Del compañero Carlos Valmaseda, miembro de Espai Marx.
1. Dejar de despilfarrar.
Antes de disminuir el consumo per se, una de las primeras cosas que tenemos que hacer es acabar con el despilfarro:
-En Europa la cantidad de alimentos desperdiciados es mayor a los que se importan desde otros países. En 2021, la UE importó casi 138 millones de toneladas de productos agrícolas, mientras que desperdicia 153,5 millones de toneladas de alimentos cada año.
Europa desperdicia más alimentos de los que importa | RETEMA
Se ha cortado el mensaje -dos veces- y falta la parte final, que era otro artículo sobre la necesidad de rehabilitar edificios en lugar de demoler y construir nuevos. Sería necesario, además, redistribuir la población, porque el 58% de los pisos vacíos están en la «España vacía», pero esa es otra historia…
https://www.climatica.lamarea.com/suficientes-edificios-reto-aprovechar/
2. Reacción rusa a la movilización
-Es verdad que hay manifestaciones en contra, y gente que quiere salir, como sé de primera mano, pero también casos como el de esta chica que se dirige así a los «liberales»:
https://twitter.com/AnyafromSaintP/status/1573090622772285443
-Aquí Lavrov troleando un poco a Zelenski. Este dijo en agosto que los que se consideren rusos se vayan a Rusia. Según Lavrov, eso es lo que están haciendo precisamente, con el referéndum.
https://twitter.com/kanen49/status/1573450067457232896
-Y no puedo dejar pasar la oportunidad de este vídeo «promocional» de los mercenarios de la «orquesta» Wagner. Queda claro, por ese «Quatro, cinquo, senco, seis» que tienen simpatía por el español, pero poco dominio: https://twitter.com/SrbskyRus/status/1573425917346603022
-Supongo que habéis leído el bulo de que nada más anunciar la movilización parcial, los aviones no daban a basto de rusos intentando huir, como demostrarían algunas imágenes de radar. Tenemos otra versión:
3. Nueva fase de la guerra
No hay muchos cambios en la situación militar, así que en lugar de la recopilación habitual, os paso solo un par de artículos sobre el tema. Uno de Scott Ritter y este de Nahia Sanzo en Slavyangrad.es
https://slavyangrad.es/2022/09/24/25564/
Una nueva fase de la guerra
Publicado por @nsanzo ⋅ 24/09/2022 ⋅
Después de meses de impasse sin grandes avances en el frente y bloqueo absoluto en el frente diplomático, las últimas dos semanas han causado una serie de cambios por los cuales se puede hablar ya de una nueva fase de la guerra. Aunque aparentemente menos tectónicos que los producidos el 24 de febrero con el inicio de la intervención militar rusa, los actuales movimientos suponen una nueva situación tanto en términos políticos como militares. El origen de estos cambios puede remontarse al fracaso ruso y republicano a la hora de realizar avances en la región de Donetsk a lo largo de este verano, en el que ni siquiera han logrado alejar la línea del frente de la capital de la RPD, constante e indiscriminadamente bombardeada desde hace varios meses. Sin embargo, el proceso de aceptación de que la operación militar especial no ha logrado, ni iba a lograr en su formato actual, uno solo de los objetivos inicialmente planteados se ha visto acelerado por la exitosa ofensiva de las tropas ucranianas en el frente norte.
La ofensiva de Ucrania en la región de Járkov, ante la que los refuerzos enviados por la Federación Rusa únicamente pudieron cubrir la retirada, no suponen únicamente la pérdida de prácticamente toda la presencia rusa en la región ni la confirmación de que Rusia no dispone de fuerzas suficientes para capturar la ciudad -algo ya evidente desde las primeras horas de la intervención militar en febrero-, sino que ponen en cuestión gran parte de los avances militares en Donbass, principal objetivo de la intervención rusa. La pérdida de Izium no solo supone renunciar, en un periodo a medio plazo, a una ofensiva sobre Slavyansk-Kramatorsk, sino que implica la necesidad de reagrupar rápidamente las tropas para defender la escasa presencia republicana en el norte de la RPD -Ucrania continúa intentando capturar Krasny Liman y Svatovo y es viable que lo logre en los próximos días- y el terreno ganado en la RPL. Aunque los avances ucranianos se han limitado desde el fin de semana del 9-10 de septiembre, en el que Ucrania recuperó una gran cantidad de territorio especialmente peligroso y que potencialmente podía poner en peligro Lisichansk o Severodonetsk, no puede decirse que el frente se haya estabilizado. Ucrania mantiene aún la iniciativa en el frente, algo confirmado implícitamente por el anuncio ruso de movilización parcial.
Días después de que fuera rechazada en la Duma la propuesta del Partido Comunista, y especialmente de su líder, Gennady Ziuganov, de realizar una movilización para paliar el bajo número de efectivos militares en la zona de conflicto, Vladimir Putin firmó esta semana la orden de reclutar a 300.000 reservistas con experiencia militar e incluso con experiencia de combate en sectores militares de especial importancia. No se trata de buscar una victoria concluyente, sino de evitar la derrota.
Rusia busca equilibrar las fuerzas -no en términos de equipamiento sino en el tamaño de su agrupación- para mantener un frente que se extiende a lo largo de casi mil kilómetros y en el que pueden producirse ataques y ofensivas en numerosas zonas. Agotar a las tropas rusas con ataques a lo largo de todo el frente ha sido precisamente la táctica utilizada por Ucrania en los últimos meses. Aunque ha supuesto avances limitados en la región de Jerson, donde Kiev ha recuperado ciertas localidades, pero se mantiene a cierta distancia de la capital regional, el éxito de Járkov ha puesto de manifiesto las debilidades tácticas y militares rusas.
Ese discurso de debilidad rusa -relativa, teniendo en cuenta que, a pesar de la escasez de efectivos, Rusia mantiene aún el control sobre gran parte de cuatro regiones del sur y el este de Ucrania además de Crimea- se ha visto acrecentado esta semana con el resultado del intercambio de prisioneros que se ha producido, con la entrega a Ucrania de más de 250 soldados a cambio de un número muy inferior de soldados rusos y republicanos. Entre las tropas ucranianas entregadas, no a Ucrania sino a un tercer país, se encontraban diez ciudadanos extranjeros capturados por Rusia o las Repúblicas Populares, y los altos mandos del regimiento Azov y la 36ª Brigada de las Fuerzas Armadas de Ucrania capturados en Azovstal. Además de sorpresa, el intercambio ha provocado indignación en amplios sectores de la opinión pública de Donbass y de Rusia, que han visto una grave contradicción entre las palabras y la promesa de un juicio a los miembros del regimiento Azov y los hechos.
Los extranjeros capturados en la guerra, algunos de ellos condenados a muerte, fueron trasladados a Arabia Saudí. Sin detalles sobre las negociaciones, es imposible saber si el diferente destino elegido para ellos se debe, al menos en parte, a los problemas legales que habría sufrido por su pasado en las milicias kurdas Aiden Aslin, en el segundo de los destinos, Turquía. Allí fueron trasladados Redis, Kalina y Volina, posiblemente los prisioneros más valiosos de los que disponía Rusia. Prokopenko, Palamar y Volinsky deberán, de cumplirse el acuerdo, permanecer en Turquía. Rusia cuenta para ello con las garantías personales del presidente Erdoğan, cuyos repetidos intentos de mediación entre Rusia y Ucrania, en gran parte en busca de beneficio geopolítico, han dado resultado en las últimas horas.
Frente al silencio de Rusia, que no ha explicado a su población el motivo de la entrega de prisioneros de tan alto perfil a cambio de un número relativamente bajo de soldados ni si se trataba del cumplimiento de un acuerdo alcanzado en el momento de la rendición, Ucrania ha logrado, sin dificultad alguna, presentar su versión de los hechos. El miércoles por la mañana, momento en el que se difundieron las imágenes del Héroe de Ucrania Denis Prokopenko y su séquito en Turquía, la Oficina del Presidente de Ucrania, en boca de Andriy Ermak afirmaba que Ucrania había intercambiado a 255 soldados por Viktor Medvedchuk, líder de la oposición parlamentaria antes del inicio de la intervención rusa y acusado de alta traición en un proceso que roza la farsa. A pesar de haber afirmado en el pasado que Rusia no buscaba intercambiar a Medvedchuk, ciudadano ucraniano, por prisioneros de guerra, el miércoles se confirmó que su nombre se encontraba en la lista de personas intercambiadas. Eso sí, junto a 55 soldados rusos que regresaron a casa. Desde la realización del intercambio, tan solo Denis Pushilin se ha manifestado para defender el rescate de Viktor Medvedchuk, que ha levantado opiniones especialmente negativas en Donbass. El líder de la RPD ha resaltado la mediación del político ucraniano en los procesos de intercambio de prisioneros a lo largo de los años de guerra entre Donbass y Ucrania.
En este contexto de pérdida de la iniciativa en el frente y completamente perdida la batalla informativa, Rusia trata ahora de calibrar sus fuerzas, reforzar su agrupación y redefinir sus objetivos. Aunque públicamente se sigue manteniendo los objetivos de desnazificación y desmilitarización de Ucrania, parece evidente que Rusia no tiene la fuerza necesaria para obligar a Kiev y sus aliados a cumplir exigencia alguna. Pero lo que pone de manifiesto el fracaso de la intervención rusa según el formato de operación militar especial no son esos objetivos abstractos e inalcanzables, sino el hecho de que en estos más de seis meses Rusia no haya logrado recuperar toda la región de Donetsk y que parte de esas ganancias territoriales en Donbass estén ahora en cuestión.
De ahí que el presidente Putin insistiera esta semana, en su comparecencia a la nación, en que la protección de Donbass es el objetivo principal de la intervención rusa en lo que ya todos admiten que es una guerra, aunque, en realidad, lo fuera ya desde la primavera de 2014. La insistencia en centrar los objetivos en Donbass y la precipitada convocatoria de referendos de adhesión a Rusia, un trámite que comenzó ayer en la RPD, RPL y zonas de Jerson y Zaporozhie bajo control ruso, marca realmente los objetivos actuales de la política rusa en Ucrania. Moscú busca aumentar su agrupación no en busca de una victoria, un avance territorial hacia la soñada Odessa, sino para lograr estabilizar y defender el frente en su forma actual con la única excepción de la RPD. Es ahí, fundamentalmente por el peligro que supone la presencia de tropas ucranianas en las afueras de Donetsk y de Gorlovka, donde Rusia sigue necesitando avances territoriales para proteger a la población civil de dos de las ciudades principales de la RPD.
El resultado de los referendos marcará el territorio que Rusia ha decido defender. Con el ejemplo de Crimea, se puede esperar que esas regiones pasen rápidamente a formar parte de la Federación Rusa, anexión que no será aceptada por Occidente ni tampoco por Kiev, que ya ha manifestado que la “farsa” de referendos no cambiará la situación. Sin embargo, desde el punto de vista ruso, todo ataque contra esas regiones será un ataque contra territorio ruso, que Moscú estará legalmente obligado a defender, por lo que cualquier ofensiva sobre esos territorios supondrá necesariamente una escalada, ya sea militar o política. Como recordaba, en una amenaza escasamente velada, el presidente Vladimir Putin, las amenazas a la integridad del Estado son uno de los supuestos que la doctrina nuclear rusa prevén para la posibilidad de uso de ese tipo de armamento. Con la certeza de que Rusia busca consolidar los territorios ahora bajo su control y que Ucrania buscará seguir avanzando sobre territorio bajo control ruso o republicano, esta nueva fase de la guerra se presenta aún más incierta que la anterior.
Al contrario que hace ochos años en Crimea, cuando Ucrania no dispuso de la fuerza social o militar para hacer frente a los hechos consumados y la población pudo celebrar el resultado del referéndum y de la adhesión a Rusia, la RPD y la RPL viven ahora un proceso acelerado tras muchos años de espera. Pero con el frente a escasos kilómetros, si no metros, y expuestos al fuego de la artillería de largo alcance de Ucrania, los ciudadanos de Donetsk y Lugansk difícilmente podrán celebrar algo que llevan muchos años esperando.
4. Lo último de Scott Ritter
Recientemente habéis enviado un par de artículos de este antiguo marine y especialista en desarme y control de armas para la ONU, que está convencido del triunfo ruso. Os paso lo último que acaba de publicar en Consortium News:
SCOTT RITTER: Reaping the Whirlwind
SCOTT RITTER: Recogiendo tempestades
22 de septiembre de 2022
La orden de Putin de iniciar la movilización parcial de las fuerzas militares rusas continúa un enfrentamiento entre Rusia y una coalición de naciones occidentales liderada por Estados Unidos que comenzó al final de la Guerra Fría.
Por Scott Ritter, especial para Consortium News
La guerra nunca es una solución; siempre hay alternativas que podrían -y deberían- haber sido buscadas por aquellos a quienes se les ha confiado el destino de la sociedad global antes de dar la orden de enviar a los jóvenes de una nación a luchar y morir. Cualquier dirigente nacional que se precie debería tratar de agotar todas las demás posibilidades para resolver los problemas a los que se enfrentan sus respectivos países.
Si se considera en el vacío, el anuncio del presidente ruso Vladimir Putin el miércoles, en un discurso televisado al pueblo ruso, de que ordenaba la movilización parcial de 300.000 reservistas militares para complementar a unos 200.000 efectivos rusos que actualmente participan en operaciones de combate en el suelo de Ucrania, parecería la antítesis de la búsqueda de una alternativa a la guerra.
Este anuncio se hizo en paralelo a otro que autorizaba la celebración de referendos en el territorio de Ucrania actualmente ocupado por las fuerzas rusas sobre la cuestión de la unión de estos territorios con la Federación Rusa.
Vistas de forma aislada, estas acciones parecen representar un ataque frontal al derecho internacional definido por la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe los actos de agresión de una nación contra otra con el fin de apoderarse de un territorio por la fuerza de las armas. Así lo expuso el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, al intervenir en la Asamblea General de las Naciones Unidas horas después del anuncio de Putin.
«Un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas invadió a su vecino, intentó borrar del mapa a un Estado soberano», dijo Biden. «Rusia ha violado descaradamente los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas».
La historia, sin embargo, es una amante cruel, en la que los hechos se vuelven inapropiados para la percepción. Cuando se mira a través del prisma de los hechos históricos, la narrativa promulgada por Biden se invierte. La realidad es que desde el colapso de la Unión Soviética a finales de 1991, Estados Unidos y sus aliados europeos han estado conspirando para subyugar a Rusia en un esfuerzo por asegurar que el pueblo ruso nunca más sea capaz de montar un desafío geopolítico a una hegemonía estadounidense definida por un «orden internacional basado en reglas» que se había impuesto al mundo tras la Segunda Guerra Mundial.
Durante décadas, la Unión Soviética había representado esa amenaza. Con su desaparición, Estados Unidos y sus aliados estaban decididos a no permitir nunca más que el pueblo ruso -la nación rusa- se manifestara de forma similar.
Cuando Putin habló de la necesidad de tomar «medidas necesarias y urgentes para proteger la soberanía, la seguridad y la integridad territorial de Rusia» de «las políticas agresivas de algunas élites occidentales que intentan por todos los medios mantener su supremacía», tenía en mente esta historia.
El objetivo de Estados Unidos y sus aliados occidentales, declaró Putin, era «debilitar, dividir y, en última instancia, destruir nuestro país», promulgando políticas destinadas a provocar que «la propia Rusia se desintegre en una multitud de regiones y territorios mortalmente enemigos entre sí». Según Putin, el Occidente liderado por Estados Unidos «incitó a propósito el odio a Rusia, particularmente en Ucrania, a la que destinaron el destino de una cabeza de playa antirrusa».
La tercera ley del movimiento de Newton, según la cual para cada acción hay una reacción igual y opuesta, se aplica también a la geopolítica.
El 24 de febrero, Putin emitió órdenes para que las fuerzas armadas de Rusia iniciaran lo que denominó una «Operación Militar Especial» (OME) en Ucrania. Putin declaró que esta decisión se ajustaba al artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas y a los principios de autodefensa colectiva preventiva definidos por el derecho internacional.
Los objetivos de esta operación eran proteger a las nuevas repúblicas independientes de Lugansk y Donetsk (denominadas colectivamente región del Donbass) del peligro inminente que suponía la acumulación de fuerzas militares ucranianas que, según Rusia, estaban preparadas para atacar.
El objetivo declarado del OMU era salvaguardar el territorio y la población de las repúblicas de Lugansk y Donetsk eliminando la amenaza que suponía el ejército ucraniano. Para lograrlo, Rusia adoptó dos objetivos principales: la desmilitarización y la desnazificación.
La desmilitarización de Ucrania se llevaría a cabo mediante la eliminación de todas las infraestructuras y estructuras organizativas afiliadas a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, o OTAN; la desnazificación implicaría una erradicación similar de la odiosa ideología del ultranacionalista ucraniano Stepan Bandera, responsable de la muerte de cientos de miles de judíos, polacos y rusos étnicos durante la Segunda Guerra Mundial y en una década de resistencia antisoviética tras el fin de la guerra.
A partir de 2015, la OTAN había estado entrenando y equipando a los militares ucranianos con el fin de enfrentarse a los separatistas prorrusos que habían tomado el poder en el Donbass tras la destitución del presidente ucraniano prorruso Víctor Yanukovich en una violenta insurrección, conocida como la «Revolución del Maidán», encabezada por los partidos políticos ucranianos de derechas que profesaban lealtad a la memoria de Stepan Bandera.
Ucrania llevaba intentando entrar en la OTAN desde 2008, consagrando este objetivo en su constitución. Aunque el ingreso real seguía sin producirse en 2022, el nivel de implicación de la OTAN con las fuerzas armadas ucranianas la convertía en una extensión de facto de la alianza de la OTAN.
Rusia consideraba que la combinación de la pertenencia a la OTAN con la postura antirrusa del gobierno ucraniano posterior a Maidan, vinculada a la ideología de Bandera, era una amenaza para su seguridad nacional. El SMO fue diseñado para eliminar esa amenaza.
Dos fases de la operación rusa
Durante aproximadamente los primeros seis meses, la operación militar rusa podía dividirse en dos fases distintas. La primera fue un esfuerzo de tipo blitzkrieg diseñado para conmocionar al ejército y al gobierno ucranianos y someterlos. En su defecto, se pretendía configurar el campo de batalla de manera que se aislara a las fuerzas ucranianas reunidas cerca de la región del Donbass antes de su enfrentamiento decisivo por parte del ejército ruso en la segunda fase, que comenzó el 25 de marzo.
La segunda fase del SMO, la «batalla por el Donbass», se desarrolló durante los meses de abril, mayo, junio y julio, e implicó una guerra brutal, al estilo de una picadora de carne, en terreno urbano y entre fortificaciones defensivas que habían sido preparadas por las fuerzas ucranianas en el transcurso de los últimos ocho años.
Rusia fue ganando lentamente y de forma agónica, en una guerra de desgaste en la que infligió terribles pérdidas a las fuerzas armadas ucranianas. El daño causado por Rusia al ejército ucraniano fue tal que, a finales de julio, casi todo el inventario de armas de la era soviética que poseía Ucrania al comienzo del SMO había sido destruido, junto con más del 50% de su componente militar en servicio activo.
Normalmente, al evaluar cifras de bajas de esta magnitud, cualquier analista militar profesional tendría razón al concluir que Rusia había cumplido, en efecto, su objetivo de desmilitarización, al que lógicamente debería haber seguido la rendición del gobierno ucraniano en términos que hubieran dado lugar al tipo de cambio político fundamental necesario para implementar el objetivo ruso de desnazificación y, con ello, asegurar la neutralidad ucraniana.
Pero las mismas fuerzas que Putin había descrito en su discurso de movilización conspiraron para promover su agenda antirrusa vertiendo decenas de miles de millones de dólares de ayuda militar (superando, en unos meses, todo el presupuesto anual de defensa de Rusia) diseñados no para promover una victoria ucraniana, sino para acelerar una derrota estratégica rusa.
«Mientras que una vez el objetivo principal de Occidente era defenderse de la invasión [rusa]», señaló el periodista Tom Stevenson en un OpEd en The New York Times, «se ha convertido en el desgaste estratégico permanente de Rusia».
El suministro de ayuda militar a esta escala supuso un cambio de juego, que las fuerzas militares rusas encargadas de aplicar el SMO no pudieron superar. Esta nueva realidad se manifestó en la primera quincena de septiembre, cuando Ucrania lanzó una importante contraofensiva que consiguió desalojar a las fuerzas rusas del territorio de la región de Jarkov, ocupado desde el inicio del SMO.
Nuevo paradigma de amenaza
Aunque Rusia fue capaz de estabilizar sus defensas y, en última instancia, detener la ofensiva ucraniana, infligiendo un gran número de bajas a la fuerza atacante, la realidad es que Rusia se enfrentaba a un nuevo paradigma de amenaza en Ucrania, en el que el ejército ruso luchaba contra un ejército ucraniano reconstituido que se había convertido en un representante de facto de la alianza de la OTAN liderada por Estados Unidos.
Ante esta nueva realidad, Putin comunicó al pueblo ruso que consideraba «necesario tomar la siguiente decisión, que responde plenamente a las amenazas a las que nos enfrentamos: Para defender nuestra patria, su soberanía e integridad territorial, y la seguridad de nuestro pueblo y la de la población, y para asegurar las zonas liberadas, considero necesario apoyar la propuesta del Ministerio de Defensa y del Estado Mayor de introducir la movilización parcial en la Federación Rusa.»
Estados Unidos y sus aliados de la OTAN harían bien en reflexionar sobre la lección inherente a Oseas 8:7: siembra el viento, recoge tempestades.
O, dicho de otro modo, la Tercera Ley de Newton ha vuelto con fuerza.
La decisión de Putin de ordenar una movilización parcial de los militares rusos, cuando se combina con la decisión de llevar a cabo los referendos en el Donbass y la Ucrania ocupada, transforma radicalmente el SMO de una operación de alcance limitado a una vinculada a la supervivencia existencial de Rusia. Una vez que se lleven a cabo los referendos, y se envíen los resultados al parlamento ruso, lo que ahora es el territorio de Ucrania se convertirá, de un solo golpe, en parte de la Federación Rusa, la patria rusa.
Todas las fuerzas ucranianas que se encuentren en el territorio de las regiones que se incorporarán a Rusia serán consideradas como ocupantes; y el bombardeo ucraniano de este territorio será tratado como un ataque a Rusia, lo que provocará una respuesta rusa. Mientras que el SMO había sido implementado, por diseño, para preservar la infraestructura civil ucraniana y reducir las bajas civiles, una operación militar posterior al SMO será una configurada para destruir una amenaza activa para la propia Madre Rusia. Los guantes se quitarán.
Estados Unidos y la OTAN se enfrentan a una decisión
Estados Unidos y la OTAN, tras comprometerse con un programa diseñado para derrotar a Rusia por delegación, deben decidir ahora si siguen adelante con su apoyo político y material a Ucrania y, en caso afirmativo, hasta qué punto. ¿Sigue siendo el objetivo la «derrota estratégica» de Rusia, o la ayuda se adaptará simplemente para ayudar a Ucrania a defenderse?
Se trata de dos objetivos completamente diferentes.
Uno permite el desgaste continuado de cualquier fuerza rusa que intente proyectar poder desde el territorio ruso hacia Ucrania, pero, al hacerlo, respeta la realidad, si no la legitimidad, de la incorporación rusa del Donbass y de los territorios del sur de Ucrania bajo ocupación a la Federación Rusa.
La otra sigue sosteniendo la actual política del gobierno ucraniano y sus aliados occidentales de desalojar a Rusia del Donbass, la Ucrania ocupada y Crimea. Esto significa atacar a la Madre Rusia. Esto significa la guerra con Rusia.
Por su parte, Rusia considera que ya está en guerra con Occidente. «Estamos realmente en guerra con… la OTAN y con el Occidente colectivo», dijo el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, en una declaración que siguió al anuncio de Putin sobre la movilización parcial.
«Nos referimos no sólo a las armas que se suministran en grandes cantidades. Naturalmente, encontramos formas de contrarrestar estas armas. Tenemos en mente, por supuesto, los sistemas occidentales que existen: sistemas de comunicación, sistemas de procesamiento de información, sistemas de reconocimiento y sistemas de inteligencia por satélite.»
En este contexto, la movilización parcial rusa no está diseñada para derrotar al ejército ucraniano, sino para derrotar a las fuerzas de la OTAN y del «Occidente colectivo» que se han reunido en Ucrania.
Y si estos recursos de la OTAN se configuran de manera que Rusia considere que constituyen una amenaza para la patria rusa…
«Por supuesto», dijo Putin en su discurso sobre la movilización parcial, «si la integridad territorial de nuestro país se ve amenazada, utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para defender a Rusia y a nuestro pueblo», una referencia directa al arsenal nuclear ruso.
«Esto no es un farol», subrayó Putin. «Los ciudadanos de Rusia pueden estar seguros de que la integridad territorial de nuestra patria, nuestra independencia y nuestra libertad, reitero, serán salvaguardadas con todos los medios a nuestro alcance. Y los que intentan chantajearnos con armas nucleares deben saber que la rosa de los vientos también puede girar en su dirección».
A esto es a lo que ha llegado el mundo: a una loca carrera hacia el apocalipsis nuclear basada en la irracional expansión de la OTAN y en políticas rusófobas llenas de arrogancia que parecen ignorar la realidad de que el conflicto de Ucrania se ha convertido en un asunto de importancia existencial para Rusia.
Estados Unidos y sus aliados en el «Occidente colectivo» tienen que decidir ahora si la continuación de una política de décadas de aislamiento y destrucción de Rusia es una cuestión de importancia existencial para ellos, y si el continuo apoyo a un gobierno ucraniano que es poco más que la manifestación moderna de la odiosa ideología de Stepan Bandera vale la pena para las vidas de sus respectivas ciudadanías, y la del resto del mundo.
El reloj del día del juicio final está literalmente a un segundo de la medianoche y nosotros, en Occidente, sólo podemos culparnos a nosotros mismos.
Scott Ritter es un antiguo oficial de inteligencia del Cuerpo de Marines de Estados Unidos que sirvió en la antigua Unión Soviética implementando tratados de control de armas, en el Golfo Pérsico durante la Operación Tormenta del Desierto y en Irak supervisando el desarme de armas de destrucción masiva. Su libro más reciente es Disarmament in the Time of Perestroika, publicado por Clarity Press.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
5. Las cosas del comer.
-La inseguridad alimentaria está en su punto más alto El número de personas con inseguridad alimentaria aguda ha aumentado en un 100% desde 2016. https://twitter.com/bateko71/status/1573261836669050880
-Un magnífico informe de ETC Group sobre quienes son los dueños del agrobusiness en el mundo.
«Examinamos las principales corporaciones que controlan cada uno de los 11 sectores industriales «agroalimentarios» clave: semillas, productos agroquímicos, genética del ganado, fertilizantes sintéticos, maquinaria agrícola, productos farmacéuticos para animales, comerciantes de productos básicos, procesadores de alimentos, Big Meat, venta minorista de comestibles y entrega de alimentos. La clasificación se basa en las cifras de ventas de 2020.
Nuestros resultados muestran que muchos sectores agroalimentarios están ahora tan «cargados» que están controlados por sólo cuatro o seis empresas dominantes, lo que permite a estas empresas ejercer una enorme influencia sobre los mercados, la investigación agrícola y el desarrollo de políticas, lo que socava la soberanía alimentaria.»
No os lo paso traducido porque ellos mismos informan de que lo están preparando. Pero por si el ansiaviva os puede y queréis leerlo en inglés, este es el enlace a la noticia, y de ahí se puede descargar el informe completo: Food Barons 2022
6. Consecuencias
No quiero ser demasiado repetitivo, las noticias apuntan todas en la misma dirección con rotundidad, pero está bien «llevar la cuenta». Para luego «pasar cuentas»…
-Volkswagen se plantea trasladar parte de su producción fuera de Alemania.
Volkswagen se plantea trasladar producción fuera de Alemania por los cortes de gas
-En Bélgica, el fabricante de acero Aperam paga ahora por la energía en un mes lo que solía pagar en un año. Ha dejado de funcionar una instalación que emplea a unos 300 trabajadores.
Steelmakers fear deepening crisis from energy crunch as output halted
-Un muy buen reportaje de Deutsche Welle sobre los problemas en Alemania con el aluminio:
El aluminio hace a Alemania menos competitiva
-Vamos a quemar hasta los geranios de las macetas: La demanda de leña en Francia aumenta un 50% y la entrega tarda de tres a seis meses – BFMTV https://twitter.com/GazetaRu/status/1573268868738449408
-Bloomberg informa de que la UE está levantando en secreto el veto al carbón y la madera procedentes de Rusia.
https://twitter.com/enfree1993/status/1573140290315198464
Según otro tuitero «Es la tercera vez que la UE levanta discretamente las sanciones a Rusia. La primera vez fue por el amoníaco y los fertilizantes. La segunda vez fue el aluminio. La tercera vez es el carbón y la madera».
https://twitter.com/Tom_Fowdy/status/1573203089309724672
-La tarifa del gas subirá un 27,3% en Moldavia a partir del 1 de octubre https://twitter.com/rianru/status/1573232293887492096
-El ministro de hacienda dice que la limitación del precio de la energía en el Reino Unido costará 60.000 millones de libras en seis meses a los precios actuales del mercado. https://twitter.com/wenkennedy/status/1573231306808360960
7. Orgullo bibliotecario
“Si las bibliotecas no existieran y le dijéramos al Estado que queremos un lugar público en cada barrio y pueblo, abierto cada día, con libros, películas y conexión a Internet, atendido por expertos y, además, gratis ¿el Gobierno, hoy en día, accedería?”
Muy de acuerdo con el entrevistado, pero tengo prejuicios a llamar a las bibliotecas «palacios de pueblo». ¿Quién necesita palacios?
8. La visión de un general español
Por si no lo habíais visto. La visión de un profesional, después de todo.
https://www.lavanguardia.com/internacional/20220921/8537770/rusia-envia-mensaje-detenerse.html
Guerra en Europa. El teniente general Francisco José Gan Pampols explica que el ejército de Putin tardará hasta tres meses en tener operativos a sus reservistas
Enrique Figueredo, 21/09/2022
El teniente general del Ejército de Tierra en la reserva, Francisco José Gan Pampols, es un militar con amplísima experiencia en el ámbito internacional y buen conocedor del funcionamiento y procedimientos de la OTAN, no en vano su último destino era el responsable del Cuartel General de Alta Disponibilidad responsable de un equipo multinacional capaz de desplegar una estructura de mando de la Alianza en cualquier lugar en tiempo récord. Ha sido director del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas y entres sus misiones en el exterior destacan las llevadas a cabo en Afganistán, en Kosovo y anteriormente en Bosnia. Desde la invasión rusa de ucrania, ha estado siguiendo las evoluciones de este conflicto.
¿Hemos pasado de una operación especial a una guerra, si es que algunos pensaban que no lo era?
Es una guerra y siempre lo ha sido. El término es más bien de matiz. Le llaman operación militar especial. Sigue sin declararse formalmente la guerra, pero se decreta una movilización parcial. Y este hecho tiene tres aproximaciones distintas. Tiene una en clave interna y es que el presidente Putin le dice al pueblo ruso, en un reforzamiento de su narrativa, que es Occidente el que está en guerra con Rusia, que utiliza a Ucrania como un par interpuesto y que necesita un esfuerzo suplementario del pueblo ruso y para ello, sin movilizar a todo el mundo, cosa que no tendría ningún sentido, va a emplear con bastante probabilidad a los reemplazos que han finalizado su compromiso militar en el último año o dos años, tanto conscriptos como profesionales. Los va a incorporar a filas, lo que significa que con un breve periodo de reentreno pueden ocupar los puestos que ocuparon en su momento, lo que le permitiría disponer otra vez de una cantidad de personal adecuada. Pero eso tiene que ir parejo a disponer del material, cosa que es un poco más compleja.
Con la movilización parcial se envían más mensajes a la comunidad internacional.
Sí. El segundo interlocutor es Ucrania. A Ucrania le está diciendo que esto no fue una aventura, que esto era una decisión y que se va a sostener porque Rusia seguirá siendo su vecina durante todo el tiempo, independientemente de las aproximaciones o intentos que hayan hecho con la Unión Europea, la OTAN, etcétera.
Pero, hay un tercer receptor…
El tercer interlocutor de este mensaje es la comunidad internacional, diciéndoles que la decisión que se tomó de invadir Ucrania, desnazificarla, en fin, esa terminología tan ampulosa y tan ininteligible que empleó Putin, es un esfuerzo en el que no se va a cesar, que se va a perseguir, alcanzar el resultado hasta el final y que se emplearán todos, y todos significa todos, los medios necesarios para lograr ese objetivo que se ha propuesto.
¿Hay alguna estimación de lo que puede tardar ese proceso de movilización?
Sí, sí. Un proceso de movilización que de estas características del anunciado, hay que publicarlo, hay que hacer que llegue a todo aquel al que le tiene que llegar, de una forma directa, o bien correo electrónico o bien llamada telefónica. Luego, los llamados tienen que ir a unos centros de movilización, pueden determinar que sean a aquellos en donde se adiestraron inicialmente, los centros de instrucción, o bien a las unidades en las que se desempeñaron sus funciones. En el plazo de entre siete y 15 días, eso se puede haber producido, es decir, todo el movilizado, todo aquel contingente que se movilice, que no serán todos porque piense que al final al año, en la Federación Rusa hay dos llamamientos en marzo y octubre. En cada uno de esos llamamientos -se aprobó recientemente- se incorporan 137.500 soldados. Es decir, llamar a un año entero supondría lidiar con cerca de 280.000 soldados, cosa que no parece muy lógica.
Quizás por eso se llama parcial.
Así es. El llamamiento será selectivo. Será por puestos tácticos. Es decir, se llamarán operadores de radio, conductores de vehículos pesados, tiradores de carros, sirvientes de piezas de artillería, artilleros de helicópteros. En fin, será una movilización selectiva.
Por lo que se sabe quizás sea más difícil movilizar los medios materiales que los humanos.
Mucho más, porque no los tiene. Lo que ha empleado en Ucrania era lo más moderno. Seguramente sigue guardando unidades de calidad dentro de la Federación Rusa que empleará, pero para emplear esas unidades primero las tiene que completar, que es para lo que está movilizando. Luego esas unidades no estarán al 100%, con lo cual también habrá que hacer algún arreglo interno y luego habrá que desplazarlas al frente, bien como reserva operacional o bien como reserva de algunas de las unidades que están combatiendo y que estén desgastadas. El plazo de movilización material es bastante más amplio que el de los efectivos. Aquí ya estaríamos hablando, pues de entre dos y tres meses para emplear efectivamente esas unidades ya equipadas, adiestradas y situadas en el territorio.
¿Cómo muy rápido, hombres y materiales, unidades desplazadas al frente o a la zona de influencia, no llegarán antes de tres meses?
Efectivamente, estamos hablando del invierno.
¿Cómo se traducirá esta iniciativa rusa en el campo de batalla?
En el ámbito táctico, Rusia tiene que sacar de algún sitio unidades para reforzar lo que haya; las unidades que tenga, las que sean. Las que están más próximas son las de la Región Militar Oeste, que es la que está en la zona de guerra. En fin, toda unidad militar que esté organizada, equipada, la va a emplear en Ucrania ahora, porque hay que detener la ofensiva. Lo primero, lo más importante que tiene que hacer ahora mismo el presidente Putin y las Fuerzas Armadas de la Federación es detener la contraofensiva que se está produciendo tanto en la zona noreste, que ya está alcanzando Lugansk, como la que hay al sur, que avanza más lentamente, pero también está progresando. O sea que primero tiene que estabilizar la situación, tiene que buscar una línea de territorio, tiene que organizarse defensivamente, tiene que detenerlos y una vez los haya detenido tiene que empezar a pensar en el día siguiente, que es todo lo que le he contado del proceso de movilización, encuadramiento, completar unidades y llevarlas al frente.
¿Cree que estamos más cerca del final de la guerra?
Ahora estamos en un punto en el que creo que es imposible definir si estamos cerca o lejos. Lo que sé es que el fin no es inmediato. Y creo que, desgraciadamente, se va a alargar en el tiempo.