DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX CARLOS VALMASEDA
INDICE
1.Debacle alemana.(con una observación de Miguel Candel)
2. Despidos en la CIA. (con observaciones de Joaquín Miras y Miguel Candel)
3. Mejora de las relaciones EEUU-Bielorrusia.
4. Tooze sobre Vance.
5. Vance en Múnich.
6. La Liga de los Don Nadie.
7. EEUU contra Sudáfrica.
8. Campo de minas en Gaza.
1. Debacle alemana
Poch publica en su blog este artículo de un diputado alemán de BSW sobre la actual comedia de los horrores, más que de los errores, en la política alemana -y, podríamos decir, europea por extensión- atrapada en la lógica militarista contra Rusia.
https://rafaelpoch.com/2025/
Cataclismo europeo, debacle alemana
El 23 de febrero se celebran elecciones generales en Alemania. Ante la inminente derrota, los políticos y los medios de comunicación alemanes ocultan deliberadamente la verdad a los votantes. Los principales partidos alemanes continúan con su rígida política bélica y fingen creer en una victoria sobre Rusia. Es probable que Alemania vuelva a estar gobernada por políticos que apoyaron una guerra que mató a cientos de miles de personas y convirtió a Alemania en uno de sus principales perdedores.
Autor: Michael von der Schulenburg (*)
La torpe propaganda del nuevo militarismo alemán, sin miedo al ridículo: «El movimiento por la paz más fuerte de Alemania. Estar preparado lo es todo», dice el mensaje.
La guerra en Ucrania y sus consecuencias tendrán un impacto negativo duradero en el futuro político, de seguridad, económico y social de Alemania. Es la mayor guerra en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial; una guerra que nos ha acercado peligrosamente a una catástrofe nuclear en los últimos meses. Para Occidente esta guerra ya está perdida; Ucrania es su sacrificio de sangre y los países de la UE, sobre todo Alemania, son los perdedores. Los principales partidos alemanes, el SPD,la CDU/CSU, los Verdes y el FDP, así como los medios de comunicación establecidos del país, tienen una gran culpa de ello.
Sin embargo, las preguntas sobre sus responsabilidades en esta guerra se han silenciado misteriosamente durante la actual campaña electoral alemana. Del mismo modo, apenas se habla de los enormes esfuerzos de rearme del gobierno alemán y de sus intentos de hacer que Alemania esté «preparada para la guerra». No se dice nada sobre los peligros de desplegar potentes sistemas de misiles estadounidenses en suelo alemán. Los carteles electorales de los partidos establecidos no dicen nada al respecto. Los principales medios de comunicación guardan silencio sobre la desastrosa situación militar y política en Ucrania y permanecen igualmente mudos sobre el cambio fundamental en la política estadounidense sobre Ucrania desde que Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos. Es como si hubiera un esfuerzo deliberado para mantener a los votantes alemanes en la oscuridad sobre estas cuestiones tan controvertidas; cuestiones que podrían tener un gran impacto en su capacidad futura y en la de sus hijos para vivir en paz.
El declive alemán
Todo esto sucede en un momento en que la guerra en Ucrania ha alcanzado su fase final y decisiva -y probablemente también la más sangrienta-. Militarmente, es probable que el ejército ucraniano esté al borde del colapso, y es de temer que esto pueda provocar también un colapso político del país. Durante tres años, Alemania ha alimentado esta guerra como segundo mayor proveedor de armas. Y aún así, los principales partidos alemanes continúan con su rígida política bélica y fingen creer en una victoria sobre Rusia. Aparte de una ambigua conversación telefónica del canciller aleman con Putin, no han hecho ningún esfuerzo por encontrar una solución negociada. Ahora Alemania tendrá que pagar un alto precio por sus estrategias a favor de la guerra y en contra de la negociación.
Ni la UE ni Alemania, sino un presidente estadounidense y otro ruso negociarán un acuerdo de paz para poner fin a la guerra en Ucrania. Las negociaciones ya han comenzado, y se espera que Trump y Putin se reúnan en persona en pocas semanas. Esto ha sido posible gracias a un cambio significativo en las prioridades de la política exterior estadounidense bajo la presidencia de Trump. A diferencia de su predecesor, Biden, Trump ya no ve en Ucrania una baza geopolítica para Estados Unidos; su atención parece haberse desplazado más cerca de casa: a Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá. Por lo tanto, buscará una solución rápida a la guerra de Ucrania y estará dispuesto a complacer la mayoría de los intereses rusos, ignorando en gran medida los de Ucrania. No debemos hacernos ilusiones: ninguno de estos dos presidentes tendrá simpatía alguna por Zelensky, por la UE y, especialmente, por Alemania. ¿Por qué habrían de tenerla?
Zelensky es una fuerza agotada, mientras que la política alemana y de la UE sigue caracterizándose por su negativa a afrontar la realidad de una guerra perdida. ¿Y no han tratado las élites políticas alemanas a Putin y a Trump con una arrogancia moral que les es tan típica? Así pues, ni Alemania ni la UE tendrán voz ni voto en estas negociaciones. Esto es malo para la UE y malo para Alemania: esta guerra está teniendo lugar en suelo europeo, y las decisiones que tomen Trump y Putin tendrán graves consecuencias para el futuro tanto de Alemania como de Europa.
Una de esas consecuencias será que la UE, y sobre todo Alemania, tendrán que pagar los enormes costes de reconstruir Ucrania y mantener a flote un Gobierno ucraniano tambaleante. Si Ursula von der Leyen tuviera éxito en su desacertado deseo de acelerar el ingreso de Ucrania en la UE, el precio total podría ascender fácilmente a un billón de euros. Sigue siendo cuestionable si unas sumas tan astronómicas ayudarían a una Ucrania que se hunde y se despuebla, pero destrozaría la ya debilitada economía alemana y podría poner en peligro todo el proyecto de la UE. Además, Alemania seguiría teniendo bloqueado el acceso a las materias primas y los mercados de Oriente y Asia que serían tan importantes para la recuperación de su economía.
Tras un acuerdo de paz ruso-estadounidense, Rusia controlará toda la frontera desde el mar de Barents, en el norte, hasta el mar Negro, en el sur. Y el gobierno ni siquiera estaría en condiciones de cancelar la sanción económica autodestructiva de la UE. El camino de Alemania hacia un mayor declive económico, con todas sus consecuencias políticas, parece imparable.
Escapando a la fantasía del «preparados para la guerra”
Ante la inminente derrota en la guerra de Ucrania, el SPD, la CDU/CSU, los Verdes y el FDP, apoyados por gran parte de los medios de comunicación alemanes, parecen preferir esconderse de las duras realidades y escapar a la fantasía de que Putin va a atacar a la OTAN. Si Alemania no mejora masiva y rápidamente sus defensas, dicen, pronto estará marchando a través de la Puerta de Brandeburgo en Berlín. Tales afirmaciones, rayanas en la locura, se utilizan para distraer la atención de una guerra perdida y justificar el gasto de cientos de miles de millones de euros en un rearme alemán que podría convertir a Alemania, una vez más, en la mayor potencia militar de Europa, en fuerzas convencionales incluso mayores que Rusia. Todo esto se financiará inevitablemente en gran parte mediante una reducción de los servicios sociales.
Para justificar todo esto, los partidos políticos alemanes se aferran a su rusofobia y a las «narrativas» ideológico-moralistas de la necesidad de defender la democracia y la libertad. Pero esas justificaciones empiezan a agotarse. Mientras los políticos alemanes y sus partidarios en los medios de comunicación siguen culpando a Putin de una «guerra de agresión no provocada», Trump culpa a su predecesor Biden de la guerra y acusa a Zelensky de haber provocado el ataque ruso. Y mientras la narrativa alemana sigue siendo que Putin está impulsado por deseos imperialistas, Trump está diciendo lo que siempre hemos sabido: fue el empuje para la expansión de la OTAN en Ucrania, impulsado por los neoconservadores estadounidenses y continuado por Biden, lo que llevó a esta guerra. Trump ha ido aún más lejos y ha declarado que puede «incluso entender a Putin». En Alemania, ¡probablemente uno perdería su trabajo por decir eso!
El nuevo gobierno estadounidense no comparte nuestras fantasías sobre una inminente guerra rusa contra la OTAN. Ya el año pasado, los siete servicios de inteligencia estadounidenses declararon en un informe conjunto que se podía descartar con una alta probabilidad un ataque ruso contra un país de la OTAN.
¿Y ahora qué? Los políticos de la corriente dominante alemana, la mayoría de ellos leales a los transatlánticos hasta la médula, han perdido a su amo y señor, un hecho preocupante en víspera de las elecciones federales.
Por eso la guerra perdida en Ucrania, junto con los esfuerzos masivos de rearme de Alemania, se mantienen al margen de la campaña electoral nacional. Con todo el dinero que tienen esos partidos establecidos, esto ayudará a asegurar la reelección de un Merz y un Kiesewetter, un Scholz y un Pistorius, un Habeck y una Baerbock o incluso un Lindner y una Strack-Zimmerman; todos ellos políticos que mantienen una postura intransigente a favor de la guerra contra Rusia y que adoptan una actitud cada vez más agresiva hacia China. Según los sondeos de opinión, esto es lo que va a ocurrir. Por tanto, es probable que Alemania vuelva a estar gobernada por políticos que apoyaron una guerra que mató a cientos de miles de personas y convirtió a Alemania en uno de sus principales perdedores. En otras palabras, Alemania seguirá teniendo un gobierno incapaz de adaptarse a un mundo cambiante a su alrededor. Ahora también estará cada vez más en desacuerdo con el nuevo gobierno estadounidense. Será incapaz de limar asperezas con Rusia y China o de entablar relaciones con la cada vez más importante asociación de países BRICS. Por lo tanto, es probable que Alemania se hunda aún más en el aislamiento mundial, una perspectiva terrible para una nación que depende del comercio internacional para su bienestar económico.
Al mismo tiempo, el apoyo acrítico de los principales medios de comunicación a los partidos establecidos empuja a los votantes decepcionados a los brazos de la derechista AfD. Esto podría dividir aún más a la sociedad alemana y hacer que el futuro de Alemania sea aún más impredecible. Aparte de las preocupaciones por su ala nacionalista radical, la AfD quiere superar a los demás partidos exigiendo a Alemania que destine un asombroso 5% del PIB al rearme; algo que sólo podría financiarse con una política económica neoliberal, más deudas gigantescas y recortes sociales masivos. Y su coqueteo con los oligarcas estadounidenses ciertamente tampoco servirá de nada.
El precio de la política ideológico-moralista y pro-guerra de los políticos alemanes, de Merz a Weidel y de Scholz a Habeck, lo pagarán sobre todo los pensionistas y las rentas bajas, los obreros y empleados, las familias y los niños, así como las pequeñas y medianas industrias. Las grandes empresas y los ricos simplemente están trasladando sus negocios al extranjero; Estados Unidos ya ha creado los incentivos necesarios para ellos.
La política alemana debe romper con su pasado
Si queremos salvar lo que aún puede salvarse, Alemania necesita un giro definitivo en todos los ámbitos de su política. Debe encontrar el camino de vuelta a una política de paz y formular por fin sus propios intereses y actuar en consecuencia. Para ello, debe volver a entenderse con sus vecinos del Este; debe construir una relación de confianza con Rusia y China y entablar relaciones comerciales con ellos. Para los Estados miembros de la UE, los países BRICS son socios cada vez más importantes, no sólo desde el punto de vista estructural y económico, sino también político. Existe la oportunidad de crear una nueva constelación geopolítica a través de la cual estas dos comunidades de Estados puedan trabajar por un orden mundial más pacífico y multipolar, basado en la Carta de las Naciones Unidas y sin alianzas militares. Al mismo tiempo, debemos mantener la paz interna haciendo de la justicia social el objetivo más importante de nuestras políticas. El rearme y el comercio de armas, las intervenciones militares o el despliegue de misiles estadounidenses de medio alcance en suelo alemán no ayudarán en absoluto.
Necesitamos urgentemente un nuevo comienzo radical. Para ello, necesitamos políticos que siempre hayan defendido la paz y la justicia social. Las elecciones federales serían una oportunidad para empezar. Deberíamos pensar muy bien a quién votamos el 23 de febrero.
(*) Michael von der Schulenburg, trabajó durante 34 años para las Naciones Unidas y brevemente para la OSCE en puestos de responsabilidad en misiones de desarrollo y paz en muchas regiones en crisis del mundo, como Afganistán, Irán, Irak, Pakistán, Haití, Somalia, Siria y Sierra Leona. Actualmente es diputado al Parlamento Europeo por la Bündnis Sahra Wagenknecht.
