Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx (con comentarios del historiador, también miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos).
1. Mi foto del día: muy cómodo para comer no parece
Los comunistas rusos de Красный Рассвет [Amanecer rojo], publicitan sus redes sociales con esta imagen.
Un poco tosco para comer, me parece a mí…
2.Decrecentismo en Nature.
mportante que en Nature hayan publicado este artículo de alguno de economistas decrecentistas bien conocidos: Hickel, Kallis, Jackson, etc.
Degrowth can work — here’s how science can help
El decrecimiento puede funcionar: así puede ayudar la ciencia
Los países ricos pueden crear prosperidad utilizando menos materiales y energía si abandonan el crecimiento económico como objetivo.
Jason Hickel, Giorgos Kallis, Tim Jackson, Daniel W. O’Neill, Juliet B. Schor, Julia K. Steinberger, Peter A. Victor & Diana Ürge-Vorsatz
La economía mundial está estructurada en torno al crecimiento: la idea de que las empresas, industrias y naciones deben aumentar la producción cada año, independientemente de si es necesario o no. Esta dinámica está impulsando el cambio climático y el colapso ecológico. Las economías de renta alta, y las corporaciones y clases adineradas que las dominan, son las principales responsables de este problema y consumen energía y materiales a ritmos insostenibles1,2.
Sin embargo, muchos países industrializados luchan ahora por hacer crecer sus economías, dadas las convulsiones económicas provocadas por la pandemia COVID-19, la invasión rusa de Ucrania, la escasez de recursos y el estancamiento de las mejoras de productividad. Los gobiernos se enfrentan a una situación difícil. Sus intentos de estimular el crecimiento chocan con los objetivos de mejorar el bienestar humano y reducir los daños medioambientales.
Los investigadores en economía ecológica abogan por un enfoque diferente: el decrecimiento3. Las economías ricas deberían abandonar el crecimiento del producto interior bruto (PIB) como objetivo, reducir las formas de producción destructivas e innecesarias para reducir el uso de energía y materiales, y centrar la actividad económica en garantizar las necesidades y el bienestar humanos. Este enfoque, que ha ganado adeptos en los últimos años, puede permitir una rápida descarbonización y detener el colapso ecológico al tiempo que mejora los resultados sociales2. Libera energía y materiales para los países de renta baja y media en los que el crecimiento puede seguir siendo necesario para el desarrollo. El decrecimiento es una estrategia decidida para estabilizar las economías y alcanzar objetivos sociales y ecológicos, a diferencia de la recesión, que es caótica y socialmente desestabilizadora y se produce cuando las economías dependientes del crecimiento no crecen.
Los informes de este año del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) sugieren que deberían considerarse políticas de decrecimiento en la lucha contra el colapso climático y la pérdida de biodiversidad, respectivamente. Entre las políticas de apoyo a una estrategia de este tipo figuran las siguientes:
Reducir la producción menos necesaria. Esto significa reducir sectores destructivos como los combustibles fósiles, la producción masiva de carne y lácteos, la moda rápida, la publicidad, los automóviles y la aviación, incluidos los jets privados. Al mismo tiempo, es necesario acabar con la obsolescencia programada de los productos, alargar su vida útil y reducir el poder adquisitivo de los ricos.
Mejorar los servicios públicos. Es necesario garantizar el acceso universal a la atención sanitaria, la educación, la vivienda, el transporte, Internet, las energías renovables y los alimentos nutritivos de alta calidad. Los servicios públicos universales pueden ofrecer buenos resultados sociales sin un elevado uso de recursos.
Introducir una garantía de empleos verdes. Esto permitiría formar y movilizar mano de obra en torno a objetivos sociales y ecológicos urgentes, como la instalación de energías renovables, el aislamiento de edificios, la regeneración de ecosistemas y la mejora de la asistencia social. Un programa de este tipo acabaría con el desempleo y garantizaría una transición justa para los trabajadores de industrias en declive o «sectores en extinción», como los que dependen de los combustibles fósiles. Podría combinarse con una política de renta universal.
Reducir el tiempo de trabajo. Esto podría lograrse reduciendo la edad de jubilación, fomentando el trabajo a tiempo parcial o adoptando una semana laboral de cuatro días. Estas medidas reducirían las emisiones de carbono y liberarían a las personas para dedicarse a los cuidados y a otras actividades que mejoren el bienestar. También estabilizarían el empleo al disminuir la producción menos necesaria.
Permitir el desarrollo sostenible. Esto requiere cancelar las deudas injustas e impagables de los países de renta baja y media, frenar el intercambio desigual en el comercio internacional y crear las condiciones para que la capacidad productiva se reoriente hacia la consecución de objetivos sociales.
Algunos países, regiones y ciudades ya han introducido elementos de estas políticas. Muchas naciones europeas garantizan asistencia sanitaria y educación gratuitas; Viena y Singapur son famosas por sus viviendas públicas de alta calidad; y casi 100 ciudades de todo el mundo ofrecen transporte público gratuito. En el pasado, muchos países han utilizado sistemas de garantía de empleo, y en Finlandia, Suecia y Nueva Zelanda se está experimentando con rentas básicas y jornadas laborales más cortas.
Pero la aplicación de una estrategia más amplia de decrecimiento -de forma segura y justa- se enfrenta a cinco retos de investigación fundamentales, que exponemos a continuación.
