parte de Israel, Francia y Gran Bretaña como una guerra imperialista de agresión contra Egipto.
Estos logros sentaron las bases para la trayectoria futura de Maki y su identidad política primaria como defensor de los derechos de los ciudadanos palestinos de Israel. Sin embargo, el énfasis en su programa árabe socavó en última instancia las aspiraciones de Maki de representar a toda la clase obrera israelí, tanto judía como palestina.
Mientras tanto, la migración masiva de mizrajíes (judíos que venían de países musulmanes y/o árabes) a Israel sacó de la clase obrera a muchos trabajadores asquenazíes veteranos familiarizados con el discurso clasista del comunismo y los llevó a las clases medias. Sin embargo, Maki ganó el apoyo de algunos inmigrantes iraquíes: luminarias literarias como Shimon Ballas, Sami Michael, David Semach y Sasson Somekh, que habían sido miembros o cercanos al Partido Comunista de Irak, se unieron a Maki después de llegar a Israel y escribieron para Al-Ittihad.
Bajo la presión del nacionalismo árabe
En respuesta a la denuncia de Nikita Khruschev de los crímenes de Stalin en 1956, Palmiro Togliatti, el líder del Partido Comunista de Italia, desarrolló una teoría del policentrismo y los caminos nacionales hacia el socialismo. Los líderes judíos de Maki influenciados por Togliatti comenzaron a imaginar un camino israelí hacia el socialismo acercándose a la cultura nacional judía y tratando de aliarse con el partido sionista de izquierda MAPAM, a pesar de su apoyo a la Guerra de Suez y su aceptación del consenso de seguridad nacional israelí.
Casi todos los miembros árabes de Maki se resistieron a este enfoque, que habría disminuido su posición en sus propias comunidades. Los palestinos también eran muy conscientes de que Francia, co-conspirador de Israel en la Guerra de Suez y su principal aliado y proveedor de armas de 1954 a 1967, estaba involucrada en una cruel guerra de contrainsurgencia para frustrar la independencia de Argelia.
Entre 1947 y 1949, la Unión Soviética había determinado que el establecimiento de un Estado judío era el contrapeso más fuerte a las ambiciones imperiales británicas en Oriente Medio. Pero después de la guerra de 1956, el movimiento nacionalista árabe, liderado por el carismático presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, se convirtió en la principal fuerza antiimperialista de la región y, en consecuencia, disfrutó de un creciente apoyo soviético. Por lo tanto, la posición de Maki en la comunidad palestina en Israel estaba sometida a una presión constante por el atractivo masivo del nacionalismo árabe. La inclinación hacia el nacionalismo árabe debilitó la fuerza de los críticos árabes de Maki, mientras que cualquier identificación con la cultura nacional judía los fortaleció.
Estos cambios afectaron naturalmente el éxito electoral del partido. El mejor resultado de Maki en sus primeros 30 años fue durante las elecciones de julio de 1955, cuando ganó el 4,5 por ciento del voto total y seis escaños en la Knesset (en ese momento, la mayoría de los votantes del partido todavía eran judíos). En 1959, Nasser se enfrentó con los comunistas egipcios, a quienes sometió a encarcelamiento masivo y tortura. Debido a la popularidad de Nasser entre los ciudadanos palestinos, la fortuna de Maki se desplomó en las elecciones de noviembre de 1959 al 2,8 por ciento y tres escaños.
Una campaña militante contra los continuos esfuerzos de las autoridades israelíes por expropiar tierras palestinas restauró la popularidad del partido en la comunidad árabe. La Autoridad de Tierras de Israel, establecida en 1960, prohibió efectivamente a los ciudadanos árabes arrendar el 92 por ciento de toda la tierra en el Estado de Israel. Como parte de la campaña del gobierno israelí para fortalecer su control, ese mismo año el ministro de Agricultura, Moshe Dayan, propuso una Ley de Consolidación de Tierras al estilo del apartheid. Maki encabezó una exitosa lucha de masas que derrotó el proyecto de ley. En las elecciones de agosto de 1961, Maki ganó el 4,2 por ciento del total de los votos y cinco escaños en la Knesset.