(Publicado en: Michael von der Schulenburg – Ukraine war and massive rearmament efforts are hidden from German national elections – Brave New Europe)
Observación de Miguel Candel:
Espléndido artículo de Schulenburg (que acaso tenga que ver con la familia del último embajador de Alemania ante la URSS antes de la invasión alemana, Friedrich-Werner Graf von der Schulenburg, aristócrata antinazi ejecutado por los nazis por formar parte de la «Orquesta Roja», la más famosa red de espionaje soviética durante la SGM).
En cuanto al patético cartel de propaganda militarista, sugiero a quien vaya uno de estos días a Alemania (yo aún tardaré unos meses) que se divierta borrando la R final de Bundeswehr, con lo que «Ejército federal» se convertiría en «¡Ay! federal»
2. Despidos en la CIA
Entre los habituales, faltaba la opinión de Bhadrakumar sobre las nuevas relaciones entre EEUU y Rusia.
https://www.indianpunchline.
Publicado el 16 de febrero de 2025 por M. K. BHADRAKUMAR
Se respira aire de primavera en las relaciones entre EE. UU. y Rusia a medida que la revolución de Trump cobra impulso
Lo que se desprende de los dramáticos acontecimientos de la semana pasada es que la crónica de tres años de rivalidad entre Estados Unidos y Rusia y la guerra subsidiaria de la OTAN en Ucrania fue una crisis diseñada con gran deliberación por el nexo angloamericano según una agenda perniciosa concebida por los liberales neoconservadores casados con el globalismo instalados en el establishment de Washington y Londres para infligir una derrota estratégica a Rusia.
En menos de un mes desde que el presidente Donald Trump regresó al Despacho Oval, en una serie de audaces movimientos, comenzó a desmantelar el Muro de Hierro que descendió sobre Europa Central. Su impacto ya es visible, ya que los canales de comunicación con Moscú se han abierto de par en par, como lo demuestra la llamada del nuevo secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, a su homólogo ruso, Sergey Lavrov, el sábado, y su acuerdo de reunirse a nivel de delegación en Arabia Saudí la próxima semana.
La administración Trump permitirá la reanudación de la actividad diplomática normal, así como la discusión sobre la devolución anticipada de las propiedades diplomáticas incautadas unilateralmente por las administraciones Obama-Biden en actos desenfrenados de malicia y arrogancia sin motivo, en violación de los acuerdos de Viena. ¡Confíe en que Rusia corresponderá!
La importancia de las lecturas en Moscú y Washington, aquí y aquí, sobre la conversación telefónica entre Rubio y Lavrov es el acuerdo mutuo entre los dos líderes, Trump y el presidente ruso Vladimir Putin, para que los intercambios interactivos entre Estados Unidos y Rusia a varios niveles se lleven a cabo con el fin de mejorar las relaciones bilaterales, así como «sobre cuestiones internacionales clave, incluida la situación en Ucrania, los acontecimientos en Palestina y Oriente Medio en general, así como otros asuntos regionales».
Además, un equipo designado por la Casa Blanca, compuesto por Rubio, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos Mike Waltz y el enviado del presidente para Oriente Medio (que también trabaja en cuestiones entre Ucrania y Rusia) Steve Witkoff, se reunirá con un equipo ruso dirigido por Lavrov esta misma semana. La inclusión de Witkoff, un negociador agresivo y «orientado a los resultados» y viejo amigo de Trump, es particularmente interesante. Witkoff voló a Moscú para una visita en solitario no anunciada la semana pasada, que parece haber sido productiva.
Claramente, Trump ha aprendido lecciones de este primer mandato y está decidido a no ser castrado de nuevo en el «pantano» de Washington. Aquí es donde entra Witkoff.
El enfoque y el estilo político de Trump son absolutamente fascinantes. Trump empezó a cambiar de marcha en cuanto logró reunir un equipo de personas afines que son «leales» para dirigir el Departamento de Justicia, el Pentágono, el Tesoro, etc., y, lo que es más importante, para regenerar con fuerza la autoridad del fiscal general y la agencia nacional de inteligencia para servir a su agenda.
Así pues, en última instancia, es irrelevante que su administración esté repleta de figuras proisraelíes o que tenga una pizca de intransigentes con China. Porque es Trump quien lleva la voz cantante. Podrían producirse sorpresas en los giros y cambios de política.
Esto ya debería estar provocando noches de insomnio al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a quien Trump ha sensibilizado a propósito de su intención de mejorar las relaciones con Irán. En mi opinión, es posible que Trump ni siquiera lleve a cabo su dramático anuncio de «tomar el control» de Gaza, entre otros.
El patrón que aparece con respecto a las relaciones con Rusia es que Trump se pone al mismo nivel que Putin primero y transmite las decisiones al Departamento de Estado y a otras agencias para que las sigan. Del mismo modo, el mecanismo de las cumbres se está reactivando como locomotora de las relaciones entre grandes potencias. Ya se habla de que Trump mantenga reuniones cumbre con Putin en Arabia Saudí y con Xi Jinping. Es probable que Trump busque un acuerdo con el presidente chino Xi Jinping en algún momento.
Tal enfoque requiere reducir el papel y la influencia del Estado profundo que había estrangulado la presidencia de Trump durante el período 2016-2020. El desafío al que se enfrenta Trump es formidable, dado el nexo entre el Partido Demócrata y el Estado profundo, y el potencial de daño de los principales medios de comunicación que están en gran medida bajo su control y son hostiles hacia Trump.
En un caso flagrante esta semana, el Wall Street Journal tergiversó deliberadamente ciertos comentarios del vicepresidente JD Vance para viciar el aire en el incipiente tango entre Estados Unidos y Rusia. Según la historia, Vance supuestamente declaró que Estados Unidos podría usar la influencia económica y militar contra Rusia, y la opción de enviar al ejército estadounidense a Ucrania «sigue bajo consideración» en caso de que Moscú se niegue a resolver el conflicto de buena fe. Moscú pidió inmediatamente una aclaración y el propio Vance tuvo que emitir una refutación para dejar las cosas claras.
Vance escribió en X: «El hecho de que el WSJ haya tergiversado mis palabras de la forma en que lo hizo para esta historia es absurdo, pero no sorprendente teniendo en cuenta que han pasado años presionando para que más hijos e hijas estadounidenses en uniforme sean desplegados innecesariamente en el extranjero».
Trump ha expresado en repetidas ocasiones su desconfianza hacia las agencias de inteligencia estadounidenses. Según la CNN, todos los empleados (aproximadamente 22.000 personas) de la CIA han recibido cartas en las que se les ofrecen dos opciones: continuar su servicio sin garantías de retención de empleo en el futuro o marcharse bajo el llamado programa de despido diferido a petición propia, conservando el salario y otras preferencias hasta finales de septiembre.
Curiosamente, en el interior de estas cartas se cosía un código que rastrea el reenvío de la carta por parte del destinatario, como garantía contra las filtraciones, que era la práctica utilizada al despedir a los empleados de la antigua Twitter tras su adquisición por el multimillonario Elon Musk, que ahora se considera uno de los asesores más cercanos de Trump y dirige el cuasidepartamento de Eficiencia Gubernamental que supervisa la reducción del gobierno federal.
De nuevo, la disolución de USAID, que tradicionalmente trabajaba como el «Equipo B» de la CIA para promover revoluciones de color y cambios de régimen, etc., también puede verse a la luz. Según Vladimir Vasiliev, investigador jefe del Instituto de Estados Unidos y Canadá de la Academia de Ciencias de Rusia, que estudia de cerca este tema, Trump ha declarado la guerra a la CIA, a la que culpa de su derrota electoral en 2020.
Vasiliev estima que, hasta ahora, la lucha contra el Estado profundo en la inteligencia exterior e interior avanza de manera constante, pero ahora se «acelerará» con la confirmación de la excongresista Tulsi Gabbard para el puesto de jefa de inteligencia nacional y de Kash Patel para el puesto de director del FBI.
Por otro lado, el rumor de Delhi, que está dominado por compañeros de viaje del difunto régimen de Biden, es que el Estado Profundo acabará riéndose el último y es posible que ni siquiera se permita a Trump completar su mandato de 4 años. Pero en mi opinión, eso es una ilusión.
No se debe subestimar la determinación de Trump. Ni los recursos y herramientas a su disposición para contrarrestar el desorden dentro del Partido Demócrata, que tradicionalmente proporcionaba la cobertura política necesaria para el Estado Profundo.
Es posible que haya un método en los movimientos provocativos de Trump, con la ayuda de Elon Musk y Steve Bannon, para agitar la política europea, incluyendo Alemania y Gran Bretaña, que constituyen la cúspide del euroatlantismo en el continente, lo que sirve para evitar la unión de camarillas liberal-globalistas dentro del sistema transatlántico.
Patel ha insinuado que se dispone de pruebas incriminatorias suficientes de abuso de poder para condenar a la Vieja Guardia hasta el propio Biden. Trump no puede ignorar la gran importancia de prevenir una reacción demócrata. Los jueces federales de los estados gobernados por los demócratas están desafiando abiertamente los métodos de Trump. Basta decir que la credibilidad de Trump para atrapar a la Vieja Guardia en una telaraña de litigios prolongados cambiará las reglas del juego.
La última encuesta muestra que Trump goza de un apoyo altísimo, del 77 %, para limpiar el pantano. La óptica de esta cruzada va a tener enormes consecuencias en la capacidad de Trump para impulsar su programa de política interior y exterior.
Observación de Joaquín Miras:
No tenemos información, pero a los hechos podemos remitirnos: estamos ante una confrontación sin cuartel entre el Globalismo -Soros, Biden-demócratas PD, elites europeas- y los sectores del capital imperial que lo perciben como acabado y catastrófico, a comenzar porque arruina. Nunca se me hubiera ocurrido pensar que, dentro de las filas capitalistas, se vivieran situaciones de… «doble poder», donde los aparatos de estado deben ser liquidados antes de que te liquiden. Eso era cosa de las situaciones clásicas revolucionarias… En fin.
Observación de Miguel Candel:
Así es. Cautivo y desarmado el ejército rojo, falangistas y monárquicos, perdón, globalistas y populistas de derechas (los primeros también lo son, pero disimulan y engañan) se disputan el poder. Guatemala y Guatepeor. ¿Cuál es cuál?. Para mí Guatepeor son los globalistas, de modo que «virgencita, que se imponga Guatemala», que mientras hay vida hay esperanza.
3. Mejora de las relaciones EEUU-Bielorrusia
El acercamiento de EEUU a Rusia tiene también repercusiones en la vecina Bielorrusia. Lo que, a su vez, podría ir en detrimento de Polonia, según el análisis de Korybko.
https://korybko.substack.com/
Polonia quedará abandonada a su suerte si EE. UU. arregla sus problemas con Bielorrusia
Andrew Korybko 17 de febrero de 2025
Lo mejor sería adelantarse a EE. UU. en lugar de aceptar lo que este acuerde con respecto a Rusia o Bielorrusia, pero ninguna de las dos mitades de su duopolio gobernante tiene ese interés.
El New York Times informó el sábado que un reciente viaje a Minsk del subsecretario de Estado adjunto como parte del último intercambio de prisioneros entre Rusia y Estados Unidos podría preceder a un acercamiento entre Bielorrusia y Estados Unidos. Según sus fuentes, ese funcionario dijo a los diplomáticos occidentales que están estudiando un «gran acuerdo» por el que Lukashenko «liberaría a un montón de presos políticos» a cambio de que Estados Unidos relajara las sanciones a sus bancos y exportaciones de potasa, lo que podría ir de la mano con la última diplomacia de Estados Unidos con Rusia.
Citaron a un familiar de una de las figuras encarceladas más destacadas que sugirió que este acuerdo podría «aflojar la dependencia de Bielorrusia de Rusia y preservar cierta influencia para EE. UU. y la UE». Extrapolando sobre ese potencial imperativo, se podría hacer otro intento para incentivar a Lukashenko a desviarse hacia Occidente como lo hizo antes de la fallida Revolución de Color del verano de 2020, lo que podría presionar a Rusia para que sea más flexible hacia cualquier compromiso sobre Ucrania si muerde el anzuelo.
