“ORIENTE MEDIO Y LAS OREJAS DEL LOBO” por Ramón Qu

Tras el brutal ataque de Hamás, Reino Unido, Francia y Alemania, junto a Estados Unidos e Italia, se apresuraron a apoyar a Israel y estar “unidos y coordinados para garantizar que Israel pueda defenderse”. Esta “solidaridad” con Tel Aviv parecía aceptar cualquier tipo de represalia contra Hamás, aunque ésta tuviese a la población Palestina como saco de boxeo. Incluso en algunos estados europeos se llegó a prohibir el uso público de banderas palestinas y las manifestaciones de apoyo a Gaza.

Sin embargo, las cancillerías occidentales, tras los bombardeos israelíes del norte de Gaza y las numerosas víctimas civiles palestinas y la crisis humanitaria que están provocando con el éxodo hacia el sur de miles de palestinos, comienzan a “matizar” su apoyo. En realidad han visto las orejas al lobo de una invasión israelí en el norte de Gaza. Dicha invasión, cuyo proclamado objetivo es desmantelar la fuerza militar de Hamás, significaría:

– Una guerra larga, “casa por casa” con un elevado número de víctimas civiles y militares.

– La más que probable reacción en contra de sectores importantes de la población occidental.

– La posible entrada de Irán en el conflicto, con una generalización peligrosísima del cuadro bélico.

– Un aumento de la actividad terrorista de carácter fundamentalista islámico en Occidente.

– Una agravación de la crisis económica mundial vía inflación: el petróleo y los países árabes.

Y el horno no está para estos bollos.

EE.UU, embarcado en el agujero negro de la guerra de Ucrania, que ha vaciado sus reservas de armamento, no parece capacitado para gestionar un nuevo foco bélico en Oriente Medio, máxime si esta nueva conflagración lleva a una guerra con Irán. EE.UU tiene como prioridad absoluta neutralizar a Rusia manteniendo la guerra en Ucrania y prepararse –esto es armarse hasta los dientes– para una posible guerra con China. Un conflicto generalizado en Oriente Medio perturbaría seriamente su proyecto geo político –mantener su hegemonía mundial, yugulando a la potencia emergente: China–

Europa, sumida en su propia crisis, con una guerra en su continente, con la economía Alemana gripada, sin una estrategia exterior propia, llevando en realidad una política seguidista de EE.UU que va en contra de sus propios intereses –La guerra de Ucrania está siendo fatal para su economía y autonomía política–, empieza a comprender que una posible entrada militar de Israel en el norte de palestina podría implicar no solo trágicas consecuencias en Oriente Medio, sino también un desastre económico y político para ella.

Es por todo ello que desde Biden hasta la OTAN, pasando por Borrell y los Veintisiete, han comenzado a matizar su apoyo a Israel, pidiendo al gobierno ultraderechista de Netanyahu “moderación”, “contención”, “proporcionalidad”, “no entrar a sangre fuego”. De hecho estos “consejos occidentales” sin duda han retrasado por ahora la intervención sionista en el norte de Palestina.

Incluso Biden viajará a Israel y Jordania el miércoles con el claro propósito tanto de mostrar apoyo a su aliado y advertir a Irán como de tratar de que Israel “evite excesos” en su respuesta a los ataques de Hamás. Es evidente que mientras el presidente de los EE.UU esté allí no habrá invasión del norte de Palestina.

Detener la diabólica espiral de acción-reacción en Oriente Medio es primordial. Esperemos que la presión internacional, aunque sea por los propios intereses geopolíticos egoístas de EE.UU y Europa, ayude a evitar la invasión de Gaza proyectada por el sionismo militante.

Ramón Qu

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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