MISCELÁNEA 22/10/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Madagascar y la geopolítica.
2. El Hudson-Wolff de la semana.
3. Zelensky vuelve a la caseta del perro.
4. Análisis geopolítico de Crooke sobre Asia Occidental.
5. Contra la globalización, vivíamos mejor.
6. Tariq Ali y la izquierda británica.
7. Camus y Argelia.
8. Contra la melancolía.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 21 de octubre de 2025.

1. Madagascar y la geopolítica.

No sabía que Madagascar tuviese tantos pretendientes en la geopolítica mundial, por lo que este artículo de The Cradle me ha resultado instructivo.

https://thecradle.co/articles/madagascar-erupts-indian-ocean-power-dynamics-in-flux

Madagascar estalla, la dinámica de poder en el océano Índico en constante cambio

Con Francia expulsada y su presidente en el exilio, la revuelta de Madagascar abre la isla a nuevos pretendientes —y nuevos conflictos— en un mar cada vez más moldeado por ambiciones multipolares.

Aidan J. Simardone

20 DE OCTUBRE DE 2025

Tras semanas de protestas y un motín, el expresidente de Madagascar, Andry Rajoelina, subió a un avión militar francés y huyó del país. Con una población enfurecida por un Gobierno corrupto y alineado con Occidente, Madagascar tiene el potencial de moldear su futuro y el de todo el océano Índico.

Este acontecimiento se produce en un momento en que las potencias mundiales se disputan el acceso estratégico a una región que alberga cinco de los nueve puntos de estrangulamiento marítimo del mundo. India, China y Estados Unidos están ampliando su presencia naval y comercial, mientras que Francia, que en su día fue la guardiana indiscutible de estas aguas, se encuentra ahora asediada y en retirada.

Como cuarta isla más grande del mundo y, según la CIA, «la más grande, poblada y estratégicamente situada del suroeste del océano Índico», Madagascar es un actor clave, a medida que las rutas marítimas cambian y se expanden, y las superpotencias buscan aumentar su influencia.

Mapa de las rutas marítimas internacionales.
La larga sombra imperial de Francia

El dominio colonial de Francia sobre Madagascar comenzó en 1892, con la intención de contrarrestar la influencia británica sobre las rutas del océano Índico. A pesar de la apertura del canal de Suez, la ruta del Cabo, que rodea Madagascar y el cabo de Buena Esperanza, siguió siendo una arteria vital para el comercio entre Asia, Europa y América.

Madagascar obtuvo formalmente la independencia en 1960. Sin embargo, la descolonización siguió siendo incompleta. París mantuvo el control de las islas dispersas circundantes (Les îles éparses), otorgándose zonas económicas exclusivas que rodeaban el norte, el este y el oeste de Madagascar.

Antananarivo reivindica estas islas en virtud del derecho internacional de integridad territorial. En 1975, Madagascar se convirtió en un Estado socialista y expulsó al ejército francés. Ante las crecientes protestas por la escasez de alimentos, Madagascar dio un giro hacia una economía mixta y aumentó la cooperación con París, permitiendo a la marina francesa atracar en dos puertos.

Cada vez que los líderes malgaches se alejaban de París, se producía una crisis, que a menudo terminaba con el exilio y el cambio de régimen.

Cuando las protestas se intensificaron en 2002, el expresidente de Madagascar, Didier Ratsiraka, huyó a Francia. El siguiente Gobierno tendría una vida efímera. En 2009, parte del ejército se amotinó y Andry Rajoelina, alcalde de Antananarivo, se convirtió en presidente, cargo que ocupó hasta la semana pasada.

¿Otro colapso de la Francafrique?

Rajoelina llegó al poder por primera vez en 2009 con el respaldo de unidades militares de élite como CAPSAT. Inicialmente se presentó como un populista, pero fue destituido en 2013, para volver en 2018 con una apariencia tecnocrática y favorable a los negocios. Su presidencia trajo pocos avances: Madagascar languideció entre los últimos puestos de las clasificaciones mundiales de acceso a la electricidad y al agua potable.

Los escándalos de corrupción dañaron aún más su credibilidad. En lugar de reformar el monopolio energético estatal, Rajoelina llegó a un acuerdo por el que Francia obtendría una participación del 37,5 % en un importante proyecto de presa, incluso mientras se jactaba de recuperar las Islas Dispersas. Las revelaciones sobre su ciudadanía francesa secreta socavaron esta postura nacionalista, especialmente teniendo en cuenta la prohibición de la doble nacionalidad en Madagascar.

Cuando casi dos docenas de manifestantes fueron asesinados el mes pasado, CAPSAT se volvió contra él. El ejército que en su día había elevado a Rajoelina, ahora lo destituyó. Su huida a Francia se hace eco del colapso de otros líderes respaldados por Occidente en todo el continente.

París, acorralada en África

El levantamiento de Madagascar es solo el último capítulo de la retirada de África por parte de Francia. El ejército francés ha sido expulsado de Mali, Burkina Faso, Níger, República Centroafricana y otros países. Ahora se aferra a despliegues simbólicos de menos de 200 soldados en Gabón y Yibuti, este último país ya alberga siete bases extranjeras más.

En enero de 2022, Burkina Faso sufrió un golpe de Estado después de que el Gobierno no lograra detener la insurgencia del ISIS y Al Qaeda. Cuando nada cambió, en septiembre se produjo otro golpe de Estado, liderado por el antiimperialista Ibrahim Traore. En Mali, al golpe de Estado de 2020 le siguió otro en 2021, protagonizado por el más radical Assimi Goita.

La pérdida de Madagascar conlleva un enorme coste estratégico. Las islas dispersas ocupadas por Francia se extienden a ambos lados del canal de Mozambique. Además de que el canal se enfrenta a crecientes riesgos de piratería en medio de una insurgencia islámica en Mozambique, es una ruta de tránsito clave cuya importancia ha aumentado debido a las interrupciones de las rutas comerciales del Mar Rojo por el bloqueo de Yemen impuesto por las fuerzas armadas alineadas con Ansarallah. El tráfico marítimo alrededor de la ruta del Cabo ha aumentado más del 200 %.

París corre el riesgo de perder el control de los mismos puntos estratégicos marítimos que una vez colonizó para asegurar. La reciente devolución de las islas Chagos a Mauricio por parte del Reino Unido aísla aún más a Francia como la última potencia colonial que se resiste a la descolonización en el océano Índico.

India y China rodean el vacío

India, cuya economía depende del océano Índico para el 90 % de su comercio, lleva décadas construyendo silenciosamente su presencia. En 2007, estableció un puesto de escucha en el norte de Madagascar.

A esto le siguieron pronto otras instalaciones militares en el océano Índico occidental, entre ellas Mauricio, Maldivas, Omán y Seychelles.

En 2018, la India y Madagascar firmaron un acuerdo de cooperación en materia de defensa, y las importaciones y exportaciones con la India se duplicaron entre 2012 y 2022. Una mayor presencia en Madagascar permitiría a la India fomentar un comercio más estrecho, proteger las rutas comerciales y crear un sistema de alerta temprana para los buques hostiles que entren en el océano Índico.

El interés de Nueva Delhi es tanto estratégico como económico: salvaguardar las rutas comerciales, vigilar a las marinas rivales y extraer la riqueza mineral. El níquel, vital para la fabricación de productos electrónicos y de defensa, es abundante en Madagascar, pero su extracción se ha visto limitada por la deficiente infraestructura.

China, por su parte, considera el océano Índico como la columna vertebral marítima de su Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI). Alrededor del 80 % de las importaciones de petróleo de China fluyen a través de estas aguas. Para asegurar sus intereses, China construyó una base militar en Yibuti en 2017 y está ampliando los puertos de Eritrea, Kenia, Madagascar, Mozambique y Sri Lanka.

Mapa de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI) de China.

Aunque Pekín se ha centrado más en África Oriental, está dispuesta a ampliar su influencia en Madagascar. Ya ha invertido en el puerto de Tamatave y ahora podría presionar para acceder a Diego Suárez, una antigua base naval francesa.

A pesar de ser el principal socio comercial de Madagascar, China ha actuado con cautela en los asuntos políticos. Eso podría cambiar. El nuevo Gobierno de Antananarivo supone una oportunidad para que Pekín afiance su control sobre un corredor esencial para sus ambiciones globales.

El juego tardío y limitado de Washington

Estados Unidos se ha quedado atrás en esta contienda, limitado por la geografía y distraído por guerras en otros lugares. Hasta hace poco, la principal preocupación de Washington en el océano Índico era Asia occidental, garantizar el flujo de petróleo y otras mercancías a través del golfo Pérsico y el mar Rojo.

Pero, al igual que Francia temía en su día que Gran Bretaña monopolizara el océano Índico, Estados Unidos teme ahora que China haga lo mismo. Incluso Rusia ha redoblado sus esfuerzos, apoyando a candidatos en las elecciones de Madagascar de 2018, abriendo una base en el mar Rojo, en Sudán, realizando maniobras conjuntas con Myanmar y colaborando con la India para crear una ruta marítima Chennai-Vladivostok.

Su estrategia indopacífica, una renovación de su pivote Asia-Pacífico, ha dado resultados limitados. Las guerras arancelarias con la India y una ligera presencia militar en el océano Índico occidental han frustrado las ambiciones de Washington.

No obstante, Estados Unidos sigue siendo el mayor destino de las exportaciones de Madagascar. Y podría ver en Madagascar lo que Francia vio en su día: una plataforma de lanzamiento para contrarrestar a sus rivales.

Pero una historia de malas relaciones, que incluye el corte de la ayuda tras el golpe de Estado de 2009 y los recientes aranceles, dificultará el restablecimiento de las relaciones, y lo hará imposible si el nuevo Gobierno malgache se vuelve realmente antiimperialista.

¿Promesa revolucionaria o reinicio neocolonial?

La única forma en que Estados Unidos puede afianzarse es si consigue cooptar la revolución malgache, convirtiendo a los militares gobernantes en títeres de los intereses occidentales. Se hizo en la Primavera Árabe y se puede volver a hacer.

Pero los africanos ya no tienen paciencia y están dispuestos a hacer lo que sea necesario para mantener alejado a Occidente, como hicieron en Burkina Faso, Malí y Níger. Quizás consciente de ello, el nuevo presidente de Madagascar, Michael Randrianirina, mostró su antiimperialismo cuando se negó a hablar en francés con la BBC porque «no le gusta glorificar la lengua colonial».

En su primer día en el cargo, adornado con una boina militar (similar a la de Traore), se dirigió directamente a una central eléctrica para abordar los problemas de cortes de suministro. Simbólico o sincero, el gesto indica la intención de abordar las quejas locales en lugar de las expectativas extranjeras.

Si este momento se mantiene, Madagascar podría recuperar sus islas robadas, extraer sus propios recursos y trazar un camino independiente de la tutela extranjera. Al hacerlo, se uniría al creciente coro de naciones africanas que rechazan la hegemonía en declive de Occidente.

En la lucha más amplia por el océano Índico, la revuelta malgache bien podría marcar el principio del fin de los acuerdos de la era colonial y el inicio de una nueva era geopolítica.

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2. El Hudson-Wolff de la semana.

La última conversación entre los dos economistas en el programa de Alkhorhid repasando la situación internacional.

https://michael-hudson.com/2025/10/managed-democracy/

¿Democracia gestionada?

NIMA ALKHORSHID: Hola a todos. Hoy es jueves, 16 de octubre de 2025, y nos acompañan nuestros amigos Richard Wolff y Michael Hudson. Bienvenidos, Richard y Michael.

⁣MICHAEL HUDSON: Me alegro de estar aquí.

⁣RICHARD WOLFF: Hola.

⁣NIMA ALKHORSHID: Richard, empecemos por ti y por las informaciones que hemos publicado en el New York Times sobre que Donald Trump y su administración han autorizado a la CIA a llevar a cabo algún tipo de operación encubierta en Venezuela para derrocar al [presidente Nicolás] Maduro. Y esto es lo que hemos sabido por el senador republicano Rick Scott en Fox News:

RICK SCOTT, senador estadounidense, R-FL, Comité de Servicios Armados del Senado (CLIP): Creo que si Maduro es inteligente, se irá a Rusia, o a China, o a algún lugar así, porque sus días están contados. Ya sabes, el pueblo de Venezuela no lo quiere. Lo rechazaron en las últimas elecciones. Robó las elecciones. Es un dictador, un líder de un cártel de drogas. Así que sus días están contados. Sea como sea, espero con ansias el día en que ya no esté en Venezuela. Será genial para el mundo.

⁣NIMA ALKHORSHID: ¿Qué esperas, Richard, de lo que está pasando?

⁣RICHARD WOLFF: Bueno, lo único interesante de Rick Scott —y déjame decirte que cuesta mucho encontrar algo interesante en Rick Scott—, pero lo único interesante de su comentario fue esa pequeña frase al final: «lo que sea necesario». Porque ahí es donde estamos.

Además, me gusta la forma en que la cadena de televisión yuxtapuso la cámara enfocándole a él mientras hacía la declaración y, del mismo modo, el barco, en algún lugar del Caribe, que es el objetivo del misil.

Quiero decir aquí, para que conste: Estados Unidos está, por lo tanto, comprometido, por el presidente, con la aprobación de personas como el Sr. Scott, en ser la policía, el ejército, el juez, el jurado y el abogado de las personas a las que está ejecutando. Esas personas no fueron arrestadas. Esas personas nunca tuvieron la oportunidad de que un abogado explicara quiénes eran, qué eran. Por cierto, no se trata solo de venezolanos. El periódico de hoy indica que también han muerto colombianos en barcos. Entonces, ¿quién sabe cuán extendido está esto? ¿Quién sabe cuánto se nos está contando?

También quiero recalcar que el tráfico de drogas no se considera un delito capital en Estados Unidos. Todos los días se detiene a personas por tráfico de drogas en este país. No se las ejecuta. Las que son declaradas culpables son condenadas a diversos tipos de prisión y castigos, pero no se las ejecuta. Así que en este país detenemos a las personas, les proporcionamos un abogado, tienen su día en el tribunal, se les dicta sentencia y no se las mata.

¿Qué estamos haciendo en el resto del mundo? Estamos mostrando al resto del mundo una pequeña versión, una versión menor, de lo que los israelíes han hecho en Gaza. Estamos matando a personas. Estamos matando a personas que presuntamente están involucradas en un delito por el que no matamos a personas en nuestro propio país. Ya saben, llevo mucho tiempo en esto. No recuerdo que se haya ejecutado a nadie en Estados Unidos por tráfico de drogas, nunca. Puede que me equivoque, puede que haya habido alguien alguna vez, pero casi nunca se hace. Entonces, ¿qué estamos haciendo aquí?

Estamos mostrando al mundo que somos duros. Ya sabes, eso es lo que eran los aranceles: un gran espectáculo, pero no le costó la vida a nadie. Ahora, estamos diciendo que estamos preparados, y no solo estamos preparados para matar gente, sin juez, sin jurado, sin abogado, sin el debido proceso, sin ninguna de las garantías que decimos que veneramos como intrínsecas a la Constitución y los valores de los Estados Unidos —todo por la borda—; es una declaración notable. Y no nos gusta el Sr. —

Todo el mundo que estudia el tráfico de drogas sabe que el principal problema de las drogas proviene del lado del Pacífico del continente, no del lado del Atlántico; que hay mucha gente involucrada que parece poder continuar, con muy poca interferencia. Los Estados Unidos tampoco han reconocido ni admitido nunca que el problema comienza con el hecho de que los Estados Unidos son el mercado más rico del mundo para las drogas —el punto final del comercio se encuentra principalmente aquí— y que podríamos hacer mucho más aquí sin violar nuestra Constitución para lidiar con ello, si lo hiciéramos, pero no lo hacemos.

Es otro mensaje para el resto del mundo de que Estados Unidos va por libre, que Estados Unidos está aislado, que Estados Unidos depende del poder militar porque su alcance económico y político es ahora muy débil. Ya saben, empezamos… en este punto, cuando se comporta así, hay que llamar a las cosas por su nombre, no por su nombre educado.

Las personas, los inmigrantes, que vinieron a este país en busca de una oportunidad para hacer lo que los inmigrantes siempre han venido a hacer a este país, ahora están siendo perseguidos por una fuerza policial especial y detenidos en campos de concentración, que es lo que son.

Seamos claros. Dejemos de jugar a estos juegos absurdos. Estamos matando gente. Estamos prometiendo derrocar gobiernos en la peor repetición de la antigua actividad de Estados Unidos en América Latina, que es tan antigua como la Doctrina Monroe, y permítanme recordarles que eso es desde la década de 1830. ¿Qué demonios esperan ahora? ¿Qué van a pensar los países del BRICS, teniendo en cuenta lo que ha dicho el Sr. Trump sobre ellos? ¿Están siendo derrocados por la CIA? ¿Realmente hemos vuelto a ese mundo?

Bueno, si es así, si estamos utilizando a la CIA para perseguir a los enemigos graves, ya saben, enemigos que pueden hacer algo a Estados Unidos, Venezuela no puede. Está demasiado lejos. Es demasiado pobre. Es demasiado pequeña. Están metiéndose con alguien… Es un poco como cuando los británicos lucharon en Granada o en las Islas Malvinas… Es una broma. Así que, supongo, van a ir tras los peces gordos, ya saben, Rusia, China. Por lo tanto, el mensaje para ellos es que eso es a lo que se ha reducido Estados Unidos. Prepárense para eso.

Y permítanme enviar un mensaje a mis compatriotas estadounidenses. Ahora se están metiendo con un enemigo mucho más rico y mucho más fuerte de lo que nunca ha sido. Tengan mucho cuidado porque es probable que no salgan victoriosos. Permítanme recordarles: la CIA estuvo muy ocupada en Vietnam, antes de esa guerra, y fracasó. ¿Y la guerra que vino después, tras el fracaso de la CIA? También fracasó. Lo mismo ocurrió en Afganistán. Lo mismo ocurrió en Irak. Lo mismo ocurre ahora en Ucrania. Vaya. Tengan cuidado. Tengan mucho cuidado con lo que hacen.

Hay una alternativa, ya sea en la guerra contra las drogas o en cualquier otro conflicto, y es sentarse con todos los demás implicados (otros países, otras empresas) y llegar a un acuerdo que les permita no tener que matar a gente y derrocar gobiernos, porque ese es un juego en el que todos pueden participar. Y ahora, más que nunca en la historia de Estados Unidos, los enemigos que se está ganando con este comportamiento son fuertes, muy fuertes.

Por lo tanto, ahora es más peligroso que nunca, y nunca fue una buena política en primer lugar.

⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, Richard, si intentas llegar a un acuerdo, entonces estás tratando a otros países como iguales. Y Estados Unidos ha rechazado ese mismo concepto. La razón por la que está llevando a cabo estos asesinatos y matanzas es para controlar. Así que Trump ha calificado a Venezuela de narcoestado, como si todos los venezolanos fueran traficantes de drogas. Y esto es como [Benjamin] Netanyahu, como tú has señalado, diciendo que todos los habitantes de Gaza son terroristas de Hamás. Así que todo el Caribe pertenece a Estados Unidos.

En realidad, no se trata en absoluto de drogas. Se trata de control. Y creo que, como has descrito, Estados Unidos se ha convertido en un Estado terrorista. Y ha sido un Estado terrorista desde 1945, como brazo deliberado de la política exterior e interior para lo que denomina «promover la democracia». El exdirector de la CIA, [Mike] Pompeo, ha dicho que la CIA es como Murder, Inc.: Descubrió que han estado matando gente en todo el mundo, empezando por Patrice Lumumba en África; Aldo Moro en Italia, cuando Moro intentó lograr un acercamiento con la Rusia soviética. Ya sabes lo que le pasó a Libia con [Muammar] Gaddafi. Ya sabes lo que pasó en Chile con Salvador Allende, y todas las acciones terroristas en toda América Latina que inició la CIA.

Así que esta ya es la política oficial de Estados Unidos, desde mucho antes de Trump. Y creo que, a mayor escala, Estados Unidos está respaldando a grupos terroristas, como ISIS y Al Qaeda, en todo Oriente Medio, con el fin de mantener el control del petróleo de Oriente Próximo; y en casa, tienes al FBI asesinando a Martin Luther King [Jr.], Malcolm X y muchos otros. A esto se le llama «democracia gestionada». Se necesitan asesinatos para garantizar que la «democracia» funcione. Es decir, funciona con el objetivo de permitir que Estados Unidos se entrometa, no solo en las elecciones de otros países —para asegurarse de que no permitan la elección de líderes que sigan políticas contrarias a las de Estados Unidos y a su deseo de control—, sino también en el propio Estados Unidos, entrometiéndose en las elecciones aquí.

Estos asesinatos son solo la punta del iceberg del intento de Estados Unidos de controlar la política exterior y la política interna, y no acepta las normas de las Naciones Unidas de no injerencia en los asuntos de otras naciones. Esa ha sido la norma del derecho internacional desde la Paz de Westfalia de 1648, que dice que hay que aceptar que cada país y cada estado tiene su poder soberano. Estados Unidos lo rechaza.

Estados Unidos dice: solo nosotros tenemos el poder soberano; y utilizamos ese poder soberano no solo para controlar quiénes serán los gobernantes y los partidos gobernantes de estos estados, sino también con qué países pueden tratar los distintos estados y con qué productos pueden comerciar. Tenemos el poder, no solo de imponer sanciones a otros países, sino también de confiscar empresas que siguen políticas comerciales que interfieren con la demanda de control unipolar de Estados Unidos.

