(Página herida) En la muerte de un amigo, maestro y compañero imprescindible

Para Paco Tauste, in memoriam et ad honorem

Dame, Señor, la humildad suficiente para soportar las cosas que no puedo cambiar, el valor suficiente para cambiar las cosas que puedo cambiar y la inteligencia suficiente para distinguir entre las cosas que puedo cambiar y las cosas que no puedo cambiar.
San Francisco de Asís (*)

Espero, por consiguiente, que ustedes me disculpen si empiezo diciendo que la aportación de Sacristán rebasa con mucho lo que hay en sus libros y ensayos publicados.
Francisco Fernández Buey (1986)

De nuevo la muerte ha levantado su vuelo prematuramente. El pasado 1 de diciembre, lo despedimos el domingo 4, nos dejó uno de los filósofos (y latinistas) más profundos, penetrantes y bondadosos que he conocido nunca, uno de los ciudadanos que con más entrega y generosidad ha contribuido al esfuerzo colectivo por alcanzar una Barcelona, una Cataluña, una España justa, libre, democrática y socialista-republicana. También en su caso, como dijera Fernández Buey de Sacristán, la aportación de Paco Tauste rebasa de mucho lo que podemos encontrar en sus libros y escritos publicados.

Supe de él desde muy joven (se hablaba de él en los colectivos de izquierda de la ciudad) y le conocí personalmente en 1977, al poco de regresar del servicio militar. Buscando una organización partidista donde seguir en pie de rebeldía me afilié (durante poco tiempo) a la ORT. Suena mal decirlo, pero fue así: más que por identificación con el programa y las prácticas políticas de la organización (que conocía poco), lo hice por estar cerca suyo, por absorber sus enseñanzas teóricas y prácticas, por no pederme detalle de sus comentarios y reflexiones.

En la Barcelona de aquellos años coincidimos en muchas acciones democrático-socialistas. Paco no se perdía ni una. Todo asunto social era cosa suya, pensando siempre, actuando siempre, con cabeza propia (y con mucho corazón). Le recuerdo, por ejemplo, entre las personas que asistimos a una conferencia de Manuel Sacristán sobre la ausencia de economistas en el movimiento ecologista de aquellos años. En el coloquio fue Paco quien hizo la pregunta clave. Así lo reconoció Sacristán en su respuesta.

Cuando pocos años después pasé a ser profesor de instituto de filosofía, tuve en él a uno de mis referentes, un maestro a quien seguir y de quien tomar muchas notas. Sus consejos fueron para mí -a Paco no le disgustaría la metáfora- agua bendita. No puedo precisar la fecha, pero él ya había aprobado las oposiciones a cátedra de filosofía de secundaria (oposición nada fácil) en una convocatoria general, no de comunidad autónoma.

Me ayudó en mil cosas. La modestia, la generosidad humana e intelectual eran virtudes suyas principalísimas (muy republicanas por cierto). Con el tiempo, organizamos juntos, con otro de sus grandes amigos, Pere de la Fuente, también maestro y amigo no olvidado, jornadas filosóficas en Santa Coloma de Gramenet.

Pilar Fibla, Sara Estrada (en su despedida nos vimos por última vez), Paco y otros amigos y compañeros constituyeron durante muchos años un seminario permanente de Filosofía. Fueron muchos, según me han contado, los textos analizados y comentados. Uno de los errores que nunca me perdonaré: no haber asistido a esos encuentros que, con toda seguridad, fueron de alta y fructífera tensión filosófica (y política).

Discutimos en alguna ocasión, muy pocas veces, sobre temas político-filosóficos. Pero nunca nos distanciamos. Su cercanía, su grandeza humana, estaban muy por encima de diferencias políticas, por importantes que estas pudieran ser. Defendiera lo que defendiera, Paco lo hizo siempre con razones y sentimientos profundos, no por cálculos ni pensando en intereses personales. Medrar fue para él, para su proyecto realizado de vida, un verbo nunca conjugado.

Un amigo común ha escrito estos días: “Paco Tauste era uno de los miembros, que conocimos, de la buena saga de los “Pacos”: los Téllez, Fernández Buey, Frutos…”. En el clavo, justo en la diana. Así fue, así ha sido.

Mi esposa y yo coincidimos con él y con María, su esposa, su compañera del alma, algunas veces a la salida del cine, de los Renoir concretamente. Siempre fue un premio el encuentro. Por el decir y pensar filosófico de Paco (no podía evitar ser filósofo, hablase de lo que hablase) y por sus comentarios cinematográficos (con los que solíamos coincidir).

