MISCELÁNEA 16/02/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA

INDICE
1. La modernización china y la alianza obrero-campesina.
2. La humillación del rey de Jordania.
3. Hacer crecer el Grupo de La Haya.
4. Por una informática frugal.
5. Geopolítica del capitalismo, 11.
6. De la economía al estado mafioso.
7. La Declaración de Arusha.
8. El pensamiento Xi Jinping

1. La modernización china y la alianza obrero-campesina

El artículo «liberado» esta semana en Monthly Review resume el libro del autor sobre el proceso de modernización chino que él entiende fundado en una alianza obrero-campesina durante la revolución y rota a partir de las reformas de los años 80.
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Modernización al estilo chino: la revolución y la alianza obrero-campesina

Por: Lu Xinyu

Lu Xinyu es catedrático de la Escuela de Comunicación de Zijiang y presidente del Instituto Internacional de Investigación de la Comunicación de la Universidad Normal del Este de China.

Gran parte de este artículo aparece en el reciente libro del autor, Neoliberalism or Neocollective Rural China: A Critique and Prospect, traducido por Yinhao Zhang (Palgrave Macmillan, 2024), y ha sido editado para Monthly Review.

En la ideología occidental, China ya no se percibe como un país socialista, aunque persisten vestigios de su legado revolucionario. Según esta perspectiva, el objetivo de la modernización en China ha sustituido al de la revolución, que a su vez ha desempeñado un papel importante en la estabilización del sistema capitalista mundial. En otras palabras, la integración de China en el capitalismo mundial ha contribuido a consolidar el proceso de globalización capitalista. En consecuencia, la modernización y la revolución, así como la globalización y la revolución, se presentan como dicotomías, similares a la de democracia frente a autoritarismo, libertad frente a autocracia y estado frente a sociedad. Estas dicotomías pueden verse como la extensión de la ideología de la Guerra Fría a la política de los años noventa, sutilmente incrustadas en las teorías de la «globalización» y la «modernidad». Hoy en día, el mundo sigue confinado por el pensamiento dicotómico, que es la base de la continuidad intelectual e ideológica en la llamada «Nueva Guerra Fría», que en gran medida también sirve de frontera entre el Sur Global y el Norte Global. Sin embargo, este pensamiento no ayuda a comprender el camino de desarrollo de China hacia la modernización socialista y la soberanía nacional desde que se formó la República Popular China (RPC) en 1949.

Si miramos al siglo XX, la debilidad del modelo agrícola soviético es una de las principales causas de la crisis estructural que experimentó el socialismo soviético. Por el contrario, el sistema agroindustrial que se desarrolló en Estados Unidos desempeñó un papel crucial para que triunfara en la Guerra Fría. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos alcanzó gradualmente la hegemonía mundial. Uno de los medios que utilizó para consolidar esta hegemonía fue la militarización de los alimentos. Este enfoque desmanteló sistemáticamente las economías campesinas del Sur Global y exacerbó la polarización dentro de la economía global.

A partir de 1929, con el inicio de la Gran Depresión en Estados Unidos, se produjo una fuerte caída de los precios mundiales de los alimentos. La Unión Soviética se encontraba entonces en una etapa crucial de industrialización y dependía en gran medida de las exportaciones agrícolas. La URSS tuvo que pagar el doble en las cantidades previstas de materias primas y productos agrícolas para obtener maquinaria. A estos problemas se sumaba el descenso de la producción agrícola general. El economista Evgeny Preobrazhensky había argumentado en The New Economics (1926) que la industrialización se produciría a costa de un brutal período de la llamada acumulación primitiva socialista (expropiación original), el período más desafiante para un país socialista en desarrollo, que implicaba la expropiación del campesinado. Algunos, como Nikolai Bujarin, abogaban por un enfoque más gradual. Sin embargo, como país subdesarrollado enfrentado a poderosos enemigos en Occidente, la Unión Soviética, todos los analistas coincidieron en que no tenía más remedio que expropiar a los campesinos en cierta medida en el proceso de industrialización, lo que provocó inevitables y feroces conflictos entre el Estado y los campesinos.

En su discurso de 1929 «Un año de grandes cambios», Joseph Stalin expuso que sin el desarrollo de la industria pesada no podía producirse la industrialización. La historia de los países industrialmente atrasados indicaba que sin préstamos sustanciales a largo plazo, no podían progresar en su desarrollo: «Es precisamente por esta razón que los capitalistas de todos los países nos niegan préstamos y créditos, porque suponen que no podemos hacer frente al problema de la acumulación con nuestros propios esfuerzos, que naufragaremos en la tarea de reconstruir nuestra industria pesada y nos veremos obligados a acudir a ellos con el sombrero en la mano, para ser esclavizados». 1. La respuesta fue desarrollarse de la misma manera que lo había hecho originalmente el capitalismo, a través de una especie de «acumulación primitiva» mediante la apropiación del excedente agrícola del campesinado. Pero en el caso del capitalismo, esa «expropiación original», como la llamó Karl Marx, se había producido durante un período de tiempo más largo y se había visto facilitada por un sistema de saqueo global a través del colonialismo.

La Unión Soviética había adoptado altas tasas de acumulación de capital, pero bajo consumo, y se centró en el desarrollo de la industria pesada en su proceso de industrialización. Como resultado, estableció rápidamente un sistema industrial dominado por la industria de defensa. Este país agrícola, dependiente del capital extranjero, se transformó con éxito en una gran potencia industrial mundial.2 Durante la Primera Guerra Mundial, la Rusia zarista, con su industria atrasada, fue derrotada por la Alemania prusiana industrializada. Durante la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética logró una victoria masiva contra el fascismo, aunque a costa de veinte millones de vidas en el bando soviético. Esta victoria estuvo directamente relacionada con la estrategia de antes de la guerra de desarrollar la industria pesada y la industria militar a toda costa.

Sin embargo, el desarrollo de la industria a expensas de la agricultura tuvo sus costes. Tras suceder a Stalin, Nikita Jrushchov llevó a cabo una serie de reformas agrícolas que descentralizaron el poder político y sus intereses económicos. Pero justo cuando Jrushchov estaba implementando estas reformas, la Unión Soviética experimentó otra escasez de cereales en 1963. La escasez fue tan grave que el país tuvo que restablecer la cartilla de racionamiento, que había sido abolida después de la guerra. Durante los diez años que Jruschov estuvo en el poder, el grano que recibían los miembros de las granjas colectivas disminuyó a medida que su remuneración disminuía año tras año. Los ingresos de las granjas eran inferiores a los insumos agrícolas y al aumento de los precios, mientras que la cantidad de grano adquirido seguía aumentando. Las condiciones agrícolas se estaban deteriorando. Las granjas colectivas recibieron en 1963 menos de la mitad de la remuneración en grano que antes de la guerra, lo que finalmente llevó al fracaso de la reforma agrícola.3.

Cuando Leonid Brezhnev llegó al poder, los problemas agrícolas de la Unión Soviética se habían vuelto muy graves. Para hacer frente al problema de la escasez, Brezhnev reformó enérgicamente el Nuevo Sistema Económico para ampliar aún más la autonomía de las granjas, aumentó el precio de la adquisición de cereales y mejoró el sistema de contratos colectivos. Además, el Estado también aumentó sustancialmente la inversión y las subvenciones financieras a la agricultura. Sin embargo, el valor de la producción agrícola de la Unión Soviética cayó en picado, lo que provocó una grave reacción en cadena en toda la economía nacional. El continuo descenso de la producción de cereales obligó a depender de las importaciones.

En 1972, la URSS gastó 860 toneladas de reservas de oro importando 28 millones de toneladas de cereales del mercado mundial, incluidas 18 millones de toneladas de Estados Unidos. Esto ayudó a Estados Unidos a resolver su prolongada crisis de excedentes alimentarios tras la Segunda Guerra Mundial y dio un fuerte impulso a la agricultura estadounidense, lo que dio lugar a paradoja tras paradoja.4. La Unión Soviética se convirtió en importadora neta de cereales por primera vez en 1973. Antes de la industrialización a gran escala, Rusia siempre había sido un importante exportador de cereales.

De 1981 a 1982, los mercados mundiales se vieron conmocionados de nuevo por la compra masiva de trigo de la Unión Soviética. Los cereales se convirtieron en la segunda importación más importante del comercio exterior de la Unión Soviética (después de la maquinaria y el equipo), lo que provocó restricciones en el cambio de divisas. La limitada divisa extranjera no podía proporcionar suficiente apoyo para el desarrollo de otros sectores de la economía, y por lo tanto restringía la reestructuración de la economía en su conjunto. Dado que las materias primas tanto para la industria ligera como para la industria alimentaria proceden de la agricultura, la crisis agrícola impidió la expansión de la producción industrial. La falta de suministro en el mercado de productos manufacturados impidió que mejorara la vida de las personas. La demanda de los consumidores no pudo satisfacerse, lo que dio lugar a un aumento del ahorro. El desajuste entre el ahorro y las tasas de rotación del comercio minorista presagiaba una inflación posterior.5.

Bajo la dura política de contención de Estados Unidos y las necesidades impuestas por la carrera armamentística, el modelo económico de la Unión Soviética adoptó la forma de un relativo abandono de la agricultura y la industria ligera, dando prioridad a la industria pesada y la industria militar. Las reformas económicas de Jruschov a Mijaíl Gorbachov no lograron resolver el problema del estancamiento del desarrollo agrícola ni reactivar la economía. Por lo tanto, los fracasos en el sector agrícola desempeñaron un papel importante en el estancamiento económico de estos años, lo que contribuyó a la disolución de la Unión Soviética.

China se enfrentó a muchos de los mismos problemas que la Unión Soviética, pero ha seguido un camino diferente, lo que refleja toda la historia de China. Una dinámica diferente entre la agricultura y la industria ha sido crucial para la modernización al estilo chino.

Revisando la alianza obrero-campesina y la modernización al estilo chino

Detrás de las frecuentes críticas a China como Estado autoritario se encuentra la cuestión fundamental de si las sociedades agrarias, agobiadas por las presiones del imperialismo y el colonialismo, pueden lograr la industrialización a través de un camino socialista. Esta cuestión, de hecho, constituyó el debate teórico y la lucha ideológica más importantes en los inicios de la Internacional Comunista. La forma de abordar las cuestiones rurales se convirtió en un elemento fundamental para determinar la trayectoria de la industrialización y la modernización en el tercer mundo, y la reforma agraria se erigió como la clave definitiva. Entre las reformas económicas de China desde 1978, la reforma agraria destaca como la cuestión más compleja, provocando profundas transformaciones en los paisajes urbanos y rurales. Hoy en día, esta reforma sigue en curso y, en última instancia, determinará la trayectoria futura de China.

Para los países de desarrollo tardío, es esencial equilibrar cuidadosamente la relación entre la industrialización y la agricultura. Una de las experiencias más cruciales de las revoluciones china y rusa es la importancia de una «alianza obrero-campesina» como base de un camino socialista exitoso. Esta idea proviene de lecciones históricas duramente aprendidas, que han demostrado que cualquier desviación de la alianza obrero-campesina ha conducido a crisis sociales y políticas. China, en particular, se ha visto obligada continuamente a encontrar nuevas formas de afrontar estos desafíos. En las últimas décadas, la estrategia de desarrollo de China ha oscilado entre enfoques de izquierda y de derecha, siendo el eje de esta oscilación la «alianza obrero-campesina».

La llamada «modernización al estilo chino» tiene sus raíces en la década de 1950, formulada inicialmente en 1954 durante la Primera Sesión de la Primera Asamblea Popular Nacional, donde se propuso una modernización basada en una alianza obrero-campesina. Esta sesión ratificó la primera constitución de la China socialista, declarando a la República Popular China un estado democrático popular dirigido por la clase trabajadora y basado en la alianza obrero-campesina. Al mismo tiempo, en el Informe de Trabajo del Gobierno, el primer ministro Zhou Enlai nombró cuatro áreas prioritarias: «industria, agricultura, transporte y defensa nacional modernizados».

Sobre esta base de la década de 1950 bajo Mao Zedong, la idea de la modernización al estilo chino se desarrolló aún más en las décadas siguientes. La tercera sesión de la Primera Asamblea Popular Nacional, celebrada a finales de 1964, introdujo formalmente el objetivo de las «Cuatro Modernizaciones» para transformar China en una potencia socialista con una agricultura, una industria, una defensa nacional y una ciencia y tecnología modernizadas. Esta visión se reiteró en el Informe de Trabajo del Gobierno de la Cuarta Sesión del Congreso Nacional del Pueblo de 1975, que también introdujo un enfoque en dos fases: establecer un sistema industrial y económico independiente y relativamente completo para 1980 y lograr las «Cuatro Modernizaciones» para finales del siglo XX.

En 1978, el Tercer Pleno del Undécimo Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) había cambiado su enfoque hacia la resolución de los desequilibrios estructurales económicos. En este pleno crucial, se tomó la decisión de iniciar la reforma rural, implementando el Sistema de Responsabilidad Familiar, redistribuyendo la tierra a los hogares e introduciendo la contabilidad independiente y la responsabilidad por las ganancias y pérdidas, lo que marcó el comienzo de la reforma económica de China. Se cree que esto liberó la vitalidad de la producción económica en las zonas rurales, lo que significa que el desarrollo de la industrialización de China había salido del modelo económico de tiempos de guerra y ya no dependía de la expropiación agrícola. Posteriormente, China adoptó una estrategia de industrialización orientada a la exportación que facilitó un rápido crecimiento económico.

En el centro de estos cambios se encontraba el establecimiento del Sistema de Responsabilidad Familiar durante las reformas económicas de la década de 1980. Este sistema otorgaba a los hogares rurales el derecho a contratar tierras y explotarlas sin disolver la propiedad colectiva de la tierra. Este sistema enfatizaba que la tierra era propiedad colectiva de la aldea. Si alguien abandonaba la aldea o se retiraba de la colectividad, sus derechos de explotación de la tierra revertían a la colectividad, para ser redistribuidos entre otros miembros de la aldea en función del cambio demográfico. Dentro de este marco, la colectividad de la aldea podía determinar de forma independiente la escala y el modo de cultivo de la tierra para lograr la máxima eficiencia.

La introducción del sistema de responsabilidad familiar puede considerarse una forma de transformación, que implica que setecientos millones de habitantes rurales, equivalentes al 70 % de la población, pasen de la producción colectiva a la producción familiar. Aumentó rápidamente la producción de cereales y reportó beneficios tanto al sector rural como al urbano.

Sin embargo, es importante señalar que las reformas solo fueron posibles gracias a los logros de la modernización agrícola de la era Mao y se basaron en ellos. Por ejemplo, tras la visita del Presidente Richard Nixon a China en 1972, el país aprovechó la oportunidad para importar cuatro tipos de fibras químicas y trece piezas de equipo de producción de fertilizantes. La adopción de textiles sintéticos en lugar de los tradicionales textiles de algodón permitió destinar más tierras a los cereales. Al mismo tiempo, el uso generalizado de fertilizantes hizo que la producción de cereales aumentara rápidamente.

El cambio a la «agricultura petrolera» se basó en el desarrollo sustancial de la industria petrolera durante la era de Mao en la década de 1960. Esto incluyó el desarrollo del campo petrolífero de Daqing, que ayudó a garantizar la autosuficiencia y el excedente de petróleo. Además, variedades de cultivos superiores, como el arroz híbrido de Yuan Longping de 1975, desarrollado inicialmente durante el período de Mao, aumentaron significativamente el rendimiento de los cultivos por acre. Como resultado, la prolongada tensión entre la insuficiencia de tierras cultivables y una gran población en China se alivió considerablemente, lo que condujo a la resolución de los desafíos relacionados con la alimentación y el vestido. Además, esto marcó un cambio exitoso de la «acumulación primitiva socialista» de capital en China, ya que se apartó de la era de extracción agrícola conocida como la «brecha de las tijeras» tras la crisis económica de la creciente brecha entre los precios industriales y agrícolas provocada por la Nueva Política Económica soviética en la década de 1920.6.

Sin embargo, es importante no pasar por alto las consecuencias perjudiciales de estas reformas. El sistema de responsabilidad familiar y la industrialización orientada a la exportación provocaron la disociación de la agricultura del desarrollo industrial. Además, la retirada del apoyo estatal al sector agrícola dio lugar a una rápida brecha entre las zonas urbanas y rurales y a un desequilibrio en el desarrollo regional entre el este y el oeste. Mientras las ciudades costeras florecían, la economía rural se deterioraba, lo que provocó la desintegración de la sociedad. La modernización de la agricultura china fue testigo de un prolongado estancamiento e incluso de un retroceso, lo que provocó una crisis en la economía campesina tras un breve resurgimiento. En 1984, a pesar de las abundantes cosechas, China se enfrentó a dificultades en la venta de cereales producidos por los agricultores familiares, lo que supuso el declive de la autosuficiencia alimentaria, la desolación rural, el abandono de las tierras de cultivo y una enorme ola de migración del campo a la ciudad.

Tras las reformas económicas, la comprensión del PCCh de la relación entre la industria y la agricultura sufrió cambios continuos, evidentes a través de ajustes en las políticas nacionales. El Comité Central del PCCh publicó una serie, Documentos Centrales n.º 1 (zhongyang yihao wenjian), centrada en la agricultura, las zonas rurales y los agricultores durante cinco años consecutivos, de 1982 a 1986. Durante este periodo, al implementarse el programa de contratación de tierras de quince años, se abolieron las compras estatales unificadas y las cuotas estatales (tonggou tongxiao) de granos y otros productos agrícolas importantes, que habían estado vigentes durante tres décadas. Esto marcó el fin de la práctica de la era Mao de extraer excedentes de la agricultura para impulsar la industrialización y promover una estructura económica orientada a la industria pesada. En aquel momento, el lema de los campesinos era: «Darle lo suficiente al país, quedarse con lo suficiente para la colectividad y el resto es todo nuestro».

Otro cambio fundamental en esta época fue la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, que implicó importantes concesiones en el comercio agrícola y tuvo consecuencias de gran alcance que aún pueden verse hoy en día. La dinámica comercial resultante condujo en última instancia a la quiebra generalizada de los pequeños agricultores, lo que provocó graves crisis sociales y ecológicas. La brecha entre las zonas urbanas y rurales exacerbó las disparidades regionales entre las provincias orientales y occidentales, y surgieron desafíos ambientales y ecológicos. Estaba claro que las crisis a las que se enfrentaba China no podían abordarse eficazmente únicamente a través de las teorías de desarrollo occidentales.

Esta es precisamente la razón por la que, en 2003, bajo el liderazgo de Hu Jintao, el PCCh introdujo la «Perspectiva científica del desarrollo» titulada «La decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre varias cuestiones importantes relativas a la mejora del sistema económico socialista de mercado». Esta perspectiva enfatizó la necesidad de «desarrollo urbano-rural coordinado, desarrollo regional coordinado, desarrollo económico y social coordinado, desarrollo armonioso coordinado entre la humanidad y la naturaleza, y desarrollo interno coordinado y apertura externa». Además, en 2007, el PCCh incorporó oficialmente la «Perspectiva científica del desarrollo» en la constitución del partido.

En 2004, el plan «Tres cuestiones rurales», relativo a la agricultura, las zonas rurales y los agricultores, fue el tema central del «Documento de política central n.º 1» de China, que describe las tareas clave para el país. De hecho, durante veinte años consecutivos, el trabajo en la agricultura y las zonas rurales ha sido la principal prioridad política de China. Cada Documento Central n.º 1, publicado anualmente, abarca una amplia gama de aspectos específicos, como el aumento de los ingresos de los agricultores, el fortalecimiento de la infraestructura rural y la conservación del agua, y el aumento constante de la inversión total en las zonas rurales, entre otras medidas.

En 2005, se alcanzó un hito significativo cuando el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional aprobó el documento que abolía la Regulación del Impuesto Agrícola, aliviando las cargas económicas de los agricultores y mejorando drásticamente el bienestar social de los residentes rurales. El fin del impuesto agrícola, que había perdurado durante miles de años, marcó un punto crucial en la historia de China y se despidió de esta antigua carga financiera para los novecientos millones de agricultores familiares del país. Sin embargo, estos esfuerzos no han revertido completamente la crisis. Las zonas rurales, en las que la tasa de autosuficiencia alimentaria de China sigue disminuyendo, suelen estar desoladas, las tierras están abandonadas y la marea de trabajadores migrantes está aumentando, lo que obliga a China a identificar la vía de desarrollo más adecuada entre las diversas alternativas.

En 2017, el XIX Congreso Nacional del PCCh reafirmó las tareas de la Nueva Era (que comenzó en 2012), centrándose en abordar las cuestiones destacadas del «desarrollo desequilibrado e inadecuado». Elevó la Estrategia de Revitalización Rural y la Estrategia de Desarrollo Coordinado Regional a estrategias nacionales. Los esfuerzos a nivel nacional en el «alivio de la pobreza selectivo» en las zonas rurales lograron la erradicación de la pobreza extrema en el país en 2022. Sin embargo, este logro histórico fue solo un paso hacia la siguiente fase en el desarrollo rural. En 2022, el PCCh introdujo el concepto de «modernización al estilo chino», que tiene como objetivo revitalizar las zonas rurales y salvar las disparidades de desarrollo regional, en un contexto de aumento de las presiones internacionales, presencia simultánea de oportunidades y riesgos de desarrollo y un nivel creciente de imprevisibilidad. Esta vía hacia la modernización tiene como objetivo establecer un patrón de desarrollo de «doble circulación» liderado por el ciclo económico nacional, con el ciclo económico internacional desempeñando un papel complementario. En mayo de 2020, el gobierno chino anunció la doble circulación como estrategia para estimular la demanda interna y la innovación y promover una mayor autosuficiencia en términos de tecnología y recursos, sin dejar de estar abierto al comercio y la inversión internacionales.

Que China pueda abordar con éxito las cuestiones agrícolas que persisten desde la década de 1980 y revertir el deterioro de la producción agrícola se convierte en clave en el objetivo estratégico de reducir la brecha entre las zonas urbanas y rurales y lograr la «prosperidad común». La forma en que China resuelva la cuestión agraria hoy en día desempeña un papel clave para contrarrestar los esfuerzos de contención de la Nueva Guerra Fría iniciada por Estados Unidos y proteger la soberanía nacional de China. En este sentido, la modernización al estilo chino se presenta como una posible vía de desarrollo alternativa al modelo capitalista occidental, especialmente importante para los países del Sur Global que buscan liberarse de los grilletes del colonialismo y el imperialismo.

El énfasis de China en la circulación interna implica la necesidad de reconstruir la relación recíproca entre la industria y la agricultura y establecer una estructura de movilidad urbano-rural favorable. La alianza obrero-campesina se enfrentó a importantes desafíos en la década de 1990, cuando la reforma de las empresas estatales provocó el desempleo de millones de trabajadores, mientras que cientos de millones de agricultores acudían en masa a las ciudades en busca de empleo. Hoy en día, para restablecer una alianza obrero-campesina sólida, es esencial reconstruir los cimientos políticos, económicos y culturales propios de las zonas rurales.

La revolución rural liderada por Mao consiguió integrar al PCCh entre la mayoría campesina a través del enfoque de la «línea de masas». Esto integró a la sociedad rural en progresiva desintegración, transformando el campo en una fuente inagotable de fuerza revolucionaria. La revolución rural de Mao logró las tareas históricas de resistir a la agresión imperialista del exterior y consolidar el poder nacional en el interior. Después de 1949, la China socialista consagró la alianza obrero-campesina en su constitución y aceleró enormemente la industrialización al establecer nuevas relaciones urbano-rurales. Estas relaciones obligaron a absorber el excedente agrícola para apoyar la industrialización, al tiempo que proporcionaban retroalimentación a la agricultura, los agricultores y las zonas rurales a través de iniciativas estatales de arriba abajo. Por ejemplo, movimientos como el envío de servicios médicos a las zonas rurales y el despliegue de jóvenes educados en el campo tenían como objetivo reducir las «tres grandes disparidades» en la China socialista: entre el trabajo manual y el mental, la industria y la agricultura, y los trabajadores y los campesinos.

Sin embargo, las reformas económicas posteriores a la década de 1980 ampliaron drásticamente estas disparidades. Los recursos se concentraron rápidamente en las zonas urbanas, intensificando la brecha entre la ciudad y el campo y poniendo en peligro la viabilidad de la alianza entre trabajadores y campesinos, que corría el riesgo de convertirse en mera retórica. En la década de 1980, la sociedad rural se desintegró gradualmente y resurgió el fenómeno de la incapacidad del Estado para llegar a las zonas rurales. Durante la era de Mao, a pesar de la existencia de la «tijera de precios» y la disparidad irracional entre los productos industriales y agrícolas, persistieron los lazos emocionales y materiales entre las zonas urbanas y rurales. Sun Liping denominó a esto la «estructura dual dirigida administrativamente» bajo Mao.7 Hoy en día, ha surgido una fractura entre las zonas urbanas y rurales debido a la economía de mercado, a la que Sun se refiere como la «estructura dual dirigida por el mercado». En su opinión, bajo las relaciones de mercado, la conexión entre las zonas urbanas y rurales de China, la agricultura y la industria, se ha roto, y es probable que esta tendencia sea irreversible. Mientras que la «estructura dual dirigida administrativamente» durante Mao tenía como objetivo eliminar las tres disparidades, este objetivo ha quedado de lado dentro del marco de la «estructura dual dirigida por el mercado».

Para abordar las cuestiones rurales críticas, es imperativo remodelar la relación de alianza mutua entre lo urbano y lo rural en el proceso de urbanización. Desde la década de 1980, la rápida urbanización de China se ha basado en la propiedad pública de los terrenos urbanos y la propiedad colectiva de los terrenos rurales. En primer lugar, la capitalización de los terrenos públicos por parte de los gobiernos locales fue un importante motor de la urbanización y sirvió como fuente principal de financiación para la construcción pública urbana. En segundo lugar, el sistema de responsabilidad familiar no abolió la propiedad colectiva de la tierra rural. La distribución de la tierra en las aldeas sigue ajustándose en función de la igualdad per cápita, lo que ha proporcionado una red de seguridad social a los residentes rurales. Los trabajadores migrantes que se quedan sin empleo en las ciudades pueden volver al campo y depender de sus tierras para su sustento, evitando así los problemas generalizados de los barrios marginales que se observan comúnmente en otros países en desarrollo en su proceso de urbanización. Si se implementara la privatización de la tierra, la tierra rural caería rápidamente bajo el control del capital fuera de las aldeas, dejando a los trabajadores migrantes sin un lugar al que regresar y conduciendo a una rápida desintegración de la sociedad rural. Por lo tanto, para que la economía de mercado de China funcione bien, la propiedad colectiva de la tierra debe mantenerse, no abolirse.

La propiedad colectiva de la tierra rural en China merece una reevaluación por su contribución al desarrollo orientado al mercado. Dentro de este sistema, las zonas rurales sirven como una vasta reserva de mano de obra para el proceso de urbanización, con un flujo de mano de obra entre las zonas urbanas y rurales según sea necesario. Además, la economía de los pequeños agricultores sostiene al mayor grupo de población, los propios agricultores, lo que permite a China evitar depender del mercado mundial de alimentos para alimentar a sus 1400 millones de habitantes. En la «economía de mercado socialista» de China, la propiedad colectiva de la tierra rural constituye un elemento «socialista» clave. El reto actual radica en si la conservación de este elemento socialista puede proporcionar las condiciones para la modernización agrícola de China más allá de la economía de mercado capitalista mundial.

Los problemas rurales y urbanos están interconectados. Las principales ciudades chinas, como Shanghái y Pekín, tienen poblaciones residentes que superan los veinte millones, superando la población total de muchos países europeos. En 2017, Pekín fue testigo de polémicos incidentes de desalojo que involucraron a «personas de clase baja» (diduan renkou), un término muy discriminatorio, lo que provocó importantes críticas. Tras un incendio en una zona de bajos ingresos, el gobierno municipal de Pekín llevó a cabo una operación especial para eliminar los riesgos de seguridad, y muchos trabajadores migrantes de bajos ingresos fueron expulsados de la ciudad. Abordar los problemas de seguridad en zonas con grandes poblaciones migrantes no puede lograrse únicamente mediante la microgestión. Es necesaria una coordinación a nivel macro de las relaciones entre las zonas urbanas y rurales, o de lo contrario los problemas urbanos seguirán surgiendo de diferentes maneras y resultarán difíciles de resolver. La singularidad de la vía socialista de China en comparación con otros países del Sur Global radica en la propiedad colectiva de la tierra y en la estrategia de revitalización rural construida sobre ella.

Los defensores del neoliberalismo en China están deseosos de promover la privatización de las tierras rurales por dos razones principales. En primer lugar, la privatización de la tierra facilita la rápida expansión urbana y la capitalización de la tierra a gran escala. En segundo lugar, allana el camino para la agricultura capitalista. La agricultura capitalista al estilo estadounidense es el objetivo deseado, pero no alcanzado, de los neoliberales chinos, que presuponen que la privatización concentraría las tierras rurales en manos de unos pocos grandes terratenientes, convirtiendo a los residentes rurales en trabajadores agrícolas o en migrantes en los centros urbanos. Sin embargo, estos conceptos neoliberales acabarían perjudicando a la agricultura y a las zonas rurales de China.

La Ronda de Desarrollo de Doha ha demostrado la falta de voluntad de los países desarrollados para renunciar a las políticas proteccionistas de su agricultura, que incluyen elevados subsidios, diversas barreras no arancelarias y umbrales de acceso al mercado. Incluso si China privatizara sus tierras, su agricultura seguiría teniendo dificultades y quebraría al intentar competir con las naciones capitalistas desarrolladas. La única motivación de la compra de tierras rurales por parte del capital chino son las expectativas de revalorización de la expansión urbana, no la producción agrícola. Por lo tanto, en un país en desarrollo como China, la privatización de la tierra no beneficiaría a la modernización agrícola.

Las medidas adoptadas desde el XVIII Congreso Nacional del PCCh, cuando Xi Jinping asumió el liderazgo, han incluido intentos de restablecer el enfoque de la «línea de masas» y fortalecer la alianza obrero-campesina. Esto se pone de manifiesto en el programa específico de alivio de la pobreza, que envió a tres millones de cuadros del PCCh a vivir y trabajar en el campo, y movilizó a miles de empresas estatales y privadas, estudiantes y profesores, profesionales médicos y otros sectores de la sociedad para garantizar que los casi cien millones de personas restantes salieran de la pobreza extrema.

Para abordar la cuestión de la dicotomía entre el campo y la ciudad, China se esforzó por eliminar las tres grandes disparidades que se remontan a la era de Mao. En la actualidad, China responde a este desafío a través del concepto de «desarrollo urbano-rural integrado» (chengxiang ronghe fazhan), buscando soluciones que impidan que la urbanización exacerbe la brecha urbano-rural y, en cambio, promueva su convergencia. El establecimiento de un nuevo tipo de relación urbano-rural constituye la base para encontrar estas soluciones, y la reorganización de las zonas rurales desempeña un papel fundamental en este proceso.

La principal preocupación de la economía rural colectiva contemporánea radica en cultivar la vitalidad endógena en su seno. Los programas de Alivio Selectivo de la Pobreza y Revitalización Rural del PCCh representan dos enfoques estratégicos distintos en esta dirección. El primero consiste en infundir en las zonas rurales recursos similares a una transfusión de sangre, lo que permite a los residentes rurales superar la pobreza. La Revitalización Rural busca fomentar el crecimiento económico endógeno en las zonas rurales, haciéndolas autosuficientes o, en otras palabras, capaces de generar su propia «sangre».

Seguridad alimentaria, relaciones urbano-rurales y socialismo con características chinas

La economía china, orientada a la exportación, ha provocado, por un lado, una sobreproducción industrial y, por otro, una producción agrícola insuficiente. En 2006, China introdujo el concepto de la «Línea Roja de Preservación de las Tierras Agrícolas de 1800 millones de mu», que significa la implementación de un riguroso sistema de protección de las tierras agrícolas para garantizar que la superficie total de tierras cultivables en el país se mantenga por encima de los 1800 millones de mu (120 millones de hectáreas). China sigue enfrentándose a esta difícil situación histórica, con menos del 10 % de las tierras cultivables del mundo, pero una quinta parte de la población mundial que alimentar. El mantenimiento o no de esta «línea roja» ha sido polémico, y muchos liberales chinos sostienen que las tierras cultivables deberían destinarse a la construcción inmobiliaria y la urbanización debido a la expansión de la población urbana. Creen que la medida de la línea roja obstaculiza la industrialización, la urbanización y el crecimiento económico. Influenciada por este pensamiento, China redujo su tierra cultivable en más de diez millones de hectáreas durante la urbanización.8. Los puntos de vista opuestos señalan que el volumen anual mundial de comercio de cereales es de más de cuatrocientos millones de toneladas, mientras que la demanda anual de cereales de China supera los seiscientos millones de toneladas, lo que indica que China no puede simplemente depender del mercado mundial de cereales para satisfacer sus necesidades alimentarias. La razón por la que China ha podido mantener bajos los precios de los alimentos a pesar de la alta demanda se debe a la autosuficiencia de los pequeños agricultores y a la existencia de instituciones no comerciales como el sistema de reservas de cereales, que exige a las provincias que almacenen cantidades mínimas de productos básicos estratégicos, y el Sistema de Responsabilidad de los Gobernadores Provinciales para la Seguridad Alimentaria, creado en 2015 para evaluar con precisión la labor de seguridad alimentaria de cada provincia.

En muchos países del Norte y del Sur Global, el suministro de cereales depende del mercado global capitalista, cediendo así el poder de fijación de precios de los cereales y el aceite a Wall Street. Tras la adhesión de China a la OMC en 2001, el país se convirtió efectivamente en un vertedero de productos agrícolas modificados genéticamente procedentes de Estados Unidos. Un buen ejemplo es la transformación del mercado de la soja en China. Antes de unirse a la OMC, China era un exportador neto de soja. Sin embargo, en 2004, China se enfrentó a una grave escasez de soja, con el cierre de muchas empresas de trituración que producen harina y aceite de soja, lo que supuso un duro golpe para la industria nacional. Gigantes transnacionales de la agroindustria como ADM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus exportaron soja modificada genéticamente a China, desmantelando la cadena de suministro nacional. La afluencia de capital extranjero provocó que China perdiera el control sobre los precios de la soja, lo que la hizo depender en gran medida del mercado mundial para el suministro y convirtió a la soja en el componente más vulnerable de la seguridad alimentaria de China. Durante la última década, la tasa de autosuficiencia de China en soja se ha mantenido en torno al 15 %, y las importaciones representan más del 60 % de las exportaciones mundiales de soja.

De hecho, la difícil situación de China con la soja no es un caso aislado. Desde la década de 1990, tras el colapso de la Unión Soviética, los países en desarrollo han abierto progresivamente sus mercados agrícolas bajo diversas medidas coercitivas de Estados Unidos. Esto ha provocado una quiebra generalizada y hambre entre las poblaciones campesinas de estos países. Mientras tanto, las megafarmas capitalistas orientadas a la exportación en los países desarrollados han exportado alimentos en gran medida, obteniendo beneficios sustanciales. El cambio capitalista en la agricultura en todo el mundo en desarrollo ha socavado continuamente el bienestar de las poblaciones nacionales.

Desde que comenzó la guerra comercial entre China y Estados Unidos en 2019, Brasil ha reemplazado a Estados Unidos como principal proveedor de soja de China, lo que beneficia a la gran agroindustria a expensas de los productores campesinos. El comercio agrícola de China con países del Sur Global como Brasil ha suscitado críticas de la izquierda, entre ellas las de João Pedro Stedile, líder nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, quien expresó su confusión e insatisfacción con el extenso comercio de soja de China con Brasil. Argumenta que los productores de soja de Brasil son esencialmente grandes terratenientes que a menudo residen en Miami. Estos grandes terratenientes monopolizan la tierra, la financiación pública y la asistencia técnica para la producción agroexportadora. Si bien estas granjas capitalistas y la agroindustria en Brasil obtienen enormes beneficios del comercio con China, no benefician al pueblo brasileño. En su búsqueda de beneficios, vastas extensiones de tierra cultivable para el cultivo de alimentos, incluidas tierras de pueblos indígenas, se convierten al cultivo de soja, sumiendo al pueblo brasileño en el hambre debido al monocultivo, lo que a su vez crea la necesidad de importar alimentos, a pesar de la abundante tierra del país para la producción de alimentos. De hecho, durante los años de la presidencia de Jair Bolsonaro, que contó con el respaldo de los intereses de la agroindustria, treinta millones de brasileños volvieron a pasar hambre en un país que es uno de los mayores productores agrícolas del mundo. Estas cuestiones se derivan de un sistema de tenencia de la tierra injusto que excluye del sistema agrícola modernizado a la mayoría de los pequeños agricultores y a los campesinos sin tierra de los países en desarrollo. En consecuencia, han surgido barrios marginales urbanos a gran escala y movimientos de resistencia campesina recurrentes en los países en desarrollo, como el MST y las protestas de los agricultores de 2020 en la India.

Desde principios de siglo, la agroindustria mundial ha intensificado su control sobre la cadena mundial de suministro de alimentos, controlando el 80 % del volumen comercial de cereales. Estas empresas ejercen influencia sobre los mercados de cereales de los principales países productores, como Estados Unidos, Brasil y Argentina, y dominan las instalaciones mundiales de transporte y almacenamiento de cereales. También han ampliado su alcance a varios segmentos del mercado alimentario de China, lo que supone una amenaza para la soberanía y la seguridad alimentarias de China.

China, desde 2012, ha estado trabajando activamente para abordar la cuestión del control de los suministros de semillas por parte de las empresas multinacionales. Xi ha elevado la seguridad de las semillas a una prioridad estratégica estrechamente vinculada a la seguridad nacional. Además, Xi ha hecho hincapié en la soja en particular, expresando su deseo de acelerar proyectos de investigación biotecnológica adicionales relacionados con el cultivo de la soja.9 Este impulso tiene como objetivo establecer la capacidad de investigación independiente de China y el control sobre las semillas de soja, un producto agrícola crucial, evitando así que otras naciones manipulen el suministro de China.

La modernización al estilo chino solo puede lograrse mediante la resolución integral de los problemas agrícolas, rurales y relacionados con los agricultores. El actual liderazgo chino parece haberse dado cuenta de ello. En 2022, se publicó la recopilación de escritos de Xi, titulada «Sobre el trabajo de las tres áreas rurales». Esta colección incluye sesenta y un artículos y discursos que ha escrito desde el XVIII Congreso Nacional. Algunos escritos retratan explícitamente el período actual como una «coyuntura histórica para abordar la relación entre la industria y la agricultura, así como entre las zonas rurales y urbanas». El discurso de 2018, «Implementación efectiva de la estrategia de revitalización rural», ofrece un debate exhaustivo sobre estos asuntos. A continuación se presentan algunos extractos del texto:

Durante el proceso de modernización, la forma de gestionar la relación entre la industria y la agricultura, así como la relación entre las zonas urbanas y rurales, determina en cierta medida el éxito o el fracaso de la modernización. Como país socialista liderado por el PCCh, nuestra nación debe poseer la capacidad y las condiciones para gestionar la relación entre la industria y la agricultura, así como la relación entre las zonas urbanas y rurales, a fin de avanzar sin contratiempos en el proceso de modernización socialista de nuestro país.

Desde el XVIII Congreso Nacional del PCCh, hemos estado decididos a ajustar la relación entre la industria y la agricultura, así como entre las zonas urbanas y rurales. Hemos tomado una serie de medidas para promover el principio de «la industria apoyando a la agricultura y las ciudades apoyando al campo». El XIX Congreso Nacional del Partido introdujo la implementación de la estrategia de revitalización rural precisamente para comprender y abordar de manera integral la relación entre la industria y la agricultura, así como entre las zonas urbanas y rurales, desde una perspectiva global y estratégica.

La coexistencia de ciudades prósperas junto a zonas rurales en dificultades contradice el propósito rector de nuestro Partido y no se ajusta a los requisitos esenciales del socialismo. Una forma de modernización así está destinada al fracaso. Hace cuarenta años, emprendimos el camino de la reforma y la apertura a través de las reformas rurales. Hoy, después de cuatro décadas, debemos revitalizar el campo, iniciando una nueva fase de desarrollo y modernización urbano-rural integrado.10

La remodelación de la relación entre el campo y la ciudad y de la relación entre la industria y la agricultura requiere una profunda reflexión y un ajuste de los patrones de desarrollo desde la década de 1980. Esto representa un nuevo desafío para la China socialista.

La propiedad colectiva de la tierra en la China rural difiere de los sistemas de tenencia de la tierra en países socialistas como la Unión Soviética, que pueden haber desempeñado un papel crucial en la determinación del éxito de la modernización al estilo chino. La nacionalización de las tierras urbanas y la colectivización de las tierras rurales constituyen la base de la alianza obrero-campesina china. Desde una perspectiva marxista, la dicotomía urbano-rural se considera un resultado inevitable del desarrollo capitalista y un desafío al que se enfrentan comúnmente los países del Sur Global durante sus procesos de desarrollo.

La propiedad colectiva de la tierra en China a través del Sistema de Responsabilidad Familiar es esencialmente propiedad comunal rural de la tierra. Sin embargo, el actual sistema de propiedad colectiva de la tierra podría verse socavado debido a la consolidación de los derechos de gestión de los contratos de tierras. Estos derechos permiten a los miembros de la comunidad utilizar y beneficiarse de la tierra mediante contratos, limitando al mismo tiempo su uso a la producción agrícola. Los miembros de la comunidad pueden transferir los derechos de gestión, lo que permite realizar operaciones agrícolas a gran escala y abordar la cuestión de las tierras ociosas. Sin embargo, un problema potencial que surge es que la colectividad de la aldea ya no tiene prioridad en el manejo de la tierra, lo que lleva a la incapacidad del capital interno para gestionar eficazmente la inversión y el control sobre la tierra. En este escenario, la propiedad colectiva existiría solo en el papel.

El sistema de tierras actual de China está experimentando transformaciones significativas, siendo una cuestión central si la propiedad colectiva de la tierra en las zonas rurales puede mantenerse y si es necesario persistir con este modelo. Si la propiedad colectiva de la tierra se vuelve difícil de mantener, podría conducir a la introducción de un número significativo de propietarios ausentes. Esto implica la necesidad de establecer una entidad rural completamente nueva que no solo desempeñe un papel político vital, sino que también asuma una función económica crítica para frenar la invasión del capital externo en las zonas rurales.

Existe un consenso generalizado de que la economía doméstica debe someterse a un proceso de reorganización, y el debate se centra en la metodología para esta reestructuración. En primer lugar, existe una solución neoliberal que aboga por la transferencia de tierras a empresas líderes o capital urbano para operaciones agrícolas a gran escala de manera orientada al mercado, con el objetivo de lograr la modernización agrícola. Aunque esta perspectiva goza de protagonismo entre los economistas convencionales, también es objeto de críticas. Una vez que se transfieren los derechos de explotación de la tierra, reclamarlos se vuelve extremadamente difícil. Al final, los miembros de la aldea pueden verse transformados en individuos sin tierra de la noche a la mañana, perdiendo tanto su tierra como sus empleos. La escala potencial de este problema podría presentar importantes desafíos políticos para la legitimidad y estabilidad del gobierno del PCCh. Esta es una de las consecuencias políticamente delicadas que el sistema socialista chino puede no estar preparado para soportar.

En segundo lugar, existe una solución socialista, que implica un retorno al modelo de propiedad colectiva como solución integral a una serie de cuestiones. En este enfoque, las organizaciones de base del partido asumirán un papel de liderazgo, y la propiedad colectiva de la tierra servirá como piedra angular para la reorganización rural. La colectividad de la aldea servirá como órgano de ejecución para las economías de escala, sustituyendo a los agricultores individuales en esta función. Los derechos de explotación se limitarán a la aldea y se asignarán mediante procesos de licitación llevados a cabo por la colectividad de la aldea. Este enfoque no excluye la economía de mercado, sino que designa al colectivo de la aldea como el principal participante en la economía de mercado. Al reforzar las capacidades de negociación del colectivo de la aldea, este modelo busca abordar los desafíos agrícolas y unir a los pequeños hogares para enfrentar colectivamente los obstáculos del mercado. El objetivo final es lograr una integración orgánica de la eficiencia económica y la equidad social, ofreciendo así un camino socialista prometedor para el desarrollo de la China rural. En este proceso de forjar una nueva sinergia entre las organizaciones de base del partido y el desarrollo rural en China, es esencial combinar el apoyo institucional de arriba hacia abajo con las prácticas sociales de abajo hacia arriba para proporcionar soluciones eficaces. Este enfoque depende de las organizaciones de base del PCCh para facilitar la reorganización de las zonas rurales. El sistema socialista de China proporciona a las zonas rurales recursos organizativos que van más allá del ámbito típico de la economía de mercado. Los residentes rurales se ven liberados de la carga de los costes organizativos asociados, y las organizaciones de base del PCCh pueden ayudarles a armonizar el desarrollo endógeno con el desarrollo exógeno.

Estas transformaciones pueden ser criticadas como un retroceso a una «línea ultraizquierdista», porque esta transformación requiere un liderazgo fuerte y eficaz del PCCh. De hecho, mi concepto de una «China rural neocollectivista» como modelo de desarrollo colectivo emergente sigue evolucionando a través de diversas prácticas sociales en varias regiones de China. Cada caso está profundamente arraigado en contextos políticos, económicos y culturales locales, lo que aporta conocimientos únicos y valiosos. Estos ejemplos prácticos han acumulado experiencias significativas que merecen una documentación sistemática y una difusión más amplia. Lo que unifica estos diversos casos es su capacidad para aprovechar las fortalezas de la economía colectiva para atraer la participación voluntaria de los residentes rurales, redescubriendo así vías para el desarrollo de una economía de mercado socialista en la que los habitantes rurales aprovechan eficazmente su poder colectivo para hacer frente a los riesgos del mercado, reforzando su competitividad. Al mismo tiempo, ayudan a contrarrestar la fragmentación social rural y a mitigar el posible deterioro de las relaciones entre el campo y la ciudad. Gracias a estos esfuerzos, el noble objetivo de lograr la prosperidad común puede realmente hacerse realidad. De hecho, en toda China se están llevando a cabo diferentes experimentos para encontrar enfoques de desarrollo adecuados para una China rural socialista.

¿Cómo puede la urbanización ser un motor del desarrollo integrado entre el campo y la ciudad en lugar de exacerbar las disparidades entre ambos? ¿Cómo se puede cultivar una relación urbano-rural mutuamente beneficiosa? Hoy en día, China está promoviendo activamente un patrón de desarrollo de doble circulación, que toma el mercado interno como pilar principal y al mismo tiempo permite que los mercados nacionales y extranjeros se refuercen mutuamente. ¿Qué nueva dinámica urbano-rural traerá este novedoso modelo de desarrollo? Como intelectuales, debemos tener paciencia para esperar las respuestas a estas preguntas o participar directamente en esfuerzos prácticos para abordarlas.

Conclusión: desde una perspectiva del Sur Global

Las pruebas, tribulaciones y vicisitudes experimentadas durante el viaje de la modernización al estilo chino son, de hecho, un microcosmos de las diversas crisis en el proceso de modernización en el Sur Global. El ascenso de China sirve como un caso ejemplar del surgimiento del Sur Global, rompiendo el orden global desigual que había estado sellado y reprimido durante mucho tiempo. La trayectoria de desarrollo de China está intrínsecamente entrelazada con la historia de las revoluciones china y rusa del siglo XX, el leninismo y el destino de la Unión Soviética. Esto constituye un hecho histórico esencial, y el desafío radica en cómo interpretar esta historia. Para lograrlo, resulta imperativo abordar las críticas, en particular del marxismo occidental, relativas al «populismo» dentro de la Revolución China. Al mismo tiempo, es necesario responder a las críticas y negaciones de las revoluciones china y rusa procedentes del liberalismo de derechas. Estas críticas y negaciones, que se hacen eco de la narrativa del «fin de la historia» en la era posterior a la Guerra Fría, intentan allanar el camino para una nueva Guerra Fría al cuestionar la legitimidad del leninismo y de las revoluciones china y rusa. El marxismo occidental y el liberalismo de derechas, aunque son puntos de vista políticos fundamentalmente opuestos, encuentran puntos en común en su discusión de las cuestiones agrarias dentro de las revoluciones china y rusa. Resucitan clichés sobre el «despotismo oriental» y el «modo de producción asiático», esforzándose colectivamente por oscurecer la importancia de la modernización al estilo chino como exploración de un camino socialista en la historia mundial.

Este desarrollo representa las aspiraciones del Sur Global de liberarse de la hegemonía occidental mundial. También se hace eco de las expectativas que Samir Amin tenía para China en sus últimos años. Amin vio un camino de «desvinculación» independiente y de orientación socialista como la esperanza para el desarrollo del Sur Global. Pidió la formación de un nuevo frente unido para abordar y resistir la crisis sistémica cada vez más grave del capitalismo. Amin creía que una China unida y poderosa debería asumir un papel de liderazgo en la lucha contra esta crisis sistémica global, que es crucial para el desarrollo mundial. En una entrevista concedida en Pekín en 2015, Amin volvió a profundizar en el concepto de «desvinculación»:

En mi opinión, la «desvinculación» debe considerarse un principio estratégico que abarca varios aspectos. En primer lugar, hace gran hincapié en el desarrollo de las naciones soberanas, situándolas en una posición prioritaria. En segundo lugar, aboga por la apertura, instando a los países a comprometerse con el mundo exterior y participar en la competencia global. Puede verse como naciones soberanas que utilizan la globalización para satisfacer sus necesidades de desarrollo, aprovechar las oportunidades de desarrollo y lograr gradualmente una transformación social progresiva. Así, cuando hablamos de «desvinculación», estamos aprovechando la globalización. Por un lado, el capitalismo monopolista utiliza la globalización para acumular capital y ampliar su dominio. Por otro lado, también podemos utilizar la globalización para dar prioridad a la satisfacción de las necesidades de desarrollo nacional. Debemos dar la máxima importancia a esta transformación interna orientada al crecimiento, que implica cambios continuos y permanentes.11

Los puntos de vista de Amin, según los cuales las naciones soberanas utilizan la globalización y se «desvinculan» con éxito a través de la transformación interna, resuenan estrechamente con la trayectoria de desarrollo de China. Ya en 1997, en su libro Capitalism in the Age of Globalization, Amin expresó su esperanza en China y previó cambios en las relaciones entre China y Estados Unidos. En primer lugar, describió cómo el proceso de globalización capitalista liderado por Estados Unidos condujo a un mundo polarizado, dejando la globalización en un estado extremadamente frágil y precario. Al mismo tiempo, las políticas neoliberales de derechas tomaron el poder (a menudo con el apoyo de la supuesta izquierda) en Estados Unidos y la Unión Europea, bloqueando toda esperanza de una globalización «humanitaria». Por lo tanto, al igual que Lenin antes y después de la Primera Guerra Mundial, Amin cambió su enfoque hacia Asia y profetizó: «No hace falta decir que el futuro desarrollo de China amenaza todos los equilibrios globales. Y es por eso que Estados Unidos se sentirá amenazado por su desarrollo. En mi opinión, Estados Unidos y China serán los principales antagonistas en cualquier conflicto global futuro».12

En una entrevista de 2018, Amin advirtió repetidamente a China de que, aunque intentara convertirse en un país capitalista, la tríada de las principales potencias capitalistas (Estados Unidos, Japón y Europa) no aceptaría ni permitiría el ascenso de China. La aspiración de superar a los países capitalistas desarrollados dentro del sistema capitalista es ingenua. Si China abrazara de todo corazón el sistema, la ideología y la globalización del capitalismo, e incluso se convirtiera voluntariamente en parte de él, entonces las potencias capitalistas bajo el liderazgo de Estados Unidos podrían actuar rápidamente para desmantelar a China. Si esto sucediera, China volvería a convertirse en una nación subordinada que suministra materias primas al campo imperialista.13 De hecho, la advertencia de Amin sirve tanto como una advertencia para el futuro de China como una descripción de las experiencias de la ahora desaparecida Unión Soviética.

El otro punto de vista fundamental de Amin es que «el Sur Global debe lograr la solidaridad política, y China desempeña el papel más central en la búsqueda de esta solidaridad. No debemos permitir que la falta de comunicación efectiva perjudique nuestros intereses comunes en este proceso». En este sentido, la tarea urgente actual es promover la solidaridad y la comunicación entre los países del Sur Global, con el objetivo de establecer el «Nuevo Orden Económico Internacional» y el «Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación». Estos nuevos órdenes internacionales son requisitos previos para el desarrollo socialista, la comunicación mundial y el avance económico genuino. Para resistir la alianza entre la burguesía compradora del Sur Global y el imperialismo del Norte Global, debemos buscar un consenso internacional similar al Movimiento de Países No Alineados del siglo XX y a los movimientos socialistas. Además, debemos reevaluar, desde una perspectiva teórica, todos los éxitos y fracasos ocurridos durante los procesos de industrialización de la Unión Soviética y China durante el siglo pasado.

Si bien el socialismo se originó en Europa, la «modernización al estilo chino» representa su implementación exitosa en China. Explora cómo liberarse de las garras de la globalización capitalista y busca un nuevo camino para el desarrollo humano. La «modernización al estilo chino» no pertenece únicamente a China; tiene profundas implicaciones para la paz y el desarrollo globales. Esta exploración está lejos de completarse y abarca tanto desafíos como crisis, junto con un rayo de esperanza.

Notas

  1.  Joseph Stalin, Sidalin Quanji (Collected Works), vol.12 (Beijing: People’s Publishing House, 1955), 112–20.

  2.  Lu Nanquan, Jiang Changbin, Xu Kui, and Li Jingjie, Sulian Xingwang Shilun (Theoretical Analyses on Rise and Fall of Soviet Union) (Beijing: People’s Publishing House, 2002), 406–9; Sun Zhenyuan, Sulian Sige Shiqi de Nongye Tizhi Gaige (Four Periods of Agricultural System Reform in the Soviet Union) (Shenyang: Liaoning People’s Publishing House, 1985), 119.

  3.  Lu, Jiang, Xu, and Li, Sulian Xingwang Shilun, 562–63.

  4.  Lyle P. Schertz et al., Meiguo Nongye de Youyici Geming (Another Revolution in US Farming?), trans. Wang Qimo (Beijing: Agriculture Press, 1984), 35.

  5.  Lu, Jiang, Xu, and Li, Sulian Xingwang Shilun, 634–37.

  6.  Chen Jinhua, Guoshi Yishu (Memoirs of National Affairs) (Beijing: History of Chinese Communist Party Publishing House, 2005), 1–32; Wang Shaoguang et al., “China in the 1970s,” Open Times, no.1 (2013): 70–73.

  7.  Sun Liping, “Duanlie: Zhongguo Shehui de Xinbianhua (Rupture: The Urban-Rural Divide in Changing Chinese Society),” Southern Weekly, May 16, 2002, A11.

  8.  Xi Jinping, Lun “Sannong” Gongzuo (Xi Jinping’s Discourse on “Three Rural” Work) (Beijing: Central Party Literature Press, 2022), 332.

  9.  Xi, Lun “Sannong” Gongzuo, 8–10.

  10.  Xi, Lun “Sannong” Gongzuo, 247–46.

  11.  Samir Amin entrevistado por Zhang Xiaomeng, “The Systemic Crisis of Capitalism and the Way Forward: An Interview with Egyptian Economist Professor Samir Amin,” Studies on Marxist Theory 2, no.1 (2016): 8.

  12.  Samir Amin, Capitalism in the Age of Globalization, trans. Ding Kaijie (Beijing: China Renmin University Press, 2005), 8–9.

  13.  Amin and Zhang, “The Systemic Crisis of Capitalism and the Way Forward,” 18.

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2. La humillación del rey de Jordania

Fue bastante divertido ver al rey jordano parpadeando sin control cuando Trump se lanzó públicamente a desbarrar sobre sus propuestas para Gaza. Por ejemplo, ante la pregunta de con qué autoridad iba a ocupar Gaza, respondiendo que con la autoridad de los EEUU –https://bsky.app/profile/,-metiéndole además en el brete de pedir su opinión ante la prensa. Un par de artículos sobre el tema. El primero es una crónica sobre esta visita. El segundo uno del exembajador Carnelos pidiendo a los dirigentes árabes que se pongan las pilas. Cosa que, hasta ahora, nunca ha funcionado. Hoy se acaba formalmente la tregua en Gaza. A ver qué pasa. El título del segundo artículo no dice «sin control», como ha traducido DeepL, sino ‘amok’, que existe también en castellano, y se supone que es una ‘locura homicida’ según el DRAE típica de estas tierras -la palabra es indonesia-. Gente en general muy pacífica y cumplidora de las normas a la que un día se le cruzan los cables y se carga a todo bicho viviente.
https://consortiumnews.com/

El rey de Jordania le dice en privado a Trump que no a la limpieza étnica

12 de febrero de 2025

El rey Abdullah II se mostró abierto en público al diabólico plan de Trump de obligar a 2 millones de palestinos a salir de Gaza, pero luego dijo en privado que había rechazado al presidente. Joe Lauria informa.

Por Joe Lauria

Especial para Consortium News

Después de que el rey Abdalá II de Jordania saliera de la Casa Blanca el martes con la impresión de que estaba abierto a la idea del presidente Donald Trump de limpiar étnicamente Gaza de palestinos, el rey recurrió a Twitter para decir que, en cambio, había rechazado categóricamente la idea en privado con Trump.

«Reiteré la firme posición de Jordania contra el desplazamiento de los palestinos en Gaza y Cisjordania», escribió Abdullah. «Esta es la posición árabe unificada. Reconstruir Gaza sin desplazar a los palestinos y abordar la grave situación humanitaria debería ser la prioridad de todos».

El rey dijo: «Lograr una paz justa sobre la base de la solución de dos Estados es la forma de garantizar la estabilidad regional. Esto requiere el liderazgo de Estados Unidos. El presidente Trump es un hombre de paz. Su papel fue decisivo para asegurar el alto el fuego en Gaza. Esperamos que Estados Unidos y todas las partes interesadas garanticen su cumplimiento».

Objeción en público

Pero durante su discurso de apertura en el Despacho Oval el martes, antes de sus importantes conversaciones con Trump, Abdullah mostró una deferencia extrema hacia el presidente ante la presión de participar en un crimen histórico que podría destruir su trono.

Una mirada de extrema incomodidad se apoderó de su rostro cuando el rey dijo ante las cámaras: «Con todos los desafíos en el Medio Oriente, finalmente podemos ver a alguien que puede llevarnos a la meta para traer estabilidad, paz y prosperidad a todos nosotros en la región. Es nuestra responsabilidad colectiva en el Medio Oriente continuar trabajando con usted, apoyarlo para lograr esos nobles objetivos».

Abdullah sabía muy bien cuáles son los objetivos de Trump y son todo lo contrario de nobles, a saber, lograr un crimen histórico en el sangriento Oriente Medio de expulsar a 2 millones de personas de su tierra. Y luego construir un parque de juegos para los ricos sobre las tumbas sin marcar de cientos de miles de civiles inocentes.

Abdullah sabía que al ir a la reunión en la Casa Blanca sería humillado si no se enfrentaba al matón que amenazaba con cometer este crimen y arrastrarlo a él.

Trump había amenazado en un comentario improvisado a un periodista el lunes que estaría dispuesto a cortar la ayuda a Jordania si no accedía a aceptar a algunos de los 2 millones de palestinos que Trump quiere expulsar de Gaza con la ayuda de Israel para construir un complejo turístico sobre una escena del crimen activa.

La Corte Internacional de Justicia está juzgando si Israel ya ha cometido genocidio en Gaza.

Si Trump sigue adelante con sus intenciones, una nación valiente podría presentarse para poner a Estados Unidos en el banquillo junto a Israel. La Corte Penal Internacional podría añadir el nombre de Donald Trump a la acusación y a la orden de arresto que emitió contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. La CPI tiene jurisdicción sobre el delito de reubicación forzosa.

Amenazas

La ayuda a Jordania que Trump amenazó con cortar es solo el 4 por ciento del PIB del país. Pero como The New York Times señaló de manera útil el martes, también hay un presupuesto secreto de EE. UU. que apoya a los servicios de inteligencia de Jordania.

Quién sabe qué otras amenazas habrá sugerido Trump durante el almuerzo en la mansión presidencial con Abdalá y su hijo Hussein, el príncipe heredero. En un encuentro con la prensa antes de su charla privada, parecía que un rey no podría haberse inclinado más ante un presidente.

Al parecer, se dejó entrar a la prensa en el Despacho Oval sin el conocimiento previo del monarca, lo que el Times sugirió que era otra táctica de Trump para humillarlo ante las cámaras.

Se le preguntó deliberadamente a Trump por qué el rey debía acoger al pueblo palestino cuando había dicho que no quería hacerlo. «Bueno, no lo sé. Pero puede que tenga algo que decir porque lo discutimos, solo brevemente, creo que tal vez quiera decirlo ahora o…». Trump dijo, poniéndolo en un aprieto.

Abdullah tartamudeó, cerró los ojos y dijo: «Bueno, señor presidente, creo que debemos tener en cuenta que hay un plan de Egipto y los países árabes. Mohammed bin Salman nos ha invitado a participar en conversaciones en Riad.

Creo que la cuestión es cómo hacer que esto funcione de una manera que sea buena para todos. Obviamente, tenemos que velar por los intereses de Estados Unidos y de los pueblos de la región, especialmente de mi pueblo, el pueblo jordano.

Y hoy vamos a tener algunas discusiones interesantes. Creo que una de las cosas que podemos hacer de inmediato es llevar a Jordania lo antes posible a 2000 niños que padecen cáncer o están muy enfermos.

Y luego esperar, creo, a que los egipcios presenten su plan sobre cómo podemos trabajar con el presidente en el tipo de desafíos…».

Parecía una elaborada patada al balón para dejarlo en el camino hasta que pudiera salir de Washington. Definitivamente no era un «No» hasta que al menos la delegación árabe llegara a Washington. En ese momento parecía una puerta que se dejaba abierta, por la que Trump entró, respondiendo:

«Eso está muy bien. Y lo agradecemos. Y trabajaremos en el resto con Egipto, creo que verán un gran progreso. Creo que con Jordania, verán un gran progreso, tres de nosotros, y tendremos a otros ayudando, y tendremos a otros a un nivel muy alto ayudando, y todo vendrá.

No es algo complejo de hacer. Y con Estados Unidos controlando ese pedazo de tierra, un pedazo de tierra bastante grande, por primera vez habrá estabilidad en Oriente Medio. Y los palestinos o las personas que ahora viven en Gaza vivirán maravillosamente en otro lugar. Vivirán seguros».

Trump aparentemente pensó que había oído a Abdullah decir: «Sí». El rey no dijo nada cuando Trump dijo: «con Estados Unidos controlando ese pedazo de tierra…».

Más tarde, Trump dijo: «Creo que tendremos un pedazo de tierra en Jordania…» para que vivan los palestinos expulsados «cuando terminemos nuestras conversaciones». Abdullah volvió a quedarse callado.

Trump se ve a sí mismo como un salvador. Una vez que los palestinos sean objeto de una limpieza étnica en Gaza, no «vivirán en un infierno, y acabarán teniendo un gran hogar, grandes familias que no tengan que ser asaltadas, asesinadas, golpeadas y acosadas por Hamás y todos los demás», dijo.

Pero, ¿quiénes son «todos los demás»? ¿No debería saber que está encubriendo el asesinato en masa indiscriminado de Israel desde octubre de 2023? «Una civilización ha sido aniquilada en Gaza», afirmó, pero no se atreve a decir quién.

Al eliminar de la historia que Israel ha convertido sus vidas en un infierno, que Israel ha creado el «sitio de demolición», que Israel ha matado a tanta gente inocente, Trump busca reducir las críticas a Israel a antisemitismo.

Su mención de los «atracos» hace que parezca que sigue hablando del corredor de Central Park. En cambio, Trump está abordando un tema nauseabundo repetido a menudo por los políticos estadounidenses que se refieren a los israelíes que viven en un «barrio difícil» en Oriente Medio rodeados de árabes, una analogía racista apenas velada con los guetos estadounidenses.

Trump, el antiguo casero de barrios marginales, con cero conocimiento histórico, ve a los palestinos como habitantes de barrios marginales sujetos a atracos, no como víctimas de un genocidio.

Exudando arrogancia

Sin saber lo que le diría Abdullah en privado, Trump dijo que estaba seguro al 99 % de que encontrará una solución con Jordania y Egipto sin tener que retener la ayuda.

Un periodista preguntó a Trump cómo sabía que los palestinos querían abandonar su tierra y luego le confrontó con el hecho de que «algunas personas llaman a esto limpieza étnica». Todo lo que Trump pudo decir fue: «Tendrán nuevos hogares donde podrán vivir seguros».

Se le preguntó al rey qué pensaba sobre que Estados Unidos fuera propietario de la Franja de Gaza. En este punto, no descartó la idea, diciendo:

«Bueno, creo que, como he dicho antes, el presidente está esperando a que Egipto venga a presentar su plan. Como he dicho, estaremos en Arabia Saudí para discutir cómo podemos trabajar con el presidente y con Estados Unidos. Así que creo que esperemos a que los egipcios puedan venir y presentárselo al presidente y no nos precipitemos».

La respuesta a Trump vendría de una «multitud de países», dijo Abdullah, ocultando el hecho de que daría la respuesta de Jordania una vez que estuvieran a puerta cerrada.

Cuando se le preguntó sobre las tierras jordanas para los palestinos, Abdullah dijo: «Bueno, creo que lo que dijimos es que tengo que mirarlo por el bien de mi país. … Y de nuevo, creo que el presidente está deseando que un grupo de nosotros, los árabes, vengamos aquí para discutir el plan general».

Un periodista insistió con Trump, preguntándole si estaría dispuesto a cambiar de opinión si se le presentara un plan diferente. Sin saber qué iba a decirle Abdullah, Trump dijo:

«Creo que ya hemos llegado al final. Sabemos más o menos lo que se va a presentar y creo que va a ser algo magnífico para los palestinos. Les va a encantar. Me fue muy bien con los bienes raíces. Puedo hablarles de bienes raíces».

«Señor presidente, ¿no le preocupa que el traslado de dos millones de personas…», comenzó un periodista, pero Trump le cortó.

«Es un número muy pequeño de personas en relación con otras cosas que han tenido lugar a lo largo de las décadas y los siglos», dijo Trump en realidad. «Es un número muy pequeño de personas, y están viviendo una vida terrible. Mira la forma en que viven ahora».

«Pero si no quieren irse, ¿cómo vas a obligarlos?», insistió el periodista.

«Oh, van a estar genial», dijo Trump. «Van a ser muy felices».

La magnitud del crimen que propone se le escapa de la mente mientras vuelve robóticamente a lo horrible que vive «esta gente» y a cómo va a ayudarlos.

¿Qué hará Trump ahora?

La farsa de Abdullah en público deja a Trump en una situación difícil. El Ministerio de Asuntos Exteriores egipcio emitió un comunicado de prensa alrededor de las 10:00 horas, unas tres horas después de la publicación de Abdullah. En él se dice:

«Egipto afirma su intención de presentar una visión integral para la reconstrucción de la Franja de Gaza de manera que se garantice que el pueblo palestino permanezca en su patria y se ajuste a sus derechos legítimos y legales».

Trump dijo en el Despacho Oval antes de la reunión privada que otros países, como Indonesia, podrían acoger a los palestinos. «Hay muchos países con un gran corazón, y este caballero está en lo más alto de la lista», dijo señalando a Abdullah, sin saber lo que estaba a punto de oír.

Puede que Trump haya estado tratando de humillar a Abdullah, pero al final fue Trump quien salió perdiendo. Sin embargo, no hay que subestimar su determinación ni su venganza. De hecho, puede que se decida a cortar la ayuda y buscar otros países.

La Alemania nazi tenía varias ideas sobre dónde enviar a todos los judíos y, al final, la historia conoce su solución. Ya han muerto muchos miles en Gaza. Y no por atracadores.

Más guerra primero

Eso deja más guerra. Antes de que Trump pueda encontrar un hogar para los palestinos, limpiar los escombros y empezar a construir, tiene que conseguir que Israel derroque a Hamás por la fuerza, algo que Israel no ha conseguido hacer hasta ahora después de 15 meses.

Ahora es casi seguro que Israel reanudará el ataque contra Gaza después de que pase el plazo del sábado de Trump, respaldado por Netanyahu, para que Hamás libere a todos los rehenes israelíes a la vez, algo que no forma parte del acuerdo de alto el fuego.

«Personalmente, no creo que vayan a cumplir el plazo», dijo Trump. «Creo que quieren hacerse los duros». En otras palabras, Trump espera que los bombardeos israelíes se reanuden este fin de semana.

Una vez que «terminen los combates», dijo anteriormente, Israel «entregará» Gaza a EE. UU. «No tenemos que comprarla», dijo el martes. «No hay nada que comprar. Simplemente la tendremos».

¿Bajo qué autoridad podrían los EE. UU. simplemente «tenerla»?, preguntó un periodista. «Bajo la autoridad de EE. UU.» fue la respuesta de Trump, digna de Nerón.

Cuando se le preguntó qué opinaba de que Estados Unidos se hiciera con Gaza, Abdullah respondió: «Como ha dicho el presidente, nosotros, los árabes, iremos a Estados Unidos, con algo de lo que hablaremos más adelante, para discutir todas estas opciones». Abdullah mantuvo el rostro impasible cuando Trump dijo que su plan para Gaza traería puestos de trabajo a Jordania. Por supuesto, «más adelante» significaba justo después del acto de prensa en el comedor privado.

Cisjordania

También se le preguntó a Trump si podía garantizar al rey que no permitiría la anexión de Cisjordania por parte de Israel. En su lugar, Trump dio una lección de evasión. Dijo: «Creo que va a salir muy bien. En realidad, no es de lo que estábamos hablando hoy, es algo que va a funcionar automáticamente. Y está en buen estado y otras personas lo han discutido con nosotros y conmigo. Eso va a funcionar. Cisjordania va a funcionar muy bien».

En otras palabras, no. Ha hablado de esto con Israel y con su principal donante, Miriam Adelson, y Cisjordania va a funcionar muy bien para ellos, si se salen con la suya.

En su X post posterior, Abdullah escribió: «También he subrayado la importancia de trabajar para reducir la tensión en Cisjordania y evitar un deterioro de la situación allí que podría tener implicaciones de gran alcance para toda la región».

El territorio fue administrado por Jordania hasta la guerra de 1967, cuando Israel se apoderó de Cisjordania y se ha negado desde entonces a renunciar a ella, a pesar de la demanda del Consejo de Seguridad de la ONU.

Jordania sigue administrando la Cúpula de la Roca, sobre la que los extremistas israelíes, ahora en el poder, quieren reconstruir el Templo judío destruido por los romanos en el año 70 d. C. Los extremistas llevan décadas intentando declarar Palestina parte de Jordania, de donde quieren expulsar a los palestinos que viven en Cisjordania, a la que llaman Judea y Samaria.

Si Abdullah aceptara llevarse a los palestinos de Gaza, se produciría una agitación en Jordania, una nación ya formada por una mayoría de refugiados palestinos y sus descendientes. Los analistas dicen que la aquiescencia de Abdullah a la limpieza étnica y el aumento de la población de refugiados palestinos es una combinación que podría derrocarlo.

Acoger a los palestinos de Gaza podría abrir el camino a una afluencia aún mayor de Cisjordania si los extremistas de Tel Aviv comienzan su limpieza étnica allí.

El viejo sueño de estos sionistas extremistas de controlar Gaza y Cisjordania nunca ha estado tan cerca de hacerse realidad. Eso explicaría la sonrisa constante en el rostro de Netanyahu la semana pasada cuando escuchaba los «planes» de Trump.

Israel ha aprovechado el ahora tambaleante alto el fuego en Gaza para dirigir su atención militar a Cisjordania, donde la UNRWA dijo que el lunes 40 000 palestinos ya habían sido desplazados de sus hogares.

¿Su próxima parada será Jordania? No, al parecer, si Abdullah puede hacer algo al respecto.

Joe Lauria es editor jefe de Consortium News y antiguo corresponsal de la ONU para The Wall Street Journal, Boston Globe y otros periódicos, como The Montreal Gazette, The London Daily Mail y The Star de Johannesburgo. Fue reportero de investigación para el Sunday Times de Londres y reportero financiero para Bloomberg News, y comenzó su carrera profesional como colaborador independiente de The New York Times a los 19 años. Es autor de dos libros, A Political Odyssey, con el senador Mike Gravel, prólogo de Daniel Ellsberg; y How I Lost By Hillary Clinton, prólogo de Julian Assange. Puede contactar con él en joelauria@consortiumnews.com y seguirlo en X @unjoe.

https://www.middleeasteye.net/

¿Cuánto tiempo más permitirán los líderes árabes que Trump y Netanyahu actúen sin control?

Marco Carnelos 13 de febrero de 2025

Para influir en el proceso de toma de decisiones de EE. UU. sobre Oriente Medio, las monarquías árabes deben coordinar sus estrategias y hablar con una sola voz.

En los últimos años, la democracia estadounidense ha ido avanzando lentamente hacia una especie de oligarquía financiera tecno-feudal.

Con la segunda administración de Trump, está dando un salto enorme en esa dirección. Cada vez se parece más a una monarquía constitucional, donde uno de los pilares del sistema político estadounidense, la separación de poderes entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, es cada vez más difuso.

El presidente Donald Trump está eliminando a los empleados del gobierno federal de los Estados Unidos con la supervisión de su príncipe heredero, el multimillonario Elon Musk.

También controla ambas cámaras del Congreso, y se espera que el Tribunal Supremo sea dócil y comprensivo con su revisión del sistema político, económico y social estadounidense.

La única y débil oposición proviene de unos pocos jueces que están cuestionando algunas de las órdenes ejecutivas de Trump.

Es una situación que se asemeja a la de algunas monarquías árabes y, desde este punto de vista, es interesante observar la dinámica política entre Estados Unidos y los Estados árabes en el marco de la tensa situación en Oriente Medio, que depende de dos frágiles alto el fuego en el Líbano y en Gaza. Israel está acusado de violar ambos.

Por supuesto, Trump no ha dicho nada sobre estas violaciones, pero cuando Hamás retrasó la liberación de algunos rehenes porque no se estaba respetando el acuerdo de alto el fuego, el presidente de EE. UU. respondió con un ultimátum peligroso y belicoso que expira el próximo sábado.

Visita embarazosa

Cualquier ciudadano árabe con una pizca de dignidad personal debe haberse sentido profundamente avergonzado al ver cómo se desarrollaba la interacción en el Despacho Oval el martes, cuando Trump recibió al rey Abdalá de Jordania.

El rey hachemita no pronunció ni una sola palabra mientras el presidente estadounidense exponía su visión para Gaza, que debería requerir una actualización de todos los manuales de diplomacia para reflejar este nuevo sistema de «política exterior inmobiliaria».

Trump insistió en la necesidad de una limpieza étnica de la población palestina en Gaza y su reasentamiento en países vecinos (excepto Israel). Esta propuesta corre el riesgo de trastornar la región y desestabilizar los dos frágiles países que se supone que serán los principales receptores de los dos millones de palestinos: Egipto y Jordania.

No está claro si el rey Abdalá le dijo algo a Trump después de que los medios de comunicación abandonaran el Despacho Oval.

Pero no es de extrañar que se haya pospuesto una inminente visita del presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi a Washington. Quizás Sisi no estaba dispuesto a recibir el mismo trato humillante que el rey jordano.

Hay una regla de oro que hay que seguir cuando Trump habla: nunca tomar sus palabras al pie de la letra. Para él, todo y su contrario puede ser verdad; estamos en una era de posverdad. Por lo tanto, hay un tenue rayo de esperanza de que en realidad no quiera decir lo que dice y que su enfoque sea puramente transaccional.

Todos nos estamos rascando la cabeza tratando de conciliar la afirmación de Trump de que será dueño de Gaza con su compromiso de no desplegar tropas estadounidenses en Oriente Medio.

Tampoco está claro si lo que dice Trump refleja su propio pensamiento o es el subproducto de los muchos asesores sionistas que seleccionó para su equipo de política exterior.

Una pista convincente se puede encontrar en los recientes comentarios del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Para no ser superado por su amigo estadounidense, dijo que un estado palestino podría crearse en Arabia Saudí, que tiene mucha tierra libre a su disposición.

Por decirlo suavemente, la corte real de Riad no pareció complacida con esta sugerencia. En su respuesta directa a Netanyahu y Trump, el palacio real echó un jarro de agua fría a ambos el domingo pasado, declarando: «Su Alteza Real enfatizó que Arabia Saudí continuará sus incansables esfuerzos para establecer un estado palestino independiente con Jerusalén Este como su capital y no establecerá relaciones con Israel sin eso».

De hecho, los torpes comunicados de Trump y Netanyahu pueden haber puesto en peligro años de diplomacia estadounidense e israelí hacia Arabia Saudí y la expansión de los Acuerdos de Abraham. El tiempo lo dirá.

Dilema complejo

Si las monarquías árabes realmente quieren influir en el proceso de toma de decisiones de EE. UU. con respecto a una paz justa y duradera en Oriente Medio, deben hablar juntas de manera coordinada. La cumbre árabe de emergencia del 27 de febrero podría ser una de las últimas oportunidades para ello.

Desafortunadamente, la historia ha demostrado repetidamente que tales reuniones están marcadas por elevadas actuaciones retóricas, seguidas de poca acción concreta. Para ser justos, la última vez que la Liga Árabe propuso algo significativo, la Iniciativa de Paz Árabe de 2002, fue prácticamente ignorada tanto por EE. UU. como por Israel.

Catar y los Emiratos Árabes Unidos, dos monarquías inteligentes y audaces, han demostrado su capacidad para interactuar eficazmente con Estados Unidos y decir verdades incómodas a Washington y Tel Aviv. Mientras tanto, Arabia Saudí se enfrenta a un complejo dilema: ¿cómo puede promover su programa de reformas, que requiere el apoyo de Estados Unidos y un entorno regional pacífico, al tiempo que mantiene su legitimidad como custodio de las dos mezquitas sagradas?

¿Seguirán Egipto y Jordania comprometidos con sus tratados de paz con Israel, cuando las intenciones de este último parecen todo menos pacíficas?

En otras palabras, ¿cómo puede el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman unirse a los Acuerdos de Abraham mientras Estados Unidos e Israel, con su retórica incendiaria y sus brutales acciones sobre el terreno, socavan sistemáticamente los requisitos mínimos para la estabilidad y la paz en la región?

Trump no escatimó al príncipe heredero saudí su propia dosis de humillación cuando dijo que para honrar al reino con su primera visita, necesitaría 500 000 millones de dólares del reino en compras; cuando este se comprometió a 600 000 millones de dólares, Trump elevó la suma a un billón de dólares.

Y la frágil monarquía jordana, al igual que Egipto, depende del apoyo económico, militar y de inteligencia de Occidente.

Para muchos expertos en diplomacia de Oriente Medio, el comportamiento de Estados Unidos e Israel desafía la lógica y el sentido común, cualidades que, por desgracia, se han vuelto bastante escasas.

Da la impresión de que Trump está tratando de ayudar a Netanyahu a lograr su objetivo de reanudar la guerra en Gaza. Al parecer, no han aprendido nada de los 15 meses anteriores de fracaso. Pero podría venir algo peor: no sería sorprendente que la nueva administración estadounidense reconociera formalmente nuevas anexiones israelíes de tierras palestinas en la Cisjordania ocupada, más allá de Jerusalén Este, junto con nuevas anexiones de tierras en Siria.

La respuesta saudí a este apoyo abierto al expansionismo israelí llegó en otro comunicado del palacio real, en el que se criticaban las declaraciones que «pretenden desviar la atención de los continuos crímenes cometidos por la ocupación israelí contra los hermanos palestinos en Gaza, incluida la limpieza étnica a la que están sometidos».

Fue más allá: «Esta mentalidad extremista y de ocupación no entiende lo que la tierra palestina significa para el pueblo hermano de Palestina y su conexión emocional, histórica y legal con esta tierra».

Entonces, dado este nuevo tono duro en la diplomacia saudí, ¿seguirán las monarquías árabes comprometiéndose con los Acuerdos de Abraham? ¿Seguirán Egipto y Jordania comprometiéndose con sus tratados de paz con Israel, cuando las intenciones de este último parecen todo menos pacíficas?

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3. Hacer crecer el Grupo de La Haya

Vimos recientemente la formación de un grupo, del Sur Global, en defensa del derecho internacional. Albanese cree que debería crecer hasta convertirse en una iniciativa mundial.
https://znetwork.org/

El Grupo de La Haya debe convertirse en una iniciativa global

Por Francesca Albanese 13 de febrero de 2025

Fuente: The Nation

La formación del Grupo de La Haya es un paso fundamental para salvar el orden jurídico internacional. Es necesario que más Estados sigan adelante para garantizar el fin de la impunidad sistémica.

En Palestina, es un hecho que los abusos y violaciones del derecho internacional se han normalizado. Que la impunidad ha sido la regla, y no la excepción, en el transcurso de los 76 años transcurridos desde la fundación de Israel es otro hecho. Y aún así, después de 15 meses del brutal y vengativo asalto de Israel a Gaza y sus más de 2 millones de habitantes atrapados, Palestina está en su punto álgido. La catastrófica destrucción de todo el paisaje, la creación de condiciones de vida calculadas para conducir a la destrucción de la vida, el intento de aplastar la dignidad humana, han dado paso a una nueva era: la del genocidio, televisado y transmitido en directo para que todo el mundo lo vea.

Sin embargo, lo que hemos visto en Gaza, y lo que vemos ahora cada vez más en Cisjordania, no es solo un ataque criminal contra los palestinos como pueblo, es la erosión de la función protectora misma del derecho internacional y una regresión peligrosa del sistema multilateral, creado para prevenir conflictos y proteger la vida civil. Es la creación de un mundo sin civiles, donde todos y todo son un objetivo o un daño colateral, y por lo tanto, matables o destruibles.

Así pues, tras el genocidio de Gaza, el derecho internacional se encuentra en un precipicio: si las leyes que se han redactado como universales, para aplicarse por igual a los fuertes y a los débiles, se violan sistemáticamente en defensa de intereses geopolíticos particulares, entonces todo el sistema jurídico internacional, basado en la igualdad de todas las naciones, se ve amenazado, para todos los pueblos.

A la luz de estos acontecimientos, la iniciativa de tres continentes lanzada en La Haya por nueve estados comprometidos a hacer que Israel rinda cuentas por su asalto a la existencia colectiva palestina no podría ser más oportuna. Los compromisos asumidos por el grupo para este esfuerzo colectivo (apoyar los mecanismos jurídicos nacionales tras las órdenes de detención de la Corte Penal Internacional, denegar la acogida e imponer un embargo de armas) forman parte de las obligaciones más fundamentales que todos los Estados tienen en virtud del derecho internacional a la luz de los crímenes cometidos por Israel desde hace mucho tiempo en el territorio palestino ocupado. Estas medidas son un primer paso esencial para resolver la cuestión de Palestina, o «el conflicto entre Israel y Palestina», de conformidad con el derecho internacional.

Sin embargo, nunca se llegará a una solución hasta que no se ponga fin a la impunidad sostenida de Israel. A pesar de los esfuerzos del pueblo palestino y de algunos israelíes comprometidos, la situación no puede cambiarse desde dentro de Israel. Se necesita una acción internacional.

Esta es la tarea a la que se enfrentan todos los Estados en la actualidad. Los Estados tienen responsabilidades legales vinculantes ante las prolongadas violaciones del derecho internacional, como es el caso de la ocupación y anexión ilegales por parte de Israel del territorio palestino ocupado, el régimen de apartheid que ha impuesto a los palestinos y, más recientemente, el genocidio en Gaza. A la luz de la gravedad de las acciones de Israel, se pide a los Estados que pongan fin a todas las relaciones económicas, acuerdos comerciales y relaciones académicas con Israel. De lo contrario, tales relaciones constituirían ayuda y asistencia para un acto internacionalmente ilícito. Según el derecho de la responsabilidad del Estado, los Estados están obligados a cooperar para poner fin por medios legales a la violación en cuestión; en la práctica, esto significa que todos los Estados miembros de las Naciones Unidas deben cortar todas las relaciones con Israel mientras continúe oprimiendo al pueblo palestino. Es una obligación que es aún más urgente con el indulto de un alto el fuego negociado de manera precaria.

En este momento crucial, el Grupo de La Haya da un excelente ejemplo a otros Estados sobre cómo pueden cumplir con sus obligaciones en virtud del derecho internacional. Los Estados que se han sumado a la iniciativa —Belice, Bolivia, Colombia, Cuba, Honduras, Malasia, Namibia, Senegal y Sudáfrica— son Estados con un historial de compromiso constante y basado en principios con la cuestión palestina. También son Estados que llevan las heridas de un doloroso pasado colonial, así como de la lucha por los derechos humanos que se produjo a continuación. Su decisión sienta un poderoso precedente, y personalmente aplaudo a estos países por su valentía.

Los Estados que han fundado el Grupo de La Haya están liderando lo que debe convertirse en un impulso global para la acción colectiva a través del derecho internacional: no a las armas para el genocidio, no a la ayuda para la ocupación y no a la tolerancia del apartheid.

Confío en que pronto se unan más estados a este grupo. El propósito del Grupo de La Haya es poner fin al excepcionalismo de Israel y asegurarse de que lo que Israel ha hecho en los últimos 15 meses no se convierta en la nueva normalidad para los estados en los próximos años.

De la misma manera que los estados de todo el mundo se unieron para poner fin al apartheid en el sur de África, ahora la comunidad internacional debe unirse para garantizar el fin de uno de los regímenes de apartheid más brutales de la historia. Si queremos salvar un orden jurídico internacional en este momento actual y avanzar hacia uno en el que el imperialismo y la colonización no sigan dictando su aplicación, la comunidad internacional, y los palestinos sobre todo, deben ver crecer esta iniciativa.

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4. Por una informática frugal

Una muy interesante entrevista, bastante centrada en la falsamente llamada «inteligencia artificial», de un profesor partidario de una «informática frugal».
https://ctxt.es/es/20250201/

«¿Queremos quemar el planeta para producir ilustraciones baratas con IA?”

Wim Vanderbauwhede es profesor de Informática en la Universidad de Glasgow, donde dirige el grupo de investigación de Informática Sostenible y de Bajas Emisiones.

Ha escrito sobre el elevado consumo de energía de los grandes modelos de inteligencia artificial generativa como ChatGPT, que considera que “no nos podemos permitir”. Recientemente, se ha mostrado escéptico con la idea de que los avances en eficiencia puedan producir un descenso de las emisiones de esta industria.

Atiende a CTXT por videollamada.

Investiga sobre la informática de bajo consumo. ¿Cómo empezó a interesarse por esta cuestión?

Estoy concienciado sobre el cambio climático desde hace mucho. Al fin y al cabo, esto no es nada nuevo. Nací en Bélgica y cuando vivía allí, hacía trabajo voluntario en una organización ecologista.

En mi carrera académica, me he centrado en mejorar la eficiencia de los ordenadores. Pero se sabe desde hace mucho que si mejoras la eficiencia de algo, normalmente pasa a ser más barato, así que la demanda aumenta y como hay más demanda, las emisiones de carbono aumentan, no disminuyen.

Toda la historia de la Revolución Industrial ha sido una historia de mejora de la eficiencia. El aumento en la eficiencia de la máquina de vapor nos llevó a quemar muchísimo carbón.

Los ordenadores son, literalmente, millones de veces más eficientes que en los años treinta o cuarenta del siglo XX. Pero eso ha hecho que su uso sea ubicuo. Así que las emisiones totales de la computación han crecido a pesar de todas las mejoras en eficiencia.

Tenía este conflicto con el trabajo sobre la eficiencia y quería contribuir a la sostenibilidad de una forma más amplia. Hace unos años tuve la oportunidad de iniciar una nueva actividad investigadora en el departamento donde trabajo, con el apoyo del jefe de departamento, y así se creó el grupo de Informática Sostenible y de Bajas Emisiones.

El término que uso cuando doy charlas es informática frugal. El mensaje de la informática frugal es que debemos usar menos recursos informáticos, igual que debemos usar menos de cualquier recurso si no queremos un cambio climático catastrófico.

No deberíamos perseguir el crecimiento entendido como crecimiento del consumo de recursos y energía porque eso es destructivo. Nuestro modelo social está pensado para animarnos a usar más recursos y más energía, pero ese no es un modelo sostenible.

Sin embargo, desarrollos recientes como la IA generativa y el bitcoin requieren mucha energía.

En algún momento, antes de que empezara la fiebre de la IA, tuvimos la burbuja del bitcoin y parecía que el bitcoin iba a consumir una gran cantidad de recursos. Pero el bitcoin no es una moneda viable para un Estado nación. El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ha escrito mucho sobre ello. Si hace falta alguna prueba, El Salvador ha abandonado el bitcoin como moneda nacional. Esto significa que el bitcoin y sus derivados seguirán siendo populares en algunos círculos, pero no crecerán demasiado. Por lo tanto, sus emisiones tampoco aumentarán mucho. Además, otras criptomonedas como Ethereum, basadas en el protocolo proof of stake, en lugar de proof of work, han crecido en popularidad. Su huella de carbono es 100 veces menor. Así que las emisiones de las criptomonedas no han experimentado un crecimiento espectacular, y el actual nivel de emisiones no es terrible. Si sigue así no será un gran problema. 

La IA generativa es diferente porque cuenta con el apoyo de muchos gobiernos. Todo el mundo parece creer que es mágica y que creará un crecimiento ilimitado. O igual no lo creen, pero actúan como si lo creyeran. Por lo tanto, es un impulso importante para producir más chips, más centros de datos y generar más electricidad. En este momento, el 70% de la electricidad sigue procediendo de combustibles fósiles. Así que vamos a quemar más carbón.

¿Entonces el problema es el apoyo estatal a la IA?

El apoyo estatal retrasa el proceso. Las burbujas normalmente explotan solas porque la gente empieza a darse cuenta de que no hay nada ahí. Pero si los gobiernos piensan que esto es una buena idea, invertirán en ello y estas inversiones se llevarán a cabo incluso si la gente ya se está dando cuenta de que no vale la pena, porque las instituciones son lentas. Así que todo se retrasa. Y con ese retraso, por supuesto, se generan más emisiones.

Hoy en día es muy difícil lograr crecimiento económico. Y si crees que tienes que conseguirlo, cualquier cosa que prometa ese crecimiento te va a interesar. El gobierno del Reino Unido, por ejemplo, es así. También el de los Estados Unidos. Piensan que la IA les va a dar crecimiento, así que están dedicando inversiones a esa área y esas inversiones se producirán aunque la burbuja reviente este año. Y por supuesto, si el gobierno está diciendo que la IA es buena, es mucho más difícil para una persona corriente decir que la IA es mala.

Con el lanzamiento de los modelos de IA generativa de la empresa china DeepSeek, más eficientes, parece que la burbuja ha reventado. Al menos, las acciones de Nvidia han caído y ha habido mucho debate sobre el hecho de que quizás no tenga sentido una inversión tan grande en centros de datos.

He estado analizando la información que DeepSeek ha querido facilitar. 

Para empezar, la narrativa de que han tenido que usar GPUs de menor rendimiento por las restricciones a las exportaciones del gobierno estadounidense es falsa. Voy a explicar por qué es falsa.

Para cumplir con las restricciones a las exportaciones de 2022, Nvidia creó una serie especial de GPUs para el mercado chino que rinden peor en un apartado específico. Se llama rendimiento de punto flotante de doble dirección. Pero la IA no necesita rendimiento de punto flotante de doble dirección.

Lo necesitan los superordenadores que hacen cálculos científicos. Pero los chinos han producido sus propios superordenadores para cálculos científicos, no están comprando GPUs de Nvidia para eso. Las están comprando para la IA, y para la IA esto es irrelevante.

Los modelos de IA de OpenAI, Google y las demás empresas estadounidenses funcionan con unas GPUs de Nvidia llamadas A100. Para entrenar estos modelos, usan unas superiores llamadas H100.

Para el mercado chino, Nvidia vendía las equivalentes A800 y H800 [Nota: Estados Unidos también prohibió la exportación de estas al año siguiente, en 2023]. En su paper, DeepSeek dice que su modelo funciona con la H800. La H800 es superior a la A100 en casi todos los aspectos, solo es un poco peor en conectividad. Así que si combinas varias de estas GPUs en una red, el ancho de banda de la red es menor, y en el paper DeepSeek explica cómo resolvieron esto. Es una muestra de buena ingeniería, pero no te da un gran beneficio.

Así que no estamos hablando de una capacidad de cómputo restringida. Esto es tope de gama. Es mejor que lo que usan la mayoría de las empresas en sus centros de datos ahora mismo. 

DeepSeek ha sido muy listo con dos cosas. Han lanzado una app que le ha gustado a la gente. Su precio es competitivo. Y tienen un montón de modelos más pequeños de código abierto con los que la gente puede jugar. Y creo que esto es en lo que se han fijado los medios, pero tampoco es nuevo. Meta ya había lanzado modelos más pequeños de código abierto con Llama. No son realmente de código abierto, ni unos ni otros, porque los datos que han utilizado no son públicos, pero este es otro tema. 

El caso es que el modelo que hace las inferencias principales no es tan pequeño. En comparación con GPT4, por ejemplo, DeepSeek ha conseguido utilizar menos parámetros al mismo tiempo en un momento determinado, así que su modelo será un poco más eficiente energéticamente. 

La idea es ingeniosa, han demostrado que funciona y eso es bueno. Pero volvemos al mismo problema. Si su precio es competitivo, más gente lo usará. Así que es probable que el resultado no sea una reducción del consumo energético. Puede ser un aumento si la empresa se hace muy grande.

Se ha puesto mucho el foco en el coste de entrenar estos modelos de IA generativa, pero usted ha escrito que el coste de usarlos es mucho mayor.

Sí. Eso es cierto tanto si hablamos de costes ambientales como de costes financieros. No soy el único que ha escrito sobre esto. Mucha gente está observando que el coste económico del entrenamiento está pasando a ser anecdótico. Yo lo he calculado.

Los costes de inferencia [uso] escalan con el número de usuarios. Los costes de entrenamiento solo escalan si haces un modelo más grande. Aquí es probablemente donde DeepSeek ha sido más inteligente porque su clúster de GPUs no es muy grande, se las arreglaron para entrenar el modelo en un clúster más pequeño, ya que es una empresa pequeña. Eso les permite ahorrar en el coste inicial. Pero si se convierten en una gran empresa, van a necesitar muchos centros de datos para responder a todas las consultas de los usuarios. Ese será el coste dominante.

Hace unos años, los costes de entrenamiento eran mucho más altos porque los modelos se entrenaban de forma poco eficiente. No sabían cómo hacerlo bien. Así que necesitaban muchos recursos para obtener un modelo no muy bueno, y seguramente tenían que repetir los procesos. Pero ahora los costes de la inferencia son los dominantes, definitivamente. Y también las emisiones derivadas de la inferencia.

¿Piensa que los mercados han reaccionado al lanzamiento de DeepSeek de forma exagerada?

Absolutamente, sí. Sobre todo los mercados estadounidenses porque esto viene de China y están asustados. Pero pienso que Nvidia no debería preocuparse.

Quiero decir, por las razones que he explicado, sus ventas dependen más del hecho de que la gente proyecta un crecimiento enorme de la IA.

Los CEOs de las grandes empresas han estado diciendo que necesitan multiplicar por 100 la fabricación de chips en los siguientes diez años o así. Esas cosas han hecho que las acciones suban. El problema es que los centros de datos ya se están construyendo. Y también las centrales eléctricas para darles suministro porque un centro de datos necesita electricidad en cuanto esté construido. 

Así que incluso si nada de esto llega a suceder con la IA, habrán empezado a construir y después querrán usar esas infraestructuras porque si no, habrán hecho un muy mal negocio. Ese es el daño que creo que se está haciendo.

No es posible multiplicar la producción de semiconductores por 100 porque, como mucho, podemos multiplicar la capacidad de minado de los materiales necesarios por dos. Así que esto no va a pasar. Y es probable que toda esta gente lo sepa.

¿Puede que todo el mundo sepa que es una burbuja?

Sí. Pero hace mucho daño porque da a la industria de los combustibles fósiles la excusa perfecta para producir más, por toda la energía que dicen que hará falta para algo que probablemente nunca va a ocurrir.

Usted considera que estos grandes modelos de lenguaje no valen la pena, ¿verdad? Incluso si son útiles para algunas cosas.

Sí, personalmente pienso que la IA generativa que está siendo impulsada por OpenAI y el resto de compañías que compiten con ellos no es muy útil. Quiero decir, es útil para escenarios específicos, pero cuando tienes un escenario específico puedes usar un modelo mucho más pequeño para hacer lo mismo.

Tenemos estos grandes modelos que pueden hacer de todo para todo el mundo desde 2020 o así, y la productividad global definitivamente no ha crecido.

Las empresas que usan Copilot y otros grandes modelos de lenguaje para programar ven que es problemático, porque es mucho más difícil debuguear [corregir] código que no ha sido escrito por tus propios desarrolladores, sino por una máquina. Puedes pensar que el código se escribirá más rápido porque lo hace la máquina, pero la máquina no garantiza que sea correcto. No puede. Un modelo de lenguaje de IA generativa no tiene noción de lo que significan las cosas. 

Y hay muchas cosas así. Si te fijas en la IA que genera imágenes, puede parecer brillante, pero en realidad es mediocre. No puede sustituir a los buenos ilustradores porque quien quiera una ilustración de calidad no puede usar eso. ¿Queremos quemar el planeta para producir ilustraciones baratas?

Antes de que existiera la IA generativa, la gente no deseaba tenerla. Ha sido un empuje tecnológico, no un tirón del mercado. El problema es que al crear esta tecnología creamos una gran cantidad extra de emisiones en un momento en el que no podemos permitirnos eso. Las emisiones deben bajar. Si la IA generativa es útil o no es irrelevante. Podría ser extremadamente útil, pero si aun así hace que el planeta arda, no es buena.

Y según mis cálculos, si las proyecciones de estos hombres de negocios se hicieran realidad, la IA por sí sola sería suficiente para saltarnos todos los objetivos climáticos. Como he dicho, es muy improbable que esto pase. Pero están diciendo que no les importaría que pasara. Y no nos podemos permitir ese aumento de las emisiones.

Simple y llanamente.

Podemos permitirnos modelos más pequeños. En informática, hacemos una gran distinción entre lo que preferimos llamar machine learning y lo que se está llamando IA, que normalmente es IA generativa.

De acuerdo. Creo que hay mucha confusión con esto. ¿Podría explicar cuál es la diferencia?

El gobierno del Reino Unido también comete este error. Hablan de que la IA puede hacer grandes cosas como detectar un cáncer en una imagen de una resonancia magnética o en una radiografía y por lo tanto, debemos construir más centros de datos para la IA generativa. Pero SegNet, el modelo puntero en detección de cáncer de colon, con un 99% de acierto, tiene 7,6 millones de parámetros, mientras GPT4 tiene más de un billón. 

Esto supone que SegNet utiliza 100.000 veces menos energía que GPT4. Puede funcionar en un PC en el hospital. No necesitas construir ningún centro de datos para obtener mejores diagnósticos. Solo unos pocos servidores en hospitales. 

¿Y qué es lo que tienen en común entre esas diferentes cosas que llamamos IA?

La mayoría de los modelos hoy en día utilizan redes neuronales. Una red neuronal es una abstracción inspirada en el cerebro en la que, esencialmente, cada neurona recibe unas señales o inputs, que son números, los multiplica por pesos y luego los suma y luego normaliza el resultado y lo envía a otra neurona. Y si haces eso el suficiente número de veces, obtienes algo que puede hacer extrapolaciones en un espacio de parámetros muy amplio. Así que se le da muy bien… vamos a decir adivinar cosas, pero es hacer aproximaciones estadísticas.

El modelo que se usa para detectar cánceres es una red neuronal convolucional. Esas son las que se usan para imágenes. Las que se usan para textos se llaman redes neuronales recurrentes. En una imagen, los píxeles están uno junto a otro. En un texto, las palabras van una detrás de otra. Los grandes modelos de inteligencia artificial generativa son versiones mucho más avanzadas de estos dos tipos de redes neuronales.

No es lo mismo un modelo que detecta un patrón en una imagen que un modelo generativo que tiene que producir un texto o una imagen nueva. Eso es más trabajo. Por eso los modelos generativos son más costosos en términos energéticos, porque tienen que hacer más cálculos.

He leído que podríamos estar alcanzando un límite en los datos disponibles para entrenar estos grandes modelos, que ya no se pueden encontrar muchos más. No sé si eso es cierto.

Es peor que eso. Ahora hay mucho contenido generado con IA en internet. Esta no es mi especialidad, pero se ha demostrado que si le das a un modelo de IA contenido generado por IA, tiende a empeorar su rendimiento muy rápido. Se llama envenenamiento. No es fácil de evitar porque los bots que scrapean internet [programas que recogen datos de las páginas web, en este caso para entrenar la IA] no pueden distinguir si una página ha sido generada por IA o no. Eso significa que los mejores datos para modelos generalistas serán los previos a 2022.

Además, no puedes seguir haciendo modelos más grandes, tienes que empezar a hacer cosas como lo que ha hecho DeepSeek. De hecho, OpenAI ya estaba haciendo cosas similares. Tiene un modelo con 1,76 billones de parámetros, pero solo usa 200.000 millones al mismo tiempo. Simplemente porque no es posible acceder a todos a la vez. DeepSeek ha demostrado que se puede hacer bien con menos aún.

En cualquier caso, no puedes seguir haciéndolos más grandes y esperando que su funcionamiento mejore porque hay límites tanto en la calidad de los datos como en la ingeniería necesaria. Así que sí, los resultados probablemente empezarán a estancarse, no llegarán a ser mucho mejores. 

Entonces la idea de que podemos alcanzar una inteligencia artificial general a partir de estos modelos…

Eso es absurdo. Quienes promueven esa idea saben que es una distracción. Se dedican a decir “oh, la inteligencia artificial general será muy peligrosa y tenemos que adoptar todo tipo de salvaguardas para asegurarnos de que si tenemos una, se comporte correctamente”. Esa es la distracción perfecta para no tener que preocuparnos de las verdaderas consecuencias negativas de estos productos.

No hay ninguna posibilidad de que un generador de patrones estadísticos se vuelva inteligente. No hay nada en esos modelos que de verdad imite a la inteligencia.

Llevamos más de 50 años pensando en la inteligencia artificial. Muy profundamente. Y creo que cualquiera que se haya dedicado a ello estaría de acuerdo en que los modelos de IA generativa o cualquier cosa que ahora llamemos IA no son del tipo que nos llevaría a un software autoconsciente.

Parecen inteligentes porque todo lo que sabemos está ahí. Se ha introducido un resumen de todo el conocimiento que el ser humano ha puesto online en esos modelos. Así que tienen una aproximación de todo.

Elena de Sus

Es periodista, de Huesca, y forma parte de la redacción de CTXT.

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5. Geopolítica del capitalismo, 11

Termina esta estupenda serie de artículos de la serie Estado del poder 2025 del TNI con esta reflexión sobre el imperialismo y la búsqueda de alternativas. Queda otro, pero es una recopilación de las imágenes que han ido apareciendo en los artículos anteriores y una presentación de su creadora, Shehzil Malik.
https://www.tni.org/en/

En busca de alternativas

Estrategias de los movimientos sociales para contrarrestar el imperialismo y el autoritarismo

Fecha de publicación: 4 de febrero de 2025

Si entendemos el imperialismo no solo como dominación militar, sino también como un sistema de explotación económica por parte del capital transnacional con el apoyo de élites políticas a menudo autoritarias, estamos en mejores condiciones de construir un movimiento popular global contra el imperialismo y el capitalismo autoritario.

Iqra Anugrah

En mayo de 2024, siete meses después de que comenzara la guerra de Israel contra Gaza, los estudiantes de la Universidad de Ámsterdam (UvA) construyeron el primer campamento de solidaridad con Gaza en los Países Bajos, siguiendo el ejemplo de sus lejanos camaradas de la Universidad de Columbia y otras universidades de Europa y Estados Unidos. La junta de la UvA, respaldada por la alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, vio cómo la policía desalojaba el campamento. Pero el movimiento no se detuvo. Los estudiantes manifestantes construyeron rápida y eficazmente un segundo campamento, más grande, que (enlace externo) se convirtió en el detonante de un movimiento nacional de campamentos y protestas a favor de Palestina, apoyado por estudiantes de otras universidades holandesas, diversos movimientos sociales, la diáspora palestina e incluso personas de clase trabajadora, especialmente aquellas con antecedentes migratorios. Había nacido una nueva política antiimperialista.

Si bien la guerra en Gaza y los Territorios Palestinos Ocupados en Cisjordania ha rejuvenecido la política antiimperialista, se basa en muchos movimientos sociales recientes en el Sur Global que han estado a la vanguardia de la resistencia al autoritarismo inducido por el capitalismo y a las políticas imperialistas/expansionistas. Esto incluye la Alianza del Té con Leche (MTA) antiautoritaria en Asia oriental y sudoriental, formaciones políticas y gobiernos de izquierda en varios países de América Latina y Europa, las protestas de Black Lives Matter en Estados Unidos y otros lugares, y diversas luchas locales y nacionales contra las industrias extractivas, la explotación capitalista, el poder oligárquico y la represión estatal.

Comprender la naturaleza del imperialismo actual y las formas creativas a través de las cuales los movimientos sociales y la resistencia popular lo rechazan es fundamental para entender los estragos del capitalismo y el autoritarismo global contemporáneos y ofrecer soluciones alternativas.

Imperialismo: el retorno de un concepto olvidado

Las tensiones políticas y económicas entre EE. UU. y China u otras potencias de nivel medio como Brasil, Rusia, India y Sudáfrica (los países BRICS originales) se han convertido en temas de conversación habituales en los discursos académicos, mediáticos y públicos. Junto con el bloque BRICS, otros países de potencia media, como Catar y Turquía, también han llamado la atención mundial por presentar un desafío diplomático a la hegemonía occidental.

Sin embargo, estos relatos no sitúan el cambiante panorama del poder mundial en el desarrollo histórico del capitalismo, un sistema político-económico basado en la propiedad privada de los medios de producción, la explotación del trabajo y el afán de lucro. Como resultado, nos quedamos con relatos alarmistas y pseudomoralistas del mundo, que ven el auge de las potencias grandes y medianas como «amenazas a la libertad, la democracia y el orden basado en normas» o como «vanguardias salvadoras» contra siglos de colonialismo e hipocresía occidentales.

Esta falsa dicotomía se reproduce en los discursos políticos. Muchos relatos liberales (enlace externo) y conservadores (enlace externo) ven el auge de China como una amenaza a la libertad, irónicamente al mismo tiempo que el llamado «mundo libre» se ha involucrado activamente en la vigilancia masiva, en intervenciones de procesos democráticos para salvaguardar sus intereses políticos y económicos, y en el apoyo a la represión de los yemeníes y al genocidio de los palestinos. Mientras tanto, algunos sectores de la izquierda y los progresistas en general tienen una noción idealizada del antiimperialismo del Tercer Mundo o del Sur Global (enlace externo) como inherentemente y eternamente progresista, descuidando las contradicciones inherentes a estos proyectos políticos antiimperialistas (o más bien, estados) y su frecuente degeneración en mero autoritarismo.

Por eso sigue siendo relevante una lectura contextual del imperialismo basada en la economía política. Nos permite comprender los ámbitos entrecruzados del poder estatal y corporativo, el papel de Occidente, especialmente de EE. UU., en el mantenimiento del capitalismo y la forma actual de las relaciones internacionales, la complicidad de las élites políticas y económicas nacionales en la perpetuación de esta injusta estructura de poder y la resistencia popular contra este dominio global, especialmente de los movimientos sociales y la resistencia popular en el Sur Global.

Un elemento importante del imperialismo, según Lenin, es la expansión del capital y sus relaciones sociales y políticas concomitantes desde los países ricos —lo que luego se convirtió en metrópolis coloniales y potencias mundiales posteriores a 1945, como Estados Unidos y Japón— a zonas periféricas y subdesarrolladas (enlace externo), lo que luego se conoció colectivamente como el Tercer Mundo y, más tarde, como el Sur Global.

En su forma actual, el imperialismo se basa en varios mecanismos de extracción de beneficios (enlace externo) y coerción para la subyugación nacional (enlace externo), a saber, las empresas transnacionales (ETN) que dependen de la mano de obra barata para obtener beneficios, las élites políticas que utilizan métodos autoritarios y militares para disciplinar a los trabajadores y sus políticas progresistas en nombre de la estabilidad política y las inversiones fluidas, y las alianzas continuas con las antiguas potencias imperialistas.

El imperialismo, por lo tanto, no es simplemente la expansión del capital y la explotación de la mano de obra por parte de las empresas transnacionales a escala mundial, sino más bien un proyecto político de la clase dominante en las metrópolis imperiales para restringir y socavar (enlace externo) la soberanía de los Estados-nación en el Sur Global y mantener su dominación por medios económicos, políticos e incluso militares.

Si bien el imperialismo económico, fortalecido por el dominio interno del capital en las sociedades capitalistas contemporáneas (enlace externo), sigue siendo la característica dominante del imperialismo contemporáneo, es su aspecto más vulgar y militarista el que a menudo perturba la conciencia pública. Este poder militar no solo asegura el imperialismo económico, sino que también ha cimentado el poder del imperialismo estadounidense, junto con sus aliados estratégicos, durante y, en particular, después de la Guerra Fría.

Esta dimensión político-militar del imperialismo se ha perseguido incluso a un coste militar y humano astronómico. La invasión liderada por Estados Unidos y la posterior ocupación de Irak de 2003 a 2011, la intromisión extranjera en la caótica guerra civil libia y la invasión oportunista de Israel a Siria tras el colapso del régimen de Assad en diciembre de 2024 son solo algunos ejemplos.

Curiosamente, algunos activistas, organizaciones y académicos de izquierdas, especialmente los que residen en Occidente, pueden estar tan preocupados por la política interna de sus respectivos países que pasan por alto los desafíos a los que se enfrentan los movimientos antiimperialistas en el Sur Global (enlace externo) y las sombrías realidades del cerco imperialista. (enlace externo)

Un estudio transnacional reciente ha reivindicado la continua relevancia de las ideas clásicas sobre el imperialismo. Muestra que los países ricos se benefician de una «apropiación a gran escala de los recursos y la mano de obra del Sur global (enlace externo)» en el período posterior a la Guerra Fría (1990-2015), por un total de aproximadamente 242 billones de dólares a precios de mercado para todo el período. (enlace externo)

El auge económico de países y regiones no occidentales y el rendimiento de economías de alto crecimiento como los tigres asiáticos y las economías tigre cachorro (Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam) no significan el fin de las estructuras de poder imperialistas. En todo caso, el imperialismo se ve continuamente reforzado por las empresas transnacionales y los gobiernos de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales. Por ejemplo, el estudio en profundidad de Intan Suwandi sobre Indonesia demuestra que el imperialismo económico sigue operando a través de empresas proveedoras y transnacionales del Norte Global que se benefician del arbitraje laboral global (enlace externo): las diferencias salariales entre los trabajadores del Norte Global y del Sur Global. Los trabajadores de Indonesia y otras economías en crecimiento siguen siendo explotados, mientras que las transnacionales se enriquecen.

Este continuo saqueo económico y aventurerismo militar engendra naturalmente una resistencia colectiva. Varios movimientos sociales han planteado importantes desafíos al imperialismo global, como las protestas de la llamada «Batalla de Seattle» contra la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en México, la oposición a los gobiernos autoritarios respaldados por Occidente en muchos países de América Latina y Asia Oriental y Sudoriental, las manifestaciones masivas contra la invasión liderada por Estados Unidos y la posterior ocupación de Irak, y numerosos movimientos sociales locales contra el acaparamiento de tierras, la explotación de recursos, la privatización y la expansión corporativa. Puede que los mejores tiempos de los movimientos armados de liberación nacional hayan pasado, pero el espíritu del antiimperialismo continúa.

Imperialismo, capitalismo autoritario y la niebla de las falacias conceptuales

Estas dinámicas imperialistas se superponen con el giro global hacia una forma más autoritaria de capitalismo y la gobernanza electoral que lo sostiene: el populismo reaccionario (enlace externo) o iliberal. (enlace externo) Figuras como Donald Trump, Viktor Orbán, Jair Bolsonaro y Narendra Modi han ganado elecciones y movimientos populistas de derecha de diversos tipos, que van desde partidos políticos de extrema derecha antiinmigrantes en Europa hasta corrientes hindutva e islamistas en la India y Turquía, respectivamente, han hecho importantes avances políticos.

Contrariamente a la sabiduría convencional que culpa de este malestar al déficit de cultura democrática y al colapso del consenso de las élites, esta última ola de tendencias autoritarias maduró como resultado del poder incontrolado del capital, el vaciamiento de las instituciones democráticas participativas, el control oligárquico de la política y los ataques a muchas formas de redistribución o bienestar social.

El capitalismo autoritario, entonces, puede verse como un producto de la expansión del capital desde la metrópoli a través de un acuerdo imperialista. El capitalismo autoritario se consolida a medida que los estados poscoloniales del Sur Global se integran cada vez más en el circuito capitalista global. Este proceso se intensificó tras la lenta muerte de los proyectos socialdemócratas y de liberación nacional.

Lo que ha estado en juego aquí no es solo el desmantelamiento del estado de bienestar y las instituciones posteriores a 1945 por parte de los radicales neoliberales del libre mercado, sino también, citando a Margaret Somers, los ataques institucionales y políticos al poder (enlace externo) de redistribución del estado y al concepto de ciudadanía social. Es decir, incluso las ideas mismas de que el Estado debe prevenir las desigualdades incipientes en primer lugar y garantizar los derechos sociales como parte de su contrato social con sus ciudadanos y residentes.

Como resultado, los logros económicos y sociales alcanzados en la «edad de oro» del Estado del bienestar y las políticas sociales se han erosionado o revertido, y la demanda democrática de tales acuerdos se ha domesticado y etiquetado como «gasto irresponsable». Además, el Estado ha sido remodelado según la imaginación neoliberal como facilitador de presupuestos equilibrados (para los ciudadanos, pero no para las empresas y las élites políticas), incluyendo la austeridad, la privatización, el libre comercio y la dependencia de la oferta inmediata de mano de obra barata.

Esto requiere una expansión exterior del capital y de sus instituciones y aparatos disciplinarios, y el declive de la política de solidaridad con los experimentos políticos progresistas en el Sur Global. En consecuencia, esta configuración cambiante hace oscilar el péndulo geopolítico y económico a favor de los intereses imperialistas.

Este desarrollo también ha llevado al declive del bienestar de los trabajadores y al auge del populismo autoritario. En Estados Unidos, por ejemplo, décadas de liberalización comercial y desindustrialización en aras de la «competitividad global» han empobrecido a las comunidades rurales y han proporcionado un caldo de cultivo receptivo para el populismo autoritario al estilo Trump. (enlace externo) Del mismo modo, la globalización desenfrenada ha facilitado el éxito de políticas reaccionarias de múltiples vertientes, como el hindutva en la India, (enlace externo) el populismo islamista respaldado por la oligarquía en Indonesia, (enlace externo) y el libertarismo antidemocrático en América Latina. (enlace externo) A pesar de su retórica «antiélite», estas corrientes sirven efectivamente como vehículos para políticas neoliberales autoritarias.

Esta guerra económica contra los trabajadores tiene un efecto corrosivo en la democracia popular. En las democracias europeas, los partidos políticos, incluidos los socialdemócratas (enlace externo), se han desconectado del público en general: los políticos son cada vez más una clase política profesional con sus propios intereses y divorciados de sus electores. Los intelectuales, respaldados por los grandes grupos de presión empresariales, han inventado justificaciones analíticas para profundizar el neoliberalismo y los intereses oligárquicos a expensas de los procedimientos democráticos, como puede verse en Estados Unidos (enlace externo), América Latina (enlace externo) e Indonesia (enlace externo).

Cuando este control elusivo de la democracia es insuficiente para disuadir la resistencia popular, las élites políticas y económicas recurren a medidas represivas para salvar su (enlace externo) diseño neoliberal y sus intereses. Así es el capitalismo autoritario.

Ser conscientes de estos procesos históricos entrecruzados de imperialismo y capitalismo autoritario puede ayudar a los trabajadores y a los movimientos sociales progresistas a evitar dos tipos de falacias. La primera es la falacia del antiimperialismo vulgar o «campismo», que ve el mundo a través de una binaria simplista y romantizada del Primer Mundo imperialista frente al Tercer Mundo eternamente progresista, en la que se pasan por alto factores como la política interna, el estado de la democracia y la composición de clases y las relaciones dentro de estos dos bloques. Las consecuencias de esta falacia pueden ser fatales: en nombre del antiimperialismo, es posible brindar apoyo acrítico a Estados autoritarios «antioccidentales», como Rusia y Siria, y lo que es peor, desestimar las luchas populares, los movimientos sociales y quienes hacen campaña por el socialismo, una mayor democracia y los derechos sociales en estos Estados. Esto incluye al intelectual marxista ruso Boris Kagarlitsky, un destacado crítico de la extrema derecha y el autoritarismo de Putin, y a las fuerzas kurdas que lucharon contra los terroristas totalitarios del Daesh y lanzaron la revolución de Rojava. (enlace externo)

La segunda falacia es la de la rivalidad interimperialista. (enlace externo) Esta tesis sostiene que el contorno actual de la política internacional es un reflejo de la rivalidad interimperialista entre Occidente y China y Rusia. Esta es también una forma de pensamiento simplista, ya que equipara la expansión política y económica de las potencias emergentes y de nivel medio, ya sean democráticas o autoritarias, con las experiencias pasadas de las potencias imperialistas. Reconocer los costes humanos de tal expansionismo no debería hacernos perder de vista los horribles antecedentes del imperialismo y el colonialismo occidentales (enlace externo). Además, muestra una falta de comprensión de lo que significa la integración en el circuito de capital global y el orden internacional para una gran potencia económica como China y potencias medias autoritarias inconformistas como Turquía y Catar, que incluye la moderación estratégica, la necesidad de nuevos mercados, la legitimidad internacional para sus poblaciones nacionales y la preservación de los intereses propios de las élites gobernantes.

Abrir las fracturas de la cooperación antagónica

Basándose en diversas tradiciones socialistas, el activista y académico Promise Li describe este proceso simultáneo de confluencia y conflicto de intereses entre el imperialismo occidental liderado por Estados Unidos y una variedad de potencias expansionistas, subimperiales y emergentes como «cooperación antagónica (enlace externo)». Si bien reconocen la influencia duradera del imperialismo occidental, Li (enlace externo) y su interlocutor Federico Fuentes también señalan las contradicciones dentro de la coalición informal de los que desafían el orden internacional liderado por Estados Unidos y los numerosos antagonismos sociales que esta coalición genera, como la represión política en el país y los costes medioambientales y sociales de sus inversiones extranjeras.

Esta lectura del imperialismo contemporáneo es innovadora y muy necesaria para las reflexiones analíticas y activistas. Sin embargo, los movimientos sociales y los activistas sobre el terreno no siempre pueden permitirse el lujo de esperar. A veces, necesitan actuar en momentos críticos y en coyunturas geopolíticas poco ideales. Esto incluye aprovechar las oportunidades que presentan las divisiones dentro de esta cooperación antagónica y utilizar los recursos de los Estados que compiten contra el dominio estadounidense y occidental.

Tomemos los ejemplos de China y Catar. China ha abandonado su política de apoyo a los movimientos revolucionarios, se ha beneficiado ampliamente de su integración en el capitalismo global y ha introducido un amplio mecanismo de represión interna de la disidencia y las minorías (enlace externo) en nombre de la estabilidad política y económica interna. Sin embargo, nunca se ha involucrado en aventuras coloniales extranjeras, intervenciones militares y proyectos de «construcción de estados» practicados por varias de las antiguas potencias coloniales y los Estados Unidos. Walden Bello señala que China mantiene en gran medida una postura militar estratégica defensiva, evita una carrera armamentística y solo tiene una base militar extranjera en Yibuti. (enlace externo)

Además, los impactos negativos de las inversiones económicas extranjeras de China, especialmente en los derechos laborales, el bienestar de la comunidad local y el medio ambiente, no son el resultado de la expansión corporativa respaldada por el Estado y el control militarista/autoritario en el modo clásico de imperialismo.

En primer lugar, a pesar de sus recientes avances tecnológicos, el ascenso geoeconómico de China sigue dependiendo del capital extranjero a través de «la globalización de la producción a través de las empresas transnacionales occidentales (enlace externo)». (enlace externo) Esto muestra los límites de la ambición y expansión económica de China y diferencia su desarrollo del de las potencias imperialistas existentes en el Norte Global. Por lo tanto, llamar a China «imperialista» en un sentido leninista es un término inapropiado.

Segundo, la inversión extranjera de China y su ansia de recursos son el resultado de la subcontratación estatal del desarrollo económico nacional, en la que participan diversos actores y empresas estatales y privadas (enlace externo) con diferentes niveles de cumplimiento de las normativas laborales y medioambientales.

En otras palabras, la preferencia por la estabilidad interna, la presencia de actores de desarrollo competidores con intereses diferentes y la relativa dependencia de los gobiernos chinos posteriores a Mao del capital extranjero ponen un límite significativo a las élites capitalistas, estatales y del partido con intereses imperialistas en China. El legado duradero de la economía moral y el espíritu político maoístas/izquierdistas en los movimientos laborales y sociales de China (enlace externo) también frena el impulso expansionista de algunos sectores de las élites chinas.

Otro ejemplo curioso es Qatar, que ocupa una posición diferente a la de China en su dialéctica de cooperación antagónica con Occidente: Qatar es una potencia inconformista de nivel medio, mientras que China es una potencia dominante en ascenso con una historia socialista. Sin embargo, al igual que China, Qatar tiene su propia cuota de antagonismos con el imperialismo estadounidense y el capital global.

Aunque puede considerarse como un Estado del Golfo más con un gobierno autoritario y un historial problemático en materia de derechos humanos, con la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio (enlace externo), el apoyo de Qatar a Al-Jazeera también ha ampliado (enlace externo) el alcance de los debates políticos en el mundo árabe y más allá, y ha proporcionado (enlace externo) un canal de comunicación alternativo a través del cual los movimientos sociales y las causas antiimperialistas pueden expresar sus aspiraciones. La importancia de este papel puede verse en la cobertura del canal de la Primavera Árabe y la guerra de Israel en Gaza y la creación de su filial estadounidense, AJ+, un canal de noticias basado en las redes sociales con una inclinación de izquierdas. (enlace externo)

La pasada crisis diplomática de Catar con otros estados árabes aliados de EE. UU., como Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin y Egipto, también sugiere sus propias preferencias geopolíticas y de política exterior, que fueron utilizadas por los movimientos islamistas y populares durante la Primavera Árabe. (enlace externo)

En resumen, las acciones egoístas de Catar no representan una ruptura con el imperialismo contemporáneo, pero pueden mitigar sus excesos. La decisión de Catar de prohibir a Estados Unidos el uso de su base militar para atacar a Irán (enlace externo) es un ejemplo revelador de tal moderación. Además, su papel como intermediario activo en el actual proceso de alto el fuego entre Israel y Hamás (enlace externo) ha demostrado su importancia como alternativa táctica a la geopolítica imperialista.

Las maniobras geopolíticas de estos estados sirven efectivamente para frenar el imperialismo contemporáneo. La rivalidad geopolítica entre ellos y Occidente ofrece oportunidades para los movimientos sociales progresistas y sus electores. Esto no debería ser controvertido; durante décadas, estos movimientos han utilizado estratégicamente la financiación de donantes occidentales canalizada a través de organizaciones no gubernamentales (ONG) en el Sur Global. Este compromiso estratégico también puede aplicarse en relaciones de trabajo tácticas con estos «estados tapón» y sus recursos para desafiar el imperialismo occidental sin convertirse en apologistas del autoritarismo «antioccidental».

Estrategias para los movimientos sociales

Las siguientes secciones destacan las formas creativas que utilizan los movimientos sociales de tres regiones para avanzar en sus objetivos en medio de este nuevo contorno de imperialismo.

Estudio de caso 1: Alianzas y redes inesperadas en los movimientos de solidaridad con Palestina

Comencemos con el último caso de movimientos sociales antiimperialistas: los movimientos de solidaridad con Palestina. En respuesta al genocidio, se formó y consolidó inmediatamente una amplia alianza popular a favor de Palestina y de la paz, que comprendía una gran variedad de grupos: organizaciones políticas de izquierdas, movimientos sociales progresistas, sindicatos y trabajadores de diferentes sectores, incluidos estudiantes, judíos antisionistas, LGBTQ+, comunidades musulmanas y organizaciones palestinas y de la diáspora. El movimiento ha seguido una estrategia múltiple que presiona por un alto el fuego permanente y la liberación de Palestina, incluyendo movilizaciones masivas, esfuerzos diplomáticos y operaciones mediáticas. Estos elementos, de manera ad hoc, se apoyan y refuerzan entre sí y crean alianzas inesperadas y descoordinadas entre diferentes grupos, estados y redes. Ha involucrado manifestaciones callejeras, pero también instituciones de importancia simbólica, intelectual y material para Israel y sus partidarios occidentales: las universidades. (enlace externo) Esta táctica ha cambiado la opinión pública, deslegitimando el mito de Israel como bastión de la libertad liberal e intelectual, y rompiendo los lazos institucionales, financieros y militares que apoyan su ocupación y crímenes de guerra.

Al igual que la retirada de las tropas estadounidenses de Vietnam y el boicot al apartheid en Sudáfrica, esta presión desde abajo ha empujado a países clave como Sudáfrica y Colombia a expresar su firme apoyo a la causa palestina, como se muestra en el histórico caso de genocidio contra Israel en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). (enlace externo) Incluso ha empujado a varios países europeos como España, Noruega, Irlanda y Bélgica a defender los derechos humanos de los palestinos.

Se podría argumentar que esto es una repetición de las protestas contra la OMC, cuando los movimientos radicales anticapitalistas y antiimperialistas unieron momentáneamente sus fuerzas con los estados del Sur Global y lograron detener el avance de una agenda comercial neoliberal. La condena internacional de Israel en la Asamblea General de las Naciones Unidas cuenta con el apoyo de casi todas las naciones del Sur Global.

En este caso, también influyeron algunas maniobras diplomáticas de China y Qatar. China mantiene un apoyo constante a la solución de dos Estados y recientemente ha negociado un acuerdo de unidad entre Hamás, Al Fatah y otras 12 facciones palestinas para la reconciliación nacional y la creación de un Estado palestino. (enlace externo) Mientras tanto, Catar ha actuado como mediador en las negociaciones de alto el fuego y en la liberación de rehenes israelíes a cambio de la liberación de palestinos detenidos en Israel, con una influencia específica, ya que ha proporcionado refugio a algunos de los líderes de Hamás. No hace falta decir que debemos ser conscientes de los límites de las políticas exteriores de China y Qatar. China ha estrechado sus lazos económicos y militares con Israel (enlace externo), mientras que Qatar alberga la base aérea estadounidense de Al-Udeid.

De hecho, a veces hay una convergencia de intereses, si no de visiones, entre los movimientos de base por Palestina y la paz en Oriente Medio con los sectores más progresistas de las élites estatales en países clave del Sur Global y varios países europeos, China y Qatar. Esto, junto con el apoyo popular en Oriente Medio a Palestina e incluso a las operaciones de guerrilla de muchos grupos armados que luchan contra las fuerzas israelíes y estadounidenses, consolida una amplia alianza de movimientos sociales y actores estatales, aunque de forma descoordinada.

A esto contribuye la resistencia colectiva de los medios de comunicación contra los discursos imperialistas occidentales y la propaganda de Hasbara. A pesar del flagrante sesgo proisraelí de los principales medios de comunicación occidentales y de la generosa financiación de la campaña de Hasbara para encubrir los crímenes de guerra de Israel, la cobertura del genocidio de Gaza por parte de Al-Jazeera ha sido un importante contrapeso en esta batalla informativa, como gigante mediático que puede igualar la cobertura y los recursos de sus rivales occidentales.

Estudio de caso 2: Movimientos antiautoritarios en Asia oriental y sudoriental

En Asia oriental y sudoriental, vemos un ejemplo de cómo los movimientos sociales se enfrentan al capitalismo autoritario y a su expansión transnacional. La ola más reciente es la Alianza del Té con Leche (MTA, por sus siglas en inglés), una red informal de movimientos antiautoritarios y prodemocráticos en Hong Kong, Taiwán, Tailandia y Myanmar, que estuvo activa de 2020 a 2021. Impulsada por los jóvenes, esta alianza combinó la movilización de masas y una presencia masiva en Internet para desafiar diferentes tipos de autoritarismo: (enlace externo) el autoritarismo del partido-Estado chino en Hong Kong y Taiwán, el despotismo monárquico respaldado por el ejército en Tailandia y la junta militar en Myanmar. Existe una fuerte dimensión transnacional y un intercambio de normas y prácticas dentro de esta alianza.

Pero también hay una larga historia de movimientos antiautoritarios en Asia oriental y sudoriental, cuyas narrativas tienen una influencia duradera y se han comprometido a contrarrestar el capitalismo/desarrollismo autoritario y la estructura de poder imperialista que lo apoya. Considere, por ejemplo, los movimientos anti-Marcos y anti-Suharto en Filipinas e Indonesia, el levantamiento de Gwangju en Corea del Sur, y los numerosos casos de justicia agraria, derechos sobre la tierra y protestas contra las presas, huelgas y luchas laborales, activismo prodemocrático e incluso movilización religiosa progresista en la región. Estos movimientos pusieron de manifiesto la complicidad del capital internacional y su apoyo por parte de Occidente, así como de las instituciones financieras internacionales, en el apoyo al régimen autoritario y a sus partidarios capitalistas nacionales en Filipinas (enlace externo) e Indonesia (enlace externo). Aunque implícito, el espíritu antiimperialista estuvo presente en estas movilizaciones antiautoritarias y movimientos sociales del pasado.

Los movimientos antiautoritarios actuales de la región utilizaron diversas estrategias políticas, desde la movilización masiva hasta las campañas en línea y la cultura pop. También innovaron en nuevas tácticas. Los manifestantes de Hong Kong, por ejemplo (enlace externo), utilizaron paraguas y escudos negros para «bloquear las balas de goma y las porras policiales», organizaron ocupaciones itinerantes en lugar de estacionarias de las zonas objetivo y experimentaron con la contravigilancia de los informantes policiales y las comunicaciones cifradas.

La exigencia de la MTA de una mayor democratización supuso un serio desafío al autoritarismo en los estados de Asia oriental y sudoriental, incluida China. Al hacerlo, interrumpió la cooperación antagónica de estos gobiernos con el imperialismo occidental y abrió el camino para impulsar una política más progresista más allá de la democracia electoral, como el control popular del capital.

Lamentablemente, ante el aparato represivo del gobierno chino, este movimiento fue aplastado y sus líderes fueron encarcelados recientemente o se exiliaron. Sin embargo, sus tácticas creativas para hacer frente a la violencia policial podrían ser aplicables y más eficaces para los movimientos sociales que operan en entornos menos represivos.

Las limitaciones de estos movimientos también se han arraigado en su escasa conciencia del papel del capital internacional y de la dinámica imperialista en la perpetuación del autoritarismo en la región, lo que ha permitido que sean secuestrados por élites occidentales oportunistas y simplificados como una afirmación del proyecto (neo)liberal. Es lamentable, por ejemplo, que algunos disidentes de Hong Kong, en su oposición al autoritarismo del partido-Estado chino, busquen inspiración en una versión aséptica de (enlace externo) «el Occidente liberal (enlace externo)», (enlace externo) hasta el punto de abrazar el proyecto reaccionario trumpista. Esta miopía histórica y analítica debilita la capacidad de los disidentes para desafiar un pilar importante del modelo de desarrollo autoritario en Asia oriental y sudoriental, a saber, la complicidad del interés imperialista y capitalista occidental en mantener dicho modelo.

Además, cuatro años después de que la alianza irrumpiera en la escena política regional, sus principales demandas siguen centrándose en la democracia electoral y la protección de los derechos humanos. (enlace externo) Aunque son importantes, el envoltorio de estas demandas puede desvincularse del trabajo y del llamamiento más amplio a la justicia social y a la lucha de clases democrática.

Estudio de caso 3: El compromiso estratégico de la izquierda latinoamericana con China

Por último, la izquierda en América Latina muestra un ejemplo de cómo los movimientos sociales progresistas pueden aprovechar estratégicamente las oportunidades de la competencia geopolítica, en este caso la rivalidad entre Estados Unidos y China. Buscar en China fuentes alternativas de inversión extranjera reduce la dependencia de los países latinoamericanos del poder político y económico de Estados Unidos, desvincula a la región del control imperialista estadounidense y podría utilizarse para financiar programas económicos de inspiración socialista en general.

La opción de atraer la inversión extranjera china facilitó el camino electoral seguido por los movimientos de izquierda en América Latina, conocido como la «marea rosa». Combinando el populismo de izquierdas con diferentes grados de políticas económicas socialistas y socialdemócratas, esta articulación política impulsó una serie de proyectos económicos antineoliberales y antiimperialistas, que iban desde amplios programas de bienestar social hasta el intento de nacionalización de las principales empresas económicas y (enlace externo) instituciones financieras alternativas como el Banco de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. (enlace externo)

La implementación de estos esquemas ha sido claramente un proceso político y tecnocrático complejo y difícil, y ha enfrentado críticas considerables, pero desvincular y mejorar la fuerza productiva de la economía era, sin embargo, una necesidad para que las fuerzas de izquierda buscaran avanzar un programa socialista y la democratización en una región dominada por Washington y con una historia de dictaduras respaldadas por EE. UU. Como señaló Ivo Ganchev, los acuerdos chinos de comercio, inversión y préstamo proporcionaron alternativas a las instituciones financieras lideradas por Estados Unidos para Ecuador y Bolivia, marcando una ruptura significativa con el imperialismo económico liderado por Estados Unidos. (enlace externo) También contribuyó a revitalizar el espíritu de cooperación Sur-Sur durante la marea alta del período de descolonización.

Obviamente, no todos los tipos de inversiones chinas pueden considerarse fundamentalmente benignos. Los registros han demostrado que las empresas capitalistas chinas tienen antecedentes cuestionables en materia de derechos laborales y medioambientales. El capital chino tampoco garantiza una mayor democratización de la economía, especialmente de los medios de producción, por parte de los trabajadores. Es necesario evaluar críticamente y garantizar cómo las relaciones con China benefician a los trabajadores, al tiempo que se reconoce que la tarea de construir alternativas no capitalistas y humanas es agotadora.

Desde la primera ola de gobiernos de la «marea rosa», ha habido reveses como la victoria de las fuerzas reaccionarias en Argentina y Ecuador, y la crisis en Venezuela que ha atrapado a los sectores populares entre el autoritarismo de Nicolás Maduro y los complots golpistas del imperialismo estadounidense. (enlace externo) Sin embargo, todavía quedan lecciones importantes que aprender y nuevas oportunidades en la segunda ola de la «marea rosa», especialmente en Brasil y México (enlace externo).

Reflexiones finales

La historia de la geopolítica actual sigue siendo la de un orden internacional occidental liderado por Estados Unidos, pero que se enfrenta cada vez más a los desafíos de otros estados y movimientos populares en conflicto. Los recientes cambios en la política, la economía y el poder militar mundiales, marcados más recientemente por la amplia oposición popular a la guerra de Israel en Gaza, respaldada por Occidente, parecen confirmar esta valoración.

El surgimiento de posibles estados que desafían el dominio estadounidense no significa necesariamente el comienzo de una nueva era progresista. Sin embargo, representa oportunidades para que los movimientos sociales desafíen el imperialismo occidental. Estos diversos estados subimperiales, emergentes y expansionistas pueden, en la práctica, estar vinculados a las relaciones dialécticas de cooperación antagónica con el antiguo centro imperial y el gobierno autoritario, pero en determinadas circunstancias podrían compartir los mismos intereses que los trabajadores.

Se trata de una convergencia de intereses, si no de valores, entre su orientación de política exterior y los objetivos antiimperialistas y antineoliberales de muchos movimientos sociales del Sur Global. Sin tener que convertirse en apologistas del autoritarismo, estas son exactamente las oportunidades que los movimientos sociales deberían aprovechar para avanzar en sus objetivos y enfrentarse eficazmente al imperialismo.

El Movimiento de Solidaridad con Palestina, los Movimientos Antiautoritarios de Asia Oriental y Sudoriental y la Izquierda Latinoamericana se han opuesto al capitalismo autoritario y/o al imperialismo. Algunas de sus estrategias y tácticas están todavía en pañales y están llenas de contradicciones, pero proporcionan puntos de referencia para futuras acciones y políticas. Igualmente importante es que estos movimientos han mostrado, con diversos grados de claridad y éxito, los vínculos entre el despotismo interno y el imperialismo o el dominio del capital internacional.

Las coyunturas actuales de la geopolítica mundial también podrían abrir oportunidades para una solidaridad transnacional más amplia, como se ejemplifica en la declaración de solidaridad de los activistas ucranianos antiputinistas (enlace externo) con el pueblo palestino.

Sin embargo, el principal desafío que tenemos por delante sigue siendo la tarea de desmantelar el imperialismo económico. Los tres ejemplos de movimientos sociales que hemos destacado se han centrado principalmente en oponerse al poder político del imperialismo y el capitalismo autoritario. Lo más difícil es desafiar y ofrecer alternativas al poder económico del imperialismo, especialmente en lo que respecta al aumento de la fuerza productiva de las economías del Sur Global, el establecimiento de planes alternativos de financiación del desarrollo internacional y la democratización de los lugares de trabajo en las grandes empresas. Estas deben ser algunas de las tareas futuras de cualquier movimiento social progresista con una orientación antiimperialista.

Iqra Anugrah es investigador en el Instituto Internacional de Estudios Asiáticos (IIAS) de la Universidad de Leiden. También es investigador asociado en el Instituto de Investigación Económica y Social, Educación e Información (LP3ES) de Yakarta. Ha publicado numerosos trabajos sobre política de desarrollo y movimientos sociales y actualmente trabaja en la teoría política del conservadurismo en la Indonesia moderna y en la historia de las comunas asiáticas. También participa activamente en varias organizaciones y coaliciones populares en Indonesia, como redes de progresistas religiosos y activistas agrarios y
laborales.

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6. De la economía al estado mafioso

Otro demoledor artículo de Hedges sobre las primeras terribles decisiones del gobierno de Trump de demolición del estado de derecho en EEUU.
https://chrishedges.substack.

El Estado mafioso

Primero tuvimos una economía mafiosa. Luego tuvimos un Estado mafioso. Debemos deshacernos de la clase criminal gobernante o convertirnos en sus víctimas.

Chris Hedges 16 de febrero de 2025

Bese el anillo. Arrodíllese ante el Padrino. Entréguele tributo, una parte del botín. Si él y su familia se enriquecen, usted se enriquece. Entre en su círculo íntimo, sus hombres y mujeres «hechos», y no tendrá que seguir las reglas ni obedecer la ley. Puede destripar la maquinaria del gobierno. Puede convertirnos a nosotros y al mundo natural en mercancías para explotar hasta el agotamiento o el colapso. Puede cometer crímenes con impunidad. Puede burlarse de las normas democráticas y la responsabilidad social. La perfidia es muy rentable al principio. A largo plazo, es un suicidio colectivo.

Estados Unidos es una cleptocracia en toda regla. La demolición de la estructura social y política, iniciada mucho antes de Trump, enriquece a unos pocos y empobrece a todos los demás. El capitalismo mafioso siempre conduce a un estado mafioso. Los dos partidos gobernantes nos dieron el primero. Ahora tenemos el segundo. No solo nos están quitando nuestra riqueza, sino también nuestra libertad.

Desde la elección de Donald Trump, Elon Musk, que actualmente vale unos 394.000 millones de dólares, ha visto cómo su riqueza aumentaba en 170.000 millones de dólares. Mark Zuckerberg, que vale unos 254.000 millones de dólares, ha visto cómo su patrimonio neto aumentaba en casi 41.000 millones de dólares.

Sumas considerables para arrodillarse ante Moloch.

Al menos 11 agencias federales que se han visto afectadas por la campaña de tala y quema de la administración Trump tienen más de 32 investigaciones en curso, denuncias pendientes o acciones de ejecución, en las seis empresas de Musk, según una revisión de The New York Times.

El estado mafioso ignora las restricciones y regulaciones legales. Carece de control externo e interno. Canibaliza todo, incluido el ecosistema, hasta que no queda nada más que un páramo. No puede distinguir entre realidad e ilusión, lo que oscurece y exacerba la incompetencia flagrante. Y entonces el edificio vaciado se derrumbará dejando a su paso una cáscara de país con armas nucleares. Los imperios romano y sumerio cayeron de esta manera. Lo mismo ocurrió con los mayas y el reinado esclerótico del monarca francés Luis XVI.

En las etapas finales de decadencia de todos los imperios, los gobernantes, centrados exclusivamente en el enriquecimiento personal, instalados en sus versiones de Versalles o la Ciudad Prohibida, exprimen hasta la última gota de beneficio de una población cada vez más oprimida y empobrecida y de un entorno devastado.

La riqueza sin precedentes es inseparable de la pobreza sin precedentes.

Cuanto más extrema se vuelve la vida, más extremas se vuelven las ideologías. Enormes segmentos de la población, incapaces de absorber la desesperación y la desolación, se separan de un universo basado en la realidad. Busca consuelo en el pensamiento mágico, un milenarismo extraño —que para nosotros se materializa en un fascismo cristianizado— que convierte a estafadores, imbéciles, delincuentes, charlatanes, gánsteres y timadores en profetas, mientras tacha de traidores a quienes denuncian el saqueo y la corrupción. La carrera hacia la autoinmolación acelera la parálisis intelectual y moral.

El Estado mafioso no pretende defender el bien común. Trump, Musk y sus secuaces están derogando rápidamente órdenes ejecutivas relativas a las normas de salud, medio ambiente y seguridad, la asistencia alimentaria, así como los programas de cuidado infantil, como Head Start. Están luchando contra una orden judicial para detener su desmantelamiento de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, que ha garantizado que los estadounidenses hayan sido reembolsados con más de 21.000 millones de dólares debido a la cancelación de deudas, compensaciones financieras y otras formas de ayuda al consumidor. Están aboliendo la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Están cerrando las oficinas de defensores federales, que proporcionan representación legal a los pobres. Han recortado miles de millones de dólares del presupuesto del Instituto Nacional de Salud, poniendo en peligro la investigación biomédica y los ensayos clínicos. Han congelado los permisos para proyectos solares y eólicos, incluidas las autorizaciones necesarias para proyectos en terrenos privados. Han despedido a más de 300 empleados de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear, la agencia que gestiona nuestro arsenal nuclear. Están desmantelando la plantilla del Servicio Forestal, la Oficina de Gestión de Tierras, el Servicio de Parques Nacionales, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre y el Servicio Geológico de Estados Unidos.

El estado mafioso, cuyo plan se recoge en el Proyecto 2025, ignora las terribles lecciones de la historia sobre la desigualdad social extrema, la desintegración política, el saqueo ecológico desenfrenado y la destrucción del Estado de derecho.

Por supuesto, no estamos destinados a la libertad por naturaleza. En la antigua Grecia tuvieron que pasar dos milenios para que la democracia reapareciera en Europa tras su colapso, en gran parte porque Atenas se convirtió en un imperio. El Estado mafioso, y no las democracias, puede ser la ola del futuro, un futuro en el que el uno por ciento más rico del planeta posee alrededor del 43 por ciento de todos los activos financieros mundiales (más del 95 por ciento de la raza humana), mientras que el 44 por ciento de la población del planeta vive por debajo del umbral de pobreza del Banco Mundial, que es de menos de 6,85 dólares al día. Estos regímenes calcificados perduran únicamente gracias a sistemas draconianos de control interno, vigilancia generalizada y la eliminación de las libertades civiles.

Al mismo tiempo, hemos aniquilado el 90 % de los peces grandes, como el bacalao, los tiburones, el fletán, el mero, el atún, el pez espada y la aguja, y hemos degradado o destruido dos tercios de los bosques tropicales maduros, los pulmones del planeta. La falta de acceso a agua potable y la consiguiente propagación de enfermedades infecciosas mata al menos a 1,4 millones de personas al año (3.836 al día) y también contribuye al 50 % de la desnutrición mundial, según el Banco Mundial. Entre 150 y 200 millones de niños están afectados por la desnutrición. El dióxido de carbono en la atmósfera está muy por encima de las 350 partes por millón que la mayoría de los científicos climáticos advierten que es el nivel máximo para sostener la vida tal como la conocemos. Para mayo de este año, se prevé que los niveles de CO2 atmosférico alcancen las 429,6 ppm, la mayor concentración en más de dos millones de años. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático estima que la medición podría alcanzar entre 541 y 970 ppm para el año 2100. En ese momento, enormes partes del planeta, acosadas por una alta densidad de población, sequías, erosión del suelo, tormentas anormales, pérdidas masivas de cosechas y el aumento del nivel del mar, serán inadecuadas para la existencia humana.

En el último periodo de la civilización de la isla de Pascua, los clanes competían para honrar a sus antepasados construyendo imágenes de piedra tallada cada vez más grandes, lo que exigía los últimos restos de madera, cuerda y mano de obra de la isla. En el año 1400, los bosques habían desaparecido. El suelo se había erosionado y arrastrado hasta el mar. Los isleños empezaron a pelearse por las viejas maderas y se vieron obligados a comer a sus perros y, poco después, a todas las aves que anidaban.

Los desesperados isleños desarrollaron un sistema de creencias mágicas según el cual los dioses de piedra erigidos, los moai, cobrarían vida y los salvarían del desastre.

La creencia de los nacionalistas cristianos en el rapto, que no existe en la Biblia, no es menos fantástica. Estos fascistas cristianos, encarnados en personas nombradas por Trump como Russell Vought, jefe de la Oficina de Presupuesto y Gestión de Trump, el vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa Pete Hegseth y Mike Huckabee, nominado para ser embajador en Israel, pretenden utilizar las escuelas y universidades, los medios de comunicación, el poder judicial y el gobierno federal como plataformas para llevar a cabo el adoctrinamiento y forzar la conformidad.

Los seguidores de este movimiento se someten a un líder que creen que ha sido ungido por Dios. Abrazan la ilusión de que los justos se salvarán, flotando desnudos hacia el cielo, al final de los tiempos, y los secularistas que desprecian perecerán. Este refugio en el pensamiento mágico, que es la base de todos los movimientos totalitarios, explica su sufrimiento. Les ayuda a sobrellevar la desesperación y la ansiedad. Les da la ilusión de seguridad. También asegura la retribución contra una larga lista de enemigos —liberales, intelectuales, homosexuales, inmigrantes, el Estado profundo— culpados de su miseria económica y social.

Nuestro milenarismo es una versión actualizada de la fe en el moai, la condenada revuelta de Taki Onqoy contra los invasores españoles en Perú, las profecías aztecas de la década de 1530 y la Danza de los Espíritus, que los nativos americanos creían que verían el regreso de las manadas de búfalos y los guerreros asesinados resucitarían de la tierra para vencer a los colonizadores blancos.

Este refugio en la fantasía es lo que ocurre cuando la realidad se vuelve demasiado sombría para ser asimilada. Es el atractivo de Trump. Por supuesto, esta vez será diferente. Cuando caigamos, todo el planeta caerá con nosotros. No habrá nuevas tierras que saquear, ni nuevos pueblos que explotar. Seremos exterminados en una trampa mortal global.

Karl Polanyi, en «La gran transformación», escribe que una vez que una sociedad se rinde a los dictados del mercado, una vez que su economía mafiosa se convierte en un estado mafioso, una vez que sucumbe a lo que él llama «los estragos de este molino satánico», conduce inevitablemente a «la demolición de la sociedad».

El Estado mafioso no puede reformarse. Debemos organizarnos para romper nuestras cadenas, una a una, para utilizar el poder de la huelga y paralizar la maquinaria estatal. Debemos adoptar una militancia radical, que ofrezca una nueva visión y una nueva estructura social. Debemos aferrarnos a los imperativos morales. Debemos condonar las hipotecas y las deudas estudiantiles, instituir la asistencia sanitaria universal y acabar con los monopolios. Debemos aumentar el salario mínimo y poner fin al despilfarro de recursos y fondos para sostener el imperio y la industria bélica. Debemos establecer un programa nacional de empleo para reconstruir la infraestructura del país, que se está derrumbando. Debemos nacionalizar los bancos, las empresas farmacéuticas, los contratistas militares y el transporte, y adoptar fuentes de energía sostenibles desde el punto de vista medioambiental.

Nada de esto sucederá hasta que resistamos.

El estado mafioso será brutal con cualquiera que se rebele. Los capitalistas, como escribe Eduardo Galeano, ven las culturas comunitarias como «culturas enemigas». La clase multimillonaria nos hará lo que hizo en el pasado a los radicales que se levantaron para formar sindicatos militantes. Tuvimos las guerras laborales más sangrientas del mundo industrializado. Cientos de trabajadores estadounidenses fueron asesinados, decenas de miles fueron golpeados, heridos, encarcelados y puestos en listas negras. Los sindicatos fueron infiltrados, cerrados y prohibidos. No podemos ser ingenuos. Será difícil, costoso y doloroso. Pero esta confrontación es nuestra única esperanza. De lo contrario, nosotros, y el planeta que nos sustenta, estamos condenados.

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7. La Declaración de Arusha

Es el aniversario de la Declaración de Arusha, presentada por el tanzano Julius Nyerere en 1967, y en Peoples Dispatch han publicado un par de artículos sobre el tema, que os paso.
https://peoplesdispatch.org/

¿Se apagó la Declaración de Arusha antes de que pudiera brillar?

La Declaración de Arusha, publicada el 5 de febrero de 1967, fue un documento aspiracional. Al igual que la Carta de la Libertad de Sudáfrica de 1955, no describía el mundo tal como existía. En su lugar, intentaba articular el objetivo de nuestra lucha colectiva por la libertad completa y genuina.

12 de febrero de 2025 por Jonis Ghedi-Alasow

La Declaración de Arusha, producto de la lucha contra el colonialismo, surgió en una coyuntura crucial de la historia de Tanzania. Durante este período, Tanzania se independizó del dominio colonial directo y se vio amenazada por el dominio colonial indirecto en forma de neocolonialismo. La Declaración, que sintetizaba las aspiraciones del pueblo tanzano, fue un paso audaz en el largo camino para concluir la lucha por la liberación nacional.

Cuando se adoptó la Declaración de Arusha hace 58 años, el país se vio obligado a decidir si capitular ante los intereses del imperialismo o trazar su propio camino hacia la independencia. Con Mwalimu Julius Nyerere al frente, los redactores optaron conscientemente por la independencia de Tanzania como alternativa a la subordinación. Por lo tanto, este texto representaba simultáneamente un objetivo y una declaración de guerra.

Los países imperialistas del norte global habían asumido que podrían seguir acumulando riqueza y desarrollando sus propios países a través de la explotación y el subdesarrollo de los países africanos. La Declaración de Arusha fue inequívoca: Tanzania buscaría un camino de desarrollo que trajera prosperidad a su pueblo, no a sus antiguos colonizadores.

¿Cuál fue el contenido de la Declaración de Arusha?

Un compromiso con el socialismo

Como documento que articula las aspiraciones del pueblo, la Declaración de Arusha esbozó los elementos de la libertad genuina para el pueblo tanzano. El primero se plasma en el compromiso de que «ninguna persona explotará a otra». La Declaración fue un firme rechazo al capitalismo. Rechazó aceptar que los productores de riqueza no debían ser también sus beneficiarios. La Declaración insistió en que los beneficiarios del proceso de producción debían ser los propios productores. Este compromiso de poner fin a la explotación fue, en otras palabras, un compromiso con el socialismo.

Democracia popular

El segundo elemento de los objetivos aspiracionales esbozados en la Declaración de Arusha insistía en que «no puede haber verdadero socialismo sin democracia». Es inequívoco que «un Estado no es socialista simplemente porque todos, o todos los principales, medios de producción estén controlados y sean propiedad del gobierno. Es necesario que el gobierno sea elegido y dirigido por campesinos y trabajadores». Aunque debemos reconocer que el gobierno de Nyerere no alcanzó este importante objetivo, sigue siendo un pilar fundamental. En esencia, se trata de un rechazo a la interpretación estrecha de la democracia, en la que, cada pocos años, se anima a la gente a limitar su participación política para dejar huella en las urnas. En cambio, se trata de una concepción de la democracia que sitúa en el centro a la mayoría de la población y a los productores de riqueza: los trabajadores y los campesinos. Esta democracia popular insiste en que el pueblo es el protagonista y el beneficiario de la lucha por la liberación completa.

Autosuficiencia

El último elemento de este documento confirma que «la independencia significa autosuficiencia. La independencia no puede ser real si una nación depende de donaciones y préstamos de otra para su desarrollo». Esta es una exigencia de soberanía. Una Tanzania genuinamente libre, o cualquier país, debe reforzar la soberanía territorial con soberanía en todos los aspectos, incluidos los alimentarios y financieros. Una vez más, no se trata de aislacionismo, sino de tener la fuerza para definir nuestras relaciones con el mundo sin comprometer los otros pilares descritos anteriormente.

El socialismo, la democracia popular y la autosuficiencia constituyen, por tanto, la esencia de la Declaración de Arusha. Solo luchando por estos pilares de la lucha y construyéndolos se podrán alcanzar los objetivos de la Declaración de Arusha.

¿Se apagó la luz de la declaración antes de que pudiera brillar?

La Declaración de Arusha fue producto de fuerzas políticas enfrentadas. Algunos la vieron como un punto de referencia en la lucha continua por la liberación total, mientras que otros la vieron como un obstáculo para sus estrechos intereses. Desde el día de su creación como declaración de guerra al imperialismo, la Declaración de Arusha ha sido un documento controvertido. No hay duda de que Nyerere fue uno de los defensores más importantes de este documento como articulación de una Tanzania genuinamente libre. La Declaración, y Nyerere como su principal artífice, se enfrentaron a constantes ataques de enemigos nacionales e internacionales.

En el contexto de la contrarrevolución internacional contra los proyectos socialistas, sobre todo en la Unión Soviética, y la declaración del fin de la historia por parte de figuras como Francis Fukuyama, los opositores nacionales, principalmente dentro de la burocracia gubernamental de Tanzania, pudieron tomar la delantera. En 1985, tras el derrocamiento de Nyerere, las aspiraciones recogidas en la Declaración de Arusha encontraron muy poco apoyo entre una nueva generación de líderes políticos en Tanzania. Estos burócratas representaban los intereses de quienes se habían opuesto a la declaración desde el principio. El compromiso con el socialismo, la democracia popular y la autosuficiencia quedaron subordinados al neoliberalismo del Consenso de Washington, los dictados imperialistas y la dependencia.

En cierto sentido, esto marcó el ocaso de la promesa de la Declaración de Arusha. Los beneficiarios de las relaciones neocoloniales despojaron de su contenido revolucionario a este documento, transformándolo de un faro para el futuro a una reliquia de la historia. Se podría perdonar a alguien por ver este revés como la extinción de una luz para las aspiraciones del pueblo tanzano.

Si bien la década comprendida entre finales de los 80 y principios de los 90 fue un revés, no fue una derrota. No es casualidad que este período fuera testigo del relegamiento de las aspiraciones de la declaración a nivel gubernamental, y de la formación de la organización Mtandao wa Vikundi vya Wakulima Tanzania o Red Nacional de Grupos de Agricultores de Tanzania (MVIWATA), que ahora cuenta con 300 000 miembros.

El espíritu de la Declaración de Arusha fue abandonado por un gobierno comprometido y retomado por un grupo de líderes campesinos.

Durante más de 30 años, numerosas fuerzas progresistas del país, que encarnaban el compromiso de la declaración con la democracia popular, mantuvieron viva la llama. No permitieron que se apagara la luz guía de la Declaración de Arusha. Los principios de la declaración —socialismo, democracia popular y autosuficiencia— constituyeron el marco en el que esta organización popular resistió el retroceso neoliberal de finales del siglo XX.

¿Qué hay que hacer?

Hoy, más que nunca, debemos reavivar nuestro compromiso con los ideales de la Declaración de Arusha. Aunque el camino hacia su realización puede ser incierto, el destino que ilumina sigue siendo tan pertinente hoy como lo fue en 1967. La Declaración de Arusha sigue guiándonos en nuestra búsqueda de una sociedad justa y equitativa.

La Declaración de Arusha debe seguir siendo un programa de lucha política. Como punto de referencia para Tanzania, todo el continente africano y los trabajadores del mundo, debe solicitar una respuesta como un llamado a la acción. La importancia de esta Declaración no radica en su prosa cautivadora o en el papel en el que está escrita, sino en la respuesta que solicita.

En la mayor parte de África, sigue en manos de las personas y las organizaciones que estas crean, como MVIWATA (Red Nacional de Grupos de Agricultores de Tanzania), para defender y promover los principios de la Declaración de Arusha. En algunos casos, como en la región del Sahel, donde se formó recientemente la Alianza de Estados del Sahel (AES), vemos de nuevo gobiernos que están comprometidos con la soberanía de nuestros países y pueblos.

El espíritu de Arusha sigue impregnando todos los rincones de África. Ha llegado el momento de rejuvenecer el legado de este documento vital e intensificar la marcha hacia la libertad.

Jonis Ghedi Alasow es el coordinador de Pan Africanism Today.

https://peoplesdispatch.org/

Lecciones de la Declaración de Arusha: MVIWATA reflexiona sobre la lucha de los agricultores y la clase trabajadora

La Declaración de Arusha, presentada por Julius Nyerere en 1967, pretendía desmantelar la explotación neocolonial a través del socialismo, la democracia popular y la autosuficiencia.

15 de febrero de 2025 por Nicholas Mwangi

El 5 de febrero se conmemoró el aniversario de la Declaración de Arusha, un documento importante en la historia socialista de Tanzania y África, presentado por Julius Nyerere en 1967. En conmemoración de este acontecimiento histórico, Mtandao wa Vikundi vya Wakulima Tanzania (MVIWATA) y Pan Africanism Today (PAT) organizaron una sesión de educación política dirigida por agricultores para profundizar en la comprensión de la importancia de la declaración y el papel de los campesinos en la lucha. La sesión, celebrada tanto en línea como en persona, también se transmitió en MVIWATA FM, lo que permitió a los agricultores de todo el país escuchar y participar en el debate. Proporcionó una plataforma para que agricultores, activistas y académicos participaran en un debate sólido y profundo sobre la relevancia de la Declaración de Arusha en las luchas actuales por la justicia agraria y económica.

El director ejecutivo de MVIWATA, Stephen Ruvuga, inauguró la reunión, que fue moderada por la jefa de programas, Theodora Pius, antes de ceder la palabra al presidente de MVIWATA, Apollo Chamwela. En su discurso de apertura, Chamwela contextualizó la importancia histórica y política de la Declaración de Arusha:

«El documento presentado por el presidente Julius Nyerere tenía como objetivo dar una nueva dirección a la política y la economía de Tanzania. Uno de los subproductos clave de esa declaración fue el énfasis en la educación, el bienestar de los jóvenes, la autosuficiencia y la lucha contra la desigualdad. La Declaración de Arusha sentó las bases de la aldeización, que comenzó en 1972, garantizando que las personas tuvieran acceso a los servicios gubernamentales. Recuerdo la presencia de tiendas colectivas, a las que, de niño, mis padres me enviaban a comprar productos básicos. Hoy en día, como campesinos, es vital que reflexionemos sobre los principios de la Declaración de Arusha y su impacto en nuestros medios de vida».

Revisando la historia de Azimio la Arusha

Mwalimu Mwami, erudito tanzano, ofreció una visión histórica de la Declaración de Arusha, sus principios fundacionales y los factores que llevaron a su declive. Relacionó su sabotaje con los desafíos económicos que persisten en la actualidad:

«Recordemos que la economía de Tanzania fue heredada del dominio colonial alemán y británico. Cuando obtuvimos la independencia en 1961, todavía teníamos una economía colonial. Aunque logramos la «independencia de la bandera», el neocolonialismo persistió. Nuestras instituciones se estructuraron para sostener el neocolonialismo, y nuestros líderes también se convirtieron en agentes de este sistema. En una economía neocolonial, la riqueza se produce no para beneficiar a los tanzanos, sino para servir a los intereses de las fuerzas imperialistas del Norte Global. Los agricultores se ven obligados a producir simplemente para sobrevivir, no para alcanzar la prosperidad económica. El dinero se ha convertido en la fuerza dominante sobre la dignidad humana».

Mwami reiteró además la visión de Nyerere de una sociedad más equitativa:

«Nyerere previó los peligros de una élite emergente y una desigualdad desenfrenada, por lo que abogó por la autosuficiencia y la Declaración de Arusha. Sin embargo, el capitalismo ha erosionado desde entonces el tejido social, el sistema educativo y las estructuras de gobierno. Si no abordamos la economía colonial, seguiremos luchando».

Mama Hortensia, una agricultora que vivió el período de Ujamaa, compartió su experiencia:

«Vengo de un pueblo donde se practicaba el ujamaa. En la década de 1980, teníamos tiendas colectivas, participábamos en la agricultura cooperativa e incluso teníamos vehículos para el transporte comunitario. Teníamos un liderazgo fuerte y el pueblo trabajaba colectivamente para garantizar el bienestar de todos. El anciano Phabian Malewa fue uno de nuestros líderes dedicados que defendió estos principios para nuestro éxito».

El legado perdurable de la Declaración de Arusha en las luchas contemporáneas

Jonis Ghedi-Alasow, coordinador de Pan Africanism Today, señaló la naturaleza aspiracional de la Declaración de Arusha:

«La Declaración de Arusha no fue solo un documento bellamente escrito; fue un compromiso para continuar la lucha por la verdadera independencia. Nyerere tuvo que luchar por su adopción, no era algo inevitable. La declaración era una postura en contra de la mera independencia política; era una demanda de liberación económica. Buscaba garantizar que ninguna persona explotara a otra, que el socialismo estuviera arraigado en la democracia y que la verdadera independencia significara autosuficiencia».

Planteó una pregunta crítica: «¿Por qué se dejó de lado este documento?».

«La Declaración de Arusha pretendía poner fin a la explotación y a la dependencia neocolonial. Sin embargo, se produjo una batalla sobre si Tanzania viviría según sus principios o retrocedería a las relaciones económicas coloniales. Fuerzas externas e internas intentaron socavarla, lo que llevó al auge del neoliberalismo en la década de 1980. Como muchos países africanos, Tanzania sucumbió a las políticas del FMI y del Banco Mundial, haciendo retroceder los logros de la Declaración de Arusha».

A pesar de esto, Jonis afirmó la resistencia de su espíritu:

«El documento no está muerto. En la década de 1990, los agricultores tanzanos se unieron y formaron MVIWATA en un momento en que el neoliberalismo estaba en la ofensiva. Se negaron a convertirse en esclavos del imperialismo y, en su lugar, defendieron los principios de la Declaración de Arusha: socialismo, democracia y autosuficiencia. Este espíritu sigue vivo entre la gente».

Hubo una fuerte solidaridad por parte de varias organizaciones populares. Mqapheli Bonono, vicepresidente de Abahlali baseMjondolo, felicitó a MVIWATA por sus continuos esfuerzos en agroecología y enfatizó la importancia de la solidaridad continua en la defensa de los derechos de los agricultores. Vuyo Toli, jefe del Departamento de Educación del Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA), reafirmó la necesidad de resistir al capitalismo.

«Nuestras luchas no han terminado. La justicia económica y el acceso a todos los servicios básicos siguen siendo batallas clave. Debemos seguir resistiendo al capitalismo y abogando por una economía a favor de las personas».

Una guía viva para hoy

El seminario web concluyó con una reafirmación de la importancia de la Declaración de Arusha en las luchas actuales. Los participantes subrayaron que el documento sigue siendo relevante, no como una reliquia del pasado, sino como una guía viva para aquellos comprometidos con la justicia económica y social. Los desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día, la explotación neocolonial, el despojo de tierras y la desigualdad económica son precisamente los problemas que la Declaración de Arusha pretendía desmantelar.

El largo compromiso de MVIWATA forma parte de la lucha por la autosuficiencia y el socialismo. Las lecciones de la Declaración de Arusha proporcionan una hoja de ruta para resistir al imperialismo y construir una sociedad más justa y equitativa, para Tanzania y toda África.

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8. El pensamiento Xi Jinping

Reseña de un libro sobre la visión política de Xi Jinping de un antiguo primer ministro laborista australiano -que habla chino-. https://jacobin.com/2025/02/

¿Qué es el pensamiento de Xi Jinping?

Chris Dite

China ha cambiado bajo Xi Jinping, con implicaciones para todo el mundo. Pero pocos forasteros entienden mucho sobre las ideas de Xi o las políticas que parecen fluir de ellas.

Reseña de On Xi Jinping: How Xi’s Marxist Nationalism is Shaping China and the World, de Kevin Rudd (Oxford University Press, 2024)

El cauteloso acercamiento del presidente estadounidense Donald Trump a China en las primeras semanas de su segunda presidencia ha provocado mucha especulación. Algunas predicciones parecen ahora bastante proféticas. Anna Wong, de Bloomberg, por ejemplo, predijo a finales del año pasado que Trump acusaría rápidamente a China de no cumplir el acuerdo que firmó con su primera administración para poner fin a la guerra comercial.

Trump, sugirió, impondría entonces pequeños aranceles adicionales a una serie de productos de consumo importados de China, para provocar un desacoplamiento acelerado o nuevas negociaciones comerciales. Sin embargo, no estaba claro cómo reaccionaría China ante tales medidas.

El reciente libro On Xi Jinping está diseñado para facilitar la predicción de las respuestas de China. Su autor, Kevin Rudd, ex primer ministro australiano y antiguo colaborador del Jacobin, estuvo presente en la ceremonia de firma que marcó el final oficial de la guerra comercial en 2020. Afirma haber sido invitado tanto por la administración Trump como por el gobierno chino. Sin embargo, la buena voluntad no ha durado. Los partidarios de Trump están llevando a cabo una campaña para destituir a Rudd de su actual cargo como embajador de Australia en Estados Unidos, por unos comentarios en los que tachaba a Trump de «idiota del pueblo».

Sobre Xi Jinping no es para pusilánimes. Pero esta inmersión profunda en los matices bizantinos de la ortodoxia del Partido Comunista de China (PCCh) puede servir para aclarar nuestra forma de pensar sobre dónde se encuentran las raíces de la actual rivalidad entre Estados Unidos y China, y hacia dónde se dirige.

El mandarín de carrera

La etapa de Rudd como primer ministro es recordada popularmente en Australia por sus intentos de humanizarse a través de jerga inventada. También hubo una ocasión en la que, en una conferencia internacional de líderes mundiales en Copenhague, exclamó: «¡Esos cabrones chinos están intentando jodernos!».

Pero para bien o para mal, el ex primer ministro es algo más que una colección de frases cuestionables.

Rudd se unió al Partido Laborista Australiano (ALP) en 1972, el año en que Gough Whitlam llegó al poder. En 1971, como líder de la oposición laborista, Whitlam había visitado Pekín, presionando para el reconocimiento diplomático de la República Popular China (RPC).

Rudd se benefició de la abolición de las tasas de matrícula por parte de Whitlam en 1974 y llegó a dominar el mandarín durante sus estudios en la elitista Universidad Nacional de Australia, en Canberra. Se trata de un indicador de estatus significativo: a día de hoy, menos de 130 australianos de origen no chino pueden hablar mandarín a un alto nivel de conversación. En 1985, las habilidades de Rudd, combinadas con sus conexiones con el ALP, le permitieron convertirse en primer secretario de la Embajada de Australia en Pekín.

Después de su puesto diplomático, Rudd asumió una serie de funciones político-burocráticas de alto nivel, antes de entrar él mismo en la política en 1998. En 2006, Rudd se convirtió en el líder de la oposición laborista, y su exitosa campaña electoral federal de 2007 puso fin al reinado de once años del primer ministro conservador John Howard en 2007. Un elemento central del impulso de Rudd fue su popular promesa de retirar las tropas australianas de Irak.

El mismo mes en que se convirtió en primer ministro, Rudd se reunió con el embajador de Estados Unidos y le aseguró que «no tenía los ojos puestos en China». A pesar de ello, la embajada de EE. UU. siguió advirtiendo a Washington por cable de una línea de política exterior cada vez más «independiente» bajo el nuevo líder. A mediados de 2009, los diplomáticos estadounidenses en Canberra estaban discutiendo el reemplazo de Rudd. En vísperas del giro hacia Asia de Barack Obama un año después, un grupo de políticos laboristas y fuentes conocidas de la embajada de EE. UU. llevaron a cabo un golpe interno del partido que vio a Rudd reemplazado por una figura más dócil, Julia Gillard.

Tras dimitir del Parlamento en 2013, Rudd asumió una serie de destacados cargos académicos y directivos en Estados Unidos. En 2022, fue nombrado embajador de Australia en Estados Unidos. A pesar de la actitud de desconfianza del establishment estadounidense hacia él, se le considera claramente una especie de mediador experto.

Un mundo feliz a plena vista

En su libro, Rudd intenta definir la ideología de Xi y trazar cómo ha influido en la política interior y exterior de China tras su ascenso al poder. Es importante destacar que Rudd sostiene que la ideología del PCCh no es un juego de salón de élite, un arma retórica, un medio pragmático de control o un marco analítico. O más bien, no es solo todas esas cosas. También, sostiene Rudd, se cree genuinamente.

Uno de los componentes básicos del marxismo del PCCh, afirma Rudd, es que clasifica el mundo en contradicciones primarias y secundarias. La reconciliación de estas contradicciones se convierte entonces en el centro de atención del aparato del PCCh, que cuenta con cien millones de miembros.

Tras el ascenso de Deng Xiaoping, el PCCh identificó la principal contradicción interna como la existente «entre las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo y el atraso del estado de la producción social». Deng dijo la famosa frase de que «la pobreza no es socialismo; el desarrollo es la dura verdad». Así que, bajo el liderazgo de Deng, el partido abrió la puerta al desarrollo social liberando las fuerzas del mercado, aunque bajo control estatal.

Todo esto cambió en 2017, en el XIX Congreso Nacional del PCCh, cuando Xi identificó una nueva contradicción principal oficial «entre el desarrollo desequilibrado e inadecuado y las necesidades cada vez mayores de la gente de una vida mejor». En otras palabras, Xi puso un nuevo énfasis en la disminución de la desigualdad de la riqueza. El programa de «prosperidad común» de Xi se hizo eco de Deng, pero añadió una segunda cláusula al lema de Deng: «La pobreza material no es socialismo, pero tampoco lo es el empobrecimiento cultural».

Más allá de esto, Rudd sostiene que otros dos imperativos clave ocupan un lugar destacado en el pensamiento de Xi. El primero es un imperativo externo para derrotar a Estados Unidos y sus aliados. El segundo es internacional, a saber, exportar el modelo de desarrollo de China al mundo como alternativa al orden internacional liberal-capitalista liderado por Estados Unidos.

Rudd afirma que hay tres componentes integrados en lo que él denomina el «nacionalismo marxista» de Xi. El primero mueve la política china hacia «la izquierda leninista». Con esto, Rudd quiere decir que las reformas de Xi han aumentado el poder del líder sobre el PCCh y han restaurado tanto la disciplina interna del partido como su control sobre el aparato estatal.

El segundo componente, según Rudd, ha llevado la economía china a «la izquierda marxista», que él define como la reafirmación del dominio de la planificación estatal sobre las fuerzas del mercado, específicamente mediante el ejercicio del poder de las enormes empresas estatales. El tercer componente del «nacionalismo marxista» de Xi ha desplazado la política exterior china hacia «la derecha nacionalista». En el análisis de Rudd, esto ha significado campañas de arriba hacia abajo que enfatizan la centralidad de la civilización china y el declive de Occidente.

Rudd sugiere que la década de crecimiento más lento de China se debe probablemente a los impactos de las políticas relacionadas con el «nacionalismo marxista» de Xi.

Pero, ¿qué significa todo esto para China y el mundo? Rudd hace algunas predicciones económicas cautelosas. Afirma que hablar del «pico de China» no tiene fundamento real, y más bien refleja los intentos de los que odian a China de hacer realidad sus deseos. Sin embargo, una década de crecimiento chino más lento es algo que está claro que va a ocurrir. Esto se debe en parte a cuestiones como el declive demográfico y la caída de la productividad, así como a la deuda en sectores clave, la reducción del comercio mundial debido a la geopolítica y el déficit de inversión de capital privado.

Pero Rudd sugiere que la década de crecimiento más lento de China también se debe probablemente a los impactos de las políticas relacionadas con el «nacionalismo marxista» de Xi. Entre ellas se incluyen una mayor planificación estatal, el uso de empresas estatales como futuros vehículos de tecnología e innovación, así como una mayor desconfianza hacia el sector privado y un impulso hacia el mercantilismo.

En el frente de la política exterior, Rudd predice una nueva carrera de inteligencia artificial y armas nucleares, así como una mayor disociación con Estados Unidos. Beijing también promoverá la dependencia europea del mercado chino y aumentará las asociaciones económicas entre China y el Sur Global para apuntalar el apoyo político. Esto implica el compromiso económico con ciertas naciones (Indonesia, Malasia) y el aislamiento de otras (Vietnam, Filipinas). Rudd también especula que China presionará para lograr la reunificación con Taiwán, posiblemente por la fuerza, antes de 2032, aunque señala que esto no es inevitable.

Es mercantilismo en la pista de baile

A lo largo del libro, Rudd establece una analogía entre la Iglesia católica y varios aspectos del PCCh. Por ejemplo, Rudd describe a un ideólogo del partido como «el equivalente del PCCh al Prefecto para la Doctrina de la Fe de la Iglesia católica». Estas comparaciones habituales son hilarantemente inútiles para el lector no versado en la historia y la teología católicas. Pero plantean una pregunta crucial: ¿está Rudd, al igual que los expertos sin experiencia que menosprecia al principio del libro, simplemente repelido por el dogmatismo institucional del PCCh?

No exactamente. Las preocupaciones de Rudd son en sí mismas bastante ideológicas, aunque disfraza su ortodoxia neoliberal como sentido común. Es útil recordar el mandato de Rudd como primer ministro durante la crisis financiera mundial, cuando el paquete de estímulo sin precedentes de China protegió a su socio comercial, Australia, de lo peor de la crisis. En ese momento, Rudd identificó dos desafíos a los que se enfrentaban los «socialdemócratas», incluido él mismo. El primero era «salvar al capitalismo de sí mismo» introduciendo una modesta regulación en los mercados abiertos. El segundo era «no tirar al bebé con el agua del baño», con lo que se refería a no sucumbir a las tentaciones del proteccionismo.

Para horror de Rudd, desde entonces muchos han sucumbido al canto de sirena del proteccionismo. Y Rudd culpa firmemente de esta ola proteccionista a la China de Xi, que, debido a su tamaño e integración en el mercado mundial, ha puesto en jaque la economía global establecida. Como opina Rudd, estas intervenciones no están impulsadas por la dinámica competitiva normal de la oferta y la demanda que determina el precio de acuerdo con la teoría económica liberal estándar. […] Estos poderes sin precedentes de monopolio y monopsón no solo están trastocando el funcionamiento normal de los mercados mundiales, sino que su impacto perturbador se ve agravado por la amenaza siempre presente de prohibiciones comerciales impulsadas por consideraciones políticas, no de mercado.

Esta crítica también se aplica, en opinión de Rudd, a la presidencia de Trump. El problema de Rudd con Trump no es simplemente que piense que es estúpido. Después de todo, una vez describió la demagogia de Trump como magistral. Más bien, la crítica de Rudd es que el populismo económico de Trump ha perturbado las instituciones multilaterales. Esto ha impedido la única oportunidad que le quedaba a Estados Unidos de mantener la hegemonía estratégica, que, según Rudd, consistía en «crear un mercado internacional cada vez más integrado a través de las fronteras nacionales de sus principales socios estratégicos norteamericanos, europeos y asiáticos».

En este contexto, Rudd pregunta a sus lectores estadounidenses: ¿qué país racional se volvería contra su mayor socio comercial, China, mientras jura lealtad a Estados Unidos sin obtener ningún beneficio económico?

¿Todo bajo el cielo o sobreacumulación?

Rudd confía en que la ideología está en el centro de lo que está sucediendo bajo Xi. Su premisa de sentido común es que el PCCh no invertiría tanto tiempo, dinero y energía en su aparato ideológico si esta ideología no se creyera en los niveles más altos.

Una posibilidad es que Rudd simplemente se equivoque en su valoración de que el PCCh está poblado por «verdaderos creyentes». Ese es sin duda el argumento de Cai Xia, exprofesora de la Escuela del Partido del PCCh y partidaria de Jiang Zemin que desertó a Estados Unidos en 2019.

Describe una capa superior de funcionarios del PCCh que son bastante ignorantes en cuestiones ideológicas. Por ejemplo, afirma que citó la famosa frase de Deng Xiaoping «la pobreza no es socialismo» en un programa de televisión, solo para que el jefe de la Administración Estatal de Radio, Cine y Televisión le gritara, ya que no reconoció la cita ni la idea.

Pero el argumento de Rudd puede sobrevivir a esta réplica porque en realidad no hace grandes afirmaciones sobre la causalidad ideológica. Argumenta que, si bien los «hechos sobre el terreno» podrían ser la principal causa del cambio de política en la República Popular China, el análisis de la ideología del PCCh sigue siendo útil porque permite a los extranjeros predecir el comportamiento futuro de China en la escena mundial.

Sea cual sea su opinión sobre las causas fundamentales del aumento de las tensiones imperiales entre China y el mundo liderado por Estados Unidos, la ideología del PCCh se ha abierto camino en el centro de atención mundial.

El problema es que si se da más importancia a la ideología que a los «hechos sobre el terreno», se tiende a cambiar las predicciones que siguen. Por ejemplo, Rudd considera que el intento de Xi de impulsar la demanda de los consumidores es «donde la lógica ideológica (es decir, la eliminación de la pobreza) y la lógica económica dominante (es decir, el aumento de la demanda privada) coinciden». Prevé que esto podría ayudar a evitar una mayor desaceleración de la economía china.

Compare esto con la opinión de Hung Ho-fung, descrita en su libro Clash of Empires (2022). Hung sostiene que si el PCCh fuera capaz de mitigar suficientemente la crisis de sobreacumulación y rentabilidad aumentando los ingresos y el consumo de los hogares, disminuiría la necesidad de China de exportar capital. A su vez, esto reduciría la necesidad de luchar contra Estados Unidos por las esferas de influencia. Hung sostiene que, aunque difícil, si un cambio como este tuviera lugar a una escala lo suficientemente grande, podría ayudar a evitar que una rivalidad intercapitalista se convierta en una guerra abierta.

Estas proyecciones tan divergentes sobre la misma política se deben a caracterizaciones contrastadas de la rivalidad entre Estados Unidos y China y sus imperativos subyacentes, así como a análisis diferentes del imperialismo en general. Está claro que muchas cosas dependen de estas cuestiones ideológicas.

¿La expansión de China en los mercados globales tiene sus raíces en «el ecléctico universo ético del marxismo modernizado y sinificado de Xi», como afirma Rudd, «cuyos valores, conceptos y lenguaje se extraerán cada vez más de una mezcla de fuentes comunistas, confucianas e incluso internacionales»?

¿O es el caso de que, como sostiene Hung, la recuperación ideológica del PCCh de los imperialistas Qing y los juristas de Weimar «no se debe a la preferencia personal de Xi Jinping, sino que es más bien el resultado de la larga crisis económica del país»?

Sea cual sea su opinión sobre las causas fundamentales del aumento de las tensiones imperiales entre China y el mundo liderado por Estados Unidos, la ideología del PCCh se ha abierto camino en el centro de atención mundial. Puede que sigan existiendo dudas sobre la utilidad política para un extraño de conocer a fondo el pensamiento de Xi Jinping.

Pero quizás sea mejor tener una idea aproximada que no tenerla en absoluto. Como suspira Rudd en su introducción: «Esto es algo a lo que todos vamos a tener que acostumbrarnos».

Chris Dite es profesor y miembro de un sindicato.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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