Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. La Pasión de Julian Assange.
2. No hay indulto para Assange.
3. Valoración del PCOR de las elecciones rusas.
4.. ¿Ecología medieval?
5. Antes que ayudar a morir, ayudar a vivir bien.
6. La incertidumbre como disuasión
7. El socialismo yemení
8. Los maronitas ante la guerra en Gaza.
9. Por un programa ecosocial radical
10. Resumen de la guerra en Palestina, 27 de marzo
1. La Pasión de Julian Assange
Hedges no ha perdido oportunidad de titular su último artículo sobre Assange de acuerdo con las fechas que vivimos. Es su análisis de la decisión de ayer del tribunal británico.
La crucifixión de Julian Assange
Los tribunales británicos llevan cinco años alargando el juicio espectáculo de Julian Assange. Se le sigue negando el debido proceso mientras su salud física y mental se deteriora. Esta es la cuestión.
Chris Hedges
27 de marzo de 2024
Los fiscales que representan a los Estados Unidos, ya sea por diseño o por incompetencia, se negaron -en la audiencia de dos días a la que asistí en Londres en febrero- a proporcionar garantías de que Julian Assange gozaría de los derechos de la Primera Enmienda y de que no se le impondría la pena de muerte si era extraditado a los Estados Unidos.
La incapacidad de dar estas garantías prácticamente garantizó que el Tribunal Superior -como hizo el martes- permitiera a los abogados de Julian apelar. ¿Se hizo esto para ganar tiempo y que Julian no fuera extraditado hasta después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos? ¿Fue una táctica dilatoria para llegar a un acuerdo? Los abogados de Julian y los fiscales estadounidenses están discutiendo esta posibilidad. ¿Fue un trabajo legal descuidado? ¿O fue para mantener a Julian encerrado en una prisión de alta seguridad hasta que se derrumbe mental y físicamente?
Si Julian es extraditado, será juzgado por presunta violación de 17 cargos de la Ley de Espionaje de 1917, con una posible condena de 170 años, junto con otro cargo por «conspiración para cometer intrusión informática» que conlleva cinco años adicionales.
El tribunal permitirá a Julian apelar puntos técnicos menores: deben respetarse sus derechos básicos de libertad de expresión, no puede ser discriminado por su nacionalidad y no puede estar amenazado de pena de muerte.
Ninguna nueva vista permitirá a sus abogados centrarse en los crímenes de guerra y la corrupción que WikiLeaks sacó a la luz. Ninguna nueva vista permitirá a Julian presentar una defensa de interés público. En ninguna nueva vista se debatirá la persecución política de un editor que no ha cometido ningún delito.
El tribunal, al pedir a Estados Unidos garantías de que Julian gozaría de los derechos de la Primera Enmienda en los tribunales estadounidenses y no sería condenado a muerte, ofreció a Estados Unidos una salida fácil: si da las garantías, se rechaza el recurso.
Es difícil ver cómo EE.UU. puede rechazar el panel de dos jueces, compuesto por Dame Victoria Sharp y el juez Jeremy Johnson, que emitió el martes una sentencia de 66 páginas acompañada de una orden judicial de tres páginas y un informe de cuatro páginas para los medios de comunicación.
La vista de febrero era la última oportunidad de Julian para solicitar una apelación de la decisión de extradición tomada en 2022 por la entonces ministra británica del Interior, Priti Patel, y de muchos de los fallos de la juez de distrito Vanessa Baraitser en 2021.
Si se le deniega la apelación, Julian puede solicitar una suspensión de emergencia de la ejecución al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en virtud del artículo 39, que se concede en «circunstancias excepcionales» y «sólo cuando existe un riesgo inminente de daño irreparable.» Pero es posible que el tribunal británico ordene la extradición inmediata de Julian antes de una instrucción en virtud de la Regla 39, o que decida ignorar una petición del TEDH para permitir que Julian vea allí su caso.
Julian lleva 15 años inmerso en una batalla legal. Comenzó en 2010, cuando Wikileaks publicó archivos militares clasificados de las guerras de Irak y Afganistán -incluidas imágenes que mostraban a un helicóptero estadounidense abatiendo a civiles, entre ellos dos periodistas de Reuters, en Bagdad-.
Julian se refugió en la Embajada de Ecuador en Londres durante siete años, temiendo ser extraditado a EE.UU. Fue detenido en abril de 2019 por la Policía Metropolitana, a la que la Embajada permitió entrar y requisarlo. Lleva casi cinco años recluido en la prisión HM Prison Belmarsh, una cárcel de alta seguridad en el sureste de Londres.
El caso contra Julián ha sido una burla al sistema judicial británico y al derecho internacional. Durante su estancia en la embajada, la empresa de seguridad española UC Global proporcionó a la CIA grabaciones de vídeo de las reuniones entre Julián y sus abogados, lo que supone una violación de la confidencialidad entre abogado y cliente.
El gobierno ecuatoriano, dirigido por Lenin Moreno, violó el derecho internacional al rescindir el estatus de asilo de Julian y permitir que la policía entrara en su embajada para llevar a Julian a una furgoneta que le esperaba. Los tribunales han denegado el estatus de Julian como periodista y editor legítimo. Estados Unidos y Gran Bretaña han ignorado el artÃculo 4 de su Tratado de Extradición, que prohÃbe la extradición por delitos polÃticos. El testigo clave de Estados Unidos, Sigurdur Thordarson -un estafador y pederasta convicto- admitió haber inventado las acusaciones que hizo contra Julian por dinero.
Julian, ciudadano australiano, está acusado en virtud de la Ley de Espionaje de Estados Unidos, aunque no se dedicaba al espionaje y no se encontraba en Estados Unidos cuando se le enviaron los documentos filtrados. Los tribunales británicos están considerando la extradición, a pesar del plan de la CIA para secuestrar y asesinar a Julian, planes que incluían un posible tiroteo en las calles de Londres, con la participación de la Policía Metropolitana de Londres.
Julian ha permanecido aislado en una prisión de alta seguridad sin juicio, aunque su única violación técnica de la ley es haber incumplido las condiciones de la fianza tras obtener asilo en la Embajada de Ecuador. Esto sólo debería conllevar una multa.
Por último, Julian, a diferencia de Daniel Ellsberg, no filtró los documentos. Publicó documentos filtrados por la denunciante del ejército estadounidense Chelsea Manning.
Tres de los nueve motivos jurídicos fueron aceptados por los jueces como posibles puntos de apelación. Los otros seis fueron denegados. El panel de dos jueces también rechazó la petición de los abogados de Julian de presentar nuevas pruebas.
El equipo legal de Julian pidió al tribunal que introdujera en el caso el informe de Yahoo! News que reveló, tras la publicación de los documentos conocidos como Vault 7, que el entonces director de la CIA Mike Pompeo, consideró asesinar a Julian. Los abogados de Julian también esperaban introducir una declaración de Joshua Dratel, un abogado estadounidense, que dijo que el uso de Pompeo de los términos «servicio de inteligencia hostil no estatal» y «combatiente enemigo» eran frases diseñadas para dar cobertura legal a un asesinato. La tercera prueba que esperaban presentar los abogados de Julian era la declaración de un testigo español en el proceso penal abierto en España contra UC Global.
La CIA es el motor de la extradición de Julian. Vault 7 expuso herramientas de pirateo informático que permiten a la CIA acceder a nuestros teléfonos, ordenadores y televisores, convirtiéndolos -incluso cuando están apagados- en dispositivos de vigilancia y grabación. La solicitud de extradición no incluye cargos basados en la publicación de los archivos de Vault 7, pero la acusación de Estados Unidos siguió a la publicación de dichos archivos.
Los jueces Sharp y Johnson desestimaron el informe de Yahoo! News como «otra recitación de opiniones de periodistas sobre asuntos que fueron considerados por el juez». Rechazaron el argumento esgrimido por la defensa de que la extradición de Julian vulneraría el artículo 81 de la Ley de Extradición del Reino Unido de 2003, que prohíbe las extradiciones en los casos en que se persigue a personas por sus opiniones políticas. Los jueces también desestimaron los argumentos de los abogados de Julian de que la extradición violaría su protección en virtud del Convenio Europeo de Derechos Humanos: el derecho a la vida, la prohibición de tratos inhumanos y degradantes, el derecho a un juicio libre y la protección contra penas sin ley, respectivamente.
Estados Unidos basó en gran medida sus argumentos en las declaraciones juradas del fiscal estadounidense Gordon D. Kromberg. Kromberg, fiscal adjunto de EE.UU. en el Distrito Este de Virginia, declaró que Julian, como ciudadano extranjero, «no tiene derecho a las protecciones de la Primera Enmienda, al menos en lo que se refiere a la información de defensa nacional».
Ben Watson, King’s Counsel, que representó al gobierno del Reino Unido durante la vista de dos días celebrada en febrero, admitió que si Julian es declarado culpable en virtud de la Ley de Espionaje, podría ser condenado a la pena de muerte.
Los jueces instaron a Estados Unidos y a la Secretaría de Estado del Reino Unido a ofrecer garantías al tribunal británico sobre estos tres puntos antes del 16 de abril.
Si no lo hacen, el recurso seguirá adelante.
Si se dan garantías, los abogados de ambas partes tienen hasta el 30 de abril para presentar nuevos escritos al tribunal. En ese momento, el tribunal se reunirá de nuevo el 20 de mayo para decidir si el recurso puede seguir adelante.
Los objetivos de esta pesadilla dickensiana siguen siendo los mismos. Borrar a Julian de la conciencia pública. Demonizarlo. Criminalizar a los que denuncian los crímenes del gobierno. Utilizar la crucifixión a cámara lenta de Julián para advertir a los periodistas de que, independientemente de su nacionalidad y del lugar en que vivan, pueden ser secuestrados y extraditados a Estados Unidos.
Esta sentencia, como todas las de este caso, no trata de justicia. Se trata de venganza.
2. No hay indulto para Assange
La opinión de Jonathan Cook sobre la última resolución de los tribunales británicos sobre el caso Assange. https://consortiumnews.com/es/
El ‘indulto’ de Assange es otra mentira
Marzo 26, 2024
Estados Unidos ha tenido años para aclarar su intención de darle a Assange un juicio justo, pero se niega a hacerlo, escribe Jonathan Cook. El verdadero objetivo es mantenerlo encerrado para siempre.
Tan interminable y aborrecible saga del encarcelamiento de Julian Assange por el delito de periodismo continúa.
Y una vez más, los titulares son una mentira, diseñada tanto para comprar nuestra pasividad como para ganar más tiempo para que los establishments británico y estadounidense mantengan la Wikileaks El fundador desapareció permanentemente de la vista.
El guardián –que tiene un gigantesco conflicto de intereses no declarado en su cobertura del proceso de extradición contra Assange (puede leer sobre eso aquí y aquí) – tituló el fallo del Tribunal Superior del Reino Unido el martes como “alivio temporal”para Assange. Nada mas lejos de la verdad.
Cinco años después, Assange sigue enjaulado en la prisión de alta seguridad de Belmarsh, sin ser condenado por absolutamente nada.
Cinco años después, todavía se enfrenta a un juicio en Estados Unidos por cargos ridículos en virtud de una ley draconiana de un siglo de antigüedad llamada Ley de Espionaje. Assange no es ciudadano estadounidense y ninguno de los cargos se relaciona con nada que haya hecho en Estados Unidos.
Cinco años después, el poder judicial inglés sigue dando su visto bueno a su juicio espectáculo, una advertencia a otros para que no expongan los crímenes de Estado, como hizo Assange al publicar detalles de los crímenes de guerra británicos y estadounidenses en Afganistán e Irak.
Cinco años después, los jueces de Londres siguen haciendo la vista gorda ante la tortura psicológica sostenida de Assange, como ha documentado el ex experto jurídico de las Naciones Unidas Nils Melzer.
La palabra «indulto» está ahí -al igual que el titular de los jueces que dictamina que algunos de los motivos de su apelación han sido «concedidos»- para ocultar el hecho de que es prisionero de una farsa legal interminable tanto como es un prisionero en una celda de Belmarsh.
De hecho, el fallo es una prueba más de que a Assange se le está negando el debido proceso y sus derechos legales más básicos – como lo ha sido durante una década o más.
En el fallo, el tribunal lo despoja de cualquier motivo sustancial de apelación, precisamente para que no haya una audiencia en la que el público pueda aprender más sobre los diversos crímenes británicos y estadounidenses que expuso, por los cuales está encarcelado.
Se le niega así una defensa de interés público contra la extradición. O, en la terminología del tribunal, su “solicitud de presentar nuevas pruebas es rechazada”.
Aún más significativo, a Assange se le despoja específicamente del derecho a apelar por los mismos motivos legales que deberían garantizarle una apelación, y debería haber garantizado que nunca fuera sometido a un juicio espectáculo en primer lugar. Su extradición violaría claramente la prohibición contenida en el Tratado de Extradición entre el Reino Unido y los Estados Unidos contra la extradición por motivos políticos.
Sin embargo, en su sabiduría, los jueces dictaminan que la vendetta de Washington contra Assange por exponer sus crímenes no está impulsada por consideraciones políticas. Al parecer, tampoco hubo un factor político en los esfuerzos de la CIA para secuestrar y asesinar después de que Ecuador le concediera asilo político, precisamente para protegerlo de la ira de la administración estadounidense.
En cambio, lo que el tribunal “concede” son tres motivos técnicos de apelación, aunque en la letra pequeña, ese “concedido” en realidad se subvierte en “aplazado”. El “indulto” celebrado por los medios –supuestamente un victoria de la justicia británica – en realidad le quita el tapete legal a Assange.
Cada uno de esos motivos de apelación puede revocarse –es decir, rechazarse– si Washington presenta “garantías” al tribunal, por muy inútiles que puedan resultar en la práctica. En cuyo caso, Assange está en un vuelo a Estados Unidos y efectivamente desapareció en uno de sus sitios negros nacionales.
Esos tres motivos de apelación pendientes sobre los cuales el tribunal busca garantías son que la extradición no:
-
negar a Assange sus derechos básicos de libertad de expresión;
-
discriminarlo por su nacionalidad, como ciudadano no estadounidense;
-
o colocarlo bajo amenaza de pena de muerte en el sistema penal estadounidense.
El último esfuerzo del poder judicial para adaptarse a la intención de Washington de mantener a Assange permanentemente fuera de la vista se produce tras años de perversos procedimientos legales en los que a Estados Unidos se le ha permitido en repetidas ocasiones cambiar los cargos que presenta contra Assange con poca antelación para desviar sus derechos legales. equipo.
También sucede a años en los que Estados Unidos ha tenido la oportunidad de dejar clara su intención de ofrecer a Assange un juicio justo, pero se ha negado a hacerlo.
Las verdaderas intenciones de Washington ya están más que claras: EE.UU. espiado cada movimiento de Assange mientras se encontraba bajo la protección de la embajada del Ecuador, violando su privilegio abogado-cliente; y la CIA conspiró para secuestrarlo y asesinarlo.
Ambos son motivos que por sí solos deberían haber hecho que el caso se desestimara.
Pero no hay nada normal –ni legal– en el proceso contra Assange. El caso siempre ha sido ganar tiempo. Desaparecer a Assange de la vista pública. Para vilipendiarlo. Aplastar la plataforma editorial revolucionaria que fundó para ayudar a los denunciantes a exponer los crímenes de Estado.
Enviar un mensaje a otros periodistas de que Estados Unidos puede comunicarse con ellos dondequiera que vivan si intentan hacer que Washington rinda cuentas por su criminalidad.
3. Valoración del PCOR de las elecciones rusas
Ya que hemos ido viendo diversas reacciones de la izquierda rusa ante las últimas elecciones presidenciales rusas, os paso la valoración del pequeño Partido Comunista Obrero Ruso.
PCOR, Resultados electorales sin elección
3/26/24
Declaración del Consejo Político del Comité Central del PCOR sobre los resultados de las elecciones presidenciales en Rusia del 15 al 17 de marzo de 2024.
Las elecciones presidenciales en Rusia han confirmado una vez más nuestra evaluación de este evento como un espectáculo electoral sobre la supuesta confianza popular en el actual poder burgués encabezado por Vladimir Putin. Los organizadores de este espectáculo han logrado sus objetivos sin ser particularmente tímidos en sus métodos. Después de todo, como ya hemos dicho, las elecciones se celebraron en unas condiciones en las que todo el sistema electoral está subordinado al poder actual. Sólo tres representantes seleccionados de los partidos -presos parlamentarios- pudieron participar en la representación. A los trucos tecnológicos anteriores se añadieron el voto en tres días y el DEG (voto electrónico a distancia). A los rivales de Putin se les permitió, misericordiosamente, obtener más del tres por ciento de los votos para que, de acuerdo con la ley, pudieran recibir una suculenta suma de dinero del presupuesto estatal como prima. Y los propios opositores, empezando por el PCFR, no cuestionan este resultado anunciado y expresan su plena satisfacción por este desenlace de la campaña.
En este sentido, creer que los datos de la CEC corresponden al estado de ánimo real de los ciudadanos es autoengañarse. No obstante, dan una idea de los motivos del comportamiento de la gente. Está claro que, por el momento, una parte significativa de los votantes se ve obligada a tolerar la situación actual del país por diversas razones. No es nada inesperado, dadas las condiciones del SWO y la situación de acalorado enfrentamiento con Occidente.
Para los partidarios de la opción socialista, la sorpresa desagradable es diferente. El candidato del CPRF, el agrario Nikolai Kharitonov, obtuvo muy pocos votos: menos de 4 millones o poco más del 4%. En comparación con los resultados anteriores del CPRF en las elecciones presidenciales de la era Putin, cuando el candidato del CPRF recibió entre 9 y 13 millones de votos, o entre el 11,8 y el 17,7 por ciento, se trata de un serio revés.
¿Podría haber sido de otro modo? En nuestra opinión, sí, podría haberlo sido. Recordemos una vez más que nuestro partido, el PCOR, propuso a la dirección del PCFR utilizar las elecciones para una verdadera agitación entre los trabajadores, por el socialismo y su propia lucha contra el capitalismo. Para ello era posible designar como candidato no a un opositor parlamentario, sino, por ejemplo, a un militante obrero y sindical. Por supuesto, este paso, con el actual sistema de votación, no habría provocado cambios radicales en los resultados oficiales de las elecciones. Pero habría sido un desafío, una demostración del programa de clase y de la posición de clase de los comunistas. No habría pasado desapercibida para las decenas de millones de trabajadores que ahora desconfían de los políticos y diputados profesionales. Esa agitación habría animado a algunos de ellos a luchar por sus derechos.
El CPRF no respondió a nuestra propuesta. Tampoco respondió a las numerosas preguntas de sus propios activistas sobre la nominación del héroe obrero capitalista de 75 años, Kharitonov, cuando hay varios candidatos mucho más prometedores. A nuestro modo de ver, el CPRF se limitó a practicar su papel de estadista de izquierdas en el espectáculo electoral.
Además, la campaña del candidato del PCFR fue sorprendente por lo absurda. Por ejemplo, Nikolai Kharitonov declaró que no criticaría a Putin en las elecciones. En este sentido, la postura de las organizaciones comunistas y de izquierdas que pedían un apoyo crítico a dicho candidato fue un error. Fue un error, porque les redujo a ayudar pasivamente a los organizadores del espectáculo a presentar un pluralismo y una competencia que, sencillamente, no existían. Los camaradas deben reflexionar ahora sobre este error, y es hora de que los militantes de a pie del PCFR pregunten a la dirección por tan deplorable resultado.
En vista de todas estas circunstancias, declaramos que las cifras oficiales de apoyo al candidato del PCFR no son en modo alguno ni pueden ser un indicador del apoyo a las ideas comunistas en Rusia.
Parte de la «izquierda» llamó al boicot de las elecciones presidenciales, lo que en realidad es comprensible y sencillo. Estábamos de acuerdo en que tales tácticas serían buenas en condiciones completamente diferentes, cuando hubiera un frente común para un boicot activo y un nivel mucho más alto de organización de las masas de protesta, que en las condiciones actuales simplemente no existe. Entonces habría existido la perspectiva de trabajar para perturbar la participación. Pero hoy, dado que no existe tal cosa, ignorar las elecciones no es un gran error, sino que tal resistencia pasiva es más probable que fomente actitudes apolíticas, además de trabajar para aumentar el porcentaje de votos a favor de Putin en el recuento final.
El PCOR recomendó antes de las elecciones que, en las condiciones actuales, los comunistas y nuestros simpatizantes se aplicaran más a la forma de voto consciente y de protesta. El día de la votación, es decir, el 17 de marzo, acude al colegio electoral y utiliza tu papeleta, marcando los nombres de todos los candidatos. En realidad, este método sustituye a la casilla «contra todos» y anula la papeleta. La misma posición adoptaron otras organizaciones y movimientos de izquierda.
Debemos admitir que, como habíamos previsto, este paso no dio ni podía dar lugar a un resultado notable en el contexto general. Sin embargo, en contraste con los indicadores del candidato del PCFR y el número de votantes que no participaron en las elecciones, la cifra de votos nulos en comparación con 2018, incluso según los datos oficiales, aumentó en casi 400 mil, y ascendió a 1 millón 183 mil votos. Y en varias regiones esta cifra aumentó varias veces.
Resumiendo los resultados, recordamos que ni la vida ni la lucha comienzan ni terminan el día de la votación. Es mucho más importante la forma en que las personas toman su decisión en la vida cotidiana. Si han decidido luchar por sus intereses, si han superado el miedo y la timidez, si han alzado la voz en defensa de sí mismos y de sus compañeros, si ellos mismos participan en la actividad sindical y política real, significa que han tomado la decisión correcta: han «votado» correctamente.
La pasada campaña ha vuelto a poner de manifiesto dos problemas del movimiento comunista moderno en Rusia que deben resolverse. El primero es la falta de portadores de ideas comunistas en la esfera pública legítima. El PCFR se ha desplazado tanto hacia la derecha que se ha convertido en un partido abiertamente burgués de izquierdas, pero utiliza el nombre para engañar a la gente. La segunda es la incapacidad de negociar y el narcisismo de varios blogueros y «líderes de opinión» incapaces de trabajar juntos de forma constructiva. Esta es la retirada al espacio virtual de una parte significativa de las personas que se autodenominan comunistas.
Por lo tanto, sólo queda recordar la formulación de Lenin de que en el período de la reacción la principal tarea del partido es preservar su carácter revolucionario ortodoxo. Que la tarea de los comunistas es fundirse con la vida cotidiana de las masas trabajadoras, elevar a las masas hasta el punto de querer participar en la lucha política y llevar a cabo su propia política obrera.
Por lo tanto, nuestro principal llamamiento es: ¡únete a las filas de los que luchan!
18 de marzo de 2024.
4. ¿Ecología medieval?
Quizá os parezca un poco off-topic para lo que solemos discutir por aquí, pero me ha parecido interesante esta reseña de un libro sobre «recursos» y «necesidades» en la Europa medieval. https://www.terrestres.org/
¿Una ecología medieval? Recursos, necesidades y sociedad
¿Cómo crear una historia medioambiental y política de la Edad Media que no se estanque en la búsqueda de los orígenes? Tal vez adoptando una perspectiva histórica lo más cercana posible a la experiencia y las preocupaciones de los medievales. Este es el objetivo de Un monde sans ressources, de Mathieu Arnoux.
Fanny Madeline Louise Gentil 27 de marzo de 2024
Sobre Mathieu Arnoux, Un monde sans ressources. Besoin et société en Europe (XIe-XIVe siècle), París, Albin Michel, colección «L’évolution de l’humanité», 2023.
Mathieu Arnoux, catedrático de Historia Medieval en la Universidad París Ciudad y director de investigación en la EHESS, especializado en Historia Económica, se propone en este libro responder a esta pregunta. En su conclusión, nos recuerda las cuestiones científicas e institucionales que subyacen a su planteamiento: ¿por qué no se enseña historia en las nuevas disciplinas denominadas «ciencias medioambientales» o «estudios sobre la sostenibilidad»? El objetivo de Mathieu Arnoux es, por tanto, mostrar cómo la historia de la Edad Media puede utilizarse para construir una narrativa que pueda ser leída y comprendida por los no medievalistas e incluso por los no historiadores. De hecho, no se trata de un libro dirigido únicamente a sus coetáneos; su objetivo más amplio es abrir la conversación científica a la era preindustrial. Su enfoque se basa en la necesidad, como medievalista, de participar en el debate sobre las transformaciones de los regímenes energéticos y ecológicos, tomando en serio la «Gran Divergencia» (en referencia a la obra de K. Pomeranz1 ), como el momento en que se instauró un nuevo régimen energético que habría permitido a las sociedades europeas afirmar su poder y salir de un Antiguo Régimen Energético.
Mathieu Arnoux también se pregunta cómo interesar a los ingenieros de hoy en día por la historia medieval ofreciéndoles una interpretación de diversos textos sobre la forma en que los hombres y mujeres de la Edad Media concibieron y gestionaron su relación con los recursos energéticos. Para ello, propone recurrir a disciplinas «habitualmente alejadas de la historia y las ciencias sociales» como la biología, la física y la economía (p. 16) para ofrecer un análisis a más largo plazo. Esta iniciativa le lleva a hablar de «presupuestos energéticos» en términos biodinámicos (p. 195-199) o de biofísica de las fibras de la ropa (p. 283), o a proponer «reabrir» el expediente de la cultura material (p. 274). Así pues, su enfoque consiste esencialmente en retomar los conocimientos ya bien establecidos por la historia de las técnicas, reformulándolos en un lenguaje propio de otras disciplinas para construir un posible espacio de debate. Si bien no podemos sino estar de acuerdo con esta observación y este planteamiento, ¿hasta qué punto ofrece este libro una respuesta convincente a las carencias y desafíos que señala? Nuestra reseña intentará responder a esta segunda pregunta.
Hacia una historia medioambiental de la Edad Media
El lugar de la Edad Media en el desarrollo de una narrativa de la historia medioambiental no debe verse como una «búsqueda de los orígenes» que, con gafas contemporáneas, vería en una oscura Edad Media ¡o bien el origen de todos nuestros problemas, o bien un contramodelo de sociedad! Paradójicamente, mientras que la Edad Media es relativamente poco utilizada por quienes pretenden estudiar la historia de las relaciones humanas con la naturaleza y sus recursos, los medievalistas europeos llevan mucho tiempo trabajando en estas cuestiones. Esto se debe en parte a que la investigación actual, impulsada por preocupaciones ecológicas, está más preocupada por analizar los efectos deletéreos del «capitaloceno» y los efectos nocivos de la industrialización y la mercantilización en nuestra relación con el mundo vivo, mientras que los medievalistas han considerado durante mucho tiempo los fenómenos de la antropización, la roturación de tierras, la domesticación de animales y las zonas consideradas salvajes como un avance positivo de la «civilización». Esta historia rural de posguerra se vio sacudida en los años setenta por la llegada de datos arqueológicos, que tuvieron por efecto revitalizar esta corriente historiográfica, que aún no se autodenominaba «historia ambiental».
Con la actual crisis climática, las cuestiones medioambientales se han convertido en un tema central de investigación en todas las disciplinas. La interdisciplinariedad y la actualidad de las cuestiones en juego están contribuyendo a plantear nuevos interrogantes, planteando cuestiones tanto morales como políticas sobre las causas históricas y las responsabilidades humanas del cambio climático. En su momento, el papel de la Edad Media se debatió sobre todo a partir de las tesis de Lynn White (profesora de historia medieval en Los Ángeles) sobre el papel del cristianismo medieval (reducido al pensamiento de los clérigos del siglo XIII) en el cambio de la mirada humana sobre la naturaleza y su explotación2. Estas tesis han sido debatidas y, sobre todo, criticadas mucho más allá del círculo de especialistas medievales, y siguen contaminando nuestra visión de la Edad Media como la época en que se sentaron la mayoría de los fundamentos cognitivos de la crisis ecológica mundial contemporánea. Por tanto, es necesario replantear la historia medioambiental de la Edad Media para que pueda entenderse como parte de una narrativa más global de los cambios en la relación entre los hombres y las mujeres y su entorno, sin recaer en el mito de los orígenes.
Desde hace más de una década, las investigaciones que incorporan datos procedentes de la paleoarqueología y de las ciencias del medio ambiente han contribuido en gran medida a reevaluar el papel de los factores climáticos y medioambientales en la evolución de las sociedades medievales y, en particular, el inicio de la Pequeña Edad de Hielo, que precedió en varias décadas a la llegada de la peste a Europa a mediados del siglo XIV. Pensamos en particular en las síntesis en lengua inglesa de Richard Hoffmann y Bruce Campbell3 , que exploraron la posibilidad de integrar los datos paleoclimatológicos para proponer una historia de la Europa medieval cuyos procesos y cronologías tengan más en cuenta las variaciones medioambientales. La perspectiva de Mathieu Arnoux es bien distinta. Dejando de lado tanto a Lynn White como a los ruralistas, opta por no centrarse ni en la documentación paleoclimatológica, ni en la de los arqueólogos, ni en los textos escolásticos sobre la naturaleza en la Edad Media, sino que construye un corpus documental bastante heterogéneo compuesto por textos de pensamiento económico, novelas y fabliaux, así como por un conjunto de documentos que podríamos denominar «fuentes de la práctica», lo que le permite acercarse lo más posible a las preocupaciones y experiencias de los medievales. Desde la introducción, adopta también una perspectiva histórica del pensamiento económico, y es desde esta perspectiva desde la que pretende proponer una interpretación de estos documentos.
Por último, en un plano más prosaico, el libro de Matthieu Arnoux también debe considerarse en el contexto de la colección que dirige para Albin Michel, «L’évolution de l’humanité», que en los últimos años ha publicado no sólo su libro sobre la noción de trabajo en la Edad Media4 sino también, más recientemente, el del historiador belga Jean-Pierre Devroey, La nature et le roi5. La publicación de este último se consideró un acontecimiento menor en el mundo de los medievalistas, en la medida en que se trata de una síntesis de fuentes procedentes de las ciencias naturales y de la arqueología, del cuestionario clásico de los documentos escritos carolingios y de la noción de economía política, que explora en el largo periodo que va desde la Alta Edad Media hasta la época moderna6. Así pues, Un monde sans ressources puede situarse en esta serie centrándose en los siglos XI a XIV, como continuación del libro de Devroey.
La invención de los recursos
La introducción comienza repitiendo el título del libro, pero con una diferencia importante: el signo de interrogación final. Podría tratarse de un detalle insignificante si no revelara las reflexiones del autor sobre el uso de la palabra «recursos». Si bien parte de la idea de que este concepto estaba ausente en la Edad Media, todo su planteamiento consiste en mostrar los múltiples «recursos» de que disponían las sociedades latinoeuropeas en la Edad Media. En otras palabras, ¿puede existir la cosa sin la palabra? Y si es así, ¿qué palabras permitían a los medievales pensar en su relación con los «recursos»?
Si la noción de «recursos» no existía en la Edad Media, ¿cuándo se inventó? Mathieu Arnoux la teorizó por primera vez en el pensamiento capitalista del siglo XIX, en particular en la economía política de Jean-Baptiste Say (1767-1832) y Stanley Jevons (1835-1882) (p. 39-42). Para evitar que esta noción atrapada se utilice de forma demasiado anacrónica, Arnoux propone sustituirla por la noción de «necesidades» para pensar la relación económica con la naturaleza en la Edad Media, «contra los recursos». Vincula esta noción a las de pobreza, materiales y crecimiento, sin proponer sin embargo un conjunto conceptual coherente que permita comprender cómo pensaban los medievales su relación con el medio ambiente en su conjunto. Comparando las concepciones de Say con las desarrolladas en los escritos de Francisco de Asís (1181-1226) o de John Langland (c. 1332-1386), Arnoux muestra que la diferencia entre ambas visiones puede reducirse a la distancia entre la idea de la libre disposición de un bien común y la posibilidad de un extractivismo ilimitado (p. 42-44). A diferencia de los «recursos», añade, la necesidad es una noción frecuente en la literatura medieval «por su vínculo con la pobreza, concepto central en el debate moral y político europeo a partir del siglo XI» (p. 45). La conclusión reitera también el interés actual por esta noción de necesidad, inspirándose en los trabajos de Agnès Heller7 : «las necesidades» permitirían de hecho una mayor crítica del capitalismo y permitirían «dar coherencia a un sistema económico y social alternativo, siempre que se examinen las cuestiones que plantean la legitimación y la satisfacción de las necesidades de los miembros de la sociedad» (p. 321).
Centrándose en el vínculo entre necesidad y pobreza, Arnoux propone también movilizar la noción de «sobriedad». La define como la simple satisfacción de las necesidades, inspirándose en el pensamiento de los ascetas del monasterio de Grandmont, que la consideraban la «condición de una vida virtuosa» (p. 51). Pero para que este ideal monástico pueda servir de concepto operativo para una reflexión más general sobre la complejidad de los vínculos entre los medievales y la satisfacción de sus distintas necesidades, es necesario profundizar en la influencia y los efectos sociales de este pensamiento monástico. Aunque Arnoux no emprende esta tarea, se centra en el ideal de pobreza, promovido más explícitamente por las órdenes religiosas. En su opinión, precisamente porque se reivindica como excepcional en la época medieval, puede ofrecer un ángulo de lectura interesante. Sin embargo, al final de este capítulo, que ofrece una visión de conjunto de las nociones medievales que giran en torno al concepto impensado de «recurso», nos quedamos un poco decepcionados. La geografía podría haber sido considerada como un «recurso» en un enfoque interdisciplinario, y no sólo en términos de economía, ya que este concepto se ha utilizado para explorar los vínculos entre la sociedad y el medio ambiente. A falta de una mayor teorización, el resultado es una cierta vaguedad conceptual que persiste a lo largo de todo el libro. La forma en que el libro está organizado en una sucesión de estudios de casos también contribuye probablemente a esta impresión de no saber lo que el autor intenta demostrar en última instancia.
Un mosaico de estudios
Dejando de lado la idea de que sería posible elaborar una genealogía, ¿qué tipo de arqueología de los «recursos» realiza Mathieu Arnoux hasta el siglo XI? Su libro es como una vasta excavación, con agujeros por todas partes, de los que a veces ha podido extraer hallazgos en los que basar sus reflexiones. Pasamos de una reflexión sobre la «sobriedad voluntaria» de los franciscanos, que ellos llamaban «pobreza» (capítulo 1), a un estudio de caso sobre el hambre y el ascetismo monástico (capítulo 2), a la relación entre París y su interior (capítulo 6), pasando por el sistema protocapitalista de los cistercienses (capítulo 4) y reflexiones sobre los sistemas técnicos, energéticos y materiales (capítulos 5 y 7). En cuanto a la figura de Renart, se invoca a lo largo de todo el libro, pero más particularmente durante un análisis detallado de los poemas de la novela (capítulo 3), como testigo «de la crisis medioambiental que viven los animales reales» (p. 112) identificada como «la transición entre dos regímenes de subsistencia, el primero de los cuales se define por el régimen de flujo de los espacios humanizados» y el segundo por «la existencia de reservas de recursos, principalmente alimentarios». (p. 115).
Esta interpretación de la novela, por seductora que parezca, choca con las realidades materiales, en particular con las que han puesto al descubierto treinta años de excavaciones arqueológicas. ¿Cómo entender, por ejemplo, el papel central de los silos en los sistemas de dominación de la tierra y de organización económica desde los primeros siglos de la Edad Media? En su libro, Jean-Pierre Devroey demuestra que los sistemas de almacenamiento ya existían en la época carolingia, y que las hambrunas ya eran una cuestión de gestión política de las existencias. Si bien hay que tener en cuenta más perspectivas para apoyar esta sólida hipótesis, el resto de la demostración sobre lo que caracteriza al siglo de Renart es clara, pero menos original: la fuerte expansión demográfica y agraria redujo considerablemente las zonas con poca actividad humana en beneficio de una tierra comunal y cultivada de forma relativamente intensiva. Esta expansión agraria ha dado lugar a nuevos sistemas, de los que el granero cisterciense es el paradigma, a la vez como unidad económica y laboral del señorío y como lugar de almacenamiento temporal de los flujos materiales mientras se contabilizan (p. 167, 229). Estas transformaciones tienen consecuencias ecológicas tanto para los animales, que se transforman en futuras mercancías, como para la relación social con la tierra, que la novela de Renart retrata a través del enfrentamiento entre los aradores y los caballeros (p. 123-129).
El estudio monográfico sobre París como capital y metrópoli sostenible en los siglos XII y XIII (capítulo 6) presenta los vínculos entre la ciudad y la región parisina. Muestra la importancia de su papel portuario, en la confluencia de las cuencas del Marne, el Sena y el Yonne, pero también las bazas productivas de la campiña circundante, sobre todo en lo que se refiere a la producción cerealista necesaria para alimentar a la población metropolitana (p. 219-244). Este ejemplo muestra el funcionamiento de las lógicas de abastecimiento, el trabajo agrícola y de gestión que conllevan en las tierras de toda la cuenca parisina y las distintas tensiones que las atraviesan. También se aborda la cuestión del estatuto de los trabajadores agrícolas, que ofrece una ventana abierta a las cuestiones de la servidumbre y el trabajo asalariado en la época medieval. El séptimo y último capítulo examina diversos productos y materiales -desde la sal, el cuero y el hierro hasta la madera y las fibras textiles- que reflejan los fundamentos materiales de la economía medieval. En cada uno de estos estudios de caso, en particular los relativos a la novela de Renart, los estatutos cistercienses y París, el autor plantea cuestiones importantes y las recontextualiza de manera pedagógica. Tienen la ventaja de ofrecer una lectura rica en documentos medievales.
Sin embargo, los ejemplos limitados geográficamente al noroeste de Europa plantean un problema a la hora de generalizar hipótesis, dado que la zona mediterránea presenta otras especificidades en términos de recursos. Además, su presentación yuxtapuesta dificulta la comprensión de la articulación de todas estas cuestiones, entre el elogio de la pobreza y la intensificación de la extracción de materiales, en torno a la cuestión de las necesidades. Cada dossier se centra en un grupo social particular: clérigos, monjes, campesinos, obreros parisinos y artesanos. Si bien la cualidad de este libro es ofrecer una visión de conjunto de las prácticas y representaciones de cada uno de estos grupos, identificando a través de estudios a veces inesperados cómo concebían su relación con sus necesidades, también hay que señalar que no se trata de una obra completa. El hecho es que todos estos grupos forman una sociedad, y nunca se expone con claridad la idea que permitiría mantener unidas todas estas relaciones. Desde nuestro punto de vista, la conclusión no consigue poner punto final a estas cuestiones y reexaminarlas de forma global para dar una respuesta clara y coherente a la cuestión de la relación entre recursos, necesidades y sociedad a finales del periodo medieval. Se trata de un proyecto que sigue abierto.
Notas
- K. Pomeranz, Une grand divergence. La Chine, l’Europe et la construction de l’économie mondiale, traduit de l’anglais par Nora Wang avec la collaboration de Mathieu Arnoux, Albin Michel-Maison des sciences de l’homme, 2010.
- Lynn White, “The historical roots of our Ecological crisis”, Science, 155 (1967), pp. 1203-1207, [voir la traduction de 1979 revue par l’auteur dans Les racines historiques de notre crise écologique. Presses Universitaires de France, 2019.
- R. C. Hoffmann, An Environmental History of Medieval Europe, Cambridge, 2014 et B. M. S. Campbell, The Great Transition. Climate, Disease and Society in the Late-Medieval World, Cambridge, 2016. Voir également la synthèse en français de Jean-Philippe Genet, « De la « grande crise » à la « grande transition » : une nouvelle perspective ? », Médiévales [En ligne], 76 | printemps 2019, mis en ligne le 01 janvier 2021, URL : http://journals.openedition.
- M. Arnoux, Le temps des Laboureurs. Travail, ordre social et croissance en Europe (XIe-XIVe s.), Paris, Albin Michel, 2012.
- J.-P. Devroey, La Nature et le roi. Environnement, pouvoir et société à l’âge de Charlemagne (740-820), Albin Michel, 2019.
- Voir la critique croisée parue dans les Annales sous le titre « Histoire environnementale (Antiquité-Moyen Âge) ». Annales Histoire, Sciences Sociales. 2022;77(1):5-7. doi:10.1017/ahss.2022.113, ainsi qu’un entretien dans la revue EntreTemps sur sa manière d’écrire l’histoire et les liens entre histoire rurale et histoire environnementale : https://youtu.be/6hHNKfJ4864?
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Voir notamment La Théorie des besoins chez Marx, Paris, UGE, coll. « 10/18 », 1978.
5. Antes que ayudar a morir, ayudar a vivir bien
Es bien sabido que en Canadá, desde la aprobación de la ley sobre la eutanasia, se les ha ofrecido esta posibilidad a enfermos que simplemente no tenían dinero para pagar su tratamiento. Una entrevista interesante, y entiendo su oposición a la institucionalización. Pero también he visto los enormes problemas que causa incluir a los niños discapacitados en las escuelas generales sin proporcionar los medios necesarios. No beneficia ni a unos, que no reciben la atención especial que necesitan, ni a otros, que tampoco son atendidos en condiciones. Evidentemente, la solución es proporcionar más medios, pero la tendencia es a lo contrario.
«Esta sociedad sigue considerando liberadora nuestra muerte»
Muchos discapacitados se oponen a la eutanasia, pero no son escuchados. Una forma de validismo que denuncia la abogada y activista feminista Elisa Rojas.
Hugo Boursier – 27 de marzo de 2024
Nacida durante la dictadura chilena, Elisa Rojas llegó a Francia en 1981. Abogada de profesión, en 2004 publicó un artículo en Le Monde contra la hipocresía del Teletón. Contribuyó a la creación del colectivo «No al aplazamiento hasta 2015» [de la ley sobre accesibilidad], y luego del Colectivo Lucha y Minusvalías por la Igualdad y la Emancipación. En 2020 publicó Mister T & moi (Marabout), una novela sobre la exclusión de las mujeres discapacitadas.
Se oyeron fuertes críticas de cuidadores y líderes religiosos después de que Emmanuel Macron y la ministra de Sanidad, Catherine Vautrin, presentaran su proyecto de ley sobre el final de la vida. Pero otras, menos audibles, también fueron expresadas por personas con discapacidad. Apuntan a un texto validista. ¿Qué piensa al respecto?
Las preocupaciones de muchas personas con discapacidad y/o enfermedades sobre este proyecto de ley me parecen totalmente legítimas. El problema con el «final de la vida» o la «ayuda a morir» es que no se puede pensar en términos abstractos sobre la libertad e ignorar el contexto en el que se presenta un proyecto de ley de este tipo. Sin igualdad, no puede haber verdadera libertad de elección en ningún ámbito. Sin embargo, vivimos en una sociedad desigual, marcada por sistemas de opresión que priman las vidas, y en proceso de fascistización. Una sociedad en la que, por un lado, se abarata la vida de los enfermos/discapacitados y, por otro, el acceso a la asistencia pública gratuita es cada vez más difícil.
Hoy se afirma que la asistencia activa a la muerte sólo afectará a las personas que padezcan una enfermedad incurable con pronóstico de vida o muerte, pero ¿qué ocurrirá si la lista de personas elegibles se amplía, como se ha hecho en varios países, a los enfermos sin pronóstico de vida o muerte? ¿Cómo estar seguros de que los enfermos, discapacitados y marginados, cansados de luchar contra una sociedad que no hace nada por apoyarlos, no se orientarán hacia este sistema que presenta la muerte como una «solución»?
Como personas discapacitadas, sabemos que nuestra muerte siempre es vista como «liberadora» por una sociedad que nos considera una carga. Los riesgos de abusos eugenésicos que representa la asistencia activa a la muerte no son hipotéticos. Existen precedentes históricos, así como ejemplos de otros países, que no son en absoluto tranquilizadores. Antes de apresurarse a facilitar el acceso a la muerte de personas enfermas y/o discapacitadas bajo la apariencia del humanismo, tal vez deberíamos asegurarnos primero de que pueden vivir en buenas condiciones.
Se ha reclamado una «vida digna» antes que una «muerte digna». ¿Cómo definiría esta noción de dignidad?
Todas las vidas son dignas, pero hay categorías sociales, como los discapacitados, a los que los poderes públicos imponen condiciones de vida indignas organizando su dependencia y precariedad, y privándoles de sus opciones vitales. No dar a las personas discapacitadas los medios financieros, materiales y humanos que necesitan para ser independientes y vivir en las mejores condiciones posibles significa imponerles deliberadamente peores condiciones de vida.
Las personas con discapacidad se encuentran en la intersección de varias formas de discriminación. Una gran parte de las nuevas construcciones no tienen en cuenta la movilidad reducida. ¿Persiguen los sucesivos gobiernos una política sistémica de exclusión?
Sí, los sucesivos gobiernos aplican una política de exclusión, sobre todo en materia de vivienda. Adoptar la ley Élan, por ejemplo, y reducir drásticamente el número de viviendas accesibles en las nuevas construcciones del 100% al 20% no es un avance. Es un paso atrás, que impide avanzar en la accesibilidad de las nuevas construcciones y complica el acceso a la vivienda de las personas discapacitadas en lugar de favorecerlo. Sin embargo, el acceso a la vivienda es fundamental y una de las claves de la vida independiente. Es más, en el parque de viviendas sociales, las necesidades de las personas discapacitadas, que en principio son solicitantes prioritarios, en realidad se tienen muy poco en cuenta. Lo que existe no está a la altura de las dificultades que tienen estas personas para encontrar alojamiento.
Dado el retraso en hacer accesibles los edificios públicos a las personas con movilidad reducida, ¿es posible emprender acciones legales?
La reforma del aspecto de accesibilidad de la ley de 2005, que se adoptó bajo la presidencia de François Hollande -gracias a los socialistas-, aplazó los plazos de cumplimiento que se habían fijado inicialmente, precisamente para evitar que surgieran litigios a partir de 2015. Desde el punto de vista jurídico, como es habitual, esta reforma ha resultado una fábrica de gas. En teoría, algunos establecimientos que no han suscrito un plan de accesibilidad programada (Ad’ap) y no han solicitado un plazo adicional ya son susceptibles de ser impugnados.
En cuanto a los que han firmado un Ad’ap, hay que comprobar hasta dónde han llegado con su aplicación, y si el plazo ha vencido o no. Si aún está en curso, no hay posibilidad de litigio. Si el plazo ha vencido y no se ha hecho nada, entonces el litigio es una posibilidad. La mayoría de los edificios públicos han tomado las medidas necesarias para beneficiarse de periodos adicionales de hasta nueve años. Cuando dejen de estar cubiertos por esta prórroga, y si no han obtenido exenciones que les autoricen a no ser accesibles, puede surgir un litigio.
¿En qué medida puede utilizarse la ley como arma para que Francia asuma sus responsabilidades en materia de discriminación de las personas discapacitadas?
La ley es una herramienta, entre otras, para hacer progresar los derechos de las minorías. Por desgracia, en Francia se utiliza menos que en los países anglosajones. Cuando se trata de discriminación, sobre todo por motivos de discapacidad, los textos existen. Ese no es realmente el problema. Las dificultades residen principalmente en el acceso a la ley.
Las personas discapacitadas conocen poco sus derechos, disponen de pocos recursos financieros para iniciar un procedimiento y se encuentran con despachos de abogados y lugares de justicia de difícil o imposible acceso. También es cierto que hay pocos profesionales familiarizados con los textos relativos a la discriminación. Por último, tanto las víctimas como los profesionales recurren a menudo erróneamente a la vía penal, cuando la vía civil podría ser más eficaz en términos de resultados, ya que las pruebas son más fáciles de aportar por la víctima.
Las mujeres discapacitadas están sobreexpuestas a la violencia sexista y sexual. Según Ifop, el 16% de las mujeres discapacitadas encuestadas afirmaron haber sido violadas, frente al 9% de todas las mujeres. Esta violencia está mucho más extendida y, sin embargo, se le presta mucha menos atención. ¿Cómo se explica esta indiferencia de la sociedad?
La paradoja con las mujeres discapacitadas es que están sobreexpuestas a la violencia sexista y sexual, pero también son las menos visibles cuando se trata de estos temas. Hay muchas razones para ello: la violencia contra las mujeres discapacitadas está poco documentada, rara vez se las menciona en público y rara vez están presentes en los grandes acontecimientos y debates sobre la violencia contra las mujeres.
Además, la mayoría de la gente piensa que las mujeres discapacitadas están «protegidas» de la violencia por las personas que las rodean y por los profesionales e instituciones especializadas que se ocupan de ellas. Sin embargo, es precisamente el entorno familiar e institucional la fuente de la mayor parte de la violencia. Todas estas representaciones hacen que la violencia contra las mujeres discapacitadas sea «improbable», impensable o esté bajo control. Las propias mujeres discapacitadas saben poco de este tipo de violencia y, por tanto, les resulta mucho más difícil no sólo denunciarla, sino también que se les crea.
¿Tienden los movimientos feministas a dar la espalda a las mujeres discapacitadas?
Nunca se han tomado en serio a las mujeres discapacitadas y han contribuido así a nuestra invisibilización. Por ejemplo, todavía no se han posicionado claramente en contra de la institucionalización, a pesar de que es una palanca importante en la lucha contra la violencia sexual contra los niños y las mujeres con discapacidad.
¿Podría resumir los problemas que rodean a la institucionalización?
Es un término utilizado por la ONU y aparece en todos los textos y documentos internacionales y europeos relativos a la discapacidad. La institucionalización es un sistema que consiste en colocar a niños y adultos con discapacidad en lugares específicos, instituciones (o estructuras médico-sociales), separados de los demás. Es una forma de segregación social y espacial que no tiene justificación, pero que sin embargo se ha naturalizado, sobre todo en Francia.
La ONU condena enérgicamente este sistema por considerarlo una forma de violencia y un atentado contra los derechos fundamentales de las personas discapacitadas. Considera las instituciones como lugares donde se priva a las personas de su libertad, y a los discapacitados que salen de ellas como supervivientes de una experiencia profundamente traumática. Es evidente que estas instituciones, al aislarnos del resto de la sociedad, han contribuido en gran medida a invisibilizarnos y deshumanizarnos.
El número de alumnos discapacitados en las aulas ha pasado de 134.000 en 2004 a 436.000 en 2022. Pero este aumento no tiene en cuenta la inmensa inseguridad a la que se enfrentan alumnos y personal. Tanto es así que Snudi-FO, el sindicato que representa a las escuelas primarias, convocó una huelga el 25 de enero contra la «inclusión sistémica y forzosa» de los alumnos discapacitados. ¿Qué opina al respecto?
La huelga del 25 de enero me parece vergonzosa. Igual que la retórica de rechazo de algunos profesores hacia los alumnos discapacitados. Los alumnos discapacitados no son la causa de los problemas del sistema educativo francés, tienen su lugar legítimo en un entorno ordinario y su educación junto a los alumnos sanos es un derecho que no se puede cuestionar si pretendemos ser de izquierdas. Es la falta de recursos lo que hay que denunciar. Es la falta de recursos lo que está empeorando las condiciones de escolarización de los alumnos y las condiciones de trabajo de los profesores.
Uno de cada siete franceses mayores de 15 años tiene una discapacidad. Y el 26% de las personas discapacitadas de entre 15 y 59 años son pobres, frente al 14% del mismo grupo de edad sin discapacidad. ¿No sería beneficioso para los sindicatos, y para la izquierda en general, dar más visibilidad a los militantes discapacitados y poner de relieve su lucha?
No se trata de ganar o perder, sino de volver a lo que se supone que defiende la izquierda, es decir, una visión de la sociedad en la que prevalezcan la igualdad y la justicia social. Lógicamente, la izquierda debería apoyarnos en nuestra lucha por la emancipación, pero ocurre lo contrario. Política e intelectualmente, la izquierda no tiene nada que ofrecer en materia de discapacidad. Se niega a pasar del modelo médico al modelo social de la discapacidad, es decir, a ver la discapacidad como una construcción social y no como un defecto individual que es exclusivamente una cuestión médica. También se niega a reconocer que se trata de una cuestión de dominación y opresión por parte de una mayoría (personas sin discapacidad) sobre un grupo minoritario (personas discapacitadas).
Al apoyarse en las personas equivocadas (familiares, padres, asociaciones que gestionan instituciones, personal del sector médico-social), al ignorar el derecho internacional y el trabajo de los activistas directamente afectados, se encuentra defendiendo posturas reaccionarias como la institucionalización y cuestionando la presencia de alumnos discapacitados en las escuelas ordinarias. Acaba defendiendo a los cuidadores no vacunados antes que a los enfermos expuestos al covid. Acaba aceptando una infección masiva en nombre del individualismo y del capitalismo, en lugar de defender el mantenimiento de medidas preventivas contra un virus letal e incapacitante.
Se encuentra defendiendo la «ayuda a morir» de forma indiscriminada y peligrosa. Además, en sus programas nunca se dirige directamente a los adultos discapacitados, aunque tengan derecho a voto, incluso cuando están bajo tutela, sino siempre a sus familiares y a los profesionales de la asistencia médica y social. Es como si no tuviéramos agencia, ni voz ni voto en nuestras condiciones de vida.
6. La incertidumbre como disuasión
Más allá de su incompetencia personal, algo debe llevar a Macron a esta metamorfosis guerrerista de las últimas semanas. África puede ser una explicación. Artículo de Roberto Iannuzzi sobre el tema. Y me preocupa esa idea de que la disuasión nuclear se base en la incertidumbre de si se usaría o no. Muy tranquilizador no es. https://www.sinistrainrete.
La metamorfosis de Macron, la crisis del eje franco-alemán y el resquebrajamiento del espacio político europeo
por Roberto Iannuzzi
Las belicosas declaraciones del presidente francés son un síntoma de una profunda crisis de liderazgo europeo, no una respuesta a una amenaza rusa real
Lo que a finales de febrero pareció a muchos una boutade del presidente francés, Emmanuel Macron («no se puede descartar el envío de tropas occidentales a Ucrania»), con el paso de los días se ha convertido en el caballo de batalla del jefe del Elíseo.
En una feroz entrevista televisiva en horario de máxima audiencia, el 14 de marzo, Macron intensificó su juego. Describiendo una vez más el conflicto ucraniano en términos existenciales («Si Rusia ganara, la vida de los franceses cambiaría», «Ya no tendríamos seguridad en Europa»), el presidente francés reiteró que Occidente no debe permitir que Rusia gane.
Explicando que Occidente ha traspasado todas las líneas rojas anteriores en Ucrania (enviando misiles y otros sistemas de armamento inicialmente impensables para abastecer a Kiev), dio a entender que el envío de soldados tampoco debería considerarse tabú (de hecho, ya hay soldados occidentales en Ucrania).
Ambigüedad estratégica
Dejando claro que nunca será Francia la que tome la iniciativa militar atacando a los rusos en territorio ucraniano, el presidente francés mantuvo una deliberada ambigüedad sobre la posibilidad real de enviar tropas y los posibles objetivos de tal misión, lo que denominó «ambigüedad estratégica».
Volvió a insistir en estos conceptos en una entrevista concedida al diario Le Parisien, a su regreso de una reunión del llamado Triángulo de Weimar (que agrupa a Alemania, Francia y Polonia) en Berlín.
«Nuestro deber es prepararnos para todos los escenarios», dijo Macron, aclarando que «quizá en algún momento -no lo deseo, no seré yo quien tome la iniciativa- será necesario tener operaciones sobre el terreno, sean las que sean, para contrarrestar a las fuerzas rusas. La fuerza de Francia es que podemos hacerlo».
Unos días más tarde, apareció un editorial en Le Monde, firmado por el Jefe del Estado Mayor del ejército francés, el general Pierre Schill, titulado elocuentemente «El ejército francés está preparado».
En el artículo, Schill escribía que «contrariamente a las aspiraciones pacíficas de los países europeos, los conflictos que se instalan en los confines de nuestro continente atestiguan no tanto el retorno de la guerra como su permanencia como modo aceptado de resolución de conflictos».
Basándose en este singular axioma, el general declaró que Francia tiene capacidad para desplegar una división de 20.000 soldados en 30 días, y está en condiciones de dirigir un cuerpo de ejército de 60.000 hombres eventualmente suministrados por países aliados.
Escenarios de intervención
Lo que podrían hacer las fuerzas francesas en Ucrania fue explicado, una vez más en un programa de televisión, por el coronel Vincent Arbaretier. Podrían desplegarse a lo largo del río Dniepr, que separa el este y el oeste de Ucrania, prefigurando así un posible intento de partición del país.
La segunda hipótesis planteada es que las tropas se desplegarían a lo largo de la frontera con Bielorrusia, básicamente para defender a Kiev de un posible ataque desde el norte. Una tercera posibilidad, no mencionada por el coronel, es que se destinaran a la defensa de Odesa (Francia ya tiene algunas tropas y tanques Leclerc desplegados en Rumanía).
Finalmente, una última opción, quizá la más realista, es que los franceses se empleen para realizar tareas logísticas en la retaguardia, liberando un número equivalente de soldados ucranianos que podrían ir a luchar al frente.
En todos estos escenarios, una intervención francesa (posiblemente incluso a la cabeza de un contingente compuesto por soldados de otros países) parece lejos de ser suficiente para cambiar el destino del conflicto, si se tiene en cuenta que el recientemente destituido comandante del ejército ucraniano Valery Zaluzhny había estimado en 500.000 hombres la necesidad de las fuerzas armadas de Kiev para resistir a Rusia.
Tal despliegue también promete ser extremadamente arriesgado. Expertos militares franceses han advertido de que, debido a la escasez de equipos y municiones, en un posible enfrentamiento directo con los rusos este contingente tendría una autonomía de unos pocos meses como máximo, probablemente menos.
Ante la hipótesis aireada por Macron, un oficial de las fuerzas armadas francesas habría comentado que «no debemos engañarnos, frente a los rusos somos un ejército de majorettes».
¿Disuasión nuclear?
Es interesante observar que, suponiendo el despliegue de soldados en Ucrania, tanto Macron como comentaristas militares como Arbaretier hicieron hincapié en el aspecto «disuasorio», es decir, el efecto disuasorio, que tendría básicamente sobre la base de que Francia es una potencia nuclear.
Esta observación está vinculada al concepto de «ambigüedad estratégica», es decir, de incertidumbre, en el que se detuvo deliberadamente el presidente francés. La idea de incertidumbre subyace en el pensamiento estratégico francés sobre la disuasión, uno de cuyos arquitectos es el general André Beaufre, que escribió extensamente sobre ella en los años sesenta.
Básicamente, según esta teoría, para un país como Francia, que no dispone de un vasto arsenal como Estados Unidos, sólo hay un elemento de algún valor para disuadir a un adversario: la incertidumbre. Es «el factor esencial de la disuasión».
Beaufre, por supuesto, se refería a la disuasión nuclear, no a la posibilidad de enviar un contingente militar a un conflicto en la periferia de Europa. Pero el hecho de que Francia sea una potencia atómica implica que el despliegue de fuerzas francesas no es, en principio, ajeno a la dimensión nuclear.
Sin embargo, la observación hecha por el Jefe del Estado Mayor Schill en el citado editorial de Le Monde, según la cual la disuasión nuclear «no es una garantía universal» porque no protege contra los conflictos que quedan «por debajo del umbral de los intereses vitales», es extremadamente pertinente en este caso.
Un conflicto inexistente
Diga lo que diga Macron, el conflicto ucraniano no tiene una dimensión existencial para Francia, mientras que Moscú ya ha demostrado ampliamente que sí la tiene para Rusia.
Si el Kremlin está dispuesto a arriesgarse a un conflicto nuclear para impedir que la OTAN se establezca (aunque sea de forma no oficial, concreta) en Ucrania, ningún país occidental correría ese riesgo para lograr ese resultado, que evidentemente no es existencial para Occidente.
Esta es la razón por la que Kiev debería haber negociado un estatus neutral desde el principio, y por la que ahora debería negociar con Moscú lo antes posible, para salvaguardar lo que queda de su integridad territorial en la medida de lo posible.
Y esta es la razón por la que una coalición de países «dispuestos» a desplegar un contingente en Ucrania no tendría cobertura real más allá de su propia (exigua) capacidad de defensa. Ni una fuerza francesa ni una fuerza de coalición en Ucrania estarían cubiertas por el Artículo 5 de la OTAN.
Y, en caso de una escalada de la tensión en Europa resultante de un enfrentamiento entre estas fuerzas y las tropas rusas en Ucrania, Estados Unidos no tendría ninguna obligación de intervenir, y mucho menos de asegurar su paraguas atómico, incluso si las tensiones alcanzaran el umbral nuclear en Europa.
El conflicto ucraniano también ha demostrado que ni Francia, ni Occidente en general, están equipados para hacer frente a una guerra de desgaste. La doctrina estratégica occidental, que lo ha centrado todo en conflictos rápidos y decisivos, ha llevado a nuestros países a no estar preparados para este tipo de guerra, señala un estudio del Royal United Services Institute (RUSI) británico.
Así pues, la industria bélica europea no está en condiciones de competir con la rusa en términos de capacidad de producción, y no podrá hacerlo durante años.
De lo dicho se deduce que una intervención como la prevista por el presidente francés tendría escaso poder disuasorio frente a Moscú, frente a los graves riesgos para quienes la llevaran a cabo.
La propuesta francesa, por tanto, no es más que un peligroso farol, o (más probablemente) esconde otras motivaciones.
La transformación de Macron
Para entenderlas, será útil recorrer rápidamente las etapas de la «metamorfosis» de Macron, de líder europeo proclive al diálogo con Moscú a adversario implacable del Kremlin, convencido de que Rusia representa una amenaza no sólo para Ucrania, sino para la seguridad de toda Europa.
Desde su acceso al Elíseo en 2017, el presidente francés había señalado su intención de forjar una alianza con Moscú, invitando a su homólogo ruso Vladimir Putin al Palacio de Versalles, antigua residencia de los reyes de Francia.
Para Macron, Rusia formaba parte de una Europa que se extendía de Lisboa a Vladivostok.
Incluso tras el estallido del conflicto ucraniano en febrero de 2022, el dirigente francés había defendido la necesidad de mantener abierto un canal de diálogo con Putin, afirmando que Rusia no debía ser «humillada», y había hablado con el líder del Kremlin en varias ocasiones.
La conversión de Macron comenzó el 1 de junio de 2023, cuando, dirigiéndose a los asistentes al Foro GLOBSEC de Bratislava (Eslovaquia), se pronunció a favor de la rápida entrada de Ucrania en la OTAN, hipótesis a la que incluso Washington y Berlín se oponían.
En la misma ocasión, declaró que quería acelerar la ampliación de la UE para enviar «una señal fuerte a Putin». En aquel momento, Ucrania y sus aliados occidentales esperaban que la contraofensiva del verano arrebatara a los rusos al menos parte de los territorios ocupados. Pero la empresa resultaría un fracaso.
A partir de entonces, la idea de enviar tropas sobre el terreno fue considerada, en gran secreto, por las autoridades francesas. La idea se examinó por primera vez en la reunión del Consejo de Defensa del 12 de junio de 2023.
En una rueda de prensa celebrada en enero de este año, Macron habló por primera vez de «rearme del país». El 17 del mismo mes, Moscú acusó a Francia de enviar mercenarios a luchar junto a los ucranianos, afirmando que unos 60 de ellos habían muerto en un ataque ruso a un hotel de Kharkiv.
Por último, el 22 de febrero, el ministro francés de Defensa, Sébastien Lecornu, afirmó que los rusos habían amenazado con derribar un avión espía francés que sobrevolaba el Mar Negro.
Al deterioro de las relaciones entre ambos países ha contribuido sin duda en los últimos meses el declive de la influencia francesa en África Occidental que, tras varios golpes de Estado (en Malí, Burkina Faso y Níger), ha visto llegar al poder a gobiernos que han forjado relaciones amistosas con Moscú.
Crisis entre París y Berlín
Pero el inédito activismo francés tiene también una dimensión puramente europea, esencialmente ligada a la crisis del llamado eje franco-alemán. Entre París y Berlín hay crecientes malentendidos sobre la gestión de la crisis ucraniana y, más en general, de las bazas estratégicas de Europa.
Alemania es el segundo proveedor de armas a Ucrania después de Estados Unidos, mientras que Francia sólo ocupa el puesto 14, pero el gobierno del canciller Olaf Scholz ha tenido que sufrir a menudo las críticas de París, que le acusa de adoptar una línea «demasiado cautelosa».
Berlín, por su parte, no ha ocultado su irritación por la voluntad de Macron de erigirse en líder de Europa y su intento de crear un eje privilegiado con los países del Este desde su discurso de Bratislava en junio de 2023, con acciones unilaterales que pasan por alto a Alemania.
A pesar de la mayor contribución de esta última en términos cuantitativos al esfuerzo bélico ucraniano, París ha destacado repetidamente la decisión francesa de suministrar a Kiev sus misiles de crucero de largo alcance Scalp, instando a Alemania a hacer lo mismo enviando sus propios Taurus.
Scholz, sin embargo, teme que la entrega de estos misiles, que tienen un alcance de 500 km y son potencialmente capaces de alcanzar Moscú, provoque una escalada del conflicto que podría implicar directamente a Alemania. A diferencia de Francia, esta última ni siquiera dispone de disuasión nuclear propia, además de tener un pasado mucho más tormentoso con Moscú, que ha dejado heridas sin cicatrizar.
Qué escenario para Europa
Pero el desacuerdo entre Berlín y París va más allá de la mera gestión del conflicto ucraniano, y se refiere a la cuestión más profunda de los equilibrios estratégicos de Europa. Tanto Scholz como Macron reconocieron el estallido de este conflicto en febrero de 2022 como un cambio de época.
El primero consideró que debía restablecer una relación privilegiada con Washington, aspirando a convertirse en el principal garante de la seguridad en Europa en nombre del aliado estadounidense, y en estrecha coordinación con la OTAN.
El segundo, en cambio, reafirmó la necesidad de una «autonomía estratégica» europea. La articuló, sin embargo, de forma un tanto contradictoria cuando, al tiempo que aparentemente deseaba renunciar a la coordinación directa con Washington, pretendía establecer un eje con los países del Este (notoriamente alineados con las posiciones estadounidenses más intransigentes) siempre en clave antirrusa.
El conflicto ucraniano socavó el acuerdo no escrito que estaba en la base del eje franco-alemán, según el cual mientras Berlín era reconocido como el líder económico de Europa, París debía tener el liderazgo estratégico-militar.
Al pretender rearmar su ejército, el gobierno alemán sentó las bases para romper este frágil equilibrio. Al lanzar la iniciativa europea Sky Shield, un escudo antimisiles en el que participan 17 países europeos, basado en tecnología estadounidense e israelí, Berlín ha hecho otro desaire a París.
En efecto, el Elíseo aspira a la creación de una industria europea de defensa a partir de la base tecnológica francesa (Italia, que comparte con Francia el sistema de misiles SAMP-T, ni siquiera se ha sumado a la iniciativa alemana).
París, por tanto, no sólo culpa a Berlín de una «invasión de campo», sino también de querer mantener estrechos lazos con la industria de defensa estadounidense.
Tras el Brexit, Francia sigue siendo el único país de la UE con un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, y el único con armas nucleares. Sin embargo, la oferta de Macron de extender la disuasión nuclear francesa al ámbito europeo se ha topado con la frialdad de Scholz, que parece querer seguir atado al paraguas nuclear estadounidense.
Efectos imprevistos
De ahí el intento francés de asumir el liderazgo europeo en la gestión del conflicto ucraniano, que también se desprende de las palabras de Macron subrayando las diferencias entre Francia y Alemania.
A su regreso de Berlín, donde se celebró la reunión del Triángulo de Weimar, el presidente francés calificó a Scholz de seguir vinculado a la cultura pacifista de su partido, el SPD.
«Alemania tiene una cultura estratégica de gran prudencia, de no intervención, y se mantiene alejada de la energía nuclear», dijo Macron, señalando que se trata de «un modelo muy diferente al de Francia, que tiene armas nucleares y ha mantenido y reforzado un ejército profesional».
El líder francés añadió que «la Constitución de la V República hace del presidente el garante de la defensa nacional». En Alemania, en cambio, la cadena de mando debe tener en cuenta el sistema parlamentario».
Sin embargo, tal y como están las cosas, la competencia franco-alemana tiene el efecto de exacerbar el enfrentamiento con Moscú, lo que se traduce en que Europa se hace cargo del apoyo militar a Kiev ante la ausencia de cualquier perspectiva de negociación.
Con ello sólo se cumple el designio estratégico estadounidense de delegar en los europeos la contención de Rusia (con todas las responsabilidades que ello conlleva en términos económicos y de seguridad) para desplegar sus recursos militares en el Pacífico.
Sofocar la disidencia interna
Por último, la «cruzada» contra Moscú convocada por el presidente francés tiene una clara dimensión electoral. La Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen supera el 30% en las encuestas y podría derrotar a la coalición de Macron (Renacimiento), que navega en torno al 18%, en las próximas elecciones al Parlamento Europeo.
Una victoria en las elecciones europeas podría proporcionar a Le Pen un trampolín para su próximo ascenso al Elíseo una vez que Macron haya alcanzado el límite de dos mandatos.
Gabriel Attal, primer ministro y posible sucesor de Macron, acusó recientemente a la RN de ser los «soldados de a pie» de Putin en Europa. El activismo macroniano en el frente ucraniano sirve así también para demonizar a la oposición interna y recomponer la nación ante la amenaza de un «enemigo exterior».
Hasta ahora con poco éxito, a juzgar por los sondeos según los cuales el 68% de los franceses calificaron de «equivocada» la propuesta del presidente de desplegar tropas en Ucrania.
Pero el caso francés es emblemático de un paradigma europeo más general, en el que una «amenaza exterior» alimentada a propósito es un excelente pretexto para sofocar la disidencia, imponer una lógica de emergencia e impedir un debate serio sobre la crisis política, económica, social y cultural que atenaza a Europa.
Esto conduce no sólo a una inevitable profundización de esta crisis, sino también -debido al enfrentamiento con Rusia- a un continuo deterioro de la estabilidad y la seguridad continentales.
Sin embargo, el alarmismo europeo sobre la «amenaza rusa» apenas oculta el creciente descontento que existe en todas partes, incluso en los países del Este (desde Polonia a Rumanía, pasando por Bulgaria y la República Checa), por la forma en que se ha gestionado la cuestión ucraniana y por las repercusiones económicas y sociales que han envuelto al viejo continente.
7. El socialismo yemení
Pensaba que sería una introducción histórica, pero el artículo más bien se plantea como la evolución en los últimos años de la izquierda socialista en Yemen, entendida más bien como una organización separatista del sur.
Yemen. El socialismo diluido por el separatismo del sur
Desde la República Democrática Popular de Yemen, único Estado marxista del mundo árabe, hasta el movimiento secesionista del sur, la trayectoria del socialismo en Yemen parece bastante singular. Su permanencia en el poder hasta 1990 no impidió el desencanto ni la relegación. Durante las tres últimas décadas, el partido socialista se ha limitado en gran medida a lógicas identitarias, explotadas por las potencias regionales.
La izquierda en Yemen, como en el resto del mundo árabe, se ha convertido en un objeto escurridizo. Se ha ido marginando gradualmente y ya no cuenta como fuerza política importante. Lo que le queda es la nostalgia, algunos atavismos y posiciones geopolíticas a veces barrocas que le permiten sobrevivir sin llegar a tener un impacto real.
Una de las particularidades de Yemen es su larga historia de gobierno socialista. Durante dos décadas, cuando el país estaba dividido en dos entidades independientes heredadas de las divisiones de la época colonial, el Partido Socialista Yemení (PSY), creado en 1978, y sus predecesores surgidos del levantamiento anticolonial contra los británicos iniciado en 1963, presidieron con autoridad el destino de Yemen del Sur. Desde la capital, Adén, antaño puerto de influencia internacional y joya de la corona del Imperio, los dirigentes socialistas ejercieron un poder centralizado y altamente ideologizado de 1967 a 1990. El motivo era el deseo de exportar su revolución, sobre todo a la vecina Omán y a la región de Dhofar, así como a Yemen del Norte, a través del apoyo prestado a la guerrilla del Frente Democrático Nacional a finales de la década de 1970. Los socialistas trabajaron para transformar la sociedad y la economía de Yemen del Sur mediante nacionalizaciones y purgas, y con el apoyo de patrocinadores externos alemanes orientales, soviéticos y chinos. En aquella época, Adén era un faro del campo socialista, lugar de refugio y entrenamiento de militantes, a veces armados, como los del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) dirigido por Georges Habache, o el alemán Hans-Joachim Klein y el venezolano Ilich Ramírez Sánchez, conocido como Carlos.
El Estado marxista derrotado
Sometida a la presión del proyecto socialista, la sociedad tradicional local -en la que las tribus y los actores religiosos ocupan un lugar central- sobrevivió a pesar de todo, sobre todo en el campo y en la región oriental de Hadramaout. En realidad, las estructuras apenas han cambiado, debido a la falta de recursos, pero también al bajo nivel de urbanización y a una gran población emigrante (sobre todo en las monarquías del Golfo), que ha encontrado fuera de Yemen protección frente a las políticas socialistas, a menudo brutales, y los medios para proteger sus intereses financieros.
A pesar de su vulgata progresista, la República Democrática Popular de Yemen estaba a su vez desgarrada por tensiones interregionales disfrazadas de diferencias ideológicas. En enero de 1986, esto desembocó en un episodio de violencia poco frecuente, que causó varios miles de muertos y cuyo impacto sigue siendo fuerte entre las élites del sur. Esta breve guerra civil1 provocó el exilio y un fuerte resentimiento. Surgió entonces una oposición entre el llamado grupo Al-Zoumra, liderado por Ali Nasser Mohammed (Presidente del Sur de 1980 a 1986) y más marginalmente Abd Rabbo Mansour Hadi (Presidente de 2012 a 2022), cuyos principales partidarios se encuentran en la región de Abyan, por un lado, y la facción entonces victoriosa conocida como Al-Toughma, liderada por Ali Salim Al-Bidh, cuya base principal se encuentra en Hadramaut, por otro. Esta oposición sigue estructurando debates y enemistades en el seno de la izquierda meridional.
El fracaso del régimen marxista nunca se ha digerido del todo. Acabó reconfigurando el lugar de los socialistas como movimiento de oposición desde el final de la guerra fría, la unificación de los dos Yemenes el 22 de mayo de 1990 y la caída del Estado socialista. En lugar de encarnar una alternativa política clara, basada en estrategias económicas diferentes de las propuestas por Ali Abdallah Saleh, Presidente del Yemen unificado hasta 2012, el Partido Socialista Yemení se ha convertido en gran medida en el defensor de una identidad del Sur que ha querido definir como específica, distinta de la identidad nacional y, por tanto, opuesta a la del llamado Norte. La defensa de las clases trabajadoras se convirtió en gran medida en la construcción de una nación del Sur.
Camino del exilio
Tras la unidad, esta lógica, respaldada por el deseo de los dirigentes socialistas de salvaguardar sus prerrogativas y su acceso a los recursos del Estado, estructuró en gran medida la actitud del Partido Socialista Yemení. Durante cuatro años, el acuerdo entre el Norte y el Sur preservó una fase de transición que ofrecía puestos de mando a los socialistas, en particular el rango de vicepresidente a Ali Salem Al-Beidh, además de mantener las fuerzas armadas del Sur bajo un mando autónomo.
Es cierto que la unidad de Yemen formalizó la dominación del Norte, lo que condujo a la desposesión y la discriminación cuando se reprivatizó la tierra, pero las élites socialistas no reconocieron su derrota -principalmente económica- al mantener expectativas poco realistas. De hecho, la igualdad era imposible, aunque sólo fuera por el desequilibrio demográfico: el antiguo Yemen del Sur sigue estando unas tres veces menos poblado que el Norte. En este contexto, la guerra de 1994, tras la declaración de secesión del antiguo Yemen del Sur en mayo de 1994, precipitó otra derrota socialista, esta vez militar, llevando a Ali Salem Al-Beidh al exilio permanente en Omán y luego en Austria, y provocando la marginación definitiva de la izquierda como alternativa.
Después de 1990, el salvavidas que la dirección socialista había creído encontrar en las monarquías del Golfo, en particular en Arabia Saudí, que buscaba debilitar a Yemen, no fue suficiente. Su reconocimiento del recién proclamado Estado del Sur en 1994 y las promesas de ayuda financiera de los reyes y emires no borraron un profundo proceso histórico, encarnado en una derrota militar que desembocó en el saqueo de Adén por el ejército del Norte, aliado con islamistas y miembros de tribus revanchistas, el 7 de julio de 1994. No obstante, la secuencia puso de manifiesto los compromisos geopolíticos de los dirigentes de izquierda, alejados de la retórica antiimperialista que había guiado la creación del partido y del Estado socialistas.
Construir una alternativa con los islamistas
Hay, por supuesto, algunas excepciones, y el juicio de que la izquierda ha perdido el rumbo en Yemen es un tanto duro. El partido socialista del norte, tanto antes como después de la unidad de 1990, no carece de fuerza. A través de la guerra de guerrillas del Frente Democrático Nacional, el partido pudo movilizar y dar a luz cuadros en parte autónomos del Estado del sur. El más exitoso es Jarallah Omar Al-Kuhali, natural de la región de Ibb y vicesecretario general del PSY. En los alrededores de Taez, la tercera ciudad del país, el Partido Socialista también contaba con una base considerable y, después de 1994, pudo reinventarse parcialmente. Asimismo, aparte de la estructura de partidos nacida en el sur, Yemen ha tenido su cuota de figuras de izquierdas, como los poetas Abdallah Al-Baradouni y Abd Al-Aziz Al-Maqalih, y las activistas feministas Amal Bacha y Raoufa Hassan.
A lo largo de las tres últimas décadas, parecen haber coexistido dos dinámicas dentro del Partido Socialista, sin dar lugar nunca a escisiones formales, como es habitual entre las izquierdas árabes: una dentro del amplio marco del Estado unificado, la otra trabajando por la secesión. Aunque Jarallah Omar Al-Kuhali fue asesinado en diciembre de 2002 en circunstancias inexplicables mientras asistía al congreso del partido Al-Islah (la rama yemení de los Hermanos Musulmanes), consiguió imponer al partido socialista una opción singular: la alianza entre oposiciones. En 2003 y de nuevo en 2006, la presencia de candidatos únicos en la plataforma del Diálogo Conjunto (Al-liqa al-mouchtarak) contra el partido gobernante de Ali Abdallah Saleh permitió al Partido Socialista mantener su posición. También pudo contribuir a superar el enfrentamiento entre islamistas y la izquierda que, en otros lugares del mundo árabe, ha fortalecido a los poderes autoritarios. El periódico Al-Thawri y el Observatorio Yemení de Derechos Humanos, vinculado al PSY, fueron la encarnación de esta opción finalmente fructífera.
Fue en parte gracias a esta lógica que el levantamiento revolucionario de 2011 pudo alcanzar su masa crítica y conducir, con un nivel de violencia limitado, a la caída de Ali Abdallah Saleh. Sin embargo, la fase de transición, marcada por el aumento de las apuestas dentro de cada grupo político, también mostró los límites del enfoque basado en el consenso encarnado en el Diálogo Conjunto. El secretario general del PSY, Yassin Said Noman, que había sido una figura muy respetada, se retiró entonces de la política, aceptando el cargo de embajador en Londres en 2015, rango que seguirá ostentando hasta 2024.
Socialismo diluido
La dinámica sureña en el seno del Partido Socialista adquirió así un lugar destacado en el mismo momento en que los rebeldes houthistas se hicieron con el control de Saná a finales de 2014 y comenzó el enfrentamiento armado. Desde 2015 y la intervención saudí para restaurar al presidente Abd Rabbo Mansour Hadi, un antiguo socialista odiado por los rebeldes, es evidente que el futuro de la izquierda no ha sido una cuestión importante. Socialista o no, no representa una alternativa seria a ningún nivel. Los pocos socialistas que quedan en Sanaa se han alineado con las posiciones anti-saudíes de los Houthistas, mientras que otros están en el exilio y han abandonado la etiqueta socialista porque ha sido desmonetizada.
En consecuencia, el PSY se ha diluido esencialmente en el movimiento del sur. Sin embargo, se ha marginado hasta el punto de que una nueva generación ha sustituido a la figura de Ali Salem Al-Beidh, exiliado desde 1994 pero que siguió siendo uno de los líderes del movimiento hasta el comienzo de la guerra actual. Las hazañas armamentísticas de los combatientes salafistas durante los enfrentamientos contra los houthistas en Adén en 2015 propiciaron una alianza de facto con algunos de los socialistas. Ambos se han unido desde entonces en el Consejo de Transición del Sur, fundado en 2017 con el apoyo continuado de Emiratos Árabes Unidos. Apoyados por el Estado capitalista por excelencia y supeditados a los líderes religiosos, los socialistas ni siquiera están representados en el Consejo Presidencial de ocho miembros que sucedió a Hadi en abril de 2022. Tanto en el ejército como en las milicias, ya no cuentan y parecen sobrevivir sólo a través de antiguos cuadros, a veces formados en las antiguas repúblicas socialistas de Europa e impulsados por una nostalgia desesperada. Es cierto que la estrella roja del socialismo permanece en la bandera tras la que se reúnen los partidarios de la secesión del sur, pero se trata de un legado exiguo si pensamos en los ambiciosos eslóganes que enarbolaba la República Democrática Popular de Yemen en los años setenta.
Nota
1. DLR – La guerra civil en Yemen del Sur duró del 13 de enero al 24 de enero de 1986. Se calcula que murieron entre 4.000 y 10.000 personas en los once días de enfrentamientos.
8. Los maronitas ante la guerra en Gaza
Los cristianos libaneses están en contra de una mayor implicación de los chiitas de Hezbollah en el conflicto palestino, pero eso puede redundar a la larga en mayores problemas para ellos, según el autor del artículo. https://thecradle.co/articles/
¿Un autogol? Los cristianos libaneses y la guerra de Gaza
Desconfiados de los motivos internos de Hezbolá para apoyar a Palestina, los cristianos libaneses dudan en alinearse con su resistencia. Pero su apatía política puede acabar costándoles demográficamente, al favorecer el objetivo de Israel de inundar los Estados de la región con refugiados palestinos.
Bilal Nour Al-Deen
27 DE MARZO DE 2024
Desde el 8 de octubre, cuando Hezbolá se movilizó militarmente para apoyar a la resistencia palestina en Gaza en su guerra contra Israel, los líderes políticos cristianos libaneses han adoptado una postura firme contraria a la implicación de la potencia chií -o de cualquier otra facción libanesa- en los múltiples conflictos de la región.
Entre ellos destacan el ex presidente Michel Aoun y el líder del Movimiento Patriótico Libre (FPM), Gebran Bassil, ambos aliados cristianos de Hezbolá desde 2006, que ahora se oponen abiertamente a los esfuerzos por unir fuerzas en apoyo de Palestina. Incluso figuras influyentes como el jefe de la Iglesia maronita libanesa, el patriarca Mar Bechara Boutros al-Rahi, se hacen eco de este sentimiento.
Samir Geagea, líder de las Fuerzas Libanesas, de derechas y proestadounidenses, que nunca se anda con rodeos, acusó a Hezbolá de intentar «obtener la presidencia y el gobierno del Líbano a cambio de retirar las armas de la frontera» con Israel. Cualquiera que piense en un trato que implique la presidencia y la situación fronteriza, dijo Geagea, estaría «soñando».
Según Geagea -que cumplió 11 años de cárcel por el atentado con bomba contra una iglesia en 1994 y el asesinato de altos cargos políticos libaneses y sus familias-, Hezbolá «no quiere entrar en guerra, sino sólo obtener beneficios internos, mientras que Irán quiere obtener beneficios adicionales a nivel regional».
El antiguo señor de la guerra subrayó que «poner a Líbano en el tubo del cañón no beneficiará a la causa palestina, sino que nos traerá la destrucción total».
El estancamiento político de Líbano
Por su parte, Samy Gemayel, jefe del partido Kataeb, afirma:
Hezbolá engaña tanto a los libaneses como a los palestinos cuando pretende abrir un frente de apoyo en la guerra de Gaza. Sin embargo, este frente no tiene prácticamente ningún impacto en la situación de Gaza … Cualquier trueque que proteja la seguridad de Israel a costa de entregar Beirut a Hizbulá … Quien piense que un acuerdo de este tipo pasará se equivoca, ya que estaremos ante cualquier nuevo acuerdo que amenace nuestro futuro en Líbano.
Cabe señalar que los partidos Kataeb y Fuerzas Libanesas (este último existió inicialmente como ala militar del primero) dispararon la primera bala en los 15 años de guerra civil libanesa contra civiles palestinos y son responsables de la tristemente célebre masacre del campo de refugiados de Sabra y Shatila, en la que miles de palestinos fueron abatidos a tiros durante tres días, todo ello mientras helicópteros israelíes iluminaban el cielo nocturno.
Hoy, el analista político libanés Wael Najm afirma que los partidos políticos del país se encuentran en el limbo, «a la espera del resultado de la batalla en Gaza y de los enfrentamientos en el sur de Líbano». Así, el movimiento en el dossier presidencial se ha congelado».
Estas acusaciones de los dirigentes cristianos libaneses se producen a pesar de que el secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, subrayó que su partido no intentaría obtener beneficios políticos en Líbano basándose en los resultados de la guerra de Gaza.
Como dice a The Cradle Rindala Jabbour, miembro del FPM:
Hezbolá no ejerce su poder militar en la política interna libanesa. Si quisiera utilizar su excedente de poder, lo habría hecho después de la guerra de 2006, y ha habido muchas oportunidades para hacerlo. Hezbolá no impone su poder. De lo contrario, habría muchas ecuaciones diferentes. Habría impuesto muchas cosas que quería.
«No creo que estemos ya en la era del chiismo político, del maronismo o incluso del sunismo. Creo que [Líbano] ha superado esas etapas», añade.
Maronitas por la Moqawama
Destacando la interconexión de la dinámica regional, Jabbour afirma: «Hay conciencia de que lo que ocurre en Palestina, Siria y los países del cerco afectará inevitablemente a Líbano», y de que muchos cristianos acabarán apoyando la lucha contra la agresión israelí.
Muchos cristianos apoyan a la resistencia porque saben que desempeña un papel fundamental en la protección del Líbano y ha dotado al país de una fuerza disuasoria. Este grupo sabe que hay consecuencias y repercusiones de la guerra palestina en Líbano, especialmente si la resistencia palestina es derrotada e Israel logra sus objetivos.
Jabbour aclara la postura de su partido: «Al separar las plazas, pretendemos no poner al Líbano en una crisis en la que no pueda soportar las repercusiones. El Movimiento Patriótico Libre está de hecho con la separación de las plazas, pero aprecia la sabiduría de la resistencia a la hora de tratar las diferentes cuestiones.»
Hay un punto de vista que apoya a la resistencia, pero expresa su temor a provocar una guerra israelí y dar una excusa a Israel para invadir Líbano. Sobre todo porque actualmente Líbano no puede soportar ninguna guerra.
Jabbour lamenta los defectos de algunos cristianos que se distancian de la resistencia, expresando su preocupación por que sus palabras y acciones puedan alinearse inadvertidamente con los intereses de Israel, como ocurrió con los falangistas durante la guerra civil libanesa.
El escritor e investigador Qasem Qassir explica a The Cradle que muchos críticos de la batalla de Hezbolá en la frontera sur están tan atrapados en las interminables disputas políticas internas del Líbano que no pueden ver el bosque por los árboles:
Hezbolá confirma, a través de todos sus funcionarios, que la participación en la guerra tiene que ver con enfrentarse al enemigo israelí y apoyar al pueblo palestino y no tiene nada que ver con ninguna cuestión interna, independientemente de los resultados de la guerra y sus connotaciones. Hezbolá confirma además que con la aplicación del Acuerdo de Taif y con el diálogo interno sobre todos los expedientes, incluido el presidencial, no se presentará ninguna enmienda al sistema y que respeta la fórmula libanesa.
El Acuerdo de Taif, para los no iniciados en el sistema político libanés basado en sectas, es el acuerdo alcanzado en 1989 entre los señores de la guerra libaneses enfrentados para poner fin a la Guerra Civil del país de 1975 a 1990, en el que todas las partes aprobaron un plan para dividir los escaños parlamentarios a partes iguales entre musulmanes y cristianos.
En cuanto a las repercusiones negativas que podría tener para los cristianos libaneses la creciente guerra regional, Qassir cree que «ante todo, el peligro israelí es un peligro para todo Líbano, no sólo para Palestina o Gaza, y existe el objetivo israelí de desplazar a los palestinos a Egipto, Jordania y Líbano. Por lo tanto, es importante apoyar a la resistencia y enfrentarse a Israel», independientemente de la opinión de cada uno sobre el Eje de Resistencia de la región dirigido por Irán.
Gaza afecta al Líbano
Una encuesta reciente realizada por el Jewish People’s Policy Institute reveló que el 63% de los israelíes cree que su ejército debería atacar a Hezbolá con toda su fuerza en la primera oportunidad disponible o después de que amaine la guerra en Gaza. Estos resultados concuerdan con la retórica oficial israelí que pide la invasión de Líbano, independientemente de que se alcance un alto el fuego duradero con Gaza.
En declaraciones a The Cradle, el analista político palestino Iyad al-Qara lamenta la miopía de los detractores libaneses: «Las posturas de algunos partidos cristianos, por desgracia, eran negativas, tanto respecto a las operaciones de la resistencia en el sur del Líbano como a las que tuvieron durante la guerra de Gaza. Esto es sorprendente».
«Si Gaza cae, esto podría ser el preludio de la ocupación de Líbano», advierte. Qara señala además:
La firmeza de Gaza ayuda a proteger a Líbano de los ataques de Israel. Por lo tanto, los cristianos no deben mirar el conflicto actual desde la perspectiva de los desacuerdos y las guerras con algunos palestinos, sobre todo porque las circunstancias son diferentes a las de antes. Deben reconsiderar su postura porque la victoria de Gaza es una victoria tanto para Líbano como para Palestina. Por tanto, su postura debería ser más positiva.
«Los intentos del ejército israelí de desplazar a la población de Gaza continuarán, ya sea opcional u obligatoriamente», concluye Qara.
En este contexto, la activista extremista israelí Daniella Weiss, «madrina» del movimiento de colonos sionistas, que por primera vez en la historia de Israel cuenta con poderosos miembros del gabinete que representan sus intereses a todos los niveles, declaró recientemente a la CNN: «Ningún árabe, hablo de más de dos millones de árabes. No se quedarán allí. Los judíos estaremos en Gaza… 500 familias ya han firmado para reasentarse en Gaza».
Cuidado con lo que deseas
Según la UNRWA, hay 1,2 millones de palestinos en la zona de Rafah, al sur de Gaza, que sobreviven actualmente en condiciones humanitarias catastróficas.
Un informe del académico e investigador libanés Abbas Assi, publicado en el sitio web de Carnegie Endowment For International Peace, afirma: «La comunidad cristiana de Líbano tiene varias preocupaciones sobre la guerra en curso. Temen que si Israel derrota a Hamás, pueda verse tentado a lanzar una guerra a gran escala contra Hezbolá en Líbano, lo que afectaría aún más a la ya frágil economía libanesa».
Además, les preocupa que el éxito de Israel en la deportación de palestinos de Gaza pueda impedir el regreso de los refugiados palestinos en Líbano a su tierra natal, y su naturalización en Líbano sería inevitable. Como consecuencia, se debilitaría aún más el poder de la minoría cristiana, que ya se enfrenta a un declive demográfico.
El periodista libanés Ghassan Saoud afirma que la Iglesia libanesa trabaja ahora para mitigar las consecuencias negativas elaborando un documento nacional en cooperación con varios partidos políticos cristianos. Entre los objetivos del documento está «ser francos con los demás sobre las preocupaciones (entre los cristianos en particular) en un lenguaje tranquilo, racional y sobrio, lejos del gamberrismo callejero».
En última instancia, no debe permitirse que la guerra de Gaza repercuta negativamente en el tejido político libanés, especialmente durante un periodo de inseguridad.
En lugar de confiar en la caída de la resistencia palestina o imaginar un Líbano post-Hezbolá, los políticos cristianos libaneses deberían considerar las ramificaciones más amplias e inmediatas del creciente conflicto regional. La pérdida de Gaza podría alterar fundamentalmente su posición en Asia Occidental, y la crisis de los refugiados agravaría su condición de minoría demográfica en Líbano.
Esto podría hacer necesario modificar el Acuerdo de Taif para adaptarlo a la cambiante realidad demográfica y política del Líbano. Por consiguiente, se aconseja a los líderes políticos cristianos -especialmente a los alineados con Estados extranjeros contrarios a Hezbolá- que sopesen detenidamente estas cuestiones antes de arremeter contra la resistencia libanesa, única salvaguarda del país frente a Israel.
9. Por un programa ecosocial radical
No podemos saber si la crisis climática conduce al fascismo, como dicen los autores, pero es evidente que es una de las salidas posibles. Sí que estoy de acuerdo, sin embargo, en que la izquierda debería tomar una postura mucho más decidida por una transición ecosocial revolucionaria. Que la revista en que lo publican se llame 74 me da buenas vibraciones. 🙂 https://setentaequatro.pt/
Un camino estrecho entre mil callejones sin salida: izquierda, extrema derecha y caos climático
La crisis climática significa fascismo. No es un gran descubrimiento, simplemente es físico. Con el aumento de la escasez material, el autoritarismo y la violencia para mantener el orden capitalista, los privilegios y la propiedad siempre conducirán al fascismo, aunque ese no sea el plan.
21 de marzo de 2024
La extrema derecha crece en todas partes. El hecho de que obtuviera un resultado histórico en las últimas elecciones parlamentarias sólo sorprende a quienes han estado profundamente desconectados de lo que ocurre en el mundo. En términos de comunicación, la extrema derecha es el antisistema. Existe, se ha construido con ingentes cantidades de capital sobre las cenizas de grupos neonazis, restos de colonialistas, fascistas de antaño y oportunistas, con el apoyo de los grandes medios de comunicación y un enorme impulso de las redes sociales. Fue un esfuerzo organizativo, planificado y ejecutado con mucho dinero, tiempo y energía. En Portugal, Chega movilizó a más de un millón de personas para poner la cruz en su casilla.
En Portugal, la izquierda rechazó cualquier forma de programa de ruptura, declarando su voluntad de apoyar al centro desde el primer día del periodo electoral para intentar bloquear teóricamente el ascenso de la extrema derecha, que para entonces ya tenía parte de su cruel programa adoptado del centro a la derecha. Tras las elecciones, esta sigue siendo su estrategia.
En términos de justicia climática, la campaña fue una auténtica secuela de la película «No mires hacia arriba». Ningún partido, desde la extrema derecha a la izquierda, propuso un programa compatible con el escenario de 2°C del Acuerdo de París, insuficiente desde hace tiempo. Para 2024, ningún partido ha hecho siquiera un esfuerzo nominal por tener un plan para detener el caos climático. La atracción hacia el centro ha sido terrible. Los resultados electorales también han sido terribles.
La crisis climática significa fascismo. No es un gran descubrimiento, es simplemente físico. Con el aumento de la escasez material, el autoritarismo y la violencia para mantener el orden capitalista, el privilegio y la propiedad siempre conducirán al fascismo, aunque ese no sea el plan. Pero el fascismo es claramente uno de los principales planes de las élites capitalistas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, está acompañando al primer ministro de extrema derecha de Italia, Georgia Meloni, a El Cairo para pagar a la dictadura de Abdel Fatah El-Sisi, en nombre de la UE, para enjaular a los refugiados climáticos y de guerra. El Partido Popular Europeo ya ha confirmado que en los próximos años se aliará con los Conservadores y Reformistas Europeos, uno de los dos partidos europeos de extrema derecha. El centro-derecha ya gobierna con políticas de extrema derecha. La extrema derecha y su programa se han normalizado en todos los sentidos y todos los partidos han sido arrastrados hacia la derecha.
En el Reino Unido, el golpe contra el ex líder laborista Jeremy Corbyn dio paso a un liderazgo laborista centrista bajo Keir Starmer, que sucederá al Gobierno conservador con una nueva ola de políticas conservadoras que harán que Tony Blair parezca de izquierdas. La progresiva convergencia de Podemos y luego Sumar en España con el «establishment» (como organización y también a ojos de la ciudadanía) sigue alimentando a Vox como alternativa antisistema. Las desastrosas políticas del presidente estadounidense Joe Biden sobre el clima y Palestina están asegurando el regreso de Donald Trump.
En Alemania, tratando de gobernar a través del consenso neoliberal, el SPD y los Verdes se sitúan entre el 10 y el 15%, ambos por debajo de la ultraderechista AfD. En una variación, el presidente francés Emmanuel Macron ha incorporado directamente la política de Marine Le Pen a su propia agenda: la extrema derecha llega al poder sin tomar el poder, aunque las encuestas les muestran más arriba que nunca. Cada vez resulta menos creíble tratar de explicar la tendencia al ascenso de la extrema derecha recurriendo a historias contextuales y nacionales. El error no es táctico ni de comunicación. El error está en analizar la situación política y la dirección que estamos tomando.
El ascenso del fascismo podría haberse evitado con un enfoque político muy diferente al que se adoptó durante la última crisis estructural del capitalismo hace más de una década, con la creación de programas y prácticas revolucionarias. Ese momento ha pasado. El ascenso del fascismo debe ser abordado ahora de frente, al mismo tiempo que nos sumergimos más profundamente en la crisis climática, lo que significa malas cosechas, bancarrotas, una crisis del coste de la vida, austeridad y odio, alimentando el sentimiento antisistema entre la gente.
Abordar de frente el ascenso del fascismo significa abandonar el análisis de los ciclos electorales como marco de referencia. El poder real en 2024 no se basa en hacerse con un parlamento nacional o regional. Ya no hay normalidad a la que aferrarse.
La izquierda no lo ha hecho todo mal, simplemente ha hecho la mayoría de las cosas con normalidad. En la época actual, eso significa tomar la mayoría de las decisiones equivocadas. La cultura organizativa de la mayoría de las organizaciones progresistas y de izquierdas (partidistas y no partidistas, incluidos los Verdes) se desarrolló en una época de regularidad, previsibilidad y lento desarrollo de las ideas. Esa época ya pasó. En cambio, las organizaciones de extrema derecha se desarrollaron y prosperaron en ese contexto. No fue la moderación ni la respetabilidad lo que dio a la extrema derecha grandes resultados en las últimas elecciones.
Hagamos una afirmación sencilla: ganar elecciones no consiste en hacer una revolución o cambiar el sistema. Nunca lo ha sido. Ganar el poder formal en las instituciones capitalistas significa hacer pequeños cambios en este sistema. Algunos pueden ser beneficiosos a corto plazo, pero no se consigue ninguna medida real de cambio y la probabilidad de que se reviertan rápidamente es alta, por no decir segura. Esta es claramente la experiencia portuguesa tras el gobierno de 2015 apoyado por la izquierda. La regresión es evidente. La guerra cultural emprendida por la extrema derecha tiene lugar en una mesa inclinada que debe ser abandonada. Los grandes medios de comunicación y las redes sociales no van a dar, ni siquiera permitir, el poder a la izquierda, sólo quitarle lo que puedan.
Un nuevo espectro recorre Europa, el espectro de la extrema derecha. Pero no es más que un espectro, una aparición, independientemente del número de likes, shares e incluso votos que consiga. Detrás de este espectro se cierne un monstruo muy carnoso y material -la crisis climática- que destruirá el capitalismo, por muchos pequeños Hitlers y Mussolinis que promueva como influencers, candidatos electorales o incluso como dictadores golpistas. La pregunta que debería presidir ahora todas las direcciones políticas de izquierda es: ¿vamos a dejarnos destruir por el capitalismo?
¿Existe un plan de izquierdas a nivel internacional para detener a este monstruo que ya está devorando la civilización? Esperar al próximo «ciclo electoral» y luego confluir con el centro, entregando todo el espíritu y sentimiento antisistema y rebelde a la extrema derecha no ha sido un buen plan. Se ha intentado varias veces en los últimos años y ha fracasado.
Si una organización trabaja para hacerse con el poder, su estrategia no debe centrarse en las elecciones más que de forma instrumental. Necesitamos un plan para el poder y para hacer avanzar programas radicalmente justos para hacer frente a la crisis climática y social. Esto significa convertirse en una amenaza real para el statu quo, lo que implica asumir riesgos, ser popular y audaz.
La falta de un programa revolucionario y de una praxis revolucionaria, por inmadura y verde que sea, es una de las razones del crecimiento de la extrema derecha. No hay polarización política, sólo un giro a la derecha, con la izquierda presentando planes para salvar el capitalismo, cuando deberían estar empujando todas las bolas de demolición para derribarlo. Necesitamos una polarización real con la extrema derecha, no políticas de apaciguamiento. Eso significa un cambio revolucionario, y en 2024 significa pasar de la táctica a la acción y la movilización por un programa ecosocial radical de cómo debe organizarse la sociedad para evitar el colapso y conseguir justicia social e histórica.
Ya hemos esperado bastante. Si la izquierda institucional se erige en guardiana de la revolución, en lugar de su promotora, debe quitarse de en medio. Hay un camino muy estrecho que superar y mil callejones sin salida. Ninguno de ellos incluye seguir esperando.
João Camargo. Investigador y activista político en el ámbito del cambio climático. Miembro del movimiento Climáximo.
Leonor Canadas. Activista de Climáximo, coordinó la campaña Climate Jobs y la red internacional Global Climate Jobs. Es ingeniera agrónoma especializada en Agricultura Ecológica, Tropical y Subtropical.
10. Resumen de la guerra en Palestina, 27 de marzo
El resumen de Mondoweiss. https://mondoweiss.net/2024/
Día 173 de la «Operación Al-Aqsa»: Israel sigue atacando los hospitales de Gaza y mata a 7 personas en Líbano
Tras la resolución de alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU, Israel continuó sus ataques contra hospitales de Gaza, matando a 76 palestinos en toda la Franja de Gaza. Mientras tanto, en el sur de Líbano, Israel mató a 7 libaneses durante combates transfronterizos.
Por Qassam Muaddi 27 de marzo de 2024
Bajas
32.490+ muertos* y al menos 74.889 heridos en la Franja de Gaza.
Más de 449 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental**.
Israel revisa a la baja su estimación de muertos del 7 de octubre, de 1.400 a 1.139.
594 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 3.221 heridos.
* El Ministerio de Sanidad de Gaza confirmó esta cifra en su canal de Telegram. Algunos grupos de derechos humanos estiman que el número de muertos es mucho mayor si se tienen en cuenta los presuntos muertos.
** El número de muertos en Cisjordania y Jerusalén no se actualiza periódicamente. Según el Ministerio de Sanidad de la AP el 17 de marzo, esta es la última cifra.
*** Esta cifra la publica el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitió publicar».
Principales acontecimientos
- 76 palestinos muertos y 102 heridos en 8 masacres cometidas por las fuerzas israelíes en toda la Franja de Gaza, según el Ministerio de Sanidad palestino.
- Las fuerzas israelíes asaltan el hospital Nasser y obligan a evacuar al personal médico y a los palestinos desplazados.
- Líbano: 7 libaneses muertos en ataques aéreos israelíes contra Habaryeh, en el sur del país.
- Muere un hombre en Kiryat Shmona mientras Hezbolá dispara decenas de cohetes contra el norte de la Palestina ocupada.
- Cisjordania: Las fuerzas israelíes detienen a 20 palestinos, lo que eleva a 7.820 el número de palestinos detenidos desde el 7 de octubre.
- Las fuerzas israelíes matan a un palestino de 20 años durante una redada en Yenín, en el norte de Cisjordania. Las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa de Al Fatah anuncian en un comunicado que sus combatientes se enfrentaron a las fuerzas israelíes que realizaban incursiones en Yenín y Qabatiya, al oeste de Yenín. Fuentes locales informan de que un vehículo israelí fue blanco de un artefacto explosivo.
- Corporación Israelí de Radiodifusión: Continúan las negociaciones con Hamás a través de intermediarios con diferencias sobre el retorno de los palestinos desplazados al norte de la Franja de Gaza.
- El Pentágono dice que Israel desempeñará un papel para garantizar la seguridad del muelle construido por Estados Unidos en Gaza.
- El Comisario General de la UNRWA, Philippe Lazzarini, afirma que la agencia dispone de fondos suficientes para operar hasta el próximo mes de mayo.
- Las fuerzas de seguridad jordanas detienen a varios manifestantes contra la guerra de Gaza cerca de la embajada israelí en Ammán.
76 palestinos muertos y 102 heridos en 8 masacres en la Franja de Gaza.
El Ministerio de Sanidad palestino en Gaza anuncia que 76 palestinos murieron y 12 resultaron heridos en bombardeos israelíes en diferentes partes de la Franja de Gaza, lo que eleva a 32.490 el número de palestinos muertos por Israel en el enclave costero desde el 7 de octubre.
En Jan Yunis, las fuerzas israelíes mataron a 12 palestinos en ataques aéreos en la zona de Mawasi. Según fuentes locales, entre las víctimas había niños.
En Rafah, nueve palestinos murieron en bombardeos israelíes sobre Khirbet al-Aadas, al norte de la ciudad. Otros bombardeos israelíes tuvieron como objetivo dos viviendas familiares en el centro y el sur de Rafah. La periodista palestina Ula Libbad, su marido y sus hijos fueron identificados entre las víctimas.
En el campo de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, buques de guerra israelíes bombardearon la orilla del campo.
Israel asalta el hospital Nasser y sigue asediando el hospital al-Shifa
Las autoridades sanitarias palestinas de Gaza afirmaron el miércoles que las fuerzas israelíes evacuaron por la fuerza el hospital Nasser de Khan Younis, al sur de la Franja de Gaza.
Según las fuentes, las tropas israelíes obligaron al personal médico, a los pacientes y a las familias refugiadas a abandonar las instalaciones del hospital y detuvieron a varios trabajadores médicos.
El Hospital Nasser es uno de los tres hospitales que siguen operativos en Gaza, después de que la Media Luna Roja Palestina anunciara el martes que el hospital Al-Amal de Khan Younis quedaba fuera de servicio tras una incursión militar israelí que evacuó por la fuerza el hospital.
Mientras tanto, las fuerzas israelíes siguen asediando el hospital Al Shifa de la ciudad de Gaza por décimo día consecutivo. Fuentes locales informaron de que las fuerzas israelíes habían detenido a 160 civiles, entre ellos trabajadores médicos, en el edificio de Desarrollo Humano del hospital.
Las fuerzas israelíes también quemaron al menos diez edificios residenciales en los alrededores de al-Shifa, informaron fuentes periodísticas locales, mientras continúan los combates entre la resistencia palestina y las tropas israelíes en las inmediaciones del complejo médico. El martes, las Brigadas Al Qassam, brazo armado de Hamás, difundieron imágenes de vídeo de sus combatientes atacando a dos tanques israelíes, afirmando que habían sido tomadas en las inmediaciones de Al Shifa.
7 libaneses y 1 palestino muertos en combates transfronterizos
La Defensa Civil libanesa anunció el miércoles que 7 ciudadanos libaneses murieron por ataques aéreos israelíes contra la ciudad de Habariyeh, en el sur del Líbano. Las víctimas fueron identificadas como voluntarios paramédicos que fueron blanco de los aviones israelíes.
Más tarde por la noche, fuentes israelíes anunciaron que una andanada de cohetes alcanzó el asentamiento israelí de Kiryat Shmona, en el norte de Galilea, matando a un hombre.
El hombre fue identificado como un ciudadano palestino de Israel de 25 años. Las fuentes indicaron que murió después de que un cohete impactara directamente contra un edificio industrial. Otro israelí de 30 años fue rescatado del edificio, según informes israelíes.
Por su parte, Hezbolá anunció que había lanzado «docenas de cohetes» sobre el norte de la Palestina ocupada en respuesta al ataque aéreo israelí contra Habbriyeh. Hezbolá también afirmó que sus combatientes atacaron el martes 6 posiciones militares israelíes al otro lado de la frontera.
El número de ciudadanos libaneses que Israel ha matado desde el 7 de octubre ascendió a 249 personas, incluidos civiles. Israel no ha revelado sus bajas en los combates con Hezbolá.
Mueren 3 palestinos en Yenín y 20 son detenidos en Cisjordania
Las fuerzas israelíes mataron a tres palestinos durante un ataque aéreo contra el campo de refugiados de Yenín, en el norte de Cisjordania ocupada, a primera hora del miércoles. El Ministerio de Sanidad palestino los identificó como Muhammad Bani Gharra, de 19 años, y Ayman Ghazouqa, de 19, ambos de Yenín, y Hamza Ararawi, de 27, del campo de refugiados de Al Ain, en Naplusa.
Fuentes médicas del hospital público de Yenín dijeron el miércoles que los tres hombres llegaron al hospital tras ser blanco de un ataque aéreo frente a una casa del barrio de al-Damaj, en el campo de refugiados de Yenín.
Mientras tanto, las fuerzas israelíes asaltaron partes de la ciudad de Yenín y la localidad de Qabatiya, al oeste de Yenín, e intercambiaron disparos con combatientes locales de la resistencia palestina.
El grupo de resistencia local «Hornets’ Nest» de Yenín afirmó en un comunicado en Telegram que sus combatientes se enfrentaron a las tropas israelíes en la calle Nablus y en la zona de Jabriat, en la ciudad de Yenín. También se registraron enfrentamientos armados en Qabatiya, donde al menos un vehículo militar israelí fue atacado con un artefacto explosivo, según fuentes de los medios de comunicación locales.
A primera hora del miércoles, las fuerzas israelíes detuvieron a 20 palestinos en toda Cisjordania, según el Club de Prisioneros Palestinos. Las detenciones tuvieron lugar en Ramala, Hebrón, Nablús, Salfit y Tulkarem.
El Club de Prisioneros añadió en un comunicado que el número de palestinos detenidos por las fuerzas israelíes desde el 7 de octubre ascendía a 7820. En la actualidad, Israel retiene en sus prisiones a unos 9.100 palestinos, entre ellos 200 niños, 50 mujeres y al menos 3.500 detenidos administrativos recluidos en virtud del sistema de detención administrativa, el encarcelamiento de personas en virtud de la legislación militar sin cargos ni juicio.
El número de palestinos muertos en Cisjordania a manos de fuerzas israelíes o colonos ascendió a 134 desde principios de año y a 450 desde el 7 de octubre.