MISCELÁNEA 29/05/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Sobriedad digital.
2. Oxígeno y plusvalía.
3. Hamás no está robando la ayuda humanitaria.
4. Hani y la contribución africana al 1 de mayo.
5. Resultado de la cumbre de la ASEAN.
6. La situación en Die Linke.
7. Más sobre India y Pakistán.
8. Boletín del Tricontinental dedicado a América.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 28 de mayo.

1. Sobriedad digital.

Ahora que estoy haciendo un curso de IA para bibliotecas, me viene muy bien contrarrestar con artículos como este, planteando la posibilidad de una «sobriedad digital».

https://www.sinistrainrete.info/articoli-brevi/30560-francesco-fullone-digitale-abbondanza-o-sobrieta.html

Digital: ¿abundancia o sobriedad?

por Francesco Fullone

Acabo de terminar Inferno digitale. Perché internet, smartphone e social network stanno distruggendo il nostro pianeta (título original The Dark Cloud: How the Digital World Is Costing the Earth) de Guillaume Pitron (Luiss 2022) con esa mezcla de curiosidad intelectual y preocupación que caracteriza la lectura de obras capaces de desvelar los mecanismos ocultos de nuestros sistemas. Pitron, ya conocido por La guerra dei metalli rari (La guerra de los metales raros), Feltrinelli 2019, lleva a cabo una operación esclarecedora: revelar la insostenible pesadez de lo que consideramos inmaterial. La paradoja de nuestra era digital se manifiesta precisamente aquí: hemos abrazado lo digital como una vía de escape de la materialidad solo para descubrir que estamos construyendo la mayor infraestructura material de la historia de la humanidad.

La materialidad oculta: el peso invisible de lo virtual

El concepto de MIPS (Material Input Per Service unit), tal y como lo ilustra Pitron, representa un cambio radical de perspectiva: en lugar de considerar solo el producto final, abarca todo el ecosistema material que lo ha generado. Las cifras que se desprenden son asombrosas: un smartphone de 200 gramos incorpora un peso ecológico real de 70 kilogramos (relación 350:1), un microchip de 2 gramos esconde 32 kilogramos de materiales (relación 16 000:1) y un anillo de oro de 5 gramos conlleva la impresionante cifra de 3.000 kilogramos de huella material (relación 600.000:1).

Esta perspectiva plantea preguntas fundamentales sobre la sostenibilidad de los centros de datos con millones de componentes y sobre la inteligencia artificial que devora chips en cantidades industriales. La norma Software Carbon Intensity (SCI) de la Green Software Foundation, aunque representa un enfoque importante, solo capta una dimensión del problema: la punta del iceberg.

El MIPS, por el contrario, invita a explorar las profundidades ocultas que están remodelando silenciosamente el planeta.

La ironía de la nube: templos materiales de la inmaterialidad

La expresión «computación en la nube» contiene una ironía etimológica extraordinaria: ¿cómo puede una «nube», símbolo etéreo por excelencia, representar uno de los sistemas industriales más imponentes que se han creado? Esta paradoja semántica revela una contradicción fundamental: lo que llamamos «desmaterialización» es en realidad la operación de materialización más colosal de la historia de la humanidad. Pitron lleva al lector a los «templos de la inmaterialidad» del norte de Europa, enormes estructuras creadas por Facebook para almacenar datos digitales. Estos complejos industriales se extienden a lo largo de decenas de miles de metros cuadrados, consumen electricidad equivalente a la de ciudades enteras y requieren sistemas de refrigeración que utilizan cantidades impresionantes de agua. El autor no se limita a describir las granjas de servidores, sino que revela la infraestructura colateral que a menudo se olvida: generadores diésel de reserva del tamaño de locomotoras, sistemas de aire acondicionado industrial, kilómetros de cables y tuberías.

La etiqueta de sostenibilidad que acompaña a estos centros de datos, justificada por el uso de energías renovables, esconde una realidad más compleja. Como señala Pitron, estas estructuras «ecológicas» alimentadas por energía hidroeléctrica han desviado y secado ríos enteros, alterando los ecosistemas locales. Así surge la paradoja de la sostenibilidad digital: las optimizaciones locales suelen generar impactos sistémicos devastadores.

La geopolítica oculta de la infraestructura digital

«Desmaterializar significa materializar de otra manera». En lo que podría parecer una boutade, el autor encierra una profunda verdad. Lo digital no elimina la materia; la transforma, la redistribuye, la oculta, creando una «materialidad liminal», situada justo en el umbral de nuestra percepción cotidiana. Otro aspecto fundamental del libro es el análisis geopolítico de esta materialidad redistribuida. Pitron nos muestra cómo lo que parece una red neutral de conexiones globales es en realidad un campo de batalla por el control estratégico de los recursos y la información. China, con su «ruta de la seda digital», está redibujando el mapa global de las infraestructuras de comunicación, tendiendo miles de kilómetros de cables submarinos como el PEACE (Pakistan and East Africa Connecting Europe), que conecta Karachi con Marsella. Una expansión que no es solo comercial, sino profundamente política y militar. Pitron examina el caso emblemático del cable Hibernia Express, que conecta Londres con Nueva York. La infraestructura, que costó 300 millones de dólares, fue diseñada con una desviación máxima de solo 40 km con respecto a la línea recta teórica, atravesando peligrosamente zonas de pesca y áreas geológicamente inestables. Todo ello para ganar 5 milisegundos en la transmisión de datos. Piensen en la paradójica materialidad de este escenario: miles de toneladas de materiales extendidos en el fondo del océano para ahorrar un intervalo de tiempo imperceptible para la experiencia humana, pero crucial para los algoritmos de negociación de alta frecuencia. Esta dinámica resuena con lo discutido en el boletín informativo sobre la Ley de Mercados Digitales y la Ley de Servicios Digitales europeas. La fragmentación del comercio mundial, el aumento de las barreras tecnológicas y la creciente competencia geopolítica también están redibujando el panorama digital. Europa se encuentra en una posición especialmente vulnerable, dependiente de los mercados extranjeros para tecnologías críticas y materias primas, mientras trata de afirmar su propio modelo regulatorio distintivo.

Hacia la sobriedad digital: más allá de la optimización

Optimizar no es suficiente. Si lo digital sigue creciendo sin medida, ninguna eficiencia será suficiente. Se necesita un nuevo principio rector: sobriedad, no solo innovación. La llamada «abundancia digital» es una ilusión. Cada byte se basa en minas, agua, energía. Y esas leyes físicas que creíamos haber superado —la escasez, la entropía— nunca han desaparecido. The Dark Cloud no es un manifiesto contra la tecnología. Es una invitación urgente a revisar nuestra relación con lo digital. La sobriedad digital propuesta por Pitron no nos pide que renunciemos al progreso, sino que redefinamos su trayectoria: pasar de una lógica de crecimiento sin freno a una de madurez ecológica. La idea de que lo digital es «limpio», «ligero» e «ilimitado» se desmorona página tras página. Y queda una pregunta ineludible: ¿seguiremos multiplicando datos y dispositivos persiguiendo un modelo insostenible, o sabremos elegir un camino diferente? Ya no se trata solo de eficiencia o de un «greenwashing» bien empaquetado. Se trata de decidir qué lugar queremos que ocupe lo digital en un mundo que tiene límites precisos. Y el tiempo para pensarlo se está acabando.

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2. Oxígeno y plusvalía.

No me atrevo a juzgar el valor de este artículo. Los que sabéis más de filosofía y ciencia me podréis orientar. La referencia a Althusser siempre me echa un poco para atrás, la verdad.

https://www.sinistrainrete.info/teoria/30530-sebastiano-taccola-ossigeno-e-plusvalore-cellula-e-merce.html

Oxígeno y plusvalía, célula y mercancía

La lógica del descubrimiento en la crítica de la economía política

por Sebastiano Taccola

El descubrimiento del oxígeno: un «caso paradigmático»

La epistemología de la posguerra se centró en la lógica y la estructura de las revoluciones científicas desde diferentes perspectivas. Ya se hable de ruptura, revolución, cambio de paradigma, etc., hay un punto en común entre estas orientaciones teóricas: descubrir el origen y las modalidades de producción y desarrollo de lo que, en cada momento de la historia del conocimiento humano, ha adquirido el estatus de «ciencia» o «científico». En el fondo estaba la necesidad de romper con un cierto historicismo, que consideraba la historia de la ciencia (al igual que la historia en general) como una recopilación de hechos y anécdotas, homogéneos desde un punto de vista cualitativo, que se encadenaban a lo largo de un mismo hilo conductor1 2.

Dentro de un horizonte teórico similar, La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas Kuhn, puede considerarse una obra particularmente representativa (uno de esos clásicos que marcan una época y nunca dejan de estimular la reflexión crítica sobre su propio presente)3. En este ensayo de 1962, Kuhn expresa tesis bien definidas y, cabría decir, radicales:

a) la ciencia siempre avanza mediante rupturas revolucionarias;

b) se produce una ruptura revolucionaria cuando se pasa de un paradigma científico a otro;

c) el paradigma es un modelo epistemológico aceptado por la comunidad científica.

Partiendo de estas premisas —que rompen con la cronología historicista, ya que consideran el desarrollo histórico del conocimiento científico a partir de la discontinuidad de los paradigmas, en lugar de la continuidad de un concepto de ciencia tan genérico como arbitrariamente establecido—, Kuhn pone de relieve el cambio de perspectiva generado por su teoría de los paradigmas en la elaboración de un modelo historiográfico capaz de reconstruir la evolución y los cambios del conocimiento científico.

Según Kuhn, dentro de un paradigma determinado existe un conocimiento científico acumulativo. El paradigma define los límites que delimitan la investigación científica.

Dentro de estos límites madura lo que Kuhn define como «ciencia normal», que tiene un carácter conservador (ni siquiera piensa en cambiar el paradigma, sino en conservarlo y demostrar su eficacia en la explicación de los fenómenos), tropieza con anomalías que considera acertijos que hay que resolver (y no pruebas de la ineficacia del paradigma) y tiene una evolución histórica acumulativa.

La ciencia normal identifica progresivamente más y más anomalías; en el momento en que estas anomalías comienzan a ser cualitativa y cuantitativamente consistentes, nos encontramos ante un período de crisis de la ciencia, en el que es posible que, junto al paradigma dominante, surjan nuevos paradigmas. En este contexto, se establece una verdadera lucha entre paradigmas, al final de la cual, si se afirma un nuevo paradigma, se produce una revolución científica. El nuevo paradigma produce una configuración inédita de la naturaleza o de los objetos propios de la ciencia, cambia la forma de interpretar los fenómenos y establece un nuevo conjunto de procedimientos metodológicos.

En el Prefacio de la obra, Kuhn relata al lector el particular conjunto de circunstancias que le llevó a interesarse por la historia de la ciencia y a elaborar el concepto de «paradigma». Bajo la influencia de estudiosos como Alexandre Koyré y Emile Meyerson, Kuhn había comenzado a reflexionar sobre la historicidad de los cánones científicos y los problemas que estos definían, dejando momentáneamente de lado la distinción entre ciencias duras o naturales y ciencias humanas. Sin embargo, en este frente se enfrentó a una dificultad: a sus ojos era evidente que, mientras que en las ciencias humanas abundaban los debates sobre los métodos y los principios, en las ciencias naturales estas cuestiones parecían constituir una especie de prehistoria:

Mientras trataba de descubrir el origen de esta diferencia —escribe Kuhn—, llegué a reconocer el papel que desempeñan en la investigación científica lo que desde entonces he llamado «paradigmas». Con este término quiero referirme a los logros científicos universalmente reconocidos que, durante un cierto período, proporcionan un modelo de problemas y soluciones aceptables para quienes se dedican a un determinado campo de investigación.3

Esta consideración contiene implicaciones interesantes que vale la pena analizar. Las ciencias naturales y las ciencias humanas, en cuanto ciencias, tienen la misma estructura formal (se basan en paradigmas); sin embargo, sus objetos son tan diferentes que pueden provocar una verdadera falta de sincronización entre ambas. Esto es precisamente lo que llamó la atención de Kuhn durante su investigación: mientras que las ciencias naturales se basaban en un marco epistemológico consolidado desde hacía tiempo, las humanas se enfrentaban a una fase de definición de nuevas reglas de cientificidad, en la que el debate sobre los principios parecía más relevante que otros tipos de investigación. Es precisamente en este frente donde podemos apreciar el poder heurístico del concepto de «paradigma»: en abstracto, define un determinado estatus de cientificidad y su historicidad específica, su ritmo peculiar de evolución. El concepto de «paradigma» es tan universal como particular: universal porque, en su forma abstracta, es válido para todas las épocas, todos los tipos de conocimiento y todas las sociedades; particular porque nos permite enmarcar la historicidad específica (la sucesión de rupturas, investigaciones, estancamientos y crisis) de una época determinada del conocimiento científico. La falta de sincronía entre la evolución del paradigma de las ciencias naturales y la del paradigma de las ciencias humanas nos dice, pues, que esta distinción formal y cualitativa está determinada ante todo por la definición de objetos distintos y campos diferenciados (que son también, si se quiere, productos de un paradigma, de una noción de cientificidad típicamente moderna4).

En La estructura de las revoluciones científicas, Kuhn se refiere en varias ocasiones, a modo de ejemplo, a diversos casos de ruptura científica. Entre ellos figuran Copérnico, Galileo, Newton, la teoría de la relatividad de Einstein, Darwin y Lavoisier. Si la importancia de los cinco primeros nombres es evidente y muy conocida incluso por el sentido común, la del sexto, lejos de representar una excepción en la serie, es sin embargo más peculiar. Cuando se habla de revolución científica, el nombre de Lavoisier no es sin duda uno de los primeros que viene a la mente. La propia presencia de Lavoisier, su confrontación con Priestley que le llevó a descubrir el oxígeno, es mucho más rara en la literatura que la de Einstein, Darwin, Copérnico, Galileo o Newton. Sin embargo, examinando minuciosamente las fuentes, se puede definir un itinerario (o mejor dicho, una constelación) de referencias muy particulares que, dada su relevancia y coherencia, pueden conferir al descubrimiento del oxígeno por parte de Lavoisier el estatus de «caso paradigmático»5.

2. Engels: del flogisto al oxígeno, del excedente al plusvalor

En el Prefacio al segundo libro de El capital, Engels, tras explicar al lector los criterios editoriales seguidos para preparar la edición definitiva del volumen, considera oportuno rechazar una acusación cada vez más «difundida por los representantes del socialismo alemán de la cátedra y del Estado y por sus seguidores»: la acusación es que «Marx ha cometido un plagio en detrimento de Rodbertus6.

¿Qué le habría robado Marx a Rodbertus? Nada menos que el concepto de plusvalía. La defensa de la autonomía de Marx con respecto a Rodbertus permite a Engels entrar en detalle sobre lo que, a sus ojos, representa el descubrimiento científico trascendental de la crítica de la economía política de Marx: el concepto de plusvalía. Siguiendo este razonamiento, Engels consigue convertir una cuestión de actualidad teórico-política (la idea de un supuesto plagio de Marx a Rodbertus defendida por muchos socialistas alemanes) en una cuestión más propiamente científica, que requiere un examen profundo de la historia del pensamiento económico clásico. Para Engels, de hecho, «la humanidad capitalista lleva ya varios siglos produciendo plusvalía y, poco a poco, ha llegado a formarse una idea sobre su origen»7. Antes de Rodbertus, encontramos, por tanto, a estudiosos como Adam Smith y David Ricardo. Y si se observan las cosas más de cerca, según Engels, se puede ver claramente que Rodbertus no es más que otro defensor de una especie de socialismo ricardiano. Por lo tanto, no ha comprendido los rasgos fundamentales de la crítica marxista, su verdadero alcance científico, y ha quedado atrapado en las categorías dadas por la economía política sin poder avanzar más (es decir, hacia la crítica). Llegados a este punto, corresponde finalmente a Engels la tarea de explicar qué hay de nuevo en la teoría de la plusvalía de Marx. Para ello, considera útil establecer un paralelismo entre la historia del pensamiento económico y la de la química:

La historia de la química nos ofrece un ejemplo útil. A finales del siglo pasado dominaba, como es sabido, la teoría del flogisto, según la cual la esencia de toda combustión consistía en que del cuerpo comburente se separaba otro cuerpo hipotético, una materia combustible absoluta, que se designaba con el nombre de flogisto. Esta teoría lograba explicar la mayoría de los fenómenos químicos conocidos entonces, aunque en muchos casos no sin cierta violencia. Ahora bien, en 1774 Priestley describió una especie de aire «que le pareció tan puro, es decir, tan libre de flogisto, que el aire común parecía más corrupto en comparación». Lo llamó aire desflogistificado. Poco después, Scheele, en Suecia, describió el mismo tipo de aire y demostró su presencia en la atmósfera. También descubrió que desaparecía si se quemaba un cuerpo en ella o en el aire común, por lo que la llamó aire de fuego. «De estos resultados llegó a la conclusión de que la combinación que surge de la unión del flogisto con uno de los componentes del aire» (es decir, de la combustión) «no es más que fuego o calor, que se escapa a través del vidrio». Tanto Priestley como Scheele habían descrito el oxígeno, pero no sabían lo que tenían entre manos. «Seguían prisioneros de las categorías «flogísticas» tal y como las habían encontrado, bellas y acabadas». El elemento que iba a derribar toda la concepción flogística y revolucionar la química había caído infructuosamente en sus manos. Pero Priestley comunicó inmediatamente su descubrimiento a Lavoisier en París, y Lavoisier, disponiendo de este nuevo dato, sometió a examen toda la química flogística y descubrió que esta especie de aire era un nuevo elemento químico y que, en la combustión, no se desprende del cuerpo comburente el misterioso flogisto, sino que este nuevo elemento se combina con el cuerpo; así fue él quien puso en pie toda la química, que en su forma filosófica estaba patas arriba. Y aunque no describió, como más tarde pretendió, el oxígeno al mismo tiempo que los demás y independientemente de ellos, sigue siendo el verdadero descubridor del oxígeno frente a esos dos, que se limitaron a describirlo sin sospechar en lo más mínimo lo que habían descrito.8

En este episodio de la historia de la química, tal y como lo cuenta Engels, podemos encontrar un caso ejemplar de ruptura científica. En palabras de Kuhn, podríamos decir que el paradigma del flogisto no consigue resolver progresivamente ciertas anomalías con sus propios medios; las anomalías encontradas ya no son simples rompecabezas de la teoría del flogisto, sino sus propios límites objetivos; con el descubrimiento del oxígeno por Lavoisier asistimos al ocaso de la teoría flogística y a una revolución científica que cambia la historia de la química y conduce a la adopción de un nuevo paradigma. Recorriendo la historia del descubrimiento del oxígeno, Engels traza una línea divisoria cualitativa entre el paradigma flogístico y el inaugurado por Lavoisier: mientras que el primero no podía sino limitarse a describir, al carecer de las categorías adecuadas para interpretar determinados fenómenos y captar sus conexiones genético-formales immanentes, el segundo es, en cambio, capaz de descubrir un nuevo objeto y situarlo en el centro de un marco epistemológico inédito, que, por fin, es capaz de explicar las razones y los procesos de esos fenómenos, que el paradigma flogístico no había logrado explicar sin forzar su propia naturaleza.

