Página herida. «Más motivos para avergonzarnos (I)».

Para Vicente Feliú Miranda (1947-2021), in memoriam et ad honorem. “Créeme” (con Silvio Rodríguez) https://www.youtube.com/watch?v=BcnArkaNQLY

Como era de esperar, y sin olvidarnos de la “depuración” de Josep Lluís Trapero (Roma y .Cat, en contra de las apariencias, no pagan -a largo plazo- a los que consideran “traidores”), sigue habiendo muchos, muchísimos motivos para seguir avergonzados, quejosos y críticos.
Algunos ejemplos, esta semana en varias páginas heridas:

1. ¿Qué lógica tiene que un gobierno que, estando informado del disparado incremento de contagios y en contra de todo cuidado a la salud pública, convoque a su ciudadanía a la manifestación del pasado sábado (unas 35 mil personas concentradas, sin distancia entre ellas ni nada que se le parezca) anuncie tres días después que, además de otras medidas restrictivas, desde el próximo 23 de diciembre están prohibidas las reuniones de más de 10 personas? Pues tiene su lógica, la siguiente: siempre, y en toda circunstancia, la agitación y movilización de las “bases nacionalistas” (no importan los procedimientos ni los cuentos falsarios usados, bastante monocordes por cierto) están siempre, y en lugar destacado, en el puesto de mando. Lo demás está después.

2. ¿Es consistente o inconsistente que alguien que tuvo a gala participar activamente en el jornada de agitación nacional-secesionista del 1 de Octubre, alardeando de ello por si hubiera alguna duda en sus cuentas en las redes, sea cuatro después, sin rectificación de su posición, ministro de Universidades de España? ¡De España! ¿Ministro, desde su punto de vista, de un país extranjero?
Más en general: ¿por qué en el espacio político de los Comunes han triunfado y mandan, con mucho mando, los sectores más proclives al marco conceptual nacionalista (Asens, Pisarello, Subirats, Colau…)? Conjetura: por un hilo de continuidad con los sectores nacionalistas del PSUC e Iniciativa que durante tiempo ha sido el sector hegemónico de esas organizaciones.

3. En los compases finales del primer capítulo de La fuerza y el consenso. Ensayo sobre Gramsci como historiador, Giaime Pala recuerda un pasaje del cuaderno 25 del revolucionario sardo, nota 2, tomo 6 (edición de ERA), pp. 178-179. El siguiente: “La historia de los grupos sociales subalternos es necesariamente disgregada y episódica. Es indudable que en la actividad histórica de estos grupos existe la tendencia a la unificación, si bien según planes provisionales, pero esta tendencia es continuamente rota por la iniciativa de los grupos dominantes, y por lo tanto solo puede ser demostrada a ciclo histórico cumplido, si este concluye con un triunfo. Los grupos subalternos sufren siempre la iniciativa de los grupos dominantes, aun cuando se rebelan y sublevan: solo la victoria “permanente” rompe, y no inmediatamente, la subordinación. En realidad, aun cuando parecen triunfantes, los grupos subalternos están solo en estado de defensa activa”.
El texto, observa Giaime Pala, nos dice que un sujeto (individuo, partido, grupo o clase social) es subalterno “porque no puede sustraerse intelectualmente ni emanciparse políticamente de los grupos dominantes”. Aunque, prosigue Pala, muestre tendencias “provisionales” a la insubordinación y a la cohesión políticas, es alguien que, lo quiera o no, o incluso sin ser consciente de ello, es, en el peor de los casos, “heterodirigido, y en el mejor, neutralizado por la imposibilidad de oponer una resistencia efectiva ante el adversario. ¿Qué otra cosa puede hacer alguien cuya acción es disgregada, episódica y a la defensiva? Nada”.
A un sujeto de este jaez, concluye el profesor de Historia de la Universidad de Gerona, “le es imposible engendrar lo que Gramsci llamó el “espíritu de escisión”, es decir, la progresiva adquisición de la propia personalidad histórica como paso previo para adquirir una “autonomía integral” en lo ideológico y en lo organizativo”. Autonomía y subalternidad, remata Pala, son conceptos antitéticos que se mueven según una lógica de suma cero.
No me atrevo a escribir que sea imposible pero, tal como señala Gramsci y subraya Pala, es enormemente difícil para las clases trabajadoras catalanas generar ese espíritu de escisión, esa autonomía político-cultural, esa ruptura con la ideología-filosofía de las clases dominantes .Cat. Su subalternidad, sin olvidarnos de tendencias provisionales a la insubordinación y a la protesta (que existen sin duda), es manifiesta, sobre todo si dos de las fuerzas convocantes de la manifestación hispanofóbica del pasado sábado 19 son dos organizaciones (CCOO-CONC y UGTC) que son o dicen ser sindicatos de clase. ¿A qué clases, a qué grupos sociales representan? ¿No es patente su subordinación, incluso su dependencia económica, de las clases con mando en plaza en .Cat? ¿Qué podemos inferir de su presencia destacada en una manifestación en la que jugaron un papel central colectivos y personas que han llamado colonos, colonizadores lingüísticos, a un amplio sector de esas clases trabajadoras a las que supuestamente representan?