En un excelente y muy emotivo texto que su familia nos leyó el día de la despedida, Adrián, su hijo mayor, nos habló del amor que Paco sentía por sus cuatro nietos (tres nietos, una nieta). Y no solo del amor, sino del “enamoramiento” que generaba: sus nietos comían sin necesidad de regañinas o presiones, con su presencia era suficiente. Ese mismo enamoramiento lo hemos sentido muchos de nosotros muchas veces. Su Ser (lo escribo con mayúscula, así debe ser en este caso) tenía tal dimensión, tal grandeza, que incluso nos parecía injusto e inadmisible discrepar de él, sea cual fuera la tesis o conjetura que defendiera. No se podía ser tan descortés, tan “bruto”. Uno no podía comportarse así con Paco.

Adrián también hizo referencia a su vuelta espiritual al cristianismo en sus últimos años. La cita que encabeza este texto -que tal vez sea, no tengo total certeza, de otro Francisco, este de Asís- quizá haya estado en el fondo de muchas de sus acciones y consideraciones, de su ser-y-estar en el mundo.

En algunas de sus últimas cartas me contaba cosas, algunas de ellas sorprendentes, como las siguientes:

1. “Como almeriense te estoy muy agradecido por tu libro-entrevista sobre las bombas de Palomares. Recuerdo todavía la mani que se hizo ese mismo año [1966] delante de la Embajada USA, muy emocionante”.

2. “Habrá que tener mucha paciencia porque la desafección de la izquierda va para largo y a corto plazo no se ve una alternativa que te llegue y te toque como la música de Bach (la Pasión según san Mateo) que este finde escuché en el Palau.”

3. “Antes de decirte adiós, te he de reconocer que la única confianza que me queda en estos momentos es en la ciencia. Un fuerte abrazo, Paco”.

A la buena gente se la conoce/ en que resulta mejor cuando se la conoce”, escribió Brecht. El gran poeta y dramaturgo alemán se inspiraría probablemente en alguien como Paco. Con él pasaba precisamente eso: apenas le conocías ya eras consciente de su profunda humanidad, compromiso e inteligencia, de su bondad, de su belleza.

Siempre humano, muy humano, a todos nos trasmitió el amor al conocimiento, al saber, a la filosofía, a la justicia, a la Humanidad en sus finalidades más esenciales. No sé si alguien le pregunto alguna vez por sus aforismos preferidos (si fue que no, ¡debería haberlo hecho yo!), pero no me cabe la menor duda, estoy absolutamente seguro de ello, que hubiera sido en esto un marxista muy ortodoxo. Como a Marx, también a él, nada humano le era ajeno; como a Marx (y a Bacon), y sin excesos, también consideró que era razonable y saludable dudar de (casi) todo. Su matiz hubiera estado en el casi: nunca dudó, ni pensó que debíamos dudar, del esfuerzo de todos y todas para proseguir en la lucha por un mundo más humano, más habitable, sacando de todos nosotros lo mejor que tenemos. El lo conseguía, siempre.

Arden las pérdidas, queman más bien, en lo más hondo de todos los que tuvimos el privilegio, el inmenso honor de conocer y aprender de Paco. Nos intentó enseñar lo más difícil: vivir con dignidad, con amabilidad, con amor y justicia. Tal como él hizo.

¡Te echamos, te echaremos mucho en falta, querido, inolvidable amigo! ¡Nunca habitará en nosotros el olvido de ti y de tu inmenso legado filosófico humanista!

(*) El siguiente comentario de un amigo suyo, Miguel Candel, filósofo y latinista como él, sobre la autoría de la cita inicial conjeturo que sería muy del agrado de Paco y que probablemente lo suscribiría:
Con todos mis respetos por el señor Niebuhr, las tres ideas contenidas en su oración no tienen nada de original y, por supuesto, nada de la visión protestante de la relación del hombre con Dios, que quita todo mérito a las obras y lo reduce todo a la fe (o sea que lo del «valor para cambiar» no encaja para nada en el luteranismo y menos aún en el calvinismo). El trasfondo de la oración de marras es, pues, típicamente católico sobre un sustrato estoico. De modo que se trata de una idea recurrente en la tradición cristiana, cuya primera expresión en forma tripartita probablemente se deba a San Agustín (que veía esquemas ternarios por todas partes, empezando por la Santísima Trinidad) y que distintos autores posteriores han repetido en diversas variantes. Cuando tenga ocasión consultaré Las confesiones de San Agustín para ver si encuentro algo análogo a la fórmula de Niebuhr (que, por cierto, tiene un apellido más alemán que las salchichas turingias).”


Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *