Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx.
1. Un par de análisis de la situación militar y su futuro (1)
Moon of Alabama, a pesar del nombre, creo que es alemán, y dudo que sepa mucho de temas militares, pero el análisis parece creíble.
https://www.moonofalabama.org/
2.Un par de análisis de la situación militar y su futuro (y 2)
Y este es el análisis del tuitero ruso «El Gran Sergio» de posibles líneas de ataque del ejército ruso. https://twitter.com/witte_
Y este es el análisis del tuitero ruso «El Gran Sergio» de posibles líneas de ataque del ejército ruso. https://twitter.com/witte_
¿Dónde podría Rusia comprometer fuerzas en una ofensiva? Hagamos un rápido análisis de la situación y examinemos las posibilidades.
(1/N)
En este momento, la línea de contacto es de unos 700 kilómetros que se extienden desde el estuario del Dniéper en el sur hasta el norte de la provincia de Lugansk. Las concentraciones de tropas y los combates activos están presentes a grandes rasgos en cuatro ejes principales. (Mapas de mi autoría).
(2/N)
El eje de Svatove es donde la contraofensiva ucraniana de Kharkov quedó estancada tras cruzar el río Oskil y luchar por romper Lyman a gran velocidad. Los esfuerzos ucranianos por continuar el avance han sido derrotados repetidamente. (3/N)
El eje Bakhmut ha sido objeto de la mayor atención últimamente, pero hay una escasez de fuerzas regulares rusas en esta dirección. La mayor parte del trabajo aquí lo están llevando a cabo las fuerzas de la PMC y la LNR de Wagner, asistidas por la VDV. (4/N)
La mayor parte de las fuerzas del ejército ruso actualmente comprometidas en Ucrania se encuentran actualmente en los ejes de Svatove y Zaporozhia en posición defensiva. Contrariamente a la impresión dada por fuentes occidentales, el Ejército regular ruso no ha participado últimamente en una actividad de ataque generalizada. (5/N)
Gran parte del poder de combate de Rusia no está comprometido actualmente, y se utilizará para renovar las operaciones ofensivas en las próximas semanas y meses. La cuestión es cuándo y dónde. (6/N)
Sigue habiendo una clara posibilidad de que no haya una ofensiva de «Gran Flecha», y en su lugar veamos muchos ataques de «flechas pequeñas» con Rusia pasando a la ofensiva en todos los Ejes existentes. Esto significaría un avance, pero sin abrir nuevos frentes importantes. (7/N)
Contemplemos escenarios de flecha grande. Hay cuatro grandes posibilidades, así que considerémoslas sucesivamente.
La primera (1) es para una operación dirigida hacia el sur en la orilla oeste del río Oskil. Esta es una que encuentro atractiva. (8/N)
Tendría como objetivo el corredor Kupyansk-Izyum y presenta dos grandes ventajas. En primer lugar, colapsaría y potencialmente rodearía la agrupación de fuerzas de Ucrania en el eje Svatove. En segundo lugar, la captura de Izyum (junto con Bakhmut) hace que Slavyansk sea esencialmente indefendible. (9/N)
La segunda opción (2) es una solución mixta que repetiría el empuje ruso hacia Sumy al principio de la guerra. Esto es menos solidario con los ejes existentes, pero tiene la ventaja de presionar directamente a Kiev y forzar un redespliegue interno masivo. (10/N)
Luego tenemos la opción Zaporozhia (3), que empujaría hacia el norte, con el objetivo de despejar la orilla oriental del Dniéper. La ventaja aquí es la capacidad de interceptar las líneas de comunicación de Ucrania. (11/N)
Idealmente, cualquier ofensiva desde el sur alcanzaría Pavlograd. Esta es la ciudad más importante en la carretera entre Dnipro y Donetsk. Capturar o apantallar Pavlograd destrozaría la logística de Ucrania en el eje de Donetsk. (12/N)
Por último, tenemos la opción nuclear, la número 4: la ofensiva en la orilla oeste desde Bielorrusia. Hemos visto una enorme cantidad de material fluyendo hacia Bielorrusia recientemente, lo que ha dado credibilidad a esta teoría. Esta es la opción de alto riesgo y alta recompensa. (13/N)
Una ofensiva bielorrusa tendría presumiblemente como objetivo Zhytomyr y Vinnytsia, en lugar de Kiev. El beneficio obvio de esta táctica es la posibilidad de interceptar por completo el flujo de armas de los socios ucranianos de la OTAN, que debe atravesar toda Ucrania. (14/N)
Por supuesto, una operación en la orilla occidental del Dniéper sería un eje independiente, que no apoyaría a otros frentes y complicaría los problemas de sostenimiento de Rusia. (15/N)
Es posible que veamos alguna combinación de éstas. En última instancia, Rusia tiene una frontera muy muy larga con la que jugar (cortesía del tío Sasha y Bielorrusia), y una parte significativa de su poder de combate no comprometido. Tienen mucho donde elegir. (16/N)
Personalmente soy partidario de la opción Oskil, empujando las fuerzas directamente al sur desde Belgorod hacia Izyum. Sin embargo, la cantidad de material que se ha visto fluir hacia Bielorrusia me impide descartar nada en este momento. (17/N)
Una cosa es cierta: Rusia va a ganar esta guerra.