Este éxito relativo moderó temporalmente las tensiones internas del partido sobre si adoptar una inclinación nacional judía o árabe. Sin embargo, ese resultado se debió casi en su totalidad a la duplicación del número de votantes palestinos de Maki, la mayoría de los cuales no eran miembros del partido ni lectores de Al-Ittihad.
Incluso cuando los fellahin se estaban proletarizando, el apoyo árabe a Maki se debió más comúnmente a su lucha por los derechos de los ciudadanos árabes palestinos de Israel, más que a su identificación con el marxismo. Al mismo tiempo, el partido también construyó una base entre los aspirantes a profesionales árabes al ofrecer becas a estudiantes prometedores para estudios universitarios en Moscú y otras capitales del bloque soviético.
La división final
Pero esas tensiones no pueden contenerse indefinidamente. En 1965, el partido se dividió en dos facciones mayoritariamente étnicas: el Maki, totalmente judío, liderado por Shmuel Mikunis y Moshe Sneh, y el Rakah (Nueva Lista Comunista), mayoritariamente árabe, dirigido por Tawfiq Tubi y Meir Vilner. La facción Maki conservó el nombre del partido después de una batalla judicial, pero la Unión Soviética reconoció a Rakah como el partido comunista oficial.
La guerra de junio de 1967 y la consiguiente ocupación no hicieron más que ampliar las diferencias entre las dos facciones. Después de la guerra, Maki se hundió en un sionismo de izquierda ineficaz. En 1975 desapareció por completo. Mientras tanto, al adoptar la línea soviética en la guerra, Rakah perdió casi todo el apoyo entre los judíos israelíes, que estaban abrumadoramente esclavizados por el nacionalismo triunfalista.
Las elecciones municipales de 1975 en Nazaret señalaron el creciente poder de Rakah en la comunidad árabe. El partido, que había sido fuerte en la ciudad durante dos décadas, ganó la mayoría absoluta, y Tawfiq Ziad se convirtió en el primer alcalde comunista de Israel (y de Oriente Medio). Rakah aprovechó esta ganancia para iniciar el Comité Nacional para la Defensa de la Tierra, que organizó la huelga general del Día de la Tierra del 30 de marzo de 1976. Las fuerzas israelíes mataron a seis manifestantes árabes ese día, que desde entonces se ha convertido en un día nacional palestino de conmemoración y protesta.
El papel prominente de Rakah en la lucha por la tierra palestina sentó las bases para que el partido estableciera el Frente Democrático por la Paz y la Igualdad (Hadash/al-Jabha) en 1976. Se trataba de una coalición de grupos izquierdistas, en la que Rakah era la fuerza dominante y mantenía su autonomía. En algunos aspectos, la creación de Hadash repitió la estrategia de la Liga de Liberación Nacional: crear un frente patriótico amplio, de izquierda, pero no ideológicamente comunista. La diferencia esencial esta vez fue la presencia de un componente judío.
En las elecciones de la Knesset de 1977, Hadash ganó la mayoría del voto árabe y el 4,6 por ciento del total de votos para la Knesset, mejor que cualquier resultado electoral de Maki unido antes de 1965. Al colocar a Charlie Biton, un líder de los Panteras Negras israelíes, que habían liderado una lucha militante de Mizrahim por la igualdad social a principios de la década de 1970, lo suficientemente alto en su lista electoral como para ganar un escaño en la Knesset, Hadash demostró su compromiso con la acción política conjunta judío-árabe y una mayor preocupación por los derechos de Mizrahim que Maki. Estos fueron logros estratégicos importantes a pesar del hecho de que la mayoría de los mizrajíes continuaron apoyando a los partidos de derecha.
La victoria de Hadash en la comunidad palestina, que en las primeras décadas de Israel votó principalmente por partidos de la izquierda sionista o sus partidos satélites árabes, abrió la puerta para que otros partidos árabes independientes compitieran por el voto árabe.
