DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.
ÍNDICE
1. Prashad sobre los BRICS.
2. Desigualdad de ingresos en India.
3. Diesen entrevista a Michael Hudson.
4. Estancamiento en Japón.
5. Las guerras de la OTAN.
6. La masacre estadounidense del fentanilo y México.
7. Para todo lo demás, está Dubai.
8. Paz y desarrollo.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 18 de julio de 2025.
1. Prashad sobre los BRICS.
Otra entrevista a Vijay Prashad, en esta ocasión centrada en la reciente cumbre de los BRICS en Brasil.
https://luciddialectics.substack.com/p/reimagining-global-power
Reimaginando el poder global
Vijay Prashad sobre la Cumbre BRICS 2025 y un orden mundial en transformación
Vijay Prashad
20 de julio de 2025
Tras la conclusión de la Cumbre BRICS 2025 en Brasil este mes de julio, el comentarista político y director ejecutivo del Instituto Tricontinental, Vijay Prashad, se unió a las presentadoras Teri Mattson y Alina Duarte para mantener un amplio debate sobre el significado del bloque BRICS en el volátil panorama geopolítico actual. En directo desde Santiago de Chile, Prashad ofreció una interpretación crítica de la declaración de la cumbre y sus implicaciones para el Sur Global.
Formado en 2009, BRICS es el acrónimo de una coalición de cinco grandes economías emergentes: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. La alianza se creó para mejorar la cooperación económica entre estos países y promover un orden mundial multipolar que desafíe el dominio de instituciones lideradas por Occidente, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En los últimos años, el BRICS ha ampliado su membresía y su alcance para incluir debates sobre comercio, seguridad, financiación del desarrollo y coordinación política en todo el Sur Global.
Teri Mattson: Comencemos con algunos puntos clave de la Declaración BRICS 2025. Hubo declaraciones contundentes condenando los aranceles unilaterales, el bombardeo de Irán y los ataques de Ucrania contra Rusia. También se pidió un alto el fuego incondicional en Gaza y se acogió a Indonesia como miembro de pleno derecho del BRICS. ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
Vijay Prashad: Todas las cumbres del BRICS son una especie de fiesta. No se trata solo de reuniones de líderes, sino también de un avance de los próximos acontecimientos, especialmente la COP30, que tendrá lugar en Belém, Brasil. Esta cumbre fue, en cierto sentido, un calentamiento.
Destacó la ausencia de Xi Jinping, de China, y Vladimir Putin, de Rusia. Putin, en particular, tenía motivos para evitar Brasil, dados sus compromisos con la CPI, ya que el país es signatario de la Corte Penal Internacional y, por lo tanto, estaría obligado a detenerlo en virtud de la orden de la CPI por presuntos crímenes de guerra relacionados con el conflicto en Ucrania. Pero, a pesar de esas ausencias, el contenido político de la declaración fue claro: un rechazo al unilateralismo estadounidense, una postura firme en defensa de Gaza e Irán y un llamamiento al multilateralismo. Se trata de posiciones basadas en el derecho internacional, no en la ideología.
La declaración también hizo hincapié en el fortalecimiento de los sistemas financieros y comerciales multilaterales, la ampliación de las instituciones del BRICS y la oposición a las políticas proteccionistas que desestabilizan los mercados mundiales. El llamamiento a reconocer un Estado palestino, aunque pragmático y enmarcado en los marcos jurídicos internacionales existentes, es también una defensa contra la anexión de Gaza y Cisjordania.
Alina Duarte: ¿Qué tipo de alianza es el BRICS? Comenzó como un acrónimo, pero parece haber crecido hasta convertirse en algo mucho más grande. ¿Para qué sirve realmente el BRICS?
Prashad: Tiene razón, comenzó en 2009 como una modesta asociación económica entre las grandes economías del Sur Global. Inicialmente, se trataba de mejorar el comercio Sur-Sur, facilitar los visados y establecer una modesta cooperación financiera. Pero con la turbulencia en Occidente, especialmente después de la crisis financiera de 2008 y la militarización de la política exterior, el BRICS comenzó a evolucionar.
Ahora se asemeja a una alianza global incipiente. Han surgido conversaciones sobre una moneda del BRICS, especialmente una denominada en petróleo, debido a la inclusión de casi todos los principales productores de petróleo no estadounidenses. Si no se hubiera vetado a Venezuela, el BRICS se parecería a un contrapeso a la OPEP+, que incluye a China y la India. Con naciones como Arabia Saudí, Irán y Egipto a bordo, la huella económica es significativa.
Mattson: Usted describió anteriormente al BRICS como más un «estado de ánimo» que un movimiento. ¿Sigue viéndolo así?
Prashad: Sí. Ahora hay instituciones reales —el Nuevo Banco de Desarrollo en Shanghái, las reuniones de ministros de Asuntos Exteriores y el Acuerdo de Reserva Contingente—, pero carecen de unidad ideológica. Tenemos un Gobierno de extrema derecha en la India, un partido comunista en China, un presidente centrista en Brasil con un Parlamento de derecha, una monarquía en Arabia Saudí y una teocracia en Irán. Lo que los une no es la política, sino un sentimiento compartido de marginación por parte de Estados Unidos y Europa. El BRICS tiene que ver con afirmar la soberanía y rechazar la hegemonía occidental, no con formar un bloque en torno a una ideología.
Duarte: ¿Qué está en juego en esta nueva reconfiguración multipolar del mundo? ¿Estamos asistiendo a la formación de un orden mundial alternativo?
Prashad: Por supuesto. Estados Unidos está reaccionando con fuerza porque hay mucho en juego. La tecnología china está avanzando rápidamente y China es ahora el principal socio comercial de muchos países de Asia, África y América Latina. América Latina, sin embargo, sigue estando poco integrada. Brasil y México tienen más vínculos económicos con el norte que con sus vecinos. Es una oportunidad perdida.
Un mundo multipolar también implica un cambio en los patrones comerciales. Cada vez más países están empezando a comerciar a nivel regional, especialmente en Asia y algunas partes de África. La ASEAN, por ejemplo, ya está avanzando hacia el uso de monedas locales para el comercio. Esto descentraliza el comercio mundial y debilita el dominio del dólar estadounidense, que durante mucho tiempo ha sido un pilar del control geopolítico estadounidense.
Mattson: Ha mencionado el comercio regional y las monedas locales. Se ha hablado de que los países del BRICS comercian con sus monedas nacionales. ¿Se trata de una cuestión de fuerza económica o de desdolarización?
Prashad: Ambas cosas. El cambio hacia el comercio en monedas nacionales protege las economías nacionales de la volatilidad de los mercados del dólar. Conserva las reservas de dólares para importaciones estratégicas como la tecnología o los combustibles fósiles. Por ejemplo, en lugar de convertir rupias a dólares para pagar a Brasil, la India podría utilizar mecanismos de moneda local. Más adelante, los desequilibrios comerciales podrían conciliarse con un sistema multilateral, posiblemente incluso un mecanismo de compensación «BRICS».
Esto reduce los costes de transacción y la exposición a sanciones. Países como Irán y Venezuela ya están utilizando estas alternativas por necesidad. Con el tiempo, esto podría convertirse en un modelo para otras economías que buscan la independencia financiera.
Duarte: La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, propuso recientemente destinar el 1 % del gasto militar mundial a programas de desarrollo y organizar una cumbre económica centrada en el bienestar. ¿Qué importancia tiene la posición de México?
Prashad: México, bajo el mandato de AMLO y Sheinbaum, ha hecho algo notable al revivir los objetivos de desarrollo nacional arraigados en la historia revolucionaria del país. Su énfasis en la reforestación, el apoyo a los agricultores y la solidaridad regional se hace eco del legado de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, la profunda interdependencia económica de México con Estados Unidos hace que su adhesión al BRICS sea poco práctica.
Aun así, estas propuestas son importantes. Redirigir una parte del gasto mundial en armamento hacia el desarrollo sostenible podría transformar el Sur Global. Pero es difícil de implementar cuando países como Irán y Rusia se enfrentan a amenazas militares directas. México, con su singular posición geopolítica, está bien situado para proponer ideas tan visionarias.
Mattson: Hablemos de instituciones. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció recientemente planes para «reiniciar» el FMI y el Banco Mundial con el fin de centrarse en el desarrollo y la energía. ¿Es esto una respuesta al Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS?
Prashad: Sí, en parte. Pero hay más. Países como China siguen teniendo participaciones en el FMI y el Banco Mundial y han abogado por una mayor influencia y reforma. El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), liderado por la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, es un pequeño pero simbólico paso hacia la soberanía financiera.
Si el «reinicio» de Bessent significa devolver al FMI a su misión original —proporcionar liquidez a corto plazo durante las crisis de balanza de pagos—, podría ser constructivo. Pero si solo es otra forma de reafirmar el control de Estados Unidos, reforzará el mismo sistema que el Sur Global está tratando de trascender.
Duarte: La Declaración del BRICS también pidió la reforma del Consejo de Seguridad y el fin del genocidio en Palestina. ¿Es realmente posible un sistema multipolar? ¿O solo estamos añadiendo más sillas a la misma mesa?
Prashad: La estructura actual del Consejo de Seguridad es una reliquia colonial. Tres de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Reino Unido y Francia— son potencias atlánticas con una influencia global en declive. No hay puestos permanentes para África, América Latina ni el mundo árabe.
Es poco probable que se produzca una reforma, porque las naciones que se benefician de la estructura actual no renunciarán fácilmente al poder. Pero los BRICS y alianzas similares están configurando cada vez más las normas globales fuera del marco de la ONU. Independientemente de si cambia o no el Consejo de Seguridad, el mundo ya está evolucionando.
Mattson: ¿Alguna reflexión final?
Prashad: América Latina está entrando en una fase volátil. Hemos vivido cuatro oleadas de progresismo de izquierda desde mediados del siglo XX. La primera fue la Revolución Cubana de 1959, que inspiró movimientos antiimperialistas en toda la región. La segunda llegó con la Revolución Sandinista en Nicaragua en 1979, acompañada de la efímera revolución granadina y los esfuerzos de solidaridad regional. La tercera ola surgió con Hugo Chávez en Venezuela y se extendió a través de las victorias electorales de líderes de izquierda en toda Sudamérica a principios de la década de 2000. Ahora nos encontramos en la cuarta ola: un resurgimiento de la centroizquierda, con el proyecto Morena de México definiendo su vanguardia más avanzada.
La región podría enfrentarse ahora a una polarización ideológica entre la extrema derecha y la extrema izquierda. Brasil, si Lula no consigue otro mandato, podría volver al gobierno de la extrema derecha. El Partido Comunista de Chile lidera la lucha contra una derecha envalentonada.
Esta polarización influirá en el papel de los BRICS en la región. Pero, independientemente de los vaivenes electorales, el estado de ánimo del Sur Global es inequívoco. Ya no se trata de ideología, sino de soberanía, dignidad y rechazo a recibir órdenes de los antiguos poderes. Estamos asistiendo a la lenta evaporación del centro. Durante un tiempo, la extrema derecha puede prevalecer en lugares como Bolivia y Argentina, pero la izquierda volverá a encontrar su equilibrio. Mientras tanto, países como México, con su Cuarta Transformación bajo Morena, serán mirados con admiración mientras navegan por un camino más estable. Sin embargo, la lección más amplia es clara: los países ya no están dispuestos a aceptar sus papeles subordinados en la jerarquía global. Quieren construir sistemas que reflejen sus propias prioridades y realidades, no las impuestas desde Washington o Bruselas.
2. Desigualdad de ingresos en India.
La nota económica de esta semana de Patnaik está dedicada al crecimiento de las desigualdades en India, a pesar de la propaganda oficial.
https://peoplesdemocracy.in/2025/0720_pd/india%E2%80%99s-growing-income-inequality
La creciente desigualdad de ingresos en la India
Prabhat Patnaik
El Banco Mundial ha publicado recientemente una lista de coeficientes de Gini de 61 países, relacionados en algunos casos con la distribución de los ingresos y en otros con la distribución del gasto en consumo. En esa lista, la India ocupaba el cuarto lugar con el coeficiente de Gini más bajo en 2022, lo que ha llevado al Gobierno de Modi a proclamar que la India es la cuarta economía más igualitaria del mundo. Varios investigadores ya han puesto de manifiesto lo ridículo de esta afirmación, por lo que dedicarle más tiempo sería como golpear a un caballo muerto. Sin embargo, hay un par de cuestiones que aún quedan por abordar, no tanto en relación con lo absurdo de esta afirmación, sino con lo que realmente está sucediendo en la economía.
No obstante, resumamos primero brevemente algunos de los argumentos ya esgrimidos para poner de manifiesto lo absurdo de esta afirmación. Aparte del argumento obvio de que 61 países no constituyen el mundo, hay tres argumentos principales que se han esgrimido contra esta afirmación simplista del Gobierno, todos ellos absolutamente válidos. En primer lugar, la desigualdad en la distribución de los ingresos es mucho mayor que la desigualdad en la distribución del gasto en consumo. Esto se debe a que, a medida que se asciende en la escala de ingresos, la proporción de los ingresos dedicada al consumo disminuye, mientras que la proporción dedicada al «ahorro» aumenta. De ello se deduce que, en cualquier país, la distribución del gasto en consumo es siempre menos desigual que la de los ingresos. Por lo tanto, es ilegítimo comparar los coeficientes de Gini entre países, que se calculan sobre la base de datos de distribución de los ingresos en algunos países y de datos de gasto en consumo en otros, incluida la India; no se pueden extraer conclusiones válidas sobre dónde es más desigual la distribución de los ingresos a partir de datos tan dispares.
Un aspecto que no se ha señalado en este contexto, pero que reviste cierta importancia, es que en el extremo inferior de la distribución de la renta no solo no hay ahorro, sino que este es negativo; es decir, las personas se endeudan para mantener un gasto en consumo que supera sus ingresos. Esto es especialmente cierto en el caso del gasto en consumo esencial que surge debido a emergencias médicas. Esta es una razón adicional por la que la desigualdad en el gasto en consumo es mucho menor que la desigualdad en los ingresos, por lo que sacar conclusiones comparando los coeficientes de Gini a partir de datos mixtos resulta doblemente erróneo.
El desahorro en el extremo inferior de la distribución de los ingresos es un hecho muy bien establecido. De hecho, cuando el gobierno del LDF en Kerala presentó un proyecto de ley de alivio de la deuda de los agricultores en 2006 para prevenir los suicidios de los agricultores, se descubrió que una proporción significativa de la deuda de los agricultores en dificultades se había contraído por motivos médicos. (Algunos incluso habían utilizado este argumento en contra del proyecto de ley, alegando que solo se debía proporcionar ayuda a quienes habían contraído deudas de producción, y no a quienes habían contraído deudas de consumo).
En segundo lugar, en cualquier encuesta por muestreo relacionada con la distribución, ya sea de ingresos o de gasto en consumo, los segmentos más altos quedan necesariamente infrarrepresentados (ya que, a pesar de su importancia, son muy pequeños en términos numéricos). Por lo tanto, los investigadores adoptan diversos métodos para rectificar este defecto, pero no se ha producido tal rectificación en los datos presentados por la Encuesta Nacional por Muestreo, en cuya base el Banco Mundial ha calculado su coeficiente de Gini para la India. Y lo mismo ocurre con otros países.
La tercera objeción se refiere al uso del propio coeficiente de Gini, que se refiere a la distribución en su conjunto. Si, por ejemplo, aumenta la participación del 1 % más rico en la renta total, pero al mismo tiempo se produce un desplazamiento de la renta del quinto decil más bajo al tercer decil más bajo, el coeficiente de Gini puede mostrar un descenso, aunque los más ricos se hayan enriquecido aún más a expensas del resto de la población. La mayoría de las personas considerarían esta situación como un aumento de la desigualdad de ingresos, pero el coeficiente de Gini mostraría una disminución de la desigualdad de ingresos.
El absurdo de tomar el coeficiente de Gini como medida de la desigualdad se hace evidente con una simple reflexión. Si el coeficiente de Gini fuera una medida satisfactoria y si realmente la desigualdad de ingresos en la India se hubiera reducido a un nivel muy bajo, sería difícil explicar el hecho de que haya hambre y malnutrición rampantes e incluso crecientes en el país. Dado que el Gobierno afirma que la tasa de crecimiento del PIB del país ha sido alta, aparentemente la más alta de todos los países importantes, con la reducción de la desigualdad en la India debería haberse producido un aumento notable de los ingresos incluso de los segmentos más pobres de la población; y dado que el consumo de cereales, tanto directamente como a través de los piensos para animales, aumenta con los ingresos (lo que es cierto incluso en la India en todos los grupos de ingresos), la India no ocuparía el puesto 107 entre 125 países en el índice mundial del hambre, ni estaría aumentando la incidencia de la anemia entre las mujeres indias, ni estaría aumentando el porcentaje de la población por debajo del umbral de ingesta calórica per cápita utilizado para definir la pobreza según la antigua Comisión de Planificación. La única forma de conciliar la afirmación del crecimiento del PIB con estos indicadores de salud cada vez peores, que los propios datos del Gobierno ponen de manifiesto, es postulando un empeoramiento de la distribución de los ingresos; y si la evolución del coeficiente de Gini no lo refleja, como ha argumentado el Banco Mundial, entonces el coeficiente de Gini es un indicador erróneo.
Esto es precisamente lo que sugieren las cifras de la Base de Datos Mundial sobre Desigualdad, gestionada por Thomas Piketty y otros. Muestran un fuerte aumento de la desigualdad de ingresos, medida por la participación de los segmentos más altos en la renta nacional; de hecho, según sus cifras, la participación del 1 % más rico en la renta nacional del país en 2023-24, con un 23 %, es la más alta de los últimos cien años.