Esto se está haciendo bajo el lema de la «seguridad nacional». El Gobierno de Estados Unidos, concretamente los neoconservadores, se sienten inseguros si no pueden controlar otros gobiernos, el comercio internacional y la inversión extranjera, para asegurarse de que Estados Unidos puede decidir quién obtiene qué, quién comercia con qué y quién es propietario de qué. Considera que, si no controla esto, dejará de tener la capacidad unipolar de decidir lo que hacen los países. Y ese control es el núcleo de la política exterior estadounidense. política exterior estadounidense.

Creo que hay que partir de ahí y darse cuenta de que estos asesinatos son simplemente… bueno, en el caso de Venezuela, es matar a los pollos para asustar a los monos. Lo que Estados Unidos está haciendo al disparar a estos pescadores venezolanos (y también, según me han dicho, a pescadores de Trinidad) es decir: el Mediterráneo es un lago americano. Nosotros controlamos los mares. No tenemos límites en lo que constituye la autoridad estadounidense para controlar la geografía mundial.

Todo esto es simplemente un reflejo de un panorama más amplio que la prensa y muchos observadores se avergüenzan demasiado de decir abiertamente, pero los neoconservadores ya lo han explicado todo, que ese es el plan de la diplomacia estadounidense. Se pueden utilizar las propias declaraciones de Estados Unidos como prueba de ello.

⁣NIMA ALKHORSHID: Dos ciudadanos de Trinidad y Tobago fueron asesinados, Richard, además de lo que comentaban los colombianos.

Voy a reproducir un fragmento del antiguo director de la CIA hablando sobre la injerencia en las elecciones de otros países.

⁣LAURA INGRAHAM (FRAGMENTO): ¿Alguna vez hemos intentado interferir en las elecciones de otros países?

⁣JAMES WOOLSEY (FRAGMENTO): Oh, probablemente. Pero fue por el bien del sistema, para evitar que los comunistas tomaran el poder. Por ejemplo, en Europa en 1947, 1948 y ’49, los griegos y los italianos, nosotros, la CIA…

LAURA INGRAHAM (CLIP): ¿Pero ahora ya no hacemos eso? ¿Ya no nos metemos en las elecciones de otros países, Jim?

⁣JAMES WOOLSEY (CLIP): Bueno, [vocalización indeterminada]. Solo por una muy buena causa.

⁣LAURA INGRAHAM (CLIP): [Riendo] ¿Puedes hacer eso? Haz un vídeo de Vine sobre este exdirector de la CIA [vocalizando] —

⁣JAMES WOOLSEY (CLIP): Solo por una muy buena causa, en interés de la democracia.

LAURA INGRAHAM (CLIP): Muy bien. Gracias por estar aquí.

⁣NIMA ALKHORSHID: «Solo por una muy buena causa». [Risas]

⁣RICHARD WOLFF: Sí, ya sabes, es muy ingenuo, y ya no funciona. Sabes, en Estados Unidos, cuando crecí aquí, yendo a la escuela en Estados Unidos, donde nací, y viví y trabajé toda mi vida, nos contaban historias sobre lo que representaba Estados Unidos y lo que era. Y todo eso tenía que mantenerse en secreto, por eso tenemos una CIA secreta, porque choca (lo que hacen) con lo que se nos dice como pueblo. Y por eso tiene que mantenerse en secreto.

Pero cuando las cosas se ponen difíciles, cada vez es más difícil mantener un secreto. Parte de lo que estamos observando es que los secretos, ya sabes, se han revelado. Esos pescadores que salieron ahora están muertos. No van a volver a casa. Y sus viudas y sus hijos están hablando. Vivimos en un mundo conectado y nos enteramos de ello. El mundo es diferente de lo que era.

Déjenme darles otro ejemplo. Quizás no tengan el vídeo, pero el presidente de los Estados Unidos, si le he entendido bien, le ha dicho a uno de los países más grandes de América Latina, concretamente a Argentina, que le dará a su Gobierno 20 000 millones de dólares para evitar el colapso de su moneda, si votan por el Sr. [Javier] Milei en las próximas elecciones. De acuerdo. ¿Saben cómo se llama eso? Interferencia en las elecciones de otro país. Es, literalmente, porque Estados Unidos es rico y Argentina no — es un soborno. Es un intento de decirle al votante argentino: Mira. Si votas por el que no quieres, obtendrás todo este dinero; y si votas por otra persona, porque prefieres a la otra persona, bueno, entonces no te daré este dinero. ¿Qué? Ya sabes, legalmente, eso no está permitido en este país; aunque tengo entendido que el Sr. [Elon] Musk estuvo el pasado noviembre repartiendo dinero a gente de varios estados para que votaran, o algo muy parecido.

Nos estamos volviendo desesperados. Es una palabra que me oís usar en este programa, en otros lugares, cuando hablo. Creo que estáis viendo a un gobierno que se está volviendo desesperado. Estas cosas que está haciendo no son nuevas. Pero lo que sí es nuevo es que se están exponiendo casi —casi— tan rápido como están sucediendo. Cada vez más personas en todo el mundo, cada vez más gobiernos, están hablando de ello. El Sr. Maduro no es el único. Hay muchos otros. Si hablan con cualquier persona de Cuba, les contará una historia de, no sé, creo que veinticinco intentos de la CIA para matarlo [a Fidel Castro] o derrocar a su gobierno, durante el período de la Revolución Cubana, desde 1959. Ya sabes, ahora todo es cada vez más… y, dada la situación en Latinoamérica, se difundirá. Esta información, y todo esto, se sabrá en toda Latinoamérica, si es que no se sabe ya.

⁣MICHAEL HUDSON: Quiero intervenir aquí. Trump acaba de duplicar los 20 000 millones de dólares y ha dicho que está tratando de reunir capital privado por valor de 20 000 millones de dólares. Después de hacer la declaración que has citado, dijo, y cito, que si él [Milei] pierde, no vamos a ser generosos con Argentina. Los 20 millones de dólares se gastaron para apoyar el tipo de cambio de Argentina, y esto tiene dos propósitos. Número uno: ayuda a los capitalistas fugitivos, a los argentinos más ricos, que son una oligarquía en Argentina. Apoyar el tipo de cambio les permite sacar su dinero de Argentina y convertirlo en divisas extranjeras. Y han acumulado una enorme deuda.

Y Trump dice: si no votan por el candidato oligárquico para que siga haciendo esto, ahora vamos a insistir, con el Fondo Monetario Internacional, en que paguen estos 20 000 millones de dólares (o 40 000 millones), más los pocos cientos de miles de millones que ha prestado el FMI. Bueno, supongamos que una dictadura no derechista llega al poder en Argentina. Entonces el FMI dirá: Vamos a tomar medidas drásticas y retirar todo el apoyo a la fuga de capitales y, por supuesto, la moneda se desplomará. Podría ser un 50 %, un 60 %. Una caída enorme. Eso es lo que hace el FMI.

[Número dos:] Y así, cuando lo que llama una dictadura de izquierda, es decir, un país que elige un gobierno que no cuenta con el respaldo de Estados Unidos, su moneda se desploma y la inflación sube, el desempleo se extiende, y Estados Unidos, las Naciones Unidas y Occidente dicen: ¿Ven? El socialismo no funciona. Solo funciona la derecha. Ellos [los oligarcas argentinos] obtienen los préstamos; ellos [la población trabajadora que paga impuestos] obtienen la deuda.

Y, por supuesto, esta deuda solo sirve para que Estados Unidos, el FMI y Europa puedan desconectar el enchufe y asegurarse, tanto en lo financiero como en lo bélico, de que otros países no puedan sobrevivir, a menos que se sometan a Estados Unidos.

⁣RICHARD WOLFF: También quiero señalar, solo como dato histórico, que Argentina tiene una oligarquía que se encuentra entre los principales actores de este juego en el mundo. Argentina ha pedido prestado dinero como casi ningún otro país.

La última inyección de dinero que este gobierno de extrema derecha —que es el gobierno de los oligarcas, que están en el poder, incluso cuando tenías a [Juan] Perón y tenías a [Néstor y Cristina] Kirchner, y los demás—, la última inyección de dinero de este gobierno para mantenerse en pie, fue de 20 000 millones de dólares, ¡en abril de este año! Así que, unos meses después, nos encontramos con otros 20 000 millones de dólares, y otros 20 000 millones más…

Los oligarcas argentinos se están riendo de camino al banco, mientras Estados Unidos utiliza el dinero de los contribuyentes estadounidenses para permitirles convertir su moneda sin valor (o a punto de quedarse sin valor) en dólares, para unirse al resto del mundo en la compra de oro, porque tampoco tienen la confianza en el dólar que solían tener. Así que van a dar un doble salto: deshacerse del [peso] argentino, conseguir el dólar, utilizar el dólar, comprar el oro y guardarlo en algún lugar de Europa, eso es lo que van a hacer. ¡Lo que estamos viendo es una farsa! Un gobierno de extrema derecha que, en muy pocos meses, ha conseguido que lo odien —por eso está interviniendo Trump—, porque ese gobierno de derecha se ha disparado en el pie y está a punto de ser expulsado por el pueblo argentino.

⁣MICHAEL HUDSON: Todo esto forma parte de una lucha más amplia que se está librando en la economía mundial para aislar, no solo a Argentina, sino también a China, Rusia y otros países. Es parte de un panorama mucho más amplio.

⁣RICHARD WOLFF: Pero muestra el nivel de desesperación que ahora gobierna todo este tipo de comportamiento. Me gustaría creer (lo digo en serio) que incluso la directora de la CIA, riéndose en el programa de derecha en el que aparece —esa es una mujer de derecha, una persona, no recuerdo su nombre ahora mismo, el vídeo que nos acabas de mostrar—, me gustaría creer que ellos tampoco quieren realmente matar a los pescadores, o a quienesquiera que fueran esas personas, en los barcos. Obviamente, no lo sabemos porque no hay ni una pizca de evidencia proporcionada por el presidente, que ahora ha autorizado al menos cinco —si no me equivoco, cinco— ataques de este tipo. Si tuvieran alguna evidencia —¿verdad?— la mostrarían porque no quieren que parezca que están haciendo lo que claramente están haciendo.

Pero cuando estás desesperado, ya no puedes permitirte eso. Tienen que «aparentar» algo. Tienen que demostrar lo duros que son. Por eso tuvimos la otra extraña (y tal vez podamos discutirlo, la otra extraña): el presidente de los Estados Unidos nos dice, ayer, que la India ha acordado dejar de comprar petróleo ruso. ¡Él dijo eso! Y esta mañana, las noticias que llegan de la India dicen que el Gobierno no sabe nada de eso. No ha habido ninguna conversación al respecto, ni ningún compromiso.

No sé a quién creer, y, por cierto, eso es lo que le pasa a la mayoría de la gente: ya no saben a quién creer. Es muy caótico. Pero no tienes el control. Eso no es una señal de que Estados Unidos… Michael tiene razón: eso es lo que quieren. Pero yo también tengo razón: es lo que quieren, pero ya no lo tienen, y eso te desespera.

⁣NIMA ALKHORSHID: Sí. Michael, el otro punto del que hablaba Donald Trump es el caso de la India. Dijo que la India le prometió no comprar petróleo ruso, lo que más tarde fue rechazado por los funcionarios indios. Y no solo eso, Scott Bessent dijo que el Congreso y la administración están dispuestos a imponer aranceles del 500 % a China, en caso de que decidan importar petróleo y gas rusos. En tu opinión, ¿hacia dónde vamos con el caso de Rusia?

⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, el verdadero problema no es solo aislar a Rusia, sino también a China. Y ahí es donde se ha centrado toda la acción recientemente. Estados Unidos está tratando de decidir qué países pueden comerciar con otros países y qué pueden comprar y vender a esos países. Y eso es una extensión del control del que hemos estado hablando.

Esta es la estrategia neoconservadora. Si no se puede tener una «democracia» basada en Estados Unidos —una «democracia» significa un país que ha aceptado convertirse en un satélite de Estados Unidos (no tiene nada que ver con el sistema político)—, no se puede tener una «democracia» (es decir, un mundo unipolar) sin la capacidad de asegurarse de que se pueden controlar las elecciones de otros países y con quién comercian.

Ahora, mucho más que las exigencias de Estados Unidos y Trump a la India —lo que esencialmente significa que vas a intentar bloquear el comercio exterior de la India con el enorme arancel del 50 % que ya se ha impuesto— o los enormes aranceles que acabas de mencionar sobre China (lo que significa que bloqueas todo el comercio con China) — esto va a garantizar esencialmente, si se aplica, la depresión más grave que se haya tenido hasta ahora en Estados Unidos.

El tipo de confrontación de la que hablamos comenzó hace un mes con TikTok. Trump utilizó el argumento de la «seguridad nacional», alegando que, de alguna manera, TikTok está observando lo que a los estadounidenses les gusta ver; y si descubres eso, entonces puedes controlar su forma de pensar, con la narrativa.

Y TikTok violó aún más la prohibición de la libertad de expresión de Estados Unidos: se convirtió en un sitio para el debate público sobre política.

Así que había mucha gente política, opiniones, que lo trataban casi como X, u otras redes sociales, y eso incluía críticas al genocidio e insistencia en que la matanza masiva estaba mal. Y eso enfureció a Estados Unidos. Así que Trump dijo: Hay que vender TikTok a un grupo de multimillonarios sionistas, que cambiarán el algoritmo para impedir cualquier debate sobre Oriente Medio que no sea favorable a Israel. No se pueden utilizar los términos «Gaza» o «Ribera Occidental». Ahora es «Judea y Samaria». Hay que controlar el diálogo y el debate para moldear lo que piensa la gente, de modo que elijan gobiernos «democráticos», es decir, gobiernos controlados por la alianza de derecha entre los neoconservadores y el sector financiero (el 1 %, el Estado profundo, los estadounidenses).

Así que ahí lo tienes de nuevo: los neocons se sienten inseguros, si TikTok permitiera opiniones y análisis personales y, sobre todo, si tuvieran fotografías de los niños asesinados en Gaza. Tenían fotografías… Israel ha hecho todo lo posible… ha asesinado a fotógrafos y periodistas… precisamente para evitarlo. Han asesinado a médicos para que no hubiera fotografías de la destrucción de los hospitales, de la destrucción de los bebés.

Ahora, si se permite que se lleve a cabo el acuerdo con TikTok, Estados Unidos controlará todas las redes sociales e impedirá que se descubra nada de esto. Eso permitirá a Estados Unidos moldear la opinión «democrática» para votar de la forma en que se supone que deben hacerlo las «democracias controladas».

Sé que tienes una cinta maravillosa que quiero que muestres, Nima, pero me gustaría hablar de lo que ocurrió hace dos días, cuando Holanda fue el primer país fuera de Estados Unidos en confiscar una empresa china, alegando que China —que fabricaba chips informáticos para automóviles en Holanda, en lo que había sido una filial de Philips— y Estados Unidos dijo que cualquier empresa —aprobó una norma— cualquier empresa con más del 50 % de propiedad china debe ser confiscada si afecta de alguna manera a la «seguridad nacional», ya sea porque fabrica baterías, chips informáticos o cualquier otra cosa que consideremos «seguridad nacional». Puedo entrar en detalles si quieres, pero probablemente prefieras dar forma al debate primero.

⁣NIMA ALKHORSHID: Sí, déjame reproducir el clip, Richard, que ha mencionado Michael. Scott Bessent hablando de China:

⁣SCOTT BESSENT (CLIP): No hay duda. Se trata de China contra el mundo. Han impuesto estos controles de exportación inaceptables a todo el mundo. China es una economía de mando y control, y nosotros y nuestros aliados no vamos a ser mandados ni controlados. Son una economía estatal, y no vamos a permitir que un grupo de burócratas de Pekín intente gestionar la cadena de suministro mundial.

⁣MICHAEL HUDSON: Esto es maravilloso. Bueno, Trump dijo que, por primera vez en la historia, nunca había ocurrido nada parecido. ¡Y, por supuesto, sí ha ocurrido! Es lo que Estados Unidos…

Lo que ha hecho China es aprobar una serie de normas que son casi idénticas a las que Estados Unidos había impuesto a otros países que comercian con China, en nombre de la «seguridad nacional». China está haciendo finalmente a Estados Unidos exactamente lo que Estados Unidos le hizo a China.

La diferencia es que China realmente no necesita a Estados Unidos, en el sentido de que no necesita las exportaciones estadounidenses, porque Estados Unidos no exporta nada que China realmente necesite. Y si necesita algo, como piezas de repuesto para los aviones Boeing, entonces evitará el hecho de que Estados Unidos haya convertido su comercio exterior en un arma, de modo que pueda detener la exportación de piezas de repuesto para los aviones Boeing, con la esperanza de que los aviones Boeing no puedan volar más y China tenga un problema, porque China ha desarrollado su propio avión comercial.

Pero Estados Unidos ha dicho a los países extranjeros y a la autoridad internacional encargada de conceder licencias de transporte: No aprueben a China. Solo aprueben aviones fabricados por Estados Unidos y sus satélites, como Airbus. No dejen aterrizar ningún avión fabricado en China, porque no cuenta con la aprobación oficial de Estados Unidos. Esto coincide con la intención de Estados Unidos de que debemos controlar todos los aviones y otros elementos esenciales.

Quiero hablar de lo que ocurrió la semana pasada en Holanda, cuando los holandeses confiscaron la propiedad china de una empresa llamada Nexperia. El Financial Times se ha centrado en esto diciendo que, por primera vez, Europa, y especialmente Holanda, se ha alejado de la idea de la inversión abierta, el libre comercio y la libre inversión, para decir: toda la inversión nacional está ahora controlada por Estados Unidos. Cualquier empresa de propiedad extranjera, concretamente una empresa de propiedad china, debe ser confiscada; y cualquier empresa china que utilice exportaciones estadounidenses como parte de sus productos debe ser prohibida.

Bueno, la empresa que compró China era una empresa especializada en la fabricación de baterías para automóviles, ya que China se ha convertido en el líder mundial en la fabricación de baterías. Estados Unidos quiere impedir el liderazgo de China en el sector de las baterías para poder suministrar baterías que cuestan aproximadamente diez veces más. La intención es impedir que Europa utilice baterías de bajo precio diseñadas por China, para que no pueda competir con los automóviles estadounidenses que utilizan baterías estadounidenses.

Así que tenemos esta empresa de semiconductores y baterías, con 12 500 empleados en todo el mundo, no solo en Holanda, y todo eso acaba de ser confiscado. Se vendió a un conglomerado chino en 2017 y fue comprada por un grupo chino, Wingtech, en 2019. Y todo ha ido bien, hasta los últimos meses, cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos le dijo a Holanda: Tienen que cerrar esta empresa china. Queremos asegurarnos de que China no pueda ganar dinero en Europa, ni en ninguna otra «democracia» que controlamos.

Así que las palabras que se utilizaron en tu maravilloso vídeo —una economía [de mando y] control— es lo que es Estados Unidos: eso es la «democracia». Si no se centraliza el control (y, en esencia, se es un estado policial), entonces no se garantiza el control unipolar de Estados Unidos sobre el mundo. Y China ha contraatacado.

Pero si entramos en detalles, quiero decir, esto es una escalada, esta confiscación de empresas chinas. El Financial Times escribió que «Wingtech es un momento histórico en la evolución de Europa, que ha pasado de ser uno de los bloques comerciales más abiertos del mundo a estar cada vez más preocupado por la seguridad económica». Y la «seguridad económica» está dominada, definida, por Estados Unidos.

Y al igual que Estados Unidos obligó a TikTok a venderse —o vendéis a precio de saldo a los estadounidenses o os cerramos—, ahora está aplicando la misma política a Europa. Y China ha decidido, en esencia, contraatacar todo esto. Los documentos judiciales del caso que ha citado el Financial Times indican que La Haya (el Gobierno de Holanda) actuó bajo la presión de Estados Unidos para respaldar el control.

Bueno, veamos lo que está pasando. Lenin hizo una vez una broma: que los países capitalistas venderían [a la URSS] la soga con la que colgarlos [atribuido a Lenin], metafóricamente hablando, es decir, las armas. Bueno, China no tiene intención de vender a Estados Unidos los materiales militares —metales de tierras raras y otros metales, y otras herramientas— para destruirlo con misiles. Estados Unidos ha dicho: Esperamos una guerra con China como nuestro enemigo existencial en los próximos dos o tres años. Debemos destruir China. Una y otra vez, desde Biden hasta Trump, y hasta el Congreso, se anuncia: Tenemos la intención de ir a la guerra. Estamos preparando el camino.

Bueno, por supuesto, China ha bloqueado lo que necesitáis para fabricar los misiles, los imanes de tierras raras para fabricar los misiles. China ha bloqueado lo que necesitáis para fabricar los ordenadores que guían los misiles y para extender vuestro control sobre Internet, el control de las plataformas de medios de comunicación públicos, en realidad, para controlar la dirección en la que se mueve el mundo.

Y China ha observado lo que Estados Unidos le hizo a Japón, con los Acuerdos del Plaza y los Acuerdos del Louvre, que insistían en que Japón aumentara sus tipos de cambio y, en esencia, provocaron su depresión. Y ha observado las exigencias de Estados Unidos de que Japón pague un tributo de 350 000 millones de dólares a Estados Unidos para poder acceder al mercado estadounidense, incluso sujeto a los elevados aranceles estadounidenses. Y China ha observado la exigencia a Corea de pagar una «opción» igualmente elevada, de 350 000 millones de dólares.