El Partido Democrático Árabe (al-Hizb al-Arabi al-Dimuqrati, conocido también por su acrónimo hebreo Mada) se estableció en 1988, cuando el diputado Muhammad Darawshe se separó del Partido Laborista por las tácticas de «romperles los brazos y las piernas» del entonces ministro de Defensa Yitzhak Rabin para reprimir la Primera Intifada, y fue el primer partido legal totalmente árabe en Israel. Le siguieron la Alianza Democrática Nacional (Al-Tajammu’ al-‘Arabi al-Dimuqrati, o Balad), el Movimiento Árabe para la Renovación (Al-Haraka al-‘Arabiyya lil-Taghyir, o Ta’al) y la Lista Árabe Unida (Al-Qa’ima al-‘Arabiyya al-Muwahhada, o Ra’am) a mediados de la década de 1990.
Rakah recuperó el nombre de Maki en 1989, en vísperas de la extinción de la Unión Soviética. Desde entonces, el partido ha luchado por superar el legado de su pro-sovietismo acrítico y los elementos antidemocráticos en su cultura política.
Legados viejos-nuevos
Tal vez el legado más significativo de su pasado sea una tendencia a entender el mundo en términos de la Guerra Fría: un campo imperialista liderado por Estados Unidos y un campo opuesto que incluye a muchos regímenes autoritarios. Esto llevó a destacados líderes de Maki y Hadash a hacer declaraciones ambiguas y contradictorias que sugerían su apoyo a la despiadada represión del régimen de Assad del levantamiento popular de 2011 en Siria. Una década después, Maki se negó a oponerse a la invasión rusa de Ucrania en 2022 y a apoyar el derecho del pueblo ucraniano a la autodeterminación.
Antes de las elecciones de 2015, la derecha israelí logró elevar el umbral electoral para entrar en la Knesset en un intento de acabar con los partidos árabes. La Lista Conjunta se formó en respuesta a esta maniobra antidemocrática. En las elecciones de 2015, septiembre de 2019 y 2020, la Lista Conjunta fue lo suficientemente atractiva como para atraer, en su punto álgido, a unos 20.000 votantes judíos.
Pero la fractura de la Lista Conjunta en 2021 y 2022 desilusionó a quienes lo veían como un motivo de optimismo. Desde las elecciones de noviembre de 2022, y a la luz de la voluntad de Ra’am de colaborar con los partidos de derecha y del fracaso de Balad para superar el umbral para entrar en la Knesset, Hadash-Ta’al se ha convertido en la única oposición fiable al consenso sionista en la Knesset.
¿Por qué toda esta historia es relevante hoy en día? Porque aquellos que buscan la descolonización de Israel/Palestina y el desmantelamiento de la supremacía judía entre el río y el mar solo tendrán éxito si defienden de manera convincente los derechos democráticos y nacionales para todos. En este momento político crucial, entonces, la historia de Maki puede ofrecer un posible punto de partida para repensar los requisitos del tipo de unidad democrática judío-árabe que podría contrarrestar el viento fascista que corre a través del cuerpo político judío-israelí.
Además de articular un objetivo de descolonización y apoyar un régimen basado en la plena igualdad cívica y los derechos nacionales tanto para los árabes palestinos como para los judíos israelíes, tal formulación también tendría que abogar por el aumento del poder y los derechos de todos los trabajadores entre el río y el mar, al tiempo que se entiende que la clase, la etnia, y el género son mutuamente constitutivos e inextricablemente entrelazados. Y al igual que el Maki histórico, tendría que estar enraizado en las realidades políticas de Palestina-Israel, manteniendo al mismo tiempo la solidaridad con las fuerzas progresistas globales.
*Gracias a Zachary Lockman por sus comentarios sobre un borrador anterior de este artículo.
Joel Beinin es Profesor Donald J. McLachlan de Historia y Profesor Emérito de Historia de Oriente Medio en la Universidad de Stanford. Sus investigaciones y escritos se centran en la historia social y cultural y la economía política del Egipto, Palestina e Israel modernos, y en el conflicto palestino-israelí

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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