Sin embargo, en estas críticas a las afirmaciones del Gobierno se ha pasado por alto un otro aspecto importante. Una de las principales características del neoliberalismo es la privatización de las empresas públicas, incluido el paso de la prestación pública a la privada de servicios esenciales como la educación y la sanidad. Este cambio tiene importantes implicaciones para la distribución de la renta, que pueden observarse a continuación.
Consideremos dos fechas entre las que la distribución de la renta, independientemente de la métrica utilizada para medirla, permanece absolutamente inalterada. Sin embargo, para diferentes segmentos de la población, esta renta se gastaba en el año inicial en diferentes bienes: los grupos con rentas más altas, en una sanidad privada más cara (ya que los más acomodados no quieren perder el tiempo haciendo colas), y los más pobres, en una sanidad pública más barata. Ahora bien, si entre el año inicial y el año final la sanidad pública se reduce y muchas más personas se ven obligadas a recurrir a la sanidad privada, la distribución de la renta real habría empeorado entre ambas fechas, hasta el punto de que se habría producido una reducción de la renta real en el extremo inferior, aunque la distribución de la renta monetaria, sobre la que solo disponemos de datos, habría permanecido sin cambios y todos los precios se habrían mantenido iguales.
Cualquier empeoramiento de los ingresos reales de los pobres debido a la privatización de los servicios esenciales se manifestaría de una de estas dos formas, o de ambas: una reducción de la ingesta de alimentos para poder gastar más dinero en asistencia sanitaria privada, que es más cara; un mayor endeudamiento para financiar el uso de una asistencia sanitaria privada más cara; o, lo que es más probable, una combinación de ambas cosas. Sin embargo, en el segundo caso, la distribución del gasto en consumo habría mostrado una reducción de la desigualdad, ya que, según la hipótesis, la distribución de los ingresos monetarios se ha mantenido sin cambios entre las dos fechas, por lo que un mayor recurso al endeudamiento por parte de los pobres en el segundo período para financiar sus necesidades de asistencia sanitaria a través de los centros privados más caros se manifestaría como una reducción de la desigualdad en el gasto. El fenómeno observado, es decir, una reducción de la desigualdad en el gasto en consumo, por la que el Gobierno se felicita y que considera indicativa de una reducción de la desigualdad de ingresos, sería en realidad indicativo precisamente de lo contrario, es decir, de un aumento de la desigualdad real de ingresos.
No se trata solo de una posibilidad teórica, sino de un fenómeno importante de la vida real en la India neoliberal contemporánea. Los periódicos están llenos de historias desgarradoras de agricultores del norte de la India que acuden a Delhi para tratar a sus hijos en casos de emergencia médica, que no pueden esperar su turno en hospitales públicos saturados y se ven obligados a acudir a hospitales privados; para pagar las facturas de estos hospitales, tienen que pedir préstamos o vender sus tierras, y a menudo acaban perdiendo a sus hijos, además de sus tierras.
Que un gobierno se jacte de la reducción de las desigualdades en el gasto privado, cuando la realidad, incluso si dicha reducción es cierta, es que muy probablemente se esconde detrás de ella un mayor sufrimiento de la población, exprimida por los costes excesivamente elevados de los servicios esenciales debido a su privatización, es el colmo de la insensibilidad.
3. Diesen entrevista a Michael Hudson.
Aunque la mayoría son igual de interesantes, os paso la última entrevista de Diesen a Hudson, otro de los habituales ahora que ya está doblada al español.
4. Estancamiento en Japón.
Hoy hay elecciones en Japón y Michael Roberts, como siempre, aprovecha para hacer un repaso a la situación económica del país.
https://thenextrecession.wordpress.com/2025/07/19/japan-stagnation-and-confusion/
Japón: estancamiento y confusión
Mañana se celebran unas elecciones clave en la economía del G7, Japón. La atención se centra en si la coalición gobernante del Partido Liberal Democrático (PLD) y su socio menor Komeito, que juntos sufrieron una gran derrota en las elecciones a la Cámara Baja del pasado otoño, pueden mantener la mayoría en la Cámara Alta de Consejeros. El gobierno de coalición debe ganar 50 de los 125 escaños (la mitad de los escaños de la Cámara) que están en juego. Las últimas encuestas de opinión sugieren que varios partidos minoritarios de la oposición se están llevando alrededor de dos tercios del voto potencial entre ellos, mientras que los partidos gobernantes sólo obtienen el 32%.
El primer ministro, Shigeru Ishiba, que encabeza el PLD, ha intensificado su retórica sobre cuestiones que atraen a los conservadores, la base principal del PLD. Ha hecho hincapié en la necesidad de revisar la Constitución pacifista de Japón, un objetivo largamente defendido por el PLD para remilitarizar Japón, y ha hablado con dureza para oponerse al arancel del 25% propuesto por Trump sobre las exportaciones japonesas a EE.UU.: «No nos subestimen. Incluso si es un aliado con el que estamos negociando, debemos decir lo que hay que decir sin vacilar» Ishiba está apelando a la derecha «populista», al igual que hacen ahora todos los políticos de la «corriente principal» en las economías del G7. En Japón, la derecha «populista» está representada por el partido Sanseito, que está en contra de la inmigración y los extranjeros bajo el lema «Los japoneses primero» y ha ganado apoyo entre los votantes más jóvenes.
Pero esos no son los principales problemas que preocupan a los votantes. En cambio, el descontento con la creciente inflación, el bajo crecimiento salarial y los elevados impuestos ha provocado una oleada de apoyo a partidos hasta ahora marginales que han prometido más gasto público y recortes del impuesto sobre las ventas de todos los bienes. El PLD ha prometido ayudas en metálico y otras medidas para bajar los precios de la energía.
Como resultado, los inversores financieros han estado vendiendo bonos del Estado: el rendimiento de los bonos a diez años ha alcanzado su nivel más alto desde el colapso financiero mundial de 2008.
Los partidos de la oposición están llevando a cabo sus campañas atacando las crecientes tasas de inflación y pidiendo un recorte del impuesto sobre las ventas del 10% y del impuesto sobre los alimentos del 8% para reducir el coste de la vida. Pero el impuesto sobre las ventas es la mayor fuente de ingresos del gobierno. En el año fiscal 2025 recaudó 25 billones de yenes (160.000 millones de dólares), el 21,6% de los ingresos totales. Reducir a la mitad el tipo impositivo recortaría los ingresos en más de 10 billones de yenes.
Japón solía tener una tasa de inflación cercana a cero, pero en un intento de reactivar la economía, el gobierno y el Banco de Japón trataron deliberadamente de impulsar la inflación para animar a las empresas a invertir y reducir la carga real de la deuda. Pero todo lo que ha hecho es comerse el nivel de vida de los hogares japoneses.
Según los sondeos, el 48% de los ciudadanos considera que la lucha contra la inflación es el principal problema, seguido de la seguridad social, con un 33%, y el crecimiento económico, con un 30%. Los votantes quieren un recorte del impuesto sobre las ventas, pero no quieren que la pérdida de ingresos se compense con reducciones de las prestaciones de la seguridad social, como el Gobierno ha sugerido que sería necesario.
Fuente: Katz
Como en todas las economías del G7, a lo largo de las décadas los gobiernos japoneses han adoptado políticas económicas neoliberales encaminadas a reducir las pensiones y las prestaciones sociales. Richard Katz ha señalado que la coalición del PLD ha reducido las prestaciones de la seguridad social para las personas mayores de ¥2.Además, el gasto público en asistencia sanitaria para cada persona mayor de 65 años se ha reducido en casi una quinta parte en los últimos 30 años.
Source: Katz
Al mismo tiempo, el impuesto de sociedades se ha reducido del 50% al 15%. Los beneficios se han duplicado, pasando del 8% del PIB al 16%, pero los ingresos del Estado en concepto de impuesto de sociedades han caído del 4% del PIB al 2,5%. Estos recortes del impuesto de sociedades no se han traducido en un mayor crecimiento de la inversión empresarial. En su lugar, las empresas acapararon el efectivo o lo invirtieron en bonos del Estado y en el mercado bursátil.
Fuente: Katz
La clave del fracaso de estas medidas neoliberales para impulsar la inversión empresarial y poner fin al estancamiento de la economía japonesa desde la década de 1990 es el descenso de la rentabilidad de la inversión de capital La rentabilidad del capital en Japón ha caído más que en cualquier otra economía del G7.