Eliminar la dependencia del crecimiento
Las economías actuales dependen del crecimiento de varias maneras. El bienestar suele financiarse con los ingresos fiscales. Los proveedores privados de pensiones dependen del crecimiento bursátil para obtener rendimientos financieros. Las empresas citan el crecimiento previsto para atraer a los inversores. Los investigadores deben identificar y abordar estas «dependencias del crecimiento» sector por sector.
Por ejemplo, hay que cambiar el «deber fiduciario» de los directivos de las empresas. En lugar de priorizar los intereses financieros a corto plazo de los accionistas, las empresas deberían dar prioridad a los beneficios sociales y medioambientales y tener en cuenta los costes sociales y ecológicos. Sectores como la asistencia social y las pensiones necesitan mecanismos de financiación seguros para los proveedores públicos, así como una mejor regulación y el desmantelamiento de los incentivos financieros perversos para los proveedores privados4.
Equilibrar la economía nacional exigirá nuevos modelos macroeconómicos que combinen variables económicas, financieras, sociales y ecológicas. Ya se están utilizando modelos como LowGrow SFC (desarrollado por T.J. y P.A.V.), EUROGREEN y MEDEAS para proyectar las repercusiones de las políticas de decrecimiento, incluidos los impuestos redistributivos, los servicios públicos universales y la reducción de la jornada laboral.
Pero estos modelos suelen centrarse en un solo país y no tienen en cuenta la dinámica transfronteriza, como los movimientos de capitales y divisas. Por ejemplo, si los mercados se asustan por el bajo crecimiento de un país, algunas empresas podrían trasladar su capital al extranjero, lo que podría afectar negativamente a la moneda del país de origen y aumentar los costes de los préstamos. Condiciones como éstas plantearon graves problemas financieros a Argentina en 2001 y a Grecia en 2010. Es necesario considerar la cooperación internacional para un control fronterizo más estricto de los movimientos de capital y modelizar sus efectos.
Financiar los servicios públicos
Se necesitarán nuevas formas de financiación para financiar los servicios públicos sin crecimiento. Los gobiernos deben poner fin a las subvenciones a la extracción de combustibles fósiles. Deben gravar las industrias perjudiciales para el medio ambiente, como el transporte aéreo y la producción de carne. Los impuestos sobre el patrimonio también pueden utilizarse para aumentar los recursos públicos y reducir la desigualdad.
Los gobiernos que emiten su propia moneda pueden utilizar este poder para financiar objetivos sociales y ecológicos. Este enfoque se utilizó para rescatar a los bancos tras la crisis financiera mundial de 2007-8 y para pagar planes de rescate y hospitales durante la pandemia del COVID-195.
Hay que gestionar los riesgos inflacionistas, si el aumento de la demanda supera la capacidad productiva de la economía. Destinar divisas a los servicios públicos reduce la inflación del coste de la vida. Pero una estrategia de decrecimiento también puede reducir la demanda de bienes materiales, por ejemplo mediante una fiscalidad progresiva, fomentando el consumo compartido y colaborativo, incentivando la renovación y la reparación, y apoyando los servicios comunitarios.
Otro riesgo es que cuando los Estados o los bancos centrales emiten moneda, puede aumentar el pago del servicio de la deuda pública. La investigación sugiere que la gestión de este riesgo requiere una cuidadosa coordinación de la política fiscal (cuánto gravan y gastan los gobiernos) y la política monetaria (cómo se mantiene la estabilidad de los precios)6 . Se necesitan modelos e investigaciones empíricas que arrojen luz sobre los pros y los contras de los mecanismos innovadores de política monetaria, como el «sistema de reservas diferenciadas», que reduce el tipo de interés de la deuda pública.
Gestionar la reducción de la jornada laboral
Los ensayos de reducción de la jornada laboral han arrojado en general resultados positivos. Entre ellos, menos estrés y agotamiento y mejor descanso entre los empleados, al tiempo que se mantiene la productividad7. La mayoría de los ensayos se han centrado en el sector público, principalmente en el norte de Europa. Pero empresas privadas de Norteamérica, Europa y Australasia han realizado ensayos de semanas de cuatro días, con resultados similares8. Sin embargo, las empresas se autoseleccionaron, y es necesario investigar si este enfoque puede tener éxito en un ámbito más amplio, por ejemplo fuera de las industrias de cuello blanco que dominan los ensayos.
La Society for Community Organization informa sobre una encuesta realizada a jóvenes hongkoneses con bajos ingresos para que se »tumbaran».
Es necesario comprender y abordar los obstáculos a la aplicación de la reducción de jornada. Los costes de personal per cápita, como la limitación de las cotizaciones fiscales y el seguro médico, hacen que a los empresarios les resulte más caro aumentar la plantilla. El endeudamiento personal podría animar a los empleados a trabajar más horas, aunque ensayos recientes no han demostrado nada en este sentido7,8.
La comprensión de las repercusiones colectivas también es limitada. Los resultados de los experimentos franceses con una semana laboral de 35 horas han sido desiguales: aunque muchas personas se beneficiaron, algunos trabajadores peor pagados y menos cualificados experimentaron un estancamiento salarial y un trabajo más intenso9. Estas presiones deben estudiarse y abordarse. La hipótesis de que la reducción de horas se traduce en más empleo debe ponerse a prueba en diferentes sectores y contextos. Pruebas recientes sugieren que los trabajadores pueden mantener la productividad reorganizando su trabajo7,8.