3. Mi imagen del día: ingresos por origen familiar en EEUU
Los datos tienen diez años, eso sí (2013-15). Los de origen indio se salen… Igual por eso generalmente son de extrema derecha hindutva y apoyan al BJP. Los segundos, curiosamente, los filipinos. Aunque hay muchos médicos, ingenieros, etc. que cuando pueden se piran para allá, veo que solo el 47% tiene un Bachelor’s Degree.
4. Transición ecológica y movimiento obrero
Un artículo en CTXT del director de la Fundación 1º de Mayo de CCOO. Con algunas propuestas interesantes que espero sean promovidas por el sindicato.
No habrá transición ecológica sin transición social y laboral
Hay que cambiar el modelo energético. Pero es más urgente si cabe una transformación que aborde la limitación de la riqueza, el consumo y el necesario reparto del trabajo
Vicente López 11/01/2023
En estos momentos prácticamente nadie duda de la necesidad de una transición ecológica. A modo de ejemplo, el CIS de abril de 2022 nos señalaba que al 81,1% de la población española le preocupaba mucho el cambio climático. El negacionismo en materia medioambiental, aunque existente, parece estar en franca retirada frente a la apabullante evidencia de los efectos negativos que tiene nuestra forma de vivir sobre la naturaleza.
Existen, eso sí, discrepancias políticas sobre cómo y con qué intensidad hay que abordar las actuaciones en materia medioambiental, en especial en materia energética. La razón es bien sencilla: se es muy consciente de las consecuencias que pueden tener estas medidas sobre el crecimiento económico y por lo tanto sobre el nivel de empleo, y también sobre la distribución del ingreso. La escalada de precios que estamos viviendo, cuyo origen viene determinado, entre otros, por los precios de la energía, de materias primas y los problemas en las cadenas de suministros, están acarreando un proceso de pauperización de la mayor parte de la población, especialmente de los y las trabajadoras, mientras aumentan sin control los márgenes empresariales. La respuesta de las autoridades monetarias, en cambio, ha sido un aumento de los tipos de interés que generará más desempleo y mayor desigualdad social. Puede ser un buen ejemplo de lo que puede ocurrir en estos procesos de transición ecológica si se continúa bajo las recetas de la ortodoxia económica.
Grosso modo, para las opciones políticas que se sitúan en el entorno de la derecha más o menos extrema, la transición debe atemperarse al ritmo que marque el mercado. Todo indicaría que se está pasando del “negacionismo” inconsistente, a un cierto “retardismo” posibilista. Desde esta perspectiva ideológica el objetivo de sus políticas sigue siendo el mismo: crear las bases macroeconómicas que establece el pensamiento económico neoclásico para mantener el crecimiento del PIB y la acumulación de capital. Se deja al “libre” mercado la tarea de atemperar tanto los ritmos posibles de la transición ecológica (la sostenibilidad no puede poner en peligro la eficiencia) como la tarea redistributiva (la equidad que no puede poner en peligro la eficiencia). Más mercado y menos regulación e intervención pública, excepto para asegurar, sea al precio que sea, la propiedad privada, la dinámica que marquen los mercados y con ello el statu quo existente en materia distributiva.
Esto significa políticas de aumento de tipos de interés para frenar la inflación, el control del gasto público en un marco de reducción de impuestos y la desregulación del mercado laboral: peores condiciones de trabajo, más desigualdad y pobreza y, por supuesto, dinamizar la concentración de riqueza. Un camino que algunos han advertido de que puede ser la antesala del llamado “ecofascismo”. Y todo ello, eso sí, aderezado con una fe ciega en la acumulación de conocimiento científico-técnico, la “ciencia proveerá”, que se convierte en el garante de que pase lo que pase, algo inventaremos.
Para aquellas opciones que se encuentran en el entorno del social-liberalismo (donde se situaría la socialdemocracia actual, la democracia cristiana, e incluso otras opciones más progresistas), la transición hacia una economía sostenible debe ser dinamizada, empujada, por los poderes públicos. Es una tarea urgente y el mercado, aunque esencial, no basta para tal empresa. Los efectos negativos más que previsibles de la transición ecológica en el ámbito sociolaboral quedan circunscritos a las políticas que se enmarcan en la llamada “transición justa”: nadie debe quedarse atrás. Eso sí, no se define de forma muy concreta en términos de acción política qué abarca el término “justa” y lo que conlleva quedarse o no atrás. Más bien al contrario, esta indefinición da paso en la práctica a la asunción por parte de los poderes públicos de cierto crecimiento asumible en los niveles de desempleo, de desigualdad social y de pobreza. Esta opción, al contrario de la anterior, no ve contradicciones insalvables entre sostenibilidad, eficiencia y equidad. Y si las ve, las relativiza.