Análogo es el caso del descubrimiento marxista de la plusvalía. Engels continúa, de hecho:

Como Lavoisier con respecto a Priestley y Scheele, así es Marx con respecto a sus predecesores en lo que se refiere a la teoría de la plusvalía. La existencia de la parte del valor de los productos que ahora llamamos plusvalía había sido establecida mucho antes que Marx; con mayor o menor claridad, también se había expresado en qué consistía, es decir, en el producto del trabajo por el que quien se lo apropia no ha pagado ningún equivalente. Pero no se iba más allá. Unos —los economistas burgueses clásicos— investigaban a lo sumo la relación de magnitud según la cual el producto del trabajo se reparte entre el trabajador y el poseedor de los medios de producción. Los otros —los socialistas— consideraban injusta esta distribución y trataban de eliminar la injusticia con medios utópicos. Ambos permanecían prisioneros de las categorías económicas tal y como las habían encontrado. Aquí interviene Marx. Y en oposición directa con todos sus predecesores. Donde ellos veían una solución, él solo veía un problema. Él vio que aquí ya no había aire desflogistificado ni aire de fuego, sino oxígeno, que no se trataba de la mera constatación de un hecho económico, ni del conflicto de este hecho con la justicia eterna y la verdadera moral. Basándose en este hecho, examinó todas las categorías ya encontradas, como Lavoisier, basándose en el oxígeno, había examinado las categorías ya existentes de la química flogística.9

Como subraya Engels, mientras que los economistas clásicos, por un lado, y los socialistas utópicos, por otro, veían un excedente genérico adhiriéndose a un marco teórico que no podía sino limitarse al registro empírico superficial de datos y a su consiguiente naturalización histórico-social, Marx, en cambio, ve un concepto nuevo: la plusvalía. Siguiendo el análisis de Engels, parece que la cuestión de la plusvalía es al mismo tiempo un resultado epistemológico heurísticamente productivo y un supuesto objetivo capaz de fundar la autonomía teórica de la crítica de la economía política con respecto al pensamiento económico clásico y al socialismo utópico.

Más adelante volveremos sobre este doble aspecto del descubrimiento marxista de la plusvalía. Mientras tanto, completemos nuestra serie de fuentes convergentes sobre la relación entre la revolución científica de Lavoisier y la de Marx.

3. Althusser: las consecuencias teóricas del paralelismo de Engels entre Marx y Lavoisier

«Para comprender a Marx, debemos tratarlo como a un científico entre otros y aplicar a su obra científica los mismos conceptos epistemológicos e históricos que aplicamos a los demás: en este caso concreto, a Lavoisier. Marx aparece así como un fundador de la ciencia, comparable a Galileo y Lavoisier»10. Con estas palabras, en 1965, Louis Althusser comenta el paralelismo engelsiano entre Marx y Lavoisier en un ensayo contenido en Leer el capital. A los ojos del filósofo francés, las páginas del Prefacio de Engels permiten captar otros aspectos epistemológicamente cruciales de la «fundación científica»11 inaugurada por Marx. En concreto, según Althusser, Engels:

a) nos indica la naturaleza de la ruptura teórica marxiana y las modalidades de su desarrollo;

b) muestra que el descubrimiento marxiano de la plusvalía no es ni la «pura y simple constatación de un hecho económico»12, ni un descubrimiento eminentemente subjetivo. No se trataría, en efecto, de un cambio inmediato o arbitrario de perspectiva, sino de una verdadera y propia inversión de la objetividad teórica del modo de producción capitalista.

Para Althusser, por lo tanto, Engels nos muestra cómo Marx no opera una simple inversión correctiva del método de la economía política, sino un cambio radical de paradigma (o «ruptura epistemológica») centrado en el descubrimiento teórico de un nuevo objeto. Este nuevo objeto no es otra cosa que la plusvalía. Sin embargo, los efectos epistemológicos de este descubrimiento han sido todo menos limitados: la plusvalía permite preparar nuevas lentes para hacer visible lo que antes era invisible13. La novedad del objeto garantiza, por tanto, una nueva legibilidad de la realidad; o, en otras palabras, abre una nueva problemática teórica y un nuevo campo de investigación a partir del cual se puede descubrir (y no simplemente describir) una nueva realidad. A esta realidad Marx le dará un nombre bien definido en El capital: el modo de producción capitalista.

Para Althusser, por lo tanto, la ciencia de Marx es revolucionaria porque define un nuevo objeto y lo hace a través de la crítica de un saber (la economía política), que se muestra incapaz de definir el campo de visibilidad de ese objeto. La verdadera diferencia específica entre Marx y la economía política, por lo tanto, se juega toda en el nivel del concepto de plusvalía.

A partir de esta constatación, según Althusser, es posible emprender una nueva lectura antihistoricista de Marx y de su obra. La especificidad histórica del modo de producción capitalista es el resultado de un montaje que se da en el plano del análisis de un objeto teórico específico: la naturalización y la eternización de las categorías económicas operadas por la economía política no se superan historicizando inmediatamente esas mismas categorías, sino cambiando radicalmente su peso específico y su incidencia dentro de una estructura epistemológica inédita, alternativa, revolucionaria14. La misma representación tradicional del llamado «materialismo histórico» debería, en este sentido, someterse a una profunda revisión: el punto de ruptura introducido por Marx, señala Althusser, no es tanto haber asignado la primacía a la producción, sino haber reestructurado el concepto de producción adaptándolo al conocimiento de su propio objeto y haber demostrado, en consecuencia, la inconsistencia epistemológica del objeto definido por la economía política15.

Estas son las profundas consecuencias teóricas que Althusser es capaz de extraer del paralelismo engelsiano entre el descubrimiento del oxígeno por Lavoisier y el de la plusvalía por Marx.

4. Kuhn, Engels, Althusser: una pista a seguir

Kuhn, Engels, Althusser. Tres estudiosos sin duda diferentes, pero que hemos acercado aquí a la luz de una particular afinidad temática relacionada con la lógica del descubrimiento científico y su relación con el planteamiento de la crítica de la economía política de Marx. El descubrimiento del oxígeno por Lavoisier, mencionado en varias ocasiones por Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, es considerado por Engels un analogon del descubrimiento marxista de la plusvalía; Althusser, por su parte, como hemos visto, reconoce a las consideraciones de Engels una importancia teórica crucial para emprender una nueva interpretación antihistoricista de la filosofía de Marx basada en el reconocimiento del carácter revolucionario (de ruptura epistemológica) de su ciencia: la crítica de la economía política. Por último, la parentela entre Kuhn y Althusser no necesita casi explicación. A pesar de tener influencias teóricas diferentes (pero no incompatibles), tanto Kuhn como Althusser se inspiran en exigencias teóricas similares y mutuamente integrables. Véanse, a este respecto, los siguientes pasajes, el primero de Kuhn, el segundo de Althusser:

La historia, si se considerara algo más que un depósito de anécdotas o una cronología, podría producir una transformación decisiva de la imagen de la ciencia que nos domina.16

La comprensión de Marx del mecanismo de su descubrimiento, de la naturaleza de la ruptura epistemológica que inaugura su fundación científica, nos remite, por lo tanto, a los conceptos de una teoría general de la historia de las ciencias, capaz de pensar la esencia de estos acontecimientos teóricos. Que esta teoría general aún no exista más que como proyecto o que ya haya tomado forma parcialmente es una cosa; que esta teoría sea absolutamente indispensable para el estudio de Marx es otra. El camino que Engels nos muestra al hacer lo que hace es un camino que hay que seguir a toda costa: no es otro que el camino de la filosofía fundada por Marx en el acto mismo de la fundación de la ciencia de la historia.17

Dos pasos que parecen remitirse estrechamente el uno al otro. En el centro de ambos se encuentra la necesidad de entender de una nueva manera la ciencia y la historiografía de los descubrimientos que han cambiado profundamente su historia. La cita de Althusser nos sugiere, además, que si, por un lado, se estaba elaborando una nueva forma de hacer historia de la ciencia (la referencia es muy probablemente a Bachelard, pero puede extenderse también al propio Kuhn), por otro lado, un intento similar aún no se había centrado en la revolución científica de Marx. Althusser sugiere que el puente entre estos dos frentes sería el Prefacio de Engels al segundo libro de El capital. A lo largo de este sutil hilo conductor podemos entrelazar los nombres de Kuhn, Engels y Althusser. A partir de ahí podemos formular una serie de preguntas, cuya problemática no está nada lejos de nuestro presente: ¿puede considerarse la crítica de la economía política de Marx como una revolución científica, un cambio de paradigma? Si es así, ¿qué forma de lógica del descubrimiento sustenta su estructura? ¿Qué parentescos hay en ella con los cambios paradigmáticos de las ciencias naturales del siglo XIX?

Solo es posible responder a estas preguntas volviendo a examinar algunos matices (aunque nada marginales) de la ciencia marxiana.

5. Marx y las ciencias del siglo XIX

Sobre todo […] tres grandes descubrimientos han hecho avanzar a pasos agigantados nuestro conocimiento de la relación entre los procesos naturales. El primero es el descubrimiento de la célula como unidad, a partir de cuya multiplicación y diferenciación se desarrolla todo el organismo vegetal y animal, de modo que no solo se ha reconocido que la evolución y el crecimiento de todos los organismos superiores siguen una única ley general, sino que también se ha demostrado que la capacidad de transformación de la célula es la vía a través de la cual los organismos pueden modificar su especie y llevar a cabo una evolución no solo individual. El segundo es la transformación de la energía, que nos ha demostrado cómo todas las llamadas fuerzas activas en la naturaleza inorgánica, la fuerza mecánica y su complemento, la llamada energía potencial, el calor, la radiación (luz y radiación calorífica, respectivamente), la electricidad, el magnetismo, la energía química, son manifestaciones diferentes del movimiento universal, las cuales, cuando se encuentran en determinadas relaciones, se transforman unas en otras, de modo que, cuando desaparece una cantidad de una, reaparece una cantidad determinada en otra, y todo el movimiento de la naturaleza se reduce a este proceso ininterrumpido de transformación de una forma en otra. Finalmente, la demostración dada por primera vez de manera orgánica por Darwin de que el conjunto de los productos de la naturaleza orgánica que nos rodea, incluidos los seres humanos, es el producto de un largo proceso de evolución a partir de unos pocos gérmenes unicelulares originales, que a su vez derivan de un protoplasma o sustancia albuminoide surgida químicamente.18

Con estas palabras, Engels, en su obra Ludwig Feuerbach y el punto de llegada del idealismo alemán, pone de relieve lo que, a su juicio, representaron los descubrimientos científicos más importantes del siglo XIX: la teoría celular, la teoría de la transformación de la energía, el transformismo o evolucionismo de Darwin. Según Engels, se trata de tres descubrimientos cruciales porque liberaron al materialismo moderno de los escollos de un empirismo basado en el registro estático de los fenómenos; las teorías de la célula, de la energía y de la evolución lograron, de hecho: comprender las relaciones uno-todo (relaciones orgánicas), definir las leyes peculiares de transformación y tendencia en sus respectivos campos, y poner de relieve la historicidad (o temporalidad) específica del cambio. Sin compartir necesariamente el marco de la dialéctica de la naturaleza de Engels, podemos sin embargo destacar la importancia de estas consideraciones para el camino que estamos recorriendo. Pueden ayudarnos a esclarecer algunos aspectos particulares de la ciencia marxista. Esto es lo que ha sostenido, por ejemplo, Bob Jessop en un artículo reciente, muy profundo e interesante. Según Jessop, muchos marxistas, siguiendo las indicaciones de Engels y basándose en el hecho de que, en materia de ciencias naturales, Marx dependía mucho de los consejos de su amigo y colaborador de toda la vida, han tratado de subrayar la influencia que la termodinámica y el darwinismo ejercieron en la elaboración teórica del Marx maduro. Desde este punto de vista, la biología celular ha quedado un poco en segundo plano. Esto se debe, sugiere Jessop, a que la analogía entre la crítica de la economía política y la citología: a) no se aplica exactamente ni al plano del método de investigación ni al de la exposición; b) tiene límites específicos y ejerce una influencia subterránea en la construcción teórica de Marx.

6. De los Grundrisse al Capital: la búsqueda de la exposición científicamente correcta

Por otra parte, es el propio Marx quien connota los contornos metodológicos de su crítica de la economía política con una terminología a menudo tomada de las ciencias naturales19. Esto ocurre desde el principio, a partir de esa especie de «discurso sobre el método», que constituye una parte muy importante de la Einleitung de 1857. Aquí, de hecho, Marx, en el curso de la definición de los modos adecuados para definir una «anatomía materialista» de la sociedad civil, escribe:

Parece correcto comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto efectivo; así, por ejemplo, en la economía, por la población, que es la base y el sujeto de todo el acto social de producción. Pero, a un examen más atento, esto resulta falso. La población es una abstracción si omito, por ejemplo, las clases que la componen. Y las clases, a su vez, son una palabra sin sentido si no conozco los elementos en los que se basan, por ejemplo, el trabajo asalariado, el capital, etc. Y estos presuponen el intercambio, la división del trabajo, los precios, etc. El capital, por ejemplo, no significa nada sin el trabajo asalariado, sin el valor, el dinero, el precio, etc. Si empezara, pues, por la población, tendría una representación caótica del conjunto y, precisando más de cerca, llegaría analíticamente a conceptos cada vez más simples; de lo concreto representado, a abstracciones cada vez más sutiles, hasta llegar a las determinaciones más simples. A partir de ahí, habría que emprender de nuevo el viaje a la inversa, hasta llegar finalmente de nuevo a la población, pero esta vez no como una representación caótica de un conjunto, sino como una totalidad rica, compuesta de muchas determinaciones y relaciones. El primer camino es el que ha seguido históricamente la economía política desde sus orígenes. Los economistas del siglo XVII, por ejemplo, siempre parten del conjunto vivo, de la población, la nación, el Estado, varios Estados, etc., pero siempre terminan encontrando, mediante el análisis, algunas relaciones determinantes generales y abstractas, como la división del trabajo, el dinero, el valor, etc. Tan pronto como estos momentos individuales quedaron más o menos fijados y abstraídos, comenzaron los sistemas económicos que, partiendo de lo simple —como el trabajo, la división del trabajo, la necesidad, el valor de cambio—, ascendían hasta el Estado, el intercambio entre naciones y el mercado mundial. Este último es, claramente, el método científicamente correcto. Lo concreto es concreto porque es síntesis de muchas determinaciones, por lo tanto, unidad de lo múltiple. Por eso, en el pensamiento se presenta como un proceso de síntesis, como resultado y no como punto de partida, aunque sea el punto de partida efectivo y, por lo tanto, también el punto de partida de la intuición y de la representación.20

Marx muestra aquí la alternativa entre dos métodos de exposición: el que desciende de lo particular a lo general y el que, en virtud de abstracciones particulares, sigue el camino inverso. El primer camino es el seguido por la economía política en sus inicios, el segundo es el característico de la economía política clásica. El segundo camino, además, es el que Marx de 1857 considera «científicamente correcto». Sin embargo, precisa Jessop, si miramos El capital, Marx no sigue exactamente este método. En la exposición de 1867, la crítica de la economía política de Marx se diferencia de las dos vías seguidas por la economía política (la clásica y la anterior) porque:

a) identifica como punto de partida el elemento morfológico fundamental, que es también el germen de todos los desarrollos posteriores del proceso de reproducción de la relación capitalista;

b) considera «la forma elemental»21 como su objeto inicial;

c) sigue un desarrollo lógico-histórico particular según el cual el elemento más simple se considera el supuesto-puesto del proceso dialéctico del capital22.

La mercancía, por lo tanto, es esta forma elemental y, en consecuencia, también el punto de partida correcto de la exposición. Es ese elemento simple pero, al mismo tiempo, denso de contenidos y determinaciones, a partir de cuya «anatomía microscópica»23 se puede obtener el análisis científico y estructural del capital entendido como un todo. Se trata de un resultado metodológico que Marx va aclarando progresivamente en su complejo y articulado trabajo de puesta a punto del modo de exposición científicamente correcto de la crítica de la economía política. Se trata de una adquisición teórica que encuentra su expresión completa en las primeras páginas del primer volumen de El capital y que Marx considera un aspecto fundamental de su ciencia24.

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿por qué la mercancía? Como escribió Roberto Fineschi:

por al menos dos razones: 1) Se ha visto que no se puede partir del contenido abstracto, ya que es ahistórico; sin embargo, la consideración de la forma sin el contenido es en sí misma una abstracción intelectual, ya que siempre es forma de un contenido: la realidad de estas categorías no puede existir en la separación. La célula económica debe expresar, pues, al mismo tiempo el carácter universal del contenido y la determinación formal que este adquiere en el modo de producción capitalista. La mercancía parece responder a estas exigencias. 2) Representar al nivel más abstracto posible la unidad de contenido material y forma social no es, sin embargo, suficiente para caracterizar la célula económica: esta debe contener, potencialmente, en sí misma, la exposición de toda la teoría del capital. […] Esta es la segunda premisa metodológica fundamental. Célula precisamente porque posee el código genético, desde un punto de vista lógico, de la totalidad «modo de producción capitalista».25

La «forma mercantil del producto del trabajo» como «forma económica celular»26 del modo de producción capitalista es el descubrimiento que permite poner de relieve la diferencia específica entre la crítica de la economía política de Marx y los métodos seguidos, respectivamente, por la primera economía política y la economía política clásica. En la exposición marxiana se produce una combinación única de análisis lógico o genético-formal, que procede por fuerza de abstracción, y análisis genético-histórico (apto para definir la historicidad diferencial del capitalismo). A lo largo de la exposición se produce un entrelazamiento entre estas dos dimensiones y las tendencias definidas en el plano lógico terminan por encontrar su expresión en los fenómenos capitalistas tal y como se producen en la superficie de la sociedad.

Llegados a este punto, una vez identificada la importancia epistemológica y la no gratuidad de la analogía entre la forma mercantil y la forma celular, queda por preguntarnos por qué caminos llegó Marx a ella. En otras palabras: ¿qué ocurrió entre 1857 y 1867? ¿Qué influencias o experiencias teóricas determinaron esa autonomía metodológica de la crítica marxiana respecto a la economía política clásica, que hemos visto cristalizar en la imagen de la mercancía como forma celular del modo de producción capitalista y punto de partida necesario de la exposición crítica?

7. Marx se enfrenta a la anatomía, la fisiología y la citología

En una carta de julio de 1858, Engels pone a Marx al corriente de algunas de sus consideraciones sobre la teoría celular moderna, formulando un interesante paralelismo con la lógica hegeliana: «Todo es célula. La célula es el ser en sí de Hegel, y en el nuevo desarrollo se desarrolla exactamente a través del proceso indicado por Hegel, hasta que se desarrolla la «idea», el organismo cada vez más perfecto»27. Una vez más, vale la pena precisar que poco importa el marco teórico en el que el propio Engels tendrá ocasión de desarrollar consideraciones similares. La cuestión que hay que plantearse aquí es más bien si sugerencias teóricas de este tipo pudieron encontrar en Marx un interlocutor interesado y, más aún, si Marx no las desarrolló posteriormente de forma autónoma, insertándolas en su propio itinerario de investigación. En otras palabras, para utilizar una vez más el léxico de Kuhn, podríamos preguntarnos si las consideraciones de Engels pudieron presentar a los ojos de Marx una serie de anomalías o cuestiones teóricas, cuya resolución habría llevado necesariamente al abandono de una dialéctica de la naturaleza reformulada abstractamente según el canon hegeliano y hacia la llegada a un paradigma epistemológico diferente, capaz de resolver cuestiones similares en un nuevo horizonte problemático.

No parece haber ninguna duda de que las consideraciones de Engels despertaron el interés de Marx. De hecho, en una carta del 4 de julio de 1864, Marx informa a Engels de que se ha puesto a leer obras de fisiología y biología celular: «En este tiempo, al ser totalmente incapaz de trabajar, he leído: Carpenter, Fisiología; Lord, Istología; Spur- zheim, Anatomía del cerebro y del sistema nervioso; Schwann y Schleiden, sobre la mierda de las células»28.

La intención expresada por Marx en esta carta parece ser la de intentar adentrarse en el ámbito de ciencias como la anatomía, la fisiología y la citología. Todo ello nos lleva a pensar que el uso de analogías científicas en El capital no puede ser ni casual ni gratuito, sino teóricamente significativo. Entre las diversas analogías encontramos la que existe entre la forma celular y la forma mercantil. De ella, como ya se ha señalado, parte toda la construcción de El Capital. Marx la introduce en el Prefacio a la primera edición en un contexto significativo, que evoca cuestiones importantes tanto en el plano del contenido (el análisis de la forma valor) como en el del método (el problema del comienzo). La economía política clásica, escribe Marx en estas páginas, ha hablado de valor, intercambio, dinero; ha comprendido que el análisis debía centrarse en categorías similares. Pero, continúa Marx, «la forma de valor», tomada en su inmediatez, «es muy pobre en contenido y simple»29. Que la simplicidad y la pobreza de contenido de la forma de valor son solo aparentes se puede ver al constatar que «en vano, durante más de 2000 años, el espíritu humano ha tratado de sondearla a fondo, mientras que, por otra parte, el análisis de formas mucho más ricas en contenido y mucho más complicadas ha tenido, al menos aproximadamente, éxito»30. La pobreza de contenido, por lo tanto, no puede tomarse a la ligera. Lo que es pobre en contenido requiere un mayor esfuerzo en el plano de la abstracción, una investigación estructural más atenta capaz de definir su determinación formal específica. Pero, se pregunta Marx en este punto, ¿por qué a veces lo que es más complicado y rico en contenido es más fácil de analizar?

Porque el cuerpo ya formado es más fácil de estudiar que la célula del cuerpo. […] En lo que respecta a la sociedad burguesa, la forma mercantil del producto del trabajo, o la forma de valor de la mercancía, es precisamente la forma económica celular. Para la persona inculta, el análisis de esta forma parece moverse entre sutilezas puras y simples, y de hecho se trata de sutilezas, solo que son sutilezas como las de la anatomía microscópica.31

Aquí a Marx le gusta jugar con las palabras y los dobles sentidos: lo que parece una sutileza es realmente una sutileza, pero «sutileza» debe entenderse no en sentido axiológico, sino en sentido meramente cuantitativo (algo microscópico, pero en absoluto marginal). Para leer las sutilezas hay que ponerse las lentes adecuadas: el análisis microscópico permite captar el peso específico real de la forma de valor en lo «sensiblemente suprasensible»32 de la forma mercancía. Es en este marco teórico donde encuentra su fundamento la analogía entre la forma celular y la forma mercancía. La «inmensa acumulación de mercancías» en la que se manifiesta la riqueza en el modo de producción capitalista encuentra en la mercancía individual su «forma elemental»33. Así como la forma celular atraviesa la constitución de un organismo y, sobre la base de la lógica que rige las relaciones entre las células, determina sus condiciones de posibilidad, sus tendencias y sus mecanismos reproductivos, la forma mercancía actúa de la misma manera dentro del modo de producción capitalista³⁴.

Evidentemente, como se pondrá de manifiesto más adelante, esta analogía tiene sus límites. No debe entenderse en sentido reduccionista o fisicalista. Lo que nos interesa aquí es examinar si la biología celular pudo haber proporcionado a Marx un modelo epistemológico adecuado para determinar la consistencia teórica de la forma mercancía en el curso de la búsqueda de la exposición científicamente correcta de su crítica de la economía política y, en consecuencia, para llegar al encuadramiento y la deducción adecuada de su descubrimiento fundamental: la plusvalía.

8. La influencia subterránea de la citología en El capital

Podemos volver a referirnos a Jessop, quien, en el artículo ya citado, puso de relieve una serie de correspondencias teóricas entre los fundamentos de la teoría celular moderna y algunos aspectos de la crítica de la economía política de Marx. En las obras de estudiosos como Theodor Schwann y Rudolf Virchow, los dos padres de la teoría celular moderna, podemos extraer, según Jessop, los siguientes principios teóricos fundamentales:

1) todos los organismos vivos están compuestos por una o más células, y la célula puede considerarse el elemento morfológico fundamental de toda manifestación orgánica;

2) la célula es la unidad vital más simple y fundamental;

3) las células llevan una vida independiente que, al menos en los animales, está determinada por la estructura del organismo más amplio del que forman parte;

4) todas las células derivan de otras células;

5) la reproducción de las células depende del intercambio metabólico del organismo vivo con el entorno, un intercambio que convierte los nutrientes en la energía necesaria para gestionar los procesos celulares, crear estructuras celulares y eliminar los desechos;

6) las células embrionarias se diferencian en otros tipos de células, generando construcciones más articuladas y complejas (tejidos, órganos, etc.), que componen el organismo vivo.

Según Jessop, estos seis principios encuentran su reflejo, consciente o inconsciente, en el análisis marxista de la mercancía, de los momentos de la forma de valor, de la circulación del capital, así como de otros factores que caracterizan las relaciones capitalistas:

1) todo el organismo vivo del modo de producción capitalista depende del montaje dinámico de aquellos elementos formales que estructuran la forma-mercancía (sobre todo, la forma-valor) en un conjunto de relaciones más complejas y ricas en contenido;

2) la unidad fundamental de la forma-valor es la forma-mercancía, que es también la célula económica del modo de producción capitalista;

3) las mercancías llevan una vida propia e independiente, cuyos márgenes de operatividad están sobredeterminados por el «lugar» y la función que ocupan dentro de la macroestructura de la que forman parte: el modo de producción capitalista; las mercancías son, al mismo tiempo, el presuppuesto y el lugar de la reproducción capitalista35;

4) toda mercancía deriva de otra mercancía36;

5) la producción, la distribución y el intercambio son procesos metabólicos interdependientes37;

6) las contradicciones que se dan a nivel «embrionario» en la célula-mercancía considerada en su simplicidad generan nuevos desarrollos y determinaciones en los que se expresa y renueva la relación de capital38.

Ahora se comprende la importancia que Marx atribuía al análisis microscópico de la célula económica del modo de producción capitalista, la forma mercancía. De un análisis de este tipo, en efecto, es posible derivar los elementos constitutivos de la relación capitalista de producción: presupuestos, resultados, límites, tendencias reproductivas. Es precisamente a partir de este tipo de análisis que es posible articular el paso de la mercancía y la forma valor al plusvalor y su producción, que se da en el proceso de trabajo. Partiendo del análisis de la dualidad de la forma mercancía, Marx pasa al de la forma valor: x mercancía A (forma relativa) = y mercancía B (forma equivalente). Dejando aquí de lado una serie de pasos particularmente analíticos, pasamos a la expresión de la forma de valor total o desplegada en la que se presenta la metamorfosis global de las mercancías a escala universal:

x mercancía A = y mercancía B = u mercancía C = v mercancía D, etc.

En este proceso se activa una especie de competencia entre las mercancías para representar la forma de equivalente. Cada una de ellas debe negar siempre y en todo caso su forma particular de mercancía (es decir, negarse a sí misma como valor de uso) para responder a la función de forma de equivalente, que no puede ser consumida, sino que permanece constantemente en circulación. Siguiendo este camino, Marx logra deducir la forma-dinero de la forma-mercancía: el dinero no es más que una mercancía que ha abolido su carácter de forma relativa para asumir únicamente el de equivalente universal. El dinero se convierte así en el medio a través del cual la forma de valor de las mercancías logra expresarse cuantitativamente.

Esta génesis de la forma-dinero a partir de la forma-mercancía es lo que la economía política no ha sabido captar. De hecho, la economía política se ha quedado atrapada en la apariencia social fetichista, según la cual el dinero se presenta como algo autónomo y natural; no ha captado el proceso de autonomización que hay detrás. El análisis microscópico de Marx, en cambio, ha logrado reconstruir ese «movimiento de mediación [que] desaparece en su propio resultado y no deja huellas tras de sí»39.

En el plano de la esfera de la circulación, el dinero representa la primera forma en que se plantea el capital, pero esto depende ante todo de la función que asume en la propia circulación. Para ser capital, en efecto, el dinero necesita plantearse no solo como punto inicial, sino también como telos autovalorizante del proceso de intercambio:

La forma completa de este proceso —escribe Marx— es, por lo tanto, D — M — D’, donde D’ = D + DD, es decir, igual a la suma del dinero anticipado originalmente más un incremento. A este incremento, o excedente sobre el valor original, lo llamo plusvalía (surplus value). Así, el valor anticipado originalmente no solo se conserva en la circulación, sino que en ella modifica su magnitud de valor, añade un plusvalor, es decir, se valoriza. Y este movimiento lo transforma en capital.40

El capital es valor en proceso, que se renueva y aumenta sobre bases procesuales. Comprender las condiciones de su aumento significa comprender la constitución de ese D y, por lo tanto, deducir la constitución del plusvalor. Tal constitución, sostiene Marx, no puede «explicarse ni por el hecho de que los vendedores vendan las mercancías por encima de su valor, ni por el hecho de que los compradores las compren por debajo de su valor»41. Esto significa que la génesis formal de la plusvalía no puede explicarse en el plano de la circulación. En la circulación no se genera la plusvalía, sino solo la condición estructural para su producción: la compra de fuerza de trabajo. Solo exprimiendo esta fuerza de trabajo produce el capital plusvalía.

La red de conexiones conceptuales que, partiendo de la forma mercancía, pasando por la forma valor, llega a la plusvalía y a las condiciones de su producción, es resumida por Marx en estos términos:

Ahora conocemos las modalidades en que se determina el valor que paga el poseedor del dinero al poseedor de esta mercancía peculiar, la mano de obra. El valor de uso que este último recibe en el intercambio solo se manifiesta en el uso efectivo, en el proceso de consumo de la mano de obra. Todo lo necesario para este proceso, como la materia prima, etc., lo compra con dinero en el mercado de mercancías y lo paga a su precio completo. El proceso de consumo de la fuerza de trabajo es, al mismo tiempo, proceso de producción de mercancía y plusvalía. El consumo de la fuerza de trabajo, como el consumo de cualquier otra mercancía, se realiza fuera del mercado, es decir, fuera de la esfera de la circulación. Abandonemos, pues, junto con el poseedor del dinero y el poseedor de la fuerza de trabajo, esta ruidosa esfera, que se encuentra en la superficie y es visible para todos, para seguirles a ambos al oculto laboratorio de la producción, en cuya puerta se lee: no admittence except on business. Aquí se mostrará no solo cómo produce el capital, sino también cómo se produce. El arcano de cómo se produce la plusvalía debe finalmente revelarse.42

Solo así se puede explicar el excedente genérico como plusvalía. Marx ejerce así su crítica inmanente de la economía política: capta las causas del «descuido» de la economía política y, al mismo tiempo, prepara lentes capaces de garantizar una nueva legibilidad de los procesos capitalistas y de arrojar sobre ellos una luz completamente nueva, con lo que acaba fundando una nueva problemática, un nuevo objeto de conocimiento43.

9. Las leyes naturales del fetichismo capitalista

Hasta ahora hemos recorrido el itinerario teórico del descubrimiento de la plusvalía. Este se ha desarrollado a partir del análisis microscópico de la mercancía. La analogía entre la forma celular y la forma mercantil ha constituido el marco constitutivo fundamental de la exposición marxiana. Un marco que, como hemos visto, no puede considerarse puramente metafórico o gratuito, sino epistemológicamente significativo. Obviamente, como ya se ha anticipado, la analogía entre la mercancía y la célula tiene sus límites objetivos. Y por «objetivos» se entienden precisamente los límites que tienen que ver con el objeto mismo de la ciencia. A diferencia de la forma celular, la forma mercantil es históricamente específica: no es válida para todos los organismos sociales, sino solo para el modo de producción capitalista. Además, es portadora de una serie de contradicciones que definen límites muy peculiares: las crisis capitalistas. Se trata de diferencias muy importantes, que nos acosan y nos invitan a plantear la pregunta fundamental: ¿por qué entonces, a pesar de estas diferencias objetivas, la analogía entre la célula y la forma mercancía parece funcionar tan bien en el plano científico? Si el objetivo de Marx era, como se ha mencionado anteriormente, desmitificar las naturalizaciones de la economía política, ¿por qué utilizó una analogía tan fuertemente «naturalista»?

Simplemente porque, desde la perspectiva inmanente al modo de producción capitalista, el propio «desarrollo de la formación económica de la sociedad» se presenta «como proceso histórico-natural»44. La mistificación que se produce en la «sociedad actual»45 transforma las relaciones sociales, su historicidad y sus productos en algo natural: la «necesidad bronceada»46 con la que se presentan las leyes immanentes a la sociedad capitalista tiene verdaderamente el carácter de una ley natural, cuya consistencia inmutable actúa a espaldas de los sujetos humanos y orienta sus acciones. Que este estado de cosas pueda percibirse, en el plano ideológico, como algo injusto e inmoral, no nos ayuda a dar un paso adelante en el plano del conocimiento científico: quienes se limitan a indignarse moralmente siguen siendo «prisioneros de las categorías de la economía política»47. La naturalidad del modo de producción capitalista y de sus leyes es verdadera y falsa al mismo tiempo. Solo penetrando teóricamente en profundidad en esta naturalidad es posible comprenderla como un efecto necesario de la estructura, y no como un simple dato; captar la génesis formal del carácter aparentemente natural de las leyes capitalistas permite desmitificar su naturalidad y, al mismo tiempo, deducir su coacción en el plano de la reproducción social del modo de producción capitalista.

La raíz de la función desmitificadora de la crítica marxista reside, como es sabido, en su reconocimiento del carácter fetichista de la relación capitalista, que se revela a partir del análisis de la forma de valor:

El carácter absolutamente arcano de la forma de valor consiste […] simplemente en esto: refleja a los hombres, como en un espejo, los caracteres sociales de su trabajo como caracteres objetivos de los propios productos del trabajo, como propiedades sociales de la naturaleza de estas cosas; por lo tanto, refleja también la relación social de los productores con el trabajo total como una relación social de objetos que existe fuera de ellos. A través de este quid pro quo, los productos del trabajo se convierten en mercancías, cosas sensiblemente suprasensibles, es decir, sociales.48

La crítica de la economía política logra desmitificar el carácter natural del modo de producción capitalista precisamente al aceptar y reconocer, en un primer momento, su marco instituyente naturalizador. En este sentido, al reconocer la coexistencia solidaria de lo natural y lo antinatural en la estructura de los procesos capitalistas, la crítica marxiana se desarrolla como una crítica inmanente, en el doble sentido de que se adhiere íntimamente a su objeto y a su naturaleza, desarrollando sus polaridades dialécticas49, y de que, al no mantener una distancia demasiado nítida con respecto a él, contribuye a su inversión50.

La esencia del modo de producción capitalista se manifiesta necesariamente en el carácter natural de sus productos. La historicidad específica de la sociedad capitalista es eliminada (pero, al mismo tiempo, al ser eliminada, también se revela sintomáticamente) por su lógica específica. La crítica marxiana comprende entonces, con Hegel, que «la esencia […] no está detrás o más allá del fenómeno, sino que, en cuanto la esencia es lo que existe, la existencia es fenómeno»51.

10. Conclusiones: naturaleza social y sociedad «natural»

Partimos de las tesis expresadas por Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas para luego pasar a Engels y Althusser. De la entrelazada de estas fuentes se ha obtenido una especie de semántica del descubrimiento científico, que luego hemos centrado en el «caso paradigmático» de la superación de la teoría flogística promovida por Lavoisier y en la analogía entre esta y el descubrimiento marxiano de la plusvalía. Posteriormente, siguiendo las sugerencias de Engels y Althusser, se examinó el potencial heurístico de esta analogía y se planteó el problema de la relación epistemológica entre la crítica de la economía política y las ciencias naturales. Que esta relación no puede considerarse de absoluta extrañeza se ha visto al examinar el papel fundamental que desempeña la analogía entre la forma mercancía y la célula en la exposición científica de Marx. A pesar de las limitaciones constitutivas debidas a la diferente naturaleza del objeto al que se dedican respectivamente las categorías «mercancía» y «célula», se ha observado que la analogía parece funcionar tan bien que guía los pasos expositivos que conducen a Marx a la deducción científicamente correcta de su descubrimiento decisivo: la plusvalía. Al igual que la célula para las formas vivientes, la mercancía puede considerarse la unidad funcional del organismo «modo de producción capitalista». La mercancía, como forma social, estructura la lógica de esas relaciones sociales más complejas que explican la anatomía y la fisiología de la sociedad burguesa: en este contexto, todo está sobredeterminado por la acción social de la mercancía, incluidos los «sujetos» humanos, que aparecen en escena como compradores o vendedores, productores o consumidores de mercancías.

El estudioso marxista Bob Jessop, al que se ha hecho referencia en varias ocasiones hasta ahora, ha sostenido que la analogía marxiana entre la forma-mercancía y la célula puede representar un elemento fundamental del proceso de descubrimiento que atraviesa la exposición de El capital de Marx. A este respecto, ha hablado de una verdadera influencia subterránea ejercida por la biología celular moderna, como «descubrimiento paradigmático en las ciencias naturales»52, sobre la crítica de la economía política de Marx. Y tal vez Jessop no tenga razón. Las cuestiones que habría que replantearse son muchas, empezando, en primer lugar, por la distinción tradicional entre «ciencias del espíritu» (o ciencias humanas) y ciencias de la naturaleza. Si, como hemos señalado al principio, en el contexto de la modernidad, la historia de los dos ámbitos científicos difícilmente presenta sincronizaciones instantáneas en sus respectivos cambios paradigmáticos, hoy en día es necesario pensar esta relación de manera osmótica y menos sectaria, sin caer en reduccionismos excesivos, por un lado, o dispersarse en la galaxia interdisciplinaria de la retórica de la complejidad (una retórica que a menudo es expresión de torsiones teóricas posmodernas). Desde este punto de vista, el caso de Marx examinado en estas páginas podría desempeñar realmente un papel paradigmático. Siguiendo los desarrollos de las ciencias naturales de su tiempo, Marx adopta una posición decidida a favor de «una inmersión total de lo humano en lo natural, un rechazo radical de toda forma de antropocentrismo, de toda causalidad por libertad, de toda separación radical entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias de la historia»53. El léxico que Marx toma prestado de las ciencias naturales no presenta, en este sentido, un carácter neutral o arbitrario. Al contrario, Marx utiliza ciertas categorías, y no otras, para expresar dos tesis que se complementan mutuamente, aunque se sitúen en dos planos diferentes de la exposición: por un lado, que la naturaleza es una categoría social tanto como la sociedad es una categoría natural54; por otro lado, que es la propia sociedad capitalista la que se presenta fenomenológicamente de manera naturalista55. En este sentido, la teoría de la mercancía y su carácter fetichista, es decir, la teoría en la que se expone explícitamente la crítica inmanente del saber de la economía política, representa el marco constitutivo de un nuevo paradigma científico en el que encuentra su lugar una lógica del descubrimiento capaz de establecer nexos analógicos con las ciencias de la naturaleza.

En un mundo en el que ya es evidente la extensión de las determinaciones sociales en el plano de la naturaleza y su historicidad, es más urgente que nunca no perder de vista el proceso inverso: el carácter natural con el que los procesos sociales abstractos impuestos por el capital sobredeterminan la biosfera y su progresivo (y, cabría decir, casi inevitable) avance hacia la catástrofe56. Se trata de reflexionar sobre lo que, a primera vista, puede parecer una paradoja: es precisamente en el momento en que la sociedad, estructurada sub specie capitalistica, se plantea como autónoma, cuando adquiere el carácter de un estado de naturaleza57.

También en este frente, se trata de subrayar la ruptura paradigmática de la crítica de la economía política de Marx. Desmitificar el carácter fetichista de las relaciones capitalistas significa también cuestionar la relación entre sociedad y naturaleza en varios niveles, incluido el epistemológico. El itinerario propuesto en estas páginas, partiendo de referencias marginales, sugiere un posible camino para avanzar en esta dirección.

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Notas
1 La crítica a este tipo de enfoque teórico sigue siendo actual. Aunque es indudable que cierto historicismo ha quedado obsoleto, no han desaparecido algunas de sus variantes, que a menudo van acompañadas de una tendencia teórica antropocéntrica y vulgarmente humanista. Se trata de posiciones teóricas unilaterales y a-dialécticas, cuyos efectos negativos se cargan de una incidencia ideológica particular en nuestro presente. Un presente que, a pesar de encontrarse ante la urgencia de repensar conceptos clave como «historia», «ciencia», «sociedad», «naturaleza», parece constituido precisamente por la tendencia (bien arraigada en el sentido común) a fetichizar estos conceptos. Ante tal estado de cosas, la teoría crítica, entendida como crítica de las reificaciones, fetichizaciones y naturalizaciones immanentes a las relaciones presentes, debe recomenzar su trabajo. Y debe hacerlo centrándose también, entre otras cosas, en la interrelación entre humanismo, historicismo y teleologismo antropocéntrico, sobre la que sigue sustentándose, en palabras de Spinoza, el «asilo de la ignorancia» contemporáneo (Spinoza 2009, 51).
2 «Clásico», por tanto, en el sentido entendido por Italo Calvino: «un clásico es un libro que nunca ha terminado de decir lo que tiene que decir» (Calvino 1995, 7).
3 Kuhn (1969, 10).
4 A este respecto, pensemos, por contraste, por ejemplo, en la filosofía de Aristóteles, cuya sistematicidad remite a un único paradigma científico (fundado, en última instancia, en la ontología aristotélica) todas las ciencias y sus propias distinciones formales.
5 Se utiliza la expresión «caso paradigmático» en el mismo sentido sugerido por Carlo Ginzburg. Véase Ginzburg (2020, 285-286), donde Ginzburg hace referencia a un ensayo suyo de 1961, Stregoneria e pietà popolare. Notas sobre un proceso de Módena de 1519, recogido posteriormente en Ginzburg (1986, 4-28).
6 Engels (1968, 13).
7 Ibíd. (16).
8 Ibíd. (21-22).
9 Ibíd. (23).
10 Althusser (2006a, 229).
11 Ibidem.
12 Engels (1968, 23).
13 Es a partir del reconocimiento del concepto de plusvalía que, en el plano de la investigación, Marx analizó la raíz de las categorías y las formas económicas capitalistas partiendo del intercambio tal y como se presenta en la superficie de la sociedad burguesa: «Por un lado, pues, si una plusvalía, como podemos llamar aquí todavía a toda forma de ganancia, debe resultar del intercambio, debe haber existido ya antes del intercambio por efecto de algún acto que, sin embargo, en la fórmula D-M-D es invisible, no se puede reconocer» (Marx 2022, 23).
14 «Cuando se afirma que la economía clásica no tenía una concepción histórica, sino eternitaria, de las categorías económicas; cuando se declara que, para que estas categorías se adapten a su objeto, hay que pensarlas como históricas, se pone en primer plano el concepto de historia, o más bien un cierto concepto de historia existente en la representación común, pero sin tomar la precaución de plantearse preguntas al respecto. De este modo, en realidad, se introduce como solución un concepto que, como tal, plantea un problema teórico porque, tal y como se recibe y se asume, es un concepto no criticado y, como todos los conceptos «evidentes», corre el riesgo de tener como contenido teórico únicamente la función que le asigna la ideología existente y dominante» (Althusser 2006a, 181).
15 Véase ibíd. (233 y ss.).
16 Kuhn (1969, 16).
17 Althusser (2006a, 229).
18 Engels (1976, 60-61).
19 Cabe señalar, por cierto, que la originalidad de Marx no consiste en tomar prestados algunos elementos de las ciencias naturales. La influencia de las ciencias naturales en el pensamiento económico y social tiene su propia historia, independiente de Marx (véase Mirowski 1989). Como veremos más adelante, la originalidad de Marx, además de buscar los «préstamos» adecuados, consiste en mostrar por qué el planteamiento de las ciencias naturales muestra un importante potencial heurístico para la comprensión de los fenómenos sociales capitalistas. Sobre la relación entre Marx y las ciencias naturales de su época, véase también: Soldani (2002, cap. 3); Frison (1993).
20 Marx (1970, I, 26-27). La concreción de las abstracciones de las que parte la exposición de Marx coincide, por lo tanto, con la inmanencia de estas a la realidad del sistema. Una realidad que no puede ser reconstruida y establecida de manera arbitraria por el observador, sino que debe ser intuida y deducida en virtud de la determinación formal que caracteriza al propio sistema. Las abstracciones marxianas son, por lo tanto, abstracciones determinadas no solo históricamente, sino también sistemáticamente, debido a su adhesión a la determinación formal que fundamenta la concreción epistemológica del objeto. Además, la cuestión de la determinación formal, al situar en el centro la relación de capital en su especificidad, invierte el orden lógico de la exposición con respecto al histórico. El punto de partida de la exposición sistemática, por lo tanto, no coincide con el histórico: en la crítica de la economía política, las categorías no están dispuestas según un orden cronológico (de la más antigua a la más reciente), sino ordenadas según su disposición sincrónica en el sistema presente definido por las relaciones capitalistas. Solo así es posible recuperar las relaciones histórico-genéticas reales en el marco de la historia del capital. La prehistoria del capital es, en este sentido, un presuppuesto que este logra establecer de forma autónoma, subsumiéndola a su propia lógica. Véase al respecto: Schiavone (1978); Calabi (1976).
21 Marx (2011a, 45).
22 Véase Jessop (2019, 180).
23 Marx (2011a, 10).
24 Como se puede ver, por ejemplo, en las últimas Glosas marginales al Manual de economía política de Adolph Wagner: «El señor Wagner olvida también que para mí no son sujetos ni el «valor» ni el «valor de cambio», sino la mercancía» (Marx 1963, 168).
25 Fineschi (2021, 43-44).
26 Marx (2011a, 10).
27 Engels (1973, 352).
28 Marx (1973, 458).
29 Marx (2011a, 9-10).
30 Ibidem.
31 Ibidem.
32 Ibíd. (82).
33 Ibíd. (45).
34 «Marx presenta entonces la «mikrologische Anatomie» (donde micrológico se refiere al análisis de fenómenos a escala microscópica […]) como modelo de partida, con el fin de pasar de la mercancía como célula económica de la CMP a través del proceso de formación celular, diferenciación, repetición (reproducción simple) y crecimiento (reproducción ampliada o acumulación) para ofrecer una descripción completa de todo el organismo formado por una formación social dominada por la CMP. Dado que la microscopía no puede aplicarse al análisis de las formas sociales, debe sustituirse por «la fuerza de la abstracción» […]. La abstracción no es un procedimiento puramente lógico. Se guía por el caso inglés como el paralelo más cercano a la observación de los físicos de los procesos naturales, donde estos existen en su forma más típica (pragneste) con la menor perturbación externa y/o a su realización de experimentos en condiciones que aíslan el caso normal» (Jessop 2019, 183).
35 Por ejemplo, Marx escribe en los Grundrisse: «Si en el sistema burgués desarrollado cada relación económica presupone a la otra en la forma económico-burguesa, por lo que cada elemento es al mismo tiempo un presupposto, esto es típico de todo sistema orgánico. Este sistema orgánico mismo, como totalidad, tiene sus presupuestos, y su desarrollo hacia la totalidad consiste precisamente en subordinar a sí mismo todos los elementos de la sociedad, o en extraer de ella los órganos que aún le faltan. De este modo, se convierte históricamente en totalidad. El devenir tal totalidad constituye un momento de su proceso, de su desarrollo» (Marx 1970, I, 259-260). Y de nuevo en Teorías sobre el plusvalor: «Tratamos la mercancía como tal premisa, en cuanto partimos de ella como del elemento más simple de la producción capitalista. Pero, por otra parte, el producto, el resultado de la producción capitalista, es mercancía. Lo que aparece como su elemento, se representa más tarde como su producto. Solo sobre la base de la producción capitalista la forma general del producto consiste en su ser mercancía, y cuanto más se desarrolla, más entran también los productos en forma de mercancía en su proceso. La mercancía que sale de la producción capitalista es diferente de la mercancía de la que se parte como elemento de la producción capitalista. La mercancía individual, el producto individual, aparece no solo realmente como producto, sino también como mercancía, como parte no solo real, sino también ideal de la producción total. Cada mercancía individual [aparece] como portadora de una parte determinada del capital y de la plusvalía creada por él» (Marx 1979, 115).
36 Marx escribe en el manuscrito de 1863-1865 conocido con el título de Capítulo sexto. Resultados del proceso de producción inmediato: «Así como las mercancías, es decir, las unidades inmediatas de valor de uso y valor de cambio, salen del proceso como resultado, como producto, así entran en él como elementos constitutivos. En general, de un proceso de producción nunca puede salir nada que no haya entrado en él en forma de condición de producción» (Marx 2011b, 928).
37 Se trata de un aspecto abordado por Marx en la Einleitung de 1857, pero que se retoma desde una nueva perspectiva teórica en escritos posteriores, como por ejemplo este: «La transformación en capital del dinero, que es en sí mismo solo una forma transformada de la mercancía, tiene lugar tan pronto como la capacidad de trabajar se transforma, para el mismo trabajador, en una mercancía, es decir, solo cuando la categoría del comercio de mercancías se ha apoderado ya de un ámbito que antes estaba excluido de su ámbito o que solo estaba incluido en él de forma esporádica. Tan pronto como la población trabajadora ha dejado de formar parte de las condiciones objetivas del trabajo o de aparecer en el mercado como productora de mercancías y, en lugar del producto de su trabajo, vende su propio trabajo o, más precisamente, su capacidad de trabajar, solo entonces la producción se convierte en toda su amplitud, en toda su profundidad y extensión en producción de mercancías, solo entonces cada producto se convierte en mercancía y las mismas condiciones objetivas de cada esfera de producción entran en ella como mercancía» (Ibid., 897).
38 Todos los tipos de relaciones capitalistas pueden deducirse a partir del desarrollo del doble carácter de la mercancía (valor de uso y valor) y del trabajo expuesto en ella (véase Marx 2011a, 51-57). El propio Marx reconocía que: «Lo mejor de mi libro es: 1) (sobre esto se basa toda la comprensión de los hechos) el doble carácter del trabajo, puesto de relieve en el primer capítulo, según se exprese en valor de uso o en valor de cambio; 2) el tratamiento de la plusvalía independientemente de sus formas particulares» (Marx 1974, 357). A este respecto, véase también: Marx (1963, 175 y ss.).
39 Marx (2011a, 105).
40 Ibídem (167).
41 Ibídem (178).
42 Ibídem (193).
43 A este respecto, véase lo que escribe Althusser: «lo que la economía política clásica no ve, no es lo que no ve, es lo que ve; no es lo que le falta, es lo que no le falta; no es lo que se le escapa, sino lo que no se le escapa. El descuido es, pues, no ver lo que se ve, el descuido ya no se refiere al objeto, sino a la visión misma. El descuido es un descuido que se refiere al ver: el no ver es, pues, interno al ver, es una forma de ver, por lo tanto, en una relación necesaria con el ver» (Althusser 2006b, 23). Cabría volver a relacionar estas consideraciones de Althusser con un pasaje de La estructura de las revoluciones científicas de Kuhn: «¿Pero es realmente necesario describir como una transformación de la forma de ver lo que separa a Galileo de Aristóteles, o a Lavoisier de Priestley? ¿Vieron realmente cosas diferentes cuando miraron objetos del mismo tipo? ¿Hay un sentido legítimo en el que podamos decir que ellos llevaron a cabo sus investigaciones de maneras diferentes?» (Kuhn 1969, 149). También en este desvelamiento de la dialéctica de lo visible-invisible parece que se puede decir que el descubrimiento marxiano de la plusvalía puede representar un paradigma radicalmente alternativo en el análisis de la sociedad capitalista.
44 Marx (2011a, 12).
45 Marx (1963, 175).
46 Marx (2011a, 10).
47 Engels (1968, 23).
48 Marx (2011a, 83).
49 Adorno se inspira claramente en este rasgo de la crítica marxiana en su crítica de la unilateralidad de los enfoques epistemológicos de la sociología tradicional (representada por Weber, por un lado, y Durkheim, por otro): «La sociedad es ambas cosas, es a la vez cognoscible e incognoscible desde dentro. Es un producto humano y, por lo tanto, los sujetos vivos pueden encontrarse todavía en ella, a pesar de todo y como desde lejos, a diferencia de lo que ocurre en la química y la física. […] Sin embargo, el ideal de la comprensión era unilateral, ya que descartaba lo que en la sociedad se opone a identificarse con el sujeto que comprende. [.] En cambio, habría que comprender lo incomprensible, habría que mostrar cómo esas relaciones que se han vuelto independientes e impenetrables para los hombres derivan precisamente de las relaciones entre los hombres. Hoy más que nunca, la sociología debería comprender lo incomprensible, la entrada en marcha de la humanidad en lo inhumano» (Adorno 2005, 319).
50 «La construcción del curso histórico como producto necesario de un mecanismo económico implica al mismo tiempo la protesta contra este orden, resultante ella misma de dicho mecanismo; y la idea de la autodeterminación del género humano, es decir, de una situación en la que las acciones ya no resultan de un mecanismo, sino de sus decisiones» (Horkheimer 2014, 173).
51 Dada su importancia en este contexto, vale la pena citar el pasaje hegeliano en cuestión en su totalidad: «La esencia debe necesariamente manifestarse (erscheinen). Su aparición (Scheinen) en ella es la superación de sí misma para convertirse en inmediatez que, como reflexión en sí misma, es tanto consistencia (materia) como forma, reflexión en otra, consistencia que se supera. El aparecer (Scheinen) es la determinación mediante la cual la esencia no es ser, sino esencia, y el aparecer que se ha desarrollado es el fenómeno (Erscheinung). Por lo tanto, la esencia no está detrás o más allá del fenómeno, sino que, en cuanto la esencia es lo que existe, la existencia es fenómeno» (Hegel 2010, 335).
52 Jessop (2019, 190).
53 Morfino (2019, 203).
54 La naturaleza y la sociedad son factores, nunca completamente reducibles el uno al otro, de un único proceso, el histórico-social. Véase Schmidt (2018).
55 «El análisis de Marx no está al margen: al igual que la comprensión de la constitución de la economía política como ciencia autónoma no encuentra respuesta en el análisis historiográfico de la ciencia social y su desarrollo diacrónico, la falta de historicidad de la economía no es un error del conocimiento de la economía política. Para Marx, la insuficiente elaboración conceptual de la economía política es, más bien, el resultado del objeto al que se dirige y solo puede explicarse mediante la exposición de dicho objeto. La autonomización de las relaciones materiales de existencia, de la esfera económica, se hace explícita cuando reflexionamos sobre el hecho de que los objetos que nos rodean parecen predicables de una propiedad suprasensible —el valor— y que, en función de esta propiedad, son intercambiados, comprados y vendidos. El valor es la dimensión constitutiva de la ciencia económica. Así como la física se enfrenta a cuerpos que tienen masa, la economía política se enfrenta a mercancías, objetos que tienen valor: concibe el valor como una dimensión natural, constitutiva de la relación que se establece entre los hombres y los objetos» (Redolfi Riva 2019, 101).
56 Sin poder repasar el reciente debate sobre el antropoceno y el capitaloceno, se puede hacer referencia a los datos recopilados en uno de los muchos libros dedicados al impacto del ser humano en la Tierra: «aunque los seres humanos anatómicamente modernos aparecieron hace unos 200 000 años, la población humana no alcanzó los mil millones hasta 1804. Luego, solo hizo falta un siglo para superar los dos mil millones. El séptimo mil millones se alcanzó en solo doce años. A largo plazo, la población humana ha crecido más que exponencialmente —el tiempo necesario para duplicarse se ha reducido cada vez más—, aunque las tasas de crecimiento se han ralentizado desde los años sesenta del siglo pasado. Nuestro impacto, obviamente, también está relacionado con lo que producen y consumen las personas y en qué cantidad. En los últimos cincuenta años, la economía mundial se ha multiplicado por seis, mientras que la población humana solo se ha duplicado. La consiguiente explosión del uso de los recursos y los efectos medioambientales es totalmente desproporcionada en relación con nuestra cantidad. ¿Puede la empresa humana, incluida la economía, seguir expandiéndose indefinidamente dada la vulnerabilidad del suelo, los océanos y la atmósfera que constituyen nuestro sistema de soporte vital? ¿Podemos escapar al ciclo de crecimiento exponencial y colapso de otras especies? ¿O es el Antropoceno la fase terminal del desarrollo humano? (Lewis, Maslin, 2019, XII). Estas son las preguntas que hoy en día se plantean los estudiosos (pero no solo ellos) desde múltiples frentes y que requieren una perspectiva investigadora crítica capaz de captar los múltiples niveles en los que se produce la subsumción recíproca de la sociedad y la naturaleza.
57 Un aspecto que Bertolt Brecht captó con punzante ironía cuando, al presentar un catálogo de las «fuerzas brutas de la naturaleza», escribió: «aguaceros, nevadas, quiebras, etc.» (Brecht, 1964, 13).

 

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3. Hamás no está robando la ayuda humanitaria.

Cook sigue con su campaña para desenmascarar a la prensa basura, especialmente la de su país, Gran Bretaña.

https://jonathancook.substack.com/p/israels-claim-that-hamas-is-stealing

La afirmación de Israel de que «Hamás está robando la ayuda» es una mentira descarada. He aquí por qué

Los periodistas occidentales, tras haber promovido las mentiras de Israel durante más de año y medio, se han vuelto totalmente insensibles a su complicidad activa en el genocidio.

Jonathan Cook
27 de mayo de 2025

La afirmación de Israel de que Hamás está «robando la ayuda» es tan absurda que ningún periodista o político serio debería darle cabida, y sin embargo sigue apareciendo continuamente en la cobertura informativa sobre Gaza.

¿Cómo sé que la afirmación de Israel carece por completo de fundamento? Por esta sencilla razón:

Israel tiene una flota de drones de vigilancia que sobrevuelan constantemente la pequeña franja de tierra que es Gaza, vigilando cada centímetro del territorio. El zumbido incesante que se oye cada vez que se ve a alguien siendo entrevistado allí proviene de uno de esos drones. Son los ojos de Israel sobre el enclave. Si se encuentra fuera de Gaza, es como si estuviera viviendo en El show de Truman.

Si Hamás estuviera robando ayuda en Gaza, Israel podría documentarlo fácilmente. Tendría las imágenes de vídeo de sus drones. El hecho de que no haya proporcionado ninguna imagen que muestre el robo de ayuda por parte de Hamás —el saqueo de camiones de ayuda o el contrabando de combatientes en almacenes de ayuda— es confirmación suficiente de que Israel simplemente ha inventado esta afirmación para justificar sus planes de matar de hambre a la población de Gaza mediante meses de bloqueo de la ayuda o de obligarla a huir al vecino Sinaí, lo que ocurra primero.

Sin su campaña de desinformación sobre «Hamas robando ayuda», Israel sabe que la repulsa popular hacia su campaña de hambre crecería rápidamente y que los gobiernos occidentales tendrían más dificultades para controlar la oposición.

Hay muchas otras razones, por supuesto, para rechazar las mentiras de Israel sobre «Hamas robando ayuda». Entre otras, porque todas las organizaciones benéficas y agencias de ayuda que trabajan en Gaza afirman que Hamas no está robando la ayuda.

Pero también porque, si los combatientes de Hamás lo hicieran, estarían robando a sus propias familias: a sus hijos y abuelos, que son mucho más vulnerables a la campaña de hambre de Israel que ellos. La idea de que Hamás está robando la ayuda solo tiene sentido para una mentalidad racista y colonial europea, en la que los combatientes de Hamás son vistos como figuras terroríficas indiferentes a la muerte de sus propios hijos, esposas y padres.

Lo que sin duda está ocurriendo es que Israel está permitiendo que las familias extensas más poderosas de Gaza —a menudo familias mafiosas con importantes arsenales privados— saqueen la ayuda. Esto se ha convertido en un grave problema desde que Israel acabó con la policía civil de Gaza (en violación del derecho internacional), dejando a nadie para hacer cumplir el orden público.

Cuando todo el mundo se muere de hambre, las familias más poderosas movilizan sus fuerzas para hacerse con una parte injusta de la ayuda. Era un resultado totalmente previsible de la política de Israel de destruir todas las instituciones de Gaza, incluidos sus hospitales, oficinas gubernamentales y comisarías de policía, con el falso pretexto de que eran «Hamas».

Cabe señalar también que Israel lleva mucho tiempo cultivando estrechos vínculos con las familias criminales palestinas, ya que estas constituyen una alternativa potencial y más fácil de cooptar al poder de los movimientos nacionales palestinos, además de ser una buena fuente de colaboradores.

Las pruebas sugieren que Israel está animando a estas familias criminales a saquear la ayuda precisamente para justificar el desmantelamiento de un sistema de ayuda existente que funciona notablemente bien, dadas las circunstancias catastróficas de Gaza, y sustituirlo por su propio sistema de «distribución de ayuda» militarizado y completamente inadecuado, diseñado únicamente para reunir a los palestinos en el extremo sur de Gaza, listos para ser expulsados al Sinaí.

Ningún periodista debería repetir la transparente desinformación de Israel. Hacerlo es colaborar en la promoción de mentiras para justificar el genocidio. Pero los medios de comunicación occidentales llevan más de año y medio haciéndolo. Se han vuelto completamente insensibles a su propia complicidad activa en el genocidio.

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4. Hani y la contribución africana al 1 de mayo.

Un homenaje al líder del PCSA asesinado en 1993 Chris Hani. Quizá el futuro del país habría sido distinto si hubiese vivido más.

https://roape.net/2025/05/28/chris-hani-and-workers-internationalism/

Chris Hani y el internacionalismo obrero

28 de mayo de 2025

En este artículo, Pedro Mzileni reivindica el Día Internacional de los Trabajadores de sus orígenes eurocéntricos y pide que se reconozcan las contribuciones africanas a la historia mundial de los trabajadores. Para ello, celebra la vida y la política del líder comunista sudafricano Chris Hani, trágicamente asesinado en 1993. Mzileni presenta a Hani como un pensador revolucionario comprometido con la idea de que solo la lucha internacional de los trabajadores contra el capitalismo podría poner fin a la opresión de los negros en Sudáfrica.
Por Pedro Mzileni

Sigue habiendo controversia sobre cómo el 1 de mayo se convirtió en el Día Internacional de los Trabajadores. Los marxistas euroamericanos, como Philip Foner, remontan sus orígenes, como era de esperar, a la resistencia obrera euroamericana que comenzó con la primera formación permanente de sindicatos a finales de la década de 1790, en Filadelfia, donde los carpinteros se declararon en huelga en 1791 para exigir una jornada laboral de 10 horas, bajo un capitalismo explotador que exigía 14 horas de trabajo al día. En 1864, los trabajadores trascendieron la fábrica local para lograr la solidaridad global con la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), que luchaba por la jornada laboral de ocho horas. La AIT fue respaldada por el Congreso de Ginebra ese mismo año, una reunión conocida popularmente como la Primera Internacional.

Las dos décadas siguientes, al menos hasta 1886, se caracterizaron por una serie de movimientos obreros en esa parte del mundo, que se movilizaron para elegir un día específico del año en el que dejar de trabajar para participar en la campaña por la jornada laboral de ocho horas. El Congreso Industrial de Indianápolis de 1875 eligió el 4 de julio para estas manifestaciones masivas, que era también el día preferido por la clase obrera británica desde 1844. Sin embargo, la resolución de Edmonston de la convención de la Federación Laborista de 1844 eligió el 1 de mayo de 1886 como el día para comenzar la jornada laboral de ocho horas, con un desfile masivo en el que participaron más de 10 000 manifestantes. El resto es historia.

Por importante que sea esta versión resumida de la literatura occidental sobre el trabajo, que no quiero subestimar, se trata sin embargo de una historia incompleta que excluye el resto de las contribuciones del mundo al nacimiento y la madurez de la Internacional Obrera. La parte restante de la historia debería comenzar con el reconocimiento científico de que, en 1492, el capitalismo estaba obteniendo una huella global específicamente a través del dominio colonial. Cuando Marx y Engels abren su ensayo El Manifiesto Comunista con la admisión y concesión de que la burguesía solo comenzó a obtener un nuevo terreno para su desarrollo rápido y sin precedentes, y un impulso que nunca antes había conocido, gracias al descubrimiento de América y la vuelta del Cabo, estaban reconociendo en realidad la importancia del colonialismo en el desarrollo internacional del capitalismo.

En otras palabras, la burguesía, como núcleo del sistema colonial mundial, delimitó Europa y la sociedad occidental como frontera exclusiva del capital, que considera al resto del mundo como periferia para colonizar y explotar, extrayendo sus materias primas de sus pueblos deshumanizados, reducidos a mano de obra barata y desechable. La observación de Frantz Fanon sobre el dominio colonial francés en Argelia era, por tanto, acertada: «La escandalosa opulencia de Europa se fundó sobre el suelo del mundo subdesarrollado y sobre la esclavitud y los cadáveres de negros, árabes, indios y razas amarillas». Estas relaciones laborales históricas, antagónicas e internacionales entre el Norte y el Sur llevaron al antiguo profesor de historia de la Universidad de Dar es Salaam, en Tanzania, Walter Rodney, a revelar cómo Europa subdesarrolló África, donde subrayó específicamente que el racismo es la ideología del capitalismo moderno.

Cuando Marx, Engels y, de hecho, Foner deciden presentar la historia de la Internacional Obrera como una invención exclusiva del pensamiento occidental, en la que el resto del mundo queda borrado o aparece como nota al pie, tenemos la obligación de revelar cómo filósofos de otras partes del mundo, como África, fueron testigos y teorizaron sobre estas cuestiones desde las colonias como importantes contribuciones a la literatura mundial. Martin Thembisile Hani, conocido comúnmente como «Chris» en la lucha por la liberación, es uno de esos filósofos y líderes revolucionarios de la historia internacional de los trabajadores de las colonias al que quiero invocar en este Primero de Mayo para que el mundo lo recuerde. Chris fue asesinado en la mañana del 10 de abril de 1993 frente a su casa en Dawn Park, Boksburg, Sudáfrica, delante de su hija Nomakhwezi, de 15 años, por Janusz Walus y Clive Derby-Lewis, dos colonos europeos racistas blancos que representaban el proyecto más amplio de la extrema derecha blanca del apartheid, administrado por el Partido Conservador (CP) y el Partido Nacional (NP), que gobernaban la Sudáfrica del apartheid.

Nelson Mandela, en la noche del asesinato de Chris, se dirigió a la cadena nacional de televisión para pedir la paz a una población claramente provocada, y describió a Chris como «un erudito que podría haber elegido un camino menos arduo, pero que, sin embargo, eligió desinteresadamente la tarea, a menudo ingrata, de ser un luchador por la libertad… amado por millones, odiado solo por aquellos que temen la verdad». El entonces presidente revolucionario cubano, Fidel Castro, también hizo una declaración pública sobre el asesinato de Chris: «La supervivencia de sectores y fuerzas contrarios a la eliminación del régimen de segregación racial, incluso a costa de un crimen tan atroz, confirma también que, aunque el futuro parece prometedor, el movimiento contra el apartheid tendrá que librar grandes batallas y enfrentarse a obstáculos imprevisibles». Cuba fue la última visita internacional de Chris Hani fuera de Sudáfrica, cuando encabezó una delegación de solidaridad del Partido Comunista Sudafricano (SACP) en febrero de 1993, que fue recibida por Fidel Castro en La Habana.

Chris Hani fue un filósofo revolucionario que tenía una aguda apreciación de la teoría y la práctica como pilares fundamentales y simultáneos de la lucha. Era un comunista con conciencia internacional, que entendía que los oprimidos racializados negros y las mujeres oprimidas por su género en la colonia de Sudáfrica formaban parte de un único sistema mundial de dominio colonial impulsado por el capitalismo, y que solo una lucha internacionalista de los trabajadores por una democracia socialista liberaría a la humanidad. Una biografía intelectual de su vida y su pensamiento describe claramente estos atributos.

Solo destacaré tres aspectos de su vida intelectual que lo vinculan a la familia global de filósofos revolucionarios de la Internacional Obrera en la historia moderna. En primer lugar, Chris recibió formación académica e intelectual sobre la estrategia anticolonial en general. Se licenció en la prestigiosa Universidad de Fort Hare, en Sudáfrica, una de las tres únicas universidades del mundo que han formado a cuatro o más presidentes de Estado. Las otras dos universidades que lo han conseguido son Harvard y Yale.

Es en Fort Hare donde Chris entró en contacto con la literatura marxista en revistas como The Torch y New Age, escritas en la clandestinidad por pensadores anticolonialistas de renombre mundial como Govan Mbeki y Ruth First. Posteriormente, se formó militarmente en la URSS, donde se le inculcó una mayor conciencia marxista, para promover la opción de la lucha armada como vía revolucionaria para conquistar el poder estatal y lograr la independencia. Chris también recibió formación política en filosofía panafricana en los Estados africanos más avanzados en la descolonización política de la década de 1960, mientras estaba exiliado en Zimbabue, Zambia, Botsuana, Angola, Tanzania y Lesoto.

Es fundamental situar el valor intelectual de la lucha armada en su contexto y en relación con Chris. La región del sur de África estaba viviendo una situación única de colonialismo de asentamiento: la versión más brutal del dominio colonial. En términos económicos, el colonialismo de asentamiento fue el proceso por el cual una gran población de origen europeo invadió la región, despojó a la población indígena africana de sus tierras y la convirtió en mano de obra barata, desechable y esclavizada que generaba riqueza para los colonos europeos ocupantes. Era el capitalismo racial en la colonia. En términos sociales, el colonialismo de asentamiento vio cómo los colonos europeos destruían y sustituían todos los sistemas sociales indígenas por los de la metrópoli para sentirse como en casa, mientras alienaban a la población indígena desposeída. El único método de resistencia contra este tipo de colonialismo es la lucha armada, principalmente para recuperar la tierra, poner fin a la relación entre colonos y nativos, acabar con el capitalismo racial y traer justicia, paz e independencia. Fanon llama a este método «violencia revolucionaria para la descolonización». En otras palabras, los oprimidos se defienden por todos los medios necesarios contra la violencia colonial no provocada para liberarse y reconstruir su nación por sí mismos. La lucha armada es, por lo tanto, una herramienta necesaria y científica de resistencia para poner fin a la violencia colonial y traer la paz, razón por la cual este método de lucha está protegido hoy en día por el derecho internacional, en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

En segundo lugar, más allá de la formación académica e intelectual que Chris obtuvo y que facilitó su conciencia internacionalista, su educación y socialización también comprometieron su vida a la lucha de la Internacional Obrera. Chris nació en la patria de Transkei en 1942, en la aldea proletarizada de Sabalele, en Cofimvaba, cerca de una ciudad colonizadora llamada Queenstown, de padres, Gilbert Hani y Nomayise Hani, que eran trabajadores migrantes baratos. Gilbert, su padre, ganaba 16 chelines a la semana como obrero de la construcción en Ciudad del Cabo y complementaba sus ingresos como vendedor ambulante. Sin embargo, lograron criar a Chris como un brillante estudiante que obtuvo distinciones que le permitieron obtener una beca del Consejo General de los Territorios Unidos de Transkei para estudiar en el Lovedale College y la Universidad de Fort Hare, en Alice. Las biógrafas Janet Smith y Beauregard Tromp revelan que, en una extensa entrevista que Chris concedió al historiador Luli Callinicos unas semanas antes de ser asesinado, subrayó que esta socialización temprana fue crucial para forjar su compromiso de por vida con la Internacional de los Trabajadores: «Había visto la suerte de los trabajadores negros, las formas extremas de explotación. Salarios de esclavos, sin derechos sindicales, y para mí el atractivo del socialismo era enorme. Los trabajadores crean la riqueza, pero al final no obtienen nada. Reciben una miseria para sobrevivir y seguir trabajando para los capitalistas. Así que fue ese enfoque sencillo, esa comprensión sencilla, producto de mi propia observación, además de la teoría. No me involucré en la lucha de los trabajadores solo por la teoría».

En tercer lugar, Chris era un organizador de base y profesor público para la autosuficiencia de la comunidad y el poder del pueblo. Chris regresó a regañadientes del exilio a Sudáfrica el 28 de abril de 1990, como parte de las conversaciones secretas entre el Congreso Nacional Africano (ANC) y los Servicios Nacionales de Inteligencia (NIS) del Estado del apartheid en Suiza, un mes después de la liberación de Mandela el 11 de febrero de 1990, donde se alcanzaron amplios acuerdos entre las dos partes para la liberación de los presos políticos y el regreso de los exiliados para iniciar las negociaciones formales para un orden postapartheid. Las «conversaciones sobre las conversaciones» comenzaron finalmente en Sudáfrica entre los dos adversarios, el PN y el CNA, el 4 de mayo de 1990, y dieron lugar al primer acuerdo de alto el fuego, denominado «Minuto de Groote Schuur», que fue firmado por ambas partes, seguido de una conferencia de prensa conjunta. El PN no respetó este acuerdo de alto el fuego, ni muchos otros firmados por ambas partes y otros actores entre 1990 y 1993. En su lugar, continuó con sus asesinatos políticos, sus matanzas genocidas y las detenciones sin juicio de todos los pensadores, periodistas, activistas y civiles que se oponían al régimen del apartheid. Esta impunidad del Estado del apartheid era su estrategia indirecta para prolongar el dominio blanco, mantener las relaciones de propiedad del apartheid en la sociedad posapartheid y sabotear la capacidad del Estado posapartheid para lograr la liberación total.

La masacre de Boipatong del 17 de junio de 1992, la masacre de Bisho del 7 de septiembre de 1992 y, por supuesto, el asesinato de Chris el 10 de abril de 1993, fueron crímenes atroces que destacaron entre muchas otras masacres y asesinatos conocidos y desconocidos durante este periodo, lo que demostró lo irreparable y coherente que era el Estado del apartheid en su misión original de ejecutar a personas negras. Chris utilizó mítines, reuniones comunitarias, entrevistas populares y protestas masivas para concienciar a los negros sobre la importancia de mantener la lucha armada, la acción de masas y la disciplina revolucionaria para lograr la liberación total. Chris siguió vistiendo su uniforme militar como secretario general del SACP, elegido el 8 de diciembre de 1991, y comunicando el principio revolucionario de mantener la lucha armada y construir la autosuficiencia de las comunidades de base a través de las unidades de autodefensa popular (SDU).

Uno de los hechos borrados de la historia actual es que las SDU eran un tema muy querido por Chris para la concienciación popular, y asistió a la mayoría de sus mítines y reuniones comunitarias hablando a las masas sobre este tema con su amiga más querida y compañera de ideas comunes: Winnie Madikizela-Mandela. Mientras que el Estado del apartheid consideraba la lucha armada como un enemigo de su versión liberal y blanca de la paz, Chris, por su parte, la veía como un requisito científico previo para una Sudáfrica pacífica y negociada, que debía estar impulsada por las demandas populares de las comunidades, y no por unas pocas élites reunidas en las salas de juntas de Kliptown de la Convención para una Sudáfrica Democrática (CODESA). El 1 de mayo de 1992, Chris, como secretario general del SACP, pronunció su último discurso en la manifestación del Día Internacional de los Trabajadores en el estadio Curries Fountain de Durban, Natal, junto a Nelson Mandela, presidente del ANC, y John Gomomo, presidente anfitrión de la manifestación organizada por el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU). Chris aprovechó este discurso para plantear cuatro puntos cruciales:

  • Movilizar a las bases detrás del movimiento democrático de masas para poner fin a la violencia entre la población negra patrocinada por el Estado del apartheid en los homelands de KwaZulu, en Natal.
  • Intensificar la acción de masas en torno a las negociaciones de la CODESA para centralizar el poder del pueblo en el resultado cualitativo del avance posterior al apartheid.
  • Movilizar a los trabajadores como miembros de la comunidad para intensificar las luchas en los lugares de trabajo y las campañas anticapitalistas más amplias en favor de una alternativa socialista que proporcione una economía industrializada, el pleno empleo y la socialización de los sectores estratégicos de la economía.
  • Movilizar a la clase obrera internacional para rechazar la ofensiva neoliberal y unipolar emergente de los Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN, impulsada por el reciente colapso del Muro de Berlín.

En todas estas concentraciones masivas, Chris se dirigió a estadios llenos en el apogeo de la crisis del desempleo, después de que la economía internacional sancionara el apartheid en Sudáfrica. El Día Internacional de los Trabajadores del 1 de mayo de 1992 no era un día festivo oficial bajo el régimen del apartheid, pero logró reunir a las bases mediante boicots populares. Más allá de estas cualidades excepcionales y de su prestigio y popularidad internacional, que en su día le situaron como posible sucesor de Nelson Mandela, Chris era, sobre todo, un demócrata que admiraba y respetaba la disciplina organizativa de su movimiento, el CNA. Cuando el liderazgo del presidente Mandela hizo concesiones económicas y de defensa al NP a cambio del voto, como aceptar un Estado constitucional de propiedad privada sobre una base colonial, suspender la lucha armada y desmovilizar a la mayoría de la población, no se consultó a Chris, pero él aceptó las decisiones del colectivo.

El 10 de abril de 1993, un sábado de Pascua por la mañana, Chris concedió a sus guardaespaldas un permiso especial y compartió con ellos las vacaciones como compromiso personal con la solidaridad de los trabajadores, pidiéndoles que se fueran a casa con sus familias y no le protegieran ese fin de semana. Walus se acercó a Chris, indefenso, en el patio de su casa, y el resto es historia. Hoy recordamos a Chris por haber vivido una vida de total compromiso e integridad con la causa de la humanidad. Por ello, compartimos las palabras pronunciadas por sus dos hijas, Lindiwe y Nomakhwezi, en una entrevista con los medios de comunicación poco después de su muerte: «Mi padre no le hizo nada malo a nadie, pero Dios se lo llevó. Su delito fue que se preocupaba por la gente… No puedo entender por qué Walus tuvo que venir hasta Sudáfrica para matar a un comunista negro. Estoy segura de que para él no supone ninguna diferencia, pero para mí es un mundo».

El Dr. Pedro Mzileni es profesor titular del Departamento de Sociología de la Universidad de Zululandia, en Sudáfrica. Sus áreas de investigación son los estudios sobre la educación superior global, la historia internacional, la teoría descolonial y las sociologías del pensamiento africano.

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5. Resultado de la cumbre de la ASEAN.

Se ha celebrado una cumbre de la ASEAN, y Escobar aprovecha para hablar de uno de sus temas favoritos. En esta línea, por cierto, hemos visto hace muy poco al presidente indonesio, un general anticomunista feroz, lanzar un apasionado discurso de homenaje a China –https://x.com/RnaudBertrand/status/1926823631759261924

https://www.unz.com/pescobar/asean-china-gcc-take-connectivity-to-the-next-level/

ASEAN, China y CCG llevan la conectividad al siguiente nivel

Pepe Escobar • 28 de mayo de 2025

La primera cumbre trilateral entre la ASEAN, China y el CCG, celebrada a principios de esta semana en Malasia, es mucho más que un avance interregional y Sur-Sur.

Las 17 naciones reunidas en la misma mesa en Kuala Lumpur demostraron gráficamente, como evocó el primer ministro malasio y actual presidente de la ASEAN, Anwar Ibrahim, cómo «desde la antigua Ruta de la Seda hasta las vibrantes redes marítimas del sudeste asiático y los modernos corredores comerciales, nuestros pueblos llevan mucho tiempo conectados a través del comercio, la cultura y el intercambio de ideas».

Podríamos llamarlo el espíritu de la Nueva Ruta de la Seda del siglo XXI. Y no es de extrañar que China se encuentre en el centro de todo ello, a través de los proyectos interconectados de la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI), que abarcan desde las infraestructuras hasta el desarrollo comercial. China, el sudeste asiático y gran parte de Asia occidental conforman un triángulo dorado de recursos naturales, industria manufacturera y una amplia base de consumidores.

La declaración final de la cumbre de Malasia, por supuesto, tuvo que celebrar estos «lazos históricos y civilizatorios duraderos y profundos», así como la geoeconomía, en un impulso por «promover el desarrollo económico en la región Asia-Pacífico [nótese la terminología correcta] y Oriente Medio [terminología antigua: la correcta es «Asia Occidental»]».

Por lo tanto, es natural que China propusiera la posibilidad de incluir a las naciones árabes de Asia Occidental del CCG en la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), el vasto pacto comercial de 15 miembros que incluye a China y la ASEAN (pero no a la India, que se autoexcluyó).

El libre comercio fue el tema clave en Kuala Lumpur, desde la reciente actualización de la Zona de Libre Comercio China-ASEAN 3.0 hasta las próximas negociaciones del Acuerdo de Libre Comercio China-CCG. A diferencia de Trump 2.0, la trilateral se comprometió a «fortalecer la resiliencia de las cadenas industriales y de suministro», todo ello orientado hacia un comercio sostenible a largo plazo, sin aranceles ni sanciones.

El año pasado, el comercio total de la ASEAN con China y el CCG superó los 900 000 millones de dólares, casi el doble de los 453 000 millones de dólares del comercio con Estados Unidos. Y sí, la desdolarización del comercio es el camino a seguir en toda Asia. Justo antes de la cumbre, China e Indonesia anunciaron conjuntamente que, a partir de ahora, el comercio entre ambas potencias se realizará únicamente en yuanes y rupias.

La declaración final fue explícita en cuanto a explorar «la cooperación en materia de moneda local y pagos transfronterizos», junto con la promoción de «una cooperación de alta calidad en el marco de la BRI y una conectividad sin fisuras, incluido el desarrollo de corredores logísticos y plataformas digitales», y el avance de «la construcción de infraestructuras sostenibles». La trilateral se ha comprometido a construir una red de corredores de conectividad panasiáticos, el principal tema geoeconómico del siglo XXI.

La trilateral tuvo que hacer referencia a Gaza, aunque no con la contundencia que debería. En el mejor de los casos, la declaración final «respalda la opinión consultiva emitida por la Corte Internacional de Justicia el 19 de julio de 2024, incluida su conclusión de que las Naciones Unidas, en particular la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, que solicitaron la opinión consultiva, deberían considerar modalidades específicas y nuevas medidas para poner fin lo antes posible a la presencia ilegal del Estado de Israel en el territorio palestino ocupado»; y a «lograr la solución de dos Estados basada en las fronteras de 1967, de conformidad con el derecho internacional».

Cómo se conectan Asia Oriental, Sudoriental y Occidental con los BRICS

Históricamente, Asia Oriental es, sobre todo, un mosaico de regiones transnacionales unidas por corredores marítimos. La primera globalización tuvo lugar, como no podía ser de otra manera, en Asia, desde la apertura de la ruta transpacífica que unía el «Nuevo Mundo» con Filipinas en 1511 hasta la conquista de Malaca —el gran emporio del sudeste asiático— por los portugueses en 1571.

Pero incluso antes de la era de Vasco da Gama, Asia oriental y sudoriental formaban una zona económica relativamente integrada, con puertos desde Malaca hasta Nagasaki que brillaban como centros comerciales repletos de comerciantes árabes, chinos, indios y japoneses.

Malaca prosperó gracias a sus excelentes infraestructuras, sus moderados aranceles portuarios y un régimen fiscal sólido: una situación mucho mejor que la posterior colonización depredadora de Portugal y Holanda, hasta que el almirante Alfred Mahan conceptualizó los principios del poder marítimo en beneficio de los Estados Unidos talasocráticos. El exministro de Asuntos Exteriores de Singapur, George Yeo, ha explicado claramente cómo China y el Sudeste Asiático han estado reactivando, con un éxito espectacular, sus vínculos históricos, culturales y comerciales. Esta cumbre, que se celebra en Malasia, hogar del cruce de caminos históricamente crucial de Malaca, es un toque de justicia poética. A ello se suma el presidente de Indonesia, Prabowo, un antiguo general de Suharto y yerno de este, que elogió efusivamente la firme postura antiimperialista de China desde 1949 y durante la Guerra Fría, justo delante del primer ministro chino, Li Qiang.

Se puede establecer un paralelismo en el siglo XXI con el legendario Espíritu de Bandung de 1955, cuando el indonesio Sukarno, líder del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), se sentó junto a Zhou EnLai.

La cumbre ASEAN-China-CCG podría impulsar medidas que el inestimable profesor Michael Hudson considera absolutamente necesarias para los miembros del BRICS, y muchos de ellos estarán presentes en la mesa de la cumbre del BRICS que se celebrará en Río a principios de julio.

El profesor Hudson ha demostrado de manera concluyente cómo las clases terratenientes, los monopolios y los residuos del colonialismo europeo tendrán que desaparecer para que los países BRICS «logren el mismo tipo de despegue que convirtió a Inglaterra, Alemania y Estados Unidos en líderes industriales del mundo». Eso significa «reducir drásticamente los pagos a los inversores extranjeros concentrados en la renta de las materias primas» y someter a «la clase rentista».

El profesor Hudson sostiene que, en lo que respecta a «cómo liberar sus economías —rentas, pagos a los acreedores—, esto es lo que hizo China. China tuvo una revolución. Después de la revolución, no tenía una clase financiera. China convirtió la creación de dinero en un servicio público, un brazo del Tesoro; creó dinero para financiar inversiones tangibles en formación de capital, fábricas, viviendas —un poco en exceso—, enormes infraestructuras públicas, transporte urbano y trenes de alta velocidad».

Lo que anteriormente definí como «el laboratorio BRICS» —todos esos modelos que se están probando constantemente, desde el año pasado en Rusia antes de la cumbre de Kazán— está tratando de responder a las preguntas planteadas por el profesor Hudson de varias maneras: «Necesitamos crear nuestro dinero. Las élites no deben seguir beneficiándose de una fiscalidad regresiva. ¿Cómo industrializarse? No más renta económica».

Como era de esperar, los chinos ya se encuentran en el siguiente nivel del negocio de la integración. Esta es su «arma mágica» para «derrotar al enemigo»: «La construcción de la «doble circulación» de los mercados nacionales y extranjeros, uniendo tantas fuerzas vivas como sea posible para formar un frente unido que haga frente al unilateralismo. La mayoría de los países del sur son aliados naturales. La viabilidad de una estrecha vinculación entre la «cooperación Sur-Sur» y la «doble circulación» aumenta día a día».

Jeffrey Sachs, en Kuala Lumpur, antes de la cumbre ASEAN-China-GCC, resumió sucintamente el espíritu de la Nueva Ruta de la Seda: «Si se unen las habilidades japonesas, coreanas, chinas y de la ASEAN, Dios mío: nadie podría competir (…) La diplomacia requiere una mesa y dos sillas. El ejército requiere un billón de dólares al año. ¿Qué les parece mejor?».

(Reproducido de Sputnik con permiso del autor o su representante).

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6. La situación en Die Linke.

Por si interesa, entrevista a dos militantes de una facción de izquierda en Die Linke sobre el estado actual de la organización.

https://links.org.au/inside-die-linke-interview-state-germanys-left-party

Dentro de Die Linke: Entrevista sobre la situación del partido de izquierda alemán

Por Frieda Holm Maria Sommer Sean Larson

Publicado el 28 de mayo de 2025

Publicado por primera vez en Tempest y RS21.

Tras la agitación geopolítica y las elecciones anticipadas de febrero, que llevaron al poder a una nueva coalición, la situación política en Alemania está cambiando rápidamente. A pesar del auge de la extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), el partido de izquierda Die Linke (La Izquierda) se ha disparado en las últimas elecciones, duplicando con creces su tamaño anterior.

Sean Larson se reunió con Frieda Holm y Maria Sommer, del grupo socialista revolucionario marx21, para hablar sobre la dinámica cambiante dentro de Die Linke, cómo sortear los escollos del parlamento y la construcción de una infraestructura duradera para la lucha de clases dentro y fuera del partido.

Hasta hace poco, Die Linke parecía estar en declive. ¿Qué llevó al renacimiento de Die Linke, no solo como organización electoral, sino como partido político con más de 100 000 miembros? ¿Y cuál es la situación actual dentro del partido, meses después de las elecciones?

Frieda Holm: Tras un periodo de estancamiento, se produjo un largo debate existencial dentro de Die Linke en torno a la cuestión de Sarah Wagenknecht, que culminó con la salida de Wagenknecht en otoño de 2023. Tras la salida de Wagenknecht, asistimos a una primera oleada de adhesiones a Die Linke, incluso de activistas veteranos, que afirmaban que ahora, sin Wagenknecht y su política racista, podían luchar por Die Linke.

A partir de ahí, se inició un proceso estratégico. Como resultado, Die Linke lanzó una ofensiva participativa, llevada a cabo a través de las estructuras locales reforzadas, con el objetivo de alinear el programa de Die Linke con las principales preocupaciones de la gente. Nuestra brújula era: el partido no saldrá de la crisis con sus propios recursos. Necesita gente nueva y motivada con ideas propias. El partido debe abrirse haciendo una oferta concreta a la gente para que se una.

Fue la mayor campaña de organización en la historia del partido, que intentó construir un modelo de Die Linke basado en la actividad local, que se adentra en los barrios y deriva sus prioridades y su programa del diálogo con la gente. Este era el contexto cuando se convocaron las elecciones anticipadas. Durante la campaña electoral federal, todos los partidos, excepto Die Linke, incitaron al odio contra los refugiados, exigieron políticas migratorias más duras, el cierre de las fronteras, etc.

El año pasado ya se produjo una enorme ola de protestas contra la extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) y sus planes de deportación. Anteriormente, los Verdes se beneficiaron de esas protestas, pero ahora formaban parte de la misma dinámica y, en última instancia, querían gobernar con el partido mayoritario de la derecha, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), lo que significaba que se abría un espacio para que Die Linke liderara como fuerza coherente contra el fascismo.

Así pues, hubo un factor subjetivo de desarrollo estratégico en el partido en términos de estructuras y nuevo perfil, así como los debates dominantes del momento, que se unieron para el relativo éxito de Die Linke en las elecciones.

Sin embargo, sigue planteándose la cuestión de si esto puede dar lugar a un partido diferente que sea sostenible a medio o largo plazo. El lema de Die Linke durante las elecciones fue «todos quieren gobernar, nosotros queremos cambios». El partido enmarcó la política como una lucha entre arriba y abajo, y hizo hincapié en un enfoque político de clase. Y la pregunta es: ¿podemos seguir manteniendo la claridad de hacer política para y con la gente de aquí abajo contra los de arriba?

¿O corremos el riesgo de adaptarnos a la imagen misma de la política dominante que la gente en sus puertas y en esta campaña ha rechazado a menudo de forma expresa? En realidad, ahora están hartos de la política porque se hace desde arriba y, en última instancia, no es para ellos. Así que se trata de cómo hacer sostenibles las innovaciones y la orientación política del último año y medio.

Maria Sommer: Die Linke tiene ahora un 10 % en las encuestas actuales y estamos ganando más apoyo. Al mismo tiempo, hay mucha gente que proyecta en Die Linke que se supone que debe convertirse en esta nueva fuerza más allá de la socialdemocracia. Hay presión dentro y fuera del partido, incluso desde el entorno liberal verde, para que Die Linke asuma ahora la responsabilidad del entorno liberal de izquierda más amplio, incluso en política exterior. Básicamente, quieren que Die Linke abandone la «anticuada» política de paz y se convierta en el abanderado del entorno opositor más amplio.

Todo esto significa que no solo estamos actuando como fuerza de oposición, sino que también tenemos que lidiar con las expectativas de quienes ven en un proyecto de gobierno de izquierda, verde y liberal la única oposición a la derecha. Por eso va a ser un gran reto decir: «sigamos la receta del éxito, la política de los desvalidos, es decir, nosotros, los de abajo, contra los de arriba, no queremos gobernar, queremos cambiar, construimos el poder desde abajo», etcétera. La cuestión del gobierno es muy atractiva, especialmente en tiempos de reveses y crisis.

Tampoco debemos sugerir que la izquierda nunca quiere tomar el poder. Pero no debemos cometer el error de sugerir que podemos tomar atajos. Desde esa perspectiva, luchar por la dirección del partido será un reto. Luego está la cuestión de los nuevos miembros y cómo podemos integrarlos. En cuatro meses hemos ganado 60 000 nuevos miembros, lo que supone, en pocas palabras, la refundación de Die Linke.

Y la pregunta es: ¿pueden establecer un nuevo espíritu dentro del partido? Si es así, conseguiremos seguir siendo antisistema y construir un partido de base capaz de llevar a cabo grandes campañas como la expropiación de los terratenientes. Pero realmente es una cuestión de fuerza y de si la gente puede integrar a estas nuevas personas en el gran debate que se avecina.

Yo diría que hay mucha gente que quiere desarrollar un nuevo partido. Pero, por supuesto, todavía hay diversas teorías del cambio y conceptos de socialismo. En cualquier caso, hay un nuevo rumbo común que pone la política de clases en primer plano y quiere hacer política para las clases. Pero esto también oculta diferencias. Básicamente, sigue existiendo una diferencia fundamental entre el socialismo desde arriba y desde abajo. Para nosotros, esto significa reforzar los pocos enfoques y proyectos que se basan en una participación genuina desde abajo. Tal y como se diseñó esencialmente la campaña puerta a puerta.

Parte de la trampa para Die Linke y muchos otros partidos de masas de izquierda en Europa es la expectativa de los votantes de que entrarán en el Gobierno para cumplir sus promesas. Sin embargo, una vez en el Gobierno, se ven presionados a seguir las reglas y aplicar medidas de austeridad, deportaciones, etc. ¿Qué oportunidades tiene Die Linke de ser una fuerza en la sociedad cuando el partido no está en el poder?

FH: Es un momento interesante, porque yo diría que una gran parte de los nuevos miembros de Die Linke no se han afiliado para formar parte de un partido que es como cualquier otro, solo un poco más centrado en la justicia social. Se han afiliado sobre todo porque entienden que hacemos política de otra manera, que nos arraigamos en los barrios, que no hacemos política para el pueblo, sino con él. Les atrae mucho eso, que se corresponde con una estrategia de construcción del poder desde abajo y que, en realidad, se acerca mucho a lo que proponemos en marx21. Y, al mismo tiempo, la visión no está detallada, a diferencia de otros que simplemente dicen: «buscamos mayorías progresistas en una coalición de gobierno». Así que la pregunta central es: ¿cuál es nuestro plan para ganar con el curso de una oposición social radical y rebelde? ¿Qué otro camino hacia el cambio podemos mostrar y demostrar en la práctica?

Estamos en los inicios de demostrar cómo podría ser una alternativa al gobierno típico, construyendo poder y la capacidad de impulsar cosas desde abajo. Mucho de ello vendrá determinado por cómo llevemos a cabo las campañas y las luchas en el futuro.

Si pensamos en otros proyectos reformistas de izquierda, como los de Sanders o Corbyn, estos se centraban más en la movilización para las elecciones o como un fin en sí mismo. Nosotros intentamos utilizar las campañas para construir realmente la izquierda. Quizás sea útil dar un ejemplo concreto, concretamente la campaña sobre los costes de la calefacción.

Durante las elecciones, nuestra estrategia consistía en ir puerta por puerta, pero queríamos aprovechar esa oportunidad para experimentar con la organización de vecinos e inquilinos y marcar una diferencia concreta para la gente como Die Linke. En Alemania existe un truco legal por el que, si los propietarios facturan los gastos de calefacción de forma incorrecta o mediante un sistema erróneo, los inquilinos pueden reclamar el 15 % de los gastos, pero pocos lo saben. Muchas de las personas con las que hablamos en las puertas se quejaban de los altos alquileres y precios, y eso nos dio la oportunidad de decirles, básicamente, que podían recuperar 150 euros de su propietario, a quien la mayoría odia de todos modos. Luego, como Die Linke, ayudamos a la gente a hacerlo. Enviaban su factura a las oficinas de Die Linke, nosotros la comprobábamos y luego les proporcionábamos a los inquilinos todo lo necesario para enviar la carta a su propietario y recuperar su dinero.

Luego se amplió. En algunos lugares, incluido Berlín, nos encontramos con casos en los que se veían afectados bloques enteros. Organizamos una reunión de inquilinos para informar a la gente y que pudieran tomar medidas en sus edificios. Entonces, la gente se ponía en contacto con nosotros y nos decía: «Puedo hablar con mis vecinos sobre esto», etc. De esta manera, pasamos de las conversaciones puerta a puerta a apoyar a las personas que luchaban y a adquirir experiencia en la actividad política. Es algo muy accesible, pero al mismo tiempo supone un cambio inmediato para la gente, que se da cuenta de que puede hacer algo.

Ahora tenemos previsto continuar con este tipo de campaña después de las elecciones, y tenemos algunos puntos de referencia para el trabajo extraparlamentario de Die Linke que surgieron de la campaña electoral. A través de ellos, podemos plantear preguntas como: ¿cuáles son las reformas radicales para las que queremos construir un movimiento de masas en los próximos años?

Existe un enorme potencial para demostrar cómo es este tipo de política alternativa con la cuestión de los alquileres, donde las cosas están llegando a un punto crítico. Las preguntas se concretan en torno a si Die Linke, como oposición, puede impulsar algo como un límite máximo de los alquileres o una municipalización, organizando a los inquilinos, un segundo referéndum y movilizaciones masivas. Si Die Linke puede convertirse en una fuerza motriz orgánica de un movimiento social que obligue al Gobierno a hacer concesiones, logrará organizar una resistencia eficaz contra las políticas de austeridad de la coalición de Merz.

Estas son las cosas que determinarán el futuro de todas estas personas que se unen al partido con mucha esperanza. Nuestra capacidad para articular eficazmente este enfoque político determinará si la afluencia de nuevos miembros contribuirá a construir poder desde abajo.

¿Puede describir las estructuras y tendencias dentro de Die Linke, cómo se desarrollaron y dónde se encuentran ahora? ¿Qué fuerzas existen que podrían desempeñar un papel en el cambio de rumbo del partido?

MS: Cuando se fundó el partido, básicamente se unieron personas del Partido del Socialismo Democrático (PDS) del Este (sucesor del antiguo partido gobernante en Alemania Oriental, el Partido Socialista Unificado, SED), con la izquierda sindical del Oeste, más una especie de corriente radical y anticapitalista, y esa era la composición de Die Linke en aquel momento. El PDS, en particular, tenía una teoría del cambio basada en la política de representación, o la política desde arriba. El modelo de partido que surgió en ese momento fundacional no estaba en absoluto orientado a ser un partido socialista basado en la afiliación.

Esta constelación básicamente ya no existe, el PDS ya no es tan fuerte y hay una nueva oportunidad. Lo interesante ahora es que se están produciendo debates, incluso en el aparato del partido, en los que podríamos hacer realidad algo así en el próximo período.

FH: En principio, las tendencias políticas que han dominado los debates dentro del partido durante mucho tiempo siguen existiendo. Se han mezclado o entremezclado parcialmente, pero yo diría que ninguna de estas tendencias tiene un apoyo significativo en la base del partido.

Con la Izquierda del Movimiento —una especie de grupo o tendencia organizada dentro de Die Linke—, la situación es un poco diferente de otras tendencias, en la medida en que no se trata de un espacio completamente desvinculado en el que se discuten cuestiones programáticas sin relación con la actividad de base. Pero incluso con la Izquierda del Movimiento, no es que haya treinta asociaciones distritales de la Izquierda del Movimiento o algo así que persigan un modelo político específico. Por este contexto, los ejemplos concretos cobran importancia al mostrar nuevas formas de hacer política, como la campaña electoral de Nam Duy Nguyen en Leipzig, en la que una persona de color ganó por primera vez en el este un escaño por mandato directo, o la de Ferat Koçak en Neukölln. Ambas se llevaron a cabo de forma participativa y desde abajo.

Sí, nosotros, en marx21, desempeñamos un papel en ambos, pero se trata de un proyecto del ala izquierda de Die Linke en un sentido más amplio. No es que una tendencia o nosotros mismos, como actores, lo hayamos hecho solos, sino que surgieron de bastiones del partido (Leipzig, Neukölln), que intentamos utilizar como modelos «faros» de cómo podría funcionar este enfoque de la política desde abajo.

De hecho, eso es lo que yo diría que tuvo un mayor impacto en los nuevos miembros de todas partes. La estrategia de hablar con 100 000 personas durante las elecciones nacionales para establecer las prioridades de Die Linke se inspiró directamente en el éxito de Leipzig. La gente vio lo que pasó en Leipzig y quiso hacerlo, y luego llegó Neukölln y demostró que se podía hacer a una escala mucho mayor. Los éxitos concretos son los que tienen más potencial para cambiar las cosas y por eso nos centramos tanto en crear modelos o ejemplos de este tipo, para demostrar que pueden funcionar.

Esto nos lleva a las cuestiones estructurales. Si se observa la estructura de Die Linke, incluida la constitución y toda la forma, todo se conceptualiza exclusivamente a través de congresos del partido, juntas ejecutivas y elecciones para los congresos del partido, etc. Es decir, la función básica de un miembro de base es asistir regularmente a los actos para elegir delegados, puntos del programa, mociones o candidatos. Eso es todo. Por supuesto, se le anima a ser activo de alguna manera y a ondear la bandera para dar visibilidad al partido a nivel local o algo por el estilo, pero el modelo político general es el mismo. En última instancia, solo se trabaja para el parlamento, la plataforma y las elecciones.

Ahora se ha vuelto interesante, porque los propios líderes del partido dicen que Die Linke debería convertirse en un partido socialista basado en la afiliación, o lo que se ha convertido casi en sinónimo, un partido que organiza a la clase. Pero la pregunta es: ¿cómo es eso en realidad? De los 110 000 miembros de Die Linke, 109 000 no están en ningún parlamento, pero esos son los miembros que deben convertirse en la fuente de nuestro poder.

Eso significa que necesitamos codecisión, necesitamos delegados que puedan decidir la dirección práctica del partido, necesitamos la capacidad de unirnos en torno a un plan común. Todo ello plantea la cuestión del modelo organizativo. Creo que existe la posibilidad de crear algo en esta estructura que fomente el empoderamiento de los miembros en lugar de limitar lo que pueden hacer con su partido. Por supuesto, eso aún no crea una fuerza revolucionaria.

Pero es emocionante, porque muchas de las limitaciones con las que nos hemos encontrado en el pasado —por ejemplo, el papel desmesurado del parlamento— provienen del hecho de que todos los espacios de toma de decisiones están orientados hacia ese tipo de modelo, sin contrapesos incorporados. Sin embargo, sigue siendo una cuestión complicada, y la estamos debatiendo ahora en el partido.

MS: Técnicamente, la dirección elegida del partido se supone que es la dirección política. Pero durante mucho tiempo, el grupo parlamentario determinó la dirección de Die Linke porque tenía más poder. Durante la crisis, el aparato llegó a convertirse en la dirección política, y estaba en total desacuerdo con el grupo parlamentario.

Nosotros, o la izquierda radical en general, solíamos pensar que la cuestión estructural y nuestra relación con las estructuras era básicamente apolítica. Pero ahora tenemos que enfrentarnos a la cuestión de cómo desarrollar nuevas estructuras de partido que permitan una mayor democratización. Existe una nueva oportunidad para promover una perspectiva de socialismo desde abajo a través de un nuevo modelo de partido, con límites a los mandatos, topes salariales para los parlamentarios, etc. Creo que eso es de sentido común para alrededor del 70 % del partido en este momento.

Eso está muy bien, pero la otra pregunta es: ¿en qué momento tiene sentido realmente proponerse liderar y construir un partido revolucionario? Mi sensación es que siempre estamos haciendo este ejercicio de equilibrio, por así decirlo. No creo que debamos plantearlo como objetivo de Die Linke en sí, porque entonces siempre se planteará la cuestión de si se puede confiar en nuestras acciones. Al mismo tiempo, creo que para que un partido revolucionario asuma un papel histórico, la clase obrera debe ser más fuerte. En Alemania, solo es fuerte en determinadas zonas. Creo que, en realidad, tenemos que llegar a un punto diferente en la lucha de clases para poder hablar adecuadamente de esta cuestión del partido revolucionario.

Lo que estamos haciendo ahora en Die Linke es todo lo posible para fortalecer la lucha de la clase obrera y mejorar el equilibrio de poder, sin descuidar la disciplina. Así es como veo nuestra función en el partido. Existe el riesgo de volcarse, pero ahora mismo las cosas van por buen camino y eso nos está ayudando mucho.

En ese sentido, históricamente, los sindicatos en Alemania estaban más estrechamente vinculados al Partido Socialdemócrata (SPD). ¿Cómo es la situación ahora con Die Linke y los sindicatos, y también con los trabajadores no sindicados? ¿Qué planes o perspectivas hay para construir y profundizar esta relación entre el partido y la clase?

FH: Bueno, la situación es complicada. Por un lado, el SPD ha entrado ahora en un gobierno de coalición con la CDU, y si el gobierno abandona ahora la jornada de ocho horas —uno de los principales logros del movimiento obrero— como quiere la CDU, entonces se plantea la cuestión de la estabilidad de los sindicatos y de si necesitarán otros aliados más allá del SPD para no quedar completamente expuestos al nuevo programa de austeridad, la Agenda 2030.

Por otro lado, Die Linke todavía no tiene una base sólida en los lugares de trabajo, en realidad no tiene ninguna práctica en este ámbito. El partido tiene relaciones con dirigentes sindicales y hay muchos secretarios sindicales o personas que trabajan en el aparato sindical que también están en Die Linke. Pero no existe una red real dentro de los lugares de trabajo ni una relación seria con conflictos de clase clave, como el movimiento hospitalario.

Sin embargo, están surgiendo iniciativas de solidaridad con las huelgas, con miembros de Die Linke que acuden a los piquetes y recaudan fondos. Más prometedor aún, en el último año los trabajadores de la salud se han unido y han creado la primera red de enfermeras dentro del partido y fuera de él. La Fundación Rosa Luxemburg, vinculada a Die Linke, también patrocina una gran conferencia anual para la renovación sindical que atrae a mucha gente. Este es el tipo de cosas que, en mi opinión, podrían ser los primeros indicios de una práctica más generalizada de Die Linke en los lugares de trabajo.

Estamos luchando por encontrar la manera de hablar a los trabajadores en su propio idioma y de crear estructuras para que puedan formar parte del trabajo del partido. Creo que el Partido Obrero Belga ya ha resuelto mejor algunas de estas cuestiones. Nosotros estamos en una fase experimental: pequeños experimentos, intentos iniciales. En los bastiones donde marx21 tiene más presencia, también hay redes más estrechas que son prometedoras, como en Neukölln.

¿Podría describir un poco más el entorno activista en Alemania? ¿Cómo es la constelación de fuerzas que se organizan en torno al antirracismo, la política queer, el feminismo, el clima y otras cuestiones, tanto dentro como fuera de Die Linke?

MS: Para ser sincero, es desolador. El movimiento climático en Alemania está prácticamente estancado. Ende Gelände y Fridays for Future, que solían ser movimientos enormes y sostenidos, ahora están muy débiles y prácticamente inactivos. No tienen ningún proyecto en este momento. Hubo un breve repunte en Tesla, pero fue muy pequeño y, en esencia, participaron los sospechosos habituales de la izquierda. Lo mismo ocurre en los contextos feministas y queer. Por supuesto, hay redes, pero yo diría que actualmente no constituyen un movimiento social propiamente dicho.

FH: La coalición antifascista que bloqueó las conferencias del partido AfD se ha convertido ahora en un punto de encuentro para lo que era el ala radical del movimiento climático. Esto incluye al grupo anticapitalista Interventionist Left y a muchos autonomistas como TOP (un grupo con sede en Berlín, Theorie.Organisation.Praxis), todos los grupos de izquierda radical que durante mucho tiempo tuvieron como proyecto los bloqueos climáticos y que, una vez que estos se debilitaron, se reunieron de nuevo en torno al antifascismo.

Al mismo tiempo, ha habido una crisis de la izquierda social en general, y más aún de la izquierda radical, lo que ha hecho que Die Linke se haya convertido ahora en un fuerte polo de atracción. Creo que se trata más bien de que Die Linke y la organización que ofrece, tan necesaria, proporcionan una especie de perspectiva de supervivencia a los movimientos, más que una perspectiva de poder estratégico. Pero la política aportada por los movimientos, por ejemplo, en materia de antifascismo, incluso antifascismo ofensivo, y en cuestiones climáticas, ha sido crucial para marcar el rumbo de Die Linke y para que Die Linke pudiera ser aceptada. Pero no es que haya presión sobre Die Linke desde el exterior.

MS: Debo decir que ha habido un movimiento significativo, el movimiento de solidaridad con Palestina, que es muy pequeño en Alemania, muy marginado, y esa es el área en la que no hemos logrado ayudar sustancialmente a construir.

Sí, Die Linke ha tenido un enfoque contradictorio hacia el movimiento global de solidaridad con Palestina. ¿Podría decirnos algo sobre la situación actual de la solidaridad con Palestina en Alemania?

MS: El debate sobre Oriente Medio sigue siendo un reto. En la última conferencia del partido, celebrada en mayo, los miembros del partido decidieron por una estrecha mayoría que, a partir de ahora, la definición de Jerusalén del antisemitismo debe ser la base de las acciones políticas del partido. Esta decisión es un paso en la dirección correcta. Muchos miembros piden una política más clara y una ruptura con la razón de Estado en nombre del partido. Especialmente a la luz del antisemitismo, es decir, la adopción de la crítica al antisemitismo por parte de la derecha, es importante que Die Linke tenga una idea clara de cuándo una declaración es antisemita y cuándo no. Para muchos, esto supone ahora una gran ayuda para poder participar en actividades a favor de Palestina sin temor a ser difamados.

Pero también hay muchas personas insatisfechas con la decisión. Un día antes de la conferencia del partido, la dirección del partido emitió una declaración sobre el derecho de Israel a existir. Esto tiene mucho que ver con la preocupación por la reputación: para la prensa derechista de Springer, cualquier forma de crítica a Israel por parte de Die Linke es motivo de una gran noticia. Pero eso no es todo: por supuesto, todavía hay miembros dentro del partido que se alinean con la escena antideutsch (antialemana). Sin embargo, los crímenes de guerra de Israel y los movimientos poscoloniales de los últimos años también han cambiado las fuerzas dentro del partido. El reto ahora será reforzar las iniciativas prácticas para que la solidaridad con Palestina no se pierda en medio de las luchas de poder.

Tenemos diferentes constelaciones al respecto entre Estados Unidos y Alemania, pero a veces siento que en Alemania actuamos como si fuera especialmente difícil mostrar solidaridad con Palestina. Pero creo que es igual de difícil en Estados Unidos, para ser sincero. Así que estar en Alemania es una mala excusa, eso es lo que pienso. En cualquier caso, tenemos problemas para hablar de ello dentro de Die Linke. Gran parte del partido ha sido simplemente ciego en esta cuestión.

Hemos pensado en por qué podría ser así y nos parece que la mayoría de la gente sabe muy poco al respecto. Aquí no hay una larga tradición de solidaridad con Palestina ni de educación sobre el tema. Simplemente no están informados, y esta política del miedo impide la educación sobre el tema, a pesar de que la mayoría de las personas que vienen de la universidad han recibido algún tipo de educación poscolonial y están muy abiertas a una postura más progresista de Die Linke hacia Palestina. Por eso hemos empezado a proyectar la película No Other Land, por ejemplo durante la campaña electoral en Neukölln y Leipzig, con invitados, y ha tenido muy buena acogida. Es una introducción muy humanista al tema y, por lo tanto, accesible para un público amplio que puede acudir y entablar debates.

Pero, para que quede claro, todo esto, con el genocidio como telón de fondo, todo lo que ocurre en Alemania es totalmente vergonzoso.

¿Hay nuevas oportunidades para Die Linke y el movimiento de solidaridad con Palestina tras las elecciones? ¿O cuáles son sus opiniones sobre Palestina con estos miles de nuevos miembros?

FH: Hay algunos diputados que son más explícitamente pro-palestinos en esta cuestión, lo que la ha sacado más a la luz, y algunos líderes del partido también han cambiado de tono, por ejemplo, nombrando claramente el genocidio y denunciando la represión contra la solidaridad con Palestina. Un diputado de Die Linke asistió a la primera sesión del nuevo Bundestag con una keffiyeh, lo que provocó un gran escándalo en los medios de comunicación dominantes. Pero esto es secundario.

No quiero engañar, porque cuando soplan vientos contrarios a Die Linke en esta cuestión, cambia rápidamente. Pero, a diferencia de lo que ocurre con el envío de armas a Ucrania, las cosas han cambiado y Die Linke tiene ahora una posición más favorable. Muchas personas que se han afiliado al partido se han politizado a través de los debates antirracistas y anticolonialistas de los últimos años, han desarrollado un profundo antirracismo moral y sienten que esto está mal. Estas personas dicen: «Oigan, estamos en contra de la opresión y este es el ejemplo de ello, ¿por qué Die Linke no se opone más claramente?».

¿Sigue habiendo personas en Die Linke que llaman a la policía para que intervenga en las manifestaciones a favor de Palestina?

MS: Por supuesto. Pero la pregunta es: ¿cómo se pueden mejorar las cosas? Hay que organizarse. Si no hacemos nada, si la Izquierda en Movimiento no convoca una manifestación, no pasará nada. Y entonces los nuevos miembros acabarán aprendiendo que, en Alemania, como izquierdista, no se habla de Palestina. Eso es lo que se les enseña.

¿Podría hablar un poco más sobre marx21? ¿Qué representantes han elegido para los distintos niveles y qué papel desempeña el trabajo parlamentario en su perspectiva política general?

FH: Actualmente somos unas 460 personas. Estamos creciendo muy rápido. Diría que probablemente un tercio de nosotros somos activos en Die Linke, lo cual es una fortaleza. Tenemos cuatro representantes electos: tres en el Bundestag y uno en el Parlamento regional de Sajonia.

En las últimas semanas hemos debatido mucho sobre el papel de los diputados revolucionarios. Creemos en la limitación del salario, en la limitación de los mandatos y en el debate periódico de las políticas con marx21, pero también con las estructuras locales de izquierda. Estamos en un proceso de aprendizaje y tratando de definir en términos concretos cómo es el trabajo revolucionario en el parlamento en el contexto actual. Por ejemplo, cuánto tiempo pasan en el parlamento, cuánto tiempo pasan fuera, etc. Los límites salariales, los límites de mandato, etc. están pensados esencialmente como mecanismos de protección contra el simple deslizamiento hacia el parlamento.

Pero también es importante estar en el parlamento como espacio para demostrar el equilibrio de poder y poder hablar con el mundo exterior. Queremos que su trabajo nos beneficie realmente, tanto en la lucha de clases como en el trabajo de organización que se lleva a cabo fuera del parlamento. En otras palabras, utilizar el acceso a las relaciones públicas, a personas prominentes y a los recursos para impulsar el desarrollo político de la izquierda desde abajo. Así es como lo resumiría, pero lo que eso significa en realidad es muy complicado. Entonces, ¿se especializan en un área política específica y se convierten en expertos, o simplemente se convierten en un megáfono y dan buenos discursos? No siempre está claro lo que deben hacer los revolucionarios en todas las circunstancias.

MS: Hace un año, cuando todo el mundo declaraba la muerte de Die Linke, había básicamente unas pocas personas que pensaban seriamente en el potencial realista de Die Linke y en cuál podía ser nuestra contribución. Establecimos algunos parámetros y límites, y luego decidimos intentarlo. Pensamos que lo que necesitábamos era construir algunos modelos faro que pudieran activar las bases y servir de ejemplo para una campaña participativa a nivel nacional.

Frieda Holm es miembro activo de Die Linke y miembro de marx21.

Maria Sommer es miembro activo de Die Linke y estudió filosofía y sociología. Es miembro de marx21.

Sean Larson es miembro del Colectivo Tempest en Estados Unidos y editor fundador de Rampant Magazine.

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7. Más sobre India y Pakistán.

Según el autor de este artículo en Sidecar, las cosas no pintan bien en el futuro de las relaciones India-Pakistán.

https://newleftreview.org/sidecar/posts/towards-disaster

Hacia el desastre

Ammar Ali Jan

27 de mayo de 2025

Ahora que se ha calmado el polvo tras la batalla entre la India y Pakistán, el conflicto aéreo más importante entre ambos países hasta la fecha, vale la pena reflexionar sobre su significado más amplio. ¿Cuáles fueron sus orígenes y cómo afectará a la política de la región? El desencadenante inmediato fue el atentado terrorista perpetrado en Pahalgam por militantes cachemires a finales de abril, en el que murieron 26 turistas. El Gobierno indio acusó a su homólogo pakistaní de haber orquestado el tiroteo. Pakistán negó las acusaciones y se ofreció a iniciar una investigación conjunta, pero la clase política india se mostró implacable y comenzó a batir los tambores de guerra. El alto mando militar pakistaní declaró que el país respondería a cualquier agresión, lo que aumentó la posibilidad de un enfrentamiento nuclear. No pasó mucho tiempo antes de que ambos bandos comenzaran a intercambiar disparos, lo que dejó un saldo de 31 muertos en los cuatro días siguientes.

El conflicto estalló el 7 de mayo, cuando la India lanzó una lluvia de misiles contra los denominados «objetivos terroristas» dentro de Pakistán. Murieron más de dos docenas de civiles, entre ellos al menos un niño. El ejército pakistaní respondió desplegando aviones J10 de fabricación china armados con misiles PL-15, lo que significó que la conflagración fue, al menos en cierto modo, una prueba del armamento militar de la República Popular China frente al de Occidente. Cuando comenzaron a circular informes de que cinco aviones indios habían sido derribados en la batalla, algunos analistas de defensa señalaron que el verdadero ganador de la escaramuza era China.

Ambas partes se atribuyeron inmediatamente la victoria tras esta primera ronda de hostilidades. Sin embargo, las esperanzas de una rápida solución negociada se desvanecieron el 8 de mayo, cuando la India envió un gran número de drones de fabricación israelí al territorio pakistaní. El ejército pakistaní afirmó que había interceptado casi todos antes de que pudieran dañar infraestructuras civiles o militares. Pero la ofensiva se intensificó dos días después, con más drones y misiles indios que impactaron en zonas civiles densamente pobladas de las principales ciudades de Pakistán. En ese momento, los mandos militares pakistaníes decidieron responder con ataques aéreos y con drones, algunos de los cuales tuvieron como objetivo bases aéreas indias. De repente, los rumores sobre una escalada nuclear parecían creíbles y cundió el pánico.

Las versiones sobre lo que ocurrió a continuación son diversas. Una versión sugiere que, tras frustrar el intento de la India de afirmar su superioridad aérea, Pakistán obligó efectivamente a su vecino a aceptar un alto el fuego. Otros afirman que Pakistán se sentía acorralado y señaló su disposición a utilizar la opción nuclear si el conflicto persistía, lo que aceleró las conversaciones para poner fin a los combates. En cualquier caso, las negociaciones secretas con Washington acabaron negociando una frágil paz que Donald Trump anunció en las redes sociales, atribuyéndose el mérito del acuerdo. En la India, los críticos alegaron que el Gobierno había cedido a la presión de Estados Unidos sin lograr ninguno de sus objetivos bélicos. En Pakistán, el ambiente era eufórico. Muchos creen que la Fuerza Aérea, respaldada por China, ha logrado restablecer el equilibrio militar y socavar la pretensión de hegemonía regional de la India.

El reciente conflicto es consecuencia de décadas de tensión, que estallaban periódicamente en violencia, por el estatus disputado de Cachemira. Tanto la India como Pakistán reivindicaron la soberanía sobre el territorio de mayoría musulmana tras la partición de 1947 —el primero se apoderó de dos tercios de la zona, mientras que el segundo reclamó el tercio restante— y desde entonces lo han convertido en una de las regiones más militarizadas del mundo. Tras cuatro décadas de ira y agitación en el valle ocupado, el presunto fraude electoral del ejército indio en las elecciones de 1987 provocó una serie de disturbios masivos. Estos culminaron en una insurgencia armada en 1989 liderada por el Frente de Liberación de Jammu y Cachemira (JKLF), que busca establecer un Estado independiente y laico. A lo largo de la década de 1990, muchos de los grupos que luchaban en el territorio recibieron entrenamiento en campamentos militantes en todo Pakistán. El ejército indio respondió a los disturbios con una brutal estrategia de contrainsurgencia que incluyó ejecuciones extrajudiciales, violencia sexual y tortura.

En 2001, el propio Pakistán trató de reprimir a los grupos militantes cachemires y los designó como organizaciones terroristas, aunque siguió manteniendo su apoyo oficial al derecho de Cachemira a la autodeterminación. (Pakistán siempre ha estado convencido de que la inmensa mayoría de los cachemires se decantaría por unirse a Pakistán si se les diera la oportunidad, pero esto ya no es seguro, ya que el descontento por la inflación y la represión ha aumentado el atractivo de las fuerzas nacionalistas que exigen la independencia de Cachemira). Aun así, estos grupos cachemires mantuvieron profundas raíces en Pakistán, lo que dificultó su desmantelamiento. El Estado indio percibió esta dificultad como una falta de voluntad por parte de Pakistán para combatir el terrorismo, lo que profundizó la animadversión entre ambos países.

La cuestión se convirtió finalmente en un punto álgido a nivel mundial en 2019, cuando el Gobierno de Modi abolió el artículo 370, una disposición que concedía una considerable autonomía al Estado de Cachemira. Delhi afirmó que se trataba simplemente de un intento de normalizar el estatus político de Cachemira, pero la mayoría de los cachemires lo consideraron un ataque directo a su identidad y a sus libertades civiles. La resistencia se enfrentó a una represión cada vez más intensa, que en los últimos seis años ha logrado acabar con la mayor parte de la disidencia pública. El régimen de Modi pudo proclamar la victoria, alegando que había estabilizado la situación y restablecido el orden en el territorio en disputa. Solo los atentados de Pahalgam socavaron esta narrativa.

Tres factores cruciales conforman el telón de fondo del conflicto. El primero, y más antiguo, es la negación del derecho del pueblo cachemir a la autodeterminación. El segundo es el carácter de los regímenes de Delhi e Islamabad, que han recurrido a métodos cada vez más autoritarios a medida que se ha debilitado su legitimidad política. Y el tercero es la nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China, que ha reconfigurado el papel de la región en el sistema mundial. En conjunto, estas dinámicas interconectadas han empujado a la India y Pakistán hacia el desastre. ¿Cómo se desarrollaron históricamente?

La India independiente fue inicialmente un Estado «dirigista», impulsado por un fuerte espíritu desarrollista e igualitario surgido de la lucha anticolonial. El proyecto de Nehru incluía una ambiciosa política industrial, así como el apoyo estatal al campesinado del país y un enfoque no alineado en materia de asuntos exteriores. Asumió un papel destacado en la Conferencia de Bandung de 1955 y se convirtió en uno de los principales defensores de la causa palestina. Sin embargo, desde el principio, esta perspectiva adoleció de diversas incoherencias. Nehru y su partido, el Congreso, no llevaron a cabo una reestructuración radical de la tierra, las castas o las relaciones industriales. Las luchas de los campesinos y los trabajadores, especialmente las lideradas por los comunistas, fueron reprimidas violentamente. El supuesto compromiso de la India con la solidaridad con el Tercer Mundo se vio socavado por sus guerras con China (1962) y Pakistán (1965-1971), así como por su relación descaradamente colonial con Cachemira desde 1948 en adelante. Estas contradicciones generaron una fuerte oposición tanto de la derecha como de la izquierda, allanando el camino para nuevos movimientos basados en la clase, la casta y la religión, que acabaron por romper el consenso nehrúviano.

El resultado fue el triunfo del Partido Bharatiya Janata, una organización nacionalista hindú de derecha fundada sobre una profunda enemistad hacia los musulmanes y Pakistán. Tras obtener solo dos escaños en las elecciones de 1984, el BJP saltó a la fama nacional después de liderar a turbas que destruyeron una mezquita supuestamente construida en el emplazamiento del histórico templo hindú de Ayodhya. A medida que el Gobierno liderado por el Congreso liberalizó la economía y desmanteló el Estado intervencionista a principios de la década de 1990, muchos grupos empresariales influyentes se alinearon con esta corriente resurgente del nacionalismo hindú como alternativa a las fuerzas organizadas de izquierda. Narendra Modi, exministro principal de Gujarat, acusado de haber supervisado el asesinato de más de mil musulmanes en el ejercicio de su cargo, pasó a encarnar esta «alianza entre el hindutva y las empresas» y fue elegido primer ministro en 2014.

Las multinacionales, desde Microsoft y Amazon hasta CitiBank y JPMorgan Chase, estrecharon así sus lazos con la élite india y aumentaron sus inversiones en su mercado emergente. El efecto fue la globalización de la economía del país y la reorientación de su política hacia Washington, que culminó con la reunión entre Modi y Trump a principios de 2025, en la que ambos líderes firmaron una «Asociación de Defensa entre Estados Unidos y la India». Estados Unidos ha dejado claro que su objetivo es seguir conteniendo a China convirtiendo a la India en un contrapeso regional, una agenda que Delhi apoya plenamente. El Gobierno de Modi espera que, al congraciarse con Estados Unidos, pueda consolidar a la India como potencia indiscutible de la región. Esto, a su vez, ha llevado a una relación más estrecha entre Israel y la India, que incluye la cooperación militar y planes para construir el «Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa» para contrarrestar la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda de China. Muchos partidarios del Hindutva se refirieron al ataque de Pahalgam como «nuestro 7 de octubre» y exigieron que Pakistán fuera «reducido a Gaza» a raíz del mismo.

Pakistán también se ha mantenido firme en el bando liderado por Estados Unidos desde que firmó los pactos militares SEATO y CENTO con Estados Unidos en 1954 y 1955. Como Estado de primera línea en la estrategia anticomunista de contención de Estados Unidos, Pakistán se benefició de importantes cantidades de ayuda estadounidense durante todo el período de la Guerra Fría. El único desafío serio a la hegemonía estadounidense desde la creación del Estado fue el gobierno de izquierda de Zulfikar Ali Bhutto, derrocado en un violento golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en 1977. Desde entonces, la economía pakistaní ha dependido en gran medida de las rentas obtenidas de las guerras imperialistas en Oriente Medio. Uno de los aspectos más oscuros de este legado fue la llamada «yihad afgana», una operación clandestina apoyada por la CIA que convirtió a Pakistán en un campamento base para las organizaciones militantes que luchaban contra el gobierno afgano respaldado por la Unión Soviética durante la década de 1980. Impulsados por los dólares estadounidenses y el patrocinio saudí, miles de pakistaníes se unieron a una red global de militantes islamistas que abarcaba cientos de madrasas y campos de entrenamiento yihadistas.

Los políticos pakistaníes han utilizado habitualmente la amenaza de la agresión india para justificar la militarización y la securitización del sistema político, tachando a cualquier fuerza opositora significativa de agente de Delhi. Esta dinámica ha reforzado el control del ejército sobre la política y le ha permitido aplastar la disidencia, especialmente en las conflictivas provincias de Baluchistán y Jaiber Pastunjuá. Sin embargo, con el inicio de la «guerra contra el terrorismo», las prioridades regionales de Estados Unidos cambiaron. La militancia islamista ya no era un arma útil contra el comunismo, sino el enemigo definitivo de la humanidad. El ejército pakistaní se vio así obligado a dar marcha atrás en su política de apoyo a las fuerzas islamistas y empezar a luchar contra ellas. No fue una tarea fácil, ya que para entonces los militantes se habían arraigado profundamente en las instituciones estatales, la sociedad civil y las redes transnacionales de armas de Pakistán. La contrainsurgencia pronto se convirtió en un baño de sangre que se cobró 40 000 vidas civiles entre 2001 y 2018.

Las relaciones estratégicas de Pakistán con China también se han visto sometidas a una tensión creciente a medida que han cambiado los objetivos de Estados Unidos. Tras la ruptura chino-soviética y la guerra chino-india de 1962, Pakistán comenzó a cultivar estrechos vínculos con la República Popular China como medio para contrarrestar a su vecino oriental; Washington, que comenzó a buscar su propio acercamiento a China bajo Nixon, no se interpuso en su camino. Todavía en 2015, Pakistán seguía ocupando una posición privilegiada entre estas dos potencias mundiales: se unió al multimillonario Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) y seguía siendo el principal conducto de suministros de la OTAN a las bases militares estadounidenses en Afganistán. Sin embargo, en la última década, este enfoque parece haber llegado a su fin, ya que Pakistán se ha enfrentado a una presión implacable de Estados Unidos para que abandone su relación estratégica con China y se alinee claramente con Occidente. La élite pakistaní está dividida entre facciones prooccidentales y prochinas, lo que amenaza la capacidad del Estado para la planificación a largo plazo.

A medida que su posición geopolítica, mantenida durante mucho tiempo, se ha vuelto cada vez más insostenible, el régimen pakistaní también ha sufrido una grave crisis de legitimidad en el frente interno. Se enfrenta a una inflación galopante, que incluye importantes subidas de los precios de la energía, y a severos recortes en los presupuestos de salud y educación impuestos por el FMI. Con Imran Khan y su partido PTI en camino de ganar las elecciones del año pasado, el Gobierno recurrió a un fraude electoral flagrante para mantenerlo fuera del poder. Hizo frente a las protestas y críticas que siguieron encarcelando a sus oponentes, entre ellos Khan, y prohibiendo las redes sociales. Todo ello ha coincidido con la intensificación de los ataques del Ejército de Liberación de Baluchistán, separatista, y del Tehreek-e-Taliban Pakistan, una organización militante de extremistas religiosos comprometidos con el derrocamiento del Estado federal.

Para comprender el reciente estallido del conflicto, hay que tener en cuenta varios elementos que se superponen. El pueblo cachemir se niega a renunciar a su derecho a la autodeterminación, a pesar de la brutal represión de la India y del abandono casi total de Pakistán, y sigue oponiéndose de forma violenta y no violenta. La beligerancia india contra ellos está claramente relacionada con los cálculos electorales del partido gobernante, el BJP, cuya política nacionalista hindú se basa en castigar a diversos grupos «forasteros». Al mismo tiempo, Pakistán se ha sumido aún más en el militarismo, acelerando su guerra contra los opositores internos y consolidando el papel del ejército como poder supremo de decisión, lo que ha creado un consenso belicista en las más altas esferas del Estado. Por último, Estados Unidos está decidido a convertir a la India en un baluarte contra China, mientras que los propios chinos intentan evitar el cerco occidental mediante la construcción de alianzas estratégicas con países como Pakistán.

Esta dinámica ha desestabilizado aún más las ya tensas relaciones entre la India y Pakistán. El fervor bélico solo puede distraer temporalmente de las profundas contradicciones sociales que azotan a ambos países. La agenda económica de Modi, basada en la privatización y la desregulación, no ha cumplido sus promesas para la mayoría de los indios. Hoy en día, el 1 % más rico del país posee el 40 % de la riqueza.

Los sindicatos han convocado una huelga general para el 6 de junio en protesta por el excesivo poder del capital empresarial, mientras que los agricultores siguen organizando una fuerte resistencia comunitaria. El Gobierno no tiene otra respuesta que continuar su represión contra los musulmanes y los disidentes, especialmente en Cachemira, donde en las últimas semanas se han producido detenciones y secuestros en el marco de una amplia operación de «contrainsurgencia».

Pakistán, por su parte, sigue siendo un Estado rentista adicto a las guerras por poder y a la superexplotación a corto plazo, gobernado por un ejército que solo puede aferrarse al poder mediante un fraude electoral descarado. Las élites del país planean ahora vender más recursos naturales y abrir sus tierras a las empresas mineras internacionales, con la esperanza de que una mayor inversión extranjera frene la espiral económica actual. El año pasado se introdujo una versión de este programa en la provincia de Sindh, donde el Gobierno intentó desviar seis canales del río Indo para atraer capital extranjero al sector de la agricultura industrial; posteriormente fue derrotado por un movimiento de masas que llevó a millones de personas a las calles. Para evitar que se repita este escenario, el Gobierno está intensificando la represión en otras zonas que pretende saquear. Grupos como el Comité de Acción Awami, un pequeño partido político de la región himalaya de Gilgit-Baltistán que ha criticado abiertamente este programa de apropiación de tierras, han sido proscritos y sus activistas detenidos. Queda por ver si el Gobierno podrá silenciar a sus críticos mediante estos medios coercitivos. No hay duda de que, en los próximos años, la lucha contra la minería sin consentimiento se convertirá probablemente en uno de los principales focos de oposición al régimen militar.

El trato severo que se da a los disidentes pone de manifiesto hasta qué punto el discurso de «unidad nacional» que tanto la India como Pakistán han utilizado en las últimas semanas está desfasado con respecto a la realidad de la región: pobreza, desigualdad, depredación. Cuando se trata de gestionar estos problemas, estos Estados pueden pasar fácilmente de librar guerras externas a luchar contra el «enemigo interno», dirigiéndose contra los críticos internos en lugar de contra los rivales extranjeros. La escalada militar en el extranjero está vinculada al endurecimiento del poder estatal en el interior. En esta región de dos mil millones de personas, un asombroso 40 % sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza, soportando el peso del subdesarrollo y los conflictos comunitarios. Solo luchando contra sus explotadores podrán cambiar las condiciones que conducen a la guerra.

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8. Boletín del Tricontinental dedicado a América.

En el Tricontinental estrenan un nuevo boletín, dedicado al continente americano. Os paso su primer número. Está dedicado a la reciente edición de «Dilemas de la Humanidad» celebrada en Brasil.

https://thetricontinental.org/es/los-vientos-del-norte-no-mueven-molinos-el-primer-boletin-de-nuestra-america/

Boletín Nuestra América

Los vientos del norte no mueven molinos: el primer boletín de Nuestra América

Es preciso tener coraje para enfrentar y desafiar al poder. El tiempo de solo hacer críticas se acabó. El precio de la cobardía será el agravamiento de las múltiples crisis. La emancipación económica del Sur Global no será un regalo de la historia, sino el resultado de la lucha colectiva.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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