Sin embargo, cualquier mejora de las relaciones entre Bielorrusia y Estados Unidos, independientemente de su motivo, dejaría en la estacada a la vecina Polonia, ya que ha estado al frente de esta operación de cambio de régimen occidental contra Lukashenko. Posteriormente, se podría decir que respondió a esta agresión de guerra híbrida sin provocación haciendo, como mínimo, la vista gorda ante los inmigrantes ilegales, civilizacionalmente diferentes, que invaden Polonia desde el otro lado de su frontera común. Desde entonces, las tensiones han ido en aumento hasta alcanzar su punto más bajo. Aquí tiene cinco informes de antecedentes:
* 13 de mayo de 2024: «La fortificación de las fronteras de Polonia no tiene nada que ver con la percepción de amenazas legítimas».
* 2 de junio de 2024: «Polonia puede defenderse de la invasión de inmigrantes ilegales sin agravar las tensiones con Rusia».
* 19 de julio de 2024: «¿Por qué rechazó Polonia la propuesta de Bielorrusia para resolver sus problemas fronterizos?».
* 26 de noviembre de 2024: «La próxima provocación antirrusa de Occidente podría ser desestabilizar e invadir Bielorrusia».
* 30 de enero de 2025: «Polonia no enviará tropas a Bielorrusia ni a Ucrania sin la aprobación de Trump».
Aunque el nuevo secretario de Defensa, Pete Hegseth, elogió a Polonia como «el aliado modelo en el continente» durante su primera visita bilateral europea, Trump 2.0 está anteponiendo los intereses estadounidenses, no los de un solo socio o grupo de socios como la OTAN. Esto se está traduciendo en dar prioridad a un acuerdo de paz con Rusia sobre Ucrania que podría, como mínimo, facilitar el «vuelco (hacia) Asia» de EE. UU. para contener a China con más fuerza y, como máximo, construir un «nuevo orden mundial» con ella. Aquí hay tres informes al respecto:
* 13 de febrero de 2025: «Esto es lo que viene después de que Putin y Trump acaben de acordar iniciar conversaciones de paz»
* 14 de febrero de 2025: «¿Por qué podría Rusia reparar sus lazos con Occidente y cómo podría esto remodelar su política exterior?»
* 15 de febrero de 2025: «El discurso de Vance en Múnich reivindicó la predicción de Putin del verano de 2022 sobre el cambio político en Europa»
El primer escenario podría dar lugar a un rápido alto el fuego o armisticio, mientras que el segundo podría hacer que Rusia y EE. UU. unieran sus fuerzas, ya sea en general o caso por caso, para apoyar una revolución populista-nacionalista global destinada a llevar al poder a figuras y movimientos que compartan su visión del mundo. El ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radek Sikorski, ya insinuó el mes pasado que Estados Unidos podría interferir en las elecciones presidenciales de mayo a través de Musk personalmente y de su plataforma X en general, como se analizó aquí.
El partido de la oposición Ley y Justicia (PiS) es más conservador socialmente y proestadounidense que los gobernantes liberal-globalistas de Plataforma Cívica (PO), que se alinean mucho más con Alemania, pero que no son antiamericanos en absoluto. El PiS estuvo en el poder de 2015 a 2023, lo que los hace responsables tanto de la fallida Revolución de Colores de verano de 2020 en Bielorrusia como del continuo apoyo de Polonia a los militantes antigubernamentales después, así como de ayudar al Reino Unido a sabotear las conversaciones de paz ruso-ucranianas de la primavera de 2022.
La relación de todo esto con las elecciones presidenciales de mayo es que ni el reemplazo del presidente saliente Andrzej Duda por su compañero del PiS Karol Nawrocki ni el miembro del PO Rafal Trzaskowski marcarán ninguna diferencia en términos de las relaciones entre Polonia y Bielorrusia, ya que cada uno de ellos practica prácticamente la misma política. La única diferencia es que mantener al PiS en la presidencia en medio del mandato del líder del PO, Donald Tusk, como primer ministro (Polonia tiene un extraño acuerdo de gobierno en este momento) evitará que este último cambie la sociedad.
Sin embargo, no se espera que ninguno de los resultados electorales haga que Polonia se adelante a EE. UU. al arreglar sus problemas con Bielorrusia antes que EE. UU., lo que objetivamente sería el mejor curso de acción. Por lo tanto, es probable que Polonia se vea obligada a aceptar lo que EE. UU. acuerde con respecto a Rusia o Bielorrusia en lugar de dar forma a las circunstancias en la dirección de sus intereses nacionales, como priorizar un acercamiento con Bielorrusia o Rusia para adelantarse a EE. UU. y la UE en este sentido.
Lo que esto significa en la práctica es que Polonia seguirá estando excluida de los acontecimientos regionales clave, al igual que antes fue excluida de la Cumbre de Berlín del otoño pasado entre los líderes alemanes, estadounidenses, británicos y franceses. Los sueños de su duopolio gobernante de restaurar la gloria geopolítica perdida de Polonia mediante la creación de una esfera de influencia regional seguirán siendo, en consecuencia, nada más que delirios de grandeza imposibles debido a su falta de visión y lealtad a los intereses de sus patrocinadores extranjeros.
4. Tooze sobre Vance
También Tooze ha querido opinar en su blog sobre el reciente discurso de Vance en Alemania y, más en general, sobre el contenido de la estrategia populista trumpiana.
https://adamtooze.substack.
Libro de gráficos 353 Cómo Múnich se volvió MAGA, o Vance, una mierda y el furor europeo.
Adam Tooze 16 de febrero de 2025
MAGA está lleno de mierda. Si aún no lo sabe, es que no ha estado prestando atención. Dicen y hacen cosas estúpidas que apuntan a una estrategia populista nacionalista de forma vacilante. Pero la mayoría de sus declaraciones son una ensalada de palabras incoherentes disfrazadas de política. Esto no significa que la gente del proyecto 2025 no sea peligrosa. Lo es. También Musk. Pero los líderes políticos están jugando a un juego diferente, principalmente en torno a las vibraciones derechistas, nacionalistas y racistas.
La semana pasada, Europa recibió una dosis de MAGA en la Conferencia de Seguridad de Múnich, la reunión anual de la élite atlantista de la política de seguridad. El hecho de que el discurso del vicepresidente J. D. Vance supusiera una gran sorpresa es una señal de lo ciegamente que ha estado la clase política europea, y en particular la alemana. https://youtu.be/pCOsgfINdKg
Como informó el Financial Times, un funcionario europeo en Múnich comentó sobre Estados Unidos: «No son un adversario, pero por lo que hemos oído hoy deberíamos pensar en Estados Unidos como un país extranjero»….
hmmm … ¡sí! … ¿ha estado realmente en Estados Unidos recientemente?
J. D. Vance es más coherente que su jefe y más encantador. Pero en su pensamiento y discurso también, la relación entre cualquier problema real en el mundo y las políticas que se dirigen teóricamente a ese problema, ya sean aranceles, el valor del dólar, la reducción de la burocracia gubernamental, las deportaciones masivas y los aranceles, es oblicua. Lo principal no es en realidad ajustar la política al propósito, sino realizar la función política elemental de trazar líneas, de provocar antagonismo, de descubrir quién es amigo y quién es enemigo.
Vance no es tonto, ni tampoco sus redactores de discursos, así que adoptaron una postura inteligente de debate para agitar la conferencia de Múnich. No hablen de seguridad. No hablen de amenazas reales. Hablen de «lo que es» lo que estamos defendiendo y atáquenlos con la «democracia», el fetiche de la alianza atlantista, luego introduzcan una cuña o dos de MAGA, enciendan la mecha, retrocedan y vean los fuegos artificiales. Es un enfoque que adoptaría cualquier equipo inteligente de la facultad de derecho con un poco de relaciones internacionales en su haber. Que esto fuera suficiente para hacer estallar Múnich y provocar comparaciones con el discurso mucho más pesado de Putin en 2007, es una señal de los tiempos.
El hecho es que la comprensión de los valores y la política de la administración Trump diverge tanto de la de los europeos centristas que a los análogos de Vance en Alemania, el AfD, se les prohíbe la entrada a lugares como la Conferencia de Seguridad de Múnich y se erigen cortafuegos parlamentarios contra ellos. Vance es un provocador que no siente más que desprecio por la cultura política europea. No es de extrañar que prefiriera reunirse con Alice Weidel, de la AfD, recientemente respaldada por Elon Musk, en lugar de tener un encuentro monótono y sin sentido con Olaf Scholz, el canciller alemán en funciones que probablemente quedará en un lejano tercer puesto en las elecciones del 23 de febrero.
Vance evocó el término «enemigo interno». Sus críticas iban dirigidas contra los liberales, pero lo que realmente estaba diciendo era que, en términos de la opinión europea dominante, él y la administración Trump son ese enemigo. Y, sin embargo, son, en términos de la constitución estadounidense, democráticamente legítimos. Tienen un mandato. El sistema de mayoría simple hace que sea un mandato más claro del que ha disfrutado ningún político alemán desde Adenauer en su apogeo.
Además, como todos en el MSC saben muy bien, este «país extranjero», EE. UU., es el proveedor de seguridad de Europa y, a pesar de las señales de advertencia de la última década, Europa ha hecho muy poco para ganar independencia.
El resultado es un dilema que Vance explotó alegremente.
La élite europea representada en el MSC puede aferrarse a sus cortafuegos. Pueden seguir excluyendo a la AfD. Pueden aferrarse a la concepción de lo que Alemania llama wehrhafte Demokratie, una democracia que no teme excluir y reprimir a lo que las fuerzas políticas dominantes etiquetan como enemigos de la democracia, pero en ese caso tendrán que lidiar con sus diferencias con la administración Trump. Esto pondrá a la alianza occidental bajo una enorme presión.
Si Vance hubiera estado dispuesto a respetar la frontera entre la política nacional y la internacional que define convencionalmente las relaciones internacionales, entonces estas tensiones podrían no haber sido tan explosivas. ¿Tenía que hablar de democracia? ¿De los activistas británicos antiaborto y las elecciones rumanas, de las maniobras para marginar a la AfD? Tales temas, se podría decir, no pertenecen a la esfera de las relaciones internacionales y la diplomacia.
Pero el objetivo de Vance es provocar y esa frontera entre la política nacional y la internacional es algo que los europeos y los estadounidenses han estado encantados de difuminar. Nadie estaba más dispuesto a hacerlo que los archiatlanticistas de la administración Biden: recuerde la Cumbre de las Democracias y su extraña lista de invitados. La OTAN es el modelo de este tipo de alianza basada en valores. Siempre ha afirmado estar fundada en un nivel más profundo de acuerdo sobre los valores democráticos. Por lo tanto, las cuestiones de democracia y libertad de expresión no pueden descartarse simplemente.
Las cosas serían más fáciles si Vance se hubiera desentendido de las diferencias políticas y se hubiera centrado en cuestiones «triviales» de gasto militar. Pero en uno de los pasajes sutilmente impactantes del discurso de Múnich, dejó de lado los asuntos de gasto en defensa.
En su lugar, fue a por la yugular. Lo que Vance anunció efectivamente es que los estadounidenses de derechas, a los que representa, no están dispuestos a pagar por la defensa europea si los europeos centristas censuran y excluyen opiniones nacionalistas y conservadoras como la suya. Afirma que la derecha estadounidense contribuirá a la defensa europea si las élites europeas adoptan su definición de democracia y libertad de expresión, abandonan sus cortafuegos y abren las compuertas al populismo de derechas. Pero uno puede dudar de su buena fe. La visión con la que Vance (y Musk) han aterrorizado a las élites europeas es la posibilidad de que las fuerzas de derecha en EE. UU. respalden una marea de políticas al estilo MAGA que arrasen no solo países concretos como Italia o Hungría, sino toda Europa.
La vergüenza de Vance en Múnich es que dejó claro que si quiere pulir sus credenciales democráticas, es posible que tenga que hablar de política. Es posible que tenga que hablar de ganadores y perdedores. Y es posible que tenga que tener en cuenta quién o qué ganó las elecciones estadounidenses de noviembre de 2024.
Así que esto es serio… ¿verdad?
Por supuesto que lo es. El Financial Times concluyó su informe sobre Alemania y el discurso de Vance con unas líneas de Robert Habeck:
Robert Habeck, el vicecanciller verde de Alemania, dijo que el discurso fue un «punto de inflexión» en la relación entre Europa y Estados Unidos. El gobierno estadounidense se había «puesto retórica y políticamente del lado de los autócratas», dijo. Durante el fin de semana en Múnich, «la comunidad occidental de valores se disolvió aquí».
Pero aléjese un minuto del alboroto y recuerde dos puntos:
N.º 1: La brecha transatlántica no es nueva. Podría decirse que se remonta a hace veinte años, a 2003 y a Irak, y sin duda a Trump 1.0. Si no lo sabe, es que no ha estado prestando atención.
Y n.º 2: Un valor que MAGA ha olvidado es que el discurso político sobre asuntos serios tiene que tener sentido.
Recuerden: MAGA está, sobre todo, lleno de ****.
¿Qué dijo realmente Vance, después de todo?
La única propuesta política concreta que ofreció Vance fue sobre inmigración. Quiere restricciones más estrictas a la migración y un giro integral hacia la islamofobia. Afirma que los políticos europeos no están escuchando a sus electorados sobre este tema. Que tienen miedo y están levantando cortafuegos contra la democracia.
¿Qué mundo es este que imagina Vance? La Europa multicultural liberal que evoca Vance es un hombre de paja. En toda Europa, hay un vergonzoso retroceso hacia la xenofobia, el racismo y la exclusión. Lejos de ser silenciado, el populismo complaciente está de moda. Como es típico de MAGA, Vance está derribando una puerta abierta de par en par. Hace hincapié en las mayorías. Y es obviamente crucial. Pero, ¿qué vemos? Una búsqueda sucia y bastante desesperada de mayorías xenófobas precisamente en la línea que sugiere Vance. Y la cuestión es que realmente no funciona. En lugar de que haya una marea de opinión pública contenida por obstinadas élites liberales, el electorado europeo está sensatamente dividido sobre la inmigración como un tema complejo y tenso.
Fuente: ECFR
Para los amigos de Vance en la extrema derecha, la inmigración es el tema primordial. Pero no son mayoría. En Alemania, hablar de una crisis de inmigración es particularmente vociferante, pero, incluso allí, es el tema número uno para apenas un tercio del electorado.
Esto se refleja en las encuestas y elecciones que, en este momento, otorgan el 21 por ciento al odioso AfD. Junto con la CDU bajo Friedrich Merz, que recientemente ha intentado derribar el muro, apenas alcanzarían una mayoría del 50 por ciento. En la cruda democracia estadounidense de mayoría simple, eso podría darle un mandato. En el sistema de representación proporcional cuidadosamente equilibrado de la República Federal, probablemente no.
La idea de que existe una mayoría enorme y silenciosa que exige medidas draconianas contra la «crisis migratoria» no es una realidad política clara, sino un producto de la mierda de MAGA, tanto en EE. UU. como en Europa.
Y ese fue el único gran punto de Vance.
Sus otros puntos de discusión fueron fatuos. Las elecciones rumanas son un desastre, pero ¿espera seriamente que las relaciones entre Estados Unidos y Europa dependan de eso? Como muchos derechistas estadounidenses, quiere restringir los derechos reproductivos. Pero, ¿espera seriamente que la política del aborto se convierta en un tema importante en Europa, y mucho menos en las relaciones internacionales? Los golpes contra el Reino Unido fueron frases hechas para el consumo interno, para ser recicladas en Fox News en el momento adecuado.
El AfD, al que Vance, Musk y otros exigen más espacio, es completamente detestable y está estrechamente alineado con Trump, pero no es una organización política formidable ni una herramienta para ejercer el poder estatal. ¿Qué área concreta de la política cree Vance que se abordará mejor si el AfD tiene más voz en el Bundestag alemán?
Durante el apogeo de la Guerra Fría, entre 1945 y la década de 1970, los grandes bloques de poder político de las empresas y los sindicatos, la socialdemocracia y la democracia cristiana maniobraron a través del Atlántico para dar forma tanto a la democracia de Europa Occidental como al orden de seguridad de la OTAN. Su objetivo común, a ambos lados del Atlántico, era excluir a los comunistas y contener también a las fuerzas fascistas de extrema derecha, aunque en mucha menor medida, sobre todo si eran útiles en la lucha anticomunista. Para lograr sus objetivos estratégicos, no solo se dedicaron a las maniobras políticas y a las guerras culturales, sino también a estrategias sostenidas de cambio socioeconómico. Era una lucha por la hegemonía.
Esta no es nuestra realidad hoy en día.
A ambos lados del Atlántico, la forma de las fuerzas de clase y los movimientos democráticos en conflicto es mucho más opaca y oscura. Frente a la debilidad de la política estadounidense y la parálisis de Alemania, parece inevitable una narrativa declinista. Adenauer y Eisenhower eran de un calibre diferente. De hecho, Dios nos ayude, Reagan, Bush y Kohl también lo eran. El hecho de que la «élite» de Múnich se molestara tanto por el discurso de Vance es una señal de lo atenuada que se ha vuelto la clase política.
En parte, las líneas entre amigo y enemigo se han vuelto borrosas. El islam radical, la Rusia de Putin y la China liderada por el PCCh se han movilizado como «la» amenaza externa. Ninguna ha servido del todo como lo hizo la Unión Soviética.
Pero todo esto ha sido evidente durante una década. Y la respuesta es clara.
Si Europa quiere ser capaz de desestimar las payasadas inmaduras de Vance y compañía como debería, necesita ser capaz de proveer su propia seguridad. Los europeos tendrán que pagar y organizar su propia defensa y afrontar las consecuencias políticas, diplomáticas, financieras y sociales que ello conlleva. Esto supondrá un gasto adicional, mucha política industrial y, sobre todo, un esfuerzo serio para forjar una fuerza y una política de seguridad común europea. Queda por ver si Washington acogería con agrado una capacidad militar europea verdaderamente independiente. Su opción preferida serían, sin duda, grandes ejércitos europeos, armados hasta los dientes con armas estadounidenses y firmemente bajo la estructura de mando de la OTAN.
El hecho de que Europa no se enfrente a estas preguntas obvias es, de hecho, un profundo fracaso de la democracia. Es un caso desalentador de «selbstverschuldete Unmündigkeit» (Kant), inmadurez autoimpuesta. El precio que se paga es que hay que tomarse en serio las tonterías de MAGA y sus consecuencias muy reales.
5. Vance en Múnich
Fazi ha publicado en Unherd este análisis sobre el discurso de Vance en Munich al que, por cierto, ha respondido el propio Vance en Twitter: https://x.com/JDVance/status/
Esta es la traducción de su tuit:
Esta es una crítica extraña, y da la impresión de que leyó los fragmentos de las redes sociales, pero no el discurso completo. Aquí está la línea real del discurso, justo después de que repasara la letanía de problemas de libertad de expresión en Europa: «Me temo que la libertad de expresión está en retroceso y, en interés de la cortesía, amigos míos, pero también en interés de la verdad, admitiré que a veces las voces más fuertes a favor de la censura no han venido de Europa, sino de mi propio país, donde la administración anterior amenazó e intimidó a las empresas de redes sociales para que censuraran la llamada desinformación. Desinformación, como, por ejemplo, la idea de que el coronavirus probablemente se había filtrado de un laboratorio en China. Nuestro propio gobierno alentó a las empresas privadas a silenciar a las personas que se atrevían a decir lo que resultó ser una verdad obvia. Así que vengo hoy aquí no solo con una observación, sino con una oferta. Y así como la administración Biden parecía desesperada por silenciar a las personas por decir lo que piensan, la administración Trump hará precisamente lo contrario, y espero que podamos trabajar juntos en eso». He denunciado explícitamente el papel de la administración anterior en la censura, lo he rechazado y he animado a los aliados europeos a trabajar juntos en un nuevo enfoque.
Y esta es la respuesta de Fazi: https://x.com/battleforeurope/
Señor vicepresidente: muchas gracias por dedicar su tiempo a comentar el artículo. No niego que el compromiso de su administración de adoptar un enfoque diferente en estas cuestiones con respecto a Europa es genuino. Mi punto es que el lamentable estado de la política/liderazgo europeo no es solo el resultado de problemas internos (que son abundantes) o incluso solo de la administración anterior, sino también el resultado de décadas de esfuerzos de Estados Unidos para mantener a Europa en un estado de subordinación estratégica, económica, política y militar. Recordará, por ejemplo, que durante su primera administración, el Sr. Trump desempeñó un papel clave en el intento de descarrilar el proyecto Nord Stream, una decisión soberana del gobierno alemán, un objetivo que finalmente logró la administración Biden (por cierto, ¡sería genial si su administración pudiera desclasificar todos los documentos relacionados con el sabotaje de NS!). La peligrosa infantilización de nuestra clase política es en parte el resultado de estos esfuerzos de larga data de Estados Unidos por ejercer su influencia sobre Europa bajo el disfraz de una tutela benevolente. Por mucho que me gustaría que los gobiernos europeos se alinearan más con la postura de la nueva administración en cuestiones como Ucrania y la censura, el hecho es que si esto ocurriera simplemente porque «hay un nuevo sheriff en la ciudad», no estaríamos abordando la causa fundamental de los problemas de Europa: la subordinación psicológica de nuestras élites a Washington. Necesitamos resolver los problemas de nuestro continente por nosotros mismos, y liberarnos del control de EE. UU., ochenta años después de la Segunda Guerra Mundial, es parte de ese proceso.
Por su parte, Fazi está haciendo un hilo con las declaraciones más estrambóticas en estos últimos días de los políticos europeos. Un festival de despropósitos. https://x.com/battleforeurope/
Y, por último, tiene otro artículo muy interesante sobre la «USAID europea», pero lo dejo para mañana.
https://unherd.com/newsroom/
El discurso de JD Vance en Múnich estuvo lleno de contradicciones
Por Thomas Fazi 15 de febrero de 2025
Es fácil ver por qué todos en la política están hablando del discurso pronunciado ayer por JD Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Fue un discurso asombroso, por varias razones, y que probablemente será recordado como un momento decisivo en las relaciones transatlánticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
En marcado contraste con los tópicos diplomáticos que suelen escucharse en estos actos públicos, el vicepresidente de Estados Unidos lanzó un ataque mordaz y sorprendentemente franco contra la deriva autoritaria y antidemocrática de Europa, acusando a los líderes continentales de participar en una censura desenfrenada e incluso de cancelar elecciones, como ha ocurrido recientemente en Rumanía. En su opinión, los gobiernos europeos hacen esto en un intento desesperado por aferrarse al poder y suprimir la reacción democrática contra sus políticas defectuosas, en primer lugar y sobre todo la inmigración masiva.
Vance criticó directamente a la Comisión Europea por amenazar con cerrar las redes sociales durante los disturbios civiles, y dijo que le había sorprendido escuchar a un excomisario europeo —se refería a Thierry Breton— aplaudir la decisión sin precedentes de Rumanía de anular las elecciones tras la presión de la UE por la supuesta injerencia rusa, y amenazar con hacer lo mismo en Alemania si triunfaba la AfD.
En su arrollador ataque, Vance tampoco excluyó al Reino Unido, condenando duramente la criminalización de la oración silenciosa como signo de una tendencia más amplia de los gobiernos europeos a invadir las libertades fundamentales bajo el disfraz del progresismo social. Concluyó haciendo un llamamiento a los líderes europeos para que «crean en la democracia», es decir, que se hagan a un lado y permitan que una nueva generación de populistas tome el mando.
Los comentarios de Vance han provocado, como era de esperar, una conmoción en toda Europa, desatando fuertes críticas por parte de los principales líderes y expertos, al tiempo que se ganaban elogios entusiastas de los conservadores y simpatizantes populistas. Aquellos de nosotros que llevan mucho tiempo advirtiendo del alejamiento de Europa de la democracia habremos sentido una oleada de schadenfreude al ver a estos líderes inútiles ser reprendidos por su amo transatlántico.
Sin embargo, los comentarios de Vance también estaban plagados de contradicciones, sobre todo porque Estados Unidos ha participado activamente, y a menudo ha sido una fuerza rectora, en muchas de las mismas políticas que él condenó. Si bien el ataque de Vance al autoritarismo europeo es convincente, su omisión del papel de Estados Unidos en estos acontecimientos es igualmente notable. El caso de Rumanía lo ilustra perfectamente. Como señaló el empresario y comentarista político Arnaud Bertrand en X, fue el Departamento de Estado de EE. UU. el primero en emitiruna declaración expresando su preocupación por la participación rusa, dos días antes de que el tribunal constitucional rumano anulara las elecciones. La participación estadounidense también se extiende al crucial papel desempeñado por las ONG financiadas por EE. UU. en la orquestación de esta intervención judicial sin precedentes.
En resumen, la UE no actuó de forma independiente: siguió el ejemplo de EE.UU. Por lo tanto, es un poco exagerado que Vance dé lecciones a los europeos sobre retrocesos democráticos sin reconocer el papel decisivo de Estados Unidos en sentar el precedente. Lo mismo se aplica a las políticas de censura. Gran parte del enfoque de la UE sobre la censura en línea se desarrolló en estrecha coordinación con agencias y empresas tecnológicas estadounidenses. El actual marco de moderación de contenidos de Bruselas no es una creación exclusivamente europea, sino que estuvo muy influenciado por las prácticas y presiones estadounidenses, sobre todo a raíz de las preocupaciones de Estados Unidos por la «desinformación».
De hecho, como ha destacado el exfuncionario del Departamento de Estado de EE. UU. Mike Benz, la OTAN, una organización dirigida en gran medida por Washington, ha sido fundamental en el desarrollo de un marco «antidesinformación» que ha influido significativamente en las políticas globales de censura de Internet. Vance también ignora por completo esta realidad, al retratar a Europa como la única artífice de políticas que, de hecho, fueron coordinadas transatlánticamente, si no dirigidas por EE. UU.
En términos más generales, es importante reconocer que la debilidad del liderazgo europeo actual no es casual. Es, en parte, el resultado de décadas de esfuerzos estadounidenses para mantener a Europa en un estado de vasallaje y subordinación estratégicos. Washington ha siempre cultivado a políticos europeos dispuestos a priorizar los intereses estadounidenses sobre los de sus propias naciones y ciudadanos. Este contexto más amplio también está completamente ausente del discurso de Vance.
Además de esto, a pesar de todo lo que se habla de la «desvinculación» de Estados Unidos de Europa, la realidad es que la administración Trump continúa con la larga tradición de intromisión de Estados Unidos en la política europea, evidente en su explícito respaldo a partidos populistas como la AfD. Independientemente de si se apoya o no esta agenda, el hecho es que representa otra forma de influencia externa.
Los comentarios de Vance pueden no indicar necesariamente una ruptura en las relaciones entre Estados Unidos y Europa, sino más bien el comienzo de una nueva fase de dominio ideológico estadounidense. En lugar de fomentar la autonomía europea, este cambio simplemente marcaría la transición de la fase hegemónica liberal-progresista a una fase posliberal, en la que Estados Unidos seguiría dictando las condiciones.
6. La Liga de los Don Nadie
Un divertido artículo en el italiano L’AntiDiplomatico sobre el momento cataclísmico en Europa que estamos viviendo.
https://www.lantidiplomatico.
La destrucción del Occidente y un «nuevo 1990» a la vuelta de la esquina
Europa aún debe pagar la cuenta de una guerra atroz.
de Giuseppe Masala para L’AntiDiplomatico
No parece aventurado decir que las horas transcurridas desde que se anunció la llamada telefónica entre Putin y Trump se han vuelto convulsas en todas las cancillerías del mundo y, en particular, en las occidentales. Parece cada vez más evidente que estamos ante un punto de inflexión histórico comparable al que se produjo en 1990, cuando Mijaíl Gorbachov, en la cumbre del COMECON celebrada en Sofía, anunció que la Unión Soviética ya no estaba dispuesta a financiar a pies juntillas los gastos de los países «hermanos» de Europa del Este, sentenciando así el «sálvese quien pueda» y el fin del equilibrio establecido en Yalta, que dividía Europa en dos: por un lado, la capitalista y, por otro, la comunista.
Que estamos viviendo algo similar a lo que vimos en 1990 se entiende no solo por las despectivas declaraciones de Trump, que en todo momento aclara que no considera a Europa un interlocutor creíble, sino también por las declaraciones del Secretario de Defensa, James Mattis, quien reiteró en la cumbre de la OTAN que los países europeos tendrán que pagar lo que les corresponde por la seguridad, y del vicepresidente, Richard Vance, quien en la Conferencia de Seguridad de Múnich se burló de la «democracia» europea, considerada carente de libertad y en completo declive. Incluso la nueva portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt, reacciona al comentario de Scholz sobre las conversaciones entre Putin y Trump sin Alemania y Europa diciendo de manera despectiva que el único lugar donde debería sentarse Alemania en estas conversaciones de paz es en el banquillo de los acusados. Probablemente esta última declaración es la más mordaz y despectiva, pero también la más sincera: Leavitt ha dejado claro de una vez por todas que la loca política de deflación impuesta a Europa por Merkel es la base del conflicto europeo, porque durante décadas ha empobrecido a muchos países europeos (entre ellos Italia y Grecia) enriqueciendo descaradamente a Alemania y, en consecuencia, convirtiendo a Berlín en el hegemón europeo, hasta el punto de desafiar a Washington invadiendo sus mercados de productos fabricados en Alemania. Una locura que desató la ira de Washington, que en respuesta hizo estallar la crisis de Ucrania para obligar a Europa a imponer sanciones contra Rusia que resultaron mortales para la propia economía europea.
Ahora Europa tiene que pagar la factura de una guerra atroz, tanto en lo que respecta a la reconstrucción de Ucrania como en lo que respecta a los futuros gastos de defensa, ya que Washington no pagará nada más. Además, la humillación pública de no haber sido invitados a la mesa de paz (por otra parte, el pavo que se sirve asado llega el último, en una mesa puesta y con los comensales sentados).
A todo esto, los europeos responden con una conferencia de emergencia que se celebrará hoy en el Elíseo y a la que asistirán Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, España, Polonia, Holanda, Dinamarca, Von der Leyen y Costa en nombre de la UE, y Rutte por la OTAN. Los pregoneros de los periódicos europeos han bautizado la cumbre con el ambiguo nombre (por cierto, de muy mal augurio) de Weimar Plus, mientras que los rusos ya llaman a esta cumbre «La Liga de los Don Nadie». La cumbre de los don nadie.
En cambio, el martes se celebrará en Riad la cumbre por la paz en Ucrania, en la que muy probablemente participarán el secretario de Estado Rubio y el ministro de Asuntos Exteriores Lavrov. A veces, el lugar dice más que mil palabras: para decidir el destino de Europa se ha elegido un país no europeo (sin europeos invitados a participar), exactamente como cuando las potencias europeas del siglo XIX decidían en Europa el destino de África sin que ni un solo africano participara en el evento. No hay mucho que añadir.
7. EEUU contra Sudáfrica
El análisis de Patrick Bond sobre el reciente rifirafe entre EEUU y Sudáfrica y posibilidades de actuación desde la izquierda.
https://znetwork.org/
Los gobernantes estadounidenses frente a los gobernantes sudafricanos: frente a sus pueblos y ecologías
Cyril Ramaphosa espera en vano que las amenazas de Trump (sobre la reparación racial, la gestión del G20 y la denuncia del genocidio de Israel) se retracten en una partida de golf y un acuerdo comercial bilateral.
Por Patrick Bond, 17 de febrero de 2025. Artículo de Z
Sobrevivir a la tormenta diplomática entre Washington y Pretoria, que cada vez está más fuera del alcance de los protagonistas de cada bando debido a la falta de sensatez en el régimen maniático del presidente estadounidense Donald Trump, implicará una de estas tres vías:
- En primer lugar, rendirse inmediatamente y hacer lo que los matones exigen.
- Segundo, actuar como estados y sociedades individualizados, ofendidos por la descarada ignorancia yanqui, la desinformación y el racismo abierto, pero en esencia, acudir al tiroteo solo con una pistola de agua, actuando por su cuenta.
- Tercero, organizar a otros estados y sociedades para fomentar una reacción en toda regla contra Trump y sus principales partidarios corporativos en las grandes empresas tecnológicas, la banca y el capital fósil, y en el proceso proporcionar solidaridad de abajo arriba a las fuerzas sociales en los EE.UU. y en todas partes que estén verdaderamente dedicadas a la igualdad y la sostenibilidad.
El gobierno sudafricano se encuentra en una encrucijada, sin saber si elegir la segunda o la tercera vía, pero con poderosos elementos locales e internacionales que promueven la primera.
¿Por qué Trump, Musk y Rubio son tan increíblemente agresivos?
El 6 de febrero a las 2 de la madrugada, el ministro de Asuntos Exteriores de Trump, Marco Rubio, anunció el boicot de un evento que se iba a celebrar los días 20 y 21 de febrero: «NO asistiré a la Cumbre del G20 en Johannesburgo. Sudáfrica está haciendo cosas muy malas. Expropia propiedades privadas. Utiliza el G20 para promover la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad. En otras palabras: DEI [diversidad, equidad e inclusión] y cambio climático».
La DEI que Elon Musk, el principal recortador de presupuestos de Trump, odia más es la legislación destinada a rectificar la acción afirmativa del apartheid para las empresas sudafricanas, que son las más poco éticas del mundo según PwC. Lo que se denomina «Black Economic Empowerment» (BEE) tiene como objetivo crear una burguesía negra, por ejemplo Los dos principales beneficiarios de la BEE son el presidente Cyril Ramaphosa y su cuñado, el magnate de la minería del carbón Patrice Motsepe. Si Musk introduce las conexiones a Internet por satélite Starlink en Sudáfrica, como Ramaphosa había solicitado en septiembre pasado durante una reunión en Nueva York, la BEE exige que Musk encuentre un socio copropietario del 30 %.
Musk llama a estas «leyes de propiedad abiertamente racistas», aparentemente anatema para un chico blanco criado por un padre emocionalmente abusivo y educado en la Sudáfrica de la era del apartheid. Como Musk le dijo a la reportera de CBS Lesley Stahl en 2018 sobre su juventud: «Fue muy violento. No fue una infancia feliz». Stahl: «Sé que te acosaban en la escuela». Musk: «Casi me matan a golpes, si a eso se le puede llamar acoso»; es decir, el entrenamiento que recibían los niños blancos de élite en los institutos Bryanston (Johannesburgo) y Pretoria Boys, con el fin de dirigir el sistema del apartheid y la Sudáfrica corporativa.
El 7 de febrero, Trump respondió al vago comentario de Ramaphosa en el discurso sobre el estado de la nación de la noche anterior, «no nos dejaremos intimidar», con otra explosión: «Sudáfrica ha adoptado posturas agresivas hacia Estados Unidos y sus aliados, como acusar a Israel, y no a Hamás, de genocidio en la Corte Internacional de Justicia». Trump decidió que Washington «no proporcionará ayuda ni asistencia a Sudáfrica; y promoverá el reasentamiento de los refugiados afrikáner que escapan de la discriminación racial patrocinada por el gobierno, incluida la confiscación de propiedades por motivos raciales». (Esta última acusación es una patraña, ya que se han producido muy pocas reformas agrarias).
Además, el 10 de febrero, Trump impuso un arancel del 25 % a todas las importaciones de aluminio y acero, incluidos los productos sudafricanos. Es muy probable que el acuerdo comercial de la Ley de Crecimiento y Oportunidad para África (AGOA) se cancele pronto o, como mínimo, que Sudáfrica sea expulsada.
¿Cómo responder de manera eficaz?
En todo el mundo, mientras muchos líderes nacionales (por ejemplo, de Dinamarca y Groenlandia, Panamá, México, Colombia y Canadá) toman la segunda vía de la reacción individualista, están aquellos a los que Trump intimida —por ejemplo, el rey Abdalá de Jordania— que hacen concesiones innecesarias.
En esta última categoría, fue muy simbólico que el portavoz presidencial de Ramaphosa, Vincent Magwenya, hablara apenas unas horas después de que Trump y Benjamin Netanyahu anunciaran su deseo de que Estados Unidos «adquiera a largo plazo» Gaza y la conversión de la franja en un desarrollo inmobiliario que Trump denominó la «Riviera de Oriente Medio». El mundo estaba disgustado, incluidos incluso los aliados del Eje del Genocidio de Washington en Londres, Berlín, Bruselas y París.
Pero en una conferencia de prensa el 6 de febrero, justo después de los insultos de Rubio, Magwenya volvió a hacer una invitación que había hecho por primera vez el 2 de diciembre (el día después de que Trump amenazara con aranceles del 100 % a las exportaciones sudafricanas y de los BRICS): Ramaphosa espera a Trump para una visita de Estado antes de la cumbre de líderes del G20 en noviembre. Como explicó Magwenya: «Esperamos que haya tiempo incluso para una partida de golf. Hemos estado intentando instar al presidente a que robe un poco más de tiempo para recuperar su swing y volver a la rutina, de modo que cuando lleve al presidente Trump a jugar al golf, sea capaz de hacer un juego decente».
¿Cómo se puede jugar decentemente con el «comandante tramposo», al que los caddies apodaron «Pelé» por su habilidad para golpear la pelota desde el rough hasta la calle, si la Presidencia carece del valor para pronunciar siquiera una palabra sobre el destino de Gaza, las repetidas violaciones del alto el fuego por parte de Israel o los ataques militares aún más mortíferos contra los palestinos en la Cisjordania ocupada?
Otra apuesta perdedora es la del comercio intraempresarial, sobre todo cuando Trump impone aranceles ilegales a las importaciones, de forma caprichosa. Sin embargo, el 15 de febrero, Bloomberg informó de que el ministro de Comercio neoliberal de Pretoria, Parks Tau, está ofreciendo concesiones a Washington en busca de un acuerdo de libre comercio bilateral. El efecto será asegurar beneficios para algunas de las sucursales sudafricanas de las corporaciones más destructivas del mundo y sus principales exportaciones a Estados Unidos: BHP Billiton, ArcelorMittal, Sasol (antigua paraestatal petrolera sudafricana) que cotiza en la Bolsa de Nueva York, los principales fabricantes de automóviles alemanes y japoneses, y un puñado de empresas agrícolas.
Trump tiene tres opciones realistas para el comercio con Sudáfrica: 1) mantener el statu quo; 2) expulsar a Sudáfrica de la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA, por sus siglas en inglés); y 3) eliminar la AGOA por completo. Esta última parece la más probable, dado su odio hacia África. La más improbable sería una cuarta opción: un acuerdo bilateral de libre comercio entre EE. UU. y Sudáfrica, una opción que favorece Tau, que es tan proempresarial que se opone a poner fin a las ventas de carbón sudafricano a Israel porque celebra la «no discriminación» de la OMC (contra los genocidas). Esta opción también significaría que Tau separaría a Sudáfrica de África desde el punto de vista del comercio estadounidense.
El statu quo de la AGOA proporciona abrumadoramente (más del 95 %) beneficios arancelarios a empresas multinacionales o a propietarios de plantaciones blancos en los sectores del automóvil, el acero, el aluminio, la petroquímica y los viñedos. La mayoría de estas empresas abusan de los escasos suministros de electricidad y agua de Sudáfrica, y también participan en el agotamiento de recursos no renovables («intercambio ecológico desigual»), exportan beneficios a través de flujos financieros ilícitos y emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero, empobreciendo así aún más a Sudáfrica.
Los beneficiarios de la AGOA también son industrias con un uso intensivo de capital y de carbono: los 27 principales consumidores de electricidad del «Grupo de Usuarios Intensivos de Energía» consumen el 42 % de la energía del país generada por carbón, pero solo contratan al 4 % de los trabajadores de Sudáfrica. En beneficio de sus intereses, señala Bloomberg, Tau «considera que un acuerdo de este tipo es mejor que un trato preferencial porque sería un acuerdo negociado… un acuerdo bilateral daría a Sudáfrica la oportunidad de negociar aranceles con Estados Unidos».
Pretoria sigue alimentando a Israel
El mundo necesita que Pretoria abandone vanidades como el tiempo de espera de Ramaphosa para practicar golf o el mítico acuerdo de libre comercio de Tau, y que en su lugar proporcione un fuerte liderazgo moral. El mundo necesita que el embajador de Sudáfrica en Washington, Ebrahim Rasool, dé marcha atrás a la ridícula declaración de bandera blanca que hizo a finales del año pasado: «Tenemos que dejar de lado el megáfono [de solidaridad con Palestina] ahora. Y las palabras [de Ramaphosa] fueron: ahora está sub judice… Entiendo la necesidad de recalibrar completamente… ese es el arte del trato. Se trata de enmarcar los mensajes de manera particular para que Sudáfrica sea un aliado [de Trump]».
Con la misma urgencia, Ramaphosa debería detener el apoyo de las empresas mineras a la red eléctrica de carbón del 17,5 % de Israel. El 11 de febrero, un enorme barco de carga a granel, el Cape Friendship, llegó al puerto israelí de Hadera directamente desde Richards Bay, Sudáfrica, con 170 000 toneladas de carbón. Cuando los activistas palestinos locales le pidieron que cortara el acceso a las instalaciones ferroviarias y portuarias estatales para tales envíos, la ministra de Transporte, Barbara Creecy, simplemente ignoró la correspondencia.
Mientras se obtienen beneficios de estos envíos (unos 8 millones de dólares cada uno), el ministro de Asuntos Exteriores de Sudáfrica, Ronald Lamola, autorizó a su director general, Zane Dangor, a ayudar a organizar el Grupo de La Haya: nueve países que defienden los principales tribunales internacionales de la anarquía y las sanciones de Trump. El 31 de enero, su declaración de apertura se comprometió a que Sudáfrica, Colombia y otros signatarios «impedirían el atraque de buques en cualquier puerto… en todos los casos en que exista un riesgo claro de que el buque sea utilizado para transportar combustible y armamento militar a Israel, que podrían utilizarse para cometer o facilitar violaciones del derecho humanitario, del derecho internacional de los derechos humanos y de la prohibición del genocidio en Palestina».
Pero los políticos tanto de Pretoria como de Bogotá quedan en ridículo con declaraciones como estas, que se violan con tanta rapidez: en el primer caso por Cape Friendship, y en el segundo porque Glencore y Drummond Coal también siguen enviando combustible al ejército israelí desde Colombia (recientemente en los graneleros Algoma Value, Despina V y Navios Felix, que también prestan servicio a Richards Bay), mucho después del anuncio de junio de 2024 del presidente Gustavo Petro de que esas ventas de carbón terminarían.
En colaboración con Glencore (una empresa que cotiza en las bolsas de Johannesburgo y Londres), el cuñado de Ramaphosa, Patrice Motsepe, ha obtenido desde 2006 los mayores beneficios de todos los sudafricanos procedentes de dichos envíos. El propio Ramaphosa, como líder de Shanduka Coal, había sido hasta 2014 el principal socio local de Glencore.
(Reflejando también estas lealtades, Motsepe también acogió con satisfacción una declaración proisraelí del gran rabino de Sudáfrica en su Día Nacional de Oración, el pasado 10 de diciembre, en el que participaron 100 000 personas, y es director de la federación de fútbol de la FIFA en representación de África, uniéndose a la negativa de ese organismo a poner fin urgentemente a la participación israelí, aunque tras la invasión ilegal de Ucrania por parte de Moscú en 2022, la FIFA expulsó rápidamente a los rusos. En 2020, Motsepe agasajó a Trump con halagos en el Foro Económico Mundial de Davos: «África te quiere», un sentimiento sórdido que tuvo que retractarse después de un alboroto en todo el continente.
En aras del beneficio, los exportadores locales de carbón como Motsepe están socavando las afirmaciones de Ramaphosa sobre la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad del G20 como anfitrión y se están burlando del apoyo de Pretoria a Palestina. Otros dos directores nacidos en Johannesburgo que forman parte de la junta directiva de Glencore, el director ejecutivo Gary Nagle y el exbanquero central de Pretoria Gill Marcus, guardaron silencio en la reunión anual de 2024 de la empresa cuando un accionista les preguntó por los 1,5 millones de toneladas de carbón que la empresa acababa de vender a Israel.
Del apaciguamiento inútil al activismo anti-Trump
Por el contrario, hay otros grupos que exigen que Pretoria cambie de manera decisiva a la tercera vía. A finales de enero, la Federación de Sindicatos de Sudáfrica pidió boicot, desinversión y sanciones contra Estados Unidos en general y Musk en particular (vehículos Tesla, redes sociales X.com y suscripciones a Starlink). Como mínimo, sugirió la Alianza Panafricana por la Justicia Climática, con sede en Nairobi, el mundo debería imponer urgentes sanciones climáticas a Trump por retirarse de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático el día que asumió el cargo.
Si Trump, Musk y Rubio no retiran inmediatamente sus ataques a Sudáfrica, tal vez Ramaphosa podría explorar las posibles reacciones entre los ministros de Asuntos Exteriores del G19 el 20 de febrero, y amenazar con que Estados Unidos sea expulsado del G20, dado el claro tuit de Rubio orientado al sabotaje. Esa sanción fue propuesta por primera vez por los líderes del G7 para Moscú en 2014, después de que Rusia invadiera Crimea, en Ucrania, aunque el G20 no la aplicó debido a la oposición de los BRICS.
Dado que Trump también ha puesto fin a la pertenencia de EE. UU. a la Organización Mundial de la Salud (con implicaciones adversas para la prevención de pandemias), ha cancelado la investigación climática y los compromisos de reducción de emisiones, y ha puesto fin al apoyo de USAID a la asistencia humanitaria, la programación de salud reproductiva y mucho más, tendría sentido que el G20 y todas las demás instituciones multilaterales contraatacaran amenazando con expulsar por completo a EE. UU. de las Naciones Unidas, especialmente de su Consejo de Seguridad neocolonial. De hecho, sería razonable considerar la reubicación de todos los funcionarios razonables de la ONU que apenas sobrevivirán a los próximos cuatro años si se basan en su complejo de Manhattan a, digamos, Nairobi, que goza del mismo estatus de ciudad anfitriona de la ONU que Ginebra.
El 2 de febrero, Trump había declarado: «Están sucediendo cosas terribles en Sudáfrica. El liderazgo está haciendo cosas terribles». Ha llegado el momento de que Ramaphosa demuestre qué cosas realmente «terribles» —es decir, estrategias para lograr la justicia geopolítica, económica y medioambiental— podrían significar para el régimen ilegal de Trump.
La última masacre de Ramaphosa
En cambio, en los últimos meses hemos sido testigos de los ataques de Ramaphosa contra su propio antiguo electorado, cuando en la década de 1980 presidió el Sindicato Nacional de Mineros. Entre ellos se incluye la inanición impuesta por el Estado a cientos de artesanos del sector informal (coloquialmente, en isiZulu, aquellos que «se arriesgan») en minas abandonadas de Sudáfrica, lo que conmocionó al país y al mundo. A mediados de enero, se descubrieron 87 cadáveres en los túneles accesibles de la mina de oro de Stilfontein, relativamente cerca del equipo de rescate, pero muchos más permanecen fuera de su alcance.
Estos cadáveres marcan un punto bajo en una guerra de clases explícita disfrazada de xenofobia desenfrenada que complacerá a Donald Trump. La perspectiva de que Trump visite Johannesburgo en noviembre, cuando Ramaphosa acoja la cumbre de líderes del G20, resulta irónica. En un discurso pronunciado en noviembre de 2024 en el G20 de Río de Janeiro, Ramaphosa criticó duramente «el uso del hambre como arma de guerra, como estamos viendo ahora en algunas partes del mundo, como en Gaza y Sudán».
Pero solo unos días antes, la ministra de la Presidencia a la que Ramaphosa suele recurrir para que le explique la política estatal, Khumbudzo Ntshavheni, había justificado muchas semanas de opresión policial contra los mineros de Stilfontein tachándolos de «delincuentes». Proclamó que la policía debería «ahuyentarlos» negándoles comida, agua y medicamentos vitales, como los antirretrovirales para reforzar el sistema inmunitario de los trabajadores que viven con el VIH. Para entonces, la estrategia de inanición llevaba tres meses en marcha. (Posteriormente, la policía investigó a Ntshavheni por corrupción en su anterior trabajo de gestión municipal, en un acto que un juez consideró que «desconcertaba la mente»).
Cuando más de 1800 trabajadores de la mina de Stilfontein salieron a la superficie, fueron arrestados. La gran mayoría eran inmigrantes de estados vecinos que trabajaban en condiciones infernales. Los trabajadores supervivientes habían recurrido finalmente a canibalizar la carne de sus compañeros muertos, así como a comer insectos. La filosofía de ayuda mutua de Ubuntu —«Yo soy porque nosotros somos»—, que Ramaphosa invoca a menudo (por ejemplo, en Davos el mes pasado), quedó, al igual que la solidaridad con Palestina, reducida a retórica vacía.
Múltiples formas de explotación extractiva
A unas dos horas en coche al suroeste de Johannesburgo, antiguas minas de oro establecidas en los años 40 y 60 se extienden por el paisaje. Su profundidad de 2,8 kilómetros —y 4 kilómetros en la mina de Carletonville (a medio camino entre Stilfontein y Johannesburgo)— marca la veta más prolífica del mundo. El oro de Reef, descubierto a mediados de la década de 1880, llegó a contener la mitad de las reservas históricas del mundo.
Pero junto al oro agotado, el diamante, el carbón, el platino, el manganeso, el mineral de hierro, el cromo y otros filones minerales por los que Sudáfrica es tristemente famosa, se encuentran los detritus de la degradación capitalista: más de 6000 minas nunca se cerraron correctamente. Una vez que las empresas mineras formales las consideran suficientemente agotadas, muchas son saqueadas por desesperados mineros artesanales zama zama. Los residuos aún existen, por ejemplo, en las columnas que sostienen techos de más de un siglo de antigüedad, o en los raspados a lo largo de las paredes de los túneles, pero son excepcionalmente peligrosos para la mina.
Al escribir sobre las condiciones en Stilfontein, el reportero del Sunday Times Isaac Mahlangu describió una «jerarquía subterránea en la que los que realizaban la excavación y la extracción en los niveles más bajos eran principalmente extranjeros, la mayoría de Mozambique. Muy pocos sudafricanos realizaban este trabajo. Los que estaban en los niveles superiores eran tiradores de cuerdas o estaban involucrados en el procesamiento del oro. A otros se les encomendaba la tarea de distribuir alimentos… El polvo de oro era la principal moneda para comprar productos en la tienda subterránea del nivel 10». Un trabajador le dijo: «El oro que llena un tapón de Colgate [pasta de dientes] vale 162 dólares bajo tierra, aunque la tienda no da cambio». Una bolsa de 5 kilogramos de harina de maíz cuesta 270 dólares, lo que supone 25 veces su coste en la superficie.
Siguen apareciendo relatos sobre la forma en que la policía y los difíciles de rastrear directores corporativos responsables de Stilfontein Gold Mining (que habían abandonado el lugar hacía mucho tiempo) contribuyeron al asesinato en masa. Aunque los capitalistas mineros son responsables de una irresponsabilidad ambiental, social y económica extrema en todo el país, muchos sudafricanos de clase trabajadora fueron provocados a hacer comentarios despiadados y xenófobos, incitados por populistas de derecha de alto perfil que captaron la energía del efecto Trump.
A medida que aumentaba la presión para salvar las vidas de los mineros, la viceministra de Policía, Shela Polly Boshielo, anunció lo siguiente: «Estamos sentando un precedente erróneo al decir que la gente puede meterse bajo tierra, dedicarse a la minería ilegal, quedarse con todo el dinero y todo lo demás, y luego nosotros, como gobierno, iremos a rescatarlos… Así que ni siquiera estamos tratando con sudafricanos, que realmente, se puede decir, están tratando de ganarse la vida. Ellos [los mineros inmigrantes] no lo son. Son ilegales».
El vicepresidente de la Alianza Patriótica, Kenny Kunene (un líder municipal de Johannesburgo asociado con el Congreso Nacional Africano, el partido gobernante de Ramaphosa), hizo comentarios aún más mordaces: «No tengo ninguna compasión por los que han muerto robando la riqueza de nuestro país… No tengo ninguna compasión. Deben morir como ratas bajo tierra, todos ellos. Deben arder en el infierno». Un tema común es que los mineros artesanales roban a la sociedad, como da a entender otro político, el presidente de Action SA, Herman Mashaba: «Personalmente, no tengo ninguna simpatía por la delincuencia».
También a mediados de enero, el ministro de Recursos Minerales y Petrolíferos, Gwede Mantashe, anunció su oposición a los activistas de la comunidad local que sugerían la regularización de la minería artesanal, es decir, que su ministerio «diera licencias para robar oro a mozambiqueños, zimbabuenses y ciudadanos de Lesoto. Es una actividad delictiva. Es un ataque a nuestra economía por parte de extranjeros en su mayoría». Mantashe intentó de poner un número al robo: «La minería ilegal es una guerra contra la economía… son delincuentes atacando la economía. Se estima que el comercio ilícito de metales preciosos en 2024 será de unos 3.200 millones de dólares, una fuga en el valor de la economía del país».
Contra el subimperialismo
Hay tres posibles respuestas a los xenófobos. La primera apela a los valores humanistas básicos y genuinos del Ubuntu. El partidario sindical más activo es el presidente del Sindicato de Trabajadores de la Industria General de Sudáfrica, Mametlwe Sebei, que también es abogado de derechos humanos. Cuando dos ministros del gobierno (Mantashe y el ministro de policía) visitaron Stilfontein a mediados de enero, Sebei dijo en una reunión comunitaria no lejos de los pozos de la mina: «Estos ministros están aquí en la escena del crimen. Cientos de mineros han muerto bajo tierra en lo que solo puede ser la culminación sangrienta de sus traicioneras políticas de la operación policial, planeada y ejecutada con la aprobación de las más altas esferas del Estado, incluido el Gabinete». La comunidad respondió negándose a escuchar a los ministros, obligándolos a retirarse avergonzados.
Una segunda refutación es señalar que, en comparación con los sistemas de extracción de baja tecnología de los mineros artesanales, existe una gran salida de riqueza mineral llevada a cabo por corporaciones mineras multinacionales, que no se compensa en absoluto con la reinversión en la economía, la sociedad y la infraestructura.
Una tercera es que el valor excedente que alimenta el capitalismo minero sudafricano se ha obtenido de los trabajadores inmigrantes desde hace al menos 150 años, y esos países están hoy en día ellos mismos malditos por los recursos de las empresas de Johannesburgo. Como explicó Solomon Mondlane, de la Coalición de la Alianza Democrática de la oposición de Mozambique: «El 50 % de nuestro gas en Mozambique va a Sudáfrica. El 80 % de nuestra electricidad en Mozambique va a Sudáfrica. Y lo compran a un precio menor, mientras que aquí en Mozambique pagamos el doble por lo que se produce en nuestro país. Y nos dicen que estamos acudiendo en masa a sus países, cuando en realidad Sudáfrica está saqueando el nuestro».
El líder sindical local más conocido, Zwelinzima Vavi, de la Federación de Sindicatos de Sudáfrica, estuvo de acuerdo: «A menudo se acusa a Sudáfrica de ser subimperialista y de desempeñar ese papel ante sus vecinos y el resto del continente africano. Nuestras hijas e hijos [que sirven en el ejército sudafricano] han sido enviados a las zonas del norte de Mozambique para luchar en una guerra en nombre de empresas multinacionales [Total, ExxonMobil, ENI, BP, etc.] que se están alineando para explotar los enormes yacimientos de gas de Cabo Delgado. Y han estado allí, por supuesto, con instrucciones claras de Francia. El presidente francés, si lo recuerdan, vino sin previo aviso a Union Buildings [en mayo de 2021], claramente para presionar a Sudáfrica para asegurarse de que tiene soldados para vigilar los vastos campos de gas en el norte de Mozambique».
Vavi continuó: «Esto es lo que me enferma: cuando la gente dice: «Nos están robando las minas, nos están robando el oro». Un momento, ¿de qué está hablando? ¿El oro de quién? ¿Cómo se ha beneficiado usted, como sudafricano negro, de este oro que quiere proteger? ¿Y para celebrar la muerte de personas «que nos están robando el oro y que son extranjeros ilegales»? Los mozambiqueños no vienen a Sudáfrica por elección propia. No cruzan el Parque Nacional Kruger para descubrir solo una cartera [después de que los inmigrantes son devorados por leones, leopardos y hienas], cuando no se puede rastrear un cuerpo entero… ¿Si tuviera que pasar cuatro o cinco días a la semana con sus hijos llorando, sentado impotente, sin saber qué hacer? La gente se deja llevar por la desesperación. El hecho de que la mayoría de las personas que están siendo rescatadas en estas minas —zama zamas— sean de Mozambique no es una coincidencia. Es porque la revolución allí fracasó, al igual que la revolución aquí en Sudáfrica está fracasando».
Los propios fracasos de Ramaphosa son indiscutibles; en su día fue el inspirador líder del Sindicato Nacional de Mineros durante el apartheid, pero su gran inversión en Lonmin en 2012 le llevó a tratar de una huelga salvaje como «criminal cobarde» en correos electrónicos que escribió 24 horas antes de que la policía masacrara a 34 operadores de perforadoras de platino que exigían un salario de 1000 dólares al mes. Ramaphosa era miembro de la junta directiva de Lonmin y aconsejó a la empresa que continuara con los flujos financieros ilícitos en el extranjero.
En el futuro, debe reavivarse la solidaridad sudafricana con quienes luchan en Mozambique, ya que la revolución de este último contra el colonialismo portugués había contribuido a motivar un aumento de la confianza y las protestas estudiantiles de Soweto en 1976. Hoy en día, es necesaria la ayuda mutua con la ciudadanía mozambiqueña, especialmente para forjar lazos más fuertes entre la comunidad y los trabajadores, ya que nuevos rebeldes se han levantado contra los ahora corruptos nacionalistas. Esa es la agenda antixenofobia que están forjando los propios mineros artesanales, respaldados por GIWUSA, SAFTU, Mining Affected Communities United in Action y abogados progresistas.
A medida que avanzan las demandas de una Comisión de Investigación sobre los cientos de muertes, parte del trabajo consiste en revertir psicológicamente el odio que se encuentra en el Estado y la sociedad. Esto es necesario para que se entienda mejor el «robo» de la riqueza mineral soberana —como un proceso central del extractivismo corporativo multinacional— y para que el internacionalismo reemplace a la xenofobia.
¿Puede el G20 de 2025 reavivar el internacionalismo? ¿O, como en Río, cooptará la militancia social?
El uso de Ramaphosa de la plataforma de presidencia del G20 incluirá un intento de relegitimar, de borrar los recuerdos de Estambul. El 20 de febrero dará la bienvenida en Johannesburgo a personas como el británico David Lammy, la alemana Annalena Baerbock, que pronto será destronada, Kaja Kallis, de la UE, y varios otros ministros de Asuntos Exteriores occidentales pro sionistas con problemas éticos; y de los BRICS originales, el brasileño Mauro Vieira, el ruso Sergey Lavrov, el indio Subrahmanyam Jaishankar y el chino (a quienes a menudo también se les encomienda la tarea de defender los prolíficos lazos comerciales y militares de sus élites con Israel), además de reaccionarios de Argentina, Arabia Saudí y Turquía, pero sin olvidar a un solo progresista, Juan Ramón de la Fuente de México.
Debido a que el G20 también implica una variedad de eventos paralelos de negocios, sociedad civil y académicos, el anfitrión del grupo también posee capacidades de divide y vencerás, como quedó en evidencia en Río de Janeiro en noviembre pasado. En una reunión de planificación para el G20 de 2025, la líder de la Alianza de Lucha contra la Desigualdad, con sede en Johannesburgo, Jenny Ricks, señaló que «el presidente Lula pidió que los movimientos y sindicatos se unieran al G20 Social20, y no a la Cumbre de los Pueblos, en el contexto del fascismo de extrema derecha en Brasil. Quería un impulso más unido. Varios movimientos sociales y sindicales pasaron de la Cumbre de los Pueblos al S20, y eso causó una enorme tensión».
Justo después del G20 de Río, Laura Corcuera, de la revista digital española El Salto, ofreció un largo artículo con un título optimista: «Los movimientos sociales brasileños abren un nuevo ciclo de lucha contra el capitalismo financiero global». Pero señaló cómo la cooptación social del G20 de Lula del sindicato Central Única dos Trabalhadores y del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra) «generó duras críticas entre los movimientos sociales de base brasileños y latinoamericanos por haber desmovilizado las protestas contra el G20». Según Sandra Quintela, de la red Jubileu Sul (contra la austeridad y la deuda), «No queremos legitimar ese lugar como espacio de diálogo. Por eso celebramos esta Cumbre de los Pueblos, un espacio autónomo, soberano y autofinanciado».
Los sudafricanos conocen bien la fragmentación de la política debido a las divergencias ideológicas, y 2024 fue una prueba para ver si el centro podía mantenerse dentro de las élites de centro-derecha del país. Hasta ahora se ha mantenido, dentro de un gobierno de unidad nacional tan propenso a la fragmentación como el modelo de 1994-1996 justo después del apartheid. Pero a escala mundial, dado que la propia deslegitimación política de los líderes del G20 continúa en muchos países miembros, sería muy valiente predecir que un bloque de los gobernantes más poderosos y venales puede hoy en día siquiera debatir adecuadamente, y mucho menos ofrecer, solidaridad, igualdad y sostenibilidad.
¿Dónde deja eso a los progresistas que no quieren ser engañados por la fraseología progresista de Ramaphosa y sus talentosos burócratas? Kevin Danagher, cofundador de Global Exchange, con sede en San Francisco, realizó una representación gráfica de una clase capitalista transnacional y sus partidarios estatales frente al 99 % en un par de pirámides (del Norte y del Sur) para reflejar las diferencias entre las globalizaciones de élite y las de base. Aquí hay un ajuste, desde arriba:
El esfuerzo opuesto (romper las cadenas que atan al 1 % de los más ricos para crear otras nuevas que unan al 99 % restante) es ahora más necesario que nunca.
El miércoles 19 de febrero, el tema del seminario web será el internacionalismo desde abajo contra el trumpismo, que será abordado por Bill Fletcher, Jr., el socialista, sindicalista y activista solidario que fue presidente del TransAfrica Forum, cofundador de standing4democracy.org y copresidente de la Campaña por el Sáhara Occidental de EE. UU. A él se unirán dos personalidades sudafricanas: El estratega del Grupo Internacional de Investigación e Información Laboral (ILRIG), Dale McKinley, y la organizadora comunitaria Bandile Mdlalose, de la Coalición Civil Society Unmuted.
Para aquellos que en EE. UU. luchan contra el trumpismo, la hora de la reunión en línea es temprano, a las 8 a. m. hora estándar del este, pero la tarea de vincular temas y grupos de interés no podría ser más urgente. Únase a nosotros: https://us02web.zoom.us/j/
Patrick Bond es economista político, ecologista político y estudioso de la movilización social. De 2020 a 2021 fue profesor en la Escuela de Gobierno de Western Cape y de 2015 a 2019 fue profesor distinguido de Economía Política en la Escuela de Gobernanza de la Universidad de Witwatersrand. Desde 2004 hasta mediados de 2016, fue profesor titular en la Escuela de Medio Ambiente Construido y Estudios de Desarrollo de la Universidad de KwaZulu-Natal y también fue director del Centro para la Sociedad Civil. Ha ocupado puestos de profesor visitante en una docena de universidades y ha impartido conferencias en más de 100.
8. Campo de minas en Gaza
Gaza parece, literal y metafóricamente, un campo de minas. En The Cradle analizan los problemas con los que se enfrenta el actual alto el fuego.
https://thecradle.co/articles/
El alto el fuego de Gaza atrapado en un campo de minas político
Con el aumento de las violaciones y la mediación en terreno inestable, el último intercambio de prisioneros entre la resistencia palestina y el estado de ocupación puede ser la calma antes de una nueva tormenta.
El corresponsal de The Cradle en Palestina
17 FEB 2025
La entrega del sexto grupo de prisioneros israelíes de Gaza, tres, a cambio de 369 detenidos palestinos el 15 de febrero, se desarrolló «sin problemas». En contra de las terribles advertencias del presidente estadounidense Donald Trump de que «se desatará el infierno» si no se liberaba a todos los prisioneros israelíes restantes antes de que terminara la semana, el acuerdo se mantuvo, por ahora. Pero la precaria marcha a través de un campo minado político está lejos de terminar.
Primera mina: mediación frágil
Las fuerzas de resistencia palestinas dieron un paso atrás inicialmente, permitiendo a los mediadores egipcios y qataríes, con Turquía en segundo plano, asumir el papel de «garantes». Sin embargo, fuentes de la resistencia informan a The Cradle de que cualquier incumplimiento de los compromisos no solo restablecerá su postura, sino que la endurecerá aún más.
Según las fuentes, la decisión de retrasar las entregas de prisioneros se originó en Gaza, especialmente a nivel militar, mientras que los líderes políticos en el extranjero veían las negociaciones con más optimismo. Mientras tanto, se ha ordenado a las nuevas figuras militares y políticas que vuelvan a la clandestinidad, una señal de incertidumbre.
La mediación sigue plagada de obstáculos, como la negativa del Estado ocupante a permitir la entrada en Gaza de casas móviles o maquinaria pesada para la retirada de escombros, que se necesitan desesperadamente, por temor a que puedan reutilizarse para la fabricación de armas. En su lugar, se propusieron casas móviles de madera de mayor coste, financiadas por Catar, pero en el momento de redactar este informe, no se ha entregado ni una sola de las 60 000 prometidas.
La resistencia había advertido que no entregaría a los prisioneros si Tel Aviv no cumplía los términos del acuerdo. Sin embargo, optó por dar tiempo a los mediadores mientras documentaba al menos 269 violaciones israelíes en 23 días, entre ellas:
Hasta ahora, la resistencia ha conseguido 53 147 tiendas de campaña de las 200 000 acordadas, cada una con un mástil de hierro para soportar las tormentas invernales. Las entregas de camiones de ayuda han aumentado a aproximadamente 800 al día, cubriendo retroactivamente el retraso del período de 24 días en el que solo entraban entre 500 y 600 al día. Sin embargo, esto solo cubre el 50 % de la ayuda prometida.
Hamas planeó inicialmente retrasar el quinto intercambio para presionar a Israel a que permitiera más tiendas de campaña, casas móviles, alimentos, combustible y otros suministros esenciales, pero cuando las fuerzas de ocupación no se habían retirado completamente del corredor de Netzarim, pospusieron la medida para garantizar que se cumpliera este objetivo crítico.
Segunda mina: la ambigüedad estratégica de Trump
En un intento por evitar parecer débil, Trump lanzó una bola curva al gobierno de ocupación, declarando que su demanda era la liberación de todos los prisioneros, no solo de grupos de tres. Ahora, Tel Aviv debe decidir si seguir adelante o estancarse, mientras que Trump, como es habitual, afirma que respaldará cualquier decisión que tome Israel.
¿Es esto mera retórica, un intento de desviar la responsabilidad o un paso calculado para acelerar el acuerdo y atribuirse el mérito de haberlo negociado? En cualquier caso, Hamás permanece impasible.
Tras semanas de bloqueo israelí, el primer ministro Benjamin Netanyahu finalmente accedió a facilitar las conversaciones sobre la segunda fase del acuerdo de alto el fuego de Gaza, tras mantener conversaciones telefónicas con el enviado estadounidense Steve Witkoff. Netanyahu había evitado inicialmente fijar una fecha para revisar la postura de Israel sobre las negociaciones de la segunda fase, pero decidió el domingo por la noche mantener conversaciones el lunes. Su decisión de convocar una reunión del gabinete se produjo tras la intervención de Witkoff, lo que marcó un cambio en el enfoque de Israel. Sin embargo, a la luz del hecho de que el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha estado amenazando con colapsar la coalición de Netanyahu si se completa el acuerdo de alto el fuego, la emisora estatal de Israel informó el lunes que Netanyahu aseguró a Smotrich que las negociaciones de la segunda fase no comenzarían sin la aprobación del Gabinete. Sigue sin estar claro qué nuevas condiciones u obstáculos puede introducir Tel Aviv a medida que avanzan las conversaciones.
Fuentes del grupo de resistencia han declarado a The Cradle que el endurecimiento del bloqueo y las violaciones israelíes del acuerdo tienen como objetivo volver la frustración pública contra el movimiento. Pero como dice un líder de Hamás, «si debe haber confrontación, que sea con la ocupación, ya que todavía estamos en estado de guerra».
Entre el 14 y el 16 de febrero, las opiniones y declaraciones públicas israelíes fueron contradictorias. La extrema derecha exigía la guerra, mientras que las voces más «moderadas» insistían en completar el intercambio. Las protestas callejeras aumentaron, amplificadas por la decisión estratégica de Hamás y la Yihad Islámica Palestina (YIP) de no liberar a familias enteras de colonos a la vez, manteniendo a algunos prisioneros para alimentar la incertidumbre y la presión del público israelí sobre el gobierno.
Horas después de la última entrega, el 16 de febrero, Israel reanudó las violaciones de los acuerdos: los ataques aéreos contra trabajadores humanitarios en Rafah causaron la muerte de cuatro personas, los retrasos paralizaron el viaje del decimocuarto grupo de pacientes médicos y las autoridades denegaron la entrada de casas móviles y maquinaria pesada necesarias para los esfuerzos de reconstrucción.
A pesar de que el acuerdo de alto el fuego entró en vigor hace tres semanas, Israel solo ha permitido la entrada de cuatro vehículos pesados en Gaza hasta la fecha, a pesar de que se necesitan al menos 500. También bloqueó los materiales de construcción para las reparaciones del hospital y prohibió los camiones de ayuda turcos a menos que se retiraran los logotipos turcos.
Tercera mina: el plan del «día después»
El obstáculo más peligroso se avecina: la visión a largo plazo de Trump para Gaza, que Netanyahu se hace eco como su «nuevo plan para el día después». Hamás sospecha que todo el intercambio de prisioneros es un plan engañoso organizado por Tel Aviv y Washington, una excusa para asegurar la liberación de los rehenes antes de reanudar la guerra y llevar a cabo desplazamientos forzados. Por esta razón, Hamás no ve la necesidad de continuar con el intercambio.
Sin embargo, las discusiones israelíes y árabes sugieren que los comentarios de Trump fueron una táctica de choque deliberada, no necesariamente destinada a desatar la situación, sino más bien a empujar a todas las partes hacia un compromiso y un acuerdo futuro, cuya primera condición es la normalización incondicional entre Arabia Saudí e Israel, que depende en gran medida de la próxima reunión entre Trump y el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman (MbS).
Las facciones de la resistencia no solo están preocupadas por el desplazamiento forzoso, sino también por las «soluciones alternativas» y las tácticas de presión que utilizan las fuerzas de ocupación, como las restricciones asfixiantes, la destrucción prolongada y los retrasos en la reconstrucción que podrían empujar a los palestinos de Gaza a la migración voluntaria. Las estimaciones internas de Hamás, que siguen sin publicarse, sugieren que un tercio de los jóvenes de Gaza están considerando marcharse en cuanto tengan la oportunidad.
Mientras tanto, la «solución alternativa» que se está barajando está plagada de peligros. El plan de reconstrucción de Egipto parece atender más a los intereses de Estados Unidos e Israel que a las realidades sociales y económicas de Gaza. Washington propuso un plan de reconstrucción por fases que comenzaría con la limpieza de los escombros de Gaza —que se prevé que dure entre tres y cinco años— y continuaría con los esfuerzos de reconstrucción, que durarán otros cinco o diez años. El Cairo, por su parte, propuso construir ciudades de solución rápida en las zonas vacías de Gaza antes de abordar la destrucción.
La propuesta egipcia, sin embargo, suscita preocupación: la mayoría de estas tierras vacías se encuentran en el centro y el sur de Gaza (Deir al-Balah, Nuseirat, Bureij, Maghazi y Khan Yunis), mientras que las gobernaciones del norte, donde se produjo la mayor parte de la destrucción, no tienen terrenos abiertos. Esto aleja efectivamente a la población de Gaza de la frontera con Israel, alineándose con el objetivo de Tel Aviv de despoblar el norte de Gaza.
Otras minas acechan en los detalles de la reconstrucción, como las medidas de planificación urbana impuestas por Israel que insisten en un mayor espacio entre edificios y carreteras, similar a su reconstrucción del campo de refugiados de Jenin después de 2002 con financiación de los Emiratos Árabes Unidos. Hamás también ha detectado un retraso calculado en la reconstrucción de escuelas y universidades, dando prioridad a la vivienda, para reprimir el activismo y la resistencia de los jóvenes.
La doctrina del «día después» de Hamás
En la lucha de poder más amplia, vincular la reconstrucción de Gaza a una coalición árabe alineada con Estados Unidos, que probablemente implicaría a la pérfida Autoridad Palestina (AP), amenaza con sofocar la influencia de la resistencia. Hamás y la Yihad Islámica Palestina lo han dejado claro: cualquier fuerza que intente reemplazar a Israel en Gaza será tratada como una potencia ocupante y combatida en consecuencia.
En su intervención en el Foro de Al Jazeera en Doha, Osama Hamdan, miembro de la oficina política de Hamás, reiteró la postura del movimiento sobre el «día después»: «No aceptaremos pagar el precio de una derrota imaginaria». Destacó que Hamás se niega a ser marginado, aunque está abierto a discutir el reparto del poder. En cuanto a las amenazas de Trump, Hamdan afirmó que las tácticas de choque no funcionarían contra el movimiento de resistencia.
Para Hamás, Gaza es solo una parte de una lucha más amplia: la causa palestina, que incluye Cisjordania y Jerusalén, sigue siendo una preocupación central para la resistencia. Si bien detener el derramamiento de sangre sigue siendo la prioridad inmediata, Hamás insiste en que la Operación Al-Aqsa Inundación debe seguir siendo el objetivo principal. Asegurar solo Gaza y abandonar la batalla más amplia podría poner en riesgo el fin de toda la causa palestina.