Recordemos que esta perspectiva no solo no ve incoherencias en el binomio clásico eficiencia-equidad, sino que incluso considera que la equidad es la base para un crecimiento económico inclusivo. Esto solo se ha dado a nivel de Estados-nación en momentos históricos muy concretos. Los datos generales, globales, hablan, sin embargo, del aumento de la pobreza relativa, las desigualdades sociales y la extensión de los llamados “trabajadores y trabajadoras pobres” o de la “esclavitud moderna”. La perspectiva nacional, como señala Amartya Sen, no es un buen indicador de justicia social en un mundo globalizado. Eso sí, al igual que las opciones conservadoras, también esta opción tiene plena confianza en que el binomio ciencia-tecnología dinamizará este cambio y el soñado equilibrio entre eficiencia-equidad-
Pero si algo parece evidente es que el éxito o fracaso sociopolítico de esta transición, más o menos intensa, liberal o planificada, hacia el oxímoron “crecimiento justo y sostenible”, dependerá de que esta mantenga el crecimiento del PIB y con él, el dinámico “goteo hacia abajo” que legitima socialmente a la economía de mercado. Aquello de que la tarta siga creciendo para después repartirla, sin anticipar, eso sí, el cómo se reparte.
El aumento en la producción de bienes y servicios, matizado por la evolución de la productividad, continúa por lo tanto siendo el objeto prioritario; y el volumen de empleo y la (re)distribución de la renta, un objetivo secundario. De final de tubería. La participación de las rentas salariales en el reparto de la renta seguirá dependiendo de cuestiones (p)redistributivas: el mayor o menor poder de negociación de los y las trabajadoras (salario directo) y el desarrollo o no del papel del Estado en la economía, tanto desde la óptica del ingreso como del gasto públicos (salario indirecto y diferido).
Pero la evolución de las variables que visibilizan el estado de la equidad a nivel global no dan, como hemos señalado, síntomas de buena salud: los sindicatos pierden poder de negociación –el alto nivel de desempleo, el aumento de la precariedad laboral, los procesos de subcontratación, la mercantilización e individualización del trabajo… son las principales armas que se utilizan para debilitar el movimiento sindical por parte del poder económico–, lo que conlleva un aumento de la capacidad de extracción de plusvalía por parte de las y los empresarios –la pérdida de participación de las rentas salariales en la renta nacional a lo largo del último medio siglo en los países occidentales así lo atestigua–; se continúa la disminución de impuestos a las rentas más altas –menor equidad fiscal tanto en términos verticales, progresividad, como horizontales, fuentes de renta–; y se deteriora por diversas vías (privatización, limitación) el gasto social. El Estado del Bienestar, en aquellos países donde tal cosa existía, se está convirtiendo en un Estado de caridad para las personas pobres, en un pobre Estado del bienestar. Parece que no va muy mal desencaminado Warren Buffet cuando señala que su clase social está ganando la guerra de clases.
Siempre podemos encontrar alguna excepción que confirme la regla, sobre todo desde el pragmatismo político. Pero esta siempre es accidental y frágil. O al menos da esa sensación. Creo que no sería una necedad resaltar, con los datos que conocemos, que la equidad pierde por goleada contra la eficiencia. En las últimas décadas el “goteo hacia abajo” no solo se ha interrumpido en las reiteradas crisis de acumulación del capital (donde el objetivo político es recuperar la tasa de beneficios a cambio de mayor explotación laboral), sino que también lo está haciendo, y cada vez de forma más intensa, en las etapas de expansión. Estamos viviendo cada vez con mayor claridad un permanente “goteo hacia arriba” tanto en términos nacionales como, sobre todo, a escala global.
Del mismo modo, los datos respecto al estado de salud del medio ambiente son, si cabe, menos esperanzadores. La emisión de gases de efecto invernadero (cambio climático), la extinción de especies (sexta extinción), el deterioro de suelos fértiles o de los océanos y mares, la contaminación de acuíferos, la creciente deforestación a nivel planetario, o la propia “escasez” de materias primas (tanto energéticas como minerales), nos señala no solo el fracaso clamoroso de las Cumbres del Clima o de las políticas de “desarrollo sostenible” que la mayor parte de países occidentales han puesto en marcha en las últimas décadas, sino, sobre todo, los evidentes límites físicos, biológicos y energéticos que tiene el crecimiento económico. La relación entre sostenibilidad y eficiencia no funciona, nunca ha funcionado. El problema principal es, por lo tanto, que el aumento de la eficiencia económica (mayor volumen de producción y servicios en relación al consumo de recursos) que necesita el sistema capitalista para sobrevivir conlleva un continuo deterioro medioambiental (la naturaleza como fuente de recursos y sumidero de residuos) y un aumento de la precariedad laboral, de la vulnerabilidad e inseguridad laboral en la que vive la clase trabajadora y que es fuente de desigualdades y pobreza. La insostenibilidad y la inequidad parecen estar íntimamente relacionadas.
La fuerza de trabajo que necesita el sistema socioeconómico (tanto el visibilizado trabajo productivo como el invisibilizado trabajo reproductivo) no deja de ser una energía más, junto con otras fuentes de energía y materiales. Su demanda, como la del resto de recursos, es una demanda derivada que depende, por lo tanto, del volumen de producción de bienes y servicios. Hasta aquí no hay mucha diferencia entre extraer un barril de Brent o el trabajo efectivo de una persona. Eso sí, a diferencia de otros recursos productivos, el proceso de extracción de trabajo efectivo tiene una peculiaridad: los y las trabajadoras tienen voluntad. Su extracción por lo tanto conlleva conflicto, tensión social. De ahí que uno de los objetivos básicos del sistema socioeconómico haya sido, y es, entrenar cuerpos sanos y, sobre todo, disciplinar la mente humana para obtener el mayor rendimiento posible. Hoy, como señala Byung-Chul Han, una parte nada desdeñable de trabajadores y trabajadoras ya no necesitan medidas disciplinarias externas: se autoexplotan “felizmente” en un entorno de falsa creencia de libertad y autenticidad. Pero este éxito en la domesticación no solo implica a las personas como mano de obra, como ganado laboral, sino también como ganado consumidor: personas que, como señalaba Bauman, están deseosas de consumir. Y en esto consiste el American way of life que se ha impuesto como forma de vida en el planeta: trabajar para obtener el ingreso suficiente para consumir bienes y servicios, para consumir energía, materia y fuerza de trabajo. Para consumir, desechar y volver a consumir.
El sistema, y este es su gran éxito, produce un ejército de homo oeconomicus que rezuma por todos sus poros individualismo, egoísmo y una idea de progreso y felicidad íntimamente ligada al consumismo y la acumulación ilimitada de riqueza material. Este ejército de mentes y cuerpos domados por la escuela, los medios de comunicación de masas o la industria del entretenimiento, mantiene en estado de buena salud el binomio producción-consumo. Un ejército de productores-consumidores que dan vida, a través del voto en aquellas sociedades con democracias liberales, a aquellas opciones políticas que aseguran el crecimiento económico y con él, el deterioro medioambiental y una distribución de la riqueza que asegura la desigualdad económica y social en base a la falacia de la igualdad de oportunidades y el mecanismo meritocrático. No olvidemos, para aquellos que ven una contradicción entre lo que necesitan y votan los y las trabajadoras, que si no se asegura una extracción de materias primas y energía suficiente, y mayores facilidades para la apropiación de plusvalía, el empleo productivo se resiente. Y con menor nivel de empleo se endurece el acceso a ese goteo hacia abajo al que hacíamos referencia, que nos permite acceder al venerado mercado de consumo global, fuente de “libertad y felicidad” en este sistema socioeconómico. Sin este ganado laboral y consumidory sin la posibilidad de extracción de recursos naturales, el sistema capitalista colapsa.
La transición ecológica, y esta es la grave deficiencia del planteamiento por parte de algunas personas, se presenta únicamente desde la perspectiva de mantener la provisión de materiales y energía para continuar el proceso de acumulación de capital. Si conseguimos energía renovable y la circularidad del proceso económico, el problema se acabó. El objetivo último no cambia: crecimiento de la producción y el consumo, y con él, el nivel de empleo (de la calidad del mismo se habla menos). Pero las energías renovables no aseguran los niveles de energía necesarios para satisfacer los deseos productivos y de consumo tanto presentes como futuros. Entre otras razones, por el déficit de materiales y la necesidad de energías fósiles para su desarrollo. Y por desgracia los procesos productivos no se cierran completamente por culpa de las malditas leyes de la termodinámica. Es imposible.
Y todo ello conduce al más que previsible fracaso de estas políticas más o menos posibilistas. Han fracasado en el pasado y fracasarán en el futuro a pesar de su “buena voluntad”. El capitalismo nunca será garante de mayores niveles de equidad social ni de sostenibilidad. Va contra su esencia extractivista. El capitalismo no puede vivir sin explotar a las personas (extracción de plusvalía), ni a la Naturaleza. Y esta obviedad se intenta esconder tras posibilismos políticos imposibles, y tecno-optimismos irreales. En resumen, cuando la eficiencia económica entra por la puerta, en la economía de mercado globalizada, la equidad y la sostenibilidad saltan por la ventana. Hay que elegir políticamente con qué te quedas. No queda otra.
