Miscelánea 5/1/2024

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Los mecanismos de dominación del imperialismo
2. El Egipto de el-Sisi.
3. ¿Son los BRICS antiimperialistas o subimperiales?
4. Actualización sobre África Occidental
5. El hundimiento de la sanidad en la Georgia postsoviética
6. El futuro de la justicia internacional
7. Una coyuntura peligrosa.
8. ¿Qué hará Hezbolá?
9. Resumen de la guerra en Palestina, 2-4 de enero

1. Los mecanismos de dominación del imperialismo

Un artículo de Jacobin lat sobre uno de los mecanismos utilizados como camisa de fuerza para forzar a los países a las políticas imperalistas, con el caso reciente de Honduras y Próspera como ejemplo. https://jacobinlat.com/2024/

El mecanismo del Banco Mundial contra los Estados

Claire Provost y Matt Kennard Traducción: Pedro Perucca

La solución de controversias inversor-Estado es un sistema que permite a los inversores extranjeros demandar a un gobierno soberano. Se instituyó en la década de 1960 en contra de los votos de la mayoría de los países latinoamericanos, y sigue causando estragos en la actualidad.

En febrero de 2023, la empresa Próspera, con sede en Delaware, presentó una demanda legal internacional exigiendo al gobierno de Honduras que le pagara 11.000 millones de dólares, una suma equivalente a unos dos tercios de su presupuesto nacional de 2022. La ofensa, según Próspera, fue la reciente ilegalización por parte del gobierno del plan de la empresa de gestionar una ciudad privada —con zonas económicas especiales y autonomía del gobierno central en cuestiones como impuestos, administración y seguridad— en la isla de Roatán.

Basada en una idea del ex economista jefe del Banco Mundial Paul Romer para emular el éxito de ciudades-estado como Hong Kong y Singapur, Próspera se puso en marcha en 2013 con el respaldo del entonces presidente hondureño, Porfirio Lobo Sosa.

Cuando la nueva presidenta, Xiomara Castro, comenzó su campaña electoral en 2021, prometió revisar el marco legislativo que permitía estas controvertidas exenciones, denunciándolas como una amenaza para la soberanía del país. Una vez que asumió el cargo a principios de 2022, su gobierno comenzó a tomar medidas al respecto.

Por muy distópicos que fueran los propios planes de Próspera, el mecanismo que le permite a la empresa demandar a una nación soberana es todavía más preocupante. Este mecanismo es el sistema internacional de solución de diferencias entre inversores y Estados (ISDS, por sus siglas en inglés).

Una historia anunciada

El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, creado a mediados de la década de 1960, es la principal institución y sede para el abordaje de estos casos.

Este sistema permite a los inversores extranjeros eludir los tribunales locales y defender sus «derechos» ante tribunales internacionales que suelen estar compuestos por tres árbitros profesionales (que pueden tener trabajos secundarios como abogados y asesores de empresas). Estos tribunales deciden si los Estados han vulnerado la protección de los inversores en virtud de los tratados comerciales internacionales y otros documentos jurídicos, como los contratos, que contienen estas disposiciones.

Entre estos casos se cuentan la impugnación de la protección del medio ambiente, la legislación sobre salario mínimo y los impuestos que las empresas no quieren pagar. Sudáfrica fue incluso demandada por inversores mineros europeos por las políticas de potenciación de la economía negra posteriores al apartheid, alegando que tales medidas habían expropiado de hecho sus inversiones (a través de ese caso, los inversores consiguieron exenciones a esas políticas).

Una de las cosas más escalofriantes que descubrimos mientras investigábamos para nuestro reciente libro, El golpe silencioso: Cómo las corporaciones derrocaron la democracia, fue que hace generaciones se plantearon y advirtieron serias dudas y preocupaciones sobre el CIADI del Banco Mundial y el sistema internacional de solución de controversias inversor-Estado.

Honduras fue uno de los veintiún países en vías de desarrollo, principalmente de América Latina, que votaron en contra de la creación del CIADI en las reuniones del Banco Mundial celebradas en Tokio en septiembre de 1964. La justificación de aquel voto, a veces recordado como «El No de Tokio», es sorprendentemente similar a las críticas contemporáneas a este sistema. En una declaración de aquellas reuniones de 1964, un representante chileno explicaba la oposición del grupo a la idea, diciendo: 

El nuevo sistema otorgaría al inversor extranjero, por el hecho de serlo, el derecho a demandar a un Estado soberano fuera de su territorio nacional, prescindiendo de los tribunales de justicia. Esta disposición es contraria a los principios jurídicos aceptados en nuestro país y, de facto, conferiría un privilegio al inversor extranjero, colocando a los nacionales del país en cuestión en una posición de inferioridad.

Antes de esa reunión, el Banco Mundial había celebrado otras consultas regionales sobre su proyectada institución para supervisar las disputas entre inversores y Estados. Encontramos registros de las mismas en Washington DC y nos trajimos copias a Londres. Incluían resúmenes reveladores de reuniones celebradas en América Latina y también en Asia.

Por ejemplo, los delegados de veinte países latinoamericanos se reunieron en febrero de 1964 en Santiago de Chile, donde el representante de Argentina «encontró grandes dificultades para aceptar el principio subyacente en el proyecto de Convención» y «consideró que menoscabar la soberanía nacional no era un método aceptable para mejorar el clima de inversión». Al delegado de Brasil tampoco le convencía la idea de que «se concediera a los inversores extranjeros una posición jurídicamente privilegiada, en violación del principio de plena igualdad».

Mientras tanto, en una reunión regional celebrada en Asia en abril de 1964, el representante de India advirtió que «las propuestas, en su forma actual, otorgaban a los inversores derechos adicionales de alcance indeterminado», sin decir nada sobre sus obligaciones. También parecía preocupado por la estrechez y limitación del debate. A pesar de las exhortaciones en sentido contrario, no hubo debates nacionales ni internacionales que sustentaran el establecimiento del sistema de solución de diferencias inversor-Estado.

Algunos países en desarrollo llegaron a resistirse al sistema de solución desde el principio. No obstante, siguió adelante. Andreas Lowenfeld, un académico jurídico germano-estadounidense que participó en algunos de los debates de ese periodo, dijo más tarde: «Creo que era la primera vez que una resolución importante del Banco Mundial salía adelante con tanta oposición».

Hoy en día, los países, incluida Honduras, parecen tener pocas opciones buenas: facilitar el capital transnacional, incluso mediante la escisión de sus territorios, leyes e independencia, o ser disciplinados por él. El hecho de que el Banco Mundial haya facilitado esto, bajo la misión oficial de acabar con la pobreza mundial, no hace más que añadir insulto a la injuria.

El caso actual contra Honduras, aunque extremo, no es ninguna sorpresa. Estaba previsto y ahora es un caso entre muchos a escala mundial. Es sólo uno de los últimos de los ya casi mil litigios de este tipo presentados contra países de todo el mundo ante el Banco Mundial.

La camisa de fuerza

Una de las funciones más aterradoras de este sistema es cómo encierra a los países en políticas y caminos que privilegian los negocios internacionales, aparentemente a cualquier precio. Honduras ha sido uno de los últimos en decir que está considerando retirarse del sistema, pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Esto se debe a que el acceso a este sistema jurídico internacional está consagrado en miles de acuerdos bilaterales y multilaterales de comercio e inversión, que se extienden por todo el mundo. Muchos de ellos tienen lo que se denominan «cláusulas de extinción» —o, lo que es más inquietante, «cláusulas zombis»— que significan que sus disposiciones pueden seguir en vigor durante años, incluso décadas, después de que los propios tratados se cancelen o se retiren.

Aunque este sistema es poco conocido entre el público, hay subcampos enteros de las industrias jurídica y financiera que se han centrado en él.

Uno de los expertos del sector con los que hablamos fue Luis Parada, que formó parte del equipo de defensa del gobierno de El Salvador cuando éste se enfrentaba a la demanda de una multinacional minera que exigía el derecho a excavar como fuera, aunque no había recibido los permisos ni demostrado que tenía derechos sobre toda la tierra que necesitaba para explotar la mina.

Esperábamos que este abogado defendiera los argumentos del gobierno al que representaba. Pero fue mucho más allá, criticando a toda la industria en la que también trabajaba. «Digámoslo así —nos dijo en un lujoso edificio de oficinas a pocos pasos de la Casa Blanca y el Banco Mundial en Washington, DC— si yo fuera el presidente de un país, no estaría contento con que mi país formara parte de este sistema».

Para desmantelarlo, en su opinión, haría falta «un amplio consenso de Estados decididos». Los Estados lo crearon y «son los únicos que pueden arreglarlo». Pero sería difícil que un solo país lo hiciera solo, porque se necesitan muchos a la vez. «No he visto una masa crítica de Estados con voluntad política [para abordarlo], y mucho menos un amplio consenso —lamentó— pero aún espero que suceda».

Claire Provost es cofundadora y codirectora del nuevo Instituto de Periodismo y Cambio Social. Anteriormente fue jefa de investigaciones globales en el medio de comunicación independiente openDemocracy, becaria del Centre for Investigative Journalism (CIJ) de Londres (Reino Unido) y periodista de datos en The Guardian. / Matt Kennard es cofundador e investigador jefe de Declassified UK. Fue becario y luego director del Centre for Investigative Journalism (CIJ) de Londres (Reino Unido). Es autor de Irregular Army (2012) y The Racket (2015), y coautor, con Claire Provost, de Silent Coup (2023).

2. El Egipto de el-Sisi

Una visión muy pesimista del Egipto actual. No sé hasta qué punto acertada, especialmente en su parte final, en la que se apunta a una salida a la siria. El autor ha publicado en Open Society aka Soros, lo que siempre hace sospechar, pero el análisis inicial parece bastante verosímil.

https://www.middleeasteye.net/

Egipto bajo Sisi podría entrar en una espiral de conflicto civil
Maged Mandour 3 de enero de 2024
Con el control total del Estado y la economía por parte de los militares egipcios, y las numerosas crisis a las que se enfrenta el país, se cierne la aterradora perspectiva de un escenario similar al de Siria.
«Por el pinchazo de mis pulgares, Algo malvado por aquí viene», es la cita de Macbeth con la que empiezo mi nuevo libro.
Tenía veintitantos años cuando se produjo el golpe de Estado que derrocó al primer presidente democráticamente elegido de Egipto, y las masacres que siguieron despertaron mi obsesión por el nuevo régimen militar que se estaba estableciendo allí.
Esta obsesión de una década me llevó a escribir un libro, Egypt under el-Sisi: A Nation on the Edge, en el que ofrezco una anatomía de un régimen que no se parece a nada de lo que hemos visto en la historia moderna de Egipto.
En el libro, sostengo que, a diferencia de sus predecesores autocráticos, el gobierno de Abdel Fattah el-Sisi es único en dos sentidos.
En primer lugar, estamos siendo testigos de la única vez en la historia moderna de Egipto en la que el país está bajo un gobierno militar directo, sin ningún partido civil que equilibre a los militares o que actúe como fachada civil para el creciente poder de los militares.
En segundo lugar, el régimen de Sisi está patológicamente vinculado a la violencia de Estado masiva, no como una cuestión de elección, sino como una cuestión de necesidad ideológica, lo que hace que la represión sea endémica y esté profundamente arraigada en el edificio ideológico del régimen.
Estas características se derivan de la obsesión militar por la consolidación del poder y por garantizar que las protestas masivas de 2011 no vuelvan a repetirse, una obsesión que ha engendrado un régimen militar brutal, con escasas perspectivas de reforma interna.

Los militares como guardianes del Estado
El libro comienza con el golpe de 2013 y el verano de masacres que le siguió. Ese verano se identifica como el momento fundacional del régimen, en el que fue capaz de solicitar el apoyo popular masivo para una oleada de represión, primero dirigida contra los Hermanos Musulmanes, y más tarde extendida a la oposición laica.
Esto sólo fue posible gracias a la incompetencia de la Hermandad y a la complicidad de la oposición laica, con su vena abiertamente autoritaria, que permitió a los militares no sólo intervenir, sino construir una narrativa propicia para la histeria de las masas.
Estos actos de violencia de masas se justificaron a través de una versión chovinista del nacionalismo egipcio, que veía a la nación como un todo orgánico, y a los militares como los guardianes de la nación y del Estado, equiparando la oposición a los militares con la traición y permitiendo a los militares expulsar a sus oponentes del redil nacional.
Esto justificó el uso de la violencia de masas -con la participación popular- para reprimir a los opositores al nuevo régimen, y para que los militares se embarcaran en un gran proyecto político: la militarización total del Estado y la economía.
Esto implicó una miríada de cambios legales y constitucionales, que ampliaron el poder de la presidencia sobre el poder judicial, erosionando cualquier atisbo de independencia que aún conservara. El nuevo papel constitucional sin precedentes de los militares como guardianes de la naturaleza secular del Estado y de los derechos democráticos proporcionó una base legal para la continua intervención militar en la política.
También amplió los poderes represivos del ejército, al tiempo que aumentaba su papel en el mantenimiento del régimen, transformándolo en un órgano de seguridad interna, destinado principalmente a estabilizar el régimen y reprimir la disidencia.
Todo ello en nombre de la lucha contra los que Sisi llamó «la gente del mal» y de la preservación del «Estado».
Reestructuración del capitalismo egipcio
Cualquier análisis de los males de Egipto no estaría completo sin reconocer la inmunidad legal de la que ahora gozaban los miembros de los servicios de seguridad, que cerraron por completo el espacio público, revirtiendo los logros democráticos de 2011.
No es de extrañar que todo esto condujera a un nivel de violencia política contra los activistas prodemocráticos nunca visto en el país desde la fundación del Estado egipcio moderno. Miles de personas han sido encarceladas durante largas condenas, a veces sin juicio previo. Las ejecuciones extrajudiciales han aumentado enormemente, y la desaparición forzada y la tortura se han convertido en prácticas institucionalizadas.
Tras años de violencia sádica y captura del Estado, el régimen militar de Sisi fue capaz de eliminar todos los centros de poder civil en competencia y convertirse en el hegemón indiscutible de la política egipcia.
Una vez que los militares habían penetrado en todos los órganos del Estado, desde el nivel local al nacional, y los servicios de seguridad habían manipulado las elecciones parlamentarias, se embarcaron en su proyecto más ambicioso: la reestructuración del capitalismo egipcio.
La política era simple: utilizar el generoso apoyo de los países del Golfo para solicitar aún más entradas de deuda de los mercados y organizaciones financieras internacionales con el fin de embarcarse en megaproyectos -con dudosos beneficios económicos- gestionados y ejecutados por los militares.
Esto permitió a los militares ampliar drásticamente su huella económica y penetrar profundamente en sectores de la economía donde su presencia era insignificante, desplazando al sector privado en el proceso, con la industria del cemento como ejemplo principal.
Mientras los préstamos siguieran fluyendo, la falacia del crecimiento continuado impulsado por la deuda parecía prevalecer. Sin embargo, una vez que el crédito internacional se restringió y las naciones del Golfo ya no deseaban seguir proporcionando un apoyo generoso, el modelo se derrumbó, dando lugar a una dramática crisis de la deuda que todavía se está desarrollando.
La libra se ha devaluado drásticamente, la inflación está alcanzando máximos históricos y el sector privado se está paralizando, todo ello causado por el capitalismo de Estado militarizado vinculado orgánicamente al sistema político de Egipto y mantenido por la violencia estatal masiva.

Un escenario similar al de Siria
Sin embargo, la durabilidad de este modelo hasta ahora es también su talón de Aquiles.
La falta de un partido gobernante, con una oposición moderada diezmada, deja al régimen mal equipado para hacer frente a posibles disturbios cívicos.
Este panorama se complica por un ejército cada vez más poderoso, al que Sisi no puede contener, ya que no existe un contrapeso civil para su insaciable apetito de poder y corrupción.
Esto no sólo reduce la posibilidad de una reforma liderada por la élite, sino que también aumenta la probabilidad de una represión masiva en respuesta a la ira popular, algo cada vez más probable en medio de la creciente crisis económica de Egipto.
Así, un escenario similar al de Siria se hace cada vez más probable, una perspectiva aterradora en un país de más de 100 millones de habitantes.
Sigue existiendo la posibilidad de que el aparato represivo del régimen se desintegre ante un levantamiento de masas de todas las clases. Sin embargo, hay buenas razones para creer que los oficiales subalternos del ejército -es decir, los responsables de llevar a cabo realmente la represión- han sido adoctrinados a fondo en la narrativa del régimen, lo que les hace aún más leales a él.
Existe la posibilidad de un cambio a largo plazo a través de la lucha continua por la apertura del espacio público, que podría ganar tracción a medida que el modelo de gobernanza del régimen se tambalee de crisis en crisis y se haga evidente que este modelo no es sostenible.
Ese camino es largo y tortuoso, y sólo podría tener éxito después de que se hubiera causado un daño considerable al tejido de la vida pública egipcia.
Como predijeron las brujas en Macbeth, la maldad ha llegado.
Maged Mandour es analista político y colaborador habitual de Arab Digest, Middle East Eye y Open Democracy. Es autor de un libro de próxima aparición titulado «Egypt Under Sisi», que publicará I.B. Tauris. El libro examinará la evolución social y política de Egipto desde el golpe de 2013.

3. ¿Son los BRICS antiimperialistas o subimperiales?

Una nueva aportación al debate sobre la «naturaleza» de los países que constituyen BRICS en la discusión sobre le imperialismo. El artículo es un resumen de una entrevista de Fuentes a Bond en Links. Os la paso también tras el artículo, pero la podéis obviar si este os parece suficiente. https://znetwork.org/

BRICS: ¿Aliados antiimperialistas o subimperiales?
Patrick Bond, Federico Fuentes 4 de enero de 2024
¿Qué valor conserva el concepto de imperialismo?
La idea de imperialismo se asoció clásicamente a las luchas intestinas competitivas entre algunas grandes potencias europeas. Sus tendencias capitalistas internas impulsaron una expansión geográfica sin precedentes, facilitada por los grandes mercados financieros, que a su vez chocó con diversos límites.
En ese contexto, el poder militar colonial se desplegó normalmente para conquistar territorios y establecer relaciones de poder político-económico formales de gestión estatal y, más tarde, informales de carácter neocolonial.
En nuestra época actual, esa fórmula imperialista sigue siendo muy pertinente, con un elemento adicional que se hizo más vital después de la Segunda Guerra Mundial y que ha sido totalmente imposible evitar desde la década de 1990: el dominio económico, sociocultural, geopolítico y militar de posguerra de Estados Unidos, ejercido cada vez más a través de instituciones multilaterales con sede en Occidente cuyo funcionamiento favorece los intereses de las mayores corporaciones multinacionales y, sobre todo, financieras.
Las instituciones multilaterales imperialistas incluyen el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), fundados en 1944, y más tarde la Organización Mundial del Comercio (OMC, originalmente el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1948).
Las instituciones financieras de Bretton Woods se ampliaron espectacularmente durante los años 80 y 90 a raíz de la internacionalización de la banca comercial, junto con el Banco de Pagos Internacionales como liga de bancos centrales dominada por los de Estados Unidos, Gran Bretaña, Europa y Japón.
En relación con el problema más difícil -el cambio climático-, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha servido en general a los principales intereses corporativos de los combustibles fósiles y la industria.
Como se vio en Dubai a principios de diciembre, las cumbres mundiales anuales sobre el clima están bajo control imperialista y, por tanto, no obligan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles sostenibles -ni siquiera a eliminar progresivamente los combustibles fósiles-, al tiempo que rechazan un principio lógico: quien contamina paga las reparaciones.
Una amplia red de ONG y filantrocapitalistas del statu quo se han convertido en facilitadores y legitimadores vitales del imperialismo climático, como ocurre también en casi todos los demás ámbitos sectoriales (delimitados por silos) de la política pública mundial.
Otras redes informales de poder imperial se encuentran en el Foro Económico Mundial, con sede en Davos, que ha asumido el papel de grupo de expertos futurista, que antes adornaba el Grupo Bilderberg y el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos.
Del mismo modo, los medios de comunicación corporativos y los numerosos grupos de reflexión con influencias especializadas, que trabajan para moldear la conciencia pública, son responsables de los aspectos ideológicos y estratégicos del mantenimiento del régimen imperialista, ahora ubicados en capitales de todo el mundo.
Pero los Estados siguen siendo vitales, y las colaboraciones militares, geopolíticas y económico-administrativas entre poderosas capitales siguen siendo el factor crucial de la durabilidad del imperialismo.
Desde los años 70, el bloque del G7 ha coordinado a menudo el poder estatal occidental, dependiendo de la coyuntura.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, centrada en el Pentágono estadounidense, se ha reactivado en los últimos años, mientras que la alianza de inteligencia Five Eyes (en la que participan Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) coordina los intereses militares anglófonos.
Y el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad fusiona las fuerzas japonesas, indias, australianas y estadounidenses en Asia, principalmente contra la expansión de China.
En ocasiones, las potencias imperiales utilizan el Consejo de Seguridad de la ONU para ejercer un control amplio -aunque reconociendo las contradicciones divisorias asociadas a los antagonismos geopolíticos- y permiten que la Asamblea General de la ONU vote sobre el «orden basado en normas», principalmente en aras de la legitimidad.
La mayor parte de este poder imperial requiere alianzas de élites compradoras con líderes neoliberales de países víctimas en el mundo empresarial y en la mayoría de los gobiernos.
De hecho, desde el colapso financiero mundial de finales de la década de 2000, y de nuevo durante la pandemia del COVID-19, ha surgido una nueva característica vital de la asimilación imperial, especialmente asociada con el ascenso del bloque Brasil-Rusia-India-China-
Estas economías medianas están desempeñando un papel más importante no sólo en las instituciones multilaterales, sino también en el grupo del G20, que en 2023 acogerá India, en 2024 Brasil y en 2025 Sudáfrica.
La utilización de aliados regionales de potencias medias para complementar la agenda militar estadounidense no es nueva, ya que Brasil, Turquía y, sobre todo, Israel merecen desde hace tiempo el título de subimperialistas.
Éste fue el término que acuñó Ruy Mauro Marini en 1965 para caracterizar las relaciones entre Washington y Brasil, que más tarde la escuela de los sistemas mundiales de Immanuel Wallerstein englobaría en la categoría de semiperiferia.
Los méritos del subimperialismo para el poder estadounidense fueron articulados por el candidato presidencial independiente Robert F. Kennedy Jr.
En una entrevista del 5 de noviembre, RFK Jr. prometió que, si era elegido a finales de 2024, «nos aseguraríamos de que tenemos los recursos que son críticos para nosotros, incluidos los recursos petrolíferos que son críticos para el mundo, que tenemos una capacidad de ataque para asegurarnos de poder protegerlos. E Israel es fundamental, y la razón por la que lo es es porque es un baluarte para nosotros en Oriente Medio. Es casi como tener un portaaviones en Oriente Medio».
Esta es una versión terriblemente cruda, aunque honesta, de los aliados subimperiales deseados por Washington. Un reflejo más general está en la gestión multilateral del capitalismo, como cuando la tensión económica aumentó en 2008-11 y 2020-22 y tanto los regímenes imperiales como los subimperiales utilizaron el G-20 y el FMI para coordinar la expansión monetaria, los rescates bancarios y la rápida bajada de los tipos de interés.
¿Cómo entender entonces las contradicciones económicas y geopolíticas a las que se enfrentan ahora estas instituciones?
Los grandes cambios en los patrones de acumulación de capital se reflejan en unos acuerdos imperialistas/subimperialistas bastante dinámicos.
Desde la década de 1970, cuando resurgieron las tendencias capitalistas de crisis, Asia Oriental se convirtió en una atractiva opción de inversión para las empresas que se enfrentaban a tasas de beneficio más bajas en Occidente. La globalización del comercio, la inversión y las finanzas se aceleró, espoleada por la llegada de los petrodólares (reservas de la economía petrolera) y los eurodólares, que centralizaron el dinero en los principales paraísos financieros occidentales.
A continuación, la desregulación financiera neoliberal liderada por Estados Unidos y Gran Bretaña, que comenzó a principios de los años 80, permitió un crecimiento explosivo del crédito, las innovaciones de los productos financieros y el capital especulativo.
Los tipos de interés al alza -impuestos desde Washington en 1979 para hacer frente a la inflación estadounidense- atrajeron más fondos invertibles de Occidente a los circuitos financieros del capital.
Y la economía de la Unión Europea se convirtió en una unidad de poder capitalista más coherente y menos fragmentada, con una moneda única a principios de la década de 1990.
En consecuencia, las funciones de control de las instituciones multilaterales en relación con los países deudores sirvieron principalmente a los intereses de las corporaciones y bancos multinacionales, especialmente una vez que la crisis de la deuda de los 80 transfirió el poder político al Banco Mundial y al FMI.
Este componente financiero del imperialismo vuelve a ser un problema profundo tras el COVID-19 gravamen de la deuda de muchos países.
En este contexto, varias presiones geopolíticas y tensiones militares de larga data se agudizaron durante la década de 2010, sobre todo en forma de guerras en Ucrania y Oriente Medio en la actualidad, pero potencialmente también en conflictos que pueden estallar en cualquier momento en Asia Central, las montañas del Himalaya, el Mar de China Meridional y la península de Corea.
Sin duda, estas divisiones pueden agravarse rápidamente, sumergiendo intereses mutuos más amplios y creando una mentalidad de «campo» -Occidente frente a una supuesta alineación multipolar liderada por China/Rusia-, que a su vez ha afectado profundamente a las sensibilidades antiimperialistas de todo el mundo.
Los conflictos se han extendido a la migración laboral, el comercio y las finanzas, como atestigua el auge de la xenofobia y las críticas de derechas al «globalismo».
Estas cristalizaron en las victorias populistas de derechas en tres votaciones de 2016: Brexit, Donald Trump en Estados Unidos y Rodrigo Duterte en Filipinas, seguidas de otras votaciones como las de Brasil, Italia y ahora Argentina y Países Bajos.
Subyacente a la falta de fe en la política de las élites liberales no sólo está la mala gestión de lo que admiten es una llamada «policrisis» que se desarrolla en diversas áreas de responsabilidad multilateral, sino también el declive de la mayoría de los ratios de globalización (especialmente comercio/PIB) después de 2008, lo que dio lugar a una «desglobalización» o lo que The Economist denomina «balización lenta» y el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) denomina crecimiento a «velocidad de estancamiento».
Además de estos fallos del sistema abiertamente admitidos, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que comenzó en 2017, y la invasión rusa de Ucrania en 2022 reflejan otras contradicciones y límites dentro de la expansión geográfica del capital.
Pero muchos de estos conflictos -nacidos de contradicciones capitalistas internas- no son realmente de carácter interimperial. Reflejan un carácter canalla dentro del subimperialismo -del que el presidente ruso Vladímir Putin cruzó la línea al invadir Crimea en 2014 y el resto de Ucrania en 2022- y dentro del imperialismo -por ejemplo, cuando el Tesoro estadounidense tomó medidas extremas contra la integración financiera mundial de Rusia, expulsando a Moscú del principal sistema de transacciones bancarias y confiscando varios cientos de miles de millones de dólares de sus activos oficiales y oligárquicos descuidadamente dispersos-.
Es difícil contemplar el imperialismo contemporáneo sin al menos tocar todas estas dinámicas y mencionar las instituciones que sustentan el poder imperial.
Necesitamos herramientas conceptuales -especialmente el subimperialismo, aunque el término resulte muy alienante para los nacionalistas del Tercer Mundo- para atacar cada uno de estos procesos.
Esto, de paso, nos permitirá trascender la simplista interpretación antiimperialista de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», tan frecuente en la llamada lógica campista.
Por lo tanto, las formulaciones que utilizamos son cada vez más importantes, por ejemplo para impugnar tanto la invasión rusa de Ucrania como los ataques genocidas de Israel y Estados Unidos, con una línea de análisis coherente.

https://links.org.au/us-

Dominio imperial estadounidense, subimperialismo de los BRICS e intercambio ecológico desigual

Por Patrick Bond, Federico Fuentes 23 de diciembre de 2023
Patrick Bond es Profesor Distinguido de Sociología en la Universidad de Johannesburgo, además de economista político, ecologista político y estudioso de la movilización social. Es autor de BRICS: An Anti-Capitalist Critique y Extreme Uneven Development: Financial Volatility, Deep Capitalist Crisis and Super-Exploitation in South Africa and the World. En esta entrevista con Federico Fuentes para LINKS Revista Internacional de Renovación Socialista, Bond analiza las redes multilaterales de poder imperial de la actualidad, el papel que desempeñan los países BRICS en este marco y la necesidad de incorporar el concepto de «intercambio ecológico desigual» a nuestro análisis del imperialismo.
A lo largo del último siglo, hemos visto cómo el término imperialismo se utilizaba para definir distintas situaciones y, en otras ocasiones, era sustituido por conceptos como globalización y hegemonía. Teniendo esto en cuenta, ¿qué valor sigue teniendo el concepto de imperialismo y cómo define usted el imperialismo en la actualidad?
La idea de imperialismo se asociaba clásicamente a las luchas intestinas competitivas entre algunas grandes potencias europeas. Sus tendencias capitalistas internas impulsaron una expansión geográfica sin precedentes, facilitada por los grandes mercados financieros, que a su vez chocó con diversos límites. En ese contexto, el poder militar colonial se desplegó normalmente para conquistar territorio y establecer relaciones formales de gestión estatal y, más tarde, relaciones informales de poder político-económico neocolonial. Los regímenes coloniales establecieron los sistemas policiales, jurídicos y monetarios que el capitalismo necesitaba para conquistar territorios, someter a los pueblos y extraer recursos, remontándose al siglo XVI en las esferas de influencia británica, francesa, alemana, holandesa, portuguesa, española, belga e italiana, a las que más tarde se sumó Estados Unidos.
En nuestra época actual, esa fórmula imperialista sigue siendo muy pertinente, con un elemento adicional que se hizo más vital después de la Segunda Guerra Mundial y que ha sido totalmente imposible evitar desde la década de 1990: el dominio económico, sociocultural, geopolítico y militar de posguerra de Estados Unidos, ejercido cada vez más a través de instituciones multilaterales con sede en Occidente cuyo funcionamiento favorece los intereses de las mayores corporaciones multinacionales y, sobre todo, financieras. Las instituciones multilaterales imperialistas incluyen el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), fundados en 1944, y más tarde la Organización Mundial del Comercio (OMC, originalmente el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1948). Las instituciones financieras de Bretton Woods se ampliaron espectacularmente durante los años 80 y 90 a raíz de la internacionalización de la banca comercial, junto con el Banco de Pagos Internacionales como liga de bancos centrales dominada por los de Estados Unidos, Gran Bretaña, Europa y Japón. Surgieron sistemas de regulación financiera cada vez más importantes, sobre todo después del ataque occidental a los bancos musulmanes tras el atentado de Al Qaeda de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington.
En relación con el problema más difícil -el cambio climático-, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático ha servido en general a los principales intereses corporativos de los combustibles fósiles y la industria. Como se vio en Dubai a principios de diciembre, las cumbres mundiales anuales sobre el clima están bajo control imperialista y, por tanto, no obligan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles sostenibles -ni siquiera a eliminar progresivamente los combustibles fósiles-, al tiempo que rechazan un principio lógico: quien contamina paga las reparaciones. En su lugar, los responsables imperialistas de la política climática prefieren trucos como los mercados de carbono que, de hecho, privatizan el aire, y la creación de mitos tecnológicos. Una amplia red de ONG y filantrocapitalistas del statu quo se han convertido en facilitadores y legitimadores vitales del imperialismo climático, como también ocurre en casi todos los demás ámbitos sectoriales (delimitados por silos) de la política pública mundial.
Otras redes informales de poder imperial se encuentran en el Foro Económico Mundial, con sede en Davos, que ha asumido el papel de grupo de expertos futurista, que antes adornaba el Grupo Bilderberg y el Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos. Del mismo modo, los medios de comunicación corporativos y los numerosos grupos de reflexión con influencias especializadas, que trabajan para moldear la conciencia pública, son responsables de los aspectos ideológicos y estratégicos del mantenimiento del régimen imperialista, ahora ubicados en capitales de todo el mundo.
Pero los Estados siguen siendo vitales, y las colaboraciones militares, geopolíticas y económico-administrativas entre poderosas capitales siguen siendo el factor crucial de la durabilidad del imperialismo. Desde los años 70, el bloque del G7 ha coordinado a menudo el poder estatal occidental, dependiendo de la coyuntura. La Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, centrada en el Pentágono estadounidense, se ha reactivado en los últimos años, mientras que la alianza de inteligencia Five Eyes (en la que participan Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) coordina los intereses militares anglófonos. Y el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad fusiona las fuerzas japonesas, indias, australianas y estadounidenses en Asia, principalmente contra la expansión de China.
A veces, las potencias imperiales utilizan el Consejo de Seguridad de la ONU para ejercer un control amplio -aunque reconociendo las contradicciones divisorias asociadas a los antagonismos geopolíticos- y permiten que la Asamblea General de la ONU vote sobre el «orden basado en normas», principalmente en aras de la legitimidad. Las disputas en el seno de las redes militares imperialistas, como la de si apoyar o no las invasiones de Afganistán e Irak a principios de la década de 2000, se atenuaron a medida que se consolidaba el liderazgo neoconservador estadounidense a través de las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, con el firme respaldo británico. Aparte de dos excepciones en la ONU -la prohibición de los clorofluorocarbonos (CFC) en 1987 y un fondo para medicamentos en 2002-, las políticas neoliberales se han mantenido en todo momento.
A escala nacional, a medida que la pandemia de COVID-19 provocaba bloqueos económicos en 2020-21, muchos Estados emprendieron una distribución de la renta ligeramente keynesiana y algunas intervenciones en política industrial. China sigue siendo el principal Estado nacional capaz de realizar importantes intervenciones no mercantiles y a menudo antimercantiles, como prohibir las criptomonedas, imponer duros controles de cambio, regular estrictamente el Big Data e invertir en bienes públicos (especialmente en rehabilitación medioambiental). Pero esto ocurre dentro de un contexto: la sobreacumulación sostenida de capital productivo chino, que conduce a una «salida» de muchas empresas industriales, principalmente a lo largo de una desigual Iniciativa Belt & Road, que también refleja la expansión extractivista.
La mayor parte de este poder imperial requiere alianzas de élites compradoras con líderes neoliberales de países víctimas en el mundo empresarial y en la mayoría de los gobiernos. De hecho, desde el colapso financiero mundial de finales de la década de 2000, y de nuevo durante la pandemia del COVID-19, ha surgido una nueva característica vital de la asimilación imperial, especialmente asociada con el ascenso del bloque Brasil-Rusia-India-China-
Los méritos del subimperialismo para el poder estadounidense fueron articulados por el candidato presidencial independiente Robert F. Kennedy, Jr. que, por lo demás, es un fuerte crítico del abusivo gasto militar anual de billones de dólares. Pero en una entrevista el 5 de noviembre, RFK Jr. prometió que, si era elegido a finales de 2024, «nos aseguraremos de que tenemos los recursos que son críticos para nosotros, incluidos los recursos petrolíferos que son críticos para el mundo, que tenemos una capacidad de ataque para asegurarnos de poder protegerlos. E Israel es fundamental, y la razón por la que lo es es porque es un baluarte para nosotros en Oriente Medio. Es casi como tener un portaaviones en Oriente Medio».
Esta es una versión terriblemente cruda, aunque honesta, de los aliados subimperiales deseados por Washington. Un reflejo más general está en la gestión multilateral del capitalismo, como cuando la tensión económica aumentó en 2008-11 y 2020-22 y tanto los regímenes imperiales como los subimperiales utilizaron el G-20 y el FMI para coordinar la expansión monetaria, los rescates bancarios y la rápida bajada de los tipos de interés.
Usted ha esbozado el conjunto de fuerzas e instituciones imperialistas. Pero, ¿cómo debemos entender entonces las contradicciones económicas y geopolíticas a las que se enfrentan ahora, por ejemplo en forma de tensiones entre Estados Unidos y Rusia?
Los grandes cambios en los patrones de acumulación de capital se reflejan en acuerdos imperialistas/subimperialistas bastante dinámicos. Desde la década de 1970, cuando resurgieron las tendencias capitalistas de crisis, Asia Oriental se convirtió en una atractiva opción de inversión para las empresas que se enfrentaban a tasas de beneficio más bajas en Occidente. La globalización del comercio, la inversión y las finanzas se aceleró, espoleada por la llegada de los petrodólares (reservas de la economía petrolera) y los eurodólares, que centralizaron el dinero en los principales paraísos financieros occidentales. A continuación, la desregulación financiera neoliberal liderada por Estados Unidos y Gran Bretaña, que comenzó a principios de los años 80, permitió un crecimiento explosivo del crédito, las innovaciones de los productos financieros y el capital especulativo. Los tipos de interés al alza -impuestos desde Washington en 1979 para hacer frente a la inflación estadounidense- atrajeron más fondos invertibles de Occidente a los circuitos financieros del capital. Y la economía de la Unión Europea se convirtió en una unidad de poder capitalista más coherente y menos fragmentada, con una moneda única a principios de la década de 1990. En consecuencia, las funciones de control de las instituciones multilaterales en relación con los países deudores sirvieron principalmente a los intereses de las corporaciones y bancos multinacionales, especialmente una vez que la crisis de la deuda de los 80 transfirió el poder político al Banco Mundial y al FMI. Este componente financiero del imperialismo vuelve a ser un problema profundo tras el COVID-19 gravamen de la deuda de muchos países.
En este contexto, varias presiones geopolíticas y tensiones militares de larga data se agudizaron durante la década de 2010, sobre todo en forma de guerras en Ucrania y Oriente Medio en la actualidad, pero potencialmente también en conflictos que pueden estallar en cualquier momento en Asia Central, las montañas del Himalaya, el Mar del Sur de China y la península de Corea. Sin duda, estas divisiones pueden agravarse rápidamente, sumergiendo intereses mutuos más amplios y creando una mentalidad de «campo» -Occidente frente a una supuesta alineación multipolar liderada por China/Rusia-, que a su vez ha afectado profundamente a las sensibilidades antiimperialistas de todo el mundo.
Los conflictos se han extendido a la migración laboral, el comercio y las finanzas, como atestigua el auge de la xenofobia y las críticas de derechas al «globalismo». Estas cristalizaron en las victorias populistas de derechas en tres votaciones de 2016: Brexit, Donald Trump en Estados Unidos y Rodrigo Duterte en Filipinas, seguidas de otras votaciones como las de Brasil, Italia y, ahora, Argentina y Países Bajos. Subyacente a la falta de fe en la política de las élites liberales no sólo está la mala gestión de lo que admiten que es una llamada «policrisis» que se desarrolla en diversas áreas de responsabilidad multilateral, sino también el declive de la mayoría de los ratios de globalización (especialmente comercio/PIB) después de 2008, dando lugar a una «desglobalización» o lo que The Economist denomina «balización lenta» y el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) denomina crecimiento «a velocidad de estancamiento». Ese documento de la UNCTAD confiesa «los beneficios desiguales de la integración comercial», que desde 2021 han empezado a generar «una nueva economía política de la gobernanza comercial» basada en «la construcción de cadenas de suministro resistentes, el apoyo a una transición energética justa, la creación de empleos decentes, la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal de las empresas y el desarrollo de una infraestructura digital segura», todo lo cual desprioriza «la globalización en general y la liberalización del comercio en particular».
Además de estos fallos abiertamente admitidos en el sistema, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que comenzó en 2017, y la invasión rusa de Ucrania en 2022 reflejan otras contradicciones y límites dentro de la expansión geográfica del capital. El flujo y reflujo de la ideología paleoconservadora contra la agenda imperial neocon seguirá desorientando a los gestores e instituciones imperialistas, como se vio durante el régimen de Trump.
Pero muchos de esos conflictos -nacidos de las contradicciones capitalistas internas- no son realmente de carácter interimperial. Reflejan un carácter canalla dentro del subimperialismo -del que el presidente ruso Vladímir Putin cruzó la línea al invadir Crimea en 2014 y el resto de Ucrania en 2022- y dentro del imperialismo -por ejemplo, cuando el Tesoro estadounidense tomó medidas extremas contra la integración financiera global de Rusia, echando a Moscú del principal sistema de transacciones bancarias y confiscando varios cientos de miles de millones de dólares de sus activos oficiales y oligárquicos despreocupadamente dispersos-.
Es difícil contemplar el imperialismo contemporáneo sin al menos tocar todas estas dinámicas y mencionar las instituciones que sustentan el poder imperial. Desde la era del imperialismo de Lenin, el sistema ha evolucionado hasta convertirse en una red mucho más compleja responsable de gestionar la mercantilización por parte del capital global de todo lo que hay bajo el sol, en parte desplazando sus tendencias a la crisis a través de un desarrollo desigual y combinado más extremo. Necesitamos herramientas conceptuales -especialmente el subimperialismo, aunque el término resulte muy alienante para los nacionalistas del Tercer Mundo- para atacar cada uno de estos procesos. Esto, de paso, nos permitirá trascender la simplista interpretación antiimperialista de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», tan frecuente en la llamada lógica campista. Después de todo, el propio Putin dejó claro en vísperas de la invasión de Ucrania lo asfixiante que consideraba el legado bolchevique de Lenin de descentralizar el poder a las nacionalidades étnicas, amenazando al estilo mafioso: «¿Queréis la descomunización? Muy bien, nos parece perfecto. Pero, ¿por qué quedarse a medio camino? Estamos dispuestos a demostrar lo que significaría una verdadera descomunización para Ucrania». ENLACE
A pesar de ello, el sentimiento de «el enemigo del enemigo es mi amigo» -por ejemplo, apoyar la invasión de Putin, en parte porque consideran a China como la vanguardia socialista del mundo- sigue siendo un «estado de ánimo» dominante, como Vijay Prashad denomina a esta orientación de la política del Sur Global. LINK Los dirigentes de las cinco principales fuerzas de centro-izquierda sudafricanas expresan con regularidad estos sentimientos: los Combatientes por la Libertad Económica, la facción Transformación Económica Radical del Congreso Nacional Africano en el poder, el Partido Comunista Sudafricano y las dos principales alas del sindicalismo: el Congreso de Sindicatos Sudafricanos y el Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica. Así pues, las formulaciones que utilizamos son cada vez más importantes, por ejemplo a la hora de impugnar tanto la invasión rusa de Ucrania como los ataques genocidas de Israel y Estados Unidos, con una línea de análisis coherente.
Las discusiones actuales en la izquierda sobre el imperialismo se refieren a menudo al libro de Lenin sobre el tema. ¿Qué parte del libro de Lenin sigue siendo relevante hoy en día y qué elementos, si los hay, han sido superados por los acontecimientos posteriores?
Sí, todos volvemos a esa pequeña biblia, así que consideremos sus puntos fuertes, pero también sus puntos débiles. La descripción básica incluye cinco características de un sistema capitalista mundial integrado en esa coyuntura concreta, que mostraban suficiente madurez para funcionar en tándem: concentración de capital y producción; capital financiero que fusionaba capital industrial, terrateniente y mercantil bajo el dominio de los bancos; exportación de capital; monopolios y cárteles que operaban a través de las fronteras; y la división del mundo entre las mayores potencias capitalistas, que fue más obvia en la «Lucha por África» de Berlín en 1884-85 y -justo cuando terminó de escribir Imperialismo- el Acuerdo Sykes-Picot británico-francés-ruso de mayo de 1916 que dividió el Imperio Otomano. De diversas maneras, todas estas tendencias son evidentes hoy en día.
Pero destacan al menos dos defectos. En primer lugar, hay que tener en cuenta la refutación en 1929 del primer economista de la Escuela de Fráncfort, Henryk Grossman, a una idea de Lenin y, antes que él, de Rudolf Hilferding: el «capital financiero» que todo lo abarca. En el crucial tercer capítulo de El imperialismo, Lenin insistía: «Es característico del capitalismo en general que la propiedad del capital esté separada de la aplicación del capital a la producción, que el capital monetario esté separado del capital industrial o productivo, y que el rentista que vive enteramente de las rentas obtenidas del capital monetario, esté separado del empresario y de todos los que se ocupan directamente de la gestión del capital. El imperialismo, o la dominación del capital financiero, es la fase superior del capitalismo en la que esta separación alcanza vastas proporciones. La supremacía del capital financiero sobre todas las demás formas de capital significa el predominio del rentista y de la oligarquía financiera; significa que un pequeño número de Estados financieramente ‘poderosos’ destacan entre todos los demás.»
Mucho más reformista socialdemócrata que Lenin, Hilferding había aconsejado en 1910 que «tomar posesión de seis grandes bancos berlineses significaría tomar posesión de las esferas más importantes de la industria a gran escala.» El término capital financiero reflejaba el poder del sector -del que Lenin y Hilferding proporcionaron muchos ejemplos- pero no sus vulnerabilidades y contradicciones, como Grossman argumentó con clarividencia justo antes del colapso financiero mundial de 1929-31 en su libro La ley de acumulación y quiebra del sistema capitalista: Un estudio de la teoría marxiana de la crisis.
En segundo lugar, el planteamiento de Lenin asumía que las batallas intestinas entre corporaciones -respaldadas por Estados que representaban sus intereses- definirían la fase imperialista del capitalismo, en contraste con una interpretación anterior elaborada por Rosa Luxemburgo en 1913. Para ella, debido al «flujo incesante de capital de una rama de la producción a otra, y finalmente en los vaivenes periódicos y cíclicos de la reproducción entre la superproducción y la crisis… la acumulación de capital es una especie de metabolismo entre la economía capitalista y aquellos métodos de producción precapitalistas sin los cuales no puede continuar y que, bajo esta luz, corroe y asimila». El acento en el análisis de Luxemburg está puesto en cómo el imperialismo se desprende del poder capitalista, confrontando a la sociedad, a la naturaleza y a los estados primitivos: «las relaciones no capitalistas proporcionan un suelo fértil al capitalismo; más estrictamente: el capital se alimenta de las ruinas de tales relaciones, y aunque este medio no capitalista es indispensable para la acumulación, ésta procede sin embargo a costa de este medio, devorándolo.» Lenin consideraba que tales argumentos eran «basura» y tachó el libro de Luxemburg de «embrollo espantoso». Pero el siglo siguiente demostró que, incluso durante un periodo de imperialismo occidental relativamente no competitivo dominado por una única superpotencia militar, las formas más extremas de acumulación por desposesión -como David Harvey ha rebautizado este robo capitalista/no capitalista- son a menudo el recurso al que recurre el capitalismo cuando necesita desplazar temporalmente sus contradicciones. El trabajo eventual, la austeridad del Estado del bienestar, la privatización y el mayor alcance de las industrias extractivas en lo que Marx llamó los «dones gratuitos de la naturaleza» son manifestaciones obvias.
Otras dos respuestas a la crisis, cruciales desde que surgieron los primeros circuitos del capital, son lo que Harvey denominó la «solución espacial» -el desplazamiento geográfico del capital a lugares más rentables- y la «solución temporal» -en la que la capacidad de desplazar el capital a lo largo del tiempo se basa en sistemas financieros cada vez más sofisticados, para pagar más tarde pero consumir ahora, para absorber los mercados saturados-. El resultado es un «nuevo imperialismo», más dependiente que nunca del desplazamiento, el estancamiento y el robo para desplazar el capital que se sobreacumula en espacios y sectores económicos expuestos, en lugar de enfrentarse a una devaluación total del tipo de la Gran Depresión de los años treinta.
Eso significa que es vital comprender qué reformas, propuestas o en curso, permitirán que continúe ese desplazamiento del capital sobreacumulado y, por tanto, facilitarán la revitalización del imperialismo, y cuáles se interponen en el camino. En su Estrategia para el Trabajo de 1964, el sociólogo francés André Gorz calificó de «reformas reformistas» los pequeños ajustes que satisfacen las necesidades del imperialismo de base amplia y de «reformas no reformistas» las que socavan la lógica político-económica dominante. Esa distinción requiere que los antiimperialistas serios trasciendan su actual fetichismo con las relaciones interestatales, en parte debido a la forma en que el BRICS+ ha sido asimilado dentro del multilateralismo.
A la luz de los cambios experimentados durante el siglo pasado, ¿qué peso relativo tienen hoy los mecanismos de explotación imperialista, en comparación con el pasado?
Han surgido enormes influencias por encima y más allá del Estado nacional y se encuentran en el seno de las principales instituciones imperialistas multilaterales de las que acabamos de hablar. Por eso Occidente se ha preocupado a menudo por una asimilación cada vez más ardua -pero no por ello menos vital- de los BRICS a las estructuras del poder mundial, y ahora de sus cinco miembros adicionales (suponiendo que Argentina decline su invitación): los aliados subimperiales de EE.UU. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, además de Etiopía, y el enemigo duradero de Washington, Irán.
China es lo más importante, y a mediados de 2014, Obama fue preguntado por una importante publicación periódica imperialista sobre las perspectivas de asimilación:
The Economist: Usted ve a países como China creando un banco BRICS, por ejemplo – instituciones que parecen ser paralelas al sistema, más bien – y potencialmente ejerciendo presión sobre el sistema en lugar de sumarse a él y fortalecerlo. Esa es la cuestión clave, si China termina dentro de ese sistema o desafiándolo. Creo que esa es la gran cuestión de nuestro tiempo.
Obama: Lo es. Y creo que es importante que Estados Unidos y Europa sigan dando la bienvenida a China como socio de pleno derecho en estas normas internacionales. Es importante que reconozcamos que habrá momentos de tensiones y conflictos. Pero creo que son manejables. Y creo que a medida que China va dejando de ser simplemente el fabricante de bajo coste del mundo para querer ascender en la cadena de valor, de repente cuestiones como la protección de la propiedad intelectual se vuelven más relevantes para sus empresas, no sólo para las estadounidenses.

En general, la estrategia de acogida dio sus frutos. A principios de 2017, en vísperas de la toma de posesión de Trump, [el presidente chino] Xi Jinping declaró en Davos que tomaría con gusto el relevo de Obama: «La globalización económica ha impulsado el crecimiento mundial y facilitado la circulación de bienes y capitales, los avances en ciencia, tecnología y civilización, y las interacciones entre los pueblos… Nos guste o no, la economía mundial es el gran océano del que no podemos escapar. Cualquier intento de cortar el flujo de capital, tecnologías, productos, industrias y personas entre economías, y canalizar las aguas del océano de vuelta a lagos y riachuelos aislados es sencillamente imposible».
Un antiguo vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) de los BRICS, Paulo Battista, hizo recientemente la misma observación que Obama en el Club Valdai de Rusia, en una amplia autocrítica de ese banco y del Acuerdo de Reservas Contingentes (ARC), que pretendía ser una alternativa al FMI: «Permítanme asegurarles que cuando empezamos con el CRA y el NDB, existía una considerable preocupación por lo que los BRICS estaban haciendo en esta área en Washington, DC, en el FMI y en el Banco Mundial. Puedo dar fe de ello porque viví allí en aquella época, como Director Ejecutivo para Brasil y otros países en el Directorio del FMI. Con el paso del tiempo, sin embargo, la gente en Washington se relajó, sintiendo quizá que no íbamos a ninguna parte».
A ninguna parte diferente, para ser más precisos. Por lo tanto, a pesar de la crítica de la izquierda a Occidente, existe una coherencia con el mantenimiento del poder corporativo del imperialismo dentro de una agenda multilateral que Occidente y los BRICS+ apoyan en general. El objetivo general del gerencialismo imperial/subimperial sigue siendo la extensión de los principios y prácticas de la mercantilización a todos los aspectos de la vida humana y la naturaleza, amplificada por el Big Data, la creciente capacidad de vigilancia, la inteligencia artificial y otras nuevas tecnologías. Incluso cuando se necesitan urgentemente bienes públicos mundiales, como la eliminación de la propiedad intelectual de las energías renovables y las innovaciones en materia de almacenamiento, o en el tratamiento y la gestión de vacunas pandémicas, la OMC ha demostrado su importancia a pesar de críticas poco frecuentes, como la solicitud de India y Sudáfrica de una exención para abordar el COVID-19, postura de la que se retractaron a mediados de 2022 cuando Brasil, Rusia y China no ayudaron a vencer la resistencia de las grandes farmacéuticas europeas.
El proceso de asimilación se ha correspondido durante mucho tiempo con la interpenetración de capitales -y una clase capitalista internacional recién confiada en sí misma, con protección de paraísos fiscales y múltiples ciudadanías- durante el periodo de constante aumento del comercio, la inversión extranjera y los flujos financieros transfronterizos, hasta el punto álgido de la globalización en 2008. Una ideología adoptada casi universalmente fue vital -el llamado Consenso de Washington neoliberal- y todavía se asocia con la privatización, la desregulación, la externalización, la precarización, las políticas públicas basadas en el mercado y una miríada de técnicas de hurto público-privadas, mientras se reafirman las políticas de austeridad (tras la momentánea pausa de 2020-22).
En el caso de la gestión medioambiental, la ideología de la modernización ecológica combina la fe en la tecnología y los mercados. En cuanto a la política social, los intentos de reformar el imperialismo y establecer pactos sociales fracasaron de forma concluyente, aparte de los años 2020-21 de emergencias COVID-19. En su lugar, se puede encontrar una nueva amenaza en las estrategias de «inclusión financiera» para apalancar las ayudas sociales en metálico mediante el gravamen de la deuda microfinanciera colateralizada, como innovó de forma extremadamente depredadora aquí en Sudáfrica hace una década el nuevo presidente del Banco Mundial, Ajay Banga.
Compárese esta ideología con la de los proyectos imperiales del pasado, como el colonialismo racista, o la Alemania de Bismarck que fue pionera en el Estado del bienestar, o la forma en que el poder colonial y neocolonial fomentó una aristocracia obrera en los países capitalistas centrales, o el keynesianismo de posguerra y los marcos socialdemócratas en los que las potencias estadounidenses y europeas proyectaron su alternativa a las vías soviética y china. El imperialismo actual es una versión mucho más despiadada, extractiva y eficaz. El neoliberalismo conduce a un capitalismo sin restricciones que reduce la soberanía y conlleva una estructura de poder global tan omnímoda que incluso las empresas de los países BRICS dependen de las instituciones de Washington-Ginebra-Nueva York para extraer beneficios a lo largo de la cadena de valor global, en la que el capital de Shanghái-Mumbai-Johannesburgo-
Parece que, sobre todo a raíz de la cumbre BRICS+ de Johannesburgo en agosto, algunos intelectuales de izquierdas que antes veían en los BRICS un potencial desafío a la hegemonía imperial occidental son ahora más escépticos sobre las posibilidades de la política multipolar… ¿Tiene usted también esa impresión? ¿Qué valor, en su caso, debería conceder la izquierda al concepto de multipolaridad, teniendo en cuenta lo que usted ha esbozado con respecto al papel que desempeñan los países BRICS dentro del sistema imperialista?
Creo que ese es el caso, y se debe principalmente al fracaso de esa cumbre a la hora de hacer avanzar una agenda de desdolarización. En septiembre se produjo un debate revelador sobre este tema. He aquí algunos extractos:
PEPE ESCOBAR: «Los BRICS no podrán hacer nada mientras el FMI siga dictando… un problema adicional. El hecho de que el Nuevo Banco de Desarrollo, el Banco de los BRICS, básicamente, esencialmente, como Glazyev ha estado diciendo todo el tiempo, todavía está dolarizado. ¿Y cómo van a escapar del hecho de que están dolarizados?… ¿cómo vamos a desdolarizar el banco de los BRICS, el nuevo banco de desarrollo? Esto es algo que Dilma Rousseff, ex presidenta brasileña, ahora presidenta del NDB, lo dijo hace unos meses, y lo dijo durante la cumbre de los BRICS. Ah, nuestro objetivo es que el 30% de nuestros préstamos eviten el dólar en los próximos años. Pero esto es una locura. Debería ser como el 70% o el 80% ahora. Y vais a esperar al 30% el año que viene o dentro de dos años. Así que esto significa que todavía es un banco completamente dolarizado. ¿Qué hacer, Radhika y Michael?
RADHIKA DESAI: Bueno, déjame empezar. Yo diría que lo fundamental que tenemos que entender es que el Nuevo Banco de Desarrollo no es el lugar al que debemos dirigirnos si estamos analizando los procesos de desdolarización. Estoy de acuerdo en que se mantiene dentro del hechizo del FMI y el Banco Mundial y así sucesivamente … estamos sobreestimando la cooperación entre el … BRICS [que] todavía incluye la India, por ejemplo, y Brasil y Sudáfrica, cuyo compromiso con un mundo anti-dólar en realidad no es tan firme como se podría imaginar. Por lo tanto, creo que esto va a ser un lastre…
MICHAEL HUDSON: «El problema que tienen los BRICS no es simplemente evitar al FMI. ¿Cómo pueden permitirse el lujo de hacer su inversión pública en infraestructura y carreteras y las cosas de las que hemos estado hablando si tienen que pagar el atraso existente de la deuda externa dolarizada que se ha acumulado bajo el patrocinio del FMI… Así que si vas a tener una filosofía que es lo contrario del viejo imperialismo financiero neocolonialista, tienes que hacer que los BRICS rompan con Occidente, no sólo comerciando entre ustedes, sino diciendo, vamos a tener una moratoria sobre la deuda externa.»
Aquellos que todavía creen que los BRICS son o pueden ser antiimperialistas, en lugar de subimperialistas, necesitan lidiar con las siguientes preguntas:

  • ¿Por qué los directores de los BRICS en las instituciones de Bretton Woods apoyan tanto el statu quo, respaldados por sus Tesoros y bancos centrales?
  • ¿Por qué la cartera del NDB de los BRICS parece no sólo tan irracionalmente dolarizada (ya que muchos préstamos están realmente destinados a insumos que no requieren importaciones denominadas en dólares), sino también tan sujeta a la aprobación de las agencias de calificación crediticia de Nueva York (de ahí que el NDB se uniera a las sanciones contra Moscú a principios de marzo de 2022) y, por lo tanto, tan eco-socialmente destructiva y corrupta?
  • ¿Por qué el prestatario más desesperado de los BRICS del FMI/Banco -Sudáfrica- ni siquiera ha empezado a cuestionar cuál es su deuda odiosa heredada y relacionada con la corrupción?
  • ¿Por qué, cuando Putin dejó de pagar la deuda externa rusa a mediados de 2022, no ocurrió realmente nada como resultado directo, y por qué en realidad quiere reanudar el pago?
  • ¿Cuáles son las fuerzas sociales que tenemos que poner en marcha en Sudáfrica y otros países BRICS para lograr la hegemonía de una «filosofía opuesta al viejo imperialismo financiero neocolonialista»?
  • Si todos queremos la desdolarización y una de las vías para ello es un colapso financiero occidental, entonces ¿qué lecciones aprendemos del Quantitative Easing, los rescates, los bajos tipos de interés y otros trucos de rescate de los bancos centrales occidentales de 2008-13 y 2020-21 – y cómo puede tener éxito un proceso de desvinculación cuando las autoridades financieras occidentales tienen todo tipo de halagos y castigos, y los bancos y empresas BRICS dependen tanto del comercio, la inversión y las finanzas occidentales?  

La única manera de responder a estas preguntas es pasar de las fantasías multipolares a un enfoque más realista y radical, enmarcando a los BRICS como una fuerza generalmente subimperial (aunque con rasgos de «cooperación antagónica»), inspirándose, actualizando y ampliando las ideas en esta línea de Ruy Mauro Marini, David Harvey, Sam Moyo y Paris Yeros, Samir Amin y otros.
La mayor parte del debate actual sobre el imperialismo se centra en el intercambio desigual como medio de transferir plusvalía de los países explotados a los imperialistas. En sus escritos usted plantea el concepto de «intercambio ecológico desigual». ¿Podría explicar a qué se refiere con esto y por qué los intentos de analizar el imperialismo actual deben incorporar esta idea?
Es vital, dado el grado de explotación de las cadenas de valor mundiales y la superposición de las crisis ecológicas que nos amenazan a todos. Amin describió de forma mordaz demasiados relatos sobre el imperialismo que ignoran el agotamiento de los recursos no renovables en su libro de 2010, La ley del valor mundial: «la acumulación capitalista se fundamenta en la destrucción de las bases de toda riqueza: los seres humanos y su entorno natural». Hubo que esperar siglo y medio para que nuestros ecologistas redescubrieran esa realidad, ahora cegadoramente clara. Es cierto que los marxismos históricos habían pasado en gran medida una goma de borrar por encima de los análisis avanzados por Marx sobre este tema y habían adoptado el punto de vista de la burguesía -equiparado a un punto de vista «racional» atemporal- respecto a la explotación de los recursos naturales.»
Incluso alguien a quien admiro por su crítica rigurosa de los movimientos de beneficios, Michael Roberts, sucumbe al borrador ecológico cuando argumenta -en su reciente entrevista a LINKS- que hay «una transferencia sostenida de plusvalía en forma de beneficios, rentas e intereses desde la periferia», pero sin abordar plenamente la transferencia de la riqueza natural agotada y el impacto de la contaminación, especialmente las emisiones de dióxido de carbono. Así, aunque menciona «la extracción de recursos naturales» como una de las transferencias del Sur al Norte, su análisis de la cadena de valor pasa por alto el papel de las industrias extractivas subimperiales y los combustibles fósiles. A su vez, como Roberts pasa por alto la forma en que el extractivismo de los BRICS facilita el agotamiento de la riqueza, los cálculos que hace sobre el desplazamiento de los «excedentes» del Sur al Norte no son mejores que el cálculo del PIB de un economista burgués, en el que una cuenta de resultados positiva en una economía basada en la extracción de materias primas se corregiría idealmente por el agotamiento de los recursos no renovables, la contaminación local, las emisiones de gases de efecto invernadero y la reproducción social no remunerada del trabajo.
Al no tener esto en cuenta, Roberts puede desestimar nuestra crítica como tal: «Algunos hablan de ‘subimperialismo’, cuando un país es explotado por una potencia imperialista pero, a su vez, explota a sus vecinos de forma similar. La evidencia empírica de esto es muy débil. Rusia, China, India, Brasil y Sudáfrica no reciben grandes transferencias de excedentes del comercio y la inversión en los países más pobres, nada en comparación con el bloque imperialista. Así que no estoy seguro de que el subimperialismo sea un concepto útil». Pero en realidad hay pruebas empíricas bastante sólidas de tres niveles de rendimiento de las inversiones en las economías imperial, subimperial y periférica, incluso sin incorporar los recursos naturales. Si Roberts no encuentra pruebas empíricas de transferencias de los países pobres ricos en recursos a los extractores y fabricantes intermedios subimperiales en la cadena de valor mundial, se debe en parte a que «pasó la goma de borrar» por encima de todos estos tipos de intercambios ecológicos desiguales. Eso le permite calificar de «débil» el análisis resultante de las contribuciones subimperiales al desarrollo desigual y combinado, y calificar a China de «no ser una economía capitalista», a pesar de que las economías africanas están disminuyendo objetivamente de tamaño debido al agotamiento de los minerales y los combustibles fósiles dirigido por las empresas mineras y petroleras chinas.
Es cierto que Roberts y Guglielmo Carcheddi tratan los recursos y la catástrofe climática con más sensibilidad en su libro, Capitalism in the Twenty-first Century Through the Prism of Value, donde reconocen: «El capitalismo convierte los ‘dones gratuitos de la naturaleza’ en beneficios. Y en su incesante afán por aumentar la rentabilidad, agota y degrada los recursos naturales». Pero se detienen ante las evidentes mediciones que demuestran la desigualdad geográfica y el carácter superexplotador de este proceso.
¿Ve alguna posibilidad de tender puentes entre las luchas a escala internacional, teniendo en cuenta que los movimientos locales tienen como principal enemigo a distintas potencias (ya sean imperialistas o subimperialistas)? ¿Cómo podría ser un internacionalismo antiimperialista del siglo XXI?
Las dos excepciones que he mencionado antes en medio de la aquiescencia general de la ONU al imperialismo corporativo-neoliberal -la prohibición en 1987 de los CFC que destruyen la capa de ozono y el fondo para medicamentos de 2002- podrían ser modelos para el internacionalismo. Ambos, en primer lugar, fusionaron las capacidades activistas y estatales y, en segundo lugar, abordaron a escala global lo que eran y son, de hecho, crisis globales. El Protocolo de Montreal nos salvó de un creciente agujero en la capa de ozono -que incluso los regímenes de [Ronald] Reagan, [Margaret] Thatcher y [Helmut] Kohl reconocieron como una amenaza existencial- con la prohibición plenamente aplicada en 1996 (y una exención original para los hidrofluorocarbonos eliminada posteriormente). Esto también salvó al planeta de lo que, según la NASA, habría sido un posible calentamiento adicional de 0,5oC para 2100. Esa prohibición de las principales fuentes de dióxido de carbono y metano, sin lagunas en el comercio de emisiones, es lo que la ONU debería haber perseguido en Dubai, pero no lo hizo debido al equilibrio adverso de fuerzas.
La segunda excepción -la creación de un Fondo Mundial de la ONU para la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y la malaria- que, aquí en Sudáfrica, los compañeros de la Campaña de Acción pro Tratamiento, junto con aliados internacionales como Medicins sans Frontiers y ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power), con sede en Estados Unidos, exigieron y consiguieron, se produjo tras una exención en materia de propiedad intelectual para los medicamentos antirretrovirales genéricos en el seno de la OMC en 2001. En aquel momento, más de 40 millones de personas vivían con el VIH. La dirección de ese fondo, de manera autocomplaciente pero justificada, describe en su página web lo que fue «un acto de extraordinaria solidaridad y liderazgo mundial… para luchar contra las que entonces eran las enfermedades infecciosas más mortíferas a las que se enfrentaba la humanidad», que se tradujo en 60.000 millones de dólares donados por los países ricos, «salvando 59 millones de vidas y reduciendo a más de la mitad la tasa combinada de mortalidad por las tres enfermedades».
Se trata de dos enfoques internacionalistas de los bienes públicos mundiales, dentro y contra la lógica de las instituciones multilaterales, que cualquier ecosocialista debe considerar victorias. Otras batallas específicas tienen lecciones inspiradoras, como la lucha sudafricana contra el apartheid, que destaca por haber debilitado al menos lo suficiente el bloque de poder racial del Estado y el capital blancos a mediados de los 80 -mediante la lucha local y las sanciones internacionales-, de modo que aquí se ganó la democracia (aunque empeoraran las condiciones socioeconómicas y medioambientales). De vez en cuando, proyectos como los municipios autónomos zapatistas de Chiapas, las ocupaciones de granjas del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil o los socialistas democráticos, feministas y de base de Rojava han proporcionado lugares prefigurativos. Y hemos visto innumerables actos de internacionalismo antiimperialista, como las recientes y generalizadas protestas de solidaridad con Palestina, incluidas las campañas de boicot, desinversión y sanciones (BDS) contra los Estados israelí, estadounidense y británico. El activismo climático coordinado a escala mundial ha resultado a veces muy prometedor, y las mejores aplicaciones locales -en ocasiones bajo la bandera de los «defensores del agua»- proporcionan lo que Naomi Klein denomina activismo «blockadia», y muchas de esas luchas evolucionan de la «acción climática» a la «justicia climática».
Sin embargo, a medida que los movimientos basados en la identidad ganaban tracción y se producía cierto grado de cooptación -dejándonos con los gustos de un Obama o con lo que se denomina el «feminismo inclinado» del 1%-, hemos visto surgir una imagen especular doppelganger de la derecha, como advierte Klein. El formidable auge de un falso antiimperialismo, o más exactamente de un anti «globalismo», en torno a las redes que ha construido Steve Bannon está desempeñando un papel pernicioso y conspirativo al unir a disidentes protofascistas autodeclarados populistas de todo el mundo. Por otro lado, la impresionante campaña de liderazgo británico de Jeremy Corbyn en 2017, que incluyó la derrota del Partido por la Independencia del Reino Unido que había impulsado el Brexit el año anterior, demuestra que las fuerzas de la clase trabajadora pueden volver a la izquierda utilizando políticas socioeconómicas convincentes. Al mismo tiempo, la reciente escisión alemana de Die Linke demuestra que el peligro de que las fuerzas políticas rojas y marrones hagan concesiones a las tendencias xenófobas sigue siendo grave.
En cuanto al éxito de las fuerzas de extrema derecha, el populismo de derechas merece cierto crédito por haber abordado problemas que la izquierda había dominado históricamente, como las críticas al poder coercitivo del Estado, la vigilancia extrema, la medicalización excesiva y las relaciones amiguistas entre las empresas y el Estado, incluso cuando socavaron una campaña de vacunación contra el COVID-19 basada en la ciencia. Los debates sobre la incitación al odio y la censura existen en casi todas partes, a medida que el Big Data genera lo que Yanis Varoufakis denomina tecnofeudalismo. Estos representarán profundos desafíos para los antiimperialistas en las próximas décadas, gracias al poder creciente en las sedes corporativas estadounidenses (Seattle-Silicon Valley) y chinas (Shenzhen-Hangzhou) de las mayores empresas tecnológicas, dadas las insuficientes capacidades de los reguladores de Washington-Pekín.
Si retrocedemos en la historia reciente hasta el punto álgido de las protestas del movimiento por la justicia global contra las instituciones multilaterales hace un cuarto de siglo y las movilizaciones contra la guerra estadounidense-británica contra Irak en 2001, podemos encontrar lecciones más aleccionadoras. El Foro Social Mundial empezó bien en 2001 en Brasil, pero en una década había degenerado en una tertulia sin ideología dominada por las ONG. Persisten algunos componentes fuertes -por ejemplo, Vía Campesina, la Marcha Mundial de las Mujeres y los Guerreros del Agua- y tanto los movimientos centrados en un único tema como los centrados geográficamente han demostrado que pueden movilizarse de forma coherente a escala mundial y local. Pero es bastante obvio que los dos movimientos principales de finales de 2023 -el clima y la solidaridad con Palestina- deben obtener algunas victorias mucho más profundas en los próximos meses, como un paso hacia la reconstrucción de nuestras fuerzas contra el imperialismo y ahora también contra el subimperialismo.

4.  Actualización sobre África Occidental

Un repaso a la situación en África Occidental, tras los golpes de estado y la retirada de los franceses. https://mronline.org/2024/01/

Con el cierre de la embajada francesa en Níger, África Occidental traza un nuevo rumbo
Por Owen Schalk (Publicado el 04/01/2024)
Publicado originalmente:
Canadian Dimension el 2 de enero de 2024
En los últimos años, numerosos Estados de África Occidental han dado pasos hacia una mayor soberanía económica y de seguridad, a menudo en oposición a los designios occidentales (concretamente franceses) sobre la región.
Las reformas antiimperialistas han tenido lugar bajo gobiernos militares no elegidos que, insólitamente para muchos occidentales, gozan de mucho más apoyo público que los gobiernos ostensiblemente democráticos a los que derrocaron. Esto se debe a que los gobiernos precedentes, a menudo respaldados por Occidente, sólo eran democráticos en la retórica; la mayoría de la población de Malí, Burkina Faso y Níger consideraba que estos Estados «democráticos» eran en realidad antidemocráticos, corruptos e ineficaces contra la amenaza de la insurgencia yihadista.
Como he documentado en estas páginas, en los últimos años se han producido una serie de golpes militares con éxito en África Occidental: en Malí, Guinea, Burkina Faso, Níger y Gabón. Los golpes se han producido en un contexto de deterioro de la seguridad, que la política occidental de apoyo a las fuerzas yihadistas en Libia contribuyó a exacerbar.
Las operaciones militares dirigidas por Occidente, como la Operación Barkhane de Francia (2014-2022), la Fuerza de Tarea Takuba de la Unión Europea (2020-2022) y la MINUSMA de la ONU en Mali (2013-2023) hicieron poco para aliviar las amenazas a la seguridad. En consecuencia, los militares de varios países de África Occidental se desilusionaron con Estados Unidos y Europa como socios en materia de seguridad.
En agosto de 2020, un golpe militar liderado por el coronel Assimi Goïta se hizo con el poder en Mali. La junta ha afirmado su soberanía de numerosas maneras, entre ellas abandonando la organización del G5 Sahel, financiada por Europa, y expulsando a las fuerzas francesas.
En Burkina Faso, un golpe de Estado en septiembre de 2022 llevó al poder al capitán Ibrahim Traoré, de 35 años, derrocando a la anterior junta militar de Paul-Henri Damiba, que había destituido al ineficaz gobierno civil del banquero Roch Marc Christian Kaboré en enero de 2022. Además de rechazar la ayuda militar occidental, Traoré nombró primer ministro a Apollinaire Joachim Kyélem de Tambèla, un marxista y panafricanista que apoyó los esfuerzos de Thomas Sankara por construir el socialismo y la autosuficiencia económica en la década de 1980.
Y en julio de 2023, el ejército nigerino derrocó al presidente Mohamed Bazoum, respaldado por Estados Unidos, que había ofrecido Níger como base para las tropas estadounidenses y europeas tras los golpes antioccidentales en Malí y Burkina Faso. La toma del poder militar, dirigida por Abdourahamane Tchiani, provocó un terremoto regional, con la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), liderada por Nigeria, amenazando con una invasión para restaurar a Bazoum en el poder. Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, se mostró furioso por no haber previsto la destitución de Bazoum.
Los gobiernos militares de Mali y Burkina Faso prometieron defender a Níger de cualquier invasión, y Tchiani sigue en el poder. Ahora, la región ha desaparecido de los titulares. Esto no significa que estos países ya no luchen contra la insurgencia o den más pasos para recuperar su soberanía económica y de seguridad frente a las potencias occidentales. Como demuestran los últimos acontecimientos, los sucesos en Malí, Burkina Faso y Níger siguen avanzando con bastante rapidez.
El 12 de diciembre, Francia anunció el cierre de su embajada en Niamey, Níger, alegando que la embajada «ya no puede funcionar con normalidad ni llevar a cabo sus misiones».
El cierre se produce tras un tenso enfrentamiento en la embajada francesa en agosto-septiembre del año pasado. Tras el golpe, el gobierno nigerino expulsó al embajador francés Sylvain Itté, dándole 48 horas para abandonar el país. Macron desobedeció al gobierno de Níger y mantuvo a Itté en su puesto. El gobierno respondió bloqueando a Itté dentro de la embajada, mientras los manifestantes nigerinos amenazaban con asaltar el edificio si el personal francés seguía resistiéndose a las órdenes de los dirigentes nigerinos. El 24 de septiembre, Itté fue finalmente devuelto a Francia.
En cuanto a los acuerdos militares, Francia también se apresuró a rechazar la legitimidad del gobierno de Tchiani y a defender el statu quo, ciega ante el tsunami de sentimiento antifrancés que recorría la región o indiferente ante él. Prueba de ello fue que cuando Níger puso fin a sus acuerdos militares con Francia, el gobierno francés se negó a aceptar la realidad, alegando que los dirigentes nigerinos no tenían «ninguna autoridad legítima para hacerlo». Francia tardó varios meses en aceptar la retirada de sus tropas. Los soldados franceses abandonaron finalmente Níger en diciembre.
Una razón probable de la reticencia de Macron a cooperar con las autoridades nigerinas fue la retirada forzosa de las tropas francesas de Mali en agosto de 2022 y de Burkina Faso en febrero de 2023. Níger era el último reducto de la influencia militar francesa en la región. Con la expulsión de los militares franceses de Níger, el futuro de la dominación neocolonial de Francia en África Occidental -el sistema Françafrique por el que Francia gestiona las divisas, los presupuestos y muchos de los recursos de la región- pende de un hilo.
No se puede esperar que Francia acepte en silencio la resistencia popular al neocolonialismo en África Occidental. Después de todo, apoyaron el derrocamiento y asesinato del querido líder antiimperialista de Burkina Faso, Thomas Sankara, en 1987. En los últimos años, el gobierno francés ha tomado diversas medidas para intentar contener o hacer retroceder el levantamiento antifrancés en la región.
En 2021, Francia interfirió supuestamente en la organización G5 Sahel, financiada con fondos europeos -una fuerza militar coordinada en la que participan Malí, Burkina Faso, Níger, Mauritania y Chad- para impedir que Chad traspasara la presidencia de la organización a Bamako. Malí respondió abandonando el G5 Sahel (Níger y Burkina Faso abandonaron el G5 a principios de diciembre, poniendo fin a la alianza).
En Níger, el gobierno francés apoyó la amenaza de invasión de la CEDEAO contra Níger. El gobierno nigerino respondió diciendo que el apoyo de Macron a un ataque militar contra Níger «tiene como objetivo perpetuar una operación neocolonial contra el pueblo nigerino.»
El 1 de diciembre, mientras tanto, Burkina Faso detuvo a cuatro titulares de pasaportes franceses, acusándoles de «espionaje», ya que fueron a la embajada francesa para una «operación de mantenimiento informático.» Aunque las acusaciones de espionaje no tengan fundamento, las detenciones son indicativas de los recelos de África Occidental hacia las actuaciones francesas en la región, recelos que están bien fundados dada la injerencia pasada y presente de Francia.
En el ámbito de la seguridad, las acciones de Malí, Burkina Faso y Níger van mucho más allá del G5 Sahel. El 16 de septiembre, las tres naciones anunciaron la creación de la Alianza de Estados del Sahel, un pacto de defensa mutua firmado en el contexto de las amenazas de invasión de la CEDEAO respaldadas por Francia. Los estados miembros afirman que «cualquier ataque contra la soberanía y la integridad territorial de una o más partes contratantes se considerará una agresión contra las otras partes». Incluso se habla de que las tres naciones de África Occidental se unan en una federación.
En ausencia de la coercitiva influencia económica y de seguridad de Francia, Rusia ha hecho valer hábilmente su poder blando en África Occidental. Recientemente, Níger puso fin a dos acuerdos de seguridad con la UE, derogó un acuerdo con la UE que penalizaba la migración a través de Níger hacia Europa y recibió a una delegación rusa para discutir «cuestiones militares y de defensa». La delegación concluyó con «la firma de documentos en el marco del refuerzo de la cooperación militar entre la República de Níger y la Federación Rusa».
Rusia también envió una delegación a Mali, donde discutieron las exportaciones rusas de trigo, fertilizantes y productos petrolíferos y «proyectos de desarrollo para Mali, en términos de energía renovable y energía nuclear.» Cabe destacar que Rusia también tiene planes para ayudar a Burkina Faso a desarrollar una central nuclear que satisfaga las necesidades energéticas del país.
En Malí, Burkina Faso y Níger se prefiere a menudo la inversión rusa a la de las empresas francesas, que se han beneficiado enormemente de la región sin aportar prácticamente nada a la población. Sin embargo, las afirmaciones de independencia económica de estas naciones van más allá de la colaboración con Rusia.
El 4 de diciembre, Níger nacionalizó su agua potable, recuperando el control de este recurso crucial de manos de la empresa francesa Veolia y su filial local SEEN. Sylvain Itté, el embajador francés expulsado en septiembre de 2023, ya había provocado indignación en Níger cuando dijo a los nigerinos que «dejaran de beber agua, ya que es europea».
Malí y Burkina Faso, por su parte, han tomado medidas para aumentar el control estatal sobre sus sectores mineros, dominados por empresas extranjeras, entre ellas canadienses. En Malí, estas reformas mineras llevaron a la empresa Barrick Gold, con sede en Toronto, a intervenir.
El consejero delegado de Barrick, Mark Bristow, afirma que tras el anuncio del nuevo código minero de Malí, que permite a los inversores estatales y locales tener una mayor participación en las explotaciones de propiedad extranjera, habló con el gobierno maliense y «echó atrás algunos de los componentes del código minero». Los esfuerzos de Barrick por hacer retroceder el papel del Estado maliense en la minería, y reducir así los ingresos fiscales disponibles del país, se producen en un momento en que un millón de niños malienses corren el riesgo de sufrir desnutrición aguda.
A pesar de las sanciones, las amenazas de Francia y la presión extranjera contra la reclamación nacionalista de la riqueza de los recursos, los Estados de África Occidental están trazando un nuevo rumbo, el de una mayor soberanía económica y de seguridad. Esto significa un mayor control de los recursos clave y el fin forzoso del dominio militar y económico francés en la región. Los actores occidentales, ya sean funcionarios franceses o empresas mineras canadienses, seguirán oponiéndose a estas reformas, pero siguen siendo el rumbo popular en los tres países.

5. El hundimiento de la sanidad en la Georgia postsoviética

Tras el que vimos sobre el medio ambiente y la salud de los trabajadores, otro artículo de Sopiko Japaridze sobre la sanidad soviética y cómo fue desmantelada por el neoliberalismo de los 90 en Georgia. https://jacobin.com/2024/01/

Cómo los ideólogos del libre mercado desmantelaron la sanidad en la Georgia postsoviética
Por Sopiko Japaridze
Tras la caída de la Unión Soviética, el sistema sanitario georgiano se convirtió en un campo de pruebas para privatizaciones de terapia de choque. El resultado: aumento de la morbilidad, reaparición de enfermedades erradicadas durante mucho tiempo y marginación de la atención preventiva.
Apenas creado el Estado soviético a finales de 1922, sus autoridades tuvieron que hacer frente a una serie de epidemias. Los informes de la época indicaban siete millones de casos de tifus y 2,8 millones de casos de tuberculosis o sífilis, por no mencionar el cólera, la malaria, la viruela, la escarlatina y la fiebre tifoidea.
Todas estas plagas tuvieron graves consecuencias biológicas. Pero el gobierno soviético también reconocía que la pobreza era la causa de muchas enfermedades. Sus representantes creían que para tratar y prevenir las enfermedades, una nueva sociedad debía abordar los males sociales y biológicos de forma combinada, y que el colectivo debía asumir la responsabilidad de los resultados sanitarios.
Las autoridades soviéticas veían cómo la industria moderna propagaba enfermedades de nuevas formas. En Georgia, en el extremo sur del Imperio Ruso, los trabajadores sufrían condiciones espantosas en las fábricas, mientras que el río principal de su ciudad más grande, Tiflis, estaba contaminado por el vertido de residuos tóxicos procedentes de la fabricación. Los trabajadores dormían a la intemperie en las ciudades mineras durante el verano, y en las propias minas durante el invierno.
El primer arquitecto de la sanidad soviética y del comisariado de salud fue Nikolai Aleksandrovich Semashko. Él, junto con otros, trabajó incansablemente para, primero, detener las epidemias y, después, poner en marcha una política de medicina preventiva. En términos más generales, la atención sanitaria se consideraba algo que nunca podía ser una fuente de ingresos, sino una necesidad social.
Este modelo preventivo de Semashko se aplicó a través de un sistema sanitario de varios niveles que incluía un sistema de derivación de proveedores de servicios, desde médicos de distrito que prestaban atención primaria hasta hospitales regionales y federales que ofrecían atención especializada. También hacía hincapié en las enfermedades profesionales, con las fábricas integradas en el sistema de asistencia sanitaria. Los trabajadores se sometían a revisiones periódicas obligatorias en la fábrica, y su información sanitaria se enviaba también a especialistas en enfermedades profesionales, que rastreaban qué ocupaciones causaban qué enfermedades. En todos los niveles había acceso a la atención sanitaria, lo que permitía detectar precozmente enfermedades, infecciones, cáncer, etc. La fisioterapia, el ejercicio y la dieta se aplicaban en todas las fábricas.
Se hacía especial hincapié en la fisioterapia, el ejercicio y la dieta, mientras que los exámenes de laboratorio y radiografías recibían menos atención. El Estado también construyó una amplia red de casas de reposo de corta estancia para las personas que necesitaban un descanso del trabajo, así como balnearios y centros turísticos similares para estancias cortas. La atención prestada a las instalaciones y estancias en hospitales, sanatorios y casas de reposo se basaba en dar mucho tiempo y espacio para la recuperación y, de hecho, en la presuposición de que el hogar privado no podía proporcionar todas estas cosas.
El modelo Semashko, construido hace un siglo en una Unión Soviética devastada por la guerra, no es seguramente la última palabra en modelos de asistencia sanitaria comunitaria. Pero lo que no es discutible es la necesidad de un enfoque holístico que incluya los determinantes sociales, haga hincapié en la prevención y la responsabilidad colectiva sin tener en cuenta la necesidad de ganar dinero con la atención sanitaria.
El modelo de Semashko permitió integrar actividades de otros servicios médicos y proporcionó una solución económicamente eficiente en la Unión Soviética, sobre todo en los periodos en que se financió en su totalidad, una cobertura sanitaria universal de bajo coste que se puso a disposición de todo el mundo sin coste alguno. Los resultados de este enfoque fueron un aumento significativo de la esperanza de vida, una disminución de la mortalidad, una disminución de la morbilidad, un aumento de los trabajadores sanitarios por población, un aumento de las camas de hospital, un aumento de la utilización de la asistencia sanitaria, el establecimiento de la medicina laboral y la prevención de las enfermedades profesionales.

Los neoliberales en el poder
Entonces, ¿qué ocurrió en Georgia tras la desaparición de la Unión Soviética, cuando el país obtuvo su independencia? A pesar de todas las esperanzas suscitadas en este periodo, los resultados en materia de sanidad fueron desalentadores.
En pocos años, Georgia experimentó un descenso hasta casi la desaparición del apoyo financiero a las infraestructuras de sanidad pública y animal, lo que limitó su capacidad para controlar las enfermedades. Si en 1990 se gastaba en sanidad el equivalente a 130 dólares al año por persona, en 1994 esta cifra se había reducido a 1 dólar. Casi el 90% de los gastos sanitarios tenían que ser sufragados por los ciudadanos de su propio bolsillo. En lugar de la visión integrada del modelo de Semashko de los determinantes sociales, la prestación de asistencia sanitaria gratuita y universal, y la responsabilidad colectiva, el gobierno georgiano consiguió una puerta giratoria de expertos que operaban bajo conjuntos de políticas conocidas como el «Consenso de Washington» en un momento en que la población de Georgia era la que más necesitaba asistencia sanitaria debido al deterioro de las condiciones sociales y económicas y a los brotes de enfermedades. La responsabilidad individual sustituyó a la colectiva, y los determinantes sociales de la salud se separaron de la atención sanitaria.
Muchos indicadores generales muestran el ritmo del declive. En 2019, el número de camas de hospital en Georgia era sólo el 43% de los niveles de 1990. Aunque hoy en día este número vuelve a crecer, al ritmo actual solo volverá a los niveles de la era soviética en el año 2045. El número medio de trabajadores sanitarios cualificados por población -que pasó de 26 por 10.000 en 1940 a 82,4 en 1965 y 115 a principios de los ochenta- se reduciría a la mitad en el transcurso de los años noventa.
No se trata sólo de la prestación, sino de los resultados. Las décadas postsoviéticas han visto un aumento del 1,5% en la tasa media de mortalidad y un aumento de 2,3 veces en los niveles de morbilidad. En 2017-19, la tasa de morbilidad por tuberculosis fue 1,98 veces superior a la de 1988-99.
No solo se resintió el sistema sanitario, sino que muchos determinantes sociales empeoraron por la falta de electricidad, agua caliente, calefacción, acceso a alimentos y el uso de sustitutos peligrosos para la calefacción. Esto provocó brotes de enfermedades como la tuberculosis, la difteria, la hepatitis, etc.
En Georgia, el Estado neoliberal pasó a tener una responsabilidad limitada sobre las enfermedades transmisibles, mientras que las enfermedades no transmisibles quedaron bajo la responsabilidad de los individuos. El supuesto de que la atención sanitaria no debía ser rentable fue sustituido por un compromiso total con la atención sanitaria orientada al beneficio y la privatización. Esta ideología fue claramente resumida por Kakha Bendukidze, un oligarca que hizo sus millones en Rusia y uno de los principales arquitectos del neoliberalismo georgiano en sus funciones de la década de 2000 en los ministerios de Finanzas y de Reformas Económicas. Para él, «pedir ayuda al gobierno es como confiar en un borracho para que te opere el cerebro».
Esta descarga de responsabilidades gubernamentales ha tenido graves consecuencias. La atención hospitalaria se ha sustituido por una atención ambulatoria, que no ha hecho sino aumentar la carga de trabajo no remunerado de las mujeres; los sanatorios y balnearios se han dejado pudrir, se han dado a los refugiados de la separatista Abjasia, como alojamiento temporal, o se han vendido a empresas, con lo que los hoteles han quedado completamente fuera del alcance de la mayoría de la gente. El acceso universal gratuito fue sustituido por gastos de bolsillo para la mayoría, con subvenciones limitadas a grupos «específicos». Por si fuera poco, los «reformadores» del Banco Mundial exportaron los términos «optimización» y «racionalización», que se refieren a la reducción de la infraestructura sanitaria para ajustarla mejor a un sistema de libre mercado.
Georgia fue uno de los primeros países de la antigua Unión Soviética en recibir ayuda técnica y financiera de donantes occidentales para las reformas del sector sanitario y otros programas de desarrollo de infraestructuras y de la sociedad civil. Las organizaciones internacionales propusieron una transición inmediata de una economía planificada a una economía de mercado. Sin embargo, debido a la naturaleza de los servicios de salud pública, donde las pandemias son siempre una posibilidad, se moderaron los mecanismos liberalizadores para mantener el papel del gobierno en la sanidad pública. Enfermedades incontroladas como la tuberculosis, el VIH y otras enfermedades transmisibles podían poner en peligro al país, a la región e incluso al mundo entero. Así pues, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud colaboraron para reformar el sistema sanitario georgiano soviético y convertirlo en un sistema de mercado con poco margen para la sanidad pública.

Atención sanitaria desintegrada
Hay muchas razones que explican estas tendencias indudablemente negativas, pero una de las principales es la caída de casi nueve veces en el número de exámenes preventivos, que garantizan la detección de enfermedades en una fase temprana y un tratamiento relativamente fácil. Ir al médico se asocia ahora a costes elevados y a navegar por una compleja y depredadora red de proveedores de asistencia sanitaria.
La mayoría de los trabajadores sanitarios también salieron perdiendo con los cambios de las tres últimas décadas, y los ingresos reales disminuyeron. Antes de 1990, había entre 2,2 y 2,3 enfermeras por cada médico y, en consecuencia, el 30% del personal sanitario eran médicos y el 70%, enfermeras y otros especialistas con cualificaciones secundarias. En 2019, hay una media de 0,6 enfermeras por médico. Esto exigiría que el número de enfermeras se multiplicara por 3,6 como mínimo para restablecer la proporción óptima de personal médico con cualificaciones de nivel alto y medio.
La razón de este problema es muy sencilla: el sistema educativo también funciona según los principios del mercado. Los títulos de doctor son demandados por la sociedad, y el sistema educativo suministra los productos adecuados al «mercado». Sin embargo, a pesar de que la formación de médicos por sí sola no garantiza el pleno funcionamiento del sistema sanitario, no hay demanda de mercado para un título de enfermería. Además de la falta de demanda, el empeoramiento de las condiciones económicas empuja a muchas enfermeras a emigrar a la Unión Europea o a otros lugares; algunas incluso son contratadas por agencias extranjeras, lo que desestabiliza aún más la sanidad georgiana y la pone en peligro.
En un estudio reciente, «Consecuencias sociales de la privatización de la sanidad», dividimos los planteamientos del gobierno desde la independencia en tres etapas: La primera etapa es «Juguetear con el neoliberalismo», en la que los expertos internacionales llevaban la voz cantante, ya que los gobiernos no conocían el funcionamiento de los mercados y ponían su destino en manos de las organizaciones financieras internacionales.
A esto le siguió una segunda fase, la del neoliberalismo militante, en la que el gobierno de Mikheil Saakashvili tomó la iniciativa y con frecuencia fue más allá de las recomendaciones y directrices internacionales de austeridad y liberalización.
El actual gobierno georgiano, que hemos categorizado como «neoliberal sin convicción» (la tercera etapa) continuó el legado de desregulación total aunque sin tener ideólogos comprometidos entre sus filas. Llegó al poder y se ganó el apoyo de la población porque prometió un seguro de pagador único.
En 2013, implantó el seguro universal, pero este se reformó rápidamente y pasó a ser un seguro selectivo, ya que los costes de financiar un mercado sanitario no regulado en el que prácticamente todos los hospitales y clínicas son privados se consideraron demasiado elevados para el Estado. El año pasado, el gobierno también implantó un salario mínimo para los trabajadores sanitarios -el único salario mínimo que existe en todo el país- y empezó a debatir la necesidad de que las clínicas públicas «compitan con las privadas». Aunque se trata de un gran paso en comparación con el neoliberalismo militante de principios de los años 2000, es una gota en el océano teniendo en cuenta las necesidades de la población.

A la espera de que vuelva la luz

El futuro de los pocos hospitales públicos que quedan sigue en peligro. En la década de 1990, durante la primera etapa del colapso, los georgianos no acudían al centro ambulatorio del barrio (policlínica) para recibir atención sanitaria preventiva porque no tenían dinero para hacerlo – sólo iban al hospital en caso de urgencia. Después, con el aumento de la privatización, se consideró que la atención sanitaria preventiva no era rentable y se dejó de lado, como sigue ocurriendo hoy en día. Sin la orientación de la policlínica, el georgiano individual tiene que enfrentarse ahora al sobresaturado sistema sanitario clínico, que se beneficia de su enfermedad y se basa en una información asimétrica.

Mientras la mayoría de los observadores externos se maravillan de cómo médicos y enfermeras siguieron trabajando en los hospitales sin cobrar durante los peores tiempos de la década de 1990, cuando apenas había electricidad y gas, muchos de estos abnegados y entregados trabajadores sanitarios fueron a menudo «pagados» con el despido. Cuando volvió la luz, sus hospitales cerraron. Justo cuando el pueblo de Georgia más necesitaba ayuda tras experimentar el shock del colapso de su estructura social, se vio sometido a una austeridad inimaginable impuesta por expertos de organizaciones internacionales y fanáticos reformistas internos. El gobierno actual ha ofrecido muy poco alivio.

Sopiko Japaridze es cofundadora de la Red de Solidaridad de Georgia, un sindicato independiente. Ha sido organizadora sindical y comunitaria en Estados Unidos y Georgia.

6. El futuro de la justicia internacional

Si no leísteis el documento que Sudáfrica ha presentado ante la CIJ, aquí lo resume el director de Middle East Eye, junto con algunas consideraciones sobre la importancia de este caso para el entramado jurídico-político internacional del futuro. https://www.middleeasteye.net/

Guerra contra Gaza: El destino de la justicia mundial pende del caso de Sudáfrica ante la CIJ
David Hearst 4 de enero de 2024

La Corte Internacional de Justicia escuchará la próxima semana los alegatos sobre la campaña genocida de Israel contra el pueblo palestino
No hay nada retórico, tendencioso o partidista en la demanda presentada ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en la que Sudáfrica acusa a Israel de genocidio en Gaza.
El documento de 84 páginas ha sido meticulosamente redactado por expertos internacionales en genocidio. Está repleto de pruebas. Está cuidadosamente argumentado jurídicamente. Presenta un caso abrumador con hechos fríos, brutales y duros.
Reconoce que Hamás fue responsable de los atroces crímenes de guerra cometidos contra civiles en el sur de Israel el 7 de octubre, pero afirma que nada de lo que ocurrió ese día puede justificar lo que ha ocurrido cada día durante los últimos tres meses contra la población de Gaza en su conjunto.
La solicitud expone el argumento irrefutable de que la intención, la política y las acciones del Estado de Israel, expresadas en declaraciones de los titulares de los más altos cargos políticos del país y en las acciones y el comportamiento de sus soldados, son genocidas y están dirigidas contra los palestinos de Gaza como grupo.
El documento reúne la avalancha de pruebas de actos premeditados de genocidio en siete categorías principales. Merece la pena enumerarlas:
1. La magnitud de la matanza, que supera ya los 22.000 muertos, el 70% de los cuales son mujeres y niños.
2. El trato cruel e inhumano de un gran número de civiles, incluidos niños, que han sido detenidos, vendados y obligados a desnudarse y permanecer a la intemperie en climas fríos, antes de ser llevados a lugares desconocidos.
3. El continuo incumplimiento de las promesas de seguridad, con Israel bombardeando zonas a las que aconsejaba en panfletos a los residentes que huyeran.
4. La privación de acceso a alimentos y agua, una política que ha llevado a la población de Gaza al borde de la hambruna.
5. La privación de acceso a refugio, ropa e higiene adecuados; el ataque de Israel al sistema sanitario ha dejado sólo 13 de los 36 hospitales que siguen funcionando parcialmente, con las fuerzas israelíes atacando los generadores de los hospitales, los paneles solares, las estaciones de oxígeno, los depósitos de agua, las ambulancias, los convoyes médicos y los socorristas.
6. La destrucción de la vida palestina en Gaza: sus ciudades, casas, bloques de apartamentos, infraestructuras, universidades y cultura.
7. Por último, pero no por ello menos importante, las expresiones de intención genocida contra el pueblo palestino por parte de funcionarios del Estado, incluidas las referencias del primer ministro Benjamin Netanyahu a la historia bíblica de la destrucción total de Amalek por los israelitas, la declaración del presidente Isaac Herzog de que «toda una nación ahí fuera es responsable», y la afirmación del ministro de Defensa Yoav Gallant de que Israel estaba luchando contra «animales humanos».

Masacres en tiempo real
Giora Eiland, ex jefe del Consejo de Seguridad Nacional israelí y asesor del gobierno, destaca especialmente a la hora de poner en palabras lo que está haciendo Israel.
Al describir la orden de Israel de cortar el agua y la electricidad a Gaza, Eiland escribió en un diario en línea: «Esto es lo que Israel ha empezado a hacer: cortamos el suministro de energía, agua y gasóleo a la Franja… Pero no es suficiente. Para que el asedio sea efectivo, tenemos que impedir que otros proporcionen ayuda a Gaza… Hay que decir a la población que tiene dos opciones: quedarse y morir de hambre, o marcharse. Si Egipto y otros países prefieren que esta gente perezca en Gaza, es su elección».
Hay dos características de la demanda ante la CIJ que merecen atención.
La primera es que, a diferencia de la búsqueda de reparación por los acontecimientos más notorios de la historia reciente -como los campos de exterminio de Camboya, el genocidio ruandés o los crímenes de guerra serbios-, la solicitud se refiere a un genocidio que está ocurriendo en tiempo real.
Está ocurriendo todos los días y seguirá ocurriendo si no interviene ningún poder o tribunal exterior. La urgencia de esta solicitud ante la CIJ es imperiosa.
Pero casi tan importante es el país que presenta esta solicitud. Tanto Sudáfrica como Israel están obligados por los estatutos de la CIJ, y ambos son partes en la Convención sobre el Genocidio.
Y lo que es más importante, ningún país ha hecho más que Sudáfrica para demostrar que una lucha de liberación contra un régimen de apartheid despótico y abrumadoramente poderoso puede triunfar.
Al igual que Israel hoy en día, la Sudáfrica del apartheid era una potencia nuclear, con un ejército fuerte que aplastaba la rebelión armada, y también contaba con el apoyo de las principales potencias occidentales.
La Sudáfrica del apartheid se suicidó con sus propias acciones. Estado paria, al final tuvo que rendirse a la voluntad de la mayoría negra reprimida.

Un público cada vez más reducido
Consciente de la importancia de esta solicitud, Israel ha respondido acusando absurdamente a Sudáfrica de complicidad con Hamás, grupo proscrito como organización terrorista en el Reino Unido y otros países, una afirmación para la que no existen pruebas.
El portavoz del gobierno, Eylon Levy, acusó a Sudáfrica de ser «cómplice criminal» de la «campaña de genocidio» de Hamás contra el pueblo israelí.
«El Estado de Israel comparecerá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya para desmentir el absurdo libelo de sangre de Sudáfrica», afirmó. «Qué trágico que la Nación del Arco Iris que se enorgullece de luchar contra el racismo vaya a luchar pro bono para los racistas antijudíos».
Levy parece haber olvidado lo que escribió en agosto contra el propio fascista residente de Israel, el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, cuando instó al primer ministro a que lo despidiera.
«¿Por qué, por qué la Oficina del Primer Ministro israelí se desvive por hacer Hasbara por el convicto partidario del terror Ben Gvir en lugar de despedirlo? Ojalá yo fuera el portavoz de Netanyahu para los medios de comunicación extranjeros, sólo para poder dimitir en señal de protesta», escribió Levy.
Ahora Levy es portavoz del gobierno y hace el trabajo de Ben Gvir por él. Pero la audiencia de Levy es cada vez menor, y escucharle se está convirtiendo en un deporte de minorías.
Esto no impidió que los principales defensores de Israel desestimaran el caso de Sudáfrica, antes incluso de que se haya visto en La Haya. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, describió el caso de Sudáfrica como «infundado, contraproducente y completamente carente de cualquier base real». Y el ex primer ministro británico Boris Johnson condenó por separado una investigación de la Policía Metropolitana sobre los crímenes de guerra de Israel, quejándose de la «preocupante politización» del cuerpo policial.
Aun así, Israel no está consiguiendo transmitir su mensaje, ya que otras naciones -como Malasia, Turquía y muchas otras- se alinean detrás de Sudáfrica. La mayoría de los países de la Asamblea General de las Naciones Unidas han pedido a Israel que detenga inmediatamente su campaña en Gaza.
La pura verdad es que ningún país está haciendo más por deslegitimar a Israel que el propio Estado israelí.

Reasentamiento «voluntario»
No hace falta ser licenciado en Derecho para descifrar lo que está ocurriendo. Para hacerse una idea de la producción diaria de discursos de odio de Israel, basta con ver y escuchar los vídeos de soldados, cantantes, artistas y políticos. Ya no son una franja. Representan lo que piensa la corriente dominante de Israel.
Se han convertido en genocidas, racistas y fascistas cuando hablan de los palestinos, sin ningún pudor. Están orgullosos de su racismo y bromean sobre él, y hacen poco por disimularlo.
¿Era este racismo una creación reciente o acechaba en los oscuros rincones del discurso tras las apariencias -claramente falsas- de una abierta democracia liberal occidental?
No es una pregunta que el veterano periodista israelí Gideon Levy pueda responder honestamente.
Levy dijo al periodista Owen Jones, en referencia a una encuesta que mostraba que la mayoría de los israelíes apoyaban la limpieza étnica de Gaza, que Israel es ahora un país que ya no reconoce. «Es una de dos [opciones]: O esa es la verdadera cara de Israel y el ataque al 7 lo legitimó para estar por encima de la superficie, o que el 7 realmente cambió las cosas», dijo Levy. «No sé cuál de las dos es cierta, pero no dejo de pensar que si un ataque -por bárbaro que fuera, y lo fue- empuja a tantos israelíes a convertirse en inhumanos… imagínense lo que hace a los palestinos que viven bajo esos ataques durante décadas».
Como reconoce Levy, la mayoría de los israelíes están ciegos ante lo que su Estado está haciendo en Gaza. No ocultan su intención de destruir la mayor parte posible de Gaza.
Entre bastidores, se dice que altos funcionarios mantienen conversaciones secretas con el Congo para el reasentamiento «voluntario» de palestinos de Gaza. Arabia Saudí, Irak y otros Estados habían sido contactados con la misma política en mente, mucho antes del ataque de Hamás.
Estos contactos cuidadosamente organizados no pueden concebirse como una reacción al trauma, ni son una mera ocurrencia de gente como Ben Gvir o el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich. Vaciar Palestina de su pueblo es una estrategia profundamente arraigada y a largo plazo.
Si no se detiene, Israel continuará por el mismo camino, independientemente de lo que ocurra con Hamás.

El camino a seguir
Pero incluso en este punto, la historia no respalda la política de asesinar a los líderes de la resistencia.
El asesinato del líder adjunto de Hamás Saleh al-Arouri en Beirut se compara con la persecución por parte del Mossad de los planificadores de la masacre que tuvo lugar en los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972.
Pero el asesinato selectivo de dirigentes palestinos no es nada nuevo, ni evidentemente tiene éxito. El alivio que proporciona a Israel es estrictamente temporal.
Hace casi dos décadas, Israel atacó a Ahmed Yassin, un tetrapléjico en silla de ruedas, con misiles disparados desde un helicóptero, mientras lo llevaban en silla de ruedas a una mezquita para la oración de la mañana.
Sólo dos años después de su muerte, Hamás ganó las primeras elecciones libres celebradas en Palestina en muchos años. Tanto política como militarmente, Hamás es hoy incomparablemente más grande, más potente y más popular que la organización que fundó Yassin.
Hace veinte años, Hamás nunca habría podido resistir tres meses de bombardeos continuos y seguir disparando misiles que alcanzaran Tel Aviv. Sus combatientes nunca habrían podido infligir las bajas que sufre actualmente el ejército israelí.
El asesinato de los líderes de Hamás sólo animará a una nueva generación de líderes de la resistencia a dar un paso adelante, siendo cada generación más poderosa que la anterior. Pensar lo contrario es soñar. Además, Israel está atacando a las personas con las que algún día deberá negociar.
El ex ministro británico para Oriente Próximo y sudafricano de nacimiento, Peter Hain, ha afirmado que las conversaciones de paz con Hamás son la única vía para Israel y sus aliados.
«Escribo esto desde Ciudad del Cabo, donde sudafricanos decentes de todas las razas y credos desprecian lo que consideran un profundo doble rasero por parte de los líderes del Norte global: querer respaldar la autodeterminación ucraniana, pero ser cómplices de la negación de la autodeterminación palestina y culpables del horror en Gaza», escribió en The Guardian. «La brecha geopolítica con el sur global se está profundizando, y le costará caro a Washington, Londres y Bruselas en un mundo cada vez más turbulento».
Son palabras que cualquier dirigente occidental que permita a Israel seguir cometiendo asesinatos en masa no puede permitirse ignorar.
La CIJ ha acordado celebrar una vista la próxima semana para debatir la petición de Sudáfrica de una resolución urgente. Ninguna audiencia en el Tribunal Mundial de La Haya es más apremiante. De ella depende el destino de esa especie en peligro de extinción llamada justicia internacional.
David Hearst es cofundador y redactor jefe de Middle East Eye. Es comentarista y conferenciante sobre la región y analista sobre Arabia Saudí. Fue redactor de asuntos exteriores de The Guardian y corresponsal en Rusia, Europa y Belfast. Se incorporó a The Guardian procedente de The Scotsman, donde era corresponsal de educación.

7. Una coyuntura peligrosa

Tomaselli apunta en su último artículo a una obviedad: Israel está intentando ampliar el conflicto ante los problemas que está teniendo en Gaza y el rechazo unánime a la limpieza étnica de los palestinos. Como señala, todo dependerá de la respuesta de los líderes del Eje de Resistencia, que parece claro no quieren verse arrastrados a un conflicto abierto. https://giubberosse.news/2024/

Quién quiere ampliar la guerra en Oriente Próximo (y por qué)
Enrico Tomaselli 4 de enero de 2024
A lo largo de la primera fase del renovado conflicto palestino, que comenzó con el atentado de la Resistencia del 7 de octubre, la prensa israelí ha estado machacando sobre el peligro que representa Hezbolá; después de todo, cuando Israel intentó invadir (de nuevo) Líbano en 2006, recibió una paliza de la milicia chií, que entonces era mucho menos poderosa. No es casualidad que más de 230.000 israelíes hayan sido desplazados del norte del país, precisamente por temor a ataques desde Líbano, y que las FDI mantengan allí la mayor parte de sus sistemas antimisiles Cúpula de Hierro.
El gobierno israelí es muy consciente de que una confrontación con Hezbolá es potencialmente devastadora, entre otras cosas porque movilizaría inmediatamente, en un grado mucho mayor que el actual, a todas las formaciones del Eje de la Resistencia; no sólo en Líbano, sino también en Irak, Yemen y Siria. Se cree que ya hay varios miles de combatientes iraquíes en el país de los cedros. Y, evidentemente, el apoyo estadounidense -que sin duda no faltaría- no podría ir mucho más allá del apoyo aeronaval: los pocos miles de militares estadounidenses presentes en la zona están casi en todas partes rodeados de fuerzas hostiles.
Por lo tanto, por mucho que les guste, Tel Aviv es muy consciente de que una guerra con Hezbolá tendría un coste muy elevado; pero, aparte del deseo de eliminar lo que consideran una espina clavada, la mayor ambición es conseguir golpear a Irán, al menos de forma que se posponga todo lo posible la posibilidad de construir un artefacto nuclear, y llevar a cabo un primer ataque contra Israel. Pero Irán tampoco es lo que era hace unos años, y un conflicto con Teherán tendría enormes costes para Israel. A menos, claro está, que Estados Unidos se vea arrastrado a ello también. O mejor dicho, el cálculo israelí es que seguiría sufriendo grandes daños, pero gracias a la intervención estadounidense -cree- el potencial bélico de Irán (nuclear y de otro tipo) quedaría aniquilado, por lo que la partida merecería la pena.
La cuestión es que Washington no está en absoluto a favor de implicarse ahora en un conflicto de este tipo. En primer lugar, porque paralizaría las rutas comerciales y dispararía el precio del petróleo: Bab el Mandeeb y Ormuz quedarían inmediatamente totalmente cerradas al tráfico marítimo. Después, porque todavía están intentando encontrar una salida al atolladero ucraniano, e Israel depende al 100% de los suministros estadounidenses. Por no mencionar el hecho de que EEUU tiene un montón de bases militares en esa zona, que se convertirían en otros tantos objetivos en poco tiempo. Y no por los cohetes con los que les atizan las milicias iraquíes, sino con hipersónicos iraníes. Y no sólo las bases de Irak y Siria, sino las estratégicas de Yibuti y Qatar. EEUU quiere destruir el régimen de los ayatolás al menos tanto como los israelíes, pero no ahora.
El problema es que Israel está en un callejón sin salida. La campaña genocida en la Franja de Gaza ha fracasado claramente en su objetivo de provocar un éxodo de palestinos a Egipto o a otros lugares, no sólo porque no se van, sino también porque el proyecto de una nueva Nakba parece inaceptable incluso para los mejores amigos de Israel. La guerra contra la Resistencia es, pues, un fracaso total. Casi tres meses después del 7 de octubre, las IDF no han conseguido ni hacerse con el control de la Franja, ni destruir la red de infraestructuras de Hamás y otros grupos armados, ni siquiera liberar a un solo prisionero. Al contrario, las pérdidas -por mucho que intenten ocultarlas- son muy elevadas, tanto en hombres como en medios. En los tres primeros días del año, las IDF admitieron la pérdida de más de 70 soldados y oficiales. Un desastre, preludio de una derrota manifiesta.
De ahí la urgencia de cambiar no sólo el enfoque, sino todo el eje del conflicto. Toda la banda de fanáticos extremistas que gobierna el país sabe que sus días están contados, y que el fin de la guerra significa también su fin político; tanto más si acaba en derrota. Una conmoción para todo Israel, que pasaría inicialmente factura a los dirigentes políticos y militares.

Así, mientras Estados Unidos retira la escuadra naval encabezada por el portaaviones G. Ford, y tartamudea a las puertas del Mar Rojo con la infructuosa «misión naval internacional», tres ataques muy selectivos (también y sobre todo en sentido político) se llevan a cabo en muy poco tiempo: un ataque aéreo en Siria que mata a un alto general de los Guardianes de la Revolución iraníes, luego el asesinato del número dos de Hamás en Beirut, en el corazón de un distrito controlado por Hezbolá, y finalmente el devastador atentado terrorista en Irán (más de 100 muertos) a pocos pasos de la tumba del general Soleimani y en el aniversario del atentado en el que fue asesinado. La intención de provocar una reacción es descaradamente obvia, y el objetivo es precisamente levantar la tapa sobre el hecho de que Israel está perdiendo.
Una jugada arriesgada, que corre el riesgo de desencadenar un conflicto potencialmente devastador mucho más allá del ámbito regional, y que haría saltar chispas en una zona de interés estratégico mundial, donde, entre otras cosas, los ejércitos ruso y estadounidense se encuentran a pocos kilómetros el uno del otro (en Siria). Sin olvidar que si para EEUU es inimaginable dejar que se destruya Israel, para Rusia (pero también para China) es inaceptable dejar que se destruya Irán; que, no hay que olvidarlo, no sólo es un importante socio militar -sobre todo para Moscú- y miembro de los BRICS+, sino también un nudo clave en las rutas comerciales euroasiáticas que Rusia y China están desarrollando.
Desencadenar un conflicto en esa zona, donde se entrecruzan múltiples intereses estratégicos, sería una auténtica locura. Pero Israel siempre ha demostrado que se desinteresa totalmente del resto del mundo y que sólo tiene en cuenta lo que cree que es su propio interés. Es más, en este momento el Estado judío se encuentra en una coyuntura peculiar, con un gobierno fanático pero frágil, con unas fuerzas armadas que han perdido su aura de invencibilidad en 48 horas y se debaten en dificultades evidentes, y con un país aturdido y asustado que se refugia en el fanatismo religioso y el racismo exagerado como antídoto contra el miedo.
Estamos, en definitiva, en una coyuntura en la que las posibilidades de evitar un desastre de época recaen casi exclusivamente en los que consideramos bárbaros, autócratas y terroristas, pues de su previsión, de su capacidad para no caer presa de las más graves provocaciones, depende el estallido o no del conflicto más cercano a una guerra mundial.

Afortunadamente para nosotros, Jamenei, Nasralá, Haniyeh, Jibril y los demás han demostrado hasta ahora esta capacidad. Queda por ver hasta dónde llegará Israel, si esto no es suficiente, y hasta dónde sabrán y podrán no prestar su lado al enemigo.

II. El Estado Islámico, curiosamente, jamás a atentado contra Israel, y sus militantes en Siria fueron tratados en los hospitales israelíes. Es curioso que ahora se descuelguen con un atentado en Irán. Por cierto, el comunicado es completamente distinto de los que suele publicar ISIS y similares. Así lo explican en Irán: https://twitter.com/AryJeay/

La Agencia de Noticias Tasnim de Irán publicó nueva información sobre el supuesto atentado terrorista del «ISIS» en Kerman:
«La declaración de ISIS para reivindicar el ataque fue emitida bajo la dirección de los sionistas.
En primer lugar, ISIS nunca ha utilizado la palabra «Irán» en sus declaraciones, siempre llaman a Irán «provincia persa» o «provincia de Khorasan».
En segundo lugar, cabe destacar que no hay antecedentes de que el ISIS publique imágenes de sus operativos terroristas con el rostro censurado.
El tercer punto es que el ISIS nunca retrasa 30 horas la publicación de las declaraciones de responsabilidad de sus operaciones. En su lugar, preparan las imágenes del juramento de lealtad y la declaración de responsabilidad antes de cada operación y las publican inmediatamente después de la ejecución de la operación.
Esencialmente, el método de ISIS para llevar a cabo operaciones implica amenazas iniciales, seguidas de fatwas, y luego la ejecución de operaciones, inmediatamente acompañadas de la publicación de declaraciones de responsabilidad.
Sin embargo, en esta operación, primero se produjo un acto terrorista, seguido de un retraso en las fatwas, las amenazas y la publicación tardía de una declaración de responsabilidad.
El cuarto punto es la literatura política de esta declaración, que difiere significativamente de la literatura habitual del ISIS, lo que indica que el autor de la declaración no estaba en absoluto asociado con el ISIS.
De hecho, la declaración que ISIS publicó tardíamente al aceptar la responsabilidad por el ataque terrorista en Kerman fue orquestada por el servicio de inteligencia del régimen sionista. El ISIS simplemente se encargó de difundirlo a través de sus canales de comunicación oficiales».

8. ¿Qué hará Hezbolá?

Ante la escalada israelí en busca de una ampliación del conflicto, en Orient XXI vuelven a publicar un artículo que editaron con motivo de la espera primera intervención de Nasralá desde la invasión israelí de Gaza. Se dan algunas claves sobre la posición de Hezbolá. En este sentido, os paso también un artículo de Al Mayadeen, próximo a esa organización, que viene a decir que algo tendrán que hacer, pero que no parece para nada un llamamiento a la guerra total.

https://orientxxi.info/

Los dilemas de Hezbolá en la guerra contra Gaza
Desde el 7 de octubre de 2023, las escaramuzas enfrentan al ejército israelí con Hezbolá. En noviembre de 2023, el secretario general del movimiento, Hassan Nasrallah, tras un largo silencio, intervino para definir la estrategia de su organización ante la guerra contra Gaza. Volvemos a publicar el artículo publicado entonces.
Alexandre Aoun > 9 de noviembre de 2023
El secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, rompió su silencio el 3 de noviembre. El hombre cuya reacción se esperaba desde la operación «Inundación de Al-Aqsa», dirigida por Hamás el 7 de octubre, había dejado hasta entonces que el jeque Hashem Safieddine, presidente del Consejo Ejecutivo de Hezbolá, y Naïm Qassem, vicesecretario general, expresaran sus opiniones sobre la situación en Gaza y el sur de Líbano. En un discurso largamente esperado, el Secretario General de Hezbolá aclaró su posición y su estrategia. Rechazando las especulaciones occidentales sobre la implicación iraní, el líder del partido chií libanés dejó claro que la operación era el resultado de una «decisión 100% palestina», de la que él mismo no tenía conocimiento.
En cuanto a la apertura de un segundo frente en la frontera libanesa, objeto de todas las expectativas, el «Sayyid» se mantuvo bastante enigmático. Explicó que la milicia estaba en guerra desde el 8 de octubre para apoyar a su aliado gazatí, atraer hacia el norte a una parte del ejército israelí y aliviar así la presión sobre Gaza. «Lo que está ocurriendo en la frontera puede parecer moderado a algunos. Pero no es así», afirmó.

El doloroso recuerdo de 2006
Por el momento, los combates siguen siendo muy localizados, con escaramuzas, infiltraciones y disparos contra puestos de observación. Los de Nasralá tienen como objetivo principal las granjas de Shebaa, territorio libanés ocupado militarmente por las fuerzas israelíes desde junio de 1967. A pesar de los muertos registrados a ambos lados de la frontera libanesa-israelí (56 del lado de Hezbolá y menos de una decena del lado israelí), los dos beligerantes se limitan a respuestas muy limitadas, para mantener un equilibrio disuasorio. No obstante, se han evacuado pueblos fronterizos libaneses e israelíes, mientras que Amnistía Internacional acusa al ejército de Tel Aviv de utilizar deliberadamente fósforo blanco sobre zonas civiles y agrícolas.
Nasralá ha advertido: «La escalada en el frente [libanés] depende de dos cosas: los acontecimientos en Gaza y el comportamiento del enemigo sionista hacia Líbano». A pesar de la retórica belicosa, de las últimas reuniones entre el jeque Saleh Al-Arouri, jefe adjunto del buró político de Hamás, y Ziad Al-Nakhala, secretario general del Movimiento de la Yihad Islámica en Palestina (IMJP), y de las advertencias de los diplomáticos iraníes, Hezbolá debe tener en cuenta la situación interna de Líbano en su posicionamiento. Desde las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea hasta el Partido Socialista Progresista de Taymour Joumblatt, el Movimiento Patriótico Libre de Gebran Bassil y el Primer Ministro saliente Najib Mikati, toda la clase política libanesa teme una conflagración y pide responsabilidades a la milicia chií. Nabih Berri, Presidente del Parlamento libanés, líder de Amal y aliado de Hezbolá, actúa como intermediario entre esta última y los emisarios extranjeros. El líder del «Partido de Dios» también ha indicado que las cancillerías árabes han estado en contacto con él desde el inicio de las hostilidades en Gaza para evitar una escalada regional.
Independientemente del consenso político, el recuerdo de la guerra del verano de 2006 está vivo para toda la sociedad libanesa. En respuesta a una operación especial de Hezbolá para tomar como rehenes a soldados israelíes en la frontera, el ejército israelí bombardeó todos los puntos vitales del país (centrales eléctricas, puentes, aeropuerto, industrias), paralizando su economía. Israel disparó más de 3.000 proyectiles al día en todo Líbano, incluida Beirut. Además de intentar neutralizar las capacidades militares del movimiento chií, el gabinete de seguridad dirigido por el entonces primer ministro Ehud Olmert pretendía enemistarse con el gobierno libanés de Fouad Siniora, reprochándole su neutralidad frente al partido chií.
Además de las numerosas víctimas civiles causadas por las incursiones israelíes -unos 1.200 muertos, la mayoría civiles, y más de 4.000 heridos-, el país vio el éxodo de casi un millón de personas, y la reconstrucción de edificios costó más de 2.800 millones de dólares (2.620 millones de euros). En el conjunto de Oriente Medio, Hezbolá salió victorioso de esta «victoria divina» sobre las fuerzas israelíes, pero el conflicto reavivó sin embargo las divisiones internas en el espectro político libanés, en particular sobre la cuestión del arsenal militar del grupo.
En la actualidad, y sobre todo desde 2019, Líbano se encuentra en una situación económica catastrófica y está sin presidente desde la marcha de Michel Aoun hace un año. Aunque la mayoría de la población apoya la causa palestina, la apertura de un segundo frente contra Israel sigue siendo impopular en todo el espectro religioso.
Una intervención de Hezbolá también dejaría sin efecto el acuerdo de demarcación de la frontera marítima con Israel. Firmado el 27 de octubre de 2022, este acuerdo permite al país de los Cedros esperar beneficios económicos de la perforación de gas en alta mar en el yacimiento de Qana, frente a sus costas.

Relaciones desde 1992
Además de la importancia de la ecuación libanesa, la relación con Hamás permite comprender la percepción que Hezbolá tiene del conflicto. Aunque forman parte del «eje de resistencia» liderado por Teherán, los dos partidos islamistas no están alineados en la misma agenda política y defienden ante todo sus propios intereses.
El 10 de abril de 2023, mientras el jefe del buró político del movimiento islamista palestino, Ismaël Haniyeh, se encontraba en Beirut, el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, que atravesaba grandes dificultades internas, aseguró que no «permitiría que el terrorista Hamás se estableciera en Líbano» y prometió «restablecer la seguridad» en su país actuando «en todos los frentes». En un discurso reciente, Hassan Nasrallah subrayó la importancia de la «unidad en todos los frentes» contra Israel. Aunque objeto de muchas fantasías, esta confederación de milicias no está estructurada ni forma un bloque homogéneo.
Tras desempeñar un papel activo en la creación de Hezbolá en los años ochenta, Teherán se interesa ahora por las distintas facciones palestinas. Aunque la República Islámica no participó en la creación de Hamás en 1987, la Guardia Revolucionaria empezó a enviar armas y dinero al movimiento de Gaza en la década de 1990. Una primera delegación del movimiento viajó a Teherán en 1991 y abrió allí una oficina política. Además, se entrenó a combatientes gazatíes en campos de Irán y Líbano.
Los primeros contactos oficiales entre las milicias islamistas se remontan a 1992 y a la expulsión de cientos de palestinos de Hamás y el MJIP, entre ellos Ismaël Haniyeh, al campo de Marj El-Zohour, en el sur de Líbano. Las relaciones se estrecharon tras el cierre de las oficinas del partido islamista en Jordania en 1999. Jaled Mechaal, entonces jefe de Hamás en la Franja de Gaza, fijó su residencia en Damasco. En 2000, el movimiento de Gaza abrió una oficina en Beirut. Los distintos grupos incrementaron sus contactos y cooperaron bajo el liderazgo de Teherán.

Una alianza desigual
Pero esta relación se deterioró con la «primavera árabe» y, en particular, con la revolución en Siria. Mientras que el JIPA se alineó con la agenda política de Teherán a partir de 2012, Jaled Mechaal, que se había convertido en el jefe de la oficina política de Hamás en el extranjero, abandonó Damasco para irse a Doha, uno de los principales partidarios de los levantamientos árabes. Hizo suya oficialmente la causa de los insurgentes sirios durante un discurso pronunciado en Turquía en septiembre de 2012. Dirigiéndose personalmente al presidente turco Recep Tayyip Erdoğan, le agradeció su apoyo al pueblo sirio. El ascenso de Mohamed Morsi, miembro de los Hermanos Musulmanes en Egipto, reforzó sus esperanzas de lograr insuflar un viento revolucionario islamista suní en toda la región. Ese mismo año, el jeque Hamad Ben Khalifa Al-Thani se convirtió en el primer jefe de Estado en visitar Gaza desde que Hamás tomó el control en 2007, prometiendo 400 millones de dólares (374 millones de euros) en ayuda. En vista de los cambios regionales de la nueva década, Hamás se está sometiendo más al control qatarí por razones pragmáticas e ideológicas.
Según fuentes próximas a Hezbolá y al gobierno sirio, las brigadas Ezzedine Al-Qassam, brazo armado de Hamás, participaron activamente en la guerra de Siria junto a los rebeldes y los yihadistas.1 Varios milicianos habrían supervisado el entrenamiento del ejército Jalid Ibn Al-Walid y de la brigada Al-Farouq antes de combatir contra Hezbolá y el ejército leal sirio durante la batalla de Al-Qusayr, en la frontera libanesa, en mayo de 2013. En particular, al parecer compartieron sus conocimientos especializados en la construcción de túneles. Ese mismo año, la predicación del imán hermano Youssef Al-Qaradawi en la mezquita de Al-Doha en presencia de Jaled Mechaal provocó la ira de Teherán y del partido chií libanés. El jeque egipcio calificó a la milicia libanesa de «partido de Satán» y a la República Islámica de «aliada del sionismo». Como consecuencia, Irán redujo a la mitad su ayuda financiera a Hamás y se cerraron las oficinas del movimiento palestino en Beirut.
La radicalización de la oposición siria y la toma por la Organización del Estado Islámico (OEI) del mayor campo palestino de Siria, Yarmuk, en 2015, incitaron a Hamás a renovar sus vínculos con Teherán y Hezbolá. La convergencia de intereses, a saber, la lucha contra Israel, está primando sobre las diferencias del pasado. Además, ante el fracaso del bando hermano en Oriente Próximo, de Túnez a Egipto pasando por Turquía, el movimiento islamista regresó finalmente a Damasco en octubre de 2022, gracias a la mediación del partido de Hassan Nasralá. En resumen, el partido chií actúa a la vez como intermediario político para estrechar los lazos entre el «eje de la resistencia» y como asesor militar de las demás milicias.
Los dos grupos están en contacto permanente a través de la oficina de Hamás en Beirut, dirigida por Ali Barakeh, exiliado en la capital libanesa desde hace varios años. Los dirigentes de las facciones palestinas tienen acceso a Beirut y coordinan sus acciones. Sin embargo, Hamás y Hezbolá no son dos caras de la misma moneda: una opera según una agenda palestina precisa, mientras que la otra es parte integrante de la escena política libanesa.
La hipótesis de que Hezbolá abriera un segundo frente dependería de varias condiciones. Por una cuestión de pragmatismo político, Hezbolá no utiliza todos sus resortes de presión contra el ejército israelí, limita la escalada de violencia y se limita, por el momento, a un papel de apoyo y de consejero militar y estratégico de los distintos grupos de Gaza. La organización de Hassan Nasrallah tiene en cuenta sobre todo a la opinión libanesa, que se opone ferozmente a la prolongación del conflicto. Pero las posibles presiones de Teherán y la evolución de la situación en Gaza podrían cambiar la situación, provocando un aumento de los enfrentamientos en el frente norte, con un resultado incierto.

El artículo en Al Mayadeen sobre la posible respuesta de Hezbolá.

https://espanol.almayadeen.

El asesinato de Al-Arouri: ¿Qué quiere Netanyahu? ¿Responderá Hizbullah?

A lo largo de sus años en Beirut, Al-Arouri desempeñó un papel importante en términos de interrelacionar el movimiento Hamas, la resistencia en Gaza y el Eje de la Resistencia. Es conocido por su humildad y su personalidad unificadora hasta el punto de que los medios israelíes lo describen como “el arquitecto de la unidad de los frentes».

No cabe duda de que el asesinato del ocupante israelí de la segunda figura del movimiento Hamas,  el mártir Saleh Al-Arouri, en los suburbios sur de Beirut, además de ser un atentado terrorista, supone un punto de inflexión en el curso de la  guerra que lleva tres meses en Gaza, Palestina y la región en general, y que puede llevar esta guerra a un nuevo nivel fácil de anticipar y definir con precisión.

Al-Arouri es una figura inusual para Hamas y para el Eje de la Resistencia: es un dirigente prominente con un importante papel militar, especialmente en Cisjordania, donde dirige la sucursal del movimiento. «Israel» lo acusa de trabajar para formar resistencia entre su pueblo y movilizarlo contra las fuerzas de ocupación israelíes. «Israel» planeó asesinarlo, y sus líderes lo declararon, y sus medios de comunicación lo incitaron a hacerlo, a pesar de sus repercusiones, que vieron como potencialmente desencadenantes de una guerra a gran escala.

A lo largo de sus años en Beirut, Al-Arouri desempeñó un papel importante en términos de interrelacionar el movimiento Hamas, la resistencia en Gaza y el Eje de la Resistencia. Es conocido por su humildad y su personalidad unificadora, hasta el punto de que los medios israelíes lo describen como “el arquitecto de la unidad de los frentes».

Netanyahu y la decisión de asesinar a Al-Arouri

Sin embargo, que el primer ministro del gobierno de ocupación decidiera atacar a Al-Arouri casi tres meses después del inicio de la epopeya del  “Diluvio de Al-Aqsa” tiene muchas implicaciones que van más allá del importante papel asignado al hombre en los últimos años.

Netanyahu, sumergido en el barro de Gaza, que hasta la fecha no ha podido alcanzar ninguno de sus repetidos objetivos anunciados al inicio de la agresión, y que pierde diariamente a sus oficiales y soldados bajo los golpes de la combatientes de la resistencia, recibió un nuevo golpe hace dos días después de la decisión del Tribunal Supremo de abolir la ley de la «Cláusula de razonabilidad», con la que esperaba obtener inmunidad frente a la interferencia de la corte en las decisiones de su gobierno y exigirle responsabilidades, especialmente en los casos de corrupción en el que el “poder judicial” israelí le acusa de estar implicado.

Esta bofetada lo hará más comprometido con su actual gobierno, lo que lo protegerá de cualquier responsabilidad judicial por su corrupción anterior, y de las consecuencias de cualquier investigación sobre el fracaso tras el ataque del 7 de octubre pasado. Esto sólo se logrará prolongando la guerra en Gaza y tal vez ampliarla aún más.

Otro factor que ha aparecido recientemente en la escena es la posición estadounidense sobre la continuación de la guerra sin un plan claro para sus consecuencias, y con un alto coste humano que se ha vuelto cada vez más embarazoso para el amo de la Casa Blanca, y amenaza sus posibilidades electorales en las elecciones de este año.

Este factor ha aparecido fuertemente en las últimas dos semanas, después de hablar de desacuerdos entre la administración Biden y Netanyahu, y de lo dicho sobre el rechazo del Pentágono a las solicitudes israelíes de proporcionar al ejército de ocupación helicópteros Apache para apoyar su agresión contra Gaza, y las noticias más recientes que llegaron días antes del asesinato y que indicaban claramente la decisión de Estados Unidos de retirar de las  aguas del Mediterráneo su portaaviones, el USS Gerald Ford, que envió días después de que se intensificara la situación en Gaza, y las implicaciones de esta medida, que muchos, incluidos los analistas israelíes, vieron como una retirada estadounidense del estancamiento israelí y una creciente presión sobre Netanyahu para que escuche el consejo de detener la guerra o reducir su ritmo y entablar negociaciones para devolver a los detenidos  israelíes retenidos por  Hamas.

Algunos pueden decir que el asesinato de Al-Arouri tenía como principal objetivo revitalizar las posibilidades de ampliar la guerra y calentar aún más la confrontación con Hizbullah e Irán, que la semana pasada también recibió un golpe israelí con el asesinato del mártir Reza Mousavi, comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní en Siria, que era el funcionario a cargo del apoyo de la Guardia para el eje de la resistencia, y no sólo en Siria.

La expansión de la guerra en el sur del Líbano y su extensión a otros escenarios servirá como presión sobre la administración Biden para que restablezca su apoyo anterior a “Israel” a lo que era al comienzo de la agresión a Gaza, devuelva el portaaviones, además de entrar en la guerra directamente junto a “Israel».

No hay duda de que imágenes como las que obtuvo Netanyahu al inicio de la agresión durante la visita de Biden a los territorios ocupados, su secretario de Estado  y los líderes de varios países occidentales son imágenes que satisfacen su ego y le devuelven parte del apoyo que perdió después de los repetidos reveses y fracasos en Gaza, cuando los medios israelíes comenzaron a hablar de un declive en su popularidad de manera considerable, y la mayoría de la calle israelí ahora cree que Benny Gantz es la «mejor opción» para liderar el gobierno.

Además no hay que olvidar que Netanyahu necesita una “imagen de victoria” que buscó mucho en Gaza y no pudo conseguirla, ni asesinando a uno de los destacados líderes de la resistencia en la Franja, ni devolviendo a los detenidos  ni por el colapso de la fuerza de Al-Qassam.  Esta imagen puede brindarle una justificación ante el público israelí para volver a las negociaciones y hacer concesiones para devolver a los detenidos.

¿Responderá Hizbullah al asesinato de Al-Arouri?

Es obvio que la pregunta que preocupa a la opinión pública desde el momento en que se anuncia el asesinato, e incluso antes de que sepamos quién es el objetivo: ¿Responderá Hizbullah? Sin embargo, por más que esta pregunta sea problemática y compleja para algunos, conocer el método de trabajo y de planificación de Hizbullah hace que la respuesta sea fácil y, en caso afirmativo, es evidente.

Pero la pregunta que necesita una respuesta real es: ¿cómo será esta respuesta? ¿Y cuándo?

No hay duda de que hay muchas consideraciones que hacen inevitable la respuesta de Hizbullah, la más importante de las cuales es que la operación de asesinato tuvo lugar en el corazón de su entorno y tuvo como objetivo una figura  muy cercana de Hamas a Hizbullah, y el vínculo con sus fuerzas militares y sus líderes políticos del movimiento Hamas, especialmente desde que Hizbullah, a través de las palabras de su Secretario General, advirtió a “Israel” anteriormente  de no  atacar a cualquier figura palestina o de otro tipo en territorio libanés, porque eso se consideraría un ataque a Hizbullah.

Además, uno de los indicios de que la respuesta de Hizbullah es definitiva es lo que informaron los medios israelíes sobre un estado de alerta en el frente norte y una extraordinaria preparación en anticipación de una respuesta de Hizbullah al asesinato.

9. Resumen de la guerra en Palestina, 2-4 de enero

En Rybar siguen atrasados en sus resúmenes sobre Palestina. Supongo que por las fiestas de fin de año. Os paso su resumen de los días 2 y 3 y el de Mondoweiss del día 3 y 4. El del 2 ya os lo pasé. https://rybar.ru/chto-

Lo que está pasando en Palestina e Israel: Crónica del 2 de enero al 3 de enero
4 de enero de 2024 Rybar
En los últimos días se han sucedido en Oriente Próximo una serie de incidentes de gran repercusión que han contribuido a desestabilizar aún más la región y a agravar el conflicto palestino-israelí.
En el suburbio sur de la capital libanesa, Beirut, murieron un dirigente de Hamás, Saleh al-Arouri, y seis de sus colaboradores. Este atentado ya ha provocado una importante escalada en la frontera entre Líbano e Israel, mientras el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, profería nuevas amenazas contra Israel.
Y en Kerman, Irán, se produjeron dos atentados terroristas durante una procesión que conmemoraba el aniversario de la muerte de Qasem Suleimani, con más de un centenar de víctimas. Aún no está claro quién fue el organizador del atentado, pero los dirigentes iraníes ya han culpado a Estados Unidos e Israel del incidente.
Mientras tanto, la ofensiva de las FDI continúa en la Franja de Gaza. En el norte del enclave se libran encarnizados combates en la zona urbana. Los medios de comunicación israelíes informan de la inminente limpieza de Gaza, que podría evidenciarse con la retirada de algunas unidades de la ciudad.
En el sur, las Fuerzas de Defensa de Israel han conseguido ampliar su zona de control en el área de Jan Yunis: según fuentes palestinas, los israelíes han logrado afianzarse en la zona de la mezquita de Abad al-Rahman, de donde los militantes de Hamás intentan desalojarlos sin éxito.
Mapa de alta resolución en inglés 
https://rybar.ru/piwigo/
Atentado terrorista en Kerman
Mapa de alta resolución en inglés 
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Hoy se han producido dos explosiones durante una procesión que conmemoraba el aniversario de la muerte del Comandante en Jefe Qasem Suleimani el 3 de enero de 2020 en Kerman, donde se encuentra el mausoleo del general iraní. Inicialmente se informó de que habían estallado bombonas de gas, pero la administración de la ciudad declaró después inequívocamente que lo ocurrido había sido un atentado terrorista, en el que el autor detonó artefactos explosivos entre una multitud de personas. El número de muertos en el atentado terrorista de hoy en Kerman asciende ya a 103, con 211 heridos. Los altos funcionarios iraníes han amenazado con una dura respuesta a los autores del atentado terrorista y se ha declarado un día de luto por las víctimas del incidente para mañana.
Sin embargo, aún no hay una versión oficial sobre quiénes son los culpables (sólo ha habido acusaciones hacia Israel y Estados Unidos, pero sin concretar). Y, a juzgar por las declaraciones y publicaciones en la web, los culpables serán probablemente nombrados terroristas del IS. Si esto ocurre, hay que entender una cosa: el «Estado Islámico» ya no es lo que era. Sus filas han adelgazado considerablemente y sus capacidades han disminuido. Y hace tiempo que son incapaces de organizar un atentado de este tipo por sí solos. Por supuesto, pueden declarar su implicación en la tragedia, y probablemente lo hagan, pero su papel se limita a eso. Sin ayuda exterior, financiación y planificación, los militantes del EI no lo habrían logrado.
Entonces, ¿quién se beneficiaría de un atentado terrorista como éste? Un actor debe tener tanto la capacidad como el motivo. Y sólo hay dos de esos actores en la región: los ultraortodoxos y sus «colegas» estadounidenses. Cuál es el significado de este suceso: en esencia, los iraníes están obligados a responder por la fuerza. Y este arreglo en Oriente Próximo favorece en primer lugar a los ultraortodoxos, que sólo gracias a la guerra ostentan el poder en Israel. En principio, los propios israelíes pueden atacar a Irán, pero necesitan el estatus de «víctima de ataque» (como en el caso de Hamás), que justificará cualquier medida y acción a los ojos de la comunidad mundial.
Por supuesto, también podrían ser los «colegas» estadounidenses, pero es demasiado arriesgado entablar un enfrentamiento directo con Irán en condiciones de ya gran dispersión de esfuerzos, porque además convierte a los ultraortodoxos en los principales beneficiarios. Al mismo tiempo, el escenario de una participación directa en una guerra con Israel tampoco augura nada bueno para los iraníes. A Irán le resulta más favorable el statu quo, en el que la ayuda a los grupos palestinos se proporciona de forma indirecta, por lo que no cabe esperar nada diferente en este caso.

El curso de las hostilidades. Al norte de la Franja de Gaza

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Las Fuerzas de Defensa de Israel continúan su avance hacia el centro de Gaza y también están combatiendo en Jabaliya. Por el momento, debido a la falta de efectivos, es difícil establecer la configuración exacta del frente. No obstante, cabe suponer que los combates por la parte norte de la Franja de Gaza se acercan a su fin. Prueba de ello es la retirada de varias unidades de las IDF de esta zona, así como las declaraciones del mando israelí sobre la limpieza de una parte importante de los túneles de Hamás bajo la ciudad. Mientras tanto, los medios de comunicación propalestinos, como de costumbre, siguen afirmando la destrucción de vehículos blindados israelíes durante los combates.

El centro de la Franja de Gaza

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En el centro de la Franja de Gaza, las IDF siguen avanzando hacia al-Bureij con combates. Al mismo tiempo, se ha informado del cerco de varias escuelas en la zona de Al-Bureij, pero la falta de personal no permite precisar qué centros educativos han sido cercados. Además, las Fuerzas de Defensa de Israel anunciaron la evacuación de varias zonas al sur de Al-Bureij en dirección a Deir al-Balah, lo que puede indicar la intención del mando israelí de no detenerse en el asalto del asentamiento y continuar la ofensiva a lo largo de la ruta de Salah al-Din. En este contexto, las IDF siguen lanzando ataques aéreos y de artillería contra Al-Maghazi, Nusseirat, Al-Bureij, Juhr al-Dik y Deir al-Balah.

Sur de la Franja de Gaza
En el sur de la Franja de Gaza, las IDF desarrollan su ofensiva hacia el centro de Khan Younis. Así, los israelíes consiguieron avanzar hacia la mezquita de Abad al-Rahman, como demuestran los informes de los militantes de Hamás sobre ataques en la zona. Hamás también ha intentado sin éxito contraatacar en la zona. El propio Jan Yunis, así como la ciudad fronteriza de Rafah, siguen siendo objeto de masivos ataques aéreos israelíes.

La frontera con Líbano

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En la noche del 3 de enero, se produjo en Beirut una fuerte explosión que causó la muerte de uno de los dirigentes de Hamás, Saleh al-Arouri, así como de seis de sus compinches. Tras este atentado, el líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, declaró la «rápida respuesta» del movimiento al ataque. Como consecuencia, se reanudaron los intensos bombardeos mutuos a través de la frontera libanesa-israelí. Los ataques aéreos israelíes alcanzaron Markaba, Houla, al-Samak, Blida y otros núcleos de población. Al mismo tiempo, Hezbolá atacó Birkat Risha, bombardeó varias veces Jal al-Alam y alcanzó objetivos israelíes en Al-Malikiya, Al-Marjah y Zarit. En medio de la intensificación del conflicto, así como del aumento de los ataques en la Alta Galilea, las FDI decidieron aumentar la concentración del sistema de defensa antiaérea Cúpula de Hierro en la zona. Además, el mando israelí anunció un aumento de la alerta a lo largo de la frontera con el sur del Líbano.

Cisjordania

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La situación en la Autoridad Palestina sigue siendo tensa. Las fuerzas de seguridad israelíes volvieron a realizar decenas de redadas en comunidades de Cisjordania, que a menudo se saldaron con enfrentamientos con los residentes locales y numerosas detenciones. Muchas detenciones tuvieron lugar en el campo de Nur Shams, en Tulkarm, donde los enfrentamientos entre unidades de las FDI y células terroristas locales son habituales desde hace varias semanas. El área de Tulkarm ha sido declarada «zona cerrada» por Israel y se ha impuesto un toque de queda en el propio campo. Al mismo tiempo, se produjeron varios ataques contra puestos de control control controlados por las FDI, incluidos enfrentamientos en el puesto de control de Huwara y un ataque palestino con arma blanca contra dos israelíes en el puesto de control de Mizmoria, al este de Jerusalén. No obstante, la situación sigue bajo el control de las fuerzas de seguridad israelíes, y los disturbios que se producen son sofocados con éxito en poco tiempo.

La escalada en Oriente Próximo
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Tras el asesinato del dirigente de Hamás Saleh al-Arouri y sus colaboradores a manos de las FDI, la situación en Oriente Próximo se ha recrudecido bruscamente. De hecho, las partes están más cerca que nunca de recrudecer el conflicto en la frontera entre Israel y Líbano. En este contexto, varios actores internacionales que simpatizan con Hamás ya han calificado el incidente de atentado terrorista y han prometido una «respuesta dura», como ha vuelto a hacer el líder de Hezbolá, Hasán Nasralá. Los dirigentes iraníes también han condenado el atentado, y Egipto ha suspendido su mediación en el contexto de un alto el fuego e intercambio de prisioneros entre Hamás e Israel. Al mismo tiempo, Europa y Estados Unidos temen la entrada de Hezbolá en el conflicto: el Secretario de Estado estadounidense, Blinken, canceló una visita prevista a Israel por motivos de seguridad. Y Suecia, Canadá y Alemania han instado a sus ciudadanos a abandonar el Líbano inmediatamente.
Si tenemos en cuenta el atentado terrorista de Kerman, los acontecimientos en Oriente Próximo están tomando una forma cada vez más inestable. Los representantes iraníes ya han culpado a Israel y a Estados Unidos del incidente. Lo más probable es que la respuesta de Irán y Hezbolá no se haga esperar. Y ello a pesar de que Estados Unidos y sus aliados podrían lanzar una operación en el Golfo de Adén y el Mar Rojo para someter a los houthis yemeníes. Mientras tanto, los propios miembros del movimiento Ansarallah también están activos, con otro incidente en el estrecho de Bab-el-Mandeb, en el sur del Mar Rojo, en el que los Houthi atacaron el portacontenedores maltés CMA CGM TAGE.

Contexto político y diplomático
Sobre el posible destino de los palestinos tras el fin del conflicto en Gaza
Han salido a la luz conversaciones secretas que Israel mantuvo con el Congo y varios otros países. El tema de discusión fue la «migración voluntaria» de palestinos tras el fin de las hostilidades en la Franja de Gaza. Según el ministro israelí de Inteligencia, Gila Gamliel, tal medida es el programa mejor y más realista para el día después del fin de las hostilidades. Algunas fuentes afirman que el Congo está de acuerdo con ello y estará dispuesto a aceptar a los migrantes. Sin embargo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha negado anteriormente la probabilidad de anexionarse la Franja de Gaza y desplazar a los palestinos.
Por otra parte, Estados Unidos, Alemania y Francia ya se han opuesto a la decisión. Consideran que debe dejarse a los palestinos en la Franja de Gaza, que no debe reducirse su territorio, y que tales declaraciones son provocadoras y alimentan las tensiones. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán también está a favor de una solución de dos Estados, ya que es el único modelo sostenible de coexistencia entre israelíes y palestinos.

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Día 89 de la «Operación Al-Aqsa»: Hamás y Hezbolá prometen castigar a Israel tras el asesinato de Aruri
El portavoz israelí afirma que el asesinato del dirigente de Hamás Saleh Al-Aruri «no fue un ataque contra el Estado libanés», mientras que Hamás, la Yihad Islámica y Hezbolá prometen que la resistencia continuará.
Por Mustafa Abu Sneineh 3 de enero de 2024
Víctimas
Más de 22.313 muertos* y al menos 57.296 heridos en la Franja de Gaza.
321 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Oriental.
Israel revisa a la baja su estimación de víctimas mortales del 7 de octubre, de 1.400 a 1.147.
506 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre y al menos 2.193 heridos.
*Esta cifra fue confirmada por el Ministerio de Sanidad de Gaza el 3 de enero. Debido a las averías en las redes de comunicación dentro de la Franja de Gaza, el Ministerio de Salud de Gaza no ha podido actualizar con regularidad y precisión sus cifras desde mediados de noviembre. Algunos grupos de derechos humanos afirman que la cifra de muertos supera los 30.000 si se tienen en cuenta los presuntos fallecidos.

Acontecimientos clave

  • Israel mata al dirigente político adjunto de Hamás, Saleh Al-Aruri, junto con dos comandantes y cuatro cuadros, e hiere a otras once personas en un ataque con dron en Beirut.
  • Aruri fue uno de los cerebros de la operación «Inundación de Al Aqsa» y habló abiertamente de ella en una entrevista concedida al canal Al Mayadeen en agosto.
  • En la entrevista, Aruri reveló que la resistencia palestina estaba preparada para un escenario que más tarde se manifestó en el ataque sorpresa del 7 de octubre contra Israel.
  • El portavoz militar israelí afirma que Israel está «en un alto estado de preparación para cualquier escenario», sin admitir oficialmente si Tel Aviv estuvo detrás del asesinato.
  • Axios revela que Israel estuvo detrás del asesinato de Aruri.
  • El líder político de Hamás, Ismael Haniyeh, afirma que el asesinato es «un acto terrorista en toda regla» que viola la soberanía de Líbano.
  • Haniyeh afirma que los combatientes de la resistencia en Gaza convirtieron los tanques Merkava de Israel en «ataúdes carbonizados» y que «no hay seguridad, estabilidad ni futuro en la región» sin que los palestinos logren sus derechos políticos.
  • La Yihad Islámica dice que «el asesinato de Al-Aruri no quedará impune y que la resistencia continuará hasta derrotar a la ocupación».
  • Hezbolá afirma que «este crimen nunca pasará sin respuesta y castigo», mientras Syed Hassan Nasrallah tiene previsto pronunciar un discurso en el cuarto aniversario del asesinato por Estados Unidos del comandante de la Fuerza Quds Qassem Soleimani.
  • El portavoz de Exteriores de Israel afirma que «quienquiera que haya hecho esto, no es un ataque contra el Estado libanés. No es un ataque contra la organización terrorista Hezbolá. Quienquiera que haya hecho esto, es un ataque contra Hamás, eso está muy claro».
  • El Ministerio de Sanidad de Gaza anuncia que Israel cometió diez masacres en las últimas 24 horas, matando a 128 e hiriendo a 261 palestinos.
  • Itamar Ben-Gvir rechaza las críticas de Estados Unidos a los llamamientos para expulsar a los palestinos de Gaza y afirma que Israel «no es otra estrella en la bandera estadounidense».
  • Las fuerzas israelíes detienen a decenas de palestinos en Cisjordania y disparan un misil teledirigido contra el campo de refugiados de Nour Sham, en Tulkarm.

Israel mata en Beirut a Saleh Al-Aruri, dirigente político adjunto de Hamás
Saleh Al-Aruri, de 57 años, dirigente político adjunto del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), murió el martes por la noche en Beirut, capital libanesa, en un ataque aéreo con dron.
Aruri es el dirigente de Hamás de más alto rango muerto desde el atentado palestino del 7 de octubre, que conmocionó a los servicios de seguridad e inteligencia de Israel.
Aruri fue uno de los cerebros de la operación Inundación de Al-Aqsa. Habló de ello abiertamente en una entrevista con el canal Al-Mayadeen en agosto.
El martes por la noche fue asesinado en la oficina del movimiento en Al-Dahiya, suburbio del sur de Beirut y bastión del movimiento Hezbolá.
El ataque con drones mató a dos comandantes de las Brigadas Izz El-Din Al-Qassam, Azzam Al-Aqraa y Samir Effendi, y a cuatro cuadros de Hamás, Mahmoud Zaki Shaheen, Muhammad Bashasha, Muhammad Al-Rayes y Ahmed Hammoud. También resultaron heridas otras once personas.
El portavoz militar israelí, Daniel Hagari, dijo que Israel está «en un alto estado de preparación para cualquier escenario», sin admitir oficialmente si Tel Aviv estuvo detrás del asesinato.
«Lo más importante que hay que decir esta noche es que estamos centrados y seguimos centrados en la lucha contra Hamás», dijo Hagari.
Sin embargo, Axios reveló que Israel estaba detrás del asesinato de Aruri. Ismael Haniyeh, líder político de Hamás, declaró el martes por la noche que el asesinato era un «acto terrorista en toda regla» que violaba la soberanía de Líbano.
Antes del asesinato de Aruri, Haniyeh dijo en un discurso que los combatientes de la resistencia en Gaza convirtieron los tanques Merkava en «ataúdes carbonizados» y que «no hay seguridad, estabilidad ni futuro en la región a menos que el pueblo palestino obtenga sus derechos legítimos en su Estado, con Al-Quds como capital».
También añadió que excluir a Hamás de cualquier plan futuro es «una ilusión» y que el movimiento está abierto a formar un gobierno palestino de unidad nacional, aunque se mantiene firme en que no liberará a ningún cautivo mientras Israel siga bombardeando Gaza.

Hezbolá: este crimen nunca quedará sin castigo
Todas las facciones palestinas emitieron declaraciones condenando el asesinato de Aruri y destacando sus esfuerzos como figura nacional que trabajó para poner fin a la ocupación israelí en Palestina y su intento de alcanzar un acuerdo de conciliación con Al Fatah en 2018.
Ezzat al-Rishq, un líder de Hamás, dijo que el asesinato de Aruri era «una vez más una prueba del fracaso de Israel para lograr cualquiera de sus objetivos en la Franja de Gaza», tras 88 días de bombardeos.
«Israel intenta salir del callejón sin salida político en el que se encuentra tras 90 días de guerra bárbara y genocidio [en Gaza] y su fracaso a la hora de imponer sus condiciones al pueblo palestino», señaló un comunicado de la Yihad Islámica.
«El asesinato de Al-Aruri no quedará impune y la resistencia continuará hasta que la ocupación sea derrotada», añadió.
Hezbolá también prometió castigar a Israel. El atentado se produjo en el patio trasero del movimiento. El líder de Hezbolá, Syed Hassan Nasrallah, tiene previsto hablar el miércoles por la noche en el cuarto aniversario del asesinato de Qassem Soleimani por un ataque de un avión no tripulado estadounidense en el aeropuerto de Bagdad en 2020.
Soleimani era el comandante iraní de la Fuerza Quds en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, y al parecer visitó Gaza en numerosas ocasiones.
Hezbolá dijo tras el asesinato de Aruri que «este crimen nunca pasará sin respuesta y castigo.»
«El enemigo criminal, que después de noventa días de crímenes, asesinatos y destrucción, fue incapaz de subyugar Gaza, Jan Yunis, el campamento de Yabalia y el resto de las ciudades, campamentos y pueblos orgullosos, está recurriendo a una política de asesinato y liquidación física de todos los que trabajaron, planearon, llevaron a cabo o apoyaron la operación Inundación de Al-Aqsa», dijo Hezbolá.
Desde el 8 de octubre, Hezbolá había estado atacando asentamientos y cuarteles militares israelíes cerca del sur de Líbano, lo que provocó que miles de israelíes abandonaran sus hogares para vivir en hoteles y refugios subvencionados por el gobierno desde octubre.

Israel: «no es un ataque contra el Estado libanés»
Aruri, que vivía entre Beirut, Estambul y Damasco, era un enlace y coordinador entre Hamás, Irán y Hezbolá.
Las condenas por el asesinato de Aruri junto a comandantes y cuadros de Hamás llovieron el martes por la noche desde la Autoridad Palestina, Irán, Yemen y Líbano.
«Una operación terrorista tan cobarde demuestra que el régimen sionista no ha logrado ninguno de sus objetivos tras semanas de crímenes de guerra», escribió en X el principal diplomático iraní, Hossein Amir-Abdollahian.
«La malvada actividad de la maquinaria terrorista de este régimen en otros países es una amenaza real para la paz y la seguridad y una grave alarma para la seguridad de todos los países de la región», añadió.
Por su parte, el portavoz israelí de Exteriores, Mark Regev, declaró a MSNBC: «Quienquiera que haya hecho esto, no es un ataque contra el Estado libanés. No es un ataque contra la organización terrorista Hezbolá. Quienquiera que haya hecho esto, es un ataque contra Hamás, eso está muy claro».
En octubre, las fuerzas israelíes asaltaron la casa de Saleh Al-Aruri, en el pueblo de Aroura, al noroeste de Ramala, y la convirtieron en un centro de mando e interrogatorios antes de hacerla explotar el 31 de octubre.
Es uno de los fundadores de las Brigadas Izz El-Din Al-Qassam a principios de la década de 1990, brazo armado de Hamás, y había pasado 18 años en total en cárceles israelíes. Aruri fue liberado en 2010, pero no se le permitió regresar a Cisjordania.
Fue deportado a Damasco y desde entonces ha vivido en Gaza, Beirut, Estambul y Damasco. Participó en Wafa al-Ahrar (Fiel a los libres) en 2011, en la que el soldado israelí cautivo Gilad Shalit fue canjeado por 1.027 prisioneros palestinos, entre ellos el jefe de Hamás Yahya Al-Sinwar.

Aruri: «Me siento como si viviera en la prórroga»
Aruri se convirtió en una pieza clave en la planificación de atentados contra la ocupación israelí en la Cisjordania ocupada y estuvo detrás del secuestro y asesinato de tres israelíes en Hebrón en 2015.
Desde entonces, la inteligencia israelí ha mencionado su nombre como objetivo principal de asesinato. En diciembre, el jefe de la inteligencia interna israelí prometió «eliminar a Hamás… Lo haremos en todas partes, en Gaza, en Cisjordania, en Líbano, en Turquía, en Qatar. Tardaremos unos años, pero estaremos allí para hacerlo».
Sin embargo, en el verano de 2023, Aruri respondió a una flagrante amenaza del primer ministro Benjamin Netanyahu de matarle, con una foto sentado y hablando por teléfono, mientras vestía uniforme militar y con una ametralladora sobre su escritorio.
Al ser preguntado por la amenaza durante una entrevista con el canal Al-Mayadeen en agosto, Aruri dijo que ya había vivido bastante y que nunca imaginó que llegaría a esta edad.
«Me siento como si viviera en la prórroga», dijo con una sonrisa en la cara.
Aruri también reveló en esa entrevista que la resistencia palestina estaba preparada para un escenario que más tarde quedó claro que fueron los ataques sorpresa del 7 de octubre contra Israel.
«Nos estamos preparando para una guerra integral, y lo estamos discutiendo en salas cerradas con todas las partes y componentes que están relacionados con esta guerra», dijo.
Añadió que las guerras clásicas que Israel solía lanzar desde 1967 ya no son compatibles con las nuevas armas y tácticas paramilitares utilizadas en Ucrania y otros lugares.
«Si se abriera un conflicto integral, esto significaría que el espacio aéreo y el mar de la ocupación quedarían cerrados, y no habría electricidad, comunicaciones ni economía… las fuerzas de la resistencia son capaces de hacerlo», añadió.
Aruri fue uno de los dirigentes de Hamás que se postró en Estambul, en un gesto de gratitud a Dios, cuando el canal Al Yazira dio la noticia del ataque sorpresa del 7 de octubre.
En 2015, Estados Unidos incluyó a Aruri en una «lista de vigilancia terrorista» con una recompensa de cinco millones de dólares por cualquier información que condujera a su detención o asesinato.
Desempeñó un papel clave en los ataques de la resistencia en la Cisjordania ocupada y dijo que si los palestinos no luchaban hoy contra el millón de colonos, en una década tendrían que luchar contra tres millones de ellos.
«Mi mensaje a nuestro pueblo es que todos se levanten y luchen. Tirad una piedra, un cóctel molotov, [usad] un rifle. Resistid con todo lo que tengáis a mano. En lugar de mil jóvenes en la resistencia, 100 mil jóvenes deben participar en la resistencia, un millón de jóvenes deben resistir».

Las fuerzas israelíes bombardean Gaza mientras los palestinos protestan y anuncian una huelga general en Cisjordania
El martes por la noche, miles de palestinos protestaron en las calles de varias ciudades y pueblos de Cisjordania, y el miércoles se anunció una huelga general.
Las fuerzas israelíes también siguieron bombardeando Gaza en las últimas 24 horas. El Ministerio de Sanidad de Gaza declaró el miércoles por la mañana que 22.313 palestinos han muerto y 57.296 han resultado heridos en los ataques israelíes contra el enclave.
El ministerio añadió que Israel cometió diez masacres en las últimas 24 horas, matando a 128 e hiriendo a 261 palestinos.
Hasta el martes por la noche, el Hospital de los Mártires de Al-Aqsa de Deir al-Balah, en el centro de Gaza, había recibido los cadáveres de 40 palestinos y tratado a 100 heridos por los bombardeos israelíes, según la agencia de noticias Wafa.
La artillería israelí también bombardeó Rafah, el campo de refugiados de Al-Bureij, y disparó bombas de fósforo y humo en las inmediaciones de la Dirección Central de Educación y la escuela Khaled bin Al-Walid, en el campo de Nuseirat.
Al menos 16 personas murieron en ataques aéreos israelíes contra la Escuela Básica para Niños Al-Qatami, cerca de la rotonda de Ansar, en Gaza, que da cobijo a personas desplazadas. La Media Luna Roja Palestina dijo que cinco personas murieron cuando Israel bombardeó sus oficinas en Khan Younis, por segunda vez el martes.
Las fuerzas israelíes bombardearon también la mezquita de Al-Dawa y varias casas en el este de la zona de Ma’an, en Jan Yunis.
El miércoles, tres palestinos murieron cuando Israel bombardeó la casa de la familia Al-Nahhal en la zona de Khirbet Al-Adas, al este de Rafah. Las fuerzas israelíes también bombardearon varias torres de Ain Goliath en el campo de Nuseirat.

Ben-Gvir: ‘[Israel no es] otra estrella en la bandera estadounidense’
En respuesta a las críticas de funcionarios de la administración Biden a los llamamientos israelíes a la limpieza étnica de palestinos de la Franja de Gaza, el ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, agradeció a Estados Unidos ser el «mejor amigo» de Israel, pero dijo: «con el debido respeto, no somos otra estrella en la bandera estadounidense».
Ben-Gvir afirmó que «haremos lo que sea mejor para el Estado de Israel: la emigración de cientos de miles de Gaza permitirá a los residentes del enclave regresar a sus hogares y vivir con seguridad y proteger a los soldados de las FDI».
Expulsar a los 2,2 millones de palestinos de la Franja de Gaza ha sido un objetivo constante de muchos políticos israelíes y ha sido reiterado por personalidades occidentales, como la candidata a la presidencia de Estados Unidos Nikki Haley, quien dijo que los palestinos deberían irse a países «pro Hamás».
El Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que los comentarios de Ben-Gvir y Bezalel Smotrich sobre el reasentamiento de palestinos fuera de Gaza, era una retórica «incendiaria e irresponsable».
«El Gobierno de Israel, incluido el Primer Ministro, nos ha dicho repetida y sistemáticamente que tales declaraciones no reflejan la política del Gobierno israelí. Deben cesar inmediatamente», añadió el Departamento de Estado.

Israel dispara un misil teledirigido en el campo de refugiados de Nour Shams y detiene a decenas de personas
Las fuerzas israelíes detuvieron a decenas de palestinos en Cisjordania mientras realizaban incursiones en varios pueblos y ciudades.
Militares israelíes irrumpieron en el campo de refugiados de Nour Shams, cerca de Tulkarm, en el norte de Cisjordania, y rodearon los hospitales especializados gubernamentales de Thabet Thabet y Al-Israa. Wafa informó de que las fuerzas arrasaron un monumento en memoria del mártir Murad Al-Pasha mientras asaltaban viviendas. Varios palestinos resultaron heridos en un ataque de un dron israelí en el barrio Abu al-Foul del campo.
Wafa informó de que la incursión militar duró 10 horas, durante las cuales las fuerzas israelíes destrozaron varias casas.
Israel teme que Nour Shams se convierta en una plataforma de lanzamiento de ataques de la resistencia contra colonos y cuarteles militares en el norte de Cisjordania, y su ejército lleva varios meses realizando incursiones casi diarias en Tulkarem como parte de su estrategia de contrainsurgencia de «cortar el césped».

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Día 90 de la «Operación Al-Aqsa»: Hezbolá dice que el asesinato de al-Aruri no quedará impune
Mientras se intensifican los temores de una guerra regional, UNICEF afirma que a los niños de Gaza se les está acabando el tiempo para salvarse, ya que se enfrentan a una «desnutrición aguda grave» en medio del actual asedio de Israel.
Por Leila Warah 4 de enero de 2024
Víctimas:
Más de 22.313 muertos* y al menos 57.296 heridos en la Franja de Gaza.
321 palestinos muertos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Este.
Israel revisa a la baja su estimación de víctimas mortales del 7 de octubre, de 1.400 a 1.147.
506 soldados israelíes muertos desde el 7 de octubre, al menos 2.193 heridos.
*Esta cifra fue confirmada por el Ministerio de Sanidad de Gaza el 3 de enero. Debido a las averías en las redes de comunicación dentro de la Franja de Gaza, el Ministerio de Salud de Gaza no ha podido actualizar con regularidad y precisión sus cifras desde mediados de noviembre. Algunos grupos de derechos humanos afirman que la cifra de muertos supera los 30.000 si se tienen en cuenta los presuntos fallecidos.

Acontecimientos clave

  • UNICEF: Los niños de Gaza se enfrentan a una «desnutrición aguda grave» con riesgo de convertirse en hambruna, ya que Israel sigue negando a los palestinos la ayuda básica.
  • Wafa: Continúa por segundo día la violenta incursión israelí en Tulkarem, Cisjordania ocupada.
  • Jefe de Hezbolá: El asesinato de al-Aruri no quedará impune, advierte de una guerra sin cuartel con Israel en caso de que Israel ataque Líbano.
  • Ministerio de Sanidad palestino: Palestino de 29 años muerto por disparos durante una incursión militar en Tammoun, Cisjordania ocupada.
  • Según informes, nueve miembros de Hezbolá murieron el miércoles en un continuo intercambio de disparos a lo largo de la frontera entre Israel y Líbano.
  • Muere un imán tiroteado frente a una mezquita de Nueva Jersey (Estados Unidos); el agresor sigue huido.
  • La Corte Internacional de Justicia confirma audiencias públicas los días 11 y 12 de enero en un caso de genocidio presentado por Sudáfrica contra Israel.
  • Dimite un alto funcionario de educación estadounidense porque el gobierno de Biden ignora las «atrocidades» cometidas en Gaza.
  • Ataque aéreo israelí contra la Media Luna Roja palestina: un muerto y seis heridos.
  • Dos familias muertas cerca de la zona de evacuación al oeste de Jan Yunis, la mayoría menores de diez años.
  • Tras el discurso del jefe de Hezbolá, Israel ataca un edificio residencial de tres plantas en la localidad libanesa de Naqoura, matando a cuatro miembros de Hezbolá.

Día 90: Todo el mundo sigue siendo atacado.
Los ataques de Israel contra Gaza han entrado en su 90º día, y la sociedad palestina del enclave asediado prácticamente se ha derrumbado. Las fuerzas israelíes han continuado su despiadado asalto contra toda la población, incluidos civiles, niños, fuerzas de defensa civil y grupos humanitarios.
En el sur y el centro de Gaza se han registrado «escenas horribles» a medida que la operación terrestre israelí se expande hacia estas zonas.
«Hemos visto escenas horribles en esta región, donde niños han muerto y mujeres han resultado heridas en medio de los continuos esfuerzos de los equipos de defensa civil por evacuar a la gente de entre los escombros», ha informado desde Gaza el corresponsal de Al Jazeera, Tareq Abu Azzoum.
«Durante los últimos tres días, el ejército de ocupación ha cometido seis masacres al obligar a los civiles a huir de sus hogares a otras zonas que consideraba seguras en la ciudad de Rafah, al sur de la Franja de Gaza, y después bombardearlas, lo que ha causado la muerte de 31 personas», ha declarado la oficina de Gaza Media en un comunicado.
«El ejército de ocupación israelí ha repetido el crimen de obligar a los civiles, bajo amenaza de armas y muerte, a huir de sus hogares y barrios residenciales seguros a otras zonas que afirmaba que eran seguras, pero las bombardeó», continúa el comunicado.
El jueves por la mañana, Wafa News informó de que decenas de palestinos habían muerto en el centro y el sur de Gaza a causa de otro ataque aéreo, entre ellos al menos 20 palestinos en Khan Younis y cuatro en Rafah, en el sur.
Según Al Yazira, el constante bombardeo nocturno tuvo lugar cerca de la zona de evacuación de Al Mawasi, al oeste de Jan Yunis, donde el ejército israelí ha ordenado a la población que se refugie.
Catorce de los 20 muertos pertenecían a dos familias refugiadas cerca de la zona; la víctima más joven tenía 5 años y la gran mayoría, 10.
Mientras tanto, el jueves, la Media Luna Roja Palestina (MLRP) dijo que las fuerzas israelíes atacaron la sede de la organización de ayuda en Khan Younis, golpeando el quinto piso y matando al menos a una persona e hiriendo a otras seis.
Añadieron que otro ataque contra una vivienda vecina causó más daños en las instalaciones y en el cercano hospital al-Amal.
El día anterior, el CRP había advertido de que el ejército israelí estaba bombardeando varios edificios residenciales de los alrededores del hospital El Amal y de la sede de la organización, «lo que provocaba un estado de pánico y temor entre las personas desplazadas que buscaban refugio en el hospital.»
El miércoles, varios días después de que se dejara morir a siete personas en una zona al norte de Jan Yunis a la que no se permitía llegar a las ambulancias, la MLRP emprendió con éxito una «arriesgada misión» para recuperar a los fallecidos, entre ellos el hermano del paramédico Muntaha Wafi.
Desplazamiento en Gaza
Los que no mueren por los bombardeos israelíes corren un riesgo considerable de morir de enfermedades, desnutrición e inanición en medio del desplazamiento de la mayoría de la población de Gaza.
Según la UNOCHA, casi el 85% de la población de Gaza ha comenzado 2024 en situación de desplazamiento.
Para empeorar las cosas, la UNOCHA añadió que la mayoría de los desplazados en Gaza están «apretujados en espacios extremadamente superpoblados» y que «la propagación de enfermedades se ha intensificado, poniendo a prueba un sistema sanitario ya desbordado que se esfuerza por satisfacer las inmensas necesidades».
La jefa de UNICEF, Catherine Russel, ha advertido de que, a medida que los ataques continúan intensificándose sin un alto el fuego a la vista, a los niños palestinos se les acaba el tiempo.
«A medida que se intensifica la amenaza de hambruna, cientos de miles más de niños pequeños podrían sufrir pronto desnutrición grave, con algunos en riesgo de muerte», ha declarado.
El jefe de UNRWA, Philippe Lazzarini, ha dicho que tres meses de guerra en Gaza han provocado «desplazamientos masivos, pérdidas humanas masivas y heridos, y destrucción masiva.»
«Un sufrimiento insoportable empeorado por la deshumanización constante y la promoción de un discurso de odio sin control», continuó en X.

Nasralá: No tenemos miedo a la guerra
El miércoles por la noche, el líder de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah, pronunció un discurso televisado en el que culpó a Israel del atentado en el que murió el alto cargo de Hamás Saleh al-Aruri junto con otros cinco miembros de Hamás en Beirut.
Aunque los políticos israelíes han elogiado el asesinato y muchos líderes mundiales suponen que Israel es responsable, aún no han asumido la autoría del atentado.
Aun así, dirigentes estadounidenses han defendido la medida, afirmando que Israel tiene el «derecho y la responsabilidad» de atacar a dirigentes de Hamás.
Sin embargo, Michael Lynk, profesor de Derecho canadiense y antiguo experto de la ONU, afirmó que este tipo de asesinatos puede violar el derecho internacional.
«Desde el punto de vista jurídico, asesinar a alguien suele considerarse un asesinato extrajudicial, que es contrario al derecho internacional», declaró Lynk a Al Jazeera. «Lo que se espera en un mundo moderno, supuestamente regido por el Estado de derecho, es que se capture a la gente y que sólo se asesine a quienes representen una amenaza inminente», declaró Lynk, según Al Jazeera.
Nasralá dijo que el ataque no sólo era una «flagrante agresión israelí», sino un «crimen importante y peligroso sobre el que no podemos guardar silencio».
El jefe de Hezbolá también destacó que Israel aún no ha alcanzado sus objetivos militares dentro de Gaza, a pesar de la «imagen de victoria» que pretendía crear con el ataque a Líbano.
«Intentaban presentar una imagen de victoria con el asesinato a traición del jeque Saleh. Pero en Gaza, ¿dónde está?».
Nasralá pasó a relacionar a distintas personas muertas por los ataques israelíes y estadounidenses en Gaza, Cisjordania, Líbano, Irak y Yemen, saludando a «todos esos mártires que cayeron en el camino a Jerusalén.»
No obstante, dejó claro que, aunque los «grupos de resistencia» comparten una visión del futuro de la región en oposición a la ocupación israelí, no existe un mando centralizado, y cada grupo opera según su propia visión estratégica y agenda local.
Por ejemplo, la «batalla del Mar Rojo» llevada a cabo por Ansar Allah de Yemen (comúnmente conocidos como «Houthis») no se está produciendo por exigencias de Irán, dijo, antes de elogiar el «paso cualitativo, efectivo y grandioso» dado por el grupo en el Mar Rojo.
Nasralá, que dijo que la causa palestina estaba casi olvidada, se reanimó con el ataque de Hamás del 7 de octubre en el sur de Israel.
«Los israelíes tienen ahora claro que se enfrentan a un pueblo que no olvidará su tierra ni su historia ni su presente ni sus santidades», dijo Nasralá, afirmando que Israel se ha derrumbado «humana, moral y legalmente», y que ahora es visto en todo el mundo como un país que mata y hace pasar hambre a niños y civiles.
Nasralá también acusó a Israel de ocultar el número real de bajas de su ejército tanto en Gaza como en Líbano.
«En nuestro frente libanés, no dan a conocer el número de muertos y heridos, y son miles».
«Si el enemigo piensa en hacer la guerra contra el Líbano, entonces nuestros combates serán sin techo, sin límites, sin reglas. Y ellos saben lo que quiero decir», dijo Nasralá, reiterando que el asesinato de al-Aruri no quedará sin castigo.
«No tenemos miedo a la guerra. No la tememos. No dudamos. Si lo tuviéramos, nos habríamos detenido en el frente», concluyó Hezbolá, afirmando que hablará más en profundidad sobre la batalla de Hezbolá contra Israel durante otro discurso el viernes.

Escalada regional
Justo antes del discurso de Nasralá, Hezbolá anunció que había llevado a cabo nueve ataques contra posiciones israelíes a través de la frontera libanesa, incluidos lanzamientos de cohetes, según Al Yazira.
Aunque el grupo ha atacado regularmente instalaciones militares israelíes desde que comenzó la guerra de Israel contra Gaza, el ataque del miércoles supuso un aumento de su actividad militar tras el asesinato de al-Aruri.
«Encender Cisjordania y Líbano es el objetivo de la agenda extremista del gobierno israelí, que sigue destruyendo Gaza para prolongar la vida de sus dirigentes políticos y arrastrar a Occidente a una guerra regional», declaró el ministro jordano de Asuntos Exteriores, Ayman Safadi.
«Los crímenes de Israel en Palestina y Líbano son una interpretación de esta agenda que implica llevar a cabo matanzas y destrucción. Todo el mundo pagará el precio de violar el derecho internacional y no poner freno a este extremismo», continuó Sadadi.
El portavoz de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Kirby, ha declarado que Estados Unidos está aumentando sus activos militares en aguas de Oriente Próximo para proteger a sus fuerzas, aliados y el comercio internacional, según Al Jazeera.
«Para lograr estos objetivos hemos establecido y seguiremos manteniendo una importante presencia de fuerzas en Oriente Medio», declaró Kirby a los periodistas.
Kirby añadió que el Pentágono tiene actualmente más de 4.000 soldados y 50 aviones en el Mediterráneo oriental.
«Estados Unidos no busca el conflicto con ninguna nación o actor en Oriente Medio, ni queremos que la guerra entre Israel y Hamás se extienda en la región, pero tampoco nos arredraremos ante la tarea de defendernos a nosotros mismos, nuestros intereses, nuestros socios o el libre flujo del comercio internacional», dijo Kirby.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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