MISCELÁNEA 8/03/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

INDICE
1. De sandías y aguacates.
2. Capitalismo y esclavitud.
3. El fetiche del freno de la deuda en Alemania.
4. Entrevista a Ralph Nader.
5. Resistencias feministas a la guerra imperialista.
6. El desequilibro de poder institucional Norte-Sur.
7. Balhorn sobre las elecciones y el futuro político de Alemania.
8. Por un nuevo modelo de seguridad.

1. De sandías y aguacates

Sigo pensando que es imprescindible un movimiento decrecentista de derechas. Si se asocia la transición ecosocial con la izquierda será mucho más difícil conseguir el consenso necesario para poner en marcha las grandes transformaciones que son necesarias. Pero, por desgracia, los «conservadores» lo son muy poco. No obstante, parece que empieza a aparecer alguna tendencia en esta línea. Si a los rojiverdes se nos suele llamar sandías, ellos podrían ser llamados aguacates: verdes por fuera con un núcleo duro marrón.
https://jacobin.com/2025/03/

El auge de la derecha decrecentista

David Broder

Un nuevo ecologismo conservador que combina antimodernismo con nacionalismo y austeridad se está extendiendo por Europa.

«Creo que los Verdes tienen una contradicción fundamental. Abogan por el decrecimiento sin decirlo… Pero si quieren el decrecimiento, si quieren la agroecología, tendría que haber uno o dos millones más de agricultores en Francia en los próximos veinte años. Sería el equivalente al éxodo rural de los años cincuenta, pero al revés». En declaraciones en el canal de entrevistas francés CNews, al estilo de Fox, la panelista Eugénié Bastié no creía que los Verdes se tomaran en serio la reducción de emisiones, porque no quieren que eso afecte a otras causas de izquierdas.

Para estos autodenominados progresistas, lo más importante es la reducción de la jornada laboral y el acceso a una vida urbana fácil. Una transformación decrecentista de la agricultura francesa, insistió Bastié, «sería el fin de la semana de treinta y cinco horas y de las vacaciones y significaría obligar a la gente a salir al campo». Su compañero de panel Alain Jakubowicz se preguntó si una buena comparación podría ser «Pol Pot».

Bastié, una destacada experta del diario de derechas Le Figaro, suele denunciar a los Verdes, a quienes les preocupa más la «concienciación» que «preservar la naturaleza». Puede que lancen «confeti anticapitalista», dice, pero abrazan un modelo de trabajo y bienestar que se construyó sobre el crecimiento económico de la Francia de la posguerra, conocido como los «Treinta Gloriosos», y el consumismo masivo. Cuando el Nuevo Frente Popular de izquierdas, que también incluye a los Verdes, se presentó a las elecciones parlamentarias del verano pasado prometiendo que la acción climática y la lucha por defender las pensiones de los trabajadores franceses eran la «misma lucha», Bastié se burló de la idea. «La lucha contra el calentamiento global implicará necesariamente una reducción del poder adquisitivo y una erosión de los derechos sociales: es mejor ser honesto y decirlo», tuiteó. Para ella, la elección entre el «decrecimiento» y «nuestros niveles de vida actuales» es el «dilema del siglo».

Si, en opinión de Bastié, muchos de los que se hacen llamar ecologistas son «sandías», verdes por fuera y rojas por dentro, ¿cómo llamamos a los ecologistas de derechas? Quizá «aguacates»: verdes por fuera, pero con un duro corazón marrón.

No se trata de un fenómeno meramente del siglo XXI o de una parte de las quijotescas combinaciones ideológicas que tanto gustan a la extrema derecha en Internet. Más bien, es la última versión de una defensa de larga data de una visión «naturalista» de la ecología, vista no como un proyecto intervencionista para remodelar el mundo, sino como un llamamiento moral para frenar los excesos modernos. Como dijo el filósofo conservador Roger Scruton a Bastié en una entrevista para la revista ecologista de derechas Limite, «el progreso es una superstición perversa»; el llamamiento a defender nuestro hogar (en griego, oikos, raíz de la palabra «ecología») no debe ser «económico», sino «espiritual y cultural».

El difunto Scruton es muy importante para gran parte de la derecha europea y estadounidense. Su legado es asumido con orgullo por figuras de los encuentros del conservadurismo nacional, una reunión que une a las fuerzas conservadoras anglófonas con partidos de extrema derecha en Europa, y que también cuenta con el respaldo de institutos cercanos al gobierno húngaro de Viktor Orbán. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha citado habitualmente a Scruton como inspiración intelectual, y él ha tenido un efecto notable en la forma en que su partido Fratelli d’Italia habla de cuestiones ecológicas.

Para el portavoz del partido en estos asuntos, Nicola Procaccini, incluso la palabra «ambientalismo» es sospechosa. «Ecología», dijo Procaccini en un evento de Fratelli d’Italia para jefes de empresa en abril de 2022, «significa cuidar de tu propia casa. La diferencia entre el ambientalismo de izquierdas y la ecología de derechas también radica en nuestra espiritualidad, frente al materialismo de la izquierda».

De vuelta a la naturaleza

La audiencia de empresarios de Procaccini podría haberse alegrado más de escuchar una versión «espiritual» de la acción ecológica en lugar de una «ideológica de izquierdas», tal vez por sus propias razones más «materiales». La conferencia en la que habló, poco antes de las últimas elecciones generales italianas, tenía como objetivo mostrar las costumbres proempresariales de su partido. De ahí que para el portavoz de Ecología de Fratelli d’Italia:

Ciento setenta y cuatro años después del Manifiesto Comunista, otro espectro acecha a Europa, el de una forma degenerada de ecologismo que conserva los mismos elementos fundacionales de esa idea marxista, a saber, el materialismo, el internacionalismo, el odio a los negocios y la economía, y una cierta violencia en la forma en que afirman sus ideas contra aquellos que no piensan como ellos. Por supuesto, luchamos contra la explotación de la tierra, contra la contaminación, en defensa de la biodiversidad, y luchamos contra el calentamiento global, pero nuestra visión es completamente diferente; es más sincera y coherente.

Como Scruton, continuó, la derecha italiana cree en la ecología porque es un pacto intergeneracional, «entre los muertos, los vivos y los que aún no han nacido». Para Procaccini, «la vida es sagrada», incluso antes del momento del nacimiento: de ahí que la ecología sea «lo que nos lleva a luchar por la vida de una cría de foca, pero aún más por la del niño no nacido en el vientre de una mujer». Incluso al margen del habitual antiabortismo de Fratelli d’Italia, otros ecologistas de derechas comparten este enfoque de defensa de la «vida» y la «creación», haciendo hincapié asimismo en la procreación y el aumento de las tasas de natalidad como uno de los principales retos de nuestra época.

La derechista católica Bastié, veterana de las protestas de la Manif Pour Tous contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, ha atacado con fuerza la idea de no tener hijos por miedo a los efectos sobre el planeta. Cuando en 2015 la entonces joven de veintitrés años lanzó la revista de «ecología integral» Limite, el primer número llevaba el llamativo título «Degrow and Multiply» (Degrow y multiplicaos), un llamamiento a defender el planeta, precisamente para tener más gente.

Para algunos derechistas, las ideas progresistas sobre el género —que destruyen la alabada condición natural de la familia heterosexual y educadora— socavan las raíces de la humanidad en la vida natural. Sin embargo, este énfasis en la armonía también tiene versiones diferentes y no católicas. Es un tema destacado en los escritos de Alain de Benoist, un neopagano, teórico de la defensa de la etnicidad y miembro destacado de la Nueva Derecha francesa que tomó forma en la década de 1960. De Benoist defiende el espíritu de la «revolución conservadora», esta vez para restablecer la relación armoniosa de la humanidad con el mundo natural. Basándose tanto en pensadores etnonacionalistas como Ernst Haeckel (el zoólogo alemán del siglo XIX que acuñó el término «ecología») como en ecologistas como Bernard Charbonneau, construye una crítica derechista del progreso. Para De Benoist, «la ecología es fundamentalmente conservadora, ya que lucha por el respeto de los ecosistemas y los ciclos naturales, valora el arraigo, rechaza el saqueo de los paisajes, tiene sentido de la tierra, desconfía tradicionalmente de los daños causados en nombre del progreso y el productivismo».

La crítica de De Benoist al «progreso» se extiende a la moderna «sociedad tecnoindustrial» y al ocaso de la era agrícola en la que «el medio ambiente y la economía no estaban radicalmente separados». Se trata de una crítica explícita del afán de lucro capitalista: para De Benoist, «la mayoría de las veces, ha llevado a una búsqueda de rentabilidad a corto plazo, mientras que los costes necesarios para la reproducción o reconstitución de condiciones de producción no comerciales se han trasladado «hacia afuera», es decir, en última instancia, a la sociedad». Pero si quien quiera hablar de destrucción medioambiental debe hablar también de capitalismo, el paradigma «productivista» se extiende también a los estados comunistas del siglo XX: «Esta propensión al saqueo o al agotamiento incondicional de los recursos naturales también fue la norma en los países del «socialismo realmente existente», como puede verse en la situación actual del medio ambiente natural en los países de Europa del Este, que es generalmente desastrosa».

De Benoist también critica los esfuerzos por integrar el afán de lucro en la planificación medioambiental, a través de instrumentos como los mercados de carbono y el principio de «quien contamina paga». Incluso los planes tecnocráticos para el desarrollo sostenible, sostiene, pertenecen a lo que el ecologista noruego Arne Naess ha llamado una «ecología superficial» que sigue respondiendo a una visión instrumental y antropocéntrica de la naturaleza. Aquí, los esfuerzos del Estado por contener las emisiones se consideran simplemente una aplicación a más largo plazo del afán de lucro. Se «detiene en enfatizar las «responsabilidades del hombre» hacia la naturaleza, que se concibe principalmente como un capital que no debe despilfarrarse imprudentemente». A esto, De Benoist contrapone una «ecología profunda» basada en una filosofía de vida completamente diferente: una que no busca el progreso, sino la armonía, una «simbiosis entre todos los seres vivos» y una «sabiduría» basada en el cultivo del arraigo. La defensa de las etnias «pluralistas» —«pluralistas» porque defienden su distinción— va de la mano de la defensa del lugar y del hogar.

En Francia, estas ideas son comunes en el entorno «identitario», un conjunto de corrientes mucho más radicales que el Rassemblement National de Marine Le Pen, aunque algunas figuras de este escenario también participan activamente en el partido. Grupos como Terre et Peuple (Tierra y Pueblo) promueven un enfoque völkisch sobre el arraigo de la identidad étnica en el suelo. Fundado por Pierre Vial, que anteriormente formó parte del círculo intelectual de De Benoist, GRECE, se trata de un grupo firmemente supremacista blanco, fundado sobre el principio de la «resistencia étnica». Del mismo modo, editoriales como Culture et Racines (Cultura y Raíces) promueven no solo literatura conspirativa sobre la pandemia, las «cadenas de usura» y el «Gran Reinicio» (con objetivos medioambientales, sociales y de gobernanza que se dice que son un complot para subvertir la propiedad privada), sino también una doctrina de «colapsología» y «supervivencialismo» para hacer frente al inminente caos climático. Una reciente investigación de Le Monde descubrió que incluso hay «veganos en la Action Française», el centro histórico de la extrema derecha francesa desde el caso Dreyfus de finales de la década de 1890.

Las ideas de De Benoist también forman parte de la mezcla cultural de la extrema derecha italiana, gracias a la influencia antimodernista de Julius Evola, especialmente en los círculos de la juventud neofascista de los años 60, o a la celebración del mundo premoderno en un pensador como J. R. R. Tolkien. Incluso hoy en día, un joven escritor como Francesco Giubilei (un incondicional de la Lega Nord que tuvo un breve papel en el Ministerio de Cultura del actual gobierno) puede escribir sobre el enfoque de la derecha en la «comunidad» y la «tradición» por encima de los valores económicos. Aun así, en la propaganda electoral de los principales partidos europeos de extrema derecha, solo encontramos una versión mucho más restringida de esta idea, sobre todo en la idealización de la agricultura como encarnación de la cercanía de la humanidad a la naturaleza. Si a menudo ridiculizan a los izquierdistas consumistas que predican la ecología pero viven un estilo de vida acomodado o quieren el libre comercio con China, la acusación de hipocresía progresista ciertamente no implica una crítica más rotunda del capitalismo.

Para Procaccini, de Fratelli d’Italia, «nuestra atención al medio ambiente comienza desde el territorio, desde el lugar donde vivimos, también con un enfoque espiritual que planifica la necesaria integración entre el hombre y la naturaleza». En esta referencia a «empezar por el lugar donde vivimos», no solo debemos leer una «inspiración» para la política ecológica que proviene de la defensa del propio hogar. Es, más que eso, la bandera de la oposición a los marcos «globalistas» y estatales para reordenar la producción, oponiéndose a aquellos que son verdes por razones «ideológicas» e insistiendo en que aquellos espiritualmente inclinados a defender sus hogares tomarán las medidas necesarias.

Típica de esta idea del hombre como guardián de la naturaleza fue la respuesta de Procaccini a las inundaciones masivas en Alemania y Europa Occidental en 2021 que mataron a casi 250 personas. Dudando de que un desastre tan atemporal pudiera atribuirse al calentamiento global, Procaccini dijo que «las intervenciones inescrupulosas en la naturaleza» mediante proyectos de construcción que «alteran el paisaje» pueden haber «privado a la naturaleza de sus defensas» ante las inundaciones.

La idea de que los más cercanos a la naturaleza son sus mejores defensores —y los ganaderos, los defensores de las vacas— también es promovida por fuerzas como el Movimiento Holandés de Agricultores-Ciudadanos (BBB), una «voz del campo» de derechas que insiste habitualmente en que los agricultores son los mejores portavoces del mundo natural porque lo conocen mejor. Fundado en 2019, el partido BBB se viste de verde y de imágenes de vastas extensiones de campo y afirma hablar en nombre de los airados agricultores que ahora atascan habitualmente las capitales holandesas y europeas con tractores. BBB, creación de una agencia de marketing, surgió para canalizar la energía de las protestas de los agricultores contra una sentencia europea, ratificada por el Tribunal Supremo de los Países Bajos, que limita las emisiones de nitrógeno en las zonas protegidas. Además de otras políticas de bajos impuestos (y antiinmigrantes), es en efecto un grupo de presión para la expansión de la agroindustria, eliminando los límites de contaminación y el número de cabezas de ganado, en lo que ya es el segundo mayor exportador agrícola del mundo.

Contra la «ideología»

BBB también es un partido euroescéptico, crítico con el plan del Pacto Verde de la Unión Europea para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Se trata de un proyecto de inversión central de la UE —que plantea más de un billón de euros en fondos— e, incluso en su ayuda a las empresas privadas, es típico del tipo de reinicio económico políticamente dirigido que muchos críticos de derecha del ecologismo «progresista» no ven con buenos ojos. Cada vez es más criticado incluso por el principal grupo de centro-derecha del Parlamento Europeo, el Partido Popular Europeo (PPE), que incluye partidos como los demócratas cristianos alemanes.

En enero, quizá inspirados por sus primos estadounidenses, los legisladores del PPE acusaron a las autoridades de la UE de financiar a las ONG para impulsar el «lobbying en la sombra» a favor de las causas ecológicas, alegando que habían destinado «5500 millones de euros a difamar a los agricultores, ya agobiados por normas que no tienen en cuenta la realidad sobre el terreno [y] a atacar a nuestras empresas». Una investigación de Politico sobre las afirmaciones descubrió que el dinero realmente asignado a las ONG representaba menos del 0,3 % de esos 5500 millones de euros.

Procaccini también es coportavoz de los Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), un grupo de derecha en el Parlamento de la UE compuesto principalmente por partidos de libre mercado y antiinmigración. En enero, el CRE se alió con el grupo Patriotas por Europa, que incluye el Rassemblement National de Marine Le Pen y el Fidesz de Viktor Orbán, en un llamamiento para suspender el Pacto Verde. En una carta en la que se esbozaba el llamamiento para detener el proyecto, el aliado de Le Pen, Jordan Bardella, argumentaba que Europa necesita «una acción rápida, masiva y concreta para proteger a nuestras empresas, nuestros ciudadanos y nuestro futuro»; sin embargo, a través del Pacto Verde, «la izquierda […] está amenazando el crecimiento a través de la ideología». Lo que se necesita en cambio es una «ambición medioambiental pragmática y realista». La carta era un intento de llamar la atención del grupo del PPE, el mayor del Parlamento de la UE, y citaba también las palabras del primer ministro de centroderecha de Polonia, Donald Tusk, que recientemente pidió una «revisión crítica» del Pacto Verde y una prioridad en el gasto militar colectivo de la UE.

En reuniones como NatCon, los oradores nacionalistas han pedido a menudo la creación de una visión de la ecología de derechas, que afirme la prioridad de la familia, la tradición y la preservación de la naturaleza, mientras ridiculizan a los ideólogos verdes. Promueven el «localismo» frente al «globalismo», la defensa de un «pueblo y su tierra» frente a los urbanitas cosmopolitas y la inmigración. Sin embargo, a medida que su influencia en la política europea crece, capaces de llegar a acuerdos con los principales conservadores proempresariales, entrar en el gobierno con ellos e incluso tratar de construir una mayoría en el Parlamento de la UE, el reproche moral contra la anarquía capitalista parece desvanecerse.

La crítica cultural de los progresistas urbanos que piensan que hacerse veganos salvará el planeta alega que los jóvenes de clase media están sobreeducados e ignoran la vida rural. Pero en términos de política práctica, el llamamiento de la derecha a una «ecología conservadora» rara vez equivale a algo más que una defensa de los agricultores y un apoyo a los industriales europeos frente a las importaciones chinas.

Europa ya no es un continente de crecimiento y progreso, y muchos votantes encuentran poco atractiva la idea de reducir su consumo, incluso cuando las superpotencias económicas asiáticas avanzan. El decrecimiento que realmente obtenemos puede no ser tanto un proyecto para reordenar las prioridades de nuestras sociedades, sino una realidad más generalizada, ya que la mayor esperanza de vida y el envejecimiento de la población se convierten en un coste más elevado para los que trabajan.

El aspecto crítico del ecologismo de derechas puede servir, de hecho, para derribar proyectos como el Pacto Verde, basado en el escepticismo de que es un plan viable para crear empleo y alegando que sus medidas para frenar las emisiones se producirán a costa de los agricultores. Mucho menos claro es que el atractivo espiritual de la armonía, la comunidad y la defensa de nuestras raíces en la tierra pueda resistir ante el empeoramiento de las condiciones climáticas y la disminución del nivel de vida.

David Broder es editor de Europa de La Jacobin e historiador del comunismo francés e italiano.

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2. Capitalismo y esclavitud

En Francia han reeditado el estupendo libro de Walter Rodney Cómo Europa subdesarrolló África, y en Contretemps han publicado este fragmento. De un libro sobre el que siempre vale la pena volver.
https://www.contretemps.eu/

La contribución de África a la economía y las creencias de la Europa del capitalismo primitivo

Walter Rodney 28 de febrero de 2025
Publicamos aquí un extracto, del capítulo 3, de la traducción francesa del libro de Walter Rodney, Cómo Europa subdesarrolló África, que acaba de publicarse en la editorial B42. En esta obra de referencia en el mundo anglófono, publicado originalmente en 1972 (Verso ha publicado una reedición en 2018, con un prefacio de Angela Davis incluido en esta edición francesa), el autor, historiador y activista guyanés, desarrolla un análisis marxista que pretende demostrar que el empobrecimiento de África es el resultado directo de la explotación y dominación de este continente por parte de las potencias coloniales europeas.

A su vez, muestra cómo África contribuyó, en proporciones muy subestimadas, al desarrollo de Europa. Basándose en esta demostración, W. Rodney evoca algunos modelos políticos que permitirían la justicia social en el continente africano. Este extracto se centra más específicamente en la esclavitud y las relaciones entre capitalismo y racismo, cuestiones que vuelven a ser muy debatidas en el ámbito francófono.

Los beneficios que Europa obtuvo de su control del comercio mundial son bastante conocidos, aunque es curioso que el tratamiento de la importante contribución de África al desarrollo europeo se reserve generalmente a obras dedicadas específicamente a este tema, ya que la economía europea suele ser analizada por los investigadores independientemente del resto. Los economistas europeos del siglo XIX, por su parte, no se hacían ilusiones sobre las interconexiones entre sus economías nacionales y el mundo en su conjunto. John Stuart Mill, portavoz del capitalismo británico, dijo de Inglaterra que «difícilmente se puede considerar el comercio con las Indias Occidentales como exterior, ya que se parece más al intercambio entre la ciudad y el campo». Con la frase «comercio con las Antillas», Mill se refería al comercio entre África, Inglaterra y las Antillas, ya que sin mano de obra africana, las Antillas no tenían ningún valor. Karl Marx también comentó la forma en que los capitalistas europeos habían vinculado África, las Antillas y América Latina al sistema capitalista; y como crítico mordaz del capitalismo, Marx llegó a afirmar que lo que era beneficioso para los europeos se obtenía a costa de un sufrimiento indecible para los africanos y los indios americanos. Marx señaló que «el descubrimiento de oro y plata en América, la eliminación, reducción a la esclavitud o sepultamiento en las minas de la población indígena, la transformación de África en una coto de caza comercial para la caza de pieles negras marcaron el amanecer de la era de la producción capitalista».

Se han realizado algunos intentos de cuantificar los beneficios monetarios reales que obtuvieron los europeos en el comercio de esclavos. El alcance real de estas ganancias no es fácil de establecer, pero fueron fabulosas. John Hawkins hizo tres viajes a África occidental en la década de 1560 y secuestró a africanos para venderlos a los españoles en América. A su regreso a Inglaterra después de su primera expedición, su beneficio fue tan considerable que la reina Isabel quiso participar en su siguiente expedición; para ello le proporcionó un barco llamado El Jesús. Hawkins partió en el Jesus para traer más africanos y regresó a Inglaterra con tales dividendos que la reina Isabel lo ennobleció. Hawkins eligió como escudo de armas la representación de un africano encadenado. Por supuesto, hubo inevitablemente viajes que fracasaron, barcos negreros que se perdieron en el mar. A veces el comercio en África era rentable, mientras que en otras ocasiones el beneficio obtenido en América era realmente sustancial. Ajustando los altibajos, el nivel de beneficios debía ser suficiente para justificar una participación continua en esta forma particular de comercio durante siglos. Algunos académicos burgueses han intentado sugerir que el comercio de esclavos no generaba ingresos monetarios significativos. ¡Quieren hacernos creer que estos empresarios, a los que elogian en otros contextos como héroes del desarrollo capitalista, eran tan estúpidos en lo que respecta a la esclavitud y el tráfico de esclavos que se dedicaron voluntariamente durante siglos a este arriesgado negocio! Este tipo de argumento no requiere ningún tipo de consideración, excepto para demostrar la capacidad de distorsión del pensamiento que los investigadores de esta clase son capaces de desplegar. Aparte de la acumulación de capital, el comercio con África produjo también muchos otros estímulos para el crecimiento de Europa.

Extraído por los africanos, el oro y la plata de América Central y del Sur desempeñaron un papel crucial para satisfacer la necesidad de liquidez de una economía monetaria capitalista en expansión, mientras que el oro africano ayudó a los portugueses a financiar más expediciones para cruzar el Cabo de Buena Esperanza y llegar a Asia a partir del siglo XV. El oro africano también fue la principal fuente de suministro para acuñar la moneda holandesa en el siglo XVII, lo que ayudó a Ámsterdam a convertirse en la capital financiera de Europa en la misma época; no es casualidad que la nueva moneda de oro emitida por los ingleses en 1663 se llamara «guinea». La Enciclopedia Británica explica que la guinea era «una moneda de oro que circuló durante un tiempo en el Reino Unido. Se acuñó por primera vez en 1663, durante el reinado de Carlos II, con oro importado de la costa de Guinea, en África occidental, por una compañía mercante fletada por la Corona británica, de ahí su nombre».

Durante los siglos XVII y XVIII y la mayor parte del XIX, la explotación de África y el trabajo africano fueron una fuente continua de acumulación de capital reinvertido en Europa occidental. La contribución africana al crecimiento capitalista europeo se extendió a sectores tan vitales como el transporte marítimo, los seguros, la creación de empresas, la agricultura capitalista, la tecnología y la fabricación de maquinaria. Los efectos fueron tan amplios que muchos de ellos escapan al conocimiento del público. Por ejemplo, la industria pesquera de Saint-Malo se reactivó gracias a la apertura de los mercados de las plantaciones esclavistas francesas; mientras que los portugueses en Europa dependían en gran medida de las tinturas de índigo, de la madera de cam y de Brasil o incluso de la cochinilla, todas ellas traídas de África o América.

La goma africana desempeñó un papel importante en esta industria textil, que se reconoce como uno de los motores más poderosos del crecimiento de la economía europea. La exportación de marfil de África también enriqueció a muchos comerciantes de Mincing Lane en Londres y proporcionó materia prima para las industrias de Inglaterra, Francia, Alemania, Suiza y América del Norte, produciendo artículos que iban desde mangos de cuchillos hasta teclas de piano.

El arrastre de África a la órbita de Europa Occidental aceleró el desarrollo tecnológico de esta última. La evolución de la construcción naval entre los siglos XVI y XIX fue, por ejemplo, una consecuencia lógica de su monopolio sobre el comercio marítimo en ese período. Los norteafricanos estaban entonces encerrados en el Mediterráneo, y aunque fueron ellos a quienes los europeos tomaron prestados inicialmente una gran cantidad de instrumentos de navegación, ya no hicieron avances notables en este campo. Cuando la ventaja inicial de los europeos no fue suficiente para asegurar su supremacía, socavaron deliberadamente los esfuerzos de otros pueblos. La marina india, por ejemplo, sufrió por la aplicación rígida de las leyes de navegación inglesas. Sin embargo, los gastos derivados de la construcción de nuevos y mejores barcos europeos se cubrieron con los beneficios del comercio ultramarino con la India y África. Los holandeses fueron pioneros en la mejora de las carabelas que habían permitido a portugueses y españoles cruzar el Atlántico, y fueron las sucesivas compañías comerciales holandesas, que operaban en Asia, África y América, las que iniciaron nuevos experimentos. En el siglo XVIII, los británicos se basaron en los conocimientos neerlandeses para superarlos, utilizando el Atlántico como laboratorio. Se suele decir que el comercio de esclavos fue el campo de entrenamiento de los marineros británicos. Probablemente sea más importante señalar que el comercio atlántico fue el estimulador de los constantes avances de la tecnología naval.

En Europa, el rasgo más espectacular relacionado con el comercio africano fue el auge de las ciudades portuarias, en particular Bristol, Liverpool, Nantes, Burdeos y Sevilla. Directa o indirectamente conectados a estos puertos, a menudo surgieron centros manufactureros, dando origen a la revolución industrial. En Inglaterra, el condado de Lancashire fue el primer centro de la revolución industrial y su avance económico dependía en primer lugar del puerto de Liverpool y de su crecimiento, basado en el comercio de esclavos.

Eric Williams documenta con precisión los vínculos entre la esclavitud y el capitalismo en el crecimiento de Inglaterra en su famoso libro Capitalismo y esclavitud. Williams ofrece una imagen clara de los numerosos beneficios que Inglaterra obtuvo del comercio y la explotación de esclavos, y ha identificado los nombres de varias personalidades y empresas capitalistas que se beneficiaron de ello. Un ejemplo notable nos lo proporcionan David y Alexander Barclay, activos en el comercio de esclavos a partir de 1756 y que posteriormente utilizaron su botín para crear el banco Barclays. Lloyds experimentó una evolución similar: una pequeña cafetería londinense se convirtió en uno de los bancos y aseguradoras más grandes del mundo, después de obtener sus ganancias del comercio y la esclavitud. Y luego está James Watt, quien expresó su eterna gratitud a los propietarios de esclavos antillanos por financiar directamente su famosa máquina de vapor y llevarla del tablero de dibujo a la fábrica.

Cualquier estudio detallado del capitalismo y la esclavitud franceses mostraría un panorama similar, ya que durante el siglo XVIII las Antillas representaban el 20 % del comercio exterior de Francia, mucho más que todo África en el presente siglo. Obviamente, para un Estado europeo, los beneficios no siempre eran proporcionales a las cantidades invertidas en el comercio atlántico. Los enormes beneficios de las iniciativas portuguesas en ultramar pasaron rápidamente a manos de las naciones capitalistas occidentales más desarrolladas, y en particular a Alemania, junto con Inglaterra, los Países Bajos y Francia, que proporcionaban a Portugal el capital, los barcos y las mercancías de comercio.

El comercio procedente del continente africano contribuyó en gran medida a reforzar los vínculos transnacionales dentro de la economía de Europa occidental, teniendo en cuenta que lo que se producía en América era consecuencia del trabajo africano. Las maderas tintóreas brasileñas, por ejemplo, se reexportaban desde Portugal al Mediterráneo, al Mar del Norte y al Báltico, y penetraron en la industria textil continental en el siglo XVII. El azúcar del Caribe se reexportaba desde Inglaterra y Francia a otras partes de Europa, hasta el punto de que Hamburgo, en Alemania, se había convertido en el mayor centro de refinado de azúcar en la primera mitad del siglo XVIII. Alemania suministraba productos manufacturados a Escandinavia, los Países Bajos, Inglaterra, Francia y Portugal para que los revendieran en África. Inglaterra, Francia y los Países Bajos consideraban necesario intercambiar diversos tipos de productos para negociar mejor con los africanos el oro, los esclavos y el marfil. Los financieros y comerciantes de Génova eran las potencias que estaban detrás de los mercados de Lisboa y Sevilla; mientras que los banqueros holandeses desempeñaban un papel similar con respecto a Escandinavia e Inglaterra.

Hacia el siglo XV, fue en Europa occidental donde más claramente se vio que el feudalismo estaba dejando paso al capitalismo (en Europa oriental, el feudalismo siguió siendo poderoso hasta el siglo XIX). Los campesinos fueron expulsados de las tierras en Inglaterra y la agricultura avanzó desde un punto de vista tecnológico, produciendo alimentos y fibras para sostener a una población más numerosa y permitir el funcionamiento de las industrias de la lana y el lino en particular. La base tecnológica de la industria, así como su organización social y económica, se vieron transformadas. El comercio africano aceleró diferentes aspectos, como se ha señalado anteriormente, y en particular la integración de Europa occidental. Por ello, la relación con África contribuyó no solo al crecimiento económico (una dimensión cuantitativa), sino también al desarrollo real, en el sentido de una mayor capacidad de expansión e independencia. Si hablamos del comercio europeo de esclavos, debemos mencionar a los Estados Unidos, no solo porque su población dominante era inicialmente europea, sino también porque Europa transfirió sus instituciones capitalistas más completamente a América del Norte que a cualquier otro lugar y estableció allí una poderosa forma de capitalismo, después de haber eliminado a la población indígena y explotado la fuerza de trabajo de millones de africanos. Al igual que otros lugares de la Nueva Mundo, las colonias americanas de la Corona británica se utilizaron como medios de acumulación de capital antes de reinyectarlo en Europa. Pero las colonias del norte también tuvieron acceso directo a los beneficios de la esclavitud practicada en América del Sur y en las Antillas británicas y francesas. Al igual que en Europa, los beneficios obtenidos gracias a la esclavitud y al tráfico de esclavos beneficiaron en primer lugar a los puertos comerciales y a las zonas industriales, lo que significaba principalmente la costa noreste conocida como Nueva Inglaterra, así como el estado de Nueva York. El panafricanista W. E. B. Du Bois, en un estudio sobre el tráfico de esclavos en Estados Unidos, citó un informe de 1862:

«La cantidad de personas involucradas en el comercio de esclavos y la cantidad de capital involucrado exceden nuestra capacidad de cálculo. La ciudad de Nueva York ha sido hasta ahora el principal puerto del mundo para este infame comercio; aunque las ciudades de Portland y Boston la secundaban en esta distribución».

Hasta mediados del siglo XIX, el desarrollo económico estadounidense dependía directamente del comercio exterior, en el que la esclavitud era un elemento fundamental. En la década de 1830, la mitad del valor de todas las exportaciones de Estados Unidos correspondía a la producción de algodón por parte de los esclavos. Además, en el caso de las colonias estadounidenses del siglo XVIII, se puede observar de nuevo que África contribuyó de muchas maneras, una cosa llevando a la otra. Por ejemplo, en Nueva Inglaterra, el comercio con África, Europa y las Antillas de esclavos y productos derivados de la esclavitud proporcionó cargamentos para la marina mercante, estimuló el crecimiento de la industria naval, permitió construir ciudades y utilizar sus bosques, pesquerías y suelos de manera más eficiente. De hecho, el transporte de mercancías entre las colonias esclavistas de las Antillas y Europa fue el origen de la emancipación de las colonias americanas de la tutela británica, y no es casualidad que la lucha por la independencia de Estados Unidos comenzara en la principal ciudad de Nueva Inglaterra, Boston. En el siglo XIX, el vínculo con África siguió desempeñando un papel indirecto en la evolución de la política estadounidense. En primer lugar, los beneficios de las actividades esclavistas iban a parar a las arcas de los partidos políticos, pero lo que es más importante, el estímulo africano y la mano de obra negra desempeñaron un papel vital en la extensión del control europeo sobre el territorio actual de los Estados Unidos, tanto en el Sur como en el «Salvaje Oeste», donde trabajaban muchos vaqueros negros.

La esclavitud fue útil para la acumulación primitiva de capital, pero era demasiado rígida para el desarrollo industrial. A los esclavos se les proporcionaban herramientas toscas e irrompibles, lo que retrasaba el desarrollo capitalista de la agricultura y la industria. Por eso el norte de Estados Unidos obtuvo beneficios industriales mucho mayores de la esclavitud que el sur, que, sin embargo, contaba con instituciones esclavistas en su territorio; y, en definitiva, se dio un nuevo paso durante la Guerra de Secesión, cuando los capitalistas del Norte lucharon para poner fin a la esclavitud dentro de las fronteras de los Estados Unidos, de modo que el país en su conjunto pudiera alcanzar una etapa capitalista más avanzada.

De hecho, en la segunda mitad del siglo XIX, las relaciones esclavistas en el Sur se habían vuelto contradictorias con la expansión de la base productiva de los Estados Unidos en su conjunto, y se produjo una violenta confrontación antes de que se generalizaran las relaciones capitalistas de trabajo legalmente libres. Europa había mantenido la esclavitud en lugares geográficamente alejados de la sociedad europea; y así, dentro de la propia Europa, las relaciones capitalistas se desarrollaron sin que la esclavitud en América fuera perjudicial para ellas. Sin embargo, también en Europa llegó un momento en que los principales Estados capitalistas consideraron que el tráfico y la utilización de la mano de obra de los esclavos en América ya no redundaban en interés de su desarrollo futuro. Gran Bretaña tomó esta decisión a principios del siglo XIX, seguida pronto por Francia.

Dado que el capitalismo, como cualquier modo de producción, es un sistema total que implica un aspecto ideológico, es necesario centrarse también en los efectos que los vínculos con África tuvieron en el desarrollo de las ideas dentro de la superestructura de la sociedad capitalista europea. En este ámbito, el rasgo más llamativo es, sin duda, el auge del racismo como elemento ampliamente difundido y profundamente arraigado en el pensamiento europeo. La función de la esclavitud en la promoción de los prejuicios y la ideología racistas se ha estudiado detenidamente en algunos contextos, especialmente en Estados Unidos. El hecho es que ningún pueblo puede esclavizar a otro durante siglos sin obtener una noción de superioridad, y cuando el color u otras características físicas de esos pueblos eran lo suficientemente diferentes, era inevitable que el prejuicio adoptara una forma racista. Incluso dentro de África, lo mismo puede decirse de la provincia del Cabo en Sudáfrica, donde los hombres blancos han establecido su superioridad militar y social sobre los no blancos desde 1650.

Sería un poco descarado afirmar que todos los prejuicios de color y raza en Europa se derivan de la esclavitud de los africanos y de la explotación de los pueblos no blancos en los primeros siglos del comercio internacional. El antisemitismo estaba arraigado en Europa desde hacía aún más tiempo, y siempre hay un elemento de sospecha e incomprensión cuando se encuentran pueblos de diferentes culturas. Sin embargo, se puede afirmar sin reservas que el racismo blanco que acabó impregnando el mundo era parte integral del modo de producción capitalista. La cuestión no era cómo trataba tal individuo blanco a tal individuo negro. El racismo de Europa fue un conjunto de generalizaciones y suposiciones, sin ninguna base científica, pero racionalizadas en todas las esferas, desde la teología hasta la biología.

A veces se comete el error de pensar que los europeos esclavizaron a los africanos por motivos racistas. Los terratenientes y los buscadores de minas europeos esclavizaron a los africanos por motivos económicos, para explotar su fuerza de trabajo. De hecho, habría sido imposible abrirse camino en la Nueva Mundo y convertirla en una fuente constante de riqueza sin el trabajo africano. No había alternativas: la población estadounidense (india) había sido prácticamente erradicada y los europeos eran en ese momento demasiado pocos para poder poblar ellos mismos el extranjero. Posteriormente, al volverse completamente dependientes del trabajo africano, los europeos, tanto en su país como en el extranjero, se vieron en la necesidad de racionalizar esta explotación en términos racistas. La opresión sigue lógicamente a la explotación, como para garantizarla. La opresión del pueblo africano sobre una base puramente racial acompañó, reforzó y se volvió indistinta de la opresión económica. El famoso panafricanista y también marxista C. L. R. James señaló un día que:

«La cuestión racial es subsidiaria de la cuestión de clase en política y pensar en el imperialismo en términos de raza es desastroso. Pero descuidar el factor racial como algo simplemente fortuito es un error que no es menos grave que convertirlo en fundamental».

Podemos añadir que en el siglo XIX el racismo blanco se había institucionalizado tanto en el mundo capitalista (y en particular en los Estados Unidos) que a veces era incluso más importante que la maximización de los beneficios como motivo de opresión de los negros.

A corto plazo, el racismo europeo no pareció hacer ningún daño a los propios europeos, que utilizaron estas ideas erróneas para justificar su continua dominación sobre los pueblos no blancos en la época colonial. Pero la proliferación internacional de ideas racistas sectarias y no científicas estaba destinada a tener consecuencias negativas a largo plazo. Como siempre se recoge lo que se siembra, durante el nazismo los europeos acabaron metiendo a millones de sus propios hermanos judíos en hornos crematorios. Este tipo de comportamientos en el seno de la «democracia» europea no son tan extraños como a veces se nos quiere hacer creer. Siempre ha existido un conflicto entre el desarrollo de ideas democráticas en Europa y las prácticas autoritarias y despiadadas de los europeos hacia los africanos. Cuando la Revolución Francesa proclamó «libertad, igualdad y fraternidad», no se refería a los africanos negros que Francia esclavizaba en las Antillas y el Océano Índico. Francia llegó a combatir los esfuerzos de emancipación de estos pueblos y los líderes de su revolución burguesa declararon claramente que no la habían hecho en nombre de la humanidad negra.

Tampoco es cierto que el capitalismo sea el origen de la democracia, ni en su país, ni en Europa, ni en ningún otro lugar. En Europa, inició una discusión o cierta retórica de la libertad, pero se limitó a la burguesía y nunca afectó a los trabajadores oprimidos; y el trato a los africanos sin duda ha hecho de tal hipocresía una costumbre de la vida europea, especialmente dentro de la clase dirigente. ¿Cómo explicar si no el hecho de que la Iglesia cristiana participara plenamente en el mantenimiento de la esclavitud mientras hablaba de salvar almas? Es en Estados Unidos donde la hipocresía alcanza su apogeo. El primer mártir de la guerra de liberación nacional estadounidense contra los colonos británicos en el siglo XVIII fue un descendiente de africanos, Crispus Attucks; y tanto los africanos libres como los esclavos desempeñaron un papel central en los ejércitos de Washington. Sin embargo, la Constitución de los Estados Unidos permitió la continuación de la esclavitud de los africanos. En épocas recientes, algunos liberales se han preocupado de que los Estados Unidos sean capaces de cometer crímenes de guerra, como los perpetrados en My Lai, Vietnam. Pero el hecho es que My Lai comenzó con la esclavitud de africanos e indios americanos. El racismo, la violencia y la brutalidad han sido concomitantes con el sistema capitalista desde que se extendió hacia el exterior, en los primeros siglos del comercio internacional.

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3. El fetiche del freno de la deuda en Alemania

Tooze analiza las posibilidades de que el nuevo gobierno CDU-SPD haga un cambio constitucional para permitir rebajar el freno al endeudamiento que metieron en la Constitución no hace tanto, ahora que les hace falta para la guerra con Rusia. Para ello se especula con la posibilidad de contar con la ayuda de los Verdes. Una especie de coalición Kenia, pero sin que los verde oliva entren en el gobierno, solo voten por este aumento de la deuda. Y puede, incluso que Die Linke, aunque eso parece más difícil. Curiosamente, para un blog que tiene como nombre «Cuaderno de gráficos», tiene en general menos que cualquier entrada de Michael Roberts.
https://adamtooze.substack.

Chartbook 357 ¿Maniobra legítima o eludir la democracia? Por qué el plan de la CDU y el SPD para levantar el freno de la deuda alemana no es un hecho.

Adam Tooze 6 de marzo de 2025

En los últimos 15 años, la tragedia de Europa ha sido la tendencia de la democracia a obstruirse a sí misma.

El continente necesita desesperadamente inversiones para un gran impulso de crecimiento ecológico. En su lugar, se obstaculiza a sí mismo con normas fiscales adoptadas por temor a que los países se aprovechen de los demás. Este verano, el informe Draghi describió la lentitud de la inversión y la innovación a la que ha contribuido la autolesión fiscal.

En el centro de este régimen contraproducente y, posiblemente, su principal víctima, está Alemania.

En 2009, en el contexto de la crisis financiera, la coalición de Angela Merkel, formada por la CDU y el SPD, aprobó una enmienda constitucional. Entre ambos, los dos partidos en ese momento obtenían un impresionante 69,4 por ciento de los votos nacionales. En ese momento merecían el título de «Gran Coalición». Con su mayoría de dos tercios asegurada, aprobaron fácilmente una enmienda que limitaba al gobierno federal en tiempos normales a déficits de no más del 0,35 % del PIB, con algunos ajustes cíclicos. El gobierno estatal (regional) y local están obligados a operar con un presupuesto equilibrado.

El efecto ha sido agravar una caída de la inversión pública que comenzó a principios de la década de 2000.

Si alguna vez hubo un caso de una democracia de alto funcionamiento saboteándose a sí misma, este fue. Como se detalla en Chartbook, el impacto en la sociedad alemana ha sido cada vez más paralizante.

A pesar de una larga campaña del lado tecnocrático progresista, incluidos muchos amigos de Chartbook, los partidos mayoritarios, incluido el SPD, mantuvieron su compromiso con el freno de la deuda.

El freno de la deuda prevé excepciones. Ese momento llegó con la COVID en 2020. Tanto a nivel nacional como europeo, el equipo en torno a Olaf Scholz, como ministro de Finanzas y vicecanciller, rompió el bloqueo. Lo que surgió fue un gran programa de gasto para Alemania y, a nivel europeo, NextGen EU, sin el cual la recuperación de Europa habría sido aún más anémica.

La coalición semáforo de 2021 liderada por Scholz retomó el trabajo donde lo dejó el gobierno de Merkel-Scholz. Para eludir el freno de la deuda, acordaron un fondo climático fuera de balance. Luego, cuando Putin invadió Ucrania, añadieron un fondo para la Bundeswehr. Para tapar agujeros y aumentar los recursos a su disposición, prorrogaron la financiación de la COVID. El liberal FDP, con Lindner como ministro de Finanzas, aunque nominalmente de línea dura en política fiscal, siguió el juego, hasta noviembre de 2023, cuando una sentencia del tribunal constitucional hizo saltar por los aires los compromisos contables improvisados que mantenían unida a la coalición.

Mientras tanto, desde los escaños de la oposición, la CDU, liderada por Friedrich Merz, no dejó de lanzar ataques vociferantes contra el gobierno «derrochador». Desde la extrema derecha, el AfD, que se fundó como un partido anti-Draghi, no fue menos agresivo en su defensa del freno de la deuda.

En 2024, el compromiso fiscal que había permitido la coalición del semáforo se había derrumbado. El gobierno estaba cada vez más estancado y el 6 de noviembre de 2024 Scholz, en un raro momento de iniciativa, despidió a Lindner.

El hecho de que Scholz hiciera su movimiento el día después de la elección de Trump no fue casual. La incertidumbre en Washington, el deterioro de la situación de Ucrania y la creciente ansiedad de Alemania por la desindustrialización dejaron claro que había que hacer algo. Corrían rumores de que la CDU, que se suponía que lideraría el nuevo gobierno, saltaría la valla y se uniría a los dispuestos a reescribir el freno de la deuda. Pero durante las elecciones, Merz no dio ninguna pista de ningún cambio de rumbo.

Ahora, con la CDU y el SPD negociando sobre un nuevo gobierno, han presentado, en un tiempo récord, un paquete espectacular que parece reescribir por completo el reglamento.

El freno de la deuda se suspenderá para todos los gastos militares que superen el 1 % del PNB.

Un fondo especial de infraestructura reservará 500 000 millones de euros para inversión.

Se convocará una comisión para debatir el futuro a largo plazo del freno de la deuda.

Entre bastidores, el nuevo plan parece haber sido ideado por la red de expertos que asesoraban anteriormente a Olaf Scholz como ministro de Finanzas. El líder de este grupo es Jakob von Weizsäcker, que anteriormente dirigía el Departamento de Economía en el Ministerio de Scholz y ahora es ministro de Finanzas en el gobierno regional de Sarre, liderado por el SPD. Convocó a los sospechosos habituales entre los institutos de investigación de Alemania para enmarcar el acuerdo, incluidos grupos académicos, políticos y orientados a los negocios. En concreto, los autores son Clemens Fuest (Ifo-Institut), Michael Hüther (IW Köln), Moritz Schularick (IfW) y Jens Südekum (Universität Düsseldorf).

Los mercados estiman que el volumen total de deuda podría aumentar hasta un billón de euros. El mercado de bonos del Estado alemán, los Bund, se estremeció. La reacción en los mercados mundiales de bonos ha sido sorprendentemente severa.

Pero, como todo el mundo sabe desde hace tiempo, Alemania puede soportar fácilmente este volumen de deuda.

Las razones económicas son obvias y se están celebrando en páginas de opinión de todo el mundo. Lo que esto ignora son las implicaciones para la democracia alemana de la propuesta de la CDU y el SPD, una construcción tecnocrática espeluznantemente presuntuosa que exige una maniobra parlamentaria al revés para evitar las implicaciones políticas de las elecciones del 23 de febrero. Incluso para un defensor acérrimo de la reforma del freno de la deuda como yo, esto plantea profundas preguntas.

El problema básico es que la CDU y el SPD, que entre ambos bajo el mando de Merkel obtuvieron casi el 70 por ciento del voto popular, ahora tienen suerte de poder formar una mayoría simple. La participación combinada de votos de la CDU y el SPD es en realidad solo del 44,5 por ciento. Merz obtendrá una mayoría gobernante solo porque el umbral del 5 por ciento excluye a una fracción sustancial de los votantes divididos entre el FDP, el movimiento de Wagenknecht y otros partidos más pequeños.

Para poner en práctica su audaz plan, la coalición CDU-SPD liderada por Merz necesitará socios que no estén en el gobierno.

Eso también era cierto, por supuesto, para la coalición de los tres colores que se rompió por el freno a la deuda y que acaba de ser destituida. Si la CDU hubiera cooperado, incluso si Lindner y el FDP se hubieran atrincherado, el gobierno de Scholz podría haber reunido fácilmente la mayoría de dos tercios necesaria para revisar el freno a la deuda y eliminar el control constitucional sobre el gasto necesario. Para cualquiera que se centrara en la política fiscal, ya estaba claro desde el verano de 2024 que solo esta llamada coalición de Kenia (SPD [rojo], CDU [negro], Verdes) ofrecía alguna esperanza de un gobierno competente y progresista en Alemania.

Pero Merz rechazó cualquier cooperación. Se comportó de manera beligerante, sobre todo con los Verdes. Y durante las elecciones, no dio motivos para el freno de la deuda.

Ahora, con Merz deseando ser canciller, con lo que cuentan la CDU y el SPD es con que los Verdes en el parlamento del Bundestag, que está a punto de desaparecer, actúen como si fueran miembros leales de un gobierno de coalición de Kenia al que, de hecho, no están invitados.

Llamar presuntuoso contar con los Verdes para esta maniobra sería un eufemismo. La palabra alemana sería Zumutung (demanda exorbitantemente irrazonable).

Lo que Merz quiere evitar a toda costa es tener que aprobar una enmienda constitucional sobre la base del resultado electoral que lo pondrá en el cargo. Una vez que se reúna el nuevo Bundestag elegido el 23 de febrero de 2025, Merz será canciller, pero una mayoría de dos tercios requerirá la inverosímil coalición de la CDU, el SPD y los Verdes, con Die Linke.

Die Linke no solo es anatema para la CDU por motivos ideológicos generales. También se mantendrá firme en el aumento del gasto en defensa. Hablando con figuras importantes del partido la semana pasada, quedó claro que Die Linke está dispuesta a aflojar el freno de la deuda para el gasto público en su conjunto. Pero no aceptarán una excepción limitada al gasto en defensa como propusieron los negociadores de la CDU-SPD. Presumiblemente, Merz, por su parte, quiere evitar una relajación general por temor a enemistarse con los halcones fiscales de su propio bando. Estarán de acuerdo con una relajación por razones de seguridad nacional, pero no con una relajación general.

Además, tal y como está planteado el acuerdo, el coste del servicio de las nuevas deudas que se acumularán para infraestructuras y defensa saldrá del presupuesto general, lo que ejercerá una gran presión sobre el gasto social. Esto está muy en la línea de los partidarios de la línea dura como Markus Söder, de la CSU bávara, pero en desacuerdo con las prioridades de Die Linke y lo que queda de la izquierda del SPD.

En resumen, la dramática propuesta de la CDU-SPD que está causando tanto revuelo en los mercados mundiales no tiene ninguna posibilidad de encontrar una mayoría de dos tercios una vez que se reúna el nuevo parlamento. Por lo tanto, debe rebotar en la sesión del «pato cojo» con el supuesto apoyo de los Verdes.

Así que la exorbitante demanda que están haciendo la CDU y el SPD es:

  • Los votantes de la CDU deberían ignorar la evidente discrepancia entre la posición de Merz durante la campaña y la nueva propuesta de la CDU-SPD, un giro de 180 grados presumiblemente justificado por Trump.

  • El antiguo Bundestag debería adelantarse al nuevo parlamento en la sesión de la legislatura saliente.

  • Los Verdes deberían votar con la CDU y el SPD aunque no formen parte del nuevo gobierno, un acto de cooperación democrática imparcial que la propia CDU rechazó.

  • Los Verdes deberían apoyar un paquete que libere el freno de la deuda solo para la defensa, mientras que el fondo de infraestructura resta importancia ostentosamente a cuestiones ecológicas como la energía renovable y el clima.

Toda esta contorsión sirve para evitar los compromisos que serían necesarios si se intentara aprobar la enmienda sobre la base del parlamento que fue elegido el 23 de febrero.

El margen de maniobra para esta maniobra es estrecho. Hay que hacerlo rápido. Aunque su primera reunión se retrase hasta el último momento posible, el nuevo Bundestag debe reunirse a más tardar el 25 de marzo. La cuestión a la que se enfrentarán la CDU y el SPD en los próximos días será si pueden conseguir los votos necesarios. Para una mayoría de dos tercios necesitan 489. Entre ellos, la CDU y el SPD tienen 403. Para conseguir los 86 votos que faltan, deben convencer a los Verdes, con 117 miembros del Bundestag, o al FDP, con 90, para que voten a su favor.

Un posible calendario implicaría una primera lectura en el Bundestag el próximo jueves 13 de marzo, seguida de audiencias en comisión el 14 de marzo y una segunda y tercera lectura el 17 de marzo, con la votación del Consejo Federal (Bundesrat) el 21 de marzo. Si la propuesta llega tan lejos, el Consejo Federal requerirá aún más maniobras porque una mayoría de dos tercios requerirá al menos dos gobiernos estatales con miembros del FDP para apoyar el impulso de la CDU, el SPD y los Verdes para poner fin al freno de la deuda. En el fondo de infraestructura se proporcionan al menos 100 000 millones de euros para los gobiernos regionales y locales. Presumiblemente, este incentivo pretende proporcionar un estímulo a los gobiernos regionales para que acepten la medida del freno de la deuda.

Quizá prevalezca el efecto Trump-Putin. Quizá los Verdes sientan que no tienen más opción que respaldar a la coalición CDU-SPD liderada por Merz, por muy cínicas que sean sus maniobras. Siempre era probable que fuera necesario algún tipo de trato sucio para que se levantara el freno de la deuda. Quizá era demasiado esperar que Merz hiciera concesiones si esto implicaba un acuerdo tácito con Die Linke. Quizás esto sea lo mejor que se puede esperar. Aunque llevamos más de una década esperando este momento, es una lección sombría de la política parlamentaria real. Ciertamente, sería precipitado suponer que esto es un hecho consumado.

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4. Entrevista a Ralph Nader

Chris Hedges entrevista a Nader, que se ha presentado varias veces como candidato alternativo a la presidencia de los EEUU.
https://chrishedges.substack.

Cómo los medios nos llevaron a la autocracia (con Ralph Nader) | The Chris Hedges Report

Ralph Nader se une a Chris Hedges para relatar el trabajo de su vida luchando contra el poder corporativo, y ofrece una visión de cómo el público estadounidense puede seguir luchando contra él hoy en día.

Chris Hedges 7 de marzo de 2025 https://youtu.be/oQZuzIzY8YQ

Esta entrevista también está disponible en plataformas de podcast y Rumble.

El golpe de Estado corporativo estadounidense está casi completo, como ejemplifican las primeras semanas de la administración Trump. Si ha habido una persona que lo vio venir y ha tomado medidas valientes a lo largo de los años para evitarlo, esa es Ralph Nader. El ex candidato presidencial, defensor de los consumidores y crítico de las empresas se une al presentador Chris Hedges en este episodio de The Chris Hedges Report para relatar el trabajo de su vida luchando contra la toma de control del país por parte de las empresas y cómo los estadounidenses todavía pueden contraatacar hoy en día a pesar de la creciente represión de la Casa Blanca.

«El signo de una democracia en decadencia es que cuando las fuerzas de la plutocracia, la oligarquía y las corporaciones multinacionales aumentan su poder, en todos los sectores de nuestra sociedad, la resistencia se debilita», Nader le dice a Hedges.

Nader pide a la gente que mire a su alrededor y sea testigo de la decadencia a través de las partes ordinarias de sus vidas. «Si nos fijamos en las fuerzas compensatorias que sostienen una sociedad —normas civilizadas, debido proceso de ley y tradiciones democráticas— todas están ausentes sin permiso oficial o colapsando», dijo. Los grupos cívicos son superados en número por los grupos de presión corporativos, los medios de comunicación apenas prestan atención a las organizaciones de base y las protestas que se producen, como los campamentos en las universidades, son brutalmente reprimidas.

No es una tarea imposible, dice Nader, recordando el precedente de la organización en Estados Unidos. Dice que los principios fundamentales cuentan con el apoyo de la mayoría de la gente, independientemente de sus etiquetas políticas.

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Presentador: Chris Hedges

Productor: Max Jones

Introducción: Diego Ramos

Equipo: Diego Ramos, Sofia Menemenlis y Thomas Hedges

Transcripción: Diego Ramos

¡Gracias por leer el Informe Chris Hedges! Esta publicación es pública, así que no dude en compartirla.

Transcripción

Chris Hedges

El New York Times publicó un artículo principal el 18 de enero de 2025 titulado «¿Estamos caminando sonámbulos hacia la autocracia?». La respuesta del columnista es sí, a menos que, y cito textualmente, «los defensores de la democracia permanezcan unidos, centrándose en garantizar que los controles y contrapesos permanezcan intactos y que las instituciones cruciales de vigilancia democrática eludan la captura». Lo que falta en el artículo del Times es la complicidad de los medios de comunicación, y especialmente del New York Times, en el cierre de la cobertura de la lucha de los sindicatos, los movimientos de base, los denunciantes y las organizaciones cívicas, a menudo liderados por el defensor del consumidor y ex candidato presidencial Ralph Nader, para aplacar a sus anunciantes. Esta decisión, tomada por periódicos como el New York Times hace cuatro décadas, borró esencialmente estas iniciativas populares de la conciencia pública.

Este olvido, realizado para aplacar a las corporaciones y oligarcas ricos y aumentar los ingresos, reforzó el poder de las corporaciones y del gobierno para dominar y dar forma al discurso público y, en el proceso, los vio volverse cada vez más reservados y autocráticos. Como señala Ralph Nader, los informes periódicos sobre lo que hacían los activistas en los años sesenta y setenta hicieron posibles las leyes de consumo, medio ambiente, trabajo y libertad de información. Ahora, esfuerzos similares no pueden cobrar impulso con la invisibilidad de los medios de comunicación. Las audiencias legislativas, los enjuiciamientos y las acciones reguladoras no pueden ponerse en marcha solo por la insistencia de la gente en una sociedad justa y democrática. ¿Con qué frecuencia ve usted artículos de opinión de defensores cívicos del trabajo, pregunta Ralph? ¿Con qué frecuencia lee reseñas de sus libros? ¿Con qué frecuencia ve perfiles de ellos?

¿Con qué frecuencia se han cubierto los estudios pioneros de Public Citizen, Common Cause, Center for Science in the Public Interest, Veterans for Peace, Union of Concerned Scientists, etc.? Este olvido contrasta con la cobertura que se da a los de la extrema derecha y a las corporaciones. Figuras como Donald Trump, Marjorie Taylor Greene y Elon Musk reciben mucha atención de la prensa. El panorama mediático está compartimentado. Los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los digitales, se dirigen a grupos demográficos bien definidos. Pero el poder de los medios tradicionales, si deciden utilizarlo, es ayudar a establecer la agenda a través de sus reportajes. La mayoría de los sitios digitales se alimentan de los reportajes de los medios de comunicación establecidos, que los tergiversan a izquierda o derecha. Y lo que no cubren a menudo no se cubre. Legiones de reporteros, 500 reporteros a tiempo completo cubren el Congreso, cientos más se sientan a los pies de los titanes del comercio y Wall Street, escupen comunicados oficiales públicos y entrevistas aduladoras con los poderosos, los famosos y los ricos. A menos que se desplieguen fuera de los pasillos del Congreso y los centros de poder, lo que queda de nuestra democracia, y no queda mucho, se marchitará y morirá.

Para hablar sobre nuestro avance hacia la tiranía, la complicidad de instituciones como los medios de comunicación y la clase liberal, incluido el Partido Demócrata, y lo que debemos hacer para recuperar el poder, me acompaña Ralph Nader, que ha estado luchando contra el poder corporativo durante más tiempo, con más eficacia y con más integridad que ningún otro estadounidense. Ralph, volvamos a donde estábamos porque donde estamos ahora es una reacción a lo que usted, usted estaba en el epicentro de ello, construyó. Podemos empezar con su innovador libro, «Unsafe at Any Speed», que debería enseñarse en todas las escuelas de periodismo. Es una obra maestra del periodismo de investigación. Pero volvamos a lo que teníamos y luego a cómo se organizaron para quitárnoslo.

Ralph Nader

Sí, gracias, Chris. Está muy bien documentado, toda la historia. Cuando escribí el libro, «Unsafe at Any Speed», un reportero de la revista Science Magazine lo recogió y luego el New York Times lo recogió de Science Magazine y llegó a la portada. Y eso fue un buen comienzo.

Chris Hedges

Ralph, solo quiero interrumpir para que la gente que no lo sepa sepa que estos eran coches fabricados por GM que no eran seguros.

Ralph Nader

Sí, bueno, era una crítica a los coches diseñados de forma insegura, coches sin cinturones de seguridad, airbags, barras antivuelco, columna de dirección que se colapsa, paneles de salpicadero acolchados, todas las cosas que ahora damos por sentadas. Y empecé con un capítulo sobre el Corvair, que es inusualmente inestable en las maniobras de curvas. En cualquier caso, hasta entonces, la prensa nunca cubría las críticas a los coches por modelo o por fabricante. Se referían al Corvair, hasta que rompimos el tabú, como un coche de tamaño medio con motor trasero y no mencionaban el nombre. Muy bien. Así que rompimos el tabú y empecé a contactar con miembros del Congreso porque el siguiente paso después del libro eran las audiencias del Congreso en la probada y verdadera tradición de Civics 101. Así que vivía en una pensión y llamaba desde un teléfono exterior a los miembros del Congreso. Y ellos invariablemente decían, cuando contestaban el teléfono, ¿con quién está usted?

Bueno, en aquellos días, la única respuesta que se podía dar era: «Estoy con una asociación comercial, una empresa o un sindicato». Prácticamente no había grupos de ciudadanos que operaran en ese momento. Así que iba al Capitolio y buscaba al personal que respondía. Y estaban, por ejemplo, el personal del senador [Abraham] Ribicoff, el personal del senador [Warren] Magnuson, y entonces empezábamos a tener audiencias. Y antes de las audiencias, llamaba al Washington Post, al New York Times, a AP, a UPI [United Press International], al Baltimore Sun, al Wall Street Journal y a los periódicos de Detroit porque se trataba de automóviles. Y poco después, tenía toda una bandada de reporteros que querían cubrir lo que estaba haciendo allí, querían cubrir las audiencias. No se limitaban a hacer un reportaje con la esperanza de ganar un Pulitzer y luego dejar el tema como lo hacen ahora. Hicieron lo que se llama reportaje regular. Reportaje de calle.

Y como salía en esos periódicos, se recordaba, se publicitaba ampliamente, los miembros del Congreso empezaron cada vez más a abrirme sus puertas y a celebrar audiencias en el Senado y en la Cámara. Y la prensa se siente más cómoda informando sobre audiencias sobre el mal comportamiento o los delitos de las empresas que si los ciudadanos hicieran algún tipo de manifestación, incluso entonces. En resumen, en cuestión de unos meses después de la publicación de «Unsafe at Any Speed», en noviembre de 1965, en septiembre, el Congreso había aprobado la primera ley para regular la industria más poderosa del país en ese momento en materia de normas de seguridad, control de la contaminación y eficiencia energética. Tres objetivos.

Y se lo enviaron a Lyndon Johnson, que tuvo una ceremonia de firma, y él me invitó allí y me dio uno de los bolígrafos, que por cierto no encuentro ahora. Así que me puse en marcha. Así que pensé, bueno, no quiero ser un llanero solitario aquí. Hay demasiados grupos de presión corporativos. Empezaron a reforzar su presión en Washington, incluida la industria automovilística.

Chris Hedges

Déjame interrumpirte, Ralph, no pasemos por alto el hecho de que GM montó una campaña bastante intensa y sucia contra ti.

Ralph Nader

Sí, contrataron a un detective privado con varios ex miembros del FBI. Eso es lo que les pasó a muchos agentes del FBI cuando se jubilaron: van a trabajar para estas grandes corporaciones para seguirme por todo el país, intentar ensuciarme, desacreditar mi testimonio ante el Congreso. El periódico de Detroit, Bob Irvin, escribió primero el artículo, señalando a GM como responsable de esto. Y luego toda la demás prensa se subió al carro y fue entonces cuando el senador Ribicoff celebró sus audiencias ampliamente publicitadas. Y luego pasó al senador Magnuson, que presentó el proyecto de ley en el Senado. Eso ayudó, por supuesto. Pero luego empecé a ir a por otras industrias, el tema de la seguridad de los oleoductos, la industria de los seguros y otras. Y durante un tiempo, funcionó de maravilla. Reclutamos a estudiantes de derecho que acababan de graduarse durante el verano, y el Washington Post publicó uno de sus informes que exponía la debilidad de la Comisión Federal de Comercio. Y el Congreso celebró audiencias.

Hubo audiencias en la Cámara de Representantes, y cinco jóvenes estudiantes de derecho testificaron. Y el Post los llamó «los invasores de Nader». Así que fue un apodo muy útil para más medios de comunicación. E hicimos un informe tras otro sobre el Departamento de Agricultura de EE. UU., la Administración de Alimentos y Medicamentos, la Comisión de Comercio Interestatal, la FAA, y cada uno de ellos obtuvo cobertura. Ahora, cuando se obtiene cobertura en el Times o el Post o AP o se obtiene cobertura en televisión y radio, porque el contenido original proviene de los periódicos y luego se conoce NBC, ABC. Así que salí en Meet the Press, por ejemplo. Salí en muchas emisoras de radio, salí en el telediario de la noche y luego empezamos a conseguir que los principales medios de comunicación de Nader’s Raiders ampliaran la base y funcionó de maravilla. Los miembros del Congreso no podían ignorarnos porque no querían ser criticados por un columnista como Drew Pearson en el Washington Post o por los reporteros habituales del Capitolio, habría audiencias, habría legislación. Y no solo conseguimos la ley de seguridad automotriz, conseguimos la ley de seguridad de productos de consumo, conseguimos la ley de protección de telas inflamables, conseguimos en el área ambiental, las leyes fundamentales de control de la contaminación del aire y el agua iniciaron la Agencia de Protección Ambiental, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional, OSHA, la Ley de Libertad de Información, y así sucesivamente. Entonces sucedió algo.

Chris Hedges

Ralph, permíteme que te interrumpa para hacer dos puntualizaciones. Una, lo que hiciste fue crear organizaciones, Causa Común, todas estas organizaciones que luego diste a conocer. Se convirtieron en una especie de agencias de consumidores autónomas, agencias medioambientales. Así que creaste un contrapeso al poder corporativo, número uno. Y número dos, creo que tenemos que delinear la relación que tenías con la prensa entonces y ahora porque estos reporteros, había una alianza entre tu trabajo y esos reporteros. ¿Es eso correcto?

Ralph Nader

Sí, pero no estábamos pidiendo favores, Chris. Les dijimos que nos mantuvieran al nivel de interés periodístico. Eso es todo lo que les pedimos. Y así lo hicieron. Y éramos muy interesantes. Tanto que Ben Bradley, el célebre editor del Washington Post, salió de su oficina a la sala de redacción un día sosteniendo el Washington Post que cubría uno de nuestros reportajes. Y dijo: «¿Por qué no investigan como lo hace Nader? ¿Qué está pasando aquí?». Eso dio lugar a más informes de investigación que no tenían nada que ver con nosotros. Y luego la televisión empezó a decir: «Esto es bueno para los índices de audiencia. Tenemos un reportero de consumo in situ para el telediario de la noche». Y eso se extendió por todo el país. Sí, fundé el Center for Auto Safety, Public Citizen, el Pension Rights Center, los grupos de investigación de interés público de todo el país y muchos otros grupos porque, de nuevo, no quería ser un llanero solitario. Necesitábamos muchos más recursos, mucha más gente para contrarrestar las hordas de grupos de presión corporativos y sus comités de acción política. Así que esto continuó hasta probablemente 1974, 1975.

Chris Hedges

Déjame que te interrumpa porque 1971 es un año crucial. Es cuando se obtiene el tipo de plan corporativo para la represalia por, ya sabe, el memorándum de [Lewis] Powell. Y usted es la única persona nombrada, que es el objetivo de ese memorándum. Así que las empresas sienten la presión de los movimientos populares, cívicos y de base, de los sindicatos, y reaccionan, pero mencionemos brevemente el memorándum de Powell de 1971 porque lo siguieron al pie de la letra, lo que las empresas propusieron hacer, y luego los efectos de eso.

Ralph Nader

Bueno, Lewis Powell era abogado corporativo en Richmond. Representaba a empresas de servicios públicos y otras compañías. Y la Cámara de Comercio de Estados Unidos le pidió consejo sobre qué hacer con la actividad enardecedora en los campus, los estudiantes, el movimiento antibélico, de derechos civiles, de derechos de la mujer, la crítica a los grandes bancos y otras corporaciones, el estallido de la resistencia a la contaminación y en ese momento la movilización temprana del Día de la Tierra.

Chris Hedges

Lo siento, Ralph, no quiero… Tú iniciaste el Día de la Tierra. Fue idea tuya, ¿verdad? Sí. Creo.

Ralph Nader

Sí. Y escribió un memorándum, de unas 33 páginas, lo leí hace poco, y básicamente decía: «Oigan, tenemos que despertar, somos la comunidad empresarial. Estas personas no son solo radicales, son gente normal que está muy desilusionada y quieren regularnos, quieren cobrarnos impuestos, quieren demandarnos. Y tenemos que reforzar nuestro cabildeo, tenemos que tener una buena presencia en el campus. Tenemos que hacer mucho más con los medios de comunicación. Nos escucharon y reforzaron su presencia. Pero el cambio fundamental no fue ese. El cambio fundamental fue Abe Rosenthal, el nuevo director editorial del New York Times. Y él era lo que ahora llamaríamos un neoconservador. Y fue reportero extranjero para el New York Times en Polonia y otros lugares, y luego lo nombraron director editorial. Y no nos agradaba. Estaba abriendo ediciones suburbanas del New York Times. Quería más anuncios. Pensaba que éramos malos para el negocio. Y básicamente empezó a cerrarnos.

Lo primero que hizo fue decir a la oficina de Washington que si publicábamos un informe crítico sobre una empresa y esta no respondía, no debían informar sobre nuestras conclusiones, sobre nuestras revelaciones. Bueno, ya sabe, las empresas no tardan mucho en enterarse. Y por eso no respondieron. Así que la oficina de Washington enviaba el artículo a Nueva York para su publicación y no entraba. Entonces no le gustaban los árabes estadounidenses, en particular. Era un firme partidario del gobierno israelí que no podía hacer nada malo en aquellos días. Y no había un poco de intolerancia aquí involucrada, como me dijeron en ese momento. Y entonces básicamente quiso cerrarnos y la cobertura comenzó a disminuir en el Times.

Chris Hedges

Ralph, permítame interrumpirle. En primer lugar, la gente no sabe o puede que no sepa que usted es de ascendencia libanesa. Pero en segundo lugar, nosotros también, ese fue un momento en el que el New York Times tenía graves dificultades financieras. No estaba generando ingresos por publicidad. Y lo que hizo Abe Rosenthal fue crear todas las secciones que vemos hoy en día, estilo, cultura, negocios, todas estas cosas, que eran imanes para los anunciantes, anunciantes de alto nivel. Y así, Abe solía andar por ahí diciendo, ya saben, yo salvé al New York Times. Bueno, muchos de nosotros diríamos que destruyó la integridad periodística del New York Times, pero lo hizo atendiendo a estos anunciantes. Y parte de esa atención consistió en crear estas secciones especiales que no tienen nada que ver con el periodismo. Muchas de ellas eran, de hecho, contenido de pago. Y en segundo lugar, se trataba de borrar el tipo de reportajes que ustedes estaban haciendo y los tipos de reportajes de investigación que estos grandes anunciantes no querían.

Ralph Nader

Sí, y al mismo tiempo las empresas contrataron a una empresa llamada Wilmer, Cutler y Pickering y Lloyd Cutler iba y tenía reuniones con los editores del New York Times y el Post y les decía: ¿por qué le dais tanto espacio a este tipo? ¿No saben que es malo para el negocio? Y la conclusión fue que iban a perder publicidad si no nos dejaban fuera. Una vez que el Times empezó a reducir su alcance, el Washington Post tomó nota porque tenían la misma mentalidad y ambos estaban a punto de salir a bolsa y vender acciones en el mercado de valores, lo que les hacía aún más vulnerables a la supresión. Y entonces eso secó cada vez más las noticias de la noche. Solíamos salir en las noticias de la cadena.

Ahora es casi imposible aparecer en los informativos nocturnos de la cadena. Y lo mismo ocurre con la radio. Al mismo tiempo, surgieron la radio pública y la radiodifusión pública, y desde el principio tuvieron miedo de que las empresas fueran a por su financiación en el Capitolio y les amordazaran. Así que también nos cubrieron muy poco. ¿Y quién se dio cuenta? Obviamente, los miembros del Congreso. Y se rompió el ciclo de la educación cívica. Usted publica la verdad y los hechos, el público se informa porque la prensa lo cubre. Los legisladores o reguladores ven que la prensa lo cubre. Empiezan a asumir sus responsabilidades. Celebran audiencias. Actúan. Se salvan vidas. Se avanza en la salud. Se protege el bienestar económico.

Y entonces el ciclo comienza de nuevo contra todo el conjunto de nuevas injusticias. Pero todas estas fuerzas que acabo de mencionar empezaron a cerrarnos. Fuimos salvados por un corto período por la administración de Jimmy Carter. Nombró a muy buenas personas para las agencias reguladoras, la agencia de seguridad automotriz, la agencia de seguridad laboral, la EPA, etc. Pero eso fue solo un respiro de cuatro años y todavía estaban contraatacando. Más grupos de presión, más comités de acción política, más llamadas indignadas a reporteros, editores y publicistas para que nos cerraran. Así que, ya sabe, esa fue su época dorada, los medios de comunicación de masas, lo que ahora llamamos los medios corporativos. Y ahora ha cambiado por completo. Y se lo digo a los reporteros o editores, o a los publicistas a los que puedo llegar. No es fácil. ¿De qué se avergüenzan de su época dorada? Miren lo que hicieron por el país, simplemente ejerciendo su deber y sus responsabilidades profesionales para que las noticias fueran de interés periodístico. Y ahora no lo hacen.

Chris Hedges

Ralph, también hubo otro factor, y es la infusión de dinero corporativo en el Partido Demócrata porque no podrían haber celebrado estas audiencias o aprobado esta legislación, muchas de las cuales tú escribiste, a menos que tuvieran un ala liberal viable del Partido Demócrata dispuesta a enfrentarse al poder corporativo. Y eso fue destruido en particular durante la administración Clinton, dirigida por un congresista de California llamado Tony Coelho.

Ralph Nader

Sí, Tony Coelho estaba a cargo de la recaudación de fondos para los demócratas de la Cámara de Representantes. Y alrededor de 1978, 1979, cuando Carter era presidente, logró que el partido aceptara la siguiente propuesta. ¿Por qué dejamos que los republicanos recauden todo ese dinero de la comunidad empresarial? Nosotros también podemos recaudar dinero de la comunidad empresarial. Y empezaron a ir a esas cenas en Washington, llamadas cenas PAC, y a pedir dinero. Y ese fue el principio del fin porque coincidió con la derrota de Jimmy Carter por Ronald Reagan. Y una vez que Reagan asumió el poder, bueno, ya sabe, les dio listas de deseos a las empresas. Así que vas a la compañía de petróleo y gas, a los bancos y a las compañías de seguros y demás y les dices: «¿Qué queréis que hagamos por vosotros en cuanto a deshacernos de las regulaciones, los recortes de impuestos, nombrar jueces conservadores para el tribunal federal y demás?». Todo fue cuesta abajo. Se podía ver la correlación entre el dinero de la campaña que entraba en las arcas del Partido Demócrata y la disminución de la acción reguladora y de las audiencias en el Congreso cuando controlaban la Cámara o el Senado.

Chris Hedges

Y sé que cuando se presentó por primera vez a la presidencia, creo que fuiste tú, recuerdo que me dijiste que se hizo esencialmente porque el Congreso se había vuelto completamente cautivo, que todos esos congresistas, [J. William] Fulbright y otros, con los que una vez pudiste trabajar, habían sido esencialmente expulsados del Partido Demócrata, que había sido tomado, todo el partido y el Congreso habían sido tomados por el poder corporativo. ¿Es eso correcto?

Ralph Nader

Sí, es cierto. Especialmente en 1980, la victoria aplastante de Ronald Reagan contra Jimmy Carter, un actor de segunda que pasó algunos años como gobernador de California. Perdimos al senador Magnuson. Perdimos al senador [Frank] Church. Perdimos al senador [Bill] Nelson. Estos eran los campeones, y otros estaban a punto de ser derrotados. Teníamos senadores demócratas fuertes y progresistas de Dakota del Norte y del Sur. Jim Abourezk, por ejemplo, teníamos al senador George McGovern, dos senadores progresistas, y ahora todos son republicanos. Apenas quedaba una pizca del Partido Demócrata en cuatro estados montañosos y los dos estados de las praderas. Así que ahora, habiéndolos abandonado, empiezan con una desventaja de 12 senadores que ni siquiera compiten para desafiar en el Senado de los Estados Unidos. Es bastante difícil controlar el Senado cuando se empieza con 12 menos desde el principio.

Así que sí, lo que dijiste fue la tendencia, y cada vez fue a peor. En lugar de conseguir un partido demócrata más fuerte, un movimiento progresista más fuerte, se debilitó. El signo de una democracia en decadencia es que cuando las fuerzas de la plutocracia, la oligarquía y las corporaciones multinacionales aumentan su poder, en todos los sectores de nuestra sociedad, la resistencia se debilita. Ahora, en una democracia sana, la resistencia se haría más fuerte. Habría más marchas, manifestaciones, litigios, candidatos a cargos públicos y, por supuesto, más grupos de presión de nuevas organizaciones ciudadanas. Vimos justo lo contrario. Y el precio que estamos pagando, ahora mismo el producto final de todo esto es Donald J. Trump. Der Führer, los votantes de este país, que solo veían dos alternativas, el Partido Republicano y el Partido Demócrata, eligieron por un estrecho margen el 5 de noviembre a un dictador sin ley que ahora campa a sus anchas en nuestra Casa Blanca, desmantelando lo que queda de la responsabilidad democrática, el papel del Congreso, y dictando lo que quiere hacer. De hecho, en julio de 2019, dijo, con el artículo 2, puedo hacer lo que quiera como presidente. Y lo está demostrando, tanto en su primer mandato como en un alboroto aún mayor en los últimos días, al comenzar su segundo mandato.

Chris Hedges

Pero todo esto fue la podredumbre que precedió, por supuesto, a Trump, incluso desde la primera administración, la destrucción de las libertades civiles, incluido nuestro derecho a la privacidad con la vigilancia masiva, la destrucción del debido proceso. Y tú has sido muy crítico con la clase liberal, el Partido Demócrata, por ser activos o cómplices. Recuerdo que una vez dijiste: «¿Dónde están los directores de todas las facultades de Derecho?». Bueno, ¿por qué no se pronuncian? E incluso antes de que Trump se presentara, cuando tú te presentabas, recuerdo que me dijiste una vez que sabes que todo lo que un dictador tendría que hacer es pulsar un interruptor, ya está ahí, ya está dispuesto.

Ralph Nader

Sí, si solo se fijan en las fuerzas compensatorias que sostienen una sociedad (normas civilizadas, debido proceso legal y tradiciones democráticas), todas están ausentes sin permiso oficial o colapsando. Por ejemplo, hay más de un millón de abogados. Se les llama parte de la profesión jurídica. ¿Dónde han estado? Los colegios de abogados no se pronuncian. El Colegio de Abogados de Estados Unidos, el mayor colegio de abogados del mundo, no toma posición. Son los primeros en responder. Se supone que son nuestros centinelas. Están ausentes sin permiso. La iglesia organizada solía mantener las normas. Se derrumbaron. El juego está ahora en todas partes, al alcance de la mano de un adolescente en su habitación. Se ha derrumbado en muchos frentes. Estaban en la vanguardia del movimiento por los derechos civiles, el movimiento por la paz. ¿Dónde están ahora? De hecho, los grupos evangélicos del sur están justo enfrente. Están a favor de la guerra, están a favor de la destrucción de los derechos de los palestinos. Adoran a Donald J. Trump. Es justo lo contrario.

Los sindicatos nunca han estado tan débiles. Hay algunos repuntes en organizaciones parciales, Starbucks y Amazon y otras, por supuesto, pero el número de trabajadores sindicados sigue bajando, bajando, bajando. Es el más bajo en 80, 90 años. Creo que solo alrededor del 10 % de todos los trabajadores ahora, públicos y privados, están organizados y están dirigidos por líderes a menudo muy cautelosos que cada vez que les proponemos unirnos a las fuerzas medioambientales de los consumidores, el aparato del Partido Demócrata lo rechaza. Así que son como una cola del Partido Demócrata. Los grupos cívicos, están totalmente superados en número. No pueden seguir el ritmo de toda la oposición solo en términos de personas, ya sabe, número de grupos de presión en el Capitolio, litigantes, están luchando por conseguir fondos. Así que puede ver a los medios de comunicación, por supuesto, que acaban de terminar de hablar. Han cortado el terreno bajo el movimiento ciudadano y la comunidad ciudadana. Y esa es básicamente la razón por la que los demócratas perdieron elección tras elección, incluida la de noviembre pasado, porque los grupos cívicos son grupos que saben cómo hablar con la gente de a pie.

No diferencian entre trabajadores conservadores y trabajadores liberales en materia de salud y seguridad, o entre pacientes conservadores y pacientes liberales en materia de salud y seguridad, o consumidores, no hacen eso. Hablan con todas las personas y conocen el lenguaje, conocen las estrategias y las tácticas. El Partido Demócrata les impidió por completo cualquier aportación. ¿Por qué? Porque, pocas personas lo saben, el Partido Demócrata no solo se está revolcando en el dinero de los comités de acción política (PAC) corporativos, sino que ha subcontratado sus campañas a consultores políticos y mediáticos corporativos en conflicto que recaudan el dinero, desarrollan la estrategia, generan los tabúes y nos impiden aportar al Partido Demócrata a nivel nacional, estatal y local. Y ese bloqueo impidió que el Partido Demócrata adoptara las posiciones más obvias que podrían haber ganado fácilmente la Cámara de Representantes, el Senado y la presidencia el año pasado. Por ejemplo, podrían haber hecho un gran negocio con un salario mínimo federal congelado de 7,25 dólares. Eso es 25 millones de trabajadores que obtendrían un aumento de 15 dólares la hora, y no lo hicieron. Kamala Harris acaba de decir algo sin importancia. No escucharon a Bernie Sanders, por ejemplo.

Podrían haber aumentado las prestaciones de la Seguridad Social, que llevan congeladas 50 años. En cambio, dijeron: «Protegeremos la Seguridad Social tal y como está ahora». Alrededor de 65 millones de personas habrían obtenido mayores prestaciones de la Seguridad Social. Podrían haber derrotado a los republicanos en la extensión del crédito tributario por hijos. 61 millones de niños de familias conservadoras y liberales recibían una media de 300 dólares al mes. Redujo la pobreza casi a la mitad entre los niños de Estados Unidos, y no lo hicieron. En su lugar, Kamala Harris envió a su cuñado a Wall Street para hablar con Goldman Sachs y con bufetes de abogados corporativos para que la asesoraran sobre su política económica y fiscal. Y su frase más memorable es economía de oportunidades. Vaya, eso sí que es concretar para poner comida en la mesa de la gente. Así que, básicamente, el Partido Demócrata le debe a Estados Unidos una enorme disculpa en quizás diez entregas por cómo sabotearon al único partido que podría haber salvado a la república del fascismo, el corporativismo y el militarismo del Partido Republicano. En cambio, el Partido Demócrata se convirtió en parte del problema. También eran militaristas, eran corporativistas y no eran tan buenos en cuanto a abrir los canales del gobierno a la participación cívica. Y por eso también tenían una dimensión autocrática.

Chris Hedges

Solo quiero, antes de continuar, hablar de la conspiración o la colusión entre los dos partidos para acabar con los terceros partidos. Quiero decir, tú fuiste víctima de eso.

Ralph Nader

Sí. Bueno, ya sabes, es lo que yo llamo el duopolio bipartidista, que se ha convertido en una frase hecha. Y si no tienes una democracia competitiva, no tienes una democracia. Y si se impiden los esfuerzos de terceros mediante enormes barreras de acceso a las papeletas, una avalancha de demandas frívolas, desviando recursos y tiempo de estos pequeños partidos, no se va a conseguir lo que se consiguió en el siglo XIX, donde se creó el Partido de la Libertad en 1840 contra la esclavitud, se creó el Partido del Sufragio Femenino, se crearon los partidos Laborista, Progresista y de los Agricultores. Todos ellos presionaron a los dos partidos para que adoptaran estas posiciones al cabo de algunos años o décadas, aunque nunca ganaran unas elecciones nacionales. En el siglo XIX y principios del XX era mucho más fácil entrar en las papeletas.

Pero cuando el Partido Comunista empezó a presentar candidatos en Estados Unidos, las barreras para entrar en las papeletas por ley estatal tras ley estatal se volvieron horribles. De hecho, en un estado de California, se requieren más firmas para presentarse a las elecciones presidenciales que en 10 países de Europa Occidental. En Canadá, es muy fácil presentarse a las elecciones. Lo que ocurrió fue que violaron una ley de la naturaleza. Imagínese si no se permitiera que las semillas brotaran en la naturaleza, ¿qué quedaría de nuestra biosfera? ¿Qué quedaría de nuestra biota? Y eso es lo que han hecho. Y como resultado, los corporativistas descubrieron que podían hacer que los dos partidos se parecieran cada vez más y que un partido justificara hacer cosas malas diciendo: ¿No saben lo malos que son los republicanos? ¿Por qué nos critican? Los republicanos son peores. Así que se definen unos a otros por quién es peor en lugar de quién es mejor. Y ahora estamos pagando el precio en guerras de imperio, en el dominio de los supremacistas corporativos sobre todo.

Están criando a nuestros hijos con ese iPhone cinco, siete horas al día, socavando la autoridad parental, separando a estos niños de la familia, la comunidad, la naturaleza, perjudicando su salud con comida basura y vida sedentaria, con muy pocos niños jugando ya fuera. No hay nada que el mercantilismo corporativo no haya invadido ya. Han comercializado las iglesias. Han comercializado el mundo académico. Han comercializado casi todo lo que está fuera del mercado y que ven como un centro de beneficios. Así que quieren corporativizar la oficina de correos. Quieren hacerse cargo de los departamentos públicos de agua potable y corporativizarlos. Quieren corporativizar el sistema de escuelas públicas. De una forma u otra, quieren corporativizar las tierras públicas o apoderarse de ellas. Y nunca han sido tan agresivos, nunca han tenido tanto éxito. Y la comunidad cívica, en la que se solía confiar para resistir, no puede conseguir ningún medio de comunicación. Y lo hemos intentado. El año pasado, hicimos un gran esfuerzo para convertir el Día del Trabajo en un verdadero día de los trabajadores con eventos en todo el país. Tenemos a los sindicatos detrás de nosotros.

La AFL detrás de nosotros, están listos para salir en julio. Habría sido un fenómeno tremendo. Habría dado energía a la gente que va a votar en noviembre. Y se basaba en un pacto para los trabajadores estadounidenses, que protegía sus pensiones, salarios dignos, seguro médico, derecho a organizarse y demás. Y justo cuando íbamos a ponernos en marcha, Liz Shuler y otros aprobaron la propuesta del Comité Nacional Demócrata, y la cerraron diciendo que no se podía controlar lo que se iba a decir o hacer en estos eventos y reuniones locales de los medios de comunicación. Y Mark Dimondstein, el jefe del sindicato de trabajadores postales, que estaba muy entusiasmado con esta idea y convenció al consejo de la FFL en la calle 16, junto a la Casa Blanca, para que la adoptara. Dijo que eso es lo que hacen los sindicatos todo el tiempo. Cualquier cosa que tenga que ver con la política, simplemente firman cheques en blanco a los PAC demócratas, sin condiciones, no exigen nada, y cualquier propuesta de un extraño es aprobada por el Comité Nacional Demócrata. Bueno, solo eso eligió a Trump y al Congreso. Solo ese cierre de la comunidad cívica, y incluyo a los sindicatos como parte de eso, habría marcado la diferencia.

Sabe, Trump fue elegido por un margen de 235 000 votos solo en Pensilvania, Michigan y Wisconsin juntos. En otras palabras, si hubiera habido un cambio de 240 000 votos, habría sido derrotado. Así que eso es solo un ejemplo. Y en 2022, movilizamos a 24 grupos nacionales de ciudadanos para una conferencia de Zoom de seis horas para los candidatos que se presentan a las elecciones a nivel nacional y estatal, y todos ellos hicieron presentaciones concisas de 10 o 15 minutos. Saben de lo que hablan, estrategias, tácticas, lenguaje, refutaciones, eslóganes y formas de conseguir el voto. Y fue ignorado casi por completo. Nancy Pelosi no se molestó en decirle a sus legiones en un partido demócrata que se presentaran en la conferencia de Zoom en julio de 2022. Cualquiera que quiera ver lo que hicimos, está en winningamerica.net. Y de nuevo, eso habría ampliado la participación progresista y la mayoría en el Congreso y habría sentado las bases para derrotar a Trump en 2024. Así que, básicamente, cuando se excluye a la comunidad cívica, Chris, se acaba con la democracia. Y no solo culpo al Partido Demócrata, sino sobre todo a los medios de comunicación.

Y fue imposible conseguir cobertura de la conferencia de julio. Estos son grupos importantes representados, no obtuvieron nada de tinta, no pudieron conseguir a nadie más que a Dana Milbank, que escribió una columna para el Washington Post para cubrir nuestro esfuerzo de nueve meses para inyectar a la comunidad cívica en el diálogo y en la discusión de las elecciones de 2022. Y ocurrió lo mismo. No pudimos conseguir ni una sola columna sobre este esfuerzo en el Día del Trabajo. Ni una sola columna en ninguna de las principales publicaciones. Y, por cierto, Chris, la prensa independiente tampoco es tan importante. Las revistas como In These Times, Washington Monthly, Progressive Magazine, The Nation, no cubren las actividades de la comunidad cívica. Solo pontifican. Tienen algunos buenos artículos y tienen sus columnistas, muchos de los cuales se están volviendo muy cansados y repetitivos. No cubren lo que Public Citizen, Common Cause, Pension Rights Center, Center for Science in the Public Interest, Union of Concerned Scientists, Veterans for Peace, especialmente, quedan completamente en la sombra, independientemente de sus manifestaciones y desobediencia civil no violenta en todo el país contra la maquinaria militar, el imperio, el armamento del genocidio en Gaza. No han tenido ni un solo artículo, tuvieron que publicar todo tipo de material excelente. La gente va a veteransforpeace.org y lo comprueba por sí misma.

Estos son veteranos que han conocido las guerras y ni siquiera pueden obtener cobertura. Y no se puede obtener cobertura de la falta de cobertura. No se puede conseguir que las publicaciones periodísticas hagan ninguna cobertura de la censura. Así que esta es la censura definitiva, el cierre de la Primera Enmienda. Cuando la prensa, a la que se le da un caché en la Primera Enmienda, no hay otra industria mencionada por su nombre en la Constitución, está abusando de sus privilegios por un montón de prodigios. Los están abusando por las ganancias que quieren obtener de la publicidad, que por supuesto comienza a reemplazar a los periodistas y editores que quieren hacer lo correcto con periodistas y editores que se dejaron llevar por el viento y están preocupados por el dinero antes de informar la verdad de manera equitativa. Y la cosa empeora. El Times creó a Trump. No paraban de darle más y más publicidad. Crearon a JD Vance. ¿Quién ha oído hablar de JD Vance? No paraban de escribir sobre su libro. No paraban de escribir sobre su carrera al Senado más que sobre la de su oponente, Tim Ryan, y la carrera al Senado de EE. UU. en Ohio.

Lo mismo con todas estas otras personas. Once páginas y tres ediciones para Tucker Carlson. Le dieron más tinta a Tucker Carlson y, por cierto, no le pusieron ni un dedo encima. Todo lo que hicieron fue publicitar quién era. A él le encantó, mostró los periódicos para promocionarlo y le dieron más espacio que a cualquier figura en la historia del New York Times. ¿Y quién había oído hablar de Majorie Taylor Green, de un oscuro distrito de Georgia, hasta que el Times empezó a informar de cada una de sus horribles declaraciones y la puso en la portada de la revista del New York Times?

Chris Hedges

Antes de terminar, quiero hablar de lo que tenemos que hacer. Solo quiero que hables de la represión en los campus universitarios, incluyendo los de tu alma mater, Princeton y la Facultad de Derecho de Harvard. Me parece bastante preocupante. Las universidades deberían ser sacrosantas en términos de libertad de expresión. Y habiendo cubierto gobiernos despóticos en todo el mundo, una vez que cierran ese espacio universitario, es bastante, bastante ominoso.

Ralph Nader

Sí, la situación empeoró aún más a partir del 7 de octubre, cuando el ataque del 7 de octubre fue una misión de homicidio-suicidio. Perdieron 1600 combatientes de Hamás, más que el número de presuntos israelíes que murieron, 350 de los cuales eran soldados, por cierto. Y esa fue una incursión en Israel que no se puede comparar con las incursiones en Palestina durante 60 años, masacrando desde el aire todo tipo de civiles e infraestructuras civiles una y otra vez contra la población indefensa, como escribió una y otra vez Gideon Levy, el columnista de Haaretz, entre otros columnistas de ese periódico en Israel. Luego, la erupción de protestas en los campus universitarios. Nunca hubiera imaginado el nivel de represión, la suspensión de estudiantes, la expulsión de estudiantes, la cancelación de eventos, la suspensión de posibles becas, el bloqueo de profesores para que no se trasladen de una universidad a otra, incluido uno de los principales expertos del país en genocidio, el profesor [Raz] Segal de la Universidad de Stockton, que tenía un puesto en la Universidad de Minnesota, que fue rechazado porque se pronunció abiertamente sobre el genocidio en Gaza. Las facultades de Derecho están siguiendo su ejemplo. Los bufetes de abogados, algunos de ellos han anunciado que no contratarán o rechazarán ofertas de trabajo de graduados de la facultad de Derecho que estén involucrados en actividades pro derechos palestinos en la facultad de Derecho opuestos al genocidio.

¿Quién se hubiera imaginado algo así? Ni siquiera los críticos de las universidades se imaginaron el nivel de cobardía, el nivel de receptividad a unos pocos grandes donantes que son entusiastas del gobierno proisraelí, y que acobardaron decisivamente a la Universidad de Harvard, Princeton y otras, demostrando así que en las instituciones académicas el dinero habla más que la verdad y la libertad de expresión. Y la respuesta es simplemente organizarse mejor en el campus con estrategias más inteligentes. Yo no habría dedicado tanto tiempo a la desinversión. Hay otras formas que pueden afectar a las universidades mucho más profundamente y que deben tenerse en cuenta. Y estos estudiantes necesitan que unas pocas personas a tiempo completo les ayuden en estas grandes universidades, porque estos estudiantes tienen que lidiar con las clases y las notas. Así que es necesario que haya más recursos y que se defienda a los profesores valientes. Hay que contar con abogados pro bono con las tácticas y estrategias adecuadas, se puede inclinar la balanza a favor de la libertad de expresión desarrollando los refinamientos cívicos para la justicia como parte del propio proceso educativo.

Chris Hedges

Bueno, sé que tú has… Quiero pasar a lo que tenemos que hacer, pero sé que ha hablado de movilizar a los antiguos alumnos como un aspecto clave para hacer retroceder la supresión de la libertad de expresión y la suspensión de estudiantes y el tipo de listas negras de aquellos que hablan en el campus. Pero terminemos con esto, ¿qué hacemos ahora? Estamos en la cúspide de un fascismo estadounidense. No hay forma de evitarlo. Sabe, leyendo estas órdenes ejecutivas, todo, desde la educación hasta la revocación de los visados de estudiantes extranjeros que han participado en protestas contra el genocidio, quiero decir, es una lista larga. ¿Qué hacemos ahora para salvar lo que queda de nuestra sociedad abierta?

Ralph Nader

Bueno, hay mucho que hacer para crear los arroyos que alimentan los arroyos que alimentan los afluentes, que alimentan el río Mississippi, para llevar una metáfora al límite. Por ejemplo, nada impide que los estudiantes organicen sus propios grupos a tiempo completo con personal a tiempo completo. Pueden autoevaluarse 15 o 20 dólares por estudiante y hacer lo que los grupos de investigación de interés público han hecho en asuntos nacionales en todo el país con personal a tiempo completo. Tenemos que ampliar nuestro lenguaje. Nunca debemos usar palabras como «delincuencia de cuello blanco». Es delincuencia corporativa. Deberíamos usar palabras como «corporativismo», no «sector privado». Tenemos que organizar, como usted dice, a los antiguos alumnos progresistas. Siempre hay un porcentaje significativo de exalumnos progresistas en estas escuelas, pero no se conocen entre sí, y eso tiene que cambiar. Tenemos que reforzar la prensa estudiantil, que está muy…

Chris Hedges

En un sentido más amplio, fuera de las universidades.

Ralph Nader

En un sentido más amplio, todo se reduce a dos cosas. Trump se autodestruirá porque no conoce límites. Así que su mayor enemigo es Trump. Y verán cómo Trump se desmorona en las próximas semanas. No me sorprendería que, si continúa con su toro en la tienda china, ilegal, salvaje, agitado, afectando a decenas de millones de personas en sus necesidades vitales más urgentes a favor de su supremacía corporativa, sea acusado y condenado en el Senado de los Estados Unidos. Su propio partido se volverá contra él porque cuando vean las encuestas, que ya están cayendo desde el 20 de enero, por cierto, cuando vean las encuestas y se den cuenta de que son ellos o Trump, siempre pensarán en su propia supervivencia política.

Al igual que hicieron algunos senadores durante el escándalo de Nixon-Watergate, cuando subieron a una limusina y fueron a la Casa Blanca y básicamente le dijeron a Nixon: se te acabó el tiempo. Has perdido tu base en el Congreso. Así que lo segundo es que tenemos que centrarnos en el Congreso. Ese es el punto de apoyo principal para cambiar el gobierno de EE. UU., tanto en el extranjero como en el país, y que afecta a los estados y a las localidades. Eso es lo que creyeron los fundadores cuando otorgaron a las autoridades más poderosas, con diferencia, no al poder ejecutivo ni al poder judicial, sino al Congreso, el poder exclusivo de declarar la guerra, de ejercer el poder tributario, el poder de gasto, el poder de confirmación de nombramientos y la autoridad de supervisión de investigación. Y así hemos quedado en 535 hombres y mujeres.

Probablemente el 20 % de ellos ya están del lado de la verdad, la justicia y la paz. Y tenemos que organizarnos de vuelta a casa. Mi mejor estimación es que el 1 % de la gente organizada en los distritos del Congreso, es decir, dos millones y medio en distritos progresistas que representan la opinión pública, que saben de lo que hablan, que están dispuestos a dedicar, digamos, 500 horas al año de tiempo voluntario, más o menos el tiempo que la gente dedica a un hobby, y que recaudarán suficiente dinero para una oficina con dos empleados a tiempo completo en cada distrito del Congreso, puede derrotar a los supremacistas corporativos y tomar el control del Congreso y cambiar el país. Eso es bastante organización, pero la mayoría de la gente no creería que el 1 % puede hacerlo. Lo hicimos en los años 60 y principios de los 70 con mucho menos del 1 % para regular estas empresas.

Recuerde, cuando se trata del impuesto de latón, los miembros del Congreso quieren su voto mucho más de lo que quieren dinero de intereses comerciales. Quieren dinero de los intereses comerciales para derrotar a su oponente, poner anuncios en la televisión. ¿Por qué? Porque quieren conseguir votos. Pero si los votos están condicionados y enfocados, y si los miembros del Congreso son convocados regularmente a reuniones municipales en sus lugares de origen, donde la ciudadanía establece la agenda y hace las preguntas, y los senadores y representantes responden y escuchan y vuelven a sus instrucciones, el país puede cambiar. Debemos recordar siempre que, cuando se trata de dónde vive la gente, dónde trabaja y dónde cría a sus hijos, no existen las polarizaciones que los gobernantes intentan inculcar al público. La táctica de «divide y vencerás» se remonta a más de 2000 años. La mayoría de las necesidades vitales cuentan con el apoyo de un número abrumador de estadounidenses, independientemente de las etiquetas que se pongan a sí mismos: conservadores, liberales o lo que sea.

El salario digno es uno. El seguro médico universal es dos. La represión de los delincuentes corporativos es tres. Un sistema fiscal justo es cuatro. Reducir el presupuesto militar y volver a casa para reparar y modernizar las infraestructuras y los servicios públicos en todas las comunidades. Crear muchos puestos de trabajo es cinco. Y empoderar a la gente para que pueda recuperar su poder soberano y condicionarlo antes de dar sus instrucciones a sus senadores o a sus legisladores estatales o a su concejal. Así que no es una tarea imposible. Tiene precedentes en la historia de Estados Unidos. Y es sorprendente cuando la gente se da cuenta del pequeño porcentaje de ciudadanos activos y comprometidos que representan la opinión pública, que saben de lo que hablan y que entran en contacto directo con las asambleas municipales con sus representantes, sin banderas ni intermediarios. Tenemos todo tipo de libros que muestran cómo se puede hacer esto, cómo se ha hecho. Uno de ellos se titula «Rompiendo el poder: es más fácil de lo que pensamos», y yo lo escribí. Otro se titula «Imparable, la alianza emergente entre la izquierda y la derecha para desmantelar el estado corporativo». Es bueno conocer la historia y los éxitos de la historia para no desanimarnos y desmoralizarnos, como vemos tanto hoy en día en Estados Unidos.

Chris Hedges

Genial. Muchas gracias, Ralph. Quiero dar las gracias a Sofia [Menemenlis], Diego [Ramos], Thomas [Hedges] y Max [Jones], que produjeron el programa. Pueden encontrarme en ChrisHedges.Substack.com.

Ralph Nader

Y, si me permiten añadirlo, para mantenerme al día, he tenido una columna semanal desde 1971. Puede obtenerla electrónicamente de forma gratuita en Nader.org. Solo tiene que ir a ella, registrarse y se le mantendrá al día de lo que estamos haciendo y pensando.

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5. Resistencias feministas a la guerra imperialista

Hoy doblete del Tricontinental -y la publicación hoy en nuestra web de otro artículo suyo-. Además de por su valor intrínseco, dado el día en el que estamos vale la pena difundir este nuevo dossier de esa organización.

https://thetricontinental.org/

Guerra imperialista y resistencias feministas en el sur Global

Las mujeres resisten creativamente los embates de las medidas coercitivas unilaterales (MCU), una de las formas de guerra híbrida del hiperimperialismo, que refuerza el patriarcado y otras formas de discriminación social.

5 de marzo de 2025

Las ilustraciones de este dossier son parte de los afiches creados por mujeres de todo el mundo en el marco de las exposiciones Feminismo antiimperialista para cambiar el mundo (2021) e (In)seguridad feminista: Mujeres contra la guerra (2022)organizadas por Capire. Esta plataforma mediática se creó en 2021 “para hacerse eco de las voces de las mujeres en movimiento, para hacer visibles las luchas y los procesos de organización en los territorios, para reforzar las referencias locales e internacionales del feminismo popular, anticapitalista y antirracista” .

Nos dicen que somos una amenaza inusual y es verdad. Somos amenaza inusual porque estamos formados, porque estamos conscientes, porque no queremos seguir siendo patio trasero y porque queremos seguir siendo libres y soberanos e independientes.

Desde las primeras décadas del siglo XXI está en marcha un claro proceso de redefinición de las relaciones de poder a nivel global, marcado por el debilitamiento del dominio unipolar de Estados Unidos. Su crisis de hegemonía es tan feroz como la respuesta que ha desplegado para enfrentarla: intenta compensar su pérdida de poderío económico y tecnológico con el dominio militarista, junto a su red de aliados del bloque político, militar y económico que es el Norte Global (Tricontinental, 2024b). Estos países comparten una historia de violencia contra los pueblos del Sur Global, incluido el genocidio de los pueblos indígenas de las Américas en la era colonial, la trata de esclavos en el Atlántico, el uso de bombas nucleares contra Hiroshima y Nagasaki y el genocidio en curso del pueblo palestino.

Las formas que asume actualmente ese ejercicio violento de disciplinamiento y sometimiento son heterogéneas: ocupación y militarización territorial, imposición de medidas coercitivas unilaterales (MCU)1 sanciones y genocidio. Esta fase desbocada del capital, en el que la crueldad se impone como forma de gobierno y ejercicio de poder, es lo que hemos dado en llamar hiperimperialismo (Tricontinental, 2024a).

La particularidad de las MCU como dispositivo de poder es que no matan de manera directa, sino que operan sobre el aislamiento financiero, comercial y político, el desabastecimiento y el ahogo económico. Las MCU impiden a los países afectados acceder a recursos financieros, así como a los bienes y servicios más elementales para el sostenimiento de la vida: agua, alimentos, electricidad, medicamentos, insumos sanitarios. Un rasgo característico de las sanciones y MCU es que generan un exceso de celo en su cumplimiento por parte de las personas, empresas y organizaciones con las que los países afectados buscan establecer relaciones, sean económicas, políticas o culturales. Es decir, por temor a las sanciones y MCU, estas entidades optan por no establecer ninguna relación con los países sujetos a ellas.

Esta modalidad de intervención se ha profundizado exponencialmente en el contexto de la agudización de la disputa global. Solo en las dos últimas décadas, las MCU han aumentado al menos un 933% (Tricontinental, 2024b: 28). Estados Unidos lidera su aplicación, imponiendo tres veces más MCU que cualquier otro país u organismo internacional, llegando a 15.373 en abril de 2024. Estas medidas atacan a un tercio de todos los países, entre ellos más del 60% del total de países de bajos ingresos (Stein y Cocco, 2024). Los países con más MCU son Cuba, Corea del Norte, Irán, Siria y Venezuela.

El aislamiento que las MCU generan es una forma de castigo colectivo, un mecanismo de control y disciplinamiento político, una forma violenta de subordinación que asfixia pueblos enteros y los desconecta de las redes de interdependencia comercial, financiera y política y que, además, va acompañado por campañas mediáticas de estigmatización. La astucia de esta modalidad de injerencia es que realiza un ejercicio de inversión. El poder imperialista acusa a los Estados y pueblos afectados por las MCU de ser culpables de la violencia de la que son objeto. Estos países son generalmente acusados sin base por el bloque imperialista de no colaborar en la guerra contra el narcotráfico, no combatir el crimen organizado, no ser democráticos, etc., y la acusación es suficiente para la aplicación de la pena. Esta inversión esconde la criminalización y discriminación de los pueblos, líderes y gobiernos que no se alinean a los intereses de las potencias hegemónicas y resisten al poder neocolonial, capitalista y patriarcal del hiperimperialismo, intentando construir soberanía.

Las MCU, consideradas como estrategia de la “guerra híbrida”, “guerra asimétrica” o “guerra difusa”, operan sobre el conjunto de los ámbitos de la vida social y, particularmente, sobre el dominio de los cuerpos, los corazones y las mentes de la población. Son, de este modo, parte de una guerra que, sin ser declarada, no reconoce fronteras, se difunde por todo el cuerpo social, interviene y ejerce control sobre todas las esferas de la reproducción y la organización de la vida (Ceceña, 2014). Todos los estudios e informes consultados, de expertos nacionales e internacionales y de las agencias de la ONU resaltan que tanto las sanciones como las MCU tienen un impacto desproporcionadamente alto en los sectores más vulnerables de la población, especialmente en las mujeres, la niñez, las personas adultas mayores, discapacitadas y la población LGBTTIQ. Si bien la falta de empleo y fuentes de ingreso afectan a toda la población, las mujeres sufren más la destrucción de infraestructuras y el debilitamiento de los servicios sociales públicos porque afectan directamente a la reproducción social, especialmente al trabajo de cuidados, llevado a cabo casi exclusivamente por ellas. Las sanciones y las MCU claramente refuerzan el patriarcado y otras formas de discriminación social.

En 2023 se celebró en Sudáfrica la conferencia Dilemas de la Humanidad. En la mesa de debate Feminismos y luchas contra el patriarcado, una cuestión que apareció reiteradamente fueron las marcas del imperialismo en la vida de las mujeres y la comunidad LGBTTIQLas compañeras del Magreb árabe y de Palestina narraron el horror que implica la ocupación territorial imperialista, las dificultades para garantizar la vida en condiciones de no humanidad, el acecho permanente de la muerte y la violencia sexual, el colapso de la salud, los servicios sanitarios, el corte del suministro del agua y sus consecuencias críticas en la reproducción de la vida y su impacto en la vida de las mujeres. Según relataron las compañeras de Venezuela, Cuba y otros países de Asia y África, el impacto de las MCU impuestas por Estados Unidos sobre los territorios, la reproducción de la vida, la organización del poder popular y la participación política de las mujeres es bastante similar, aunque la muerte por armas de fuego no sea una amenaza constante. En este dossier nos proponemos analizar, desde una perspectiva feminista, los modos en que las MCU, entendidas como iniciativas imperialistas de subordinación y control, afectan la organización de la vida y sus impactos económicos, pero también políticos, en las mujeres de algunos de los países más sancionados.

El proceso de diálogo con compañeras de los países afectados implicó superar diversas barreras, tanto logísticas como contextuales. A pesar de estas dificultades, logramos establecer algunos espacios de intercambio significativo en Venezuela, en los que las compañeras compartieron sus experiencias y estrategias de resistencia, reafirmando su compromiso con la soberanía y la vida comunal. Entrevistamos a lideresas feministas de varias organizaciones populares campesinas y de trabajadoras, entre ellas la Infantería Revolucionaria Ecosocialista Antímano por el Hábitat y la Vivienda, la Asamblea Viviendo Venezolanos Jorge Rodríguez Padre y la Organización Heroínas sin Fronteras. Este proceso contó con el importante apoyo del Instituto Simón Bolívar para la Paz y Solidaridad entre los Pueblos, institución venezolana que con la que también dialogamos y que además fue la que nos facilitó oportunidades de conexión e intercambio, incluso en las circunstancias más adversas, y reforzó la importancia de documentar estas luchas para avanzar en la resistencia colectiva.

Efectos económicos: subdesarrollo forzado y decrecimiento

Las MCU suelen dirigirse contra los países que intentan afirmar su soberanía dando prioridad a la autosuficiencia y al nacionalismo de recursos, y se resisten a integrarse en la estructura económica neocolonial que pretende mantener el dominio occidental y a los países del Sur Global subdesarrollados y económicamente dependientes mediante mecanismos como la deuda, los desequilibrios comerciales y el control extranjero de sus recursos. Se espera que el deterioro económico provoque estallidos sociales que faciliten el cambio de régimen a uno favorable al imperialismo.

Las MCU tienen efectos económicos adversos en los países objetivo como la caída del PIB per cápita, tasas de inflación elevadas, fluctuaciones de la inversión extranjera directa, la ayuda exterior y las subvenciones financieras. También aumenta la desigualdad de ingresos, cae el empleo en el sector manufacturero y disminuye el consumo de los hogares, entre otros deterioros. En conjunto, estos efectos provocan el colapso económico y el consecuente aumento de la pobreza. A continuación, algunos ejemplos:
Cuba. El bloqueo económico, comercial y financiero de EE. UU. contra Cuba desde hace seis décadas está configurado por las MCU más antiguas y exhaustivas de la historia moderna. Fue radicalizado cuando Trump revirtió todas las medidas de flexibilización del gobierno de Obama y colocó de nuevo al país en la lista del Departamento de Estado de países supuestamente patrocinadores del terrorismo en 2021. Hostilidad reeditada el 20 de enero de 2025 cuando Trump revirtió el decreto de Joe Biden de pocos días antes que retiraba a Cuba de la lista. El bloqueo representa un perjuicio de 421 millones de dólares por mes y un total acumulado a la fecha de 1,5 billones de dólares. Sin bloqueo, se estima que el PIB de Cuba podría haber crecido 8% en 2023 (República de Cuba, 2024: 10-12).
Venezuela. Se enfrenta a más de mil MCU y otras medidas restrictivas y punitivas desde 2014 (Observatorio Venezolano Antibloqueo, 2025) que han afectado gravemente a su industria petrolera, a otros sectores productivos y al comercio exterior. El sector petrolero pasó a producir menos de 500.000 barriles diarios entre 2020-2021, frente a los 2.200.000-2.300.000 barriles de producción diaria durante 2008-2016. Las estimaciones de las pérdidas van desde 797.000 barriles diarios de producción, que serían 16.400 millones de dólares al año a los precios actuales (Rodríguez, 2023, 71-72), hasta 1.800.000 barriles diarios, unos 48.000 millones de dólares a precios actuales (Arellán, 2024). Para 2021, los ingresos del gobierno venezolano representaban el 10% de los del año en el que comenzaron las MCU. La hiperinflación ha provocado la devaluación de la moneda nacional, con la consiguiente disminución de los salarios y ha afectado a las importaciones (Observatorio Venezolano Antibloqueo, 2023: 31-32).
Irán. Pasó de exportar entre 700.000 y 1,4 millones de barriles de petróleo diarios con sanciones y MCU (2010-2015) a 2,5 millones diarios cuando estas fueron levantadas (2016-2018) tras el Plan Integral de Acción Conjunta de 2015, antes de volver a imponerse tras la retirada de Estados Unidos de ese acuerdo. Con la vuelta de las sanciones y MCU, solo en 2018 y 2019, las exportaciones de crudo cayeron un 57%. Los ingresos anuales estimados en divisas del país cayeron más de un 62%, de 66.000 millones de dólares entre 2005 y 2011 a 25.000 millones de dólares durante 2019-2021 (ONU – Relatora Especial, 2022b: 5).
Siria. Uno de los mayores productores de petróleo de la región, con 385.000-500.000 barriles diarios, de los que exportaba alrededor de 100.000 hasta 2010; desde 2011, cuando comenzó el conflicto, se ha convertido en importador neto de crudo. Entre 2000 y 2010, la economía siria crecía en promedio aproximadamente 5% al año. En 2010, el PIB fue de 252.520 millones de dólares. En contraste, en 2020 el PIB fue de sólo 11.000 millones de dólares, 4% del nivel de 2010. El conflicto ha causado graves daños y destrucción de la capacidad productiva, los bienes y la infraestructura, así como grandes cantidades de población desplazada y refugiada. Las MCU agravaron la situación, provocando una contracción de la economía de alrededor del 90%. Entre 2016 y 2019, la economía mostró cierta mejoría, con una débil tasa media de crecimiento anual del 0,6%. Sin embargo, la intensificación de las MCU, la incapacidad del Estado para explotar muchos de sus recursos económicos por estar fuera de la zona que controlaba, más las consecuencias de la pandemia de COVID-19, causaron una contracción de la economía de 3,9% en 2020 (ONU – Relatora Especial, 2023: 5-6). Las MCU se suavizaron en cuanto un gobierno prooccidental llegó al poder en Damasco a fines de 2024.
Zimbabue. Desde 2001, enfrenta MCU de Estados Unidos y sus aliados dirigidas a sectores productivos clave de la economía, como la minería, la industria manufacturera, el turismo y la agricultura. El país había registrado un superávit comercial de 155 millones de dólares (~ 74% del PIB) en 2000, con un aumento del 1,44% de la producción global. Tras la imposición de MCU adicionales y otras medidas, la balanza comercial del país se redujo al -23,8% en 2010, y ha permanecido negativa desde entonces. La desindustrialización provocada por las MCU ha dado lugar a una grave contracción económica (del -3,1% en 2000 al -17,7% en 2008). El colapso económico ha provocado un agudo desempleo, una disminución del ingreso per cápita y la pérdida de profesionales cualificadxs (actualmente, las tasas de vacantes oscilan entre el 30 y 50% en diferentes sectores). Además, los cierres de empresas y los despidos de trabajadorxs han afectado a más de 610.000 personas entre 2005 y 2020. La inflación se disparó del 56% a más de 230 millones% en 2008, lo que provocó el colapso del sistema público e hizo que el gobierno fuera incapaz de prestar servicios esenciales, desde la salud y el transporte a la electricidad y la educación (ONU – Relatora Especial, 2022a: 5).

Las mujeres en los países sancionados y objeto de MCU del Sur Global se encuentran sobrerrepresentadas tanto en el trabajo precario como el formal, en las industrias orientadas a la exportación, como la textil, la confección, la marroquinería y los ensamblajes electrónicos. Las interrupciones en la exportación, causadas por las MCU, pueden afectar gravemente a los medios de subsistencia de las mujeres (Peksen y Drury, 2014). Tras las dificultades económicas causadas por las MCU, las mujeres se convierten en las primeras en ser despedidas de sus empleos, lo que aumenta su dependencia de la supervisión familiar (Al-Ali, 2005).

La creciente crisis económica de los países sancionados y objeto de MCU obliga a muchas personas a emigrar en busca de mejores condiciones de trabajo. En este proceso, las mujeres, la niñez y las poblaciones con diversidad de género se enfrentan al riesgo de convertirse en objeto la trata de seres humanos, la explotación ilegal, el crimen organizado, la xenofobia y la violencia de género (Madriz Franco y Oropeza, 2019). Esta población refugiada y migrante se ve obligada a trabajar en empleos informales, no cualificados y mal pagados donde, debido a la discriminación en los procesos de contratación, de nuevo las mujeres se ven desproporcionadamente afectadas (Plataforma RV4, 2022).

Desabastecimiento inducido e inseguridad alimentaria
Desde el momento en que murió el comandante Chávez comenzó esta arremetida con mayor fuerza, una guerra económica que es contra la moneda nacional y que provocó la hiperinflación, todos los productos encarecieron y luego comenzaron a escasear. Todo ello reconfiguró la dinámica social. (…) Las mujeres que estaban al frente de los procesos de organización de la revolución bolivariana (…) tuvimos que apartarnos de la lucha comunitaria, de la lucha social, de nuestras propias orgánicas de nuestras propias dinámicas de reuniones permanentes, asambleas y todo para irnos a hacer largas filas para poder adquirir alimentos. (…) Filas de 3 o 4 horas de sol, a esperar a ver si me venden una harina, un azúcar, un aceite o lo que estuviese disponible en ese momento.

La producción de alimentos suele verse afectada por las restricciones inducidas por las MCU, que en muchos casos incluyen la prohibición de importar maquinaria agrícola, fertilizantes y semillas, y generan escasez de combustible y agua para la irrigación. Estos factores traen consigo un incremento de los precios de los alimentos, escaladas inflacionarias, conformación de mercados paralelos, y una profunda crisis alimentaria que afecta de manera desproporcionada a la población más vulnerable.

Las MCU también incluyen mecanismos de extorsión, como medidas impuestas a empresas privadas proveedoras de alimentos, la criminalización de empresarios y la confiscación por parte del sistema financiero internacional del dinero destinado al pago de proveedores de alimentos.

En Cuba, en 2019 y 2020, la falta de combustible obstaculizó la siembra de 12.399 hectáreas de arroz, lo cual trajo como consecuencia dejar de producir más de 30 mil toneladas de este cereal esencial. De igual manera, al afectar el transporte, la escasez de combustible impidió la producción de 2 millones de litros de leche y 481 toneladas de carne, lo que perjudicó parte de la alimentación básica de la sociedad cubana (Delgado y Ferrer, 2023: 19). La falta de fertilizantes y pesticidas ha provocado un descenso del 40% en el rendimiento histórico de varios cultivos y, en comparación con 2019, la producción de arroz, huevos y leche ha disminuido un 81%, 61% y 49% respectivamente (República de Cuba, 2024: 15, 28).

En los países afectados por las MCU, la inseguridad alimentaria se agrava también por las restricciones a la importación de alimentos y el desplome de la inversión directa en el sector. En Venezuela, desde el 2014 se registra una caída drástica de las importaciones de alimentos, que pasaron de 10.000 millones dólares en 2014 a menos de 1.000 millones de dólares en 2019, una caída de más del 90% (Delgado y Ferrer, 2023). Cuba reporta que en 2024 pagó un 76% más de dinero por la misma cantidad de alimentos importados que en 2019 (República de Cuba, 2024: 28).

Según UNICEF, las restricciones a la importación de alimentos en Venezuela provocaron el aumento constante de la desnutrición entre 2016 y 2022, con más de 2,5 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria grave (Arizmendi, 2023: 76). En el 2019, se produjo una violenta disminución de la importación de alimentos de casi un 90%, con efectos en la subalimentación de la población (Arizmendi, 2023: 80). En 2017, el sistema financiero de Estados Unidos bloqueó el traslado a Venezuela de 18 millones de cajas de alimentos subsidiadas del programa CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción), creado en 2016 en respuesta a la escasez de alimentos generada por la guerra económica. Ese mismo año, un total de 23 operaciones financieras de Venezuela destinadas a la compra de alimentos, insumos básicos y medicamentos fueron devueltas por bancos internacionales (Arizmendi, 2023: 76). El suministro de alimentos se ha visto comprometido además por el colapso operacional de las empresas estatales, la falta de suministro de productos intermedios para el sector agroalimentario, la escasez de combustible para la producción y distribución de los productos finales a los mercados y la caída del poder adquisitivo de las y los trabajadores.

Bajo las MCU, Siria enfrentaba una grave crisis alimentaria. Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), 12 millones de sirios y sirias, más de la mitad de la población, sufrían inseguridad alimentaria, un 51% más que en 2019. La Relatora Especial de la ONU sobre las Repercusiones Negativas de las MCU en Siria, Alena F. Douhan, revela un aumento en la desnutrición de la niñez menor de 5 años del 48% entre 2020 y 2021; mientras que más del 10% de las mujeres embarazadas y lactantes estaban desnutridas (2023: 9).

Por su parte, en Zimbabue, la crisis alimentaria ha sido una preocupación clave desde 2001, tanto en términos de accesibilidad como de asequibilidad. La proporción de personas en situación de inseguridad alimentaria aumentó del 29% en 1995 al 58% en 2003. Esta situación empeoró aún más a finales de 2020, alcanzando a más del 60% de la población, y para el año 2017 un 30% de la población rural requería asistencia alimentaria (ONU – Relatora Especial, 2022a).

La inseguridad alimentaria afecta más fuertemente a los sectores más vulnerables, en donde las mujeres se encuentran sobrerrepresentadas. En Venezuela, el 65% de los hogares pobres son monoparentales y tienen como cabeza de familia a la mujer-madre soltera (Delgado y Ferrer, 2021: 44). En esos hogares, el acceso a los alimentos depende mayoritariamente de ellas, tarea a la que destinan una gran cantidad de tiempo, esfuerzo y estrés. De este modo, el impacto con relación al acceso a la alimentación tiene también un impacto diferencial por razones de género.

En estos escenarios, las políticas de distribución de alimentos resultan sumamente relevantes. En Venezuela, por ejemplo, en diciembre de 2020, el 88% de los hogares estaba recibiendo suplementos alimenticios proporcionados por los CLAP. Según las estadísticas oficiales, en 2020 se distribuyeron paquetes de alimentos de los CLAP a 7,5 millones de familias (Arizmendi, 2023: 75-76).

Además de las políticas de distribución y abastecimiento alimentario para hacer frente a la inseguridad alimentaria, en algunos de estos países las políticas gubernamentales para garantizar la autosuficiencia alimentaria y agrícola se han convertido en una prioridad.

Según el Programa Mundial de Alimentos, las tasas de autosuficiencia en Irán oscilaron entre el 53% y 82% entre 2000 y 2012. Actualmente, el país aún depende de importaciones de alimentos, con una tasa de autosuficiencia de aproximadamente un 85% (ONU – Relatora Especial, 2022b: 9). Sin embargo, la reimposición de MCU en 2018, junto con las restricciones comerciales y financieras de bancos extranjeros, ha interrumpido significativamente el suministro de semillas, fertilizantes y equipos agrícolas necesarios para la producción.

El gobierno de Venezuela también realizó importantes esfuerzos para revertir la dependencia en la importación de alimentos, que, según la Superintendencia Nacional de Gestión Agroalimentaria, en pocos años Venezuela pasó de importar el 85% de los alimentos para consumo interno a producir 97% de los alimentos que el pueblo de Venezuela se lleva a su casa diariamente (SUNAGRO, 2025).

Desmantelamiento de la infraestructura social

Además de impedir el transporte de personas y bienes como los alimentos, la falta de combustible y la incapacidad de conseguir repuestos para las áreas estratégicas de producción e infraestructura afecta la sostenibilidad de los sistemas de producción y distribución hidrocarburífera, energética y de agua potable, lo que repercute críticamente en el acceso de la población a los servicios esenciales.

La Relatora Especial, Alena Douhan, señaló que las MCU impiden a los países sancionados obtener piezas para mantener infraestructuras vitales para la vida cotidiana. En virtud del exceso de cumplimiento, empresas extranjeras e instituciones financieras se niegan a suministrar materiales de construcción, piezas de repuesto y software para plantas de energía, refinerías y estaciones de bombeo de agua, o bloquean las transacciones financieras para el pago de dichos bienes y servicios (ONU, 2021).

Como consecuencia de ello, estos países enfrentan graves carencias de electricidad, combustible y agua potable, debido a la destrucción de plantas e infraestructura de distribución y a la incapacidad de realizar actividades de rehabilitación, mantenimiento y desarrollo. Los cortes de energía son frecuentes.

En Siria, el promedio de distribución eléctrica es de entre 2 y 4 horas diarias (ONU – Relatora Especial, 2023: 7). En Cuba, la crisis energética se ha agravado y durante el 2024, se registraron jornadas con tasas de afectación máxima superiores al 50%. Los apagones se deben principalmente a la carencia de combustible —fruto de la falta de divisas para importarlo— y a las frecuentes averías en las centrales termoeléctricas del país causadas por un déficit crónico de inversiones. En los últimos meses, Cuba recibió la ayuda solidaria del gobierno de la República Popular China, que donó al país caribeño 69 toneladas de radiadores, motores, piezas y otros accesorios para apoyar la recuperación del sistema eléctrico de la isla (Swissinfo, 2024).

Las restricciones comerciales y financieras inducidas por las MCU también presentan desafíos en la adquisición de equipos mecánicos y eléctricos para proyectos de agua y sistemas de alcantarillado, lo que afecta el acceso de las poblaciones al agua y al saneamiento.

En Venezuela, se estima que el 90% de los hogares están conectados al sistema nacional de abastecimiento de agua, pero las interrupciones son frecuentes debido a los cortes en la electricidad que suministra a las bombas de agua. Según el informe de la Relatora Especial de la ONU (2021), el ministro responsable del agua informó que 52% del sistema de distribución de agua utilizaba tecnología de Estados Unidos y el 29% equipos alemanes y suizos. Las dificultades crecientes para adquirir piezas de repuesto y realizar trabajos de mantenimiento hizo que solo estén en funcionamiento el 50% de las unidades de distribución. Esto obligó a distribuir el agua por turnos para garantizar el suministro a todos.

En Siria, solo el 50% de los sistemas de agua y saneamiento en el país funcionan adecuadamente, debido a la destrucción y falta de mantenimiento del sistema de energía eléctrica y la capacidad reducida de generación eléctrica. En 2022, la Relatora Especial de la ONU Alena F. Douhan visitó el país y observó que, además de solo contar con dos horas de electricidad al día, las escuelas primarias y secundarias de la zona rural de Homs que atienden a cientos de alumnos no tienen agua corriente. La asignación de agua potable se ha reducido a 30–40 litros diarios, en comparación con los 130 litros diarios disponibles antes de 2011 (ONU – Relatora Especial, 2023: 8).

En Zimbabue, la escasez de agua tiene efectos críticos. Los informes indican que para el 2019, el 77,1% de los hogares carecían de acceso a fuentes mejoradas de agua limpia, con disparidades entre las zonas rurales (67,9%) y urbanas (97,3%). Esto ha acelerado epidemias de enfermedades, como el cólera y la fiebre tifoidea (especialmente en 2008 y 2018), con un saldo de muertes combinado estimado de más de 3.000 personas, y ha puesto en riesgo a más de 100.000 personas (ONU – Relatora Especial, 2022a: 7).

Salud precarizada

Las MCU reducen la capacidad de los Estados de sostener los servicios públicos que son esenciales para la población más vulnerable. En estas condiciones, el derecho a la salud se ve limitado porque se dificulta el acceso a fuentes de energía, agua, alimentos, productos de higiene personal, pañales, toallas sanitarias, medicinas, pero también a los espacios de atención de salud,   todos necesarios para una vida saludable.

En Venezuela, la prohibición de importación de insumos y piezas de repuesto afecta la funcionalidad de los equipos destinados a la atención de salud y actualmente solo el 20% están en funcionamiento óptimo. Otro impacto ha sido la escasez en 2017–2018 de vacunas contra el sarampión, la fiebre amarilla y la malaria (Delgado y Ferrer, 2023: 35). El noveno informe periódico de Venezuela ante la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (República Bolivariana de Venezuela, 2021) denuncia que las MCU afectaron el desempeño del programa de “Medicamentos de Alto Costo” del Instituto Venezolano de Seguros Sociales: en 2014 distribuyó gratuitamente 535.071 medicamentos, mientras que en 2020 sólo 64.078, una reducción de la cobertura de casi el 90% (RBV: 26).

Yirley Rodríguez, trabajadora social, feminista popular y madre cuidadora, cuenta cómo mientras estaba embarazada se preocupaba por “No poder conseguir cosas que necesitara para el parto y la bebé […] No pude acceder a todos los alimentos de mi dieta, medicinas que no se encontraban”. Lo mismo que reporta la Relatora Especial de la ONU respecto a Siria (2023: 10-11).

Un sector particularmente afectado en Venezuela ha sido la población con alguna discapacidad y las mujeres que ejercen los cuidados de estas personas, desde que el país perdió el control de la empresa petrolera venezolana CITGO, radicada en Estados Unidos. Esta empresa apoyaba financieramente la política social de atención a este sector, sobre todo cuando se trataba de intervenciones médicas y quirúrgicas complejas fuera del país (Delgado y Ferrer, 2023: 65).

Ante todas estas dificultades, una de las salidas ha sido recurrir a la medicina natural para paliar en algo los efectos nocivos del bloqueo, como indica Marta del Programa Todas las Manos a la Siembra: “Hemos vuelto a la medicina natural”. Ella revaloriza el uso de plantas para la curación de enfermedades sin negar la importancia de la medicina convencional: “El conocimiento científico, técnico y ancestral o popular deben ir de la mano, acompañándose siempre para obtener un mejor resultado”.

La salud reproductiva tanto de las mujeres como de la población sexodiversa se ve particularmente afectada de distintas formas. Entre 2017 y 2020, en Venezuela hubo obstaculización del acceso a pruebas citológicas, dificultando la detección temprana de cáncer de cuello uterino y cáncer de mama a miles de mujeres, ocasionando en muchos casos la muerte de las mismas. Existen dificultades para la adquisición y distribución gratuita de la terapia antirretroviral (TARV), imprescindible para el tratamiento del VIH. Han aumentado los niveles de vulnerabilidad frente a embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual porque se redujo la distribución gratuita y masiva de anticonceptivos orales, preservativos, dispositivos intrauterinos u otros métodos de planificación familiar y prevención de ITS esenciales para el desarrollo de una sexualidad saludable (Delgado y Ferrer, 2023: 57).

La tasa de mortalidad materna, que estaba cayendo en Venezuela hasta 2014, comenzó a subir de nuevo a partir de la aplicación de las MCU y solo recuperó cifras similares tras la pandemia (Delgado y Ferrer, 2023: 58). En Zimbabue,2

donde todos los indicadores de salud se han deteriorado a niveles muy graves desde la imposición de las MCU, la tasa de mortalidad materna era de 614 por 100.000 habitantes en 2014, y un modelo del Banco Mundial estima que podría haber llegado a 314 en 2020, entre las más altas del mundo. La tasa de mortalidad infantil también es muy elevada: 29 por cada 1.000 nacidos vivos (ONU – Relatora Especial, 2022a: 8).

El embargo ha devastado el sistema sanitario gratuito y universal de Cuba, uno de los pilares del proceso revolucionario. Sin embargo, e incluso tras la crisis del COVID-19, el país mantiene una esperanza de vida elevada, 73,7 años, muy similar a la media de las Américas y mayor que la media mundial (OMS, 2021). La excelente formación de los trabajadores de la salud cubanos, 71% de los cuales son mujeres, ha convertido a la exportación de servicios de salud en el 71% del total de exportaciones. Las misiones médicas cubanas llegaron a 60 países en la pandemia, pero debieron retirarse de algunos por la “sostenida campaña de desprestigio del gobierno de Trump” (OXFAM, 2021).

En este país, las MCU afectan severamente el acceso a medicamentos. El 51% de los 651 medicamentos incluidos en la Lista Nacional de Medicamentos Esenciales no están disponibles. Hay escasez de anticonceptivos, preservativos y medicamentos para embarazadas, así como medios de diagnóstico, pruebas de embarazo y pruebas de enfermedades de transmisión sexual (República de Cuba, 2024: 24, 89). Como señala Indira Pino: Sufrimos la escasez de medicamentos. Las farmacias están vacías debido a que las materias primas son de difícil acceso para nuestro país. Por ejemplo, las almohadillas sanitarias, la materia con las que se hacen no es de buena calidad y eso causa molestias a las mujeres durante su ciclo menstrual (OXFAM, 2021: 18).

Irán produce alrededor del 95% de sus medicamentos y vacunas básicas como medida para aliviar el impacto de las MCU, pero sufre, al igual que Venezuela, la falta de acceso a medicinas, insumos y equipamientos que salvan vidas en el caso de enfermedades más raras o complejas (ONU – Relatora Especial, 2022b: 7).

Un escenario muy diferente es el de Zimbabue, donde el 70% de los medicamentos esenciales dependen de importaciones y la escasez de personal de salud es alarmante: las tasas de vacancia son de 89% para comadronas, 64% para médicos en los servicios públicos y de 49% para los tutores de enfermería (ONU – Relatora Especial, 2022a: 8).

La producción farmacéutica de Siria antes de la guerra superaba el 87% de las necesidades del país y exportaba a 73 países. Hoy sufre una escasez significativa de equipos médicos y un enorme deterioro del sistema público de salud que obliga a las personas a acudir al sistema privado, cuyos costos la población más vulnerable, entre ellos las mujeres, no puede cubrir (ONU – Relatora Especial, 2023: 10).

Las intenciones genocidas del bloqueo quedaron aún más claras cuando en lo peor de la pandemia del COVID-19 se impusieron a Cuba MCU adicionales, entre ellas reforzar la prohibición de la importación de ventiladores pulmonares e impedir la importación de oxígeno, sumado a las dificultades para obtener kits de prueba y equipos de protección personal (República de Cuba, 2024: 12; OXFAM, 2021: 6). Venezuela e Irán experimentaron dificultades similares (Delgado y Ferrer, 2023: 38; ONU – Relatora Especial, 2022b: 8-9).

Sobrecarga de trabajo de cuidado
[…] lo que es la carga de tareas domésticas, de cuidado y laborales, sí se han acrecentado, por supuesto. Una vez que nosotras las mujeres salimos a trabajar inclusive todo el día en la calle con dos o tres trabajos, luego en la noche cuando llegamos tenemos entonces que hacer las labores domésticas, no solamente lavar, fregar, cocinar, sino que también tenemos que estudiar con nuestros hijos […] si tenemos en casa a los padres o abuelos, hay que atenderlos, están bajo nuestro cuidado. Eso es una carga, y bueno, por último, hay que también ser esposas [y] cumplir con nuestros esposos.
Comunera y lideresa campesina (44 años) (en Delgado y Ferrer, 2023: 91)

La guerra imperialista, en su modalidad híbrida, tiene importantes efectos en la vida cotidiana y en la posibilidad de compaginar tiempos y esfuerzos entre tareas laborales, de cuidados, tiempo libre y de participación política. Esta guerra silenciosa ha reafirmado la división sexual del trabajo tradicional, impactando el uso del tiempo e incrementando las jornadas de trabajo no remunerado de las mujeres al asumir una mayor carga en los cuidados (Franco, 2022).

Este escenario tiene un impacto profundo en las mujeres, quienes absorben con trabajo no remunerado parte de la crisis y para quienes la gestión de la salud y de los alimentos comienza a exigir mucho más tiempo, en detrimento del tiempo destinado al trabajo remunerado y otras actividades. También son ellas quienes se enfrentan con las dificultades que la escasez hídrica ocasiona en la vida cotidiana. Las mujeres generalmente son las que se ocupan de buscar y administrar el agua potable para sus familias, que en contexto de escasez puede demandar mucha más dedicación:
La falta de agua trastoca los horarios de vida, se necesita mucho más tiempo de trabajo para los cuidados porque conseguir agua se convirtió en algo muy distinto. Se hace muy difícil armonizar el tiempo de cuidados como madre con los tiempos de trabajo en tu empleo y con el tiempo de trabajo con la militancia política, se desordenó. Porque la prioridad es el agua, cuando llega el agua tienes que salir a lavar, a almacenar, no importa el horario que sea. Esto repercutió negativamente en la organización y armonicidad de los tiempos y generó sobrecarga de trabajo de cuidados.
Yirley Rodríguez, trabajadora social, feminista popular y madre cuidadora. Venezuela

Las mujeres al frente de la organización social

Ahora bien, frente a las adversidades que ocasionan las sanciones y las MCU, las mujeres se convierten en una malla de contención, apuntalando soluciones colectivas en el marco de la organización comunitaria y garantizando la sostenibilidad de la vida en los territorios. En tiempos donde el trabajo voluntario se incrementa, en sus comunidades manejan todos los casos de salud, distribuyen alimentos, gestionan la solución de problemas, dando cuenta de múltiples formas de resistencia, de reinvención y de resiliencia.

En los momentos más adversos de la guerra económica contra Venezuela, las mujeres que lideran los procesos de organización comunitaria se convirtieron en las principales aliadas en la implementación de políticas estatales de abastecimiento alimentario en todo el país. Como señalamos, en 2016, fueron creados los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) para sustituir los circuitos privados de distribución de alimentos por mecanismos estatales, con la incorporación de la participación comunitaria en la ejecución de la política, un elemento fiscalizador novedoso de carácter popular. Este programa, al promover la entrega de una canasta alimentaria de manera directa a los hogares, sin intermediación privada, colaboró en la organización social y familiar, y en particular con las mujeres, en quienes aún recaen mayormente las tareas no remuneradas vinculadas a la reproducción doméstica y comunitaria de la vida. No es casual que las mujeres constituyan el destacamento de vanguardia que desde los CLAP garantizan hoy la distribución de alimentos en las comunidades de las ciudades y el campo. La participación femenina en los consejos comunales y las comunas supera el 70%, lo que las convierte en protagonistas en la resistencia a la agresión imperialista y patriarcal (Franco, 2022).

Para este dossier dialogamos con Marta, miembro del Programa Todas las Manos a la Siembra. El programa fue creado por el gobierno en la crisis del petróleo en Venezuela para ampliar el conocimiento en las escuelas acerca de la soberanía alimentaria, la producción sustentable y la cuestión medioambiental, pero también para acompañar procesos y proyectos locales de producción de alimentos. Marta cuenta que en el peor momento de la “guerra económica”, las escuelas agroecológicas organizaban mercados populares locales, con el apoyo del programa Ferias del Campo Soberano, donde vendían los alimentos a precios más baratos, lo que resultó una estrategia importante para paliar la crisis inflacionaria y el desabastecimiento. Este programa fue la respuesta del gobierno en zonas rurales para distribuir proteínas, frutas y verduras a bajo costo en 1.500 comunidades priorizadas en la que las mujeres campesinas productoras tuvieron un papel destacado.

No obstante, es importante no idealizar estas labores, ya que pese a estar impregnadas de heroísmo en este contexto por ponerse al frente del sostenimiento de la vida, constituyen también modalidades de división sexual del trabajo político. Mientras que la organización comunitaria tiene una importante impronta y liderazgo femenino, esto no se extiende a otros ámbitos de representación política institucional y de gestión estatal. Las tareas comunitarias amplían la jornada de trabajo no remunerado de las mujeres más allá del hogar, lo que ensancha la brecha de desigualdad de género con relación al trabajo y los ingresos, con su correlato en términos de feminización de la pobreza y sobrerrepresentación en los mercados informales de trabajo. Y, además, suelen obstruir el derecho al ocio, a la recreación y al vivir bien de las mujeres (Delgado y Ferrer, 2023: 75).

Las cubanas indican dificultades similares: “Para las mujeres es mucho más duro, pues debido a la carga doméstica que por lo general tienen, no contar con transporte les provoca mayor estrés”, dice Yunisleydis Duvergel, gestora de transporte (OXFAM, 2021). El bloqueo no crea las desigualdades de género, pero si empeora las condiciones en las que las mujeres deben desempeñar el trabajo doméstico y de cuidado tradicionalmente asignado a ellas.

Conclusiones: resistencia y comunidad

Las mujeres asediadas por el hiperimperialismo han desarrollado formas de resistencia y confrontación basadas en el retorno a la tierra, en la economía alternativa, familiar y cooperativa.

El trabajo de las mujeres de tejido capilar de la sociedad y de organización comunal ha tenido un papel central para sostener y profundizar procesos revolucionarios en escenarios de gran adversidad y enfrentar las embestidas externas e internas que buscan generar terror y desalentar la esperanza. Ayarit Rojas, vocera de la Infantería Revolucionaria Ecosocialista por Hábitat y Vivienda Antímano (INFREHAVIANT), organización de base venezolana liderada por mujeres que desde el 2011 ejecuta más de 1.600 proyectos de construcción de nuevas comunidades ecosocialistas y proyectos de vivienda basado en un sistema de diseño participativo, nos cuenta de las obras que con esfuerzo, creatividad y coraje han logrado hacer a pesar de lo mucho que afectó el bloqueo en la posibilidad de acceder a los materiales de construcción mayormente importados:
Fuimos catalogadas como amenaza inusual, el desabastecimiento inducido, la hiperinflación y todo eso fue conllevando a que nosotras cada día nos fortalezcamos más y buscáramos alternativas para seguir avanzando. En el tema constructivo, las MCU fueron caóticas y nosotras como mujeres éramos las que teníamos el peso triple en los hombros por el tema hogar, tema laboral y tema constructivo, entonces era demasiado. Pero, sin embargo, logramos nuestro objetivo porque hoy tenemos nuestra vivienda y nuestro hábitat digno gracias a este proceso revolucionario.
Ayarit Rodríguez, vocera de INFREHAVIANT, Venezuela

Las mujeres enfrentan las consecuencias adversas en términos económicos, productivos y sociales. Pero también juegan un papel decisivo ante la guerra psicológica que estos escenarios provocan. Porque la participación femenina que politiza cotidianamente la precariedad y colectiviza la gestión de la supervivencia, constituye un elemento decisivo contra la pedagogía neoliberal de la crueldad, del olvido y del hiperindividualismo:
La fuerza para seguir adelante en este contexto tan difícil son las relaciones comunitarias y este sentido común que aún impera en Venezuela, este gran consenso de la vida colectiva, de resolvernos en comunidad, de ser un soporte las unas con las otras, como este gran tejido social que ha venido construyendo la revolución bolivariana (…) Lo que me da fuerza es que aquí hay condiciones políticas para crear la comunalización de la vida, hay otra propuesta de mundo, de sociedad, de relaciones sociales, que es comunalizar versus la propuesta de liberalizar de los grandes capitales. Esto es lo que me da fuerza, es que hay posibilidad de crear, de disputar sin que nos cueste la vida, de interlocutar con los que están en espacios de poder, de toma de decisiones. Este escenario político y social es lo que a mí me da fuerza para continuar creyendo y para continuar apostando desde el feminismo popular a cambios estructurales y para afrontar la coyuntura que vivimos hoy en día frente a las sanciones económicas y a esta guerra psicológica que tienen contra nuestra emocionalidad y espiritualidad.

Como afirma Yirley Rodríguez, la fuerza para resistir en las peores circunstancias está dada por la convicción de que es posible construir un mundo distinto, que no se asiente en la explotación ni en la destrucción del tejido social, sino en la posibilidad de construir una vida en común, con protagonismo popular y en donde todas las personas puedan vivir dignamente.

Notas

1Denominadas común, pero erróneamente, sanciones. En el ámbito internacional solo se puede denominar legítimamente sanciones a las medidas determinadas por la ONU conforme a lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas. Si un país aplica medidas represivas contra otro, no son sanciones, sino MCU, y deberían ajustarse a los principios del derecho internacional, lo que normalmente no sucede.

2Conforme consta en el Informe de la Relatora Especial. No existen datos más actualizados recogidos directamente, solo estimaciones.

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Referencias bibliográficas

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Entrevistas 2024

Martha León, Programa Todas las Manos a la Siembra, Venezuela.

Yirley Rodríguez, trabajadora social, feminista popular y madre cuidadora. Venezuela.

Ayarit Rojas, vocera principal de Infantería Revolucionaria Ecosocialista por Hábitat y Vivienda Antímano (INFREHAVIANT) y del proyecto de urbanismo Asamblea Viviendo Venezolanos “Jorge Rodríguez Padre” (AVV), Venezuela.

Norma Valdez, Organización Heroínas sin Barreras, Venezuela.

Laura Franco, Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos, Venezuela.

CAPIRE

Galería de afiches: feminismo antiimperialista para cambiar el mundo. 2021. Disponible en: https://capiremov.org/es/  

(In)seguridad feminista: mujeres contra las guerras. 2022. Disponible en: https://capiremov.org/es/

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6. El desequilibro de poder institucional Norte-Sur

El último boletín de Vijay para el Tricontinental está dedicado al completo desequilibro en las instituciones internacionales entre el Norte y el Sur globales.
https://thetricontinental.org/

El Norte Global tiene diez veces más poder de voto en el FMI que el Sur Global | Boletín 10 (2025)

En el FMI, el poder de voto antidemocrático y desigual, se otorga según el tamaño de la economía. Con el 16,49% de los votos, EE.UU. impone su veto y moldea políticas a conveniencia.

6 de marzo de 2025

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Sí, el título de este boletín es exacto.

Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), cada persona del Norte vale por nueve personas del Sur. Este cálculo se basa en los datos del FMI sobre el poder de voto en la organización de los Estados del Norte Global y del Sur Global en relación con su población. Cada país, en función de su “posición económica relativa”, como sugiere el FMI, tiene derecho a voto para elegir a sus delegados al directorio ejecutivo, que toma todas las decisiones importantes de la organización. Un breve vistazo al directorio muestra que el Norte Global está ampliamente sobrerrepresentado en esta institución multilateral, crucial para los países endeudados.

Estados Unidos, por ejemplo, tiene el 16,49% de los votos en el directorio del FMI, a pesar de representar solo el 4,22% de la población mundial. Dado que el Convenio Constitutivo del FMI exige el 85% de los votos para realizar cualquier cambio, Estados Unidos tiene poder de veto sobre las decisiones del FMI. En consecuencia, los altos funcionarios del FMI se alinean con las políticas del gobierno estadounidense y, dada la ubicación de la organización en Washington, DC, consultan frecuentemente con el Departamento del Tesoro de EE. UU. sobre su marco político y las decisiones específicas.

Por ejemplo, en 2019, cuando el gobierno de Estados Unidos decidió dejar de reconocer unilateralmente al gobierno de Venezuela, presionó al FMI para que siguiera su ejemplo. Venezuela, uno de los miembros fundadores del FMI, había acudido a la entidad en busca de ayuda en varias ocasiones, pagó los préstamos pendientes del FMI en 2007 y luego decidió no solicitar más asistencia a corto plazo. De hecho, el gobierno venezolano se comprometió a construir el Banco del Sur para proporcionar préstamos puente a los países endeudados en caso de déficit en la balanza de pagos. Sin embargo, durante la pandemia, Venezuela, al igual que la mayoría de los países, intentó recurrir a sus reservas de 5000 millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG), la “moneda” del FMI, a los que tenía acceso como parte de la iniciativa global de aumento de liquidez del fondo. No obstante, el FMI, bajo presión de EE. UU., decidió no transferir el dinero. Esta resolución se produjo después que se rechazara previamente una solicitud de Venezuela para acceder a 400 millones de dólares de sus derechos especiales de giro.

Aunque Estados Unidos afirmó que el verdadero presidente de Venezuela era Juan Guaidó, el FMI siguió reconociendo en su sitio web que el representante de Venezuela ante la organización era Simón Alejandro Zerpa Delgado, entonces ministro de Finanzas del gobierno del presidente Nicolás Maduro. El portavoz del FMI, Raphael Anspach, no respondió a un correo electrónico enviado en marzo de 2020 sobre la denegación de los fondos, aunque publicó una declaración formal en la que afirmaba que “el compromiso del FMI con los países miembros se basa en el reconocimiento oficial del Gobierno por parte de la comunidad internacional”. Dado que “no hay claridad” sobre este reconocimiento, escribió Anspach, el FMI no permitiría a Venezuela acceder a su propia cuota de derechos especiales de giro durante la pandemia. Poco después, el FMI eliminó abruptamente el nombre de Zerpa de su página web. Una clara muestra de la presión ejercida por Estados Unidos.

En 2023, en el Nuevo Banco de Desarrollo (Banco BRICS) en Shanghái, China, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, señaló la “asfixia” de la política del FMI hacia las naciones más pobres. Refiriéndose al caso de Argentina, Lula dijo: “Ningún gobierno puede trabajar con un cuchillo en la garganta porque debe dinero. Los bancos deben tener paciencia y, si es necesario, renovar los acuerdos. Cuando el FMI o cualquier otro banco presta a un país del Tercer Mundo, la gente se siente con derecho a dar órdenes y manejar las finanzas del país, como si los países se hubieran convertido en rehenes de quienes les prestan dinero”.

Toda la retórica sobre la democracia se desvanece cuando se trata de la base real del poder en el mundo: el control sobre el capital. El año pasado, OXFAM demostró que “el 1% más rico del mundo posee más riqueza que el 95% de la humanidad” y que “más de un tercio de las 50 empresas más grandes del mundo, con un valor de 13,3 billones de dólares, están ahora dirigidas por un multimillonario o tienen a un multimillonario como principal accionista”. Más de una docena de estos multimillonarios forman parte del gabinete del presidente estadounidense Donald Trump, que  ya no representa al 1%, sino al 0,0001%. Al ritmo actual, a finales de esta década, el mundo verá la aparición de cinco billonarios. Son quienes dominan los gobiernos y, por tanto, tienen un impacto extraordinario en las organizaciones multilaterales.

En 1963, el ministro de Relaciones Exteriores de Nigeria, Jaja Anucha Ndubuisi Wachuku, expresó su frustración con las Naciones Unidas y otras organizaciones multilaterales. Los Estados africanos, dijo, no tienen derecho a expresar sus opiniones sobre ningún asunto concreto en los órganos importantes de las Naciones Unidas. Ningún país africano, ni latinoamericano, tiene un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En el FMI y el Banco Mundial, ningún país africano podía impulsar una agenda. En las Naciones Unidas, se preguntaba Wachuku, “¿solo vamos a seguir siendo los chicos de la veranda?”. Aunque el FMI incluyó una representación más para un representante africano en 2024, esto está lejos de ser adecuado para el continente, que cuenta con más miembros en el FMI (54 de 190 países) y más programas activos de préstamos del FMI que cualquier otro continente (46,8% de 2000 a 2023), pero la segunda cuota de voto más baja (6,5%) después de Oceanía. América del Norte, con 2 miembros, tiene 943.085 votos, mientras que África, con 54 miembros, tiene 326,033 votos.

Como consecuencia de la crisis financiera de 2007 y al comienzo de la Tercera Gran Depresión, el FMI decidió iniciar un proceso de reforma. El incentivo para esta reforma era que, cuando un país acudía al FMI en busca de un préstamo puente, que debería haberse considerado no perjudicial, terminaba perjudicando a ese país en los mercados de capitales, ya que solicitar un préstamo conllevaba el estigma de unos malos resultados. El dinero se prestaba entonces al país a tasas de interés más altas, lo que no hacía más que agravar la crisis que, en un principio, había llevado a solicitar un préstamo puente.

Detrás de este problema subyace uno aún más profundo: todxs lxs directorxs gerentes del FMI han sido europeos, lo que significa que el Sur Global no ha tenido representación en los niveles más altos del liderazgo de la entidad. Además, la estructura de votación del FMI se ha desequilibrado: los votos por cuota (basados en el tamaño de la economía y la contribución financiera al FMI) han ganado mayor peso, mientras que los votos básicos más democráticos (un país, un voto) han perdido relevancia. Estos votos se miden de dos maneras: las cuotas calculadas (CQS, por su sigla en inglés), que se determinan mediante una fórmula, y las cuotas reales (AQS, por su sigla en inglés), que se establecen a través de negociaciones políticas. Por ejemplo, según cálculos para 2024, China tiene una AQS del 6,39 %, mientras que su CQS es del 13,72 %. Para aumentar la AQS de China, de modo que coincida con su CQS, sería necesario reducir la de otros países, como Estados Unidos. Este último tiene una AQS del 17,40 %, que tendría que reducirse al 14,94 % para acomodar el aumento de China. Esta disminución de la cuota estadounidense erosionaría, por tanto, su poder de veto. Por este motivo, Estados Unidos bloqueó la agenda de reformas del FMI en 2014. En 2023, la agenda de reforma del FMI volvió a fracasar.

Paulo Nogueira Batista Jr. fue director ejecutivo para Brasil y varios otros países en el FMI de 2007 a 2015, vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo entre 2015 y 2017, y es colaborador de la edición internacional de la destacada revista china Wenhua Zongheng. En un importante documento titulado A Way out for IMF Reform [Una vía de salida para la reforma del FMI], de junio de 2024, Batista ofrece un programa de reforma de siete puntos para el FMI:

  1. Hacer menos estrictas las condiciones de los préstamos.

  2. Recortar los recargos sobre los préstamos a largo plazo.

  3. Reforzar los préstamos en condiciones favorables para erradicar la pobreza.

  4. Aumentar los recursos globales del FMI.

  5. Aumentar el poder de los votos básicos para dar más representación a las naciones más pobres.

  6. Dar al continente africano una tercera representación en el directorio.

  7. Crear un quinto puesto de director general adjunto, que deberá ocupar una nación más pobre.

Si el Norte Global ignora estas reformas básicas y sensatas, argumenta Batista, “los países desarrollados serán entonces los únicos propietarios de una institución vacía”. El Sur Global, predice, abandonará el FMI y creará nuevas instituciones bajo el amparo de nuevas plataformas como los BRICS. De hecho, ya se están creando instituciones de este tipo, como el Acuerdo de Reservas Contingentes (ARC) de los BRICS, fundado en 2014 tras el intento fallido de reformar el FMI. Pero el ARC “ha permanecido en gran medida congelado”, escribe Batista.

Hasta que se produzca un deshielo, el FMI es la única institución que proporciona el tipo de financiación necesaria para las naciones más pobres. Por eso, incluso los gobiernos progresistas, como el de Sri Lanka, donde el pago de intereses representa el 41% del gasto total en 2025, se ven obligados a ir a Washington. Sombrero en mano, esbozan una sonrisa en la Casa Blanca de camino a la sede del FMI.

Cordialmente,

Vijay

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7. Balhorn sobre las elecciones y el futuro político de Alemania

Curiosamente en Africa is a country, he visto esta entrevista a la directora de la versión alemana de Jacobin sobre cómo ve las recientes elecciones y el futuro político de Alemania. Reconoce que el BSW es el partido antiguerra y si lo de la nueva locura militarista europea hubiese pasado un par de semanas antes, seguramente hubieran conseguido bastantes más votos. También es consciente de que Die Linke se puede convertir en los nuevos Verdes -de donde al parecer proceden, junto con el SPD, sus nuevos votantes-. Cuando ya había editado el mensaje, he visto que en Sidecar publican también un artículo de Balhorn. Como va de lo mismo, creo que vale la pena publicarlo conjuntamente.https://africasacountry.com/

¿Existe una alternativa en Alemania?

Entrevista con Loren Balhorn

A medida que la extrema derecha avanza y el centro se desmorona, ¿puede la izquierda alemana ofrecer algo diferente, o serán las fuerzas reaccionarias las que marquen la agenda?

Entrevista de William Shoki

Las recientes elecciones en Alemania marcaron un punto de inflexión en el panorama político del país. Mientras que la CDU de centro-derecha ha recuperado el poder, la Alternativa para Alemania (AfD) de extrema derecha ha logrado su mejor resultado hasta la fecha, consolidando su influencia, sobre todo en la antigua Alemania Oriental. La izquierda, en declive desde hace tiempo, ha mostrado signos de reactivación, pero se enfrenta a una ardua batalla en un panorama político cada vez más definido por el estancamiento económico, el populismo de derechas y la incertidumbre geopolítica.

Como la mayor economía y ancla política de Europa, la trayectoria de Alemania tendrá consecuencias mucho más allá de sus fronteras. El auge de la AfD refleja patrones más amplios en toda Europa, donde la extrema derecha ha capitalizado el descontento económico, las ansiedades migratorias y los fracasos de los partidos centristas para ofrecer alternativas significativas. Al mismo tiempo, el inesperado resurgimiento de Die Linke sugiere que, a pesar de años de declive, sigue habiendo espacio para una alternativa de izquierdas, si es capaz de sortear las contradicciones del momento.

Hay mucho en juego. Alemania sigue estancada económicamente, con su cacareado modelo industrial sometido a la presión de la competencia mundial, las crisis energéticas y el estancamiento de la política interna. Políticamente, las tensiones dentro de la clase dirigente se están agudizando, sobre todo en cuanto a cómo equilibrar la austeridad con la necesidad de inversión pública, y cómo posicionar a Alemania en medio de las cambiantes líneas de falla geopolíticas, desde la guerra en Ucrania hasta la creciente incertidumbre transatlántica con el regreso de Trump. Mientras tanto, el consenso del establishment en torno al apoyo incondicional a Israel se enfrenta a sus primeras grietas reales, ya que el cambiante sentimiento público desafía la rígida ortodoxia política de Alemania en la cuestión.

En esta conversación, William Shoki, editor de Africa Is a Country, habla con Loren Balhorn, editora jefe de la edición en alemán de Jacobin, para desentrañar los resultados de las elecciones, la dinámica económica y política que alimenta el auge de la extrema derecha y los desafíos a los que se enfrentan las fuerzas de izquierda de Alemania, en particular Die Linke. Discuten cómo la migración se ha convertido en un punto de conflicto central, por qué la AfD ha tenido tanto éxito en posicionarse como la única oposición real, y si el inesperado repunte electoral de Die Linke ofrece una hoja de ruta para la izquierda.

Las elecciones del 23 de febrero arrojaron algunos resultados interesantes. La CDU ha vuelto al poder, mientras que la AfD de extrema derecha obtuvo su mejor resultado electoral. ¿Cómo debemos interpretar este cambio? ¿Es parte de un giro más amplio hacia la derecha en la política europea, o son factores internos los que impulsan este cambio?

Bueno, definitivamente hay un contexto europeo en este cambio. Eso es obvio. Ya sea que hablemos de Francia, Italia o incluso España y Portugal, aunque podrían estar un poco por detrás de la tendencia, ha habido un fortalecimiento general de los partidos de extrema derecha en Europa occidental y oriental durante la mayor parte de una década. En muchos sentidos, Alemania se había quedado atrás.

En las últimas elecciones, hace cuatro años, la AfD obtuvo alrededor del 10 % de los votos, mientras que partidos como el Frente Nacional en Francia ya se acercaban al 20 %. Así que, en cierto sentido, Alemania tardó en ponerse al día. Las elecciones del domingo podrían considerarse una especie de normalización o «europeización» de la política alemana.

Al mismo tiempo, hay claramente factores internos específicos en juego. Si observamos dónde obtuvo mejores resultados la AfD, fue especialmente fuerte en la antigua Alemania Oriental, donde el partido obtuvo más del 40 por ciento. Si se mira un mapa de los distritos electorales, las fronteras de la antigua Alemania Oriental siguen siendo claramente visibles: casi todos los distritos electorales votaron por la AfD, mientras que ese no fue el caso en ninguna parte de Alemania Occidental.

Esto refleja un patrón más amplio: en muchas regiones desindustrializadas de Europa y Norteamérica, hemos visto una deriva similar hacia el populismo de derechas. Piense en el Cinturón de Óxido de EE. UU. que se volvió hacia Trump, o en las zonas desindustrializadas del Reino Unido que apoyaron el Brexit y a Boris Johnson. Definitivamente hay una correlación.

Pero incluso en las zonas más ricas de Alemania, la AfD ha ganado terreno. Alemania, en general, es un país rico, pero si nos fijamos en un estado como Baden-Württemberg, uno de los más ricos del país, la AfD consiguió alrededor del 20 por ciento. Así que, aunque la deriva hacia la derecha se concentra especialmente en Alemania Oriental, no es exclusiva de ella.

Esto se explica por una combinación de factores: la desindustrialización, una sensación general de privación de derechos y alienación, y la ausencia de lo que el sociólogo Steffen Mau llama el «espacio pro-político». Esto se debe en parte al abrupto colapso del Estado de Alemania Oriental en 1989-1990. Casi de la noche a la mañana, todo el sistema fue desmantelado y reemplazado por instituciones de Alemania Occidental. Eso dejó lazos sociales mucho más débiles, tanto dentro de las comunidades como entre los individuos y el Estado, en comparación con Alemania Occidental. Creo que esto explica en gran medida por qué la extrema derecha ha encontrado un terreno tan fértil en esa región.

¿Y qué hay en los mensajes y las campañas del AfD que resuena en Alemania Oriental, dadas estas condiciones? ¿Por qué la debilidad de la sociedad civil la hace vulnerable a la retórica populista y reaccionaria? Se podría suponer que, debido a que el Este era comunista, habría habido instituciones intermediarias más fuertes, como las estructuras de partido de la RDA. ¿Cómo se desarrolla lo que está describiendo?

Esa es una gran pregunta, y tiene varias capas.

En la superficie, una de las contradicciones en las actitudes políticas de Alemania Oriental es que existe una nostalgia generalizada y genuina por algunas partes de la vida bajo el socialismo de estado: la seguridad laboral, los sentimientos de solidaridad social entre colegas y vecinos, etc.

Al mismo tiempo, este sentido de solidaridad coexiste con un fuerte apoyo a la AfD. Parece paradójico, pero tiene más sentido si se considera el impacto psicológico y social de la reunificación.

Una vez más, Steffen Mau, a quien entrevisté para Jacobin hace unos años, ha escrito extensamente sobre esto. Sostiene que la transición de 1989-1990 fue traumática para muchos alemanes orientales. La gente salió a las calles exigiendo democracia, libertad de expresión y reformas del sistema socialista. Pero muy rápidamente, esas demandas se vieron absorbidas por la reunificación, algo que, aunque contó con el apoyo de la mayoría, fue extremadamente abrupto. De la noche a la mañana, las instituciones que estructuraban la vida cotidiana en Alemania Oriental desaparecieron y fueron sustituidas por las occidentales.

Mau describe esto como algo así como una herida abierta, una profunda ruptura que ha impedido a muchos alemanes orientales identificarse plenamente con el estado democrático posterior a la reunificación. También significó que en el Este se arraigaron menos instituciones mediadoras, como sindicatos, asociaciones cívicas y partidos políticos.

En la década de 1990, el PDS [Partido del Socialismo Democrático], sucesor del partido gobernante de Alemania Oriental, todavía tenía cientos de miles de miembros. Ganaba sistemáticamente entre el 15 y el 30 por ciento de los votos en los estados de Alemania Oriental y mantenía una cultura política viva. Había festivales comunitarios y reuniones locales que, aunque no siempre eran explícitamente políticos, servían como válvulas de escape para la frustración popular.

Votar por los excomunistas era, para muchos, una forma de protestar contra las consecuencias sociales y económicas de la reunificación sin apoyar a la extrema derecha. No creo que Alemania Oriental se haya vuelto necesariamente más racista en los últimos 15 o 20 años. Pero muchas de las personas que solían votar por los excomunistas ahora votan por la AfD. Quizá sus opiniones sobre raza y migración nunca fueron especialmente progresistas, pero, aun así, votaron por un partido progresista para expresar su frustración.

Con el tiempo, sin embargo, la AfD ha conseguido presentarse como la única alternativa real al establishment político. La política alemana tiende a ser muy educada, de clase media y, francamente, bastante aburrida. El AfD, más que cualquier otro partido, sobresale en el uso de la ironía, el sarcasmo y la provocación. A veces, incluso emplean un humor autocrítico. Pero su principal fuerza radica en burlarse de la élite política y canalizar la ira pública de formas que ningún otro partido se atreve.

Esta percepción de la AfD como el último marginado solo se ha visto reforzada por la estrategia de los demás partidos de aislarla. El llamado cortafuegos —el consenso de que nunca se debe permitir que la AfD gobierne— ha sido contraproducente en cierto modo. Ha reforzado su imagen como la única oposición real.

Y, obviamente, existe la polarización en torno a la migración. Más allá de Alemania, vemos esta dinámica en todas partes. En Estados Unidos, en Sudáfrica, las fuerzas de derecha han cimentado con éxito la idea de que la migración es un juego de suma cero, que cada nuevo migrante le quita algo a los ciudadanos nativos. Esta narrativa, sea cierta o no, se ha vuelto dominante en la política europea. Y aunque la AfD fue una de las primeras en impulsarla, su posición ahora ha sido repetida por el centro derecha, el centro izquierda e incluso figuras que se sitúan a caballo entre ambos, como Sahra Wagenknecht.
Hay mucho que desentrañar en lo que acaba de decir, pero empezaré por esto: dejando de lado la estrategia retórica de la AfD, que, como ha descrito, implica rechazar irreverentemente la etiqueta educada de la clase política alemana, ¿por qué la migración se ha convertido en un punto tan álgido?

Ya ha mencionado algunas razones, pero una cosa que destaca es que la región de Alemania con los niveles más altos de sentimiento antimigratorio también tiene tasas de migración comparativamente más bajas. Tal vez esta sea una pregunta injusta, porque este es el enigma, pero ¿por qué la migración se ha convertido en el contenedor de ansiedades sociales más amplias en Alemania? Por supuesto, esta es una tendencia internacional, por lo que puede haber poco que destaque una causa distintivamente alemana. Pero si pudiera, intente analizar por qué este tema se ha vuelto tan polarizador allí.

Bueno, en primer lugar, debo decir que no soy una experta en política migratoria, así que seguramente haya otros que podrían dar una respuesta más detallada, pero creo que tenemos que remontarnos a 2015. Ese fue el momento en que más de un millón de refugiados, principalmente, pero no exclusivamente, de Siria, entraron en Alemania en un corto período de tiempo. Durante un breve momento, tal vez unos seis meses, hubo un consenso casi generalizado en la sociedad de que estas personas debían ser acogidas y alojadas. Incluso los tabloides de derecha publicaban en primera plana historias sobre voluntarios que ayudaban en las estaciones de tren y recaudaban dinero para los refugiados.

Pero ese estado de ánimo empezó a cambiar. Un punto de inflexión importante, al menos en la narrativa de los principales medios de comunicación, fue la Nochevieja de 2015-2016 en Colonia. Hubo un incidente de acoso sexual masivo, del que se culpó en gran medida a los inmigrantes norteafricanos. Pero si miramos el problema desde una perspectiva materialista, el problema más profundo es que Alemania ya había estado experimentando austeridad durante más de una década en 2015. Comenzó con reformas del mercado laboral a principios de la década de 2000, y en 2009, el gobierno aprobó una enmienda a la constitución para frenar la deuda, limitando la deuda federal a alrededor del 0,35 por ciento del PIB.

Durante años, a la clase trabajadora se le había dicho que no había dinero para los servicios públicos. Sus piscinas locales estaban cerrando. Los tejados de las escuelas primarias se estaban hundiendo. Las estaciones de tren se estaban deteriorando. Y entonces, de repente, un millón de refugiados llegaron a Alemania, y el mensaje del gobierno federal fue: «Tenemos dinero para acogerlos».

Ahora bien, cuánto gastó realmente el gobierno en los refugiados y en qué medida ese dinero se habría gastado de otro modo en servicios públicos es otra cuestión. Pero la percepción era que se estaban poniendo recursos a su disposición, mientras que a la clase trabajadora «nativa» se le había dicho, durante años, que no había dinero para ellos. Esto fue especialmente pronunciado en Alemania Oriental, donde, a pesar de las enormes inversiones en infraestructuras desde 1989-1990, la mayoría de las ciudades han ido perdiendo población de forma constante durante décadas. No solo un poco: millones de personas se han ido desde la reunificación. Muchas ciudades pequeñas y medianas se sienten deprimentes y desoladas, y luego, casi de la noche a la mañana, ven cómo se alojan allí grandes grupos de refugiados.

Por supuesto, sabemos que a los refugiados no se les dan apartamentos de lujo ni miles de euros en limosnas, eso es un mito de la derecha. Pero los mitos cobran fuerza cuando la gente se siente abandonada. Si ha pasado 15 años escuchando que no hay dinero para usted y, de repente, ve una afluencia de gasto público en refugiados, se genera resentimiento. Esa es la raíz de la reacción violenta. Y de manera oportunista, los demócrata-cristianos, e incluso cada vez más los socialdemócratas, han utilizado la migración como una distracción de la austeridad. En lugar de abordar directamente las cuestiones económicas, se apropian del argumento de la extrema derecha: «Sí, el problema es la migración. Demasiados solicitantes de asilo. Por eso no tenemos dinero para X, Y y Z».

Una vez que esa narrativa se afianza, una vez que se convierte en sentido común político, se amplifica una y otra vez. Cada incidente violento que involucra a un migrante se exagera, reforzando la idea de que la migración representa una amenaza para los alemanes «nativos».

¿Dónde está la izquierda en todo esto? Empezando por su desempeño electoral, Die Linke desafió las expectativas. Consiguieron cerca del 9 por ciento de los votos, ampliaron su atractivo, especialmente entre los votantes jóvenes y primerizos, y —no recuerdo las cifras exactas— añadieron entre 30 000 y 50 000 nuevos miembros en los meses previos a las elecciones. Die Linke ha adoptado históricamente una postura bastante progresista en materia de inmigración. Entonces, ¿cómo se explica su repentino éxito? ¿Hay alguna lección más amplia que extraer de su actuación que pueda ser internalizada por la izquierda en Alemania y más allá, o hay factores más inmediatos y próximos que han influido en su resurgimiento?

Bueno, cada vez que un partido de izquierdas tiene éxito, todo el mundo interpreta su victoria como una confirmación de su propia teoría o enfoque. Ahora estamos viendo lo mismo con Die Linke. Que un partido que hace dos meses obtenía un 3 % en las encuestas haya subido ahora al 8 % es impresionante, pero la idea de que de repente tienen todas las respuestas para la izquierda es un poco exagerada. Gran parte de su éxito se debió a una coyuntura política favorable y, francamente, a mucha suerte.

Si se compara la campaña que Die Linke llevó a cabo esta vez con, por ejemplo, las elecciones europeas del año pasado, en las que obtuvieron solo el 2,7 por ciento, la diferencia es sorprendente. Esta vez, su campaña estuvo mucho más centrada y basada en la clase. En alemán, se podría llamar «clase política»: se centró en las demandas materiales. Inspirándose en el Partido de los Trabajadores de Bélgica, el partido comenzó a realizar encuestas puerta a puerta en los barrios y distritos electorales en los que históricamente habían sido más fuertes para identificar las principales preocupaciones de sus votantes y potenciales votantes. Se centraron en dos cuestiones principales: el aumento vertiginoso de los alquileres y la crisis del coste de la vida.

Alemania es un país donde más de la mitad de la población vive en viviendas de alquiler, lo que significa que la última década de drásticos aumentos de los alquileres ha afectado especialmente a la clase trabajadora, más que en muchos otros países europeos donde las tasas de propiedad de viviendas son más altas. Al limitar su mensaje a unas pocas preocupaciones materiales que resonaron no solo entre su base de votantes principal, sino también entre segmentos más amplios de la población, Die Linke pudo llegar a los votantes de manera más efectiva y superar el umbral del 5 % para entrar en el parlamento. En campañas anteriores, presentaron más bien una lista de preocupaciones —defender el derecho de asilo, mostrar solidaridad con Ucrania, abogar por más fondos para educación y transporte— a menudo en detrimento de un mensaje o narrativa central. Si nos fijamos en las encuestas a pie de urna, está claro que una gran parte de los votos de Die Linke procedían de antiguos votantes de los Verdes y los socialdemócratas. Este cambio tuvo mucho que ver con los acontecimientos de las tres o cuatro semanas previas a las elecciones. Friedrich Merz, el próximo canciller de Alemania, dio otro giro a la derecha en materia de inmigración e incluso aceptó votos de la extrema derecha para aprobar una moción que restringía la inmigración. Eso conmocionó a la sociedad civil y motivó claramente a cerca de un millón de personas a votar por Die Linke en lugar de por los partidos de centroizquierda a los que normalmente apoyarían.

Pero esa base de votantes no es estable. Muchas de esas personas votaron por Die Linke no porque tengan una profunda lealtad al partido, sino para enviar un mensaje a los partidos moderados a los que suelen apoyar. Querían dejar claro que rechazan su capitulación ante la derecha en materia de inmigración y que les preocupa el auge de la extrema derecha.

Aun así, no se puede pedir más. Un resultado del 8,8 % para un partido que estaba prácticamente en su lecho de muerte hace tres meses es, obviamente, un avance positivo y algo sobre lo que construir. Pero una mirada sobria a los resultados sugiere que, si bien Die Linke llevó a cabo una campaña sólida y tuvo un buen trabajo de campo, también tuvieron la suerte de operar en un momento político particularmente favorable que puede no repetirse en el futuro. La pregunta ahora es qué pueden hacer de aquí a 2029 para consolidar y expandir sistemáticamente su base de votantes.

Lo mismo ocurre con las aproximadamente 50 000 personas que se han unido al partido en los últimos meses. Estos nuevos miembros son en su inmensa mayoría jóvenes, urbanos y con estudios universitarios. Curiosamente, la mayoría son mujeres, lo que sugiere que hay una dimensión de género en el reciente aumento de apoyo. No hay nada malo en vivir en una ciudad, tener menos de 30 años y tener un título universitario, pero hay una clara sobrerrepresentación de un determinado grupo demográfico en cuanto a quién se está uniendo al partido en este momento. La verdadera pregunta es si Die Linke puede integrar a estos nuevos miembros, formarlos y enviarlos a las comunidades para construir el partido desde cero. ¿O esta afluencia de miembros empujará al partido a convertirse en algo más parecido a los Verdes, un partido de clase media alta y de izquierda liberal que hace política principalmente para su propia base de votantes acomodados?

No creo que haya ningún peligro inmediato de que eso suceda en los próximos dos años, pero en todo el mundo industrializado, ya sea en Alemania, el Reino Unido o los Estados Unidos, la izquierda está formada cada vez más por personas de clase media y con estudios. Si queremos ganar alguna vez, tenemos que volver a anclarnos en la clase trabajadora en general. Die Linke aún está muy lejos de lograrlo, pero hay más conversación dentro del partido sobre cómo hacerlo que hace cinco o diez años. Eso parece haber cambiado.

Para empezar a responder a la pregunta que planteó, ¿qué podría hacer el partido para iniciar el largo camino de traducir estos avances electorales en una estrategia de construcción del partido a largo plazo que lo reancle en un electorado de clase trabajadora y en organizaciones de clase trabajadora, entre ellas el movimiento obrero alemán? Y, como parte de esto, ¿implica eso adoptar más de lo que usted describió como hacer que la AfD tenga más éxito? He visto un ejemplo destacado de esto en un artículo del New York Times sobre Heidi Reichinnek, que es la colíder parlamentaria de Die Linke y a la que describen como una agitadora, alguien luchadora, muy popular en TikTok y con una fuerte presencia en las redes sociales en general. Entonces, ¿es parte de la respuesta a esta pregunta que Die Linke debería hacer más de lo que hace la AfD, al menos retóricamente, no en términos de abrazar el sentimiento antimigratorio, sino de adoptar un estilo político más abrasivo y antagónico? ¿Cómo podría ser eso?

Durante los últimos años, cada vez que los principales medios de comunicación alemanes hablaban de los políticos en las redes sociales, solían referirse a la AfD y a su éxito desbocado en TikTok e Instagram. Hace seis meses, si se miraba una lista de los diez políticos de Alemania con más seguidores en TikTok, probablemente siete de cada diez habrían sido figuras de extrema derecha. Pero en los últimos meses, algo ha cambiado claramente: no sé a quiénes despidieron o contrataron en su departamento de redes sociales, pero la campaña en línea del partido se ha vuelto mucho más agresiva e irreverente.

Dicho esto, creo que debemos tener mucho cuidado con las narrativas que se centran demasiado en las redes sociales. Las redes sociales son especialmente útiles para llegar a los jóvenes y seguirán siendo una importante herramienta de divulgación, pero llevamos veinte años con las redes sociales y durante veinte años los periodistas burgueses nos han estado diciendo que las redes sociales están transformando la política. También tenemos veinte años de pruebas que demuestran que las redes sociales por sí solas no bastan para transformar la sociedad.

De cara al futuro, la experiencia de hacer campaña puerta a puerta y realizar encuestas en los barrios para identificar qué preocupa a la base del partido —y luego responder a esas preocupaciones— será mucho más importante que cualquier estrategia de TikTok. Ese tipo de enfoque es lo que podría dar a Die Linke un futuro real. En mi artículo de The Jacobin de hace un par de semanas, escribí sobre cómo Die Linke tuvo un muy buen desempeño en las elecciones de finales de la década de 2000 y principios de la de 2010 porque fue capaz de subirse a la ola de frustración social con la austeridad y las guerras de Irak y Afganistán. En aquel momento, no había ningún competidor de extrema derecha, por lo que Die Linke era realmente el único partido de protesta, que atraía votos tanto de los medios clásicos de izquierda como de un voto de protesta difuso. Es posible que muchos de esos votantes tuvieran algunas opiniones de derechas, pero aun así estaban de acuerdo con Die Linke lo suficiente como para apoyarlos. Esto le dio al partido una presencia parlamentaria que no guardaba relación real con su fuerza organizativa real o su arraigo en las comunidades, particularmente en sus territorios tradicionales en el este.

En 2010, por ejemplo, la mayoría de los miembros de Die Linke ya eran jubilados, y el partido se enfrentaba a lo que en ese momento se denominaba su «problema biológico»: estaba literalmente desapareciendo en muchos de los lugares donde había sido más fuerte durante las dos décadas anteriores. Durante los siguientes diez años, la política parlamentaria dominó el partido. Todavía había vida partidaria fuera del parlamento, y se hicieron esfuerzos para implementar una estrategia más de organización comunitaria, pero en general, los ritmos y rutinas de la vida parlamentaria dictaban cómo el partido hacía política.

De cara al futuro, será vital que el partido y el grupo parlamentario trabajen como uno solo. Eso significa imponer disciplina dentro del grupo parlamentario y subordinar a los parlamentarios a la dirección del partido. Imponer algún tipo de disciplina en el grupo parlamentario sería un paso importante para recalibrar el enfoque político del partido, de modo que persiga una estrategia global que integre el trabajo parlamentario con la organización en el lugar de trabajo y en las calles.

En los últimos meses se han sentado algunas bases importantes para este tipo de orientación, pero no hay consenso dentro del partido. Todavía hay diferentes alas, algunas deseosas de trabajar con los Verdes y los socialdemócratas en cuanto surja la oportunidad, mientras que otras están comprometidas con una línea más opositora. La pregunta clave es si un enfoque de construcción de bases puede convertirse en el dominante. Si es así, hay mucho espacio para que crezca una formación política socialista en Alemania. Hay millones de personas que luchan por pagar el alquiler, que luchan por llegar a fin de mes y que, en este momento, a menudo solo ven la AfD como alternativa. Relacionarse con esas personas e incorporarlas a un proyecto político socialista será crucial.

Esto es especialmente cierto dadas las turbulencias económicas que se avecinan. Ya sea por la crisis de la industria automovilística o por una posible guerra comercial con Estados Unidos, la economía alemana ya está en recesión desde hace dos años. Es probable que la situación empeore antes de mejorar. El futuro de la política alemana e incluso europea dependerá de si Die Linke puede ofrecer una respuesta progresista a estos problemas, en lugar de permitir que las fuerzas reaccionarias, racistas y xenófobas marquen la agenda.

¿Cómo podría ser esa iniciativa de presentar una respuesta progresista en lugar de reaccionaria? El panorama político, como hemos estado discutiendo, se ha desplazado hacia la derecha, donde la retórica racista y antimigrante es ahora el nuevo sentido común, no solo difundida por la AfD, sino también adoptada por los demócratas cristianos y los socialdemócratas, que casi con seguridad formarán un gobierno de coalición. ¿Cuál debería ser la postura de Die Linke al respecto?

La Alianza Sahra Wagenknecht, que usted describió anteriormente como una escisión de Die Linke, fue un intento de atraer a los desilusionados votantes de la clase trabajadora alemana «nativa» que se estaban desplazando hacia la derecha al combinar posiciones económicas de izquierdas con posturas conservadoras en cuestiones sociales y culturales. Pero el BSW no logró superar el umbral del 5 % para entrar en el parlamento, y la mayoría de las lecturas de este resultado concluyen que obtuvieron malos resultados, lo que desacredita este tipo de estrategia nacionalista-populista. Así que me interesa saber, por un lado, cómo debería orientarse Die Linke hacia este giro a la derecha en el panorama político y, por otro, si hay alguna lección que aprender del intento de BSW de flanquear a la derecha adoptando algunos de sus temas de conversación.

Es importante señalar el fracaso del BSW en alcanzar el 5 por ciento, pero obtuvieron el 4,97 por ciento, por lo que se quedaron a una fracción de la meta. No descartaría por completo al partido. Dicho esto, está claro que su intento de recuperar votantes de la extrema derecha moviéndose hacia la derecha en materia de migración no funcionó realmente. Le quitaron unos 60 000 votos a la AfD, lo que apenas supone una mella.

Su bajo rendimiento tuvo más que ver con el hecho de que se unieron a dos gobiernos regionales el otoño pasado tras su buen desempeño en las elecciones estatales. Para los votantes que buscaban un partido de protesta, BSW rápidamente comenzó a parecer como una fuerza más del establishment. Otro factor importante fue que la guerra en Ucrania simplemente no fue un tema dominante en el debate electoral en los meses previos a la votación. Justo ayer, vimos una disputa pública entre Zelensky y Trump, seguida esta mañana por políticos europeos que decían que, independientemente de lo que haga Estados Unidos, Europa seguirá enviando armas a Ucrania. Si algo así hubiera ocurrido dos o tres semanas antes de las elecciones, BSW podría haber obtenido un 6 o 7 por ciento, porque destacan, junto con AfD y, en cierta medida, Die Linke, como uno de los pocos partidos que se oponen clara y enérgicamente a los envíos de armas a Ucrania. Una minoría significativa del electorado alemán está de acuerdo con esa posición.

La principal lección que se puede extraer del fracaso de BSW no tiene por qué estar relacionada con la migración. Podemos concluir que su estrategia de moverse hacia la derecha en materia de migración no funcionó, pero su decisión de unirse a los gobiernos tan rápidamente fue mucho más perjudicial. Die Linke debería evitar cometer ese error. Solo porque tenga un resultado electoral sólido no significa que tenga el peso social o la base organizada para llevar a cabo un programa de reforma agresivo. Si se une a una coalición demasiado pronto, los partidos más grandes lo superarán en maniobras y terminará decepcionando a una parte importante de su base.

En cuanto a la cuestión más amplia de cómo abordar la migración y el racismo, creo que la izquierda alemana cometió un error en la década de 2010 al adoptar acríticamente la perspectiva de las ONG de izquierda liberal. Durante un tiempo, Die Linke casi pareció celebrar la migración como algo intrínsecamente positivo. Ese mensaje no necesariamente resuena en las personas que están preocupadas por si tendrán suficiente dinero a fin de mes, si podrán pagar el alquiler o si tendrán trabajo si la industria automotriz colapsa, ya sea que tengan antecedentes migratorios o no. Estas son personas con preocupaciones cotidianas y un mensaje liberal y multicultural que simplemente dice: «La migración es genial, abran las fronteras», no les habla. Puede resonar en una parte de la sociedad y en una parte del electorado de Die Linke, pero también divide la base potencial del partido.

En lugar de hacer hincapié en cuestiones divisivas como la migración, la izquierda debería centrarse en cuestiones que unan: vivienda, salarios, inversión en infraestructuras. Todas estas son áreas en las que se puede construir una coalición que incluya a personas que, de otro modo, podrían estar en el campo de la derecha en ciertas cuestiones sociales. Eso no significa hacer concesiones a la derecha en materia de migración, sino ser conscientes de cómo se habla de ello. Nuestra respuesta debe enmarcarse tanto en términos de clase como de derechos humanos. Los cientos de miles de personas que se han trasladado a Alemania en los últimos diez años y se han integrado en el mercado laboral y la sociedad son colegas, vecinos y compañeros de clase. No permitiremos que sean deportados.

Debemos construir una narrativa que incluya a todas estas personas sin centrarnos en ellas de una manera que haga de la migración en sí misma el tema central. La migración no es ni buena ni mala por naturaleza. Simplemente es. Tampoco debemos ignorar el hecho de que la migración tiene efectos negativos en los países que abandonan los migrantes. Ya sea en el sudeste de Europa o en el África subsahariana, cualquier región que experimente una emigración a gran escala, especialmente de personas jóvenes, educadas y en edad de trabajar, sufre graves consecuencias. La izquierda debería tener una visión equilibrada de la migración, reconociendo que todo el mundo debería tener derecho a vivir y trabajar donde quiera, al tiempo que integra esa posición en un discurso más amplio centrado en la justicia económica y la solidaridad de clase, en lugar de en la política cultural o de identidad.

A medida que Die Linke entra en este período político tenso e incierto, al menos a corto plazo, ¿cómo podría afrontar los retos que se avecinan? Usted ha señalado la inminente, quizás ya en curso, turbulencia resultante del estancamiento de la economía alemana. Pero más allá de eso, Alemania se enfrenta a todo tipo de cuestiones geopolíticas y de seguridad, entre las que destaca la agresiva postura de política exterior de Trump, que está alienando a Europa y avivando cierto sentimiento antiamericano, junto con el creciente deseo de las élites europeas de distanciarse de Estados Unidos. También está la cuestión de Ucrania, la cuestión de Israel-Palestina. Alemania está entrando en un contexto económico y geopolítico muy complejo. ¿Qué podríamos ver a corto y medio plazo? ¿Qué podemos esperar de un gobierno de Merz y cómo podría ser el terreno?

Los cambios políticos ya están empezando. He mencionado antes el freno de la deuda. En este momento, no diría que hay consenso, pero sí hay acuerdo, incluso en los círculos centristas, ya sea en los medios de comunicación, la política o entre los principales economistas neoliberales, de que el freno a la deuda se ha convertido en un verdadero impedimento estructural para sacar a Alemania de la recesión. Gran parte de la clase política reconoce ampliamente que Alemania necesita eliminar o, al menos, reformar el freno a la deuda, tal vez aprobando algún tipo de exención temporal.

Como se trata de una cuestión constitucional, se necesitaría una mayoría de dos tercios en el Parlamento. En teoría, podría hacerse con los votos de la AfD, pero como nadie quiere que se le vea colaborando con la extrema derecha, necesitan los votos de Die Linke. Friedrich Merz, sin embargo, va a intentar vincular la votación sobre el freno a la deuda a una votación a favor de otra ampliación masiva del gasto en defensa.

Friedrich Merz creó hechos sobre el terreno el otro día al llegar a un acuerdo con el SPD para eximir el gasto militar del freno de la deuda, lo que le permite gastar cientos de miles de millones en armamento sin iniciar una pelea. Sin embargo, sigue habiendo una presión generalizada sobre Die Linke para que «modernice» sus posiciones «dogmáticas» contra la guerra y acepte un aumento masivo del gasto en armamento, sobre todo por parte de la propia derecha del partido.

Obviamente, Rusia inició la guerra en Ucrania, eso es innegable. Pero si la izquierda se une al resto de los partidos mayoritarios para aumentar el gasto en defensa y aumentar las tensiones con Rusia, especialmente en un momento en que la alianza transatlántica se enfrenta a graves tensiones internas, no veo ninguna razón por la que nuestra base de votantes se moleste en volver a votar por nosotros dentro de cuatro años. En cuestiones clave que afectan al futuro de Europa, nos volveríamos indistinguibles de los Verdes.

Ese será el primer gran desafío de Die Linke: no convertirse en lo que son los Verdes. Sin duda, hay diferentes puntos de vista dentro del partido sobre esto, en particular sobre cómo votar sobre las armas para Ucrania, que sigue siendo un tema divisivo tanto entre el electorado de Die Linke como entre parte de los miembros. Si nos vemos arrastrados a algún tipo de gran coalición, aunque solo sea para reformar el freno a la deuda —quizá para financiar nuevos puentes o renovar escuelas, que obviamente son importantes— y romper con nuestros principios antimilitaristas, creo que el partido volverá a perder relevancia electoral rápidamente.

Cierto. Y en cuanto a la cuestión de Israel en el panorama político alemán, existe una especie de prohibición informal de criticar a Israel. La mayoría de los partidos políticos en Alemania, aunque no ofrecen necesariamente un apoyo incondicional, tienden a evitar ser demasiado duros: son sionistas por defecto. Quizás la única crítica abierta ha venido de la Alianza Sahra Wagenknecht. Me pregunto, a medida que Trump plantea la idea del reasentamiento masivo y la limpieza étnica en Gaza, y el consenso en Israel para el desplazamiento y la limpieza étnica en Gaza y Cisjordania se intensifica, ¿podría eso conducir a cambios en la posición de Alemania? ¿O el apoyo alemán al Estado de Israel es bastante férreo?

En la mayor parte de la clase política, ese apoyo es férreo. Por supuesto, hay razones históricas para ello: Alemania es responsable del asesinato industrializado de seis millones de judíos. Pero más allá de eso, también hay consideraciones de política exterior. Alemania tiene intereses estratégicos en la región de la misma manera que Estados Unidos.

Lo que será interesante observar es cómo se desarrolla esto dentro de Die Linke. El partido tomó la decisión estratégica de permanecer bastante callado sobre lo que está sucediendo en Gaza para evitar controversias antes de las elecciones. Estratégicamente, puede haber sido la elección correcta, pero moralmente, creo que es extremadamente problemática. Los representantes del partido tienden a señalar que, sobre el papel, Die Linke tiene una posición bastante fuerte. Se opone a la venta de armas a Israel y apoya el reconocimiento del Estado de Palestina. Pero en la práctica, sus líderes parlamentarios no han hecho ningún intento de presentar mociones sobre estos temas.

Esto se debe en gran medida a que, en el antiguo grupo parlamentario, había unos cinco diputados que, francamente, tenían posiciones sobre Israel que los situarían firmemente en el centro derecha en cualquier otro país. La mayoría de esos diputados ya se han jubilado. Por lo tanto, es posible que Die Linke se haga oír más sobre Gaza, especialmente si la limpieza étnica masiva en la Franja de Gaza se intensifica aún más o si el alcance total de las acciones de Israel se convierte en una parte más prominente del discurso público en Alemania. Existe un gran temor dentro del partido de que hablar de temas como Gaza y Ucrania dividirá al electorado y hará más difícil permanecer en el parlamento. Eso podría ser cierto para Ucrania, que es quizás un tema más complicado, pero no creo que se aplique a Gaza. Si se miran las encuestas de opinión, la mayoría de los ciudadanos alemanes se oponen a la conducta de Israel en Gaza y al envío de armas a Israel. Sin embargo, ningún partido en el parlamento, aparte del BSW, critica abiertamente a Israel o pide el fin de los envíos de armas.

Francamente, creo que Die Linke cometió un error al no hacer campaña sobre este tema, al menos hasta cierto punto, porque era una oportunidad para destacar como una voz de claridad moral en un establishment político alemán que se ha hecho abiertamente cómplice de lo que ha sido el genocidio más televisado de la historia de la humanidad. Hace apenas unas semanas, Olaf Scholz negó rotundamente que se estuviera produciendo un genocidio en Gaza y se negó incluso a considerar la cuestión, calificándola de premisa obviamente falsa. Todo el establishment político alemán tiene las manos manchadas de sangre. Algo así como un tercio de las armas utilizadas por las FDI proceden de Alemania. Al permanecer en silencio, o al menos muy callado, sobre este tema, creo que Die Linke cometió un error estratégico. Espero que lo corrijan en los próximos meses, porque la situación en Gaza no va a mejorar.

Como pregunta final, hemos hablado mucho sobre el camino de la izquierda hacia la reconstrucción, pero tengo curiosidad por su pronóstico sobre la trayectoria de la AfD. Están experimentando un aumento, ganando terreno y parecen estar en ascenso. Muchos imaginan un mundo en el que se conviertan en una fuerza dominante en un futuro próximo. Pero, ¿qué tan cerca estamos realmente de un escenario en el que se conviertan en una fuerza gobernante en Alemania? Por un lado, como usted ha descrito, han perfeccionado una estrategia retórica increíblemente eficaz que los posiciona como una fuerza opositora y antisistema. Por otro lado, su programa económico es bastante vago y tiene muchos rasgos de la ortodoxia neoliberal. ¿Podrían estas contradicciones empezar a manifestarse en un futuro próximo, o cree que están realmente en camino hacia el poder, posiblemente para 2029 o incluso antes?

Creo que es solo cuestión de tiempo que la AfD se una a un gobierno. Probablemente empezará a nivel estatal. En los estados del este, cuando un partido gana más de un tercio de los votos, como ocurrió en Sajonia, donde obtuvieron casi el 40 por ciento el domingo, no se les puede mantener fuera del gobierno para siempre. Por muy repugnante que pueda resultar un partido, si tanta gente vota por él, resulta muy difícil justificar su exclusión indefinida.

En algún momento de los próximos años, es probable que veamos gobiernos estatales liderados por la AfD o al menos tolerados por ella, tal vez con los demócratas cristianos aún en el poder pero cada vez más dependientes del apoyo de la AfD. Tenemos un par de años para respirar, ya que acabamos de celebrar elecciones en la mayor parte de Alemania Oriental, pero tarde o temprano, esto sucederá. Es más difícil decir si veremos un gobierno federal liderado por la AfD en 2029, probablemente no. Pero si miramos a la mayoría de nuestros vecinos europeos, parece que es solo cuestión de tiempo que la AfD entre en el gobierno de alguna forma.

La pregunta clave es qué pasará cuando lo hagan. ¿Su incorporación al gobierno los desmitificará y los revelará como lo que realmente son, es decir, neoliberales duros? Podemos tomar como ejemplo a Trump en Estados Unidos. Su asalto a las instituciones estadounidenses está perjudicando mucho a sus propios partidarios. La pregunta es si eso se traduce en una disminución del apoyo y la popularidad. Soy un poco más agnóstico en eso porque, si miramos a figuras como Giorgia Meloni en Italia, parece que mucha gente está dispuesta a votar en contra de sus propios intereses materiales por el sentimiento antimigratorio y antiextranjero. Para un cierto segmento del electorado, ver imágenes de migrantes siendo deportados es más satisfactorio que asegurar salarios más altos o un estado de bienestar más fuerte.

Al menos parte de la base de AfD está comprometida ideológicamente. No son necesariamente fascistas empedernidos, ni tienen ideas políticas particularmente fuertes o bien definidas, pero están emocionalmente involucrados en el proyecto del partido de una manera que no es puramente racional o basada en intereses materiales. Esto hace que sea difícil predecir si un giro hacia el neoliberalismo económico realmente perjudicaría su apoyo.

Será interesante ver qué sucede con la base de Trump en los próximos meses. El AfD no participaría en el mismo espectáculo que Trump, pero si implementaran su programa económico, sería aún más perjudicial que lo que los demócratas cristianos están planeando para los próximos años. Eso al menos podría crear una oportunidad para la fragmentación de su base. La verdadera pregunta, sin embargo, es si una fuerza de izquierda estará posicionada para aprovechar ese momento, si puede llegar a esos votantes y ofrecer una explicación alternativa de la crisis, así como un camino convincente hacia adelante.

En este momento, la izquierda está todavía muy lejos de estar en esa posición. Conseguir el 8 por ciento en unas elecciones y reclutar 50 000 miembros, la mayoría de ellos en los últimos meses, es una base sólida, pero Die Linke necesita compensar diez años perdidos en solo cuatro. Esa sería una tarea difícil incluso para los líderes y organizadores políticos más talentosos.

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Inclinación a la derecha

Loren Balhorn 7 de marzo de 2025

Con un par de semanas de perspectiva, la mayor sorpresa en las elecciones federales alemanas fue que a la corriente política dominante le fue tan bien como le fue. Es cierto que los partidos tradicionales de centro-derecha e izquierda obtuvieron resultados históricamente bajos, con los socialdemócratas (SPD) arañando un 16,4 %, su resultado más bajo desde 1887, y sus homólogos demócratas cristianos (CDU) un 28,5 %, no tan malo como la última vez, pero aún así su segundo peor resultado de la historia. Sin embargo, dada la magnitud de la crisis económica y el malestar social y político del país, con Alemania sumida ahora en su tercer año consecutivo de recesión y con los expertos estimando que necesita entre 500 000 millones de euros y un billón de euros en inversiones públicas atrasadas, estos pilares de la Ordnung de la posguerra obtuvieron unos resultados extraordinarios. En comparación con el 1,75 % de los socialistas y el 4,78 % de los republicanos en las últimas elecciones presidenciales francesas, se podría decir incluso que lo hicieron de maravilla.

Sin embargo, aunque el centro ha logrado mantenerse, cada vez se inclina más hacia la derecha. La CDU, que sigue siendo el partido más fuerte en el parlamento y que está dispuesta a gobernar el país en otra gran coalición cada vez más precaria con el SPD, ya había dado un giro reaccionario desde que sustituyó a Angela Merkel, la encarnación de la moderación alemana, por su rival en el partido, el conservador de mano dura Friedrich Merz, en 2022. A primera vista, los mediocres resultados electorales de la CDU podrían interpretarse como un rechazo popular a esta deriva política, pero si se los compara con el 20,8 % obtenido por la Alternativa para Alemania (AfD), se obtiene una imagen más inquietante. Más de la mitad de los votantes emitieron su voto por uno de los dos matices del neoliberalismo que incita al racismo, y ambos prometen que la solución a los problemas del país no es aumentar la inversión pública, reducir los alquileres o aumentar los salarios, sino una combinación de ajuste fiscal de la era de la crisis del euro y un aumento de la xenofobia sancionada por el Estado. Sean cuales sean los contornos precisos del próximo gobierno federal, la dirección del viaje está clara. Aunque el AfD permanece fuera de los pasillos del poder por ahora, su auge le da a Merz una excelente palanca para ejercer presión sobre su socio menor de coalición sin rumbo. Además, ya ha violado el histórico cortafuegos en torno a la extrema derecha al utilizar el respaldo parlamentario del AfD para aprobar nuevas restricciones migratorias.

Los resultados de los antiguos partidos gobernantes fueron desiguales: los Verdes se mantuvieron en cifras de dos dígitos a pesar de su reputación de «neoliberales con bicicletas», mientras que sus socios aún más neoliberales, los Demócratas Libres, se enfrentan ahora al olvido político tras ser expulsados del parlamento por segunda vez en doce años. En general, sin embargo, está claro que el proyecto neoliberal progresista de la llamada «coalición semáforo», llamada así por los colores rojo, verde y amarillo de sus partidos constituyentes, ha mordido el polvo. El gobierno saliente representó una continuación de la era Merkel, con un poco de DEI (Democracia Evangélica de Alemania) por si acaso y un giro hacia el militarismo absoluto después del Zeitenwende. El canciller Olaf Scholz, que ha recorrido un largo camino desde los días en que denunciaba a Estados Unidos como el «verdadero enemigo de la paz» mientras compartía escenario con funcionarios de Alemania Oriental, ha llegado a imitar algunos de los gestos característicos de Merkel. La presencia del halcón de la austeridad Christian Lindner como ministro de Finanzas garantizó que la política económica se mantuviera prácticamente sin cambios. Solo la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, de Los Verdes, trató de distanciarse un poco de la administración anterior lanzando su «política exterior feminista», aunque ese feminismo no se aplicó, como se vio después, a las mujeres palestinas, ni a las ucranianas o rusas que buscaban proteger a sus maridos, hermanos e hijos de la matanza en el frente.

Las elecciones anticipadas de Alemania parecen, por tanto, ajustarse a las tendencias de los últimos años. Un establishment liberal sin inspiración fue castigado por los votantes por su incapacidad para hacer frente a la creciente desigualdad económica, en medio de la sensación generalizada de que el país iba en la dirección equivocada. Los pequeños ajustes políticos aquí y allá pueden haber representado, objetivamente, mejoras menores para algunos grupos de población —Scholz aumentó el salario mínimo para complacer a sus partidarios sindicales, por ejemplo—, pero no lograron sumar nada parecido a un programa de cambio convincente que pudiera consolidar una base leal. Al igual que en la dinámica de la reelección de Trump, suficientes votantes optaron por cambiar de bando y pasarse al AfD o al CDU con la esperanza de que, al menos, pudieran agitar un poco las cosas. La falta de ambición e imaginación del SPD puede haber allanado el camino para una variedad potencialmente más peligrosa de capitalismo democrático.

Porque, aunque Alemania aún puede estar a unos pocos ciclos electorales del tipo de panorama político que vemos en países vecinos como Austria, donde el Partido de la Libertad de extrema derecha se convirtió en la fuerza más poderosa el otoño pasado, la noción de que la migración es un juego de suma cero que amenaza el sustento de los ciudadanos autóctonos parece haberse implantado firmemente en la imaginación popular, particularmente entre aquellos que luchan por llegar a fin de mes. Las encuestas a pie de urna muestran que la AfD ocupa el primer lugar tanto entre los trabajadores como entre las personas que describen su situación económica como pobre, de las cuales una pluralidad cita la migración como la razón principal de su voto. Dejando de lado los pequeños avances en los márgenes de la izquierda, grandes segmentos de las clases populares en Alemania, como en el resto de Europa, parecen estar convencidos de que el principal enemigo no está en casa, como dijo una vez un gran revolucionario alemán, sino en el norte de África y Oriente Medio. No será fácil convencerlos de lo contrario.

El nuevo líder de la oposición de Alemania es un espécimen particularmente curioso entre la camarilla europea de partidos de extrema derecha. Fundada en 2013 como una formación «patriótica» opuesta a los rescates alemanes para sus vecinos del sur de Europa, la AfD se ha ido desviando cada vez más hacia una ideología a veces irónica, pero sin embargo firmemente nacionalista, bajo el liderazgo de Alice Weidel, una exbanquera de Goldman Sachs y lesbiana declarada casada con una pareja de ascendencia sudasiática. Programáticamente, el partido defiende el tipo de neoliberalismo rabioso que cabría esperar de una antigua empleada de Goldman, lo que significa que, dejando de lado su retórica a menudo desagradable, puede resultar útil para la clase dominante como herramienta para incapacitar a cualquier oposición más radical, tarde o temprano.

El nuevo canciller Merz, por su parte, hará todo lo posible, sin saberlo, para ayudar al partido a conseguirlo mediante la aplicación de lo que los expertos en política de la CDU llaman una «Agenda 2030», que recuerda a la «Agenda 2010» adoptada por Gerhard Schröder la última vez que la economía alemana se encontraba en una situación desesperada. Entonces, como ahora, la Agenda consiste en gran medida en recortar los impuestos a los ricos, congelar o reducir las prestaciones sociales para los necesitados y ajustar el mercado laboral para maximizar las oportunidades de explotación y búsqueda de beneficios. Sin embargo, mientras que Schröder logró ganarse al menos a algunos de los sindicatos para su agenda, presentándola como una modernización en lugar de una demolición del estado de bienestar de Alemania, en el caso de Merz tiene connotaciones más oscuras.

Merz ha prometido abordar la inmigración ilegal, el «mayor problema» de Alemania, y, mucho más relevante para las finanzas del Estado, aumentar masivamente el gasto en armamento. Una semana después de las elecciones, anunció un pacto con el SPD que le permitiría eximir el gasto militar del llamado «freno de deuda» del país, que limita la deuda federal al 0,35 % del PIB, a cambio de un fondo de infraestructura único por valor de 500 000 millones de euros. Si bien el dinero para nuevos puentes es sin duda bienvenido, nadie sabe hasta dónde puede llegar este frenesí de gasto en defensa, sobre todo ahora que la incómoda conferencia de prensa de Trump con Zelenskyy ha provocado una especie de despertar neobismarckiano en toda la élite europea («¡Ya no conozco partidos, solo europeos!»).

Por lo tanto, Alemania se enfrenta a al menos cuatro años de ofensiva patronal, más crueldad hacia quienes llegan al país en busca de una vida mejor y una militarización vertiginosa que habría sido impensable hace apenas una década. Teniendo en cuenta todo esto, los modestos avances de Die Linke, una formación socialista democrática que hace apenas unos meses se consideraba casi extinta, son un pequeño consuelo. Y, sin embargo, el sorprendente regreso del partido ofrece al menos alguna evidencia de que el descenso a la barbarie puede no ser inevitable. Su 8,7 % superó con creces las expectativas incluso de sus partidarios más optimistas, y aunque la oposición liberal de izquierdas a la política de endurecimiento de la inmigración del país desempeñó un papel nada desdeñable en este impulso, también hay que señalar que el partido llevó a cabo una de las campañas más fuertes de su historia, con un enfoque singular en cuestiones sociales fundamentales como los alquileres y la crisis del coste de la vida, junto con una mejora significativa del juego de campo y la divulgación digital.

Hay que decir que esto no se hizo sin ciertos costes de oportunidad: el genocidio de Gaza siguió brillando por su ausencia en los mensajes de Die Linke, a pesar del firme apoyo del gobierno alemán a Israel y de las posiciones formales del partido en sentido contrario. Sin embargo, no hay que permitir que lo perfecto sea enemigo de lo bueno. Por primera vez en al menos una década, Die Linke aumentó, incluso duplicó, su rendimiento entre los trabajadores y los votantes con bajos ingresos. Surgió al primer lugar entre los votantes jóvenes, decenas de miles de los cuales se unieron en las semanas previas y posteriores a las elecciones, lo que llevó a su membresía a superar la marca de 100 000 por primera vez desde la década de 1990. Esta base abrumadoramente joven, educada y urbana podría no representar a la clase trabajadora de Alemania en ningún sentido significativo, pero le da al partido algo de material fresco con el que trabajar.

Sus antiguos camaradas de la Alianza epónima de Sahra Wagenknecht, por el contrario, apenas superaron el umbral electoral del 5 % y no estarán representados en el próximo parlamento. Es difícil determinar la razón exacta de este déficit, ya que la firme oposición del partido a los envíos de armas a Ucrania sigue siendo bastante popular entre una minoría significativa de votantes. Sin embargo, parece que a medida que la guerra se fue desvaneciendo de la conciencia pública y la oposición a la migración se convirtió en un consenso entre todos los partidos excepto Die Linke, los principales temas de conversación de Wagenknecht se volvieron cada vez menos convincentes. Su decisión de unirse a dos gobiernos regionales el otoño pasado, menos de un año después de su fundación, parece haber decepcionado a muchos partidarios que esperaban encontrar en Wagenknecht una oposición más resuelta que la ofrecida por Die Linke, cuyas figuras principales a menudo vacilan entre el radicalismo en el escenario nacional y una actitud pragmática, casi conciliadora, a nivel regional. Quizás lo más decepcionante es que la misión declarada del BSW de recuperar un gran número de votantes de la AfD parece haber fracasado, habiendo conseguido solo 60 000.

¿Qué significa todo esto para el estado de la oposición política en la principal potencia europea? En cierto modo, se pueden ver indicios del momento populista de izquierdas que se extendió por todo el continente en la década de 2010, pero que en gran medida pasó de largo por Alemania. Al menos en términos demográficos, la comparación parece acertada: los avances de Die Linke se basan en gran medida en el aumento del apoyo de antiguos votantes de centroizquierda y miembros aspirantes pero frustrados de las clases medias profesionales, cuyos títulos universitarios no les proporcionaron las perspectivas de vida que les prometieron. En términos electorales, este grupo demográfico se superpone a la base tradicional de Die Linke, formada por trabajadores en movilidad descendente y jubilados de Alemania del Este, que, contrariamente a las impresiones iniciales, no se perdió por completo para Wagenknecht. Pero como puede atestiguar cualquiera que haya vivido los años de Corbyn, cientos de miles de estudiantes entusiastas y recién radicalizados no hacen un movimiento obrero rejuvenecido. Habrá que invertir mucho trabajo en reconstruir y reorientar las estructuras del partido hacia una organización a largo plazo si se quiere tener alguna posibilidad de convertirse en un movimiento de masas que ofrezca una alternativa significativa a la marcha en curso hacia la «reemigración» y la guerra eterna con Rusia. Pero como dijo una vez el ministro de Finanzas saliente Lindner a un periodista de televisión durante sus años como empresario adolescente, «los problemas son solo oportunidades espinosas».

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8. Por un nuevo modelo de seguridad

Manu Pineda, el que fue eurodiputado hasta que los de IU hicieron el canelo con Sumar, publica esto en TeleSur. Puede ser de interés, ya que estáis siguiendo la política de IU con respecto al militarismo de nuestro gobierno -del que forman parte, mal que les pese-.
https://www.telesurtv.net/

Occidente en el dilema: la confrontación de dos modelos en el Norte Global

Es urgente que la UE rompa con la espiral de errores que la ha relegado a un papel secundario en la resolución de la guerra de Ucrania. Foto: EFE.

Por: Manu Pineda 7 de marzo de 2025

Desde hace décadas, hemos reclamado que Europa tenga una política exterior autónoma, soberana e independiente que ponga fin a la histórica subordinación a los dictados de Washington. Esta dependencia ha sumido al continente en una posición de vasallaje frente a unos Estados Unidos que han impulsado la mayoría de las guerras desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, hoy se presenta una paradoja inquietante: mientras el presidente estadounidense impulsa, por intereses geoestratégicos no siempre confesables, un proyecto de negociación para poner fin a la guerra en Ucrania, Europa opta por mantener e incluso intensificar el conflicto.

La ambición de Trump y la disyuntiva europea

El neofascista Trump, conocido por sus declaraciones radicales –que incluyen llamar a expulsar a los palestinos de la Franja de Gaza y amenazar a países como China, México, Canadá, Dinamarca, Panamá y la propia Unión Europea– persigue intereses comerciales, financieros y geopolíticos. Su estrategia se orienta, sobre todo, a romper la alianza entre Rusia y China para facilitar un ataque directo al que considera abiertamente su gran enemigo sistémico: China. En este contexto, Trump estuvo a punto de lograr que el presidente ucraniano Zelenski aceptara un alto el fuego acompañado de un acuerdo que otorgaría a Estados Unidos la gestión de gran parte de los recursos naturales ucranianos y la garantía de seguridad en el terreno. Este acuerdo habría supuesto un importante triunfo político para Trump, permitiendo a EE. UU. competir con los avances diplomáticos de China, mientras se apropiaba de recursos naturales ucranianos y se beneficiaba económica y políticamente de la futura reconstrucción de del país, al estilo de lo que ocurrió en Iraq. En ese escenario, Europa quedaría relegada tanto en términos políticos como económicos.

La Cumbre de Londres: Confrontación de modelos

Mientras tanto, con la Cumbre de Londres, a la que asistieron mandatarios de una veintena de países europeos, junto al secretario general de la OTAN, la presidenta de la Comisión Europea y algún mandatario no europeo, como Trudeau, que busca alianzas para protegerse de las agresiones de Trump, se han podido ver con claridad las dos tendencias contrapuestas dentro del capitalismo global. Por un lado, se encuentra la vertiente “nacional capitalista” de Trump; por otro, la apuesta por el neoliberalismo global, defendida por Reino Unido y Francia. Durante la cumbre se acordaron cuatro puntos clave:

  • Mantener el flujo de ayuda militar a Ucrania mientras la guerra continúe, incrementando la presión económica sobre Rusia.

  • Garantizar la soberanía y seguridad de Ucrania como condición indispensable para una paz duradera, con la participación ucraniana en todas las negociaciones.

  • Trabajar para disuadir cualquier futura invasión rusa de Ucrania en caso de un acuerdo de paz.

  • Formar una “coalición de países” para defender a Ucrania y asegurar la paz.

Una lectura atenta de estos puntos revela deficiencias críticas. No se contempla un alto el fuego inmediato, controlado por la ONU, que abarque todas las partes en conflicto, ni se garantiza la seguridad de todos los Estados de la región; se focaliza únicamente en Ucrania. En una zona plagada de conflictos territoriales y soberanías en disputa –herencia directa de la desmembrada Unión Soviética– solo un acuerdo que ofrezca seguridad integral a todos los países involucrados podrá sostenerse a largo plazo.

Además, en lugar de promover una negociación de paz inclusiva enmarcada en organismos internacionales como la OSCE y la ONU, se propone la formación de una confusa “coalición de países” –o incluso de voluntarios– para desplegar tropas y aviones, sin especificar la procedencia o el control de estas fuerzas.

Este escenario impulsa a los sectores más belicistas, como la presidenta Von der Leyen, quien lleva años preparándonos para una guerra abierta contra Rusia. Von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea y antigua ministra de Defensa de Alemania, ha presentado su plan «ReArm Europe», con el que pretende movilizar 800.000 millones de euros para gastos de defensa, cifra superior a la destinada para combatir la pandemia del COVID-19.

Mark Rutte, secretario general de la OTAN –la mayor maquinaria de muerte y destrucción del planeta– ha declarado que los ciudadanos de los Estados miembros deben «aceptar hacer sacrificios», como recortes en pensiones, sanidad y sistemas de seguridad, para incrementar el gasto en Defensa y garantizar la seguridad a largo plazo en Europa.

Mientras tanto, Kaja Kallas, jefa de política exterior de la UE, advierte: «Si juntos no somos capaces de ejercer suficiente presión sobre Moscú, ¿cómo podemos afirmar que podemos derrotar a China?» Sin embargo, ¿cuándo y por qué sería necesario derrotar a China? ¿Por qué, en lugar de enfrentarnos a ella, no comenzar a considerarla un aliado o socio, dada su ejemplar conducta en el respeto a la soberanía de otros pueblos y en el establecimiento de relaciones internacionales basadas en el beneficio mutuo, especialmente considerando que China no está inmersa en conflictos bélicos y busca la cooperación?

La crisis de identidad europea y la cuestión de la defensa

El escenario que emerge en Londres reafirma que los Estados europeos, junto a otros actores de la cumbre, se convierten en un obstáculo para lograr un alto el fuego inmediato que permita negociar una salida justa y estable del conflicto, garantizando la seguridad de toda la región. Asimismo, se insiste en mantener y ampliar un modelo de seguridad militarista basado en la disuasión, lo que conlleva un aumento del gasto militar a costa de recortar inversiones sociales, profundizando la crisis económica y social en Europa y creando un caldo de cultivo para el avance del fascismo.

Paralelamente, no se contempla la celebración de una Conferencia de Seguridad para toda Europa que fomente un modelo de cooperación integral, ni la recuperación de relaciones constructivas con Rusia. En lugar de ello, se apuesta por intensificar la presión y el saqueo de los fondos rusos depositados en el Banco Británico, una estrategia que, lejos de solucionar el conflicto, perpetúa la confrontación y deja a Europa marginada de un diálogo verdaderamente multilateral.

¿Hacia dónde debe dirigirse Europa?

Ante este panorama, surge la pregunta: ¿de quién se tiene que defender hoy Europa? ¿Es correcto mantener esta espiral destructiva de tensiones con una Rusia que ha existido en su posición histórica, o es hora de establecer un marco de convivencia y entendimiento con nuestros vecinos al este? ¿Seguiremos buscando enemigos y provocando a Rusia y China, o comenzaremos a forjar alianzas basadas en la cooperación y el beneficio mutuo?

La OTAN ya no es percibida como un instrumento útil para garantizar la seguridad ni si quiera por los países más atlantistas. Si Estados Unidos ataca a Canadá o Groenlandia, ¿la OTAN apoyará a estos países o respaldará a EE. UU.? ¿Continuarán los países europeos invirtiendo en una OTAN liderada por unos Estados Unidos en constante conflicto con Europa y Canadá?

Frente a estas cuestiones, Europa debe replantearse su estrategia de defensa: dejar de incrementar el gasto militar que sacrifica servicios públicos esenciales y, en su lugar, mejorar la coordinación de los ejércitos europeos con fines exclusivamente defensivos, y buscar marcos de colaboración con nuestros vecinos de Eurasia, África y América Latina.

Además, es urgente que la UE rompa con la espiral de errores que la ha relegado a un papel secundario en la resolución de la guerra de Ucrania. ¿Continuará profundizando esos errores o se comprometerá de una vez por una solución diplomática que garantice un modelo de seguridad integral para toda la región, incluida la Federación Rusa? Esa es la única manera de prevenir futuros conflictos y garantizar un largo periodo de paz y estabilidad en Europa.

La urgencia de un nuevo modelo de seguridad y cooperación

Europa se encuentra en una encrucijada. Mientras Estados Unidos y sus aliados belicistas –representados por figuras como Trump, Von der Layen, Mark Rutte y Kaja Kallas– impulsan una estrategia que favorece el militarismo y la confrontación, existen propuestas alternativas que reclaman un diálogo global y una política de seguridad integral. La visión emergente, defendida desde China y Brasil, aboga por un alto el fuego, una conferencia internacional de paz y una cooperación multilateral que involucre a todos los actores relevantes, garantizando la seguridad y la estabilidad regional.

La única respuesta posible ante la amenaza imperialista de un orden unipolar es la unidad y la acción coordinada. Europa debe abandonar la dependencia de Washington y asumir su autonomía en materia de política exterior y de defensa. Es imperativo organizar una Conferencia Internacional por la Paz y una Contra Cumbre en La Haya que articulen un horizonte alternativo basado en la solidaridad, la justicia y el respeto a la vida, con el objetivo de transformar la agresión en paz y construir un futuro en el que la soberanía y los derechos de los pueblos sean inviolables.

¡El futuro de la paz y la seguridad global depende de la capacidad de Europa para redefinir su papel en el escenario internacional y buscar la cooperación, en lugar de la confrontación!

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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