“Ormuz y el decrecimiento económico” por Andreu Missé

El País, 18/05/2026. Esta crisis vuelve a situar en el centro del debate la sostenibilidad de un modelo basado en un mundo de recursos ilimitados

El cierre del estrecho de Ormuz a consecuencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán supone un freno al crecimiento por el drástico recorte de suministro de productos básicos como el petróleo y los fertilizantes. Numerosos países están elaborando planes para asegurar el abastecimiento de productos imprescindibles. Esta crisis vuelve a situar en el centro del debate la sostenibilidad del modelo de crecimiento económico basado en un mundo de recursos ilimitados.

El pasado abril, el relator especial sobre pobreza extrema y derechos humanos de Naciones Unidas, Olivier de Schutter, presentó su Hoja de Ruta para la Erradicación de la Pobreza más allá del Crecimiento. En ella advierte de que “la economía global que hemos construido canaliza una inmensa riqueza hacia las manos de una pequeña élite, debilita las instituciones democráticas y atrapa a millones en trabajos mal pagados”. Cree que “este modelo se basa en el saqueo de los recursos naturales, la mano de obra barata del Sur Global y ha causado daños irreparables al planeta”.

La sostenibilidad del actual modelo económico fue seriamente cuestionada en 1972 por la biofísica Donatella Meadows y otros científicos en su informe Los límites del crecimiento, del Club de Roma, que alertó de los devastadores efectos si no se ponía freno a la utilización descontrolada de los recursos naturales.

Desde entonces, las evidencias científicas se han multiplicado. El concepto “decrecimiento” apareció en la década de 1990 y desde entonces ha ido adquiriendo una relevancia cada vez más intensa. El pasado octubre, el pensador y activista australiano Ted Trainer publicó un relevante artículo, Degrowth: implications for the Left (Decrecimiento, implicaciones para la Izquierda) [University of New South Wales, Australia], que plantea desafíos fundamentales para la teoría económica y la izquierda. El documento concluye que “el consumo global per cápita de recursos supera con creces los niveles que podrían sostenerse o distribuirse entre toda la población. Esto implica la necesidad de un decrecimiento a gran escala, que se extienda a estilos de vida y sistemas asociados a niveles mucho más bajos”.

Trainer aporta numerosas referencias científicas que certifican los límites planetarios. Menciona la medida de la “huella ecológica” del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, 2022) que indica que “la cantidad de tierra productiva necesaria para atender la demanda del australiano promedio es de entre seis y siete hectáreas. Esto significa que si los 10.000 millones de personas que probablemente habrá en 2050 alcanzaran el nivel de vida australiano, necesitaríamos probablemente 70.000 millones de hectáreas. Sin embargo, el planeta solo cuenta con 12.000 millones de hectáreas de tierra productiva”.

Trainer advierte que el proyecto de decrecimiento debe concebirse en términos anarquistas, no socialistas. Desconfía de las soluciones del Estado y aboga por “la toma de decisiones y una administración descentralizada hasta el nivel más bajo posible. Es el principio anarquista de subsidiariedad”. Propuestas polémicas, pero que tienen que escucharse cuando resulta evidente la incapacidad del crecimiento para acabar con la pobreza y su inviabilidad en un planeta de recursos limitados. Cambiar el modelo de vida y consumo debe formar parte de las soluciones.

https://elpais.com/economia/2026-05-18/ormuz-y-el-decrecimiento-economico.html.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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