También es necesario establecer vínculos entre las horas de trabajo y las emisiones de carbono10. Aunque un menor número de desplazamientos reduce el consumo de energía y las emisiones de carbono durante las semanas de trabajo comprimido, los comportamientos durante los fines de semana de tres días siguen sin explorarse. Más desplazamientos o compras durante el tiempo libre podrían aumentar las emisiones, pero estos efectos podrían mitigarse si se reduce la producción en los sectores problemáticos.
Reformar los sistemas de abastecimiento
Ningún país satisface actualmente las necesidades básicas de sus habitantes de forma sostenible1. Las economías prósperas utilizan más recursos de los que les corresponden2 , mientras que los países de renta baja probablemente necesiten utilizar más. Los investigadores deben estudiar cómo los sistemas de aprovisionamiento vinculan el uso de los recursos con los resultados sociales, tanto para los sistemas físicos (infraestructuras y tecnología) como para los sociales (gobiernos y mercados).
Los estudios ascendentes sugieren que unos mejores sistemas de abastecimiento podrían proporcionar un nivel de vida digno con un consumo de energía mucho menor que el actual11. Estos estudios no tienen plenamente en cuenta instituciones como el Estado, y es probable que sean subestimaciones. Los estudios descendentes, que sí tienen en cuenta estas instituciones, sugieren que se necesita más energía para satisfacer las necesidades humanas12. Pero estos estudios no son capaces de separar el consumo derrochador, como los coches grandes o los yates, y por tanto es probable que sean sobreestimaciones.
Los investigadores deben conciliar estos enfoques y tener en cuenta otros recursos además de la energía, como los materiales, la tierra y el agua. Deben examinar los sistemas de suministro de vivienda, transporte, comunicación, sanidad, educación y alimentación. ¿Qué cambios sociales e institucionales mejorarían el aprovisionamiento? ¿Qué tipos de aprovisionamiento tienen los resultados sociales y medioambientales más beneficiosos? Esta investigación puede llevarse a cabo mediante la observación empírica y la modelización.
Tomemos el ejemplo de la vivienda. En muchas partes del mundo, los mercados inmobiliarios están al servicio de promotores, propietarios y financieros. Esto contribuye a la segregación y la desigualdad, y puede expulsar a los trabajadores del centro de las ciudades para que dependan del coche, lo que aumenta las emisiones de combustibles fósiles. Los enfoques alternativos incluyen la vivienda pública o cooperativa, y un sistema financiero que dé prioridad a la vivienda como una necesidad básica y no como una oportunidad para obtener beneficios.
Viabilidad política y oposición
El crecimiento suele considerarse un árbitro del éxito político. Pocos líderes se atreven a cuestionar el crecimiento del PIB. Pero la actitud de la opinión pública está cambiando. Las encuestas en Europa muestran que la mayoría de la gente prioriza el bienestar y los objetivos ecológicos sobre el crecimiento (véase go.nature.com/3ugg8kt). Los sondeos en Estados Unidos y el Reino Unido apoyan la garantía del empleo y la reducción de la jornada laboral (go.nature.com/3uyhdjv y go.nature.com/3y8ujz5). El gran número de trabajadores que han abandonado sus puestos de trabajo en movimientos como la Gran Dimisión estadounidense o los grupos de protesta Lying Flat en China demuestran que existe una demanda de jornadas laborales más cortas y de un trabajo más humano y significativo. Sin embargo, los partidos políticos que han propuesto ideas de decrecimiento han recibido un apoyo limitado en las elecciones. De ahí la pregunta: ¿de dónde vendría el impulso para una política de decrecimiento?
Los movimientos sociales y el cambio cultural que se gestan bajo la superficie suelen preceder y catalizar la transformación política. Los científicos sociales deberían examinar cuatro áreas. En primer lugar, deben identificar las actitudes y prácticas cambiantes mediante encuestas y grupos de discusión.
En segundo lugar, deben aprender de las «ciudades de transición» sostenibles, las cooperativas, los proyectos de covivienda u otras formaciones sociales que dan prioridad a los modos de vida posteriores al crecimiento. Las experiencias de países que han tenido que adaptarse a condiciones de bajo crecimiento -como Cuba tras la caída de la Unión Soviética, y Japón- también ofrecen lecciones.
En tercer lugar, los investigadores deberían estudiar los movimientos políticos alineados con los valores del decrecimiento: desde La Vía Campesina, el movimiento internacional de campesinos que defiende la soberanía alimentaria y los métodos agroecológicos, hasta los movimientos y gobiernos municipalistas y comunalistas de ciudades progresistas como Barcelona o Zagreb, que promueven políticas a favor de la justicia social y los bienes comunes. Es necesario comprender mejor los obstáculos a los que se enfrentan los gobiernos que tienen ambiciones ecológicas, como los elegidos este año en Chile y Colombia.
En cuarto lugar, es necesario comprender mejor los intereses políticos y económicos que pueden oponerse o apoyar el decrecimiento. Por ejemplo, ¿cómo se organizan, a escala nacional e internacional, los grupos de reflexión, las empresas, los grupos de presión y los partidos políticos que trabajan para apoyar los intereses de las élites, con el fin de echar por tierra las políticas económicas y sociales progresistas? El papel de los medios de comunicación en la formación de actitudes favorables al crecimiento sigue siendo poco explorado. Dados los vínculos entre el crecimiento económico y el poder geopolítico, es posible que las naciones individuales se muestren reacias a actuar solas, por miedo a enfrentarse a una desventaja competitiva, a la fuga de capitales o al aislamiento internacional. Este problema de ser el primero en actuar plantea la cuestión de si los países de renta alta podrían cooperar para lograr una transición hacia el decrecimiento, y en qué condiciones.
