DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Victoria de Turquía sobre Rusia.
2. Turquía y Gaza.
3. A bofetadas con Alemania.
4. Boletín panafricano del Tricontinental.
5. Durand sobre uno de los premios Nobel de Economía.
6. Hegseth, ministro de la guerra.
7. El fascismo como fenómeno moderno.
8. Bidet sobre el libro de Lojkine.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 18 de octubre de 2025.
1. Victoria de Turquía sobre Rusia.
Almassian, un analista especializado en Siria muy popular en Youtube, considera que Rusia ha sufrido un colapso en Oriente Medio. El vídeo en el que lo explica está solo en inglés, pero los puntos principales están en este resumen de Internationalist 360º
https://libya360.wordpress.com/2025/10/18/the-collapse-of-russias-strategy-in-the-middle-east/
El colapso de la estrategia de Rusia en Oriente Medio
Publicado por Internationalist 360° el 18 de octubre de 2025
[doblado en español por IA]
En este vídeo de Syriana Analysis, Kevork Almassian analiza cómo la doctrina de Rusia en Oriente Medio, basada en la multipolaridad y las alianzas pragmáticas, se ha erosionado hasta convertirse en una política transaccional a corto plazo. La cálida acogida de Julani en Moscú es una admisión de fracaso.
En este episodio de Syriana Analysis, Kevork Almassian examina cómo Turquía ha superado a Rusia en Oriente Medio y el Cáucaso, convirtiendo los errores de Moscú en victorias de Ankara.
El acercamiento entre la Siria de Julani y Rusia es una transacción nacida del agotamiento en un juego turco mucho más largo que, en última instancia, tiene como objetivo expulsar la influencia rusa del Mediterráneo.
1- El auge de Turquía en la guerra de Siria no fue casual. Fue el resultado de una paciencia estratégica, un juego largo jugado bajo el caos.
2- Durante décadas, Turquía fue el bastión suroriental de la OTAN y la puerta de entrada de Occidente a Oriente Medio.
3- Pero bajo el mandato del presidente Erdogan, Ankara redefinió su propósito. Ya no quería ser un «puente entre Oriente y Occidente».
Quería convertirse en un polo de poder por derecho propio.
4- La guerra de Siria le dio a Erdogan esa oportunidad.
Al respaldar a las facciones islamistas, Ankara buscaba:
– Aplastar la autonomía kurda a lo largo de su frontera.
– Crear administraciones locales leales en el norte de Siria.
– Reafirmar su influencia desde Alepo hasta Mosul.
5- Lo que comenzó como «seguridad fronteriza» se convirtió en una expansión controlada. Cada alto el fuego y cada «zona de distensión» del proceso de Astana se utilizó para remodelar el mapa de Siria a favor de Turquía.
6- Hoy en día, las tropas turcas patrullan en el interior de Siria. La lira circula en los mercados locales. Los consejos respaldados por Turquía expiden documentos de identidad, gestionan escuelas y recaudan impuestos. Las empresas turcas dominan el comercio y la reconstrucción.
Turquía ha construido una zona de influencia permanente.
7- Rusia lo toleró porque Ankara le resultaba útil.
Turquía medió en los acuerdos sobre cereales con Ucrania, mantuvo el comercio abierto bajo las sanciones y actuó como puente entre Moscú y Occidente.
Pero la conveniencia estratégica siempre tiene un precio: la dependencia.
8- Turquía no se detuvo ahí. Se expandió al Cáucaso Meridional, ayudando a Azerbaiyán a ganar la guerra de Nagorno-Karabaj de 2020 y la limpieza étnica de 120 000 armenios en 2023.
9- Esa victoria abrió el camino a algo más grande: el corredor de Zangezur.
Una ruta terrestre que conectará Turquía directamente con Azerbaiyán y, a través de ella, con las repúblicas turcas de Asia Central.
10- Una vez completada, proporcionará a Ankara un acceso terrestre continuo desde el Mediterráneo hasta el Caspio, sin pasar por Irán ni Rusia.
11- Se trata de una revolución geopolítica. Convierte a Turquía de un actor regional en una potencia euroasiática.
– Erosiona la influencia de Rusia en el Cáucaso.
– Deja a Irán al margen de las rutas comerciales.
– Une al mundo turco desde los Balcanes hasta Xinjiang.
12- Por eso Ankara lo llama el «Proyecto del Siglo».
El plan: convertir a Turquía en el estado pivote que une Europa, Oriente Medio y Asia Central.
13- Ahora, hablemos de la ilusión que se esconde tras el «acercamiento» entre Julani, Turquía y Rusia.
14- Cualquiera que esté familiarizado con la ideología de las redes de Erdogan y Julani —la Hermandad Musulmana y las corrientes takfiri— sabe que esta distensión es puramente táctica.
15- Para ellos, Rusia sigue siendo un ocupante infiel, un socio temporal en una lucha más larga.
Tarde o temprano, se repetirá el mismo ciclo:
Presión → Escalada → Traición.
16- Las mismas fuerzas que rompieron los acuerdos de Astana y Sochi volverán a actuar para expulsar a Rusia de Siria, esta vez no mediante la guerra, sino mediante la presión política y económica.
17- Así que cuando Moscú y Julani se dan la mano hoy, es una señal de agotamiento, una pausa temporal en un juego turco mucho más largo.
18- Esa es la trampa en la que se encuentra Rusia.
Para conservar su presencia en Siria, debe confiar en la buena voluntad de aquellos que, en última instancia, quieren que se vaya.
19- Para Turquía, es sencillo:
la presencia de Rusia es lo suficientemente útil como para disuadir a Occidente de extralimitarse, pero lo suficientemente débil como para no desafiar nunca el dominio turco.
20- Una vez que Turquía consolide su control desde el norte de Siria, pasando por Armenia, hasta Asia Central, la cooperación de Moscú ya no será necesaria.
Y cuando llegue ese momento, la presión para expulsar a Rusia de su puerto en Siria aumentará considerablemente.
21- Por eso el llamado «acercamiento» es una ilusión y una alineación temporal que enmascara un inevitable choque futuro.
2. Turquía y Gaza.
También en Gaza parece que Turquía se puede apuntar un triunfo.
https://thecradle.co/articles/turkiyes-gaza-push-proxy-politics-under-us-watch
La ofensiva de Turquía en Gaza: política de poder bajo la mirada de EE. UU.
Tras el alto el fuego en Gaza, Ankara está ganando terreno estratégico en el enclave palestino, desplegando herramientas humanitarias y diplomáticas para consolidar su influencia bajo la supervisión de Washington.
Abbas Al-Zein
17 DE OCTUBRE DE 2025
Con la entrada en vigor del alto el fuego en Gaza el 9 de octubre, Turquía ha reafirmado su papel como actor central en la diplomacia regional. Ankara desempeñó un papel clave en las negociaciones de Sharm el-Sheikh, trabajando junto a Egipto, Qatar y Estados Unidos.
Lejos de ser un gesto humanitario, se trató de una apuesta deliberada por reafirmar la presencia turca en la Gaza de posguerra a través de la coordinación en materia de seguridad, la participación en la reconstrucción y la mediación política.
Desde el inicio de la guerra de Israel contra Gaza, el presidente Recep Tayyip Erdogan adoptó una postura abierta, calificando las acciones de Tel Aviv de genocidio y suspendiendo el acceso al espacio aéreo turco y el comercio con Israel, que ha continuado de forma indirecta o limitada.
Estas medidas, más simbólicas que impactantes, sirvieron para distanciar al Estado miembro de la OTAN de la postura proisraelí del bloque occidental y amplificar su imagen de sí mismo como la voz moral del mundo islámico.
Simbolismo diplomático, sustancia estratégica
Entre bastidores, Turquía presionó con fuerza para afianzarse en el marco posterior al alto el fuego. El ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, declaró que las conversaciones estaban a punto de alcanzar un avance decisivo, destacando la coordinación con Egipto, Qatar y Estados Unidos.
Según Reuters, Turquía ayudó a configurar los mecanismos de supervisión de la tregua y se unió al «Grupo de Trabajo de Gaza» que supervisa los intercambios de prisioneros y la recuperación de cadáveres.
El periódico israelí Haaretz informó de que Hamás solicitó a Turquía que actuara como «garante fiable» para la liberación de prisioneros y el acceso a la ayuda. Por su parte, The Jerusalem Post afirmó que Ankara pretende aprovechar su papel en Gaza para ampliar su influencia en Irak y Siria. Al-Monitor describió el enfoque de Turquía como deliberadamente discreto para no provocar a las potencias regionales, con Erdogan calibrando sus movimientos para evitar enfrentamientos con Washington o El Cairo.
El jefe de inteligencia turco, Ibrahim Kalin, también participó directamente en las conversaciones auspiciadas por Egipto, transmitiendo las directrices de Ankara a Hamás y reuniéndose con todas las partes, excepto Israel. La propuesta de crear una fuerza internacional, integrada por Estados árabes y occidentales para supervisar la retirada israelí y entrenar a la policía palestina, incluye a Turquía como posible miembro.
Sin embargo, los informes sugieren que Ankara prefiere un papel de observador diplomático, recelosa de un despliegue directo que podría provocar una reacción negativa por parte de Tel Aviv o la OTAN.
El acceso humanitario sigue siendo el punto de entrada de Turquía. La presidencia turca anunció la reanudación inmediata de la ayuda, con convoyes que entrarán por Rafah y planes para reconstruir el Hospital de la Amistad Turco-Palestina.
Sin embargo, Ankara lleva mucho tiempo utilizando sus herramientas humanitarias como palanca para ejercer influencia política. Esta «diplomacia humanitaria» ofrece a Turquía una presencia sobre el terreno sin confrontación militar directa.
Las limitaciones regionales de Ankara
Las ambiciones de Turquía en Gaza están muy limitadas por restricciones estructurales. La ruptura de las relaciones con Israel, provocada por el cierre del espacio aéreo y las prohibiciones comerciales, se remonta a la crisis del Mavi Marmara de 2010. Pero la coordinación en materia de seguridad persiste en Siria a través de un «mecanismo de prevención de colisiones». Esta mezcla de retórica hostil y cooperación cautelosa resume el estilo diplomático de Ankara: protestas teatrales combinadas con una cobertura pragmática.
Turquía se enfrenta a una fuerte competencia regional con Egipto por el liderazgo en la cuestión palestina. El Cairo reivindica su legitimidad histórica y sus fronteras directas, junto con los vínculos con las facciones palestinas nacidos de la necesidad mutua. Ankara, a pesar de su fuerte retórica política, carece de una influencia comparable sobre el terreno, lo que hace que su papel sea vulnerable a las limitaciones si las prioridades de las potencias garantes divergen.
Mientras tanto, las capitales occidentales siguen inquietas ante cualquier presencia militar turca manifiesta en Gaza. Aunque respaldan la mediación de Ankara, ni Bruselas ni Washington quieren que un actor de la OTAN se atrinchere visiblemente en la franja, especialmente uno cuyas posturas divergen sobre Siria, Irán y el Mediterráneo oriental. Por lo tanto, Ankara se apoya en el poder blando, es decir, la afinidad islámica, el atractivo humanitario y el alcance logístico.
Sin embargo, la grandilocuencia de Erdogan se enfrenta a un obstáculo más fundamental: la brecha entre la rebeldía retórica y los resultados reales. Ankara corre el riesgo de que se le acuse de explotar el sufrimiento palestino a menos que traduzca su activismo en beneficios tangibles, ya sea reconstruyendo viviendas, mejorando las condiciones de vida o frenando las continuas violaciones israelíes. Su historial en Siria y otros lugares ya ha puesto de manifiesto los límites de los eslóganes que no se respaldan con resultados concretos.
Gaza como terreno de proxy
Aun así, el período de posguerra abre oportunidades clave. Con un coste estimado de 70 000 millones de dólares, la reconstrucción masiva de Gaza ofrece lucrativos contratos para las empresas turcas con experiencia en Siria e Irak. Ankara también podría integrarse mediante la formación policial o el apoyo administrativo, idealmente bajo la cobertura de la ONU o de los países árabes, afianzando una presencia institucional a largo plazo.
Este modelo gradualista —ayuda, supervisión y asociación— pretende evolucionar hasta convertirse en una custodia de facto de la fase de recuperación de Gaza. Refleja el nuevo realismo de Ankara al sustituir la grandilocuencia por un compromiso burocrático sostenido.
La estrategia de Turquía en Gaza puede interpretarse en tres vías interconectadas. En primer lugar, la mediación política: aprovechar los vínculos tanto con Hamás como con Occidente para posicionarse como interlocutor legítimo. En segundo lugar, la coordinación en materia de seguridad: posicionarse para desempeñar un futuro papel de supervisión, aunque sin presencia sobre el terreno. En tercer lugar, la penetración humanitaria: profundizar su influencia a través de la ayuda y la reconstrucción, evitando al mismo tiempo los enredos del poder duro.
El caballo de Troya de Washington
Washington ve la participación de Turquía a través de una fría lente estratégica. Con la Hermandad Musulmana como «representante latente» de las ambiciones regionales de Ankara, la participación de Erdogan ofrece un contrapeso suní a Irán, un control sobre El Cairo y un canal religiosamente aceptable para influir en las facciones palestinas.
El presidente estadounidense, Donald Trump, elogió el «fantástico» papel de Erdogan en la consecución del alto el fuego, afirmando: «Ha ayudado mucho, porque es muy respetado». Sin embargo, tales elogios no equivalen a autonomía. Washington sigue gestionando la arquitectura de la participación de Ankara a través de marcos internacionales estratificados.
Al igual que en las zonas de distensión de Siria, Washington busca externalizar la carga sin ceder el control. Gaza se convierte así en una prueba de fuego para el ascenso regional de Turquía, pero también en una trampa.