China no tiene intención de rendirse en estos términos, y no tiene intención de permitir que Estados Unidos tenga, según dice, el nuevo equivalente a controlar las reservas mundiales de petróleo; controlar los alimentos del mundo; controlar la tecnología de la información del mundo; controlar la tecnología informática del mundo (tecnología de chips informáticos, tecnología de programación, grabado de chips informáticos, bloqueo a las empresas holandesas para que no vendan maquinaria de grabado de chips informáticos a China).

China se ha dado cuenta de que si Estados Unidos tiene el monopolio de los ordenadores, los misiles, los automóviles y la tecnología militar, lo utilizará para atacar a China. Y está tomando medidas para impedirlo. Y Trump ha dicho que está dispuesto a crear una depresión similar a la de los años 30 en Estados Unidos. Su amenaza de imponer aranceles de varios cientos por ciento a los productos chinos significa que estamos bloqueando todo el comercio con China, es decir, con la tecnología china.

Bueno, China tiene lo que Estados Unidos necesita para su dominio militar. Estados Unidos no tiene nada que China necesite. China crecerá. Estados Unidos entrará en crisis. Y, como ha dicho Richard, se trata de un acto desesperado, pero es una desesperación que vale la pena seguir, porque el 90 % de los estadounidenses verán reducido su nivel de vida, sus salarios y lo que pueden permitirse, pero el 1 % de los estadounidenses, los multimillonarios de Silicon Valley y los bancos financieros, obtendrán beneficios.

Y lo más sorprendente es que en la portada de hoy del New York Times se lee: «Los bancos estadounidenses obtienen grandes beneficios al ayudar a las empresas chinas a globalizarse». Bueno, ya se pueden imaginar lo que va a pasar. ¿Quién va a ganar? ¿La política exterior estadounidense será lo que quieren los bancos, que suele ser lo que importa a Estados Unidos en materia de política exterior? ¿O será lo que quieren los neoconservadores? [Neoconservadores:] Queremos la guerra. No podemos permitir que otro país sea independiente de Estados Unidos. No podemos tener un país de iguales.

Así que volvemos a lo que hablamos con Venezuela: no se puede negociar con otros países y llegar a un acuerdo razonable porque eso sería tratarlos como iguales; eso sería tratarlos como países soberanos. Solo hay una nación soberana: Estados Unidos. Todas las demás naciones deben ser tratadas como satélites de Estados Unidos o convertidas en tales. Y creo que por eso Richard mencionó lo que estaba sucediendo en Argentina, para asegurarse de que quede atrapada en un satélite controlado por una oligarquía cliente en Argentina; al igual que se podría decir que lo mismo está sucediendo en Europa.

⁣RICHARD WOLFF: Permítanme comentar un poco sobre Scott Bessent (y no pretendo meterme con él, aunque tampoco me opongo a hacerlo, pero no es eso lo que estoy haciendo).

Fíjense en la vaguedad de su forma de hablar. Entonces: no vamos a permitir burócratas en Pekín porque son una economía estatal…

Se trata de un ministro de Finanzas cuyo jefe acaba de hacer lo siguiente: adquirir el 10 % de la propiedad de Intel Corporation; imponer una asociación del Gobierno de los Estados Unidos con AMD y NVIDIA; y ocupar otros puestos en la gobernanza corporativa estadounidense, es decir, en la propiedad. ¡Somos más una economía estatal que nunca!

Los aranceles son la mayor imposición de impuestos que ha hecho ningún Gobierno de los Estados Unidos. Estamos gravando a todo el mundo. El mundo entero se ve afectado por nosotros porque, si se opta por los aranceles, es algo internacional. Se está gravando a la propia población, y mucho. Fíjense en lo orgulloso que estaba el Sr. Bessent hace unos días, diciéndonos que los aranceles ya han recaudado 60 000 millones de dólares en sus primeros x meses. Les cuenta con orgullo lo que habría horrorizado a los republicanos anteriores: ¡son un partido contrario a los impuestos! No, ahora son un partido a favor de los impuestos.

Todos los gobiernos que han ido acaparando una parte cada vez mayor de la economía han utilizado la «seguridad nacional» como justificación. Eso no es nuevo. Es lo que solían ridiculizar los republicanos. Es realmente notable. Denuncia a China por querer controlar el mundo. Como dice acertadamente Michael, China está exigiendo lo que Estados Unidos siempre ha luchado por conseguir, ha adquirido y ahora está desesperado porque lo está perdiendo. Está enfadado con China, ¿por qué? Por querer prácticamente lo mismo, si el Sr. Bessent tiene razón.

Aquí, en Estados Unidos, solía argumentarse que un régimen de libre comercio era la mejor protección contra la guerra y la hostilidad. La gente solía hablar de los imperios rivales —británico, francés, alemán, ruso— antes de la Primera Guerra Mundial, como la razón por la que se destruyeron entre sí. La Sociedad de Naciones después de la Primera Guerra Mundial y las Naciones Unidas después de la Segunda Guerra Mundial se crearon porque los países que utilizaban la «seguridad nacional» para configurar su política económica acabaron en guerra entre sí. El objetivo de estas organizaciones internacionales era evitar que eso volviera a suceder.

La retirada de Estados Unidos de las Naciones Unidas, que lleva veinte años en marcha, es también, como deberíamos haber visto antes, una retirada de todo ese proyecto y un retorno a ser un Estado de seguridad nacional, en el que el Estado y los líderes —los oligarcas de los negocios— se están convirtiendo en la misma gente. ¿Recuerdan quiénes estaban sentados detrás del Sr. Trump cuando tomó posesión? Los diez multimillonarios de las pocas industrias líderes que tiene el país. Era un anuncio de la fusión de los oligarcas y el Gobierno, que es un sello distintivo del fascismo —el fascismo italiano, el fascismo alemán, el fascismo japonés, el fascismo español— ¡vamos! Sabemos estas cosas.

La diferencia es que Estados Unidos ya no es el país dominante. El G7 no es el actor dominante en la economía mundial. Y toda la pretensión y toda la ideología difusa del Sr. Bessent, que convenientemente olvida que su gobierno se está volviendo cada vez más «estatista» con cada semana que pasa, y por lo tanto no es diferente de «China», sino más bien más parecido a «ella»…

China tampoco lo es, porque él debería saberlo mejor, no es una economía estatal. La mitad es empresa privada. La gente critica la afirmación de China de que el socialismo se ha desarrollado más rápido y más lejos en los últimos cuarenta años en China que cualquier otro sistema, y les gusta criticarlo diciendo: sí, sí, sí, pero eso es gracias al sector «privado».

De acuerdo, si quieres argumentar eso (creo que es una estupidez, pero vale, si quieres argumentar eso), entonces no puedes dar un giro radical a la mañana siguiente y referirte a ellos como una economía «estatista». Acabas de explicar que son una economía «privada», y que por eso son tan ricos, grandes y poderosos, más ricos que tú.

Y déjame recordarte: en la competencia por la «seguridad nacional» antes de la Primera Guerra Mundial —nacionalismos económicos construidos en torno a Europa y sus colonias— nadie tenía una ventaja destacada en cuanto a población.

Pero eso no es cierto, amigos. Estados Unidos tiene el 4,5 % de la población mundial. China y los BRICS tienen el 60 % de la población mundial. ¿Qué tipo de conflicto imaginan que van a poder tener? ¿Cuáles son sus posibilidades? Esto es muy estúpido.

Deberían estar trabajando sin descanso, tratando de revivir las Naciones Unidas para encontrar una forma de que el G7 funcione, y de que los chinos y sus aliados del BRICS funcionen. El planeta es lo suficientemente grande para ambos.

¿O vamos a caer en otra guerra mundial, aun sabiendo los desastres de las dos primeras? Y por si lo han olvidado, la Primera Guerra Mundial terminó con la Unión Soviética. La Segunda Guerra Mundial terminó con la Unión Soviética, más China. ¿Notan algo? ¿Saben dónde terminará probablemente la Tercera Guerra Mundial? Sí, sí. Debería hacerles parar y pensar un poco en lo que están haciendo.

⁣NIMA ALKHORSHID: Michael, adelante.

⁣MICHAEL HUDSON: El conflicto internacional actual entre la OTAN occidental y China se libra por el tipo de estrategia que tendrá el mundo. Dada la desigualdad de población y tamaño, Estados Unidos quiere ser el único país capaz de librar una guerra con el mejor armamento. Quiere ser la única nación soberana. Todos los demás países deben convertirse en dependientes: dependientes comercialmente, mediante la militarización del comercio exterior; dependientes financieramente, mediante la dolarización; y dependientes militarmente. [Es] una condición previa para su propia supervivencia. Esa es la única forma en que Estados Unidos puede lograr la estrategia que tú dices que no puede funcionar.

Bueno, por supuesto, al final no puede funcionar porque otros países van a tomar represalias. Pero la esencia de la política exterior estadounidense es paralizar la capacidad de represalia de otros países mediante medidas como el control de su suministro de petróleo, de modo que no puedan sobrevivir si toman represalias; negándoles la propiedad y la producción de tecnología de la información —chips de ordenador, tecnología electrónica básica— y el monopolio de Internet, si no cumplen.

Estados Unidos dice: Sí, por supuesto, sabemos que existe esta desigualdad de población y poder productivo. Nosotros nos hemos desindustrializado, ellos no, pero podemos ganar de todos modos, mediante las políticas (que acabo de desarrollar) de control total y la narrativa necesaria para imponer ese control.

Y creo que la política de asesinatos selectivos, de matanzas —como se ha visto, desde Venezuela hasta Gaza— forma parte de esta demostración de la voluntad de Estados Unidos de ejercer un control total, hasta el punto de prepararse para la guerra en Oriente Próximo contra Irán, que muchos de los invitados de Nima creen que es inminente.

⁣NIMA ALKHORSHID: Richard, has mencionado el G7 y lo has comparado con el BRICS. Y una vez (lo sabemos, una vez), Donald Trump dijo que España forma parte del BRICS. Intentaba dar una lección a los periodistas presentes en la sala y dijo que España forma parte del BRICS. Este es su último comentario sobre el BRICS:

⁣TRUMP (CLIP): Le dije a cualquiera que quisiera estar en el BRICS que no había problema, pero que íbamos a imponer aranceles a su país. Todos se retiraron. Todos se están retirando del BRICS.

El BRICS era un ataque al dólar. Y yo dije: «¿Queréis jugar a eso? Voy a imponer aranceles a todos vuestros productos que entren en Estados Unidos». Dijeron que, tal y como yo había dicho, se retiraban del BRICS. Y el BRICS ya ni siquiera se menciona.

⁣NIMA ALKHORSHID: ¿Se retiran del BRICS? [Risas]

⁣RICHARD WOLFF: Pero, ya sabes, es importante entender que si tienes un líder que siempre se inventa cosas como esta —todo el mundo está abandonando el BRICS—

Ya sabes, presto mucha atención al BRICS. Me interesaría mucho. ¿Podría suceder eso? Sí.

Por cierto, Argentina es el único ejemplo que conozco. Se retiraron, con este tipo, Milei, que está a punto de salir. Él se retiró. De hecho, ellos [Argentina] se unieron y luego se retiraron, porque ocurrió en un periodo de tiempo muy corto, entre el momento en que se unieron y el momento en que Milei los sacó, y eso fue un acto suyo, como persona neoliberal de extrema derecha, como él mismo se define con orgullo. No es una etiqueta que yo le pongo.

Pero cuando tienes un presidente, como nosotros, que hace comentarios casuales —la India ha decidido no comprar petróleo ruso— y resulta que no. Y los BRICS se están desmoronando —no. O les impondré aranceles— como si eso fuera el final de toda la historia. Esto se está volviendo patológico, claro, pero es una patología que tiene su lugar. Tiene un origen. Tiene un conjunto de apoyos. Hay que tomarlo en serio, él no lo hace, pero el hecho de que tenga que hablar así es un fenómeno interesante, ¿no? La mayoría de los líderes no lo hacen.

¿Por qué es importante para él hacerlo? Es como plantear la pregunta que debería haberse hecho cuando se presentó por primera vez a las elecciones, cuando bajó por la escalera mecánica de uno de sus edificios en Nueva York y pronunció su famoso comentario de que todos los mexicanos que viven aquí son violadores y asesinos, y que, por supuesto, tenía… Hay que preguntarse: ¿por qué una personalidad que aspira a ser político diría algo tan descabellado? Porque en nuestro entorno, es necesario. Está satisfaciendo una necesidad. Su instinto le dice que tiene razón, y así es. Políticamente, había un electorado que necesitaba atacar a los inmigrantes. La mayoría proceden de México.

Por lo tanto, era importante. Está satisfaciendo una necesidad y descubrió que hay toda una comunidad de personas cuya experiencia peculiar en los últimos treinta años ha sido… ¿qué? Son hombres blancos cristianos, miembros de sindicatos, que perdieron sus empleos porque las empresas querían reemplazar a los hombres blancos cristianos sindicalizados, ya que eran los mejor pagados de la clase trabajadora. Así que ellos fueron los objetivos: reemplazarlos, ya sea con automatización o trasladando la producción a China. Y así quedaron abandonados a su suerte en sus ciudades del Medio Oeste y el Sur, para convertirse en MAGA, su apoyo.

Él lo entendió sin… ya sabes, no tiene la capacidad, ni el vocabulario, ni la educación, pero entendió, instintivamente, que había una necesidad de demonizar a los mexicanos como inmigrantes. Por eso ahora tienes a esta comunidad fundamentalista cristiana aplaudiendo los campos de concentración para niños inmigrantes, lo que viola sus compromisos cristianos. Y en algún lugar lo saben.

Pero están tan necesitados… Quiero dejar eso claro. El Sr. Trump está necesitado de decir esto. Debemos entender, porque es importante, cuál es la necesidad, de qué se trata este rechazo al BRICS. ¿Y la necesidad? El BRICS es abrumador. El BRICS es el mayor peligro al que se enfrenta económicamente, porque es la opción para que China se comporte de la manera que Michael ha expuesto.

Como tienen a los BRICS, con todo lo que eso significa, ahora pueden permitirse, por fin, tomar medidas, como las que tomaron en respuesta a la acción de Holanda. Si tuviera que adivinar la razón de la decisión de retener las tierras raras, diría que Michael tiene razón. El acto precipitado no fue el cobro de tasas a los barcos fabricados en China, como está haciendo Estados Unidos, ni los deslizamientos aquí y allá, sino eso: ese acto de intentar organizar literalmente toda la economía mundial para que se centrara en China; de tomar la propiedad china, como tomaron los 300 000 millones de dólares de activos rusos al comienzo de la guerra de Ucrania.

Bien, ahora es el momento. Y mi conjetura es que se produjo un debate difícil y largo dentro de China sobre si era el momento de actuar. Y debe tomarse en serio porque los chinos están respondiendo a una profunda necesidad que tienen al tomar su medida, al igual que el Sr. Trump está respondiendo a una profunda necesidad que surge de los dilemas de Estados Unidos.

⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, lo que Richards ha planteado es el hecho de que esta guerra comercial internacional tiene su contrapartida en la guerra de clases estadounidense e internacional. Es una guerra, no solo de Estados Unidos para dominar a otros países, sino de la clase rentista —las élites— para dominar a los trabajadores, ya que sus políticas —obtener ingresos y riqueza para sí misma, en forma de créditos, monopolios y la captura y privatización del gobierno para impedir el gasto social público— empobrecerán a la población. Todo ello va de la mano de la guerra de clases internacional para promover el thatcherismo, la privatización, la financiarización y toda la filosofía económica que hemos discutido tanto en episodios anteriores.

⁣RICHARD WOLFF: Y permítanme añadir una cosa para concluir: cuando oigan al Sr. Trump y a algunos de sus lugartenientes —como ya están oyendo y seguirán oyendo— hablar de que, aunque ello suponga una depresión, aunque ello suponga un sufrimiento masivo, se trata de una cuestión de «supervivencia nacional» y de nuestra «seguridad», ¿saben para qué se están preparando?

Probablemente significa que están recibiendo el consejo de que el juego de los aranceles nos está llevando a una situación de estanflación, de una forma u otra: una combinación muy preocupante de una inflación del 3 % o más, con un descenso de nuestra situación laboral. Ayer se citó en todas partes a Jamie Dimon, hablando del colapso de dos empresas automovilísticas y diciendo que, donde hay unas pocas «cucarachas» —palabra suya, no mía—, siempre hay muchas más.

¿Qué significa eso? Es una declaración de que se está produciendo, o es probable o posible, una crisis crediticia, con todo lo que eso implica. Permítanme recordarles cómo se desencadenó la crisis de 2008. También fue un problema crediticio. Por eso se llama crisis de las hipotecas subprime.

Así que se están preparando para llevar su locura hasta el punto de una depresión masiva y una recesión devastadora, porque están convencidos de que es el precio que hay que pagar —por supuesto, siempre por la clase trabajadora— para superar la crisis a la que se enfrentan, que es la de un mundo que ya no está dispuesto a ser territorio colonial; porque de eso se trata realmente: es un resurgimiento del colonialismo.

No es casualidad que el Sr. Trump divague sobre Groenlandia, Canadá, Panamá o, ahora, Venezuela. Todo son imaginarios, pero lógicos si se quiere controlar el mundo entero, porque ese es el control que un país metropolitano solía ejercer sobre sus colonias. Son los Estados Unidos rehaciendo el fin del Imperio Británico, con la esperanza de invertir el curso de la historia.

Bueno, yo soy uno de los muchos en el mundo que le dicen a los estadounidenses: demasiado poco, demasiado tarde, no está disponible.

Es como explicarles a los israelíes que el colonialismo de asentamiento era algo que funcionaba hace dos siglos, pero ¿ahora? Ya no funciona; los pone en una situación imposible.

⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, Richard, el desempleo y el colapso económico no son un precio que deba pagar la élite gobernante.

Es más fácil ganar dinero y obtener riqueza en una crisis que en un crecimiento lento. La crisis va a provocar, como creo que has señalado, muchas ejecuciones hipotecarias. La gente va a perder sus casas, como ocurrió tras los rescates financieros del presidente Barack Obama en 2009. Todo ello condujo a una enorme apropiación de activos por parte del 1 %. Mientras que la propiedad de viviendas disminuyó en Estados Unidos y el PIB y los niveles salariales del 90 % se mantuvieron bastante estables, toda esta riqueza creció para el [1 %]. Lo mismo ocurrió en el resto del mundo.

Bueno, cuando Trump retiró el apoyo a la Agencia para el Desarrollo Internacional [USAID], retiró el apoyo a las agencias de salud de las Naciones Unidas y a las agencias de gasto cultural y social, la intención era crear hambrunas y famines masivos en el resto del mundo, al igual que el ataque de Trump al calentamiento global para mantener la supremacía del petróleo está provocando el aumento del nivel del mar, lo que va a provocar una destrucción masiva.

Todo esto es visto [por] Estados Unidos como un beneficio colateral, no como un [daño] colateral. Hay que darse cuenta de que cuando ocurre algo así, no todo el mundo sale perdiendo.

Será un juego de suma negativa para la economía de las naciones y del mundo en su conjunto, pero muy positivo como acaparamiento de riqueza por parte del 1 %. Y Estados Unidos está tratando de que sea el 1 % estadounidense, no el 1 % extranjero.

⁣NIMA ALKHORSHID: Muchas gracias, Richard y Michael. Adiós. Como siempre, ha sido un placer hablar con ustedes.

⁣RICHARD WOLFF: Hablamos la semana que viene.

⁣NIMA ALKHORSHID: Hasta la semana que viene.

Transcripción y diarización: https://scripthub.dev

Edición: Kimberly Mims

Revisión: ced

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3. Zelensky vuelve a la caseta del perro.

Resulta difícil decir si la imprevisibilidad de Trump es una estrategia o le sale así, creando una incertidumbre que no parece muy buena señal para negociaciones serias en geopolítica. La última «víctima» ha sido una vez más Zelensky, que mientras va haciendo su colchón debe repetirse cada día lo de «ande yo caliente…». Amar intenta descifrar qué puede salir de todo esto.

https://www.counterpunch.org/2025/10/21/the-crumbling-illusion-why-american-public-opinion-on-israel-is-shifting/

Cuando los Tomahawks se convierten en boomerangs

La última humillación de Zelensky en Washington es algo más que otro cambio de humor de Trump

Por Tarik Cyril Amar

Dejemos que el Sr. Impredecible, también conocido como Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, se encargue de dar un giro de 180 grados a su política, romper amistades y crear cierta ambigüedad en solo unos días. Tal y como están las cosas ahora, Trump ha dicho «no» a los misiles de crucero Tomahawk estadounidenses para Kiev, quizá no para siempre, como ha subrayado su vicepresidente J. D. Vance, pero, claramente, en un futuro previsible, sea lo que sea lo que eso signifique con Trump.

En el proceso, también ha dejado claro, dolorosamente claro, que Vladimir Zelensky, de Kiev, vuelve a estar en la caseta del perro. Aparentemente favorecido durante un tiempo —después de vestirse con un traje como un buen chico y halagar a Trump en cada oportunidad y sin inhibiciones—, el líder ucraniano sin elecciones vuelve a estar en la estacada: sin bienvenida en el aeropuerto; una reunión el viernes por la tarde programada de forma ostensible para quitarse de en medio a un visitante molesto antes del fin de semana; y, según hemos oído, algunas palabras duras, incluso gritos, de nuevo.