Bajo mi punto de vista, la única opción política viable en términos progresistas es la que pone como objetivo político prioritario el binomio “equidad” y “sostenibilidad” y desecha al crecimiento económico como fin en sí mismo. En todo caso este sería posible y deseable para algunos consumos vitales que aseguren ciertos niveles de vida de la población mundial. Creo que es evidente que se necesita una expansión de un sistema sanitario universal o el acceso a agua potable a escala global por ejemplo. Pero debe reconocerse como axioma de partida, inapelable, la existencia de límites físicos, energéticos y biológicos al crecimiento económico y, a pesar de la enorme epidemia de “autoexplotados”, límites también urgentes a la explotación de las personas. Porque, además, si limitamos esta extracción de plusvalía estamos poniendo coto a la propia insostenibilidad. Van de la mano.
A partir de aquí, las posibilidades de acción política son menos “sexy” para el pragmatismo y posibilismo político (en minúsculas), pero mucho más claras, restringidas y eficaces si se quiere hacer POLÍTICA (en mayúsculas).
A modo de ejemplo resaltamos algunos puntos que debería incluir un programa centrado en la equidad y la sostenibilidad: en primer lugar, la redistribución de la capacidad de consumo existente bajo criterios de necesidades (capacidades) y sostenibilidad. Nadie puede consumir por encima de lo que la Naturaleza puede soportar, “nadie puede contaminar aunque pague”. En segundo lugar, la puesta en marcha de políticas radicales de reparto del trabajo (y no solo del empleo). En este aspecto es esencial la reducción de la jornada de trabajo y paralelamente la provisión individual o colectiva de bienes básicos por parte de un reforzado sector público, en especial: alimentación, vivienda, sanidad, energía, comunicación y educación. Siempre bajo el paraguas de la sostenibilidad. Esta reducción de la jornada debería realizarse desde la perspectiva redistributiva: recortar los abanicos salariales (incluyendo el de los directivos, claro está). En tercer lugar, y siguiendo esta idea distributiva, es necesario empezar a hablar del establecimiento de límites a la riqueza. Esto supone, por ejemplo, la recuperación de la progresividad y equidad fiscal y caminar hacia tipos impositivos confiscatorios a partir de cierto nivel de ingresos y riqueza. Y en cuarto lugar, limitaciones a la movilidad del capital, de mercancías y de las personas. Hay que reventar el casino mundial, saltar la banca, y hay que poner freno al poder económico de las transnacionales. Esto supone recuperar el papel del Estado en la economía como garante de la equidad y sostenibilidad.
Estas medidas afectarían muy probablemente al crecimiento económico de forma negativa y con ello a la extracción de trabajo efectivo, energía y materiales. Habría menos riqueza material pero mejor repartida y más sostenible. ¿Sería imposible políticamente? Realmente lo que es imposible, populista y extremista es continuar en esa dependencia de la senda que nos lleva a mayor deterioro medioambiental y sociolaboral. Como señalaba Foucault, es tiempo de parresía, de un compromiso con la verdad, aunque tenga a corto plazo un coste político elevado. Es el momento de tener un “discurso valiente” que nos sitúe en la línea de aquellas reformas necesarias que, como señalaba André Gorz, no sean solo “reformistas” sino sobre todo, revolucionarias.
Vicente López es director de la Fundación 1º de Mayo.
5.¿Para qué disimular?
La próxima COP la va a presidir el jefe de una petrolera. Al menos nos ahorramos el paripé. https://www.eldiario.es/
Emiratos nombra al jefe de la petrolera estatal para presidir la Cumbre del Clima de Dubái
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Sultan Al Jaber es enviado de Emiratos Árabes Unidos para asuntos climáticos, director de la Abu Dhabi National Oil Company (Adnoc) y ministro de Industria y Tecnología
Fiona Harvey
11 de enero de 2023 22:42h; Actualizado el 12/01/2023 11:57h
Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha lanzado este jueves la presidencia de la cumbre de la ONU COP28 y el jefe de su petrolera nacional asumirá el papel principal.
Sultan Al Jaber es enviado de Emiratos Árabes Unidos para asuntos climáticos y director de la Abu Dhabi National Oil Company (Adnoc) –la decimosegunda mayor petrolera del mundo por producción–. También es ministro de Industria y Tecnología Avanzada del país y director de la empresa Masdar, dedicada a las energías renovables.
La Cumbre del Clima de la ONU, que se celebrará a partir del 30 de noviembre en Dubái, será una conferencia crucial que determinará si el mundo es capaz de encauzar la lucha contra la crisis climática. Este año, las naciones deben realizar un “balance global” que evalúe el estado actual de la acción climática y los avances en el cumplimiento de los objetivos del acuerdo de París de 2015.
Mientras que algunos países han presentado planes nacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en línea con el acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales, muchos de los mayores emisores del mundo no lo han hecho, poniendo en peligro los objetivos climáticos.
Una de las funciones de la presidencia será pedir cuentas a esos gobiernos reacios, pero muchos observadores temen que Emiratos Árabes, como gran productor de petróleo y con estrechos vínculos con otros productores como Arabia Saudí, se muestre reticente a enfrentarse a ellos.