A pesar de ello, Ankara, con sus ambiciones neo-otomanas, se esfuerza por pasar de ser espectador a parte interesada. Busca convertir la visibilidad simbólica en influencia sustantiva, ya sea facilitando la reconstrucción, reduciendo las violaciones del alto el fuego o integrándose en las futuras estructuras políticas y de seguridad de Gaza.
Sin embargo, los márgenes de maniobra son estrechos. Turquía opera bajo un techo impuesto por las prioridades estratégicas atlantistas, limitada por la desconfianza israelí y las rivalidades árabes. Washington ve a Ankara como un intermediario útil: un miembro de la OTAN de mayoría musulmana que opera bajo una bandera humanitaria, promoviendo los planes de Estados Unidos y absorbiendo el riesgo regional.
Al igual que con su anterior papel en las zonas de distensión de Siria, la presencia de Turquía en Gaza le otorga visibilidad, pero poco poder decisivo. Gaza es ahora un campo de pruebas, donde Ankara intenta afirmar su peso regional y Washington perfecciona su modelo de control indirecto. El futuro del enclave se dicta cada vez más más allá de sus fronteras. Mientras Ankara se afirma públicamente, las decisiones reales se negocian en capitales extranjeras.
El reto de Turquía es navegar por el estrecho espacio entre la visibilidad y la autonomía. En Gaza, la diplomacia de posguerra es un escenario para batallas más profundas sobre quién definirá la trayectoria palestina, ya sean los movimientos de resistencia, los Estados de la región o las estructuras de poder respaldadas por Occidente. Ankara se está posicionando para estar en la mesa de negociaciones. Pero, por ahora, es Washington quien traza las líneas.
3. A bofetadas con Alemania.
Ya habíamos visto por aquí la negativa de los polacos a entregar a uno de los supuestos autores de la voladura de los Nord Stream. Amar también reflexiona sobre el tema.
https://swentr.site/news/626656-germany-poland-nord-stream/
Alemania está recibiendo una bofetada tras otra por parte de sus «aliados».
La negativa de Varsovia a entregar al sospechoso del atentado contra el Nord Stream es ilegal e insultante, pero Berlín lo aceptará de todos modos.
Por Tarik Cyril Amar
El primer ministro polaco, Donald Tusk, no pudo resistirse a la oportunidad de provocar a los alemanes y restregarles lo humillados que están ahora. Y no una, sino dos veces: en primer lugar, cuando uno de los ucranianos sospechosos de ejecutar el atentado terrorista de septiembre de 2022 contra los gasoductos Nord Stream —el «sistema de gasoductos marinos más grande del mundo» y pieza vital de la infraestructura alemana— fue detenido recientemente en Polonia, Tusk podría haberse limitado a guardar silencio.
Pero, ¿qué gracia habría tenido eso? En lugar de eso, el primer ministro polaco decidió celebrar una agresiva rueda de prensa y utilizar X para decirle a Berlín, en esencia, que se fuera a freír espárragos al Báltico.
Tusk declaró que extraditar al sospechoso de terrorismo estatal ucraniano no redunda en interés nacional de Polonia y que, en cualquier caso, el verdadero escándalo sobre Nord Stream no es que fuera volado por los aires, sino que fuera construido. En otras palabras: Queridos alemanes, nos importan un comino sus propiedades, sus derechos o sus procedimientos judiciales; al contrario, esperamos que ustedes se sientan avergonzados por haberse atrevido a construir un gasoducto perfectamente legal y útil que a nosotros en Varsovia no nos gustaba. Y no se atrevan a darse cuenta, por cierto, de que teníamos un interés comercial directo en la competencia del Baltic Pipe que, ¡oh, qué coincidencia!, entró en funcionamiento justo cuando Nord Stream explotó.
Luego, unos días más tarde, el líder polaco sintió la necesidad de añadir más leña al fuego: después de que un tribunal polaco denegara obedientemente —e ilegalmente (ahí queda la famosa rule of law en el territorio de la UE-OTAN)— la solicitud de extradición alemana, Tusk no pudo evitar regodearse, haciendo saber a sus X seguidores que «el caso está cerrado».
Obviamente, Tusk es un nacionalista delirante —bajo ese barniz barato de la UE que le facilita la carrera— y también tiene interés en impresionar al público polaco con su discurso duro. Sin embargo, el verdadero problema es que no percibe ningún coste por este comportamiento: Berlín lo aceptará.
Y eso a pesar de que lo que no se dijo, pero se dio a entender, al menos para cualquiera que aún no esté completamente zombificado por la guerra cognitiva dominante en Occidente, era aún peor: Polonia no extraditará a un presunto terrorista ucraniano porque ese terrorista hizo lo que Varsovia consideraba correcto y rentable, y así ayudó a su grupo de siete a hacerlo.
Luego, unos días más tarde, el jefe de los servicios secretos polacos, Slawomir Cenckiewicz, sintió la necesidad de dejar las cosas aún más claras: declaró al Financial Times que, desde el punto de vista polaco, perseguir a los autores del atentado contra el Nord Stream «no tiene sentido, no solo en términos de los intereses de Polonia, sino también de toda la alianza [de la OTAN]». Vaya, Slawomir, lo entendemos: como posible cómplice, usted se ve personalmente afectado por este caso. Pero, ¿está realmente seguro de que tenía permiso para admitir no solo que Polonia participó en el atentado terrorista contra los «aliados» alemanes, sino también contra otros miembros de la OTAN?
Pero seamos justos y reconozcamos la incomodidad de Varsovia. De hecho, dado que los criminales ucranianos que volaron una parte vital de la infraestructura alemana muy probablemente también trabajaban para y con Polonia, entregar a uno de ellos a las víctimas alemanas del peor ataque ecoterrorista de la historia de Europa sería un poco duro e ingrato, además de realmente inconveniente: ¿y si el descortés descartado ucraniano empezara a soltar la lengua —o quizás, pierogi— una vez que se enfrentara a los interrogadores alemanes? ¿Alguien quiere llegar a un acuerdo?
Los extraños y alarmistas anuncios de Tusk y Cenckiewicz, seamos precisos, no solo son innecesariamente ofensivos para los alemanes —compañeros miembros de la UE y la OTAN, nada menos—, sino que podrían haber sido elaborados por la infame Escuela de Kiev de antidiplomacia. El primer ministro polaco y su maestro espía también mostraron un nihilismo jurídico verdaderamente brutal, porque, en virtud del acuerdo pertinente de la UE, Polonia ni siquiera tiene el derecho formal de rechazar una extradición alegando el interés nacional (o el interés de la OTAN, sea lo que sea eso).
Quizás debería tenerlo, dirían los soberanistas entre ustedes, pero así no funciona la UE y eso no es lo que dice el acuerdo que Polonia tiene la obligación de cumplir. Según la «Decisión Marco del Consejo sobre la orden de detención europea y los procedimientos de entrega entre Estados miembros» de 2002, solo se permite rechazar una solicitud de extradición «cuando haya motivos para creer… que dicha orden de detención se ha dictado con el fin de perseguir o castigar a una persona por motivos de sexo, raza, religión, origen étnico, nacionalidad, idioma, opiniones políticas u orientación sexual, o que la posición de esa persona pueda verse perjudicada por cualquiera de estas razones». En resumen, se trata de los derechos del sospechoso, que Alemania ciertamente no está amenazando en este caso. Y no hay ni una palabra sobre el interés nacional.
Puede parecer irónico que Tusk también haya sido presidente del Consejo Europeo y sea, en general, una criatura de la UE de pies a cabeza. Pero, de nuevo, pisotear las leyes de la UE es el verdadero sello distintivo de la «élite» eurócratas. Se llama el privilegio de von der Leyen para no ir a la cárcel.
Mientras tanto, un alto tribunal italiano también se ha negado a extraditar a otro sospechoso ucraniano del Nord Stream. Italia es también un humilde soldado de a pie de la OTAN y un obediente vasallo de Estados Unidos, por supuesto. Y los funcionarios y medios de comunicación ucranianos están preparando una nueva línea de defensa a la que recurrir cuando el lodo báltico realmente salpique: después de años de mentir descarada y desvergonzadamente a la cara al estilo de Kiev y fingir que no tenían nada que ver con el ataque terrorista, ahora explican que no fue un delito en absoluto, sino un acto de guerra «legítimo». ¿En serio? Incluso con esa lógica tan tardía, incoherente y vergonzosamente transparente, ¿guerra contra quién, si los alemanes pueden preguntar: contra Alemania, su constante financiador y compañero miembro de la OTAN?
¿Y qué ha dicho Berlín? Muy poco, es decir, nada. Curiosamente, la clase dirigente alemana, la misma que afirma querer volver a desempeñar un papel de liderazgo en Europa, dejó que fuera el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría quien articulase una respuesta sensata. En X, Peter Szijjarto confrontó a Tusk con lo absurdo y temerario de sus propias palabras: «Según» Donald Tusk, «volar un gasoducto es aceptable. Es impactante, ya que hace que uno se pregunte qué más se podría volar y seguir siendo considerado perdonable o incluso digno de elogio. Una cosa está clara: no queremos una Europa en la que los primeros ministros defiendan a los terroristas».
Los húngaros, por supuesto, saben un par de cosas sobre gasoductos sensibles y subterfugios ucranianos y la anarquía entre «aliados». Pero, a diferencia de Berlín, Budapest no se quedará de brazos cruzados.
¿Qué deben pensar los alemanes de su propio Gobierno, que no es capaz de encontrar esas palabras? ¡Solo palabras! Por no hablar de las sanciones que realmente se merece el Gobierno polaco. Más aún cuando la bofetada pública de Tusk a Berlín no es una excepción, sino otro ejemplo más de la política polaca de larga data. Para aquellos que lo hayan olvidado, tras el ataque terrorista al Nord Stream, nuestros políticos, «expertos» y medios de comunicación occidentales nos dijeron primero que la culpa era de Rusia. Que esa idea no tuviera ningún sentido no importaba. Algo así como con el actual gran susto de los drones.
Finalmente, esa mentira grande, gorda y ofensivamente obvia fue sustituida por otra más pequeña y ligeramente menos idiota: Ucrania lo hizo, y solo Ucrania. Que Ucrania lo hizo probablemente siga siendo cierto, aunque las recientes revelaciones en Dinamarca han vuelto a poner a Estados Unidos en el punto de mira. Pero, en cualquier caso, ¿solo Ucrania? Eso es una tontería de proporciones industriales.
Y eso nos lleva de vuelta a Polonia. En el verano del año pasado, los intentos polacos de obstruir la investigación alemana sobre los ataques al Nord Stream se hicieron tan evidentes que incluso la prensa occidental se dio cuenta. El Wall Street Journal informó de que las «revelaciones sobre el Nord Stream» estaban provocando disputas entre Berlín y Varsovia.
Al fin y al cabo, los fiscales alemanes no solo estaban finalmente centrándose en los autores evidentes —aunque no únicos— de Ucrania, sino que también tenían que afrontar el hecho de que los terroristas utilizaron Polonia «como base logística.» Y algunos funcionarios alemanes seguían siendo lo suficientemente patriotas como para atreverse a pensar e incluso decir —aunque bajo el amparo del anonimato— lo obvio: Polonia estaba retrasando deliberadamente su investigación, primero, afirmando absurdamente que los terroristas ucranianos eran simples turistas inocentes, y luego negándose a entregar las pruebas y dejando escapar —o ayudando a escapar— a un sospechoso (el mismo al que ahora no extraditan, por cierto).
Mientras tanto, los funcionarios polacos dijeron abiertamente a sus homólogos alemanes que, en su opinión, quienes detonaron el Nord Stream no merecían ser procesados, sino recibir medallas. Entonces, Tusk no tuvo nada mejor que hacer que añadir más leña al fuego, como dijeron los investigadores alemanes, ordenando públicamente a los alemanes que «se disculparan» —por la temeridad de construir gasoductos, obviamente— y «se callaran».
Este es el trato polaco que obtuvieron los alemanes: yo, Varsovia, ayudo a los ucranianos, que también despluman a sus contribuyentes, vuelan sus gasoductos y promueven su desindustrialización, y ustedes, Berlín, a cambio, se callan y me piden perdón. Como bonus, les abofeteo regularmente en público. ¿Les parece justo? Y, por muy descabellado que sea, hasta ahora la respuesta alemana ha sido: «¡Jawohl! ¿Me dan un poco más, por favor?».
Berlín aparece en esta historia como una víctima deliberadamente indefensa tanto de un ataque terrorista masivo por parte de Ucrania —un Estado ultra corrupto al que sigue insistiendo en inyectar dinero y por el que se arriesga a una guerra directa con Rusia— como de sus supuestos aliados, entre los que probablemente se encuentran no solo Polonia, sino también Estados Unidos y quizás Gran Bretaña y Noruega.
A menudo oímos que Estados Unidos y sus vasallos provocaron el conflicto de Ucrania para infligir una derrota aplastante a Rusia y convertirla en un objeto indefenso de la geopolítica estadounidense. Todo eso es cierto. La ironía es que Alemania es el país al que realmente han acabado paralizando más. Y con el consentimiento de Alemania, desde la sonrisa desventurada de Olaf Scholz hasta el silencio atronador de Friedrich Merz.
Para Estados Unidos, devastar Alemania es, por supuesto, el plan B. El plan A (derrotar a Rusia) no ha funcionado, pero como uno de los dogmas de la estrategia estadounidense en Eurasia es no permitir nunca una cooperación profunda entre Berlín y Moscú, derribar a Alemania también le vale a Washington. Pobre Alemania: con «amigos» como estos, y sin embargo sus «líderes» no pueden dejar de buscar enemigos en Moscú.