Fuente: Series EWPT y AMECO, cálculos del autor
La economía japonesa se ha estancado (en PIB real), tambaleándose continuamente al borde de la recesión. Así que la inversión y la demanda de los consumidores han sido débiles. Este es particularmente el caso de los salarios. De hecho, ha sido una característica de los últimos 25 años que los salarios han permanecido estancados, mientras que los beneficios han aumentado. Esto es producto de las políticas neoliberales adoptadas por los sucesivos gobiernos para tratar de invertir el declive a largo plazo de la rentabilidad del capital japonés, con un éxito limitado;
Aunque la tasa oficial de desempleo está cerca de mínimos históricos, como en otras grandes economías, hay más «holgura» en el mercado laboral de lo que indicaría la tasa de desempleo del 2,5%. El número total de horas trabajadas sigue estando un 2,8% por debajo del nivel anterior a la pandemia. Las empresas cubren las lagunas de sus plantillas con trabajadores a tiempo parcial con salarios más bajos. El desempleo es bajo debido a la reducción masiva de la población en edad de trabajar, que ahora disminuye en unas 550.000 personas al año
El impacto en el mercado laboral se ha compensado con un aumento del empleo femenino, pero las empleadas trabajan en zonas de salarios más bajos y perciben sueldos inferiores a los de los hombres. Esto mantiene baja la participación de los salarios y alta la de los beneficios. De hecho, la participación de la mano de obra en la renta nacional de Japón ha ido disminuyendo desde el final del periodo de auge japonés de los años 80: del 60% al 55% actual. El salario medio por hora de un trabajador a tiempo completo en Japón no es superior al de 1993. Y el salario medio real por hora de todos los trabajadores japoneses – no sólo los de jornada completa – ha bajado un 10% desde su máximo de 1997.
Source: Katz
El gran problema a largo plazo es la población de Japón. Ha estado disminuyendo y envejeciendo. Eso permite que el crecimiento de la renta per cápita crezca más que el crecimiento total del PIB; el PIB real per cápita de Japón ha subido un 10,8% desde 2010, mientras que el PIB real ha subido un 9,6%. Pero el crecimiento del PIB real per cápita también se está ralentizando.
Fuente: FMI
Los que trabajan están sobrecargados de trabajo. Japón inventó el término karoshi – muerte por exceso de trabajo – hace 50 años, tras una serie de tragedias de empleados. Las grandes empresas promueven la idea de una semana de cuatro días para aliviar esta presión y aumentar la productividad. Pero hay pocos indicios de que esta o cualquier otra medida esté funcionando para aumentar la productividad. El crecimiento de la productividad es inexistente.
Las empresas japonesas pueden haber aumentado sus beneficios a expensas de los salarios, pero no están invirtiendo ese capital en nuevas tecnologías y equipos que mejoren la productividad. La inversión pública (alrededor de una cuarta parte de la inversión empresarial) está estancada. La imagen de innovación tecnológica del capital japonés parece haber desaparecido hace tiempo. La principal medida de «innovación», la productividad total de los factores (PTF), ha pasado de un crecimiento superior al 1% anual en los años noventa a casi cero en la actualidad, mientras que la enorme inversión de capital de los años ochenta y noventa no aparece por ninguna parte.
Los primeros ministros van y vienen: de Abe a Kishida e Ishiba, pero nada cambia. Japón ha registrado déficits públicos permanentes, gastándolos en construcción y otros proyectos y, sin embargo, la economía japonesa ha seguido estancada. El enorme ratio de deuda pública de Japón no provocará una crisis financiera, ya que la mayor parte de esta deuda pertenece al Banco de Japón y a los grandes bancos, pero sigue expresando la incapacidad del sector privado para invertir.
Fuente: FMI
Las elecciones a la Cámara Alta se celebran cuando el motor exportador de Japón chisporrotea y justo cuando los aranceles del presidente estadounidense, Donald Trump, empezarán a afectar a sectores clave como el automovilístico y el del acero a partir del 1 de agosto. Tokio no ha logrado hasta ahora alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos, a pesar de los siete viajes a Washington del enviado comercial de Japón, Ryosei Akazawa.
La economía japonesa se contrajo en el primer trimestre y las últimas cifras comerciales sugieren que es cada vez más probable una segunda contracción consecutiva en el segundo trimestre, cumpliendo la definición de «recesión técnica». Si la coalición liderada por el PLD pierde la mayoría en la Cámara Alta, podría verse obligada a celebrar elecciones generales, con la economía estancada y el gobierno en desorden.
5. Las guerras de la OTAN.
Hasta tres guerras tiene en curso la OTAN hoy en día, según Escobar.
https://www.unz.com/pescobar/and-its-one-two-three-what-are-we-fighting-for-natos-wars/
Y es uno, dos, tres, ¿por qué luchamos? Las guerras de la OTAN
Pepe Escobar • 18 de julio de 2025
Todo este circo solo acelera el tren de alta velocidad del BRICS y el Sur Global.
Todos ustedes, veteranos de Vietnam y objetores del servicio militar, reconocerán de dónde viene el título de esta columna. Sí, ya no estamos a finales de los años sesenta, así que es hora de renovarlo —sin necesidad de IA— y ampliarlo: a partir de ahora, tengan por seguro que todos en el salvaje oeste se verán obligados a luchar y/o soportar tres guerras de la OTAN que se superpondrán.
Guerra número 1
Es Europa contra Rusia, por supuesto. Ya no es una guerra por poder: es directa, caliente y desagradable. Teniendo en cuenta la avanzada putrefacción de todo el frente ucraniano, ya están proliferando nuevos frentes: el Cáucaso Meridional; operaciones clandestinas en el mar Báltico; el frenesí de reclutamiento del MI6 en toda Asia Central; nuevo terrorismo en el mar Negro, especialmente en Crimea.
El coronel Lawrence Wilkerson lo ha clavado: ya estamos en la Tercera Guerra Mundial. De hecho, ya estamos inmersos en el extenso preámbulo de la Tercera Guerra Mundial. El director del circo en Washington y los multimillonarios y donantes que lo respaldan no tienen ni idea, por supuesto. Releer a Keynes —Las consecuencias económicas de la paz— es más necesario que nunca. La historia sí (cursiva mía) se repite. Pero esto no es 1914 ni 1935; ahora pueden entrar en juego las armas nucleares.
El Kremlin y el Consejo de Seguridad de Rusia son muy conscientes de lo que está en juego. En su reciente entrevista con Kommersant, Sergei Shoigu incluso dio algunas cifras clave de la OTAN para subrayar la amenaza a la que se enfrenta Rusia: más de 50 000 tanques y vehículos blindados; más de 7000 aviones de combate; más de 750 buques de guerra; 350 satélites militares y civiles; un inmenso presupuesto ofensivo (cursiva mía).
Bueno, lo que el astuto Shoigu no dijo es que, cuando llegue la hora de la verdad, solo harán falta el Sr. Khinzal, el Sr. Sarmat, el Sr. Zircon y el Sr. Oreshnik para entregar unas cuantas tarjetas de visita estratégicas y paralizar toda la maquinaria de la OTAN en cuestión de minutos.
Guerra número 2
Es el Imperio del Caos contra Irán en Asia Occidental, con Eretz Israel como actor principal y como proxy.
El director del circo, cuya única «estrategia» consiste en urdir negocios turbios para enriquecerse a sí mismo y a los sinvergüenzas de su círculo más cercano, sueña con un Asia occidental centrada en Israel, una mezcla tóxica de los Acuerdos de Abraham 2.0 con el corredor IMEC, creando, como lo definió Alastair Crooke, «un Asia occidental impulsada por los negocios, centrada en Tel Aviv (con Trump como su «presidente» de facto) y, a través de este corredor de conectividad comercial, capaz de «llegar más lejos, con los Estados del Golfo penetrando en el corazón del BRICS en el sur de Asia para perturbar la conectividad y los corredores del BRICS».
Utilizar a los árabes contra los BRICS no servirá ni siquiera con MbZ en los Emiratos Árabes Unidos y MbS en Arabia Saudí, que se han dado cuenta de que la estafa empresarial solo funcionará si hay una paz real en Gaza, algún tipo de solución humanitaria para los palestinos y la reconstrucción de la Franja de Gaza.
El culto a la muerte en Tel Aviv nunca permitirá nada de lo anterior: su plan es matarlos a todos, robarles todas sus tierras y erradicar su cultura. Y mientras continúa el genocidio, totalmente legitimado por la esfera de la OTAN, el culto a la muerte sigue bombardeando todo lo que se le pone por delante, perpetrando la balcanización de Siria y expandiendo Eretz Israel.
Guerra número 3
Es la OTAN contra China. Ya se decidió en la última cumbre de La Haya, junto con la continuación de la guerra contra Rusia.
Sin embargo, en realidad la estafa es mucho mayor: es la guerra de la OTAN contra los BRICS.
Así lo anunció, con total naturalidad, ese mediocre holandés indescriptible que hace que el antiguo trozo de madera noruega Stoltenberg parezca una estrella de la física cuántica. El secretario general de la OTAN, Rutti Frutti, amenazó directamente a la India, China y Brasil, y les ordenó que «llamaran a Putin» para evitar que «papá» Trump desatara su próxima rabieta arancelaria (TTT).