En la Cop27, celebrada en Egipto el pasado mes de noviembre, había decenas de representantes de grupos de presión del sector del petróleo y el gas procedentes de EAU, y se cree que los Estados del Golfo con fuertes intereses petrolíferos y gasísticos estuvieron entre los que impidieron un lenguaje más contundente sobre la reducción progresiva de los combustibles fósiles.
“[Al Jaber] está a caballo entre dos mundos. Por un lado, las negociaciones sobre el clima, en las que tenemos que dar un salto de gigante en la reducción de emisiones y la financiación para abandonar los combustibles fósiles; y, por otro, como director de Adnoc”, dice una fuente con experiencia en las negociaciones que no quiere ser identificada. “Emiratos quiere que se les vea como líderes en alimentación, tecnología, adaptación y financiación potencialmente innovadora, pero ¿cómo pueden conseguirlo siendo contaminadores de combustibles fósiles?”.
Algunos activistas de la sociedad civil han pedido a Al Jaber que abandone sus funciones relacionadas con los combustibles fósiles para asumir la presidencia de la Cop28.
Tasneem Essop, directora ejecutiva de Climate Action Network International, afirmó antes de su nombramiento: “[Si Al Jaber es nombrado presidente de la Cop28, será] imperativo que el mundo tenga la seguridad de que renunciará a sus funciones como director general de Adnoc. No puede presidir un proceso encargado de abordar la crisis climática con semejante conflicto de intereses, dirigiendo una industria que es responsable de la propia crisis”.
“Si no dimite de su cargo de director general, las negociaciones de la ONU sobre el cambio climático quedarán en manos de una empresa petrolera nacional y de los grupos de presión de los combustibles fósiles”, dice. “La COP26 en Glasgow contó con la presencia de 500 grupos de presión de combustibles fósiles, la COP en Egipto vio un aumento del 25% y la COP28 ahora parece dar vía libre a actores con intereses determinados que utilizarán las conversaciones sobre el clima para seguir socavando cualquier progreso en acción climática. Como sociedad civil [exigiremos] que Al Jaber haga lo correcto y se aparte o dimita”, añade.
Al Jaber, de 49 años, ha estudiado en Estados Unidos y Reino Unido. Aunque ayudó a crear Masdar en 2006, invirtiendo mucho en energía solar, su papel como director ejecutivo del grupo de la compañía petrolera nacional significa que también es responsable de que Emiratos obtenga el máximo dinero posible de su producción de petróleo.
En una entrevista concedida al diario National del Golfo el pasado mes de septiembre, antes de la Cop27, Al Jaber defendió la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles, pero señaló que el petróleo y el gas seguirían siendo necesarios durante algunos años.
“Los responsables políticos empiezan a comprender que la transición energética no se hará con un simple interruptor”, declaró en la entrevista. “Hay que mantener el sistema actual, mientras el mundo siga dependiendo de él, y reducir sus emisiones, al tiempo que se impulsa la inversión en nuevas energías. Una acción climática innovadora que implique la rápida adopción de energías renovables y otras fuentes bajas en carbono tiene el potencial de proporcionar una seguridad energética duradera. Pero aún no hemos llegado a ese punto”.
Emiratos Árabes ha intentado presentarse como un productor de petróleo modernizador que mejora la eficiencia de sus métodos de producción e invierte en energías renovables. Sin embargo, muchos se preguntan si incluso una economía petrolera innovadora puede enarbolar la bandera de la rápida eliminación de los combustibles fósiles necesaria para mantenerse dentro del objetivo de los 1,5 grados. Un objetivo que cada vez es más difícil.
6. Comparativa entre la agricultura «química» y la ecológica
A raíz de la publicación de un informe sobre la comparativa entre el rendimiento de la agricultura química y la ecológica, Yuyi Romero publica este hilo con las principales conclusiones. https://twitter.com/
Muy interesante investigación comparativa entre agricultura química (convencional) y dos sistemas de agricultura ecológica/orgánica. Lo más importante no son sólo los resultados, sino su fortaleza. Empezaron cuando nací (1981) y ya peino canas. Veamos:
Prueba de sistemas agrícolas – Rodale Institute
7.El hijo de Gadafi.
Parece el título de una película de cine mudo, pero es real. Yo pensaba que no quedaba ninguno, pero lo debía confundir con los hijos de Sadam. En las respuestas al hilo, varios tuiteros dudan del tirón real que pueda tener.
HILO| ¿Volverán los Gadafi a liderar Libia? Por muy cinematográfico e increíble que parezca, Saif Al Islam Al Gadafi, hijo del ex líder Libio Muammar Al Gadafi, está decidido a volver a recuperar Libia y cuenta con un arrasaste apoyo popular. Lo explico
8. El jardín danés.
Aunque no es muy conocido, hasta los daneses tuvieron colonias en India. Y como no podía ser menos, lo aprovecharon para esclavizar a unos cuantos tamiles.
Cómo los daneses vendieron a tamiles como esclavos en Escandinavia y la historia de la huida de un hombre hacia la libertad
En el siglo XVII, los daneses establecieron un puesto comercial en el pueblo de Tranquebar, en la costa de Coromandel, en Tamil Nadu, y suministraban sirvientes a los aristócratas.
Ari Gautier, 25 dic, 2022 – 11:30 am
Era una glacial tarde de invierno de 1713, el enano de la corte Frøken Elsebe rompió a sudar frío. La reina Charlotte Amalie de Hasse Kassel parecía hipnotizada por el recién llegado. Era un mal presagio. Su futuro estaba en juego ahora mismo. El hombre que estaba de pie era de mediana estatura, su piel oscura brillaba bajo la gran lámpara de araña. No parecía impresionado por tanta pompa. Incluso había cierta despreocupación en su actitud. La reina, según imagino la escena, parecía divertida y curiosa por el joven. Se llamaba Timoteo y venía de un lejano país llamado India. Frøken Elsebe había oído este nombre a menudo desde hacía algún tiempo. Un miembro de la «Dänisch-Hallesche Mission» presentó al joven como un ser tamil de Tarangambadi.
Sin embargo, Timotheus no era el primer tamil que llegaba a Dinamarca. Frøken Elsebe sabía de esta pequeña comunidad que vivía en Copenhague desde hacía tiempo. Se decía que los habían traído como sirvientes esclavos. Se les llamaba morianer, que es un término utilizado para designar a todas las personas de piel oscura independientemente de su lugar de procedencia, dice Jorge Simón Izquierdo Díaz en su ensayo «El comercio de sirvientes domésticos (morianer) de Tranquebar para los hogares daneses de clase alta en la primera mitad del siglo XVII».
En aquella época, había sirvientes domésticos procedentes de África, la India y el Sudeste Asiático a los que se llamaba Morianer. Y este Timotheus era uno de ellos aunque no era un criado doméstico. ¿Qué tenía que ver ella, la enana de la corte, con esta gente? Su estatus era mejor. Así que se sorprendió y se asustó cuando la reina anunció que quería quedarse con el pequeño tamil.
El pueblo de Tranquebar se encuentra en la costa india de Coromandel, en Tamil Nadu. Antes de la llegada de los daneses, el pueblo se conocía como Tarangambadi. En el siglo XIV también se llamaba Sadanganbadi. Durante el Imperio Chola, los alrededores de este tranquilo pueblo pesquero fueron un importante centro budista. Las ciudades vecinas de Nagapattinam y Poompuhar eran lugares importantes para peregrinos y estudiantes de China.
Durante siglos, Tarangambadi estuvo bajo el dominio de los reyes chola, que tuvieron un reino en el delta del río Cauvery con Poompuhar como capital desde el siglo I antes de la era común hasta el siglo II de la era común. Los Chola desaparecen del mapa político pero reaparecen en el siglo IX. Tras una larga ausencia, en el siglo IX establecieron un imperio mucho mayor que el reino original, que iba desde el sur de la India hasta Sri Lanka y partes de Indonesia.
Tras la derrota de los cholas, el imperio Vijaynagar conquistó la mayor parte del sur de la India. Instalaron un virrey (llamado Nayak) en Tanjavur para gobernar la región. A medida que el poder de los Vijaynagar disminuía, el Nayak de Tanjavur gobernaba cada vez más como rey independiente. Fue el rey nayak Ragunatha quien firmó el tratado con los daneses en 1620, permitiéndoles establecer un puesto comercial en Tarangambadi. Los daneses llegaron por primera vez a Tranquebar en 1620, tras un intento fallido de establecer una colonia en Sri Lanka. Los daneses tenían colonias en Asia, África y el Caribe. El comercio lo llevaban a cabo compañías con el apoyo de la Corona.
Desde Tranquebar, los daneses tenían varias redes que incluían pequeños puestos comerciales en Macassar, Bantam, Masulipatnam y Pondicherry, como señala Díaz. Comerciaban con diamantes, especias, seda china y oro. Dos de las rutas de ultramar se utilizaban también para transportar personas esclavizadas. La ruta entre la costa de Guinea y las islas del Caribe suministraba esclavos a las plantaciones, y la ruta asiática suministraba sirvientes domésticos a las casas aristocráticas de Dinamarca y Noruega, como escribe Díaz. Y así es como se estableció en Dinamarca la pequeña comunidad de sirvientes esclavos tamiles. Pero este no fue el caso de Timoteo. Lo trajeron por otro motivo.
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Srimad Raghunatha Nayak, rey de Tanjore, no podía imaginar en 1620, cuando envió una carta escrita en una hoja dorada, que sus súbditos serían un día comprados y comercializados como mercancías en Dinamarca y Noruega. El almirante danés que viajó a Tranquebar con el capitán Roeland Crape fue personalmente a Tanjore y negoció el tratado. Aunque la historia retenga sólo los nombres de Bartholomaus y el padre Schwartz como los misioneros más importantes que propagaron la fe cristiana, no hay que pasar por alto a otros como Henrik Weiss, el primer comandante y sacerdote de la Iglesia del Fuerte.
No fue hasta 1704 cuando el rey Federico IV decidió establecer una misión luterana en Tranquebar. Pero los daneses no fueron los primeros misioneros. Una congregación jesuita católica de misioneros portugueses de Goa, debido a su presencia cercana en Nagapattinam, ya había convertido a una pequeña parte de la población, los llamados mesti<os católicos. Timotheus es uno de los primeros muchachos tamiles convertidos llevados a Dinamarca para ser formados como misioneros. La reina lo quería para ella.
Que la reina deseara procurarse un súbdito de su colonia para uso personal no era inusual. En aquella época era bastante normal regalar o intercambiar siervos esclavos no sólo en Dinamarca y Noruega, sino en toda Europa. En la India, la servidumbre por deudas y otras formas de servidumbre estaban muy extendidas. Hipotecar a un hijo, o a una esposa, para conseguir un préstamo era práctica común en distintas partes del país.
Dado que los padres, como era costumbre en Tranquebar, querían vender a sus hijos como esclavos, no estaba mal que la Iglesia los comprara para su propio fin y les diera una vida mejor, como dice Heike Liebau en su libro Cultural Encounters in India: The Local Co-workers of Tranquebar Mission, 18th to 19th Centuries. Esto no se consideraba anticristiano. Los convertían, les daban una educación mínima y los llevaban a Dinamarca para venderlos a familias reales y de clase alta. Esto les convenía, ya que estaban interesados en esclavos que tuvieran una educación cristiano-europea. Miles de niños fueron sacados de Tranquebar de esta manera. Este sistema estaba justificado en la medida en que respondía al «espíritu de la época», como señala Díaz. Así fue como Timoteo fue llevado a Dinamarca.
Estaba destinado a ser misionero, pero la Reina lo quería a él. Se desconoce cómo logró escapar de las garras de la reina. Sin embargo, un año después se vio envuelto en un escándalo. Al cabo de un año se enamoró de Sahra, una esclava tamil que trabajaba para un sacerdote danés. Esto era inaceptable para la sociedad. Haciendo caso omiso de los rumores, Timoteo comienza sus estudios misioneros y el rey lo envía a Halle, en Alemania, para hacer unas prácticas. Allí estudia alemán en la misión danesa de Halle, establecida en 1706.
A su regreso, se le pidió que formara a dos candidatos a misioneros en portugués y tamil para Tranquebar. Los misioneros reconocieron las cualidades del joven Timoteo y lo prepararon para otra profesión, la de encuadernador. Terminó con éxito este aprendizaje en 1717 y decidió regresar a casa. Pero no sin su amada. No sólo consiguió su mano, sino también un empleo en la misión de Tranquebar.
Los tamiles de Dinamarca no eran dueños de su destino, incluso había domésticos libres y esclavizados. Se les consideraba una mercancía preciosa que había que cuidar con esmero. Siguiendo la moda del resto de Europa, estos hombres y mujeres eran considerados productos exóticos que toda sociedad burguesa debía poseer, señala Díaz en su artículo. Se les utilizaba como ayuda de cámara, pajes, objetos de entretenimiento y curiosidad durante los actos sociales y como mascotas, escribe. El rey y los altos dignatarios intercambiaban a estos tamiles como regalos.
Aunque la mayoría de los tamiles que vivían en Dinamarca en aquella época eran esclavos, había algunos que destacaban. Así, Sennapa Naik es un caso insólito e interesante. Sennapa Naik embarcó como polizón en el buque Juliane Mari el 4 de febrero de 1795 y se dirigió a Dinamarca con la intención de presentar una queja ante el rey de Dinamarca contra el gobernador Peter Anker, que maltrataba a la gente de su casta.
Pocos días después de su llegada, fue recibido en audiencia por el rey, que no sólo aceptó su petición, sino que le dio permiso para permanecer en Dinamarca hasta el final del juicio. Se imaginó que era hijo de un rey tamil y pidió prestadas cantidades exorbitantes de dinero para llevar una vida de lujo. Prometió a sus acreedores kilos de diamantes que su familia enviaría en el próximo barco que nunca llegó. A Sennapa Naik le bastó con ponerse cómodo.
Después de seis años y medio, varias estancias en prisión, una novia danesa y una hija, Sennapa Naik abandonó Dinamarca para volver a casa. Solo, se embarcó en 1802 y desembarcó en Sudáfrica. Su destino es otra historia.
Ari Gautier es escritor y poeta. Sus obras más recientes, The Thinnai (traducción al inglés de su segunda novela, Le thinnai) y la colección de relatos Nocturne Pondichéry, se publicaron en el verano de 2021.