4. Boletín panafricano del Tricontinental.
Una semana muy intensa del Tricontinental, del que os envío también su boletín panafricano, esta vez dedicado a temas artísticos en Sudáfrica y México.
https://thetricontinental.org/pan-africa/cultural-resistance-south-africa-mexico/
Resistencia cultural colectiva desde Sudáfrica y México
Noveno boletín panafricano (2025)
Desde las paredes de Oaxaca hasta las calles de Ciudad del Cabo, la lucha por la libertad sigue encontrando su ritmo en la imaginación colectiva.
7 de octubre de 2025
En octubre de 2020, mientras el mundo se enfrentaba al aislamiento provocado por la pandemia y las comunidades del Sur Global se veían sumidas en una crisis económica cada vez más profunda, el subcomandante insurgente Moisés, del movimiento zapatista de Chiapas (México), ofreció una poderosa reflexión sobre la naturaleza de la lucha colectiva. Escribiendo desde territorios autónomos que han mantenido la cultura revolucionaria durante décadas, reflexionó:
Vemos y escuchamos un mundo socialmente enfermo, fragmentado en millones de personas alejadas unas de otras, redoblando sus esfuerzos por la supervivencia individual, pero unidas bajo la opresión de un sistema que hará cualquier cosa para satisfacer su sed de ganancias, incluso cuando su camino está en contradicción directa con la existencia del planeta Tierra….
la vida y la lucha por la vida no son una cuestión individual, sino colectiva.
Estas palabras se refieren directamente a la crisis a la que se enfrentan hoy en día los trabajadores culturales: ¿cómo mantenemos la resistencia cultural colectiva cuando las fuerzas a las que nos oponemos nos aíslan, nos quitan la financiación de nuestros espacios y reducen el arte de resistencia a estrategias de supervivencia individuales? Siguiendo el reciente dossier de Tricontinental México y la Cuarta Transformación, este boletín extrae lecciones de Sudáfrica y México sobre cómo la resistencia cultural colectiva puede soportar tanto la retirada del apoyo como las presiones de la individualización neoliberal.
Rebelde y festivo: arte zapatista, rebelión y resistencia, encuentro solidario hacia el día después, territorios autónomos zapatistas, Chiapas, México, abril de 2025. Crédito: Robyn Park-Ross.
El Community Arts Project (CAP), fundado en Ciudad del Cabo en 1977 tras el levantamiento de Soweto de 1976, fue una de las iniciativas culturales colectivas más formativas de la lucha contra el apartheid. Junto con la Unión Federada de Artistas Negros, el Medu Art Ensemble, la Fundación Johannesburgo y otros, el CAP formó y acogió a artistas y estudiantes, y en la década de 1980 fue fundamental para la formación de la idea de «la cultura como resistencia» contra el apartheid.
Carteles políticos producidos en CAP entre 1977 y la década de 1990 (Fuente: Colección de carteles del Proyecto de Arte Comunitario, Centro de Investigación en Humanidades, Universidad de Western Cape).
Con la transición a la democracia a principios de la década de 1990, los donantes extranjeros se retiraron, lo que socavó la sostenibilidad de los espacios centrados en la comunidad. El CAP pasó por muchas transiciones para adaptarse al cambiante contexto político y de financiación, incluida la fusión con Media Works en 2002 para formar el Arts and Media Access Centre, que finalmente cerró en 2008 debido a la falta de financiación. El reto de cómo mantener los colectivos de arte político sigue sin resolverse.
Sin espacios colectivos, muchos artistas se han visto obligados a luchar individualmente en un orden neoliberal que despolitiza el arte, mercantiliza el trabajo cultural y neutraliza su potencial revolucionario. Patrick Holo, miembro de CAP y más tarde cofundador del Nyanga Arts Centre, con obras en las principales galerías nacionales e incluso incluidas en el plan de estudios nacional, en sus últimos años de vida vende ahora su arte en las aceras de Ciudad del Cabo solo para ganarse la vida. Su historia ejemplifica cómo los trabajadores culturales se ven obligados a confiar en su propia resiliencia, mientras que las mismas condiciones que los marginan siguen beneficiándose de sus luchas individualizadas.
Cuarteto, Patrick Holo (Fuente: Cape Gallery).
¿Dónde están sus redes de solidaridad para apoyar a los trabajadores culturales y a ellos, sus contribuciones cruciales? ¿Qué pueden aprender de otros contextos del sur?
La estrategia política posrevolucionaria de dar prioridad a la cultura es una influencia fundamental para el mantenimiento de los colectivos culturales mexicanos. Esta priorización política del trabajo cultural se remonta al mandato de José Vasconcelos como secretario de Estado de Educación Pública entre 1920 y 1924, durante el cual su firme compromiso con el nacionalismo cultural llevó a la financiación de murales en edificios públicos para visualizar un nacionalismo revolucionario. Aunque objeto de muchas críticas válidas, este legado de construcción nacional a través de la cultura sigue reflejándose en el México actual. Por ejemplo, se rumorea que la Ciudad de México tiene la mayor densidad de instituciones culturales del mundo. Sin embargo, no debe exagerarse el papel del gobierno. La fuerza motriz del trabajo de resistencia cultural colectiva es siempre la dedicación y la resiliencia de los trabajadores culturales organizados. Con o sin el apoyo del Estado o de las instituciones, la gente seguirá realizando juntos un trabajo cultural político. La pregunta es: ¿qué precariedad se les pedirá que soporten para prestar este servicio público?
El Taller de Gráfica Popular, un movimiento de artistas políticos fundado en 1937, revolucionó la cultura gráfica mexicana y se convirtió en uno de los movimientos artísticos más influyentes de América Latina. A pesar de las tensiones entre generaciones de artistas dentro del colectivo, entre otros retos, su longevidad (financiera y de otro tipo) se debió en gran parte a su estructura:
- Trabajo público: carteles y folletos para movimientos, sindicatos y otras campañas políticas, portafolios creados bajo el nombre del Taller, nunca atribuidos a artistas individuales y a menudo realizados de forma gratuita con un proceso creativo que incluía un sistema interno de retroalimentación semanal para el fortalecimiento colectivo del trabajo.
- Bellas artes («La Estampa Mexicana»): ofrecían una representación cultural más amplia de México, incluyendo la diversidad de la tierra, el trabajo y la gente. Proporcionaban una forma de propaganda («servida con cuchara, no con cuchillo»), con una función generadora de dinero: las tiradas se vendían bajo el nombre de artistas individuales y los ingresos se repartían entre el artista individual y el Taller para financiar otras actividades.
- Publicaciones de calaveras (representaciones de calaveras o esqueletos): el Taller produjo 22 periódicos de calaveras entre 1938 y 1965 que reflejaban con humor la situación política del momento. Basándose en la historia de la sátira política a través de la tradición caricaturesca arraigada en la obra de José Guadalupe Posada (1852-1913), el colectivo se reunía anualmente en torno al Día de los Muertos y trabajaba intensamente durante unos días para producir una reflexión satírica colectiva sobre la situación política actual. Aunque no generaban ingresos, eran vitales para la función cultural del Taller.
En el México actual, Oaxaca alberga una rica concentración de colectivos de arte político, como Armarte («armarse»), un colectivo feminista de linograbado que realiza intervenciones políticas con pasta de trigo en las calles gentrificadas de la ciudad. Sus miembros crean y venden obras individuales (con la opción de utilizar el espacio y las instalaciones del colectivo), pero se reúnen mensualmente para diseñar, tallar, imprimir y pegar colectivamente en torno a temas elegidos. Estos temas suelen estar relacionados con aniversarios políticos, como la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en 2014 a manos de la policía y las fuerzas de seguridad mexicanas, en connivencia con el crimen organizado. El colectivo utiliza diversas fuentes de ingresos para financiarse, entre ellas la venta de camisetas, pegatinas, grabados y fanzines, y la organización de talleres en el espacio colectivo.
Otros colectivos inspiradores con sede en la Ciudad de México son Hijas de la Luna, un colectivo feminista de linograbado que, entre otras actividades políticas, recupera las historias de mujeres artistas políticas olvidadas, y Enraizando Solidaridad, que, desde el veterano taller creativo de educación popular Escuela de Cultura Popular Mártires del 68, produce material gráfico (láminas, pegatinas, carteles y carteles pegados con engrudo) en solidaridad con Palestina y otras luchas globales.
Sin embargo, los colectivos mexicanos también se enfrentan a la precariedad. Radio Nopal, una emisora de radio comunitaria independiente en línea de la Ciudad de México, convocó recientemente asambleas para elaborar estrategias de supervivencia después de que la financiación colectiva no diera los resultados esperados. Continúan emitiendo mientras tratan de construir soluciones comunitarias «con la certeza de que lo imposible se puede sostener cuando se construye juntos».
Desde Sudáfrica y México surgen preguntas urgentes: ¿cómo aprender de la trayectoria de los colectivos del pasado sin caer en la nostalgia? ¿Cómo adaptar las lecciones a diferentes contextos mientras se construyen nuevos espacios para la difícil pero esencial labor de la resistencia cultural colectiva?
Como trabajadores culturales que apoyan las luchas de liberación desde Sudáfrica hasta Palestina, desde Nigeria hasta México, no tienen más remedio que construir estructuras colectivas que mantengan la conciencia revolucionaria en todas las regiones y generaciones.
El músico y compositor sudafricano Asher Gamedze nos recuerda, en su pieza «Turbulence’s Pulse», que los ritmos de la resistencia, al igual que los ritmos del jazz, son siempre colectivos:
Una cosa importante sobre el tiempo en la música, especialmente en la música improvisada, en la música libre
Es el hecho de que el tiempo en sí mismo, la sensación del tiempo, el movimiento del tiempo o su firma, la sensación del tiempo
Delante, detrás
Empujando y tirando en diferentes direcciones
Es producido muy claramente por el grupo de músicos que tocan juntos
Sus tiempos individuales trabajando y entrelazándose para constituir y articular una sensación de tiempo conjunto
Es útil recordar esto cuando pensamos en la historia.
Lo que el tiempo en la música, su naturaleza como producto colectivo, nos enseña o nos recuerda sobre el tiempo en la historia, es que el tiempo y su movimiento son producidos por personas que trabajan juntas.
Para los oprimidos que, como ustedes, estamos desposeídos de los medios de movimiento y estamos sujetos a los tiempos de otros, la música es un espacio donde podemos articular, definir y vivir nuestro propio sentido del tiempo.
El mundo tal y como lo vemos y experimentamos hoy, a través de toda la violencia, la tiranía, la explotación y la opresión, puede parecer abrumador y estancado. Inmóvil e imposible de cambiar. La historia también puede parecer una historia ajena a ustedes, fuera y más allá de ustedes.
El mundo tal y como lo ven y experimentan hoy en día, a través de toda la violencia, la tiranía, la explotación y la opresión, puede parecer abrumador y estancado.
Inmóvil e imposible de cambiar.
La historia también puede parecer una historia ajena a ustedes, fuera y más allá de ustedes mismos.
Que tiene lugar en un nivel muy alejado de ustedes, la gente común.
Pero el tiempo musical les recuerda que la historia también es un producto colectivo.
La historia, el movimiento del tiempo histórico, es producida por las personas
Las personas se organizan para intervenir, desafiar y cambiar la dinámica de su realidad
Esta comprensión tiene un potencial liberador
El hecho de que la historia y la sociedad actual hayan sido creadas por las personas significa que el futuro también será creado por las personas, por ustedes
Así que, a pesar de vivir y trabajar en condiciones que no hemos creado ni elegido
Podemos, de hecho, crear tiempo
Crear historia
Cordialmente
Robyn Park-Ross
Robyn es urbanista, investigadora y trabajadora cultural (fotógrafa, artista y facilitadora) que actualmente reside entre Ciudad de México y Ciudad del Cabo, y se centra en la resistencia cultural, la justicia espacial, la vivienda asequible y la seguridad alimentaria urbana.
5. Durand sobre uno de los premios Nobel de Economía.
Sabréis que los tres premios Nobel de economía de este año destacan por sus estudios sobre tecnología y crecimiento -que Santa Lucía les conserve la vista-. Durand analiza los ensayos de uno de eyos, Aghion.
https://newleftreview.org/sidecar/posts/neo-schumpeterian
Neo-schumpeteriano
Cédric Durand
17 de octubre de 2025
El enfoque neo-schumpeteriano de Philippe Aghion, coautor de The Power of Creative Destruction (2021), entre muchos otros libros, ha tenido una influencia significativa en la política económica europea desde principios de siglo. A principios de esta semana, fue uno de los tres economistas que recibieron el Premio Sveriges Riksbank en memoria de Alfred Nobel, el galardón más prestigioso de la disciplina, y el comité elogió su explicación de cómo la innovación impulsa el crecimiento. ¿Cuál es la naturaleza de esta explicación y cuáles son sus implicaciones? Quizás sea un momento propicio para reflexionar sobre el pensamiento de Aghion, ya que Francia atraviesa una crisis política cuyos orígenes se pueden remontar a las impopulares políticas económicas que defendió como asesor del presidente Macron.
La tesis principal de la obra de Aghion, que se inspira en Schumpeter, quien a su vez heredó el tema de Marx y Rosa Luxemburgo, es que la innovación es el motor del capitalismo y que la fuente del crecimiento es la destrucción creativa. «Lo nuevo sustituye a lo viejo», como dice Aghion. Lo que le ha diferenciado es su intento de modelar y medir este fenómeno. Según sus conclusiones, este proceso tiene dos condiciones clave. La primera es la flexibilidad. Los mercados deben liberalizarse para que las innovaciones conduzcan a una reorganización eficaz de las fuerzas productivas, lo que se traduce en un aumento de la actividad económica. La segunda, sin embargo, es la limitación de la competencia, ya que un exceso de esta inhibe a los innovadores, a quienes hay que animar con una baja fiscalidad del capital y unos derechos de propiedad intelectual sólidos. Si esto genera desigualdad, es un mal necesario. «Lo acepto», dice Aghion.