¿Y ahora qué?
La actuación de los gobiernos es crucial. Se trata de un reto, porque los que están en el poder tienen ideologías arraigadas en la economía neoclásica dominante, y tienden a tener una exposición limitada a los investigadores que exploran la economía desde otros ángulos. Se necesitará espacio político para debatir y comprender alternativas, y para desarrollar respuestas políticas. Entre los foros que trabajan en este sentido se encuentran la Alianza para una Economía del Bienestar, el movimiento Crecimiento en Transición de Austria, la iniciativa de la Conferencia Postcrecimiento del Parlamento Europeo y el Grupo Parlamentario de Todos los Partidos sobre los Límites del Crecimiento del Reino Unido.
Se necesitan movimientos sociales fuertes. Las formas de toma de decisiones descentralizadas, a pequeña escala y directas, como las asambleas de ciudadanos, ayudarían a poner de relieve la opinión pública sobre unas economías más equitativas13.
Abordar la cuestión de cómo prosperar sin crecimiento exigirá una movilización masiva de investigadores de todas las disciplinas, incluidos economistas de mentalidad abierta, científicos sociales y políticos, modelizadores y estadísticos. La investigación sobre el decrecimiento y la economía ecológica necesita más financiación, para aumentar la capacidad de abordar las cuestiones necesarias. Y la agenda necesita atención y debate en los principales foros económicos, medioambientales y climáticos, como las conferencias de las Naciones Unidas.
Un editorial de esta revista de marzo de 2022 afirmaba que ya es hora de ir más allá del debate entre «límites al crecimiento» y «crecimiento verde». Estamos de acuerdo. En nuestra opinión, la cuestión ya no es si el crecimiento encontrará límites, sino cómo podemos hacer que las sociedades prosperen sin crecimiento, para garantizar un futuro justo y ecológico. Allanemos el camino.
References
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Haraldsson, G. D. & Kellam, J. Going Public: Iceland’s Journey to a Shorter Working Week (Alda & Autonomy, 2021).
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Asara, V., Profumi, E. & Kallis, G. Environ. Values 22, 217–239 (2013).
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
3.Perú
Siguen las movilizaciones, con siete víctimas mortales ya, y alguna novedad en el ámbito internacional: México, Argentina, Colombia y Bolivia llaman a la protección de los DDHH del “Presidente Pedro Castillo”, instando a que se respete lo votado sin “revertir la voluntad popular”. El comunicado no hace ninguna referencia a Boluarte como presidenta.https://twitter.
Una tuitera de la que a veces os paso algo que vive en China, ha creado esta ‘lista’ de Twitter con informaciones sobre los acontecimientos. Una lista es un grupo de cuentas seleccionadas sobre un tema determinado.https://twitter.com/i/lists/
Comentarios de José Luis Martín Ramos:
I. Para hoy está convocado un paro nacional por parte de las organizaciones campesinas y provinciales que apoyaron a Pedro Castillo. Se les han sumado Perú Libre y no sé si otros partidos de la que fue mayoría electoral (no me atrevo a decir «coalición de gobierno»), espero que los dos pc’s; también grupos minoritario del pasado, como el de Antauro Humala. Héctor Béjar, entrevistado por telesur, dice que se trata de una sublevación popular, desde abajo. Veremos cuánto da de sí la prueba de hoy. Boluarte es la usurpadora, para izquierdas y para derechas, y ha formado un gobierno extraño de «técnicos» muchos de ellos vinculados a antiguas candidaturas de centro-derecha.
II. En noviembre de 2020 la movilización popular consiguió la renuncia de Manuel Merino, que desde la presidencia del Congreso había asumido la de la República. Después de cinco días de movilizaciones, la muerte de dos manifestantes le obligó a dimitir y a que se iniciara el proceso de nuevas elecciones en las que triunfó Pedro Castillo en 2021. Esa victoria del pueblo sobre «el congreso», dominado por la derecha, es lo que alarma a unos y alienta a otros en la crisis de estos días.
El político de centro-derecha al que aludía en mi nota anterior es Pedro Pablo Kuczynski, que fue presidente entre 2016 y 2018 y tuvo que dimitir por corrupción y sobornos.
4. De aquellos polvos…
Hilo muy interesante de «Yurii Kazakov» resumiendo una entrevista a una escritora ucraniana de Transcarpatia. Si lo que dice es cierto, no hay duda de que el golpe de 2014 supuso un cambio radical de la situación. A peor.
(1) Entrevista a P. Gabriella Lőrincz, poetisa húngara de Transcarpatia (Ucrania), nacida en 1982 en Béregovo (Berehovo, Beregszász en húngaro), aunque ahora vive en Hungría. Premio István Bella de poesía, 2022. Hago un resumen porque no tengo tiempo para todo.
2) Sobre la URSS: «Tengo muy buenos recuerdos. No había mendigos, no había gente sin hogar. (…)Todos tenían trabajo y sueldo, aunque fuera modesto. Mis recuerdos de niñez son positivos hasta que cayó la URSS. La enseñanza era gratuita, también la superior.