Pekín no se inmuta. China humilló al director del circo al no ceder ni un ápice en su guerra comercial y arancelaria. Rusia humilló al director del circo al no dejarse coaccionar para aceptar un patético «alto el fuego», que permitiría a la OTAN rearmarse. Irán humilló al director del circo al no firmar una rendición incondicional. Los huzíes humillaron a la Marina de los Estados Unidos —esto sí que es digno de los anales militares— al obligar al director del circo a un alto el fuego tras un bombardeo fallido que costó 1000 millones de dólares.
Lula, en Brasil, está a punto de humillar al director del circo al afirmar la soberanía brasileña frente a una guerra comercial y financiera sin cuartel (Trump incluso amenazó con gravar el popular sistema de pago digital brasileño, PIX). Si se le imponen aranceles del 50 %, Lula dijo que Brasilia responderá al Imperio del Caos con una ley de reciprocidad.
Todo el numerito del director de circo, con cada giro de la trama envuelto en varias capas de arrogancia y bravuconería vacía, no hace más que acelerar el tren de alta velocidad de los BRICS y el Sur Global, que cada vez se perfila más como una alianza geoeconómica, geopolítica y geoestratégica de proporciones transcontinentales, reafirmada en la cumbre de Río.
Todo ello liderado, por supuesto, por lo que he descrito como el nuevo triángulo Primakov: el nuevo RIC, Rusia, Irán y China, con sus alianzas estratégicas entrelazadas. No es casualidad que bastantes académicos chinos de primer nivel también estén empezando a conceptualizar el entorno emergente «posoccidental» con dos nuevas «I» en BRICS: Irán e Indonesia, y no India, deberían estar en el centro de BRIICS.
Mientras tanto, en Europa, el análisis de Tricontinental ha señalado cómo el belicista canciller alemán de BlackRock se ha comprometido a destinar «650 000 millones de euros durante los próximos cinco años al gasto militar para alcanzar el objetivo del 5 % de la OTAN para 2035». Eso significa que Berlín se verá obligada a recaudar «unos 144 000 millones de euros al año», a través de, cómo no, la austeridad y la deuda, lo que se traducirá en enormes impuestos adicionales para los consumidores alemanes.
Eso, en pocas palabras, es el «programa» para todo el fragmentado Occidente colectivo en un futuro próximo: austeridad para todos (excepto para el 0,01 %); y guerras de la OTAN, no diamantes, para siempre.
(Reproducido de Strategic Culture Foundation con permiso del autor o su representante).
6. La masacre estadounidense del fentanilo y México.
De cómo un control más estricto de China llevó a la producción del fentanilo en México y eso a su vez provocó que aumentasen las extorsiones a los productores de aguacate.
https://www.phenomenalworld.org/es/analisis/fentanilo-aguacates-y-aranceles/
Fentanilo, aguacates y aranceles
Itzel De Haro
Transformaciones en la economía de las drogas

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos se reavivó el debate sobre la urgencia de frenar el aumento de muertes por sobredosis de fentanilo. Esta sustancia no solo ha puesto al mundo en alerta por su elevada letalidad, sino que también amenaza con deteriorar la relación comercial de Estados Unidos con sus vecinos, México y Canadá. La administración de Trump acusó a los cárteles mexicanos de ser los principales responsables del tráfico de fentanilo y a Canadá de albergar laboratorios clandestinos operados por estas organizaciones. Para presionar a ambos países a tomar medidas contra el tráfico de fentanilo y la migración irregular, Estados Unidos impuso aranceles del 25 por ciento a todas las importaciones mexicanas y canadienses que no estuvieran incluidas en el Tratado de Libre Comercio (T-MEC), así como un arancel del 10 por ciento sobre los productos energéticos.
A pesar de que el fentanilo representa una crisis de salud, su introducción en el mercado ilegal de drogas en Estados Unidos ha tenido repercusiones económicas. Por su alta potencia, facilidad de tráfico y bajo costo, el fentanilo ha alterado los patrones de consumo y de tráfico de drogas, resultando a la vez en una reestructuración global del mercado ilegal. En este texto profundizo en cómo la creciente presencia de fentanilo ilegal, en conjunto con políticas limitadas a frenar la oferta, ha desplazando la producción ilegal de esta sustancia de China a México, ha reducido las rentas derivadas de otras drogas como la heroína, y ha contribuido a la diversificación de las actividades criminales de los cárteles mexicanos.
A nivel mundial, el consumo de opioides ha provocado un aumento en las muertes por sobredosis. En 2019, alrededor de 600 mil muertes estuvieron vinculadas al consumo de drogas, de las cuales aproximadamente una cuarta parte se debió a opioides. En los últimos años, esta crisis se ha intensificado debido al aumento en el uso de estas sustancias para tratar el dolor crónico y la proliferación ilegal de opioides sintéticos.
Estados Unidos es el país más afectado por el abuso de fentanilo sin prescripción, concentrando el 98.8 por ciento de las incautaciones globales reportadas en 2022. Solo entre 2010 y 2022, las muertes por sobredosis crecieron un 519 por ciento, superando las 100 mil en el último año. Este incremento acelerado se atribuye al creciente consumo de opioides sintéticos (principalmente fentanilo), responsables del 68.4 por ciento de las muertes por sobredosis en 2022. 1 Como respuesta, Estados Unidos ha emprendido una serie de medidas enfocadas principalmente en frenar la oferta, dejando de lado las causas de la demanda. Esta estrategia no sólo ha sido ineficaz, sino que también ha generado consecuencias imprevistas para México.
Si bien la administración Trump acierta al señalar el papel central de los cárteles mexicanos en la crisis de fentanilo, su diagnóstico se centra, principalmente, en actores externos, dejando de lado la implementación de políticas domésticas que atiendan los factores detrás del aumento en la demanda. Asimismo, el uso de aranceles desvía la atención de las causas y merma la cooperación entre vecinos, dificultando aún más la coordinación de políticas públicas globales que limiten las acciones de organizaciones criminales transnacionales.
La crisis de los opioides
El aumento de las muertes por sobredosis de fentanilo en Estados Unidos se inscribe en la epidemia de opioides, una historia que se puede dividir en tres etapas. La primera ola comenzó a finales de los años noventa, impulsada por un incremento en la prescripción de analgésicos opioides. Durante este periodo, la industria farmacéutica estadounidense promovió activamente su uso para tratar el dolor, minimizando sus riesgos y alentando a los médicos a recetarlos. 2 Además, éstos se volvieron más económicos; entre 2001 y 2010 el precio sin seguro médico de los opioides recetados (out-of-pocket) se redujo en un 81 por ciento. Como resultado, las muertes por sobredosis de opioides recetados se duplicaron en ese periodo (ver la figura).
Ante el aumento en las sobredosis letales por opioides recetados, el gobierno estadounidense implementó una serie de reformas para restringir su oferta, como la implementación de programas estrictos de monitoreo de medicamentos recetados (Prescription Drug Monitoring Programs, PDMPs) y la reformulación de pastillas de liberación prolongada como el OxyContin. Si bien estas medidas lograron reducir las muertes por opioides recetados —por ejemplo, en un 9 por ciento tras la implementación de los PDMPs— también provocaron un aumento en la demanda de opioides ilícitos. 3 Muchos usuarios migraron al consumo de heroína, debido a su mayor disponibilidad y menor costo. Entre 2002 y 2011, el 79.5 por ciento de los nuevos consumidores de heroína reportaron haber usado previamente opioides recetados con fines no médicos, mientras que solo el 1 por ciento de quienes consumían opioides recetados reportaban haber usado heroína antes. 4 Esto llevó a un aumento significativo de muertes por sobredosis de heroína entre 2010 y 2013. Este fenómeno, conocido como la segunda ola de los opioides, fue consecuencia indirecta de políticas públicas centradas únicamente en restringir la oferta, sin considerar su impacto en los consumidores ni establecer estrategias integrales para atender a quienes desarrollaron la dependencia.
A partir de 2013, las muertes por sobredosis comenzaron a aumentar de manera drástica. El principal responsable: el fentanilo, un opioide sintético entre 50 y 100 veces más potente que la morfina y 20 a 40 veces más potente que la heroína. Aunque este fármaco tiene grandes ventajas en el tratamiento del dolor intenso, su creciente disponibilidad en el mercado ilegal lo convirtió en el principal causante de la crisis actual. En 2013, sólo el 12.4 por ciento de las muertes por sobredosis de opioides presentaban rastros de fentanilo; para 2022, esta proporción se había disparado al 90.2 por ciento.
El rápido incremento en las muertes por fentanilo se explica por una combinación de factores que incluyen su alta letalidad, su facilidad de contrabando y cambios en los patrones de oferta y demanda derivados de su bajo costo. Por un lado, su alta potencia dispara la posibilidad de una sobredosis letal. Por otro lado, al ser mínima la cantidad requerida para cada dosis, puede ser transportado en forma de polvo o pastilla, lo que lo hace más sencillo de traficar que otros opioides.
Debido a su bajo costo de producción, alta potencia y facilidad de adquisición, el fentanilo se convirtió en un sustituto atractivo tanto para consumidores como para traficantes. Para los primeros, representaba una alternativa más barata que los opioides recetados y la heroína: mientras una pastilla de OxyContin de 80 mg puede llegar a costar hasta 80 dólares en el mercado negro, y una bolsa de 0.1 g de heroína se vende por 20 dólares, una pastilla de fentanilo cuesta tan solo 3 dólares. En cuanto a los traficantes, el fentanilo les ofrecía la oportunidad de reducir costos y aumentar sus márgenes de ganancia sobre la venta de drogas como la heroína.
A nivel minorista, la heroína suele venderse a un precio fijo, independientemente de la demanda o la pureza del producto, por lo que los márgenes de ganancia se ajustan modificando su composición. Mezclar la heroína con fentanilo permitió a los traficantes reducir costos de manera más significativa, manteniendo —e incluso intensificando— los efectos percibidos por el usuario. Dado que su presencia es imperceptible a simple vista, los usuarios pueden consumir heroína adulterada con fentanilo sin saberlo, lo que ha contribuido al aumento en el número de sobredosis.
De China a México
Al inicio de la tercera ola, China era la principal fuente del fentanilo ilícito consumido en Estados Unidos. Este opioide sintético era enviado directamente por correo desde China o a través de México y Canadá desde donde ingresaba al país por vía terrestre, oculto en vehículos o en camiones que transportaban mercancía legal a través de los cruces fronterizos. En los primeros años de la incursión del fentanilo en el mercado ilegal, los cárteles mexicanos fungían principalmente como intermediarios y no como productores; entre 2016 y 2018, el 97 por ciento del fentanilo incautado en Estados Unidos era de origen chino. Tampoco existe evidencia de que los cárteles fueran los primeros responsables de mezclar la heroína con el fentanilo. En 2019, análisis de laboratorio realizados en incautaciones de heroína en la frontera sur indican que la gran mayoría de las muestras no contenía adulterantes ni trazas de fentanilo). La evidencia sugiere que, a nivel mayorista, los carteles preferían traficar ambas sustancias por separado. Es en el mercado estadounidense donde cortan la heroína con fentanilo para su venta final. 5
La transición de traficantes a fabricantes se dio en los cárteles mexicanos, muy probablemente, como respuesta a una serie de medidas impuestas por el gobierno chino para limitar el tráfico de fentanilo. A pesar de que el gobierno chino considera infundadas las acusaciones de Estados Unidos, la administración de Xi Jinping ha adoptado diversas políticas para el control del fentanilo y sus análogos, en respuesta a la creciente presión diplomática ejercida por Washington. Por ejemplo, en la cumbre del G-20 en 2018, China anunció medidas para prohibir la venta, producción y exportación de fentanilo sin una licencia especial, así como la inclusión de los análogos del fentanilo en la lista de sustancias controladas.6
Estas acciones han sido acompañadas por un mayor control del servicio postal y la creación de laboratorios y unidades especializadas dedicadas a investigar el tráfico de fentanilo. Si bien las acciones del gobierno chino lograron reducir los envíos directos de fentanilo por correo, éstas no disminuyeron su disponibilidad. Por el contrario, esto permitió la entrada a nuevos competidores en el mercado y la producción de fentanilo se trasladó de China a México.
A partir de 2019, la DEA identifica a México como el nuevo epicentro del fentanilo, con cárteles como el de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) como los principales productores. Estos grupos no solo lograron consolidar su control sobre los corredores de tráfico hacia Estados Unidos, sino que también desarrollaron la capacidad de sintetizar fentanilo localmente en laboratorios clandestinos, usando como insumos precursores químicos provenientes de China.
La figura abajo muestra cómo las incautaciones de fentanilo en la frontera de México con Estados Unidos aumentaron en más de un 900 por ciento entre 2019 y 2023. Si bien este notable incremento puede atribuirse en parte a una vigilancia fronteriza más estricta, la magnitud sugiere que la principal causa es la expansión de la producción de fentanilo por parte de los cárteles mexicanos.

Diversificación criminal
La expansión del fentanilo resultó en una recomposición del mercado de drogas en Estados Unidos, alterando no solo el comportamiento de los consumidores, sino también las estrategias criminales de los cárteles mexicanos, lo que derivó en consecuencias inesperadas para la población de México. El fentanilo, al ser mucho más barato y potente que otras drogas, redujo la demanda por drogas tradicionales como la heroína. Esto tuvo un impacto sustancial en México, el principal proveedor de heroína a Estados Unidos, responsable de aproximadamente el 90 por ciento de la heroína que se consume en ese país. Entre los afectados estuvieron los agricultores de amapola, quienes en 2019 reportaron una caída del precio del opio de entre el 50 y 80 por ciento respecto a 2017. 7 Esto impactó gravemente a comunidades marginadas cuya subsistencia dependía de este cultivo, provocando la migración forzada de cientos de familias. Como consecuencia, entre 2017 y 2020, la superficie cultivada de amapola se redujo en un 47 por ciento.
Asimismo, la caída en la rentabilidad de la heroína modificó el comportamiento de los cárteles mexicanos. Mientras que organizaciones como el Cártel de Sinaloa y el CJNG lograron adaptarse rápidamente mediante la diversificación hacia la producción de fentanilo, otros grupos criminales que dependían fuertemente del negocio de la heroína buscaron nuevas fuentes de ingresos. Una de las estrategias adoptadas fue la extorsión de sectores legales. Así fue como, el sector aguacatero—cuyas exportaciones superan los 2.5 mil millones de dólares anuales desde 2016— se convirtió en un blanco atractivo para los cárteles. 8
Un factor que facilitó la expansión de los cárteles en el sector aguacatero fue la cercanía geográfica entre las principales zonas productoras de amapola y de aguacate. Por ejemplo, Michoacán, el principal estado productor y exportador de aguacates, colinda con Guerrero, responsable de más del 60 por ciento de la producción nacional de amapola. 9 Esta proximidad geográfica—asociada a requerimientos agroclimáticos similares en ambos cultivos— permitió a los cárteles diversificar sus actividades, pasando de la producción de heroína a la extorsión de un sector que, en la última década, experimentó un rápido crecimiento resultado de una creciente demanda mundial. 10
Como consecuencia de esta estrategia de diversificación, el sector aguacatero ha sufrido pérdidas millonarias derivadas del robo de producto y los cobros por “derecho de piso” a agricultores, empacadoras y transportistas. Tan sólo en el municipio de Tancítaro—el principal productor de aguacates en el país—el gobierno local estimó que, en 2014, el cartel de Los Caballeros Templarios obtuvo aproximadamente 150 millones de dólares anuales en extorsiones al sector aguacatero. Esto corresponde a casi el 10 por ciento del valor total de las exportaciones de aguacate en ese año. Asimismo, en promedio, de 7 a 10 camiones de aguacate son robados cada semana en el estado de Michoacán resultando en pérdidas anuales de hasta 5 millones de dólares.
La diversificación criminal también resultó en un cambio en los patrones de violencia de los cárteles en México. Por un lado, la reducción de la demanda por heroína incrementó la tasa de homicidios (incluidos a trabajadores agrícolas) y de robos con violencia y a transporte de carga en municipios propicios para el cultivo de aguacate. En contraste con las zonas aguacateras, los municipios con condiciones propicias para la producción de amapola experimentaron una disminución en la violencia, tanto en el número de homicidios como en robos violentos. 11
A pesar de los efectos encontrados en cambios en los niveles de violencia, no existe evidencia de que los cárteles—incluidos aquellos que anteriormente se dedicaban al tráfico de heroína—se hayan desplazado de las zonas de amapola a las de aguacate. En cambio, el aumento de la violencia en los municipios aguacateros parece estar impulsado por el robo y la extorsión de grupos criminales que ya operaban en la región, y no por disputas territoriales. La expansión hacia nuevas áreas implica altos costos para los cárteles, ya que requiere recursos humanos y capital para competir con otros grupos. Aunque los ingresos provenientes del sector aguacatero pueden ayudar a compensar la pérdida de ingresos por heroína, estas ganancias no parecen justificar el riesgo y la inversión que supondría expandirse a nuevas zonas bajo control de otros actores.
Este patrón de diversificación evidencia una transformación estructural en el modelo de negocio de los cárteles, modificando el uso de la violencia para el aseguramiento de rentas provenientes de actividades legales. Así, el auge del fentanilo ha contribuido, aunque de forma indirecta, al aumento de la violencia en áreas propicias para el cultivo de aguacate.
Políticas públicas y cooperación internacional ante la crisis del fentanilo
La crisis del opioides ha evidenciado las limitaciones de las estrategias centradas exclusivamente en la reducción de la oferta y la persecución de grupos criminales. Aunque restringir la disponibilidad de opioides sintéticos en los mercados ilegales es fundamental, la experiencia de las dos primeras olas de la epidemia demuestra que estas medidas, por sí solas, son insuficientes. La aparición de sustancias aún más potentes, como el carfentanilo—hasta 100 veces más fuerte que el fentanilo —y la notable capacidad de adaptación de las organizaciones criminales, evidencian la urgencia de adoptar políticas públicas integrales que consideren potenciales cambios en el patrón de comportamiento de consumidores y distribuidores.
A este desafío se suma que, si bien la naloxona continúa siendo el principal antídoto para revertir los efectos de una sobredosis, su eficacia disminuye frente a opioides sintéticos de mayor potencia y duración, requiriendo múltiples dosis más altas. 12 Esta situación dificulta la respuesta médica y limita el alcance de las políticas centradas únicamente en ampliar el acceso a este medicamento. Ante un contexto tan dinámico, es fundamental avanzar hacia un enfoque integral que combine el acceso efectivo a tratamientos para personas usuarias de drogas con políticas orientadas a fortalecer el sistema de salud y el bienestar social de quienes están en riesgo de adicción.
En el plano internacional, la epidemia ha generado tensiones diplomáticas y comerciales por la imposición de aranceles a China, México y Canadá. Estas acciones reflejan una lógica punitiva que externaliza responsabilidades y prioriza intereses políticos y económicos sobre la cooperación regional. En el caso de China, la guerra arancelaria rompe con años de cooperación entre estos países en el combate del fentanilo, acción necesaria para limitar el flujo de precursores de drogas de China a México. Asimismo, la imposición de aranceles a Canadá resulta cuestionable al ser mínima la cantidad de fentanilo que se trafica a través de su frontera: en 2024, menos del 0.2 por ciento de las incautaciones de fentanilo se registraron en la frontera norte de Estados Unidos.13Mientras tanto, en México, la vía tarifaria ha sido acompañada de la designación de los cárteles como organizaciones terroristas. Esta acción no sólo permitiría a Estados Unidos bloquear los flujos financieros a México, sino que podría emplearse para justificar operaciones militares en territorio mexicano y realizar misiones de espionaje con aviones y drones no tripulados.
Este enfoque punitivo también ha tendido a invisibilizar las políticas implementadas por el gobierno mexicano en los últimos cuatro años. México ha endurecido el control sobre sustancias de “uso dual”, militarizado puertos y aduanas, aumentado el número de elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte y aprobado una reforma constitucional que permite la prisión preventiva oficiosa para delitos vinculados con la adquisición y tráfico de precursores químicos y drogas sintéticas. No obstante, estas acciones han generado controversia en México por el fortalecimiento de los poderes militares y la vulneración de la presunción de inocencia.
Por otra parte, la actual política antidrogas de la administración de Claudia Sheinbaum carece de soluciones para atender el problema de fondo. Por ejemplo, no existe una clara estrategia para limitar el reclutamiento de elementos por parte de los cárteles. Si bien se han implementado una serie de programas sociales para la reducción de la pobreza, no existe una estrategia integral para atender el reclutamiento criminal, llegando incluso a negar reportes de estudiantes de química siendo enlistados por los cárteles para la producción de fentanilo. Asimismo, el gobierno mexicano ha impulsado una campaña publicitaria preventiva con el objetivo de combatir la demanda doméstica de esta sustancia, acción que, aunque necesaria, está lejos de resolver los principales estragos nacionales del fentanilo.14
Con su implacable enfoque en el Gobierno mexicano y sus políticas, el diagnóstico de la administración Trump sobre la crisis del fentanilo omite en última instancia el papel de Estados Unidos. El tráfico de fentanilo se ha intensificado por la ausencia de políticas de salud pública nacionales que aborden la demanda estadounidense de drogas y la falta de regulación sobre la venta de armas en Estados Unidos, lo que permite que estas lleguen a manos de los cárteles mexicanos. Ni las barreras comerciales ni el militarismo serán capaces de resolver esta crisis transnacional de salud pública y violencia armada.
Notas
1. CDC (2025). “Wide-ranging Online Data for Epidemiologic Research” (Back)
2. Van Zee, A. (2009) “The promotion and marketing of OxyContin: Commercial triumph, public health tragedy” American Journal of Public Health, 99 (2): 221–227 (Back)
3. Meinhofer, A. (2018) “Prescription Drug Monitoring Programs: The Role of Asymmetric Information on Drug Availability and Abuse.” American Journal of Health Economics, 4 (4): 504-526 (Back)
4. Muhuri, P. K., Gfroerer, J. C., y Davies, M. C. (2013). “CBHSQ data review”. Center for Behavioral Health Statistics and Quality, SAMHSA, 1:17 (Back)
5. Dudley, S., Bonello, D., Lopez-Aranda, J., Moreno, M., Clavel, T., Kjelstad, B., y Restrepo, J. J.(2019). “Mexico’s role in the deadly rise of Fentanyl”. Wilson Center (Back)
6. Felbab-Brown, V. (2022). “China and synthetic drugs control: Fentanyl, methamphetamines, and precursors”. Brookings (Back)
7. Le Cour Grandmaison, R., Morris, N., y Smith, B. (2019). “The last harvest? From the US fentanyl boom to the Mexican opium crisis”. Journal of Illicit Economies and Development, 1(3): 312–329. (Back)
8. Estimaciones propias con base en información de SAGARPA (Back)
9. Le Cour Grandmaison, R., Morris, N., y Smith, B. (2019). “The last harvest? From the US fentanyl boom to the Mexican opium crisis”. Journal of Illicit Economies and Development, 1(3): 312–329 (Back)
10. De Haro, I. (2025). “Avocados: Mexico’s green gold, drug cartel violence, and the US opioid crisis”. World Development, 191 (Back)
11. De Haro, I. (2025). “Avocados: Mexico’s green gold, drug cartel violence, and the US opioid crisis”. World Development, 191 (Back)
12. Carpenter, J., Murray, B. P., Atti, S., Moran, T. P., Yancey, A. y Morgan, B. (2020). “Naloxone dosing after opioid overdose in the era of illicitly manufactured fentanyl”. Journal of Medical Toxicology, 16: 41-48. (Back)
13. Estimaciones propias con base en información obtenida de CBP. (Back)
14. De acuerdo a un reporte de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama), en 2023 fueron tratados 430 casos relacionados con uso del fentanilo en el país.
7. Para todo lo demás, está Dubai.
Habiendo vivido en dos de los países que le proporcionan su mano de obra (India y Filipinas), me ha interesado esta especie de ejercicio literario sobre uno de los infiernos en la Tierra: Dubai.
https://newleftreview.org/sidecar/posts/everything-else
Todo lo demás
Caitlín Doherty
18 de julio de 2025
A finales de abril, viajé a Dubái para asistir a un concurso de violín. Era un encargo para el que no estaba en absoluto cualificada, salvo en un aspecto: quería visitar Dubái. El editor de una página web de música clásica se puso en contacto conmigo para ofrecerme una plaza en el viaje después de que otro freelance lo cancelara. Me explicó que mi falta de conocimientos musicales no sería un obstáculo. De hecho, incluso podría ser útil. El objetivo del encargo no era evaluar las actuaciones, sino informar sobre lo que sucedía, lo que probablemente sería extraño. Mi interés se despertó, aún más cuando supe que la semana estaría discretamente financiada por el compositor residente del concurso, un rico exoperador de fondos de cobertura ruso-ucraniano que, tras jubilarse anticipadamente, se había dedicado a componer obras clásicas ingenuas y a pagar a músicos de talla mundial para que las interpretaran. Era imposible rechazar una propuesta tan descabellada.
Palm Jumeirah, una isla artificial en el golfo Pérsico, construida con arena importada del Sáhara y con forma de palmera, es visible desde el espacio, pero no se puede llegar a pie. Me llevó allí desde el aeropuerto internacional de Dubái un joven de unos veinte años, originario de Uttar Pradesh, que había llegado al emirato tres años antes en busca de trabajo. El emirato, uno de los siete que componen los Emiratos Árabes Unidos, tiene una población de alrededor de cinco millones de habitantes, el 92 % de los cuales son «expatriados». El atractivo de Dubái para los extranjeros se puede resumir en una fórmula cuyas ventajas e inconvenientes dependen del país de origen y del motivo de la estancia: no hay impuestos sobre la renta, pero tampoco derechos laborales, de prensa ni de los inmigrantes. Su capital alberga a cuatro millones de personas y se extiende en una franja continua entre el desierto y el mar, un paseo marítimo de 4000 km² de urbanizaciones en el que los anuncios de apartamentos, Gucci y criptomonedas se intercalan con vallas publicitarias con el rostro del «jefe ejecutivo», Mohammed bin Rashid al Maktoum.
Más allá de la franja, en el desierto que rodea el aeropuerto, se encuentran los campamentos. La misma autopista que me llevó a un resort de cinco estrellas lleva a una población transitoria y desprotegida de trabajadores, en su mayoría procedentes de la India, Pakistán, Bangladesh y Filipinas, para construir, servir y limpiar en nombre de una población itinerante y protegida de compradores procedentes, en su mayoría, de Rusia, Israel y Alemania. En una reciente entrada de su diario para la LRB, Peter Talbot describe las condiciones en las que se alojan los trabajadores: chozas destartaladas en el desierto, rodeadas de vallas, con horarios de comida y raciones asignadas según una jerarquía de desechabilidad o de falta de valor humano percibida.
El concurso se celebró en el teatro del complejo turístico Zabeel Saray, en el extremo sur de Palm Jumeirah, construido en estilo «otomano», cuyos pasillos estaban repletos de restaurantes panasiáticos, boutiques de ropa de baño y puestos de trenzado de cabello. Llegué tarde, la noche antes de que comenzara el concurso, y subí en el ascensor con minaretes dorados hasta una habitación en la quinta planta. Me habían dado una suite con vistas al puerto deportivo de Dubái, con una bañera del tamaño de un barco y un televisor casi tan ancho como yo de alto. Lo encendí y cambié de canal, pasando por Karl Largerfeld TV, noticias sobre la muerte del Papa, vídeos publicitarios de tratamientos de spa y un canal de la televisión estatal china que emitía en árabe, y me quedé dormido con un reportaje en primera línea de Russia Today.
Fuera del hotel había un paseo marítimo de hormigón rosa vacío, cuyos bordes ya se estaban derritiendo por el calor abrasador a las siete de la mañana siguiente. El mar también estaba vacío, solo se veían al oeste las pilas de lo que Google me informó que era el puerto de Jebel Ali. Alejé el zoom del mapa, tratando de situarme en la Tierra. Abrí otra aplicación, diseñada para rastrear barcos, y vi una imagen del mar repleto de embarcaciones de todo el mundo, haciendo cola para entrar en el puerto en el horizonte, con el tráfico marítimo extendiéndose más allá del alcance de la vista. Una moto acuática solitaria pasó rugiendo, creando las primeras olas del día. A ambos lados del complejo turístico se estaban llevando a cabo más obras, al parecer otro hotel, con cientos de trabajadores indios moviéndose ya entre los andamios. A la sombra, un puñado de hombres árabes hablaban por teléfonos móviles; a lo largo de la carretera había tanques de agua con el logotipo de la empresa estatal de desarrollo Nakheel estampado en los laterales, en los bloques de hormigón y en la parte trasera de los chalecos de neón que llevaban los trabajadores.
Los viernes y sábados por la noche, el puerto deportivo de Dubái se llena de yates. Al principio, unos pocos se acercan vacilantes dan vueltas alrededor de la bahía plana y calurosa, luego aparecen una docena más y se multiplican, formando un banco que llena el golfo. Los pulsos sordos de canciones pop remezcladas flotan en el aire salpicado de arena, mezclados con la llamada a la oración, el rugido de las motos y el canto entrecortado de los pájaros. En un promontorio oscuro, erigido entre la isla artificial y el horizonte en forma de zigurat del centro de la ciudad-estado, un enorme escenario cobra vida, enviando ondas de color rosa fluorescente al cielo lila. Lo observé desde el balcón de mi habitación y busqué el precio de un crucero «de lujo» al atardecer: unos 30 dólares por adulto. El hotel estaba lleno de familias de Moscú, Múnich, Milán y los países «-istán». Parecían, en cierto sentido, normales. A pesar de su reputación de refugio de una élite internacional turbia, Dubái es una propuesta más sencilla, encarnada en la imagen que tenía ante mí, la de innumerables juerguistas que se divertían imitando el estilo de vida de los oligarcas, ahorrando durante un año para que unos esclavos modernos les atendieran durante quince días.
*
Fui a Dubái con ideas equivocadas. No aprendí nada y me fui con náuseas. Pensaba que sería divertido, incluso gracioso, experimentar la desorientación de estar en el punto de inflexión entre dos sistemas mundiales. En cambio, fue simplemente desorientador, hasta el punto de resultar nauseabundo. Hay infiernos en la tierra y Dubái es uno de ellos: una creación infernal nacida de lo peor de las tendencias humanas. Su infernalidad no puede achacarse únicamente a los oligarcas, cuya riqueza atrae, ni a los violentos criminales organizados que se trasladan allí para evitar ser procesados. Es infernal porque, como autoproclamada ciudad del libre comercio, ofrece a la gente normal la oportunidad de comprar la forma más pura del producto más atroz: la explotación de otros. Si quieren saber qué se siente al tener esclavos en el mundo moderno, y no ser culpados abiertamente por ello, visiten Dubái. Pero sepan que no serán inocentes por hacerlo. Cada publicación en Instagram, cada vídeo en TikTok, cada mensaje de WhatsApp enviado desde su lujo es una abominación. Una campaña de relaciones públicas dirigida por aquellos que ya han comprado el producto y ahora solo quieren demostrar que pueden permitírselo.
Hay algunas experiencias que el periodismo no puede excusar. No añado nada al registro por haber ido. Pensé que el viaje presentaría un tapiz grotesco que podría revelar alguna nueva verdad sobre el reordenamiento del mundo. Me superó. Imaginaba una revelación al estilo gonzo sobre pedir un mojito en ruso a un camarero indio mientras contemplaba Irán. Todo esto es posible, pero nada de ello hace que mi visita merezca la pena.
Si intenta humanizar el lugar, perderá la cabeza. Si se pregunta qué dejó atrás la mujer del puesto de trenzas para estar aquí, y por qué, perderá la cabeza. Si acepta la amabilidad del personal con el que hace un esfuerzo insignificante por hablar cada mañana mientras recogen su plato sucio del desayuno, perderá la cabeza, porque su propina es la única amabilidad que puede ofrecer a cambio. Intentar coger tu propia toalla en la piscina podría hacer que el hombre que lleva horas bajo un sol feroz lo haga por ti y pierda su trabajo. Que nos sirvan nos convierte en niños crueles. Nos degrada a todos.
Quizás otros Estados del Golfo sean igual de malos. Pero no hay ninguna ironía plausible en visitar Arabia Saudí, con su brutalidad teocrática. En Qatar, alguna razón relacionada con la prensa podría servir de excusa. En los demás emiratos, tal vez el esnobismo cultural, compensado por la necesidad de mejorar los salarios en declive en Occidente, proporcione una razón personal suficiente para entrar en Abu Dabi y consultar a sus jeques sobre su colección de arte, o en Sharjah para escribir el texto del catálogo de la bienal. Pero en Dubái no hay nada que hacer, y me refiero a nada, salvo sentirse rico y ser atendido.
Si va, y vuela desde Londres como yo, sobrevolará la región llamada «Oriente Medio». No aparte la vista de las cámaras a bordo. Abajo verá Basora. Quizás, como yo, sea la primera vez que vea Irak. La primera vez que esa nación existe como una realidad, con tierras, ríos y conurbaciones, y no solo como un canto o un punto de referencia en una discusión política. Lo verá, quizás como yo, tal y como lo ha visto durante la mayor parte de su vida: una vista aérea, como si estuviera buscando petróleo o lanzando bombas. Cuando aterrice, le resultará imposible comprender que está en Oriente Medio. La competencia que observé confirmó la anécdota de que Israel es el Estado de Oriente Medio con los lazos culturales más fuertes con el emirato. El sionismo se lava en Dubái para exportarlo a todo el mundo.
Seis semanas después de mi regreso, estalló la guerra en el Golfo. Había estado intentando, sin éxito, plasmar mi experiencia en Dubái en una narración ingeniosa y extensa para una segunda publicación, una revista estadounidense, un relato de un «Tár ruso», un Fitzcarraldo en el desierto. Pero cuanto más avanzaba en el borrador, más me sumía en la desesperación. El artículo no tenía sentido, salvo para demostrar que, hoy en día, hay pocas cosas que el dinero no pueda comprar. Los seres humanos como mercancía o la legitimidad a duras penas conseguida en el mundo de la música clásica se venden libremente en Jumeirah. Lo sabemos. Pero también sabemos que hay cosas que no deben ni pueden comprarse ni venderse. El amor, la dignidad, la libertad, la creatividad, el respeto por nosotros mismos y por los demás. Si en el mundo que se avecina hay algo por lo que luchar, es por la creencia de que estos principios son los cimientos innatos de lo que hace que la vida humana merezca la pena. Para todo lo demás, está Dubái.
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8. Paz y desarrollo.
El boletín semanal de Prashad para el Tricontinental en el que se plantea qué se podría hacer con ese dinero que los miembros de la OTAN quieren dedicar al rearme.
https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-paz-desarrollo-otan-brics/








