Miscelánea 9/XI/2023

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1.Enredos de familia en Myanmar.
2. Participación popular en el Programa del PCUS de 1961.
3. Difíciles equilibrios.
4. Riesgos energéticos para Europa.
5. El papel de los EEUU en Gaza.
6. La guerra en Palestina vista desde el Líbano.
7. A los niños de Gaza,
8. Una charla entre dos newgreendealistas.
9. La situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina, 8 de noviembre (con una intercambio entre José Luis Martín Ramos, Carlos Valmaseda, Antonio Navas y Miguel Candel).

1. Enredos de familia en Myanmar

Alucino mucho con los hilos sobre Myanmar de una chica china que se presenta como «People’s Armed Police Propaganda Bureau» y que dice que está «en Twitter para mejorar el inglés y la propaganda». Lo de este país parece una situación supercompleja con multitud de grupos, guerrillas, etnias, etc. En su último hilo hablaba, como veremos, de una de estas guerrillas, ¡más «pensamiento Xi Jinping» que maoísta, por lo que parece! Pero os paso este otro inicial para que os hagáis una idea del cacao que hay por ahí montado ¡Y solo en una zona minúscula del país!:

https://twitter.com/zhao_

La guerra en Myanmar ha llegado a las fronteras de China
Se trata de una situación muy complicada, en la que intervienen múltiples bandos con relaciones entrelazadas.
Entonces, ¿quién lucha contra quién, qué bando apoya China?
Es la versión china del cártel de la droga al sur de la frontera [vídeo]
1/

Este conflicto se libra principalmente en la región de Kokang (verde), en la frontera entre China y Myanmar.
En este conflicto hay 3 bandos:
Ejército de la Alianza Nacional Democrática de Myanmar (MNDAA)
CONTRA
Ejército de Myanmar (Tatmadaw)
Aliados con
Fuerzas locales de Kokang

Tanto el MNDAA como las Fuerzas Kokang son de etnia china Han.
El MNDAA se escindió de las Fuerzas Comunistas de Myanmar en 1989, fundadas por Peng Jiasheng (foto de abajo).
En 2009, el MNDAA gobierna Laukkaing, la capital de Kokang.
Un grupo disidente traicionó a Peng y al MNDAA cuando el Tatmadaw atacó Laukkaing.

Este grupo disidente colaboró con el Tatmadaw para expulsar al MNDAA de la ciudad de Laukkaing.
Más tarde formaron 3 ramas de las Fuerzas Locales de Kokang, controladas por 3 familias.
La primera y más poderosa es la Milicia Kokang, controlada por el clan Bai.

Dirigida por Bai Suocheng

La 2ª rama es el Batallón de Policía de Kokang.
Controlado por el clan Ming.
Ming Guoan (izquierda) estaba al mando, pero recientemente sufrió una grave lesión mientras montaba a caballo por las calles de Laukkaing.
Así que su hermano menor Ming Guangcai (derecha) asumió el mando.

La 3ª rama es el Batallón de la Guardia Fronteriza, supervisado por el clan Wei.
Wei San es el jefe del Comité de Inspección Fronteriza que controla el Batallón de la Guardia Fronteriza.

Otras familias tienen intereses en diferentes industrias, desde la minería al juego, pasando por la prostitución o la teleestafa.
A estos 3 clanes que empuñan las armas, los llamaré Milicia Kokang para simplificar.

(Milicia Kokang a la izquierda, Batallón de Policía Kokang arriba a la derecha, Batallón de Guardia Fronteriza abajo a la derecha) [Fotos que no incluyo]

El norte de Myanmar es mucho más grande que Kokang.
Kokang es sólo la periferia septentrional del Estado Autónomo de Shan, más grande, que contiene otro Estado autónomo llamado Estado Wa (rojo).
Todos ellos están implicados en el tráfico de drogas (ahora menos) y la telecriminalidad (hasta hace muy poco).

El Estado Wa es otra facción interesante, toda su estructura de gobierno fue copiada de China.
El partido dirige el Estado y el ejército.
Incluso el edificio de su congreso se inspiró en el de Pekín

El Estado de Wa está dirigido por Bao Youxiang, antiguo contrabandista de drogas.
El Estado de Wa es el mejor administrado, el que tiene más poder financiero, y también coopera estrechamente con China para resolver más o menos la epidemia de drogas en la frontera.
El Estado Wa es oficialmente neutral en este conflicto

El MNDAA, la milicia Kokang, el Estado Wa, todos se disputan el favor de China.
El ejército de Myanmar, el Tatmadaw, que mantiene un alto el fuego con el Estado Wa y está aliado con las milicias Kokang, también necesita a China.

La postura oficial de China es evitar el conflicto y negociar una estructura de reparto del poder.
El MNDAA, la Milicia Kokang y el Estado Wa son todos de etnia china Han, no podemos traicionar a ningún bando.
El Estado Wa es el hijo mayor bonachón.
Kokang es el hijo que se junta con la gente equivocada.

Y el MNDAA es el hijo rebelde con sentido de la rectitud.

Tras la muerte de Peng Jiasheng, el mando del MNDAA pasó a su hijo, Peng Deren.

El MNDAA sigue la estructura partidista y militar de China.
Aunque ya no son comunistas, siguen teniendo muchas iconografías de China.
Antes de 2009, el clan Peng luchó duramente contra las drogas ilícitas en el norte de Myanmar.
Ganándose los elogios de los ciudadanos chinos de la frontera

En la ofensiva de 2023, también incluyeron la erradicación de la teleestafa desde Kokang entre sus objetivos.
Junto con expulsar al Tatmadaw y recuperar el control de Kokang.
El anuncio de erradicar el telescamming fue un golpe propagandístico para ellos.

[Vídeo]

Los internautas chinos les aclamaron, algunos incluso organizaron donaciones.
Esto se debe a que la industria de la teleestafa estaba a la altura del cártel mexicano en cuanto a brutalidad.
Atraían a gente de China continental y Taiwán con promesas de salarios muy altos.
Después de que llegan se les obliga a recibir formación sobre cómo estafar a la gente por Internet y por teléfono.
Si no eres muy bueno o no cumples, te torturan o algo peor.

Después, si no sirves para nada, te venderán en las minas locales y, una vez agotado, te extraerán los órganos y los venderán en el mercado negro.
Esto puede existir en el norte de Myanmar debido a su anarquía.
En estas circunstancias comenzó la ofensiva de 2023.

El MNDAA cuenta con 4 brigadas de tropas, todas ellas asentadas en las profundas montañas boscosas del norte de Myanmar,

El 28 de octubre, la Brigada 211 del MNDAA tomó el control de Chinshwehaw, un puerto terrestre con China.

En el momento en que escribo este hilo, la batalla continúa en Kuktai y Hsenwi, en el oeste, y en Monekoe, en el norte.
La estrategia del MNDAA consiste en cortar las rutas de refuerzo del Tatmadaw y enfrentarse a las milicias kokang por separado.
El objetivo es la ciudad de Laukkaing (círculo verde)

La Brigada 21 ya ha tomado hoy Mang Dong Ba.
Está a sólo 7 km de la ciudad de Laukkaing.

Pero lo que les espera en Laukkaing será una dura batalla.
Este es el cuartel general de una especie de señor de la guerra, llamado Liu Abao (todas las grandes empresas tienen su propio ejército privado).
Ha sido señalado por la declaración del MNDAA debido a rencores pasados.
Liu fortificó su edificio en consecuencia

A medida que las brigadas del MNDAA avanzaban hacia sus objetivos, se tomaron numerosos puestos avanzados del Tatmadaw y armas para reforzar su potencia de fuego.

Hay muchas imágenes gráficas de miembros de milicias Kokang y brigadas de policía muertos, que no mostraré.
Los blindados del Tatmadaw han sido destruidos, el MNDAA también ha aprendido de las guerras recientes a utilizar drones comerciales para lanzar rondas de mortero.

Pero los números no están del lado del MNDAA.
Son 17.000 Tatmadaw + 6.000 milicianos Kokang…
contra
7000 MNDAA.
¿Cómo terminará esto? Quien sabe.
Pero las autoridades de Kokang están entregando más de 2000 telescammers al bando chino mientras el MNDAA avanza.

Y como complemento, os paso este otro hilo sobre las guerrillas xiistas.

https://twitter.com/zhao_

La guerra civil de Myanmar
Has oído hablar de los rebeldes maoístas, ¿qué hay de los rebeldes xiistas (Xi Jinping)?
En 2013 el MNDAA creó el Partido Nacional de la Verdad y la Justicia de Myanmar(MNTJP), formalizando su base ideológica
Las mujeres soldado del MNDAA una muestra de su Igualitarismo [vídeo con un grupo de mujeres soldado]
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Aunque no es estrictamente comunista, el MNDAA, desde la creación del MNTJP, ha formalizado muchos de sus fundamentos teóricos.
Es una mezcla de socialismo e identidad nacional kokang, con mucha influencia del pensamiento de Xi Jinping.

El libro de Xi Jinping El gobierno de China está siempre presente Comandante del MNDAA visto leyendo el libro: Xi Jinping: Ingenio y visión, citas y comentarios seleccionados
La cubierta roja es la edición militar/reformas militares.
Es seguro decir que tenemos nuestro primer grupo rebelde xiista

2. Participación popular en el Programa del PCUS de 1961.

A pesar de que el chico aparezca en la foto del artículo con un gorro de Papa Noel, me ha parecido interesante esta entrevista en LeftEast sobre un proceso que se dio en la Unión Soviética de principios de los 60: la redacción del proyecto de Programa del PCUS, en la que participaron multitud de personas y permite hacerse una idea de sus ideas políticas y sus expectativas. https://lefteast.org/was-the-

¿Fue socialista la URSS?: entrevista con Alexander Nogovishchev
Por Alexander Nogovishchev 8 de noviembre de 2023
Nota de LeftEast: Recientemente, nos topamos con la impresionante tesis de maestría de Alexander Nogovishchev titulada «La comunicación política en la URSS a principios de la década de 1960: Discutiendo el programa del PCUS», que propone examinar la Unión Soviética de ese período (y como un todo, en realidad) como un proyecto socialista y tomar en serio su marxismo. En el proceso, utilizando material histórico canónico, llega a conclusiones muy novedosas de gran importancia para cualquier izquierdista que busque dar sentido a la experiencia soviética. Hemos decidido entrevistar al autor.
Háblenos un poco del Programa: su origen, contenido y consecuencias.
La historia de la redacción del proyecto de Programa del PCUS en 1961 es de más de cuarenta años. Durante la época de Stalin, hubo numerosas iniciativas para redactar dicho programa, pero ninguna de ellas llegó a buen puerto. El sistema funcionó con éxito sin el Programa, ya que todas las decisiones estratégicas se formalizaban mediante resoluciones del partido en los congresos.
Después de la guerra, el partido retomó la idea, cuando se hizo necesario por primera vez redefinir el desarrollo del Estado. Así aparecieron los borradores del proyecto de Programa del Partido Comunista de Toda la Unión de Bolcheviques (b) de 1947. Contenían muchas innovaciones del supuesto período de «deshielo»: la «abolición» de la dictadura del proletariado, la coexistencia pacífica con los países capitalistas, la construcción del comunismo en pocas décadas, y otras.
De 1958 a 1961, la preparación del Programa comenzó en serio. Esto se debió a que Jruschov y su equipo buscaban innovaciones conceptuales que les distinguieran del estalinismo, no sólo por razones retóricas, sino también ideológicas, políticas y económicas. En 1959 se proclamó «el periodo de la construcción total del comunismo». En ese momento comenzó a elaborarse un plan de reformas.
Jruschov abordó la preparación del Programa de forma más inclusiva, pero no más democrática. A diferencia de Stalin, no sólo involucró a los trabajadores del partido en la redacción del documento, sino también a funcionarios de la Academia de Ciencias.
El debate sobre el borrador del Programa fue a la vez sin precedentes y ordinario. Lo que lo hizo sin precedentes fue su escala: participaron muchos periódicos y organizaciones públicas, y se pretendía que toda la población soviética participara en el debate. Lo que lo hizo ordinario fue el hecho de que los planteamientos utilizados por los iniciadores de la discusión eran muy típicos del Deshielo.
La lógica represiva del estalinismo empezó a retroceder gradualmente: los disidentes ya no eran entendidos como enemigos directos. En su lugar, se les percibía como «ignorantes». La tarea del aparato del partido ya no era destruir al enemigo, sino educar al alumno. Pero lo que ambas lógicas tenían en común era que eran autoritarias a su manera. Incluso admitiendo debates y sugerencias de los ciudadanos, su papel se reducía a «observaciones útiles». Las que se aceptaban eran puramente técnicas; no había política en ellas. La mayoría de las declaraciones políticas fueron ignoradas, bien por su contenido «no programático», bien redirigidas a los organismos pertinentes, donde se incorporaron a los archivos.
El programa se redactó durante un periodo de extraordinario optimismo: en abril de ese año se lanzó el primer hombre al espacio y las prestaciones sociales empezaron a alcanzar su desarrollo entonces sin precedentes. Esto creó tanto muchas expectativas optimistas entre la población como escepticismo. Tanto el optimismo como el escepticismo recibieron su desarrollo en forma de «programa» político alternativo colectivo a partir de esas propuestas, cartas y objeciones de los ciudadanos que tenemos. Así, los optimistas creían que 20 años era demasiado tiempo y querían acelerar el proceso de desarrollo comunista. Algunos de ellos propusieron la construcción de comunidades piloto y, la transición a una economía sin dinero en efectivo.
Los escépticos creían que el comunismo no se establecería en esos plazos. Algunos propusieron medidas más estables, pero no menos radicales, como la colectivización de las casas de recreo en el campo (dachas), yates, coches y otros objetos y artículos escasos que pudieran utilizarse de forma rotativa.
A pesar del gran número de propuestas alternativas, sus cartas no tuvieron consecuencias políticas, salvo la decepción que supuso en 1980 que el comunismo no llegara. Casi todas las propuestas realizadas sólo se depositaron en los archivos soviéticos y no se tuvieron en cuenta, salvo diversas quejas. Por ejemplo, el gobierno respondió a la indignación por la falta de pensiones para los agricultores colectivos, que se decidió en 1964, aunque no en su totalidad.

En retrospectiva, sin embargo, las propuestas políticas pueden ser significativas para los investigadores del Soviet para demostrar que el camino que llevó al colapso de la URSS tenía alternativas. La evaluación de sus perspectivas es objeto de debate, pero creo que mucho más plausible de lo que se pensaba. Algunos trabajos sobre el tema muestran también que la disidencia política era mucho más compleja que la noción generalmente aceptada de disidencia. En consecuencia, el número de personas implicadas en esta disidencia era mucho mayor de lo que se pensaba.
¿Es justo calificar su obra de estudio del «socialismo con rostro humano» basado en la reacción de la población a uno de sus principales documentos: el Programa del Partido Comunista de la URSS de 1961?
Sí y no. No me gusta el término «socialismo con rostro humano» porque está estrechamente relacionado con una conocida dicotomía de las ideas de izquierdas. Se basa en la idea de que las «viejas ortodoxias» deben inevitablemente evolucionar exclusivamente hacia la desradicalización y la erosión de su contenido comunista. Es decir, se puede ser radical y anticuado o moderno y moderado. En esta lógica, cualquier socialismo es visto como algo automarginante o como algo autoliberalizante.
Mi investigación describe las reacciones políticas de los ciudadanos soviéticos ante la discusión del Programa del Partido del PCUS de 1961. Intento demostrar que entre ellos no sólo hubo declaraciones leales, sino también completamente disidentes, pragmáticas, así como exotópicas (fuera de lugar). Mi estudio se refiere a un grupo de personas distinto de todos estos otros grupos. Este grupo estaba demasiado politizado para ser exotópico, demasiado preocupado no sólo por su propio bien sino por el bien común para ser pragmático, demasiado indeciso para ser leal al régimen y demasiado leal para ser disidente. Este grupo de personas formaba parte del discurso socialista soviético, pero no del mismo modo que los más altos funcionarios soviéticos. Era independiente de las autoridades oficiales, y también de los disidentes. Este grupo representa otra forma de expresión política en la URSS. Pero tradicionalmente no se consideraba en la historiografía como un problema independiente hasta ahora.
El propio discurso de los ciudadanos soviéticos que estoy examinando tenía no sólo similitudes sino también diferencias con el «socialismo con rostro humano». Aunque hay ciertas similitudes programáticas, conceptualmente exigía un salto adelante más que una modernización del estado actual de las cosas. Creo que es más correcto llamarlo un tipo de comunismo que rompe con el contexto familiar de lo soviético. Con esto quiero decir que el statu quo de la URSS debe considerarse el periodo de posguerra, no el de preguerra. En consecuencia, considero que un «rostro humano», o más exactamente, los intentos de encontrarlo son la norma, no su ausencia. No adopto la posición de un Estado obrero deformado ni de ningún otro socialismo supuestamente «estropeado». Por el contrario, creo que la Unión Soviética no avanzaba hacia su degradación, sino hacia su maduración de un modo más democrático, inclusivo y estable, lo que no fue posible durante los años de la revolución o del estalinismo. Aunque este reensamblaje del proyecto socialista acabara finalmente en fracaso, no creo que la URSS no hubiera podido lograrlo en absoluto; ésta es una de las principales conclusiones políticas de mi investigación.
Pero si tomamos el «socialismo con rostro humano» como una iteración democrática del socialismo, entonces, por supuesto que sí, se pueden establecer paralelismos entre mi investigación y lo que el término representa. Pero tiendo a pensar en este término como una etapa del socialismo sin el contexto revolucionario. Al igual que la democracia liberal francesa se estabilizó en la segunda mitad del siglo XIX – principios del XX, el socialismo soviético, en mi opinión, entró en una etapa de estabilización (desgraciadamente, fallida).
Usted escribe que hoy en día apenas se utilizan nuevos materiales para interpretar la Unión Soviética como un proyecto socialista. Cambiar esta tendencia es una de las principales aportaciones metodológicas de su obra. ¿Podría explicar por qué se observa esta tendencia en el contexto político actual?
Con pocas excepciones, la tendencia hacia los estudios localizados es ahora más popular. Cómo vestían los soviéticos, qué tipo de tratamiento médico recibían, cómo recibían información… todas ellas son cuestiones de investigación importantes, aunque mi investigación es bastante diferente.
También entiendo la tendencia a buscar puntos en común entre la URSS y Estados Unidos o los países de Europa Occidental. Esto se debe a que antes, cuando todavía existía la propia Unión Soviética, había mucha investigación comparativa sobre ideología y política.

Soy de izquierdas y me acerqué a la historia como ciencia porque quiero cambiar el mundo. Pero no me satisfacen las respuestas izquierdistas clásicas (y no clásicas). Creo que la experiencia de la URSS, especialmente la experiencia de posguerra, ha sido inmerecidamente desechada de la teoría y la consideración izquierdistas. La izquierda ortodoxa la considera demasiado «revisionista», mientras que la izquierda «progresista» encuentra en ella demasiados aspectos regresivos incompatibles con una agenda de izquierda progresista contemporánea (autoritarismo, conservadurismo, patriarcado, etc.). Creo que para recomponer el discurso de izquierdas hoy es importante rechazar nuestra visión sesgada de la herencia socialista soviética y considerarla en su justa medida. No sólo nosotros, como izquierdistas, tenemos que interpretar a la Unión Soviética, sino que la Unión Soviética tiene derecho a oponerse a nuestros conceptos políticos con su existencia y prácticas que no encajan ni en los conceptos marxistas ortodoxos ni en los progresistas.
Me opongo terminantemente a quienes niegan al socialismo soviético la condición de socialismo simplemente porque subjetivamente no les gusta. Aunque tengo una visión comprensiva de mi objeto de investigación, también veo muchos aspectos negativos de la URSS. Sin embargo, no creo que para los izquierdistas el propio concepto de «socialismo» deba indicar algo bueno a priori. Del mismo modo que para liberales y derechistas hay muchos capitalismos diferentes, y cada uno prefiere uno en particular antes que todos juntos, lo mismo creo que debería hacer la izquierda. De lo contrario, no veo el sentido de tal concepto si depende tanto de los actores y de sus intenciones políticas.
Mi objetivo es demostrar que no se ha colmado la laguna de la investigación: todavía tenemos algo que decir sobre el pasado soviético como proyecto socialista. Tenemos que volver de nuevo sobre esta cuestión porque las posibilidades de responderla son mucho más amplias que hace 60-70 años. El colapso de la URSS ha puesto en circulación un gran número de fuentes históricas, y el distanciamiento de la sociedad soviética permite abordar la cuestión de forma menos emocional.
En este sentido, no soy ni un apologista ni un crítico de la Unión Soviética. Creo que la Unión Soviética es un problema de investigación al que se enfrenta la izquierda, que sólo puede resolverse dialécticamente. No puede resolverse ni abrazándola ni rechazándola. Lo que se necesita es un conjunto de prácticas conceptuales fundamentalmente nuevas que se sitúen fundamentalmente fuera de los modelos marxistas actuales. Diré que he estado investigando esta cuestión como parte de un proyecto intelectual diferente, más político. Estoy en proceso de publicar mi libro sobre el movimiento de la izquierda radical rusa (1988-2022), sus prácticas intelectuales, su crisis y las formas de superarla. En él, intento responder con más detalle a la pregunta sobre los posibles fundamentos del impasse metodológico.
¿Qué es la subjetividad política y por qué/cómo acecha el problema de la subjetividad política a la historiografía soviética?
En muchos sentidos, se trata de un constructo convencional, que utilizo para separar el espacio de lo político, que es «todo», de la vieja noción de la política como concurso de ideas, programas, proyectos y su defensa pública.
Inicialmente, la reflexión sobre la subjetividad política y la subjetividad surgió de la escuela totalitaria como una forma de entender el lugar de los ciudadanos dentro de un sistema totalitario. Los revisionistas, sin embargo, ampliaron esta noción haciendo hincapié en las prácticas no evidentes del sistema soviético, en el que no sólo hay lugar para la política de partido único y las elecciones de candidato único, sino también para las denuncias, las relaciones patrón-cliente, el uso de la retórica oficial para sus fines, etcétera. Alexei Yurchak escribió sobre espacios que no existían en absoluto en la forma que muchos han buscado antes que él.
A pesar de sus evidentes méritos, todos estos enfoques han llevado a que rara vez se hable del soviético como político en sentido estricto y, por tanto, socialista. Yo, por el contrario, vuelvo conscientemente a una noción estrecha de lo político como algo que requiere una conciencia de uno mismo como persona política. Para mí, es fundamentalmente importante separar a las personas que, por ejemplo, se quejan «en nombre del comunismo» de que su tejado tiene goteras, de las personas que proponen la introducción de elecciones alternativas, que escriben cartas abiertas señalando problemas públicos, que no sólo hablan por sí mismas, sino que también se toman la libertad de hablar en nombre de todo un colectivo y grupo de interés.
Mi investigación aborda el hecho de que existen fuerzas políticas incluso bajo el socialismo y que esto es potencialmente normal para el sistema. Estas fuerzas políticas no sólo pueden formar parte del sistema o ser revolucionarias en relación con él; también existe lo que en un sistema más abierto llamaríamos una oposición moderada.
Para la izquierda, reconocer estos fenómenos le permitirá romper la dicotomía entre democracia capitalista y autoritarismo socialista. Esta perspectiva puede aportar mucho más que filosofar en abstracto sobre la soberanía popular.
Su investigación se centra en la recepción del Programa en la esfera pública ampliada de la era del deshielo. ¿Cómo fue esa recepción? ¿Podría ser más específica sobre los grupos sociales que participaron en este debate público?

En mi investigación identifiqué cinco grupos de declaraciones, de los cuales decidí trabajar sólo con uno. Me interesaba ese grupo de personas que, aun con el mayor escepticismo sobre la politización de los ciudadanos soviéticos, no pueden excluirse de la lista de personas políticamente activas. Se tomaron la libertad de hablar no sólo en su nombre, sino también en nombre de los colectivos; propusieron innovaciones que exigían no tener en cuenta simplemente sus opiniones sobre la colocación de las comas y el uso de las palabras en el texto o cambiar la situación financiera de los individuos. Así pues, si las propuestas para resolver problemas materiales concretos de una persona o grupo pueden reducirse a meras prácticas pragmáticas, las propuestas que afectan a la sociedad soviética en su conjunto no pueden reducirse a tales prácticas. Por ejemplo, las propuestas para introducir elecciones alternativas no pueden considerarse «pragmáticas». Estas propuestas no se centraban tanto en problemas locales como exigían reformas de todo el sistema soviético o de sus aspectos.

Si tomamos esta comunidad de personas en términos sociales, era muy diversa: incluía a trabajadores, agricultores colectivos, antiguos y nuevos miembros del Partido. Me gustaría hacer hincapié en estos últimos por separado: muy a menudo se considera al Partido Comunista en la URSS como una especie de aparato desvinculado de la población y opuesto a ella. Sin embargo, el partido era una forma de realización tanto política como profesional en la Unión Soviética. Así que vale la pena decir que la cuestión no es hasta qué punto el discurso oficial u oficioso generado dentro y por los círculos del partido era compartido por la población, el discurso de la población era a menudo compartido por las filas del partido hasta el aparato republicano. En cierta medida, esto se correlaciona con el «movimiento partido-democrático» que Roy Medvedev intentó ensayar para crear un sujeto de cambio político que transformara el socialismo en una dirección más democrática y social.
No todas las propuestas presentadas políticamente tenían un tinte político de izquierdas. Pero las declaraciones convencionalmente «de derechas» eran bastante marginales. No me atrevo a decir lo extendido que estaba el sentimiento derechista en la URSS, ya que no todos los derechistas envían una carta discutiendo un programa socialista. Sin embargo, la mera existencia de repetidas declaraciones socialistas y, sin embargo, independientes y no inequívocamente disidentes, sugiere que en la Unión Soviética podría formarse potencialmente una oposición socialista, moderada hacia el sistema soviético, pero aún radical hacia el capitalismo.
Su obra se inspira en la tradición revisionista de la historiografía soviética, pero se aparta de ella en gran medida. ¿Podría describir las principales líneas de su polémica con la historiografía existente?
Tenemos un desacuerdo fundamental bastante serio. Ellos buscan puntos en común entre la Unión Soviética y otras modernidades, mientras que yo intento reabrir la cuestión de qué hace diferente a la URSS. Para mí, como investigador de izquierdas, es importante separar lo socialista de lo contextual. Parto de la posición de que la URSS fue un socialismo temprano, con características potencialmente inmanentes a cualquier socialismo. Mi tarea consiste en tratar de identificar esos rasgos a la luz del rico trabajo de contextualización de la experiencia soviética, que ya han hecho los revisionistas. Mi polémica ya no es con ellos como revisionistas individuales, sino con la posición historiográfica general.
Polemizo con Alexei Yurchak más directamente. Demuestro que el cambio performativo sobre el que escribe, si es que comenzó, lo hizo en unos límites algo diferentes. Creo que aunque la muerte de Stalin catalizó algunos procesos en la sociedad soviética, no fue decisiva. Incluso bajo Stalin, ya había intentos de democratización. Sí, no fueron tan visibles como en el «deshielo», pero la inercia del sistema y la naturaleza autoritaria de la gobernanza se mantuvieron, y se pueden encontrar casos de este tipo tanto antes como después, ¡durante los periodos de Brezhnev y estalinista! Para mí, lo importante no es tanto la naturaleza exacta de las medidas propuestas, sino la propia dinámica. Aunque tomo un caso individual circunscrito a un periodo bastante estrecho, conceptualmente intento contemplar el conjunto de la historia soviética y darle una interpretación a mayor escala.
¿Cree que, al centrarse en cuestiones de la vida cotidiana material y cultural, la tradición revisionista de la historiografía soviética despolitizó la URSS como proyecto, y eliminó así lo «político» de la «economía política»?
Si nos referimos a lo político con el criterio más estricto que estoy adoptando, entonces surge la pregunta: ¿a quién se debe considerar revisionista? El reciente libro de Alexei Golubev The Life of Things: the Materiality of Late Socialism (La vida de las cosas: la materialidad del socialismo tardío) aborda lo político en un contexto más restringido. Pero el contexto que introduce a través de su estudio de la materialidad es más esclarecedor políticamente del sistema soviético que de los ciudadanos soviéticos. A pesar de ello, me gusta mucho el estudio de Golubev, y me parece una buena excepción a las prácticas descriptivas de muchos de mis colegas.
¿Cuál es la relación entre el comunismo de consumo y la subjetividad política de los ciudadanos soviéticos? Su discusión sobre la presencia de un fuerte vector igualitario en los llamamientos de los ciudadanos es particularmente interesante.

Alexander Fokin, que ya ha estudiado el tema anteriormente, distingue entre comunismo «ascético» y comunismo «consumista». Se trata de dos enfoques conceptuales del comunismo. Mientras que el ascetismo consiste en «apretarse el cinturón», el consumismo consiste en obtener beneficios económicos aquí y ahora. No estoy a favor de este último concepto, porque es muy difícil separar la recepción del comunismo y su uso para beneficio personal. La política y la pragmática están aquí tan estrechamente ligadas que apenas es posible distinguirlas.
En cierto modo, estoy tomando el camino más fácil y el más difícil al mismo tiempo. Tengo plenamente en cuenta todo posible escepticismo sobre la politización de tales declaraciones dirigidas al Programa de 1961. Mi tarea consiste en demostrar que, incluso utilizando todas las posibilidades intelectuales para negar el carácter político de tales declaraciones, existe un grupo de juicios que no encajan en este escepticismo ni siquiera en su forma extrema. Por tanto, es legítimo distinguir a un grupo de personas. Mi tarea no consiste tanto en definir fronteras como en demostrar que incluso en el escenario más pesimista el objeto de estudio existe. De ahí que merezca ser un problema aparte.
Partiendo de esta base, intento analizar lo que dicen estas personas incluso cuando somos máximamente escépticos respecto a sus afirmaciones. El carácter igualitario de estas declaraciones es perceptible incluso en ellos, lo que sugiere que el discurso socialista independiente en la URSS es un problema mucho más amplio que las organizaciones disidentes o los intelectuales individuales.
Aleksandr Nogovishchev es licenciado en Historia y activista de la izquierda rusa. Sus principales intereses incluyen: radicalismo de izquierda contemporáneo, historia soviética y poscomunista, historia intelectual y política, derecho socialista y teoría política, historia y estudios de izquierda y (pos)marxistas. También es uno de los principales editores de recursos políticos rusos: «Comunismo democrático» en YouTube y «Zloy Sovetolog» en Telegram.

3. Difíciles equilibrios

Un artículo de Haaretz sobre las difíciles relaciones entre las diferentes potencias en Asia occidental con motivo de la guerra de Palestina. Todo el mundo parece estar intentando hacer equilibrios para no llegar al conflicto y, a la vez, proteger sus intereses. Es de antes del discurso de Nasralá, pero el panorama no creo que haya cambiado mucho. https://ctxt.es/es/20231101/
Hamás está reconfigurando el equilibrio de poder en Oriente Medio.
El ataque contra Israel ha forzado una alianza incómoda entre Catar, Arabia Saudí, Egipto, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. Queda por ver si alguno de ellos podría desactivar la bomba a punto de estallar en Gaza

Zvi Barel (Haaretz) 4/11/2023

El 25 de octubre, poco después de que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan arremetiese contra Israel, la Bolsa turca cayó un 7%. Ese día, las transacciones se suspendieron hasta en dos ocasiones debido al desplome de los índices, aunque se reanudaron más tarde.

Inversionistas locales e internacionales, cuando apenas regresaban al mercado de valores de Turquía, revirtieron su decisión ante el “apoyo firme” de Erdogan a Hamás. En los tiempos que corren, apoyar a Hamás es perjudicial para los negocios y los economistas turcos alertan de que este tipo de declaraciones podrían derivar en sanciones extraoficiales contra Turquía.

Al criticar a Israel y manifestar su apoyo a Hamás, Erdogan se está enfrentando no solo a Israel, sino a los Estados Unidos y los Estados europeos”, comentó un miembro de la Cámara de Comercio de Estambul a Haaretz. Asimismo, advirtió que el sentimiento antiturco que se extiende por el mundo podría tener un impacto negativo sobre el turismo y obstaculizar los esfuerzos de Turquía por convertirse en un centro regional de gas natural, llevando al país a una crisis en un momento en el que se está empezando a recuperar de otra.

La cancelación de la visita de Erdogan a Israel y el estancamiento de las conversaciones sobre acuerdos económicos, principalmente en torno a la energía, son parte del precio que Turquía podría pagar como consecuencia de la postura del presidente turco.

Otro de los temas sobre la mesa es la venta de aviones de guerra F-16 estadounidenses a Turquía, una transacción que todavía está pendiente de recibir la aprobación del Congreso, al que ni siquiera entusiasmaba antes de la guerra; de hecho, incluso amenazaba con frustrarla cuando la decisión del presidente Joe Biden era ratificarla. El motivo principal de la suspensión del acuerdo por valor de 20.000 millones de dólares radicaba en la oposición de Turquía a la adhesión de Suecia a la OTAN; no obstante, tras meses de duras negociaciones, Erdogan aceptó aprobar su incorporación como nuevo miembro de la organización y el lunes presentó la propuesta ante el parlamento turco. Con todo, y dado el acercamiento de Erdogan a Hamás, es posible que esto no sea suficiente para aplacar al Congreso.

Cuando estalló la guerra de Gaza, Erdogan se ofreció como mediador en las negociaciones de la crisis de rehenes. Según la página web de Al-Monitor, le pidió a Ismail Haniyeh –líder del ala política de Hamás que se encontraba en Turquía el día en el que se desencadenó la guerra–, que abandonase Estambul con su comitiva tras haber aparecido en la televisión rezando y celebrando la operación de Hamás.

Aun así, después, Erdogan y su ministro de Asuntos Exteriores, Hakan Fidan, mantuvieron conversaciones con Haniyeh para estudiar la posibilidad de liberar rehenes por razones humanitarias. Pero, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, y a pesar de la hospitalidad de Turquía hacia Hamás, sus reuniones con los líderes de la organización no bastaron para cerrar acuerdos. Catar y Egipto, con mucha más capacidad de influencia sobre Hamás que Turquía y formas más eficaces de ejercer presión sobre la organización, lideraron las conversaciones. En esos medios, Fidan visitó durante la semana Abu Dhabi y Doha, la capital de Catar, para averiguar cuál podía ser el rol de Turquía en las negociaciones, sobre todo en lo que se refiere a colaborar con la liberación de rehenes que no son israelíes ni estadounidenses. En ese sentido, confía en que el hecho de que Turquía haya sido el primer país en enviar un avión de carga con ayuda a Gaza –sumado, tal vez, a la crítica de Erdogan a Israel– permita afianzar su posición en las conversaciones con Hamás.

Para Erdogan debe ser como tener un déjà vu. En 2008, en vísperas de la operación Plomo Fundido de Israel en Gaza, recibió al primer ministro Ehud Olmert para negociar la paz con el presidente sirio Bashar al Asad. Durante las conversaciones, sugirió llamar a Al Asad con el objetivo de que él y Olmert mantuvieran una charla indirecta. Olmert dio su visto bueno, y la conversación entre Erdogan y Al Asad estuvo mediada por interpretación; el contenido se relataba de forma simultánea a Olmert, quien permaneció en la sala. Según apunta una fuente turca de alto nivel que habló con Haaretz, el mandatario de Turquía estaba convencido de que Olmert no solo era un aliado, sino un buen amigo.

Erdogan sabía que las Fuerzas de Defensa de Israel estaban concentrando tropas en la frontera de Gaza para prepararse para la operación y, a tenor de esa amistad entre ambos, pidió el visto bueno a Olmert para persuadir a Hamás de que detuviese los ataques contra Israel, con el fin de lograr un acuerdo que permitiese evitar una operación militar. Olmert prometió reflexionar sobre esa petición a su vuelta a Jerusalén. Como su respuesta no llegaba, Erdogan lo llamó y, para su sorpresa, su llamada no fue atendida hasta en dos ocasiones. Entonces, el mandatario turco cayó en la cuenta de que Olmert no tenía ninguna intención de que formase parte de la toma de decisiones.

Erdogan se sintió traicionado por alguien a quien consideraba un buen amigo”, explicó la fuente turca de alto nivel. “Erdogan no perdona ni olvida”, asegura un periodista turco que trabaja para un medio de comunicación gubernamental. “Más allá de ser un ideólogo o un nacionalista turco, siempre tiene las cuentas claras”.

Esta vez Turquía también le pidió a Israel que pospusiera o que incluso abandonase la intención de lanzar una ofensiva terrestre; aunque atendieron su llamada, la respuesta de Israel no dejó lugar a dudas.

Si bien Erdogan vuelve a estrechar lazos con Hamás, a quien se ha referido como “grupo de liberación”, Catar es el país que encabeza las negociaciones. Tiene dos bazas principales: el asilo que ofrece a algunos líderes de Hamás y el ingente financiamiento que inyecta a la organización; una suma que, en la última década, asciende a miles de millones de dólares transferidos a la Franja de Gaza, parte de ellos con el apoyo de Israel. Curiosamente, mientras Israel considera a Hamás un protegido iraní, Hamás ha accedido a entablar negociaciones a través de Catar.

A diferencia de la Yihad Islámica, cuya existencia depende en gran medida de Irán, parece que Hamás considera que el canal árabe puede servirle más que el iraní. Además, la idea de los “frentes unidos”, que se suponía que iba a garantizar una participación amplia en la guerra de Hizbulá, otro protegido iraní, sigue sin concretarse. Quizás saque estas conclusiones por la estrategia iraní en la región: las escaramuzas entre Hizbulá e Israel en el norte han escalado hasta alcanzar una magnitud sin precedentes desde la Segunda Guerra del Líbano; no obstante, Hizbulá está lejos de cumplir las expectativas de su contraparte en Gaza, si bien ha eliminado a muchas comunidades israelíes mediante sus operaciones.

Son múltiples tanto las bajas que ha sufrido Hizbulá como los ataques en sus bases, pero, el líder libanés de la organización, Hassan Nasrallah, aún no ha comparecido en público ni ha pronunciado uno de sus acalorados discursos sobre los sacrificios que hace su organización por Hamás y la población de Gaza, ni tampoco ha dado detalles sobre cómo piensa expandir los “frentes unidos”. Es posible que este silencio se deba a que Hizbulá no ha decidido ni ha recibido todavía la aprobación de Irán para dilatar la contienda, lo que podría conducir a una guerra regional en la que este país se volvería un actor principal y, como tal, un objetivo de los ataques.

Hace unos días, el primer ministro de Catar Mohammed bin Abdulrahman al-Thani insinuó que podría haber un avance en las negociaciones con Hamás para la liberación de rehenes, pero la información de la que se dispone hasta ahora es poco precisa: no está claro de cuántos rehenes se está hablando ni de qué nacionalidad son y, sobre todo, se desconoce qué obtendrá Hamás a cambio. En este momento, el foco está puesto en la liberación de rehenes civiles, especialmente, de personas heridas, población infantil, mujeres y gente mayor, a cambio de ayuda humanitaria para la Franja de Gaza.

Por mucho que se logre este objetivo, la amenaza de ofensiva terrestre persistirá y es esto lo que suscita la mayor preocupación entre los países de la región, una preocupación que comparte el Gobierno estadounidense. En una reunión celebrada en octubre entre el príncipe heredero saudí Mohammed Bin Salman y el secretario de Estado Antony Blinken, el primero advirtió del peligro de que la guerra se propague a otros países árabes. Cuando Bin Salman habló con el presidente Biden, le transmitió de forma explícita y con un tono apremiante que era necesario evitar una campaña militar en la Franja de Gaza que resultaría en la muerte de muchos civiles.

Ahora bien: para Bin Salman no se trata únicamente de una cuestión humanitaria. El día en el que conversó con Biden, tuvo una reunión con inversores en la que se anticipó cómo una guerra regional en Oriente Medio podría socavar Vision 2030, el proyecto de desarrollo estrella de Arabia Saudí. Son varios los inversores que han manifestado que “las grandes inversiones requieren tranquilidad y estabilidad”, de forma que, si la guerra en Gaza se transforma en una guerra entre varios Estados, se postergaría la entrega de fondos a Arabia Saudí, aunque el país no estuviese implicado directamente. Los saudíes han suspendido las conversaciones sobre la normalización de relaciones con Israel; sin embargo, están manteniendo un perfil bajo y un tono moderado en sus declaraciones. Por su parte, en las redes sociales se ensañan con ellos por “hacer oídos sordos” ante la tragedia de Gaza y no presionar más a Washington para que bloquee la invasión por tierra de la Franja de Gaza.

En defensa de Bin Salman salió Amr Adib, periodista egipcio sénior, aliado del presidente al-Sissi y propietario de varias empresas de comunicación. Recientemente publicó en un tuit que “nadie debería criticar a los saudíes ni menospreciar los esfuerzos de Bin Salman. Desde el primer día, la postura de Arabia Saudí frente a la guerra fue más apropiada que la de muchos otros países que conocéis bien y que es mejor no mencionar; no deberíamos andar discutiendo en un momento tan complejo”. Aun cuando Arabia Saudí comparte la preocupación de Egipto sobre la dominación en la región de una organización que ambos países detestan, la ubicación de Egipto, que comparte frontera con la Franja de Gaza y controla el paso fronterizo de Rafah, le otorga el poder de ejercer presión sobre Hamás, algo de lo que carecen los saudíes, que, en cambio, aprovechan su capacidad de influencia sobre Washington, por ejemplo, a través del alcance de su producción de petróleo.

Estados como Arabia Saudí, Egipto y, en mayor medida, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Catar –que no son precisamente uña y carne– se han visto obligados a unirse debido a una guerra que amenaza con desestabilizar sus países y, desde luego, con perjudicar gravemente sus economías y su seguridad. La coyuntura actual parece aún más absurda si recordamos que no hace mucho Arabia Saudí jugaba en ligas mayores, desafiando a Estados Unidos para que le permitiese desarrollar su propio programa nuclear independiente y garantizar una alianza defensiva a cambio de que se normalizasen las relaciones con Israel, y todo esto mientras gestionaba su posicionamiento con respecto a China.

Ahora todo se reduce a lidiar con una alianza de actores no estatales, uno en Gaza y el otro en Líbano, y esperar que Catar, justo el país sobre el que la corona impuso sanciones asfixiantes entre 2017 y 2021, logre desactivar la bomba de relojería que está a punto de estallar en Gaza.

Traducción de Cristina Marey Castro. Este artículo fue publicado originalmente en Haaretz.

4. Riesgos energéticos para Europa

Tras hacer un pan como unas hostias con el embargo al gas ruso, un breve repaso a los riesgos a los que se enfrenta Europa en el frente energético como consecuencia de la guerra en Palestina.

Axis of Resources: Gaza war spells disaster for Europe’s energy security

Eje de recursos: La guerra de Gaza amenaza la seguridad energética de Europa
La guerra de Israel contra Gaza parece abocada a convertirse en un conflicto regional en Asia Occidental, principal fuente de petróleo y gas de Europa desde la interrupción del suministro ruso. Cualquier conflagración regional disparará los precios de la energía, sobre todo cuando el conflicto se filtre a las aguas del Golfo Pérsico.
Mohamad Hasan Sweidan 8 DE NOVIEMBRE DE 2023
Tras el estallido del conflicto en Ucrania hace casi dos años, los europeos impusieron un embargo limitado a Rusia, que posee el 6% de las reservas mundiales de petróleo y un importante 24% de las de gas.
Esta decisión estratégica obligó a Europa a buscar apresuradamente fuentes de energía alternativas, incluso en Asia Occidental y el Norte de África, regiones que en conjunto contienen aproximadamente el 57 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y el 41 por ciento de las reservas probadas de gas del mundo.
La sustitución del gas natural ruso por otras importaciones de gas más caras y más problemáticas desde el punto de vista logístico tuvo un alto coste para los europeos. Pero hoy en día, incluso estas fuentes de energía secundarias pueden verse seriamente amenazadas si los bombardeos indiscriminados de Israel contra los palestinos de Gaza se intensifican aún más y envuelven a otros países de la región rica en energía.
La energía en Asia Occidental y el Norte de África
Desde hace mucho tiempo, Asia Occidental y el Norte de África son actores fundamentales en la escena energética mundial. Según los datos publicados por la Agencia Internacional de la Energía en 2022, esta región representaba aproximadamente el 50% de las exportaciones mundiales de petróleo y el 15% de las de gas natural.
Por consiguiente, cuando la Unión Europea decidió reducir su dependencia del gas ruso, consideró a los productores de Asia Occidental y el Norte de África como posibles salvadores para satisfacer las necesidades energéticas del continente.
En 2021, Arabia Saudí (14,5% de las exportaciones mundiales de petróleo), Irak (7,57%), los EAU (6,15%) y Kuwait (4,21%) se perfilan como los exportadores de petróleo más importantes de la región de Asia Occidental y África del Norte. En cuanto a las exportaciones de gas natural en 2022, los principales exportadores fueron Qatar (136,3 BCM/año), Argelia (38,4 BCM/año), Irán (17,7 BCM/año), Omán (11 BCM/año) y Egipto (8,9 BCM/año).
El conflicto de Ucrania provocó un aumento del 2% en el consumo de petróleo de Europa en comparación con el uso en el período anterior a la guerra. Los datos de las importaciones de petróleo de la UE en el segundo trimestre de 2023 revelaron que Arabia Saudí, Libia, Irak y Argelia eran los principales países exportadores de petróleo a la Unión Europea, suministrando colectivamente más de una cuarta parte de las necesidades de petróleo de la unión.
Por el contrario, el consumo de gas en Europa cayó un 15% en el mismo periodo. Las cifras de las importaciones de gas de la UE en el segundo trimestre de 2023 mostraron que Argelia, Qatar, Omán, Libia, Turquía y Egipto eran los principales proveedores de gas a la UE, ya fuera en forma líquida o por gasoducto. En conjunto, estos países cubren más de un tercio de las necesidades de gas de la Unión.
Vulnerabilidad de Europa a la guerra en Asia Occidental
Históricamente, cualquier tensión o guerra significativa en Asia Occidental impacta en los mercados energéticos al reducir el suministro regional de petróleo y elevar los precios mundiales de la energía. En 2019, por ejemplo, cuando las fuerzas lideradas por Ansarallah de Yemen atacaron las instalaciones de Aramco en Arabia Saudí, las exportaciones saudíes de petróleo se desplomaron en casi 5,7 millones de barriles diarios.

Tras el lanzamiento del ataque con proyectiles de Al-Aqsa de la resistencia palestina contra Israel el 7 de octubre, los precios del gas natural en Europa se dispararon un 35%. Esta subida se atribuyó al cierre de un yacimiento de gas frente a la costa palestina ocupada por motivos de seguridad y a la explosión de un gasoducto en el mar Báltico. En resumen, el conflicto ucraniano y la guerra de Palestina colisionaron, lo que tuvo efectos adversos en los precios de la energía en Europa.

Tras la inundación de Al-Aqsa, el Banco Mundial realizó un estudio de análisis de riesgos geopolíticos para calibrar el impacto de este conflicto palestino-israelí en los precios mundiales del petróleo. El estudio clasificó la escalada de tensión en tres niveles: pequeña, mediana y grande.
En un escenario de «tensión pequeña», similar a la guerra de 2011 en Libia, el Banco Mundial prevé una reducción del suministro mundial de petróleo de entre 0,5 y 2 millones de barriles diarios, lo que provocaría un aumento inicial del precio del petróleo de entre el 3% y el 13%, entre 93 y 102 dólares por barril.
En un escenario de «tensión media», similar al de la guerra de Irak de 2003, el Banco Mundial prevé una contracción de la oferta mundial de petróleo de entre 3 y 5 millones de barriles diarios, lo que provocaría un aumento inicial del precio del petróleo de entre el 21% y el 35%, es decir, entre 109 y 121 dólares por barril.
Por último, en un escenario de «alta tensión» parecido, por ejemplo, al embargo petrolero árabe de 1973, el Banco Mundial prevé una reducción de la oferta mundial de petróleo de 6 a 8 millones de barriles diarios, lo que provocaría una escalada inicial del precio del petróleo de entre el 56% y el 75%, con unos costes que se dispararían a entre 140 y 157 dólares por barril.

Cualquier aumento de este tipo en los precios del petróleo supondría un desastre para Europa, que ya está lidiando con la carga de comprar fuentes de energía a precios inflados para compensar la reducción de sus importaciones de Rusia.
Aunque el estudio no ahonda en el impacto de la escalada de tensiones sobre los precios del gas natural en Asia Occidental, sí subraya la naturaleza interconectada de las fuentes de energía. A medida que disminuye el suministro de petróleo, el efecto dominó se extiende a otras fuentes de energía, y los precios del gas se ven especialmente afectados.
Cambio en la dependencia del gas
Europa destaca como el continente con más probabilidades de sufrir una subida significativa de los precios del gas debido a su alejamiento del gas ruso por gasoducto, lo que provocará un aumento considerable de la dependencia del gas natural licuado (GNL) transportado por Estados Unidos.
Además de las repercusiones inmediatas de la escalada de las tensiones y de la inminente guerra regional, que provocan una subida de los precios del petróleo y del gas en todo el mundo, Europa se enfrenta a una multitud de otros factores que podrían influir profundamente en las exportaciones energéticas del mundo árabe.
Un conflicto regional a gran escala que implique a los países del Eje de la Resistencia, como Irán, Yemen, Irak, Siria y Líbano, podría tener consecuencias nefastas. Estos países, todos ellos con acceso a mares y estrechos, podrían interrumpir las rutas comerciales hacia Europa, incluido el movimiento de petróleo y gas licuado.
El estrecho de Ormuz, situado entre Omán e Irán, tiene una enorme importancia como principal corredor energético del mundo, ya que por él pasa más de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y un tercio del suministro total de gas natural licuado.
Los principales países exportadores de petróleo, como Arabia Saudí, Irán, EAU, Kuwait e Irak, dependen de este paso. Además, Qatar, el mayor exportador de GNL del mundo, envía la mayor parte de sus exportaciones de GNL a través del estrecho. Con aproximadamente el 20% de los flujos mundiales de GNL atravesando el estrecho anualmente, cualquier cierre por parte de Irán o sus aliados podría afectar gravemente al suministro de petróleo y gas de Europa.
Mientras Palestina se desangra, Europa se resiente
Otro escenario potencial implica el cierre del estrecho de Bab al-Mandab, el paso estratégico que pasa por Yemen y que actúa como eje en la ruta comercial marítima que conecta el Mediterráneo y el océano Índico a través del mar Rojo y el canal de Suez.
La mayoría de las exportaciones de GNL del Golfo Pérsico navegan por esta ruta, y en 2017, casi el 9% de todo el petróleo y los productos refinados transportados por mar pasaron por el estrecho, con más de la mitad destinados a Europa. El cierre del estrecho de Bab al-Mandab podría obligar a los petroleros del Golfo Pérsico a desviarse por el extremo sur de África, lo que aumentaría los tiempos de tránsito y los costes de transporte.
Europa se vería abocada a una dura disyuntiva: aceptar precios exorbitantes por un flujo continuo de petróleo y gas que provoca graves tensiones económicas, o reconsiderar su postura respecto al gas ruso, lo que sería visto internacionalmente como un humillante retroceso.
En un principio, la UE recurrió a Asia Occidental para compensar su menguante suministro de gas ruso, aunque ello supusiera mayores costes. Sin embargo, la creciente posibilidad de que la guerra de Palestina se convierta en un conflicto que afecte a toda la región arroja serias dudas sobre la fiabilidad de los suministros de petróleo y gas de Asia Occidental a Europa. Cualquier escalada del conflicto podría disparar los precios de la energía y asestar un golpe devastador a sectores clave de las economías europeas, especialmente Alemania.
En previsión de la crisis que se avecina, el Canciller alemán, Olaf Scholz, ha empezado a buscar discretamente fuentes de energía alternativas: La semana pasada visitó Ghana y Nigeria con la esperanza de encontrar nuevas fuentes de energía para Europa.
A medida que Israel intensifica su bombardeo de Gaza con armas estadounidenses y europeas, se arriesga a que surjan nuevos frentes de batalla abiertos por elementos militarmente más sofisticados del Eje de Resistencia de la región, amenazando con escaladas masivas en toda Asia Occidental y sumiendo potencialmente a Europa en un sumidero económico.
Los días en que Europa disfrutaba de una prosperidad continua mientras Asia Occidental sufría las consecuencias de las políticas occidentales-israelíes han quedado atrás. El Eje de la Resistencia -junto con el creciente peso de potencias multipolares como Rusia y China- posee ahora las capacidades y opciones que podrían desafiar al eje occidental, desde Washington a Bruselas y Tel Aviv, y remodelar fundamentalmente el mercado mundial de la energía tal y como lo conocemos.

5. El papel de los EEUU en Gaza

En el blog de la New Left Review, Sidecar, ha aparecido este artículo que publica ahora traducido El Salto sobre el difícil papel de EEUU por su excesiva vinculación con Israel. https://www.elsaltodiario.com/

Diseños imperiales: Estados Unidos en Gaza

El objetivo declarado de Israel de «destruir a Hamás» plantea un riesgo de una escalada continua y prolongada.

Oliver Eagleton 7 nov 2023 05:16

Desde la operación Al-Aqsa Flood perpetrada por Hamás el 7 de octubre y el consiguiente asalto a Gaza, el gobierno de Biden ha realizado lo que se describe eufemísticamente como un «acto de equilibrio». Por un lado, alaba el castigo colectivo de los palestinos; por otro, advierte a Israel contra sus extralimitaciones. Su apoyo a los bombardeos aéreos y las incursiones selectivas es firme, pero ha plantado «preguntas difíciles» sobre la invasión terrestre que comenzó a principios de esta semana: ¿Existe un objetivo militar alcanzable? ¿Existe una hoja de ruta para liberar a los rehenes? ¿Existe una forma de evitar un gobierno israelí insostenible, si se extirpa a Hamás? Washington está presionando a los israelíes sobre estas cuestiones, así como enviando a sus propios asesores para ayudarles a resolverlas, al tiempo que da luz verde a la masacre en curso. La respuesta estadounidense a la crisis se ha visto impulsada por una confluencia de factores entre los que se cuentan el deseo de privar de espacio a los Republicanos y el instinto reactivo de «apoyar a Israel». Sin embargo, esta respuesta también puede situarse en el contexto de la concepción general sobre Oriente Próximo defendida por Estados Unidos, la cual cristalizó con Trump y se ha consolidado con Biden.

Consciente del caos provocado por los esfuerzos realizados para inducir cambios de régimen en los países de la zona y deseoso de completar su «reorientación hacia Asia» iniciada a principios de la década de 2010, Estados Unidos ha tratado de desvincularse parcialmente de la región. Su objetivo es establecer un modelo que sustituya la intervención directa por la supervisión a distancia. Sin embargo, para contemplar cualquier reducción real de su presencia, Estados Unidos necesita establecer un acuerdo de seguridad que fortalezca a los regímenes amigos y limite la influencia de los países contrarios a su presencia.

Los Acuerdos de Abraham de 2020 hicieron avanzar esta agenda, ya que Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, al aceptar normalizar sus relaciones con Israel, se unieron al «eje reaccionario» predominante, que incluía al Reino Saudí y a la autocracia egipcia. Trump incremento la venta de armas a estos Estados y cultivó las conexiones entre ellos –militares, comerciales, diplomáticas- con el objetivo de crear una falange fiable de aliados, que se inclinarían hacia Estados Unidos en la Nueva Guerra Fría, al tiempo que actuarían como baluarte contra Irán. El acuerdo nuclear de Obama no había logrado impedir que la República Islámica proyectara su influencia en la región. Sólo la «máxima presión» podría impedirlo.

Una vez en el cargo, Biden adoptó las mismas coordenadas generales: utilizar la Cumbre del Néguev para profundizar los lazos existentes entre los países signatarios de los Acuerdos Abraham y demandar relaciones formales entre saudíes e israelíes. El Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA) para asegurar el carácter pacífico de la tecnología nuclear iraniana se convirtió en papel mojado, al tiempo que continuaron los esfuerzos por contener a Teherán mediante una combinación de sanciones, diplomacia y ejercicios militares. En palabras de Brett McGurk, coordinador de la Casa Blanca para Oriente Próximo, pronunciadas en una conferencia ante el Atlantic Council, las premisas de esta política son la «integración» y la «disuasión»: construir «conexiones políticas, económicas y de seguridad entre los socios de Estados Unidos», que repelan «las amenazas de Irán y sus apoderados». Tras desarrollar este programa y verificarse la intensificación de los intercambios comerciales entre Israel y sus socios árabes, Biden empezó a cumplir la «retirada» prometida por su predecesor, ejecutando la salida de Afganistán y reduciendo al mismo tiempo las tropas y los activos militares estadounidenses presentes en Iraq, Kuwait, Jordania y Arabia Saudí.
Biden también afinó el planteamiento de Estados Unidos hacia Palestina. Mientras que Trump había suprimido la ayuda a los Territorios Ocupados y había tratado de conseguir la aprobación de su delirante «acuerdo de paz», Biden simplemente ha aceptado la imperfecta realidad en la que Israel, a pesar de no tener ningún plan viable para los palestinos, parecía disfrutar de una relativa seguridad gracias a las autoridades colaboracionistas de Cisjordania y al dominio militar sobre Gaza. En abstracto, puede que quisiera revivir la «solución de los dos Estados», lo cual significa en la práctica la existencia del gigante nuclear israelí flanqueando a la indefensa y bantustanizada nación palestina. Pero como ello era políticamente imposible, Biden aprendió a convivir con una situación que Tareq Baconi describe como «equilibrio violento»: una ocupación indefinida, salpicada de enfrentamientos periódicos con Hamás, que han de ser, no obstante, lo suficientemente pequeños como para ser ignorados por la población israelí.

Este proyecto regional siempre ha adolecido de graves problemas. En primer lugar, si su razón de ser era la política de gran potencia –retirarse de Oriente Próximo para centrarse más en China–, entonces resultó en parte contraproducente. Al señalar su menor apetito de injerencia en la región, Estados Unidos transmitió a sus aliados que no tendrían que hacer una elección excluyente entre su asociación con Estados Unidos o con China; de ahí la acogida cada vez más cálida de la República Popular China en el mundo árabe como atestiguan la construcción de una base militar rusa en los Emiratos Árabes Unidos, su intermediación en el acercamiento Irán-Arabia Saudí y su red de inversiones en tecnología e infraestructuras.

En segundo lugar, al basar su estrategia imperial en el proceso de normalización israelí, Estados Unidos se hizo especialmente dependiente de Israel justo antes de que fuera capturado por sus elementos más extremistas y volátiles: Smotrich, Ben-Gvir, Galant. Si el apoyo estadounidense a este proyecto colono-colonial ha superado históricamente cualquier cálculo político razonable, durante los gobiernos de Trump y Biden asumió una lógica coherente: situar a su aliado en el centro de un marco de seguridad estable en Oriente Próximo. Sin embargo, el gabinete israelí que llegó al poder en 2022, aturdido por fantasías eliminacionistas y decidido a arrastrar a Estados Unidos a una guerra con Irán, demostró ser el menos capacitado para desempeñar ese papel.

Ahora, tras el 7 de octubre, este equilibrio se ha roto y esas fantasías se han activado. El ataque de Hamás pretendía desbaratar una coyuntura política en la que el régimen de apartheid israelí se había convencido de que podría reprimir cualquier resistencia seria a su dominio y en la que Palestina se estaba convirtiendo rápidamente en un tema sin importancia en Israel y no solo. Este intolerable estado de cosas era su principal objetivo. Los dirigentes de Gaza preveían una respuesta feroz, incluida una incursión terrestre. También esperaban que todo ello causaría problemas a los Acuerdos de Abraham al provocar la oposición regional, en el campo popular y entre las élites, a las atrocidades israelíes. Hasta ahora, todo esto se ha confirmado: el acuerdo entre Arabia Saudí e Israel se ha retrasado, la próxima Cumbre de Negev sigue en suspenso, las naciones árabes están conmocionadas por las protestas y sus gobernantes se han visto obligados a denunciar a Netanyahu. ¿Qué significa todo esto para las ambiciones políticas generales de Washington? La respuesta final dependerá de la trayectoria del conflicto.

Como han señalado muchos observadores, el objetivo declarado de Israel de «destruir a Hamás» plantea un riesgo de una escalada continua y prolongada. Al planificar una guerra urbana contra un ejército guerrillero socialmente incrustado, el gobierno de unidad nacional ha contemplado varios escenarios, incluida la despoblación del norte de la Franja y expulsiones masivas al Sinaí. Cualquier estrategia de este tipo podría traspasar los ambiguos umbrales susceptibles de desencadenar importantes represalias por parte de Hezbolá y, potencialmente, del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. (Los houthis de Yemen ya han lanzado misiles y aviones no tripulados contra Israel y están preparados para enviar más en las próximas semanas). El despliegue de buques de guerra de Biden en el Mediterráneo y el Mar Rojo, más la diplomacia itinerante de Blinken, pretenden evitar este resultado. Es demasiado pronto para evaluar el impacto de sus esfuerzos, pero si fracasaran, la potencia hegemónica se vería arrastrada aún más a este sangriento atolladero. El efecto sería ampliar las fisuras existentes en el eje árabe-israelí y distraer a Estados Unidos de sus prioridades en Extremo Oriente.

En caso de que el ejército invasor consiga demoler política y militarmente a Hamás, Estados Unidos también tendría que lidiar con el problema de la sucesión. En la actualidad, espera convencer a los Estados árabes para que proporcionen una fuerza que gobierne el territorio y alivie así la carga de Israel. Funcionarios estadounidenses informan de que podrían enviarse soldados norteamericanos, franceses, británicos y alemanes para defender esta hipotética dictadura. Pero si las potencias regionales se niegan a cooperar, como parece probable, las propuestas alternativas incluyen una coalición de «mantenimiento de la paz», siguiendo el modelo de la Fuerza Multinacional y Observadores del Sinaí –a la que el Pentágono contribuye actualmente con casi 500 soldados– o una administración bajo los auspicios de la ONU. Estos planes devolverían a Estados Unidos el estatus de autoridad neocolonial en Oriente Próximo, a pesar de sus intentos durante años de desempeñar este papel con subordinados locales. Convertirían a las fuerzas estadounidenses en un blanco visible de la rabia y el resentimiento creados por la guerra sionista, un legado nada envidiable que Biden dejaría tras de sí.

Pero puede que este no sea el desenlace. Hay otros escenarios previsibles que serían más favorables para la Casa Blanca. Dada la negativa de Egipto a facilitar la limpieza étnica del pueblo palestino, el destierro de los 2,2 millones de residentes de Gaza parece poco probable a corto plazo, lo cual, combinado con la presión diplomática estadounidense, ha provocado evidentemente que Israel modifique el plan de su invasión, optando por un enfoque gradual en lugar de un barrido rápido. No está claro si esto reducirá las posibilidades de intervención de Hezbolá o de Irán, pero la milicia libanesa es consciente de su precaria posición en Líbano, que podría verse aún más perjudicada por una conflagración militar, mientras que Irán está ansioso por evitar los peligros de una implicación directa. Los saudíes, aunque externamente críticos con la postura estadounidense, no están menos interesados en evitar un conflicto que consumiría la totalidad de Oriente Próximo y desbarataría su «Visión 2030». En cada caso, una serie de imperativos políticos internos se oponen a la regionalización de la guerra. ¿Un rayo de esperanza para el imperio en declive?

Sin embargo, se contenga o no la violencia, el éxito israelí no está asegurado. Los 40.000 curtidos combatientes de Hamás, versados en la guerra híbrida y capaces de tender emboscadas al enemigo a través de túneles subterráneos, contrastan netamente con los reservistas israelíes, que acaban de recibir su entrenamiento de refresco. Cuando comience la lucha callejera, las asimetrías numéricas y tecnológicas entre ambos pueden parecer menos decisivas. Cabe imaginar, pues, una cronología en la que los militantes luchen contra Netanyahu hasta llegar a un punto muerto, se levante el tabú del alto el fuego y ambas partes acaben declarando victoria: Hamás, porque ha repelido una amenaza existencial de Israel; Israel, porque puede afirmar (aunque sea falsamente) que ha infligido un daño irreparable a Hamás y ha impedido que se repita su ataque.

A partir de entonces Gaza emergería lentamente de entre los escombros y volvería a algo parecido al statu quo anterior, si bien con peores condiciones humanitarias y con un vecino herido más obsesionado que nunca con su destrucción. Aunque Estados Unidos afirma que pretende la destrucción de Hamás, se beneficiaría de su supervivencia en varios aspectos importantes: le ahorraría la coordinación de la gobernanza de la Franja tras la guerra; le permitiría reanudar la normalización israelí con sus vecinos árabes tras el correspondiente paréntesis necesario; y, en el mejor de los casos para Biden, limitaría las posibilidades de una mayor escalada, al tiempo que socavaría los intentos rusos y chinos de situarse a ambos lados del conflicto palestino-israelí. El paradigma de los Acuerdos de Abraham podría, pues, reinstaurarse al menos hasta el próximo estallido importante. Así pues, en lugar de transformar Oriente Próximo, la guerra podría dejar intacta la «arquitectura de seguridad» construida por Trump y Biden. Sin embargo, la inestabilidad de este edificio ha quedado demostrada. Sólo será cuestión de tiempo que vuelva a derrumbarse.

6. La guerra en Palestina vista desde el Líbano

No es un análisis político, sino una crónica de cómo se vive la actual guerra en Palestina desde el Líbano.

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Líbano: “Estamos en una encrucijada”

Las ondas de la tragedia de lo que se vive en Gaza desde el 7 de octubre se han extendido al Líbano. Mientras los refugiados palestinos recuperan la esperanza y Hezbollah prepara sus armas, la población libanesa tiembla ante la perspectiva de verse envuelta en una guerra total. Crónica de un mes en el que se tambaleó el destino del País de los Cedros.

Laurent Perpigna Iban Ann Sansaor 8 nov 2023 06:34

7. A los niños de Gaza

Hoy Hedges, más emocional que analítico, escribe una carta a los niños de Gaza.

Letter to the Children of Gaza

Carta a los niños de Gaza
Chris Hedges 8 nov 2023
Querido niño. Es más de medianoche. Estoy volando a cientos de kilómetros por hora en la oscuridad, a miles de metros sobre el Océano Atlántico. Estoy viajando a Egipto. Iré a la frontera de Gaza en Rafah. Voy debido a ti.
Nunca has estado en un avión. Nunca has salido de Gaza. Sólo conoces las calles y callejones densamente poblados. Las casuchas de hormigón. Sólo conoces las barreras de seguridad y las vallas patrulladas por soldados que rodean Gaza. Los aviones, para ti, son aterradores. Aviones de combate. Helicópteros de ataque. Drones. Vuelan en círculos sobre ti. Lanzan misiles y bombas. Explosiones ensordecedoras. El suelo tiembla. Los edificios caen. Los muertos. Los gritos. Las sordas llamadas de auxilio bajo los escombros. No se detiene. Noche y día. Atrapados bajo los montones de hormigón destrozado. Tus compañeros de juego. Tus compañeros de escuela. Tus vecinos. Desaparecidos en segundos. Ves las caras calcáreas y los cuerpos inertes cuando los desentierran. Soy periodista. Es mi trabajo ver esto. Tú eres un niño. Nunca deberías ver esto.
El hedor de la muerte. Cadáveres putrefactos bajo el hormigón roto. Aguantas la respiración. Te cubres la boca con un trapo. Caminas más rápido. Tu barrio se ha convertido en un cementerio. Todo lo que te era familiar ha desaparecido. Miras asombrado. Te preguntas dónde estás.
Tienes miedo. Explosión tras explosión. Lloras. Te aferras a tu madre o a tu padre. Te tapas los oídos. Ves la luz blanca del misil y esperas la explosión. ¿Por qué matan a los niños? ¿Qué has hecho tú? ¿Por qué nadie puede protegerte? ¿Te van a herir? ¿Perderás una pierna o un brazo? ¿Te quedarás ciego o en silla de ruedas? ¿Por qué naciste? ¿Fue para algo bueno? ¿O para esto? ¿Crecerás?  ¿Serás feliz? ¿Cómo será sin tus amigos? ¿Quién será el próximo en morir? ¿Tu madre? ¿Tu padre? ¿Tus hermanos y hermanas?  Alguien que conoces será herido. Pronto. Alguien que sabes que morirá. Pronto.
Por la noche te tumbas en la oscuridad sobre el frío suelo de cemento. Los teléfonos están cortados. Internet está apagado. No sabes lo que está pasando. Hay destellos de luz. Hay ondas expansivas. Hay gritos. No se detiene.
Cuando tu padre o tu madre buscan comida o agua, tú esperas. Esa terrible sensación en el estómago. ¿Volverán? ¿Los volverás a ver? ¿Será tu pequeña casa la siguiente? ¿Te encontrarán las bombas? ¿Son estos tus últimos momentos en la tierra?
Bebes agua salada y sucia. Te sienta muy mal. Te duele el estómago. Tienes hambre. Las panaderías están destruidas. No hay pan. Comes una vez al día. Pasta. Un pepino. Pronto esto te parecerá un festín.
No juegas con tu balón de fútbol hecho de trapos. No vuelas tu cometa hecha de periódicos viejos.
Has visto periodistas extranjeros. Llevamos chalecos antibalas con la palabra PRENSA escrita. Llevamos cascos. Tenemos cámaras. Conducimos jeeps. Aparecemos tras un atentado o un tiroteo. Nos sentamos a tomar café durante mucho tiempo y hablamos con los adultos. Luego desaparecemos. No solemos entrevistar a niños. Pero he hecho entrevistas cuando grupos de vosotros se agolpaban a nuestro alrededor. Riendo. Señalando. Pidiéndonos que les hagamos una foto.
Me han bombardeado aviones en Gaza. Me han bombardeado en otras guerras, guerras que ocurrieron antes de que vosotros nacieseis. Yo también estaba muy, muy asustado. Todavía sueño con ello. Cuando veo las imágenes de Gaza, esas guerras vuelven a mí con la fuerza de un trueno y un relámpago. Pienso en ti.
Todos los que hemos estado en la guerra la odiamos sobre todo por lo que les hace a los niños.
Intenté contar tu historia. Intenté decirle al mundo que cuando se es cruel con las personas, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, década tras década, cuando se les niega la libertad y la dignidad, cuando se les humilla y atrapa en una prisión al aire libre, cuando se les mata como si fueran bestias, se enfadan mucho. Hacen a los demás lo que les hicieron a ellos. Lo repetí una y otra vez. Lo repetí durante siete años. Pocos escucharon. Y ahora esto.
Hay periodistas palestinos muy valientes. Treinta y nueve de ellos han muerto desde que empezó este bombardeo. Son héroes. También lo son los médicos y enfermeras de sus hospitales. También lo son los trabajadores de la ONU. Ochenta y nueve de ellos han muerto. También lo son los conductores de ambulancias y los médicos. También lo son los equipos de rescate que levantan las losas de hormigón con sus manos. También las madres y los padres que os protegen de las bombas.
Pero nosotros no estamos allí. Esta vez no. No podemos entrar. Estamos bloqueados.
Reporteros de todo el mundo se dirigen al paso fronterizo de Rafah. Vamos porque no podemos ver esta masacre y no hacer nada. Vamos porque cada día mueren cientos de personas, entre ellas 160 niños. Vamos porque este genocidio debe terminar. Vamos porque tenemos hijos. Como tú. Preciosos. Inocentes. Amados. Nos vamos porque queremos que vivas.
Espero que algún día nos encontremos. Serás un adulto. Seré un anciano, aunque para ti ya soy muy viejo. En mi sueño para ti te encontraré libre y a salvo y feliz. Nadie intentará matarte. Volarás en aviones llenos de gente, no de bombas. No estarás atrapado en un campo de concentración. Verás mundo. Crecerás y tendrás hijos. Envejecerás. Recordarás este sufrimiento, pero sabrás que significa que debes ayudar a otros que sufren. Esta es mi esperanza. Mi oración.

Te hemos fallado. Esta es la horrible culpa que cargamos. Lo hemos intentado. Pero no lo intentamos lo suficiente. Iremos a Rafah. Muchos de nosotros. Reporteros. Nos plantaremos frente a la frontera con Gaza en señal de protesta. Escribiremos y filmaremos. Esto es lo que haremos. No es mucho. Pero es algo. Volveremos a contar tu historia.
Quizá sea suficiente para ganarnos el derecho a pedirte perdón.

8. Una charla entre dos newgreendealistas

La gente de Contra el Diluvio ha organizado una charla en Madrid en la que uno de sus miembros, Xan López, ha entrevistado a otro conocido newgreendealista, el diputado de Más Madrid Héctor Tejero. El periodista Andrés Actis ha resumido el contenido de su debate, ante el más que evidente fracaso de sus propuestas hasta el momento. https://www.lapoliticaonline.

«El Green New Deal ha cumplido un ciclo y tiene que hacerse cargo de un atmósfera climática pesimista»

«Cinco años de Green New Deal: ¿amarga victoria o dulce derrota», ha sido el eje de un debate clave sobre cómo articular la necesaria transición ecológica en el plano institucional.

Por Andrés Actis (Madrid) 08/11/2023

Hace cinco años, en noviembre de 2018, Alexandria Ocasio-Cortez se convirtió en la congresista más joven de Estados Unidos. Su irrupción en la política norteamericana marcó un punto de inflexión en la institucionalización de la lucha ambientalista.

A la semana de ser elegida, esta joven latina -de origen puertorriqueño- hizo una apasionada defensa del Green New Deal (Nuevo Acuerdo Verde), una propuesta política hasta ese entonces minoritaria y de nicho dentro del ecologismo.

«Este plan va a combatir el cambio climático al tiempo que va a promover medidas para reducir la desigualdad económica», adelantó. Y justificó: «¿Le quieren decir a la gente que su preocupación, su deseo de tener agua y aire limpios es elitista? Díganselo a los niños del Bronx que sufren de las tasas más altas de asma infantil en el país».

Cinco años más tarde, en noviembre de 2023, un presidente europeo, el portugués Antonio Costa, se vio forzado a renunciar a su cargo por un caso de corrupción ligado, justamente, al Pacto Verde Europeo (inversiones en litio e hidrógeno verde), la adaptación que hizo la UE a aquella disruptiva propuesta de Cortez.

«Esta dimisión no hace más que confirmar que el Green New Deal ya forma parte de la política dura europea y mundial», relacionó este martes por la noche el experto en ecología política Xan López, uno de los disertantes de la charla organizada por el colectivo Contra Diluvio bajo el título «Cinco años de Green New Deal: ¿amarga victoria o dulce derrota».

El otro expositor del debate fue el diputado de Más Madrid y asesor en materia de transición energética de esta formación, Héctor Tejero, un referente en España en políticas verde, quien también en su introducción destacó que este plan pasó de una «minoría activista» a «parte central» de la política española y europea.

López definió el Green New Deal como «un intento político de articular una clase climática, una alianza entre la clase trabajadora y las clases medias». «Un intento de articular una gran mayoría popular dentro de una transición ecológica con justicia social», sintetizó.  

Tejero habló de un «posneoliberalismo con el clima en el centro» con «dos condiciones claves»: la transición a una economía descarbonizada y un proyecto mixto entre justicia social y modernización económica.

Es falso que uno no se atreve habar de colapso porque pierdes elecciones. El Green New Deal es un medio; el decrecimiento es el fin. Ahora bien, el Green New Deal se tiene que hacer cargo de qué hacemos con el crecimiento. Esto es fundamental en el nuevo ciclo que se abre

En España, este concepto anglosajón, alejado del ecologismo ibérico, aterrizó de una forma «muy particular», explicaron ambos expertos. El PSOE «lo cogió muy grande». Ya en 2019, Pedro Sánchez llamó a «no tener miedo al Green New Deal. Y una vez en el Gobierno creó nada menos que un Ministerio de Transición Ecológica, «un gesto simbólico muy importante» y señal de la hoja de ruta verde del Ejecutivo de coalición.

«No hay partido socialdemócrata en Europa que haya hecho más por el Green New Deal que el PSOE en España con Teresa Ribera a la cabeza», subrayó Tejero. Y agregó: «El Green New Deal abrió una nueva vía estratégica en el ecologismo. El Estado está aquí y hay que ponerlo en el centro de la transición ecológica».

A su vez, generó un fuerte debate con las «visiones más radicales» dentro del ecologismo, las voces que cuestionan el «capitalismo verde» como el sistema que va a permitir evitar el caos climático y piden un «decrecimiento» energético y material para mantener con vida a la civilización humana.  

«Es falso que uno no se atreve habar de colapso porque pierdes elecciones. El Green New Deal es un medio; el decrecimiento es el fin. Ahora bien, el Green New Deal se tiene que hacer cargo de qué hacemos con el crecimiento. Esto es fundamental en el nuevo ciclo que se abre», aclaró Tejero.

«Hay que hacerse cargo de algunas criticas desde sectores mas radicales porque sin duda que hay una parte de razón respecto a cómo afrontar el crecimiento económico. Defiendo la posición de ir a una fase de «poscrecimietno», algo que uno dice muy fácil, pero que nadie sabe cómo hacer. Pero ojo: el crecimiento verde no es la peor de las opciones, eso tiene que quedar claro».

Sobre este razonamiento, agregó: «Una cosas muy honesta del Green New Deal: no le ha vendido la moto a la gente, no es anticapitalista, se enmarca en una corriente socialdemócrata. Necesitamos veinte años para que la cosas vayan un poco mejor. Luego sí nos podemos plantear lo que hemos querido siempre, una transformación social muy profunda. La reflexión que hacemos viene de una profunda derrota personal y política: el capitalismo es un cabrón que aguanta. Necesitamos ganar tiempo. ¿Cómo? A través del Green New Deal, el único dispositivo político que puede generar que esto segundo ocurra».

Su hipótesis macro es que esta gran plan verde «ha cumplido un ciclo» y que el éxito de su profundización va a estar en cómo afronte desafíos no menores como, por ejemplo, el «pesimismo climático» tras una crisis medioambiental que se ha acelerado a niveles desconcertantes en este 2023.

«El plano discursivo es todo un desafío. Ya no hay el optimismo de 2019. Hay una atmósfera muy pesimista traste este verano 2023. El Green New Deal, guste o no, se tiene que hacer cargo de esta atmósfera», analizó el dirigente de Más Madrid.

El «gran reto político es lograr «construir un dispositivo que articule mayoría». «Necesitamos construir un pueblo del clima, un sujeto político que gane elecciones, que sale a la calle, que se movilice».

El problema que ve Tejero es que el «cambio climático es todavía demasiado abstracto». «Muy poca gente vota por el cambio climático. Se votan políticas publicas con peor o mejor apoyo. El potente partido negacionista de granjeros de Holanda es una ejemplo lo difícil que es pensar y avanzar en una coalición de gentes, algo indispensable».

Es necesario que haya gente militando el decrecimiento. Pero a la la vez es necesario que haya otra gente que esté pensando en cómo hacer ahora mismo algo parecido a ese plan de máxima atendiendo a las condiciones históricas en las que nos ha tocado nacer. Ahí hay que ser muy pragmáticos, porque hay poco tiempo y porque sino lo hacemos los impactos van a ser terribles

A su turno, López retomó el contrapunto entre crecimiento verde y decrecimiento, una disputa de posiciones que genera mucha tensión dentro del ecologismo español.

«Toda estrategia política tiene dos patas. Una es la maximalista/utópica, en este caso el decrecimiento, el proyecto de asegurar lo esencial para todos. Es muy importante esa disputa. Es necesario que alguna gente milite todo el tiempo esta causa, que de la batalla máxima. Pero a la la vez es necesario que haya gente que esté pensando en cómo hacer ahora mismo algo parecido a ese plan de máxima atendiendo a las condiciones históricas en las que nos ha tocado nacer. Ahí hay que ser muy pragmáticos, porque hay poco tiempo y porque sino lo hacemos los impactos van a ser terrible», reflexionó.

En su opinión, al ecologismo español se le da muy bien estas «dos patas». «Lo que se nos da de culo es entender que hay una intermediación de las dos partes y que forma parte del mismo proyecto político. Nos falta interlocución entre los dos polos para lograr una mejor eficacia política», profundizó.

Tras un detallado repaso histórico de los logros y los errores del Green New Deal, como la coaptación de las élites políticas/económicas para sus intereses o la «dimensión imperialista  extractiva» del Norte global sobre el Sur global, López ha alertado sobre «los puntos del plan original que están en peligro».

Entre las «luces» destacó que se transformó «el sentido común político». El pacto verde puso en el centro a la transición energética y ecología. El otro aspecto revolucionario: el despliegue de la energía verde. 

«Se ha conseguido en pocos años bajar de una trayectoria de 3,5ºC grados de aumento de calentamiento global a una de 2,4 o 2,1. Todavía estamos muy por encima de lo máximo para no entrar en puntos de inflexión irreversibles según el IPCC, pero el avance es incuestionable».

Sin embargo, hay «cosas que están en peligro»: la transición ecológica entendida de forma íntegra (usos del suelo, ganadería, movilidad, dieta, etc.), «elementos culturales muy difíciles de traccionar respecto a la transición energética pura». «En este plano todavía está todo por hacer».  

El otro factor en peligro, según López: la justicia social. La inestable coyuntura global es «suelo fértil para políticas reaccionarias» y para agigantar aún más las injusticias sociales del capitalismo fósil.

9. La situación militar, política y diplomática en la guerra de Palestina, 8 de noviembre.

El resumen de Rybar. Siguiendo vuestros consejos, he sustituido Houthis por huzíes. 🙂 Aunque en realidad debería decir Ansar Alá, como vimos. Lo dejo por fidelidad al texto original. https://rybar.ru/chto-

Lo que está ocurriendo en Palestina e Israel: cronología del 8 de noviembre

8 de noviembre de 2023 Rybar
Los israelíes continúan su operación terrestre en la Franja de Gaza. Continúan los combates en la zona noroeste, cerca de la calle Al-Mashtal, y en el barrio de Sheikh Radwan, frente a la costa mediterránea. Las facciones palestinas han publicado hoy un vídeo de la destrucción de un tanque de las IDF en esta zona. También se están produciendo combates cerca de Beit Hanoun y Beit Lahiya.
También aparecieron en Internet imágenes que confirman el avance israelí en el flanco sur: las fuerzas de las FDI publicaron un vídeo desde las inmediaciones del parque de atracciones de Al-Nour, al sur de la ciudad de Gaza. Además, se registraron enfrentamientos cerca de la intersección de la calle nº 10 y la carretera de Al-Rashid.
Si los soldados israelíes lograron efectivamente hacerse con el control de esta zona, puede considerarse cumplido el plan de las FDI de dividir la Franja de Gaza en norte y sur con un bloqueo físico de la capital del enclave. También hoy, los israelíes han reabierto la autopista de Salah al-Din para el paso de refugiados.
En la frontera con Líbano, no hay cambios particulares: combatientes de Hezbolá atacaron bastiones de las IDF cerca de Dovev y Shomerah, con el resultado de dos heridos. Los israelíes siguen devolviendo el fuego en los territorios del sur del Líbano.

Mapa de alta resolución en inglés https://rybar.ru/piwigo/

Estado de las hostilidades
Franja de Gaza
Los israelíes siguen avanzando en la Franja de Gaza: la acción principal continúa al sur de la capital del enclave. El avance de las IDF queda al menos confirmado por varias imágenes del parque de atracciones de Al-Nour, cerca de las afueras del sur de Gaza, donde anteriormente se había visto a soldados israelíes (coordenadas: 31.480223, 34.417962). También hay informes en línea de que los israelíes se han adentrado en el barrio de la capital regional, Tal al-Hawa, pero de momento no hay confirmación visual de esta información. Además, ha circulado por Internet un vídeo de las inmediaciones del barrio de Ansar, en Gaza, que muestra las consecuencias de un combate o de un ataque aéreo de las FDI contra el barrio. Es probable que el humo del vídeo proceda de algún lugar cercano al cruce de Al-Rashid con la ruta 10, donde ya se había confirmado la presencia de soldados israelíes.

https://vk.com/video-

Mientras tanto, los israelíes también han conseguido avanzar en la sección noroeste, y las facciones palestinas han difundido imágenes de un combatiente militante disparando un ATGM contra un tanque de las IDF en la calle Al-Mashtal, cerca de la costa mediterránea. También continúan los combates cerca de Beit Lahiya y Beit Hanoun.

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Por su parte, las fuerzas aéreas de las IDF siguen llevando a cabo ataques masivos en la Franja, y The New York Times informa de que los bombardeos de las IDF han destruido hasta ahora más de un tercio de todas las estructuras de la ciudad de Gaza. Entre otras cosas, el mando israelí dijo hoy que el jefe de la unidad de armamento e industria militar de Hamás, Mohsed Abu Zin, había sido eliminado en uno de los ataques aéreos.

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Además, a partir de las 10.00 horas de hoy, la carretera de Salah al-Din se reabrió a los civiles que intentaban huir de la zona de combates hacia el sur. En Telegram circularon activamente imágenes de una gran columna de refugiados viajando por la carretera sobre un fondo de ruinas.

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Dirección sur
Como antes, grupos palestinos están atacando asentamientos cercanos a la frontera con la Franja de Gaza: Kfar Aza, Meftahim, Sderot y otros asentamientos fueron objeto de fuego. Además, los militantes atacan periódicamente el centro de Israel: hoy el barrio de Tel Aviv ha vuelto a ser blanco de los ataques.

La frontera con Líbano

En la parte norte, la situación prácticamente no ha cambiado: «Hezbolá ataca periódicamente bastiones y asentamientos israelíes, y los israelíes responden con ataques masivos contra el sur del Líbano. Hoy, el grupo propalestino ha atacado los bastiones de las IDF en Dovev y Shomer, hiriendo a dos soldados de las IDF. Los soldados, a su vez, devolvieron el fuego en Kafr Killa, Blida, Yarun, Hula y otras localidades.

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Cisjordania
En Cisjordania, las fuerzas de seguridad israelíes asaltaron de nuevo centros de población palestinos y detuvieron a civiles en masa. Los israelíes se mostraron más activos en el campo de Shuafat, donde destruyeron la casa de Muhammad Zalbani, palestino de 13 años, que previamente había herido mortalmente a un combatiente de las IDF en un puesto de control cercano. El adolescente fue eliminado en el ataque.

https://vk.com/video-

Además, continúan los enfrentamientos en Tulkarm, Qalqiliya, Tuqu, Tubas, Yenín y otros asentamientos palestinos de la región.

Acciones de las milicias proiraníes en Oriente Próximo

Las milicias proiraníes volvieron a bombardear en Siria la base estadounidense de Al-Shaddadi, en el este del país, pero no se registraron víctimas ni heridos. Mientras tanto, periodistas de la edición estadounidense de NBC News, citando al Pentágono, informaron de que 45 militares de las Fuerzas Armadas estadounidenses resultaron heridos durante todo el periodo de dichos ataques, aunque anteriormente en Estados Unidos se habían declarado cifras mucho menores.

Trasfondo político y diplomático

Actividades de las autoridades saudíes en el contexto del conflicto

El ministro saudí de Inversiones, Khalid al-Falih, concedió una entrevista a Bloomberg en la que afirmó que, a pesar de los acontecimientos en la Franja de Gaza, la normalización de las relaciones con Israel sigue siendo relevante para el reino. También subrayó que las autoridades del país no van a dejar de exportar petróleo a los israelíes para influir en el curso del conflicto. Además, en el segmento de los medios de comunicación israelíes se está difundiendo la noticia de que la policía saudí expulsó del país a un clérigo islámico que llamó a todos los árabes a apoyar a Hamás en la guerra contra Israel.
En general, no hay nada sorprendente en tal postura: las autoridades saudíes, sin tener ningún acuerdo formal de paz con los israelíes, mantienen desde hace tiempo relaciones estrechas y amistosas con ellos. Anteriormente escribimos sobre el hecho de que el reino invierte activamente en Israel, además de comprarle tecnología e intercambiar datos con los servicios de inteligencia. Por lo tanto, las esperanzas de que los saudíes actúen a pesar de la masacre en la Franja de Gaza son extremadamente ingenuas.
Declaraciones de las fuerzas armadas yemeníes
Los huzíes yemeníes dijeron que lograron derribar un avión no tripulado estadounidense de reconocimiento y ataque MQ-9 Reaper en aguas territoriales yemeníes con «armas apropiadas». Los yemeníes tienen un montón de SAM de fabricación iraní – hicieron una demostración del Barq-2 en un desfile hace dos meses. Otra cuestión es que si los estadounidenses afirman ahora que no perdieron los UAV, los yemeníes difícilmente podrán presentar pruebas de lo contrario. Pero es un buen motivo para alegrarse, desde luego. Hay júbilo en el segmento de habla árabe: las formaciones proiraníes fueron capaces de destruir exactamente el mismo UAV que mató a Qassem Suleimani en enero de 2020.
Rumores de una posible tregua
Circulan por Internet rumores de que el presidente estadounidense, Joe Biden, estaría inclinando a su homólogo israelí, Benjamin Netanyahu, por una tregua de tres días en la Franja de Gaza a cambio de la liberación de entre 10 y 15 rehenes por parte de Hamás. Sin embargo, la parte israelí no estaría dispuesta a hacerlo porque desconfía de que Hamás cumpla su promesa de liberar a los cautivos. Por otra parte, fuentes palestinas difundieron información de que los militantes tampoco están dispuestos a una tregua en este formato: exigen un alto el fuego de al menos una semana.
Al mismo tiempo, los medios de comunicación egipcios informaron sobre la posible consecución inminente de una tregua humanitaria y el intercambio de prisioneros, pero no hay confirmación de estas informaciones.
Amenaza de hambruna en la Franja de Gaza
Los bombardeos israelíes sobre la Franja de Gaza han provocado una amenaza en el norte de una ciudad del enclave. Según los medios de comunicación árabes, casi todas las panaderías que pueden producir pan en el norte de la región han sido destruidas. Además, los dirigentes de Hamás declararon que la escasez de agua potable en el enclave es del 90%. La misma información se confirma en la ONU: representantes de la organización declararon el hecho de que la gran mayoría de las empresas básicas que suministran pan a la población han cerrado por falta de materias primas, agua y combustible. Como mínimo, los informes sobre las panaderías son ciertos: desde el comienzo de la operación en Gaza, la Fuerza Aérea israelí ha destruido regularmente panaderías en la capital regional. El motivo más probable es obligar a la población a huir hacia el sur de la Franja para facilitar a las IDF la realización de una operación terrestre.

Observación de José Luis Martín Ramos:
Confirma cuál es la verdadera posición saudí. Los tanques y vehículos militares israelíes seguirán disfrutando del petróleo saudí. Las relaciones israelo-saudies solo están en sordina. Esa posición saudí es trascendente también porque marca pautas de comportamiento de una parte importante de los musulmanes sunitas; la detención de un clérigo no parece haber levantado oleadas de protesta y es un mensaje interior muy claro.

Carlos Valmaseda:
Pero hace unos años Arabia se hubiera apuntado la primera para un ataque contra Irán aprovechando estos acontecimientos. Ahora, en cambio, Raisi visitará el país muy pronto. No quieren perder su gran plan de modernización para 2030 -contando ya con que las reservas de combustibles fósiles serán cada vez menores-, pero tampoco ya subordinarse absolutamente a los EEUU y a Israel por la parte que le toca. Veremos como todo esto acabará afectando al resultado final del problema palestino. No está tan claro que sea simplemente su aniquilación y limpieza étnica.

Observación de José Luis Martín Ramos:
Es que no se subordinan, siguen su propia agenda; pero esa agenda, hoy por hoy, incluye ni subordinarse ni enfrentarse a Israel y EEUU. Algo semejante a lo que está haciendo Turquía. Liquidado Irak, disminuida Siria, anulado el Libano, Turquía, Arabia Saudí (con permiso de los Emiratos) e Irán son las tres potencias de Asia Occidental, con puertas de conflicto/competencia y de coexistencia/cooperación que pueden entreabrirse y entrecerrarse según el momento, pero no veo que se definan totalmente a medio plazo. Las tres ambicionan el liderazgo regional, en el que a pesar de los pesares la cuestión religiosa sigue jugando un papel; ninguna de ellas está en condiciones de imponerse totalmente a las otras dos. Lamentablemente los palestinos no solo tienen que sufrir la opresión de Israel sino también sus divisiones internas y, sobre todo, las divisiones de los estados de la zona; uno de ellos sigue formando parte de la OTAN, a pesar de todos los pesares; el otro depende de Occidente para llevar adelante su agenda de reestructuración económica, aunque ofrece su cesta a otros ponedores de huevos (financieros y comerciales) como China; el tercero, hoy por hoy, está enfrentado a EEUU y Occidente. Es muy difícil, muy problemático, que en una confrontación abierta con Israel los palestinos obtengan el apoyo activo que necesitarían de esos estados para derrotar a Israel; pero desde luego ninguno de ellos puede aceptar tampoco la aniquilación de los palestinos ni la limpieza étnica que significa una nueva Nakba, para empezar porque no hay margen de alojamiento de más palestinos en los estados árabes. Esa aniquilación y limpieza étnica puede ser el sueño húmedo de Neta, y desde luego lo es de la extrema derecha sionista, pero no pueden llevarlo a cabo sin la aceptación de EEUU y EEUU no puede aceptar lo que implicaria una grave desestabilización de las relaciones que todavía mantiene con los estados árabes y Turquía. ¿Qué queda? Un salto en la militarización del conflicto en estos momentos, una cronificación de esa militarización en la que, en mi opinión, el eje de resistencia palestina va a tenerlo muy difícil para mantener la posición. No creo que Israel pueda aspirar a ocupar de manera permanente toda la Franja, pero puede incrementar su control militar y castigar todo lo que pueda las bases sociales del islamismo palestino, que ha liderado el salto actual, lo que admite ocupaciones parciales de áreas estratégicas.
Ya me estoy yendo un poco lejos en la especulación. Pero puestos, hago un último comentario: si al frente de la ANP no estuviera la camarilla corrupta que hoy está, la situación actual le estaría abriendo una oportunidad de recuperar protagonismo en la búsqueda de un nuevo statu quo; un nuevo statu quo porque a corto plazo no va a haber ni solución militar ni solución política.

Carlos Valmaseda:
La cuestión es que tanto Israel como EEUU daban el problema palestino por resuelto. En el artículo que os he pasado hoy de Sidecar queda claro como los EEUU pretendían centrarse en China y dejar en otras manos -subordinadas a ellos- la gestión de Asia occidental. Hemos visto también artículos en los que veíamos que ni siquiera era un tema de discusión en la política israelí. Todo el mundo daba más o menos por seguro que todos los países árabes acabarían tragando y estableciendo relaciones con Israel mientras estos iban matando día a día a palestinos que no le importaban a nadie y ocupando territorio hasta que no quedasen más que cuatro reservas indias. Ese plan ya no parece factible. Ahora es o Nakba 2.0 o un pacto político. No parece que la vuelta al statu quo sea la tercera opción, aunque seguramente es lo que le gustaría a a la mayoría. Estamos en una guerra, y habrá que ver qué objetivos políticos se han marcado los contendientes. La apuesta de Israel parece ir por la Nakba, pero EEUU acaba de reconocer que eso no es posible. Es verdad que la cronificación es muy difícil para los palestinos pero, primero, ya no tienen mucho que perder y dos, tampoco los israelíes están para grandes alegrías. Vamos a ver cómo evoluciona la campaña. Parece que es también lo que están haciendo el resto de potencias de la zona. Líbano es un país prácticamente colapsado. Y Hezbolá sabe perfectamente que después de Hamás iban ellos, porque Israel no se puede permitir esa amenaza permanente en el norte. La brutal concentración de maquinaria de guerra de EEUU parece apuntar a Irán, pero tampoco se pueden permitir otra guerra tras el fiasco ucraniano. Si Irán y Arabia Saudí llegan a una entente gracias a los chinos y los rusos, aunque los turcos vayan siempre a la suya, todo el mapa geopolítico de la zona puede cambiar. Ahí pueden tener una esperanza los palestinos.

Observación de José Luis Martín Ramos:
En el presente y futuro inmediato no es posible/probable ni la Nakba, 2.0 ni el pacto político todavía; aunque lo primero es una amenaza, y actúa ya como amenaza y por tanto se seguirá hablando de ella, los israelíes para atemorizar y los palestinos para denunciar esa opción. No se puede volver al status quo anterior, pero sí puede establecerse una nueva situación de hecho, un nuevo status quo; el contenido de éste dependerá de cómo evolucione la guerra, aunque no únicamente. Por el momento ni Israel puede pisar el acelerador en su acción militar, y la resistencia palestina armada menos. No sé cuáles eran los objetivos políticos iniciales del 7 de octubre, ni los de la respuesta israelí que hablaba de la ocupación de Gaza y recurría a las barbaridades de la retórica bíblica. Los objetivos de una guerra van cambiando con la guerra. Y disculpa que disienta: siempre se puede estar peor, los palestinos todavía pueden estar peor y me temo que los israelíes han aceptado la idea de una guerra larga. Ese es el escenario de la cronificación, que puede no haber estado en los objetivos iniciales pero que está presente en la imposibilidad tanto de que los palestinos puedan derrotar militarmente a Israel como que los israelíes puedan aniquilar a los palestinos.
Una última cosa: hasta ahora no se ha producida una ruptura de la línea de aproximación diplomática abierta entre algunos estados árabes e Israel, ni Jordania, ni Marruecos han roto sus relaciones; las relaciones se han puesto en sordina, pero no se han interrumpido, así que si ese era el objetivo del 7 de octubre, no me parece que haya avanzado; y Blinken ha hecho todo lo posible para que no avanzara. EEUU es la potencia hegemónica en declive, pero todavía lo es y una de sus líneas es esa «normalización» de relaciones de estados árabes con Israel, y eso lo sigue siendo. El poder militar de EEUU -base indispensable de su hegemonía- tiene problemas de materialización, pero no porque haya perdido guerras sino porque no ha conseguido ganarlas, aunque las imágenes de sus retiradas hayan podido dar impresiones de derrota. El de Israel puede ser el mismo, que ya no pueda ganar las guerras, sobre todo con la rapidez del pasado, pero está por ver que las pierda.

Comentario de Carlos Valmaseda:
Creo que era cosa de los palestinos decidir si era posible seguir como hasta ahora o valía la pena intentar algo nuevo que, efectivamente, puede ser peor. Estas cosas no se suelen discutir en referéndum, así que habrá que ver si luego acaban pasando cuentas con Hamás por su aventura. Supongo que dependerá mucho del resultado final.
Respecto a la ruptura de relaciones diplomáticas, no es solo que Jordania no haya roto, es que, junto con Arabia, ayuda a interceptar los cohetes lanzados por los yemeníes. Mayor traición a los palestinos es difícil. Porque es verdad que están supeditados al poder estadounidense. Pero eso puede cambiar. La cuestión es si alguna de esas potencias regionales puede haber llegado a la conclusión de que se puede derrotar ya militarmente a los EEUU-Occidente -solo o en compañía de otros, como se suele decir-. Supongo que todos se tientan la ropa ante la idea, pero un día u otro alguien tiene que empezar a planteárselo en serio. No sé si ya, pero creo que empiezan a darse las condiciones para una retirada de los EEUU en Asia occidental, si las potencias regionales deciden desembarazarse de ellos. El mundo está cambiando muy deprisa.

Comentario de Antonio Navas:
Creo que en tus frases finales se halla la respuesta paradójica, aunque sea abierta, indefinida. No derrotas militares que son derrotas políticas. De momento Israel está perdiendo una batalla mediática: el discurso mundial ahora está centrado en las atrocidades que comete en Gaza, siempre acompañado con el remoquete inicial de la barbaridad del 7 de octubre, pero a modo de excusatio non petita. No hay ruptura de relaciones pero sí varias retiradas de embajadores. USA mató mucha más gente en Vietnam o Afganistán que las muertes que sufrió, pero perdió la guerra. Es una vaguedad, que no sé qué posible camino puede abrirle a los palestinos, pero hay una escena nueva. Los analistas coinciden en señalar un elemento también algo abstracto: la acción de Hamás ha roto el curso político en marcha en Oriente Medio y ha destruido la narrativa vigente, la posibilidad de que el conflicto palestino pasase a ser parte del pasado, el de un pueblo irremediablemente derrotado y despojado, sin ninguna expectativa de victoria. Ahora es el problema estrella del panorama político mundial, habiendo desbancado a Ucrania, a la que ha hecho olvidar, y que le ha servido de cínico contraste a mayor gloria del mundo bienpensante, mostrando la doble y podrida moral sobre la que se sostiene el concierto de las naciones ricas. De momento es quizás muy poco, es cierto. Pero va algo más allá de hacer ruido con el sonajero.

Observación de José Luis Martín Ramos:
Precisando un poco. La hegemonía de EEUU está en horas bajas, en declive, también por razones internas que no acostumbramos a considerar -es otro tema-, pero todavía es no solo la potencia más potente sino la más hegemónica. Todo llegará, pero no todavía. EEUU no perdió la guerra en Viet Nam, mi opinión es que no la podía ganar y se retiró; eso sí con imágenes de caos en la evacuación final. La guerra de Viet Nam tuvo mucho impacto interior, pero no tanto exterior; algún tiempo después se resarció con el hundimiento de la URSS. Menos la perdió en Afganistán. La ganó en primera instancia contra la RDA en 1992; y en segunda instancia cuando derrotó años más tarde a los talibanes. Quien no aguanto fue la lamentable Republica afgana posterior, y antes de perder tiempo y dinero, EEUU decidió entregar Afganistán a los talibanes para fijar su interés en el cerco a Rusia y China.
Desde luego hay un escenario nuevo, pero yo lo valoraré cuando se levante el humo de esta guerra. Hamas y la Yihad con su acción han puesto a Palestina en el escenario principal. Veremos si para bien o para mal. Todo es posible todavia.

Observación de Antonio Navas:
O sea, ¡qué perdió la guerra en Vietnam, vaya!. Que yo sepa ganó el Vietcong, ¿no? A pesar de toda la muerte que les costó. Y en Afganistán, puessss… al final no consiguieron su objetivo y tuvieron que retirarse porque no podían derrotar ni someter definitivamente a su enemigo. Para mí, eso es perder la guerra José Luis.

Observación de Miguel Candel:
En efecto [en referencia al comentario de Antonio Navas], decir que los EE.UU. no perdieron la guerra de Vietnam, sino que simplemente se retiraron cuando vieron que no podían ganarla, equivale a decir que Alemania no perdió la Primera Guerra Mundial, porque firmó el armisticio al ver que no podía ganarla, sin que ni un solo soldado aliado llegara a pisar suelo alemán. Claro, si me pones como paradigma la derrota de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, pues vale. Pero entonces, ¿me puedes decir cuántas guerras se han perdido así? (Sí, desde luego, la nuestra civil la perdió la República más o menos así, aunque no sin que mediara la puñalada por la espalda de Casado y Cipriano Mera, entre otros.)
Creo que lo sensato es definir la victoria y la derrota en una guerra en función de los objetivos que se persiguen con ella. Si los consigues, ganas. Si no los consigues, pierdes. Así de simple. Luego, claro está, hay grados de victoria y de derrota. Los aficionados a los juegos de estrategia hablamos de: victoria estratégica (aquella que causa al enemigo pérdidas que ya no logrará recuperar), victoria operacional (aquella que causa al enemigo unas pérdidas que tardará un tiempo en recuperar) y victoria táctica (aquella que causa al enemigo pérdidas momentáneas pero fácilmente recuperables). En lenguaje menos técnico-militar: victoria decisiva, victoria importante (en inglés, «major») y victoria marginal. La calificación de las derrotas es, obviamente, el reverso de lo anterior. Como se desprende de todo lo expuesto, perder una guerra suele identificarse con una derrota estratégica o, al menos, operacional. Después de una o varias de esas derrotas puedes, obviamente, si eres mínimamente racional, renunciar a seguir luchando o, si no lo eres (como Hitler), seguir hasta la hecatombe final (Hitler tenía que haber dado la guerra por perdida en el verano de 1943, después de la derrota de Kursk-Oriol, la retirada de El Alamein y el desembarco aliado en Sicilia). Está claro que ningún presidente norteamericano ha sido tan idiota o fanático como Hitler, pese a disponer de una cantidad infinitamente mayor de recursos para seguir luchando que el mamarracho del bigotito (ojo, no me refiero a Aznar).

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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