Pero tiene un problema. Puede que haya habido un crecimiento de las patentes en las últimas décadas —el indicador preferido de Aghion para medir la innovación—, pero el crecimiento económico en su conjunto está disminuyendo. Por eso se pregunta: ¿por qué esta aceleración de la innovación no se refleja en las tendencias de crecimiento y productividad? Su primera línea de defensa fue insistir en que el crecimiento es, de hecho, fuerte, y que la teoría es sólida: el problema está en cómo se mide (Michel Husson ha refutado eficazmente este intento como un manipulación estadística). Más tarde, reconoció que el crecimiento, aunque sea superior al que sugieren los índices estándar, tiende a la baja.
A continuación, Aghion recurrió a una serie de explicaciones ad hoc para la débil correlación entre innovación y productividad. En primer lugar, propuso que subestimar la productividad conduce a exagerar la inflación. Como resultado, los tipos de interés son demasiado altos y la inversión pública es demasiado baja. ¿O podría ser al revés, que el crédito es, de hecho, demasiado barato? «La ralentización del crecimiento de la productividad en la mayoría de los países desarrollados desde la década de 1970», argumentó, «podría estar relacionada en parte con una reducción de las restricciones financieras, a través de los efectos de reasignación». En otras palabras, los tipos de interés son demasiado bajos, lo que conduce a una mala asignación del capital. A continuación, el problema era la gran tecnología: la política de competencia no se adapta a la era de los algoritmos. En última instancia, Aghion ha sugerido que se trata de todo lo anterior, y que estamos (casi) de vuelta al punto de partida: no hay suficientes reformas estructurales, no hay suficiente liberalización y hay demasiado monopolio en la tecnología, todo lo cual está sofocando la energía creativa de los empresarios.
Sin embargo, hay muchas razones para creer que la liberalización, la innovación y el crecimiento no van necesariamente de la mano. Si bien la idea general de que el desarrollo económico depende de la relación entre la tecnología y las instituciones es correcta, se pueden encontrar ideas mucho más interesantes en otros lugares: en los sistemas nacionales de innovación desarrollados en los años noventa por economistas evolucionistas y marxistas como Richard Nelson, Chris Freeman, François Chesnais y otros, a veces en diálogo con el trabajo de Benjamin Coriat y Robert Boyer y otros académicos de la escuela francesa de regulación, los paradigmas tecnoeconómicos desarrollados por Carlota Pérez y continuados por Mariana Mazzucato, o la teoría de las ondas largas de Ernest Mandel.
Esta investigación subraya y trasciende las aporías del pensamiento de Aghion. Demuestra que no existe un capitalismo empresarial dinámico en el siglo XXI, atrapado como está entre la espada y la pared de la competencia coercitiva y las rentas monopolísticas extractivas. La vitalidad de las economías maduras durante el auge manufacturero de la posguerra no puede revivirse fácilmente: las rápidas ganancias de productividad de esa época eran muy específicas y no son aparentemente reproducibles. El crecimiento de la capacidad de producción en consonancia con la demanda permitió una rentabilidad sostenida y un aumento de los salarios. Sin embargo, con la acumulación mundial de exceso de capacidad y las deficiencias de la demanda resultantes de las políticas neoliberales, esta dinámica se tambaleó. A un nivel más profundo, la expansión de la cuota de los servicios en el consumo —vinculada a su vez a la saturación de los mercados de productos estandarizados— y la creciente importancia de los intangibles en los procesos de producción hicieron que los beneficios fueran menos predecibles, lo que aumentó la reticencia a realizar inversiones fijas en muchos sectores y deprimió aún más la demanda.
Especialmente en estas circunstancias cambiantes, en lugar de apoyar ciegamente el espíritu empresarial en nombre de la innovación tecnológica per se, los gobiernos deberían disciplinar el capital para trazar una senda de desarrollo deseable y sostenible, deliberando sobre qué áreas deben priorizarse. Dado que la mayoría de los países no se encuentran, por definición, en la vanguardia tecnológica, el cambio tecnológico por debajo de la vanguardia —es decir, las estrategias de imitación y creación de capacidad en lugar de la innovación— es una cuestión de suma importancia, que Aghion ignora casi por completo. La política industrial y la gestión de la demanda, por un lado, y el fuerte apoyo a la educación pública y la investigación esencial, por otro, son los cimientos sobre los que se podría construir un sistema de innovación progresista en el siglo XXI. El objetivo debe ser armonizar mejor el cambio tecnológico con las necesidades sociales, los límites del ecosistema y las aspiraciones y capacidades de los productores, teniendo en cuenta el legado de las diversas historias de desarrollo nacional.
Armado con su «Nobel», Aghion se siente sin duda envalentonado en su creencia de que ha suplantado a Schumpeter. Sin embargo, a diferencia de su predecesor austriaco, que tenía una comprensión trágica de la historia económica —moldeada por profundas crisis y fuerzas contradictorias que se manifestaban como conflictos de clase—, Aghion no tiene ninguna teoría sobre el capitalismo. A pesar de la sofisticación de sus modelos, sus datos empíricos le han llevado a un callejón sin salida intelectual. Ante los trastornos de un sistema que le cuesta descifrar, da vueltas y más vueltas para preservar la quimera de un capitalismo utópico en el que la desigualdad es el resultado aceptable de la innovación. Hace décadas, Fredric Jameson identificó las «fantasías sobre la naturaleza salvadora de la alta tecnología» con los apologistas de la era posmoderna. Al predicar que la tecnología moldeada por el capital es el horizonte definitivo, Aghion acepta implícitamente que la naturaleza, el trabajo y la sociedad en general deben considerarse variables de segundo orden, subordinadas a un devenir técnico fetichizado. Música para los oídos de los poderosos.
6. Hegseth, ministro de la guerra.
Análisis de Toscano sobre la figura del actual ministro de la guerra estadounidense. Siempre he procurado pensar que nuestros enemigos no son idiotas, al contrario, y por eso son más peligrosos. Pero el caso de gente como Hegseth me lo pone muy difícil.
https://communispress.com/secretario-de-todas-las-guerras/
Secretario de Todas las Guerras
Alberto Toscano
Oct 16, 2025
“The Secretary of All Wars”, de Alberto Toscano, aparecerá próximamente en la columna del autor en In These Times. Se tradujo al español y se publica en Communis con la autorización del autor y de ese medio.
«Hegseth ha logrado plantar una insidiosa noción indefinida de guerra en el corazón mismo del régimen MAGA. Mientras se unge grotescamente a Trump como “Presidente de la paz” por haber presuntamente puesto fin a siete conflictos armados, su Secretario de Guerra promueve una concepción de la guerra que es una embriagadora mezcla de la guerra contra el woke, la guerra contra las drogas, la guerra contra la inmigración “ilegal” y la guerra librada por verdaderos guerreros como él. Como él mismo escribiera una vez: “Alimentar una máquina de matar bien engrasada, eso es lo mío.”»
— Alberto Toscano
El 5 de septiembre, el Presidente Donald J. Trump firmó la orden ejecutiva número 200 de su segundo mandato, titulada «Restablecimiento del Departamento de Guerra». Trump eludió su aprobación por el Congreso, constitucionalmente requerida para cambiar por completo el nombre del Departamento, para lo cual presentó la nueva designación como «secundaria». Siempre preocupado por el poder de los nombres (¿recuerdan el Golfo de América?), en la orden ejecutiva de Trump se expone el objetivo que se persigue con el cambio de nombre: dar a conocer «la voluntad y la disponibilidad» de Estados Unidos «para librar una guerra a fin de asegurar lo que es [suyo]». En el acto público durante el cual firmó la orden, Trump se refirió a la desaparición del Departamento de Guerra en 1947 como un punto de inflexión que marcara el final de un siglo y medio de victorias militares estadounidenses: «Y entonces nos dio por ser woke y le cambiamos el nombre por el de Departamento de Defensa». Los millones de víctimas de las guerras libradas por Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX, desde Corea y Vietnam hasta Iraq y Afganistán —guerras a las que no habría podido añadírseles ni una justificación racista más para el asesinato en masa—, sin duda se sorprenderían si se enteraran de que habían caído víctimas del «woke» (Trump parece haber olvidado su propia identificación con el ficticio teniente coronel Bill Kilgore en su tristemente publicación en las redes sociales «Chipocalypse Now»). El relato caricaturesco y revanchista de Trump ignoraba el hecho de que el cambio de nombre, en gran medida eufemístico, de «Departamento de Guerra» a «Departamento de Defensa», respondía a un fenómeno global posterior a la Segunda Guerra Mundial, a raíz de la prohibición por parte de la Carta de Núremberg de los «crímenes de agresión» o «crímenes contra la paz».
La idea de que el poderío militar de Estados Unidos se ha visto mermado por la conciencia social es fundamental para la ideología MAGA y es la razón por la que los trumpistas no pueden hablar de conflictos armados, ni siquiera librarlos, sin vincularlos a guerras culturales y evocar escenarios de guerra civil. El Secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha construido su imagen política en torno al deslizamiento entre esos diferentes significados de la guerra. De pie junto a Trump en el Despacho Oval durante la firma de la orden ejecutiva, recitó unas bochornosas pero reveladoras líneas rimadas: «Pasemos a la ofensiva, dejémonos de estar a la defensiva. Con máxima letalidad en vez de con tibia legalidad. Que sea violento el efecto, políticamente incorrecto.»
Esas rimas trasuntan lo esencial de la posición que Hegseth lleva años defendiendo de viva voz y por escrito. En su libro de 2020 American Crusade: Our Fight to Stay Free, aprovechó el hecho de que el lenguaje de la guerra pasa fácilmente de lo material a lo figurativo, así como de los enemigos externos a los internos, y escribió: «Ármate, metafórica, intelectual y físicamente. Nuestra lucha no es con armas. Todavía no.» En el libro que le siguiera en 2024, The War on Warriors: Behind the Betrayal of the Men Who Keep Us Free, ahondó en la tesis de que los avances logrados por la izquierda en las guerras culturales habían maniatado la capacidad de Estados Unidos para librar guerras reales (con hombres reales). Hegseth, veterano de las invasiones y ocupaciones ilegales de Iraq y Afganistán por Estados Unidos, y quien también estuviera apostado en Guantánamo, vincula constantemente la imagen que tiene de sí mismo con la del soldado cristiano-nacionalista que lucha contra los «islamistas» al son del tropo de la puñalada por la espalda que la izquierda «marxista» ha infligido a los abnegados guerreros de la nación. El ascenso de MAGA vendría a ser, de ese modo, una venganza por una traición. Como declarara el propio Hegseth de forma amenazante: «Ocupados en matar a islamistas en países de mierda, para después verse traicionados por nuestros propios líderes, nuestros guerreros tienen todas las razones del mundo para dejar que se desvanezca la dinastía estadounidense. Los izquierdistas nos han robado mucho, pero no dejaremos que se la carguen. Ha llegado la hora del segundo asalto: no perderemos esta guerra.» A menos que se logre la victoria en esa guerra cultural, las guerras y los guerreros estadounidenses estarán condenados: «No se equivoquen: la izquierda quiere destruir a la única institución que se interpone entre ellos y el control total: el ejército de Estados Unidos. La izquierda se hizo rápidamente del ejército, y debemos recuperarlo a un ritmo aún más rápido. Debemos lanzar un ataque frontal. Un contraataque rápido, a plena luz del día.»
Habiendo alcanzado una posición de poder, Hegseth se mantiene fiel a ese polémico programa. Además de amordazar a los medios de comunicación, su cruzada contra la castración de la clase guerrera se centra en dos enemigos: la diversidad y la legalidad. El Pentágono se ha sumado a la campaña contra las políticas y los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) y la «ideología de género» con sus propias prohibiciones de libros y purgas de contenidos en sitios web. En fecha reciente, eliminó el Comité Consultivo de Defensa sobre las Mujeres en las Fuerzas Armadas. La portavoz del Departamento de Guerra, Kingsley Wilson, declaró en X que el Comité «tenía como misión central promover una agenda feminista divisiva que resultaba perjudicial para la preparación combativa». En The War on Warriors, el más fuerte de sus silbatazos, Hegseth había reprendido duramente al gobierno de Biden por promover «reclutas woke y “diversos”» y marginar a «jóvenes estadounidenses colmados de patriotismo, fe y valor». Tal como lo ve Hegseth, el ejército podría convertirse en una «máquina de desradicalización». A ese respecto, declaró: «Queremos que esos reclutas diversos, con la mente llena de vacunas e ideologías aun más venenosas, compartan el entrenamiento básico con estadounidenses en su sano juicio.» Mientras que las universidades, que al parecer Hegseth tiene por uniformemente «marxistas», son simplemente lugares donde «los niños desfavorecidos aprenden a codearse con las élites», Hegseth imagina al ejército como la institución en la que «potenciales miembros de Antifa aprenden lo que realmente significa usar la fuerza por razones justas y honorables».
En la visión que del mundo tiene Hegseth, justicia y legalidad («tibia») no son sinónimos, mientras que la animadversión que siente por la diversidad es sólo comparable con su hostilidad hacia los abogados que frenan la proyección violenta del poder estadounidense. Antes de incorporarse al gabinete de Trump, Hegseth ya había arremetido contra los auditores militares generales (JAG, por sus siglas en inglés, a quienes Hegseth se refiere despectivamente como «jagoffs», es decir, idiotas), cuya función es proporcionar al ejército asesoramiento independiente sobre la legalidad de las acciones militares. Para Hegseth, es culpa de esos auditores que Estados Unidos no haya ganado ninguna guerra desde la Segunda Guerra Mundial. Una vez en el cargo, ha cumplido su promesa y ha despedido a los principales auditores del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, alegando que eran «obstáculos al cumplimiento de las órdenes dadas por el comandante en jefe». Al abogado personal de Hegseth, Tim Parlatore, quien lo representara en un caso de agresión sexual y trabajara para Trump en los casos de los documentos clasificados de Mar-a-Lago y del 6 de enero, se le ha encargado que investigue a los JAG, mientras Hegseth trata de reasignar a cientos de ellos como jueces temporales de inmigración.