4. En un tuit del pasado sábado señalaba Joaquim Coll: “Es lamentable que hoy [19/12/2021] muchos medios no independentistas, como El País, titulen: “miles de manifestantes en defensa de la escuela en catalán” cuando deberían explicar que los congregados lo que postulan es la exclusión del castellano y que quieren educar “solo en catalán.” En la diana, sin desviarse un quark. Basta leer la información de Blanca Cía del mismo sábado, pocas horas después de la manifestación, y el artículo de Milagros Pérez Oliva del pasado domingo. Además, para ambas, contra de toda lógica y de toda información contrastada (recuerden lo dicho en estas páginas sobre el artículo 14 de la LNL de 1983) hay una línea de continuidad (¡inexistente!) entre el consenso de principios de los ochenta (se trataba de aprender catalán y en catalán, sin despreciar al castellano) y la inmersión lingüística excluyente (los primeros decretos de inmersión son de 1992) y el catalán como única lengua vehicular posterior (“política educativa”, de “país” más bien, consagrada ¡por el tripartito! en la LEC de 2009).

5. Enrique Clemente ha entrevistado recientemente a Adolf Tobeña -«La inmersión lingüística que han impuesto en Cataluña ha fracasado» https://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2021/12/18/inmersion-linguistica-impuesto-cataluna-fracasado/0003_202112G18P20991.htm- Veamos algunas de sus consideraciones, presentan novedades de interés. El sistema actual de inmersión lingüística, señala Tobeña, solo tiene la aprobación de aproximadamente la mitad de la población. “El otro 50 % querría un sistema equitativo o de elección por los padres de la lengua preferente o que predomine esta de forma automática”. Pero este asunto, prosigue, “se ha convertido para los independentistas, y con cierta (mucha más bien) connivencia de la izquierda, en un asunto tabú, indiscutible, sagrado”. En síntesis: la mitad de la población catalana está sometida a un sistema que no quiere, que se le impone. De ahí, infiere, que de vez en cuando aparezcan conflictos.
Para Tobeña el sistema de inmersión obligatoria ha fracasado “porque no ha conseguido sus objetivos, lograr la cohesión social a partir de una lengua preferente, el catalán, y crear una especie de ciudadanos bilingües perfectos que dominaran el catalán y el castellano” (yo no considero que esos hayan sido sus objetivos, pero no es ahora el caso). La lengua se ha convertido en otro elemento de la fractura social y, en opinión de Tobeña, la mayor parte de la ciudadanía no domina ni el catalán ni el castellano. “El resultado es que todos los lingüistas están de acuerdo en que el catalán se está dialectizando y convirtiéndose en algo que se llama catañol.”
¿Y quiénes son los catañoles? La gente que se reconoce por su identidad nacional dual, catalana y española, que son, según Tobeña, el 60 % de la población. “Están en contra de la secesión, los que la quieren son los llamémoslos catalanes con pedigrí, que aborrecen, odian, a España, a los que se suman algunos inmigrantes, en una proporción muy pequeña, que han visto una oportunidad de prosperar en una Cataluña que fuera independiente”. Añade Tobeña: “Rufián es catañol, pero se ha apuntado al secesionismo”.
Mañana más motivos para avergonzarse.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *