Miscelánea 14/02/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Las relaciones de Hamás con Rusia.
2. El petróleo del Golfo y China.
3. El partido de Wagenknecht visto desde Die Linke.
4. Resumen de la guerra en Palestina, 13 de febrero.
5. Los alemanes no aprenden nunca.
6. El último refugio.
7. La opinión de Bhadrakumar sobre la entrevista a Putin.
8. Agroindustriales.
9. Palestina como lucha clave contra el imperialismo.
10. Una sugerencia de José Luis Martín Ramos.

1. Las relaciones de Hamás con Rusia

A pesar de la tradicional amistad y cooperación Rusia-Israel, en este caso parece cumplirse lo de «los enemigos de mis enemigos son mis amigos». Aunque sea circunstancialmente. https://thecradle.co/articles/

Rusia y Hamás: una alianza estratégica de conveniencia
Hamás ha pedido a Moscú que actúe como garante de un alto el fuego en Gaza. Los crecientes lazos de Rusia con los actores de la resistencia de Asia Occidental no deberían sorprender; en el contexto del enfrentamiento mundial por el poder, comparten enemigos comunes.
Mohamad Hasan Sweidan 13 DE FEBRERO DE 2024
En los últimos años, los crecientes vínculos de Rusia con el movimiento de resistencia palestino Hamás han contribuido a engrosar la creciente lista de asuntos que enturbian las relaciones entre Moscú y Tel Aviv. Tras la visita de Hamás a Moscú el 27 de octubre a raíz de la operación Inundación de Al-Aqsa, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel declaró que el viaje «envía un mensaje de legitimación del terrorismo contra los israelíes». Sin embargo, funcionarios de Hamás han seguido acudiendo a la capital rusa, la última vez a finales de enero.
La postura rusa en la guerra de Gaza
Desde el inicio del brutal asalto militar israelí contra Gaza, la postura oficial de Rusia se ha acercado más a la postura palestina, lo que se ha puesto de manifiesto en las diversas actividades de Moscú en el Consejo de Seguridad de la ONU: llamamiento al alto el fuego, declaraciones de funcionarios rusos criticando la criminalidad israelí, repetidas reuniones con Hamás en Moscú y la atención de los medios de comunicación oficiales del país a la violación de los derechos humanos en la Franja de Gaza.
A pesar de la naturaleza de colaboración a largo plazo de las relaciones ruso-israelíes, la guerra de Ucrania ha reajustado significativamente los cálculos geopolíticos de Moscú. En la actualidad, Rusia ve la guerra de Gaza y sus implicaciones regionales desde la perspectiva de su competencia con Estados Unidos y, por tanto, considera a Israel una herramienta crítica de la influencia estadounidense en Asia Occidental. Los dirigentes rusos consideran que el conflicto actual es tanto una batalla de Washington como de Tel Aviv: un Israel debilitado significaría una mayor desintegración de la proyección de poder estadounidense desde el Levante hasta el Golfo Pérsico, un objetivo estratégico ruso.
Aunque Tel Aviv y Moscú siguen manteniendo intereses comunes de valor para ambos, es la competencia estratégica ruso-estadounidense la que actualmente tiene más peso en la toma de decisiones del Kremlin.
Esto puede verse en una oleada de duras declaraciones rusas criticando el papel de Washington en la prolongación y exacerbación de la guerra de Gaza. El presidente ruso, Vladimir Putin, expresó el sentir de la mayoría de los occidentales cuando declaró: «Mucha gente estaría de acuerdo en que éste es un vivo ejemplo del fracaso de la política estadounidense en Oriente Medio». Su Viceministro de Asuntos Exteriores, Sergey Ryabkov, fue más allá: “Estados Unidos es el principal responsable de esta crisis dramática y peligrosa, ya que durante muchos años ha intentado monopolizar el proceso de solución e ignorar las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad, y ahora ha obstruido los esfuerzos para alcanzar una solución adecuada.”
No cabe duda de que los acontecimientos de los dos últimos años en Ucrania desempeñaron un papel importante a la hora de calibrar la respuesta rusa a Gaza. Durante su reciente entrevista con el periodista estadounidense Tucker Carlson, Putin dedicó un tiempo desmesurado a desentrañar el contexto histórico de la existencia de Ucrania como Estado, antes de declarar audazmente: «Ucrania es un Estado artificial creado a voluntad de Stalin y no existía antes de 1922».
Por supuesto, el presidente ruso entiende que su invocación de la débil justificación histórica de Ucrania como Estado le permite adoptar el mismo enfoque rico en contexto cuando discute conflictos prolongados en otras regiones. Su fórmula basada en la historia para abordar la raíz del conflicto se aplica igualmente a la creación del Estado israelí en contra de las objeciones de los palestinos y sus naciones vecinas, lo que probablemente desempeñará un papel en la postura de Putin sobre cómo avanzar en el problema palestino-israelí.
Además, como prolongación del eje occidental, Israel ha adoptado posturas oficiales que son coherentes con los intereses de Estados Unidos y la alianza de la OTAN en Ucrania. Desde el comienzo de esa guerra en 2022, Tel Aviv ha emitido declaraciones que desmienten sus intentos profesos de neutralidad. Como dejó claro el entonces ministro de Asuntos Exteriores israelí, Yair Lapid: «El ataque ruso a Ucrania es una grave violación del orden internacional, e Israel condena el ataque y está dispuesto a proporcionar ayuda humanitaria a los ciudadanos de Ucrania.»
Dentro de Asia Occidental, fue principalmente Irán quien expresó su apoyo al dilema ruso sobre Ucrania y a su decisión de lanzar una Operación Militar Especial. Durante la visita de Putin a Teherán en julio de 2022, el líder iraní Sayyed Ali Jamenei arremetió contra la duplicidad occidental en los asuntos internacionales y acusó a los enemigos de Moscú de oponerse a la existencia de una Rusia «independiente y fuerte». Jamenei añadió además que si Rusia no hubiera enviado fuerzas a Ucrania, se habría enfrentado más tarde a un ataque de la OTAN.
Relaciones de Rusia con Hamás
En cuanto a los acontecimientos actuales en Gaza, se puede afirmar que el Kremlin se está acercando a las posiciones de aquellos Estados y actores que apoyaron su postura en Ucrania. Cuando funcionarios estadounidenses atacaron a Irán por su apoyo a Gaza, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, entró en la refriega: “Tomamos nota de los intentos de culpar de todo a Irán y los consideramos completamente provocadores. Creo que los dirigentes iraníes adoptan una posición bastante responsable y equilibrada y piden que se evite que este conflicto se extienda a toda la región y a los países vecinos.”
Mientras Washington trabajaba horas extras para reforzar las muchas falsas narrativas israelíes de los sucesos del 7 de octubre -incluso comparando a la resistencia palestina con el grupo terrorista ISIS- Rusia estaba en cambio ocupada recibiendo un flujo de delegaciones de Hamás en Moscú.
La semana pasada, cuando Hamás entregó su estudiada respuesta a los negociadores de la tregua, solicitó de forma reveladora que se incluyera a Rusia como uno de los garantes de un acuerdo final para poner fin a la guerra de Gaza, un claro reflejo de que los palestinos creen que Moscú puede desempeñar un papel positivo en la resolución de este conflicto.
Cabe señalar que las visitas de Hamás a Rusia y las reuniones con diversos funcionarios rusos no son nada nuevo. Las relaciones del movimiento palestino con dirigentes rusos se remontan a 2006, cuando una delegación política de Hamás llegó a Moscú semanas después de su victoria en las elecciones parlamentarias palestinas. Las visitas actuales, sin embargo, difieren considerablemente en el sentido de que se producen en un momento en que Washington y Tel Aviv han anunciado el objetivo común de destruir a Hamás. Es notable que Rusia esté hoy ávidamente comprometida con los grupos de resistencia palestinos que hicieron añicos la imagen de invencibilidad militar de Israel el 7 de octubre.
Desde aquel memorable día, el enviado de Putin para Asia Occidental, Mikhail Bogdanov, ha recibido en dos ocasiones a la delegación de Hamás encabezada por Musa Abu Marzouk, miembro del buró político del movimiento: el 26 de octubre y el 19 de enero. Las autoridades israelíes se indignaron y calificaron la invitación rusa de «paso censurable que proporciona apoyo al terrorismo y legitimidad a las horribles acciones llevadas a cabo por los terroristas de Hamás». El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí también pidió a Moscú que expulsara inmediatamente a los funcionarios de Hamás.
Es poco probable que los duros mensajes de Tel Aviv cambien las cosas.
El empuje de Rusia en Asia Occidental
Más recientemente, Moscú invitó a las facciones palestinas a asistir a una reunión nacional palestina a finales de febrero.
El vicesecretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Jamil Mezher, declaró a Sputnik el 13 de febrero que el grupo recibió una invitación de Moscú para asistir a una reunión nacional palestina que incluye a todas las facciones a finales de mes.
El Kremlin ya ha hecho sus cálculos y ha decidido, por razones estratégicas, insertarse en el contencioso palestino-israelí. Y el Eje de Resistencia de la región le ofrece esa oportunidad:
En primer lugar, Rusia sabe que no podrá imponerse a una resolución internacional del conflicto si no es a través de sus relaciones con Hamás. Tel Aviv no aceptará a Moscú como parte mediadora entre ella y Hamás, al menos por ahora.
En segundo lugar, la recepción de delegaciones de Hamás por parte de Rusia conlleva un mensaje dirigido a Washington. En resumen, el Kremlin está dispuesto a acercarse a quienes se oponen a los intereses de Estados Unidos. Parte de la división sobre la guerra de Gaza es un reflejo de la división internacional entre las grandes potencias.
En tercer lugar, una parte fundamental de la relación de Rusia con Hamás es el resultado de la creciente convicción de Moscú de que los actores no estatales de Gaza tienen una influencia significativa en la realidad política de la región. A partir de aquí, puede decirse que Rusia tiene un interés creciente en forjar y ampliar relaciones con las fuerzas del Eje de Resistencia regional, liderado por Hezbolá en Líbano, Hamás en Palestina y el movimiento Ansarallah en Yemen. Los rusos fueron, después de todo, un factor decisivo para asegurar la victoria siria en la guerra de la OTAN y el CCG contra su aliado, y fueron decisivos para catapultar a Irán a sus puestos en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y en el recién ampliado BRICS.
Hay que señalar aquí que los cinco partidos regionales comparten el enfoque global de Rusia dirigido a competir con la influencia estadounidense en todo el mundo.
Quizá uno de los aspectos más importantes del calendario de la guerra de Israel contra Gaza sea el «reloj internacional». El asalto de Tel Aviv a la asediada Franja se produjo más de un año y medio después del inicio de la guerra de Ucrania, cuando Kiev se estaba hundiendo, y en un momento de transformación del sistema internacional. Este factor puede ser fundamental para entender el enfoque intensificado del Kremlin ante los acontecimientos en Asia Occidental. Aunque Moscú sabe que sus posiciones actuales pueden afectar negativamente a sus relaciones con Tel Aviv, en el contexto de la competición entre grandes potencias, los rusos se contentan con sacrificar parte de sus intereses para alcanzar objetivos estratégicos mucho más amplios.
Y mientras este pensamiento ruso se mantenga, Hamás y otros movimientos de resistencia de Asia Occidental ven una oportunidad de aprovechar las transformaciones globales para atraer a una superpotencia a su lado.

2. El petróleo del Golfo y China

Hago una pausa en los artículos del State of Power 2024 para pasaros este otro artículo, también del TNI, sobre el petróleo en Asia occidental y un posible nuevo eje «Este-Este». La traducción es del propio TNI. https://www.tni.org/en/

¿Transición hacia dónde? Los Estados árabes del Golfo y el nuevo eje ‘Este-Este’ del petróleo mundial 16 November 2023

La compañía petrolera nacional de Arabia Saudita, Aramco, es la prueba de un importante cambio que se ha producido en el control del petróleo mundial en las últimas décadas: el ascenso aparentemente imparable de las compañías petroleras nacionales dirigidas por los gobiernos de Oriente Medio, China, Rusia y otros grandes Estados productores de petróleo del Sur Global. Colectivamente, estas empresas se han convertido en enormes corporaciones diversificadas que han superado a las grandes petroleras occidentales en indicadores clave, como la producción de petróleo, las reservas, la capitalización de mercado y las cantidades exportadas.

Este artículo analiza el papel y el peso de los seis Estados árabes del golfo Pérsico (Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Omán) en la industria petrolera mundial. Y como demuestran claramente las negociaciones sobre el clima de la COP27 y la COP28, a la expansión de la industria petrolera del Golfo se suma la posición cada vez más destacada de la región en las discusiones internacionales sobre el cambio climático.

Adam Hanieh

A principios de 2023, las mayores compañías privadas de petróleo y gas del planeta comenzaron a publicar sus resultados financieros para 2022. ExxonMobil fue la primera, que registró la mayor ganancia en la historia de la empresa con 55.700 millones de dólares. El segundo lugar fue para Shell, el conglomerado británico-neerlandés, que también alcanzó un hito histórico en sus 115 años de existencia, con ganancias de casi 44.000 millones de dólares, más del doble de lo que ganó en 2021. En total, las cinco principales petroleras occidentales, conocidas como las supermajors en inglés (ExxonMobil, Shell, Chevron, BP y TotalEnergies), declararon una ganancia combinada de 200 mil millones de dólares, unos asombrosos 23 millones de dólares por cada hora de 2022. Se calcula que ese mismo año, las diez mayores catástrofes relacionadas con el clima le habrían costado al mundo alrededor de 170 000 millones de dólares, incluidos los 30.000 millones de dólares por las devastadoras inundaciones en Pakistán en las que más de 1.700 personas murieron y más de siete millones fueron desplazadas.1 Aproximadamente la mitad de las ganancias de ExxonMobil en 2022 habrían cubierto los costos de la catástrofe en Pakistán fácilmente: los verdaderos ganadores y perdedores de la emergencia climática no podrían haberse demostrado de manera más impactante.

El 12 de marzo de 2023, sin embargo, estos récords de ganancias quedaron eclipsados con la publicación de otros resultados financieros: los de la empresa nacional de petróleo de Arabia Saudita, Saudi Aramco. Con poco más de 161.000 millones de dólares, el beneficio de Aramco en 2022 no solo superó los resultados combinados de Shell, BP, ExxonMobil y Chevron, sino que también fue la mayor ganancia registrada por una empresa en el mundo, en cualquier industria, en toda la historia. Los resultados de Aramco evidenciaron con fuerza el giro importante que tuvo el control del petróleo mundial en los últimos decenios: el aparentemente imparable ascenso de las empresas petroleras nacionales (EPN) dirigidas por Gobiernos en Oriente Medio, China, Rusia y otros grandes Estados productores de petróleo del Sur global. En conjunto, estas empresas se han convertido en enormes corporaciones diversificadas que superaron a las supermajors occidentales en cifras clave, incluyendo la producción de petróleo, reservas, capitalización del mercado y cantidades exportadas.

Las grandes empresas occidentales mantienen una fuerte presencia en los Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental, pero su influencia internacional en general se vio considerablemente disminuida por el surgimiento de las EPN.

Ante estas realidades nuevas, el objetivo del presente artículo es examinar el papel y el peso específicos de los seis Estados árabes del golfo [Pérsico] (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Omán) en la industria petrolera mundial. Como albergan varias de las mayores reservas del mundo, los Estados del Golfo han sido durante mucho tiempo los principales exportadores de petróleo y gas natural. Pero durante gran parte del siglo XX, la industria petrolera del Golfo estuvo controlada principalmente por empresas petroleras estadounidenses y europeas, que pagaban regalías y otros derechos a los monarcas gobernantes de la región a cambio del acceso al petróleo. Tras la nacionalización del petróleo en las décadas de 1970 y 1980, los Gobiernos del Golfo asumieron el control directo de la producción en el sector de la exploración, extracción y exportación del petróleo, mediante EPN como Saudi Aramco, Abu Dhabi National Oil Company y Kuwait Petroleum Corporation. Como ocurrió en la evolución anterior de la industria petrolera occidental, estas EPN del Golfo están presentes ahora en territorios lejanos de sus fronteras nacionales, participando en actividades que abarcan toda la cadena de valor del petróleo. Además, como demuestran claramente las negociaciones sobre el clima de la COP27 y la COP28, a la expansión de la industria petrolera del Golfo se suma la posición cada vez más destacada de la región en las discusiones internacionales sobre el cambio climático.

A continuación, el presente capítulo argumenta que el ascenso del Golfo debe entenderse a la luz de los importantes cambios que tuvieron lugar en el capitalismo mundial en los últimos 20 años. Desde principios de la década de 2000, la consolidación de China y Asia en general como centro geográfico de la producción mundial de productos básicos ha alterado la forma en que los combustibles fósiles y sus diversos productos circulan en la economía mundial. En este sentido, es clave un nuevo eje de hidrocarburos que conecta las reservas de petróleo y gas de Oriente Medio con las redes de producción de China y Asia.2 Este eje de hidrocarburos ‘Este-Este’ se ha asociado con el considerable aumento de los niveles de riqueza acumulados en el Golfo, donde los flujos de petrodólares tienen un gran impacto en las estructuras políticas y económicas de la zona y de Oriente Medio en general. Una serie de interdependencias se está desarrollando entre las élites empresariales y estatales en el Golfo y Asia, junto con este desplazamiento hacia el este de la industria petrolera. Estas no se limitan a la exportación de petróleo crudo, sino que se extienden a sectores del producto final, como la refinación y los productos petroquímicos. En resumen, este nuevo eje del petróleo mundial sirve para incorporar al Golfo al centro del «capitalismo fósil» contemporáneo.3

Los activistas climáticos deben prestar más atención a estos cambios en la industria petrolera mundial y al papel que desempeñan los Estados del Golfo. Las ganancias extraordinarias de Aramco y el eclipse relativo de las supermajors occidentales indican que un obstáculo de peso para acabar con la dependencia mundial de los combustibles fósiles se encuentra ahora fuera de los mercados centrales occidentales. El peligro de ignorar estas tendencias se manifiesta en los planes expresos que tienen los Estados del Golfo de expandir en gran medida la producción de petróleo y gas en la próxima década, mediante una serie de lo que se han llamado «bombas de carbono»,4 mientras que en forma simultánea aprovechan las oportunidades de mercado que presentan las nuevas tecnologías ‘bajas en carbono’ actualmente en desarrollo. En consecuencia, tanto en Oriente Medio como en el resto del planeta, el tenor de la ‘transición verde’ se determinará considerablemente por las acciones y políticas de estos Estados. Sin comprender los cambios en el control y la estructura de la industria petrolera, y sin elaborar estrategias eficaces al respecto, será imposible armar campañas que logren detener y revertir las consecuencias del cambio climático antropogénico.

De las Siete Hermanas a la OPEP

Si bien no fue hasta la década de 1950 que el petróleo desplazó al carbón como principal combustible fósil del mundo, las primeras décadas del siglo XX fueron cruciales para configurar la estructura posterior de la industria.5 En el lapso de aproximadamente 70 años que abarca desde 1870 hasta la víspera de la Segunda Guerra Mundial, surgió un puñado de grandes compañías petroleras en los Estados Unidos y Europa Occidental. Más que en cualquier otra industria similar, estas empresas se caracterizaron por su grado extremo de integración vertical, por la cual el petróleo crudo se transfería internamente en la misma empresa para su refinamiento y venta. La integración vertical permitió a las empresas más grandes presionar a sus competidores y desplazar las actividades lucrativas hacia abajo en la cadena de valor, según las fluctuaciones de precios y la demanda del mercado.6 Expandiéndose rápidamente más allá de sus mercados nacionales, estas empresas de integración vertical llegaron a controlar una red densamente entrelazada de yacimientos petrolíferos e infraestructura circulatoria que se extendía por todo el planeta. A mediados del siglo XX, apenas siete de estas empresas dominaban prácticamente toda la producción y el comercio mundial del petróleo.7 Sus rivales industriales las apodaron las ‘Siete Hermanas’ en la década de 1950, y las principales empresas petroleras que hoy siguen ocupando el centro de los debates internacionales sobre el uso de la energía y la transición climática, como ExxonMobil, Chevron, BP, Royal Dutch Shell y otras, son sus descendientes directas.8

Estas siete empresas occidentales se mantuvieron como la fuerza dominante de la industria petrolera mundial hasta bien entrada la década de 1970, pero no estaban equilibradas de manera igualitaria entre sí. A pesar de la considerable presencia internacional de importantes actores europeos, como Royal Dutch Shell (Reino Unido-Países Bajos) y BP (Reino Unido), la industria gradualmente se inclinó hacia un panorama más centrado en los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX. Uno de los motivos fue la presencia de grandes reservas de petróleo en el territorio estadounidense, lo que consolidó al país como centro de la producción y el consumo mundiales de crudo durante gran parte del siglo.9 Además, las empresas petroleras estadounidenses ocupaban una posición dominante en los grandes Estados productores de petróleo de América Latina, como Venezuela. La fortaleza internacional de estas gigantes petroleras estadounidenses reflejaba la consolidación en general del poder de los Estados Unidos en este período, ya que el capitalismo mundial, impulsado por el petróleo, se volvía cada vez más sinónimo del capitalismo centrado en ese país.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las compañías petroleras estadounidenses finalmente lograron ingresar a las principales zonas de Oriente Medio ricas en petróleo, acabando con el dominio previo de las empresas europeas. No obstante, los florecientes movimientos anticoloniales y nacionalistas radicales en los principales Estados productores de petróleo en Oriente Medio y América Latina comenzaron a trastocar el control que las empresas petroleras occidentales tenían sobre la producción, la refinación, los oleoductos y los precios del petróleo.10 Estos movimientos finalmente culminaron en la formación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 1960, integrada en sus inicios por Arabia Saudita, Venezuela, Irak, Irán y Kuwait. En ese momento, los cinco países que conformaban la OPEP producían alrededor de 37 por ciento del crudo mundial y la mayor parte del petróleo fuera de Estados Unidos. La membresía de la organización continuó expandiéndose durante la década siguiente. En la actualidad, la mayoría de los principales productores de petróleo (con las notables excepciones de Estados Unidos, Rusia y Canadá) son miembros de la OPEP.

Con la creación de la OPEP, los Gobiernos de Oriente Medio y América Latina nacionalizaron gradualmente sus recursos petroleros, y las compañías petroleras estatales tomaron el control de gran parte de la exploración y producción del crudo fuera de Estados Unidos. Las mayores empresas occidentales mantuvieron su dominio en la refinación y comercialización del petróleo, pero tuvieron que lidiar cada vez más con poderosas EPN no occidentales de los principales Estados productores de petróleo en los sectores de exploración y extracción. Un punto clave es que las empresas occidentales perdieron gradualmente la capacidad de fijar el precio del petróleo, que subió drásticamente en 1973-1974 y nuevamente en 1978-1980. El aumento de los precios del petróleo, junto con los cambios en la estructura de la propiedad de la industria petrolera, incrementó enormemente los excedentes financieros (posteriormente denominados ‘petrodólares’) que fluían hacia los Estados productores de petróleo, especialmente los del Golfo.11 A finales de la década de 1970, las empresas occidentales poseían menos de un tercio del crudo ubicado fuera de los Estados Unidos.

Como reflejo de las presiones por la competencia de la OPEP y el descenso de los precios del petróleo a partir de mediados de la década de 1980, comenzó a surgir una fuerte ola de consolidación empresarial entre las compañías petroleras occidentales. El ejemplo más importante fue la fusión de las dos gigantes petroleras estadounidenses Exxon y Mobil en 1999, con la creación de Exxon-Mobil, la mayor compañía privada del mundo.12 En su momento fue la mayor fusión industrial de la historia, superando la adquisición de la firma petrolera estadounidense Amoco por parte de BP en 1998, que había ostentado ese récord previamente. Otras consolidaciones empresariales importantes por entonces fueron la adquisición de Texaco por parte de Chevron en 2001 y la fusión de Conoco Inc. y Phillips Petroleum Company para crear ConocoPhillips en 2002. Fuera de los Estados Unidos, la gran empresa petrolera francesa Total se fusionó con Petrofina en 1999 y luego adquirió Elf Aquitaine para crear Total SA (ahora conocida como TotalEnergies). El resultado neto de estas fusiones fue la reconfiguración de la industria petrolera occidental en torno a un puñado de empresas que son las que dominan en la actualidad: ExxonMobil (Estados Unidos), BP (Reino Unido), Royal Dutch Shell (Reino Unido-Países Bajos), Chevron (Estados Unidos), Eni (Italia), TotalEnergies (Francia) y ConocoPhillips (Estados Unidos).

Esta ola de consolidación industrial vino acompañada de otros cambios importantes en el funcionamiento de las compañías petroleras occidentales. Las mayores empresas privadas del mundo, las supermajors petroleras, estaban profundamente involucradas en el giro hacia el capitalismo financiero que sucedió durante las décadas de 1980 y 1990, especialmente en los mercados financieros de los Estados Unidos. Cabe destacar su creciente énfasis en la recompra de acciones y la priorización de los pagos de dividendos a los accionistas, una característica de las compañías petroleras occidentales que perdura hasta el día de hoy.13 Debido al acceso reducido a los yacimientos petroleros convencionales en tierra (ahora controlados por las principales EPN no occidentales), las principales petroleras occidentales se orientaron hacia la producción de petróleo con riesgo para el medio ambiente y tecnológicamente intensiva en zonas donde la extracción era difícil (por ejemplo, la perforación en aguas profundas y la fracturación hidráulica o fracking para obtener petróleo de esquisto) y continuaron enfocándose en las actividades de refinación y comercialización, especialmente en la producción de petroquímicos. Varias de las supermajors occidentales también buscaron proyectarse como ‘empresas de energía’, y en su imagen corporativa incluso comenzaron a distanciarse (de manera engañosa) del petróleo.14

China, el petróleo mundial y la economía política del Golfo

A finales de la década de 1990, estas características estructurales de la industria petrolera se vieron profundamente sacudidas por la apertura de China a la economía mundial y su posterior ubicación en el centro de la manufactura mundial. Alimentada por flujos de capital extranjero que buscaban aprovechar las enormes reservas de mano de obra barata del país, el surgimiento de China como el «taller del mundo» generó un auge en la demanda mundial de energía, y el consumo anual de petróleo en el planeta aumentó cerca de 30 por ciento entre 2000 y 2019.15 En 2000, China generaba apenas el seis por ciento de la demanda mundial de petróleo; para 2019, el país consumía aproximadamente el 14 por ciento del petróleo mundial, una cifra solo superada por los Estados Unidos. Dado que las zonas manufactureras de China están ubicadas en el centro de una red de producción regional más amplia, la demanda de petróleo y otras materias primas creció considerablemente en toda Asia. En 2019, el consumo de petróleo en Asia ascendía a cerca de un tercio del total mundial, más que el de Europa, Rusia, África y América Central y del Sur combinados.16

Aunque China es uno de los mayores productores de petróleo del planeta –ocupaba el quinto lugar en 2010–, sus considerables reservas no alcanzan para satisfacer la creciente demanda del país. En consecuencia, el ascenso chino no solo impulsó el crecimiento del consumo mundial de petróleo, sino que también tuvo un impacto considerable en el volumen y el rumbo del comercio internacional del petróleo. Dependiente por completo de la importación de petróleo para complementar las reservas nacionales, la nueva posición de China en la economía global desvió las exportaciones de petróleo de Occidente hacia Oriente. En 2019, alrededor del 45 por ciento de las exportaciones de petróleo del mundo se dirigían a Asia, y más de la mitad estaban destinadas exclusivamente a China.17 La mayor parte de ese petróleo tiene su origen en Oriente Medio, siendo los Estados del Golfo e Irak los principales proveedores de aproximadamente la mitad de las importaciones chinas de petróleo en 2020 (en 2001 solo ascendían a un tercio del total).18 Una vez más, la demanda de petróleo de Oriente Medio fue una tendencia paneuropea, ya que cerca del 70 por ciento de las exportaciones de petróleo crudo de Oriente Medio (principalmente del Golfo) tienen como destino actual a Asia.

El gran crecimiento del consumo de petróleo en China, y en Asia en general, tuvo un papel sustancial en el incremento de los precios globales del petróleo durante las dos primeras décadas del nuevo milenio (aunque ese no fue el único motivo del aumento de los precios).19 De un promedio mensual de 25 dólares el barril en enero de 2000, los precios globales del petróleo subieron de manera constante en los años posteriores, y finalmente alcanzaron un máximo cercano a los 150 dólares el barril a mediados de 2008. Una breve caída brusca tuvo lugar tras el derrumbe económico mundial de 2008, pero los precios retomaron su tendencia alcista en enero de 2009, fluctuando alrededor de los 100 dólares el barril durante la mayor parte del período entre 2011 y mediados de 2014.20 Es importante destacar que, en este período, el petróleo estaba el centro de un auge general de los precios de las materias primas internacionales, incluidos los metales, los alimentos y los fertilizantes. Al igual que durante las crisis del petróleo de la década de 1970, este aumento de precios tuvo consecuencias muy negativas para los países más pobres que dependen de la importación de alimentos y energía.

Para los Estados productores de petróleo, sin embargo, este período de casi 14 años de exportaciones y precios en constante crecimiento fue un inmenso beneficio.21 A los Estados del Golfo en particular, el aumento de los precios les generó billones de dólares de capital excedente para la región: un auge de petrodólares que transformó al Golfo en uno de los «nuevos poderosos» del mundo, según la firma consultora internacional McKinsey.22 Pero estos excedentes de capital no permanecieron únicamente en manos de los Gobiernos de los Estados del Golfo. Como ha sido históricamente el caso, gran parte de esta riqueza nueva se canalizó hacia el sector privado del Golfo, lo que contribuyó a reforzar la acumulación de los grandes conglomerados capitalistas que dominan la economía política de la región.23 Esto ocurrió a través de distintos mecanismos, como la adjudicación de lucrativos contratos públicos para la construcción y el desarrollo inmobiliario, el fomento de empresas mixtas y asociaciones entre empresas privadas y públicas, y los generosos préstamos que los bancos estatales otorgaron a grandes empresas privadas. Además, los mercados de valores del Golfo se convirtieron en una vía importante para la acumulación de capital nacional, ya que las acciones de las grandes empresas estatales cotizaban parcialmente en esos mercados, lo que permitió a los ciudadanos adinerados acceder a una parte de los ingresos obtenidos por estas firmas. El ejemplo más notable fue la histórica cotización del 1,5 por ciento de Saudi Aramco en la bolsa de Riad en 2019. Propuesta por el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman en 2016, esta fue la mayor oferta de acciones de la historia. Como el valor de la empresa se cotizó en poco menos de dos billones de dólares, Aramco superó a Apple para convertirse en la empresa más valiosa del planeta.

Los petrodólares del Golfo también se abrieron paso hacia los mercados internacionales. En el pasado, el excedente de capital del Golfo se había invertido principalmente en América del Norte y Europa Occidental, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo de la arquitectura financiera global. Durante el auge petrolero del nuevo milenio, los Estados occidentales siguieron siendo un destino importante de las inversiones del Golfo, pero una parte cada vez mayor de la riqueza pública y privada del Golfo también se dirigió a los países árabes vecinos, atraída por las oportunidades de inversión que surgieron tras la adopción, a principios de la década de 2000, de paquetes de ajuste estructural por muchos Gobiernos de la región.24 Esta internacionalización del capital del Golfo otorgó a los conglomerados estatales y privados con sede en el Golfo una posición dominante en sectores económicos clave en todo Oriente Medio, incluidos bienes raíces y construcción, logística, banca y finanzas, agroindustria, venta al por menor e infraestructura.25

En estos sentidos, el voraz apetito energético de Asia estuvo íntimamente ligado al surgimiento de una economía regional en Oriente Medio centrada en el ritmo de acumulación de capital en el Golfo.

Refinación y petroquímicos

Cuando se piensa en estos cambios geográficos en el comercio mundial de petróleo, resulta esencial reconocer que el crudo es una materia prima que tenía poco uso práctico, antes de su transformación en varios tipos de combustibles líquidos o materias primas. Por esta razón, al trazar los patrones de control que surgen en el petróleo, es fundamental considerar el segmento de refinación y comercialización de la industria petrolera, en particular, la etapa de refinación, que es de suma importancia. Durante la mayor parte del siglo XX, este segmento estaba casi completamente controlado por las mayores compañías occidentales; de hecho, fue mediante ese control que estas empresas lograron mantener su dominio global tras la nacionalización de las reservas de crudo por parte de los países de la OPEP en la década de 1970. La propiedad de las refinerías del planeta estaba concentrada en un número muy reducido de compañías, lideradas por las supermajors occidentales. En 1999, por ejemplo, apenas 15 empresas controlaban cerca de 40 por ciento de la capacidad de refinación del mundo, y Royal Dutch Shell, Exxon y BP-Amoco ocupaban tres de los cuatro primeros lugares.26 En la actualidad, ese largo predominio de la refinación por empresas occidentales se ha erosionado considerablemente. Cerca de la mitad de las 15 principales compañías del mundo son ahora EPN, y el primer, segundo y cuarto lugar lo ocupan empresas chinas y sauditas (Sinopec, China National Petroleum Corporation y Saudi Aramco). Solo ExxonMobil permanece entre las cuatro principales refinerías del mundo. La concentración geográfica de la refinación también cambió, reflejando la orientación hacia el este de las exportaciones de crudo. A principios de la década de 1990, casi la mitad de la capacidad de refinación del mundo estaba ubicada en América del Norte y Europa, pero ahora esa cifra cayó a aproximadamente un tercio. En contraste, la capacidad de refinación asiática se triplicó entre 1992 y 2020, y el número absoluto de refinerías de petróleo en la región creció más de 2,5 veces. En 2020, la capacidad de refinación de Asia alcanzó el 37 por ciento del total mundial, más que América del Norte y Europa combinadas.

La única otra región del mundo cuya participación en la capacidad mundial de refinación ha crecido es Oriente Medio, donde la capacidad absoluta se duplicó con creces entre 1992 y 2020, y que ahora posee el 10 por ciento de la capacidad mundial de refinación. Sorprendentemente, dos tercios de las refinerías de petróleo construidas en los últimos cinco años y más del 80 por ciento de aquellas en vía de construcción se encuentran en Oriente Medio y Asia.27 Como sucede con las exportaciones de crudo, el crecimiento de la refinación en Oriente Medio y Asia está estrechamente vinculado a las redes de producción en China y la región de Asia en general. El crudo se extrae en Oriente Medio y se exporta a China u otro país asiático para su refinación, o se extrae y se refina en Oriente Medio y luego se exporta a Asia. De esta manera, los combustibles y productos químicos refinados que se producen a partir del petróleo de Oriente Medio ingresan a las cadenas de producción asiáticas, donde se transforman en productos que se consumen en todo el mundo. En este eje, el proceso de refinación está dominado por grandes EPN radicadas en Oriente Medio, China y la región de Asia en general, mientras que las empresas occidentales tienen una posición relativamente marginal.

Una parte crucial de estas redes de producción asiáticas son los productos petroquímicos, que constituyen el insumo básico de los plásticos y otros materiales sintéticos.28 Con el crecimiento del predominio manufacturero chino, el consumo de productos petroquímicos en el país se catapultó, y gran parte de la demanda se satisface mediante plantas petroquímicas ubicadas en el Golfo. Se destaca el etileno, que suele describirse como «el producto químico más importante del mundo», esencial para la fabricación de envases, materiales de construcción y repuestos de automóviles.29 Entre 2008 y 2017, la capacidad de producción de etileno del Golfo creció del 11,5 por ciento al 19 por ciento del total mundial. En este período, el Golfo pasó de ser el cuarto productor mundial de etileno a ocupar el segundo lugar, detrás de América del Norte (cuya capacidad cayó del 27 al 21 por ciento).30 Este producto químico vital se fabrica en enormes refinerías integradas y complejos petroquímicos de Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y otros Estados del Golfo, para luego ser exportado hacia el este; de hecho, casi la mitad de las importaciones de etileno de China provienen ahora de Oriente Medio. El surgimiento de China como «el taller del mundo» no habría sido posible sin estas corrientes de productos químicos refinados de Oriente Medio a Asia.

Estas tendencias han colocado a las empresas del Golfo en el centro de la industria petroquímica mundial. La más importante es la Saudi Basic Industries Corporation (SABIC), que ahora ocupa el cuarto lugar en ventas entre las mayores empresas químicas del mundo (en el año 2000 ocupaba el puesto 29).31 SABIC fue fundada por decreto real de Arabia Saudita en 1976, con la meta de utilizar el crudo y el gas del país para fabricar productos químicos básicos destinados a diversas industrias, incluyendo automóviles, agricultura, construcción y envases. A principios de la década de 2000, la empresa comenzó a crecer internacionalmente con inversiones en Europa y Estados Unidos. Un hito importante fue la adquisición de la división de plásticos de la empresa estadounidense General Electric en 2007, que le permitió dar pasos sustanciales en la producción avanzada de productos petroquímicos. Desde entonces, SABIC continúa expandiéndose y ahora opera en más de 50 países.

Durante la mayor parte de su historia, SABIC era propiedad del Estado saudita en un 70 por ciento, y el 30 por ciento restante cotizaba en la bolsa de valores de ese país. Sin embargo, en 2020 Aramco adquirió la parte de SABIC que le correspondía al Estado, en lo que fue una notable reestructuración de la industria petrolera saudita que reveló el fuerte impulso hacia la integración vertical en el Golfo. De manera similar, las principales empresas petroquímicas de Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Omán son todas subsidiarias de EPN estatales. Estas empresas petroquímicas estatales tienen fuertes lazos con conglomerados privados del Golfo a través de empresas mixtas y asociaciones estratégicas, así como la cotización parcial de empresas como SABIC en los mercados de valores del Golfo.32 De esta manera, el sector petroquímico es otra vía importante para la acumulación de riqueza privada en el Golfo.

Nuevas interdependencias «Este-Este»

Estos patrones confirman las fuertes interdependencias que surgen entre Oriente Medio (especialmente la región del Golfo) y Asia (especialmente China) en el sector del petróleo. Pero esto abarca mucho más que la simple exportación de crudo de Oriente Medio a Asia; más bien, es un proceso que implica un considerable aumento en las inversiones interregionales entre ambas regiones. Estas inversiones provienen tanto de las EPN del Golfo y Asia como de los principales conglomerados de propiedad privada ubicados en ambas regiones. Con estos movimientos de capital se genera una profunda interconexión de todos los pasos en la cadena de valor del petróleo: refinación, producción petroquímica y circulación posterior de productos petroleros hacia el consumidor. Así, los intereses vinculados a los hidrocarburos del Golfo están integrados en las redes de producción asiáticas, y viceversa. En el plano político, estas conexiones también se acompañan del desarrollo de lazos mucho más fuertes entre las dos regiones, reflejados en una serie de acuerdos bilaterales recientes, visitas gubernamentales de alto nivel y diversas iniciativas diplomáticas.

Para tener una imagen más clara de estos movimientos de capital y lo que implican, es esencial analizar todos los aspectos del circuito de los hidrocarburos: exploración, extracción, refinación y comercialización, y actividades como transporte, perforación, almacenamiento y tendido de oleoductos. Entre 2012 y 2021, China realizó inversiones por más de 76 000 millones de dólares en todo el mundo en actividades relacionadas con el petróleo.33 La primera fase de estas inversiones chinas (2012-2016) se cumplió tras el anuncio de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y se centró principalmente en América del Norte, Europa Occidental y Rusia/Asia Central. Sin embargo, a partir de 2016, las inversiones chinas en el extranjero relacionadas con el petróleo sufrieron un cambio de rumbo importante. Entre 2017 y 2021, más del 30 por ciento de estas inversiones chinas se destinaron a Oriente Medio, más que a cualquier otra región, lo que quintuplicó su inversión en Oriente Medio en comparación con el período 2012-2016.

Esta inversión otorgó a las empresas chinas un papel destacado en las industrias derivadas del petróleo en todo Oriente Medio. En Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, las empresas chinas son socias principales de la estatal Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC) y tienen importantes intereses en yacimientos petroleros en tierra y en alta mar. En Irak, una empresa china de propiedad privada opera uno de los mayores yacimientos de petróleo del mundo, el «supergigante» Majnoon. En Kuwait, una subsidiaria de la empresa petrolera china Sinopec se convirtió en la mayor contratista de perforación de petróleo, controlando el 45 por ciento de los contratos de perforación en el país. El mayor negocio que involucra a China en el sector petrolero de Oriente Medio se concretó en 2021: se trata de la inversión china en una empresa mixta multinacional que tiene una participación del 49 por ciento en Aramco Oil Pipelines Co., una empresa que tendrá derecho a recibir pagos de aranceles durante 25 años por el transporte de petróleo a través de la red de oleoductos de crudo de Aramco en Arabia Saudita.

A la vez que se produce esta corriente de inversión china en Oriente Medio, los Estados del Golfo se han convertido en la principal presencia extranjera en el sector petrolero chino, a través de numerosas empresas mixtas con entidades chinas. Estos proyectos tienen como objetivo asegurar una cuota de mercado para las exportaciones de crudo del Golfo e incluyen refinerías, plantas petroquímicas, infraestructura de transporte y redes de comercialización de combustibles. Un ejemplo importante es el Complejo Integrado de Refinería y Petroquímica Sino-Kuwait, una empresa mixta por partes iguales entre Sinopec y la Kuwait Petroleum Corporation, que es la mayor empresa mixta de refinería en China e incorpora en su interior el mayor puerto petroquímico del país (completado en mayo de 2020). Tanto la refinería como el puerto se consideran componentes integrales de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que permite a China importar crudo del Golfo para producir combustibles y otros productos químicos básicos que luego se exportan a países asiáticos vecinos. Por su parte, la importante presencia de Arabia Saudita en China es evidente a través de varias empresas mixtas entre Saudi Aramco y firmas chinas en el sector de la refinación y la petroquímica, así como una red de más de mil estaciones de servicio en la provincia de Fujian, que fue la primera empresa mixta de venta de combustibles a nivel de provincia en el país. Estas asociaciones conciernen tanto a las EPN chinas, como es el caso de Sinopec, como a las principales empresas privadas de refinación en China (que controlan cerca de 30 por ciento de los volúmenes de refinación de crudo del país). Qatar también es un destacado inversor del Golfo en el sector energético chino, dedicándose especialmente a conseguir mercados para sus exportaciones de gas natural licuado.

Esta expansión de la industria de hidrocarburos del Golfo en China forma parte de una participación más amplia de los Estados del Golfo en los sectores relacionados con el petróleo en otros países asiáticos. De hecho, entre 2012 y 2021, casi la mitad (en valor) de todas las inversiones extranjeras procedentes de fuera de Asia en recursos relacionados con el petróleo en Asia se originaron en el Golfo, incluyendo los cuatro mayores negocios de ese período.34 Con estas inversiones, las empresas del Golfo buscan expandir su producción de productos refinados del petróleo y productos químicos básicos en la propia Asia (utilizando materias primas crudas importadas desde el Golfo), que luego son distribuidos en Asia por las divisiones comerciales de las empresas del Golfo. Los principales objetivos en la región para la diversificación en refinación y comercialización de las empresas petroleras del Golfo son Corea del Sur, Singapur, Malasia y Japón. En estos cuatro países, cada uno de los cuales posee una capacidad industrial instalada que suele estar estrechamente relacionada con la acumulación de grupos capitalistas locales, las empresas del Golfo han adquirido en pleno o en parte compañías líderes y también emprendieron otros tipos de asociaciones, como empresas mixtas.

No sorprende que la principal empresa del Golfo en este aspecto sea Saudi Aramco, que tiene una destacada presencia en Estados clave de Asia. En 2015, por ejemplo, Saudi Aramco adquirió el control de la empresa sudcoreana S-Oil, que es la tercera compañía de refinación del país (posee aproximadamente una cuota de 25 por ciento del mercado) y opera la sexta mayor refinería del mundo (ubicada en Ulsan, Corea del Sur). Esta adquisición permitió a S-Oil expandir su capacidad petroquímica en Corea, y la empresa es ahora uno de los principales productores de diversos combustibles refinados y productos químicos básicos que la división comercial regional de Saudi Aramco (Aramco Trading Singapore) exporta luego a otros países asiáticos. También en Corea del Sur, Saudi Aramco se convirtió en la segunda mayor accionista de Hyundai Oilbank en 2019, tras la compra del 17 por ciento de las acciones de la compañía. Hyundai Oilbank es la cuarta compañía de refinación de Corea y es mayoritariamente propiedad del conglomerado industrial Hyundai. Actualmente, Saudi Aramco construye en Malasia una refinería y planta petroquímica que se proyecta como la mayor planta petroquímica de refinación y comercialización de Asia; el proyecto es una empresa mixta por partes iguales con la EPN malasia Petronas. En Japón, Saudi Aramco se convirtió en 2019 en la segunda accionista de Idemitsu Kosan, la segunda refinería del país, que controla aproximadamente un tercio del mercado nacional de productos petroleros a través de seis refinerías y una red de 6400 estaciones de servicio minoristas.

Cómo enfrentar la emergencia climática: tomar en serio a Oriente Medio

Dado que las EPN y otras empresas capitalistas del Golfo están cada vez más ubicadas directamente dentro de las redes de producción asiáticas, y no simplemente actuando como proveedoras de crudo, es necesario replantearse la forma de abordar las geografías de la industria internacional de los combustibles fósiles. No basta con dedicarse exclusivamente a la reducción del consumo directo de los combustibles fósiles o de las emisiones de carbono en los centros tradicionales de Occidente. La producción mundial de productos básicos, que incluye gran parte de lo que finalmente se consume en América del Norte y Europa Occidental, sigue fundamentada en un eje de capitalismo fósil que vincula a los yacimientos petrolíferos, las refinerías y las fábricas de Oriente Medio y Asia. Las profundas interdependencias establecidas a lo largo de este eje son un componente importante de la acumulación de capital en ambas regiones y contribuyen al poder de las élites estatales y empresariales. Desde una perspectiva ecológica, estas interdependencias «Este-Este» sirven para reinsertar los combustibles fósiles en el centro de las cadenas de producción globales, siendo una barrera considerable para toda transición verde.

Estos cambios internacionales explican por qué los Estados del Golfo no tienen la intención de reducir su producción de combustibles fósiles a corto plazo. Más bien, como Estados capitalistas, sus intereses estratégicos radican en que el planeta siga funcionando con petróleo durante el mayor tiempo posible. El ministro de Energía saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salman, expresó claramente este punto de vista en 2021 y prometió que «cada molécula de hidrocarburo será extraída», con el plan de aumentar la capacidad de producción petrolera del reino en más de 8 por ciento para 2027, alcanzando los 13 millones de barriles diarios.35 Con este objetivo en mente, Saudi Aramco ha invertido más en la expansión de yacimientos petrolíferos en 2022 que cualquier otra empresa del planeta. Estas medidas llevaron al diario Financial Times a señalar que Aramco «está redoblando la apuesta» por el petróleo, aspirando a ser «la última gran petrolera en pie» y «apostando a que podrá seguir haciendo lo que mejor sabe hacer: bombear petróleo durante décadas y adquirir aún más poder de mercado mientras otros productores reducen su producción».36 Todos los Estados ricos en hidrocarburos del Golfo han señalado su intención de seguir el mismo rumbo.

Sin embargo, eso no significa que las monarquías del Golfo nieguen la realidad del cambio climático o se mantengan al margen de la carrera mundial hacia las nuevas tecnologías ‘verdes’. De hecho, todo lo contrario. Todas las principales EPN del Golfo manifestaron su apoyo a los objetivos del Acuerdo de París y respaldaron los compromisos de sus países de lograr emisiones netas de cero.37 También realizan enormes inversiones en hidrógeno, captura de carbono y energía solar, con la meta expresa de convertirse en líderes mundiales en estas tecnologías (véase el capítulo de Christian Henderson en este libro). Más visiblemente, los Estados del Golfo han tomado una posición destacada en foros regionales e internacionales, como la COP27 y la COP28. En la reunión de la COP27 celebrada en Egipto en 2022, por ejemplo, el mayor pabellón nacional fue el de Arabia Saudita, seguido por los de Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Bahréin. Con 1008 metros cuadrados, el pabellón saudita medía exactamente el doble que el pabellón que albergaba a todo el continente africano, una parte del mundo que está directamente amenazada por los efectos del cambio climático. La COP28 se llevará a cabo en Emiratos Árabes Unidos.

Todo esto demuestra que los Estados del Golfo no ven contradicción alguna entre la adopción de ‘soluciones bajas en carbono’ y tomar el camino de acelerar la producción de combustibles fósiles. Es importante destacar, sin embargo, que no se trata simplemente de un ejercicio retórico de ecoblanqueo: en gran medida, la expansión del sector de las energías renovables es un paso necesario para que los Estados del Golfo puedan vender más petróleo y gas. Como tienen niveles muy altos de consumo de energía dentro de sus países, sustituir el petróleo y el gas que se consume localmente con fuentes de energía alternativas significa que tendrán más combustibles fósiles disponibles para la exportación. De hecho, este razonamiento es el fundamento expreso del plan de Arabia Saudita de generar la mitad de la electricidad del país a partir de fuentes renovables para 2030 (lo que sería más rápido que en la mayor parte del mundo, incluida la Unión Europea). Como lo expresó el príncipe Abdulaziz bin Salman, dicho vuelco hacia las energías renovables se vislumbra como una «situación de triple ganancia»: mayores exportaciones de petróleo, facturas de energía más baratas dentro del país y el prestigio de cumplir con las metas en materia de emisiones.38

Las tecnologías y la infraestructura energética asociadas con la transición verde también ofrecen oportunidades lucrativas a las empresas del Golfo, incluidas las EPN como Saudi Aramco. En diciembre de 2022, Arabia Saudita se convirtió en el primer país en enviar comercialmente un cargamento de ‘hidrógeno azul’ –destinado a Corea del Sur, lo que plantea la posibilidad de que el eje Este-Este del petróleo mundial pronto dé un giro hacia las energías renovables–.39 Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Omán y Kuwait prevén la construcción de enormes plantas de hidrógeno en sus territorios, lo que convertirá a la región en uno de los mayores productores de hidrógeno del mundo.40 De manera similar, la captura de carbono y la energía solar reciben importantes inversiones de los Gobiernos del Golfo (de nuevo, muchas veces canalizadas a través de las EPN). Las principales empresas de energía renovable de Oriente Medio, como Masdar (Emiratos Árabes Unidos), ACWA Power (Arabia Saudita) y Nebras Power (Qatar), están radicadas en el Golfo. Mediante estas empresas y su dominio en los mercados emergentes de energías renovables, el Golfo desempeñará un papel dominante en la configuración de la transición ‘verde’ en la región.

Al aparentar transformarse en protagonistas de la lucha contra el calentamiento climático, los Estados del Golfo ocultan el lugar central que le siguen otorgando al capitalismo fósil globalizado. Este es el verdadero objetivo de su liderazgo en las deliberaciones de la COP27 y la COP28; son un medio para guiar la reacción del mundo ante el cambio climático y resistir toda medida que implique alejarse del orden global centrado en el petróleo. Pero estas realidades también vinculan firmemente las luchas políticas de Oriente Medio a nuestro futuro planetario. Dado que las monarquías del Golfo lideran en materia de desigualdad extrema de riqueza y poder en la región, los movimientos populares que buscan desafiar a estos regímenes y alcanzar la justicia social y económica en toda la región deben entenderse como aliados fundamentales de las luchas ecológicas globales. Las estrategias frente a la crisis climática que ignoran al Golfo y la política de la región en general, concentrando sus críticas únicamente en los Gobiernos occidentales y la industria petrolera occidental, no solo están fuera de sintonía con las realidades del petróleo mundial, sino que resultan insuficientes frente a los enormes desafíos imperantes.

Autor Adam Hanieh

Partes de este capítulo se basan en Adam Hanieh, «World oil: Contemporary Transformations In Ownership and Control», en Greg Albo, Nicole Aschoff y Alfredo Saad-Filho (eds.) Socialist Register 2023 Volume 59 (Merlin Press, 2022).

Corrección de estilo: Rosanna Peveroni Traductor Álvaro Queiruga

3. El partido de Wagenknecht visto desde Die Linke

Aunque formalmente es de la Fundación Rosa Luxemburg, está claro que en este artículo se expresa la visión del partido de Wagenknecht desde Die Linke. No muy positiva, como se puede esperar: citan con asiduidad el artículo de Oliver Nachtwey, los considera no ya rojipardos, sino más cerca de la CDU, etc., etc. La traducción es desde el inglés, no desde el alemán original.

https://links.org.au/after-

Tras la escisión de Die Linke: ¿El ascenso del centrismo anti-establishment?
Carsten Braband Mario Candeias 13 de febrero de 2024
Publicado por primera vez en la Fundación Rosa Luxemburg.
Tras una larga preparación, el 23 de octubre de 2023, Sahra Wagenknecht, antigua copresidenta del grupo parlamentario de Die Linke en el Bundestag, dimitió de Die Linke junto con otros diez diputados, añadiendo otro grupo escindido a la díscola historia de los partidos de izquierda alemanes. Al formar su nueva asociación, la «Alianza Sahra Wagenknecht – Razón y Equidad» (BSW), allanaron el camino para la formación de un nuevo partido político, fundado oficialmente el 27 de enero de 2024, en el que Wagenknecht ocupará un papel central como copresidenta y homónima. A lo largo de 2024, el partido se presentará a las elecciones al Parlamento Europeo. También pretenden participar en las elecciones estatales de tres estados del este, aunque todavía se enfrentan a restricciones financieras, organizativas y de personal.
La formación del partido BSW suscitó una gran atención mediática durante meses. Algunas encuestas han sugerido notables posibilidades de éxito, otorgándoles hasta un 14% de los votos. La alianza Wagenknecht se ha llegado a considerar rápidamente como un último recurso contra la amenaza de victorias electorales de Alternative für Deutschland (AfD), especialmente en el este de Alemania. Otros han sugerido que, al adoptar posiciones de derecha radical para sus temas centrales, dicho partido normalizaría, legitimaría e incluso reforzaría aún más estas posiciones en las encuestas.
El instituto de investigación Forsa, en cambio, sitúa al BSW en el nivel de un partido marginal. Si BSW se presentara a las elecciones ahora mismo, según Forsa, se arriesgaría a «un fiasco electoral, con su entrada en el Bundestag como un rotundo fracaso». Al mismo tiempo, los pronósticos para Die Linke también son divergentes: mientras que algunos predicen la desaparición del partido con la dimisión de Wagenknecht, otros destacan las posibilidades de realineación que anuncia su marcha.
En términos inmediatos, significa la pérdida del estatus de Die Linke como facción parlamentaria. Tras entrar en el Bundestag en 2021 con el 4,9% de los votos secundarios y tres mandatos directos, con las dimisiones, el partido ha visto reducirse su número de delegados de 38 a 28 miembros. Los delegados de ambos partidos han solicitado ahora ser reconocidos como dos grupos parlamentarios separados. La decisión del Bundestag sobre estas peticiones está aún pendiente.
¿Es este el fin de Die Linke a nivel nacional? Con su ambigua multiplicidad de voces y sus mensajes contradictorios, el partido ha confundido durante mucho tiempo a votantes y activistas. En cualquier caso, habría sido necesaria una resolución pública de los conflictos en el seno del partido y el establecimiento de una claridad para reforjar fundamentalmente el partido, desprendiéndose de la imagen de profunda división y ensimismamiento que ha predominado durante seis años. Sin embargo, las oposiciones dentro del partido llevaban mucho tiempo enquistadas. La escisión se había hecho necesaria.
Contrariamente a lo que se dice en los medios de comunicación sobre la caída y la desaparición, no fue la retirada de Wagenknecht y su entorno de Die Linke, sino el estancamiento político del partido lo que supuso el mayor peligro para su continuidad. Las razones de la escisión son numerosas y están relacionadas con los cambios y conflictos sociales, pero las cuestiones de tácticas y objetivos políticos estaban invariablemente entrelazadas con las luchas de poder dentro del partido. Se puede debatir si la escisión podría haberse evitado antes. En última instancia, no había una mayoría del partido a favor de las posiciones representadas por el grupo en torno a Wagenknecht, que cada vez más intentaba distinguirse públicamente del resto del partido.
Para Die Linke, ésta puede ser una oportunidad de comunicación clara, sin fuego cruzado permanente -y destacado- desde dentro de sus propias filas. Dadas sus políticas asociales, sus fracasos en materia climática y económica, y sus posiciones derechistas sobre la inmigración, la actual coalición de gobierno formada por socialdemócratas (SPD), demócratas libres (FDP) y verdes deja mucho espacio para un nuevo partido de izquierdas.
Pero no son los únicos: con su nuevo proyecto, Wagenknecht también parece distanciarse de muchas posiciones de izquierdas, incluso más allá de las cuestiones migratorias y sociopolíticas, dejando espacio para un partido socialista de izquierdas social y ecológicamente. Ya no sigue el ejemplo de antiguos héroes como Bernie Sanders, Jean-Luc Mélenchon y Jeremy Corbyn. En su lugar, parece seguir el ejemplo de la socialdemocracia danesa, con su línea dura en materia de inmigración. Ella misma ha descrito su enfoque como «conservador de izquierdas», al igual que muchos comentaristas, aunque ahora evita el término.
Todo esto lleva a preguntarse: ¿hasta qué punto sigue siendo de izquierdas? ¿Qué lugar ocupa BSW en el espectro político?

Construir el BSW
La formalización de la estructura del partido ha sido considerada por algunos observadores y por la propia Wagenknecht como un reto fundamental para el éxito de la formación del partido. Hasta ahora, esto se ha expresado a través de una política de afiliación restrictiva: se examinará el contenido de las solicitudes de afiliación para mantener a raya a la «gente difícil». Actualmente no existe la posibilidad de que personas ajenas al partido se afilien a BSW o participen políticamente en el grupo.
Con sus 44 miembros fundadores, BSW cuenta para el personal sobre todo con diez delegados del Bundestag en torno a Sahra Wagenknecht, así como con algunos antiguos funcionarios y representantes electos de Die Linke. Aunque a nivel local hay noticias aisladas de miembros de los consejos municipales y de distrito de Die Linke que se han pasado al BSW, la gran mayoría de los altos cargos a nivel nacional siguen en Die Linke. Quince de los 16 comités ejecutivos estatales se han distanciado del cisma junto con la dirección del partido, y sólo dos de un total de 118 delegados a los parlamentos estatales se han unido al BSW.
Aunque se han producido 838 dimisiones de Die Linke desde que se anunció la formación del partido BSW el 23 de octubre, eso contrasta con los más de 2.100 nuevos miembros que se han unido a principios de diciembre de 2023, desproporcionadamente de Berlín. Aunque las cifras aún no son concluyentemente comparables, ya que el partido BSW se formó hace menos de una semana, las deserciones a gran escala de Die Linke a BSW no se han materializado hasta ahora. Los miembros y funcionarios del partido que se han pasado de Die Linke al BSW hasta diciembre de 2023 no bastarán, sin duda, para establecer un nuevo partido con ramas a nivel de condado y de estado federado.
La elaboración de una lista de candidatos para las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2024 será una tarea más fácil. No hay un umbral del cinco por ciento para obtener escaños en el Parlamento Europeo, y la entrada en el Parlamento es factible incluso con una aprobación modesta. La propia Wagenknecht no se presentará, por lo que mucho depende de encontrar candidatos atractivos para estas elecciones. Fabio de Masi, ex diputado del Bundestag por Die Linke y destacado experto en delitos financieros (como el escándalo CumEx), se ha perfilado como favorito para este papel. También lo ha hecho el ex alcalde de Düsseldorf y miembro del SPD Thomas Geisel, en su día directivo de Ruhrgas y conocido defensor de las reformas Hartz IV. A principios de 2023, se enzarzó en una disputa con el entonces embajador ucraniano Andrij Melnyk, rechazando las peticiones de este último de más entregas de armas («Ya basta, señor Melnyk»). Criticó las entregas a Ucrania porque dijo que perjudicarían los intereses alemanes.
Sahra Wagenknecht y Amira Mohamed Ali, ex copresidenta de la facción de Die Linke en el Bundestag, presidirán la BSW. El profesor universitario Shervin Haghsheno, anteriormente directivo de la empresa constructora Bilfinger, será vicepresidente del partido. Como economista, investiga y enseña la «construcción ajustada», según el enfoque de la «fabricación ajustada»; entre otras cosas, este enfoque implica externalizar la mayor parte posible de los costes (laborales). Christian Leye, antiguo empleado de Wagenknecht y actualmente miembro del Bundestag, será el secretario general de BSW.

Situación y caracterización del partido
Cualquier clasificación política de un partido que acaba de formarse no puede ser más que provisional. Todavía no existe un verdadero partido o programa electoral, sólo el manifiesto fundacional de la asociación BSW. Sin embargo, como su nombre indica, la persona de Sahra Wagenknecht ocupará una posición excepcional dentro del nuevo partido. Con su enfoque organizativo descendente, la empresa se basa en el culto a la personalidad. En este sentido, las declaraciones políticas de Wagenknecht, además del manifiesto fundacional, pueden considerarse un indicador central de la futura orientación del proyecto.
La propia Wagenknecht ha descrito su orientación en los últimos años como «conservadora de izquierdas», como ya se ha dicho: socioeconómicamente de izquierdas, sociopolíticamente conservadora, apoya la equidad social y exige políticas restrictivas de inmigración e integración a partes iguales. Ella y su entorno han reconocido un vacío de representación aquí, y esperan ofrecer a estos votantes un acuerdo político. Sin duda tiene potencial; de hecho, muchos observadores han clasificado la aventura como «autoritaria de izquierdas», a menudo utilizada como sinónimo de «conservadora de izquierdas».
También se aprecia en la empresa un modo particular de liderazgo: una forma de liderazgo étnico-populista que se remite constantemente a la voluntad del pueblo, mientras que en realidad retiene el poder político de la demografía y los bloques de votantes potenciales que apoyan la empresa. Wagenknecht se dirige especialmente, en palabras de Oliver Nachtwey, «a la representación de los segmentos pasivos (y reaccionarios) de las clases baja y media».
Este modo político sigue un enfoque fuertemente mediático, cuyo discurso vincula y condensa los puntos de convergencia de muchos grupos y reivindicaciones, identidades y culturas diferentes. Lo hace a través de la polarización mediática y la escalada del paisaje político. Se incorporan diversas preocupaciones, se representan pasivamente y se mezclan discursivamente. La intención es reunir a las masas en apoyo de un proyecto populista en el que se sientan representadas. En consecuencia, el proyecto no opera tanto a nivel de movimientos e iniciativas sociales reales, o de implicación en los aspectos básicos de la vida cotidiana, sino que intenta ampliar la visibilidad de las demandas relevantes, dándoles una voz más alta y eficaz. El objetivo es cambiar el discurso público y las relaciones de poder político, así como captar la influencia parlamentaria.
La retórica de Wagenknecht aborda los temores y aspiraciones relacionados con el estatus para proteger los intereses creados de quienes tienen algo que perder. Nachtwey lo denomina «fomento del resentimiento». A cambio, se produce una especie de «valorización cultural», dirigiéndose a los trabajadores según una imagen anticuada de la clase obrera. La invocación de viejas identidades obreras y de una visión del mundo basada en el mérito se combina con una fuerte denuncia del feminismo progresista y de las políticas y personas queer, y con la acusación de que los antirracistas son «izquierdistas de estilo de vida» y «santurrones», lo que sirve a las guerras culturales de la derecha. Este discurso pretende «recuperar» a los votantes de clase trabajadora de la AfD que supuestamente han sido decepcionados por la izquierda. Pero incluso si Wagenknecht logra ganárselos para esta nueva empresa, lo que aún es incierto, con esto como plataforma, no los estará reconquistando para la izquierda.
La retórica de Wagenknecht es habitual entre quienes están muy alejados de la clase obrera pero promueven este tipo particular de valorización de los trabajadores; compañeros de campaña como Klaus Ernst y Christian Leye están algo menos alejados. Este tipo de apelación no desempeña ningún papel en el manifiesto fundacional de BSW. Esta valorización siempre se ha presentado como instrumental, subordinada a la causa de la representación imaginada. Esta forma de liderazgo podría describirse, siguiendo a Antonio Gramsci, como «Cesarismo», o siguiendo a Karl Marx, como «Bonapartismo» – aquí es donde entra el elemento populista. Nos queda, por tanto, la cuestión de hasta qué punto sigue siendo un empeño de izquierdas.
Las posiciones de Wagenknecht sobre política migratoria son bien conocidas. El BSW no se limita a abogar por limitar la migración; Wagenknecht ha exigido que se supriman las prestaciones sociales monetarias para los solicitantes de asilo cuyas solicitudes hayan sido denegadas, citando estadísticas falsas de solicitudes de asilo rechazadas, y ha aprobado la petición del inconformista del FDP Wolfgang Kubicki de una cuota de inmigrantes por barrios, diciendo: «Creo que no debería haber ningún distrito de la ciudad donde los lugareños sean minoría, ni clases escolares donde más de la mitad de los niños apenas hablen alemán. Por no hablar de que necesitamos desesperadamente normas que impidan que se abuse de los inmigrantes como mano de obra barata que reduce los salarios en nuestro mercado laboral». La eurodiputada ha cargado directamente contra los inmigrantes: «Si abusan de su derecho a la hospitalidad, pierden su derecho a la hospitalidad».
El manifiesto fundacional del BSW aboga por restringir la inmigración en cuanto «desborde […] nuestro país y nuestra infraestructura», y contra la migración laboral en general. Esta retórica antimigratoria y bienestarista ha sido una parte central de sus comunicaciones desde el movimiento de refugiados de 2015, invariablemente dirigida contra las posiciones mantenidas por el propio partido de Wagenknecht, Die Linke, supuestamente para no ceder la palabra a la AfD en esta cuestión.
Su retórica sobre la política climática sigue el mismo patrón. Ha criticado las políticas de la coalición gobernante, especialmente a los Verdes, por antisociales, «locas» y «tontas», especialmente severa en su oposición a la Ley de Energía de los Edificios (incluso citando información falsa sobre las bombas de calor). Su crítica se ha diferenciado de la de Die Linke no en que haya expuesto ideas socioecológicas más convincentes, sino en que ha relativizado la importancia de la política climática.
Así, el BSW se opone a la eliminación progresiva de los motores de combustión y a una conversión completa a las energías renovables, mientras que, al igual que el FDP, aboga en su manifiesto fundacional por la «apertura tecnológica», afirmando que la «contribución más importante que un país como Alemania puede hacer a la lucha contra el cambio climático y la destrucción del medio ambiente es desarrollar tecnologías clave innovadoras para una economía del futuro neutra para el clima y respetuosa con la naturaleza». La renovación ecológica queda así relegada a un futuro lejano, y se recurre a pseudosoluciones como el combustible sintético (por el que Klaus Ernst ha presionado especialmente).
En temas relacionados con la igualdad y la política de minorías, a menudo debatidos bajo el epígrafe de «política de identidad», Wagenknecht defiende posiciones conservadoras (hasta reaccionarias). Se opuso, por ejemplo, a la recién promulgada ley de autodeterminación de género, así como al uso de un lenguaje que incluyera el género, y polemiza en su libro Die Selbstgerechten («Los santurrones») contra lo que ella denomina Lifestyle-Linke («izquierdistas del estilo de vida»).
En su manifiesto fundacional, la BSW anuncia su oposición a la «cultura de la cancelación» y a la supuesta reducción del abanico de discursos aceptables. Wagenknecht y sus seguidores alegan contrafácticamente que Die Linke sólo representa al medio joven, urbano y académico, que persigue públicamente la política de identidad y otros temas de moda como la política climática, mientras descuida la cuestión social y la cuestión de la paz. En realidad, «las políticas de identidad y de clase no son contradictorias. Pero el supuesto conflicto [entre ellas] se alimenta constantemente para asegurar la propia influencia», como escribe Daniel Reitzig en la edición alemana de Jacobin.
Como consecuencia, Wagenknecht ha sido acusado por comentaristas políticos tanto dentro como fuera de Die Linke de dirigir guerras culturales de derechas. Es cierto que estas posiciones corresponden a reivindicaciones individuales de partidos conservadores y de derechas. En cualquier caso, tales posiciones difícilmente pueden calificarse de «izquierda».
Sin embargo, la propia Wagenknecht ha declarado que su nuevo compromiso de partido no es «de izquierdas». Sus posiciones sobre migración, clima e igualdad para las mujeres y las minorías de género son indudablemente conservadoras en un sentido negativo. Pero sus posiciones económicas, centradas en las pequeñas y medianas empresas, también podrían calificarse de conservadoras, u ordoliberales (la propia Wagenknecht se refiere a menudo a los trabajos de la escuela ordoliberal en Alemania).
Como escribe Nachtwey, «critica al capitalismo por el reinado semifeudal de las grandes corporaciones, que impiden la eficiencia, la innovación y la competencia (real). Está más cerca de Joseph Schumpeter que de Karl Marx» [1]. [Invoca el anhelo de «un improbable retorno a la Edad de Oro del capitalismo». Un keynesianismo nacionalista ha sustituido al internacionalismo, la competencia capitalista a la cooperación (de economía planificada). Al centrarse en la «soberanía nacional» y la «competencia económica», rompe con importantes premisas de las estrategias y perspectivas de transformación socialistas.
Sus declaraciones sobre la política de paz se alinean aquí también, con sus posiciones contra la formación de bloques geopolíticos y las sanciones contra Rusia. La agresión rusa y el sufrimiento en Ucrania pueden mencionarse brevemente aquí y allá, pero el argumento decisivo es, para Wagenknecht, que la guerra perjudica los intereses de Alemania y de la industria alemana, sobre todo por el aumento de los precios de la energía. En consecuencia, ella y sus colegas abogan por la reanudación de los envíos de gas ruso y la activación del Nord Stream 2 para abastecer a Alemania de energía barata. Aquí es donde convergen sus posiciones chovinistas, de política exterior y de política de integración.
Recientemente, las declaraciones de Wagenknecht a favor de las sanciones, especialmente para los jóvenes desempleados y los beneficiarios de prestaciones sociales, la sitúan en línea con un discurso cargado de resentimiento generalizado contra las prestaciones de la seguridad social supuestamente injustificadas en casos de «participación insuficiente» de los afectados, un discurso fomentado por AfD y los cristianodemócratas hasta llegar al ministro de Trabajo Hubertus Heil del SPD. Desde el punto de vista sociopolítico, hasta ahora sólo ha abogado por pensiones más altas y mejores prestaciones de la seguridad social para los mayores desempleados, mucho menos que, por ejemplo, la plataforma sociopolítica de Die Linke. «Incluso si has trabajado durante años y cotizado a la seguridad social pública, después de un solo año sin trabajo te tratan como a un suplicante», afirma el manifiesto fundacional de BSW en referencia a la equidad de las cotizaciones. Se critica la desigualdad y la falta de movilidad social, así como la pobreza de los niños, los ancianos y las familias monoparentales, a pesar de las ayudas al desempleo.
Hay que recompensar de nuevo los logros de los «trabajadores» y restablecer el respeto y la seguridad social, dice BSW: «Nuestro objetivo es una meritocracia justa con igualdad real de oportunidades y un alto grado de seguridad social.» Porque «[l]a prosperidad personal no debe ser una cuestión de origen social; debe ser el resultado del trabajo duro y del esfuerzo individual» (ibid). BSW aboga por una redistribución moderada de la riqueza, de acuerdo con la idea retro-normativa y conservadora de que hay que restaurar la meritocracia y la «cohesión social» en un contexto nacionalista.
Junto con esta concepción específica de la igualdad de oportunidades y la equidad basada en el rendimiento, el manifiesto fundacional del BSW también elogia a la clase media alemana, a la que se reconoce como «campeona oculta», como también ocurre entre los escritos de Wagenknecht. Se critica el poder de mercado de las empresas, pero no las políticas frecuentemente antisindicales de la clase media, que dificultan que los sindicatos establezcan derechos laborales y de organización. La comprensión del antagonismo de clases desaparece tras los grupos de actuación de «trabajadores» y «corporaciones».
En este sentido, es dudoso que este proyecto pueda describirse como inquebrantablemente conservador de izquierdas o autoritario de izquierdas; quizás el partido esté buscando un espacio entre la AfD, el FDP y el derechista SPD, en algún lugar «en el medio» donde el BSW imagina que se encuentra la brecha de representación, mientras que realmente quiere superar a todos los demás partidos, incluidos la AfD y Die Linke.
Por otra parte, el BSW pide más inversión en servicios públicos para detener el «deterioro de las infraestructuras», utilizando un impuesto sobre el patrimonio para responsabilizar a los multimillonarios de la financiación, y el desvío de las ganancias empresariales no devengadas a través del impuesto sobre el exceso de beneficios . En un sentido general, reclaman «un Estado del bienestar fiable». Todas estas son reivindicaciones clásicas de la izquierda, sólo que menos concretadas. Queda por ver qué valor relativo se dará a cada una de las diversas piezas de conjunto conservadoras, liberales, socialdemócratas de derechas e incluso de izquierdas.
Con todo, el BSW puede clasificarse más acertadamente como un «partido centrista antisistema» con una mezcla de reivindicaciones políticas según el tema, de acuerdo con su aspiración a ser un «partido del pueblo» más allá de ser de derechas o de izquierdas. El BSW invoca «la experiencia, la razón y el buen juicio», de forma vaga.
Notablemente, y en total consonancia con esta caracterización, algunas otras notas no populistas se han mezclado en la retórica de Wagenknecht desde que dejó Die Linke. Por ejemplo, indicó en una entrevista que estaría abierta a entrar en una coalición de gobierno con la conservadora CDU en Sajonia tras las elecciones estatales. Mientras estuvo en Die Linke, Wagenknecht abogó durante mucho tiempo por seguir un rumbo de oposición fundamental a esto, y las coaliciones con la CDU/CSU estaban, hasta ahora, descartadas.

Posiciones de los votantes y base electoral potencial
En cuanto a sus posiciones políticas y la imagen que tienen de sí mismos, los votantes potenciales del BSW no se ven en promedio como de izquierdas, sino más bien en algún lugar del centro del espectro político, similar a los que votan al FDP, la CDU/CSU y los no votantes, y más a la derecha de los votantes del SPD. En este sentido, su autoimagen política se corresponde más con los votantes de AfD que con la base de votantes de Die Linke.
Los votantes a los que se dirige BSW difieren de los votantes (potenciales) de Die Linke no sólo en sus actitudes, sino también en su comportamiento electoral actual. Análisis anteriores han demostrado que una clara mayoría de simpatizantes de BSW votaría actualmente a partidos de la derecha política, en primer lugar a la AfD. En comparación con este campo, los votantes de Die Linke son menos relevantes para el BSW.
También hay diferencias significativas entre Die Linke y el BSW en cuanto a la distribución por edades: Die Linke tiene un potencial mucho mayor entre los más jóvenes, mientras que los votantes potenciales del BSW tienden a ser mayores. Si nos fijamos en los ingresos netos de los hogares, se observa que Die Linke tiene un potencial mucho mayor sobre todo entre las personas con ingresos más bajos, mientras que en el caso del BSW, este potencial se desplaza hacia las personas con ingresos medios.
Die Linke tiene un potencial algo mayor entre los económicamente activos (15%, frente al 14% entre los económicamente inactivos) que el BSW (10%, frente al 15%). Si nos fijamos en la distribución por edades, ingresos familiares y ocupación, podemos concluir que el BSW atrae comparativamente a más jubilados, mientras que los trabajadores con bajos ingresos y los desempleados tienden más hacia Die Linke.
Con su creciente giro de la izquierda hacia el centro-derecha, Wagenknecht espera ganarse a los votantes descontentos de las filas de la AfD, de los no votantes y del SPD, llevándose simultáneamente a tantos votantes de Die Linke como sea posible. Este acto de equilibrio puede convertirse en una prueba de fuego para el partido[2].
A corto plazo, los partidos populistas eclécticos pueden sacar partido del descontento político. Pero esto no sustituye a una base de votantes ideológicamente coherente. A largo plazo, los factores ideológicos desempeñan un papel más importante. En el curso de la labor parlamentaria, y debido a que los partidos se ven sometidos a la presión de sus rivales políticos y de los medios de comunicación, deben adoptar posiciones de fondo sobre las cuestiones. La politóloga Sarah Engler ha demostrado que los partidos centristas antisistema cuya base de apoyo -como la del BSW- no se identifica predominantemente como de izquierdas o de derechas han tenido, en el pasado, muy pocas perspectivas de supervivencia a largo plazo.
En cualquier caso, Die Linke debe enfrentarse a un nuevo rival político, mientras que la formación del BSW podría causar una incertidumbre desestabilizadora entre los votantes sobre la esencia de la marca del partido. A la inversa, esta presión podría generar una expansión potencial para Die Linke, que requeriría más claridad, una orientación unificada en los frentes social y ecológico, una orientación sindical y exigencias de redistribución radical y políticas de paz firmes acordes con los tiempos. Existe un potencial considerable para Die Linke*, especialmente entre las personas con bajos ingresos, los decepcionados por el SPD y los Verdes, los votantes que regresan y que se marcharon a causa de Wagenknecht, los jóvenes que votan por primera vez y, en general, para movilizar a antiguos votantes y no votantes siempre que sea posible.
Tanto Die Linke como el BSW pueden tener dificultades para superar el umbral del 5% en las elecciones parlamentarias de 2025. Pero hay potencial para ambos partidos. Las próximas elecciones al Bundestag servirán de indicador del éxito de cada partido a la hora de explotar su potencial y convertirlo en victoria electoral.
Carsten Braband es científico social. Estudia la sociología política y el electorado de los partidos populistas de izquierda y derecha y es miembro del grupo de debate de la Fundación Rosa Luxemburg sobre análisis de clases y estructuras sociales. Mario Candeias es politólogo y ex director del Instituto de Análisis Social Crítico de la Fundación Rosa Luxemburg.
Notas
[1] Un alejamiento del marxismo que puede rastrearse en los libros de Wagenknecht desde principios de la década de 2010. Esto también puede ser un eco del enfoque «stamocap», una crítica al capitalismo monopolista de Estado, representado por el antiguo Grupo de Trabajo de los Jóvenes Socialistas en el SPD que más tarde adoptaron posiciones centristas (Gerhard Schröder, Olaf Scholz), o por partes del Partido Comunista Alemán que más tarde se pasaron a Die Linke y ahora al BSW. Sin embargo, en términos ordoliberales, esto no despierta sospechas de izquierdismo, sino que despierta el interés por el disidente de izquierdas entre los medios de comunicación liberales de derechas como el Frankfurter Allgemeine Zeitung y el Welt.
[2] Es posible que (al menos) se desarrollen dos flancos en torno a Wagenknecht, un flanco populista de izquierdas y un flanco populista vago a la derecha.

4. Resumen de la guerra en Palestina, 13 de febrero

El resumen de Mondoweiss. En él se habla de las diferencias entre Biden y el rey de Jordania. Vale la pena ver las declaraciones de este último ante la cara de palo del presidente estadounidense: https://twitter.com/ 
https://mondoweiss.net/2024/

Día 130 de la «Operación Al-Aqsa»: El Senado de EE.UU. vota a favor de enviar 14.000 millones de dólares adicionales a Israel mientras parece inminente la catastrófica invasión terrestre de Rafah
Mientras los palestinos se preparan para una catastrófica invasión terrestre de Rafah, el Senado de Estados Unidos vota a favor de enviar 14.000 millones de dólares adicionales a Israel. Amnistía Internacional advierte de que los palestinos del sur de Gaza «se enfrentan a un riesgo real e inminente de genocidio».

Por Leila Warah 13 de febrero de 2024
Víctimas:
Más de 28.473 muertos* y al menos 68.146 heridos en la Franja de Gaza.
Más de 380 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental.
Israel revisa a la baja su estimación de víctimas mortales del 7 de octubre, de 1.400 a 1.147.
569 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 3.221 heridos**.
*Esta cifra fue confirmada por el Ministerio de Sanidad de Gaza en el canal Telegram. Algunos grupos de derechos humanos elevan la cifra de muertos a más de 35.000 si se tienen en cuenta los presuntos muertos.
**Esta cifra la dio a conocer el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitió publicar».

Principales acontecimientos:

  • Primer ministro palestino: Israel quiere remodelar el equilibrio demográfico matando palestinos.
  • Ministros israelíes prohíben la entrada en Israel y los territorios palestinos ocupados al relator especial de la ONU sobre los territorios palestinos.
  • Ministerio de Sanidad de Gaza: Las fuerzas israelíes mataron a 133 palestinos e hirieron a 162 en 24 horas.
  • Hamás: Mueren otros tres cautivos israelíes a causa de las heridas provocadas por los ataques aéreos israelíes sobre Rafah.
  • Países y organizaciones internacionales expresan su alarma por el previsible asalto israelí a Rafah, donde las fuerzas israelíes dijeron previamente a cientos de miles de palestinos desplazados que buscaran refugio.
  • Tras reunirse con el rey Abdullah de Jordania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, reconoce el sufrimiento palestino pero afirma que Washington comparte el objetivo de Israel de derrotar a Hamás.
  • Colonos israelíes disparan contra dos palestinos, entre ellos un niño, queman un coche y lanzan cócteles molotov al sur de Nablús, en la Cisjordania ocupada,
  • Soldados israelíes matan a un palestino tras dispararle en el pecho, los hombros y la cabeza en la ciudad de Qalqilya, en Cisjordania ocupada, según el Ministerio de Sanidad palestino.
  • El Senado de Estados Unidos vota a favor de enviar 14.000 millones de dólares más a Israel, mientras Estados Unidos sigue financiando la guerra genocida de Israel a pesar de las denuncias de crímenes de guerra israelíes en Gaza.

El pánico y la aprensión llenan Rafah  
La paz es un sueño para la población de Gaza, que lleva más de cuatro meses viviendo bajo la amenaza constante de los ataques israelíes, que han dejado más de 28.000 muertos y casi 70.000 heridos.
Rafah, fronteriza con Egipto, es la última ciudad clave que aún no ha sido asaltada por las tropas israelíes. Su población, que ha aumentado hasta cerca de 1,4 millones de habitantes debido a que los palestinos de toda Gaza han buscado refugio allí, está presa del pánico mientras las fuerzas israelíes preparan un asalto terrestre.
Amnistía Internacional afirma que la población de Rafah se ha quintuplicado desde el 7 de octubre, lo que reafirma el daño que causará la ofensiva israelí si sigue adelante con la invasión terrestre y agrava aún más la ya grave situación.
«La mayoría de los habitantes de Rafah ya han huido de otras zonas de Gaza después de que las autoridades israelíes les ordenaran ‘evacuar'», afirmó Amnistía en X. «Los civiles no tienen adónde ir para escapar del bombardeo y se enfrentan al riesgo real e inminente de genocidio».
Las fuerzas israelíes ya han empezado a intensificar su campaña de bombardeos en la ciudad y sus alrededores como preparación.
Hani Mahmoud, que informa desde Rafah para Al Jazeera, declaró el martes por la tarde que los bombardeos israelíes se han concentrado en la zona central de Gaza, sin dejar opciones a la población para huir de Rafah en busca de seguridad.
«Cientos de palestinos han comenzado a huir de la ciudad de Rafah hacia la zona central. Buscan refugio tras los intensos bombardeos de los ataques nocturnos. Se están atacando y destruyendo más viviendas residenciales. La gente está siendo apretujada en pequeñas partes de la Franja de Gaza, convertida en gran medida en campos de refugiados», continuó Mahmoud.
El Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA) ha subrayado en un reciente informe de situación que el aumento de los ataques aéreos en Rafah «ha aumentado los temores, lo que dificultaría aún más las operaciones humanitarias sobrecargadas».
Describiendo el asalto nocturno del domingo, el colaborador de Al Jazeera Ahmed Abdullah Mohsen dijo: «Los gritos y lamentos casi ahogaron a los aviones de guerra que cubrían el cielo, lanzando andanadas en un cinturón ardiente que aplastaba los cuerpos de los desplazados en sus tiendas. Unos 20 minutos de explosiones iluminaron la noche como algo sacado de una película artificial de Hollywood».
«Los desplazados y los heridos huyeron en masa al Hospital Kuwaití, el único abierto en la zona de Shaboura», continuó Mohsen.
«Un médico del hospital ayudó a un niño que estaba dando su último suspiro a pronunciar la última oración. »
Philippe Lazzarini, comisionado general de UNRWA, dijo que cada vez que se traslada a los palestinos de Gaza, «diciéndoles que será un lugar más seguro, se ha demostrado que el lugar no era seguro.»
El Ministerio de Asuntos Exteriores de la Autoridad Palestina (AP) ha pedido a todas las partes implicadas que «impidan la matanza masiva» en el sur de la Franja de Gaza.
«Israel, la potencia ocupante, y quienes le dan cobertura diplomática, militar y política son cómplices de este genocidio y están desafiando las obligaciones que les impone el derecho internacional, así como la sentencia del Tribunal Internacional de Justicia», afirmó en un comunicado.

Se crean condiciones similares a la hambruna como arma de guerra
Mientras tanto, quienes sobreviven a los despiadados ataques de Israel corren el riesgo de morir por causas evitables, como el hambre y la falta de atención médica adecuada, debido al asedio militar que Israel mantiene sobre la Franja de Gaza.
Según Beth Bechdol, director general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cada día que pasa la población de Gaza «simplemente pasa hambre» y carece cada vez más de acceso a alimentos, agua y servicios médicos.
«Hay niveles sin precedentes de inseguridad alimentaria aguda, hambre y condiciones casi de hambruna en Gaza», dijo Bechdol, añadiendo que la FAO no puede proporcionar ningún apoyo a la producción agrícola en Gaza, ya que la mayor parte ha sido dañada o destruida.
«Los niños de Gaza están muriendo ahora por la retención deliberada de alimentos. Además del horror de esta noticia, otra cosa es cierta: se trata de un crimen de guerra. Es un crimen de guerra de manual», dijo Chris Van Hollen, un influyente legislador del Partido Demócrata de Biden, en un discurso en el Senado.
«Y eso convierte a quienes lo orquestan en criminales de guerra».
A pesar de estos sentimientos, Van Hollen votó más tarde a favor de enviar 14.000 millones de dólares adicionales en ayudas a Israel (ver más abajo).
El Dr. Athanasios Gargavanis, cirujano traumatólogo y oficial de emergencias de la agencia de la ONU, añadió que es necesario un alto el fuego ahora para que «los trabajadores sanitarios puedan prestar el mejor servicio posible».
«Estamos aquí para apoyar al sistema sanitario que está sufriendo, no sólo por el bloqueo crónico y esta guerra real, sino también por el movimiento de población que impide a los trabajadores sanitarios hacer su trabajo de la mejor manera posible», dijo Gargavanis en un vídeo publicado en X.

Desplazamiento forzoso
La pregunta que se repite en todo el mundo es adónde irán los palestinos si Israel sigue adelante con su asalto terrestre a Rafah, donde busca refugio más de la mitad de la población de Gaza.
A pesar de la grave situación, muchos palestinos de Gaza se niegan a huir de su tierra para ponerse a salvo, como Aziza al-Harazin, de 65 años: «No estamos dispuestos a abandonar nuestra tierra. Yo nací aquí, muchos de mis antepasados nacieron aquí, y no estoy dispuesta a renunciar a ella», declaró Harazin a Al Yazira.
Otra mujer, que pidió no ser identificada, dijo a Al Jazeera que había sido desplazada más de ocho veces desde que comenzó la guerra y que tuvo que mudarse con tres nietos pequeños.
«Rafah ha sido bombardeada más de 10 veces cerca de donde nos refugiamos. Aquí no hay ningún lugar seguro. Anhelamos un alto el fuego, la paz que se ha convertido en un sueño para nosotros».
Aun así, Israel está decidido a evacuar a la población de Gaza de Rafah. Incluso ha pedido a las agencias de ayuda de la ONU que colaboren en sus esfuerzos de evacuación antes de su barrido terrestre previsto de la ciudad.
«Instamos a las agencias de la ONU a cooperar», dijo el portavoz del gobierno Eylon Levy en una reunión informativa, citado por Al Jazeera.
«No digan que no se puede hacer. Trabajen con nosotros para encontrar una manera», declaró Levy.
El primer ministro palestino, Mohammad Shtayyeh, afirma que «matando, destruyendo e intentando desplazar a la población palestina de la Franja de Gaza, Israel quiere remodelar el equilibrio demográfico a su favor, después de que se haya inclinado a favor de Palestina, por primera vez desde 1948», informó Wafa.
En la sesión semanal del gabinete celebrada en Ramala, Shtayyeh afirmó que los últimos 400 días han sido los más sangrientos de la historia contemporánea de Palestina.
«Tenemos más de 100.000 palestinos muertos, heridos y desaparecidos en la Franja de Gaza desde el 7 de octubre de 2023, y más de 640 en Cisjordania», afirmó.
«También hay más de 10.000 detenidos, y estos no son números, sino que indican niños, mujeres, ancianos, hombres y mujeres jóvenes, e indican nuestras familias y nuestro pueblo, cada uno de ellos tiene una historia, un estatus y un nombre, y tenía un futuro que fue asesinado por Israel», remarcó Shtayyeh.

Reunión de los líderes de Estados Unidos y Jordania
El lunes, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el rey Abdullah II de Jordania debatieron estrategias para poner fin a la guerra de Israel contra Gaza durante una reunión en la Casa Blanca. Ambos líderes expusieron puntos de vista alternativos sobre la situación actual en Gaza y su solución.
En sus declaraciones, Biden reconoció el sufrimiento palestino a pesar de su apoyo «inquebrantable» a los ataques de Israel contra Gaza.
«Estados Unidos comparte el objetivo de ver a Hamás derrotado y garantizar la seguridad a largo plazo para Israel y su pueblo», dijo Biden. «El pueblo palestino también ha sufrido un dolor y una pérdida inimaginables. Demasiados de los más de 27.000 palestinos muertos en este conflicto han sido civiles inocentes… incluidos miles de niños.»
«La gran operación militar en Rafah no debe proceder sin un plan creíble para garantizar la seguridad y el apoyo de más de un millón de personas refugiadas allí».
Tras su discurso, el rey Abdullah lamentó que su reunión con Biden se produzca mientras «una de las guerras más devastadoras de la historia reciente sigue desarrollándose en Gaza.»
El rey Abdullah subrayó que el mundo «no puede permitirse un ataque israelí contra Rafah» que «con toda seguridad producirá otra catástrofe humanitaria». Añadió que lo que se necesita es un «alto el fuego duradero».
«No se puede aceptar la separación de Cisjordania y Gaza» y no puede haber paz sin una solución política que conduzca a un «Estado palestino independiente, soberano y viable con Jerusalén oriental como capital», prosiguió el Rey.
El analista Khaled Elgindy, del think tank Middle East Institute, declaró a Al Jazeera que los dos líderes parecen tener diferencias sobre la guerra de Israel contra Gaza tanto en el tono como en el fondo.
«El Rey habló con gran urgencia de un alto el fuego ya. El Presidente habló de una pausa de seis semanas, que puede ocurrir o no», dijo Elgindy.
«Están animando a los israelíes… a reconsiderar su oposición. Pero no tienen la misma sensación de urgencia, a pesar de las terribles circunstancias, especialmente en Rafah», continuó.
Elgindy afirmó que, aunque el rey Abdullah fue «muy claro» en sus declaraciones al afirmar que no había una solución militar a esta crisis, se ha producido una «disonancia» en la postura de la administración Biden.
Dijo que Estados Unidos parece «contento de seguir con Netanyahu en el asiento del conductor, y no hay ningún intento real de cambiar el comportamiento de Israel de ninguna manera significativa».  

Estados Unidos sigue financiando el genocidio
La presión de Estados Unidos sobre Israel ha llegado principalmente en forma de comentarios públicos, mientras que la administración Biden sigue financiando la guerra genocida de Israel contra Gaza y proporciona apoyo diplomático internacional.
El martes, el Senado estadounidense aprobó un paquete de ayuda exterior de 95.300 millones de dólares que incluye 14.000 millones en ayuda militar para Israel, informó Associated Press. Todos los senadores demócratas votaron a favor del proyecto, excepto Jeff Merkley, de Oregón, y Peter Welch, de Vermont. Bernie Sanders, independiente y también de Vermont, también votó en contra.
«No puedo apoyar en conciencia el envío de miles de millones de dólares adicionales de los contribuyentes para la campaña militar del primer ministro Netanyahu en Gaza», dijo Welch, según AP. «Es una campaña que ha matado y herido a un número escandaloso de civiles. Ha creado una crisis humanitaria masiva».
Aunque la votación fue aprobada por 70 votos a favor y 29 en contra, la aprobación en la Cámara de Representantes, donde los republicanos de línea dura se oponen a que la legislación apoye a Ucrania con 60.000 millones de dólares, está lejos de ser segura. Podrían pasar semanas o meses antes de que el proyecto de ley sea enviado al escritorio de Biden.
Recordando que Biden dijo la semana pasada que la embestida de Israel contra Gaza había sido «exagerada» y que funcionarios estadounidenses habían afirmado en repetidas ocasiones que en el asediado enclave palestino están muriendo demasiados civiles, el responsable de política exterior de la UE, Josep Borrell, ha sugerido a Estados Unidos que se replantee su ayuda militar a Israel debido al elevado número de víctimas civiles en la guerra contra Gaza.
«Si creen que se está matando a demasiada gente, quizá deberían proporcionar menos armas para evitar que se mate a tanta gente», declaró Borrell a la prensa tras una reunión de ministros de Desarrollo de la UE en Bruselas, según Al Jazeera.
«Si la comunidad internacional cree que esto es una masacre, que se está matando a demasiada gente, tal vez haya que pensar en el suministro de armas», añadió Borrell.
Matthew Miller, portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., ha eludido las preguntas sobre si EE.UU. congelaría la ayuda a Israel si sigue adelante con un ataque total contra Rafah, informó Al Jazeera.
Aunque el gobierno de Biden ha dicho que una incursión israelí en la abarrotada ciudad cercana a la frontera con Egipto sería un «desastre», Miller declaró que no está claro que recortar la ayuda militar estadounidense sea un «paso que tendría más impacto que los pasos que ya hemos dado».

Las voces internacionales pesan
Mientras se ejerce una presión material limitada sobre Israel para que detenga sus planes de ampliar su operación terrestre a Rafah, el país ha sido objeto de un escrutinio mundial.
El jefe de derechos humanos de la ONU, Volker Turk, dijo que es «totalmente imaginable lo que nos espera» si no se detiene la incursión prevista.
«Una posible incursión militar en toda regla en Rafah, donde alrededor de 1,5 millones de palestinos están hacinados contra la frontera egipcia sin ningún lugar más al que huir, es aterradora, dada la perspectiva de que un número extremadamente alto de civiles, de nuevo en su mayoría niños y mujeres, probablemente resulten muertos y heridos», declaró Turk en un comunicado.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Pakistán ha emitido una declaración en la que condena «enérgicamente» «la agresión militar de Israel contra la ciudad de Rafah, en Gaza, y la consiguiente destrucción y masacre del pueblo palestino».
La declaración de Pakistán afirma que una ofensiva sobre Rafah «violaría las medidas provisionales indicadas por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para proteger al pueblo de Gaza del genocidio».
Pakistán también afirmó que la incursión prevista «agravaría aún más el desastre humanitario presenciado en Gaza» y «pondría en peligro los esfuerzos en curso para un posible alto el fuego».
Karim Khan, fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), con sede en Holanda, dijo en X que está «profundamente preocupado» por el bombardeo israelí de Rafah, así como por los informes de una anticipada ofensiva terrestre israelí allí.
«Mi Oficina tiene una investigación en curso y activa sobre la situación en el Estado de Palestina. Se está llevando a cabo con la máxima urgencia, con vistas a llevar ante la justicia a los responsables de los crímenes del Estatuto de Roma», continuó Khan.
«Todas las guerras tienen reglas y las leyes aplicables a los conflictos armados no pueden interpretarse de modo que queden vacías o sin sentido. Este ha sido mi mensaje constante, incluso desde Ramala el año pasado. Desde entonces, no he visto ningún cambio perceptible en la conducta de Israel».
El funcionario de la CPI también reiteró su llamamiento a la liberación inmediata de quienes siguen cautivos en Gaza.
Mientras tanto, Holanda es uno de los pocos países occidentales que está a punto de empezar a presionar materialmente a Israel para que detenga sus operaciones. El lunes, un tribunal holandés ordenó bloquear todas las exportaciones de piezas de aviones de combate F-35 a Israel ante la preocupación de que se estuvieran utilizando para violar el derecho internacional durante la guerra de Gaza.
El Ministerio de Asuntos Exteriores turco afirmó en un comunicado que están «extremadamente preocupados por la escalada de ataques de Israel contra la ciudad meridional de Rafah, tras la destrucción y las masacres que ya ha infligido en la Franja de Gaza».
«Consideramos que esta operación forma parte de un plan para expulsar a la población de Gaza de su propia tierra», añadió. «Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional, en particular al Consejo de Seguridad de la ONU, para que tome las medidas necesarias para detener a Israel», continuaba el comunicado.
El ministro británico de Asuntos Exteriores, David Cameron, también ha expresado su recelo ante la actual estrategia militar de Israel tras sus ataques nocturnos en Rafah.
«Creemos que es imposible ver cómo se puede librar una guerra entre esta gente. No tienen adónde ir», declaró a la prensa el ministro británico de Asuntos Exteriores.
«Estamos muy preocupados por la situación y queremos que Israel se detenga y reflexione muy seriamente antes de emprender nuevas acciones. Pero, por encima de todo, lo que queremos es una pausa inmediata en los combates, y queremos que esa pausa conduzca a un alto el fuego», añadió.

5. Los alemanes no aprenden nunca

Hace unas semanas se publicaron en El Salto una serie de artículos de Ana Mina sobre la locura prosionista en Alemania que no os envié para no agotar el «cupo» diario, aunque me parecieron muy interesantes. Los tituló ¿Qué está pasando en Alemania? https://www.elsaltodiario.com/. Os paso al menos este artículo sobre el tema que acaban de publicar en ROAPE de una académica alemana -y avergonzada de serlo-. https://roape.net/2024/02/13/

No aprender nada de la historia: Alemania, genocidio y colonialismo en tiempos de Gaza
13 de febrero de 2024
Heike Becker escribe sobre lo que está ocurriendo en Alemania desde el 7 de octubre del año pasado. Contextualiza el apoyo incondicional del gobierno alemán a la conducta de Israel en Gaza y los asombrosos esfuerzos del gobierno y de las asociaciones de la sociedad civil por silenciar a quienes critican las acciones de Israel. Becker señala el silencio ensordecedor de la política y la sociedad alemanas dominantes sobre los miles de niños, mujeres y hombres que han sido asesinados.
Por Heike Becker
Cuando empecé a ampliar mi investigación de larga data sobre memoria, colonialismo y activismo en Namibia y Sudáfrica con un nuevo proyecto para investigar el papel del activismo de la memoria dentro de los actuales movimientos de descolonización en Alemania, entre los primeros libros que leí estaba el entonces recién publicado
Learning from the Germans: Race and the Memory of Evil (2019). Neiman, filósofa judía-estadounidense afincada en Berlín, argumentaba, en pocas palabras, que la sociedad alemana había aceptado en gran medida la responsabilidad y había aprendido de las acciones realizadas por el país en el pasado (mientras que los estadounidenses no lo habían hecho con respecto a su historia de Jim Crow, de ahí el provocativo título). Neiman razonaba que, si bien la antigua Alemania Occidental se había resistido a asumir su responsabilidad por el Holocausto de los judíos europeos, tras la reunificación alemana en 1990 el país había desarrollado un ejemplo ejemplar de cómo expiar un pasado malvado.
El libro de Neiman tenía mucho sentido para mí entonces, aunque me consternó el hecho de que mencionara muy poco cómo Alemania había expiado, o más bien no lo había hecho, su pasado colonial, y especialmente el genocidio por parte del imperio alemán de los herero y los nama en lo que entonces era el Sudoeste de África alemán, la actual Namibia. Como aprendí durante mi trabajo de campo inicial en Berlín, y siguiendo los debates públicos, mediáticos y políticos sobre el poscolonialismo y el antisemitismo que estallaron una y otra vez en 2020 y 2021, la postura de la corriente dominante alemana era, en el mejor de los casos, ambigua.
Sin duda, en contraste con décadas de amnesia colonial, el pasado colonial del país se convirtió en un tema del discurso público a partir de finales de la década de 2010, centrándose en los museos, los restos humanos, la restauración y la reparación. Algunas iniciativas de la sociedad civil recibieron importantes fondos estatales para proyectos de descolonización del espacio público. En 2021, el Gobierno alemán concluyó lo que se ha denominado el «acuerdo de reconciliación» con Namibia, todavía polémico y cuestionado, pero se podría argumentar que, lenta y torpemente, se habían hecho algunos progresos.
Sin embargo, los activistas, artistas y académicos postcoloniales y decoloniales también sintieron que el espacio se estrechaba cada vez más. Las acusaciones de antisemitismo contra Achille Mbembe en la primavera boreal de 2020, y el revuelo mediático que siguió a la publicación de la edición alemana de la obra de Michael Rothberg
Multidirectional Memory: Remembering the Holocaust in the Age of Decolonization de Michael Rothberg a principios de 2021 fueron sólo la punta del iceberg. En 2022, la exposición de arte contemporáneo de alto nivel DOCUMENTA de Alemania fue objeto de ataques por presunto antisemitismo, cuando el evento, que se celebra cada cinco años en Kassel, fue comisariado por el colectivo ruangrupa, con sede en Yakarta.
A veces parece que Alemania se ha esforzado por centrarse en su propia sensibilidad y cerrarse a los retos de la descolonización y el mundo poscolonial. Una oleada de acusaciones de antisemitismo afectó especialmente a las personas de origen árabe y musulmán, a los negros y miembros de la diáspora africana, y también a los judíos de izquierdas antisionistas. De hecho, todo aquel que se atreviera a pedir una expansión de la «cultura de la memoria» del país, tan celebrada en el libro de Neiman, podría acabar rápidamente siendo sospechoso de «relativizar» el Holocausto. En 2021, el historiador australiano Dirk Moses provocó un acalorado debate sobre lo que describió como el «nuevo catecismo alemán», es decir, la insistencia del gobierno alemán y de los principales medios de comunicación del país en que comparar la memoria del Holocausto con otros genocidios era algo más que poner a prueba los cimientos morales de la Alemania posterior a 1945; era «una apostasía de la fe correcta».
Aunque no es algo sin precedentes, lo que está ocurriendo en Alemania desde el 7 de octubre de 2023 es bastante increíble. La rigurosa declaración del gobierno alemán del 12 de enero de 2024, incluso antes de que se hubiera oído ninguna palabra de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, de que se uniría a la audiencia principal de la CIJ como tercera parte en apoyo de Israel puede no tener parangón, incluso entre los gobiernos occidentales, pero no es en absoluto sorprendente teniendo en cuenta el ambiente general del país desde el 7 de octubre.
Susan Neiman fue una de las primeras que planteó su preocupación, en la New York Review of Books (NYRB) el 19 de octubre de 2023, sobre lo que denominó «macartismo filosemita», y el 3 de noviembre, escribiendo de nuevo en la NYRB, señaló que, «en las últimas semanas, las defensas reflexivas de Alemania hacia Israel y la supresión de sus críticos han adquirido un tono febril».
En la primera semana de febrero de 2024, el muy admirado antropólogo libanés-australiano Ghassan Hage fue despedido de su puesto de investigador principal visitante en el Instituto Max Planck de Antropología Social de Halle. La ruptura unilateral de la asociación de Hage con el Instituto fue el resultado de un artículo, publicado unos días antes en un periódico alemán de derechas, en el que se acusaba a Hage de antisemitismo debido a su supuesto «ardiente activismo del BDS [movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones]».
Los periodistas de DIE WELT se refirieron a algunos de sus recientes comentarios en las redes sociales sobre la actual guerra de Gaza. Hage, mundialmente conocido por sus profundos y perspicaces estudios sobre etnonacionalismo, inmigración y raza en Australia, así como por su antropología de Oriente Medio, respondió con un comunicado en el que aclaraba su postura. Señaló su análisis coherente, expresado tanto en sus escritos académicos como en sus publicaciones en las redes sociales: «Tengo un ideal político de una sociedad multirreligiosa formada por cristianos, musulmanes y judíos que vivan juntos en esa tierra. … He criticado tanto a israelíes como a palestinos que trabajan en contra de ese objetivo. Si Israel ha recibido y sigue recibiendo las mayores críticas es porque su proyecto colonial etnonacionalista es, con diferencia, el mayor obstáculo para alcanzar tal objetivo». Las reflexiones de Hage sobre el encuadre de la guerra de Gaza de 2023 fueron pertinentes en un artículo reflexivo y conmovedor, publicado en el blog-sitio web de ALLEGRA LAB en noviembre de 2023.
Este ha sido el primer caso destacado de macartismo supuestamente filosemita en el ámbito académico, aunque ciertamente ha habido amenazas en instituciones académicas alemanas, austriacas y suizas durante algún tiempo. La censura se ha centrado sobre todo en los artistas y el sector cultural, se han cancelado exposiciones y simposios que llevaban mucho tiempo planeándose, se han retirado premios o se han rediseñado torpemente las ceremonias de entrega, se ha cancelado la financiación básica de una importante institución cultural de Berlín, y la lista sigue y sigue. El 5 de enero, el consejo regional conservador de Berlín anunció que introduciría una nueva medida. Supuestamente destinada a combatir el antisemitismo, en el futuro sólo se concederían ayudas estatales a los solicitantes que se comprometieran por escrito a cumplir una controvertida cláusula antisemita, basada en la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), que proscribe las críticas a Israel como «antisemitas». Los críticos dejaron claro que esta cláusula iba a silenciar cualquier crítica al Estado y la política de Israel y a socavar la libertad de expresión.
Después de que más de 6.000 firmantes de una carta abierta protestaran contra esta cláusula, y de que numerosos artistas internacionales propusieran y apoyaran acciones de boicot, el Departamento de Cultura del Senado de Berlín dio marcha atrás y retiró la cláusula. El éxito de las acciones colectivas supone, según esperan algunos, algunas grietas en el muro del ensordecedor silencio de Alemania respecto a la violencia y las muertes en Gaza. También ha habido algunas declaraciones valientes en defensa de la libertad de expresión cultural y de investigación, como la de la Asociación Alemana de Antropólogos Sociales y Culturales el 12 de febrero, que expresó su preocupación por los ataques a intelectuales de renombre y advirtió contra «que nuestra esfera pública [sea] moldeada por juicios reduccionistas de dinámicas de conflicto socialmente complejas y acusaciones indiscriminadas de antisemitismo».
Sin embargo, al escuchar el discurso de año nuevo del canciller alemán, Olaf Scholz, el silencio ensordecedor, que ha sido pertinente en el discurso público alemán, me produjo una terrible -y duradera- conmoción que el jefe del gobierno alemán no tuviera ni una sola palabra de compasión que dedicar a la moribunda, gélida y hambrienta población de Gaza después de haber expresado el profundo dolor de su gobierno por el ataque de Hamás contra Israel. Pero luego siguió el silencio total: Ni una palabra sobre los miles de niños, mujeres y hombres que han muerto por los ataques aéreos y la guerra terrestre de Israel. Ni una palabra. Ninguna. Un silencio ensordecedor.
Esto dejó muy claro que en el discurso alemán dominante «Nunca más» no significa «nunca más para nadie». Por el contrario, el apoyo incondicional del gobierno alemán a la conducta de Israel en Gaza se presenta como una mera conclusión lógica de lo que Susan Neiman denominó en uno de sus recientes artículos «recuento histórico desquiciado».
Teniendo en cuenta la indecible devastación de Gaza, parece autoindulgente hablar de lo personal y afectivo, pero allá voy: Últimamente he llorado mucho. Alcancé la mayoría de edad en la Alemania Occidental de los años setenta y formé parte de una generación de jóvenes activistas de los ochenta que se propusieron romper los muros de silencio sobre los genocidios de judíos, sinti y romaníes y otros «indeseables» que seguían imperando en la Alemania Occidental de entonces. Desafiante, llevé mi keffiyeh palestino en las marchas contra el antisemitismo y el racismo en Alemania, así como en las concentraciones contra el apartheid en Sudáfrica y Namibia. A pesar de todas las contradicciones de los últimos años, me estaba volviendo cautelosamente esperanzada, nunca pensé que volvería a avergonzarme tan profundamente de ser alemana.
Heike Becker se centra en las políticas de la memoria, la cultura popular, el activismo y los movimientos sociales de resistencia en el sur de África (Sudáfrica y Namibia). También trabaja sobre el activismo descolonizador de la memoria y las políticas antirracistas en Alemania y el Reino Unido. Heike es una de las principales colaboradoras de roape.net desde 2014.

6. El último refugio.

Las órdenes de evacuación de Rafah hacia no se sabe dónde es un paso más en el genocidio sionista, quizá uno de los últimos. En este artículo de Marc Owen Jones se resumen bien la situación.

https://www.aljazeera.com/

¿Realidad o ficción? El plan de evacuación de Israel para los palestinos de Rafah
Israel no pretende «evacuar» a los palestinos de Rafah a un lugar seguro. Pretende matarlos o deportarlos.
Marc Owen Jones Profesor asociado de la Universidad Hamad bin Khalifa
Publicado el 13 Feb 2024
El domingo, antes de la invasión israelí prevista de Rafah, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, concedió una entrevista a la cadena de televisión estadounidense ABC. Se refirió a las advertencias de funcionarios occidentales, incluidos estadounidenses, de que ello provocaría un elevado número de víctimas civiles.
«Vamos a hacerlo proporcionando al mismo tiempo un paso seguro a la población civil para que pueda marcharse», dijo Netanyahu.
A la pregunta del presentador Jonathan Karl de adónde se supone que van a ir 1,4 millones de palestinos, respondió: «Las zonas que hemos despejado al norte de Rafah, hay muchas zonas allí, pero estamos elaborando un plan detallado para hacerlo».
Netanyahu parecía poco convencido de sus propias palabras.
Un día antes, el portavoz del gobierno israelí, Eylon Levy, habló con la radio londinense LBC y también sonó poco convincente. Cuando el presentador Matt Frei le preguntó cuatro veces adónde se supone que van a ir los palestinos de Rafah, Levy no pudo responder. Todo lo que pudo decir fue: «Bueno, hay zonas abiertas en la Franja de Gaza. Y una opción es que las agencias de la ONU colaboren con nosotros en la evacuación de civiles a zonas abiertas». La pregunta de dónde están esas zonas abiertas quedó sin respuesta.
La razón por la que Netanyahu y Levy no pueden responder a una simple pregunta es porque ambos saben que el ejército israelí no tiene intención de proteger a los palestinos, como no lo ha hecho hasta ahora. Saben que ningún lugar ha sido seguro para los palestinos y ningún lugar será seguro para ellos cuando comience la invasión de Rafah. También saben que, en última instancia, el objetivo de Israel es expulsar a los palestinos de Gaza, no mantenerlos allí.

Ningún lugar seguro en Gaza
Desde el comienzo de esta guerra israelí contra Gaza, el gobierno israelí ha subido la apuesta de la desinformación. En ninguna parte ha sido esto más evidente que en las afirmaciones de que el ejército israelí está creando un «paso seguro» para la población de Gaza o está tratando de protegerla.
Los últimos cuatro meses mortíferos ofrecen abundantes pruebas.
En primer lugar, Israel dijo a la población de Gaza que el sur sería seguro. Cuando empezaron a evacuar, fueron bombardeados por el camino en sus convoyes civiles. También fueron bombardeados cuando llegaron. Cuando no bombardeaban a los civiles en las «rutas de evacuación seguras», les disparaban francotiradores o los detenían y los hacían desaparecer por la fuerza.
Cuando el ejército israelí invadió la anterior «zona segura» de Jan Yunis, dijo a los civiles que no se movieran de los hospitales y refugios. Sus francotiradores dispararon a la gente que intentaba llegar a los hospitales y refugios y luego los bombardearon.
Cuando el ejército israelí dijo a los palestinos que abandonaran Jan Yunis, los atacó mientras huían.
Algunos palestinos lograron llegar a Rafah, otra «zona segura», sólo para que les dijeran que ya no es segura. Ahora se les dice que huyan de Rafah a «zonas abiertas». Otras «zonas abiertas», como Mawasi, a las que antes se les había dicho que se dirigieran, han sido objeto de repetidos ataques.
A lo largo de este proceso de decir a la gente que evacue para luego matarla, el ejército y el gobierno israelíes siguieron haciendo anuncios en inglés y concediendo entrevistas a los medios de comunicación occidentales afirmando que estaban tomando medidas para «proteger a los civiles». Ya se tratara de «rutas de evacuación» inseguras o de «mapas de evacuación» confusos, hicieron lo que pudieron para ocultar la verdad de que no hay lugares seguros en Gaza.
Siguieron propagando la mentira incluso después de que organismos de las Naciones Unidas y organizaciones internacionales -como Save the Children, Médicos Sin Fronteras (MSF), Amnistía Internacional, etc.- coincidieran en que no hay ningún lugar seguro en Gaza.
Incluso los medios de comunicación occidentales -como The New Yorker, la revista Time y Deutsche Welle- empezaron a ver a través de la desinformación israelí e informaron de la realidad de que no hay ningún lugar seguro en Gaza.
¿Debe confiarse ahora en que el mismo ejército que mató a más de 28.000 palestinos y destruyó o dañó más del 60% de las viviendas de Gaza ofrezca un «paso seguro»?

El Hamás de Schrodinger
En el pasado, como en esta guerra, Israel ha culpado repetidamente de las matanzas de civiles a Hamás y a otros grupos armados palestinos. Ha afirmado repetidamente que los combatientes palestinos y sus comandantes utilizan a la población civil como «escudos humanos».
Pero estas afirmaciones no concuerdan del todo con los datos que el propio ejército israelí ha hecho públicos. En enero, Israel afirmó que había matado a 10.000 combatientes palestinos (9.000 en Gaza y 1.000 dentro de Israel), herido a 8.000, detenido a 2.300 y eliminado dos tercios de los regimientos de Hamás. También ha dicho que ha «atacado» 30.000 objetivos en Gaza.
Si el ejército israelí -el más moral del mundo según su propia evaluación- «ataca» sólo objetivos militares, cabría pensar que al menos 30.000 combatientes habrían muerto o resultado heridos.
Y si nos atenemos a la afirmación de Netanyahu de que por cada civil palestino muerto se ha eliminado a un combatiente palestino, obtenemos un número de muertos que la inteligencia israelí rechazaría. (Al parecer, esta última ha estado utilizando internamente las cifras del Ministerio de Sanidad de Gaza, que el gobierno israelí ha puesto en duda en repetidas ocasiones).
En otras palabras, los datos del ejército israelí confirman que está atacando objetivos civiles y que Netanyahu miente sobre la proporción de muertos entre civiles y militares en Gaza.
Pero hay otra contradicción en la narrativa oficial israelí que estos datos están revelando.
Según las estimaciones israelíes, Hamás tenía al menos 30.000 combatientes antes de la guerra. Si hemos de creer las afirmaciones del ejército israelí de que ha expulsado a Hamás de las zonas que ha invadido en la Franja de Gaza y que Rafah es el «último bastión de Hamás», eso significa que al menos 10.000 estaban en Rafah en enero, cuando a los palestinos se les seguía diciendo que esta ciudad era una zona segura.
Si, como a Israel le gusta afirmar, Hamás utiliza escudos humanos, entonces Israel simplemente está admitiendo que está empujando a la población civil a zonas en las que serán atacados porque Hamás está allí.
Resulta que, en esta guerra contra la realidad, Israel puede decir simultáneamente que está evacuando a civiles a zonas seguras y que Hamás los utiliza como escudos humanos. De alguna manera, Hamás está en todas partes y en ninguna al mismo tiempo.
Bajo estas mentiras está la fórmula de la verdad real con la que opera Israel: Donde va Hamás, van los civiles, donde van los civiles, va Hamás. Para derrotar a Hamás, también debemos eliminar a los civiles.

Nakba es seguridad
No es ningún secreto que el gobierno israelí ha estado planeando y presionando para que se expulse a los palestinos a la península del Sinaí. Ya a finales de octubre salió a la luz un documento del Ministerio de Inteligencia israelí en el que se esbozaba claramente la deportación de la población palestina de Gaza a territorio egipcio.
Netanyahu se apresuró a calificar el documento de «documento conceptual» y a restar importancia a su contenido. Pero uno tiene que preguntarse en qué estaba pensando cuando tropezó con las palabras «muchas zonas» en la entrevista de ABC. ¿Podrían ser los planes inmobiliarios que se están elaborando para el desarrollo de nuevos asentamientos judíos en la eviscerada Gaza o la conferencia a la que asistieron sus ministros pidiendo el reasentamiento israelí de la franja?
En los últimos cuatro meses, más de dos millones de palestinos han sido empujados cada vez más al sur, cerca de Egipto. Mientras tanto, la retórica de «seguridad» y «evacuación» del ejército y el gobierno israelíes ha servido para encubrir convenientemente hacia dónde se dirige todo esto.
Las órdenes de evacuación de Israel han sido una representación para que la comunidad internacional trate de demostrar que Israel está cumpliendo con sus obligaciones en virtud del derecho internacional.
Lo mismo puede decirse de sus mapas de evacuación, sus lanzamientos de panfletos, los ataques de «precisión», las «zonas seguras». Todo ello forma parte de las «tecnologías del genocidio» diseñadas para hacer otra Nakba más fácil para Israel y más aceptable para los aliados de Israel y la comunidad internacional.
De hecho, forman parte del escaparate que ayuda al presidente estadounidense Joe Biden a trivializar la campaña genocida de Israel calificándola de «un poco exagerada».
En la guerra contra la realidad, la verdad es víctima de la ideología política, y la desinformación entra en conflicto con otra desinformación.
«La guerra es la paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es la fuerza». Añádase a esta cita del clásico de George Orwell 1984, «Nakba es seguridad», pues esa es la realidad que se ha endilgado a los palestinos de Gaza.
Marc Owen Jones es profesor asociado de Estudios sobre Oriente Medio y Humanidades Digitales en la Universidad Hamad bin Khalifa.

7. La opinión de Bhadrakumar sobre la entrevista a Putin

Así vio el exdiplomático indio la entrevista de Carlson a Putin, y dónde puede llevar. Según él, a negociaciones.

https://www.indianpunchline.

Posted on febrero 13, 2024 by M. K. BHADRAKUMAR
Putin muestra interés en las conversaciones sobre Ucrania
La gran belleza de la entrevista del presidente ruso Vladimir Putin con el famoso periodista estadounidense Tucker Carlson es que en ella hay algo para casi todo el mundo, ya sean historiadores que recuerdan el pasado, diplomáticos que aíslan la historia y la sacan de contexto, maestros del espionaje que fueron guerreros del frío con la adrenalina aún a flor de piel, politólogos que se las ingeniaron para crear falsas narrativas e incluso uno o dos presidentes estadounidenses y un pintoresco primer ministro británico, sin duda, que pueden tener las manos manchadas de sangre.
Carlson declaró modestamente que quería sentarse con Putin porque «la mayoría de los estadounidenses no están informados» sobre cómo la guerra en Ucrania está «remodelando el mundo».
En efecto, a medida que avanzaba su conversación de dos horas, se desplegó un vasto panorama:

  • desde el origen de Rus hasta el «estado artificial» que es Ucrania;
  • de Dostoievski al alma rusa;
  • desde el desplante de Estados Unidos al anhelo de la Rusia postsoviética de formar parte de la alianza occidental hasta el apoyo de la CIA al separatismo y el terrorismo en el Cáucaso Norte;
  • desde la expansión de la OTAN hasta la aparición de sus bases en Ucrania;
  • del despliegue proactivo del sistema ABM por parte de Estados Unidos en Europa a la respuesta de Rusia con sistemas de ataque hipersónico;
  • de la militarización del dólar al retroceso de la desdolarización; y,  
  • la imperiosa necesidad de que Estados Unidos se adapte a la realidad geopolítica de que «el mundo está cambiando».

La entrevista ha irrumpido en Internet, cosechando decenas de millones de visitas en X. Es probable que sus repercusiones continúen durante la campaña para las elecciones de noviembre. El candidato presidencial independiente Robert Kennedy Jr escribió: «Tucker Carlson lleva días siendo difamado. Los medios de comunicación heredados y el establishment demócrata están molestos con él simplemente por hacer su trabajo. Los estadounidenses pueden soportar conversaciones que inviten a la reflexión. Podemos manejar pensamientos peligrosos o ideas contrarias que no encajan en la narrativa de los MSM. Dejemos que decidamos por nosotros mismos».
Sin duda, la guerra en Ucrania fue el leitmotiv de la entrevista. Cuando se le preguntó por las perspectivas de paz, Putin sugirió: «Si realmente quieren dejar de luchar, tienen que dejar de suministrar armas». Putin respondió además: «Se acabará en unas semanas. Eso es todo».
La tentadoramente fácil solución está anclada en la creencia de Putin, que ha mantenido sistemáticamente desde que comenzó el conflicto en febrero de 2022, de que se trata en el fondo de una guerra civil y una contienda fratricida que dividió a familias, parientes y amigos, lo que podría no haber ocurrido sin el maléfico e intrusivo comportamiento de las potencias occidentales.
La interacción de tres factores relacionados puede explicar la cautelosa sangre fría de Putin. En primer lugar, la entrevista se produce en un momento en que el campo de batalla se ha inclinado a favor de Rusia. Además, a un nivel más profundo, la resistencia del Congreso a la ayuda a Ucrania subraya la transformación de la dinámica de los partidos y del electorado en Estados Unidos.
El Partido Republicano, que antaño se distinguía por su dura oposición a Rusia, se inclina cada vez más hacia el aislacionismo y, en algunos círculos, incluso existe simpatía por Moscú.
Por supuesto, si la política estadounidense está febril, no se debe a Putin, sino al crecimiento del populismo, a la polarización de la sociedad, que son fenómenos internos con raíces históricas. Tras décadas de consenso bipartidista de la Guerra Fría sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, para muchos, la globalización, el flujo de inmigrantes ilegales, las guerras en el extranjero, etc. han desacreditado la antigua forma de pensar.
Un segundo factor podría ser la incipiente sensación en algunos sectores de Moscú de que, aunque el presidente Zelensky «engañó a sus votantes» al dar la espalda a su mandato de poner fin al conflicto en Donbass, y en su lugar decidió por interés propio que era «beneficioso y seguro… no enfrentarse a los neonazis y nacionalistas, porque son agresivos y muy activos, se puede esperar cualquier cosa de ellos, y en segundo lugar, el Occidente liderado por Estados Unidos les apoya y siempre apoyará a los que se enemistan con Rusia», aún puede negociar con Moscú.
Putin recordó la sorprendente revelación, en una entrevista en la televisión ucraniana, de Davyd Arakhamia, que encabezó la delegación para negociar con los oficiales rusos en Estambul en marzo de 2022 y que, de hecho, había rubricado el documento final, de que «después de que volviéramos de Estambul, Boris Johnson visitó Kiev y dijo que no debíamos firmar nada con los rusos y que ‘simplemente lucháramos'».
Citando a Arakhamia, que actualmente es el líder de la facción del partido gobernante en el parlamento ucraniano y uno de los principales asesores de Zelensky, «la guerra podría haber terminado en la primavera de 2022 si Ucrania hubiera aceptado la neutralidad. El objetivo de Rusia era presionarnos para que fuéramos neutrales. Esto era lo principal para ellos: Estaban dispuestos a terminar la guerra si aceptábamos la neutralidad, como una vez hizo Finlandia. Y que nos comprometiéramos a no entrar en la OTAN. Esto es lo principal».
Podría decirse que aquí es donde entra en juego como tercer factor la lucha por el poder en Kiev y la destitución del general Valery Zaluzhni, anterior Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Resulta significativo que el lunes, según un informe de Tass, el jefe del servicio de inteligencia exterior de Rusia, Sergey Naryshkin, declarara en Moscú que Estados Unidos y sus aliados del G7 están nerviosos por las deserciones del régimen ucraniano y están barajando la idea de nombrar un representante especial en Kiev para asegurarse de que Zelensky actúe en la línea de puntos. Naryshkin insinuó que esos temores en las capitales del G-7 tienen fundamento.
De hecho, al final de la entrevista con Carlson, Putin también dejó un mensaje de despedida: «Hay opciones (para las conversaciones de paz) si hay voluntad». Y añadió: «Hasta ahora, ha habido alboroto y gritos para infligir una derrota estratégica a Rusia en el campo de batalla. Ahora parece que ellos (la OTAN) se están dando cuenta de que es difícil de conseguir, si es que es posible. En mi opinión, es imposible por definición, nunca va a suceder. Me parece que ahora los que están en el poder en Occidente también se han dado cuenta de ello.
«Si es así, si se han dado cuenta, tienen que pensar qué hacer a continuación. Estamos preparados para este diálogo… para decirlo con más precisión, están dispuestos pero no saben cómo hacerlo. Sé que quieren. No es sólo que yo lo vea, sino que sé que lo quieren, pero les cuesta entender cómo hacerlo… Bueno, ahora que piensen cómo invertir la situación. No estamos en contra».
La gran pregunta es si la Administración Biden morderá el anzuelo. El Canciller alemán Olaf Scholz visitó la Casa Blanca el 9 de febrero. En sus declaraciones a los medios antes de la reunión con el Presidente Biden, Scholz dudó de las intenciones de Putin, afirmando: «Quiere hacerse con parte del territorio de sus vecinos. Sólo imperialismo – imperialismo. Y creo que es necesario que hagamos todo lo posible para apoyar a Ucrania y darle la oportunidad de defender su país».
Por su parte, Biden se mantuvo circunspecto. Más tarde, en un detallado comunicado de la Casa Blanca centrado en los acontecimientos de Asia Occidental, se limitó a decir: «El Presidente Biden y el Canciller Scholz reafirmaron su decidido apoyo a Ucrania en su lucha contra la guerra de agresión de Rusia. El Presidente elogió las contribuciones ejemplares de Alemania a la autodefensa de Ucrania, y el Canciller Scholz subrayó la importancia del apoyo sostenido de Estados Unidos».
Parece que lo más probable es que la administración Biden tenga la intención de mantener vivo el conflicto al menos hasta noviembre, mientras que su principal atención se centrará en los acontecimientos de Asia Occidental que tienen una relación directa con la candidatura del presidente en las elecciones de noviembre.

8. Agroindustriales

Un duro repaso desde Italia a la industria agroalimentaria en crisis.
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La agricultura industrial se rebela contra sí misma
Por Sonia Savioli
¿Quiénes son?
No son agricultores. De hecho, se les llama agricultores, pero es mejor llamarlos agroindustrialistas, porque eso es lo que son la mayoría de los propietarios o arrendatarios de tierras agrícolas en Europa Occidental.
¿Qué producen los agroindustriales europeos? He aquí algunos ejemplos: en Francia, 12 millones de cerdos; en Alemania, 21 millones de cerdos; 11 millones de bovinos; 160 millones de pollos; en Italia, 71 millones de pollos; en España, 34 millones de cerdos; en la pequeña Dinamarca, 33 millones de cerdos… (1) Y podríamos seguir y seguir, enumerando millones y millones de animales, el 90% de los cuales son prisioneros de la ganadería intensiva: contaminante, intensiva en energía, subvencionada e inhumana.
Todos estos millones de víctimas inocentes de la agroindustria nos alimentan, por supuesto, como dicen los rebeldes agroindustriales, si nos importan un bledo las pobres criaturas torturadas y si no tenemos miedo de atiborrarlas con los antibióticos, las hormonas, el maíz transgénico y la soja con los que se les alimenta a diario. Sin embargo, de estos cientos de millones de cuerpos, sólo comemos una pequeña parte: cabezas, patas y vísceras alimentan a nuestros perros y gatos y, en forma de harinas animales, a los propios presos en granjas intensivas.
Esta es una de las «cadenas de suministro» de la industria agrícola, que en la UE recibe unos 30.000 millones al año en subvenciones. Hablando de competencia desleal. Y haríamos bien en recordar que esos treinta mil millones salen de nuestros bolsillos: de los impuestos de los ciudadanos europeos.
Otro ejemplo de la misma «cadena» industrial: más del 63 % de la tierra cultivada en la Unión Europea produce forraje para los prisioneros de los lagers intensivos, conocidos como explotaciones ganaderas; el 82 % del maíz producido en Italia se convierte en forraje para las explotaciones ganaderas intensivas. (2)
¿Cuánto hace que no comes un plato de polenta? ¿Y te has preguntado alguna vez para qué sirven esas interminables extensiones de maíz cuando cruza el valle del Po? Para alimentar, por ejemplo, a vacas lecheras que producen de cincuenta a sesenta litros de leche al día, encerradas en cobertizos, con las ubres hipertrofiadas y que, cuando dan a luz, ni siquiera tienen tiempo de ver a su ternero, que inmediatamente es trasladado a una jaula y alimentado con leche artificial durante el (corto) tiempo necesario para que esté listo para ir al matadero y convertirse en cuadril o ternera asada, o para salir en un camión y ser trasladado al matadero de otro país, donde será engordado hasta alcanzar el peso considerado rentable para un novillo y reanudar después el largo viaje de vuelta al matadero del país donde nació.
Quizá no lo sabías.

¿Nos dan de comer o nos alimentan?

En Italia hay 674.000 hectáreas de viñedos y sólo 400.000 hectáreas de hortalizas. Pero no es porque los italianos bebamos más de lo que comemos, es porque exportamos 22 millones de hectolitros de vino al año (2.200 millones de litros) (3)
Vendemos Prosecco a los chinos, Chianti a los alemanes, a los americanos, a los australianos…
Para esos viñedos se destriparon laderas, se destruyeron bosques y terrazas, se talaron olivares y huertos: todos cultivos que realmente proporcionaban alimentos, bosques que nutrían la tierra y mitigaban el clima, terrazas que evitaban la erosión del suelo. Pero no permitían un procesamiento rápido con pocos trabajadores y gran maquinaria; procesamiento realizado en muchos casos por empresas agro-mecánicas que, veremos más adelante, también forman parte de la categoría «agricultura». Hablando de alimentos:
Importamos patatas de Argentina y ajos de Egipto, aceite de Túnez… Cada año importamos entre 5 y 7 millones de toneladas de patatas (7.000 millones de kilos) y 1,5 millones de toneladas de hortalizas. (4)
Es cierto que en muchos casos se trata realmente de competencia desleal, porque gran parte de estos productos llegan a bajo precio de países donde los trabajadores son menos que esclavos, pero… lo mismo ocurre con la soja y el maíz que importan y compran los «agricultores» europeos para alimentar a los presos de las explotaciones de ganadería intensiva.

¿Competencia desleal?

Para la cadena de ganadería intensiva de los agroindustriales europeos, principalmente occidentales, cada año se importan a Europa 11 millones de toneladas de maíz y 36 millones de toneladas de soja. En Italia se consumen 10.000 toneladas diarias de soja transgénica importada y 100.000 toneladas anuales de maíz transgénico importado. (5)
Pero estas importaciones, de productos OGM procedentes de países como Brasil o Argentina, donde no sólo no se protege a los trabajadores agrícolas desde ningún punto de vista, ni salarial ni sanitario, sino que a menudo se han quemado bosques e incluso pueblos indígenas, deportando a la población y matando a los que se rebelan, para cultivar soja y maíz OGM en inmensos espacios, no son cuestionadas por los industriales agrícolas, llamados «agricultores». Toda esta «agricultura» tercermundista sirve para alimentar cerdos, vacas, pollos «fabricados» en cobertizos.
Para esta industria agrícola, el ideal no es la pequeña explotación, que de hecho está desapareciendo en Europa Occidental; el ideal es la mediana y gran explotación, cada vez más grande y que recibe la mayor parte de las subvenciones e incentivos.
Hablando de competencia desleal.

El gasóleo es como el pan

¿Para quién? No para el pequeño agricultor ecológico que, para cultivar unas pocas hectáreas de huerta u olivar, patatas o cereales y un huerto, o criar un centenar de pollos camperos, consume muy poco gasóleo, y a veces incluso renuncia a las subvenciones porque las normas burocráticas para acceder a ellas le parecen demasiado onerosas.
El gasóleo subvencionado es esencial para las industrias agrícolas, que consumen toneladas al mes, y a las que no les importan las normas burocráticas porque tienen oficinas y empleados que también pueden pensar en eso.
Entre estas empresas están las conocidas como «agromecánicas». ¿Quiénes son?
Son empresas que, con enormes tractores, excavadoras, bulldozers, cosechadoras y otra maquinaria (subvencionada por los Estados y el superestado de la Unión Europea) trabajan temporal o permanentemente en tierras de otros, que son, sin embargo, como ellos, «agricultores».
En Italia, nos dicen los propios agromecánicos, dos tercios de las tierras agrícolas son trabajadas por ellos, y el 10 % (1,2 millones de hectáreas) se les confía de forma permanente. Les recuerdo que una hectárea son 10.000 metros cuadrados. En Italia estas empresas poseen 75.000 tractores, y no son tractores como los de los pequeños agricultores. Así que no nos sorprende que en nuestro país se «subvencionen» 2.000 millones de litros de gasóleo al año. (6)
¡Y luego lo llaman agricultura! ¡Y hablan de competencia desleal!

Siguiendo con la alimentación

Ahora también está la agrovoltaica. Otra oportunidad subvencionada para la industria agrícola. En 2021 en Italia ya había 152 kilómetros cuadrados (15.200 hectáreas, 152 millones de metros cuadrados) de tierras de cultivo robadas a la agricultura, pero que siguen considerándose agricultura. Y subvencionada. (7)

¿Qué es lo que quieren?

Quieren dinero y no quieren restricciones.
Habría mucho que criticar en la política agrícola de la UE, pero estos rebeldes, en parte de mala fe y en parte instrumentalizados, critican básicamente las escasas y tímidas propuestas que van en el sentido de disminuir, en muy pequeña medida, la contaminación causada por la industria agrícola.
Hasta los años 50, los agricultores italianos practicaban la rotación en los cultivos de cereales, alternándolos con leguminosas y forrajes: los cereales empobrecían el suelo, las leguminosas lo enriquecían. Los agroindustriales se niegan a reservar cada año el 4% de sus tierras cultivables.
En Holanda, un país rico con algo más de 17 millones de habitantes, se crían intensivamente 11.300.000 -¡once millones trescientos mil! – cerdos y existe la mayor granja de pollos del mundo: un galpón rascacielos donde sufren y mueren un millón de pollos, seres vivos peor tratados y considerados menos que las mercancías producidas en una industria manufacturera.
Holanda exporta la mayor parte de los productos agrícolas que produce, así que pregúntate de qué acuerdos comerciales internacionales quieres proteger a los falsos agricultores. Los agricultores de Holanda se extinguieron hace tiempo y los agroindustriales, conocidos como «granjeros», son ricos, son los más ricos de Europa, y los ingresos medios, después de gastos e impuestos, de una granja holandesa superan los 80.000 eur anuales. (8)
En 2020, se consumieron 468.000 toneladas de pesticidas en la Unión Europea, 468 millones de litros de venenos ensuciando la tierra, el agua y el aire. En 2017, se esparcieron por el suelo de los países de la UE 49.000 toneladas de glifosato, una sustancia cancerígena y gravemente tóxica, que la Comisión Europea se negó a prohibir, aprobando su uso durante otros diez años. (9) ¿Una victoria para los agricultores?
Quieren que se eliminen de la PAC las escasas prohibiciones o restricciones al uso de pesticidas y herbicidas.
Los rebeldes se oponen a la estrategia «De la granja a la mesa» de la Unión Europea, que pretende alcanzar el exiguo objetivo del 25% de agricultura ecológica para 2030.
Los «rebeldes» agroindustriales franceses exigen que se supriman incluso las distancias de seguridad de los hogares para fumigar con pesticidas, quieren volver a utilizar los neonicotinoides que han sido prohibidos provisionalmente porque matan a las abejas y a los insectos polinizadores. (10)

¿Quién está detrás y quién delante?

No es por ser conspiranoico, pero la pregunta clave en cualquier situación política es Cui prodest? y, dado que los mayores vendedores de pesticidas y fertilizantes químicos en la UE son las multinacionales Syngenta, Bayer-Monsanto, Corteva, BASF, seguramente las cuatro, y todas las demás de la industria del veneno, tienen algo que ver. Para las multinacionales, se trata realmente de una cuestión de vida o muerte, ya que perder incluso sólo el 4% de los beneficios significa perder miles de millones, y sabemos lo apegadas que están las multinacionales a los miles de millones: los miles de millones son su corazón y sus entrañas, y no pueden vivir sin ellos. Pero para saber quién está detrás, basta con ver quién está delante.
Un ejemplo: Francia.
La mayor y más grande organización francesa de agroindustriales, que está promoviendo y organizando las protestas es la FNSEA. El presidente de la FNSEA es un tal Armand Rousseau, propietario de una empresa de 339 hectáreas, mientras que su esposa es propietaria de una empresa de 700 hectáreas. ¿Y qué producen Rousseau Arnaud y su consorte en estas 1039 hectáreas? Pienso para explotaciones de ganadería intensiva y biodiésel.
Arnaud se licenció en la Escuela Europea de Negocios de París (traduzco: Escuela Europea de Negocios-Finanzas); fue, entre otras cosas, financiero en «valores agrícolas», y finalmente, ¡sorpresa sorpresa! es directivo de la multinacional agroindustrial francesa AVRIL, que comercia con productos químico-sintéticos y energéticos, que produce 11 millones de toneladas de biodiésel a partir de los cultivos que supuestamente «nos alimentan», que ha lanzado la producción de biodiésel a partir de grasa animal (si se desarrolla, tendremos granjas de animales para biodiésel), y que tiene unos ingresos anuales de más de 7.000 millones de euros. (11)
¿Un granjero?

¿Y entonces?

La agricultura industrial europea quiere que sus productos estén protegidos de la competencia de los productos de los países esclavos y subordinados, pero no quiere que se protejan los productos agrícolas de los países que sirven a su «cadena de suministro». El polimillonario holandés no tiene mil hectáreas de tierra cultivable con las que alimentar a sus víctimas emplumadas, las mil hectáreas están en América Latina o tal vez en Asia o África, donde los trabajadores cobran una calderilla y por tanto el pienso cuesta dos calderillas.
Es indicativo y revelador que quienes amenazaban a los trabajadores, ecologistas y opositores a la dictadura pandémica planeada por el Foro Económico Mundial con la cárcel si bloqueaban las carreteras o se manifestaban sin autorización, hoy ensalcen los cortes de carretera de los agroindustriales. Que seguramente conseguirán contaminar como siempre, ya que las multinacionales de los pesticidas y del petróleo están de su parte.
Los pequeños y medianos agricultores, arrastrados a la protesta por su exasperación ante las normativas sanitarias y burocráticas destinadas a destruirles, ante los precios de los mayoristas y grandes distribuidores que les estrangulan, dan aliento y cuerda a sus enemigos. A los que tienen miles de hectáreas de tierra y no reciben ningún perjuicio de esas regulaciones que estrangulan a los pequeños sino que, al contrario, las han dictado a los gobiernos para eliminarlas, porque los pequeños y medianos agricultores son sus competidores; a los que obtienen exenciones fiscales como empresas, fundaciones, multinacionales, falsas cooperativas creadas para explotar a sus empleados; a los que tienen en sus manos cadenas agroindustriales enteras y son socios de la gran distribución; a los que querían y perseguían la globalización para explotar a los pueblos y las tierras del Tercer Mundo.
La verdadera amenaza para los agricultores europeos era ayer la eliminación de esas barreras aduaneras que protegían sus productos, al tiempo que protegían a los agricultores y los productos de África, Asia, América Latina. Pero cuando los noglobales luchaban contra esa amenaza, los agronegocios estaban al otro lado de la barricada, las organizaciones de agricultores europeos estaban ausentes. Los agricultores del Tercer Mundo y sus organizaciones estaban allí, junto a los ecologistas.
Las verdaderas amenazas para la agricultura actual son el cambio climático, la sequía y la erosión del suelo. Pero los «rebeldes» luchan precisamente contra las escasas e insuficientes medidas destinadas a hacer frente a estas amenazas.
La inevitable crisis económica está sobre nosotros y ahora nos encontramos en medio de una crisis medioambiental. El capitalismo no dudará en instrumentalizar los problemas y penurias de cualquier grupo para sus propios intereses y fines: ni siquiera duda en fomentar guerras. Al fin y al cabo, siempre lo ha hecho, y mucho más cuando está en crisis, como ahora.
Desgraciadamente, la mayoría de los agricultores de Europa Occidental son ahora dependientes y parte del agronegocio: se han incorporado a un sistema perverso que los explota pero del que también se sirven. El capitalismo no tiene moral, es un sistema amoral que tiene como único objetivo aumentar ilimitadamente su propio beneficio y su propio poder, pero si uno acepta sus reglas y entra en su sistema, esperando beneficiarse de él y convirtiéndose, inevitablemente, en amoral, no puede luego pretender moralizar el sistema en beneficio propio, cuando el beneficio ya no existe.
La supervivencia de los pequeños y medianos agricultores sólo puede garantizarse si vuelven a ser agricultores y dejan de ser industriales. Sólo si salen del sistema que los está exterminando mientras los alimenta, como ocurre con los animales en las granjas intensivas. Esto significa convertirse a métodos respetuosos con el medio ambiente, como la agricultura ecológica, la biodinámica, la permacultura, la agricultura natural, la agrosilvicultura. Todas estas son formas de cultivar la tierra que tienen gastos mucho menores y rendimientos mucho mayores, que requieren menos horas de trabajo, menos maquinaria y procesamiento, menos agua, cero pesticidas y fertilizantes químicos; que respetan la tierra y la vida, que la enriquecen en lugar de destruirla.
Su supervivencia dependería también de la solidaridad, entre ellos y con los consumidores, lo que significaría unirse en verdaderas cooperativas para vender sus productos directamente a los ciudadanos, significaría utilizar maquinaria, edificios, herramientas sin necesidad de comprarlos o fabricarlos individualmente. Significaría también una mayor riqueza desde el punto de vista humano y social. Entonces ya no necesitarían maíz y soja transgénicos importados de Brasil y Argentina, ni exportar Prosecco y tomates, y podrían concentrar sus esfuerzos en luchar, junto con los consumidores y los agricultores del tercer mundo, contra los tratados de libre comercio.

De lo contrario, sólo les quedarán los agroindustriales-financieros que, si la tierra ya no da frutos, siempre pueden cubrirla con paneles fotovoltaicos o cobertizos para cultivos hidropónicos o para granjas de insectos que moler para alimentar a perros y gatos, cerdos y pollos intensivos y, por qué no, incluso a los humanos, tal vez con bocadillos de harina de insectos para los niños o carne de cerdo crujiente, frita en aceite de palma, para el aperitivo.

Fuente: https://www.

Notas:

1) https://www.essereanimali.org/ https://www.greenpeace.org/

2) https://www.italiaambiente.it/

3) https://www.igrandivini.com/ https://www.exportiamo.it/

https://www.raiplay.it/video/

4) https://terraevita.edagricole.

5) https://www.aduc.it/articolo/

https://www.senato.it/

6) https://contoterzista.

7) https://www.enelgreenpower.

8) https://terraevita.edagricole.

9) https://www. https://www.mdpi.com/2071-

10) https://www.publicsenat.fr/

11) https://www.avril.com/groupe https://presse.avril.com/

9. Palestina como lucha clave contra el imperialismo

Max Ajl publica en Agrarian South el primer artículo de dos en una serie en la que analiza la situación de Asia occidental desde la perspectiva del ataque continuo imperialista de lo que él considera un proceso de des-desarrollo. En esta primera parte hace una evolución histórica. La segunda se centrará, al parecer, a lo sucedido desde el 7 de octubre. Tiene algunas opiniones que reconozco que me chocan -considera que la revolución iraní de 1978 es «la última gran revolución jacobina del último milenio»-, y yo necesitaría saber más sobre los avances y retrocesos de los movimientos republicanos y de izquierda en la zona -no sé yo si considerar al Baaz una fusión del «marxismo-leninismo con el nacionalismo árabe»-, a lo que puede ayudar la bibliografía que cita, pero me ha parecido una intervención muy interesante que tengo que leer con más calma, a la espera de la segunda parte.

https://journals.sagepub.com/

La gran inundación de Palestina: Parte I

Max Ajl https://orcid.org/0000-0002- max.ajl@ugent.be

Resumen
Esta es la primera parte de un artículo en dos partes que considera el ataque estadounidense-israelí a Palestina en general y a la Franja de Gaza en particular en un contexto histórico-mundial y regional. A diferencia de una serie de teorías que recurren a la teoría liberal de las relaciones internacionales, al economicismo o al nacionalismo metodológico a la hora de teorizar la acumulación en general o la acumulación en la región árabe en particular, el artículo sostiene que la región árabe-iraní se encuentra bajo un régimen de des-desarrollo impuesto por Estados Unidos que pretende desmantelar los obstáculos estratégicos de la región mediante la guerra y las sanciones. El artículo sostiene que este proceso se ha encontrado con un obstáculo en medio de las milicias regionales y los ejércitos permanentes vinculados a Irán, y que es necesario comprender estas fuerzas revisando el pensamiento sobre el papel de la soberanía política en las transiciones emancipadoras.

Introducción

Las operaciones militares del 7 de octubre dirigidas por Hamás contra Israel fueron acontecimientos de importancia histórica mundial.1 Palestina alberga el movimiento nacional anticolonial armado más activo del mundo. Israel es el Estado colono menos consolidado del mundo, obligado a una brutal y constante contrainsurgencia para defender los derechos de propiedad de los colonos y la dominación imperialista de las clases trabajadoras árabes. Además, la operación puso en combinación explosiva fuerzas aún mayores, ajenas al territorio de la Palestina histórica: Estados Unidos y los Estados neocoloniales aliados de Estados Unidos junto a Israel, contra el republicanismo regional, la milicia popular movilizadora de masas e Irán.

La insurgencia palestina ha vuelto a poner sobre la mesa la cuestión nacional (Moyo y Yeros, 2011). Al igual que otros experimentos antisistémicos, como Zimbabue en medio de la reforma agraria y Venezuela bajo el chavismo, ha polarizado no sólo el sistema estatal que la rodea, donde Palestina ha sido la brújula que ha orientado cualquier resolución a la cuestión nacional árabe, sino el sistema mundial. De hecho, Palestina cristaliza casi todas las contradicciones del orden actual. Aunque Zimbabue y Venezuela se enfrentaron a la distribución racial del poder mundial, la cuestión palestina se extiende mucho más allá de las cuestiones de clase y nación internas a las fronteras de la Palestina histórica. Entre sus innumerables complejidades: «una parte» del pueblo palestino «existe bajo una entidad racista y fascista», a saber, Israel, apoyada por potencias imperialistas, mientras que esta última también convierte «a los regímenes feudalistas, tribalistas, reaccionarios y títeres del mundo árabe en mediadores del saqueo en curso de la revolución árabe y de las clases trabajadoras árabes». Así, «la cuestión de la lucha contra estos regímenes se convierte indirectamente también en un frente palestino» y plantea, más allá de los títeres, la naturaleza de las luchas para profundizar la democracia popular y la capacidad de resistencia de los enemigos de esos regímenes (Kanafani, s.f.; FPLP, 1969).

Además, la cuestión de Palestina no es simplemente una cuestión de opresión nacional, sino que plantea la singularidad de Israel: una condensación del poder colonial e imperial occidental, un símbolo mundial de la perfidia occidental, un Estado que divide físicamente África y Asia, un mercader y mercenario de la contrainsurgencia global, todo ello fundido en una mantícora de muerte y destrucción. De hecho, cuanto más dura y fuerte es la lucha de los palestinos por su liberación, más, como relámpagos de luminosidad cada vez mayor, hacen ver con mayor claridad el relieve del sistema mundial: la impotencia de las Naciones Unidas; el desprecio imperialista por el derecho internacional; la complicidad de los Estados neocoloniales árabes con el capitalismo occidental; el racismo fascista en el corazón del capitalismo moderno europeo y estadounidense, mientras asesinos y mutiladores operan en las capitales occidentales; las estructuras neocoloniales del mundo árabe y del Tercer Mundo; y la vacuidad de la democracia liberal occidental y su constelación de instituciones de la sociedad civil.

Este artículo en dos partes devuelve a la autodefensa el lugar que le corresponde en el centro de la reproducción y la acumulación social. Analiza la utilidad histórica y contemporánea de Israel para el imperialismo estadounidense y las dinámicas de resistencia a este proyecto, en una época en la que la violencia asociada a la práctica estadounidense-israelí en la región árabe se presenta como «excedente» o irracional desde la perspectiva del capital monopolista, como en la hipótesis del «lobby israelí». Esta primera parte utiliza la reconstrucción histórica de la relación especial entre Estados Unidos e Israel para iluminar dinámicas más amplias de acumulación por despilfarro, la agenda imperialista en la región árabe y quienes se resisten a ella. Revisa la teoría de la liberación nacional y la cuestión nacional, recontextualizando a Fanon y Cabral para comprender los usos a los que destinaron sus teorías. Utiliza el marco de la liberación nacional para evaluar la resistencia árabe-iraní a Estados Unidos, incluyendo un estudio de los proyectos nacionales de los ejércitos permanentes árabe-iraníes y de las fuerzas de resistencia asimétrica. Analiza su lógica militar e interpreta su defensa del deteriorado tejido de la soberanía política regional como una defensa de carácter antisistémico frente a los patrones de acumulación que se alimentan de los cadáveres del despilfarro, el subdesarrollo y el colapso estatal.

La relación especial

La connivencia israelí e imperialista para balcanizar, des-desarrollar, intimidar y ocupar la región árabe nunca separó la guerra de la «economía», el rechazo de la soberanía del control del proceso de desarrollo, ni tampoco de la política imperial más amplia. Sus defensores tampoco desvincularon nunca el desarrollo árabe de las cuestiones de soberanía y defensa, ya que el blindaje defensivo y la industrialización eran inseparables a ojos de los planificadores, rebeldes, oficiales del ejército y estadistas cuya experiencia formativa fue ver caer a Palestina en manos de la avaricia colonial de los colonos, un microcosmos del subdesarrollo árabe y de la subyugación al imperialismo.

La implantación israelí en la región árabe fue un proyecto vendido por sus artífices como «una parte del baluarte que la protege [a Europa] de Asia. Serviríamos de puesto avanzado de la civilización frente a la barbarie» (Herzl, 2012), en pleno apogeo de la franquicia europea y del colonialismo de colonos, pero sólo acelerado tras la implantación de las demás colonias afroasiáticas de Europa. Atrajo considerables inversiones de la clase dirigente judía británica, mientras que el apoyo británico más amplio al sionismo reflejaba intereses estratégicos y económicos (Rifai, 2016; Shafir, 1989). Los británicos fueron fundamentales en la evaporación militarizada de la revuelta anticapitalista, antiimperialista y anticolonial de 1936-1939 (Kanafani, 1972; al-Saleh, 2022). En 1948, a medida que Israel consolidaba las estructuras de propiedad colono-capitalistas mediante su gran guerra de acumulación primitiva -Al-Nakba, el desastre-, Estados Unidos empezó a reevaluar el recién nacido Estado colono. Como declaró el liderazgo militar (citado en Gendzier, 2015, 284), «[d]esde el punto de vista de las operaciones tácticas, el territorio de Israel y sus fuerzas militares autóctonas… serían de importancia para… las democracias occidentales», de lo contrario, si no estaba en manos de la alianza de la OTAN, correría el riesgo de caer en las manos rojas de la Unión Soviética. Tras su guerra de conquista, el principal aliado y armador de Israel fue el Estado francés, que por aquel entonces se defendía de los ejércitos guerrilleros que luchaban por la liberación nacional en todo el Magreb (‘Abd Allah, 1976). La hostilidad al nacionalismo árabe en el norte de África y al nasserismo en Egipto unió al Estado-colono a sus patrones coloniales. Se aliaron en su intento fallido de revertir la nacionalización egipcia del Sinaí mediante la Agresión Tripartita de 1956. A su vez, Francia regaló a Israel aviones de combate Mirage avanzados, mientras que Israel regaló a la contrarrevolución mundial su ayuda con el asesinato del revolucionario marroquí y convocador de la Tricontinental, Mehdi Ben Barka (Anon, 2015; Heimann, 2010).

Mientras el régimen de soberanía política amanecía en la región árabe a la sombra del poder soviético, las potencias capitalistas globales libraron guerras de movimiento cuando fue necesario y guerras de posición cuando fue posible para amortiguar la redistribución, desviar el excedente hacia las armas y diluir el impulso de la reforma agraria. El elemento de «despilfarro» de la acumulación se vio limitado por la existencia de potencias comunistas y el papel del comunismo como ideología legitimadora mundial para enviar recursos a la reproducción popular y la infraestructura social (Ajl, 2023b; A. Kadri, 2023).

Mientras tanto, como reacción a la derrota militar árabe en 1948 y la pérdida de Palestina, el nacionalismo árabe mutó más allá de sus orígenes románticos y elitistas. Siguió una espiral movilizadora de masas, republicana y populista, fusionando el pan en casa con las armas apuntando al autor de la catástrofe de 1948. Diversos proyectos de renacimiento nacional buscaron la industrialización soberana, la capacidad defensiva, el socialismo, la unidad y la independencia, y superaron la debilidad cultural y económica que marcó a los antiguos regímenes. En medio del magnetismo regional del nacionalismo árabe, sus partidarios gobernaban el Estado o la calle. Éstos se extendieron desde la fusión del Baaz sirio del «marxismo-leninismo con el nacionalismo árabe» (Hinnebusch, 2004, 46) en los palacios hasta la amenaza del nasserismo entre los públicos de Líbano y Jordania (Aruri, 1972), pasando por el faro del anticolonialismo egipcio y los flujos de armas hacia las guerrillas nacionalistas árabes milenaristas y marxistas en Túnez y Argelia (Azzouz, 1988; Gruskin, 2021), a la Revolución de 1958 en Iraq y sus réplicas (Wolfe-Hunnicutt, 2021), que condujeron a la nacionalización de tierras, infraestructuras y plantas industriales extranjeras, y a la adopción de medidas para destruir las estructuras agrarias monopolistas, mejorar la protección social, aumentar la longevidad, reforzar la sanidad y la vivienda, e industrializar parcialmente (Kadri, 2016). Estados Unidos inundó las monarquías y repúblicas árabes de ayuda al desarrollo para limitar una redistribución más profunda y la confrontación con Israel. Estos soporíferos ayudaron, en algunos casos, a embotar el impulso hacia una redistribución más profunda y hacia la construcción de un tejido industrial más articulado internamente (Chaieb y Dahan, 1981; Samir, 1982), pero no pudieron inducir la parálisis necesaria.

Las repúblicas árabes eran demasiado radicales para los imperialistas y no lo bastante radicales para resistir el tifón imperialista (Hafiz, 2005). Estados Unidos dio efectivamente luz verde a Israel para que vapuleara a los Estados árabes de primera línea en 1967, mediante su guerra de agresión (Stork, 1994). Esa guerra, sumada al revanchismo provocado por Arabia Saudí en Yemen del Norte que provocó la intervención egipcia (Abdalla, 1994), desestabilizó el nasserismo (Zabad, 2019) y el baazismo, enturbiando las perspectivas de combinar la guerra antiisraelí y la redistribución social desde arriba y alquimizando a los Estados en un compromiso de clase corporativista y una confrontación parcial con Israel. Esto dejó cada vez más la opción radical de la guerra popular a las guerrillas palestinas (Higgins, 2023, 330-420) y a los radicales que irradiaban por toda la región. En Estados árabes como Irak y Libia (First, 1974; Wolfe-Hunnicutt, 2011), más alejados de la lucha y menos afectados por la violenta derrota del republicanismo árabe en medio de su priorización de la rigidez y la protección frente a Israel frente a la plasticidad necesaria para las guerras populares, la derrota catalizó la radicalización. La guerra también condujo a la ocupación hasta la anexión de Cisjordania y la Franja de Gaza, convirtiéndolas en nuevas fronteras para el colonialismo israelí, mercados cautivos para las mercancías israelíes y reservas de mano de obra barata para la pequeña burguesía israelí, al tiempo que ponía sus tierras al servicio tanto del Estado como del capital (Farsakh, 2002; Samara, 1992).

El éxito de Israel contra los Estados del frente impresionó a los estamentos políticos y militares estadounidenses. Tras la guerra, Estados Unidos abrió la espita de la «ayuda» militar, con la singular disposición de que el 25% de dicha ayuda podía alimentar la infraestructura industrial del Israel geográfico, mientras que el resto volvía al sistema del Pentágono. Estados Unidos veía con buenos ojos la incubación israelí de su propio sector militar-industrial, lo que permitía al Estado equilibrar mejor sus cuentas y a Estados Unidos eludir ligeramente la ira árabe por su armamento a Israel. Junto con una considerable inversión privada de Estados Unidos, el sistema industrial de defensa israelí hizo metástasis rápidamente a partir de 1967, convirtiéndose en un sector importante de la economía israelí: las exportaciones de armas ascendieron al 10% de las exportaciones totales en 1970 (Lockwood, 1972). El vasto armamento de Israel fue acompañado de desvíos de riqueza árabe hacia armamento, a veces a través de ayuda, más a menudo a través de ventas, siempre con la condición de que Israel mantuviera una «ventaja militar cualitativa» (El Nabolsy, 2021). En las repúblicas, el armamento era de carácter defensivo. Egipto, Irak y Siria gastaron entre el 10% y el 17% de su producto interior bruto (PIB) en armamento durante las décadas de 1970 y 1980.2 Las repúblicas y monarquías ricas en petróleo gastaron proporciones menores de su PIB, pero desviaron decenas de miles de millones de dólares del potencial desarrollo regional-popular al armamento. Dichas armas sirvieron a partes iguales de amortiguador frente a la agresión estadounidense-israelí, de contrainsurgencia interna, de subvención para la base industrial estadounidense y de ayuda para desempeñar el papel de Esparta regional, como ocurrió con el apoyo del Sha iraní a la contrainsurgencia reaccionaria en Dhofar.

Mientras tanto, las intervenciones militares estadounidenses, la «ayuda a la seguridad», la venta de armas, las operaciones negras y la ayuda al desarrollo -de hecho, la contrainsurgencia desarrollista, destinada a suavizar el filo del hambre y la necesidad y a consolidar una base social entre porciones de las clases medias o la burocracia estatal para el neocolonialismo- aseguraron el poder y la neutralidad de Estados Unidos hacia Israel entre una serie de realezas y repúblicas. Los flujos de petrodólares procedentes de los precios del petróleo, que Estados Unidos conspiró para hacer subir (Oppenheim, 1976), brotaron de los consumidores estadounidenses, europeos y japoneses, los principales compradores de petróleo refinado, primero a las arcas de los Estados del Golfo y después al complejo del Pentágono y a los tesoros y valores estadounidenses (Spiro, 1999). Israel era la turbina central de la máquina, que forzaba las compras de armas defensivas y justificaba las ofensivas, algunas de las cuales yacían ociosas en áridos almacenes: puro despilfarro.

Además, el cultivo de la planta defensiva israelí pronto dio frutos para la represión mundial. Israel creció como un componente orgánico de la ofensiva capitalista mundial, la contrarrevolución neocolonial y la retaguardia colonial. Y operó en teatros donde Estados Unidos prefería no pisar, o no podía pisar. En toda América Latina, Israel armó y entrenó a la contrainsurgencia genocida antirrevolucionaria, desde los Contras hasta el Chile de Pinochet y la junta subfascista de Argentina. Apoyó a Portugal en la contrarrevolución colonial contra las fuerzas de liberación popular en Mozambique, Angola y Guinea-Bissau, y entrenó y financió a las fuerzas de represión en la República Centroafricana, Somalia, Togo y otros países. Apoyó al régimen de Mobutu en el entonces Zaire y eludió eficazmente las sanciones impuestas por la ONU contra la antigua Rodesia, alimentándola con armas, e hizo lo mismo en Sudáfrica (Beit-Hallahmi, 1987; IJAN, 2012). En la región árabe, Israel apoyó al Sha iraní contra los activistas comunistas, trabajó contra el Movimiento Nacional Libanés durante la Guerra Civil, asesinó a Ghassan Kanafani, respaldó la represión del régimen jordano contra la Revolución Palestina (Higgins, 2023, 334-433), y machacó el desarrollo egipcio bajo Sadat mediante la guerra y la militarización en el Sinaí (República Árabe de Egipto, 1978).

Reacción y revolución en el sistema estatal regional

El republicanismo árabe nació zarandeado por la guerra y la securitización de la política. Pronto experimentó un descenso hacia el autoritarismo y la consolidación de clases intermedias capitalistas (Mansour, 1992), en medio de la lenta extirpación y deslegitimación saudí y estadounidense del republicanismo radical, la revolución y el comunismo. Su atractivo como alternativa de desarrollo se fue empañando a medida que los dirigentes árabes estabilizaban sus Estados del bienestar pero cesaban las redistribuciones más agresivas, y perdían capacidad para enfrentarse a Israel. Un tratado de paz negociado por Estados Unidos, uno entre muchos otros, lubricado por la ayuda militar y económica, llevó a Egipto en 1978 a la normalización con Israel. Y la mancha se extendió en medio de una serie de derrotas militares estadounidenses-israelíes, regresión social y sanciones (Capasso, 2020). En Libia, los ataques estadounidenses minaron la legitimidad de Qadhaffi, y la guerra Irán-Irak de 1980-1988, que Estados Unidos avivó en ambos bandos, dañó a la República Islámica casi en el momento de su nacimiento e inmoló tremendos excedentes en cada Estado. En 1991, las campanas doblaban por el republicanismo árabe. Al caer la Unión Soviética, se produjo una rendición regional de la esperanza ante el avance capitalista (Fergany, 2000). Las fichas de dominó empezaron a caer: Irak fue derrotado militarmente y luego asediado económicamente, lo que lo borró como posible polo de desarrollo regional y como Estado capaz de evitar la rendición palestina. Egipto accedió a entrar de lleno en el campo occidental mediante la condonación de su deuda a cambio de su apoyo a la guerra contra Irak. Con las potencias militares y económicas regionales aisladas, debilitadas y privadas de influencia, Palestina quedó prácticamente aislada a pesar de la intifada popular de 1987 a 1991. Los Acuerdos de Oslo no tardaron en llegar.

Pero el aislamiento era relativo, no total. Paralelamente a la decadencia del nacionalismo árabe surgió una nueva alternativa antisistémica. La última gran revolución jacobina del último milenio, la de 1978-1979 en Irán, marcó un punto de inflexión en la historia de la región. Movilizando a la población en masa (Kurzman, 2004), se basó en una mezcla de marxismo, teoría de la dependencia, teología de la liberación y republicanismo árabe (Sohrabi, 2018), fusionándolos en una revolución antisionista y antiimperialista (Ahouie, 2017), que se movió «para crear un Estado del bienestar en toda regla» (Abrahamian, 2009), al tiempo que aseguraba el espacio para el mercado y el sector privado a nivel nacional, incluso erizando la piel ante la actividad capitalista extranjera dentro de Irán (Pesaran, 2008). En medio de las necesidades de movilización de masas de un Estado en guerra e influido por la ideología legitimadora de su revolución, Irán recurrió a inversiones generalizadas en bienestar social y a la nacionalización de las fuerzas productivas privadas, creando un gran sector industrial de propiedad estatal (Harris, 2017). Mirando hacia el exterior, rompió la «doctrina de la periferia» israelí, expulsando a la embajada estadounidense y rompiendo el flujo de petrodólares y armas que lo había vinculado al imperialismo estadounidense. Además, enarboló la bandera de la solidaridad con Palestina y la oposición al imperialismo estadounidense (Tribuna del Orinoco, 2023). A lo largo de la década de 1980, Irán apoyó militar, política y tecnológicamente a Hezbolá y a la Yihad Islámica. Siria e Irán compartían alineamientos antisionistas y, aunque tenían fricciones en Líbano, compartían la oposición a la guerra de Estados Unidos contra Irak en 2003, el segundo gran punto de inflexión regional, que puso al descubierto ante Ansar Allah en Yemen el pérfido papel global de Estados Unidos. A principios de la década de 2000, la doctrina iraní de «profundidad estratégica» se fusionó con el compromiso ideológico en capas del Estado con el antiimperialismo y el antisionismo, y cada vez más se convirtió en una semiperiferia semiindustrializada.

Estos procesos fertilizaron los embriones de una nueva Guerra Fría regional. En ella se enfrentaron Irán y sus aliados, que cristalizarían en un «eje de resistencia», contra los aliados neocoloniales de Estados Unidos, Israel y, tras ellos, Estados Unidos. Mientras que la anterior Guerra Fría enfrentó a la redistribución republicana y al antisionismo, estandartes portados por nacionalismos árabes complementarios y enfrentados, contra las monarquías y sátrapas reaccionarios respaldados por Estados Unidos y Gran Bretaña, la nueva Guerra Fría surgió cuando Estados Unidos trató de evaporar cualquier polo global independiente de acumulación de capital y desmantelar el régimen de soberanía política regional, que estaba siendo defendido por milicias armadas movilizadoras de masas. Este proceso era inseparable del conflicto «árabe-israelí» (Kerr, 1971) y, de hecho, se articulaba a través de él, como en la anterior Guerra Fría árabe (Kerr, 1971). En la década de 1990, la normalización árabe, de facto durante mucho tiempo en Jordania, se convirtió en de iure, abriendo el camino a una paz económica junto con zonas de libre comercio. Dentro de Palestina, los Acuerdos de Oslo trataron de erigir una clase neoliberal e híbrida neocolonial/colaboradora, enredada en la normalización económica, la administración de monopolios seleccionados, apuntalada por los flujos de capital palestino de Cisjordania y del exilio, especialmente vinculado al Golfo pero también libanés, como con la Cyprus Construction Corporation (Rabie, 2021). Esta fría paz fue una congelación para las fuerzas de la resistencia: la cara política de esta dinámica fueron las «listas del terror», ya que las restantes fuerzas palestinas y árabes de rechazo, incluidos Hamás, Hezbolá, el Frente Popular para la Liberación de Palestina y la Yihad Islámica, fueron incluidas en listas que sancionaban cualquier apoyo material a las mismas, un componente de las operaciones más amplias de cerco postsoviético contra las guerrillas armadas comunistas restantes (Ajl, 2023a). Las «listas del terror» privaban a las organizaciones de apoyo material y creaban un exceso de conformidad ideológica, lo que conducía al aislamiento ideológico y político. Pero las sanciones y las listas del terror forzaron su propia desvinculación. Al ser coaccionadas y puestas en cuarentena «al máximo», las organizaciones políticas establecieron vínculos mutuos. La desvinculación condujo a un tipo de doctrina, arquitectura y coordinación tecnológica y militar de seguridad autónoma colectiva regional. El imperialismo construyó un andamiaje inadvertido para los objetivos ideológicos y políticos de sus oponentes.

Liberación nacional y reproducción social

Para comprender el carácter antisistémico y los límites del eje de resistencia, revisaremos la teoría de la liberación nacional, la cuestión nacional y cómo interpretar cada una de ellas en las distintas etapas del imperialismo. El enfoque «clásico» de la cuestión nacional se desarrolló durante la era del capital monopolista y el colonialismo formal, dividiendo el mundo en zonas de saqueo para cada potencia colonial sobre la base de la superexplotación colonial y la deflación de la renta (Patnaik & Patnaik, 2021). En consecuencia, Lenin dio el salto de apoyar los movimientos nacionalistas, aunque tuvieran un carácter no socialista, como un movimiento para profundizar la democracia (Lenin, 1965b, 1965a). La liberación nacional tenía un carácter antiimperialista porque la victoria de los movimientos nacionales atacaba la arquitectura política de la acumulación colonial, que dependía de la fuerza colonial extraeconómica para su reproducción. Además, casi ninguna de esas luchas alcanzaba únicamente derechos puramente formales. Y, por último, las luchas por los derechos políticos formales importaban porque eran mecanismos potenciales para redistribuir los bienes materiales, lo que requería movimientos emancipadores.

Fanon y Cabral ofrecieron las críticas clásicas al nacionalismo burgués. Aunque ahora sus disecciones del neocolonialismo, la burguesía nacional y la conciencia nacional se utilizan para atacar a los Estados y a los movimientos nacionalistas, sus disensiones surgieron desde dentro. Surgieron durante un cambio en las coordenadas del imperialismo impuesto por los movimientos nacionales a los imperios coloniales recalcitrantes, cuando el capital monopolista de finales de los años 50 y 60 estaba pasando a su etapa neocolonial (Nkrumah, 1974)3. La existencia de la Unión Soviética y, más tarde, de la China comunista, obligó a la mayoría de los Estados nacionalistas burgueses, dirigidos por una pequeña burguesía vacilante, a implantar cierto nivel de protección social en sus proyectos de desarrollo, deteniendo mínimamente la hambruna colonial (Davis, 2002). Además, en las banderas de los movimientos nacionales figuraban compromisos con el bienestar de sus pueblos. Eran pagarés que los dirigentes posteriores a la independencia no tenían más remedio que respetar y, de hecho, a menudo hacían todo lo posible por cumplir.

Fanon y, más aún, Cabral situaron sus críticas en una periodización de la acumulación, señalando que el capital monopolista era la fuente del imperialismo y que los Estados poscoloniales estaban entrando en el neocolonialismo, a menudo en conexión unos con otros. Atacaban a los movimientos nacionalistas por sus debilidades teóricas y organizativas y por su incapacidad para cumplir las promesas de la lucha anticolonial: redistribución, tierra, pan.4 Aclaraban que las «nuevas» burguesías que se incubaban en las naciones recién descolonizadas eran correas de transmisión para la reproducción del control monopolista extranjero sobre el desarrollo de las fuerzas productivas (Cabral, 1979). Para Cabral (1979, 141), se trataba de la «usurpación violenta de la libertad de desarrollo de las fuerzas productivas nacionales» neocolonial o colonial. Aunque deseaban desenmascarar la ideología estéril de los nuevos liderazgos, no se hacían ilusiones. Aunque sostenían que las fuerzas políticas que dirigían el Estado debían radicalizarse, cometer un «suicidio de clase», entendían que la decisión de asimilarse al nuevo orden internacional emergente era menos desviación que destino (Fanon, 1963, 99). Sabían que las presiones para ajustarse al neocolonialismo eran abrumadoras.

Sin embargo, la crítica tenía un supuesto de fondo: la legitimidad del régimen de soberanía política que se había alcanzado ampliamente, estaba en crisis inminente, como objetivo principal de los partidos y movimientos anticoloniales. Fanon defendió el mérito intrínseco de la lucha por la descolonización y la soberanía política (1963, pp. 40, 51). Pero Fanon y Cabral teorizaron inadecuadamente la soberanía. No sin razón, ya que centrarse demasiado en sus méritos habría sido gratuito. Dentro de los movimientos nacionales se había hecho básicamente universal que la descolonización política era una bendición (pero véase Awan, 2024). Sus principales obras pertenecían a su lugar y a su época. Tenían un tufillo a polémica y súplica. Si restaron importancia a los logros de la descolonización y la adquisición de soberanía política, no lo hicieron para dar a entender que esos logros no eran más que baratijas para la nueva burguesía y los gestores del Estado. Más bien, con sus palabras Cabral y Fanon estaban librando una guerra intelectual, armando a los movimientos nacionales con mejores herramientas para ayudarles a llenar el cascarón de la soberanía política con programas emancipadores para los pueblos trabajadores. Cabral, en particular, teorizó la cultura como arma de liberación nacional. Y ambos redactaron comunicados a los movimientos nacionales para que se organizaran, construyeran partidos responsables ante las masas, para que los intelectuales y los estadistas renunciaran a la grasa de administrar el aparato del Estado para su propio interés y en su lugar sirvieran al pueblo. Es inimaginable que Fanon y Cabral no pudieran ver que en Túnez o en la India de repente los hambrientos tenían las barrigas más llenas, pero también habrían sabido perfectamente que seguían necesitando tierras -de ahí que Cabral se centrara en la readquisición de las fuerzas productivas5.

Sus críticas eran necesarias en el sentido de que el capital monopolista y colonial, aunque seguía defendiendo un amplio abanico de Estados-colonos en África, era plástico, maleable, cambiante. Así, la crítica del neocolonialismo o de los resultados nacionalistas burgueses era una crítica de la forma de aparición de la nueva etapa del capital monopolista, marcada cada vez más por una ampliación del mercado para abarcar la sustitución sectorial de importaciones o la industrialización orientada a la exportación y una proletarización más amplia en una naciente y nueva división internacional del trabajo (Dowidar, 1973; ‘Abdallāh, 1976).

Después de 1991, el patrón de acumulación cambió. Con la caída de la Unión Soviética, se aceleró la deflación de los ingresos a escala mundial (Banerjee, 2020; Patnaik, 2007), registrándose una disminución del acceso per cápita a los cereales alimentarios y una absoluta inmiseración rural, la ampliación y profundización de las reservas mundiales de mano de obra, una semiproletarización generalizada (Yeros, 2023) y amenazas existenciales para la reproducción social a escala mundial (Ossome & Naidu, 2021). La reestructuración global de las cadenas de mercancías se profundizó, envolviendo cada vez más al Tercer Mundo dentro del sistema capitalista, incluida una China parcialmente reincorporada que, sin embargo, mantuvo un control estatal masivo sobre el proceso de acumulación (Smith, 2016; Suwandi, 2019). Se extendieron la homogeneización y la financiarización de los suministros de alimentos. El dólar se convirtió en un arma, mano a mano con los asaltos estadounidenses a los obstáculos estratégicos restantes a la entrada y salida de flujos de capital caliente, presionando a los países a través de ataques a su crédito soberano para desocializar la reproducción social bajo la amenaza de chantaje financiero o bombas (Gowan, 1999). La escalada de la semicolonización (Yeros y Jha, 2020) y las guerras de exterminio e invasión se convirtieron en la norma (Kadri, 2014).

Las reservas mundiales de mano de obra llegaron a ser tan masivas que resultaron redundantes desde la perspectiva de la acumulación mundial. El capital se benefició de la amputación de vidas a través de la guerra, disminuyendo la cantidad de valores de uso necesarios para la reproducción de la fuerza de trabajo a escala mundial (A. Kadri, 2023). Esta lógica de acumulación es sistémica, con la deflación de la renta aplicada como política a través de las sanciones y el crecimiento negativo en Irán y Venezuela. Sin embargo, se concentra en la región árabe, históricamente articulada en la ley global del valor a través de los monopolios del petróleo y las armas, las finanzas, el petrodólar y la compra de valores, y la guerra. La región árabe es la más propensa a la guerra del mundo, lo que refleja su centralidad para la acumulación global, aunque oscurecida por el debate sobre la dictadura y el terrorismo. El mundo árabe ha sido un experimento de este modo de acumulación a través del despilfarro: como declaró el presidente colombiano Gustavo Petro, «¿por qué los grandes países consumidores de carbono han permitido el asesinato sistemático de miles de niños en Gaza? Porque Hitler ya ha entrado en sus casas y se están preparando para defender sus altos niveles de consumo de carbono y rechazar el éxodo que provoca» (Fadul, 2023). La agenda estadounidense para la región árabe es un augurio para el futuro. En esa región, el capital como imperialismo permite la industrialización dependiente y la especialización agrícola para la exportación entre sus aliados regionales más cercanos y dentro de neocolonias estables securitizadas entretejidas en cadenas de producción globales (Marruecos, Egipto y Túnez; sobre este último, véase Mullin, 2023). Dentro de las monarquías estabilizadas del Golfo, permite el desarrollo de centros inmobiliarios, financieros, de petróleo y gas, y de procesamiento secundario. Y el avance capitalista ha ido de la mano del avance de la normalización con Israel, a medida que una monarquía árabe tras otra firmaba acuerdos de normalización con Israel.6 Pero en aquellas naciones con una historia de golpes de Estado republicanos o milicias paraestatales existentes o ejércitos permanentes, como en Libia, Yemen, Siria, Irak y Palestina, la agenda estadounidense es la inmolación y la reducción de los niveles de desarrollo. El objetivo es el debilitamiento o la destrucción de los Estados patrocinadores y aliados de las milicias regionales que desafían el dominio estadounidense-israelí.

En Siria, por ejemplo, Hamás pudo entrenar a su personal. En la década de 2000 se produjo una cooperación estratégica irano-siria, y Siria fue un centro de transporte para los envíos de armas a Hezbolá. También albergó a Imad Mughniyeh, uno de los principales tácticos militares de Hezbolá hasta el asesinato conjunto de la CIA y el Mossad en 2008. De hecho, los orígenes de la guerra estadounidense -llevada a cabo a través de subcontratistas y eficaces apoderados en los Estados del Golfo, Turquía, Israel y el Movimiento Futuro en el Líbano- residen en que Estados Unidos armó, entrenó y adoctrinó ideológicamente a milicias sectarias a través de su «redirección» (Hersh, 2007) para acabar con los patrocinadores estatales de Hezbolá, mientras que el neoliberalismo general de Estados Unidos y el Golfo debilitaba al Estado lo suficiente como para hacerlo vulnerable a su intento de desmantelamiento por parte de Estados Unidos, que se aceleró en 2011 (Donovan, 2023). Tales operaciones de incitación y armamento se ampliaron hasta convertirse en una guerra cuya sustancia era un ataque al Estado sirio como contenedor incluso teórico de políticas populares, y como ataque no teórico a su papel como base de apoyo estructural para las milicias regionales antisionistas. En 2011, el ataque -patrocinado tanto por las monarquías del Golfo como por Estados Unidos- incitó al jefe de la oficina política de Hamás, Jalid Meshal, a marcharse a Qatar y, en 2012, a que el movimiento renegara abiertamente del Gobierno, mientras que la Yihad Islámica Palestina mantenía relaciones con el Gobierno sirio y el brazo armado de Hamás, Al-Qassam, mantenía relaciones amistosas con sus patrocinadores (Skare, 2021).

La guerra hizo retroceder los niveles de desarrollo sirios hasta la década de 1950. Arrasó la cubierta forestal, diezmó el acceso popular a la electricidad y redujo el PIB en dos tercios (al-Asadi, 2020; Gaafar, 2021; Hatahet & Shaar, 2021). Este asalto ha procedido no sólo a través de ataques cinéticos, sino de sanciones que amputan y deforman el propio cuerpo de la soberanía estatal: ilegalizando a representantes políticos (a través de las «listas del terror») e impidiendo que el Estado, un actor económico central en todas las sociedades modernas, participe en las operaciones cotidianas del intercambio capitalista y obtenga los bienes necesarios en el mercado (Capasso, 2023; Doutaghi, 2024; Doutaghi & Mullin, 2022). Las sanciones estadounidenses desmantelaron las cadenas de producción farmacéutica y agrícola (Aita, 2020) e incluso provocaron una hemorragia en el apartado humanitario debido al incumplimiento excesivo de las sanciones. Del mismo modo, en Irak, «Petróleo por alimentos» desvinculó la soberanía del Estado iraquí y la remitió a un programa de las Naciones Unidas patrocinado por el imperialismo (Gordon, 2010), vació la industria y su fusión con la defensa nacional al prohibir las importaciones de «doble uso»; los beneficios del petróleo iraquí siguen retenidos en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

Estas guerras de usurpación se basan en la negación o el ataque a la soberanía política. Las guerras queman el excedente social, los valores cristalizados en la infraestructura social o en la militarización defensiva, lo que exige una nueva o constante recomposición de las bases industriales defensivas y el uso de mano de obra cualificada para la militarización industrial y de mano de obra menos cualificada para los ejércitos nacionales y las fuerzas de guerrilla. O deben utilizar el escaso dinero para importar armamento defensivo quemado en la guerra. Los países deben dedicar la mano de obra productiva nacional simplemente a mantener y proteger, en lugar de aumentar su capital social. Así, la defensa contra las guerras imperiales o coloniales de usurpación, el endurecimiento de la línea de armisticio contra tales guerras (Líbano) o la «defensa avanzada» activa contra tales guerras (Irán) tiene un carácter antisistémico. Además, las guerras populares que movilizan a las masas contrarrestan la sensación de derrota que el imperialismo siembra en el mundo árabe. Pasamos ahora a analizar las fuerzas políticas que libran estas guerras en la región árabe-iraní.

El eje de la resistencia

El eje de la resistencia se refiere a aquellos Estados y milicias antagonistas a la agenda estadounidense-israelí. El elemento crítico del eje es el Irán posrevolucionario, que desde 1979 ha apoyado un conjunto cada vez mayor de movimientos armados y Estados que han tomado las armas u ofrecido infraestructura material para la resistencia antiisraelí: Siria, Hezbolá, grupos armados palestinos, Yemen (Ansar Allah) y las Fuerzas de Movilización Popular en Irak. Internamente, desde la revolución, Irán se ha embarcado en continuos -aunque frustrados- esfuerzos hacia la industrialización endógena, la base tecnológica para una capacidad militar-defensiva cada vez más autosuficiente (Czulda, 2020; Hashim, 1992). Esto, a su vez, ha sido la base para el intercambio regional de tecnología, junto con la formación operativa, el envío de sus fuerzas de élite para ayudar en la defensa o la recuperación de la soberanía estatal en los Estados árabes cercanos, y el intercambio de conocimientos técnicos y logísticos. Esta estrategia de defensa y disuasión surge de una mezcla de convicción ideológica, enemistad con Israel y Estados Unidos, deseo de defender la revolución y la urgencia de evitar guerras calientes en ciudades iraníes. Su existencia debería obligarnos a reconsiderar el concepto de «autodefensa» como necesario para entender el panorama regional. Sin embargo, esta estrategia se utiliza para pintar a Irán como un dybbuk regional, que propaga el terrorismo, el imperialismo y la dominación. Al menos dos narrativas son centrales, y convergen en el axioma de que la autodefensa no es una explicación válida de las actividades iraníes. Examinaremos algunas de esas explicaciones y sus indicadores, y a continuación presentaremos una explicación teórica de las políticas regionales iraníes.

Una narrativa común dentro de las ciencias sociales dominantes y heterodoxas se centra en el eje de la resistencia desde una perspectiva economicista: al carecer de una ideología socialista y estar ligado a proyectos burgueses, el eje expresa proyectos de clase burgueses imperialistas, subimperialistas, hegemónicos o domésticos. Estas formulaciones se apoyan en un análisis reductor, formalista y eurocéntrico de la acumulación, considerando la guerra epifenómena al proceso de acumulación y no constitutiva del mismo. Un error simétrico procedente de la teoría de las Relaciones Internacionales (RI) o de los estudios de seguridad dominantes considera que el eje de la resistencia se reduce a contenedores geopolíticos que luchan contra sus homólogos en un juego de suma cero.

El primer conjunto de argumentos se basa en lecturas erróneas del concepto de «subimperialismo» de Ruy Mauro Marini (1969), haciéndose eco de su uso para los BRICS. Argumentó que el subimperialismo era una etapa en el desarrollo del capitalismo dentro de los países semiperiféricos cuando el poder económico se concentra en monopolios, fusionándose con las finanzas. La productividad aumenta masivamente gracias a la implantación de tecnología importada. Sin embargo, la superexplotación constriñe el mercado interno, obligando a la potencia subimperialista a asegurarse mercados de exportación para realizar el valor de los productos (Higginbottom, 2010). Además, esto ocurrió en medio de una «cooperación antagónica», ya que un sector capitalista nacional empoderado a veces luchaba y a veces rompía el pan con el sector capitalista imperialista (Valencia, 2017, 76-77). En el caso de Irán, aunque se hace referencia a su propio «imperialismo» o «subimperialismo» (Colectivo, 2019), ocasionalmente con gestos vagos a los intereses económicos del país en Irak y Líbano, las estadísticas comerciales no constituyen una sociología política del subimperialismo. Son indicadores empíricos de los movimientos de capital dentro de un sistema capitalista, incluido el eje de la resistencia, una caracterización que casi nadie niega (Kadri, 2019). Las exportaciones iraníes al Líbano se ven empequeñecidas por el apoyo económico a Hezbolá. Las exportaciones de Irán a Yemen y Palestina son casi inexistentes. Las exportaciones a Irak son significativas, pero sólo aumentaron después de 2003, con el deshilachamiento del tejido productivo iraquí y las sanciones estadounidenses (Guzansky, 2011, 92-93). Mientras tanto, el apoyo iraní a los actores militares nacionales en Irak -las Fuerzas de Movilización Popular- fue una respuesta directa a la toma de un tercio del país por el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) (Arif, 2019).

Al igual que con Hezbolá en el Líbano, la proyección de fuerza iraní se produce contra la violencia colonial, sectaria y respaldada por el imperialismo.7 Equilibrar la proyección de poder antisistémica y prosistémica por parte de Estados intermedios dentro del sistema mundial, o sugerir que Irán mantiene una «cooperación antagónica» con Estados Unidos, echa por tierra el concepto de subimperialismo. Además, el argumento de Marini vinculaba la superexplotación interna con la realización de la producción en el extranjero. Aunque Irán es capitalista, la compresión salarial interna se ha vinculado al régimen de sanciones de máxima presión (Nosratabadi, 2023), y el capital nacional total de Irán se enfrenta a la supresión de EE.UU. a través de las sanciones. Extender el «subimperialismo» a Irán distorsiona el concepto más allá de su significado, despojándolo de los procesos históricos de los que se abstrajo y reutilizándolo como un peyorativo que suena esencialmente marxista. Mientras tanto, la teoría de las relaciones internacionales no puede evaluar los diferentes intereses de clase dentro de los Estados-nación que utiliza como unidad de análisis. Analíticamente equipara las guerras de defensa o liberación nacional, que buscan liberar las fuerzas productivas del control imperialista o protegerlas de la destrucción, con las guerras de ofensa y ocupación.

La acción iraní necesita una explicación mejor que el subimperialismo, un recurso a la teoría liberal o «realista» de las relaciones de la RRII que ve bloques nacionales sin clases luchando por la hegemonía en juegos de suma cero, o simplemente «capitalismos rivales» enzarzados en luchas de suma cero por cuotas relativas de la acumulación mundial. La acumulación es el amontonamiento de plusvalía. Se pueden utilizar abstracciones para teorizar la acumulación, pero la acumulación no es abstracta. Menos aún puede reducirse a la reproducción ampliada. La acumulación primitiva, o el uso de la fuerza extraeconómica para afectar a los patrones de producción dentro de una formación social determinada (Patnaik, 2017), forma parte del capitalismo histórico. La acumulación ampliada es, además, un momento histórico en la evolución del capital, pero es un momento que no ocurre en todas partes; ni el «atraso» ni la acumulación primitiva permanente son etapas históricas previas a la reproducción ampliada, sino que la constituyen en su esencia (Moyo et al., 2013; McMichael, 1990). La violación de la soberanía estatal mediante guerras de usurpación es constitutiva de la acumulación vía despilfarro. El imperialismo como fenómeno sociológico se basa en las prácticas concretas de las fábricas de armas, la contrainsurgencia, la vigilancia y las bases físicas terrestres y la estabilidad concomitante necesarias para esos procesos (Capasso y Kadri, 2023).

Las guerras de soberanía nacional contra el imperialismo son favorables a la clase obrera. Dado que la ley del valor procede a través de la usurpación, las sanciones, la destrucción de la infraestructura social, la quema de vidas y el acortamiento de la esperanza de vida, las guerras defensivas interrumpen parcialmente su mecánica en la región árabe. Amplían el ámbito de los derechos formales y democráticos, que las potencias coloniales y neocoloniales no respetan. Estas guerras desmantelan la maquinaria -los engranajes, las poleas y las palancas- que hacen funcionar el motor de la acumulación. Debilitar a Israel debilita al imperialismo.

Unas fronteras estatales suficientemente blindadas y la evaporación de fuerzas como Israel, cuya lógica es la expansión militarizada e imperialista de los colonos, socavan los procesos no económicos necesarios para la acumulación. La transición socialista no puede reducirse a la soberanía nacional y al antiimperialismo, pero tampoco es posible sin esos procesos. Son necesarios pero no suficientes. Además, el armamento iraní no puede compararse con el comercio de armas o la ayuda de la UE y Estados Unidos. Estos últimos apuntalan la acumulación imperialista directamente a través del circuito de mercancías, mediante su despliegue para acortar las vidas y matar a la clase obrera a escala mundial y para reducir la combatividad del trabajo inculcando la derrota. Las armas y el entrenamiento iraníes son gratuitos, representando «la posibilidad de acceso a las armas para los pobres» (Moussaoui, 2023, 179). De hecho, sus planos son a menudo de libre acceso o se comparten libremente desde Irán a sus socios estatales y subestatales, otra forma en la que difieren cualitativamente del tráfico de armas estadounidense e israelí: Irán distribuye este tipo de valores de uso, mientras que Estados Unidos e Israel los mercantilizan. También prolongan la vida impidiendo o haciendo retroceder el asalto militar contra los países que los portan. Y cuando se despliegan en la práctica, disipan la sensación de derrota que ha sido el logro central de la acción regional estadounidense-israelí.

Así pues, la capacidad de resistir a las guerras de usurpación y acumulación primitiva tiene un contenido de clase a escala mundial, dado que a menudo es necesaria para garantizar la reproducción social y sentar las bases de una acumulación ampliada. La resistencia a múltiples escalas geográficas es el caparazón endurecido que rodea la capacidad estatal. No es necesariamente la cálida cuna de la reproducción social de la clase obrera, pero esta última presupone la capacidad del Estado para operar hospitales, escuelas, recogida de basuras, las instituciones básicas de recopilación de estadísticas y toma de decisiones burocráticas, y las instituciones físicas que organizan el trabajo cualificado y no cualificado al servicio del bienestar social, todo lo cual el imperialismo desmantela a medida que nivela los objetivos árabes (véase Alhaffar y Janos, 2021; Anon, s.f.; Lafta y Al-Nuaimi, 2019). Dentro de cualquier Estado, la soberanía es fundamental para regular, democratizar e incrustar la acumulación para proporcionar valores de uso a las clases populares. El desvío del excedente a la capacidad militar de una nación o de sus aliados no puede separarse de la reproducción social doméstica. Como sostiene Farnia (2023) en el caso de Irán, esto no se reduce al «autoritarismo», sino que está relacionado con un Estado de bienestar nacional (Harris, 2010) y con la inversión en investigación y desarrollo vinculada a la industria aeroespacial, la utilización de la energía nuclear y los productos farmacéuticos. Del mismo modo, Siria, frente a la derrota militar y la re-penetración de capital canalizada por el Golfo tras las exitosas políticas de nacionalización y redistribución del Baaz (Ajl, 2019; Matar, 2016), aún conservaba capacidades críticas para la producción endógena de alimentos y la autosubsistencia sectorial, así como resultados sanitarios comparativamente superiores (Sen, 2019).

Más allá de los Estados, el segundo elemento del proyecto de resistencia en toda la región son las milicias populares movilizadoras de masas o ejércitos permanentes en Yemen y el Hezbolá libanés. Este último se desarrolló a partir de la década de 1980 gracias a la importante ayuda iraní, ya que Siria permitió que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán estableciera campos de entrenamiento en el sur del Líbano en la década de 1980. Creció aún más en el marco del sistema confesional libanés y del aparato estatal sectario-capitalista, hijo del colonialismo francés y de los Acuerdos de Ta’if apoyados por Estados Unidos, que crearon una paz neoliberal fría tras la guerra caliente provocada desde el exterior (George, 2019; Wakim, 2021). Hezbolá dirigió una insurgencia guerrillera contra la ocupación israelí del sur, hostigando a los sionistas para que se retiraran totalmente en 2000, sembrando un gran interés entre los pueblos ocupados y colonizados de la región por la opción militar para enfrentarse al colonialismo y al imperialismo. En el ámbito nacional, el partido creó una red de servicios sociales, un paraestado en el sur, dirigido especialmente a la clase trabajadora chií (Cammett, 2015; Love, 2010). En 2006, gracias a mejoras logísticas, tecnológicas y organizativas y a un pronunciado auge de la guerra popular (Matthews, 2011), Hezbolá fue capaz de enfrentarse a una incursión israelí en Líbano y derrotarla, imponiéndose al sionismo y, tras él, a Estados Unidos.

En Yemen, Ansar Allah surgió inicialmente a partir de las quejas sobre la «marginación» entre los yemeníes pertenecientes al grupo religioso zaydí en la subdesarrollada Saada, impulsando una insurgencia armada (Forster & Kinnear, 2023). Husayn Al-Ḥūthī, su líder, se centró inicialmente en politizar un movimiento de renovación cultural ya existente. Sus sermones se centraban en cómo Israel y Estados Unidos degradaban y desempoderaban a los musulmanes. Junto a esta respuesta en gran medida culturalista al sionismo y a Estados Unidos, el enemigo se describía a menudo en términos religiosos. A ello se unió una temprana admiración por la firmeza iraní y su percibida autosuficiencia frente a la amenaza occidental, y al propio Jomeini por sembrar el rencor contra Estados Unidos e Israel en todos los ámbitos de la sociedad iraní (Albloshi, 2016). La guerra de agresión de Estados Unidos contra Irak radicalizó, amplió y politizó aún más a Ansar Allah, dando a su movilización un matiz más abiertamente antiimperialista, de forma no muy distinta a la politización inducida por la Nakba y la alquimización del nacionalismo árabe en una ideología republicana y movilizadora de masas (Al-Hardan, 2015; Al-Kubaisi, 1971).

Ansar Allah empezó a entremezclar un análisis de clase populista y una retórica de la revolución en su ideología, cuando el testigo pasó de Husayn a Abd el-Malik Al-Ḥūthī tras el asesinato del primero. La construcción del Estado buscaba un «modelo revolucionario de gobierno republicano», y hablaba de «opresión en todas sus formas, ya sea individual, racial, de clase o regional» y del alcance más amplio de un «proyecto revolucionario liberador», cuya piedra angular era la «total independencia en la toma de decisiones», una visión populista de la soberanía (Citado en Schmitz, 2022, 199). También para él, Irán era un faro: «[n]o son (los iraníes) quienes aseguran la vida y producen hombres y construyen naciones». Además, afirmaba el papel iraní a la hora de asumir la vanguardia de la liberación nacional enraizada en la «dignidad y la gloria», una tarea anteriormente bajo la égida del republicanismo radical árabe. De 2014 a 2019, la visión social houthi se solidificó a través de nociones de fiscalidad justa, ingeniería de precios para los productos básicos y protección gubernamental para la reproducción social (Abdulfali & Root, 2020). El Documento de Visión Nacional de 2019, prologado por el líder mártir Saleh Ali al-Sammad, abogaba por un Estado moderno, «fuerte» y «justo» que supervisara una economía mixta, comprometida con la industrialización soberana mediante la sustitución de importaciones, la transformación in situ de los recursos nacionales, la autosubsistencia y las transiciones ecológicas en la agricultura, y la ampliación de la prestación de asistencia sanitaria (República de Yemen, 2019).

Militarmente, Ansar Allah ha pasado de ser un grupo guerrillero a un ejército nacional, fusionándose con elementos de las fuerzas armadas nacionales oficiales. Se han beneficiado de la mejora tecnológica gracias a la sinergia con Hezbolá y el CIRG, incluido el entrenamiento en armas antitanque y antibuque, y de la industrialización endógena para reforzar la capacidad militar, incluidas minas terrestres, misiles y drones (Moussaoui, 2023, 222). Hezbolá e Irán también ofrecen entrenamiento militar y elaboración de propaganda (evidenciado en la convergencia de estrategias mediáticas en la guerra de 2023). En relación con la práctica y la visión anticolonial y antiimperial, a partir de 2015 Ansar Allah libró una guerra de liberación nacional contra lo que denominaron el ataque «saudí-estadounidense», que se dirigió sistemáticamente contra la agricultura y otros sectores productivos en una guerra de contrainsurgencia genocida y despoblación (J. Kadri, 2023; Mundy, 2017). Las fuerzas armadas yemeníes se entienden a sí mismas como combatientes de una guerra popular de movilización de masas, basada en el endurecimiento ideológico de las tropas y en sofisticadas tácticas para neutralizar la superioridad tecnológica, aprendidas durante su aprendizaje con Hezbolá (Moussaoui, 2023, 222-226). 8 La capacidad armada yemení, reforzada por la inversión logística y material iraní en la defensa de Yemen, obligó a los saudíes y a los emiratíes a pedir la paz ante las amenazas que se cernían sobre sus infraestructuras petrolíferas y gasísticas, sus puntos de refinado y de embarque si continuaba su agresión: otra manifestación de la relación dialéctica entre la mejora tecnológica, la industrialización defensiva y la capacidad defensiva armada para asegurar el espacio para la reproducción ampliada en los Estados-nación periféricos o asediados.

Conclusión, Primera Parte

Este conjunto de fuerzas regionales se ha aliado con la milicia asimétrica palestina en su guerra de guerrillas contra el colonialismo de los colonos israelíes y, en particular, contra el asedio a la Franja de Gaza. En la segunda parte de este artículo analizaremos con más detalle sus actividades posteriores al 7 de octubre, así como las de las milicias palestinas. Estas fuerzas tienen orientaciones distintas y desacuerdos internos respecto a los modelos de desarrollo económico, pero convergen en la defensa activa -o la consecución- de la soberanía política como algo necesario para el bienestar de los pueblos de la región. Hemos argumentado que las actuales estrategias del imperialismo estadounidense hacen necesario replantearse la teoría y la práctica de la soberanía nacional y el papel de la autodefensa en la construcción socialista. Dado que EE.UU. está llevando a cabo una política de colapso del Estado y de des-desarrollo en los principales centros de población árabes, que es un campo de pruebas para los métodos estadounidenses más amplios de deflación de ingresos, desestabilización, des-desarrollo y des-estatización, las fuerzas que defienden la soberanía del Estado no pueden ser simplemente descartadas como «nacionalistas burguesas», «capitalistas de Estado» o utilizando tipologías afines. Tales descripciones pueden tener elementos formalmente correctos. Pero impiden ver el paisaje estratégico que está contorneado por la actual fase de acumulación estadounidense, en la que el «despilfarro» es una aportación a la acumulación. Los ataques sistemáticos a la capacidad estatal árabe-iraní, la política de subdesarrollo y el cerco militar, político y legal deben entenderse como parte de la acumulación a través del despilfarro y del ataque a los pueblos trabajadores a escala mundial.

Reconsiderar las estrategias de acumulación contemporáneas nos permite entender el papel coyuntural de la defensa de la soberanía estatal en el contexto actual, como un bien positivo en sí mismo, y como una plataforma para la planificación de políticas que pueden conducir en la dirección de la acumulación ampliada (como con el documento nacional de Yemen de 2019). Aunque los límites de tales visiones pueden y deben ser explorados, cualquier crítica de este tipo no debe partir de la fantasía sino de los hechos: Las operaciones estadounidense-israelíes sólo permiten el desarrollo capitalista nacional en determinados términos dentro de países plenamente integrados en su paraguas de seguridad y financiero. En ese contexto, el eje contemporáneo desempeña un papel liberador limitado pero real al evitar el colapso del Estado en los países cercanos y circundantes a Palestina y proteger la reproducción social y el bienestar popular de las poblaciones contra la parca de la acumulación a través del desarrollo.

Agradecimientos

Gracias a Patrick Higgins, Zeyad el Nabolsy, Ali Kadri, Nina Farnia y Helyeh Doutaghi por las fuentes y el debate.

Notas a pie de página

1. Las brigadas Ali Abu Mustafa del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), las brigadas Mártires de Al-Aqsa de Fateh, las fuerzas Omar al-Qasim del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), la Yihad Islámica Palestina (YIP) y las brigadas muyahidines también participaron en el atentado.

2. Calculado a partir de la base de datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI) (www.sipri.org/databases).

3. Una corriente revisionista de la historia económica europea sostiene que la descolonización fue esencialmente bien acogida por el capitalismo europeo; véanse las siguientes refutaciones de Depelchin (1992) y Saul (2016).
4. Considérese no sólo el contenido sino el tono de la crítica de Cabral a Nkrumah en este contexto. Gracias a Zeyad el Nabolsy por aclararme este punto.
5. Sobre el disenso interno en los planes de planificación de India y Estados Unidos y la diferencia entre «vientres llenos» y la aplicación de dichos planes, véase Ajl y Sharma (2022).
6. En 2020, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos firmaron acuerdos de normalización.
7. Ahora se admite abiertamente que Francia, Turquía y Arabia Saudí, ya sean sus Estados o sus nacionales, han respaldado o financiado al ISIS. Resulta inverosímil sostener que Estados Unidos no ha sido consciente de esos flujos financieros.

8. Véase la inequívoca influencia de las guerras populares comunistas de Asia oriental y sudoriental en esta evaluación militar (Matthews, 2011). Gracias a Patrick Higgins por la aclaración sobre este punto.

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10. Una sugerencia de José Luis Martín Ramos.

Una entrevista a Geof Roberts sobre Putin, difundida por Annie Lacroix-Riz; tiene bastantes puntos de reflexión. A quien le interese le recomiendo que cierre la voz y lea directamente los subtítulos en francés. https://www.librairie-

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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