El amordazamiento de los auditores militares encaja perfectamente con el giro del Departamento de Guerra hacia una noción hemisférica de la «patria» que revela el nexo entre el envío de tropas a Los Ángeles para proporcionar apoyo al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) —decisión recientemente calificada de violación de la Ley Posse Comitatus, que prohíbe el uso del ejército con fines de política interior— y el asesinato extrajudicial de presuntos narcotraficantes a bordo de embarcaciones frente a las costas de Venezuela. La proteica noción de «narcoterrorismo» se está empleando para expandir a México y Centroamérica la justificación que ya se utilizó para autorizar y justificar las guerras con drones de Obama contra Al Qaeda y sus sucesores. Hegseth ha reflexionado sobre la posibilidad de atacar a los cárteles dentro del territorio mexicano. Entretanto, la idea espuria de que el presidente venezolano Nicolás Maduro es el jefe del Cártel de los Soles y está aliado con la banda Tren de Aragua, así como la noción infundada de que Venezuela es una ruta central para el tráfico de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos, se están utilizando para justificar un aumento de la presencia naval en el Caribe, en una clara amenaza de cambio de régimen. Se están estableciendo paralelismos evidentes con la invasión de Panamá por George Bush en 1989, justificada por la detención del expresidente Manuel Noriega, antiguo cliente de Estados Unidos, por cargos de tráfico de drogas. En el Congreso circula un proyecto de ley que otorga a Trump poderes para ordenar acciones militares en una «guerra contra el tráfico de drogas». El profesor de la Facultad de Derecho de Harvard y exfuncionario de George W. Bush, Jack Goldsmith, se ha referido a ello como a «una autorización de guerra indefinida contra un número indeterminado de países, organizaciones y personas que el Presidente pueda considerar dentro del ámbito de su poder de decisión».
Hegseth se siente profundamente a sus anchas con esa concepción expansiva y amorfa de la guerra. En su intervención en la conferencia sobre seguridad centroamericana celebrada en abril en la ciudad de Panamá, vinculó la penalización de la migración y la lucha contra los cárteles de la droga con la idea de que «ha llegado a su fin la era de la capitulación ante la coacción de los comunistas chinos», haciendo así referencia al «control creciente y hostil que la República Popular China ejerce sobre territorios estratégicos e infraestructuras vitales». Esa beligerante actualización de la Doctrina Monroe se presentó como respaldada por una restauración del «ethos guerrero» y se resumió en el eslogan «Para poder dar prioridad a Estados Unidos, tenemos que dR prioridad a las Américas». Al parecer, esa proyección del poder militar estadounidense en toda la región «no es globalismo ni intervencionismo», sino una «edad de oro de intereses nacionales compartidos» («Hagamos grandes de nuevo a las Américas»). En una entrevista con Fox tras el ataque en aguas del Caribe contra una lancha rápida que causara la muerte de sus once pasajeros, Hegseth ahondó en esa idea, para lo cual arguyó que garantizar la seguridad de la patria equivalía a garantizar la seguridad del hemisferio y que era así y donde debía proyectarse el poder estadounidense, y no en «lugares lejanos con una relación nebulosa con nuestra propia seguridad en suelo patrio».
Como me dijera el historiador Greg Grandin, lo que estamos presenciando en este giro hemisférico es a una potencia hegemónica regional que intenta asegurar sus zonas de influencia en un mundo fracturado. En su opinión, el «partido de la guerra» del actual gobierno —Hegseth, el Secretario de Estado Marco Rubio, el Director de la Administración de Control de Drogas Terry Cole y el Vicepresidente J. D. Vance— cree «que la clave en la región es derrocar a Maduro, tras lo cual caerían Nicaragua y Cuba, y entonces sería más fácil manejar a los centroizquierdistas más independientes que le venden su soja y su cobre a China». Aún está por ver si ese partido de la guerra logra imponerse, pero si lo hace, las consecuencias serán sin duda catastróficas.
Entretanto, Hegseth ya ha logrado plantar una insidiosa noción indefinida de guerra en el corazón mismo del régimen MAGA. Mientras se unge grotescamente a Trump como «Presidente de la paz» por haber presuntamente puesto fin a siete conflictos armados, su Secretario de Guerra promueve una concepción de la guerra que es una embriagadora mezcla de la guerra contra el woke, la guerra contra las drogas, la guerra contra la inmigración «ilegal» y la guerra librada por verdaderos guerreros como él mismo. Como escribiera una vez: «Alimentar una máquina de matar bien engrasada, eso es lo mío.»
No debemos olvidar que para este hombre, cuyo «propósito planetario» llegó a ser, en sus propias palabras, «destruir a radicales islamistas», la imagen de la guerra —a diferencia de lo que sería para el notoriamente irreligioso Trump— no es en última instancia secular, sino una cruzada. En su oración fúnebre a Charlie Kirk («un guerrero por el país, un guerrero por Cristo»), Hegseth declaró: «Esta no es una guerra política, ni siquiera es una guerra cultural, es una guerra espiritual.» Sólo que para un nacionalista cristiano, o mejor dicho, para un imperialista cristiano como Hegseth, nunca ha habido distinción real entre esos diferentes significados de la guerra: la «máquina de matar bien engrasada» está siempre impregnada de «espíritu» y acompañada por discursos sobre Dios, la civilización, la nación, la masculinidad, la patria, incluso cuando lo que realmente la impulsa es el desesperado y cada vez más violento intento por valerse del poder militar para reforzar el poder económico en declive de Estados Unidos y desviar la atención respecto de las causas fundamentales de sus crisis sociales internas.
Featured image: War Secretary Pete Hegseth during an Oval Office announcement on Sept. 2, 2025. Photo: Al Drago/Bloomberg via Getty Images. Courtesy of CNN.
Translated from the original in English by RolandoiPrats.
7. El fascismo como fenómeno moderno.
Se me había pasado este artículo de Patnaik en Peoples Democracy, que veo ahora en MR.
https://mronline.org/2025/10/17/fascism-is-a-thoroughly-modern-phenomenon/
El fascismo es un fenómeno totalmente moderno
Por Prabhat Patnaik (Publicado el 17 de octubre de 2025)
Publicado originalmente en: Peoples Democracy el 12 de octubre de 2025
En todo el mundo se está produciendo un auge de las fuerzas fascistas. Esto incluye también a la India, donde los elementos fascistas hindutva no solo han ido en aumento, sino que llevan más de una década en el poder. El pensamiento liberal y progresista del país se ha preocupado por analizar las razones de este auge del supremacismo hindú, que trata a una comunidad minoritaria como «la otra», genera odio hacia ella dentro de la comunidad mayoritaria e intenta destruir el carácter secular y democrático del sistema político previsto en la Constitución.
Se aducen varias razones para explicar la aparición de este fenómeno. Entre ellas se encuentran: la campaña masiva e implacable de la RSS para establecer instituciones educativas a través de las cuales se difunde una ideología comunal tóxica incluso entre los niños; el fomento enérgico del fascismo comunal entre la comunidad mayoritaria a través del movimiento Babri Masjid, que primero vio la demolición de la mezquita de 400 años de antigüedad y luego la construcción de un templo en su lugar; el declive del espíritu secular que había defendido la lucha anticolonial; el legado de la partición, que resulta útil para mantener viva la división comunal en el país; etcétera.
El tema común que subyace a todo este debate ha sido que, en la India, el crecimiento de una cultura y una tradición sincréticas no ha eliminado por completo la división religiosa y comunal entre la población; y, aunque la lucha anticolonial y la Constitución que surgió tras la independencia expresaron la primera tradición, la persistencia de la división religiosa y comunal da a los partidarios del Hindutva la oportunidad de perseguir su agenda, que han aprovechado en la actualidad. En otras palabras, este debate ha situado al hindutva en la historia, considerándolo un retroceso a una tendencia subyacente en la evolución histórica de la India.
Aunque este análisis es muy perspicaz, es fundamentalmente incompleto. Para empezar, no tiene en cuenta el hecho de que la aparición del Hindutva en la India en la coyuntura actual forma parte de una tendencia global hacia el fascismo. Milei en Argentina, Meloni en Italia, Orbán en Hungría, Trump en Estados Unidos, Modi en la India, Erdogan en Turquía y Netanyahu en Israel (aunque este último se encuentra en una categoría particularmente repugnante) tienen algo en común y forman parte de una tendencia global hacia el ascenso del fascismo; y allí donde los elementos fascistas no han tomado el poder, son lo suficientemente poderosos como para llamar a su puerta de una manera sin precedentes en la memoria reciente, como Marine Le Pen en Francia y la AfD en Alemania. Por lo tanto, una explicación puramente específica de la India para el actual auge del Hindutva es claramente insuficiente.
Este análisis del Hindutva es también incompleto en un segundo sentido, a saber, que carece por completo de anclaje en cualquier análisis de clase. Los partidarios tradicionales del hindutva se encontraban principalmente entre los tenderos, los pequeños comerciantes y similares, en general lo que se caracterizaría como la pequeña burguesía. Pero cuando los elementos hindutva llegan al poder, ¿significa eso que la pequeña burguesía ha tomado el poder? En resumen, ¿cómo se explicaría el ascenso de los elementos hindutva en términos de clase?
Ambos aspectos incompletos pueden completarse satisfactoriamente una vez que reconocemos el Hindutva como un fenómeno completamente moderno. De hecho, debemos reconocerlo como la versión india de un auge fascista que es en sí mismo un fenómeno completamente moderno. Sin duda, los elementos fascistas tienen una perspectiva premoderna. Ellos, su abandono total de la razón y su creencia supersticiosa en ciertos supuestos acontecimientos históricos para los que no solo no hay pruebas, sino que, de hecho, se contradicen con las pruebas, caracterizan a ellos como imbuidos de una actitud premoderna y precientífica; pero nada de esto explica el repentino auge mundial de los movimientos fascistas, a menos que tengamos en cuenta el hecho de que todos esos movimientos están respaldados en la actualidad por el segmento más poderoso de la burguesía, a saber, la burguesía monopolista. Dado que la aparición y el dominio del capital monopolista es en sí mismo un fenómeno moderno (Lenin situó la transición del capitalismo competitivo al monopolista a principios del siglo XX), el fascismo, cuyo auge se debe al apoyo del capital monopolista, debe considerarse también un fenómeno moderno.
Los grupos fascistas existen en todas las sociedades modernas, pero como grupos marginales; solo aparecen en primer plano cuando el capital monopolista les proporciona ayuda financiera y el apoyo de los medios de comunicación que controla. En otras palabras, su ascenso solo es posible cuando el gran capital los necesita y, por lo tanto, forma una alianza con ellos para utilizarlos en sus propios fines. Su dominio, en términos de clase, es, por lo tanto, el dominio, en una forma particularmente brutal y represiva, del capital monopolista, especialmente de un determinado segmento reaccionario, agresivo y advenedizo del capital monopolista. Como expresó Georgi Dimitrov, presidente de la Internacional Comunista, en el VII Congreso de la Comintern, el Estado fascista es la «dictadura abierta y terrorista» de los sectores más reaccionarios del capital financiero. Michal Kalecki, el renombrado economista, se refirió en términos similares al dominio fascista como basado en una alianza entre «las grandes empresas y los advenedizos fascistas».
Esta alianza se hace necesaria para las grandes empresas en un periodo de crisis del sistema, cuando su hegemonía se ve amenazada. Entonces necesitan un discurso distractivo que, desde su punto de vista, tenga la «ventaja» de dividir a los trabajadores, de modo que estos sean incapaces de lanzar ninguna amenaza a su hegemonía. Los grupos fascistas proporcionan, idealmente, ese discurso distractivo y divisivo, aparte de su inclinación por la represión; y, por lo tanto, las grandes empresas se asocian con ellos en un período de crisis del sistema. El fascismo clásico ascendió al poder durante la Gran Depresión de la década de 1930, y el ascenso contemporáneo de las fuerzas fascistas se produce en el contexto de la prolongada crisis de estancamiento y aumento del desempleo en la que ha incurrido el capitalismo neoliberal tras el colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en 2008. Esto explica la simultaneidad del auge de los elementos fascistas en varias partes del mundo en la actualidad.
El fascismo, ya sea en su avatar clásico o contemporáneo, es, por lo tanto, un fenómeno moderno que invoca una perspectiva premoderna, que a menudo incluye un mundo premoderno idealizado. Los propios elementos fascistas son, por supuesto, la encarnación de esta perspectiva; pero ver su auge simplemente en términos de la difusión de esta perspectiva es perder de vista la conexión con el capital monopolista, con el capitalismo y, por lo tanto, con la economía política en su conjunto. Este auge debe verse, en cambio, como un capital monopolista muy «moderno» que utiliza un instrumento premoderno para sus propios fines.
En la propia India, aunque el RSS existe desde hace cien años, el ascenso al poder exclusivo en el centro de su organización política, el BJP, se produjo solo en 2014, después de que obtuviera el apoyo de las grandes empresas del país. Narendra Modi había sido fundamental para lograr esta alianza entre los elementos fascistas y las grandes empresas; y su nombre para el cargo de primer ministro se había planteado por primera vez en una cumbre de inversores a la que asistieron todos los grandes capitalistas del país, organizada por el gobierno de Gujarat cuando él era ministro principal de ese estado.
Considerar el auge de los elementos fascistas como un fenómeno moderno es importante para luchar con éxito contra él. Si este auge fuera solo el resultado de la supervivencia y el posterior fortalecimiento de la premodernidad, la lucha política contra él tendría que ir acompañada de un nuevo impulso hacia la «modernización», lo que implicaría una vigorosa búsqueda del neoliberalismo. Por otro lado, si se considera que el ascenso fascista está respaldado por el capital monopolista para reforzar su hegemonía durante un período de crisis del neoliberalismo que no puede superarse dentro del marco del propio neoliberalismo, entonces la lucha política contra él tendrá que ir acompañada de una agenda económica que vaya más allá del neoliberalismo.
A menos que se vaya más allá del neoliberalismo, lo cual es necesario para superar la crisis que ha provocado, incluso una derrota política de los elementos fascistas en las elecciones solo les supondrá un revés temporal; volverán al poder, como ha hecho Donald Trump en Estados Unidos, porque no se habrá superado la coyuntura que dio lugar a su ascenso. Por lo tanto, una lucha exitosa contra el ascenso de los elementos fascistas requiere no solo una unión política de las fuerzas seculares, democráticas y antifascistas, sino también un programa económico mínimo que implique ir más allá del neoliberalismo, al menos en ciertos aspectos cruciales para empezar.
8. Bidet sobre el libro de Lojkine.
En Contretemps le están dando mucha cancha al último libro de Lojkine, Le fil invisible du capital. Tras la publicación de un fragmento y una reseña, ahora Jacques Bidet lo considera, ni más ni menos, que como una alternativa a El Capital.
https://www.contretemps.eu/une-ambitieuse-alternative-au-capital-sur-le-livre-dulysse-lojkine/
Una ambiciosa alternativa a «El capital». Sobre el libro de Ulysse Lojkine
Jacques Bidet 17 de octubre de 2025 Una ambiciosa alternativa a «El capital». Sobre el libro de Ulysse Lojkine2025-10-18
Jacques Bidet ofrece en este texto una lectura crítica detallada de la obra de Ulysse Lojkine, Le fil invisible du capital (ediciones La Découverte). Muestra su ambición como alternativa al Capital de Marx, pero también sostiene que estas dos teorías de la explotación deben completarse teniendo en cuenta que el poder social puede estar vinculado no solo al mercado, sino también a la organización, y basarse en una supuesta «competencia».
También pueden leer en nuestro sitio web un extracto del libro, así como una reseña crítica.
Ulysse Lojkine, Le fil invisible du capital. Déchiffrer les mécanismes de l’exploitation, París, La Découverte, 2025, 256 páginas.
A lo largo de su libro, Lojkine no deja de «dialogar con Marx», como él mismo subraya en la página 187 ». Pretende recoger los puntos fuertes de su teoría, pero también corregir algunos errores confrontándola con otros enfoques y, sobre todo, medirla con las transformaciones del orden económico que han surgido en los dos últimos siglos. Su eje de exploración será el de la «explotación», entendida como «la apropiación del trabajo ajeno combinada con una relación de poder asimétrica », p. 9. De hecho, esta es cada vez más difícil de identificar a medida que las redes a través de las cuales se difunde se vuelven más complejas y aumenta la distancia entre los explotados y sus explotadores. Lojkine se propone, por tanto, una tarea descriptiva: poner de manifiesto la «explotación capitalista» en sus diversas formas, mostrando en cada caso en qué consiste la apropiación y en qué poder se basa específicamente. Y orienta al lector hacia pistas que permitirían ponerle fin. Si este objetivo resulta tan difícil de alcanzar, explica, es porque los mecanismos sociales en los que se basa la explotación son los mismos que garantizan la coordinación racional del orden económico.
Me propongo comparar el sistema conceptual de Lojkine con el de El capital, tal y como lo puede retomar un lector asiduo que comparta un objetivo similar de confrontarlos con el mundo actual, corregir sus errores y buscar qué uso útil se les puede dar.
Me parece que, desde el principio, hay que reconocer el inmenso mérito de la investigación de Lojkine. Marx nos hacía pasar del capitalismo al socialismo a través del auge del poder asalariado, supuestamente inscrito en el desarrollo tendencial de la gran empresa. El fracaso de tales intentos ha dado lugar a múltiples investigaciones. Lojkine ha elegido un camino esclarecedor en muchos aspectos: considera el poder del capitalismo, su capacidad para mantener en un conjunto coherente un campo económico tan dispar, en el que se entremezclan, en el espacio global, tantos desajustes y discordias. Y es a partir de este potencial de racionalidad, tanto como de la carga de explotación que encierra, que intenta esbozar una nueva perspectiva.
Sin embargo, al lector apresurado podría pasárselo por alto que Lojkine, a través de un vocabulario diferente, aunque análogo, introduce conceptos que se asemejan a los de Marx, pero que tienen propiedades radicalmente diferentes, lo que conduce a explicaciones radicalmente diferentes, que pueden llevar a perspectivas divergentes. Por lo tanto, intentaré poner de manifiesto su originalidad examinando, de forma somera, los principales conceptos, término por término. Todo ello sin eludir los profundos desacuerdos que yo mismo tengo con Marx.
El conjunto de diferencias entre ambos autores se apreciará mejor si se consideran primero dos divergencias fundamentales.
La primera es de orden antropológico. Lojkine, diga lo que diga, opta filosóficamente por el individualismo denominado «metodológico», que es también «ontológico», en el sentido de una ontología social. Esta es la tesis adoptada por el «marxismo analítico», que parte del individuo. Marx, por el contrario, parte de las relaciones sociales. Esta es la elección que formula la VI tesis sobre Feuerbach: el individuo se aprehende en la posición, siempre singular, que ocupa en «el conjunto de las relaciones sociales» en las que emerge. Emerge como persona, hay que añadir, en respuesta a las interpelaciones de los interlocutores que definen estas relaciones «sociales», en la medida en que, como tales, están dotadas de sentido.
La segunda divergencia es de orden epistemológico y se refiere al método de exposición. Solo se puede «dialogar con Marx» situándose en relación con el «método» que él reivindica, que consiste en desarrollar el concepto «de lo abstracto a lo concreto», es decir, de lo más general a lo más particular, en el orden del pensamiento, para producir así, en un vaivén con la investigación empírica, un cuerpo de conceptos que permita aprehender lo concreto real. Se trata de una restricción teórica que expone en su Introducción a los Grundrisse y a la que se esfuerza por someterse rigurosamente en El capital, lo que no significa que siempre lo consiga.
Cada concepto tiene su significado y su alcance en el lugar que ocupa en una exposición tan ordenada, lo que determina el uso que se puede hacer de él. A lo largo de esta cadena, la verdad del momento más abstracto permanece en la del momento más concreto. Así, la relación mercantil, supuestamente libre e igualitaria, no puede desaparecer en la relación mercantil-capitalista. Cuando el asalariado vende su fuerza de trabajo, sigue siendo, bajo la peor esclavitud, su propietario en última instancia. Por eso, en el capítulo 10 del Libro 1, le vemos «alzando la voz» y comprometiéndose, en forma sindical y política, con una legislación sobre el tiempo de trabajo. Una lucha que, a los ojos de Marx, anuncia todas las demás.
Esta forma de proceder, «de lo abstracto a lo concreto», según una escala de «niveles epistemológicos», llamémoslos así, permite estudiar las diversas «sobredeterminaciones» de esta «forma social» que es el capitalismo. Marx muestra así cómo esta estructura de clases requiere e implica al Estado-nación. Esta sobredeterminación implica otra: el Estado-nación solo existe entre otros, en una configuración asimétrica del sistema mundial. Así se produce en el pensamiento el concepto que permite comprender en qué condiciones surgieron en el pasado el capitalismo esclavista y, ayer, el capitalismo neoliberal. Al menos, ese es el espíritu de este método.
Este método, que puede parecer extraño, responde simplemente a la necesidad de superar el análisis multifactorial con el que necesariamente comienza la investigación. Este método busca poner orden entre los diversos factores, es decir, entre los diversos elementos cuyo papel es evidente en la situación que se pretende analizar: se propone identificar el orden en el que deben considerarse para comprender las relaciones que mantienen entre sí.
Es en esto donde produce una «teoría», al estilo de una teoría científica. Sin embargo, no se trata, propiamente hablando, de una obra científica. La cuestión que plantea sobre esta realidad tiene, en efecto, una dimensión filosófica: no se refiere solo a lo que es, sino también a lo que debe ser. No solo se refiere a una práctica técnico-científica, sino también a una práctica ciudadana. Sin embargo, el hecho de que se trate de una verdadera teoría no garantiza, evidentemente, que sea una teoría verdadera.
Consideremos ahora los principales conceptos que hay que comparar.
El concepto de explotación. Marx lo aborda, al igual que Lojkine, en términos de apropiación. Según él, se es explotado cuando se trabaja en beneficio de otros más tiempo del necesario para producir lo que se consume. La explotación implica una relación de dominación, pero no es esta una característica que, según la expresión de Lojkine, «se combinaría» con esta apropiación. La dominación es la condición de la apropiación, que permite su reproducción.
Este concepto se aplica a las sociedades humanas siempre que existe propiedad. En el caso del capitalismo —y esto es lo que distingue radicalmente el enfoque marxista del de Lojkine—, el empleador no se apropia del trabajo del asalariado, sino de su fuerza de trabajo. El asalariado no vende su trabajo, vende su fuerza de trabajo[1]. Es en este punto donde Marx pretende romper con los clásicos. Y es también lo que le distingue de los neoclásicos. Esta es la base de su exposición. El capitalista no se apropia ni del trabajo ni del tiempo de trabajo. Para Marx, versus Lojkine, no existe, por tanto, un «flujo de trabajo». Para él, el flujo de la circulación se produce en el intercambio; y lo que circula no es el trabajo, sino el valor, que pasa alternativamente de la forma mercancía a la forma moneda y viceversa.
El concepto de valor. Lojkine lo declara misterioso. Marx, en su famosa carta al editor, subraya que, en efecto, exige al lector mucha paciencia, una laboriosa paciencia teórica. La teoría marxista no tiene por objeto demostrar que las mercancías se intercambian en función del tiempo de trabajo que implican, como cabría esperar de un intercambio entre productores en competencia. Por el contrario, subraya que sus precios se alejan enormemente de él.
Lo que define es una lógica, la lógica del valor, inherente a la relación de producción mercantil como tal, analizada por Marx para hacer comprensible la relación de plusvalía, inherente a la producción mercantil-capitalista, cuya lógica propia, que es totalmente diferente, es la única que, en su opinión, permite comprender los mecanismos y tendencias del modo de producción capitalista. El concepto de valor es para él el concepto «abstracto» del que hay que partir para «transformarlo», verwandeln, mediante «determinaciones», Bestimmungen, sucesivas. Lojkine estudia desde el principio el «capitalismo» de forma descriptiva.
Marx, que examina una «relación social» en su espesor conceptual, en la jerarquía de sus determinaciones, pretende abordar el problema desde un nivel superior, a partir de un concepto más «abstracto», anterior en la escala epistemológica, es decir, presupuesto, el de la producción mercantil, que como tal es rigurosamente competitiva (los comentaristas marxistas a menudo han pasado por alto este punto, al igual que Lojkine). Y la producción «se convierte» en mercantil-capitalista, desde el momento en que se considera una mercancía «determinada»: la fuerza de trabajo.
El concepto de producción. Cédric Durand, en su epílogo, propone continuar el trabajo de Lojkine con un estudio de la producción. En efecto, parece que Lojkine se ha quedado, metodológicamente, en la cuestión de la «circulación», en correlación con la de la «coordinación» . Marx aborda las cosas de otra manera, distinguiendo, de lo general a lo particular, tres conceptos de producción, tres niveles epistemológicos[2].
En la producción en general, según la racionalidad que caracteriza a esta práctica humana particular, es decir, la «producción de valores de uso», la fabricación de un producto concreto se correlaciona con el gasto de fuerza de trabajo que requiere: correlación del «trabajo concreto» con el «trabajo abstracto ». En la producción mercantil, que afecta de diversas maneras a diversas sociedades, esta correlación se realiza a través de la relación competitiva entre los productores-intercambiadores como tales, en función de la demanda de los diversos productos y del tiempo de trabajo que implican: la competencia está, por tanto, en el centro de la teoría marxista del valor (lo que parece escapar a Lojkine).
Marx descubre en ella un sistema de incentivo y de asignación racional de los recursos, al mismo tiempo que de información en el sentido de Hayek[3], y se concluye que el mercado, en su abstracción, es una «maravilla». En la producción capitalista, que sin duda requiere la producción de mercancías y, por tanto, de valores de uso , la lógica es rigurosamente la del beneficio, sean cuales sean las consecuencias para la humanidad y la naturaleza, lo que en última instancia abstrae el «valor de uso». Lojkine no recurre a tales conceptos, articulados jerárquicamente. Sin embargo, estos podrían parecer útiles para su objetivo: abolir el capitalismo sin abolir el mercado.
La relación entre mercado y poder. Lojkine subraya que su enfoque de la explotación no se refiere solo a las relaciones de cantidad, sino también a las de poder. Esto le lleva a proponer un nuevo concepto de poder: la propiedad de un agente sobre una realidad social. Marx, por el contrario, se interesa por el poder como poder de una clase sobre otra, o como poder del Estado. Los términos que emplea, como Gewalt o Herrschaft, no se refieren a las relaciones interindividuales. Los individuos que lo ejercen ejercen un poder de clase o de Estado.
A los ojos de Marx, ese poder no es la «propiedad de un agente», como podría considerarlo el individualismo metodológico: solo existe como tal en una relación social definida, a partir de la cual es un poder determinado. Marx se interesa especialmente por ese poder no mercantil que cree ver crecer en las grandes empresas industriales: los trabajadores podrían apropiarse de este poder organizativo mediante el cual se organizan ustedes mismos. Se trata de un concepto que pretende comprender y explicar un proceso histórico supuesto (que, como tal, puede conducir a un diagnóstico erróneo). Los conceptos de Lojkine, que describe mecanismos, y los de Marx, que analiza antagonismos de clase y los procesos históricos a los que se supone que dan lugar, no pueden utilizarse para los mismos fines.
La epistemología de Marx no permite analizar según criterios similares la práctica de una persona que alquila un apartamento que no necesita, con el fin de obtener unos ingresos que le serán útiles, y la de la empresa inmobiliaria que alquila con una lógica de beneficio capitalista. Encontramos una diferencia similar, aunque a un nivel epistemológico diferente, en lo que respecta a la renta de la tierra. Marx la entiende como una relación social más «general», es decir, que existe fuera del capitalismo, caso particular, y trata de mostrar cómo este la trata según su propia lógica, una lógica de plusvalía.
El concepto de capital comercial. En este punto, me parece que la problemática de Marx debe ser precisada y criticada. Es coherente consigo mismo cuando afirma que el valor no cambia de magnitud al circular, al pasar de la forma mercancía a la forma dinero y viceversa. En este sentido, en el proceso comercial no se produce ningún valor. Pero, en mi opinión, no podemos quedarnos ahí, porque el producto solo termina de producirse como valor de uso cuando llega a la caja de la tienda, por poner un ejemplo. El trabajo de transporte forma así parte del trabajo de producción.
A esto hay que añadir los costes de transacción que implica el trabajo de búsqueda de compradores, de localización adecuada del producto, de publicidad para darlo a conocer, etc. La mercancía solo se convierte en valor de uso cuando es accesible al comprador, conocida y reconocida como útil. Si es así, en la lógica de Marx, en el nivel abstracto en el que se sitúa su análisis del valor de la mercancía, la magnitud de este debería medirse por la duración acumulada del trabajo de producción y del trabajo de transacción que requiere.
Sin embargo, Marx, en El capital, descuida esta cuestión. En realidad, como economista, se vio llevado, al igual que Lojkine, a interesarse por el capital comercial desde un punto de vista completamente diferente: el de la coordinación entre las diferentes esferas de la economía. Tenía que estudiar la parte que este ocupa en el proceso económico, su dinámica propia, su lógica propia, que difiere de la del capital «productivo», en el sentido estricto del término, de bienes y servicios, así como el peso que representa para una economía. En este sentido, Marx entiende el conjunto de los costes de transacción relacionados con el capitalismo como «gastos accesorios» de producción, improductivos en cuanto a valor de uso, que en este sentido forman parte de un conjunto de «funciones improductivas» propias del capitalismo[4].
El concepto de asalariado. Lojkine analiza el asalariado como una estructura «triangular» con tres términos: la persona que trabaja, el usuario del trabajo y el empleador que paga al trabajador. Marx dispone los elementos de forma lineal: el trabajador que produce el objeto o el servicio, el empleador que paga al trabajador y el consumidor que compra el producto al capitalista. Los dos primeros términos se refieren a la producción, los dos últimos a la «circulación», es decir, al intercambio. Esta concepción lineal permite comprender el proceso que Lojkine describe en términos triangulares: puede haber una jerarquía de empleadores, cuyos poderes son distintos, al igual que los beneficios que se derivan de ellos.
El subcontratista, por ejemplo, debe someterse a las restricciones de volumen, calidad y plazos de entrega impuestas por el cliente, al tiempo que dispone de la contratación, el salario y los horarios del empleado. En este punto, por lo tanto, no parece haber incompatibilidad entre el enfoque de Lojkine y el de Marx. El dispositivo triangular, por el contrario, permite a Lojkine integrar el salario en un esquema que incluye la subcontratación, el crédito, etc.
Aquí vemos el abismo que separa ambas problemáticas. Marx, que también se interesa por otras formas burguesas de explotación, en particular la de los sirvientes, se centra esencialmente en el salario capitalista, considerándolo como el principio exclusivo de la «acumulación de plusvalía ». Pero, una vez que se descarta la teoría marxista del valor, como hace Lojkine, dicha distinción pierde su importancia.
El concepto de coordinación. Según Lojkine, el capitalismo implica una combinación entre un sistema de explotación y un sistema de «coordinación ». Según Marx, por el contrario, el modo de producción capitalista articula dos modos primarios de «división del trabajo», el primero en el mercado en el conjunto de una sociedad, el segundo dentro de la empresa[5]. El término «coordinación», en mi opinión, sería más adecuado aquí que el término, puramente negativo, de «división ».
Se trata, en efecto, más allá de la cooperación discursiva entre socios, de los «dos modos primarios de coordinación racional de la producción a escala social» —por retomar una temática institucionalista que Coase y Williamson, me parece, retomaron de Marx— que dan lugar a dos tipos de poder. Lojkine desarrolla, por lo demás, una perspectiva análoga. Opone el poder de los propietarios capitalistas, que consiste en contratar y despedir a quienes emplean por contrato, invertir, deslocalizar, etc., al de los directivos, que consiste en definir procesos y tareas, y asignarlos a los distintos empleados, articulado con la responsabilidad de garantizar que el trabajo se realice de acuerdo con los objetivos de la empresa.
Pero —y mi pregunta se dirige tanto a Marx como a Lojkine— ¿se ha agotado la cuestión al declarar que se trata de un doble poder del capital, uno directo y otro indirecto? ¿Basta con decir que los capitalistas eligen a los directivos? En realidad, solo pueden elegirlos entre personas «competentes», es decir, producidas como tales por un proceso social de producción y reproducción totalmente distinto al del capital: el proceso, bien conocido por los sociólogos, que Bourdieu aborda en términos de «capital cultural ».
Si es así, ¿se reduce la estructura de clases en la época moderna, tal y como entienden Marx y Lojkine, al enfrentamiento entre el capital y el trabajo? ¿Es la «clase burguesa» únicamente la clase capitalista? ¿No combina más bien la clase dominante moderna dos principios de poder, uno relacionado con el mercado capitalista y otro con la organización social, asociando, en relaciones históricamente variables, dos fuerzas sociales, a la vez socias y competidoras, incomparables en su naturaleza y su potencial? Si es así, se llega a entender la política en una sociedad moderna como un juego de tres socios, en el que se mezclan luchas y alianzas de clase. A lo que ninguno de estos dos autores prepara.
En resumen, la lectura que se puede hacer de Marx o de Lojkine será tanto más útil cuanto más se intente sacar el máximo partido de sus conceptos sin pedirles más de lo que pueden dar.
*
Ilustración: Diego Rivera, «México hoy y mañana», detalle con Karl Marx, murales de la Historia de México, 1935, fresco, Palacio Nacional, Ciudad de México.
Notas
[1] Este es el tema del capítulo 6 del libro 1, La compra y venta de la fuerza de trabajo.
[2] Este es el tema del capítulo 7 del Libro 1, La producción del valor de uso y la producción de la plusvalía. La producción de la mercancía, analizada en los capítulos anteriores, también ocupa un lugar central en este capítulo. Pero el argumento de Marx se centra aquí en la diferencia entre los otros dos conceptos.
[3] El capital, tomo 1, p. 87. A los productores-intercambiadores les basta con «saber cuánto obtendrán a cambio de sus productos». Les basta con seguir sus precios en el mercado. No necesitan una visión global que les permita conocer las condiciones de su producción. Esto es lo que Marx entiende por «fetichismo de la mercancía».
[4] Marx aborda sistemáticamente esta cuestión en el libro 2, capítulos 6, Los gastos de circulación, y 17, La circulación de la plusvalía, y en el libro 3, capítulo 17, La ganancia comercial.
[5] Este es el objeto del capítulo 14 del libro 1, La división del trabajo y la manufactura, § IV, La división del trabajo en la manufactura y en la sociedad.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 18 de octubre de 2025.
El seguimiento en directo de Middle East Eye.
https://www.middleeasteye.net/live/israel-rejects-hamas-truce-offer-thousands-forced-flee-gaza-city
En directo: Netanyahu ordena que el paso fronterizo de Rafah permanezca cerrado hasta nuevo aviso, violando el alto el fuego
Al menos 70 000 toneladas de municiones sin detonar amenazan vidas en Gaza, advierte la defensa civil
Puntos clave
El número de muertos en Gaza supera los 68 000
Israel comete 47 violaciones desde que entró en vigor la tregua en Gaza
La CPI rechaza la apelación contra la orden de detención de Netanyahu
Actualizaciones en directo
Nuestro blog en directo cerrará en breve hasta mañana por la mañana.
Estos son los acontecimientos más destacados del día:
- La Defensa Civil palestina ha informado de que ha recuperado los cadáveres de nueve palestinos muertos tras el ataque israelí contra un autobús el viernes por la noche.
- El número de muertos por los dos años de ataques israelíes en Gaza ha ascendido a 68 116, con otros 170 200 heridos.
- El Ministerio de Salud palestino en Gaza anunció el sábado que había recibido 15 restos mortales de la Cruz Roja que habían estado bajo custodia israelí.
- La oficina de prensa del Gobierno en Gaza afirmó en un comunicado que Israel ha cometido 47 violaciones del acuerdo de tregua desde que entró en vigor la semana pasada.
- La oficina del primer ministro israelí afirma que Benjamin Netanyahu ha ordenado que el paso fronterizo de Rafah permanezca cerrado «hasta nuevo aviso».
- Hamás declaró el sábado que el cierre continuado de Rafah por parte de Israel, en contravención del acuerdo de alto el fuego, retrasará la entrega de los restos mortales de los cautivos.
- El portavoz de Hamás, Hazem Qassem, afirma que el grupo no tiene intención de asumir directamente una función administrativa en el gobierno de Gaza.
- El jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, inspeccionó una planta de tratamiento de aguas residuales en el norte de la ciudad de Gaza que dejó de funcionar como consecuencia del genocidio.
- El enviado de Estados Unidos a Oriente Medio, Steve Witkoff, expresó que Donald Trump consideraba que «los israelíes se estaban descontrolando un poco» tras su intento de asesinato de los líderes de Hamás en Qatar.
- Los organizadores del Festival Internacional de Cine Judío afirman que se han visto obligados a posponer el evento después de que todos los cines de la ciudad sueca de Malmo se negaran a proyectar sus películas, alegando motivos de seguridad.
- El ejército israelí afirma que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha tomado custodia de dos ataúdes que contienen los cuerpos de cautivos israelíes en Gaza y ahora los está transportando a las fuerzas israelíes para su entrega.
Un funcionario palestino pide una fuerza internacional para proteger Gaza
Rawhi Fattouh, presidente del Consejo Nacional Palestino, el órgano legislativo de la OLP, ha pedido a la comunidad internacional que despliegue fuerzas de protección internacionales en Gaza.
Condenó el asesinato por parte de Israel de 11 miembros de la misma familia en la ciudad de Gaza, calificándolo de «parte de la política continua de asesinato y destrucción de Israel».
«Este crimen no es un acto aislado, sino parte de un patrón continuo de asesinatos y destrucción en medio de una clara inacción internacional para exigir responsabilidades a los autores», afirmó Fattouh.
Afirmó que el Gobierno israelí es «plenamente responsable de este crimen de guerra contra la humanidad» e instó a las potencias mundiales a «tomar medidas inmediatas para desplegar fuerzas internacionales que proporcionen protección al pueblo palestino».
La Cruz Roja recibe los cuerpos de dos cautivos israelíes de Gaza
El ejército israelí afirma que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha tomado custodia de dos ataúdes que contienen los cuerpos de cautivos israelíes en Gaza y ahora los está transportando a las fuerzas israelíes para su entrega.
Hamás afirma que no asumirá un papel administrativo directo en Gaza
El portavoz de Hamás, Hazem Qassem, afirma que el grupo no tiene intención de asumir directamente un papel administrativo en el gobierno de Gaza.
En una declaración desde Gaza, Qassem ha dicho que Hamás ha acordado en su lugar establecer un «comité de apoyo comunitario» para gestionar temporalmente los asuntos.
«Pedimos la rápida formación del Comité de Apoyo Comunitario hasta la formación del Comité de Gestión de Gaza. Las agencias gubernamentales en Gaza continúan desempeñando sus funciones, ya que el vacío es muy peligroso», ha dicho.
Ha añadido que las instituciones existentes seguirán funcionando «hasta que se forme un comité administrativo y todas las facciones palestinas estén de acuerdo».
Qassem confirmó que continúan las conversaciones con los mediadores para preparar el terreno para la segunda fase de las negociaciones.
Afirmó que la siguiente fase del acuerdo de alto el fuego es «compleja» y que se están realizando esfuerzos para construir una posición nacional unificada en torno a sus términos clave.
Hamás afirmó el sábado que el cierre continuado de Rafah por parte de Israel, en contravención del acuerdo de alto el fuego, retrasará la entrega de los restos de los cautivos.
El sábado por la mañana, la oficina del primer ministro israelí afirmó que Benjamín Netanyahu había ordenado que el paso fronterizo de Rafah permaneciera cerrado «hasta nuevo aviso».
Una declaración de su oficina afirma que cualquier decisión de reabrir el paso fronterizo dependerá de «la forma en que Hamás cumpla su parte en la devolución de los rehenes fallecidos y en la aplicación del marco acordado».
Hamás afirmó el sábado que tiene previsto entregar los cadáveres de dos cautivos israelíes esta noche a las 22:00 hora local (19:00 GMT).
El Comité Internacional de la Cruz Roja se dirige a un lugar en el sur de Gaza para recibir varios ataúdes.
La Cruz Roja se dirige a recoger los cadáveres de los cautivos israelíes en Gaza.
El ejército israelí afirma que el Comité Internacional de la Cruz Roja se dirige a un lugar en el sur de Gaza para recibir varios ataúdes que contienen los cadáveres de los cautivos israelíes.
¿Qué harían las tropas árabes o musulmanas que patrullan Gaza si se vieran sometidas al fuego israelí? Diplomáticos y funcionarios árabes con experiencia en el mantenimiento de la paz afirman que este escenario potencialmente explosivo se cierne sobre los planes de desplegar una «Fuerza Internacional de Estabilización» en el enclave.
«No se trata de una hipótesis. Las fuerzas de paz de la FPNUL en el sur del Líbano fueron atacadas por Israel», declaró a Middle East Eye un funcionario de las Naciones Unidas con décadas de experiencia en el mantenimiento de la paz en la región, refiriéndose a las fuerzas de paz de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL), que fueron objeto de varios ataques israelíes en los últimos dos años.
«Allí contábamos con tropas irlandesas e italianas que actuaron con moderación. ¿Cómo responderían los soldados egipcios o jordanos si fueran atacados por Israel?», se preguntó el diplomático.
Tanto Egipto como Jordania tienen tratados de paz con Israel, pero esos acuerdos están gestionados por jefes de espionaje, diplomáticos y altos mandos militares, ya que sus poblaciones y soldados rasos son en gran medida hostiles a Israel por su ocupación de los territorios palestinos.
Después de que Israel invadiera la ciudad fronteriza meridional de Rafah en mayo de 2024, dos soldados egipcios murieron en un intercambio de disparos con Israel.
Aplazado un festival de cine israelí tras la negativa de los cines suecos a proyectar sus películas
Los organizadores del Festival Internacional de Cine Judío afirman que se han visto obligados a aplazar el evento después de que todos los cines de la ciudad sueca de Malmö se negaran a proyectar sus películas, alegando motivos de seguridad.
El festival, que tenía como objetivo conmemorar los 250 años de vida judía en Suecia, estaba programado para celebrarse del 29 de noviembre al 2 de diciembre.
En un comunicado publicado el jueves, los organizadores afirmaron que «todos los cines comerciales y artísticos de la ciudad les habían puesto trabas».
Ola Tedin, uno de los organizadores, declaró a la cadena sueca SVT que los operadores de cine se negaron por temor a que el personal o el público pudieran correr peligro.
La cadena de cines Filmstaden afirmó posteriormente que su decisión se había tomado a principios de año, alegando: «En este caso concreto, tras una evaluación exhaustiva, llegamos a la conclusión de que no podíamos acoger el festival por motivos de seguridad. Nuestra prioridad es siempre garantizar una experiencia segura y positiva tanto para nuestros clientes como para nuestros empleados».
La CPI rechaza la apelación de Israel para cancelar la orden de detención de Netanyahu
La Corte Penal Internacional (CPI) ha rechazado la apelación de Israel para cancelar las órdenes de detención contra el primer ministro Benjamin Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant.
En mayo, Israel solicitó a la CPI que retirara las órdenes mientras se seguía examinando una impugnación separada sobre la jurisdicción del tribunal.
El tribunal desestimó la solicitud el 16 de julio, dictaminando que «no había base legal» para cancelar las órdenes mientras la cuestión de la jurisdicción seguía sin resolverse.
Israel intentó apelar esa decisión una semana después, pero el viernes los jueces de la CPI dictaminaron que «la cuestión, tal y como la plantea Israel, no es susceptible de apelación».
Aunque Israel no es miembro de la CPI, al Estado de Palestina se le concedió la membresía en 2015.
Hamás devolverá los cadáveres de dos cautivos israelíes
Hamás afirma que tiene previsto entregar los cadáveres de dos cautivos israelíes esta noche a las 22:00 hora local (19:00 GMT).
El grupo afirma que los cadáveres fueron exhumados de un lugar dentro de la Franja de Gaza a primera hora de la tarde y serán trasladados a Israel como parte de los acuerdos en curso.
Una incursión israelí en Tubas deja dos soldados de ocupación heridos
El ejército israelí afirma que se lanzó un artefacto explosivo contra sus fuerzas durante una incursión en la ciudad ocupada de Tubas, en Cisjordania, lo que dejó a dos soldados con heridas «moderadas».
Ambos han sido trasladados al hospital y las tropas israelíes siguen desplegadas en la zona.
Hamás respondió con desafío, afirmando: «La resistencia en Cisjordania no se quebrará, y la voluntad de nuestro pueblo es más fuerte que todas las herramientas de opresión».
En un comunicado, el grupo añadió: «La operación de Tubas confirma que la resistencia en Cisjordania no se quebrará ni se someterá. La voluntad de nuestro pueblo es más fuerte que todas las herramientas de opresión, y no se quebrará con políticas de brutalidad y terrorismo».
«Su pueblo tiene el derecho legítimo de responder a los crecientes crímenes de la ocupación. Saludamos a los héroes de la resistencia que se mantienen firmes en el terreno a pesar de todas las dificultades. Afirmamos que la continuación de estas operaciones es una expresión sincera de la ira y el rechazo de su pueblo hacia la ocupación», añadió.
Netanyahu ordena que el paso fronterizo de Rafah permanezca cerrado hasta nuevo aviso
La oficina del primer ministro israelí afirma que Benjamin Netanyahu ha ordenado que el paso fronterizo de Rafah permanezca cerrado «hasta nuevo aviso».
Una declaración de su oficina afirma que cualquier decisión de reabrir el paso dependerá de «la forma en que Hamás cumpla su parte en la devolución de los rehenes fallecidos y en la aplicación del marco acordado».
Anteriormente, la embajada palestina en El Cairo había afirmado que los palestinos que viven en Egipto podrían regresar a Gaza a través de Rafah a partir del lunes.
Al menos dos soldados israelíes heridos en un atentado con bomba en Cisjordania
Hace 6 horas
Los medios de comunicación locales informaron de que al menos dos soldados israelíes resultaron heridos como consecuencia de la detonación de explosivos en Tubas, al norte de la Cisjordania ocupada.
Un avión de evacuación llegó al puesto de control de Tayasir, en la ciudad, tras la detonación de la bomba.
¿Qué le depara el futuro a Hamás?
Maltrechas y magulladas, pero sin doblegarse, las fuerzas de Hamás volvieron a patrullar las calles de Gaza casi inmediatamente después de que entrara en vigor el alto el fuego con Israel.
Fue tanto una advertencia a las bandas y colaboradores vinculados a Israel como una declaración sobre quién sigue gobernando el enclave palestino devastado por la guerra.
El plan de 20 puntos del presidente estadounidense Donald Trump para Gaza prevé un futuro en el que Hamás no desempeñe ningún papel militar o político.
Sin embargo, los analistas sostienen que la compleja realidad sobre el terreno —y la ausencia de una alternativa política viable— plantean serias dudas sobre la viabilidad de marginar a Hamás.
El paso fronterizo de Rafah reabrirá el lunes
Se espera que el paso fronterizo de Rafah entre Gaza y Egipto reabra el lunes, según la embajada palestina en Egipto.
El paso fronterizo ha permanecido cerrado en su mayor parte desde mayo del año pasado.
Su reapertura permitirá a los palestinos que se encuentran en Egipto regresar al enclave sitiado, señala la embajada, pero no ha indicado si se permitirá el paso de la ayuda humanitaria.
El Batallón Jenin afirma que está combatiendo la incursión israelí en la Cisjordania ocupada
El Batallón Jenin de las Brigadas Al-Quds afirmó que sus combatientes están «enfrentándose» a las fuerzas israelíes en el norte de Cisjordania.
Las incursiones y los ataques israelíes se han intensificado en toda la Cisjordania ocupada en los últimos días, con numerosas detenciones y agresiones.
Witkoff dice que se sintió «traicionado» por los ataques de Israel en Catar
El enviado estadounidense a Oriente Medio, Steve Witkoff, expresó que Donald Trump consideraba que «los israelíes se estaban descontrolando un poco» tras su intento de asesinato de los líderes de Hamás en Catar.
El 9 de septiembre, alrededor de las 12:00 horas, unos 12 ataques aéreos israelíes alcanzaron edificios residenciales en Doha, alrededor de las 16:00 horas, hora local (13:00 GMT).
En una entrevista conjunta en 60 Minutes junto a Jared Kushner, Witkoff afirmó que tanto él como Kushner se sintieron «un poco traicionados» por los ataques a Doha.
«Tuvo un efecto metastásico porque los qataríes eran fundamentales para la negociación, al igual que los egipcios y los turcos», dijo Witkoff.
«Habíamos perdido la confianza de los qataríes. Así que Hamás pasó a la clandestinidad y fue muy, muy difícil llegar a ellos»
Un dron israelí mata a una persona en el sur del Líbano
La agencia estatal de noticias del Líbano informó de que un ataque con drones israelíes mató al menos a una persona en Kfar Dounine, al sur del país.
El número de muertos en Gaza supera los 68 000
El número de muertos por los dos años de ataques israelíes en Gaza ha ascendido a 68 116, con otros 170 200 heridos.
Jefe humanitario de la ONU: Gran parte de la ciudad de Gaza es un páramo
El jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, inspeccionó una planta de tratamiento de aguas residuales en el norte de la ciudad de Gaza que dejó de funcionar como consecuencia del genocidio.
Describió el estado de la ciudad como un «páramo» y señaló la devastación generalizada que ha agravado la crisis humanitaria en el enclave sitiado.
Durante más de dos años, la campaña de bombardeos y disparos de Israel en todo el territorio ha destruido gran parte de su infraestructura, incluidas las plantas de saneamiento y agua, las escuelas, los edificios residenciales y los espacios públicos.
Israel comete 47 violaciones desde que entró en vigor la tregua en Gaza hace nueve días
La oficina de prensa del Gobierno en Gaza afirmó en un comunicado que Israel ha cometido 47 violaciones del acuerdo de tregua desde que entró en vigor la semana pasada.
Las violaciones han provocado la muerte de al menos 38 palestinos y heridas a otros 143.
«Estas violaciones han variado entre crímenes de fuego directo contra civiles, crímenes de bombardeos y ataques deliberados, y la detención de varios ciudadanos civiles, prácticas que reflejan el enfoque agresivo continuado de la ocupación a pesar de la declaración del alto el fuego», añadió la oficina.
«Observamos que estos ataques fueron llevados a cabo por las fuerzas de ocupación utilizando vehículos militares y tanques situados en las afueras de barrios residenciales, grúas electrónicas equipadas con sensores y dispositivos de puntería a distancia, y drones (quadcopters) que continúan sobrevolando zonas residenciales, llevando a cabo operaciones de disparo y apuntando directamente a civiles».
Las familias del personal médico de Gaza detenido por Israel exigen su liberación
Las familias de los trabajadores médicos detenidos por Israel celebraron una manifestación el sábado para exigir su liberación de lo que muchos grupos de derechos humanos han descrito como condiciones duras.
La vigilia fue organizada por el Complejo Médico Nasser, con la participación del Ministerio de Salud palestino en Gaza, situado en la parte sur del enclave sitiado.
Los datos de la oficina de prensa del Gobierno en la franja bloqueada revelaron que Israel ha detenido a 362 miembros del personal médico durante los dos años de guerra genocida contra Gaza.
Mientras tanto, al menos 1670 miembros del personal médico han sido asesinados por Israel desde octubre de 2023.
Traducción: Protesta organizada por el personal médico frente al Complejo Médico Nasser en Khan Younis, exigiendo la liberación de los médicos y enfermeros detenidos por las fuerzas de ocupación israelíes.
Se espera que el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, viaje a Israel la próxima semana en lo que será su primera visita oficial desde que asumió el cargo a principios de año.
Vance tiene previsto llegar el lunes, coincidiendo con la visita del enviado de la Casa Blanca a Oriente Medio, Steve Witkoff.
Es probable que ambos funcionarios visiten la región para discutir los próximos pasos del acuerdo de tregua en Gaza.
Gaza recibe un total de 135 cadáveres palestinos que estaban en custodia israelí
El Ministerio de Salud palestino en Gaza anunció el sábado que había recibido 15 restos mortales de la Cruz Roja que estaban en custodia israelí.
Esto eleva a 135 el número total de cadáveres palestinos entregados por Israel al enclave sitiado.
Al igual que en los lotes anteriores, algunos de los cadáveres muestran signos de tortura.
Hasta ahora, siete han sido identificados por sus familias.
La defensa civil recupera nueve cadáveres después de que Israel atacara un vehículo civil
La Defensa Civil palestina dijo que había recuperado los cadáveres de nueve palestinos muertos después de que Israel atacara un autobús el viernes por la noche.
Los equipos de búsqueda y rescate coordinaron con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) en el barrio de Zeitoun, en la ciudad de Gaza, para recuperar los restos.
Según informes locales, Israel bombardeó un vehículo que transportaba a personas desplazadas el viernes por la noche, a pesar del alto el fuego que entró en vigor la semana pasada.
El enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, comenzará su gira por Oriente Medio el domingo
Se espera que el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, viaje a Oriente Medio el domingo, según informaron un funcionario estadounidense y una fuente a Axios.
Witkoff tiene previsto dirigirse a Egipto e Israel durante la próxima gira, así como realizar una posible visita a la Franja de Gaza.
Buenos días, lectores de Middle East Eye:
Aquí tienen las últimas noticias sobre la guerra de Israel contra Gaza:
- La Corte Penal Internacional ha rechazado la solicitud de cancelar las órdenes de detención emitidas contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav Gallant.
- Se han registrado intensos bombardeos israelíes en toda la Franja de Gaza, especialmente en la ciudad de Gaza. Mientras tanto, lanchas artilladas israelíes abrieron fuego contra un grupo de pescadores cerca del puerto de Gaza.
- El director de la Sociedad Palestina de Socorro Médico en la ciudad de Gaza indicó que hay al menos 170 000 heridos que necesitan cirugía. El colapsado sistema sanitario del enclave carece del equipo necesario para tratar a los pacientes.
- Once personas murieron el viernes por la noche cuando las fuerzas israelíes atacaron un vehículo civil que transportaba a palestinos desplazados mientras inspeccionaban sus hogares al este del barrio de Zeitoun, situado en la ciudad de Gaza.
- La Cruz Roja recibió su cuarto lote de cadáveres palestinos que habían sido retenidos por Israel.