(3) Cuando empecé la escuela fui octobrista (por la revolución de octubre), el equivalente a los tamborileros (kisdobos) en Hungría pero no llegué a ser pionera porque para entonces todo se vino abajo. (…) Lo que pasó después fue horrible.
(4) El periodista le pregunta por el tratamiento a las minorías húngaras en la URSS: En nuestra calle solo vivían húngaros. Había periódicos húngaros, veíamos la tele húngara. Nunca me sentí discriminada por ser húngara. Me enseñaron muy bien el ruso.
(5) Y desde 1994 empezó a suceder que no pagaban los sueldos, que el dinero perdía su valor. Crearon una moneda sin base, pintada con acuarelas, que si le caía agua, se le borraban las letras. Surgió el desempleo, desaparecieron las fábricas.
(6) Entonces es cuando surgieron todo tipo de negocios sucios, p.ej. con el tabaco barato, etc. En muchas zonas de la periferia y las aldeas la gente dejó de tener animales de granja, no podían mantenerlos. Solo a comienzos de la década del 2010 la cosa empezó a mejorar un poco.
(7) Sobre la situación de las minorías húngaras en la Ucrania postsoviética: dice que al principio no hubo grandes cambios, hasta que llegó 2014. Transcarpatia es un crisol de pueblos: judíos, ucranianos, polacos, eslovacos, rumanos, gitanos (además de húngaros).
(8) Pero en el 2014 cambia todo radicalmente. Las nuevas autoridades atacaron no solo a los rusos, sino también al resto de las minorías, también a los húngaros, a nuestra propia lengua húngara.
(9) Le preguntan cómo cambio todo en 2014: ella dice que radicalmente. Recuerda que vivía en un edificio de 8 plantas y un día el vecino le escupió y le llamo «puta húngara». Nunca antes le había pasado algo así. Hubo que quitar banderas e inscripciones en húngaro de muchos sitios
(10) Atacaron muchos monumentos vinculados a los húngaros o a Hungría (el monumento al poeta Petőfi, el que hay en el paso de Verecke, en recuerdo de la llegada de los húngaros a Europa Central, que se hizo, en gran parte, por ese paso). Por supuesto que a muchos eso (…)
(11) no les molestaba, pero a ella sí. Dice que su familia es mixta, multiétnica, aunque con conciencia nacional húngara y para ellos todo eso era muy raro (tenía parientes sículos -una etnia húngara- y rutenos).
(12) Reconoce que también ella se radicalizó al principio porque quería responder al radicalismo con su mismas formas. El problema es que no solo era el gobierno el que los atacaba, sino también algunas persona de la zona. Dice que cuando empezaron los ataques incendiarios(…)
(13) fue aterrador (quemaban banderas húngaras en las calles, p.ej.). Sobre sus razones para mudarse a Hungría: No se sentía bien por los ataques a su propia indentidad húngara, temía por sus hijos.Cuenta que cuando aprobaron en el 2017 la ley lingüística y de educación
(14) que suprime las lenguas de las minorías en la enseñanza ucraniana, ella estaba en Transilvania de viaje y escuchó la noticia de camino, no podía creerlo. Y luego, cuenta, no hicieron más que suprimir todo tipo de derechos que hasta entonces habían tenido las minorías.
(15) Le preguntan sobre los efectos de esas leyes en Transcarpatia: No pudieron aplicarla de inmediato porque era imposible hacerlo. Había escuelas donde la enseñanza se hacía en húngaro, que tuvieron que pasar al ucraniano. Quitaron carteles en húngaro, prohibieron hablar(…)
(16) en la administración en húngaro. Y poco a poco fueron incluyendo nuevas medidas, como p.ej. que en una tienda, un vendedor húngaro no pudiera hablar en húngaro con un cliente también húngaro. Y si lo hacían, la cosa podía acabar con la policía presentándose.
(17) Han limitado el uso del húngaro al ámbito familiar privado y al religioso. Cuenta que en 2020 no pudo dar una conferencia porque obligaban a tener intérprete al ucraniano (imagináos la escena, va a un acto cultural de la minoría húngara, donde todo quisque habla húngaro,
(18) pero obligan a que tenga que haber intérpretes al ucraniano). Le preguntan por las razones de este comportamiento: dice que lo hacen con la excusa de unificar Ucrania, pero ella tiene libro de familia soviético, su abuela era checoslovaca (de ciudadanía) y sus hijos (…)
(19) son ucranianos. Y su bisabuelo, húngaro. Dice que hasta ahora podías indicar en los lugares adecuados si uno era de nacionalidad húngara, ahora ya no, solo hay una la ucraniana, y no hay minorías. Ni la húngara, ni la rusa, ni la rusina.
(20) De hecho, a los rusinos ni los reconocen como pueblo aparte. Luego el periodista hace un comentario que me parece importante, así que lo escribo: en 2016 visitó la región y estuvo en Béregovo en una velada literaria, y luego, ya en un bar, uno de los locales le dijo que
(21) allí, en Transcarpatia, todos esperaban ya que vinieran los rusos. Dice que él mismo no se lo tomó en serio (supongo que entre cerveza y cerveza y uno lo toma por charla de bar).
(22) Ella dice que por supuesto que había muchos que pensaban así, aunque lo de «todos» es un poco exagerado. Y explica que no es que quisieran que llegaran los rusos, sino que estaban hartos ya del nacionalismo ucraniano.
(23) Le preguntan por la experiencia de mudarse a otro país (aunque sea Hungría; supongo que se habrá mudado hace poco): cuenta que siempre tenía problemas en la frontera y que tenía mucho miedo por uno de sus hijos (el otro tiene problemas físicos), y no quería que lo (…)
(24) llamaran a filas. Ya estaban llevando al frente a los chavales de su edad. Dice que si se hubieran quedado, quizás su hijo ya no estaría vivo. Os pongo otra foto que aparece en el artículo.
(25) Y ojo, no está hablando de la guerra «actual», sino de la del 2014 (porque ellos se mudaron antes). Bueno, lo dejo aquí, el enlace con la entrevista (un medio conservador húngaro, no les tiene que haber sentado muy bien lo que ha dicho de la URSS): https://mandiner.hu/cikk/lorincz_p_gabriella_
5. Siete balas.
Esta cría palestina de 16 años subió al terrado de su casa en Jenín a buscar a su gato. Un francotirador israelí le metió siete tiros. https://twitter.com/
Ahora su gato da vueltas por el terrado buscándola a ella: https://twitter.com/
6. Sabotaje ecologista
El sábado 10 de diciembre, 200 personas invadieron y desmantelaron la planta cementera de Lafarge en La Malle, Bouc-Bel-Air, cerca de Marsella .
Los activistas sabotearon la infraestructura de la incineradora, desmontaron las paletas de cemento e inutilizaron las máquinas.
https://twitter.com/ (hilo en francés)
Como he leído por ahí, nadie como los franceses para la propaganda política en las paredes. Esto es lo que dejaron escrito tras la acción:
7. Nuevo libro de Ted Trainer
Ted Trainer, el autor de La vía de la simplicidad, ha publicado un nuevo libro, que se puede descargar gratuitamente, y Manuel Casal lo ha resumido en este artículo de 15-15-15.
Por qué deberíamos deshacernos del Capitalismo
(El presente artículo resume las tesis del nuevo libro del autor, Capitalism: Why We Should Scrap It, 170 páginas, disponible en descarga gratuita desde su web. Traducción: Manuel Casal Lodeiro.)
Mi nuevo libro Capitalism: Why We Should Scrap It ofrece una discusión crítica bastante breve pero detallada de la naturaleza de nuestro sistema económico, que podríamos denominar como básicamente capitalista, de sus fallos, de las razones por las que no sólo no resulta satisfactorio sino que está llevando a un desmoronamiento global, así como de la alternativa por la que debemos trabajar y del modo de lograrla.
El libro está escrito para la gente común y especialmente para las y los estudiantes. En él no me dedico a despotricar contra el capitalismo, sino que es un intento tranquilo y razonado de ayudar a la gente que se preocupa seriamente a ver las razones por las cuales este sistema económico es profundamente defectuoso y necesitamos reemplazarlo.
Los niveles de producción y consumo per capita el mundo rico puede que sean en la actualidad unas 10 veces los que se serían compatibles con un mundo sostenible y justo. Y aun así, la economía capitalista es un sistema dirigido al crecimiento: debe generar un continuo incremento en el volumen de producción, consumo y PIB. Actualmente existe un movimiento internacional por el Decrecimiento que reconoce que esto no sólo es absurdo, sino también suicida. Está causando todos nuestros principales problemas a escala planetaria, incluyendo el agotamiento de recursos, el daño al medioambiente, las guerras por los recursos, la desigualdad, la privación de miles de millones de personas del llamado Tercer Mundo, así como el estrés, la depresión y la pérdida de cohesión social en los países enriquecidos.
El Capitalismo es, así mismo, un sistema que permite que las fuerzas del mercado sean las que determinen todo lo que sucede. Les proporciona a los pocos que poseen la mayoría del capital la libertad de perseguir los máximos beneficios en el mercado. Lo que las industrias desarrollan y los bienes que se producen va a ser siempre aquello que más les enriquezca. Pero las fuerzas de mercado siempre atienden de manera prioritaria la demanda de los más ricos e ignoran las necesidades del resto de nosotros. Las industrias que se crean son las que van a dar un mayor beneficio, no las que más necesitamos, y los productos irán a la gente más rica simplemente porque pueden pagar más por ellos. Esto explica la mayor parte de lo que anda mal en el mundo.
Un resultado inevitable de esto es una desigualdad que no para de aumentar. Otro es el aumento del poder de la clase que posee el capital para conseguir que los gobiernos hagan lo que sea mejor para el capital. La prioridad número uno de los gobiernos es «hacer que la economía siga funcionando», lo que significa ayudar a que el capital haga más negocios suculentos.
Ted Trainer en un fotograma de una entrevista en vídeo realizada en 2017 por María Rúa.Los primeros capítulos del libro detallan estos y otros muchos asuntos, ilustrando los efectos principalmente referidos a la evidencia de la economía australiana, pero con implicaciones aplicables a la situación mundial. El capítulo 4 trata sobre los impactos en la calidad de vida. Trabajamos demasiado, realmente demasiado, tenemos que luchar por aguantar, sufrimos inseguridad y nos vemos obligados a competir como individuos aislados. Los valores positivos como la cooperación o el cuidado son expulsados, y los lazos sociales se debilitan. No es ninguna sorpresa, así, que la depresión sea probablemente nuestro mayor problema de salud en la actualidad.
El capítulo 6 traza las líneas generales de la situación en la que el Capitalismo ha metido al Tercer Mundo, al haber enganchado sus economías al servicio del beneficio del mundo rico. Unos niveles imposibles de deuda permiten que el FMI fuerce a los países empobrecidos a incrementar la libertad de acceso por parte de las empresas y bancos del mundo enriquecido, con el pretexto de que esto «hará funcionar la economía» y que entonces «se filtrará la riqueza hacia abajo». La mano de obra y los recursos del país se ponen al servicio de la exportación, los pagos de la deuda dejan a los gobiernos incapacitados para asistir a los pobres, los países deben competir entre sí para exportar mercancías manteniendo así precios bajos para los países enriquecidos, etc. Billones de dólares en riqueza se trasfieren de los países pobres a los ricos cada años, principalmente a través de unos salarios bajísimos en la producción de nuestras importaciones. Esto es el resultado cuando la forma de desarrollo que se concibe es solamente el desarrollo capitalista, no el desarrollo de lo que la gente necesita. Están atrapados en un sistema capitalista en el que el desarrollo consiste en un proceso de pillaje legalizado.
El capítulo 7 documenta la desastrosa situación en los EE. UU., casi al fondo de la lista de los países ricos en prácticamente todos los índices de bienestar social y calidad de vida. Y esto es debido a que la clase capitalista se ha apoderado del país. Como sentenciera Warren Buffet, «Esto es una guerra de clases, y mi clase ha ganado».
El capítulo 8 explica que el capitalismo nos está llevando de manera inevitable hacia el colapso catastrófico de la economía mundial, de los sistemas biofísicos y de los sociales. Muchos analistas ya lo están diciendo. Solamente la montaña de deuda por sí sola, debida al reciente advenimiento de la financiarización, indica que ese será el resultado, aunque hay otros varios factores causales, incluyendo la progresiva escasez de recursos, los conflictos por dichos recursos, el aumento de los costes de la vida y de los insumos industriales, por no hablar del daño ecológico. Y sobre todo esto sobrevuela una creciente rabia y confusión de las masas desposeídas que alimentan la disidencia, la rebelión y el apoyo a gobiernos autoritarios y al fascismo.
No podemos ni evitar ni remediar estas consecuencias y trayectorias. El Capitalismo no se puede reformar para que no las produzca. Son efectos directos de un sistema socioeconómico que permite que su rumbo sea marcado por la minoría que posee la mayor parte del capital, con el objetivo de hacer todo el dinero que puedan. ¿Por qué motivo deberíamos esperar que semejante arreglo resultase beneficioso para toda la gente? Sin embargo, la ideología capitalista es tan poderosa que impide tomar conciencia crítica de la situación.
Defiendo en el capítulo 8 que esta sociedad es incapaz de resolver los grandes problemas y que no podemos evitar que llegue una época de enormes dificultades. Estos problemas son de una magnitud y un horror demasiado grandes, el tiempo que queda es demasiado escaso, la clase capitalista está demasiado atrincherada, las élites y los gobiernos están convencidos de que la solución consiste en más crecimiento, y pocas personas comprenden que la causa fundamental de este callejón sin salida tiene que ver con el sobreconsumo y la producción de misera que genera la economía capitalista. Entonces ¿cómo podríamos reemplazar el Capitalismo? El último capítulo ofrece una respuesta.
El capítulo 9 ofrece una crítica de la teoría económica convencional y de los economistas que la practican y la enseñan.
Este análisis de la naturaleza del Capitalismo nos deja sólo con una forma general que podría tomar una sociedad sostenible y justa. Puede que les encante oír que no es el Socialismo pero será una sorpresa, seguramente, cuando sepan que es (una forma de) el Anarquismo.
Edición española de ‘La vía de la simplicidad’, de Ted Trainer (Trotta, 2017)En el capítulo 10 sostengo que los mencionados niveles de consumo de recursos y el daño ecológico sólo se pueden reducir en un grado suficiente, y sólo se pueden eliminar los problemas sociales [que acarrea el Capitalismo], mediante una transición a la denominada Vía de la Simplicidad [The Simpler Way]. Lo que dicha vía implica es básicamente comunidades cooperativas autogobernadas, pequeñas y muy autosuficientes, que controlen sus economías locales y abracen estilos de vida y sistemas mucho más simples. Los pueblos y suburbios estarían enfocados a dirigir sus suministros locales, su producción local y los sistemas de mantenimiento por medio de comités, asambleas municipales y hacenderas [working bees], en el seno de economías bajo su control, sin crecimiento y dirigidas por las necesidades, no por las fuerzas del mercado ni el beneficio. Pueden seguir existiendo (pequeñas) ciudades, y la propiedad privada de pequeños negocios y granjas familiares (bajo unas estrictas directrices sociales). Podría haber un incremento en cosas como las universidades, la medicina de alta tecnología o un I+D socialmente útil.
Esta visión difiere la imagen típica socialista de una sociedad poscapitalista, principalmente en que no implica una centralización fuerte ni un rol importante para un Estado potente. De lo que trata es de comunidades que toman el control de sus asuntos locales por medio de un autogobierno muy participativo que implique a la ciudadanía consciente en las asambleas municipales, en los comités y en las hacenderas. Consiste en una visión anarquista, centrada en la cooperación, la participación, la inclusividad, la eliminación de la dominación y la priorización del bienestar de todas y todos. Habría aún algunas funciones que estarían mejor coordinadas de un modo centralizado pero todas las decisiones políticas deberían ser determinadas al nivel de los gobiernos locales.
Esta manera de organizarnos sería fácil de lograr… si deseásemos hacerlo, y nos permitiría tener una calidad de vida mucho mejor que la que tienen la mayoría de las personas hoy día en los países ricos. Puede que tuviéramos que trabajar a cambio de dinero apenas un par de días a la semana. Tendríamos la seguridad que nos daría una comunidad basada en el apoyo mutuo, la cooperación y los cuidados muy consciente de que el bienestar de cada persona depende de lo bien que cuide el pueblo de sus ciudadanos y de sus sistemas. Hoy en día ya hay mucha gente que vive de este modo, en las ecoaldeas y en las Localidades en Transición, y que disfrutan de vidas seguras y de gran calidad. Está creciendo rápidamente la conciencia social de que este es el camino más razonable que debería seguir la Humanidad, y mucha gente por todo el mundo ha estado ya construyendo sistemas de este tipo: p.ej. los curdos de Rojava, la Cooperativa Integral Catalana, los zapatistas o los movimientos Ubuntu, Satyagraha y de la Vía Campesina.
El último capítulo incluye consideraciones acerca de la manera en que se puede hacer la transición. Las reformas como las propuestas por los defensores del Green New Deal no pueden resolver los problemas. Los cambios necesarios van más allá de la sustitución de la economía capitalista: deben incluir cambios enormes en la ordenación del territorio, el urbanismo, los sistemas políticos y, sobre todo, en la cultura, es decir, en las ideas, valores y en las disposiciones de la gente. El factor principal debe ser la aceptación voluntaria de estilos de vida y sistemas más simples desde el punto de vista material.
Las estrategias socialistas no pueden lograr la alternativa necesaria, porque no esta no pasa por un control centralizado ni puede ser desarrollada haciéndose con el Estado. Esta revolución debe ser, en esencia, una revolución cultural, guiada por la aceptación de buena gana de unas ideas radicalmente nuevas y de unos valores que contradicen los que mueven la sociedad capitalista.
Nuestra sociedad actual es incapaz de realizar la transición de manera deliberada y racional por medio de sus instituciones parlamentarias o de otro tipo. El Capitalismo y la obsesión con la riqueza y el crecimiento están tan profundamente incrustadas que estamos atrapados en un descenso hacia una época, posiblemente terminal, de gran zozobra. En ella veremos las contradicciones del Capitalismo llevarlo a su autodestrucción, lo que podría llevarse a la civilización por delante, junto con las vidas de miles de millones de personas. Pero también hará posible el surgimiento de vías más sostenibles y justas, y empujará a la gente en esta dirección a medida que sus circunstancias de vayan deteriorando.
Dedico la sección final del libro a argumentar que la mejor manera de contribuir a la transición es, como se dice en el Anarquismo, prefigurar las nuevas vías que van a sustituir al Capitalismo. Es decir, crear aquí y ahora algunos de los sistemas y procesos alternativos que queremos que sean la norma en la nueva sociedad. Esto es muy diferente de la estrategia socialista de trabajar para alcanzar el poder en el Estado. Pero el Estado no puede poner en práctica La Vía de la Simplicidad, esto es, establecer y dirigir un número enorme de comunidades pequeñas, autosuficientes y autogobernadas. Y, lo que es más importante, no puede existir un movimiento hacia su construcción a menos que primero haya habido una adopción de las ideas y valores asociados. El cambio cultural es el factor crucial, y la prefiguración es el mejor modo de presentar y extender la comprensión de que (a) nos debemos deshacer del Capitalismo y (b) la alternativa debe basarse en comunidades locales, autosuficientes, autogobernadas, cooperativas y frugales. Pero el mero hecho de poner en marcha más huertas, cooperativas o incluso comunidades enteras no servirá de mucho a menos que las utilizemos como mecanismos para aumentar la concienciación sobre estos dos grandes temas.
Abordarlo de esta manera abre la posibilidad de que la transición sea pacífica y de que podamos disfrutar aquí y ahora aspectos de la nueva sociedad a medida que vamos contribuyendo a su surgimiento. Sólo si esta primera etapa del cambio cultural se logra, podremos proseguir para hacer los cambios estructurales que también requiere una sociedad poscapitalista sostenible y justa. Si las nuevas ideas se popularizasen, entonces los grandes cambios estructurales serían fáciles y, llegados a ese punto, el cambio cultural producido se percibiría como el triunfo de la revolución.
Carmen Pena Espiño.
8.Más trabajos de jardinería.
La matanza de Batang Kali. Las tropas británicas -escocesas, para ser más exacto-, en lucha con la insurgencia comunista en Malasia en 1948, detuvieron y ejecutaron a 24 campesinos. Retrospectivamente, los ingleses aprobaron una ley, la Regulation 27A, para «permitir el uso de armas letales» contra quienes «se resistiesen a un arresto» -cosa que los campesinos no habían hecho, por cierto.
https://en.wikipedia.org/ La imagen de International Magazine supongo que es ilustrativa, no se corresponde a los hechos.
9. Prisca sapientia.
Sabía lo de los ingleses, la lima con ginebra para evitar el escorbuto y demás. Lo que no sabía es que en los galeones españoles que venían a Manila practicaban algo mejor un par de siglos antes. Un hilo curioso de Cateter Doble, sobre todo la segunda parte, que es la que desconocía: https://twitter.com/