Es como si Zelensky no hubiera subido a un avión para realizar otra visita de sumisión a Washington, sino a una máquina del tiempo. Y esta lo depositó de vuelta en febrero, cuando recibió una reprimenda pública muy necesaria en el Despacho Oval.

Los optimistas compulsivos entre la menguante multitud de mortíferos «amigos» de Ucrania en Occidente tal vez quieran consolarse con el hecho de que, esta vez, Trump tuvo la decencia de administrar la paliza a Zelensky a puerta cerrada. Pero entonces se filtró inmediatamente, nada menos que al Financial Times.

Por supuesto, el filtrador puede haber sido un desesperado partidario de Zelensky que aún se esconde en algún lugar de la administración estadounidense (¿tú, Keith Kellogg?), tratando de alertar a los europeos para que vuelvan a ayudar a su protegido ucraniano y saboteen la tan horrible perspectiva de una paz rápida. Y según Maria Zakharova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, ya han empezado a interferir de nuevo.

¡Afortunados ucranianos! Tenéis un Gobierno que os empuja a una guerra perdida en la que vuestros amigos occidentales del infierno os prometieron la OTAN (¿os acordáis? No importa, siempre fue una mentira transparente) y ahora simplemente nada. Y tenéis «partidarios» europeos acérrimos que no temen nada más que esta sangrienta estafa termine mientras algunos de vosotros aún estáis vivos.

Si la filtración realmente proviene de alguien que intenta sabotear a Trump, pronto oiremos hablar de un despido. Ahora que lo pienso, la delegación estadounidense designada para Budapest no parece incluir a Kellogg, como suele ocurrir. Sin embargo, probablemente no lo haremos, porque la mejor explicación es que provino de las altas esferas y tenía como objetivo hacer que el fracaso de Zelensky fuera tan público como la última vez.

Finalmente, con el «olvídalo» sobre los Tomahawks y la gran y dolorosa ruptura de la amistad, llegó el mensaje sobre cómo poner fin a la guerra. Esta vez, Trump no tenía tiempo para cuentos de hadas tontos sobre que Kiev aún podía darle la vuelta a la situación y ganar. Su mensaje directo fue que Kiev debía hacer concesiones, incluyendo todo el Donbás. Según la rápida filtración, el intento de Zelensky de presentar sus mapas fantásticos de los «puntos débiles de Rusia» fue rechazado de plano.

¿Qué significa todo esto y de dónde viene?

En cuanto al origen, descartemos una interpretación absurda pero popular: sí, Trump acababa de mantener una conversación telefónica con el presidente ruso, Vladímir Putin. De hecho, la más larga de las ocho que conocemos desde la segunda toma de posesión de Trump. La conversación fue bien, como demostraron tanto los informes occidentales inmediatos (aunque, especialmente en la Europa de la OTAN y la UE, a menudo con un tono agrio) como las reacciones rusas.

Lo más importante es que los presidentes acordaron reunirse de nuevo en persona pronto, esta vez en la capital húngara, Budapest. Esa elección se debe claramente al hecho de que Hungría, junto con Eslovaquia, ha sido el único gobierno de la UE que se ha mantenido racional con respecto a la guerra de Ucrania, afirmando su creencia en la diplomacia en lugar de la guerra eterna. Mientras tanto, toda la corriente dominante de la UE y el Reino Unido se ha maniobrado furiosamente hasta quedar en la irrelevancia.

Sin embargo, la conversación entre Putin y Trump no significa que Moscú haya manipulado al tan ingenuo Trump para que cambie su enfoque, como afirman de nuevo, con bastante arrogancia, algunos comentaristas occidentales y políticos de Kiev, como Aleksandr Merezhko, presidente de la comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento ucraniano: «El Sr. Trump ha vuelto a caer en la vieja trampa de Putin», quiere creer Merezhko, o hacernos creer.

La realidad es, obviamente, que Trump no está siendo «engañado» en absoluto. Al contrario, entiende cosas clave sobre las que Kiev —no Moscú— ha hecho todo lo posible por engañarlo: que Ucrania no puede ganar; que Rusia está ganando; que los misiles Tomahawk no cambiarían estos hechos, sino que empeorarían aún más la guerra, en particular al aumentar el riesgo de una escalada regional o incluso global (que bien podría ser el verdadero objetivo de los desesperados jugadores que se aferran a Kiev). E incluso si Rusia volviera a mostrar la moderación de la que Occidente carece tan profundamente, no cabe duda de que tomaría represalias masivas dentro de Ucrania.

Por supuesto, Estados Unidos nunca habría vendido suficientes misiles Tomahawk como para marcar la diferencia, tal y como señalan incluso los expertos occidentales medianamente honestos. Las armas en sí, aunque peligrosas, son bastante antiguas (se desarrollaron originalmente hace medio siglo) y lentas (subsónicas en una era de tecnología hipersónica de vanguardia). Su uso habría implicado datos y personal de Estados Unidos para fijar los objetivos, una «nueva etapa de escalada», como ha advertido explícitamente el presidente ruso.

Es muy probable que la retención de los misiles Tomahawk a Kiev también tenga que ver con las prioridades estratégicas del Pentágono. Su actual cerebro, el jefe de política Elbridge Colby, no ha ocultado su opinión —acertada— de que una guerra proxy contra Rusia en Europa es un desperdicio de recursos miope (en el mejor de los casos) que, según Colby —incorrectamente—, debería reservarse para un posible conflicto con China en Asia. El nombre de Colby ya se ha asociado con una suspensión temporal de los suministros a Ucrania este verano. En el debate sobre los Tomahawk, se ha mantenido en silencio, pero ciertamente no ha sido pasivo.

¿Y qué significa todo esto?

Ahí es donde las cosas se complican, especialmente con Trump. Acabamos de pasar por una fase de, si no agresividad, sí de marcada dureza retórica hacia Moscú, que siguió a un período de acercamiento entusiasta y frialdad complementaria hacia Kiev.

Ahora hemos vuelto al punto de partida: Ucrania está fuera, Rusia vuelve a estar dentro. El propio Trump ha reconocido que cree que otros, incluido Moscú, intentan manipularlo, pero que en realidad no le importa. Eso es, por supuesto, una forma de admitir que él también está jugando. Y, francamente, ¿por qué debería importarle a Moscú? Sin embargo, como mínimo, significa que lo que Trump dice y hace en un día cualquiera puede ser una jugada estratégica o una táctica, o potencialmente ambas cosas, dependiendo de cómo se desarrollen las cosas.

Y ahí es donde entra en juego la ambigüedad difusa que hemos mencionado al principio. Una vez que se filtró la gran filtración contra Zelensky, Trump empezó a dar marcha atrás y a contradecir la información filtrada. Mientras que, según la filtración, había presionado a Zelensky para que renunciara a todo el Donbás, al día siguiente empezó a decir a los periodistas que estaba a favor de congelar el frente tal y como está ahora. Esas dos posiciones son irreconciliables porque Moscú aún no ha tomado completamente esta zona, pero, por lo que sabemos, pretende quedarse con toda ella como condición para la paz.

Y ahí estamos, y seguimos estando, en el mundo de Trump, donde el terreno nunca es del todo firme, pero donde algunas oportunidades pueden ser reales. Moscú ha mostrado moderación no solo en la guerra, resistiendo una larga serie de provocaciones occidentales que fácilmente podrían haber convertido la guerra en un conflicto paneuropeo o mundial. Rusia también tiene un historial de mantener la calma ante los giros de Trump. Y con razón. Existe la posibilidad de que su «no» a los Tomahawks se consolide, que su desconfianza realista hacia Kiev se mantenga y que se abra una puerta para un compromiso pacífico. Eso es lo que toda persona sensata y decente debería desear, por el bien de todos nosotros y también de Ucrania.

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4. Análisis geopolítico de Crooke sobre Asia Occidental.

Crooke hace un balance de la guerra en Asia Occidental en general y en Gaza en particular planteándose si Israel acabará en una especie de «vía sudafricana». Aunque, de momento, sigue con sus guerras. Llegan noticias preocupantes de Irán, por cierto. Según Escobar, iba a asistir a una conferencia en Teherán que se ha suspendido porque todas las autoridades están en búnkeres.

https://observatoriocrisis.com/2025/10/21/a-crooke-breve-analisis-geopolitico-de-oriente-medio-desde-la-operacion-inundacion-de-al-aqsa/

A. Crooke: Breve análisis geopolítico de Oriente Medio desde la operación “Inundación de Al-Aqsa”

21 octubre, 2025

Las guerras abiertas por Israel en la región, que son paralelas a la beligerancia trumpiana, no han terminado…

Alastair Crooke, ex diplomático británico 

Primero, el contexto:

  • La doctrina que promueve la dominación estadounidense, basada en el implacable  poder del ejército estadounidense y del mercado, ha generado en los círculos de Trump 2.0 un espíritu de la época que no solo descarta el temor a la guerra, sino que exige que Estados Unidos ataque, retórica o literalmente, en múltiples direcciones a la vez; principalmente porque la guerra unilateral contra Rusia ha fracasado inesperadamente. Además, el tiempo se agota para la crisis del déficit y la deuda estadounidense.
  • Lo más visible es que esto ha conducido a una mayor presión sobre Rusia, amenazas contra Venezuela, controles a las exportaciones chinas y preparativos para ataques contra Irán.
  • Las guerras abiertas por Israel en la región, que son paralelas a la beligerancia trumpiana, no han terminado: el enviado estadounidense Tom Barrak (citando a Netanyahu) dijo: » Israel cree que lo que ha hecho contra Hezbolá, Hamás y los hutíes no terminará hasta que se corte la cabeza de la serpiente en Teherán”. 
  • Es más, una crisis de desdolarización o una explosión del mercado de bonos, iniciada por China y Rusia, es vista ampliamente en Estados Unidos como una amenaza existencial a la viabilidad política de Trump.
  • Rusia y China están respondiendo con decisión a la nueva doctrina política estadounidense: los nuevos controles chinos sobre las tierras raras afectan a toda la cadena de suministro de semiconductores, desde ASML hasta TSMC. No solo eso, sino que también incluyen controles sobre máquinas de procesamiento de tierras raras, baterías de alto rendimiento y herramientas de corte de chips. Si se aplican con firmeza, estas medidas amenazan con reventar la burbuja de la IA en EE. UU., lo que podría desplomar un mercado bursátil estadounidense ya de por sí muy endeudado.
  • Rusia también anticipa lo que ocurrirá: la cumbre de Alaska no ha dado frutos hasta la fecha. La perspectiva ahora es una escalada, ya que Trump busca influencia.

Segundo : Una breve reseña de Oriente Medio en el segundo aniversario de la operación “Inundación de Al-Aqsa 

Por un lado, la asociación entre Estados Unidos e Israel ha logrado lo siguiente:

  • Disolviendo la antigua Siria, convirtiéndola en una extensión balcanizada y debilitando al Líbano; aunque Hezbolá se resiste al desarme forzoso y está renaciendo como fuerza combatiente bajo un liderazgo nuevo y más joven. Significativamente, Rusia ha perdido (casi por completo) su influencia en la región. ISIS ha resucitado, con Estados Unidos e Israel reactivando el sectarismo regional para cercar a Irán y sus aliados chiítas.
  • Estados Unidos e Israel también han logrado que Qatar y Turquía, patrocinadores de la Hermandad Musulmana y  mediadores  del acuerdo , presionen a Hamás para que acepte la propuesta de alto el fuego de Trump, aunque las partes dos y tres están mal definidas, sin acuerdo y aún por negociar.
  • Las guerras abiertas de Israel se han extendido a Cisjordania, Irán, Siria, Líbano, Yemen, Qatar y Túnez, además de Gaza. Han logrado debilitar a estos estados y entidades, buscando obligarlos a someterse a Israel; con la excepción de Yemen, que se ha mantenido firme. La beligerancia israelí, apoyada por Trump, ha logrado una sumisión casi total más allá de Oriente Medio, en Azerbaiyán, Armenia, Pakistán y Turquía, extendiendo así la nomenclatura de Oriente Medio a «Asia Occidental«.
  • La reactivación del PAIC para Irán se desencadenó por la presión de Estados Unidos e Israel sobre el componente del PAIC del E3. Mañana, 18 de octubre, expira el PAIC. No habrá entonces ningún proceso ni marco diplomático respecto al programa nuclear iraní (excepto, por ahora, el TNP). Trump tendrá entonces una  hoja en blanco  para redactar un ultimátum exigiendo la rendición iraní (enriquecimiento cero, limitaciones de misiles y ruptura de vínculos con sus aliados), o esperar una acción militar, si así lo decide. Sin embargo, no se puede descartar la intervención de Rusia y China. Estos últimos han denunciado el  proceso de reactivación del E3 del Consejo de Seguridad de la ONU  como ilegal y contrario al proceso de la ONU. Irán espera una acción militar a continuación.

Del otro lado de la balanza, la Resistencia logró lo siguiente:

  • Al colocar la lucha palestina  en primer plano en la agenda global, Palestina también ha captado el apoyo y la imaginación de los jóvenes estadounidenses y de todo el mundo. El genocidio israelí, por otro lado, ha tenido un alto impacto psicológico y emocional en los israelíes, quienes asimilan lo que se hizo a su supuesto ethos, todo en nombre de Israel.
  • La Resistencia ha sufrido duros golpes, pero en ninguna parte ha sido humillantemente destruida. Hamás, aunque exhausto, sigue siendo una fuerza combatiente, al igual que Hezbolá, las fuerzas de Hach’ad en Irak y Ansarallah en Yemen. Si volviéramos a los objetivos originales de la Resistencia, articulados por Sayyed Hassan Nasrallah como portavoz de la Resistencia, estos eran: agotar militarmente (pero no derrotar) a Israel; debilitar su espíritu de cuerpo y cohesión; y cuestionar la justificación moral y práctica del sionismo para otorgar derechos especiales a un grupo de población sobre otro, ocupando el mismo territorio.
  • Así, la Resistencia logró algunos éxitos, pero ningún resultado decisivo. Sin embargo, sobrevivir invicta tras dos años de un ataque militar punitivo por parte de un ejército al estilo de la OTAN puede considerarse un logro simbólico y psicológico.
  • El ataque de decapitación del 13 de junio contra Irán (un proyecto conjunto, aprobado por Estados Unidos) logró eliminar objetivos seleccionados por Israel, pero no implosionó ni paralizó al Estado iraní. El pueblo iraní permaneció unido en torno a su liderazgo. Irán prevé uno o más episodios posteriores de conflicto militar. Netanyahu y otros lo tienen claro: la cuestión en cuestión no es principalmente poner fin al programa de enriquecimiento nuclear de Irán, sino lograr un »  cambio de régimen  » en Irán.
  • Los nacionalistas judíos necesitan existencialmente que Estados Unidos siga siendo una potencia militar temida. Porque, sin el ejército «imparable estadounidense”—y en ausencia de la centralidad del dólar—, Israel no puede existir. Las sangrientas guerras de Israel ya le han hecho perder el apoyo de los jóvenes estadounidenses e independientes. Se avecinan grandes cambios: Trump (y el Partido Republicano) no pueden ganar elecciones sin el apoyo demográfico del grupo de edad de 25 a 35 años. La pérdida de este apoyo también podría extenderse a otros problemas (como la derogación de la Primera Enmienda debido al intento de Israel de controlar las redes sociales de los jóvenes estadounidenses).
  • Una facción de jóvenes MAGA (hacemos que Estados Unidos vuelva a ser grande) está indignada por el asesinato de Charlie Kirk, sospechando manipulación gubernamental y culpando a Trump por ello. Esto podría representar una mella significativa en la base de Trump que apoya a MAGA. Israel podría estar ya en camino de «perder” a Estados Unidos.

¿Cómo pudo suceder todo esto?

El desmoronamiento demográfico y la creciente emigración desde Israel, dejando atrás un mosaico de resistentes sionistas que sobreviven en medio de una economía estancada y el aislamiento global. ¿Es esto realista, más allá del corto plazo?

En Sudáfrica, que lidió con un problema similar: a saber los «derechos especiales” para un grupo de población pero no para otro, no fue la resistencia ni el boicot lo que finalmente trajo el cambio, sino los líderes afrikáneres que se preguntaban qué calidad o seguridad de vida tendrían sus nietos sin un cambio de rumbo.

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5. Contra la globalización, vivíamos mejor.

Los antiglobalización se suponía que éramos nosotros. ¿Nos ha dejado la derecha sin discurso? Una reflexión en TNI.

https://www.tni.org/en/article/did-trump-steal-our-agenda-why-fighting-free-trade-isnt-enough-anymore?translation=es

¿Trump nos ha dejado sin política? Por qué centrar la pelea en los tratados comerciales ya no alcanza Ponencia para el Encuentro por los 25 años de la red European Trade Justice Coalition (ETJC)

15 October 2025

Al cumplirse 25 años de la Coalición Europea por la Justicia Comercial, esta reflexión plantea una pregunta inquietante: ¿cómo se apropió la derecha del lenguaje antiglobalización? Exhorta a los activistas a repensar el comercio, el Estado y la estrategia para un nuevo ciclo de lucha.

Luciana Ghiotto

Estamos aquí celebrando 25 años de resistencia: desde Seattle hasta las luchas contra el ALCA, desde los debates con la OMC hasta la construcción de redes de resistencia global. 25 años diciendo «no» a un modelo que mercantiliza todo, que pone las ganancias corporativas por encima de la vida de las personas y el planeta.

Pero también estamos aquí para enfrentar las preguntas difíciles. Empecemos con una cuestión incómoda, una pregunta que no nos gusta hacernos pero que no podemos evitar: ¿por qué cuando un país como Estados Unidos toma exactamente la agenda proteccionista que nosotros llevamos décadas defendiendo, parece que el movimiento se ha quedado sin política? En otras palabras, ¿Trump nos ha dejado sin objetivos? ¿Cómo es posible que cuando finalmente alguien con poder real critica el libre comercio, nosotros no sepamos qué decir?

Pensémoslo concretamente: durante décadas denunciamos el NAFTA como «el peor tratado de la historia», y Trump lo renegoció. Criticamos los tratados de libre comercio por destruir empleos industriales, y Trump impuso aranceles para «proteger a los trabajadores americanos». Alertamos sobre los riesgos del Tratado Transpacífico, y Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo. Denunciamos a la OMC como un órgano falsamente multilateral y con políticas a favor de las empresas transnacionales, y Trump la paralizó bloqueando su órgano de solución de controversias.

Entonces se hace evidente algo que nos desconcierta: cuando finalmente un Estado poderoso adopta políticas que se parecen a nuestras demandas históricas, nos encontramos sin respuesta. ¿Celebramos? ¿Nos oponemos? ¿Guardamos un silencio incómodo?

Esta irresolución no es exclusiva del movimiento de justicia comercial. Los sindicatos estadounidenses durante años han pedido protección para la industria nacional, y ahora se encuentran en una trampa: algunos sindicatos apoyan los aranceles que vienen acompañados de ataques masivos a los derechos laborales. Trump les dice que esto es la protección de los empleos de la competencia china, pero al mismo tiempo desregula las condiciones de trabajo, ataca el derecho de huelga, reduce las protecciones de seguridad laboral. Los sindicatos terminan celebrando políticas que en el fondo los debilitan como organización.

Entonces aquí hay un patrón: Trump ha tomado las críticas que construimos durante décadas, pero cambia completamente el diagnóstico. El problema no es la explotación laboral o la pérdida de soberanía popular, sino el «robo» de empleos y recursos estadounidenses por extranjeros, especialmente en manos de China. El resultado es devastador: se trata del mismo discurso anti-globalización que nosotros hemos usado, pero invertido para justificar más explotación laboral en lugar de menos, más poder corporativo en lugar de menos.

La pregunta incómoda, entonces, no es solo sobre comercio: es sobre por qué un proyecto de derecha nacionalista ha logrado ocupar el espacio discursivo que nosotros construimos durante décadas de resistencia al neoliberalismo.

Para entender cómo hemos llegado a esta situación, necesitamos situarnos históricamente. Esta sensación de quedarnos sin respuestas no surge de la nada: surge de que estamos viviendo el agotamiento de un ciclo de luchas, nuestro propio ciclo, que comenzó hace casi tres décadas y que hoy llega a su fin sin que hayamos logrado construir sociedades alternativas.

La historia de los movimientos sociales nos enseña que las luchas no son lineales, sino que se producen en ciclos. Tienen momentos de alza, despliegue de la conflictividad, confrontación directa, y luego períodos de declive o repliegue.

El ciclo de luchas anterior, el de los años sesenta, escaló a principios de los setenta, pero se cerró entre 1984-1985 con la derrota del movimiento sindical en Estados Unidos e Inglaterra. Hoy podemos preguntarnos: ¿estamos viviendo un momento similar? Y si es así, ¿cómo debemos posicionarnos los activistas del comercio frente a esta realidad?

El ciclo anterior: trabajo contra capital

El ciclo de luchas de los sesenta estuvo marcado por una confrontación clara del trabajo contra el capital. Se evidenció en ese momento el alza de la lucha obrera, con tomas de fábricas, lucha directa y ciertos grados de violencia en la protesta. Vimos allí la articulación de las luchas sindicales y obreras con otras luchas: estudiantil, afroamericanos, movimiento de mujeres, contra la guerra de Vietnam, etc.

La lucha de los trabajadores impuso una metamorfosis real del capital. Las relaciones de clase se reconfiguraron completamente, obligando al capital a reestructurarse para mantener su nivel de ganancia. La respuesta del capital fue directa: confrontación política a través de gobiernos neoliberales en algunos lugares, dictaduras en otros.

Pero este ciclo tuvo un cierre definitivo. Esta derrota no fue solo resultado de la represión política, sino de un proceso más profundo: la internacionalización del capital, donde el capital comenzó a huir, especialmente hacia Asia. ¿Por qué? Porque los trabajadores europeos y estadounidenses se habían vuelto demasiado caros y problemáticos. Habían conquistado salarios altos, derechos laborales fuertes, sindicatos poderosos. Entonces el capital hizo lo que siempre hace cuando encuentra resistencia y caída de la ganancia: se fue a buscar trabajadores más baratos y dóciles.

Desde mediados de los años setenta vemos exactamente esto: las fábricas se cierran en Detroit o Manchester, y se abren en Guangdong o Dhaka. Esto es una estrategia deliberada: disciplinar a los trabajadores de las metrópolis industriales amenazando constantemente con irse.

Como dijimos, el cierre de este ciclo de luchas implicó la caída del poder del sindicalismo. Sin embargo, esta derrota no fue solo resultado de la confrontación política directa o de la fuga del capital hacia Asia. Fue algo mucho más profundo: el colapso simultáneo de las dos estrategias históricas que había seguido la clase obrera a nivel mundial.

Por un lado, el agotamiento de la estrategia keynesiana significó el fracaso de la vía socialdemócrata con las crisis de estanflación de los años setenta. El modelo del Estado de bienestar, basado en el pleno empleo, la negociación colectiva y la redistribución del ingreso, demostró que no podía resolver las contradicciones básicas de la acumulación capitalista. Los sindicatos y partidos socialdemócratas que habían apostado a la concertación social se encontraron sin herramientas frente a la crisis de rentabilidad del capital.

Por otro lado, el derrumbe de los socialismos reales entre 1989-1991 representó el colapso definitivo de la vía revolucionaria. La caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS demostraron que el «socialismo realmente existente» había fracasado como alternativa al capitalismo, dejando sin referente político y sin respaldo internacional a partidos comunistas y movimientos de liberación nacional.

Esta doble derrota – keynesianismo y socialismos reales – creó las condiciones ideológicas para la hegemonía neoliberal. No había alternativa visible (there is no alternative, sostuvo el gobierno de Margaret Thatcher) porque efectivamente las alternativas históricas del movimiento obrero habían colapsado. Con esto se cerró definitivamente el ciclo de luchas de los sesenta, pero también se abrió un vacío estratégico que tardaría décadas en comenzar a llenarse con nuevas formas de resistencia.

Nuestro ciclo: 25 años de resistencia a la globalización neoliberal

¿Y cómo entendemos nuestro propio ciclo de luchas? Nuestro ciclo, que podemos llamar el «ciclo de luchas contra la globalización neoliberal», comenzó con el alzamiento zapatista en 1994 y su categórico «Ya Basta». Continuó con la resistencia al Acuerdo Multilateral de Inversiones entre 1997 y 1998, y llegó a su momento emblemático en la batalla de Seattle contra la OMC en 1999.

Este período vio surgir las grandes redes de resistencia global: La Vía Campesina, ATTAC, y en nuestra región, la articulación contra el ALCA entre 2000-2005, donde sectores sindicales, campesinos, pueblos originarios, mujeres y movimientos ambientales dijeron un «No» rotundo al libre comercio hemisférico. Las consignas de lucha se mezclaron entre consignas radicales anticapitalistas con otras de rechazo al neoliberalismo, con exigencia de políticas redistributivas y de derechos humanos.

Este ciclo estuvo marcado por algo que nos parecía evidente: el capital estaba expandiéndose hacia nuevas fronteras. Las empresas ya no producían todo en un solo lugar, sino que fragmentaban la producción: diseñaban en California, manufacturaban en China, ensamblaban en México. Al mismo tiempo, veíamos cómo se privatizaban los servicios públicos, se cercaban tierras comunes y se creaban zonas de sacrificio, se mercantilizaba el agua, la educación, la salud. Todo se convertía en mercancía.

Pero nuestro movimiento también tenía características nuevas. Habíamos visto caer el muro de Berlín, colapsar la URSS, y no queríamos repetir los errores de los partidos comunistas tradicionales con sus estructuras verticales y burocráticas. Surgieron entonces los «nuevos movimientos sociales»: organizaciones horizontales, donde se rotaban los cargos para evitar que se concentrara el poder, donde se incluían agendas que antes se consideraban «secundarias» – las mujeres, los pueblos indígenas, el medio ambiente no eran temas para «después de la revolución», eran centrales desde el principio. Incluso algunos sindicatos incorporaron algunas de estas prácticas, sumando nuevos temas a sus agendas y probando nuevas formas de organización.

La crisis del movimiento

Pero algo pasó con ese movimiento contra la globalización neoliberal. Y no fue algo menor. Estamos hablando de un movimiento que parecía imparable: habíamos sido parte del freno del ALCA, habíamos puesto contra las cuerdas a la OMC, habíamos construido redes globales sólidas, teníamos movilizaciones masivas en todos los continentes. Éramos la resistencia global al neoliberalismo.

Sin embargo, cuando Trump aparece haciendo exactamente lo que nosotros pedíamos (criticar el libre comercio, oponerse a los tratados multilaterales, cuestionar la OMC) nos quedamos mudos. No solo eso: gran parte de nuestros aliados tradicionales terminaron apoyando cosas que antes rechazaban, o quedaron completamente desconcertados sin saber qué posición tomar.

Esto no es casualidad. No es que el movimiento simplemente «perdió fuerza» o que «cambió la coyuntura». Es que hubo problemas profundos en cómo concebimos nuestra estrategia.

La crisis tiene al menos dos dimensiones que debemos analizar con honestidad.

Primero: hoy la resistencia a la globalización viene desde la derecha, no desde la izquierda. Trump se ha apropiado de nuestra retórica anti libre comercio, pero desde una matriz nacionalista-corporativa. Es cierto que algunos puntos de su argumento son similares a los nuestros: la crítica a la relocalización de empleos, los impactos de los TLC sobre los trabajadores y las economías nacionales, la oposición a acuerdos como el TPP, las críticas al NAFTA y la OMC.

Pero lo hace desde un enfoque que no cuestiona las asimetrías fundamentales del orden económico global, ni incorpora demandas de justicia ambiental o laboral internacional. Lo que Trump reivindica es un nacionalismo económico excluyente: su objetivo no es rediscutir el papel de las corporaciones estadounidenses, sino hacerlas fuertes otra vez. En lugar de «Make America Great Again», su lema debería ser: «Make US Corporations Great Again».

Esta situación nos ha puesto en una encrucijada: oponernos a las políticas comerciales de Trump podría verse como defender el status quo neoliberal, mientras apoyarlas significaría legitimar un proyecto que favorece al capital estadounidense sin abordar la explotación social y la desigualdad subyacentes.

Y aparece un primer problema: lo que el trumpismo ha puesto en crisis es la visión centrada en el nacionalismo económico que muchos movimientos sociales hemos mantenido desde los años noventa. La reivindicación de la centralidad del Estado y su capacidad regulatoria se convirtió en el eje articulador de proyectos progresistas que buscaban recuperar espacios de autonomía para las políticas públicas nacionales frente al avance de la globalización neoliberal. Pero esta estrategia política ha encontrado su límite.

Segundo, y aquí llegamos al núcleo de nuestra crisis: la centralidad que el movimiento puso en el Estado. Nuestro argumento era claro y parecía lógico: «no queremos libre comercio porque queremos que el Estado tenga capacidad de hacer política pública». Nuestra interpretación ha sido que los TLC le quitan soberanía al Estado, le impiden regular las empresas, proteger el medio ambiente, mantener los servicios públicos. Por eso hemos peleado por “Estados fuertes” que hagan política industrial, política social, política ambiental.

Era un argumento que parecía correcto contra el neoliberalismo de los noventa, que efectivamente buscaba desmantelar las capacidades estatales. Y funcionó: logramos frenar tratados, fortalecer discursos sobre soberanía nacional, reivindicar el rol del Estado frente al mercado.

Pero los límites del Estado como «instrumento» no se pusieron de manifiesto solo con Trump. También los vimos claramente en el agotamiento del ciclo de gobiernos de izquierda o progresistas en Sudamérica y en el fracaso de Syriza en Grecia. Ambos procesos marcaron los límites de las estrategias que dominaron la izquierda en los años dos mil, post-Seattle. Los gobiernos progresistas latinoamericanos que llegaron al poder prometiendo recuperar la capacidad estatal para regular el capital se encontraron con las limitaciones estructurales de operar dentro del sistema capitalista global. Incluso cuando controlaban el aparato estatal, no pudieron transformar fundamentalmente las relaciones de producción ni escapar de la lógica de la acumulación. Syriza, por su parte, demostró cómo incluso un gobierno explícitamente anti-austeridad fue disciplinado por los mercados financieros y las instituciones europeas, obligado a implementar exactamente las políticas que había prometido combatir.

Estos casos revelan que el problema no era solo que el neoliberalismo «debilitara» al Estado, sino que el Estado moderno está estructuralmente limitado por su función de garantizar las condiciones de la acumulación del capital. ¿Qué pasa entonces cuando el Estado efectivamente se vuelve «fuerte» y retoma un rol más activo frente al libre mercado, pero no se mueve necesariamente hacia donde queremos? ¿Qué sucede cuando el Estado se nos presenta en su forma más descarnada, no como el instrumento neutral que puede ser usado para el bien común, sino como el garante de la ganancia capitalista?

Porque eso es exactamente lo que vemos tanto con Trump como con los límites que enfrentaron las estrategias progresistas: el Estado sí hace «política pública», pero política pública al servicio del capital, no de las mayorías sociales. Trump usa el Estado activamente para fortalecer a las corporaciones estadounidenses, mientras que los gobiernos progresistas descubrieron que usar el Estado para la justicia social tenía límites estructurales infranqueables. Y nosotros nos quedamos sin respuesta porque habíamos puesto todas nuestras esperanzas en que «recuperar la capacidad estatal» era suficiente, sin preguntarnos: ¿capacidad estatal para qué? ¿Al servicio de quién? ¿Dentro de qué limitaciones sistémicas?

¿Qué podemos hacer entonces? Necesitamos recuperar esa radicalidad que una vez tuvimos, pero ¿cómo? Lo que Trump ha puesto en evidencia es que nos hemos quedado atrapados en un falso dilema entre «libre comercio» y «proteccionismo». Ambos operan dentro de la misma lógica sistémica. Trump no representa una ruptura real con el orden neoliberal, sino una reconfiguración de las relaciones entre Estado, corporaciones y mercado mundial.

A esta altura podemos hacernos algunas preguntas:

Primera pregunta: ¿Podemos seguir poniendo el comercio y las inversiones como eje central de nuestra agenda? Esto funcionaba cuando enfrentábamos el orden neoliberal de los años noventa, pero hoy ese orden está en crisis. ¿No necesitamos ampliar radicalmente nuestra agenda? ¿No deberíamos desarrollar un análisis que entienda que la cuestión comercial se entreteje con cuestiones productivas, financieras, ambientales, digitales?

Segunda pregunta: ¿Podemos seguir teniendo el nacionalismo como horizonte político? Durante décadas nuestro argumento fue «recuperemos la soberanía nacional», «que el Estado nacional pueda regular a las empresas», «política industrial nacional y verde». Sonaba lógico frente al neoliberalismo que quería debilitar los Estados.

Pero ¿qué pasó? Trump llegó y dijo exactamente lo mismo: «America First», «soberanía nacional», «que el Estado estadounidense regule el comercio». Y nos quedamos sin respuesta porque habíamos puesto todas nuestras fichas en el nacionalismo. Debemos identificar aquí la trampa. Si nuestro horizonte es el nacionalismo, entonces cualquier nacionalismo puede apropiarse de nuestro discurso.

No hablo tampoco de abrazar un internacionalismo abstracto que diga «somos todos iguales» ignorando que Estados Unidos tiene un poder que otros países como Honduras no tienen. Eso sería ingenuo. Pero ¿no necesitamos desarrollar estrategias que puedan operar simultáneamente en múltiples escalas?

Por ejemplo, cuando las maquiladoras se van de México a Vietnam, ¿la respuesta es pedir al Estado mexicano que las traiga de vuelta con subsidios? ¿O es construir solidaridades entre trabajadores mexicanos y vietnamitas para que ninguno sea usado para disciplinar al otro? Cuando Amazon explota trabajadores en España, Polonia y Brasil, ¿la respuesta es que cada país compita para atraer a Amazon con menos regulaciones? ¿O es que los trabajadores de los tres países se coordinen para exigir las mismas condiciones en todos lados?

Tercera pregunta, y aquí viene una autocrítica fundamental: durante nuestro propio ciclo de luchas, se fue transformando profundamente quiénes eran los trabajadores, pero ¿supimos adaptarnos? Mientras hacíamos resistencia contra los TLC, el mundo del trabajo se fragmentaba bajo nuestros pies. Al mismo tiempo que marchábamos en Seattle, se multiplicaban los trabajos precarios, de medio tiempo, sin contratos fijos, sin obras sociales.

¿No siguió nuestro movimiento pensando en el «trabajador típico» como el empleado de fábrica con contrato estable? ¿No seguimos organizados para trabajadores estables mientras la realidad era el repartidor sin patrón fijo, el chofer de Uber, la empleada de limpieza por horas, el que tiene tres trabajos para llegar a fin de mes? ¿No nos quedamos representando a un mundo del trabajo que se estaba volviendo minoritario?

Por eso la pregunta final: ¿A quiénes debemos incorporar realmente? ¿No deberían ser los sectores que encarnan las contradicciones del sistema? Las comunidades afectadas por el extractivismo, los trabajadores informales que proliferan en las economías periféricas, los que no pueden ser incorporados con política pública porque el sistema tiende justamente hacia su proliferación y no puede integrarlos.

Estamos en un momento donde la derecha encarna las ideas más radicales, donde vivimos la crisis del ciclo de lucha que nos dio identidad durante décadas. En tal contexto: ¿somos capaces de radicalizar nuestra propia práctica? ¿Podemos mostrar que avanzamos hacia un horizonte utópico justamente cuando el panorama se pone más turbio?

Esto implica algo incómodo pero necesario: parar la pelota, en una metáfora futbolera. Revisar nuestra estrategia e incluso revisar nuestros objetivos. No seguir corriendo detrás de la agenda que otros nos marcan, sino detenernos a preguntarnos: ¿hacia dónde queremos ir realmente? ¿Qué tipo de sociedad queremos construir? Cuando tengamos claridad sobre esto vamos a tener más elementos para ponderar nuestras tácticas, para decidir cuándo aliarnos, cuándo confrontar, cómo organizarnos.

Finalmente: debemos asumir que estamos en un momento de transición entre ciclos. No podemos seguir operando con los marcos del ciclo que se agota, especialmente cuando estos marcos nos han dejado sin respuesta frente a la apropiación derechista de nuestras demandas. La justicia comercial en este nuevo contexto no puede limitarse a resistir acuerdos comerciales ni quedarse atrapada en el falso dilema entre libre comercio y proteccionismo nacionalista.

¿Puede el movimiento trascender la dicotomía libre comercio/proteccionismo? ¿Es posible desarrollar una praxis internacionalista que reconozca los límites estructurales del nacionalismo económico sin caer en la resignación ante el poder del capital global? Esta crítica más profunda no implica abandonar la lucha contra los tratados de libre comercio, sino recontextualizarla en una comprensión más profunda de las dinámicas del capitalismo contemporáneo y en un proyecto de transformación radical que abarque las múltiples dimensiones de la dominación capitalista. No se trata de oponer acuerdos específicos, sino de construir modelos alternativos de relaciones económicas internacionales que cuestionen la lógica capitalista misma.

Hace 25 años dijimos “otro mundo es posible”. Pero ese otro mundo requiere que dejemos atrás tanto las ilusiones del libre mercado como las del nacionalismo económico, y que recuperemos una radicalidad que trascienda los falsos dilemas en los que hemos quedado encerrados.

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6. Tariq Ali y la izquierda británica.

El artículo liberado de Monthly Review hace una reseña de dos libros autobiográficos de Tariq Ali, revisando de paso la historia de una parte de la izquierda británica de los últimos 60 años.

https://monthlyreview.org/articles/the-long-road-of-tariq-ali/

El largo camino de Tariq Ali

por Paul Buhle

Paul Buhle es colaborador desde hace mucho tiempo de Monthly Review y editor de más de veinte novelas gráficas de no ficción sobre historia radical. Actualmente trabaja con Paul Peart-Smith en una biografía gráfica de Malcolm X.

Tariq Ali, Street-Fighting Years: An Autobiography of the Sixties (Londres y Nueva York: Verso, 2024, 3.ª edición), 416 páginas, tapa blanda, 29,95 dólares; Tariq Ali, You Can’t Please All: Memoirs 1980–2024 (No se puede complacer a todos: memorias 1980-2024) (Londres y Nueva York: Verso, 2024), 814 páginas, tapa dura, 44,95 dólares.

Tariq Ali ha estado allí. Con base en Gran Bretaña, Ali ha viajado a todos los eventos de izquierda y ha conocido a todas las personalidades de izquierda de los últimos sesenta años. No, en realidad no, pero no conozco a nadie más que pueda acercarse tanto a esta improbable afirmación (que él no hace).

Por lo tanto, la calidad compendiosa de estos escritos por sí sola los convertiría en esenciales. You Can’t Please All, el segundo y presumiblemente último volumen, tiene 773 páginas e incluye una cronología personal, lo que ofrece a los posibles lectores un texto, como mínimo, intimidante. No es una lectura rápida ni, por supuesto, fácil. Es evidente que Ali ha conservado algunas notas.

Ali es de Pakistán, hijo de un destacado editor de periódicos. Llegó al Reino Unido para estudiar y nunca se marchó, salvo para viajar por todas partes, sin perder nunca su base en Londres. Como explica en Street-Fighting Years, destacó en el debate desde sus primeros años escolares y, cuando en la década de 1960 la población no blanca de Gran Bretaña (que en ese momento era en su mayoría inmigrante) adquirió importancia política o notoriedad, se convirtió en la persona a la que acudir. Ya en sus días en Oxford, en debates estudiantiles y discusiones públicas que trascendían el campus, este orador delgado y apuesto se convirtió en una personalidad pública destacada.

El hecho de que llame a sus memorias Street-Fighting Years también sugiere, con acierto, que se ha codeado con izquierdistas del mundo del espectáculo, desde Mick Jagger hasta algunos de los hermanos Redgrave, pasando incluso por John Lennon. No se detiene en este punto, pero está claro que las personalidades públicas —personas lo suficientemente valientes como para aprovechar su carisma— podían encontrarle útil y, de hecho, lo hicieron.

Los altibajos de estos años hacen referencia, algo más de lo que la mayoría del público estadounidense esperaría, a la historia, las complicaciones y las contradicciones de la izquierda intelectual y cultural británica. Si bien la dirección del Partido Laborista apenas toleraba a los socialistas en la mayoría de las circunstancias, siempre albergó a diversos radicales que anhelaban más. Las nuevas generaciones de activistas encontraron así partidarios, a veces en las altas esferas. Quizás la histórica y aplastante victoria de Margaret Thatcher sobre los mineros del carbón en huelga impulsó a muchos a buscar el cambio a través de la lucha cultural. Por otra parte, puede que fuera el ejemplo de escritores, actores y directores de cine destacados, en particular Ken Loach, lo que mostró a la nueva generación lo que podían hacer.

Se podían encontrar versiones de ideas eclécticas de izquierda en una amplia gama de entretenimiento popular británico desde la década de 1970 hasta la de 1990 y más allá: desde el cine hasta el teatro, y desde la música hasta la literatura. Los artistas que escribían o actuaban en algunos programas de la BBC parecen haber leído realmente a Karl Marx, o al menos divulgaciones de Marx, junto con Frantz Fanon y Jean-Paul Sartre, así como una amplia variedad de textos. Si el grupo trotskista al que Ali se unió, o al menos con el que se consideraba aliado, tenía menos de treinta miembros, su sabio favorito era el marxista belga Ernest Mandel, maestro de las ideas trotskistas y casi tan conocido como el más herético Isaac Deutscher.

Los trotskistas británicos se mantuvieron activos en el movimiento obrero, pero más a menudo en los movimientos sociales, como Rock Against Racism, en los que ejercían su influencia. Por el contrario, la izquierda también incluía a comunistas ortodoxos, como el envejecido líder sindical, querido por su liderazgo durante décadas de servicio, más que por su persistente afición por Rusia; el pacifista que trabajaba puerta a puerta en los distritos urbanos para una próxima manifestación; el fiel trabajador electoral de la izquierda laborista; o el activista de la izquierda caribeño-británica o de otras partes del desvanecido imperio británico, cada vez más numerosos con la ola de inmigración, por no mencionar a los activistas de izquierda escoceses, galeses e irlandeses. Es probable que el mundo de Ali incluyera un número desproporcionado de personas con estudios superiores, pero él se mezclaba cordialmente con todos los estratos socioeconómicos.

Ningún historiador de la izquierda británica puede ignorar su carácter conflictivo. Las divisiones y subdivisiones reflejaban la decepción por lo que podría llamarse la falta de avances. El siempre animado debate de ideas solía llevar a los grupos —incluso y a veces especialmente a los grupos trotskistas rivales— a denunciarse mutuamente por sus ideas y personalidades. Street-Fighting Years contiene algunas reminiscencias muy personales que seguramente resultarán desconcertantes para algunos lectores ajenos al tema, pero que para muchos otros serán divertidas y evocadoras.

La mayor influencia de los trotskistas británicos y los grupos que los rodeaban podría medirse en el tabloide que Ali y sus compañeros, que cambiaban con frecuencia, publicaban: The Black Dwarf. Tenía más profundidad intelectual que la mayoría de sus equivalentes estadounidenses, aunque menos cómics «underground» y, sin duda, menos contracultura. Era una publicación seria, aunque en su mayor parte bienintencionada. Una de sus principales escritoras, Sheila Rowbotham, era una gigante intelectual del entonces incipiente movimiento feminista y su historia. Esto contó: de repente, la historia de las mujeres parecía muy real y más importante de lo que nadie, dentro o fuera de la izquierda, había reconocido. The Red Mole (1970-1973), publicado por el International Marxist Group, con Ali en su consejo editorial, era oficialmente un periódico trotskista, más que el producto de una coalición. Sin embargo, era bastante abierto y estaba vinculado al movimiento feminista. Por lo tanto, significó mucho más de lo que la mayoría de la vieja izquierda británica podría haber anticipado.

Las personalidades de la vieja izquierda, al igual que las de la nueva izquierda en You Can’t Please All, se describen con gran sensibilidad y perspicacia real. Como periodista en activo cuando tenía tiempo y oportunidad, Ali tiene un talento especial para el enfoque afable de las personalidades percibidas, especialmente, si no solo, de aquellas a las que admira y con las que se hace amigo. En su forma de narrar incidentes ocurridos en Gran Bretaña y en lugares lejanos, estos resultan interesantes, importantes durante un momento o más (en su mayoría lejos del Reino Unido), pero siempre distintos, y no como «tipos» que deben entenderse únicamente en términos políticos. No hace gran cosa con sus seis años al frente del programa de entrevistas de la BBC Bandung File, pero aquí la conversación sobre el Sur Global iluminó grandes distritos a un público dispuesto a ver y aprender.

You Can’t Please All, nos dice Ali, podría haberse dividido en dos, pero a sus 80 años parece tener el deseo de cerrar el tema. Como él mismo sugiere, es una especie de miscelánea: con cartas, poemas, letras de canciones ocasionales y, sobre todo, anécdotas. Ha dejado atrás el trotskismo organizado y, si se reincorpora al Partido Laborista, al que nunca se había dedicado mucho cuando era un joven radical, no parece que lo haga de corazón. Las perspectivas de su segunda capa de liderazgo izquierdista siguen siendo siempre inciertas; el «camino parlamentario hacia el socialismo», como en la vieja broma, es casi invisible y en su mayor parte inexplorado. El camino hacia la respetabilidad, hacia ser elegido para un cargo y ocuparlo, siempre ha resultado demasiado tentador. La era del liderazgo de Jeremy Corbyn resulta ser una excepción, y el comportamiento cotidiano de los titulares de cargos, ya sean laboristas o conservadores, es notoriamente similar, con su personal buscando desesperadamente controlar las noticias y desviar las simpatías en una dirección favorable. Si bien esto fue menos evidente en los años de Thatcher, cuando surgieron líneas claras en la derecha, lo es más después, salvo la excepción de Corbyn. En cambio, representa un retorno a una abismal normalidad política.

Pero el principal interés de este gigantesco volumen reside en otros motivos. Los lectores británicos disfrutarán de todo el debate sobre el periodismo de izquierdas, tanto dentro como fuera de las publicaciones principales y claramente izquierdistas. Siempre fuera del poder, los periodistas son una especie de política en sí mismos, en la tradición de la crítica literaria y social británica (principalmente inglesa) que se remonta al siglo XVIII. Los conoce a todos, al menos a todos los de izquierdas, y podemos vislumbrar repetidamente la escena a medida que pasan las décadas. La propia New Left Review, a pesar de algunos tambaleos, se mantiene firme, con sus principales editores y algunos de sus colaboradores más cercanos (en particular el estadounidense Mike Davis y, a mayor distancia, Fredric Jameson) dedicados a informar, analizar y ofrecer perspectivas culturales.

Ali ha viajado mucho y tiene una visión inestimable basada en conversaciones y encuentros, desde Oriente Medio hasta Europa del Este, y más ocasionalmente en Asia, África y el territorio de la Doctrina Monroe, desde el Caribe hasta Sudamérica. Especialmente notable es su «Diario de La Habana», en el que reflexiona sobre las complejidades de la supervivencia del régimen revolucionario a menos de cien millas de las costas estadounidenses, y los relatos de primera mano de Ali sobre el bolivarianismo y su artífice, Hugo Chávez. Dedica un capítulo entero al régimen de Salvador Allende. Al igual que otros con contactos, ha conocido a líderes emergentes, incluso en sus viajes a Chile en un momento revolucionario (o poco después). Sus viajes posteriores a menudo cubren situaciones irremediablemente perdidas para las luchas revolucionarias, al menos en el período actual. Describe escenarios y personalidades con la mirada de un novelista, tal vez un novelista de finales del siglo XIX, como los escritores rusos que inspiraron la emergente literatura yiddish de izquierda de la década de 1890.

Los lectores también encontrarán muy interesante el relato de Ali sobre los acontecimientos en Pakistán. Aquí se encuentra en territorio conocido. Por muy repetitivos que sean sus dilemas, generación tras generación, los nacionalistas de izquierda tratan de apoyar a los palestinos, se oponen al Departamento de Estado de los Estados Unidos e incluso se enfrentan a la asombrosa corrupción de la élite gobernante. Los conoce a todos y sus conocimientos son indiscutibles.

Sin embargo, es en Rusia, y en las últimas etapas de los intentos por revivir las esperanzas de 1917, donde se encuentran las páginas más reveladoras y angustiosas de You Can’t Please All. En grandes cenas y entornos íntimos, desde Moscú hasta las repúblicas orientales, se reúne para discutir la variedad de intereses que los lectores de hoy seguramente desearán revisar, sacando sus propias conclusiones a partir de las de Ali. Sus viejos y nuevos amigos saben dónde están enterrados los cadáveres.

Una sección está dedicada a los supervivientes de las purgas de Joseph Stalin. La prohibición de las primeras obras de V. I. Lenin, y algunas posteriores, por orden de Stalin, convierte a Lenin en el divulgador de la verdad más severamente reprimido, incluso con retratos y estatuillas de Lenin por todas partes. Este «Lenin desconocido», que solo ahora se da a conocer, se lee y se debate, junto con los escritos de periodistas, novelistas y teóricos de izquierda occidentales (y de otros países), no estaba disponible, era prácticamente prohibido, al menos hasta la década de 1970, es decir, fuera de las bibliotecas privadas de personas con cierta influencia.

Los ecologistas han aprendido, en las últimas décadas, cómo sus homólogos rusos trataron de utilizar el poder del Estado para salvar las ecorregiones y, al hacerlo, renovar las esperanzas de los científicos en el nuevo Estado comunista antes de que el estalinismo decretara una marcha implacable hacia la industrialización. Trotskistas como C. L. R. James (que aparece brevemente en estas páginas, especialmente en el primer volumen) también señalaron la desaparición del poder de los trabajadores rusos en las fábricas durante la década de 1930, anticipando la toma de poder burocrática de los nuevos y otrora notoriamente militantes sindicatos del Congreso de Organizaciones Industriales (CIO).

El resurgimiento de algo parecido a una democracia socialista en la Unión Soviética, una verdadera transformación social, parecía eminentemente (y quizás inminentemente) posible durante la década de 1980. Aquellos que habían aguantado durante décadas, esperando en silencio este momento, contuvieron la respiración. Entonces, como explica Ali, Mijaíl Gorbachov fue engañado con demasiada facilidad por el Departamento de Estado de Ronald Reagan, seguido por George H. W. Bush y Bill Clinton. La OTAN nunca iba a detenerse en ningún punto acordado, y la presión económica de Estados Unidos empujaría inevitablemente a Rusia hacia la «terapia de choque», robando los recursos de un posible renacimiento socialista. Sin embargo, al leer las historias de Ali sobre diversas reuniones, uno imagina otros resultados.

En el frente interno británico, encontramos inevitablemente a Corbyn. Por un momento, Ali encuentra esperanza en el Partido Laborista. Los programas nacionales de Corbyn parecían modestos, muy en línea con una variedad de pensadores liberales de Estados Unidos y Europa —Keir Starmer aceptó en realidad gran parte del mismo marco, pero al llegar al cargo, giró bruscamente hacia la derecha—, pero la visión global de Corbyn iba mucho más allá de las tradiciones laboristas. Su apuesta por la solidaridad en lugar de la guerra coincidía con la de toda una serie de especialistas en política exterior, entre ellos Andrew Bacevich en Estados Unidos. Pero eso no importaba: los halcones, siguiendo la verdadera tradición de la AFL-CIO de seguir los pasos del Departamento de Estado de Estados Unidos, en este caso con el apoyo del lobby israelí, se lanzaron al ataque. Corbyn sería expulsado, junto con el famoso cineasta Loach y cientos de personas más.

El capítulo de Ali sobre Corbyn puede relacionarse con otro, titulado «El caso contra Tony Blair», porque la trayectoria del Nuevo Laborismo treinta años antes siguió una dirección muy similar, desde la proclamación de una nueva era para el Partido Laborista hasta la aceptación de Clinton y el clintonismo. La BBC se subió al carro de la guerra, junto con la NPR y la PBS, ansiosa por un ataque estadounidense contra Irak, anticipando que las multitudes iraquíes agradecidas lanzarían «caramelos y rosas» a los soldados estadounidenses. La izquierda laborista, que nunca se recuperó de su aplastante derrota ante Thatcher en la década de 1980, cedió tímidamente ante Blair, que parecía gozar de la aprobación unánime de la prensa británica. Blair aportó algo nuevo, o más bien desconocido durante un siglo y medio en la política británica: el cristianismo musculoso del orgulloso conquistador. Al final, sus mentiras sobre Irak acabaron por derribarlo. Su plan de regreso debió de anticipar un futuro Starmer.

Una larga y deliciosa sección de You Can’t Please All trata sobre la propia familia de Ali, descrita como una aristocracia nativa en decadencia desde hacía mucho tiempo. Una sangrienta disputa interna en la década de 1840 había dado lugar a un conflicto continuo por la propiedad, en el que los propios padres de Ali conservaban considerables posesiones. Su madre, una proto-nacionalista rebelde, se casó con su padre, un casi comunista y «primo mayor», y juntos se enfrentaron a un mundo en cambio. Una fascinante fotografía se remonta una generación más atrás y muestra al abuelo de Ali junto a Winston Churchill y un mariscal de campo británico en 1942. Si el abuelo no hubiera muerto ese año, sino que hubiera vivido una década más, escribe Ali, se habría encontrado, como simpatizante comunista desde hacía mucho tiempo, bajo un dictador pakistaní formado en Sandhurst, la academia militar británica, y trabajando esencialmente para los estadounidenses, los nuevos amos. Se trata de una tragedia nacional que también es una tragedia familiar. Ali no habla de las tres novelas que escribió dramatizando la saga de su familia; hay demasiadas otras cosas que tratar.

Dedica dos breves ensayos en You Can’t Please All a Edward Said, un gigante al que conocí de cerca, aunque brevemente (compartíamos nuestra devoción por James). En el primer ensayo, vuelve a una entrevista con Said al conmemorar el aniversario de su muerte. En el segundo, irónicamente titulado «Me alegro de que Edward Said haya muerto», recuerda muy brevemente la frase utilizada por el famoso novelista liberal israelí A. B. Yehoshua, que deseaba urgentemente la paz, pero rechazaba a los antisionistas, incluso a los más comprensivos, incluso, o especialmente, a los judíos. Said estaba fuera de los límites de la respetabilidad, y Ali se solidarizaba con él.

El último ensayo de You Can’t Please All, «The Ashes of Gaza» (Las cenizas de Gaza), trata de abrazar, pero también de superar, el duelo por los horrores. El «largo siglo XX» propuesto y explorado por Eric Hobsbawm parece ahora cada vez más largo, extendiéndose hasta nuestra propia época. Los mayores problemas de la sociedad no parecen más fáciles de resolver, y los horrores van en aumento. Ali presta especial atención a los intelectuales palestinos que en su día fueron prometedores, aún jóvenes cuando fueron señalados para ser asesinados por el Mossad. Celebra la determinación de los palestinos de luchar hasta alcanzar la libertad: engañados, martirizados, pero de alguna manera invictos.

You Can’t Please All termina con una cronología tan agradable como las numerosas páginas de fotos. Hay pocas fotos del propio Ali, pero muchas de aquellos con quienes se reunió, con quienes se relacionó y a quienes, en ocasiones, él mismo fotografió.

Ali parece haber estado en todas partes por nosotros. El lector puede acompañarlo a lo largo de todas estas páginas, edificándose y disfrutando del gran viaje.

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7. Camus y Argelia.

Se le suele reprochar a Camus su tibia postura sobre Argelia, su país natal. Una revisión de sus escritos y discursos para entender su postura.

https://www.revue-ballast.fr/albert-camus-et-lalgerie/

Albert Camus y Argelia

Alain Ruscio

¿ Deberíamos entonces «olvidar a Camus1 », como sugiere un ensayo reciente? Si bien el escritor, socialista antiautoritario autoritario, fue un ardiente defensor de la paz y luchó por la abolición de la pena de muerte junto a Arthur Koestler, no supo denunciar la construcción de la Argelia francesa y la política colonial de Francia. Desde El extranjero hasta El primer hombre, la tierra donde nació Camus impregna sus novelas y relatos. Pied-noir, hijo de la escuela republicana, la crítica del escritor se atenuó cuando se trató de denunciar los horrores cometidos por el colonizador en el Magreb. En este texto, el historiador Alain Ruscio revisa los escritos y discursos de Camus para comprender su posición sobre Argelia2.

Camus, el argelino

Albert Camus, nacido en Argelia, pertenecía con todas sus fibras a esta tierra. Su obra, pero también sus compromisos humanos y políticos, estuvieron marcados por completo por este país. Es cierto que el escritor nunca pretendió ser el líder de una corriente ideológica, y mucho menos de un partido intelectual. Sin duda, estos términos le habrían horrorizado. Sin embargo, su obra, sus posiciones y su acción han inspirado, y siguen inspirando en gran medida, a una parte nada desdeñable del mundo político, periodístico e intelectual. Para Michel Onfray, que no se anda con medias tintas, Camus habría sido un «socialista libertario anticolonialista3 » « desde el primer momento4 », análisis reforzado por el odio que le profesaban entonces los círculos ultraderechistas. Por el contrario, su persona y su mensaje siguen siendo objeto de duras críticas a ambos lados del Mediterráneo. ¿Camus, « figura imperialista muy tardía », como escribe Edward Saïd, símbolo de la « impotencia trágica de la conciencia francesa5 »? ¿O, por decirlo con Raymond Aron, un «colonizador de buena voluntad6»? ¿O incluso un «colonizador que se niega a sí mismo», de aquellos de los que Albert Memmi hizo un análisis cruel pero inolvidable en Retrato de un colonizador7? En cuanto a los estudios publicados en Argelia, la mayoría son aún más severos8: «superado por la dinámica de la Historia», dejó escapar la oportunidad «de entrar, no tanto en la Academia Nobel, sino en el panteón de los justos9».

«Sin duda hay tres Camus: el periodista, el novelista y el ciudadano nativo de esta tierra. »

Sin duda, hay tres Camus, que evidentemente se entremezclan según las épocas y las exigencias de la actualidad: el periodista, que no dudó en ir sobre el terreno y dar testimonio en Cabilia en 1939, para luego proponer soluciones liberales en 1945; el novelista, que utilizó el marco geográfico y humano que mejor conocía para situar sus intrigas; por último, el ciudadano nativo de esta tierra, que asistió impotente a un enfrentamiento entre las comunidades que había presagiado, pero que hizo todo lo posible por rechazar o, al menos, limitar10. Sin embargo, estos tres Camus coinciden en un punto: un apego visceral que trasciende cualquier discurso racional a su tierra de Argelia:

« Habiendo nacido en este desierto, no puedo en ningún caso pensar en hablar de él como un visitante. ¿Acaso se hace una nomenclatura de los encantos de una mujer muy amada? No, se la ama en su conjunto, si se me permite decirlo, con uno o dos detalles concretos que nos conmueven, como un mohín favorito o una forma de mover la cabeza. Así, tengo con Argelia una larga relación que sin duda nunca terminará y que me impide ser totalmente lúcido con respecto a ella11 ».

Rara vez, como con Camus, se tuvo la impresión —fundada— de que un europeo nativo de esta tierra tenía derecho, al igual que sus compatriotas musulmanes, a proclamarse argelino.

Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Mondovi, hoy Dréan, una pequeña ciudad cerca de Bona. Pasó su infancia en un barrio de Argel, en Belcourt. Huérfano, criado por su madre y su abuela, conoció la pobreza. Comprometido desde su adolescencia con un espíritu humanista, se sintió atraído por el comunismo. Así, se afilió al Partido Comunista en el verano de 193512, donde permaneció hasta el otoño de 1937, fecha en la que fue expulsado, tras mostrar su desacuerdo con la aprobación comunista de la disolución de la Étoile nord-africaine13. No obstante, hay que tener en cuenta que Camus no se adhería por ello a las tesis nacionalistas14 — y, sin duda, también por su reticencia ante el apoyo incondicional del Partido Comunista Argelino (PCA) a la Unión Soviética15.

[José Muñoz, Le Premier Homme de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2013] ]

Alger Républicain, 1938-1940

A continuación, colabora con el diario Alger Républicain16, entonces de tendencia popular y no comunista, como lo será después de 1945. La historia de las ideas ha retenido sobre todo su reportaje en Cabilia. Pero describió muchos otros aspectos de la realidad colonial de la época: algunos escándalos, algunas decisiones judiciales y, sobre todo, algunas prácticas policiales. Al cubrir el juicio de un jeque, El Okbi, denunció en 1939 «las torturas infligidas por la Sûreté17» a un sospechoso y, posteriormente, a una joven, Aïcha: «Fue torturada durante ocho días. La golpearon y la desnudaron, hasta el punto de que orinaba por los golpes18». Camus incluso reutiliza la palabra en el título de otro artículo: «Como en la Edad Media: la tortura al servicio de los acusadores19» . En él denuncia, ya, el uso de la «bañera», es decir, la inmersión de la cabeza y la parte superior del cuerpo en agua, así como el uso de la electricidad.

«La historia de las ideas ha retenido sobre todo su reportaje en Cabilia. Pero describió muchos otros aspectos de la realidad colonial de la época. »

El punto culminante es el viaje de unos diez días20 que realizó en mayo de 1939 a Cabilia para ese mismo periódico, y que dio lugar a una serie de reportajes, que se hicieron famosos, titulados Misère de la Kabylie (La miseria de Cabilia). Los subtítulos son elocuentes: «Grecia en harapos» (5 de junio), «La indigencia» (6 de junio), «La indigencia. Cinco niños mueren por comer raíces venenosas» (7 de junio), «Los salarios insultantes» (8 de junio), «La asistencia. Un médico para 60 000 habitantes» (10 de junio), «La enseñanza. Palacios en el desierto» (11 de junio), etc21. El reportaje comienza con una constatación que, tras 109 años de presencia francesa —y menos de una década después de las fastuosidades del Centenario22—, resulta impactante: «Todo un pueblo pasa hambre y tres cuartas partes de sus hombres viven de la caridad administrativa23». El pasaje que se ha hecho más famoso se publicó al día siguiente:

«En Bordj-Menaïel, por ejemplo, de los 27 000 cabilios que cuenta el municipio, 10 000 viven en la indigencia y solo un millar se alimenta normalmente. En la distribución de cereales organizada el día que llegué a este centro, vi a cerca de 500 indigentes esperar pacientemente su turno para recibir unos litros de trigo. Ese día me mostraron la maravilla del lugar: una anciana encorvada que pesaba 25 kilos. […] Una madrugada, vi en Tizi-Ouzou a unos niños harapientos disputándose con unos perros cabilios el contenido de un cubo de basura. A mis preguntas, un cabilio respondió: «Todas las mañanas es así». Otro habitante me explicó que, en invierno, en el pueblo, los habitantes, mal alimentados y mal abrigados, han inventado un método para conciliar el sueño. Se colocan en círculo alrededor de una hoguera y se mueven de vez en cuando para evitar la rigidez. Y durante toda la noche, en la miserable choza, se desarrolla sin cesar una ronda de cuerpos acostados. Sin duda, esto no es suficiente, ya que el Código Forestal impide a estos desgraciados coger la leña donde se encuentra y no es raro que les confisquen su única riqueza, el burro descarnado y cubierto de costras que servía para transportar las leñas […]. Me dirán: Son casos particulares… Es la crisis, etc. Y, en cualquier caso, las cifras no significan nada. Confieso que no puedo entender esta forma de ver las cosas. Las estadísticas no significan nada y estoy de acuerdo, pero si digo que el habitante del pueblo de Azouza al que fui a ver formaba parte de una familia de diez hijos, de los cuales solo dos sobrevivieron, no se trata de cifras o demostraciones, sino de una verdad evidente y reveladora24 ».

[José Muñoz, Le Premier Homme de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2013]

Aunque las terribles pérdidas humanas del pasado ya no se repitan, siguen muriendo hombres, mujeres y niños. Camus cita algunos ejemplos:

« Y lo cierto es que he visto cosas peores. Sabía que el tallo del cardo era uno de los alimentos básicos de los cabilios. Lo comprobé en muchos sitios. Pero lo que no sabía es que, el año pasado, cinco niños cabilios de la región de Abbo murieron tras ingerir raíces venenosas. Sabía que las distribuciones de cereales no bastaban para mantener con vida a los cabilios. Pero no sabía que les estaban matando y que este invierno cuatro ancianas, que habían venido desde un douar lejano hasta Michelet para recibir cebada, murieron en la nieve en el camino de vuelta25 ».

«El periodista proponía romper con el estancamiento que reinaba desde hacía décadas —de hecho, desde el comienzo de la colonización— mediante una política de reformas sociales».

La calidad de la redacción, la riqueza de la documentación y la reputación —aún incipiente, pero ya consolidada en ciertos círculos— de Camus dieron a esta serie una gran repercusión. Ante tales constataciones, el periodista proponía romper con el estancamiento que reinaba desde hacía décadas —de hecho, desde el inicio de la colonización— mediante una política de reformas sociales: salarios dignos, la eliminación del desempleo, formación profesional, una política de precios agrícolas que permitiera a las familias vivir, equipamiento técnico, mejora de la vivienda, etc26. También se granjeó críticas. Exactamente en ese mismo momento, el periódico procolonial La Dépêche algérienne envió a la misma región a Roger Frison-Roche27, entonces mucho más conocido que Camus, para realizar un reportaje. Algunas frases del escritor fueron respuestas directas al joven periodista: «No comparto la opinión de algunos; Francia ha hecho cosas grandes y hermosas en Cabilia y, para negar una evidencia tan clara, habría que taparse los ojos voluntariamente y obstinarse en ver solo el lado malo de las cosas28».

¿Un anticolonialista en 1939?

La lectura de los reportajes de Camus de 1939 suscita diversas reflexiones. La primera es que la constatación de la miseria de los indígenas no era entonces excepcional. Fue la firma de Camus al pie de esos reportajes lo que les dio a posteriori una reputación y un prestigio desproporcionados con respecto a su importancia en ese momento. Antes de Camus, Victor Spielmann en Argelia, Magdeleine Paz en Túnez, André Gide y Albert Londres en el África subsahariana, Roland Dorgelès, Louis Roubaud y Andrée Viollis en Indochina, habían aportado testimonios similares.

La segunda es que asimilar estas denuncias a la crítica anticolonialista, como hacen la mayoría de los estudios dedicados a Misère de la Kabylie, es un contrasentido y un anacronismo. Un siglo antes, el médico Louis René Villermé no llamaba a la revolución, ni siquiera la imaginaba, tras constatar la terrible miseria de los obreros… Del mismo modo, Gide, Dorgelès y los demás autores citados anteriormente no concluían, tras estas constataciones, que era necesaria la independencia de los pueblos colonizados. Y Camus tampoco, como los demás. De hecho, este se situó en una perspectiva reformista, interna por tanto al sistema colonial: si no se mejora la situación de los fellahs, la propaganda nacionalista corre el riesgo de captar las mentes29. Afirmar esto no puede, evidentemente, asimilarse a una crítica: el anticolonialismo, en 1939, era un bien escaso, y nadie puede reprochar decentemente al joven Camus una falta de lucidez política que entonces no tenían ninguno de los actores u observadores —franceses y argelinos— de los acontecimientos, salvo Messali Hadj y su Partido del Pueblo Argelino (PPA), formado inmediatamente después de la disolución de la Estrella Norteafricana.

[José Muñoz, Le Premier Homme de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2013]

Por otra parte, los messalistas no estaban ausentes de los reportajes de Camus. Este último denunció las detenciones de miembros del PPA, lo que le distinguía del resto de la izquierda francesa. Si bien sus razones eran de principio —el rechazo de la arbitrariedad—, el joven periodista también criticaba las consecuencias políticas de la represión:

«Cualquier represión contra el PPA conduciría al fortalecimiento de este partido […]. No hay que crear mártires, sino ciudadanos libres y respetados. El auge del nacionalismo argelino se debe a las persecuciones de las que es objeto. Por el contrario, dejará de tener razón de ser cuando la injusticia desaparezca de este país30».

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Camus protestaba contra el destino de los indígenas y proponía otra política colonial, que para él sería altruista, humanista y justa:

«Si la conquista colonial pudiera encontrar alguna excusa, sería en la medida en que ayuda a los pueblos conquistados a conservar su personalidad. Y si tenemos un deber en este país, es permitir que una de las poblaciones más orgullosas y humanas del mundo siga siendo fiel a sí misma y a su destino31».

Y continúa en otra parte: «La única manera de dar una solución equitativa a este doloroso problema es mostrar aquí el rostro de Francia que muchos argelinos se obstinan en creer que es el verdadero32». Es algo bien conocido por los historiadores de las ideas: el grito de protesta no es —al menos no necesariamente— un compromiso revolucionario. Tampoco el grito humanista es anticolonialismo.

En los albores de la descolonización

«El grito de protesta no es —al menos no necesariamente— un compromiso revolucionario. Tampoco el grito humanista es anticolonialismo. »

Camus, voluntario para la movilización en 1939, pero rechazado por motivos de salud, se instala en París en marzo de 194033. De enero de 1941 al verano de 1942, regresa por un tiempo a Orán, y luego se reinstala en la metrópoli hasta el final de la guerra. Por ello, durante este periodo en el que otras prioridades se imponen, pierde de vista la cuestión argelina y, más en general, los territorios colonizados de ultramar. Evidentemente, no es el único. A decir verdad, ningún componente de la Resistencia se distingue entonces por su radicalidad en este ámbito. ¿Por qué iba Camus a ser una excepción? Se sabe que, desde la Resistencia, participa en la gran aventura de Combat, abriendo una nueva página en su actividad periodística34. Tras la Liberación, Camus se convirtió en un intelectual influyente, autor de L’Étranger en 1942 y periodista muy leído. Unos meses después de la publicación legal del diario, ofrece una primera reflexión sobre lo que debería ser la evolución de su país natal: «Antes era el sentido común y ahora es el reconocimiento lo que exige que se eliminen en Argelia todos los obstáculos a una asimilación sincera e inteligente35». Sin duda, estos dos últimos adjetivos fueron sopesados concienzudamente. Camus se sitúa así abiertamente en la tradición asimilacionista en su vertiente liberal.

Sin embargo, durante un tiempo, la actualidad le lleva a centrar su atención en Indochina. El 9 de marzo de 1945, los japoneses decapitan allí la administración francesa. Camus dedica cuatro editoriales a la cuestión. Además de la esperada denuncia de la política japonesa, falsamente liberadora de los pueblos de Asia, reclama reformas: «Debemos decir claramente que Indochina conocerá mañana un régimen de igualdad ante la ley que dará al campesino annamita36, al igual que al obrero francés, la misma dignidad. Debemos anunciar que, en la gran Federación Francesa, Indochina ocupará el lugar que le corresponde y que la lucha que hoy comienza es tanto suya como de Francia37 ». A partir de ese momento se utiliza una palabra que luego será indisociable de la saga camusiana: «La justicia, toda la justicia, esa es nuestra victoria. Indochina estará con ustedes si Francia es la primera en darle la democracia y la libertad. Pero si dudan una sola vez, estará con cualquiera, siempre que sea contra ustedes38».

[José Muñoz, L’Étranger d’Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2012]

Camus regresa a su país natal en abril de 1945; permanece allí tres semanas, durante las cuales actualiza su documentación33. De vuelta en París, el escritor y periodista dedica nada menos que seis artículos a Argelia en el espacio de un mes: «Crisis en Argelia» (13 de mayo); «La hambruna en Argelia» (15 de mayo); «Barcos y justicia» (16 de mayo); «Los indígenas norteafricanos se han alejado de una democracia de la que se veían excluidos indefinidamente» (18 de mayo); «Los árabes piden una Constitución y un Parlamento para Argelia» (20-21 de mayo); «Es la justicia la que salvará a Argelia del odio» (23 de mayo), para concluir, de nuevo, con «Crisis en Argelia» (15 de junio). Camus es entonces uno de los pocos que intentan comprender y, sobre todo, hacer comprender a sus compatriotas las causas del malestar, «disminuir un poco la increíble ignorancia de la metrópoli con respecto al norte de África39».

«Camus se sitúa abiertamente en la tradición asimilacionista en su rama liberal».

De este esfuerzo literario surge una pregunta: ¿escribió usted, en esencia, sus artículos durante su viaje o inmediatamente después de su regreso, es decir, antes de la abominable masacre de Sétif y Constantina? Cuando publicó el primer artículo, el 13 de mayo, , el drama llevaba ya cinco días, pero aún no había alcanzado su punto álgido. En cualquier caso, se niega a calificar la situación de «trágica» (solo es, dice, «grave»). Comienza su artículo con una afirmación: «En el plano político, me gustaría recordar que el pueblo árabe existe. Quiero decir con ello que no es esa multitud anónima y miserable, en la que Occidente no ve nada que respetar ni defender. Se trata, por el contrario, de un pueblo de grandes tradiciones y cuyas virtudes, si se quiere acercarse a él sin prejuicios, se encuentran entre las primeras ». Ahora bien, este «pueblo árabe» está separado de los europeos de Argelia por una barrera. Camus utiliza esta fórmula, que recuerda una vez más la política asimilacionista: « Los franceses tienen que conquistar Argelia por segunda vez ».

Camus solo menciona las matanzas de Constantina en su último artículo, el 15 de junio. Establece un paralelismo entre las desgracias de ambas comunidades: «Las masacres de Guelma y Sétif provocaron un profundo resentimiento e indignación entre los franceses de Argelia. La represión que siguió desarrolló en las masas árabes un sentimiento de miedo y hostilidad ». Este paralelismo —si bien hubo un centenar de muertos franceses, la represión ciega afectó a casi todas las familias musulmanas de Constantina y varios miles de argelinos perdieron la vida⁴⁰— podría haber parecido fundado en mayo, cuando aún no se sospechaba la magnitud de la tragedia en la metrópoli. A mediados de junio, bajo la pluma de un periodista necesariamente informado, sorprende.

[José Muñoz, L’Étranger de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2012]

Al final de esta serie de artículos, se proponen soluciones:

«El Gobierno debe […] proporcionar a las masas árabes la prueba de que ningún resentimiento obstaculizará jamás su deseo de exportar a Argelia el régimen democrático del que disfrutan los franceses. Pero lo que hay que exportar no son discursos, sino realizaciones. Si queremos salvar el norte de África, debemos mostrar al mundo nuestra determinación de dar a conocer Francia a través de sus mejores leyes y sus hombres más justos. Debemos mostrar esta determinación y, sean cuales sean las circunstancias o las campañas de prensa, debemos mantenerla. Convénzanse de que en el norte de África, como en cualquier otro lugar, no se salvará nada de lo francés sin salvar la justicia […]. Es la fuerza infinita de la justicia, y solo ella, la que debe ayudarnos a reconquistar Argelia y a sus habitantes41».

«Mantiene el vocabulario tradicional del liberalismo en materia colonial: asimilación, justicia, reformas».

Al igual que en 1939, no hay rastro en sus escritos de posguerra de un anticolonialismo de principios. Si Camus lamenta las oportunidades perdidas, en particular durante el Frente Popular, «esa gran esperanza defraudada42», mantiene el vocabulario tradicional del liberalismo en materia colonial: asimilación, justicia, reformas —no solo sociales, sino también políticas, es decir, «una Constitución y un Parlamento43»— al servicio de una causa: «Salvar el norte de África. » A lo que no podemos evitar añadir: francesa. Camus abandona la vida periodística en 1947.

La cuestión colonial antes de la guerra de Argelia

De 1945 a 1954, un acontecimiento importante marca la vida francesa: en Indochina, tras un breve periodo de esperanza en una solución negociada, comienza una guerra que luego se extiende, el primer conflicto de la trágica descolonización. ¿Le interesa a Camus? En cualquier caso, no firma ningún artículo al comienzo de la guerra (noviembre-diciembre de 1946), cuando todavía trabaja en Combat. Luego, durante el conflicto, su nombre no aparece en ningún llamamiento44. Sin duda, hay que ver en ello una desconfianza hacia quienes, en aquel momento, se identificaban con la lucha contra esta guerra: en primer lugar, los comunistas franceses, con quienes Camus se niega a colaborar, pero también los intelectuales de izquierda, en particular el equipo de Temps Modernes, igualmente muy activo. Cuando se le pide, por ejemplo, que participe en la campaña para la liberación del marinero comunista Henri Martin, se niega rotundamente a escribir en una obra dirigida por Sartre45, pero se empeña en explicar su negativa: «A partir de ahora, comprometer los valores de la libertad, entre otros valores, es defenderlos ante Les Temps Modernes y quienes los aprueban». Por el contrario, él también exigió la liberación de Henri Martin, absuelto de la sospecha de sabotaje por un tribunal militar y, por lo tanto, mantenido en prisión por un simple delito de opinión. ¿Martin era comunista? «Una democracia no puede, sin contradecirse, reducir una doctrina mediante los tribunales, sino solo combatirla sin debilidad, al tiempo que le garantiza la libertad de expresión46».

[José Muñoz, Le Premier Homme de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2013]

Todo esto es conocido, y Camus lo ha escrito cien veces. Pero el principal interés de este texto radica en la ausencia de la guerra de Indochina. En este artículo, que ocupa cinco columnas del periódico, no hay ni una sola palabra que permita conocer la opinión del escritor sobre este conflicto. Extrapolando, podemos imaginar que se sentía incómodo: si no podía aprobar el principio mismo de una guerra colonial, y menos aún los métodos del ejército francés, tampoco podía ser insensible a la justificación del esfuerzo francés. Camus creía, como muchos de sus contemporáneos, en el expansionismo comunista. En Asia, cuando escribe estas líneas, el «Imperio Rojo» acaba de conquistar China y la guerra de Corea se suma a la de Indochina, dando a este conflicto, inicialmente colonial, una nueva dimensión: la de uno de los frentes del choque mundial entre el «mundo libre» y el comunismo. Propongamos, pues, solo una hipótesis: el silencio, reflejo de este malestar camusiano, fue la solución que el escritor consideró menos incómoda.

«A fecha de 1 de noviembre de 1954, ninguna alusión al Día de Todos los Santos rojo».

Argelia, en la actualidad. Antes de noviembre de 1954, Camus nunca perdió de vista la evolución de su país natal. En diciembre de 1952 realizó un nuevo viaje allí. El 14 de julio de 195347, cuando siete argelinos fueron abatidos por la policía en la plaza de la Nation, al término de una manifestación, alzó la voz:

«Me parece que al menos algunos de ustedes deberían reclamar desde ahora, al margen de cualquier espíritu partidista, una investigación que se centre en primer lugar, y sin duda a quienes dieron la orden de abrir fuego, pero que, además, persiguiera hasta en los círculos gubernamentales esta antigua conspiración de estupidez, silencio y crueldad que desarraiga a los trabajadores argelinos, los hace vivir miserablemente en tugurios y los desespera hasta la violencia para matarlos cuando se presenta la ocasión48».

No fueron muchos, entonces, los intelectuales de renombre que protestaron con tanta fuerza.

A prueba de la guerra

Cuando se pone en marcha el proceso fatal, ¿en qué estado de ánimo se encuentra Camus? Al principio, observa un silencio pesado. Lo más probable es que, como la mayoría de sus contemporáneos, creyera en una sucesión de incidentes, como los que el país ya había conocido en muchas ocasiones. Pero, incluso aceptando esta hipótesis, la lectura de sus Carnets49 resulta intrigante: no hay ni una sola referencia a los «acontecimientos» que se estaban produciendo. En la fecha del 1 de noviembre de 1954, no hay ninguna alusión al Día de Todos los Santos rojo, mientras que toda la prensa lo pone en su portada. Una. Luego, a lo largo de los días, notas sobre sus viajes (entonces se encuentra en Italia), sus lecturas, sus borradores (El primer hombre), algunos pensamientos… Roland Tréno, entonces periodista en Le Canard enchaîné, le pidió a Camus, el 24 de noviembre, un artículo sobre los «acontecimientos» en curso, pero el escritor no le dio curso³³. Más sorprendente aún, en febrero de 1955 se encuentra en Argel y no escribe ni una línea en sus Carnets sobre la actualidad argelina (18 de febrero: el olor de los jazmines… 20 de febrero: la suerte de haber nacido en Tipasa «y no en Saint-Étienne o en Roubaix»… 24 de febrero: visita a las obras de reconstrucción de Orléansville50… 25 de febrero: la «felicidad de esa simple amistad» cuando era futbolista, etc.).

[José Muñoz, L’Étranger de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2012]

La primera expresión pública del escritor se produce tras ocho meses de conflicto51. El 9 de julio de 1955, L’Express publica la primera de sus crónicas. Al igual que en mayo de 1945, establece un paralelismo entre Terrorismo y Represión, que da título al artículo:

«La acción terrorista y la represión son, en Argelia, dos fuerzas puramente negativas, ambas abocadas a la destrucción pura, sin otro futuro que una intensificación de la furia y la locura. Aquellos que fingen ignorarlo o que exaltan una en detrimento de la otra, solo consiguen apretar el nudo que ahoga a Argelia y, al final, perjudican a la causa que pretenden servir […]. Salvar vidas y libertades del lado árabe equivale a salvar vidas del lado francés y a detener, por el único medio que se nos ofrece, la repugnante escalada de crímenes. Así es como contribuiremos, no a la fraternidad, ya que esa palabra sería hoy motivo de risa, sino a la supervivencia de dos pueblos y a las posibilidades de su entendimiento futuro. »

Estas líneas fueron escritas solo un mes antes de las matanzas de Philippeville de agosto de 1955, que abrirían definitivamente una brecha entre las comunidades. Al asesinato de un centenar de europeos por parte de campesinos argelinos liderados por el FLN, el ejército francés y los civiles respondieron con una «caza de árabes» y ejecuciones sumarias masivas, masacrando a varios miles de musulmanes52. A partir de entonces, Camus perdió: las posibilidades de un «entendimiento futuro», que él tanto deseaba, ya no existían.

«Al igual que durante la guerra de Indochina, se negaba categóricamente a que su firma respaldara los combates de la izquierda radical e independentista, a fortiori comunista. »

Las demás posiciones públicas de Camus son ciertamente notables, pero escasas: 13 artículos o tribunas en L’Express53; una «Carta a un militante argelino54»; un «Llamamiento» contra las masacres de las que eran víctimas los miembros del MNA, acusando al FLN de totalitarismo55; y, por último, por supuesto, la controversia de Estocolmo. Su nombre no figura en ninguna de las grandes peticiones —de las que, sin embargo, como se sabe, la guerra de Argelia fue gran consumidora56—, ni siquiera cuando se trataba simplemente de exigir el cese de las hostilidades, sin prejuzgar el futuro del país57. Por ejemplo, guarda silencio durante el asunto de la incautación de La Question de Henri Alleg, prohibida tras unas semanas de difusión, y luego difundida clandestinamente, o más exactamente se niega a sumarse a la protesta de Malraux, Martin du Gard, Mauriac y Sartre58. Sin embargo, es fácil imaginar que su recién estrenado Premio Nobel habría tenido un peso considerable. ¿Por qué tal silencio? Además del desgarro que siempre supuso para él el destino de su país natal, se puede considerar que, al igual que durante la guerra de Indochina, se negaba categóricamente a que su firma respaldara, aunque fuera parcial y furtivamente, las luchas de la izquierda radical e independentista, a fortiori comunista en el caso de Alleg.

 

A partir de ese momento se establece la temática camusiana que ya no variará, es decir, la negativa a elegir entre dos bandos antagónicos: «Desde el 20 de agostode 1959, ya no hay inocentes en Argelia, salvo aquellos, vengan de donde vengan, que mueren. Aparte de ellos, solo hay culpabilidades, cuya diferencia es que una es muy antigua y la otra muy reciente60». «Hay que elegir bando, gritan los hartos de odio. ¡Ah! ¡Yo lo he elegido! He elegido mi país. He elegido la Argelia de la justicia, donde franceses y árabes se asocian libremente61». «Amo Argelia como un francés que ama a los árabes y quiere que se sientan como en casa en Argelia, sin por ello sentirse él mismo un extranjero62». Porque ninguno de los bandos tiene el monopolio de la verdad y la justicia.

[José Muñoz, Le Premier Homme de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2013]

En una carta a Aziz Kessous, un allegado de Ferhat Abbas, antiguo miembro de la SFIO y redactor jefe de un efímero periódico, Communauté algérienne, defiende a los suyos:

« Los franceses de Argelia no eran todos unos ricos sedientos de sangre, llevan más de un siglo en Argelia y son más de un millón. Esto basta para diferenciar el problema argelino de los problemas que se plantean en Túnez y Marruecos, donde el establecimiento francés es relativamente débil y reciente. La presencia francesa no puede eliminarse en Argelia y el sueño de una desaparición repentina de Francia es infantil ».

Por el contrario, los «nueve millones de árabes» deben ser respetados:

« Tampoco hay razones para que nueve millones de árabes vivan en su tierra como hombres olvidados; el sueño de una masa árabe anulada para siempre, silenciosa y esclavizada, es también delirante […]. Los franceses están unidos a la tierra de Argelia por raíces demasiado antiguas y demasiado vivas como para pensar en arrancarlas. Pero eso no les da derecho, en mi opinión, a cortar las raíces de la cultura y la vida árabes63».

Aunque es partidario, desde hace mucho tiempo, de ampliar los derechos y libertades de los musulmanes, rechaza la dimensión nacional de la lucha que acaba de comenzar:

« Por muy bien dispuestos que estén ustedes hacia la reivindicación árabe, deben reconocer que, en lo que respecta a Argelia, la independencia nacional es una fórmula puramente pasional. Nunca ha existido una nación argelina. Los judíos, los turcos, los griegos, los italianos y los bereberes tendrían el mismo derecho a reclamar el liderazgo de esta nación virtual».

Por eso ve en esta reivindicación una influencia extranjera:

«Hay que considerar la reivindicación de la independencia nacional argelina en parte como una de las manifestaciones de este nuevo imperialismo árabe, del que Egipto, presumiendo de sus fuerzas, pretende ponerse al frente y que, por el momento, Rusia utiliza con fines de estrategia antioccidental64».

Sin duda, es en esta negativa a tener en cuenta la dimensión patriótica de la guerra en curso donde se sitúa la gran brecha —insalvable— que separaba a Camus de los combatientes argelinos.

En 1956, tomó la iniciativa de proponer una «tregua civil». Como era físicamente valiente, se desplazó a su ciudad natal para exponer su idea:

« A aquellos que no se resignan a ver cómo este gran país se divide en dos y se hunde, sin recordar de nuevo los errores del pasado, solo preocupados por el futuro, les diríamos que hoy es posible, en un punto concreto, reunirnos primero, salvar luego vidas humanas y preparar así un clima más favorable para una discusión finalmente razonable […]. ¿De qué se trata? De conseguir que el movimiento árabe y las autoridades francesas, sin tener que entrar en contacto ni comprometerse a nada más, declaren simultáneamente que, durante todo el tiempo que duren los disturbios, la población civil será respetada y protegida en todo momento65».

[José Muñoz, L’Étranger d’Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2012]

Es abucheado por la gran mayoría de la comunidad europea, invitada a manifestarse por los elementos ultras. En una carta a Jules Roy, el escritor Jean Amrouche expresa sus reservas sobre las esperanzas o ilusiones de Camus:

« En cuanto a las soluciones que preconiza, no creo en ellas. En mi opinión, el mal es mucho más profundo. No es posible ningún acuerdo entre los autóctonos y los franceses de Argelia. Sería demasiado largo exponerlo aquí, apenas bastaría un volumen. En una palabra, ya no creo en una Argelia francesa. Los hombres de mi especie son monstruos, errores de la historia. Habrá un pueblo argelino que hable árabe y alimente su pensamiento y sus sueños en las fuentes del islam, o no habrá nada. Los que piensan de otra manera están atrasados cien años. Sin duda, el pueblo argelino se equivoca, pero lo que quiere oscuramente es constituir una verdadera nación, que pueda ser para cada uno de sus hijos una patria natural y no una patria de adopción66».

«Su actitud se basa en el rechazo apasionado del totalitarismo del FLN, paralelo a su hostilidad de principio hacia cualquier partido único».

Por lo tanto, hay un rechazo a asociarse a la lucha frontal por la independencia que emprenden algunos intelectuales de izquierda. Esta actitud se basa, además, en el rechazo apasionado del «totalitarismo» del FLN, paralelo a su hostilidad de principio hacia cualquier partido único, como era el caso en Europa del Este. Porque este totalitarismo va acompañado de violencia, de la que Camus culpa a «los asesinos» del Frente: «¿Vamos a permitir que asesinen a los mejores militantes sindicalistas argelinos67 una organización que parece querer conquistar, mediante el asesinato, la dirección totalitaria del movimiento argelino68?»

Reflexiones sobre la soledad

Sabemos que un accidente de coche, en enero de 1960, acabó con la vida de Camus y que, por ello, no vivió ni el final de la guerra ni la independencia de Argelia. Un estudio sobre lo que podría haber sido su actitud sería falaz e indecente. Hay que contentarse con constatar cuál fue, de 1954 a 1960. Ante la doble presión de los partidarios de la independencia y los ultras, Camus se negó a «elegir bando» o, más bien, eligió «la Argelia de la justicia, donde franceses y árabes se asocian libremente69». Pero precisamente esa era la solución que se había vuelto imposible. Camus lo sabía confusamente. Por lo tanto, eligió no elegir, aislándose de casi todos los intelectuales franceses de su época, que se habían unido a uno u otro bando.

[José Muñoz, L’Étranger de Albert Camus | Futuropolis / Gallimard, 2012]

Quizás sea un texto literario, comenzado en 1952 y publicado en 1957, el que mejor describe este dilema. En L’Hôte70, Daru, el héroe, maestro en un pueblo, se ve obligado, en contra de su voluntad, un prisionero árabe, al que debe llevar a la ciudad vecina. No quiere entregar a un hombre que no le ha hecho nada, ni convertirse en su cómplice. Rechaza esta elección inhumana y transfiere la decisión a su prisionero, al que saca del pueblo: si se dirige al sur, encontrará a los suyos, que lo protegerán; si se dirige hacia el este, volverá al pueblo y, por lo tanto, a la cárcel. El prisionero regresa al pueblo. Pero Daru ve entonces cómo las dos comunidades lo repudian: los franceses no se dejan engañar y los musulmanes solo ven el resultado: uno de los suyos ha vuelto a la cárcel: «Ha entregado a nuestro hermano, lo pagará». El relato termina con estas dos frases: «Daru miraba el cielo, la meseta y, más allá, las tierras invisibles que se extendían hasta el mar. En ese vasto país que tanto había amado, estaba solo». Al escribir estas últimas palabras, ¿pensaba Camus en sí mismo? En este sentido, algunos autores han señalado una similitud fonética entre el nombre de Daru y el del autor71

«La gran cuestión política de este periodo, para Camus, no fue la guerra de Argelia, sino la denuncia del universo concentracionario en Europa del Este».

Sin duda, esta negativa a elegir se explica por el apego de Camus a «ese vasto país que tanto había amado». Y, sin duda, era más fácil para Sartre, Bourdet e incluso Mauriac aceptar la separación entre las palabras «Argelia» y «francesa» que para un hombre nacido en esa tierra tan querida. Pero, en lugar de comparar la actitud de Camus con la de los intelectuales de la metrópoli, ¿no hay que recordar que Jean Sénac, Jean Pélégri, Emmanuel Roblès e incluso el hijo de grandes colonos que era Jules Roy, todos ellos con el mismo apego carnal a la tierra de Argelia, tuvieron el valor de elegir y aceptar —y algunos de ellos de comprometerse a favor— la independencia argelina?

De hecho, la gran cuestión política de ese periodo, para Camus, no fue la guerra de Argelia, sino la denuncia del universo concentracionario en Europa del Este. Porque, si bien no subió a ninguna tribuna para hablar de la primera, sí estuvo presente, por ejemplo, en la sala Wagram, el 15 de marzo de 1957, contra la intervención soviética en Hungría72. Es significativa su respuesta a una revista mensual que le había preguntado, junto con otros, sobre el tema: «¿Qué puede hacer hoy un intelectual?»: «En determinadas circunstancias excepcionales (la guerra de España, las persecuciones y los campos hitlerianos, los juicios y los campos estalinistas, la guerra de Hungría), no debe dejar ninguna duda sobre el bando que toma73». Así, la guerra de Argelia (a la que nunca llamó así, mientras que evoca una «guerra de Hungría») no es, a sus ojos, una «circunstancia excepcional». Olvidar Argelia en plena batalla de Argel era, como mínimo, una postura inquietante.

Sísifo desdichado

Recordemos el editorial ya citado de Combat, del 13 de mayo de 1945, en el que el escritor y periodista había escrito: «Argelia debe reconquistarse por segunda vez». Fue en vano. Habría que haberla conquistado por tercera vez, tras el decepcionante Estatuto de 1947, y por cuarta vez, tras las «elecciones a la Naegelen» de 1948En cada ocasión, los lobbies hicieron fracasar los intentos de reforma. En cada ocasión, la metrópoli se inclinó. Sin duda, el escritor era consciente de ello en el fondo: hay que imaginar a Camus, el argelino, como un Sísifo infeliz. Sin embargo, lo que había temido y combatido se estaba produciendo ante sus ojos: noviembre de 1954 fue una nueva —y decisiva— demostración de la imposibilidad de las soluciones camusianas. Otras le seguirían: él lo presentía. Se disponía a pasar, según la bella expresión de Jean-Marie Domenach, «de una política activa a una política moral74». Lo cual era una confesión de lucidez, pero también de debilidad. Le corresponde naturalmente a Kateb Yacine, su hermano enemigo75, la última palabra: «Lo que no me gusta de Camus es el moralismo, en El hombre rebelde y todo eso. Una revolución no es una cuestión de moral76»

Agradecemos a la galería Martel el uso de los dibujos.

Ilustración del banner: José Muñoz, Albert Camus, El extranjero | Futuropolis / Gallimard, 2012

Ilustración de la viñeta: José Muñoz, Albert Camus, Le Premier Homme | Futuropolis / Gallimard, 2013

  1. El autor de este artículo no ha tenido tiempo de incluir el reciente libro de Oliver Gloag, Oublier Camus, La Fabrique, 2023.[]
  2. Revista Nejma, n.º especial, «Argelia: miradas cruzadas, Tánger», Éditions Libr. des Colonnes, enero de 2018.[]
  3. Michel Onfray, L’ordre libertaire. La vie philosophique d’Albert Camus, Flammarion, 2012. Tesis sintetizada por el autor en su entrevista al diario argelino El Watan: «Camus, desde que tuvo edad para escribir en la prensa y publicar sus opiniones, lo intentó todo para luchar contra el orden colonial» (10 de agosto de 2012). []
  4. Aude Ancelin, «Le vrai Camus», Marianne, 30 de diciembre de 2011. Hemos renunciado a recopilar todas las apariciones de la palabra anticolonialista en los numerosos artículos de prensa publicados con motivo de la publicación del libro de Onfray.[]
  5. Edward Saïd, Culture et Impérialisme, Fayard / Le Monde Diplomatique, 2000.[]
  6. Citado por Bousse Allouche, Colonialisme de bonne volonté à l’épreuve dans Misère de la Kabylie : Mouloud Feraoun corrige Albert Camus, Máster en Artes (en francés), Hamilton, Ontario, McMaster University, 2010. []
  7. Albert Memmi, Retrato del colonizado, precedido de Retrato del colonizador, Buchet-Chastel, 1957. Yves Ansel retoma esta fórmula para aplicarla a Camus, en Albert Camus, tótem y tabú. Política de la posteridad, Presses universitaires de Rennes, 2012.[]
  8. Es muy recomendable consultar la completa reseña realizada por Amina Azza-Bekat, Afifa Bererhi, Christiane Chaulet-Achour y Bouba Mohammedi-Tabti, Quand les Algériens lisent Camus, Argel, Casbah Éd., 2014. []
  9. Badr’Eddine Mili, Le Soir d’Algérie, 15 de agosto de 2012, citado por Amina Azza-Bekat et al., op. cit.[]
  10. Olivier Todd, Albert Camus, une vie, Gallimard, 1996.[ ]
  11. «Petit guide pour des villes sans passé», 1947, en L’été, Gallimard, 1959.[]
  12. En ese momento, los comunistas argelinos todavía estaban organizados en forma de Federación de Argelia, que se transformó en Partido Comunista Argelino (PCA) en octubre de 1936.[]
  13. Fundada en 1926 por Abdelkader Hadj Ali, entonces militante del PCF. Su joven adjunto, Messali Hadj, se convertirá rápidamente en su portavoz más influyente. La luna de miel con el Frente Popular durará poco. El Gobierno disolverá La Étoile el 26 de enero de 1937, en virtud de las leyes contra las ligas facciosas, con la aprobación de los comunistas (PCF y PCA). []
  14. Philippe Vanney, «Nationalisme algérien», en Jeanyves Guérin (dir.), Dictionnaire Albert Camus, París, Robert Laffont, Coll. Bouquins, 2009.[]
  15. René Gallissot, Notice «Albert Camus», en Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier. Le Maitron. Maghreb, Vol. Algérie: Engagements sociaux et question nationale. De la colonisation à l’indépendance de 1830 à 1962, Les Éditions de l’Atelier, 2006. []
  16. Albert Camus, Fragmentos de una lucha, 1938-1940. Alger Républicain, Le Soir Républicain, edición establecida, presentada y anotada por Jacqueline Lévi-Valensi y André Abbou, Cahiers Albert Camus, vol. III, Gallimard, 1978.[]
  17. 22 de junio de 1939, citado en Fragments d’un combat, op. cit.[]
  18. 25 de junio de 1939, citado en Fragments d’un combat, op. cit.[]
  19. 26 de julio de 1939, en Fragments d’un combat, op. cit. []
  20. Al leer Misère de la Kabylie, da la impresión de que llevó a cabo una investigación exhaustiva y prolongada. De hecho, solo permaneció allí entre el 26 de mayo y el 3 de junio (Bousse Allouche, op. cit.).[]
  21. Gran parte de estos textos se reproducen en Actuelles, vol. III, Chroniques algériennes, 1939-1958, Gallimard, 1958.[]
  22. En 1930, las autoridades organizaron las llamadas «ceremonias del centenario de Argelia», olvidando que este país tenía una historia anterior a 1830.[]
  23. 5 de junio de 1939.[]
  24. 6 de junio de 1939.[]
  25. 7 de junio de 1939.[]
  26. «Misère de la Kabylie. Pour vivre, la Kabylie réclame !», 14 de junio de 1939.[]
  27. Boris Kan, «Roger Frison-Roche», L’Algérianiste, n.º 89, marzo de 2000.[]
  28. La Dépêche algérienne, del 8 al 17 de junio de 1939, recogido en un folleto bajo el título Kabylie 39, SIPA, Argel, 1939. []
  29. Yves Ansel, op. cit. []
  30. «Méditerranée-Afrique du Nord», 1939; citado en Fragments d’un combat, op. cit. []
  31. «Misère de la Kabylie. Conclusion», Alger Républicain, 15 de junio de 1939.[]
  32. «Méditerranée-Afrique du Nord», 1939; citado en Fragments d’un combat, op. cit.[]
  33. Olivier Todd, op. cit.[][][]
  34. Camus en Combat, op. cit. Todas las citas que siguen están extraídas de esta obra. []
  35. 28 de octubre de 1944. []
  36. Término utilizado en aquella época para designar a los vietnamitas. []
  37. 14 de marzo de 1945. []
  38. 29 de marzo de 1945. [ ]
  39. 13 de mayo de 1945.[]
  40. Véase Annie Rey-Goldzeiguer, Aux origines de la guerre d’Algérie, 1940–1945. De Mers-el-Kébir aux massacres du nord-Constantinois, La Découverte, 2002.[]
  41. 15 de junio de 1945.[]
  42. 18 de mayo de 1945.[]
  43. 20-21 de mayo de 1945.[]
  44. «Appels collectifs», en Alain Ruscio (dir.), La guerre française d’Indochine (1945-1954). Les sources de la connaissance. Bibliographie, filmographie, documents divers, Les Indes Savantes, 2002.[]
  45. L’Affaire Henri Martin se publicó finalmente en 1953 con, además de Sartre, las firmas de Prévert, Hervé Bazin, Vercors, Michel Leiris y Jean-Marie Domenach.[]
  46. «Défense de la liberté», Franc-Tireur, diciembre de 1952 (el documento que obra en nuestro poder no lleva la fecha exacta). []
  47. Esta masacre, olvidada durante mucho tiempo, fue estudiada por primera vez por Danielle Tartakowsky, «Un 14 de julio de 1953 en París», en La guerre d’Algérie au miroir des décolonisations françaises, Actas del coloquio en honor de Charles-Robert Ageron, 2000. []
  48. Carta a Le Monde, 19 de julio de 1953, citada por Alain Ruscio, «Les ingrédients du drame», en Olivier Le Cour Grandmaison, Le 17 octobre 1961. Un crime d’État à Paris, La Dispute, 2001.[]
  49. Vol. III, marzo de 1951-diciembre de 1959, Gallimard, 1989.[]
  50. Víctima en octubre de 1954 de un trágico terremoto. []
  51. Jeanyves Guérin, «Colonialisme», en Jeanyves Guérin (dir.), op. cit. []
  52. Hasta 10 000 según el historiador Benjamin Stora. [ ]
  53. Jeanyves Guérin, «Sur les treize articles algériens de Camus dans L’Express», en Philippe Baudorre (dir.), La Plume dans la plaie. Les écrivains journalistes et la guerre d’Algérie, Presses universitaires de Bordeaux, 2003.[]
  54. Revista Communauté algérienne, 1 de octubre de 1955. []
  55. «Un appel», Le Monde libertaire, n.º 33, diciembre de 1957, citado en Et pourtant ils existent ! 1954–2004. Le Monde libertaire a cinquante ans, ediciones Le Cherche-Midi, 2004.[]
  56. Jean-François Sirinelli, «Guerre d’Algérie, guerre des pétitions ? Quelques jalons», Cahiers de l’IHTP, n.º especial, La guerre d’Algérie et les intellectuels français, IHTP / CNRS, n.º 10, noviembre de 1988.[]
  57. Por ejemplo, «Appel contre la poursuite de la guerre en Afrique du Nord», L’Humanité, 7 de noviembre de 1955; reunión del Comité d’action des intellectuels français contre la poursuite de la guerre en Afrique du Nord, 26 de enero de 1956, sala Wagram, textos recopilados en el folleto Guerre d’Algérie et Colonialisme, ediciones del Comité, 1956, etc.[ ]
  58. Hervé Hamon y Patrick Rotman, Les porteurs de valises. La résistance française à la guerre d’Algérie, Albin Michel, 1979.[]
  59. Alusión a las masacres de Philippeville citadas anteriormente.[]
  60. «Les raisons de l’adversaire», L’Express, 28 de octubre de 1955.[]
  61. «Trêve pour les civils», L’Express, 10 de enero de 1956.[]
  62. Declaración, 5 de diciembre de 1958, citada por Herbert R. Lottman, Albert Camus, Seuil, 1978.[]
  63. « Lettre à un militant algérien», Revista Communauté algérienne, 1 de octubre de 1955; en Actuelles, vol. III, op. cit.[]
  64. «Algérie 1958», en Actuelles, vol. III, op. cit.[]
  65. Discurso, Argel, 22 de enero de 1956, en Actuelles, vol. III, op. cit. []
  66. Carta del 6 de agosto de 1955, anterior al episodio de Argel de enero de 1956. Pero Camus había expuesto sus ideas en privado. En Jean Amrouche y Jules Roy, D’une amitié. Correspondance (1937-1962), Édisud, 1985.[]
  67. Alusión a los militantes del MNA, cuyo reclutamiento era efectivamente más obrero que el de sus rivales. []
  68. Llamamiento publicado en La Révolution prolétarienne (n.º 422, noviembre) y Le Monde libertaire (n.º 31, diciembre), noviembre de 1957, citado por René Gallissot, nota «Albert Camus», art. citado. []
  69. L’Express, 10 de enero de 1956.[]
  70. Publicado en L’Exil et le Royaume, Gallimard, 1957.[]
  71. Marie-Sophie Inzé Armstrong, «Une lecture onomastique de L’hôte», La Revue des Lettres modernes, n.º 14, 1991. []
  72. René Gallissot, Notice «Albert Camus», art. citado. []
  73. Demain, febrero de 1957, citado por Yves Ansel, op. cit. []
  74. Intervención, en Jeanyves Guérin (dir.), Camus et la politique, op. cit. []
  75. Alusión a una carta de Kateb Yacine a Camus —no se sabe si fue enviada— en 1957: «Aquí estamos, como dos hermanos enemigos…», citada en Amina Azza-Bekat et al., op. cit. []
  76. Entrevista concedida a Patrice Gélinet, France Culture, programa L’Histoire immédiate, serie La guerre d’Algérie, vingt-cinq ans après, 2 emisión, 13 de agosto de 1966, transcripción realizada por Aït Si Slimane, sitio web Fabrique de sens.[]
Alain Ruscio

Historiador e investigador independiente nacido en 1947. Especializado en cuestiones coloniales, es autor de las obras «Le Credo de l’homme blanc» (El credo del hombre blanco) y «Nous et moi, grandeurs et servitudes communistes» (Nosotros y yo, grandezas y servidumbres comunistas).

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8. Contra la melancolía.

Reseña del último libro de Clara Ramas. Tengo la impresión de que tanto el reseñador como quizá la autora se enfrentan a un hombre de paja, pero vosotros lo podréis analizar mejor.

https://jacobinlat.com/2025/10/todo-lo-solido-debe-desvanecerse-en-el-aire/

¿Todo lo sólido debe desvanecerse en el aire?

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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